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El régimen de compañías: La Compañía Guipuzcoana

La llegada al trono de Felipe V de Borbón, con nuevos consejeros y nuevas ideas, y la


Guerra de Sucesión española trajeron reformas al sistema comercial. El 14 de septiembre de
1701, se firmó un convenio que otorgó a la Real Compañía de Guinea un monopolio para
proveer con esclavos africanos a los dominios españoles. Los buques franceses comerciaban
libremente con los puertos americanos a pesar de las quejas del Consulado de Sevilla. Este
asiento terminó en 1713 y con él la mayor parte del comercio directo francés con los
territorios americanos.

El Tratado de Utrech, firmado en abril de 1713, restauró la paz entre España y Gran
Bretaña y permitió la firma de un asiento con la Compañía Británica del Mar del Sur. Este
asiento le permitió a dicha Compañía el monopolio para proveer de esclavos los mercados de
América. También recibió el privilegio de enviar anualmente un buque a Cartagena de Indias,
otro a Portobello y un tercero a Veracruz. Los comerciantes ingleses podrían vender sus
mercancías durante las ferias anuales que se celebran en estas ciudades.

En el caso de Venezuela, la Compañía inglesa tomó a su cargo la casi totalidad del


comercio de la provincia. La compañía tenía autorización para introducir las mercancías que
se consideraran indispensables para el sostenimiento de los negros de puertos de descarga; sin
embargo, y autorizadas por las propias autoridades de Hacienda, desembarcaban libremente el
La Guaira grandes cargamentos de diversos géneros.

La primera nave de la Compañía Inglesa llegó a Venezuela en 1715:


Trajo negros y en retorno llevó 26 fanegas de cacao 1.325 cueros. (…) En 1716
arribaron tres (…) (y) En 1717 los viajes fueron más numerosos (…) En 1718 (…)
de ocho navíos que entraron a la Guaira con mercancía, cinco eran ingleses y de
diecinueve que salieron, diez eran de la misma nacionalidad…

Más importante aún para Venezuela fue la creación, en 1728, de la Real Compañía
Guipuzcoana de Caracas, considerada la primera empresa monopolista de comercio
establecida por la Corona española.
La Compañía Guipuzcoana de Caracas
Con la llegada de los Borbones al trono de España se pusieron en práctica una serie de
reformas en todos los ámbitos y uno de ellos fue el comercio. El tesoro español se encontraba
en ruina por la larga Guerra de Sucesión y el comercio entre España y América había quedado
prácticamente paralizado ante la imposibilidad de la Metrópoli de defender sus rutas
comerciales de acoso constante de ingleses y franceses. Las colonias se entregaron a merced
de los contrabandistas y Venezuela fue presa fácil de los holandeses que partían desde
Curazao, y de los ingleses que operaban en otras islas vecinas. Por otra parte, el cacao había
llegado a convertirse en uno de los frutos mas apreciados de Europa y el abastecimiento hacia
esos mercados era muy irregular. Ante esta situación:
… se comprende que el terreno estaba abonado para el establecimiento de una
compañía comercial que se comprometiera a combatir el contrabando, que
condujera las cantidades de cacao necesarias para el consumo de la metrópoli y
garantizara a la Corona fuertes ingresos. Todas estas condiciones fueron logradas
por la Compañía Guipuzcoana.

Las negociaciones para la creación de una compañía encargada del comercio con
Caracas comenzaron en 1727. La provincia de Guipúzcoa, que había estado pidiendo que se
eliminara toda la discriminación existente con el comercio del cacao y se igualaran los
impuestos con los del puerto de Cádiz, negoció la concesión y el 25 de septiembre de 1728 se
le otorgaron los privilegios a la Real Compañía Guipuzcoana para el monopolio del comercio
de Caracas.

