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BIBLIOTECA

AUTORES ESPAÑOLES.
BIBLIOTECA

DESDE LA FORMACIÓN DEL LENGUAJE HASTA NUESTROS DÍAS.

POETAS LÍRICOS PE LOS SIGLOS XVI Y XVIL


COLECCIÓN ORINADA

POR DON ADOLFO DE CASTRO.

TOMO PRIMERO.

MADRID.
M. RIVADENEYRA— EDITOR — IMPRESOR.
SALÓN DEL PRADO, 8.

1854.
p

Los poetas líricos españoles de los siglos xvi y xvn, cu vas obras se encierran en es-
te volumen, son
Garcílaso de la Vega. Francisco Pacheco.
Gutierre de Cetina. Francisco de Rioja.
Don Diego Hurtado de Mendoza. Don Juan de Arguuo.
Cristóbal de Castillejo. Pedro de Quirós.
Fernando de Herrera. Juan de Salinas.
Don Francisco de Medrano. Baltasar del Alcázar.
Pablo de Céspedes. Don Luis de Góngora.

El segundo tomo de esla colección contendrá las composiciones de Jáuregui , de


Espinosa de Trillo délos dos hermanos
, , Leonardos, de Villegas, de Jacinto Polo,
del conde de Rebolledo y de otros ingenios no menos ilustres terminando con una ,

flore ;ta de varia poesía, donde se hallarán los escritos mas selectos de Boscan, de

Aldana de Figueroa de Acuña de Gil Polo, de Solís, de Cáncer, de Salazar y de-


, , ,

más autores distinguidos en aquellos tiempos.


Aunque de poetas de los siglos xvi y xvn, no forman parte de esla colección las
obras líricas del bachiller Francisco de la Torre, de fray Luis de León, de santa Te-
resa, de san Juan de la Cruz, de Lope de Vega y de don Francisco de Quevedo. En
otros lomos de la Biblioteca de Autores Españoles se encontrarán con sus demás es-
critos ó con los de sus primitivos editores.
En el presente volumen se ha procurado guardar el mejor orden posible. Garcílaso
con Cetina y don Diego Hurtado de Mendoza, sus imitadores en seguir la forma ar-
tística de los griegos, latinos é italianos, ocupa el lugar preferente. Castillejo, el sus-

tentador de la antigua y encantadora manera de la poesía castellana va en pos de ,

estos autores como protesta contra la nueva escuela literaria. Herrera, que quiso
,

perfeccionar la obra de Garcílaso dando un lenguaje poético á España, así como die-
ron á Italia el suyo felicísimos ingenios, va acompañado de sus discípulos ó imitado-
res, Céspedes, Pacheco, Medrano, Rioja, Arguuo y Quirós. Alcázar y Salinas perte-
necieron á escuela de Herrera, Rioja y Arguuo; por eso van sus obras en este vo-
la

lumen, si bien sus formas no pueden ser iguales á las que tienen las poesías de sus
maestros, los cuales se dedicaron á asuntos filosóficos ó amatorios , y no á festivos y

fc
vi PROLOGO.
ligeros.Góngotu, gran admirador de Garcilaso y deseoso de adquirir, como Herrera,
un lenguaje poético para que en él hablasen las musas españolas, cierra, y no se diga
con llave de oro , el primer volumen de los poetas líricos de los siglos xviy xvn.
Al frente de casi todas las colecciones de auto-
de poesías se leen juicios críticos
res notables. No son todosque existen, sino tan solo los que he juzgado mas im-
los
portantes á mi propósito. Creo que el lector verá con agrado los pareceres de Her-
rera, de Lope de Jáuregui, de Rioja, de Saavedra y de otros críticos no menos in-
,

signes, tales como Velazquez, Jovellanos, Várgas-Ponce y Marchena.


He procurado huir de ios vicios en que incurrimos facilísimamente los que nos de-
dicamos á estudios bibliográficos. Por muy mala que sea la obra inédita de un autor,
nunca nos parece tanto, que la reputemos indigna de ver la luz pública; antes que-
remos parecer noticiosos en papeles antiguos que amadores leales del honor literario
del hombre ilustre cuyas obras damos nuevamente ala estampa. Muy parco hesido en
la publicación de poesías inéditas porque, si de los yerros en los escritos que se han
;

impreso por autor alcanza á este, y solo á este, el descrédito, de los que se hallan
el

en trabajos no publicados solo al editor debe pertenecer el vituperio. Un escrito iné-


dito es un secreto confiado ó adquirido que existe entre muchas ó pocas personas.
Quien lo hace patente al público, sabiendo que puede redundar en mengua de su au-

tor, no merece el nombre de amigo que cela nuestra honra, sino de amigo que la ven-

de con el género de traición que se llama imprudencia. Parco he sido también en las
notas con que he intentado ilustrarlos textos. Las muchas que los acompañan no son
hijas de un deseo de afectar erudición, pues, como se verá, casi todas se reducen á
variantes en ediciones y códices. La purificación de los textos ha sido el objeto es-
pecial de mis investigaciones y diligencias. Viciados en las ediciones primitivas, han
corrido y aun corren llenos de errores de gramática y faltos de sentido en muchos lu-
gares.
Ya no se leerá, por ejemplo, en Garcilaso:

j Oh náyades de aquesta mi ribera


Corriente moradoras! oh napeas,
Guarda del verde bosque verdadera!
Alce una de vosotras, blancas deas,
Del agua la cabeza rubia un poco;
Así ninfa jamás en tal te veas,

sino el texto corregido , tal como lo escribió ó debió escribirlo su autor

¡Oh náyades de aquesta mí ribera,


Corrientes moradoras! oh napea,
Guarda del verde bosque verdadera!
Alce una de vosotras, blanca dea,
Del agua la cabeza rubia un poco;
Así ninfa jamás en tal se vea.

El famoso madrigal de Gutierre de Cetina ,


que empieza
Ojos claros serenos,

ha corrido hasta ahora impreso con falta de dos versos ,


por lo cual estaba oscurísimo

en el concepto. Se han restituido estos á su lugar, y la poesía gana doblemente en


mérito.
Góngora cuyos pensamientos ó veces se presentan mas impenetrables de lo que su
,
PROLOGO. ni

autor pretendió, á causa de los yerros de los impresores, podrá leerse ya con mayor
provecho. No se hace decir al ilustre cordobés, como los demás editores :

Si eres del amor cautivo,


Desde aquí puedes volverte;
Que me pedirán por voto
Lo que entendí que era suerte

en vez de leer con Gracian y el buen sentido :

Que me pedirán por hurto


Lo que entendí que era suerte;

ó por voto, según la edición de Pedro Verges.


Ya no se afea un romance bellísimo con poner estos cuatro versos faltos de un re-
lativo, sin el cual forman solo un laberinto de palabras :

Resiste al viento la encina


Mascón el villano pié;
Que con las hojas corteses
A cualquier céíiro cree;

habiendo escrito su autor


Que con las hojas corteses,
Que á cualquier céfiro creen.
Donde puso el descuido
Que á todas ellas hacen
Igual sombra la fuerza,
Lo dulce de la voz
La razón de las quejas,

se lee hoy igual sabrosa fuerza.


Por último, Góngora dice contra su voluntad :

Llegaos á orealla;

Pero no tan cerca,


Que llevéis suspiros,
Y ha corrido á ella;

cuando escribió
Pero no tan cerca,
Que llevéis suspiros
Que han corrido á ella.

En el lugar respectivo délas obras de Castillejo se pone lo que mandó la Inquisición


que se borrase en mujeres y en el Sermón de amores, si bien en esteno
el Diálogo de las

con toda la perfección que fuera de desear, por ser tan malas y estar tan contraria-
mente adulteradas las ediciones primeras que hemos visto.
En Herrera se sigue el texto tal como lo corrigió su autor en los últimos años de
su vida. Pónense, sin embargo, las vanantes de todas las poesías que publicó en su
colección y en las notas alas obras de Garcilaso. Así verán los curiosos la manera con
que el divino poeta castigaba sus versos.
Aunque mucho lo que he trabajado y aun conseguido en la purificación de los
es
textos, algo queda todavía para los que con talento, erudición y práctica se dediquen
á restaurar las obras de los ilustres poetas líricos españoles. Sus advertencias tendrán
para mí un valor grandísimo, pues con ellas podré rectificar en el segundo volumen
de esta colección los errores que no haya observado al formar el preserve. En ello
no hago abstracción de mi amor propio, porque el amor propio de un colector de
van PROLOGO.
obras de autores antiguos debe consistir en presentarlas libres de yerros, consiga el
objeto por sí solo, consígalo con el auxilio de los que mas saben.
Preceden á en este tomo algunas noticias de vidas de poetas, va-
las poesías inclusas
rias como fueron los caracteres y las profesiones de los mismos. La de Garcilaso déla
Vega es propia de un perfecto caballero andante la de don Diego Hurtado de Mendo-
;

za, de uno de los primeros políticos de Europa en los modernos siglos; la de Góngora,
de uno de los satíricos mas maldicientes.
De otros poetas muy poco se sabe ; sus noticias apenas pasan de lo que declaran
sus escritos. Si algún curioso tuviere algunas para mí no conocidas, adonde no haya
llegado mi diligencia, allí pueden ejercitarse sus conocimientos y estudios en pro

de la historia literaria de España. Pronto estoy á enmendar yerros y mi falta de no-


ticias.

Antes de concluir este prólogo no debo pasar en silencio los favores que he debi jo
á varios de mis ilustrados amigos, y especialmente á los señores don José María de
Álava, catedrático de la universidad de Sevilla, don Juan José Bueno, ilustre poeta
sevillano,y don Joaquín Rubio, individuo correspondiente de la Real Academia de la
Historia primero poniendo en mi poder un antiguo códice de las poesías de Gutierre
; el

de Cetina, el segundo prestándose á evacuar citas en manuscritos de la biblioteca Co-


lombina, y el tercero facilitándome con mano franca los inagotables tesoros de su ex-
celente librería.
El señor don Aureliano Fernandez Guerra y Orbe erudito ilustrador de las obras
,

de Quevedo, también me ha honrado con noticias de un códice que conserva en el ,

cual declara Góngora las poesías que fueron hijas de su ingenio, excluyendo las que
la ignorancia le atribuyó en manuscritos.
He hecho cuanto he podido para la perfección de la obra. Si no ha logrado alcan-
zarla mi diligencia, otras serán las causas, no mi buen deseo.
Cádiz, 12 de julio de 4854.

Adolfo de Castro.
APUNTES BIOGRÁFICOS

DE LOS

AUTORES COMPRENDIDOS EN ESTE TOMO.

GARCILASO DE LA VEGA.

Cuna de Garcilaso de la Vega, caballero del orden de Alcántara y príncipe de los poetas lí-
ricos de España, fué la ciudad de Toledo ; su linaje, de lo mas ilustre. Hijo del famoso Garcilaso,

segundo del conde de Feria, comendador mayor de León, del orden de Santiago, señor de las

villasde los Arcos, Cuerva y Bátres, del consejo de Estado de los reyes don Fernando y doña
Isabel, y embajador en Roma cerca de Alejandro VI, heredó de su madre doña Sancha de Guz-
man los blasones todos de la antigua casa de Toral (luego de los duques de Medina de las
Torres).
Las artes liberales, las buenas letras y las lenguas griega, latina, toscana y francesa ocupa-
ron su ánimo en los años de su niñez, en los primeros de su juventud florida. La corte le brindaba

con la privanza, las armas con los laureles, las letras con el aplauso de los siglos. Dejó las riberas
del Tajo por seguir á Carlos V, en cuya corte ganó amigos entre los buenos, atrayendo á su esti-
mación las el manejo de espadas y caballos, en el tañer el
voluntades por su destreza singular en
arpa y y en el cantar con regalado acento los mismos versos que escribia. Era de
la vihuela,

aspecto hermosamente varonil, de grandes y vivos ojos, de rostro apacible, de frente despejada,
dulce en los sentimientos de amor, vehementísimo en los de amistad, noble en las palabras,
cortesano en las acciones, igual en resistir el peso de la seda que el del hierro, y no sé si mas ca-
ballero en la ciudad ó si mas caballero en la guerra (1).

(i) «En el hábito del cuerpo tuvo justa proporción, él una hermosura verdaderamente viril; era prudente-
porque fué mas grande que mediano respondiendo los , mente cortés y galán sin afectación y naturalmente sin
lineamentos y compostura á la grandeza. Fué muy dies- cuidado el mas lucido en todos los géneros de ejerci-
,

tro en la música y en la vihuela y arpa, con mucha ven- cios de la corte y uno de los caballeros mas queridos
taja, y ejercitadísimo en la disciplina militar, cuya na- de su tiempo; honrado del Emperador, estimado de sus
tural inclinación lo arrojaba en los peligros porque el iguales, favorecido de las damas alabado de los extra-
,

brio de su animoso corazón lo traia muy deseoso de la


,

ños y de todos en general. » —Tamayo de Vargas, Vida.


gloria que se alcanza en la milicia. » —
Herrera, Vida. « Era garboso y cortesano, con no sé qué majestad

«La trabazón de los miembros igual, el rostro apacible envuelta en el agrado del rostro, que le hacia dueño de
con gravedad la frente dilatada con majestad los ojos
, ,
los corazones no mas que con saludarlos, y luego en-
vivisimos con sosiego , y todo el talle tal que aun los traban su elocuencia y su trato á rendir lo que su afabi-
que no le conocían , viéndole, le juzgaran fácilmente
,

lidad y su gentileza habían dejado por conquistar. »



por hombre priucipal y esforzado porque resultaba de
,
Cieufuegos, Vida de san Francisco de Borja.
s APUNTES BIOGRÁFICOS
De edad de veinte ycuatro años, ó poco mas, tomó por esposa á doña KlenadeZúñiga , señora
de ilustre linaje y de altísimas prendas, hija de don Diego López de Zúñiga, primo hermano del
conde de Miranda, y dama de Leonor, reina de Francia. Los hijos que hubo en este matrimonio
Garcilaso fueron uno igual al padre en el nombre y el valor, y muerto desdichadamente casi al
:

cumplir y cinco años de edad en la defensa de Ulpiano contra franceses el segundo


los veinte ;

llamado don Francisco, que trocando el nombre y además el hábito de Alcántara por los de santo
Domingo, tuvo la flaqueza de querer competir en vano con fray Luis de León en el clarísimo in-
genio y en la sabiduría (1). Doña Sancha de Guzman ocupa el lugar tercero entre los hijos de

Parece que este fray Domingo de Guzman compi-


(í) Otro melindre gracioso,
tió con frayLuis de León, según Cienfuegos en la Yida Que diga un pobre privado,
de san Francisco de Borja. En este caso el hijo de nues- Siendo un pobre religioso,
Con un modo muy brioso:
tro célebre poeta no alcanzó cosa alguna del buen inge-
Dichoso el humilde estado.
nio de Garcilaso, como lo declara el siguiente suceso,
¿Qué don Alvaro de Luna?
que en otra ocasión escribi.
Qué Aníbal cartaginés?
Sabido es que el célebre poeta español fray Luis de Qué Francisco rey francés, ,

León estuvo preso por espacio de mucho tiempo en las Se queja de la fortuna
cárceles secretas del Santo Oficio reo sospecho- como Que le ha traído á sus pies?
so del crimen de herejía. Afligido este varón eminente La religiosa pobreza
con los rigores de una persecución injusta, y desenga- Con un mesmo rostro mira
ñado de las vanidades del mundo y de la perversa poli- La cordura y aspereza
Porque esta es la fortaleza
ticaque dominaba én su siglo, escribió en la pared de
Del saino que se retira.
su calabozo las dos quintillas siguientes, que sin epí-
Retiraos con reverencia,
grafe andan impresas en la colección de sus obras.
Y no con tanto desaire;
Aqut envidia y mentira
la No tiréis piedras al aire,
Me tuvieron encerrado. Deo gratias ,
padre, paciencia,
¡Dichoso el humilde estado Mirad que sois hombre y fraire;
Del sabio que se retira Y en cuanto á fraire, subjecto
De aqueste mundo malvado, A lo que habéis profesado
Y con pobre mesa y casa Para el estado perfecto;
En el campo deleitoso Cuanto á hombre, á cualquier defecto
Asólas su vida pasa; De aqueste mundo malvado.
Con solo Dios se compasa
Ni envidiado ni envidioso
En la corte de los reyes
Ambición juega sus tretas;
Luego que fray Luis de León recobró su libertad con
Mas entre gentes perfeta*
el triunfo de su inocencia corrieron entre sus amigos
No se conocían leyes
y émulos, en unos con aplauso y en otros con ironía y Ni se temían sus setas
detracción maligna, las quintillas copiadas. Entonces un Que el sabio que se desvia
fray Domingo de Guzman se encargó de defender al San- Del mundo y del se descasa,
to Oficio y de insultar á fray Luis de León en una glosa Tal enemistad le cria,
de aquellos versos, la cual se halla en el códice M, 243, Que yendo en
, su compañía

de la Biblioteca Nacional, y es así :


A solas su vida pasa.

No le levanta el honor,
Torque las dañosas leyes Ni deshonor le entristece,
el
Y sectas de perdición Ni jamás le desvanece
No estragasen su nación, La voz del adulador,
Nuestros Católicos (leyes Ni la del mal fin le empece.
Fundaron la Inquisición; Al tener y al no tener
La cual , como fué trazada Con una tasa le tasa;
Estando Dios á la mira, No el ser y el no ser,
estima
Salió tan bien acertada Y en hacer y deshacer
Que jamás pudieron nada Con solo Dios se compasa.
Aquí la envidia y mentira.
Nada le desasosiega
Es su justicia tan reta, Al que vive con llaneza,
Que ningún falso testigo Porque la simple pobreza
Ni disimulado amigo Muy pocas veces le ciega
Emprendió hacer treta Con vaguidos de cabeza.
Que quedase sin castigo. Ansí que si pretendéis ,

Ansí que, es temeridad Acá y acullá reposo,


Decir el mas descargado Humillaos, no o.- empinéis;
En la cárcel de verdad, De esta suerte viviréis
Con mentira y falsedad, Ni envidiado ni envidioso.
Me Uivicron encerrado.

Que muy poaultos han preso No sé ciertamente cuál fué la vida y cuáles las cos-
Que no eaén por sus pecados, tumbres del autor de estos versos. En aquel tiempo vi-
Si no quemados, tiznados, víaun fray Domingo de Guzman, que se vio preso por
Porque juzgan con gran peso como sospechoso de luleranismo, al mis-
la Inquisición
En estos sacros estados. mo tiempo que el canónigo protestante de Sevilla Coas*.
DE GARCILASO DE LA VEGA. ti

Garcilaso. Casó esta señora con don Antonio Portocarrero y de la Vega, hijo primogénito del
conde de Pelma. Don Lorenzo, el postrero, heredó el ingenio paterno y tristemente se malogró en
edad temprana, pues habiendo sido desterrado á Oran en castigo de cierto dicho satírico, la

muerte en el camino heló los labios para siempre de este hijo, que aunque no legítimo de Garci-
laso, por el talento no desmentía á su generoso progenitor ni era indigno de la protección del
célebre obispo don Antonio Agustín.
el socorro de Viena contra Solimán (1532) y en la toma de la Goleta. A
Hallóse Gaucilaso en
de Túnez (1535) peleó como buen caballero en el ejército que Carlos V dirigió en perso-
la vista

na para castigar la temeridad de Barbaroja, terror del cristianismo y orgullo de las lunas oto-
manas. Cercado de muchedumbre de moros en una escaramuza, fué herido de dos lanzadas, una
en la boca y otra en el brazo derecho. Federico Carrafa, napolitano, acudió en su socorro con
valerosa tropa, que salvó de la esclavitud ó de la muerte al príncipe de los poetas castellanos. El
mismo Emperador se aventuró en esta empresa, llevado del deseo de. que Garcilaso no fuese
despojo de sus enemigos.
El cuidado de sus heridas en los campos donde la gran Cartago tuvo su asiento le ocasionó
otra mayor, y si bien no mortal, tristísima en los efectos. Encendido en amores de una señora
á quien él llamó en sus versos Sirena del mar napolitano, ni el estruendo de las armas, ni los
padecimientos del cuerpo, ni la gloria adquirida en jornada tan memorable, consiguieron apar-
tar de su violenta pasión aquel ánimo que en la guerra no pareciaapto para los sentimientos de-
licados, ni en las delicias del amor apto para los trabajos ó el esfuerzo que reclama la guerra.
En Ñapóles, adonde se encaminó, siguiendo el objeto á quien amaba, dio motivos á que el Em-
perador desease alejarlo de una ciudad toda peligros para Garcilaso. Una ocasión se presentó á
Carlos para conseguir con pretexto verosímil su principal objeto. Habiendo Garcilaso favorecido
á un sobrino suyo para ser secreto galán de palacio sirviendo á doña Isabel de la Cueva, dama en-
tonces de la Emperatriz, y esposa después del conde de Santi-Estéban, Carlos V lo envió á una
isla que forma el Danubio para que llorase en ella sus errores ( 1
).

Levantado el destierro, desempeñó con la honra que de él debia esperarse una empresa que
le confió el Emperador. Cierta señora, napolitana se veia afligida porque uno de sus parientes,
deseoso de usurparle sus estados, se entraba en ellos con las fuerzas bastantes á oprimirlos.
Garcilaso, con poderes de Carlos V, puso á raya la soberbia de este caballero, dejando en
quieta posesión de sus tierras a la señora que con legítimo derecho las habia heredado. En vez
de tomar la vuelta de Ñapóles, se dirigió á Roma, donde el Emperador ya se encontraba. En el
camino, yendo solo en compañía de un su escudero, fué asaltado cerca de Veletri por unos fora-
gidos que en las selvas tenían albergue. Defendióse Garcilaso cual cumplia á su valor, ahu-
yentando a los malhechores, después de castigarlos ó con la muerte ó con heridas peligrosas, y
libertando a su escudero, á quien dejaron desnudo y colgado de un árbol (2).

tantino Ponce de la Fuente. Es fama que Carlos V al sa- Cuando el Emperador, como he contado,
ber en Yuste ambas prisiones, dijo «Si Constantino es :
De Ñapóles partió, él estaba ausente,
hereje, será gran hereje.» Y hablando de fray Domingo de
Que con una dueña él le habia enviado
A le emendar un tuerto alegremente
Guzman, exclamó «A ese por bobo le pueden prender.»
:

Y ansí, se quedó atrás; él fué de grado,


Si este fué el autor de los versos contra fray Luis de Y de un ¡nal caballero su pariente,
León nunca anduvo en sus juicios mas acertado aquel
,
Que le entraba en su tierra á su despecho,
gran conquistador de Europa. Le dio á su gran peligro su derecho;

(1) Creo que Ticknor, en su Historia de la literatura De que muy mal herido, en casadella
española, se engaña cuando afirma que los amores del Ocho ó diez dias pasó en curar sus llugat;
Mas siguiendo de Cario la querella,
,

sobrino de Gabcilaso acaecieron en Viena, y no en Italia.


Partió aun no bien guarido de sus llagas;
Todos los escritores españoles que hablan de este su- Entró en la via de Roma, ni de aquella
ceso dicen lo que se ve en el texto. No quiso recibir mas otras pagas

(2) No sé si esta aventura es encarecimiento poético Que un caballo por otro, en tal andanza

de don Luis Zapata, autor del Cario famoso. Véanse algu- Muerto, y por una rota allí otra lanza

nas de las octavas en donde este suceso se describe: La cual dando á llevará su escudero,
Se metió en el camino él adelante,
Y contoré una cosa cu mis poesías En que hubo los albergues pasajero
Que acaeció á Garcilaso en estos días. Que suele haber uu caballero andante;
Xl i APUNTES BIOGRÁFICOS
En 1 536 fué la desdichada jornada de Provenza. Carlos V asistió en ella con su ejército, y en él

Garcilaso de la Vega como maestre de campo. Cerca déla villa de Frejus, al volverse los impe-
una torre defendida por cincuenta arcabuceros franceses según unos, ó
riales á Italia, hallaron
trece villanos según otros. Carlos mandó batirla. Abierta una brecha, Garcilaso, que se hallaba
sin casco, tomó el de un soldado, y embrazando la rodela , empezó á subir por una de las escalas
arrimadas á la torre, seguido así de don Antonio Portocarrero de la Vega, yerno que fué luego
suyo, como de un capitán de infantería española. Una gran piedra le hirió en la cabeza con la
rodela misma que llevaba, haciéndole descender al foso y arrastrando en su caida á los dos que
animosamente le seguian.
Carlos, indignado, mandó asaltar con mas vigor la torre, y á don Luis de la Cueva que, después
de ahorcar á los que la defendían, la arrasase para que permaneciese su memoria con la del cas-
tigo. Bien quisiera don Luis perdonar á todos menos á los dos ó tres mas culpados en la resis-

tencia; pero las órdenes del Emperador fueron cumplidas (1 ).

Unas veces sin cama , otras recuero Revuelve mas que una onza muy ligera,
Al lado, otras de cosas abundante ; Su reluciente espada desnudando
Tal vez mirando al norte y al sereno, Con la que á aquel y aqueste de manera
Teniendo sus caballos por el freno. Pasa , hiende y deshace golpeando,
Qu'ellos ya vian que no se les hacia
Dicho esto, despidióse cortesmente, Como pensado habían la montería.
Y prosiguió cada uno su camino, Ni le podia empecer mas esta gente,
Y la noche de aquel y el dia siguiente Que ya allegar á él nadie se osaba
A albergar á una pobre venta vino Que á la barba de Atlante alto y valiente
,

Donde huésped supo juntamente


el El mar que con tormenta al pié le lava ;
(Que con la doncella él también convino) El á unos los hendia hasta la frente,
Qu'el peligro del mundo mayor era Y las cabezas á otros les quitaba,
Proseguir y andar solo esta carrera. Y á otros partía por medio en la apretura,
No la deja por eso, ni mas mira O desde arriba al pié ó por la cintura.
Que aquel en cuyo pecho no entra miedo, Y los hacia quedar puestos encima
Del cual otro mejor nunca á la mira De los caballos aun por la pretina;
Nasció en las altas cumbres de Toledo; Que su espada, que baja con tal clima,
á
Mas, en rayando el sol , por su via tira No impide ni arnés ni capellina
le

Su escudero, en quien no hay tanto denuedo; Vuelan brazos y manos por encima,
Caminando por sitio de tal suelo Y así la gente ruin vino á ruina,
Erizado llevaba y alto el pelo. Y con nueva virtud á golpes fieros
Pues un dia entre Velitre atravesando, Se libró destos lobos carniceros.
De las selvas propincuas y vecinas, Que las espaldas vueltas entre tanto

Su escudero de aquesto le avisando, El, que de quedar vivo hubo ventura,


Salir humos vio sobre las encinas; Se dan á huir del todos con espanto,
De acá y de allá los bosques resonando, Procurando esconderse en la espesura;
Oyó chillos ycuernos y bocinas, El rostro alzó pues Garcilaso un tanto,
Que parescia el rumor qu'en torno oían Que de seguir ya aquellos no se cura
Que los bosques del todo se hundían, Y desnudo, sin mas ropa que el cuero,
Como cuando algún oso los monteros Vio estar de un pié colgado á su escudero.
O algún jabalí ven de las armadas, Fué allá con su caballo, y descolgado,
Que á los otros señal por los oteros Le dio de uno de aquellos un vestido;
Dan con cuernos y chillos y ahumadas Así Garcilaso, esto que he contado
Así los crudos salteadores fieros, Le acaesció en el camino referido
Viendo por las florestas tan dudadas Y con grandes rebatos asaltado,
A Garcilaso entrar con vocería, Aunque dellos mas no fué acometido ,

Conciertan como oís la montería. Llegó en salvo, con fama y sin carcoma,
Se juntan en un llano, y muy armados Donde el Emperador estaba en Roma.
Vienen á le buscar mas de trecientos,
Con tal desorden Bara ensañados, (1) Herrera, Tamayo de Vargas, Cienfuegos y Zapata.
Que beber casi se querían los vientos Este último describe así en su poema la muerte de Gar-
Su lanza echa en el ristre sin cuidados cilaso :

De ver venir á tantos tan hambrientos; Y así, con gran enojo luego manda
Parle firme en la silla el caballero, Que se combata aquel turrion roquero;
Y se aparta á mirarlu su escudero. Pusiéronle dos piezas, y á una banda
Como suele un cañón por la apretada Le hicieron en medio un agujero ;
Gente de un escuadrón entrar por medio, Estaba esto mirando á cada banda
A cuáUiende á cuál mal descalabrada
,
Mucho señor,, soldado y caballero,
La cabeza le deja sin remedio ; Y en una rueda de alta compañía
Pues Garcilaso allí, su lanza echada Garcilaso batir la torre' habia.
En el ristre, así entró de golpe en medio, Y burlándose, dijo: «Desdichado
Mató uno y tendió tres, y extrañamente Será el qu'en una empresa tan vil muera.»
Dejó de sí heridos mas de veinte. Lo oyó la hada el diablo el caso el hado
, , ,

Y sin qu'el en el fin de la carrera


Y corrió á tomar luego la tijera
Espere á revolver peloteando, Corrió luego un mormullo, que enojado
DE GARCILASO DE LA VEGA. xm
Recibió á Garcilaso en sus brazos uno de los mas leales de sus amigos, el marqués de Lom-
bay, que mas tarde renunció su título por el hábito de jesuita y alcanzó de la Iglesia católica
veneración bajo el nombre de san Francisco de Borja. Del lugar de tan infeliz suceso este va-

ron lo hizo trasladar á Niza, donde, asistido de los médicos del Emperador y visitado del Empe-
rador mismo, Garcilaso no pudo vencer lo mortal de sus heridas. Antes de rendir el último
aliento aun pudo llorar con dulce voz sus desengaños en aquel soneto que empieza

¡Oh dulces prendas, por mi mal halladas,


Dulces y alegres cuando Dios queria.

