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ÚNICA INSTANCIA 51.

119
HUGO HELIODORO AGUILAR NARANJO.

EYDER PATIÑO CABRERA


Magistrado Ponente

AP6743-2017
Radicación n.° 51119
Acta 340

Bogotá, D. C., once (11) de octubre de dos mil


diecisiete (2017).

ASUN TO

Resuelve la Sala el recurso de apelación interpuesto


por el Procurador 33 Judicial Penal II de la ciudad, contra
la decisión del 7 de junio de 2017 proferida por el Juzgado
17 de Ejecución de penas y medidas de Bogotá D. C.

I. ANTECEDENTES

1. Mediante sentencia proferida el 14 de agosto de


2013, esta Sala condenó a HUGO HELIODORO AGUILAR
NARANJO a la pena de 108 meses de prisión, inhabilitación
en el ejercicio de derechos y funciones públicas por el
mismo lapso, y multa de 10.750 salarios mínimos
mensuales legales vigentes, como autor responsable del
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delito de concierto para delinquir agravado, sin concederle


la suspensión condicional de la pena ni la prisión
domiciliaria.

2. El Juzgado 1º de ejecución de penas y medidas de


seguridad de San Gil (Santander), que vigilaba el
cumplimiento de la pena impuesta, concedió al condenado
la libertad condicional con providencia del 4 de mayo de
2015, y le impuso cumplir las obligaciones previstas en el
artículo 65 de la Ley 599 de 2000, lo cual garantizó
mediante caución prendaria (fls. 264-268 c. o. 2).

3. Ante solicitud de revocatoria de la libertad


condicional elevada por el representante del Ministerio
Público, el Juzgado 17 de Ejecución de penas y medidas de
Bogotá D. C., al cual se remitió el expediente por
competencia, el 7 de junio de 2017 resolvió abstenerse de
iniciar el trámite previsto en el artículo 486 de la Ley 600 de
2000, no obstante señalar que: «Este Despacho no puede
considerar como mala conducta por parte del beneficiado con el
sustituto de la libertad condicional las manifestaciones de insolvencia
ante la autoridad encargada del cobro de la multa, pues no se tiene
conocimiento dentro de la presente ejecución que con fundamento en
ellas se haya dado inicio a actuación penal que le haya merecido
imposición de medida de aseguramiento y/o condena alguna […] el no
pago de la multa y las manifestaciones que hizo para obtener los
acuerdos de pago no violan las obligaciones contenidas en el artículo
65 del C. P., situación que igualmente se extiende a las relaciones
familiares y personales que detenta conforme lo manifestado por el

Procurador»1.

1
Fls. 173 y 174 c. o. 2A Juzgado)

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4. Contra dicha decisión el Procurador interpuso


recurso de apelación a través del cual solicita revocar la
misma y, en su lugar, ordenar «el acopio de los medios de
convicción que permitan el pleno esclarecimiento de los
presentes hechos».

II. LA IMPUGNACIÓN

Sustenta el recurrente su inconformidad en que su


primigenia solicitud no tuvo como base que el condenado
no haya pagado la multa impuesta « sino la forma, a todas luces
irregular y contraria a la verdad, con que el sujeto actuó para eludir

dicho pago», puesto que antes de otorgársele la libertad

condicional le mintió a la administración de justicia para


evitar el pago futuro de la multa, lo cual permite arribar a
«un concepto negativo de debida readaptación social », dado que
recién gozaba de su libertad importó al país un vehículo de
alta gama avaluado en suma superior a los trescientos
millones de pesos, no obstante haber aducido que por estar
imposibilitado económicamente, tan solo podía abonar
mensualmente quinientos mil pesos hasta cancelar la
multa, lo cual considera que «concita una sustracción o violación
al específico deber de buena conducta que se había asumido y como
presupuesto necesario para la preservación del subrogado penal

conferido».

De esta forma pretende la revocatoria de la libertad


condicional o que «se ordene al a quo, el acopio de los medios de

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convicción que permitan el pleno esclarecimiento de las presentes

hechos».