El Rey se reservó el derecho de hacer concesiones semejantes a otras corporaciones,


medida que sirvió de elemento de presión para que la Compañía Guipuzcoana cumpliera sus
compromisos. Se estableció que podía despachar dos barcos anualmente, cargados de todo
tipo de mercancía y equipados para la guerra. En Venezuela podían llegar indistintamente a
La Guaira o Puerto Cabello y de allí comerciar con el resto de la Provincia. Dentro de las
misiones que se asignaron a la Guipuzcoana, la que más le interesó a España fue la relativa a
la vigilancia del litoral; para ello debían mantener uno o dos barcos en Venezuela con el fin de
evitar la entrada de los contrabandistas extranjeros, y en caso de ser apresados, podían
disponer de las mercancías confiscadas y venderlas como si fueran traídas de España.

La Compañía Guipuzcoana obtuvo un trato preferencial, pues el Rey para evitar la


resistencia que sus gobernadores y oficiales reales habían presentado a las compañías
anteriores fundadas, la puso bajo su protección y despachó instrucciones a todos los
funcionarios de las Indias para que no entorpecieran sus labores, sino que, por el contrario, le
ofrecieran toda clase de facilidades. La llegada de la Compañía a la Provincia de Caracas
causó una reacción desfavorable ya que no se había tomado en cuenta para tal decisión al
Cabildo; además, las acciones de la Compañía encontraron oposición en los hacendados y
pequeños propietarios venezolanos, por considerar que la Guipuzcoana:
1. Interrumpía el desarrollo y control de sus actividades económicas.
2. Atacaba directamente los intereses de los hacendados en cuanto impedir el
contrabando.
3. Intentaba apoderarse del comercio entre Venezuela y México controlado por
los productores de cacao.
4. Bajaba los precios de los productos venezolanos.
5. No pagaba sus compras con dinero sino con mercaderías con precios inflados.
6. Usaba métodos arbitrarios en la adquisición de productos venezolanos y
distribución de mercadería europeas.
7. Desplazaba del comercio a todos los mercaderes, inclusive a los de Cádiz.
8. Quiso controlar el comercio de negros.
9. No mantenía abastecida la provincia, lo cual perjudicaba hasta el comercio al
detal.

Los resultados comerciales durante los primeros diez años de funciones de esta empresa
fueron halagados ya que desde el primer momento las ganancias fueron cuantiosas,
principalmente porque el cacao era cotizado a buen precio. Su historia desde 1739 hasta 1748,
estuvo ligada a la guerra entre España e Inglaterra. Durante ese lapso, sus navíos no dejaron
de prestar una ayuda decisiva a los barcos de la flota real. Sin embargo, a pesar de los
contratiempos, la Compañía trabajó con gran actividad: se construyeron grandes navíos y
barcos más pequeños, y el comercio y sus ganancias aumentaban con gran proporción. Ella no
evitó que los extranjeros, principalmente los holandeses, hicieran esfuerzos para arruinar a la
Compañía y ejercer su comercio en Caracas.
Los datos afirman que la cantidad de cacao exportado a España por la Compañía
aumentó considerablemente y que el precio de este renglón descendió. En los tejidos de
lencería y otros artículos manufacturados, la Compañía rivalizó con los extranjeros, y el
cultivo y comercio del tabaco adquirieron rápidamente un gran auge. Lo mismo ocurrió con la
cría de ganado, la exportación de cueros y el comercio del dividivi (materia tintórea). Para dar
mayor impulso al cultivo de cacao, obtuvo permiso para adquirir negros en África y venderlos
a los hacendados caraqueños. Una de las tareas que tuvo que cumplir, fue la defensa de las
costas frente al contrabando extranjero.
Las acciones de la Compañía Guipuzcoana fueron rechazadas no sólo por los
contrabandistas sino por toda la provincia. Este malestar se manifestó a través de
conspiraciones entre las cuales se destaca la de Juan Francisco de León, en 1749. Este
movimiento estuvo integrado por mestizos, mulatos y negros libres. Se abasteció de armas
obtenidas en las islas, posiblemente pagadas por los hacendados, quienes no se unieron
abiertamente a la revuelta, pero la apoyaron y sustentaron en sus comienzos. Ellos no tenían
intención de romper lazos políticos, pero si querían debilitar el control excesivo de la
compañía.
Aunque los resultados no fueron los esperados, la rebeldía trajo algún éxito: se abrió la
posibilidad de que una comisión compuesta por el gobernador, el agente de la Compañía y un
representante del Cabildo, estableciera los precios; el gobernador quedó facultado para vigilar
las actividades de la Compañía con el fin de que se vendieran los productos europeos a
precios razonables y las autoridades centrales en España determinaron ejercer mayor control
sobre sus actividades.
Las actividades de la Guipuzcoana se mantuvieron hasta 1780 cuando se rescindió el
contrato y se estableció la política de libre comercio.
Política de libre comercio
Dado que la política intervencionista española no dio los resultados esperados, se
iniciaron una serie de reformas en el sistema económico que reglamentaban las relaciones de
España con sus colonias. Estas reformas en lo relativo al comercio se dieron lentamente hasta
llegar el Reglamento y Aranceles Reales para el Comercio Libre de España e Indias, dictado
el 12 de octubre de 1778. Entre las reformas podemos citar el decreto del 16 de octubre de
1775, con el cual se trató de fomentar el comercio de las islas española, Trinidad, Cuba,
Puerto Rico y Margarita, eximiéndolas del permiso real exigido anteriormente para realizar la
navegación entre puertos y estableciendo rebaja de algunos impuestos, y la modificación, en
1774, del decreto de 1765, con el que se permitió a las expediciones que salieran de España,
variar el destino de su carga a otros puertos no señalados en el registro que se entregaba
inicialmente en el Metrópoli.