En brazos del marqués de Lombay, y á los veinte y un dias después del golpe según unos, ó á
los diez y siete según otros, espiró, dejando en la mas grande aflicción á cuantos tuvieron la ven-
tura de conocerlo. Fué depositado su cadáver en Santo Domingo de Niza. Su esposa, doña Elena
deZuñiga, hallábase en Toledo, y no bien supo el triste fin de su amado consorte dispuso trasladar
sus cenizas á San Pedro Mártir de Toledo, donde estaba el sepulcro de los señores de Bátres.
En 1538 guardó una misma tumba los despojos de Garcilaso y del hijo que heredó con su nom-
bre su desdicha.
Fué Garcilaso amigo de muchos de los hombres mas ilustres de aquel siglo, tales como el cé-
lebre protestante español ( 1 ), de Hernando de Acuña, de Bembo,
Juan de Valdés de Transillo y
de Juan Boscan, cuyo gusto literario siguió enteramente. El embajador de Venecia, Andrea Na-
vagiero, habiendo conocido á Boscan, le indujo á escribir en lengua castellana sonetos y canciones
ala manera de Italia. Hízolo así este poeta ; pero sus composiciones en este género son ele tan poco
valor, que por sí solas jamás hubieran logrado dar una nueva forma á la poesía española. Sus en-
sayos no habrían tenido imitadores, como no los tuvo el marqués de Santillana y algunos que
antes de él modo. Garcilaso merece el título de fundador de la es-
escribieron trovas al itálico
Su nombre suele correr unido al de Boscan, mas no porque en
cuela artística de nuestra poesía.
merecimientos haya igualdad perfecta, sino por accidente. La viuda de Boscan, que halló entro
los papeles de su esposo algunos versos de Garcilaso, no quiso que se escondiesen en el olvido.

Rugía el Emperador en gran manera Era la emperatriz con su corona,


De que, batida así de un solo encuentro, Donde fué rescebido en aquel dia,
No hubiesen á la torre entrado dentro. Que no podré decir tanta alegría.
Y así, escalas pedidas con voz clara Y juntamente cuantos por los mares
Fueron por todo el campo encontinente; Con su rey victorioso acá volvieron
Garcilaso, cual si esto le tocara, De que unos á Sevilla á sus lugares ,

Por ser m3ese de campo de su gente, Otros, y á Toledo aun otros se fueron ;

De la rueda movió, y puso la cara Humean con el encienso los altares,


En subir á la torre osadamente; Y á los templos de Dios mil dones dieron
Teníanle sus amigos abrazado, Las matronas d' España, que traídos
Porque le vian qu'estaba desarmado. Asi fueron en salvo sus maridos.
Soltóse, y corrió allá y subió ligero Al suyo doña Elena, á Garcilaso,
Por la escala que al muro se arrimaba, En vano con placer grande l'espera
Tomando una ruin gorra antes de acero Se adereza y su cosa en son no escaso
,

De un su soldado acaso que pasaba La adorna porqu'csté muy placentera


,

Llegaba casi al escalón postrero, Sabe Toledo todo el triste paso,


Cuando una grande almena que bajaba, Y anda el dolor y angustia por defuera,
Con gran dolor del campo allí presente, Y tan alegre verla dello ajena
Le envió mortal á tierra Analmente. Da á todos ios que la aman mayor pena.
La fama, qu'estas cosas trae y lleva, Como el qu'está en la cárcel condenado
De Garcilaso el caso esparce y suena; A muerte , sin saber él su dolencia,
Pues ¿quién ahora será que dé esta nueva Que antes de libertad muy condado,
A su querida esposa doña Elena ? Da de alegría y placer grande aparenciff,
Cómo ella supo el caso desta prueba Los suyos, que le ven tan engañado
Para otro tiempo lo dirá mi vena En esto, y saben todos la sentencia,
Que no conviene que ahora, á aquesto atento, Rcsciben mas dolor de tal manera,
De su ordenado curso saque el cuento. Cuanto á él mas de su daño le ven fuera.
Pasó de allí el ejército, y poniendo
(1) «Huélgome que os satisfaga pero mas quisiera ,
Lo que convenía ir con su persona ,
satisfacer á Garcilaso déla Vega, con oíros dos caballe-
De Genova á la mar Cario saliendo
Con su armada á parar fué á Barcelona
,
ros de la corte del Emperador, que yo conozco. » Val- —
Y fué á Yalladolid , donde atendiendo dés , Diálogo de las lenguas.
xiv APUNTES BIOGRÁFICOS
Imprimiólos en pos de los de Boscan, y desde entonces las obras de ambos poetas corrieron jun-
tas por espacio de mucho tiempo (1).

Entre las armas del sangriento Marte


Hurté del tiempo aquesta breve suma,
Tomando ahora la espada, ahora la pluma,

dice de sí Garcilaso. Sus obras no parecen escritas entre el estruendo déla guerra. La paz de un
corazón todo entregado a las delicias del amor y del campo respiran todas sus poesías. Gar-
cilaso, según Marchena, es acaso el único de nuestros poetas clásicos que no baya cor ¡mosto
versos devotos. Los suyos se tienen por los mas suaves que existen en lengua española. La ita-
liana y la portuguesa, que tanto lo son para los versos, algo tienen que envidiar á la nuestra cuan-
do Garcilaso es quien la habla. Sus églogas igualan, si no exceden, en cultura á las de Virgilio.
Su canción á la flor de Gnido tiene todo el arrebato propio del entusiasmo que ha inspirado a los
mayores ingenios. Tal vez en alguna de sus églogas suele decaer de la sencillez poética del estilo,
alma de todas sus composiciones pero en lo mucho bueno que forma lo demás de la obra se
;

halla compensación á mas de lo que se lamenta por perdido.


No para cantar el amor solamente
tenia encendido el ánimo este insigne poeta. Filósofo pro-
fundo, conocía los yerros de hombres, y descubría en lo porvenir los daños que amenazaban
los

á su patria por el vano deseo de las conquistas, que tanto atormentaba á los soberanos de su
tiei po para destrucción de humanidad y para vergüenza de los que sustentaban la guerra
la

por extender su señorío. Al ver la sangre esparcida en los campos de I: alia, en los do Alema-

nia, en los de Francia y en los de África, donde militó bajo las banderas de Carlos V; al ver
estragar la tierra al hombre enemigo del hombre, al ver sacrificarse á la ambición de su prín-
cipe las vidas de los españoles, que ningún beneficio conseguían de que ciñese á sus sienes tran-
quilamente la corona del imperio, prorumpió en estas verídicas palabras:

¿ Qué se saca de aquesto? ¿ Alguna gloría?


Algunos premios ó aborrecimiento ?
Sabrálo quien leyere nuestra historia;
Verá? e alH que, como el liumo ai viento,
Así se deshará nuestra fatiga.

El mérito de Garcilaso fué celebrado por Paulo Jovio, por Pedro Bembo, por Honorato Fa-
sitelo, por Laura Terracina , por Luis Tansillo, por el Marino, por el Cámoes y otros entre los

extraños. Conti tradujo en lengua italiana alguna de sus poesías, algunas en la francesa Mau-
ri , todas en la inglesa J. H. Wiffen, y en estos y otros idiomas algunos otros cuyos nombres
lio han llegado á mi noticia.
Francisco Sánchez, conocido por el Brócense, publicó en 1574 una edición de las obras de
Garcilaso con comentario, en el cual apenas se dejaba al poeta pensamiento propio; casi to-
dos aparecen tomados de autores griegos latinos ó italianos. Fernando de Herrera en 1580 pu-
,

blicó otra con mas extenso comentario, en competencia, según se cree, de la del Brócense, por
la emulación que habia entre las escuelas salmantina y sevillana. Uno y otro mas quisieron osten-

tar erudición propia que la verdadera honra del poeta, pues donde Garcilaso pone una frase sen-
cilla y sin estudio, allí los comentadores no ven un pensamiento original fácil de ocurrir á cual-
quiera, sino una imitación servilísima de algunos versos de Virgilio, que en nada se aseme-
jan (2). Don Pedro Fernandez de Velasco, condestable de Castilla, escribió un juguete llamado

Las obras de Boscan y Gauciuso


(\) Ticknor dice que la viuda de Boscan imprimió el „ ,

~ .....
, . r, r. ^ r> No valen dos reales,
ano de 1544 las poesías de Boscan y Garcilaso en Bar- Yno las ] iar ó¡ s tales
celona. No conozc: esta edición sino la de Medina del
, Aunque os preciéis de aquello del Parnaso.
Campoenl51i,ladeVenecia, por Alonso de Ulloa, y otra E] mismo Lope repife esle pensamiento en La Dama
de Barcelona de 1554, ele. Lope docia en la novela Las loba.
fortunas de Diana que un dia cantaron los músicos de un (2) «Herrera solo hace ostentación de doctrina propria
señor grande unos versos , donde se hallaban estos en el poeta Sánchez de imitación ajena. Este afectó lo
;
DE GAPXILASO DE LA VEGA. xv

Elpreíe Jacopin, en defensa de Garcilaso contra Herrera, por los yerros en que este decia ha-
ber incurrido el cisne de Toledo. Este opúsculo para deprimir el mérito de Herrera á fin de
que resplandeciese Brócense, mas fué efecto de parcialidad que hijo de la justicia. Los dos
el del

comentarios, dignos de aprecio por la ciencia de sus autores, no cumplen con el verdadero obje-
to de ilustrar el texto de Garcilaso. Arbitro voluntario de esta cuestión se hizo Lope de Yega:
ni dio la palma al Brócense ni dio la palma a Herrera. «Deseo (dijo en La Dorotea) quien es-

criba sobre Garcilaso; que hasta ahora no lo tenemos.»


Don Tomás Tamayo de Vargas ordenó, después de escrita, aunque no publicada, la sentencia
de Lope de Vega, otro comentario (1622), apreciable por su buen juicio en muchas cosas, y en
1765 don José Nicolás Azara recopiló lo que tuvo por excelente en los trabajos de aquellos que
le habían precedido en la misma tarea.
Un hombre muy temeroso de Dios, pero nada poeta, indignado de ver el aplauso que se ha-
bían granjeado los versos de Garcilaso, en los cuales no habia pensamientos de devoción cris-
tiana, quiso convertirlos en obras ascéticas, juntamente con los de su amigo Boscan. Doce
años desperdició Sebastian de Córdoba en el trabajo de dar á materias religiosas las poesías que
Boscan y Garcilaso habían escrito por el amor y para el amor de la mujer. Sacrilegios se han
visto de lo humano á lo divino. Este fué sacrilegio que con color de divino se hizo á lo humano.
La infeliz tarea de Córdoba salió áluz en Zaragoza el año de 1577 en el elogio de un doctor Fer-
nando de Herrera, canónigo magistral que era en Ubeda, y que solo tenia del divino Herrera el
nombre y el apellido, pues su manera de pensar y de decir correspondía de todo en todo al autor
elogiado (1).

que Macrobio y después Fulvio Ursino en los hurtos ho- Y es para mí la ley tan desigual,

nestos de Virgilio ; aquel lo que todo el vulgo de co- Que, aunque inocencia siempre en mí conoce,
mentadores de sus obras; ambos, por cierto, justa- Siempre yo pago el yerro ajeno y mió.
¿Qué culpa tengo yo del desvario
mente dignos de loa por ?u cuidado, como de menos
De mi lengua si estoy en tanto mal,
,
aplauso por su demasía. Si Herrera se persuadió que
Que el sufrimiento ya me desconoce?
Garcilaso no usó color retórico en sus versos de que
antes no hubiese consultado ó su memoria ó sus libros, Por esa misma causa no le he dado lugar en el texto.

engañóse sin duda , porque enlos afectos naturales


(1) «Viendo cuan común y manual andaba en el mun-
hombres de ingenio, y mas en materias amorosas, no do el libro de las obras de Boscan y Garcilaso i>e la Ve-
requieren estudio particular ó para su expresión ó para ga que, aunque subtiies y artificiosas, son dañosas y
,

su perfección. La naturaleza sola, que ayudada déla pestilenciales para el ánima, y debajo la suavidad y dul-
causa que los excitó, los representa, y el discurso, fa- zura del estilo tan alio en su modo está la s< rpiénte
, ,

vorecido de las circunstancias los pule los dilata los , , ,


engañosa, como dice, cubierta de aquellas flores y ha-
perficiona; como también Sánchez, si creyó que las mu- bilidad, y el acíbar amargo cubierto del oro de sus em-
taciones que entre Garcilaso y otros confiere fueron baimientos y palabras, ó verdaderamente en el dulce y
siempre cuidadosas y advertidamente hechas, de ajenas, sabroso vino de sus altos y profanos conceptos la pesti-
proprias; porque las que propriainente lo son, ellas lencial ponzoña que no para hasta lo mas nobl* del áni-
mismas con facilidad se dejan entender. En muchas de ma así que, viendo como habernos dicho , lección tan
; ,

las demás ¿ quién creerá que tuvo necesidad de guia el


, dañosa y nociva, etc.» Un juicio tan estúpido formó de
ingenio felicísimo de nuestro poeta, ni tiempo su corta las obras de Garcilaso y Boscan el tal doctor Herrera,
vida, tan bien ocupada, para imitar con tanta particula- canónigo en Ubeda. No es por cierto mas gentil el aliño
ridad cosas que sin dificultad á cualquiera se ofrecie-
, , del poeta para convertir las flores humanas de Garcila-
ran, y aun indignas de otros? Tuera de que muchas veces so en menos que humanas, si bien con nombre de divi-
son solo lugares comunes, y en que siendo la sentencia, nas. Véase esta triste muestra :

aunque general en todos, allí especial , las palabras son


diversísimas.» —
Tamayo de Vargas. El dulce lamentar de dos pastores,
Cristo y el pecador triste y lloroso,
El mismo dice «El soneto xxxvm, que Sánchez pone
:

He de cantar, sus quejas imitando;


por de Garcilaso, por ser incierto ó por haberle faltado
El uno, soberano y amoroso,
la última lima , no me atreví á ponerle en el texto y por ,
Del ánima se queja y sus amores,
haber andado en nombre de Garcilaso lo dejo aquí Que en vanas afecciones va empleando;
Mi lengua va por do el dolor la guia, Y el pecado llorando,
Ya yo con mi dolor sin guia camino Porque la carne y mundo
Entrambos hemos de ir con puro tino, Y el otro sin segundo
Cada uno va á parar do no querría Trayéndole sin seso levantado,
Yo porque voy sin ntra compañía Con ilusiones falsas engañado;
Sino la que me hace el desatino Y el desdichado, vuelo ya i su psrte,
Ella porque la lleve aquel que vino El bien que Dios le ha dado
A hacella decir mas que quería. De gracia se le muere y se le parte.
xvt APUNTES BIOGRÁFICOS
Esta obra, si fué recibida por los devotos con aprecio , por la erudición se miró con el des-»

den que merecía. Tan infeliz ejemplo no sirvió de aviso á otro escritor que en 1628 publicó un
poema con el título de Cristo nuestro Señor en la cruz , hallado en los versos de Garci-
LASO (1).

Las obras de Garcilaso lian servido constantemente de estudio á los mas graneles poetas que

han honrado las musas españolas, á los que han querido dirigirse á la inmortalidad por el ca-
mino del buen gusto literario. Fernando de Herrera fué admirador de Garcilaso; admirador de
Garcilaso, Miguel de Cervantes Saavedra; admirador de Garcilaso, don Luis de Góngora y Ar-
gote; admirador de Garcilaso, en fin, Lope Félix de Vega Carpió.
Cuando ardia en guerras el Parnaso español entre los poetas cultos y no cultos, el nombre
de Garcilaso iba inscrito en los pendones do uno y otro bando. Si por Garcilaso peleaba Lope
de Yega, también por Garcilaso peleaba el portentoso ingenio de don Luis de Góngora (2).

GUTIERRE DE CETINA.
Pocas noticias de la vida de este ilustre poeta han llegado hasta nosotros; pocas, pero las que
bastan para conocer su carácter. Patria fué de Gutierre de Cetina la ciudad de Sevilla, y alguno
de los primeros años del siglo xvi el de su nacimiento. Las armas y las letras movieron su afi-

ción, ya para buscar por las unas los laureles de Marte, ya para conseguir por las otras los
laureles de Apolo.
Asistió primeramente en las guerras de Italia, no sé si como capitán ó como soldado, ó si con
fortuna próspera ó con fortuna adversa. Hallóse con Carlos V en la jornada sobre Túnez contra
Barbaroja, y con Fernando de Austria en las campañas de Flándes contra franceses. Crédito
debió granjear en estas empresas; crédito que le alcanzó la amistad y protección del príncipe de
Ascoli á quien dedicó muchos de sus versos.
,

Amigo de Boscan, amigo de Garcilaso, amigo de don Diego Hurtado de Mendoza, amigo de
don Jerónimo de Urrea, siguió la escuela literaria imitadora de los italianos. Aficionadísimo á
las nobles y bellas artes, deseó ardientemente poseer un cuadro del Ticiano ; un cuadro que re-
presentase la primavera, ornada de todos sus floridos atavíos; un cuadro, en fin, que esperó
como merced de la bizarría de don Diego de Mendoza cuando este se hallaba de embajador por
Carlos V cerca de la señoría de Venecia.
Vandalio fué su nombre poético, Dorida el de su dama, quejas o glorias de amor el objeto
de sus poesías. Las ausencias de Dorida, dulcemente sentidas y mas dulcemente lloradas en las
margenes del Po ó del Eridano, y el recelo de que las del Bétis viesen a su hermosa ninfa ren-
dida á otro afecto , mucho inquietaban el ánimo vehementísimo del poeta. Así, su amigo don Je-
rónimo de Urrea le escribía :

Creo que te dará contentamiento Soltando allí las riendas al cuidado,


El haberte traillo á la memoria En el silencio de la noche oscura
Lo mismo que te suele dar tormento. Le dejarías correr mas desmandado.
La beldad de tu ninfa, aquella gloria El dulce imaginar «ü tu tristura
Que las béticas ondas han gozado Era alivio á tu mal mientras templaba
Cuando cantabas á su son tu historia Con la contemplación su desventura (3).

(1) Llamábase este autor don Juan de Andosilla Lar- dez de Navarrete en uno de los tomos de la Colección
ramendi. de documentos inéditos para la historia de España, por
(2) Se lian tenido á la vista para ordenar estos apuntos los señores don Miguel Salva y don Pedro Sainz de Ba-
de la vida de Garcilaso lo que escribieron acerca de ella randa. Las buenas noticias que allí pone su docto autor,
Fernando de Herrera Luis Rriceño don Nicolás Anto-
, , como debidas á su diligencia, pueden leerse en la obra
nio, don Tomás Tamayo de Vargas, el cardenal don Al- citada.
varo Cienfuegos y otros autores. Modernamente se ha (5) Manuscrito de don José María de Álava,
publicado una vida escrita por don Eustaquio Fernán-
DE GUTIERRE DE CETINA. XV ii
Asi se lamentaba Cetjna, respondiendo á los acentos de su amigo :

Tan llenos de mi mal lus versos veo,


Tan de una calidad los accidentes,
Que casi en tu dolor mi historia leo.
De tanto amor nos hizo diferentes
Que tú lloras el bien que ya gozaste,
Yo el mal de que padescen los ausentes.

Mísero yo, que estoy desconfiado,


No solo de gozar, mas aun diría
Que lo estoy de agradarle mi cuidado (t).
Al príncipe de Ascoli, á cuyas órdenes militó algún tiempo, dirigió Cetina un soneto sobre
los peligros de entregarse el hombre á los riesgos de una pasión amorosa. De este modo los des-
cribe el poeta :

Este andar y tornar, ir y volverte,


Lavino, el caminar y no mudarte

Este incierto partir y no apartarte


Y el irte á despedir y detenerte,
Tengo miedo, pastor, que han de encenderte,
Como á la mariposa, aquella parte
De libertad que amor quiso dejarte
Sana por descuidarle y ofenderle.
Lo mejor del nadar es no ahogarse,
Jugar y no perder es buen aviso
Si lopuede excusar quien busca abrojos;
Mas ¿quién podrá quién bastará á guardarse
,

De la hermosa vuelta de unos ojos


De una boca que os muestra un paraíso? (2).
El heredero de las glorias del famoso Antonio de Leyva no amaba la poesía por solo amarla.
En su cultivo solía ejercitar aquellos momentos consentidos, mas que por alguna pequeña ocio-
sidad de las armas de Carlos V, por la precisión de descanso. El gusto literario del príncipe de
Ascoli concuerda con el de Cetina, según aparece del siguiente soneto, escrito en respuesta del
que va antes trasladado :

Vandalio, mi destino y fiero hado


Con tan grande rigor me ha perseguido,
Que del paterno monte me ha traído
A aqueste valle triste y despoblado.
De mi lira y rebaño despojado,
De duros infortunios oprimido
Do presto seré en llanto consumido,
Si no vivo por mas vivir penado.
El alma y libertad dejé en las manos
De aquella que podrá su hermosura
Librarme de otra mas sangrienta guerra
A otros mas que yo libres y sanos
Podrán las castas ninfas de esta tierra
Sujetar con amores y blandura (3).

Cuando la muerte arrebató en flor al príncipe de Ascoli , Cetina no vio desaparecer de sobre
lahaz de la tierra á su magnánimo y leal amigo sin manifestar á todos la pena que sus lágri-
mas á algunos habían revelado. La musa, que en diversas ocasiones cantó sus triunfos de amor y
sus glorias militares, depuso la corona de rosas
y jazmines enlazados con laureles, desciñó el
cabello, y con voz dolorida prorumpió en estos acentos :

Deje el estilo ya la usada vena,


Mude el suave en doloroso canto,
(i) Manuscrito de don José María de Álava.
(2) Id. id.

(5) id id.
xvm APUNTES BIOGRÁFICOS
Mudar conviene el llanto en mayor llanto,
Y pasar de una grande á mayor pena.
Muerto es el que Iiacer solía serena

La vida , y nuestra edad alegre tanto


Muerta es virtud y muerto el vivir santo
No viva puede haber ya cosa buena.
Eterno lamentar, lloroso verso,
Lágrimas de dolor, oscuro luto
Hagan al mundo fe de común daño
Lloran ,
príncipe invicto , á quien adverso
Hado cortó en el dar el primer fruto
El árbol mas hermoso. ¡Ay fiero engaño! (1).

Tal fué el elogio funeral del malogrado príncipe de Ascoli tal el adiós de Cetina á la tumba ,

de su protector generoso, y tal el que dirigió á Italia. Las orillas del patrio Bétis, los recuerdos

de las sombrías alamedas donde admiró á su encantadora Dorida, donde vio nacer tras una y
otra primavera la de su juventud, que habían de consumir los soles de extrañas tierras, le ofre-
cían desde lejos esperanza de consuelo y de descanso.
Los objetos de su amor, los de su amistad, los bienes de fortuna, vanamente buscados en
el trabajoso ejercicio de la guerra, todos huyeron de él, ó para no volver ó para jamás labrar
su ventura. Estéril fué para Cetina Italia, estériles los campos donde Cartago estuvo, y estéril

como su terreno la Flándes toda. El desengaño le llevó á buscar la melancólica dicha que ofre-
cen los recuerdos de lejanas infelicidades para mitigar los tormentos de las que nos oprimen.
Extranjero en su patria, Sevilla no era la Sevilla de su juventud ; los recuerdos de sus amores
se trocaron en un duplicado dolor del mal presente. Méjico, donde asistía con cargo en el go-
bierno un hermano de Cetina, le ofreció con los atractivos del cariño fraternal la esperanza de
adquirir los bienes que hasta entonces la fortuna le habia negado obstinadamente. De Méjico
tornó de nuevo á su patria, para que el lugar de su cuna fuese el lugar de su sepulcro (2).
De sus poesías solamente vieron la luz pública en su siglo los cuatro sonetos que se leen en
las anotaciones de Herrera á las obras de Garcilaso (3). Sin embargo, los elogios del cantor de
Eliodora, los de Argote y los de Saavedra Fajardo bastaron para el crédito de Cetina.
Distínguense las obras de este esclarecido ingenio , antes por la agradable sencillez de sus for-
mas que por la vigorosa entonación ó por el brillante colorido. Sin ser Cetina desmayado é in-
culto, carece de la fogosidad y ternura del que cantó la flor de Gnido ;
pero sus poesías siem-
pre se leerán con aprecio mientras se hable la lengua española , así por el buen gusto que res-
piran , como por la delicadeza en la expresión de los afectos.

Manuscrito de don José María de Álava.