III. CONSIDERACIONES

1. Competencia:

De acuerdo con lo previsto en el artículo 38 de la Ley


906 de 2004, corresponde a esta Sala conocer de la
segunda instancia respecto de decisiones que adopten los
jueces de ejecución de penas y medida de seguridad en
relación con condenados que gocen de fuero constitucional
y legal, con en efecto ocurre en el caso de estudio.

2. La alzada:

La doble instancia faculta a los sujetos procesales para


que sometan las decisiones contrarias a sus intereses al
análisis del superior funcional de quien las profiere con el
fin de que se revise su legalidad, garantizando, de paso, el
acceso a la justicia en condiciones de igualdad y la eficacia
de los derechos de los intervinientes en el proceso penal,
mediante la implementación de mecanismos de
impugnación y de autoridades jerarquizadas que posibilitan
la revisión de los asuntos sometidos a la administración de
justicia.

El recurso de apelación impone al impugnante la carga


argumentativa de demostrar el yerro en que incurrió el
juzgador en la decisión recurrida, y en tal labor se le exige
hacer manifiestas las razones de hecho y de derecho que

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respaldan su postura y evidencian el error del funcionario


de primera instancia, porque solamente de esa manera se
activa la competencia de la segunda instancia, lógica y
jurídicamente limitada por la inconformidad debidamente
sustentada, a efectos de emitir un pronunciamiento sobre el
acierto y legalidad de decisión cuestionada.

Por ello, la Sala ha reiterado: «con el propósito de sustentar


en debida forma el recurso no basta con manifestar de manera
abstracta la inconformidad con el fallo o insistir en los argumentos
expuestos en etapas previas de la actuación. Por el contrario, se
requiere atacar los fundamentos de la providencia recurrida, pues solo
de esta manera es posible para la segunda instancia abordar el

ejercicio dialéctico respecto de su acierto y legalidad »2.

En el caso concreto se tiene que mientras para el a


quo el comportamiento asumido por el sentenciado en
relación con las manifestaciones que hizo para no pagar la
multa, así como el haber importado, supuestamente, un
vehículo de alta gama y valor en el que habría transitado
públicamente junto a su ex esposa, quien posee una gran
fortuna y con quien tiene disuelta la sociedad conyugal
-según lo expuesto por el recurrente en su primigenia
solicitud de revocatoria a la cual anexo documentos para
demostrar sus afirmaciones3-, «no violan las obligaciones
contenidas en el artículo 65 del C.P. »; para el impugnante todas

esas maniobras demuestran «no solo el incumplimiento de los


deberes legales; sino un total desapego por su resocialización y buena
conducta», lo cual «permite inferir la necesidad de la revocatoria del

subrogado».
2
CSJ. AP. 2 Ago. 2017 radicado 50560.
3
Fls. 129-139 c. o. 2 Juzgado.

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Por lo que emerge necesario atender que mediante la


sentencia C-371 de 2002, proferida por la Corte
Constitucional, se declaró «la EXEQUIBILIDAD del numeral 2º del
artículo 65 de la Ley 599 de 2000, Código Penal, siempre que se
entienda que, en este contexto, la obligación de observar buena
conducta solo es relevante en función del efecto que las eventuales
infracciones de los específicos deberes jurídicos que la misma
comporta, pueda tener en la valoración acerca de la necesidad de la
pena en cada caso concreto, de conformidad con lo previsto en el

apartado 3.2.2. de esta providencia», en el cual se dijo:

Reitera entonces la Corte que la obligación de observar buena


conducta impuesta por el ordenamiento no es en si misma
contraria a la Constitución, y que  tampoco es
desproporcionado, que a la infracción de ese deber por quien es
beneficiario de los subrogados penales de suspensión
condicional de la ejecución de la pena y de libertad condicional
se le imponga como consecuencia la revocatoria del respectivo
subrogado.
 
Sin embargo, en atención a esa consecuencia sobre la libertad
personal, se tiene que la obligación de observar buena conducta
no puede, para los efectos de la norma acusada, tener un
alcance indiscriminado, porque no es razonable ni resulta
proporcional que toda infracción al deber genérico de observar
buena conducta, tenga como consecuencia una medida que se
traduce en la privación de la libertad.
 
