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¿Y QUIÉN ESTAFÓ AL BISABUELO CARLOS?

No sólo le ocurrió a los araucanos de nuestra Zona Sur, cuando a fines del 1890 se vieron
invadidos por colonos europeos, principalmente, alemanes; quienes generalmente bajo
engaños les hicieron firmar documentos falsos o los expulsaron simplemente a balazos.

Pero también el engaño, la estafa y el robo les ocurrió a personas simples, a chilenos y hasta a
descendientes de colonos e inmigrantes, y a lo largo de toda nuestra Patria.

En la Chacra “Lo Marcano”, 1938, de pie el bisabuelo Carlos Liebsch Espejo,


con su esposa, hijos y nietos

En el Paradero 8 de la Ruta Limache-Olmué, hoy Avenida Eastmann; en dirección sur, se


ubicaba el Callejón Poza Los Maitenes; y frente a este, se ubicaba el “Callejón Lo Marcano”,
aún hasta por 1970, cuando tomó el nombre de Calle Teniente Merino.

El mencionado “Callejón Lo Marcano” subía en dirección norte y terminaba en la “Chacra Lo


Marcano”, cuyo nombre provenía de mi bisabuela, Esther Marcano Stuardo; hija de inmigrantes
españoles, cuyo padre José Valentín Marcano Alonso, era representante de la Librería “La
Joya Literaria” de España en Valparaíso.

La bisabuela Esther contrajo matrimonio con Carlos Liebsch Espejo, hijo de un inmigrante
alemán, Carlos Liebsch Klimmer; llegado a Coquimbo por 1890, administrador de la Mina
“Santa Amalia” de La Higuera y dueño de la Pulpería “Carlos Liebsch” del mismo pueblo;
además fundó y fue dueño de la Cervecería “La Unión” en La Serena.

Ambos Carlos, tanto el bisabuelo como el tatarabuelo, se vieron estafados y perdidos sus
bienes por familias alemanas; y curiosamente, sin quererlo, ambas de ideología socialista.
Mi abuelo Guillermo Liebsch Marcano muchas veces nos habló de estas estafas, de los
Buschmann que estafaron a su abuelo en La Serena y de los Schnacke que estafaron a su
padre en Limache.

Sobre la perdida de la Cervecería “La Unión” en la que se vio implicada la Familia Buschmann
en La Serena, resta aún indagar datos; sin embargo, con mucha suerte, se ha podido lograr vía
Internet, buscar y hojear documentos, y con ello, quizá, concluir con esta parte de nuestra
historia familiar.

Fue así que mi abuelo Guillermo fuera muy adversario y rival con los socialistas, hablando no
sólo de los Buschmann y Schnacke, sino también, de sin duda otro de la misma calaña, del
parlamentario Luis Guastavino, muy conocido en Valparaíso y Viña del Mar.

LAS TIERRAS DEL BISABUELO EN LIMACHE

Sin duda en los archivos municipales y judiciales de Limache hay muchos otros documentos
que podrían arrojar más datos sobre ¿cómo perdió nuestro bisabuelo la Chacra “Lo Marcano”?

En mi continua investigación de asuntos históricos chilenos, he logrado hallar muchos datos


familiares, pero quedaba por cerrar este capítulo aún desconocido.

Mi abuelo Guillermo, con el que viajábamos comúnmente a la Poza Los Maitenes,


acostumbraba a hablarnos de las correrías con su hermano Carlos Augusto cuando iban de
caza por los cerros cercanos a su campo, en donde una vez, siendo niños de 10 años, se le
escapó un tiro de su rifle calibre 22 y le fue a dar en la pierna izquierda, atravesándola de lado
a lado sin riesgo ni mayores heridas.

Contaba que en la esquina del Callejón Lo Marcano y la ruta principal, había un boliche donde
los huasos acostumbraban a tomar, produciéndose muchas veces zalagardas enormes, con
patadas, combos y hasta cuchilladas. En una de estas, se produjo tal revuelo, que un huaso
alborotado a caballo fue a dar contra una carretela, en donde el debilucho corcel terminó contra
uno de los amarres, ensartándose el madero en pleno pecho, muriendo al instante y lanzando
lejos al colérico jinete.

Fue así, que un día de aprovechador baño en las aguas del Estero Pelumpén, donde se
formaba la famosa Poza Los Maitenes; mi abuelo Guillermo nos llevó en su camioneta (aquella
Volkswagen pick up reacondicionada por él, con la que nos llevó a tantos paseos) por el
Callejón Lo Marcano hasta la orilla del Canal Waddington, para mostrarnos orgulloso, el lugar
donde él había pasado casi toda su niñez.

La Familia Liebsch Marcano se había formado con el casamiento de los bisabuelos Esther y
Carlos en 1907 en Valparaíso, viviendo en una casa cerca del Taqueadero en el Cerro Artillería
(lo que hoy es el sector trasero o norte del Museo Naval). Aquí nacieron Rosa Esther Graciela,
Carlos Augusto, Blanca Elsa Carolina y Guillermo (el único con un sólo nombre).

No hay mayores antecedentes sobre las labores de mi bisabuelo Carlos, pero, luego del
fallecimiento del tatarabuelo Carlos Liebsch Klimmer en La Serena el 6 de diciembre de 1906,
fue que cada uno de sus seis hijos recibió parte de su herencia.