Conviene aclarar lo que entendía la corona por libertad de comercio, y para ello se
deben vincular estas reformas a la política económica tradicional, intervencionista y
controladora, del régimen español. Esta libertad para comerciar no debe entenderse como la
posibilidad de las colonias de realizar su actividad comercial en forma independiente; ella era
relativa, ya que se mantenían limitaciones que no permitían el comercio entre provincias sino
mediante el régimen de restricciones y licencias.

En el reglamento antes mencionado se establecen, entre otras cosas, las siguientes:


1. Las provincias americanas tenían libertad para realizar el comercio recíproco.
2. Se elimina el monopolio que tenían en España los puertos de Sevilla y Cádiz
al ser habilitados nuevos puertos para el comercio con América. Estos fueron: Málaga,
Barcelona, Cartagena, La Coruña y Santa Cruz de Tenerife, en Las Canarias. De igual manera
se amplían los puertos americanos autorizados para realizar el comercio con la península;
entre otros se incluyen: Santiago de Cuba, Margarita, Trinidad, Cartagena, San Juan de Puerto
Rico, Montevideo, Guayaquil y Buenos Aires.
3. El comercio debía hacerse en naves españolas y se le dio un plazo de dos años,
a partir de la fecha del decreto, para que los españoles pudieran adquirir naves extranjeras (de
hacerlo en el tiempo señalado quedaban exonerados del derecho de extranjería); pasado ese
tiempo sólo aceptaban naves de fabricación nacional.
4. Algunos derechos que se pagaban en el comercio con las colonias americanas
(tonelaje, licencias de navegar, etc.), fueron abolidos.
5. Se exceptuó el pago de derechos por el plazo de diez años, que pesaba sobre
algunos productos de la industria española, como manufacturas de lana, algodón, azúcar, café,
carnes y pescado salado y se estableció que otros productos como tejidos de seda pura o
mezclada con oro y plata, oro, plata, etc., pagarían menos derechos, tanto en su salida de los
puertos españoles como de los americanos.