No obstante la indeterminación del concepto previsto en la
norma acusada, lo cierto es que su aplicación al caso concreto
sólo puede hacerse a partir de los elementos que el propio
ordenamiento suministre para efectos de su precisión.
 
No se está ante una decisión discrecional del funcionario
judicial, sino frente a un concepto indeterminado, que puede y
debe ser precisado para su aplicación, lo que implica, primero,
acreditar que ha habido una infracción del deber de buena
conducta, segundo, mostrar la manera y la medida en que
dicha infracción resulta relevante para el derecho penal y,
finalmente, como consecuencia de lo anterior, mostrar por qué
esa infracción hace que el juez cambie su percepción en torno a
la necesidad de la pena en el caso concreto.
 

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Con todo, podría argumentarse que, tal como se desprende de


la demanda, la muy amplia indeterminación del concepto, dado
el efecto inmediato que del mismo puede derivarse para la
libertad personal, llevaría a la conclusión acerca de la
inconstitucionalidad de la norma, en la medida en que ella
comportaría desconocer una dimensión del individuo que, como
ha sido puesto de presente por la Corte, es merecedor de
protección, “... en tanto ser racional y autónomo, capaz de
adoptar las decisiones necesarias para dar sentido a su
existencia y desarrollar plenamente su personalidad y, de
conformidad con ello, determinar sus acciones sin coacciones
ajenas de ninguna índole.” Sin embargo, debe tenerse en cuenta
que la norma acusada se aplica a un sujeto que ha recibido una
condena penal, pero de quien se ha llegado a la conclusión de
que no es necesaria en su caso la ejecución, o la continuidad de
la ejecución, de la pena. En ese supuesto, el individuo que se
ha beneficiado de la suspensión en la ejecución de la pena, es
autónomo en la determinación de su conducta, pero al mismo
tiempo debe ser consciente de que, en cuanto que la pena no se
ha extinguido, sus opciones en esa materia pueden provocar
una revisión por el juez sobre su juicio en torno a la necesidad
de la pena. Se repite que tal carga de comportamiento resulta
sustancialmente menor que la que se deriva de la privación de
la libertad y por consiguiente no es en si misma contraria a la
Constitución.
 
Sin embargo, en el otro extremo, no es admisible que cualquier
comportamiento que pueda tenerse como infracción de la
obligación genérica de observar buena conducta, conduzca a la
revocatoria de los mencionados subrogados penales, y por
consiguiente es necesario establecer los referentes a partir de
los cuales el concepto puede determinarse.
 
Dado que el propio ordenamiento penal no suministra de
manera expresa los parámetros que permiten precisar el ámbito
en el que la obligación de observar buena conducta puede tener
relevancia penal, encuentra la Corte que, para preservar el
derecho a la libertad personal, es necesario condicionar la
exequibilidad del numeral 2º del artículo 65 del Código Penal,
de manera que resulte explícito para los operadores jurídicos,
que la revocatoria de los subrogados de ejecución condicional
de la pena y libertad condicional procede, en este caso, no
simplemente a partir de la constatación objetiva acerca de la
infracción de un deber cualquiera de buena conducta, sino que
es necesario, además, que se ponga de presente, de manera
razonada y con oportunidad de contradicción, la manera como
dicha infracción incide en la valoración acerca de la necesidad
de la pena en el caso concreto.  
 

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De esa manera, para los efectos de revocar la libertad


condicional otorgada con base en el incumplimiento de la
obligación de observar «buena conducta», resulta
indispensable demostrar: (i) la violación del deber; (ii) su
relevancia para el caso; y, (iii) la necesidad que surge de
ejecutar efectivamente la pena; analizado el
comportamiento del condenado desde la arista de quien
aún tiene con la sociedad un compromiso, dado que la pena
no se ha extinguido.