(1) Asi pues sucedió cuando intentasteis
Algunos señalan el año de 1560 como el de
(2) la De tus ojos cubrir la luz inmensa.

muerte de Cetina. El siguiente soneto, publicado en el Parnaso español,


Gonzalo Argote de Molina decia en el Discurso de ¡a no se halla en el códice del señor de Álava:
poesía, al fin del Cmde Lucanor (1575) « Y el ingenioso :
En un florido campo está tendido,
Iranzo y el terso Cetina que de lo que escribieron te-
,
, A voces su fortuna lamentando,
nemos buena muestra de lo que pudieran mas hacer, y Su pena con suspiros declarando,
lástima de lo que se perdió en su muerte. » De sn pastora Silvio despedido
De cuyo llanto y queja conmovido
(3) El códice que posee el señor don José María de Ala- .
«No estés llorando,
. „
va es ¡o consta
en 4." y
. j at-op-
de 258 fojas. ti
.-. ii
Lleva este t.tulo Algu-
ñas de las obras de Gutierre de Cetina, sacadas de su
i
:
s ^
Le dijo otro pastor:
"
pues que aburreces tenga mando
.

Amor en U llorar no es buen partido.


,

proprio original, que él dejó de su mano escrito. —Parle ,, Aparta ía ocasión que tu alma hiere
primera. Mira que el suspirar remedio es vano ;

Sedaño, en el Parnaso español, publicó solamente cinco No cures en cul P ar mas la fürluna ¡

,,Que en el arena est6ril sembrar 1 uiere '


de las poesías de Cetina, las cuales varían del texto del ,
cod.ee á¿i
„a,i;„„ ™r~ de
del señor a ii i r*
Álava en algunas cosas. Por ejem-
Y arar piensa en el agua con su mano,
El que pone esperanza en hembra alguna..
pío : si en este se leen así unos versos de un madrigal: __, . „ , „ . . . „„/,„_..„
El mismo Sedaño afirma equivocadamenteser Gctier-
Así que, aunque pensastes
Cubrir vuestra beldad, única, inmensa
RE DE Cetina m
doctor Outierre de Cetina, vicario de
mdfi cuy0 nombre se letí en las aiJro baciones de mu-
^
el texto de Sedaño dice :
chos libros.
DE DON DIEGO HURTADO DE MENDOZA Y CRISTÓBAL DE CASTILLEJO. xix

DON DIEGO HURTADO DE MENDOZA.

Don Diego Hurtado de Mendoza es la gran figura histórica de la España del siglo de Carlos V.
La vida y el elogio que escribo de tan insigne autor á su tiempo verá la luz pública. En este
lugar solo me cumple Hurtado de Mendoza como poeta lírico.
decir de don Diego
Dos ingenios se pueden considerar en autor tan insigne uno el amigo deBoscan y Garcilaso,:

el imitador de su escuela, el que la autorizó con la importancia de su persona y nombre otro el ;

que siguió el estilo de las antiguas coplas castellanas.


Como lo primero es don Diego, si bien feliz en las imitaciones de griegos, latinos ó italianos,
duro en los versos, y sin dar un colorido brillante á los rasgos de su ima-
sin nervio en el decir
ginación como lo segundo, es don Diego uno de los trovadores castellanos mas ingeniosos y
;

cultos. Sus coplas amorosas están llenas de delicados pensamientos y seguramente don Diego ,

aventaja á los que le precedieron en revestir de sencillas y elegantes formas los afectos del alma.
«¿Qué cosa aventaja á una redondilla de don Diego Hurtado de Mendoza?» exclamaba Lope
deYega,

CRISTÓBAL DE CASTILLEJO.

Carlos V, para perseguir los escritos que no estaban conformes con su manera de pensar en
asuntos, así religiosos como políticos, mandó á la universidad de Lovayna que formase un ca-
tálogo ó índice exacto de todos los libros heréticos y de aquellos que contuviesen doctrinas sos-
pechosas de herejía, á fin de saber cuáles deberían ser tenidos por dignos de prohibición y de
fuego. Desde entonces la inquisición de España adoptó el catálogo de la universidad ó hizo de él
muchas ediciones, aumentándolo de tiempo en tiempo.
Las obras de los mejores ingenios de la nación española se vieron prohibidas. Bartolomé de
Torres Naharro, eclesiástico que habia morado algunos años en Roma, imprimió en Italia, con
el título de Propaladla, una colección de sus sátiras y comedias. Sobre todas cayeron los anate-
mas de la Inquisición para afligir con ellos á cuantos se ocupasen en su lectura. Con la misma
libertad que Nicolás Machiavelo, el famoso secretario de la república florentina, escribió su come-
dia la Mandrágola en detestación y afrenta de los desórdenes que manchaban las costumbres de
los religiosos de su siglo, Torres Naharro esparció en sus obras dramáticas mil pensamientos
agudos para castigar con su sátira á los que , en vez de ser espejo de los seglares por la since-
ridad de vida, servían de escándalo á la virtud y de torpe ejemplo á los vicios.
Los ingenios españoles obedecian aquella secreta voz que á principios del siglo xvi hacia

despertar los entendimientos contra poder de los eclesiásticos y contra los yerros ó crímenes
el

que cometían ; aquella voz que en Francia animaba á Francisco Rabelais , á Clemente Marot y
á Buenaventura Desperiers, validos de la discreta princesa Margarita de Navarra, y en la flo-

rida Italia al docto Machiavelo y al rico en malicias y agudezas de decir Pedro Aretino.
Cristóbal de Castillejo, poeta muy semejante á este festivo hijo de las musas italianas, com-
puso en fáciles versos castellanos un Sermón de amores, donde incluía á los eclesiásticos de su
tiempo entre los llagados de la violenta pasión que sepultó á Safo en los abismos del mar de
Léucades , que postró á Hércules á los pies de Deyanira y que abrasó los muros de la soberbia

Troya en justa venganza de la ofendida Grecia.


También en un Diálogo de las condiciones de las mujeres describió con satírico pincel el
xx APUNTES BIOGRÁFICOS
fuego oculto que ardia en los conventos de monjas de su siglo, retraídas de los engaños delmun-
1

do, pero combatidas de la agradable memoria de sus deleites.


Don Diego Hurtado de Mendoza, ó el que compuso la ingeniosa novela intitulada Lazarillo de
Tórmes, retrató las astucias de que se servían los expendedores de bulas en España para desper-
tar la devoción de la gente, fingiendo milagros debidos á la santidad de lo que trataban como
mercadería.
La Inquisición persiguió todos estos libros, temerosa de que en el vulgo hallasen buen acogi-
miento. Pero el cuidado y la diligencia de los inquisidores lograron poco fruto, pues las obras
citadas fueron impresas en otras naciones y traídas con secreto á España. Entonces losjueces de
aquel tribunal determinaron que con su permiso se diesen nuevamente á luz los libros de Nahar-
ro, Castillejo y Mendoza ;
pero corregidos, para evitar los daños que pudieran sobrevenir por su
lectura. Los calificadores del Santo Oficio, con osada mano, destruyeron los pensamientos ajenos,
como si los pensamientos no fueran una propiedad digna del respeto de los hombres y la pro-
tección de las leyes. En su lugar pusieron algunas veces razones que el autor nunca hubiera em-»
pleado ; lo cual prueba que en España estaba el entendimiento bajo la mas odiosa tutela. No solo
se perseguía lo pensado, sino que se variaba por lo que se debió pensar según el querer de los
príncipes y los ministros eclesiásticos.
La ciencia era incompatible con el exterminio de la verdad, decretado por los reyes en nom-
bre del bien público. «Todos los tiranos se cubren siempre con el manto de la religión», excla-
maba Antonio de Herrera, historiador de las Indias Occidentales en tiempos de Felipe III, no
hablando de los monarcas de Europa, sino de uno de los Incas del Perú (1) , para que el decir
una verdad no le costase la vida, y sus palabras corriesen libremente sin levantar contra sí las

sospechas de los enemigos de la razón humana.


Cristóbal de Castillejo nació en Ciudad-Rodrigo, según quiere Moratin, por los años de 1494.
Desde muy joven asistió en la corle de Fernando de Austria, que luego fué rey de Bohemia y de
romanos, y aun emperador. Cuando este se retiró de España, Castillejo se hizo eclesiástico. De
su habilidad y concepto da testimonio el pasaje siguiente de una carta dirigida al tesorero Sa-
lamanca por Martin de Salinas, desde Madrid á 8 de febrero de 1525 (Biblioteca de la Academia
de la Historia, códice C 71):
«Quiere que le envié un secretario que no solamente sepa escribir la letra, pero excusalle la
«ordenación. Hágole saber que los que tal habilidad tienen, cualquiera les hace buen partido sin
» salir fuera de su naturaleza. Yo terne cargo de le buscar, y sabido, le advertir de ello ;
pero al pre-
» senté me parece que si lo pudiese acabar, os podría enviar el mejor recado conforme á vuestro
» deseo ;
que en España hay para mas de lo que me enviáis á pedir, porque es visto y reconocido en
«experiencia; yes que su alteza, cuando acá estuvo, tuvo un secretario que se llamaba Castillejo,
»el cual era muy hábil en lengua castellana y también latina, tal, que por su habilidad hallabagran-
»des partidos; y como se fué su alteza, se metió en religión, de manera que es esclesiástico. Pa-
»réceme que si este quisiese aceptar en irosa servir, tendríades en él gran descanso, y aun parecer
»y consejo, y el hábito cristiano para le hacer bien, sin que por mucha pluma tuviésedes obli-
»gacion de le contentar ; si entre tanto que busco otras personas, deste os parece, escribídmelo,
»y enviarlo he á buscar, y procuraré de os lo enviar; porque conforme á vuestra demanda es el
»mas convenible que yo podría hallar. Envía á demandar de dónde es y qué señas tiene digo ;

»que es buen hidalgo y de Cibdad-Bodrigo, y de su habilidad y de todo lo demás que se quiera


«informar, al señor Infante y á todos esos señores me remito.»
Castillejo volvió á ser secretario de don Fernando de Austria ;
pero siempre con poco prós-
pera fortuna, según declaran sus escritos, donde se lamenta frecuentemente del mal pago que
suelen obtener los méritos en las cortes de los reyes.
Algunas veces estuvo en Yenecia, lugar de la impresión de los Diálogos de las condiciones de
las mujeres , del Sermón de amores y otros opúsculos.

Historia de las Indias Occidentales, década v, n


( l) lib. 3, , cap. 8.°
DE FERNANDO DE HERRERA. xxl

Aunque que Castillejo murió monje en la cartuja de Valdeiglesias, teniendo


se afirma la edad
de ciento diez años, su muerte acaeció en un monasterio cerca de Yiena, en 1556.
Castillejo fué que sustentó la antigua escuela de las coplas castellanas contra las obras da
el

Boscan y Garcilaso, y en verdad que en este género pocos le aventajan. Como poeta lírico es
superior en la lahula de (¡alatea y en la anacreóntica del amor preso como satírico, en sus ;

Diálogos y el Sermón de amores nada tiene que envidiar en sencillez


y gracejo á los mas exce-
lentes ingenios de la docta antigüedad, griega y latina. Tal vez es demasiado libre en sus escritos;
pero, aunque la Inquisición anduvo muy severa en horrar de las obras deCASTiLLEJO todoslos pa-
sajes en que censuraba los vicios de los eclesiásticos, no tachó cosa alguna en lo que tocaba á la
pintura de las costumbres, hecha con mas desenvoltura de lo que la decencia permite.
A Castillejo siguieron varios en sustentar el gusto de las antiguas coplas : Gregorio Silvestre,
Luis Galvez de Montalvo, Jorge de Montemayor, Joaquín Romero de Cepeda y algún otro.
Mas tarde Lope de Vega se propuso resucitar el gusto antiguo con el poema El Isidro. Su
gran talento, feliz en otras composiciones, nada pudo conseguir. La victoria de la escuela d©
Garcilaso habia sido completa.

FERNANDO DE HERRERA (el divino).

«Quisiera remitir la descripción de este elogio de Herrera á quien le fuera igual en las fuer-
zas, conociendo de las mías ser poco suficientes, adonde se requerían las de Quintiliano y De-
móstenes, junto con la divinidad de Apolo ;
de que dan testimonio sus
obras en la una y felices

otra facultad, pues mereció por ellas ser llamado El Divino. Tuvo por patria esta noble ciudad,
fué de honrados padres, dotado de grande virtud , de hábito eclesiástico, y beneficiado de la i°~le-
sia parroquial de San Andrés, no tuvo orden sacro, pero con los frutos del beneficio se sustentó

toda su vida, sin apetecer mayor renta ; y aunque el cardenal don Rodrigo de Castro, arzobispo
de Sevilla, deseó tenello en su casa y acrecentalle en dignidad y hacienda, no pudieron el li-
cenciado Francisco Pacheco ni el racionero Pablo de Céspedes (íntimos amigos suyos) persua-
dille que le viese. Tuvo Fernando de Herrera, demás de los dos, otros muchos amigos: al

maestro Francisco de Medina, á Diego Jirón , á don Pedro Vélez de Guevara , al conde de Gél-
ves, don Alvaro de Portugal, al marqués de Tarifa, á los insignes predicadores fray Agustín Sa-
ludo y frayJuan de Espinosa, y otros muchos que parecen por sus escritos amólos tan fiel
y ;

desinteresadamente, que á los mas ricos y poderosos no solo no les pidió, pero ni recibió nada
dellos, aunque le ofrecieron cosas de mucho precio antes por esta causa se retiraba de comu-;

nicarlos. La profesión de sus estudios se compone de muchas partes, aunque muchas veces se
indignó contra el vulgo ^porque le llamaba El Poeta, no ignorando las prendas que para serlo
perfectamente se requieren; pero sabíala significación vulgar de este apellido ; y constándonos
su voluntad ,
parece conveniente darle la poesía por una parte, y no la mayor, como lo hiciéramos
con Tito Livio, si las obras filosóficas que escribió no se hubieran perdido, con la mayor parte de
Leyó Fernando de Herrera con particular atención todo lo que la antigüedad ro-
su historia.
mana y griega nos dejó en sus mas corregidos ejemplares, y de los autores posteriores lo mas ;
porque supo la lengua latina y griega con perfección, y las vulgares como los mas cortesanos
dellas ; tuvo lección particular de los santos, supo las matemáticas y la geografía, como parte
principal , con gran eminencia ; no fué menor
cuidado con que habló y trató nuestra lengua
el

castellana. Los versos que hizo fueron frutos de su juventud y porque del juicio de ellos habla- ,

H. xvi-i. b
n„ APUNTES BIOGRÁFICOS
ron doctos varones, digo solamente que no sé cuál de los poetas españoles se pueda con mas
razón leer como maestro, ni que así guarde sin descaecer la igualdad y alteza de estilo. Los amo-
rosos en alabanza de su Luz (aunque de su modestia y recato no se pudo saber), es cierto que los
dediGó á doña Leonor de Milán , condesa de Gélves, nobilísima y principal señora , como lo ma-

uifiesta la canción v del libro segundo, que yo saqué á luz año 1619, que comienza Esparce :

en estas flores; la cual, con aprobación del Conde, su marido, aceptó ser celebrada de tanto in-

genio.Fué Fernando de Herrera muy sujeto a corregir sus escritos cuando sus amigos, á quien
aunque fuese reprobando una obra entera, la cual rompía sin duelo. Fué
los leia, le advertían,

templado en comer y beber, no bebió vino; fué honestísimo en todas sus conversaciones y
amador del honor de sus prójimos nunca trató de vidas ajenas ni se halló donde se tratase de
;

ellas fué modesto y cortés con todos, pero enemigo de lisonjas, ni las admitió ni las dijo á na-
;

die (que le causó opinión de áspero y mal acondicionado) vivió sin hacer injuria a alguno y sin
;

dar mal ejemplo. Las obras que escribió son : las Anotaciones sobre Garcilaso; contra ellas salió

una apología (ajena dela candidez de su ánimo), á que respondió doctamente; escribió la Guerra

de Chipre y citoria de Lepanto, del señor don Juan de Austria ; Elogio de la vida y muerte
de Tomás Moro. Estos tres libros se estamparon, y un breve tratado de versos, que está conte-
nido enel que yo hice imprimir demás desto, hizo muchos romances, glosas y coplas castella-
;

nas, que pensaba manifestar; acabó un poema trágico de los Amores de Lausino y Corona,
compuso algunas ilustres églogas, escribió la Guerra de los gigantes, que intituló la Giganto-
maquia; tradujo en verso Rapto de Proserpina de Claudiano, y fué la mejor de su s
suelto el

obras deste género todo esto no solo no se imprimió, pero se perdió ó usurpó, con la Historia
;

general del mundo hasta la edad del emperador Carlos V, que particularmente trataba las ac-
ciones donde concurrieron las armas españolas, que escribieron con injuria ó envidíalos escri-
tores extranjeros la. cual mostró
;
acabada y escrita en limpio á algunos amigos suyos el
año 1590 ; en segunda vez la batalla naval, y preguntado por qué, respondió
ella repetía

que la impresa era una relación simple, y que esta otra era historia, dando á entender que tenia
las partes y calidades convenientes al fin, remitiéndome á sus obras, cesarán mis cortas alaban-
;

zas, y á las objeciones de los envidiosos de su gloria no parecerá demasía lo que habernos refe-
rido, viendo el sugeto presente no solo estimado, pero celebrado con encarecidas palabras en los
escritos de los mejores ingenios de España pues sus versos, que es lo menos (como referia Alonso
,

de Salinas), los ponia el Torcuato Tasso sobre su cabeza, admirando en ellos la grandeza de
nuestra lengua ; cuya elocuencia es propia de Fernando de Herrera, pues fué el primero que la

puso en tan alto estado, y por haberle seguido tantos y tan excelentes hombres, dijo con razón el

maestro Francisco de Medina en la carta al principio del comento de Garcilaso, que podrá Espa-
ña poner á Fernando de Herrera en competencia con los mas señalados poetas y historiadores
de las otras regiones de Europa; al cual, habiendo sido de sana y robusta salud, llevó el Señor
á mejor vida en esta ciudad á los sesenta y tres años de edad , el de 1597.»
Tal fué la relación de la vida de Fernando de Herrera que nos dejó escrita su amigo y admi-
rador el ilustre artista Francisco Pacheco.
Tuvo Herrera un gran talento poético y una erudición vastísima , tal vez mas de t
la que ne-
cesitaba para la composición de sus obras. Descoso de llevar adelante la empresa de conseguir
para su patria lo que Garcilaso habia tan felizmente comenzado, se dedicó á la perfección del

lenguaje poético, imitando en á los griegos y latinos como á los italianos. Algunas
mucho así

veces incurre en afectación, otras en oscuridad. Celebró en muchos de sus sonetos y en varias
de sus elegías á una dama con nombre de Luz, de Eliodora, de Lucero y de Lumbre, por lo
el

cual se cree que estaba enamorado de ella. La poca vehemencia con que están escritos estos ver-
sos revela que en poeta no habia la pasión que nos cuentan los que han tratado de su vida. No
el

creo que Herrera tuviese amor sensual, y aun estoy por decir que ni platónico. En sus versos
amatorios todo es arte ; todo arte, nada entusiasmo.
Arte tienen sus versos heroicos, arte sus canciones á la muerte del rey don Sebastian y á la
DE DON FRANCISCO DE MEDRANO. xxm
batalla de Lepanto, arte aquella poesía donde se leen estos versos, magníficos por la dicción
y por
el pensamiento filosófico que encierran :

Aquel que ubre tiene


De engaño el corazón, y solo estima
Lo que ú virtud conviene,
Y sobre cuanto precia
El vulgo incierto su intención sublima,
Y el miedo menosprecia,
Y sabe mejorarse,
Solo señor merece y rey llamarse.

Indudablemente algunas de las canciones y algunos de los sonetos y tal cual elegía de Her-
rera son y serán monumentos de grandilocuencia, modelos de sublime decir y espejo délos
ingenios que quieran presentar de un modo admirable los rasgos que la imaginación les inspire.
Desconfiado de todo lo que escribía, nunca bailaba Herrera la perfección en sus obras ; asi

compuso de nuevo la Historia de la batalla naval , así muchas de sus poesías. Sin embargo, Her-
rera sustentaba la opinión de que el no acertar era de cualquiera de los hombres (1 ).

Severo consigo mismo, severo fué también con los demás ; lo cual le atrajo odios, que despre-
ciaba conla moderación del sabio. Amigo de sus amigos y buen maestro de buenos discípulos, su

fama hubiera tal vez perecido ó quedado en la oscuridad si después de su muerte no hubieran Pa-
checo, Rioja, Duarte y otros salvado por medio de la imprenta aquellas obras que sus émulos
ocultaron ó destruyeron. De su poema La Gigantomaquia, que escribió en los primeros años de
su juventud, solo se conservan estos dos versos, famosos por su armonía imitativa :

Un profundo murmurio lejos suena


Que el hondo ponto en torno todo atruena.

Conti, Mauri, Henschel y otros han traducido al italiano, al francés y al alemán algunas de
las obras de Herrera.

DON FRANCISCO BE MEDRANO.


Apenas hay noticias de este ingenioso poeta. De nuestros críticos solo Nicolás Antonio y Ve-
lazquez hablan de sus escritos. Floreció en el siglo xvi, tuvo por patria á Sevilla, visitó á Italia, y
Roma fué la ciudad adonde lo llevaron pretensiones que, según denotan algunos de sus versos,
no alcanzaron el dichoso fin á que aspiraban. Regresó á su patria, sin que se sepa el año ni el

lugar de su muerte. En 1617 vieron la luz pública sus obras en Palermo al fin de los libros De
los remedios de amor, imitación de Ovidio hecha por el Yenégas de Saavedra.
sevillano Pedro
Don Francisco üe Medrana fué el mejor de los imitadores de Horacio. Sin duda compite
igualmente con fray Luis de León en seguir las huellas del famoso lírico venusino; poeta filosó-
fico, lengua castellana, y siguiendo los ex-
dotado de excelente gusto literario, conocedor de la

celentes modelos de Horacio y otros ingenios latinos, sus odas y sus sonetos merecen el aprecio
de los que amen las glorias literarias de la nación española.
Para mí la verdadera poesía es la filosófica, porque se encamina
noble fin de enseñar y de
al

engrandecer al hombre. Por eso tengo en tan alta eslima las obras deMedrano. Muchas de sus
odas son imitaciones de Horacio, pero (i i rígidas á algunos de sus amigos. Así en la pluma de

Medrano se convierte Licinio Murena en don Antonio Rosel, Cayo Crispo Salustio, nieto del

(1) Pacheco, Arte de la pintura.


XX1V APUNTES BIOGRÁFICOS
historiador del mismo nombre, que no me atrevo á pronunciar sin respeto, en el licenciado

Francisco Flores; Mecenas en Juan Antonio del Alcázar, Postumo en Fernando de Soria, Porn-
peyó Grosfo en el cardenal arzobispo de Sevilla, Niño de Guevara.
Entre las odas de Medrano hay una, que se intitula La profecía del Tajo, muy semejante á la

que León compuso con igual epígrafe. Uno y otro ingenio tomaron de la oda que
fray Luis de
Horacio escribió á Marco Antonio proponiéndole el ejemplo dePáris para separarlo de Cleopatra
la media luna, á
y de la guerra civil, el pensamiento de amenazar á Rodrigo con las huestes de
fin de desviarlo de los amorosos lazos de Florinda. Hay, sin embargo, una gran diferencia. La
j;

oda de fray Luis de León se aparta bastante de la de Horacio la de Medrano ;


es una imitación
de esta, tal y tan grande, que á veces mas se asemeja á traducción. Una y otra, sin embargo,

merecen estudiarse como joyas literarias de España.

PABLO DE CÉSPEDES.

Fué natural de Córdoba racionero Pablo re Céspedes, hijo de Alonso y de doña Francisca
el
en que se
de Mora. Estuvo en su patria desde el año de 1538, en que nació, hasta el de 1556,
trasladó á Alcalá de llenares para estudiar las facultades mayores y las
lenguas orientales.

Estuvo dos veces en Roma, donde se perfeccionó en la pintura y arquitectura al lado de gran-
des maestros que Italia entonces tenia.
Fué procesado por de Vallaclolid en 1560 por haberse hallado entre los papeles
la inquisición

del arzobispo de Toledo, don Bartolomé de Carranza, una carta escrita por Céspedes en Ro r
fray

ma el año anterior, donde hablaba con gran libertad en contra del Santo Oficio y del inquisidor

general don Fernando de Váleles. Durante el proceso Céspedes permaneció en Roma, burlando la

saña de sus perseguidores. No consta cómo pudo amansarla. En setiembre de 1577, habiendo
poco antes, según parece, regresado á su patria, tomó posesión de
una prebenda en la catedral
por su saber y por sus virtudes.
de Córdoba, ciudad donde vivió y murió muy amado de todos
bien de per-
Dedicado á las letras y á la pintura, trató á los hombres mas doctos de su siglo,
por En diferentes ocasiones pasó á Sevilla á morar en compañía de
sona á persona, bien escrito.
Francisco Pacheco, cual lo tenia en tan alta estima, que para él era
su ilustre amigo el pintor el

uno de los mejores coloristas de España.


Escribió varios opúsculos de algunos solo se conservan fragmentos, de otros solamente la
;

memoria (1).
poema que compuso del todo ó que dejó á medio escribir, existen al-
Del Arte de la pintura,
gunos pasajes de gran valor literario, salvados del olvido por Pacheco. Las valientes octavas,
la

sencilla y docta elegancia en el decir, la grandiosidad de las ideas, la famosa prosopopeya de

Miguel Ángel y la pintura del caballo, hacen de esta obra la mejor de las didácticas que hay en
lengua castellana. Nada tiene que envidiar Céspedes en el Arte de la pintura á Virgilio en las
Geórgicas. En estrecha amistad con Pacheco, Herrera, Medina y otros poetas de la escuela se-
villana, sus versos son hijos del ingenio y del buen gusto.

perspectiva teórica y práctica Discurso so-


(1) Discurso sobre la antigüedad de la catedral de Córdoba ; Tratado de ;

escultura.
bre el templo de Salomón ; De la comparación de la antigua y moderna pintura y
DE FRANCISCO PACIIKCO Y FRANCISCO DE RIOJA. x.w

FRANCISCO PACHECO.

Nació Francisco Pacheco el año de 1571 en la ciudad de Sevilla. Fué excelente pintor, pero

mas teórico que práctico. Compuso un Arte de la pintura, que vio la luz pública en 1649, y

¡además unos reparos contra memorial de don Francisco de Quevedo, sustentador del patro-
el

nato de Santiago en oposición de los que querían hacer compatrona de España á Santa Teresa.

Casó á su hija Juana con el célebre pintor y discípulo suyo don Diego Velazquez, y murió el año
de 1654. Francisco Pacheco, que dio ala pintura un arte, acompañó sus preceptos con sus obras.
En su casa vio la morisca Sevilla, madre de poetas pintores y de pintores poetas, academia de
ciencias, academia de artes. Rioja, el que inmortalizó en sus cantos las ruinas de Itálica; el sabio

maestro Medina, el grandilocuente Arguijo, prestaron los auxilios de sus ingenios poderosos á
Pacheco para vencer las dificultades del arte. Pacheco á Arguijo, al maestro Medina y al mismo

Francisco de Rioja prestó también los suyos para vencer los de las letras. No fué el último que

ornó con ñores salpicadas de sus lágrimas la tumba del ingenioso Montaban. Para enseñar á su
yerno Velazquez puso el cielo el pincel en sus manos ;
para cantar sus glorias no le negó la

pluma.
Al morir el cisne divino del divino Bétis, Céspedes cedió á Pacheco el lauro de eternizar el

semblante de su amigo, y en sonoros versos pintó á la reina del y amor la hermosura, después de
abandonar en su carro de oro los mares, surcando las auras de Andalucía por entre una niebla
trasparente y pura, y repitiendo en voz dolorida el nombre de Fernando de Herrera; deFernando
de Herrera, cuyas obras en vano el injurioso desden de sus contemporáneos pretendió entregar
al olvido. Pacheco las cubrió con manto de su inmortalidad, .dándolas á la estampa con la ima-
el

gen de su autor insigne, aquel que temió y osó, pero en quien pudo mas la osadía, para gloria
de las letras españolas.