Este reglamento de comercio libre excluyó a las provincias de Maracaibo, Venezuela y


Cumaná, pues la Compañía Guipuzcoana controlaba el comercio de la provincia de Caracas
de acuerdo con lo establecido, como ya estudiamos, en el contrato del 25 de septiembre de
1728, donde se le otorgaron a la Compañía privilegios en el comercio de dichas provincias.
A partir de 1781, estas provincias se incorporaron al régimen de licencias concedido
por el Intendente Don José de Abalos quien, conociendo la actuación de la compañía, decidió
combatirla restándole privilegios hasta que le fue rescindido el contrato.

El 28 de febrero de 1789, la corona dictó un derecho donde Venezuela y la Nueva


España comenzaban a gozar de los beneficios del comercio libre concedido desde 1778 a
todos los dominios españoles.

A partir de esta fecha mejoró el comercio internacional y se permitió viajar a diferentes


puertos americanos. El comercio entre Maracaibo y Veracruz fue intenso; se explotaba cacao
y se traían telas, oro, plata, etc. Hacia La Habana se desarrollo el comercio desde diferentes
puertos venezolanos; desde Maracaibo se enviaba cacao, de Coro queso y cueros, de Puerto
Cabello mulas, de La Guaira cacao y zarzaparrilla. De igual manera, Puerto Rico se incorporó
al comercio con La Guaira.

Esta concesión dada a las provincias venezolanas para gozar de los beneficios de libre
comercio encontró oposición entre los comerciantes más importantes, quienes vieron perdidos
parte de sus derechos cuando se les concedió a los agricultores la oportunidad de transportar
sus productos y al mismo tiempo, aprovechar la apertura de nuevos mercados para colocar sus
productos, lo cual determinó un aumento en las exportaciones.
El comercio ilícito

Al lado de las relaciones comerciales legales que se mantuvieron en las colonias


americanas, se desarrollaron las de carácter clandestino. Éstas se iniciaron desde comienzos
de la ocupación del territorio, y lograron su apogeo a comienzos del siglo XVIII, lo que
significa que se mantuvieron a través de toda la vida colonial americana.

Algunas naciones europeas habían quedado marginadas luego del descubrimiento de


América y se resistían a perder su condición de potencias económicas y políticas, por ello
mantuvieron el deseo de invertir en las actividades comerciales americanas. Como ello no era
posible por la reglamentación española que prohibía las relaciones con otras naciones que no
fuera España o las compañías monopolizadoras por ella autorizadas, se dedicaron al comercio
ilícito, es decir, al contrabando. Se trataba de ingleses, holandeses, portugueses y franceses.

Venezuela no sólo no escapó al comercio ilegitimo, sino que lo mantuvo como


respuesta frente a las cargas que recaían en sus relaciones comerciales y en su economía. Nos
referimos a excesivos derechos aduanales, complicada y tardía tramitación, la venalidad de
muchos funcionarios españoles y al alza de los precios de los productos manufacturados en
España, lo cual hacia casi imposible la adquisición de ellos en las ciudades americanas.

El comercio ilícito permitía a los colonos burlar los registros, adquirir los productos a
bajo precio y vender a sus productos a mejor precio ya que se eliminaba el intermediario y las
tasas que habían de pagar.

Aún cuando la Corona había dado la exclusividad del comercio a Sevilla y luego a
Cádiz por ofrecer un mayor control sobre los barcos que salían o regresaban de América, los
contrabandista contaban con la complicidad de los funcionarios y desde los mismos puertos
españoles y en alta mar, cargaban los barcos autorizados burlando el registro, y al regreso,
recibían de misma manera el pago de sus productos.

En América, concretamente en el Caribe y Buenos Aires, donde las naves inglesas,


francesas y holandesas entraban directamente, existían puertos de comercio ilícito. Este
negocio se tornó tan lucrativo que muchos comerciantes americanos (de Nueva Esparta y
Perú) tenían agentes para compra y venta en Inglaterra y Francia.