Ciertamente, la obligación de observar buena conducta


a que se somete un condenado al cual se le ha otorgado el
subrogado de la libertad condicional debe enmarcarse en
comportamientos sociales, familiares e individuales
conformes a la Constitución y la ley cuyos estándares debe
evaluar el juez de manera diversa en relación con los
exigibles a los demás individuos, precisamente por la
situación jurídica que lo cobija, siendo menester, en todo
caso, que el incumplimiento de la obligación trascienda
penalmente al punto de evidenciar la necesidad de que la
pena se ejecute efectivamente, único evento en el cual
procede la revocatoria del sustitutivo penal.

Para tales efectos el legislador facultó al funcionario


encargado de la vigilancia y ejecución de la pena que
adoptara «las decisiones necesarias para que las sentencias
ejecutoriadas que impongan sanciones penales se cumplan », aun en

lo relacionado con «la libertad condicional y su revocatoria», de


acuerdo con lo previsto en los numerales 1º y 3º del artículo

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79, en consonancia con el artículo 486 de la Ley 600 de


2000.

Sin embargo, sin hacer verificación alguna pese a la


controversia planteada en lo relacionado con la eventual
importación del vehículo señalado, acorde con la
documentación presentada tanto por el impugnante como
por la defensa4, y mucho menos acerca de las maniobras
imputadas al sentenciado que podrían configurar el
quebrantamiento de la buena conducta a la que se
comprometió –el cual no se limita al hecho de ser
condenado como autor de delitos-, el a quo decidió
abstenerse de iniciar el trámite del artículo 486 aludido, sin
haber resuelto de fondo la revocatoria de la libertad
condicional solicitada.

Así las cosas, dado que la ejecución de una pena


implica la restricción de ciertos derechos fundamentales,
justificada por la necesidad de proteger bienes jurídicos y
valores constitucionales, y por el deber que le compete al
Estado de garantizar los principios y fines de la pena, en el
cumplimiento de esta tarea resulta forzoso que los jueces
encargados de ella desarrollen la misma haciendo uso de
las medidas correspondientes a fin de adoptar las
decisiones que cada caso requiera y, en el que ocupa la
atención de la Sala, pertinente surgía ordenar lo necesario a
efectos de establecer con mayor precisión si en verdad hubo
maniobras engañosas del sentenciado en procura de
obtener y/o mantener el subrogado que se le otorgó, motivo

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Fls. 138,139,155 y 156 c. o. 2. Juzgado)

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por el cual se revocará el auto impugnado, a fin de que se


proceda de conformidad.

Se trata de tener mayores elementos de juicio para


evidenciar si es o no necesario que se complete el tiempo
que falta por ejecutar de la pena que, como se sabe, le fue
impuesta al ex Gobernador de Santander HUGO HELIODORO
AGUILAR NARANJO como responsable del delito de concierto
para delinquir agravado por promocionar grupos armados
ilegales, con lo cual intensificó su poder, legitimó sus
acciones y hasta los exaltó como si fueran dignatarios,
vulnerando con ello las condiciones materiales necesarias
para el ejercicio de los derechos fundamentales que
permiten el libre desarrollo de la personalidad y el ejercicio
de la libertad por parte de la comunidad, cuyas víctimas
quedan perplejas respecto a la protección que el Estado les
debe cuando perciben que sus más encumbrados
representantes son aliados de sus verdugos, en lugar de
haberlos repudiado, denunciado y puesto sus atrocidades al
escrutinio público.

Incertidumbre que también emerge cuando se


suspende o mantiene la suspensión de la ejecución de la
pena impuesta, mediante artimañas desplegadas por el
condenado que está obligado a observar una conducta que
denote su readaptación social.

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de


Justicia, Sala de Casación Penal,

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RESUELVE:

PRIMERO: REVOCAR la decisión impugnada y, en su


lugar, ordenar al a quo proceder de conformidad con lo
señalado en la motivación a fin de que resuelva de fondo la
solicitud de revocatoria de la libertad condicional elevada
por el recurrente.

SEGUNDO: Contra esta providencia no cabe recurso


alguno.

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO

FERNANDO LEON BOLAÑOS PALACIOS

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FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA

EYDER PATIÑO CABRERA

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA


Secretaria

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