Los bisabuelos, sin duda afectados por el terremoto del 16 de agosto de ese año, decidieron
comprar un campo en Limache. Mi madre Reina Cecilia Liebsch Tapia, indica que también
habría comprado un terreno en Manzanar (Valle del Río Aconcagua, frente a Tabolango).
El campo en cuestión, la Chacra “Lo Marcano” de Limache, tenía, por las mediciones hechas a
través de Internet con Google Earth, entre 8 a 10 hectáreas, en las que había varios tipos de
frutales, según nos lo indicó nuestro abuelo Guillermo, tierras regadas por el Canal
Waddington.

Según las fotografías familiares, a la edad de 10 años (aprox.), mi abuelo se ve tanto en la


casa de Valparaíso como en la chacra de Limache.

Claro está, que Guillermo y sus hermanos debían recorrer cada día, cerca de 5 kms. de ida
para asistir a la Escuela N.88 de San Francisco de Limache, de la cual él egresó el 3 de
diciembre de 1932, para luego estudiar mecánica en la Universidad Federico Santa María de
Valparaíso y en 1938 ingresar a la Armada de Chile y trabajar en la Escuela de Ingeniería
Naval.
EL ENGAÑO Y LA ESTAFA

Mi abuelo era un pan de Dios, de noble estampa, de muy buen corazón, siempre con una
sonrisa en la cara, querido por todos, familiares, amigos, vecinos y hasta por los niños del
barrio que solían entretenerse con sus ingeniosos juguetes marca “GUILIMAR”.

De ahí que todo cuanto nos contó siendo niños y aun siendo jóvenes, nos resulte del todo real
y provechoso, familiar e históricamente.

Su sentimiento contra los socialistas era real y no un simple resultado ideológico, quizá, por
haber servido 30 años en nuestra Marina Nacional.

Hablar contra los Buschmann, Schnacke y el famoso Guastavino; parecía quizá para algunos,
algo politiquero típico de la época Allende-Pinochet; sin embargo, era un simple enojo y
malestar, por existir gente tan canalla, vil y sinvergüenza, capaz de robarle a los más pobres e
incluso a los que algo poseían; era así, lo que me hacía al menos a mí, admirarlo y seguirlo
aún más, ya que en su estampa de buen hombre no había reflejo alguno de ira u odio.

Al hallar estos antecedentes, fue de gran satisfacción y de enorme impresión a la vez. Esto,
porque había concluido una investigación con el final de cerrar un capítulo familiar; y porque se
podía conocer ahora, quien había sido este “ladrón”.

El sinvergüenza de esta historia fue nada más y nada menos que OSCAR ALEX ENRIQUE
SCHNAKE VERGARA, fundador y primer secretario del Partido Socialista de Chile; además de
Ministro de Estado, Senador y Diplomático.

(Reseñas Parlamentarias, Biblioteca Congreso Nacional, www.bcn.cl)

Mi bisabuelo Carlos interpuso una denuncia ante el Juzgado de Limache, en donde el juez
Víctor Concha Garcés redactó un “Primer Edicto” el 25 de junio de 1936, en la Causa Nº6613
por estafa, con el fin de citar al inculpado, Enrique Schnacke Vergara, por no lograr
establecerse su paradero.

Sin embargo, un mes después, el día 24 de julio, el mismo Juez, redactó un “Segundo Edicto”
en su contra, con ánimo de declararlo en rebeldía si no se presentaba al Juzgado.
PRIMER Y SEGUNDO MANDATO JUDICIAL
Pero nada claro se obtuvo, el criminal quedó como rebelde, el Juez con las puertas de la cárcel
abiertas y mi bisabuelo de brazos cruzados, obligándolo a vender su campo (archivado en el
Conservador de Bienes Raíces de Limache como: Año 1940, Fojas 125v, Nº155; y Fojas 215v,
Nº273).

Ante este problema y dejando también la casa de Valparaíso, con mi bisabuela Esther se
fueron a vivir a la Calle Humboldt Nº50 en Quilpué.

En el momento de la estafa, este criminal sin duda estaba implicado ya y también, en algún
hecho político ilegal. Era 1936, año en que gobernaba Arturo Alessandri Palma y época en que
los comunistas habían hecho nuevamente de las suyas contra la ley y se habían ganado como
siempre, la represión, la persecución y el encarcelamiento.

Como delincuente, Schnacke Vergara debió vivir en la clandestinidad hasta fines de diciembre
de 1938 o enero de 1939, inclusive; luego que el presidente Pedro Aguirre Cerda asumiera el
gobierno. Y como en todo cambio de gobierno en aquellas épocas antiguas, por alianzas
políticas o simples “compadrastros”, llegó “el indulto general” de don Pelluco y beneficiado salió
también este conocido personaje en cuestión.

La suerte es grande y les toca continuamente a estos personajes de izquierda, pese a todas
“las metidas de pata” que hagan, ya que el delincuente Enrique Schnacke Vergara el 28 de
septiembre de 1939 fue designado Ministro de Fomento por el presidente Pedro Aguirre Cerda,
permaneciendo hasta el 16 de diciembre de 1941; y retomando el mismo cargo entre el 2 de
abril y 21 de octubre de 1942, al ser llamado por el presidente Juan Antonio Ríos Morales. Sus
“grandes logros” (a la buena y a la mala) hasta su muerte en 1976 son extensos.

Finalmente, sólo queda comentar, que la historia es curiosa y triste, porque los que roban y
destruyen, siguen creyéndose libertadores y ángeles de justicia, asumiendo descaradamente
cargos políticos u otros de importancia; mientras que los ciudadanos simples del pueblo, de
ese pueblo que precisamente ellos tanto hablan y por el cual dicen luchar; sufrieron y seguirán
sufriendo por culpa de este tipo de gente indeseable.

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Walter E. Foral Liebsch, julio de 2020

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