Otro procedimiento de los contrabandistas era ampararse en los asientos de negros, que
era un privilegio que muchos mercaderes italianos y portugueses tuvieron en el siglo XVII.
Con el pretexto de traer negros a las colonias americanas, llegaban gran cantidad de
mercancías sin declarar, que luego vendían a precios muy lucrativos.

Las arribadas forzosas de las naves por accidentes, tempestades, escasez de víveres y
otras causas, eran otros de los recursos que las naves extranjeras empleaban para tocar tierra
en las colonias y vender sus mercancías. Estas arribadas eran admitidas por las leyes
españolas que autorizaban a sus funcionarios para que permitieran descargar las mercancías
mientras se solucionaban los arreglos de los barcos, pero no se autorizaba la venta. Los
mercaderes aceptaban lo que se les ofrecía pues ellos se encargaban de encontrar la manera de
burlar esa prohibición y vender sus productos gracias a la falta de almacenes, escasa
vigilancia y venalidad de funcionarios.

Este comercio era generalmente muy bien recibido por los americanos ya que les daba
acceso a una mayor variedad de mercancías, a precios más bajos que los que ofrecían los
comerciantes españoles. Cuando arribaban los barcos españoles, los mercados americanos
estaban abarrotados de mercancías producto de este comercio ilegal; esto hizo que la Corona
dictara severas medidas para evitar que los comerciantes extranjeros, con diferentes pretextos,
entraran a estas colonias de América, Eduardo Arcila Farías dice que:
En las costas venezolanas el tráfico ilícito había ya adquirido proporciones
escandalosas para fines del siglo XVI, lo que dio origen, en los primeros años del
siguiente periodo, a numerosas represalias y medidas de extrema violencia, como
la que fue adoptada por el tabaco en tiempos en que era gobernador Sancho de
Alquiza.

Esta medida fue la de talar todo el tabaco que estaba cultivado en la provincia y
establecer que aquellos vecinos que querían realizar cultivo debían solicitar licencia. Con ello
eliminaba uno de los cultivos de mayor atracción para los contrabandistas debido a la gran
demanda en Europa y América.

A mediados del siglo XVIII, cuando los franceses, holandeses e ingleses se


establecieron en las islas del Caribe como Curazao, Santo Tomás, San Kitts, Martinica, etc., y
desde allí incursionaban en nuestras costas, el contrabando adquirió mayor fuerza en
Venezuela. Las disposiciones del la Corona para evitar el contrabando tanto que la mayor
parte de las naciones europeas ubicadas en las costas del Atlántico contribuían con él.
La Economía colonial para el siglo XVIII y la dependencia de su estructura
económica. La gestión de una crisis

Hasta la primera mitad del siglo XVII, la economía colonial venezolana todavía
mostraba signos de estancamientos. El capital comercial se limitaba a absorber la producción
y a reponer la mano de obra y los medios de producción. La Corona acaparaba una buena
parte de la renta producida en la colonia a través de impuestos y contribuciones y muy poco
quedaba para invertir en la formación de capital en la colonia y en la ampliación de su
estructura productiva interna.

Venezuela dependía, desde el punto de vista económico, político y administrativo, de


España. Ésta orientaba, a través del comercio exterior, su producción y le estableció un cerco
que no permitía:
… superar su aislamiento económico ni su anemia productiva sin deshacerse del
monopolio comercial español que desde fuera impedía su incorporación a la
dinámica del capitalismo mundial.

Desde la segunda mitad del siglo XVII, a raíz de la declinación de la actividad agrícola
basada en la encomienda, se hizo necesario introducir una forma más productiva de
explotación de la tierra. La planificación y la esclavitud negra favorecieron la producción y
con ella el comercio exterior, pero no pudieron promover una oferta interna de dinero que
permitía una circulación monetaria, debido a que la producción era exportada y controlada por
el monopolio español. Los ingresos retenidos por comerciantes y propietarios no eran
reinvertidos y ello determinaba debilidad en la estructura económica interna.