Pacheco, en poco que de sus poesías ha llegado hasta nuestro siglo, se muestra ingenioso
lo
bien aparece con mas sencillez al manifestar los
y correcto imitador de Fernando de Herrera, si
pensamientos.
Sus dos epigramas son muy apreciables, y el asunto de uno de ellos ha quedado como pro-
verbio.

DON FRANCISCO DE RIOJA (1).

El licenciado don Francisco de Püoja, racionero ó canónigo en la iglesia de Sevilla, fué natu-
ral de esta misma ciudad, según se afirma. Estudió leyes, y en tal facultad tomó el grado de li-

cenciado. Sus graves estudios y su claro talento le granjearon la estimación de las personas doc-

tas ó aficionadas á las buenas letras.

Moraba en su patria cerca del convento de San Clemente el Real, en una casa cuyo hermoso
jardín fué visto y cantado por el célebre Lope de Yega Carpió.
Cuando el rey Felipe IV bajó á Andalucía, en el año de 1624, su valido el conde-duque de
Olivares, que antes habia tratado mucho á Rioja, bajo el pretexto de ocupaciones literarias (2),

(1) Sedaño describe así el semblante de Rioja : (2) Ortiz de Zúñiga, en sus Anales de Sevilla, escribe :

«El licenciado don Francisco de Rioja fué bien propor- « Don Francisco de Rioja, canónigo, inquisidor del
donado de cuerpo, la cabeza grande y prolongada, el tribunal santo de Sevilla y del Supremo, logró merecido
semblante modesto, apacible y meditador; el color valimiento con el conde-duque don Gaspar de Guzman,
blanco los ojos rasgados, penetrantes y vivos; las cejas
, á quien supo tratar mas verdades que lisonjas, y seguir-
grandes, eminentes y triangulares, y el cabello, bigote y le igual en ambas fortunas, con crédito siempre de varón
barba crespo, no muy poblado y bien puesto.» entero en intención y en dictámenes. No me consta de
xxvi APUNTES BIOGRÁFICOS
lo sacó de su retiro para llevarlo á la corte. En ella fué (según Sedaño) abogado consultor de
Felipe IV, bibliotecario del Rey y su cronista.
En la biblioteca formó un buen índice, loado por Lope (encubierto con el nombre de Bur-
guillos):
El índice que á su mimo
Traiga el libro sin congoja,
Fué cuiílado de Rioja
."Nuestro docto sevillano.

Obtuvo después la plaza de inquisidor de Sevilla, y mas larde la de la suprema y general In-

quisición. En 1036, dia 10 de noviembre, tomó posesión de la silla de racionero en la catedral


de Sevilla, sin que conste el año en que recibió las órdenes sacerdotales.

Sedaño cuenta que por haberle atribuido la corte ciertas sátiras decayó en el valimiento del
conde-duque de Olivares, y que padeció los rigores de una estrechísima prisión por espacio de
mucho tiempo. Ignoro los fundamentos de esta noticia (1).
Rioja, por encargo del Conde-Duque, escribió contra los catalanes, rebeldes a Felipe IV, el

papel llamado Aristarco ; Rio.ia permaneció á su lado en las prosperidades del valido del Rey ;

Rioja acompañó en un coche al Conde-Duque cuando este, perdida la gracia del Soberano, to-
mó el camino de Loeches con su confesor solamente.
Muerto su protector y amigo, Rioja, desengañado del mundo, retiróse á su patria hasta que

el cabildo eclesiástico de Sevilla lo nombró su agente en la corte.


Rioja murió en Madrid el viernes 28 de agosto de 1659. Debió nacer á fines del siglo xvi, pues
ya en 1617, por encargo del pintor Francisco Pacheco, su fiel amigo y admirador, escribió el

prólogo de las poesías de Fernando de Herrera, que andaban casi perdidas por no haber querido
darlas á luz correctamente su autor ilustre (2).

Escribió Rioja varias poesías de asuntos amatorios ó filosóficos. Las primeras se asemejan
tanto á las de Herrera, que pueden con ellas confundirse, pues unas y otras son iguales en los
defectos y en las bellezas. Las poesías filosóficas tienen gran mérito y están reconocidas por las
primeras de su género en España. La canción á las ruinas de Itálica, si bien imitación de la de
Rodrigo Caro al mismo asunto, es grandiosa en la entonación, grandiosa en los pensamientos.
La epístola moral á Fabio puede colocarse sin desventaja al lado de los mas perfectos modelos
de la poesía latina. ¡Lástima ciertamente que, quien tan sublimes preceptos de moralidad filosó-

cierto si fué natural de Sevilla. De ella le sacó la pers- grande fábrica del Sagrario Nuevo de la metrópoli de Se-
picacia del Conde ó su con lianza, con pretexto de ocupa- villa,por don Fernando de la Torre Farfau, Sevilla, 1663.)
ciones literarias, y su modestia se contentó con crecer García Coronel, en sus Cristales de Helicona, segunda
poco en las mayores.» parte, refiere así á una dama la academia que se hizo en
(1) En 1637 fué Rioja juez de un certamen , según re- un jardín del Prado de Madrid, en el soneto que sigue :

sulta de esta noticia:


«No me puedo detener á oirás muchas razonesque quizás El teatro un jardín con varias (lores,

le parecerán de pié de hunco; solo quisiera ver qué asien- Luz poca, en muchas velas prevenida ;

to le hace la de aquella Real Academia que mereció en el


Hermosura ignorada de escondida
,
,

I>e par en par ministros y señores.


paraíso de la tierra (en el Duen Retiro) la presencia de su
Secretario un poeta de menores,
majestad, ano de 1837, donde en un asunto hurlesco (píese Oración escuchada, no entendida ;
escrihió con este metro (pies quebrados dice), v. gr.,á Mar- La gracia en un vejamen mal vestida ,

tin de Figuei oa se le dio el primer premio y á Pedro Mén- Y con menos vergüenza que primores.
dez el segundo, porque los mas pies quebrados fueron de A cuatro solamente reducidos

cinco sílabas, habiendo de ser de cuatro. Diérasele el pri- Los poetas por un pedante lego,
En su mesma ignorancia disculpado.
mero si se ajustara al ritmo. Pues vamonos hacia los jue-
Muchos versos, y pocos aprendidos
ces, que no lo entenderán fuéronlo no menos que el prín-
;
Torpe rumor, llorar cantando un ciego,
cipe de Esquiladle, el señor Luis Méndez de Haro, el Fué la academia, oh Lisida, del Prado.
conde de la Monclova, don Francisco de Calalayud, don
Antonio de Mendoza, Francisco de Rioja y don Gaspar (2) Según Rodrigo Caro, dijo un satírico de aquel
BoDifaz. Presidió Luis Vélez de Guevara fué secretario ,
tiempo :

Alonso de Batres, y fiscal don Francisco de liojas.» Esto hace que valga tan de balde
{Templa panegírico al certamen poético que celebró la El millar de las rimas y Mínelos,
hermandad del Santísimo Sacramento, estrenando la Que el divino Herrera escribe en balde.
DE DON JUAN DE ARGHJO. mil
fica nos dio en estas obras y en sus excelentes silvas, fuese consultor, y aun mas quo ronsultor,
amigo estrecho del conde-duque de Olivares 1 Al leer las máximas de Mioja no puedo menos de
recordar las de Séneca y sentir que la sabiduría se haya asociado alguna vez á los Nerones y á
los condes de Olivares (1).

DON JUAN DE ARGÜIJO.


Don Juan de Argüijo nació á mediados del siglo xvi en Sevilla, y fué hijo del veinticuatro de

la misma ciudad don Gaspar y de doña Petronila Manuel, ambos de claro linaje. Aprendió hu-
manidades y dedicóse a la poesía y á la música. Tomó por nombre poético el de Arcicio. No
ocupó en Sevillael cargo de veinticuatro, después de la muerte de su padre, en su vacante mis-
ma, sino en la que dejó por renuncia un Lope Zapata. El 7 de abril de 1590 tomó posesión de
su cargo Don Juan de Argüijo. Su celo y honradez le atrajeron el respeto del cabildo ;
por eso
las principales comisiones le fueron siempre confiadas. En 1600 examinó con Cristóbal Nuñez el

poema que de la conquista de la Bética compuso y dedicó á la ciudad de Sevilla el famoso inge-
nio Juan de la Cueva. Antes de esto fué nombrado procurador en Cortes para las convocadas
por Felipe III en 1598, si bien dos veinticuatros se opusieron á la manera con que la elección
habia sido hecha.
Argüijo renunció el cargo de procurador, no en alguno de los que lo contradijeron ni por
los que lo contradijeron, sino en don Juan de Zúñiga, y desempeñó durante la estancia de este
en la corte la administración que este misino tenia de los almojarifazgos. Amante de las letras,
fué Argüijo uno de los protectores mas incansables que tuvieron estas.Lope de Vega se confiesa
agradecido á la protección de Argüijo , según se colige de las dedicatorias de La hermosura de
Angélica, La Dragontea y las Rimas.
En 1595, cuando pasó por Sevilla la marquesa de Denia, esposa del duque de Lerma, valido
del rey Felipe III, gastó Argüijo en su obsequio la cantidad de cuatro mil ducados.
Tales fueron los dones y las limosnas de Argüijo, que llegaron á disminuir sus rentas, de mo-
do que, mas que con las suyas propias, tuvo que mantenerse en los últimos dias de su vida con
las de su consorte.
Argüijo escribió una relación de las fiestas de toros y cañas con que en 1617 se celebró en
Sevilla la pureza de María. Ortiz de Zúñiga, en los Anales de esta ciudad, copia un largo pasaje
de descripción tan curiosa.
También escribió cartas de gran valor literario. Lope habla de ellas en su comedia La Da-
ma boba.
En 1622 renunció el oficio de veinticuatro, y desde esta fecha ningunas noticias mas se sa-
ben de este ingenio.
Argüijo fué excelente poeta; correcto, ingenioso y noble en los pensamientos. Pocas obras
se conservan suyas la mayor parte sonetos, en los cuales aventaja á los de Lope á los de Que-
; ,

vedo y á los de los Argensolas. Una grandilocuencia notabilísima, unos pensamientos vigorosos
y una moralidad filosófica son los caracteres de los sonetos de Argüijo. Tal vez suele imitar á
algunos epigramas latinos ó griegos ;
pero nunca la imitación deja de ser superior al original.

Aun serian mas apreciables y apreciados los sonetos de Argüijo por la generación presente si no
hubiera buscado el poeta casi todos sus asuntos en las historias griega y romana y en la mitolo-

(1) Escribió Rioja el Aristarco, ó censura de la procla- tura de Pacheco).— Avisos á predicadores. — Se atribuye
macion católica de los catalanes.— YA Ildefonso, ó (rutado falsísimamente á Rioja un papel satírico en verso con
de la purísima concepción de nuestra Señora. Carla — el título de La cueva de Meliso.
sobre el titulo de la Cruz ( léese al fin del Arte de pin-
xxvni APUNTES BIOGRÁFICOS
gía. Muchos había en la Europa de su siglo y del anterior muchos donde el filósofo hubiera po- ,

dido enseñar con mas fruto mas Arguijo, como todos los sabios de su tiempo, estudiaba solo
;

en los autores de la antigua (¡recia y de la antigua Roma. Los nombres griegos y romanos so-
naban mejor á sus oidos que los de sus contemporáneos ó mas inmediatos antecesores.

BALTASAR DEL ALCÁZAR.


Baltasar dkl Alcázar nació en Sevilla por los años de 1530. Sus padres fueron don Luis y
doña Leonor León. Dedicóse en edad conveniente Alcázar a la carrera de las armas. Militó en
las naves del famoso marqués de Santa-Cruz, hallándose en jornadas contra franceses y peleando
como bueno hasta conseguir la victoria. Prisionero por haber llevado su valor á mas de lo que
la prudencia consentía, consiguió su rescate. Hurtó á las armas algunos ratos que dedicó á la
geografía , á las lenguas vulgares y á y por último á la historia natural.
la latina,

Unos autores dicen que estuvo casado con doña Luisa Fajardo , hija de un veinticuatro de Se-
villa ; otros afirman que su esposa se llamaba doña María de Aguilera, hija del mariscal de

León, del hábito de Santiago.


Residió algún tiempo en Ronda y Jaén , fué alcalde de la hermandad de los hijosdalgo y teso-
rero de la casa de moneda.
Cuentan que sirvió muy bien cerca de veinte años, en la villa de los Molares, á los segundos
duques de Alcalá, don Fernando Enriquez de Rivera y doña Juana Cortés, en los cargos de al-
caide y de alcalde mayor.
Fué gran músico , y no menor en la composición , hasta el punto de dar regalado tono á al-
gunos de sus madrigales.
Aficionado á la pintura, trabó amistad con Francisco Pacheco y le regaló un libro que en los
floridos dias de su lozana juventud habia formado de dibujos de paisaje.
Tuvo por hermano á don Melchor del Alcázar, alcaide de los alcázares reales de Sevilla, el
cual fué padre de un Baltasar, señor de Puñana.
Amó mucho á su hermano, cuyo retrato, entre los de otros ilustres sevillanos, se debió al

pincel del gran Pacheco. Alcázar escribió á esta obra unos versos que dicen :

Fuese al cielo , y trocó á gloria


Todo este mundano trato ;

Quedó su antiguo retrato


Que eternice su memoria.
Hecho este felice trueco,
Dio al retrato nueva luz
Protógenes andaluz,
Por otro nombre Pacheco.

Murió Alcázar en 1606, el dia 16 de enero, á los setenta y seis años de edad.
Estudió con gran aprovechamiento los epigramas de Marcial y la lengua española. Sus versos
son puros, dulces y elegantes; su ingenio para los chistes sazonadísimo, y tal la sencillez de su
manera de expresar los pensamientos, que parecen trasladados al papel del mismo modo que se
han concebido, sin que el arte se haya usado por el poeta.
Fué muy dado Alcázar á copiarse. Así se ve, por ejemplo, que su famosa poesía La Cena tie-

ne el mismo pensamiento que aquellos epigramas que empiezan:

Revelóme ayer Luisa....


Donde el sacro Béüs baña,...
AXIX
DE BALTASAR DFX ALCÁZAR.
También con el mismo pensamiento se halla este epigrama, que no está incluso en el texto (1 )

Óyeme, así Dios le guarde, Llámelo, y desque me vido...

Que te quiero, Inés, contar Escúchame con reposo,


Un cuento bien de gustar Que es el cuento mas donoso
De cuantos habrás oido.
Que me sucedió esta tarde.
Has de saber que un francés Díjele, amigo, á contento,

Pasó vendiendo calderas ¿Cuánto por esta caldera...?

Estáme atenta no quieras No me escuchas ;


pues yo muera
,

Que lo cuente en balde, Inés. Sin olio si te lo cuento.

maleante de Alcázar se halla retratada con toda fidelidad en el siguiente


La condición festiva y

epigrama inédito
De Carmoua el eco es mona ,
Y así, acuerdo prclendello,
De Guadalajara, jara, Pues tengo andado ya en ello
Y de Barcelona, lona : Hasta llegar á bellaco;

Destos tres ecos tomara Cumpla el generoso Baco


Ser yo el eco de Carmona; Lo que falla para sello.

Entre las muchas finezas de amigo que tributó al pintor y poeta Francisco Paoheco, deben
contarse las redondillas siguientes :

El que sustentar quisiere Pero , como no nací

Vuestra amistad , buen Pacheco, Tan libre que pasar pueda


Ha de hacer un gran trueco Lo que debo en la moneda
De sus cosas, si pudiere. Con que vos compráis de mí
El deseo, porque afloje, Duéleme que se suspenda
Enviallo a" Gibraltar, Sin causa el venirme á ver,

Y poner en su lugar Porque no quiero entender


Olroque menos congoje. Lo que no es razón que entienda.
La voluntad ,
que se estima No mas gozad en buen hora
;

Con razón por don divino, Sin torcer la voluntad ,

Trocaüa con el vecino, La gustosa libertad


Dando dineros encima. Pues es en vos tan señora.
Procurar que el corazón Yo pasaré en vuestra ausencia
Si no hay á quién , dallo á ferias Bien ó mal con mi deseo ;

Haga callo en sus miserias, Alegrarémesi os veo,


Donde dé la sinrazón; Si no, prestaré paciencia.

La última composición que escribió Alcázar fué una intitulada Tribco. Dedicóla á su amigo
Pacheco, pidiéndole su parecer acerca de los medios que proponía para vivir ajeno de la malicia

humana. Concluía sus versos Alcázar diciendo :

Dadme parecer en esto,


Porque voy con presupuesto
Que si os pareciere á vos
Que el mundo se quede á Dios,
Ponello por obra presto.

Francisco Pacheco le respondió en los términos siguientes :

Prudente acuerdo es dejar Juntamente es mi consejo


Elmundo cuando podéis ;
Hagáis lo que habéis escrilo

Que podrá ser, si queréis Que yo también me remito


Otra v%z, no le alcanzar. A tenerlo por espejo ;

Con esto obligáis á Dios Y á guardar con esperanza ,

Que no forme de vos queja ,


Por premio de esta victoria

Diciendo que el mundo os deja, Para conseguir la gloria


Y que no lo dejáis vos. El medio por do se alcanza.

(I) Asi de Baltasar del Alcázar como de Salinas y otros he adquirido poesías inéditas, impreso ya el texto. Al fin
del segundo lomo de esta colección irán como apéndice.
xxx APUNTES BIOGRÁFICOS

EL DOCTOR JUAN DE SALINAS.


El doctor Juan de Salinas , ó Salinas de Castro, nació (según se cree) en Sevilla en el último
tercio del siglo xvi. Abrazó el estado eclesiástico ; estuvo en Roma, donde compuso un poemita
burlesco sobre los Ejercicios de san Ignacio, que se ha impreso con muchas y desacertadas al-
teraciones, y hallóse en los últimos años de su vida sirviendo la plaza de capellán del hospital
de San Cosme y San Damián en su patria Sevilla. Murió por los años de 1640 (1).
En el Romancero general hay muchas obras de Salinas, impresas como de él, y también
anónimas (2). Entre las de Góngora se hallan algunas que pertenecen al mismo doctor.
Salinas en sus primeros tiempos fué poeta de muy buen gusto literario ; en los últimos se

convirtió en conceptista, y en todos demostró un gran ingenio, sazonado en las burlas, y de gran
delicadeza en la expresión de afectos amorosos.
Ni aun a sus amigos dejaba de castigar con sus donaires. En la justa poética que celebró Se-
villa á san Juan de Dios puso un jeroglífico don Diego Jiménez Enciso, caballero de Santiago,
alcaide del Alcázar de Sevilla , y autor de Los 3Iédicis de Florencia y el principe don Carlos,
comedias que entre las suyas le han granjeado algún crédito. Al pié del jeroglífico se leia esta
quintilla:
En sí son olas del mundo
Las glorias con que ofrecéis
A Juau con mayor profundo;
En ciso, no lo dudéis,
Ciento por uno tendréis.

Cuando vio el jeroglífico y leyó la copla hizo Salinas esta décima


Los misterios que en el viento
Fundar vuestra musa quiso
Como en ciso no es Enciso,
En si son sin fundamento.
Dad al tercer elemento
Su lugar, que es necio asunto
Subir conceptos de punto
Sobre supuesto tan vano,
Y sin saber canto llano
Meteros á contrapunto...

PEDRO DE QEIftOS.

El padre Pt;Dno de Qumós fué natural de Sevilla y perteneció á la orden de los clérigos meno-
res. Se ignora el año de su nacimiento, así como el de su muerte, si bien por conjeturas se cree
que este último debió ser el de 1670. Pasó parte de su vida en la villa de Umbrete. Cuando mu-
rió Felipe IV se hallaba de prepósito en el colegio de San Carlos en Salamanca (3), donde pu-
blicó una obra sobre las honras que aquella universidad habia hecho á la memoria del Monar-
ca (1666).
Escribió varios libros históricos y teológicos, de que apenas se conserva memoria, así como

(1) Yo tenia copia cíe la partida de defunción del doctor publicó la relación, que intituló Parentación real, de las
Salinas ; pero la lie perdido. Esta cita es de memoria. honras que al la universidad de
rey don Felipe IV hizo
(2) En el Romancero de Duran hay algunas obras de Salamanca, en que se hallaba prepósito de su colegio de
Salinas , las cuales no se repiten en este lomo. San Carlos. Otras grandes obras en teología , escritura y
(3) de Zúniga en sus Anales de Sevilla dice
Ortiz, , , : historia dejó sin perfección su muerte.»
« El padre Pedro be Qumós, de los clérigos menores,
DE DON LUIS DE GÓNGORA Y ARGOTE. ira
de una comedia que se intitula La Remediadora, si bien pudo esta ser obra de un don Francisco
Bernardo de Quirós, poeta sevillano y autor de otras obras dramáticas, entre ellas La batalla
del Tagarete.
Las líricas de Pedro de Quirós son bastante apreciables, no solo por el vivaz ingenio con que
están escritas, propio de los poetas andaluces, sino también porque, á vueltas de alguno que otro
resabio de mal gusto, se muestra el autor digno discípulo de los Herreras, Arguijos y Rio-
jas(l).

DON LUIS DE GÓNGORA Y ARGOTE.


Nació don Luis de Góngora y Arcóte en la ciudad de Córdoba, el jueves H de julio del año
de 1561 Tuvo por padre á don Francisco de Argote, letrado de gran concepto y corregidor
(2).

de Madrid y algunas ciudades. Su madre fué doña Leonor de Góngora. Como se ve, don Luis
dio la preferencia al apellido materno, naciéndose llamar Góngora primeramente.
Dicen que nació en la misma calle en que respiró el aura primera de la vida el famoso Mar-
cial (3).De quince años pasó á estudiar en Salamanca el derecho, al propio tiempo que las ma-
temáticas, la música y la esgrima. Su carácter inquieto y su edad juvenil, empleada en amo-

res, le acarrearon una pendencia con don Rodrigo de Vargas y don Pedro de Hoces, señor de
la Albaida, teniendo por padrino á su primo don Pedro de Ángulo, el cual recibió gravísimas

heridas. Don Luis apenas experimentó daño.


En Salamanca compuso la mayor parte de sus poesías amorosas y satíricas. Abrazó el estado
eclesiástico, no sin haber seguido por espacio de once años pretensiones en la corte, sin mas
frutos que un desengaño y sin mas premio que un beneficio en la iglesia de Córdoba. En 1593 fué
con el canónigo don Alonso Venégas á Salamanca á prestar obediencia en nombre del cabildo al
obispo don Jerónimo de Aguayo y Manrique. Enfermó de tal modo en esta ciudad, que fué te-
nido por muerto durante tres dias.
Treinta años dicen que asistió después en la corte con poco próspera fortuna. Solo por pro-
tección del duque de Lerma y del marqués de Siete-Iglesias consiguió una capellanía de honor
del rey Felipe III. El Conde-Duque, que apreciaba mucho su talento, concedió á dos de sus so-
brinos el hábito de Santiago.
En 1626 hallóse Góngora en la jornada que á Aragón hizo el rey Felipe IV, y en ella enfermó
de tal manera, que la reina Isabel de Borbon, que estimaba su ingenio, le envió los médicos de
su cámara á fin de que fuese asistido como su persona misma.
Cuando recobró la salud volvió Góngora á su patria. La dolencia le habia arrebatado la memo-
ria; no quiso dejar sin estragos la presa que habia elegido. Góngora se retrajo del trato de las
gentes, y murió al poco tiempo, en la tarde del lunes 23 de mayo del 1627. Recibió sepultura en
la capilla de San Bartolomé de la iglesia catedral, patronato de la casa de Góngora.
Este ilustre ingenio fué bastante escaso en bienes de fortuna. Cartas se conservan dirigidas á
Tamayo de Vargas, al licenciado Cristóbal de Herediay á otros caballeros, lamentándose de la
falta del dinero de sus alimentos.
Góngora fundó la secta de los llamados cultos (4). Quiso dar, como Herrera, á España un
(1) En la Biblioteca Colombina se halla un códice do y las Casas Deza escribe en el prólogo ríe las poesías de
poesías de Quirós. Se han escogido las mejores para esle Góngora: «Para que se conserve la memoria entre sus
tomo. pal ricíos no queremos dejar de notar aqui que las casas
Compuso además en prosa la Vida y virtudes del vene- que habitó don Luis son unas principales en la colación de
rabie padre Bartolomé Simorilli, y una Exposición sobre San Juan y Todos los Sanios situadas en la plazuela de la
el profeta Junas (lu Jonam prophetam commentaria). Trinidad, esquina de la calle de las Campanas.
(2) Pellicer, Lecciones sotaníes. (i) Don Félix de Arteaga ó mas bien el padre Paravi-
,

(3) anónimo del Panegírico por la poesía dice


El autor ¡
ciño, dice de Góngora :

«Don Luis de Gósgorí nació en la calle de Manía!, y sin


ninguna duda, ron mayor sal y no menores nervios en las
Hjjo de ^^ ^^
Padre mayor de [as musas,
veras que agudeza en las hurlas. >
Por quien las voces de España
Mi amigo el erudito cordobés don Luis Ufana Ramírez Se ven, de bárbaras, cuitas.
xxxii APUNTES BIOGRÁFICOS
lenguaje poético. Con los ejemplos antiguos de Juan de Mena y Juan de Padilla (el cartujano),
con los de los poetas cordobeses Lucano y Séneca, anteriores á aquellos en la Roma de los Césa-
res, ypor último, con los del caballero Marini en Italia y don Luis Carrillo en su patria misma,
introdujo voces y giros de la lengua latina, entre estos las mas violentas trasposiciones, á fin de
que las musas hablasen en un idioma distinto del vulgar. A esta manera de expresar las ideas, el

docto humanista Bartolomé Jiménez Patón dio el nombre de culteranismo (1).


Tuvo Góngora grandes admiradores y grandes contrarios. El padre Paravicino y el conde de
Villamediana fueron los que primeramente se dedicaron á imitar
Polifemo y las Soledades, el

poemas escritos en la nueva lengua. Se escribieron apologías, impugnaciones y sátiras (2). Gón-
gora agradeció las primeras, hizo responder á las segundas, y se encargó de castigar á los auto-
res de las terceras. En esto último no sé si obró con prudencia; pero, como en la sátira se creia
invencible, sin duda imaginó que no era bien que se ejercitasen en su contra armas en las cua-
les ninguno podia fácilmente aventajarle.
Góngora y sus discípulos enriquecieron la lengua española con muchos modos de decir, á cuál
mas elegante (3) también hicieron los últimos el grave mal de corromper el idioma hasta el
;

punto de escribir llamando en su auxilio, mas que á la razón, á la demencia.