En el curso del XVIII, la esclavitud negra alcanzó su esplendor hasta constituirse en


modo de explotación dominante, vinculado al cultivo de cacao. Ésta, junto a la Compañía
Guipuzcoana y a los propietarios de suelo, constituía los elementos fundamentales de sistema
de explotación donde se comenzaron a gestar los conflictos que caracterizaron la estructura
económica de la Venezuela colonial.

En respuesta al monopolio ejercido por la Guipuzcoana, el comercio se desplazó hacia


el tráfico clandestino. Los hacendados reaccionaban frente a la política aislacionista de
España y ésta, al efectuar y controlar el intercambio con Venezuela, consolidaba su
dependencia económica.

Era indudable que, ante tales acciones, los propietarios criollos, al ver mermadas sus
ganancias, reaccionaran en contra de la compañía. Este conflicto se manifestó en movimientos
como el de Juan Francisco de León.
… La sociedad colonial avanzaba en dirección de un antagonismo inminente
porque la administración española frenaba el desarrollo de la economía mediante
una política comercial que, en vez de estimular el desenvolvimiento interno, hacía
imposible la expansión de las fuerzas productivas, causando, con la constante
remisión de patrimonios (sic) y rentas a la metrópoli, la descapitalización, que
restringía la actividad económica sobre el cuadro de empobrecimiento de la
población esclava y servil.

La economía de la colonia creció sin desarrollarse; las ganancias obtenidas por los
hacendados se invertían en hacer más extensiva la producción agropecuaria, pero a pesar de
las restricciones, hacia fines de siglo los criollos mantenían un sólido poder económico
aunque estaban marginados del poder político. Era indudable que ellos aspiraban al poder
político-administrativo como vía para obtener privilegios y establecer la libertad económica
que les permitiera colocar su producción en el mercado exterior sin intervenciones
monopolistas. Se gestaba una crisis entre los criollos y el estado español.

En las últimas décadas del siglo XVIII, el capitalismo restaba fuerzas al monopolio
mercantil que mantenía la Corona en sus colonias. Paralelamente se extendían las ideas
liberales de la ilustración. En Venezuela se debilitaba el monopolio de la Guipuzcoana.
Evidentemente, ella era un factor de inestabilidad política y su actuación ya era inconveniente
a los intereses de la misma Corona.

Los Borbones, ante esta situación, crearon la Intendencia de Ejército y Real Hacienda
(1776), con el fin de controlar las actividades económicas, administrativas y hacendentistas de
Venezuela. Esta institución actuó como agente de importación de esclavos, estímulo de
actividades agrícolas y luchó por eliminar las funciones de la Compañía Guipuzcoana. La
Corona, por su parte, desde 1781 comenzó a aplicar medidas tendientes a reprimir los
privilegios de la compañía hasta llegar a su supresión, en 1784.

La Intendencia se propuso diversificar la producción, construir obras de infraestructura


y ampliar las actividades comerciales conforme a los principios de libertad económica, pero
por supuesto, sin romper con la dependencia político-administrativa, lo cual le continuaba
dando beneficios económicos a la Corona.

Como indica Héctor Malavé Mata, la Intendencia fue usada como:


… instrumento del despotismo ilustrado de los Borbones para prolongar el orden
establecido mediante ejecuciones reformista que suprimieran las causas de una
posible subversión colonial.

La Corona estaba poco consciente de que en las colonias, producto de liberalismo


europeo, se gestaban tendencias políticas nuevas. Consideraban que al crear la Intendencia y
conocer algunos privilegios a los grandes propietarios, se podía detener el peligro de una
crisis latente. Creía que algunas reformas en la administración colonial podían mantener
indefinidamente sus dominios americanos bajo su control y resguardados de la competencia
extranjera.

Todas estas iniciativas resultaron infructuosas. Nada pudo detener el desarrollo de


contradicciones entre el atraso económico de la colonia y el avance del capitalismo a nivel
mundial. La estructura de dominación hispana se debilitaba y era virtual su decadencia.

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