Los enemigos de Góngora, los que en vida tan violentamente le combatieron, al fin se deja-
ron arrastrar del portentoso ingenio de aquel grande hombre, á quien desearon humillar por
cuantos medios estaban á sus alcances. Culto llegó á ser Quevedo culto llegó á ser Jáuregui, y ,

aun no estuvo inmune del culteranismo en ciertas ocasiones el que mas puro se mantuvo hasta
la muerte en oposición de la escuela de Góngora el gran Lope de Vega. De Góngora puede de- :

cirse con razón que fué como el Cid , que ganó batallas después de muerto.
¥A mayor de sus enemigos fué Lope, no obstante que este aparece como su admirador en mu-
chas de sus obras : ardid que el gran poeta dramático solia ejercitar con los que no quería bien.
Aficionado á Cervantes aparece Lope, y Lope en algunos de sus escritos revela el poco aprecio ó
afecto con que miraba al autor de Don Quijote, con perdón sea dicho de Clemencia y otros que
no han notado que Lope reprobaba la idea del libro que tanta fama ha dado al ilustre Cervantes.
Aficionado aparece también de Góngora Lope ;
pero Lope en lo oculto y aun en lo público reve-
laba siempre la enemistad de que se hallaba poseído.
Muchos de los elogios que da Lope á los poetas en el Laurel de Apolo, mas son irónicos que
verdaderos. Por eso, en respuesta al lema que puso en 1630 á este libro, Summa felicitas invidere
nemini, Pellicer escribió en la portada de las lecciones á Góngora el mismo año, Summa infe-
licilas invideri a nemirte.

Góngora siempre reconoció á Lope como el caudillo de sus contrarios

Musa mía sed hoy Muza , Defended el honor mío,


Si espada , si adarga acaso Aunque no está, yo lo íio

Empuña ó embraza el Parnaso, En la Vega Garcilaso.

La guerra de sátiras se hizo violentísima. Véase esta quintilla de Góngora contra Lope

Dícenme que hace Lopico


Contra mí versos adversos
Pero, si yo versifico
Con el pico de mis versos
A este Lopico lo pico (4).

(1) Gente ciega, vulgar y que profana (3) Calderón refiere que un barbero se equivocó al sa-
Lo que llamó Ratón culteranismo. car una muela, porbaberle dicho un culto que la dañada
Lope de Vega). (
cra ] a penúltima.
(2) Apologistas de Góngora fueron el conde de Villa- ...
Moreto
.
,,
. .

.. „ . „.. , ~ , . , .
cuenta entre las voces cultas
mediana , don Francisco de Córdoba abad de Rute, don ,
Libidinosa, crédula y obtusa.
José Antonio de Salas , el maestro don Francisco del \ i- , , . ,.
Penúltima, libidinosa, crédula y obtusa voces son
llar, Martin Vázquez Ciruela , don Juan Andrés Uzlarroz,
" sa,las ho y s,n
( ue el ue las P rofiera ° escnba Iiase lJor
(
don Martin de Ángulo y Pulgar, etc. ' l

Quevedo, Argensola, Lope, Jáuregui, Cáscales y otros ,?! „?,",. „ v 8L


impugnaron el nuevo estilo. ,í
W Blbll0leca Wa<aouaI
.
• ,

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codlce X'
o-,
DE DON LUIS DE GONGORA Y ARGOTE. xxxm
soneto siguiente
Góncora escribió contra los parciales de Lope el :

Patos del aguachirle castellana,


De cuyo rudo origen fácil riega,

Y tal vez dulce inunda vuestra vega


Con razón vega por lo siempre llana

Pisad graznando la corriente cana


Del antiguo idioma y turba lega ,

Las ondas acusad cuantas os niega


Mico estilo, erudición romana.
Los cisnes venerad cultos, no aquellos
Que escuchan su canoro fin los rios ;

Aquellos que de su docta espuma


Vistió Aganipe. ¿Huis? ¿No queréis vellos,

Palustres aves? Vuestra vulgar pluma


No borre, no; mas, patos, zabullios (1).

ó de uno de sus amigos y discípulos parece ser la respuesta que va a continuación:


De Lope
Pues en tu error impertinente aspiras
Zabullóme de pato por no verte,
¡Olí calavera cisne que en la muerte ,

Quieres cantar y por detrás respiras


Con las visiones que llegando admiras
Al tránsito fatal que te divierte,

Tu ya feliz ingenio está de suerte

Que en verso macarrónico deliras.

Hermanos, turba lega, zabullios;


Venid de Antón Martin que ya os espera ,

Cadáver vivo de .sus versos frios.

Aun no se le ha cerrado la mollera


Al padre de los cultos desvarios;
Rogad á Dios que con su lengua muera (2).

Á LOPE, EN OCASIÓN DE LOS LIBROS Qt'E ESCRIBIÓ.


CONTRA LOPE, POR LA ARCADIA.
Lopillo que me borres Aquí del conde Claros dijo , y luego
j
!
Por tu vida , ,

escudo Se agregaron á Lope sus secuaces,


Las diezy nueve torres del
Con la estrella «le Venus cien rapaces,
Porque, aunque tienes mucho viento, dudo
Y con mil soloquios solo un ciego.
Que
V tengas viento para tantas torres.
Con la epopeya un lanudazo lego
de Arcadia ¿No corres ,
Válgante los ! te
¡

pastor rudo? Con la Arcadia dos dueñas incapaces,


Armar de un pavés noble un
Nabal barbudo Tres monjas con la Angélica locuaces,
¡ Oh troncho de Micol! ¡
!

Y con el Peregrino un fray Borrego.


¡Oh brazos leganeses y vinorres
blasón almena;
Con el Isidro un cura de una aldea ,

No le dejéis en el

rocín alado
Con los Pastores de Belén Burguillos (3)
Vuelva á su oficio y al
Y con la Filomena un idiota.
En el teatro sáquele los reznos.
Vinorres, Tílis do la Dragonlea,
No tabique mas torres sobre arena
Candil, farol de la estampada fióla
Si no es que ya segunda vez casado,
,
De las comedias, siguen su caudillo.
Nos convierta los torres en torreznos.

dadero autor. El mismo Lope lo descubrió por un olvido.


(t) Biblioteca Nacional, códice M, 132. nombre
En las Flores de poetas ilustres se halla con su
Códice M, 132,' de la BibliotecaNacional.
(2)
Góncora contra una canción. Corrigióla y dióla de nuevo á luz como de
Hay también un soneto que se dice de
Finge Burguillos Un Tomé de Burguillos existió, como probaré
Lope en ocasión de haber escrito este la Jerusalen. seme-
en vida de Lope. Era un loco famoso en Madrid y
la
el autor que hablan negros: este y otro
jante á otro llamado Vinorres , que se cita en
Vimó, señora Lopa, su epopeya, comedias ha-
soneto de Gó.ngoiu. Calderón en una de sus
E por Diosa, aunque sa mucho lagante,
Que no hay neglo poeta que se pante, bla de él.

A Tomé Burguillos el loco se atribuye aquella copla


E si se paula, no sa negla eya, etc.

(3) Tomé Burguillos fué el nombre con que Lope com- Hoy hacen amistad nueva,
varias poesías festivas, y con ellas la Ga- Mas por Baco que por Febo,
puso y publicó Don Francisco de Que-bebo
tumnquia. Su amigo Salcedo Coronel declara de
un mo-
Y el grande Lope de beba.
el ver-
do indudable en los Cristales de Helicona ser Lope
xxxiv APUNTES BIOGRÁFICOS
MOTEJA DE BEBEDOR Á LOPE V QUE COMUMCABA CON UNA DAMA
IX AMADA MARTA.

Picho me han por una caria En vuestras manos ya creo


Que es lu cómica persona El plectro, Lope, mas grave,
Sobre los manteles mona, Y aun la violencia suave
Y entre las sábanas marta. Que á los bosques hizo Orfeo
Agudeza tiene liarla Pues .cuando en vuestro museo
l,o que me advierten después: A lo blando y ccbellit)

Que lu nombre del revés, Cuerdas rascáis al violin ,

Siendo Lope de la haz, No un árbol os sigue ó dos,

En haz del mundo y en paz Mas descienden sobre vos


Pelo de osla .María es. Las piedras de Balsain ( I).

Contra el padre Pineda, de la compañía de Jesús, autor de la Monarquía eclesiástica , por


no haber dado a Góngora el primer premio en el certamen de la canonización de san Ignacio de
Luyóla, este poeta escribió contra su juez el soneto siguiente, si es verdad lo que en un códice
de mi amigo don José María de Álava se dice :

¿ Yo en justa injusta expuesto á la sentencia


De un positivo padre azafranado?
Paciencia , Job, si alguna os han dejado
Los prolijos escritos de su ciencia.
Consuelo me si no paciencia
daréis,
Pues en suertes entré y fui desgraciado
En el mes que perdió el apostolado
Un justo por divina providencia.
¿Quién justa do la tela es pinavete,
Y no muy de Segura aunque sea pino, ,

Que ayer fué pino y boy podrá ser vele?


No mas judicatura de teatino,
Cofre, digo, overo con bonete,
Que tiene mas de tea que de tino.

Góngora no consintió que viesen la luz pública sus obras durante su vida. Después de su,
muerte recogiólas de manuscritos, mezcladas con las de otros autores, don Jerónimo de Hoces
(Madrid, 1639). En Sevilla, Bruselas, Lisboa, Zaragoza y otras partes se repitió la edición
primera, mas ó menos aumentada, mas ó menos corrompida.
Don José de Pellicer el Polifemó y el Panegírico del duque de Lerma,
comentó las Soledades,
á mas del romance de Píramo y Tisbe; García de Salcedo Coronel Las obras de versos largos ,

don Francisco de Amaya, la soledad primera; el licenciado Pedro de Ribas, la primera y la se-
gunda; don Cristóbal de Salazar Mardones, el romance de Píramo // Tisbe.
Góngora, en mi opinión, ha sido muy mal juzgado por los críticos. Tenia mas vehemencia y
estro poético que Fernando de Herrera, si bien era menos erudito. Indudablemente es el prime-
ro de los poetas españoles. Ninguno, cuando Góngora va por el camino del buen gusto, le aven-
taja en ingenio ;
ninguno, aun en las obras en que parece abandonado de la razón , tiene rasgos

mas sublimes y mas brillante colorido poético. En el Poiifemo y las Soledades, poemas que
han sido execrados mas por el nombre y el odio antiguo que por la lectura juiciosa y desapasio-

nada, se hallan pasajes que honrarían á los poetas mas famosos de cualquiera de los siglos, de
cualquiera de las naciones.
Dejo aparte el grandioso pensamiento, digno de competir con el de Lucrecio y Estacio : Pri-
mus in orbe déos fecit limor.
Mudo mil veces yo, la deidad niego,
No el esplendor á tu materia dura;
ídolos á los troncos la escultura,
Dioses hace á los ídolos el ruego.

(1) De los versos de Góngora contra Quevedo nada digo. El erudito señor Guerra y Orbe ya los tiene ofrecidos para
uno de los tomos de la Biblioteca.*
DE DON LUÍS DE CONGORA Y ARCÓTE. xxxv

Dejo igualmente otros que se hallan en sus sonetos. ¿Con qué es comparable la pintura de

aquella
Infame turba de nocturnas aves,
Gimiendo tristes y volando graves?

¿Con qué la del horror que ocasionaba la música del Cíclope?

La selva se confunde, el mar se altera ,

Rompe Tritón su caracol torcido,


Huye sordo el bajel á vela y remo :

Tal la música es de Polifemo.

Así describe el poeta á Calatea, enamorada de Acis aun antes de haberlo conocido :

Llamarálo, aunque muda, mas no sabe


El nombre articular que roas quería,
¡Ni lo lia visto, si bien pincel suave
Lo lia bosquejado ya en su fantasía.

Calatea al ver dormido á Acis,

No solo para, mas el dulce estruendo


Del lento arroyo enmudecer querría.

modo Calatea, en brazos de Acis, se turba al escuchar los instrumentos


músicos de
De este
Polifemo, su desdeñado y temible amante :

La ninfa los oyó; ser mas quisiera


Rreve yerba humilde y tierra poca,
flor,

Que de su nuevo tronco vid lasciva,


Muerta de amor, y de temor no viva.

El canto de Polifemo es de esta manera :

¡ Olí bella Galatea , mas suave


Que que tronchó la aurora,
los claveles
Blanca mas que las plumas de aquel ave
Que dulce muere y en las aguas mora

Sorda hija del mar, cuyas orejas


A mis gemidos son rocas al viento,
O dormida te hurten á mis quejas
Purpúreos troncos de corales ciento,
O al disonante número de almejas,

Marino, si agradable no instrumento,


Coros tejiendo estés, escucha un dia
Mí voz por dulce, cuando no por mía.
Pastor soy, mas tan rico de ganados,
Que los valles impido mas vacíos,
Los cerros desparezco levantados,
Y los raudales seco de los ríos.

iguales
En número á mis bienes son mis males.
Sentado, á la alta palma no perdona
Su dulce fruto mi robusta mano ;

En pié, sombra capaz es mi persona


De innumerables vacas el verano.
¿Qué mucho, si de nubes se corona,
Por igualarme, esta montaña en vano ,

Y en los ciclos desde esta roca puedo


Escribir mis desdichas con el dedo?
xxxvi APUNTES BIOGRÁFICOS DE DON LUIS DE GONGORA Y ARGOTE.
Con mas afectación escritas las Soledades, no dejan de tener algunos magníficos rasgos poé-
ticos dignos de estudio. Tal es el canto en alabanza del pobre albergue

¡Olí bienaventurado
Albergue á cualquier hora !

No en tí la ambición mora.
Retamas sobre robre
Tu fábrica son pobre,
Do guarda, en vez de acero,
La ignorancia al cabrero
Mas que el silbo al ganado.

En las Soledades se halla la pintura de una culebra

Y lúbrica no tanto,
Culebra se desliza tortuosa
Por un pendiente escollo.

Como poeta satírico aventaja á todos en sus romances y letrillas; no pueden ser mas lindas
sus maliciosas ingeniosidades, ni mas puro su estilo, ni mas la sencillez elegante de sus versos,
En sus romances, bien sean pastoriles , bien caballerescos, bien moriscos, está llevada á la per-
fección el estudio de las cadencias. Muchos de los buenos que hay en lengua española no tie-

nen tan hermosa armonía como los de Góngora ; los de Góngora , verdadera piedra de toque para
conocer hasta el punto a que puedellegar la grandilocuencia.

Góngora, si en todas sus obras se hubiera dejado llevar mas del ingenio que del estudio, se-
ria reputado como el mas perfecto modelo de los poetas españoles. Aun algunas de sus mas ex-
celentes composiciones no se hallan inmunes de afectaciones y oscuridades.
Jusepe Martínez comparaba al Quevedo, autor de los Sueños, con el artista Jerónimo Bosco,
y Jovellanos a Lope de Vega con Lúeas Jordán, que con su facilidad pervirtió el arte. Góngora,
que lloró en tenebrosos versos la muerte del pintor Dominico Greco , merece el nombre del Greco
de la poesía.
POESÍAS
DE

GARCILASO DE LA VEGA.
JUICIOS CRÍTICOS,

DE FERNANDO DE HERRERA.
(En la vida de Garcilaso que precede á las anotaciones de la edición de Sevilla
por Alonso de la Barrera, año de ÍS80.)
Es de Garcilaso inafectado (como se dijo de Jenofon), ó por mas cierto, que ninguna
el estilo
afectación lo puede alcanzar. Habla con agudeza y perspicacia dispone con arte y juicio, con
,

grande copia y gravedad de palabras y concetos; que no podrá, aunque escriba cosas humildes,
inclinar su ánimo á oración humilde. Está lleno de lumbres y colores y ornato poético donde lo
piden el lugar y la materia... Los sentidos, ó son nuevos, ó si son comunes, los declara con cierto
modo proprio solo del, que los hace suyos, y parece que pone duda si ellos dan el ornato ó lo reci-
ben. Los versos no son revueltos ni forzados, mas llanos, abiertos y corrientes, que no hacen
dificultada la inteligencia sino es por historia ó fábula Es tanta la facilidad de la dicion, que
apenas parece que puede admitir números, y tanto el sonido de los números, que apenas pare-
ce puede admitir lenidad alguna etc. ,

En una anotación al soneto primero escribe el mismo autor : Garcilaso es dulce y grave (la cual
mezcla estima Tulio por muy difícil), y con la puridad de las voces resplandece en esta parte la
blandura de sus sentimientos, porque es muy afetuoso y suave; pero no iguala á sus canciones
y elegías que en ellas se excede de suerte, que con grandísima ventaja queda superior de sí mis-
,

mo, porque es todo elegante y puro y terso y generoso y dulcísimo, y admirable en mover los
afectos, y lo que mas se debe admirar en todos sus versos, cuantos han escrito en materia de
amor le son con gran desigualdad inferiores en la honestidad y templanza de los deseos porque ,

no descubre un pequeño sentimiento de los deleites moderados (¿mundanos?), antes se embebe-


ce todo en los gozos ó en las tristezas del ánimo.

DE DON DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO.


(En su República Literaria , impresa en 1603.

Ya en tiempos mas cultos escribió Garcilaso y con la fuerza de su ingenio y natural y la co-
,

municación con los extranjeros puso en un grado muy levantado la poesía. Fué príncipe de la
lírica y con dulzura gravedad y maravillosa pureza de voces descubrió los sentimientos del al-
, ,

ma y como estos son tan propios de las canciones y elogios por eso en ella se venció á sí mis-
; ,

mo, declarando con elegancia y moviéndolos á lo que pretendía. Si en los sonetos es


los afectos
alguna vez descuidado, la culpa tienen los tiempos que alcanzó. En las églogas con mucho deco-
ro usa de dicciones sencillas y elegantes y de palabras candidas, que saben al campo y á la rusti-
quez de la aldea pero no sin gracia ni con profunda ignorancia y vejez, como hicieron Mantuano
;

y Encina en sus églogas, porque templa lo rústico con la pureza de voces propias, imitando á
Virgilio.

P. XVI. i
GARCILASO DE LA VEGA.
¿Qué hará el enemigo? De mi cantar pues yo te vi agradada (12),
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo. Tanto, que no pudiera el mautuano
Por tí ei silencio de la selva umbrosa, Titiro ser de ti mas alabado.
Por tí la esquividad y apartamiento No soy pues, bien mirado,
Del solitario monte me agradaba Tan disforme ni feo
Por tí la verde yerba, el fresco viento, Que aun agora me veo
El blanco lirio y colorada rosa En esta agua que corre clara y pura
Y dulce primavera deseaba. Y cierto no trocara mi figura
¡Ay, cuánto me engañaba! Con ese que de mí se está riendo (15);
Ay, cuan diferente era Trocara mi ventura.
Y cuan de otra manera Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.
Lo que en tu falso pecho se escondía! ¿ Cómo te vine en tanto menosprecio?
Bien claro con su voz me lo decia Cómo te fui tan presto aborrecible?
La siniestra corneja, repitiendo Cómo te faltó en mí el conocimiento?
La desventura mia. Si no tuvieras condición terrible,
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo. Siempre fuera tenido de tí en precio,
¡Cuántas veces,"durmiendo en la floresta, Y no viera de tí este apartamiento (14).
Reputándolo yo por desvarío, ¿No sabes que sin cuento
Vi mi mal entre sueños, desdichado! Buscan en el estío
Soñaba que en el tiempo del eslío Mis ovejas el frió
Llevaba, por pasar allí la siesta, De de Cuenca, y el gobierno
la sierra
A beber en el Tajo mi ganado; Del abrigado Extremo en el invierno?
Y después de llegado, Mas qué vale el tener, si derritiendo
¡

Sin saber de cuál arte, Me estoy en llanto eterno


Por desusada parte Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.
Y por nuevo camino el agua se iba; Con mi llorar las piedras enternecen
Ardiendo ya con la calor estiva Su natural dureza y la quebrantan
El curso enajenado iba siguiendo Los árboles parece que se inclinan
Del agua fugitiva. Las aves que me escuchan ; cuando cantan,
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo. Con diferente voz se condolecen
Tu dulce habla ¿en cuya oreja suena? Y mi morir cantando me adivinan.
Tus claros ojos ¿á quién los volviste? Las fieras que reclinan
¿Por quién tan sin respeto me trocaste? Su cuerpo fatigado,
Tu quebrantada fe¿dó la pusiste? Dejan el sosegado
¿Cuál es el cuello que como en cadena Sueño por escuchar mi llanto triste.
De tus hermosos brazos anudaste? (8) Tú sola contra mí te endureciste
No hay corazón que baste, Los ojos aun siquiera no volviendo
Aunque fuese de piedra, A lo que tú hiciste (15).
Viendo mi amada hiedra, Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.
De mí arrancada, en otro muro asida, Mas ya que á socorrerme aquí no vienes,
Y mi parra en otro olmo entretejida No dejes el lugar que tanto amaste
Que no se esté con llanto deshaciendo Que bien podrás venir de mí segura
Hasta acabar la vida. Yo dejaré el lugar do me dejaste;
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo. Ven, si por solo esto te detienes.
¿Qué no se esperará de aquí adelante, Ves aquí un prado lleno de verdura,
Por difícil que sea y por incierto? Ves aquí una espesura,
O ¿qué discordia no será juntada? Ves aquí una agua clara,
Y juntamente ¿qué tendrá por cierto (9), En otro tiempo cara,
O qué de hoy mas no temerá el amante, A quien de tí con lágrimas me quejo.
Siendo á todo materia por ti dada? Quizá aquí hallarás, pues yo me alejo,
Cuando tú enajenada Al que todo mi bien quitarme puede;
De mí, cuitado, fuiste (10), Que pues el bien le dejo,
Notable causa diste Ño es mucho que lugar también le quede. —
Y ejemplo á todos cuantos cubre el cielo, Aquí dio fin á su cantar Salicio,
Que el mas seguro tema con recelo Y sospirando en el postrero acento,
Perder lo que estuviere poseyendo. Soltó de llanto una profunda vena.
Salid fuera sin duelo, Queriendo el monte al grave sentimiento
Salid sin duelo, lagrinfas , corriendo. De aquel dolor en algo ser propicio,
Materia diste al mundo de esperanza Con la pasada voz retumba y suena.
De alcanzar lo imposible y no pensado, La blanda Filomena (16),
Y de hacer juntar lo diferente, Casi como dolida
Dando á quien diste el corazón malvado, Y á compasión movida,
Quitándolo de mí con tal mudanza Dulcemente responde al son lloroso.
Que siempre sonará de! gente en gente. Lo que cantó tras esto Nemoroso (17)
La cordera pacienle Decidlo vos, Piérides; que tanto
Con el lobo hambriento No puedo yo ni oso,
Hará su ayuntamiento, Que siento enflaquecer mi débil canto.
Y con las simples aves sin ruido
Harán las bravas sierpes ya su nido; NEMOROSO.
Que mayor diferencia comprehendo Corrientes aguas, puras, cristalinas;
De tí al que has escogido. Arboles que os estáis mirando en ellas,
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.
Siempre de nueva leche en el verano Y en el invierno abundo en mi majada ;

Y en el invierno abundo; en mi majada La manteca y el queso está sobrado.


La manteca y el queso está sobrado (11); (12) De mi cantar pues yo te via agradada.— Texto de Ulloa.
(15) Con ese que de mí se está revendo. Id.
(8) De tus hermosos brazos añudaste. —Textos antiguos,
y tam- Y no viera tan triste apartamiento.— Texto de Azara.
(14)
bién el de Tamayo y Marchena.
(15) Así en Tamayo y Azara; Ulloa, Herrera y otros ponen :

9¡ Así Herrera. Textos antiguos y el de Azara


y Marchena dicen A los que tú heciste.
terna.
(10) De mi cuidado fuiste— Texto de Herrera. (16) Sánchez Brócense y Azara leen blanda; Ulloa y Herrera,
el
(11) Herrera lee :
blanca; Tamayo opina en favor de la primera lección.
Siempre de nueva lecue eu el verano (17) Dílaombre Nemoroso se formó un adjetivo, que pocticamen-
ÉGLOGAS.
Verde prado de fresca sombra Heno, Andábamos cogiendo tiernas flores,
Aves que aquí sembráis vuestras querellas, Que había de ver con largo apartamiento
Hiedra que por los árboles caminas, Venir el triste y solitario dia
Torciendo el paso por su verde seno; Que diese amargo fin á mis amores?
Yo me vi tan ajeno El cielo en mis dolores
Del grave mal que siento, Cargóla mano tanto,
Que de puro contento Que á sempiterno llanto
Con vuestra soledad me recreaba Y á triste soledad me ha condenado;
Donde con dulce sueño reposaba Y loque siento mas es verme atado
O con el pensamiento discurría A la pesada vida y enojosa,
Por donde no hallaba Solo, desamparado,
Sino memorias llenas de alegría Ciego sin lumbre en cárcel tenebrosa.
Y en este mismo valle, donde agora Después que nos dejaste, nunca pace
Me entristezco y me canso, en el reposo En hartura el ganado ya, ni acude (23)
Estuve ya contento y descansado (18). El campo al labrador con mano llena.
¡Oh bien caduco, vano y presuroso! No hay bien que en mal no se convierta y mude (24):
Acuerdóme durmiendo aquí algún hora, La mala yerba al trigo ahoga, y nace
Que despertando, á Elisa vi á mi lado. En lugar suyo la infelice avena;
¡Oh miserable hado! La tierra, que de buena
Oh tela delicada. Gana nos producía
Antes de tiempo dada Flores con que solía
A los agudos filos de la muerte Quitar en solo vellas mil enojos
Mas convenible fuera aquesta suerte (19) Produce agora en cambio estos abrojos,
A los cansados años de mi vida, Ya de rigor de espinas intratable
Que es mas que el hierro fuerte, Y yo hago con mis ojos
Pues no la ha quebrantado tu partida (20). Crecer, llorando, el fruto mi sera ble (25).
¿Dó están agora aquellos cluros ojos Como al partir del sol la sombra crece,
Que llevaban tras sí como colgada Y en cayendo su rayo se levanta
Mi ánima doquier que se volvian?(21) La negra escuridad que el mundo cubre,
Dó está la blanca mano delicada, De do viene el temor que nos espanta
Llena de vencimientos y despojos Y la medrosa forma en que se ofrece
Que de mí mis sentidos le ofrecían? Aquello que la noche nos encubre,
Los cabellos que vian Hasta que el sol descubre
Con gran desprecio al oro, Su luz pura y hermosa;
Como á menor tesoro, Tal es la tenebrosa
¿Adonde están? Adonde el blanco pecho? (22) Noche de tu parlir, en que he quedado
¿Dó la coluna que el dorado techo De sombra y de temor atormentado,
Con presunción graciosa sostenía? Hasta que muerte el tiempo determine
Aquesto todo agora ya se encierra, Que á ver el deseado
Por desventura mía, Sol de tu clara vista me encamine.
En la fria, desierta y dura tierra. Cual suele el ruiseñor con triste canto
¿Quién me dijera, Elisa, vida mia, Quejarse, entre las hojas escondido,
Cuando en aqueste valle al fresco viento Del duro labrador, que cautamente
Le despojó su caro y dulce nido
te se lia aplicado á las
cosas propias de bosques, al lugar lleno De los tiernos hijuelos entre tanto
de bosques, y aun á lo que tiene mucha frondosidad. Que del amado ramo estaba ausente,
Cairasco de Figueroa, en su Templo militante, al tratar de los Y aquel dolor que siente
reyes magos , dice :
Con diferencia tanta
Por la dulce garganta
Ya del rico Oriente van dejando
Atrás el nemoroso sitio ameno.
Despide, y á su canto el aire suena,
Y la callada noche no refrena
Lope de Vega, en la Arcadia, escribe Donde con leche de cabras :
Su lamentable oficio y sus querellas,
montesas, nemorosas ciervas y silvestres osas fué criado. Trayendo de su pena
(18) Estuve yo contento y descansado.— Texto de Asara. Al cielo por testigo y las estrellas;
(19) Mas convenible suerte.— Asi ülloa, así la edición de Anvers Desta manera suelto yo la rienda (26)
de 1576 y otros. Debe ser verso endecasílabo. A mi dolor, y así me quejo en vano
(20) Pues que no la ha quebrantado tu partida.— Tarto de Moa. De la dureza de la muerte airada.
(21) UUoa , Herrera y Tamayo ponen :
Ella en mi corazón metió la mano,
Mi alma do quier que ellos se volvían. Y de allí me llevó mi dulce prenda;
Que aquel era su nido y su morada.
(22) El texto de Ulloa dice :
¡A y muerte arrebatada
¿Adrinde están? Adrinde el blanco pecho Por ti me<estoy quejando
De la columna que el dorado techo. Al cielo y enojando
El de Herrera :
Con importuno llanto al mundo todo:
Tan desigual dolor no sufre modo (27).
¿Adrinde están? ¿Adonde el blando pecho? No me podrán quitar el dolorido
¿Dó la columna que el dorado techo. Sentir, si ya del todo
Según la enmienda que propone el mismo Herrera, debería leerse
Primero no me quitan el sentido.
Una parte guardé de tus cabellos (28),
¿Adrinde están? Adrinde el blanco pecho? Elisa, envueltos en un blanco paño,
¿Dó la columna que el dorado techo
Sostenía ? Todo esto ya se cierra
Que nunca de mi seno se me apartan;
Sombra y ceniza hedió.
(23) En hartura el ganado, ya ni acude
También propone este verso : El campo al labrador con mano llena.— Texto de Ulloa.
En ceniza deshecho. (24) Lope se sirvió de este verso en el segundo terceto de un so-

Tamayo nos dice que Luis Tribaldos de Toledo creia evitar los neto escrito con versos del Camoes, de Ariosto, de Horacio, etc.
yerros que se advierten en esta estancia con decir : (25) Asi Sánchez y Azara ; Ulloa , Herrera y Tamayo ponen llo-
viendo por llorando.
Los cabellos que vian
Con gran desprecio el oro, (26) Desta manera suelto ya la rienda. —
Así Ulloa, Sánchez, Her-
Como á menor tesoro, rera y Tamayo. Azara siguió la enmienda propuesta por este.
¿Dó están? dó la columna que algún dia (27) El desigual dolor no sufre modo. Texto de Herrera.
Con presunción su gloria sostenía? (28) Tengo una parte aquí de tus cabellos.— Textos de Ulloa y
Aquesto todo, etc. Herrera,
GARCILASO DE LA VEGA.
Descójolos, y de un dolor tamaño
Enternecerme siento, que sobre ellos ÉGLOGA II.
Nunca mis ojos de llorar se hartan.
Sin que de allí se parlan, ALBANIO, SALICIO, CAMILO, NEMOROSO.
Con suspiros calientes,
Ma^ que la llama ardientes.
de consuno ALBANIO.
Los enjugo del llanto, y
Casi los paso y cuento uno á uno; En medio delinvierno está templada
Jamándolos/con un cordón los ato. El agua dulce desta clara fuente (1),
Tras esto el importuno Y en el verano mas que nieve helada.
Dolor me deja descansar un rato. Oh claras ondas, cómo veo presente,
¡

Mas luego á la memoria se me ofrece En viéndoos , la memoria de aquel dia


Aquella noche tenebrosa, escura, De que el alma temblar y arder se siente!
Que siempre aflige esta ánima mezquina (29) En vuestra claridad vi mi alegría
Con la memoria de mi desventura. Escurecerse toda y enturbiarse
Verle presente agora me parece Cuando os cobré perdí mi compañía.
En aquel duro trance de Lucina ¿A quién pudiera igual tormento darse,
Y aquella voz divina, Que con lo que descansa oítro afligido
Con cuyo son y acentos Venga mi corazón á atormentarse?
A los airados vientos El dulce murmurar de este ruido,
Pudieras amansar, que agora es muda (30); El mover de los árboles al viento,
Me parece que oigo que á la cruda, El suave olor del prado florecido,
Inexorable diosa demandabas Podrían tornar, de enfermo y descontento,
En aquel paso ayuda ; Cualquier pastor del mundo, alegre y sano;
Y tú, rústica diosa, ¿dónde estabas? Yo solo en tanto bien morir me siento.
¿Ibale tanto en perseguir las lieras? ¡Oh hermosura sobre el ser humano!
Ibale ianto en un pastor dormido'.' Oh claros ojos! Oh cabellos de oro
¿Cosa pudo bastar á tal crueza, Oh cuello de marfil! Oh blanca mano!
Que conmovida á compasión , oido
, ¿Cómo puede ora ser que en triste lloro
Á los votos y lágrimas no dieras Se convirtiese tan alegre vida
Por no ver hecha tierra tal belleza Y en tal pobreza lodo mi tesoro?
O no verla tristeza Quiero mudar lugar, y á la partida
En que tu Nemoroso Quizá me dejará parte del daño
Queda que su reposo
, Que tiene el alma casi consumida.
Era seguiría oficio, persiguiendo ("]) ¡Cuan vano imaginar, cuan claro engaño
Las lieras por los montes y ofreciendo
, Es darme yo á entender que con partirme,
A tus sagradas aras los despojos? De mí se ha de partir un mal tamaño!
¿Y tú ingrata , riendo
, Ay miembros fatigados , y cuan firme
¡

Dejas morir mi bien ante mis ojos? (32) Es el dolor que os cansa y enflaquece
Divina Elisa , pues agora el cielo ¡
Oh si pudiese un rato aquí adormirme! (2)
Con inmortales pies pisas y mides, Al que velando el bien nunca se ofrece,
Y su mudanza ves , estando quechi Quizá que el sueño le dará durmiendo
¿Por qué de mí te olvidas, y no pides Algún placer, que presto desparece (3).
Que se apresure el tiempo en que esle velo En tus manos ¡oh sueño! me encomiendo.
Rompa del cuerpo, y verme libre pueda,-
Y en la tercera rueda
Contigo mano á mano ¡Cuan bienaventurado (4)
Busquemos otro llano, Aquel puede llamarse
Busquemos otros montes y otros ríos Que con la dulce soledad se abraza
Otros valles floridos y sombríos Y vive descuidado,
Donde descanse y siempre pueda verte (55) Y lejos de empacharse
Ante los ojosmios, En lo que al alma impide y embaraza
Sin miedo y sobresalto de perderte? Nove la llena plaza,
Nunca pusieran fin al triste lloro Ni la soberbia puerta
Los pastores, ni fueran acabadas
Las canciones que solo el monte oia (1)Hoy tiene en Datres, antigua posesión de los señores desta
Si mirando las nubes coloradas casa, el nombre de Garcilaso, y como ilustre monumento de sus
Al trasmontar del sol bordadas de oro, escritos se venera. Don Tomás Tamayo de Vargas.
¡So vieran que era ya pasado el dia. Artieda, en su Artemidoro, dice : Y de ahí viene que siendo el
La sombra se veía articulo masculino, le propone á palabras femeninas, como son : el
Venir corriendo apriesa alma, el agua, según se ve en la égloga segunda.
Ya por la falda espesa
En medio del invierno está templada
Del altísimo monte, y recordando El agua dulce desta clara fuente,
Ambos como de sueño, y acabando Y en el verano mas que nieve helada.
El fugitivo sol, de luz escaso,
Lo que sin duda debió hacer por evitar el hiato ó quiebra que
1

Su ganado llevando.
Se fueron recogiendo paso á paso. hay siempre y cuando la palabra femenina comienza con vocal,
poique entonces precediendo el articulo el suena muy mejor al
(29) Onetanto aflige esta ánima mezquina.— Texto de Herrera. oido.
(30) El texto de Ulloa dice erradamente : (2) Así Ulloa.
Con cuyo son y acentos (3) Algún placer,que presto desfallece.— Texto de Herrera.
Y los airados vientos (4) Imitación de la sabida oda de Horacio: Beatus Ule quiprocul
Pudieron amansar, etc. 'negó tus.
El de la edición de Anvers se asemeja al que sigo. Solo en vez Este principio de Garciuso ha sido también muy imitado. Lope
de pudieras dice pudieron. en una canción entra diciendo :
(31) Sigo el texto de Herrera, Ulloa y Tamr.yo. Azara pone :
¡Cuan bienaventurado
Era. seguir su oficio persiguiendo. Aquel puede llamarse justamente!
(32) Dejas morir mi bien ante los ojos. — Textos de Herrera y En la comedia Los Tellos de Meneses hay una relación con este
Tamayo.
principio :
(35) Sigo de Herrera ; Tamayo, Azara y Marchena ponen:
el texto
Do descansar y siempre pueda verte. ¡Cuan bienaventurado
Ulloa : Puede llamarse el hombre!
Donde descansar y siempre pueda verte. Hay muchísimas mas imitaciones, que no es del caso enumerar.
ÉGLOGAS-
De los grandes señores, Yo estábate creyendo como loco.
Ni los aduladores ¡Oh cuitado de mí! Tú vas volando (9)
A quien la hambre del favor despierta Con prestas alas por la ebúrnea puerta;
No le será forzoso Yo quedóme tendido aquí llorando.
Rogar, fingir, temer y estar quejoso. ¿No basta el grave mal en que despierta
A la sombra holgando El alma vive, ó por mejor decillo,
De un alto pino ó robre, Está muriendo de una vida incierta?
O de alguna robusta y verde encina salício.
El ganado contando
De su manada pobre; Albanio, deja el llanto, que en oillo
Que por la verde selva se avecina Me aflijo.
Plata cendrada y fina,
albanio.
Oro luciente y puro,
Bajo y parece,
vil le ¿Quién presente está á mi duelo?
Y tanto lo aborrece. salício.
Que aun no piensa que dello está seguro;
Y como está en su seso Aquí está quien te ayudará á sentillo.
Rehuye la cerviz del grave peso. albanio.
Convida á dulce sueño
Aquel manso ruido ¿Aqui estás tú, Salício? Gran consuelo
Del agua que la clara fuente envía Me fuera en cualquier mal tucompañía;
Y las aves sin dueño Mas tengo en esto por contrario al cielo.
Con canto no aprendido salício.
Hinchen el aire de dulce armonía;
Háceles compañía, Parte de tu trabajo ya me había
Ala sombra volando, Contado Galafron, que fué presente
Y entre varios olores En aqueste lugar el mismo día;
Gustando tiernas flores Mas no supo decir del accidente
La solícita abeja susurrando La causa principal bien que pensaba
;

Los árboles y el viento Que era mal que decir no se consiente;


Al sueño ayudan con su movimiento. Y á la sazón en la ciudad yo estaba
¿Quién duerme aquí? ¿Dó está que no le veo? Como tú sabes bien, aparejando
¡ Oh helo allí. Dichoso tú, que aflojas
!
Aquel largo camino que esperaba;
La cuerda al pensamiento ó al deseo. Y esto que digo me contaron cuando
¡Oh natura, cuan pocas obras cojas Torné á volver ; mas yo te ruego agora,
En el mundo son hechas por tu mano! Si esto no es enojoso que demando,
Creciendo el bien, menguando las congojas, Que particularmente el punto y hora
El sueño diste al corazón humano La causa, el daño cuentes y el proceso;
Para que al despertar mas se alegrase Que el mal comunicado se mejora (10).
Del estado gozoso, alegre y sano (5); albanio:
Que, como si de nuevo le hallase,
Hace aquel intervalo que ha pasado Con un amigo tal verdad es eso
Que el nuevo gusto nunca al bien se pase (6). Cuando el mal sufre cura, mi Salício;
Y al que de pensamiento fatigado Mas este ha penetrado hasta el hueso.
El sueño baña con licor piadoso Verdad es que la vida y ejercicio
Curando el corazón despedazado Común, y el amistad que á ti me ayunta
Aquel breve descanso, aquel reposo Mandan que complacerte sea mi oficio;
Basta para cobrar de nuevo aliento Mas ¿qué haré? que el alma ya barrunta,
Con que se pasa el curso trabajoso. Que quiero renovar en la memoria
Llegarme quiero cerca con buen tiento, La herida mortal de aguda punta;
Y ver, si de mí fuere conocido, Y póneme delante aquella gloría
Si es delnúmero triste ó del contento. Pasada, y la presente desventura,
Albanio es este que está aquí dormido Para espantarme de la horrible historia.
O yo conozco mal. Albanio, es cierto. Por otra parte, pienso que es cordura
Duerme, garzón cansado y afligido. Renovar tanto el mal que me atormenta,
¡Por cuan mejor librado tengo un muerto Que á morir venga de tristeza pura.
Que acaba el curso de la vida humana Y por esto, Salício, entera cuenta
Y es reducido á mas seguro puerto (7), Te daré de mi mal como pudiere,
Que el que, viviendo acá, de vida ufana Aunque el alma rehuya y no consienta.
Y de estado gozoso, noble y alto Quise bien, y querré mientras rigiere
Es derrocado de fortuna insana! Aquestos miembros el espirtu mió
Dicen que este mancebo dio un gran salto: Aquella por quien muero, si muriere.
Que de amorosos bienes fué abundante, En este amor no entré por desvarío,
Y agora es pobre, miserable y falto. Ni le traté, como otros, con engaños,
No sé la historia bien mas quien delante
; Ni fué por elección de mi albedrío.
Se halló al duelo me contó algún poco Desde mis tiernos y primeros años
Del grave caso deste pobre amante. A aquella parte me inclinó mi estrella
Y á aquel fiero destino de mis daños.
ALBANIO. Tú conociste bien una doncella
¿Es esto sueño, ó ciertamente toco De mi sangre y abuelos decendida
La blanca mano? ¡Ah sueño! ¿estás burlando? (8) Mas que la misma hermosura bella.
En su verde niñez, siendo ofrecida
(5) Según Tamayo , se leía en uno de los manuscritos : Por montes y por selvas á Diana
Del estado gustoso, alegre, ufano. Ejercitaba allí su edad florida.
(6) mismo Tamayo tratando de este verso dice
El , , Yo, que desde la noche á la mañana
«Don Francisco Gómez de Quevedo, ejemplo de las ingeniosida- Y del un sol al otro, sin cansarme,
des de los nobles de nuestra nación , me escribe que le parece que Seguía la caza con estudio y gana,
se ha de leer así
Que en nuevo gusto nunca el bien se pase. (9) Según Homero y
Virgilio al sueño se daban dos puertas : la
Basta su parecer para que se siga.» de marfil, por donde salían los sueños falsos; la de cuerno, por
(7) Sigo á Herrera ; otros dicen conducido. donde salían los verdaderos.
18) Azara dice : (10) ülloa dice :

¿La blanca mano? bueno, ¿estás burlando? ftue el mal comunicando se mejora,
GARCILASODELAVEGA.
Por deudo y ejercicio á conformarme Apenas era suelto, cuando junto
Vine con ella en tal domestiqueza, Estaba con los otros y mezclado
Que della un punto no sabia apartarme. Secutando el efecto de su asunto.
Iba de un hora en otra la estrecheza A cuantos era el hilo enmarañado
Haciéndose mayor, acompañada Por alas ó por pies ó por cabeza
De un amor sano y lleno de pureza (11). Todos venían al suelo mal su grado.
¿Qué montaña dejó de ser pisada Andaban forcejando una gran pieza
De nuestros pies? Qué bosque ó selva umbrosa A su pesar y á mucho placer nuestro
No fué de nuestra caza fatigada? Que así de un mal ajeno bien se empieza.
Siempre con mano larga y abundosa Acuérdaseme agora que el siniestro
Con parte de la caza visitando Canto de la corneja y el agüero
El sacro altar de nuestra santa diosa. Para escaparse no le fué maestro.
La colmilluda testa ora llevando (12) Cuando una dellas, como es muy ligero,
Del puerco jabalí cerdoso y fiero, A nuestras manos viva nos venia,
Del peligro pasado razonando Era prisión de mas de un prisionero.
. Ora clavando del ciervo ligero La cual á un llano grande yo traia
En algún sacro pino los ganchosos A do muchas cornejas andar juntas
Cuernos, con puro corazón sincero O por el suelo ó por el aire via ;
Tornábamos contentos y gozosos Clavándola en la tierra por las puntas
Y al disponer de lo que nos quedaba, Extremas de las alas, sin rompellas.
Jamás me acuerdo de quedar quejosos. Seguíase lo que apenas tú barruntas.
Cualquiera caza á entrambos agradaba; Parecía que mirando á las estrellas,
Pero la de las simples avecillas Clavada boca arriba en aquel suelo
Menos trabajo y mas placer nos daba. Estaba contemplando el curso dellas (14).
En mostrando el aurora sus mejillas De allí nos alejábamos, y el cielo
De rosa, y sus cabellos de oro fino Rompia con gritos ella, y convocaba (15)
Humedeciendo ya las florecillas, De las cornejas el superno vuelo.
Nosotros, yendo fuera de camino, En un solo momento se ayuntaba
Buscábamos un valle, el mas secreto Una gran muchedumbre presurosa
Y de conversación menos vecino A socorrer la que en el suelo estaba.
Aquí con una red, de muy perfelo Cercábanla, y alguna, mas piadosa
Verde teñida, aquel valle atajábamos Del mal ajeno de la compañera
Muy sin rumor, con paso muy quieto. Que del suyo avisada, ó temerosa (16),
De dos árboles altos la colgábamos, Llegábase muy cerca, y la primera
Y habiéndonos un poco lejos ido, Que esto hacia, pagaba su inocencia
Hacia la red armada nos torna hamos, Con prisión ó con muerte lastimera.
Y por lo mas espeso y escondido Con tal fuerza la presa y tal violencia
Los árboles y matas sacudiendo Se engarrafaba de la que venia,
Turbábamos con ruido.
el valle Que no se despidiera sin licencia.
Zorzales, tordos, mirlas, que temiendo Ya puedes ver cuan gran placer seria
Delante de nosotros, espantados Ver, de una por soltarse y desasirse
Del peligro menor, iban huyendo, De otra por socorrerse, la porfía.
Daban en el mayor, desatinados, Al fin la fiera lucha al despartirse
Quedando en la sutil red engañosa Venia por nuestra mano, y la cuitada
Confusamente todos enredados. Del bien hecho empezaba á arrepentirse.
Y entonces era vellos una cosa ¿Qué me dirás si con la mano alzada
Extraña y agradable, dando gritos, Haciendo la nocturna centinela
Y con voz lamentándose quejosa. La grulla de nosotros fué engañada? (17)
Algunos dellos, que eran infinitos, No aprovechaba al ánsar la cautela (18),
Su libertad buscaban revolando; Ni ser siempre sagaz descubridora
Otros estaban miseros y aflitos. De nocturnos engaños con su vela.
Al fin las cuerdas de la red tirando Ni al blanco cisne que en las aguas mora
Llevabámosla juntos casi llena Por no morir como Faetón en fuego
La caza á cuestas y la red cargando (13). Del cual el triste caso canta y llora.
Cuando el húmido otoño ya refrena Y tú, perdiz cuitada, ¿piensas luego
Del seco estío el gran calor ardiente, Que en huyendo del techo estás segura?
Y va faltando sombra á Filomena, En el campo turbamos tu sosiego.
Con otra caza desta diferente, A ningún ave ó animal natura
Aunque tcmbien de vida ociosa y blanda Dotó de tanta astucia, que no fuese
Pasábamos el tiempo alegremente. Vencido al fin de nuestra astucia pura.
Entonces siempre, como sabes, anda por menudo de contarte hubiese
Si
De estorninos volando á cada parte De aquesta vida cada partecilla
Acá y allá la espesa y negra banda. Temo que antes del fin anocheciese.
Y cierto aquesto es cosa de contarte, Basta saber que aquesta tan sencilla
Como con los que andaban por el viento Y tan pura amistad, quiso mi hado
Usábamos también de astucia y arte. En diferente especie conyertilla :

Uno vivo primero de aquel cuento En un amor tan fuerte y tan sobrado,
Tomábamos , y en esto sin fatiga Y en un desasosiego no creíble,
Era cumplido luego nuestro intento; Tal, que no me conozco, de trocado.
Al pié del cual un hilo, untado en liga, El placer de miralla, con terrible
Alado, le soltábamos al punto Y fiero desear sentí mezclarse,
Que via volar aquella banda amiga. Que siempre me llevaba á lo imposible.
La pena de su ausencia vi mudarse,
(M) Ulloa escribe :

De un amor llano y lleno de pureza. (14) Asi ponen este terceto Ulloa, Herrera y Tamayo. Azara lo es-
cribe de este modo :

(12) Pacheco, en su Arte de la pintura, al citar este verso, dice:


Parecía mirando á las estrellas,
«También los desta calidad, alabando una cabeza pintada, dicen
Clavada boca arriba en aquel suelo,
en italiano que es buena testa; pero en español testa es la del ja- Que estaba contemplando el curso dellas.
balí, como lo dijo elegantemente nuestro poeta.»
Asi Ulloa, Herrera y Tamayo ; Azara pone Rompia á gritos,
(15)
(13) Asi Ulloa y Herrera, á mas de otras antiguas ediciones;Ta-
(16> Que del suyo avisada y temerosa.— Asi Herrera.
mayo y Azara leen : La grúa de nosotros fué engañada.— Texto de Herrera.
(17)
La caza á cuestas y la red colgando. (18) No aprovechaba alcanzar la cautcla.-^Ta/e de Ulloa.
ÉGLOGAS.
Que al enemigo entrega su despojo,
No en pena, no en congoja, en cruda muerte, Y pone su poder en otra mano?
Y en fuego eterno el alma atormentarse.
¿Cómo, y no tienes ora algún enojo
A aqueste estado en fin mi dura suerte
De ver que amor tu misma lengua ataje,
Me trujo poco á poco, y no pensara O la desate por su solo antojo?
Que contra mí pudiera ser mas fuerte
Si con mi grave daño no probara ALBANIO.
Que, en comparación de esta, aquella vida
Salicio amigo, cese este lenguaje ;
Cualquiera por descanso la juzgara.
Cierra tu boca, y mas aquí no la abras
Ser debe aquesta historia aborrecida
De tus orejas ya, que así atormenta (19) Yo siento mi dolor, y tú mi ultraje.
¿Para qué son magníficas palabras?
Mi lengua y mi memoria entristecida.
¿Quién te hizo filósofo elocuente (2o),
Decir va mas no es bien que se consienta ;
Siendo pastor de ovejas y de cabras?
Junto todo mi bien perdí en una hora
¡Oh cuitado de mí, cuan fácilmente
Y esta es la suma, en fin de aquesta cuenta (¿0).
,

Con expedida lengua y rigurosa


SALICIO. El sano da consejos al doliente!
si tu mal comunicaras
Albanio,
Con que pensaras que tu pena
otro,
Juzgaba como ajena, ó que este fuego No te aconsejo yo, ni digo cosa

Nunca probó, ni el juego peligroso Para que debas tú por ella darme
De que tú estás quejoso yo confieso ,
Respuesta tan aceda y tan odiosa.
Que fuera bueno aqueso que hora haces (21); Ruégote que tu mal quieras contarme,
Mas si tú me deshaces con tus quejas, _ Porque del pueda tanto entristecerme,
¿Por qué agora me dejas como a extraño, Cuanto suelo del bien tuyo alegrarme.
Sin dar de aqueste daño fin al cuento? ALBANIO.
¿Piensas que tu tormento como nuevo
Escucho, y que no pruebo, por mi suerte, Pues va de ti no puedo defenderme,
Aquesta viva muerte en las entrañas? Yo tornaré á mi cuento cuando hayas
Si no con todas mañas ó experiencia (22) Prometido una gracia concederme ;
Esta grave dolencia se desecha, Y es, que en oyendo el fin, luego te vayas
Al menos aprovecha, yo te digo Y me dejes llorar mi desventura
Para que de un amigo que adolezca Entre estos pinos solo y estas hayas.
Otro se condolezca, que ha llegado SALICIO.
De bien acuchillado á ser maestro (25).
Así que, pues te muestro abiertamente Aunque pedir tú eso no es cordura,
Que no estoy inocente deslos males Yo seré dulce mas que sano amigo,
Que aun traigo las señales de las llagas, Y daré bien lugar á tu tristura.
No es bien qiie tú te hagas tan esquivo; ALBANIO.
Que mientras estás vivo, ser podria
Que por alguna via te avisase, Hora, Salicio, escucha lo que digo;
O contigo llorase; que no es malo Y vos, oh ninfas deste bosque umbroso,
Tener al pié del palo quien se duela (24) A do quiera que estéis, estad conmigo (2G).
Del mal, y sin cautela te aconseje. Ya te conté el estado tan dichoso
A do me puso amor, si en él yo firme
ALBANIO. Pudiera sostenerme con reposo;
Tú quieres queforceje y que contraste Mas, como de callar y de encubrirme
Con quien al fin no baste á derrocalle. De aquella por quien vivo me encendía
Amor quiere que calle; yo no puedo Llegué va casi al punto de morirme,
Mover el paso un dedo sin gran mengua. Mil veces ella preguntó qué había,
El tiene de mi lengua el movimiento ; Y me rogó que el mal le descubriese,
Asi que no me siento ser bastante. Que mi rostro y color le descubría.
Mas no acabó con cuanto me dijese,
SALICIO.
Que de mí á su pregunta otra respuesta
¿Qué pone delante que te impida
te Que un suspiro con lágrimas hubiese.
El descubrir tu vida al que librarte Aconteció que en una ardiente siesta,
Del mal alguna parte cierto espera? Viniendo de la caza fatigados,
En el mejor lugar desta fl resta
ALBANIO. Que es este donde estamos asentados,
quiere que muera sin reparo
Amor A la sombra de un árbol aflojamos
Y conociendo claro que bastaba Las cuerdas á los arcos trabajados.
Lo que yo descansaba en este llanto En aquel prado allí nos reclinamos,
Contigo, á que entre tanto me aliviase Y del céfiro fresco recogiendo
Y aquel tiempo probase á sostenerme El agradable espirtu respiramos.
,

Por mas presto perderme, como injusto, Las flores á los ojos ofreciendo
,

Me ha ya quitado el gusto que tenia Diversidad extraña de pintura,


De echar la pena mia por la boca. Diversamente así estaban oliendo.
Así que ya no toca nada del'.o Y en medio aquesta fuente clara y pura
A querer sabello, ni contallo
ti Que como de cristal resplandecía
A quien solo pasallo le conviene, Mostrando abiertamente su hondura,
Y muerte solo por alivio tiene. El arena, que de oro parecía
De blancas pedrezuelas variada,
SALICIO.
Por do manaba el agua, se bullía.
¿Quién es contra su ser tan inhnmano, En derredor ni sola una pisada
De fiera ó de pastor ó de ganado
(19) Así Herrera; otros leen : A la sazón estaba señalada.
De tus orejas, ya que así atormenta. Después que con el agua resfriado
(20) Sigo a Herrera ; otros ponen : Hubimos el calor, y juntamente
Y esta es la suma, en tin, de aquella cuenta.
(23) El licenciado Cristóbal
de Mesa quería que se Ieyc-e retóri-
(21) Otros ponen ahora; sigo á Herrera.
co en vez de filósofo, por ser la
elocuencia mas propia de aquel
11 Si no con mafias ni experiencia.— Texto de Herrera.

(2 ) 2Vo hay mejor cirujano que el bien acuchillado; proverbio an- que de este. .

(26) A do quiera que estáis, estad


conmigo.— Textos de Herrera
tiguo.
fíi) Al pié del palo; término vulgar. Equivale al pié de la horca. y Ulloa.
ÍO GARCILASODELAVEGA.
La sed de todo punto mitigado, «Este descanso llevaré aunque muera,
Ella, que con cuidado diligente Que cada día cantaréis mi muerte
A conocer mi mal tenia el intento, Vosotros, los de Tajo, en su ribera.»
Y á escudriñar el ánimo doliente, La quinta noche, en fin , mi cruda suerte,
Con nuevo ruego y (irme juramento Queriéndome llevar do se rompiese
Me conjuró y rogó que le contase Aquesta tela de la vida fuerte,
La causa de mi grave pensamiento Hizo que de mi choza me saliese
Y si era amor, que no me recelase Por el silencio de la noche escura
De bacelle mi caso manifiesto, A buscar un lugar donde muriese.
Y demostralle aquella que yo amase, Y caminando por do mi ventura
Que me juraba que también en esto Y mis enfermos pies me condujeron,
El verdadero amor que me tenia Llegué á un barranco de muy gran altura.
Con pura voluntad estaba presto. Luego mis ojos le reconocieron
Yo, que tanto callar ya no podía Que pende sobre el agua, y su cimiento
Y claro descubrir menos osaba Las ondas poco á poco le comieron.
Lo que en el alma triste se sentía , Al pié de un olmo hice allí mi asiento,
Le dije que en aquella fuente clara Y acordéme que ya con ella estuve
Vería de aquella que yo tanto amaba Pasando allí la siesta al fresco viento.
Abiertamente la hermosa cara. Y con esta memoria me detuve,
Ella, que ver aquesta deseaba. Como si aquesta fuera medicina
Con menos diligencia discurriendo De mi furor y cuanto mal sostuve.
De aquella con que el paso apresuraba, Denunciaba el aurora ya vecina
A
la pura fontana fué corriendo, La venida del sol resplandeciente,
Y en viendo el agua, toda fué alterada, A quien la tierra, á quien la mar se inclina.
En ella su figura sola viendo. Entonces, como cuando el cisne siente
Y no de otra manera, arrebatada, El ansia postrimera que le aqueja,
Del agua rehuyó, que si estuviera Y tienta el cuerpo mísero y doliente.
De la rabiosa enfermedad tocada. Con triste ylamentable son se queja,
Y mirarme desdeñosa y fiera,
sin , Y se despide con funesto canto
No sé qué allá entre dientes murmurando, Del espirlu vital que del se aleja;
Me dejó aquí , y aquí quiere que muera. Así, aquejado yo de dolor tanto,
Quedé yo triste y solo allí culpando , Que el alma abandonaba ya la humana
Mi temerario osar, mi desvarío, Carne , solté la rienda al triste llanto.
La pérdida del bien considerando. « ¡Oh fiera, dije, mas que tigre hireana,
Creció de tal manera el dolor mió, Y mas sorda á mis quejas que el ruido
Y de mi loco error el desconsuelo, Embravecido de la mar insana
Que liice de mis lágrimas un rio. «Heme entregado, heme aquí rendido,
Fijos los ojos en el alto cielo, Hé aquí vences; toma los despojos
Estuve boca arriba una gran pieza De un cuerpo miserabley afligido.
Tendido, sin moverme en este suelo (27). » Yo pondrédel todo á tus enojos (29),
fin
Y como de un dolor otro se empieza Ya no te ofenderá mi rostro triste ,
El largo llanto, el desvanecimiento, Mi temerosa voz y húmidos ojos.
El vano imaginar de la cabeza, » Quizá tú, que en mi vida no moviste
De mi gran culpa aquel remordimiento, El paso á consolarme en tal estado,
Verme de todo al fin sin esperanza, Ni tu dureza cruda enterneciste
Me trastornaron casi el sentimiento. » Viendo mi cuerpo aquí desamparado,
Cómo desle lugar hice mudanza Vendrás á arrepentí rte y lastimarte (30);
No sé, ni quién de aqui me condujese Mas tu socorro tarde habrá llegado.
Al triste albergue y á mi pojire estanza. «¿Cómo pudiste tan presto olvidarte
Sé que tornando en mi, como estuviese De aquel tan luengo amor, y de sus ciegos
Sin comer y dormir bien cuatro días Nudos en sola una hora desligarte?
Y que el cuerpo de un lugar moviese,
sin «¿No se te acuerda de los dulces juegos
Las ya desamparadas vacas mias Ya de nuestra niñez, que fueron leña
For otro tanto tiempo no gustaron Destos dañosos y encendidos fuegos,
Las verdes yerbas ni las aguas frias. »Cuando la encina desta espesa breña
Los pequeños hijuelos que hallaron
, De sus bellotas dulces despojaba,
Las tetas secas ya de las hambrientas Que íbamos á comer sobre esta peña ?
Madres, bramando al cielo se quejaron. «¿Quién las castañas tiernas derrocaba
Las selvas, á su voz también atentas, Del árbol al subir dificultoso?
Bramando pareció que respondían, Quién en su limpia falda las llevaba?
Condolidas del daño y descontentas. » ¿Cuándo en valle florido, espeso, umbroso
Aquestas cosas nada me movían, Metí jamás el pié, que del no fuese
Antes con mi llorar hacia espantados Cargado á tí de flores y oloroso?
Todos cuantos á verme allí venían. «jurábasme, si ausente yo estuviese,
Vinieron los pastores de ganados, Que ni el agua sabor, ni olor la rosa,
Vinieron de los solos los vaqueros, Ni el prado yerba para tí tuviese.
Para ser de mi mal de mí informados. »¿A quién me quejo, que no escucha cosa
Y todos con los gestos lastimeros De cuantas digo, quien debria escucharme?
Me preguntaban cuáles habían sido Eco sola me muestra ser piadosa
Los accidentes de mi mal primeros. «Respondiéndome pueda conhortarme,
A los cuales, en tierra yo tendido, Como quien probó mal tan importuno
Ninguna otra respuesta dar sabia, Mas no quiere mostrarse y consolarme.
Rompiendo con sollozos mi gemido, »¡Oh dioses! si allá juntos de consuno
Sino de rato en ralo les decia : De los amantes el cuidado os toca
« Vosotros, los de Tajo en su ribera (28), ¡Oh tú solo! si toca á solo uno (31),
Cantaréis la mi muerte cada día. «Recibid las palabras que la boca

(27) Tendido sin mudarme en este suelo. — Textos de Herrera y (29j Sigo á Herrera ; otros dicen :
Ulloa. Yo porné fin del todo á tus enojos.
(28) Tamayo dice «Este fué como presagio del oficio que hace-
: (30) Sigo á Herrera otros dicen :
;

mos ahora sus ciudadanos en su ilustración, y el que espero me- Yernas á arrepentiste y lastimarte.
jorarán las mas felices plumas de los cisnes del Tajo en todos (31) Sigo á Herrera otros ponen
; :

Heñidos.» = ¡Oh tú solo, si loca solo a uno.


ÉGLOGAS. il

Echa con la doliente ánima fuera, Contado te he la causa, el accidente,


Antes que el cuerpo torne en tierra poca. El daño y el proceso todo entero;
»¡Oh náyades, de aquesta mi ribera Cúmpleme tu promesa prestamente.
Corrientes moradoras! Oh napea (53) Y si mi amigo cierto y verdadero
Guarda del verde bosque verdadera! Eres, como yo pienso, vete agora;
«Alce una de vosotras, blanca dea, No estorbes un dolor acerbo y fiero
Del agua su cabeza rubia un poco, Al afligido y triste cuando llora,
Así, ninfa, jamás en tal se vea (53). SALICIO.
«Podré decir que con mis quejas toco
Las divinas orejas no pudiendo
, Tratara de una parte
Las humanas tocar, cuerdo ni loco. Que agora solo siento,
»¡Oh hermosas oreadas, que teniendo Si no pensaras que era dar consuelo.
El gobierno de selvas y montañas Quisiera preguntarte
A caza andáis por ellas discurriendo! Cómo tu pensamiento
»Dejad de perseguir las alimañas; Se derribó tan presto en ese suelo,
Venid á ver un hombre perseguido, O se cubrió de velo,
A quien no valen fuerza ya ni mañas. Para que no mirase
«¡Oh dríades, de amor hermoso nido, Que quien tan luengamente
Dulces y graciosísimas doncellas, Amó, no se consiente
Queá la tarde salisdelo escondido, Que tan presto del todo te olvidase.
»Con los cabellos rubios, que las bellas ¿Que sabes si ella ahora
Espaldas dejan de oro cobijadas, Juntamente su mal y el tuyo llora?
Parad mientes un rato á mis querellas
ALBANIO.
»Y si con mi ventura conjuradas
No estáis, haced que sean las ocasiones Cese ya el artificio
De mi muerte aquí siempre celebradas. De la maestra mano
» ¡Oh lobos, oh osos que por los rincones
, ,
No me hagas pasar tan grave pena.
Destas fieras cavernas escondidos, Harásme tú, Salido,
Estáis oyendo agora mis razones! Irdo nunca pié humano
«Quedaos adiós; que ya vuestros oídos Estampó su pisada en el arena.
De mi zampona fueron halagados, Ella está tan ajena
Y alguna vez de amor enternecidos. De estar desa manera
«Ádios, montañas, adiós, verdes prados, Como tú de pensallo,
Adiós, corrientes rios espumosos Aunque quieres mostrallo
Vivid sin mí con siglos prolongados Con razón aparente ó verdadera (5ij.
«Y mientras en el curso presurosos Ejercita aquí el arte
Iréis al mar á darle su tributo, A solas, que yo voyme en otra parte.
Corriendo por los valles pedregosos,
«Haced que aquí se muestre triste lulo
Por quien, viviendo alegre, os alegraba No es tiempo de curalle a&*y¡
Con agradable son y viso enjuto. Hasta que menos tema
«Por quien aquí sus vacas abrevaba, La cura del maestro y su crueza.
Por quien, ramos de lauro entretejiendo, Solo quiero dejalle;
Aquí sus fuertes toros coronaba.» Que aun está el apostema
Estas palabras tales en diciendo, Intratable, á mi ver, por su dureza.
En pié me alcé por dar ya fin al duro Quebrante la braveza
Dolor que en vida estaba padeciendo. Del pecho empedernido
Y por el paso en que me ves te juro Con largo y tierno llanto;
Que ya me iba á arrojar de do te cuento, Iréme yo entre tanto
Con paso largo y corazón seguro A requerir de un ruiseñor el nido,
Cuando una fuerza súbita de viento Que está en un alta encina,
Vino con tal furor, que de una sierra Y estará presto en manos de Gravina.
Pudiera remover el firme asiento.
De espaldas como atónito, en la tierra
,

Desde á gran rato me hallé tendido; Si desta tierra no he perdido el tino,


Que así se halla siempre aquel que yerra. Por aquí el corzo vino que ha traido,
Con mas sano discurso en mi sentido, Después que fué herido, atrás el viento.
Comencé de culpar el presupuesto ¿Qué recio movimiento en la corrida
Y temerario error que habia seguido, Lleva, de tal herida lastimado?
En querer dar con triste muerte al resto En el siniestro lado soterrada
De aquesta breve vida fin amargo, La flecha enherbolada va mostrando (3o),
No siendo por los hados aun dispuesto. Las plumas blanqueando solas fuera.
De allí me fui con corazón mas largo Y háceme que muera con buscalle.
Para esperar la muerte, cuando venga No paso deste valle; aquí está cierto
A relevarme deste largo cargo. Y por ventura muerto. ¡Quién me diese
Bien has ya visto cuánto me convenga, Alguno que siguiese el rastro agora,
Que pues buscalla á mí no se consiente, Mientras la herviente hora de la siesta
Ella en buscarme á mí no se detenga. En aquesta floresta yo descanso!
¡Ay viento fresco, manso y amoroso,
(32) Sigo á Tamayo ; Herrera y Azara leen :
Almo , dulce, sabroso Esfuerza, esfuerza
!

¡ Oh náyades, de aquesta mi ribera Tu soplo, y esta fuenza tan caliente


Corriente moradoras! Del alto sol ardiente hora quebranta;
Donde corriente apela sobre ribera, en vez de apelar sobre las Que ya la tierna planta del pié mió
náyades. Anda á buscar el frió desta yerba.
(33) Creo que así deben leerse estos tercetos. En todas las edi- A los hombres reserva tú, Diana,
ciones se hallan de este modo, con sentido contrario á la gramática. En esta siesta insana tu ejercicio;
¡ Oh napeas Por agora tu oficio desamparo,
Guarda del verde bosque verdadera Que me ha costado caro en este dia.
Alce una de vosotras, blancas deas, ¡Ay dulce fuente mía, y de cuan alto
Del agua su cabeza rubia un poco :
Así, ninfa, jamás en tal te veas.
(34) Con razón apárenle á verdadera, dicen muchas ediciones.
Tamayo poin' este último verso :
(35) La flecha enervolada iba mostrando.— Textos de Sánchez,
Así, ninfa, jamás ea sol te veas. Tamayo y Azara.
12 GARCILASO DE LA VEGA.
Con solo un sobresalto me arrojaste
¿Sabes qué me quitasle, fuente clara? ALBANIO.
Los ojos de la cara que no quiero , No te muevas,
Menos un compañero que yo amaba ; Que no te he de soltar ; escucha un poco.
Mas no como él pensaba. Dios ya quiera
Que antes Camila muera que padezca CAMILA.
Culpa por do merezca ser echada ¿Quién me dijera,
Albanio, tales nuevas?
De la selva sagrada de Diana. Isinfas del verde bosque, á vos invoco,
¡Oh cuan de mala gana mi memoria A vos pido socorro en esta fuerza (37).
Renueva aquesta historia! Mas la culpa ¿Qué es esto, Albanio? Dime si estás loco.
Ajena me desculpa; que si fuera
Yo la causa primera desta ausencia, ALBANIO.
Yo diera la sentencia en mi conlrario. Locura debe ser la que me fuerza
E! fué muy voluntario y sin respeto. A querer mas que el alma y que la vida
Mas ¿para qué me meto en esta cuenta? A la que á aborrecerme asi se esfuerza.
Quiero vivir contenta y olvidallo,
Y aquí donde me hallo recrearme.
Aquí quiero acostarme y en cayendo , Yo debo ser de tí la aborrecida,
La siesta iré siguiendo mi corciilo Pues me quieres tratar de tal manera,
Que yo me maravillo ya y me espanto Siendo tuya la culpa conocida.
Cómo con tal herida huyó tanto.
ALBANIO.
¿Yo culpa contra tí? Si la primera
Si mi turbada vista no me miente, No está por cometer, Camila mia
Paréceme que vi entre rama y rama En tu desgracia y disfavor yo muera.
Una ninfa llegar á aquella fuente.
Quiero llegar allá ; quizá si ella ama, ,
CAMILA.
Me dirá alguna cosa con que engañe ¿Tú noviolaste nuestra compañía
Con algún falso alivio aquesta llama. Queriéndola torcer por el camino
Y no se me da nada que desbañe (36) Que de la vida honesta se desvia?
Mi alma, si es contrario á lo que creo;
Que á quien no espera bien no hay mal que dañe. ALBANIO.
¡Oh santos dioses ¿Qué es esto que veo ?
!
¿Cómo de sola una hora el desatino
¿Es error de fantasma convertida Ha de perder mil años de servicio,
En forma de mi amor y mi deseo? Si el arrepentimiento tras él vino?
Camila es esta que está aquí dormida;
No!'mede de otra ser su hermosura; CAMILA.
Laí/..''.on está clara y conocida: Aqueste es de los hombres el oficio,
c
l' 'J obra sola quiso la natura Tentar el mal y si es malo el suceso,
,
HaólVcomo esta, y rompió luego apriesa Pedir con humildad perdón del vicio.
La estampa do fué hecha tal figura.
¿Quién podrá luego de su forma expresa ALBANIO.
El traslado sacar, si la maestra ¿Qué tenté yo, Camila?
Misma no basta, y ella lo conliesa ?
Mas ya que es cierto el bien que á mí se muestra CAMILA.
¿Con. o podré llegar á despertalla Bueno es eso.
Temiendo yo la luz que á ella me adiestra? Esta fuente lo diga ,
que ha quedado
¿Si solamente de poder tocalla Por un testigo de tu mal proceso.
Perdiese el miedo yo? Mas ¿si despierta?
Si despierta tenclla y no soltalla.
, ALBANIO.
Esta osadía temo que no es cierta.
puede ser mi yerro castigado
Si
Mas ¿qué me puede hacer? Quiero llegarme. Con muerte, con deshonra ó con tormento,
En lin ella eslá agora como muerta.
,
Vesmeaquí, estoy á todo aparejado.
Cabe ella por lo menos asentarme
Bien puedo; mas nova como solia. CAMILA.
¡Oh mano poderosa de matarme!
Suéltame ya la mano, que el aliento
¿Viste cuánto tu fuerza en mí podia?
Me falta de congoja.
¿Por qué para sanarme no la pruebas?
Que su poder á todo bastaría. ALBANIO.

CAMILA. He muy gran miedo


Que te me irás, que corres masque el viento (38).
Socórreme, Diana.

(~C, Dice Azara en una de sus notas : «Desbañar : Esta voz es No estoy como solia, que no puedo
tan extraña en castellano, que con dificultad se puede saber lo Moverme ya, de mal ejercitada.
'¡iic quiere decir. El maestro Sánchez no
la explica , y Herrera nos Suelta ,
que casi me has quebrado un dedo.
muele con una pesada digresión sobre el uso de las voces nue-
vas, sin decirnos lo que significa esta, sin duda porque no lo su-
|>o , pues quien amontonó tantas impertinencias no hubiera omi- ¿Estarás, si te suelto, sosegada
tido usía cosa tan esencial. El Diccionario de la lengua ni hace Mientras con razón clara yo te muestro
mención de ella. Tamayo de Vargas es el único que se aventura á Que fuistes sin razón de mí enojada?
interpretarla. Según él, desbañar quiere decir afligir, congojar,
ilc:lucidode las lenguas griega y latina, en que bañar se toma mu-
chas veces por aliviar, refocilar, quitar cuidados.» Eres tú de razones gran maestro.
A esto se puede añadir que en igual significación la tomó el poe- Suelta ,
que sí estaré.
ta que cita Tamayo, cuando escribió estos versos :

He guardado de tí por prenda cierta (37) A vos pido socorro desta fuerza.— Textos de Ilerreray Ta-
Este retrato, que humildemente adoro, mayo.
Que también como tú finge y engaña, Sigo el texto de Azara.
Y tanto se desbaña,
(38) Asi Herrera y Tamayo; Azara pone :
Pensando que me ayuda,
üue el color pierde y muda.. Que cortes mas que viento.
ÉGLOGAS. !~

Estaba allí durmiendo; ¿si es aquella


ALBANIO.
Mi cuerpo ? No , que aquella es muy hermosa.
Primero jura
Por la primera fe del amor nuestro.
Gentil cabeza; no daria por ella
Yo para mi traer solo un cornado.
Yo juro por la ley sincera y pura
De la amistad pasada, de sentarme, ALBANIO.
Y de escuchar tus quejas muy segura. ¿A quién iré del hurto á dar querella?
¡Cuál me tienes la mano, de apretarme
SALICIO.
Con esa dura mano, descreído
Extraño ejemplo es ver en qué ha parado
ALBANIO. Este gentil mancebo, Nemoroso,
¡Cuál me tienes el alma de dejarme!
Y á nosotros que le hemos mas tratado.
Manso, cuerdo, agradable, virtuoso,
CAMILA. Sufrido conversable, buen amigo,
,

Mi prendedero de oro ¿ si es perdido? Y con un alto ingenio gran reposo (41).


¡Oh cuitada de mí! Mi prendedero
Desde aquel valle aquí se me ha caido.
Yo podré poco, ó hallaré testigo
ALBANIO. De quien hurló mi cuerpo; aunque esté ausente,
Mira no se cayese allá primero, Yo le perseguiré como enemigo.
Antes de aqueste al val de la hortiga. ¿Sabrásme decir del mi ciara fuente? ,

Dímelo, si lo sabes; así Febo


CAMILA. Nunca tus frescas ondas escaliente.
Do quiera que cayó, buscallo quiero (39). Allá dentro en lo hondo está un mancebo (42)
De laurel coronado, y en la mano
Un palo propio, como yo, de acebo.
Yo iré á buscallo, excusa esa fatiga ¿quién está allá? Responde, hermano.
Hola ,
;

Que no puedo sufrir que aquesta arena ¡Válame Dios O tú eres sordo ó mudo,
!

Abrase el blanco pié de mi enemiga. O enemigo mortal del trato humano.


Espirtu soy, de carne ya desnudo
Que busco el cuerpo mió que me ha hurtado ,

Pues que quieres tomar por mí esta pena, Algún ladrón malvado, injusto y crudo.
Derecho vé primero á aquellas hayas; Callar que callarás. ¿Hasme escuchado?
Que allí estuve yo echada una hora buena. ¡Oh santo Dios! Mi cuerpo mismo veo,
O yo tengo el sentido trastornado.
ALBANIO. ¡Oh cuerpo! Hete hallado, y no lo creo;
Tanto sin ti me hallo descontento.
Yo voy; mas entre tanto no te vayas.
Pon fin á tu destierro y mi deseo (43).
CAMILA.
Seguro vé, que antes verás mi muerte
Sospecho que el coatino pensamiento
Que tú me cobres ni á tus manos hayas.
Que tuvo de morir antes de agora,
Le representa aqueste apartamiento.
¡Ah , ninfa desleal ! Y ¿desa suerte SALICIO.
Se guarda el juramento que me diste?
¡Oh condición de vida dura y fuerte! Como que velando siempre llora,
del
Oh falso amor, de nuevo me hiciste Quedan durmiendo las especies llenas
Revivir con un poco de esperanza! Del dolor que en el alma triste mora.
Oh modo de matar penoso y triste!
Oh muerte llena de mortal tardanza!
Podré por tí llamar injusto el cielo Si no estás en cadenas, sal ya fuera
Injusta su medida y su balanza. A darme verdadera forma de hombre,
Recibe tú terreno y duro suelo
,
Que agora solo el nombre me ha quedado.
Este rebelde cuerpo que detiene Y si allá estás forzado en ese suelo (44),
Dímelo; que si al cielo que me oyere,
,

Del alma el expedido y presto vuelo (40).


Yo me daré la muerte y aun si viene Con quejas no moviere y llanto tierno,
,

Alguno á resistirme... ¿A resistirme? Convocaré el infierno y reino escuro


El verá que á su vida no conviene. Y romperé su muro de diamante,
¿No puedo yo morir, no puedo irme Como hizo el amante blandamente
Por aquí, por allí por do quisiere Por la consorte ausente, que cantando
, ,

Desnudo espirtu ó carne y hueso firme? Estuvo halagando las culebras


De las hermanas negras mal peinadas (lo).
SALICIO.

Escucha, que algún mal hacerse quiere,


O cierto tiene trastornado el seso.
¡De cuan desvariadas opiniones
Saca buenas razones el cuitado
SALICIO.
Aquí tuviese yo quien mal me quiere.
Descargado me siento de un gran peso El curso acostumbrado del ingenio,
Paréceme que vuelo despreciando,
Aunque le falle el genio que lo mueva ,
Monte choza, ganado leche y queso.
, ,
Con la fuga que lleva, corre un poco ;
¿No son aquestos pies? Con ellos ando. Y aunque este está hora loco, no por eso (46)
Ya caigo en ello, el cuerpo se me ha ido;
Solo el espirtu es este que hora mando. (41)Así Herrera y Tamayo ; Azara pone con un grato ingenio. :

¿Hale hurtado alguno ó escondido (42 En lo fondo, dice Herrera.


1

Mientras mirando estaba yo otra cosa? (43) Pon fin ya á tu destierro y mi deseo.— Texto de Herrera.
(44) Y si no estás forzado en ese suelo.— Id.
¿O si quedó por caso allí dormido?
Una figura de color de rosa (45) Negras no es consonante de culebras.
(46) Sigo á Herrera y Tamayo, si bien Azara pone con mas ele-

Azara dice buscalle. gancia :


(39)
(40) Del alma el expedido y leve vuelo.— Jato de llenera. Y aunque está agora loco, no por eso.
14 GARG1LAS0 DE LA VEGA.
Ha de dar al travieso su sentido,
En todo habiendo sido cual tú sabes.
Luego vengo,
En cuanto me detengo yo aquí un poco.
No mas, no me le alabes, qué por cierto, Veré cómo de un loco te desatas.
De vello como muerto estoy llorando.
SALICIO.

¡
Ay! paso, que me matas.
Estaba contemplando qué tormento
Es este apartamiento. A lo que pienso albanio".
No nos aparta inmenso mar airado, Aunque mueras...
No torres de fosado rodeadas
No montañas cerradas y sin via, nemoroso.
No ajena compañía, dulce y cara Ya aquello va de veras. Suelta, loco.
Un poco de agua clara nos detiene
Por ALBANIO.
ella que entramos (47)
no conviene lo
('•(ni ansia deseamos
porque al punto
: Déjame estar un poco, que ya acabo.
Que a u me acerco y junto, no te apartas;
Antes nunca te hartas de mirarme, NEMOROSO.
Suelta ya.
Y de si nif ¡carme en tu meneo
Que tienes gran deseo de juntarte ALBANIO.
Con esta media parte. Daca, hermano. ¿Qué te hago? (51)
Échame acá esa mano, y como buenos
Amigos á lo menos nos juntemos, NEMOROSO.
Y aquí nos abracemos. Áh ¿burlaste? ¿A mí? No, nada.
¿Así te me escapasteYo te digo
?
Que no es obra de amigo hacer eso. ALBANIO.
¿Quedo yo, don Travieso, remojado, Pues vete tu jornada, y nunca entiendas
Y tú estás enojado? ¡Cuan apriesa En aquestas contiendas.
Mueves ¿qué cosa es esa? tu figura!
¿Aun esa desventura me quedaba? SALICIO.
Va yo me consolaba en ver serena ¡Ah, furioso!
Tu imagen, y tan buena y amorosa. Afierra, Nemoroso, y tenle fuerte (52).
No hay bien ni alegre cosa ya que dure. Yo te daré la muerte, don Perdido.
Ténmele tú tendido mientras lo ato
NEMOROSO. ;

Probemos así un rato á castigallo,


A lo menos que cure tu cabeza. Quizá con espantallo habrá algún miedo.
SAL1CI0. ALBANIO.
Salgamos, que ya empieza un furor nuevo* Señores, si estoy quedo ¿dejaréisme?

SALICIO.
¡Oh Dios! ¿por qué no pruebo á echarme dentro No.
Hasta llegar al centro de la fuente? ALBANIO.
¡Pues qué! ¿mataréisme?
SALICIO.
SALICIO.
¿Qué es esto, Albanio? Tente.
Sí.

ALBANIO.
¡ Oh manifiesto ¿Sin falta?
Ladrón! Mas ¿qué es aquesto? Y ¿es muy bueno Mira cuánto mas alia aquella sierra
Vestiros de lo ajeno, y ante el dueño, Está que la otra tierra.'
Como si fuese un leño sin sentido,
Venir muy revestido de mi carne? NEMOROSO.
Yo haré que descarne esa alma osada Bueno es esto.
Aquesta mano airada. Él olvidará presto la braveza.
SAUCIO. SALICIO.

Estáte quedo (48). Calla, que así se aveza á tener seso.


Llega tú, que no puedo detenelle.
ALBANIO.
NEMOROSO.
¿Cómo? ¡Azotado y preso!
Pues ¿qué quieres hacelle?
SALICIO.

Calla, escucha.
¿Yo?dejalle,
Si desenclavijalle yo acabase
ALBANIO.
La mano, á que escapase mi garganta (49). Negra fué aquella lucha que contigo
Hice, que tal castigo dan tus manos.
¿No éramos como hermanos de primero?
No tiene fuerza tanta solo puedes
;

Hacer tú lo que debes á quien eres (SO).


NEMOROSO.
Albanio, compañero, calla agora
Y duerme aquí algún hora, y no te muevas.
¡
Qué tiempo de placeres y de burlas
ALBANIO.
¿Con la vida te burlas, Nemoroso?
Ven ya, no estés donoso. ¿Sabes algunas nuevas de mí?
SALICIO.
(57) Por entrambos. Es arcaísmo. Loco.
(•48) Herrera dice Está quedo.
:

i-iii) La mano y escapase mi garganta.— Dicen Tamayo y Azara. (51) llago no es consonante de cubo.
\¿<U; Debes no es consonante de puedes. 152) Atierra, Nemoroso, tenle fuerte.— Texto de Herrera.
ÉGLOGAS. 43
Cual sé conviene á tristes amadores.
ALBANIO. En un punto remueve la tristura
Paso, que duermo un poco. Convierte en odio aquel amor insano,
Y restituye el alma á su natura.
SALICIO. No te sabré decir, Salicio hermano,
¿Duermes cierto? La orden de mi cura y la manera;
Mas sé que me partí del libre y sano.
ALBANIO. Acuérdaseme bien que en la ribera
¿No me ves como un muerto? Pues ¿qué hago? De Tórmes le hallé solo cantando
Tan dulce, que una piedra enterneciera.
SALICIO. Como cerca me vido, adevinando
Este te dará el pago, si despiertas, La causa y la razón de mi venida,
En esas carnes muertas, te prometo. Suspenso un rato estuvo allí callando;
Y luego con voz ciara y expedida
Soltó la rienda al verso numeroso

Algo está mas quieto y reposado En alabanzas ^e la libre vida.


Que hasta aquí. ¿Qué dices tú, Salicio? Yo e¡ "decido y vergonzoso,
Parécete que puede ser curado? al son. y viéndome del todo
Fuera de libertad y de ic^uso,
No sé decir sino que en fin de modo
En procurar cualquiera beneficio Aplicó á mi dolor la medicina
A la vida y salud de un tal amigo, Que el mal desarraigó de todo en todo.
Hacemos el debido y justo oficio. Quedé yo entonces como quien camina
De noche por caminos enriscados
NEMOROSO. Sin ver dónde la senda ó paso inclina
Escucha pues un poco lo que digo Que venida la luz, y contemplados,
Contaréte una extraña y nueva cosa, Del peligro pasado nace un miedo,
De que yo fui la parte y el testigo. Que deja los cabellos erizados.
En ribera verde y deleitosa
la Así estaba mirando atento y quedo
Del sacro Tórmes, dulce y claro rio, Aquel peligro yo que atrás dejaba
Hay una vega grande y espaciosa, Que nunca sin temor pensallo puedo.
Verde en el medio del invierno frió, Tras eslo luego se me presentaba,
En el otoño verde y primavera Sin antojos delante, la vileza
Verde en fuerza del ardiente estío.
la De lo que antes ardiendo deseaba.
Levántase al fin della una ladera Así curó mi mal contal destreza
Con proporción graciosa en el altura El sabio viejo, como te he contado
Que sojuzga la vega y la ribera. Que volvió el alma á su naturaleza,
Allí esta sobrepuesta la espesura Y soltó el corazón aherrojado.
De las hermosas torres, levantadas
Al cielo con extraña hermosura.
No tanto por la fábrica estimadas, Oh gran saber Oh viejo fructuoso
¡ !

Aunque extraña labor allí se vea, Que el perdido reposo al alma vuelve,
Cuanto por sus señores ensalzadas. Y lo que la revuelve y lleva á tierra
Allí se halla lo que se desea Del corazón destierra incontinente.
Virtud, linaje, haber y todo cuanto Con esto solamente que contaste
Bien de natura ó de fortuna sea. Así lo reputaste acá conmigo ,
Un hombre mora allí de ingenio tanto, Que sin otro testigo, á desealle
Que toda la ribera adonde él vino Ver presente y hablalle me levantas.
Nunca se harta de escuchar su canto.
Nacido fué en el campo placentino
Que con estrago y destruicion romana ¿Deslo poco te espantas tú, Salicio?
En el antiguo tiempo fué sanguino ; De mas te daré indicio manifiesto
Y en este, con la propia, la inhumana Si no te soy molesto y enojoso.
Furia infernal, por otro nombre guerra
Lo Uñe, lo arruina y lo profana (53).
Él, viendo aquesto, abandonó su tierra, ¿Qué es esto, Nemoroso. y qué cosa
Por ser mas del reposo compañero Puede ser tan sabrosa en otra parte
Que de la patria que el furor atierra. A mí, como escucharte? Ñola siento,
Llevóle á aquella parte el buen agüero Cuanto mas este cuento de Severo;
De aquella tierra de Alba tan nombrada Dímelo por entero, por tu vida
Que este es el nombre della, y del Severo (54). Pues no hay quien nos impida ni embarace.
A aqueste Febo no le escondió nada Nuestro ganado pace el viento espira
,

Antes de piedras, yerbas y animales Filomena sospira en dulce canto,


Diz que le fué noticia entera dada. Y en amoroso llanto se amancilla;
Este, cuando le place, á los caudales Gime la tortolilla sobre el olmo,
Ríos el curso presuroso enfrena Preséntanos á colmo el prado flores,
Con fuerza de palabras y señales. Y esmalta en mil colores su verdura
La negra tempestad en muy serena La fuente clara y pura murmurando
Y clara luz convierte, y aquel dia Nos está convidando á dulce trato.
Si quiere revolvello, el mundo atruena.
La luna de allá arriba bajaría
Si al son de las palabras no impidiese Escucha pues un rato, y diré cosas
El son del carro que la mueve y guia. Extrañas y espantosas poco á poco.
Temo que si decirte presumiese Ninfas, á vos invoco; verdes faunos (56),
De su saber la fuerza con loores (55), Sátiros y silvanos, soltad todos
Que en lugar de alaballe, le ofendiese. Mi lengua en dulces modos y sutiles
Mas no te callaré que los amores Que ni los pastoriles ni el avena
Con un tan eficaz remedio cura, Ni la zampona suena como quiero.
Este nuestro Severo pudo tanto
(53) Así Herrera ; otros dicen lo ruina. Con el suave canto y dulce lira
(84) Nombre del maestro del duque de Alba Fernando. Que, revueltos en ira y torbellino,
(55) De su saber su fuena con loores, dicen Tamayo y Azara.
Sigo á Herrera. _(5t¡)Faunos no es consonante de silvanos.
, ,,; ,,. , ; ; ; ;;;

16
GARCILASO DE LA VEGA.
En medio del caminóse pararon El arena quemaba, el sol ardía,
Los vientos, y escucharon muy atentos La gente se caia medio muerta
La voz y los acentos, muy bastantes El solo con despierta vigilanza
A que los repunantes y contrarios Dañaba la tardanza floja, inerte,
Se hiciesen voluntarios y conformes. Y alababa la muerte gloriosa.
A aqueste el viejo Tórmes como á hijo Luego la polvorosa muchedumbre
Lo metió al escondrijo de su fuente, Gritando á su costumbre le cercaba;
De do va su corriente comenzada. Mas él, que se llegaba al fiero mozo, •

Mostróle una labrada y cristalina Llevaba con destrozo y con tormento


Urna, donde él reclina el diestro lado; Del loco atrevimiento el justo pago.
Y en ella vio entallado y esculpido Unos en bruto lago de su sangre (64),
Lo que antes de haber sido, el sacro viejo Cortado ya el estambre de la vida,
Por divino consejo puso en arte La cabeza partida revolcaban
Labrando á cada parte las extrañas Otros claro mostraban espirando,
Virtudes y hazañas de los hombres De fuera palpitando las entrañas,
Que con sus claros nombres ilustraron Por las fieras y extrañas cuchilladas
Cuanto señorearon de aquel rio. De aquella mano dadas. Mas el hado
Estaba con un brio desdeñoso Acerbo, triste, airado, fué venido;
Con pecho corajoso, aquel valiente Y al fin él, confundido de alboroto,
Que contra un rey potente y de gran seso (57), Atravesado y roto de mil hierros,
Quel viejo padre preso le tenia , Pidiendo desús yerros venia al cielo,
Cruda guerra movia, despertando Puso en el duro suelo la hermosa
Su ilustre y claro bando al ejercicio Cara, como la rosa matutina
De aquel piadoso oticio. A aqueste junto Cuando ya el sol declina al mediodía,
La gran labor al punto señalaba Que pierde su alegría, y marchitando
Al hijo, que mostraba acá en la tierra (58) Va la color mudando; ó en el campo (65)
Ser otro Marte en guerra, en corte Febo. Cual queda el lirio blanco, que el arad9
Mostrábase mancebo en las señales . Crudamente cortado al pasar deja,
Del rostro, que eran tales, que esperanza Del cual aun no se aleja presuroso
Y cierta confianza claro daban Aquel color hermoso, ó se destierra
A cuantos le miraban, que él seria Mas ya la madre tierra, descuidada,
En quien se informaría un ser divino. No le administra nada de su aliento,
Al campo sarracino en tiernos años (59) Que era el sustentamiento y vigor suyo;
Daba con graves daños á sentillo Tal está el rostro tuyo en el arena ,
Que, como fué caudillo del cristiano Fresca rosa, azucena blanca y pura.
Ejercitó la mano y el maduro Tras esto una pintura extraña tira (66)
Seso y aquel seguro y firme pecho. Los ojos de quien mira, y los detiene
lin otra parte, hecho ya mas hombre (60), Tanto, que no conviene mirar cosa
Con mas ilustre nombre los arneses Extraña ni hermosa, sino aquella.
De los íieros franceses abollaba. De vestidura bella allí vestidas
Junto tras esto estaba figurado Las gracias esculpidas se veian
Con el arnés manchado de otra sangre (61), Solamente traían un delgado
Sosteniendo la hambre en el asedio, Velo, que el delicado cuerpo viste,
Siendo él solo remedio del combale, Mas tal, que no resiste á nuestra vista.
Que con fiero rebate y con ruido Su diligencia en vista demostraban
Por el muro batido le ofrecían. Todas tres ayudaban en una hora
Tantos, al fin, morian por su espada A una muy gran señora que paria.
A tantos la jornada puso espanto, Un infante se via ya nacido,
Que no hay labor que tanto notifique Tal, cual jamás salido de otro parto,
Cuánto el fiero Fadrique de Toledo Del primer siglo al cuarto vio la luna.
Puso terror y miedo al enemigo. En la pequeña cuna se leia
Tras aqueste que digo se veia Un nombre que decía don Fernando.
El hijo don Garcia, que en el mundo (G2) Bajaban, del hablando, de dos cumbres
Sin par y sin segundo solo fuera Aquellas nueve lumbres de la vida;
Si hijo no tuviera. ¿Quién mirara Con ligera corrida iba con ellas,
De su hermosa cara el rayo ardiente, Cual luna con estrellas, el mancebo
Quién su resplandeciente y clara vista, Intonso y rubio Febo; y en llegando,
Que no diera por vista su grandeza? For orden abrazando todas fueron
Estaban de crueza fiera armadas Al niño, que tuvieron luengamente.
Las tres inicuas hadas, cruda guerra Vido cómo presente de otra parte (67)
Haciendo allí á la tierra con quilalle Mercurio estaba, y Marte cauto y fiero,
Esle, que en alcanzalle fué dichosa. Viendo el gran caballero, que encogido
;Oh patria lagrimosa, y cómo vuelves (63) En el recien nacido cuerpo estaba.
Los ojos á losGelves, sospirando! Entonces lugar daba mesurado
El está ejercitando el duro oficio, A Venus, que á su lado estaba puesta.
Y con tal artificio la pintura Ella con mano presta y abundante
Mostraba su figura, que dijeras, Néctar sobre el infante desparcia
Si pintado le vieras, que hablaba. Mas Febo la desvia de aquel tierno
Niño, y daba el gobierno á sus hermanas.
(57) Azara dice en este lugar: «El rey don Juan II puso preso á Del cargo están ufanas todas nueve.
don Fernando Alvarez de Toledo, conde de Alba; y su hijo don El tiempo el paso mueve, el niño crece,
García, que después fué primer duque de Alba, le hizo mucha Y en tierna edad florece, y se levanta
guerra desde Picdrahita y demás fortalezas de su padre, procu- Como felice planta en buen terreno.
rando su libertad; pero no la pudo conseguir hasta muerto el Ya sin precelo ajeno daba tales
rey don Juan, que su hijo don Enrique le soltó voluntariamente.» De su ingenio señales, que espantaban
(58) Don Fadrique de Toledo, duque segundo de Alba. A los que le criaban. Luego estaba
(59) Fué general de los cristianos en la frontera de Granada du- Cómo una le entregaba á un gran maestro,
); ute sus mocedades.

$0) En la guerra de Navarra. (64) Sangre no es consonante de estambre.


id) Sangre no es consonante de hambre. (65) Campo no es consonante de blanco.
[Gi) Don García de Toledo, padre de don Fernando, el gran du- (66) Así Herrera ; otros dicen esta.
que. (67) Herrera pone :

(83) Rota de los Gelves, en la cual pereció don García. Viste cómo presente de otra parte.
, , ;,, , , ; ; ,

ÉGLOGAS. 17
Que con ingenio diestro y vida honesta Mostraba claramente la pintura
Hiciese man fiesta al mundo y clara
i
Que acaso noche escura entonces era.
Aquella ánima rara que allí via. De la batalla fiera era testigo
Al niño recebia con respeto Marte, que al enemigo condenaba

L'n viejo, en cuyo aspeto se via junto Y mozo coronaba en el fin della
al

Severidad á un punto con dulzura. El cual como la estrella relumbrante


Quedó desta figura como helado Que el sol envia delante, resplandece.
_

Severo, y espantado viendo al viejo, De allí su nombre crece, y se derrama


Que, como si en espejo se mirara, Su valerosa fama á todas partes.
En cuerpo, edad y cara eran conformes. Luego con nuevas artes se convierte
En esto, el rostro á Tórmes revolviendo, A hurlar á la muerte y á su abismo
Vio que estaba riendo de su espanto. Gran parte de sí mismo y quedar vivo
«¿De qué te espantas tanto? dijo el rio. Cuando el vulgo cautivo le llorare,

¿No basta el saber mió á que primero Y muerto le llamare con deseo.
Que naciese Severo, yo supiese Estaba el Himeneo allí pintado,
Que habia de ser quien diese la doctrina El diestro pié calzado en lazos de oro (72).
Al ánima divina deste mozo?» De vírgenes un coro está cantando,
El, lleno de alborozo y de alegría, Partidas alternando y respondiendo
Sus ojos mantenía de pintura. Y en un lecho poniendo una doncella,
Miraba otra (¡gura de un mancebo, Que quien atento aquella bien mirase,
El cual venia con Febo mano á mano, Y bien la cotejase en su sentido
Al modo cortesano. En su manera ,
Cou la que el mozo vido allá en la huerta,
Juzgáralo cualquiera, viendo el gesto Verá que la despierta y la dormida
Lleno de un sabio, honesto y dulce ateto , Por una es conocida de presente.
Por un hombre perfeto en la alta parte Mostraba juntamente ser señora
De la difícil arte cortesana Digna y merecedora de tal hombre.
Maestra de la humana y dulce vida. El almohada el nombre contenía,
Luego fué conocida de Severo El cual doña María Enriquez era.
La imagen por entero fácilmente Apenas tienen fuera á don Fernando,
Deste que allí presente era pintado. Ardiendo y deseando estar ya echado.
Vio que era el que habia dado á don Fernando, Al fin era dejado con su esposa
Su ánimo formando en luenga usanza, Dulce, pura, hermosa, sabia, honesta.
El trato, la crianza y gentileza En un pié estaba puesta la fortuna,
La dulzura y llaneza acomodada Nunca estable ni una que llamaba
,

La virtud apartada y generosa (68), A Fernando, que estaba en vida ociosa,


Y en fin, cualquiera* cosa que se via Que por ardua via
dificultosa y

En la cortesanía, de que lleno Quisiera ser su guia y ser primera;


Fernando tuvo el seno y bastecido. Mas él por compañera toma aquella,
Después de conocido, leyó el nonihre Siguiendo á laque es bella descubierta,
Severo de aqueste hombre, que se llama Y juzgada cubierta por disforme;
Boscan de cuya llama clara y pura
,
El nombre era conforme á aquesta fama:
Sale el fuego que apura sus escritos, Virtud esta se llama, al mundo rara.
Que en siglos infinitos tendrán vida (G9). ¿Quién tras ella guiara igual en curso,
De algo mas crecida edad miraba Sino este, que el discurso de su lumbre
Al niño que escuchaba sus consejos, Forzaba la costumbre de sus años,
Luego los aparejos ya de Marte No recibiendo engaños sus deseos?
Estotro puesto aparte le traía. Los montes Pirineos (que se estima
Así les convenia á todos ellos, De abajo que la cima está en el cielo,
Que no pudiera dellos dar noticia Y desde arriba el suelo en el inñerno)
Á otro la milicia en muchos años. En medio del invierno atravesaba.
Obraba los engaños de la lucha La nieve blanqueaba, y las corrientes
La maña y fuerza mucha y ejercicio Por debajo de puentes cristalinas
Con el robusto oficio está mezclando. Y por heladas minas van calladas.
Allí con rostro blando y amoroso El aire las cargadas ramas mueve,
Venus aquel hermoso mozo mira, Que el peso de la nieve las desgaja.
Y luego por un rato
le retira Por aquí se trabaja el Duque osado,
De aquel áspero de hierro.
trato y son Del tiempo contrastado y de la via,
Mostrábale ser yerro y ser mal hecho Con clara compañía de ir delante.
Armar contino el pecho de dureza, El trabajo constante y tan loable
No dando á la terneza alguna puerta. Por la Francia mudable en fin le lleva,
Entrada en una huerta, con él siendo, La fama en él renueva la presteza;
Una ninfa durmiendo le mostraba. La cual con ligereza iba volando,
El mozo la miraba, y juntamente Y con el gran Fernando se paraba,
De súbito acídente acometido, Y le significaba en modo y gesto
Estaba embebecido, y á la diosa, Que el caminar muy presto convenía.
Que á la ninfa hermosa se allegase De todos escogía el Duque uno,
Mostraba que rogase, y parecía Y entrambos de consuno cabalgaban;
Que la diosa temia de llegarse. Los caballos mudaban fatigados
El no podia hartarse de miralla Mas á la fin llegados á los muros
Eternamente amalla proponiendo (70). Del gran París seguros, la dolencia,
Luego venia corriendo Marte airado, Con su débil presencia y amarilla,
Mostrándose alterado en la persona Bajaba de la silla al Duque sano,
Y daba una corona á don Fernando;
de San Pablo de Burgos con otro caballero, que se habla picad»
Y estábale mostrando un caballero
por una zumba que le dijo delante de una señora á quien ambos
Que con semblante liero amenazaba
servían. Después de la pendencia se hicieron amigos, prometién-
Al mozo que quitaba el nombre á todos.
dose guardar secreto el lance ; pero aquella noche se descubrió en
Con atentados modos se movia
palacio, porque al partir trocaron las capas, y la del contivrio de
Contra el que le atendía (71) en una puente
don Fernando tenia la cruz de Santiago.»
(68) Asi Herrera ; otros omiten la y. (72) El Brócense explica esto diciendo que «eldiestrc- pié calía-

(69) Asi Herrera ; otrosponen ternán. do significa buen agüero para que el casamiento dure, por.¡ue la
(70) Azara pone prometiendo. reina Dido, para desatar el casamiento de Eneas, tenia un pié des-
(71) El mismo dice: «Don Fernando riñó una noche en el puente calzo». .-,

P.XVI-I.
, , : : ;;;

13 GARCILASODELAVEGA.
Y coh pesada mano le locaba. Que el flamenco dijera que nacido
El luego comenzaba á demudarse, En Flándes habia sido y el osado ,

Y amarillo pararse y á dolerse. Jíspañol y sobrado, imaginando


Luego pudiera verse de travieso Ser suyo don Fernando y de su suelo,
Venir por un espeso bosque ameno, Demanda sin recelo la batalla.
De buenas yerbas lleno y medicina, Quien mas cerca se halla del gran hombre
Esculapio, y camina, no parando, Piensa que crece el nombre por su mano.
Hasta donde Fernando está en el lecho. El cauto italiano nota y mira,
Entró con pié derecho, y parecía Los ojos nunca tira del guerrero,
Que le restituía en tanta fuerza, Y aquel valor primero de su gente
Que á proseguirse esfuerza su viaje, Junio en este y presente considera.
Que le llevó al pasaje del gran Reno. En él ve la manera misma y maña
Tomábale en su seno el caudaloso Del que pasó en España sin tardanza,
Y claro rio. gozoso de tal gloria Siendo solo esperanza de su tierra,
Trayendo á la memoria cuándo vino Y acabó aquella guerra peligrosa
El vencedor latino al mismo paso. Con mano poderosa y con estrago
No se mostraba escaso de sus ondas; De la fiera Cartago y de su muro,
Anles con aguas hondas que engendraba, Y del terrible y duro su caudillo,
Los bajos igualaba y al liviano Cuyo agudo cuchillo á las gargantas
Barco daba de mano, el cual, volando, Italia tuvo tantas veces puesto.
Airas iba dejando muros, torres. Mostrábase tras esto allí esculpida
Con tanta priesa corres, navecilla La envidia carcomida, á sí molesta
Que llegas do amancilla una doncella, Contra Fernando puesta frente á frente,
Y once mil mascón ella, y mancha el suelo La desvalida gente convocaba,
De sangre, que en el cielo está esmaltada Y contra aquel la armaba, y con sus artes
Úrsula, desposada y virgen pura, Busca por todas partes daño y mengua.
Mostraba su ligura, en una pieza El con su mansa lengua y largas manos
Pintada su cabeza. Allí se vía Los tumultos livianos asentando,
Que los ojos volvía ya espirando, Poco á poco iba alzando tanto el vuelo,
Y estábala mirando aquel tirano Que la envidia en el cielo le miraba
Que con acerba mano llevó á hecho Y como no bastaba á la conquista,
De tierno en tierno pecho su compaña (7o). Vencida ya su vista de tal lumbre,
Por la fiera Alemana de aquí parle Forzaba 'su costumbre, y parecía
El Duque, á aquella parle enderezado Que perdón le pedia, en tierra echada.
Donde e! cristiano estado estaba en dubio. El, después de pisada, descansando
En fin al gran Danubio se encomienda; Quedaba y aliviado de este enojo;
Por él suelta la rienda á su navio, Y lleno del despojo desta fiera,
Que con poco desvío de la tierra, Hallaba en la ribera del gran rio,
Entre una y otra sierra el agua hiende. De noche, al puro frió del sereno,
El remo, que deciende en fuerza suma. A César, que en su seno está pensoso (76),
Mueve la blanca espuma como argento. Del suceso dudoso desta guerra ;
El veloz movimiento parecía Que, aunque de sí deslierra la tristeza,
Que pintado se via ante los ojos. Del caso la grandeza trae consigo
Con amorosos ojos adelante El pensamiento amigo del remedio.
Cario, César triunfante, le abrazaba Entrambos buscan medio convenible
Cuando desembarcaba en Ratisbona. Para que aquel terrible furor loco
Allí por lacorona del imperio Les empeciese poco, y recibiese
Estaba el magisterio de la tierra Tal estrago, que fuese destrozado.
Convocado á la guerra que esperaban. Después de haber hablado, ya cansados,
Todos ellos estaban enclavando En la yerba acostados se dormían ;

Los ojos en Fernando, y en el punto El gran Danubio oian ir sonando,


Que así le vieron junto, se prometen Casi como aprobando aquel consejo.
De cuanto allí acometen la victoria. En esto el claro viejo río se via
Con falsa y vana gloria y arrogancia, Que del agua salia muy callado,
Con bárbara jactancia allí se vía De sauces coronado y de un vestido
A los unes de Hungría el campo pueslo De las ovas tejido mal cubierto,
De aquel que fué molesto en tanto grado (74) Y en aquel sueño incierto les mostraba
Al húngaro cuitado y afligido; Todo cuanto tocaba al gran negocio.
Las armas y el vestido á su coslumbre. Parecia que el ocio sin provecho
Era la muchedumbre tan extraña, Les sacaba del pecho porque luego,
;

Que apenas la campaña la abrazaba, Como si en vivo fuego se quemara


Ni á dar pasto bastaba, ni agua el rio. Alguna cosa cara se levantan
,

César con celo pío y con valiente Del gran sueño y se espantan, alegrando
Animo aquella gente'desprcciaba; El ánimo y alzando la esperanza.
La suya convocaba, y en un punto El rio sin tardanza parecia
Vieras un campo junio de naciones Que el agua disponía al gran viaje
Diversas y razones (7ü); mas de un celo Allanaba el pasaje y la corriente,
No ocupaba el suelo en lauto grado Para que fácilmente aquella armada
Con número sobrado y inlinito Que habia de ser guiada por su mano,
Como el campo maldito; mas mostraban En el remar liviano y dulce viese
Virlud, con que sobraban su contrario, Cuánto el Danubio fuese favorable.
Animo voluntario, industria y maña; Con presteza admirable vieras junto
(ion generosa saña y viva fuerza Un ejército á punto denodado;
Fernando los esfuerza y los recoge, Y después de embarcado, el remo lento,
Y á sueldo suyo coge muchos del los. El duro movimiento de los brazos,
De un arte usaba ende ellos admirable Los pocos embarazos de las ondas
Con el disciplinadle alemán fiero Llevaban por las ondas aguas presta
A su manera y fuero conversaba; El armada, molesta al gran tirano.
A lodo se aplicaba de manera, El artificio humano no hiciera
Pintura que exprimiera vivamente
(7" El texto do Herrera dice tu compaña.
El armada, la gente, el curso, el agua;
(7-ii El gran Turco.
(75) Otros leen opiniones en vez ilc razunct. (76) Asi Herrera ; otros leen penoso.
;; ; , ; ; , ,;, ,

ÉGLOGAS. n
Y apenas en la fragua (donde sudan Hasta que en fin aporlan con corona
Los cíclopes 5 mudan fatigados Ue lauro á Barcelona do cumplidos ,

Los brazos, ya cansados del martillo) Los votos ofrecidos y deseos,


Pudiera así exprimido el gran maestro. Y los grandes trofeos ya repuestos,
Quien viera el curso diestro por la clara Con movimientos prestos de allí luego,
Corriente, bien jurara á aquellas horas En amoroso fuego todo ardiendo,
Que las acudas proras dividían El Duque iba corriendo, y no paraba.
El agua y la hendían con sonido, Cataluña pasaba atrás la deja; ,

Y rastro iba seguido. Luego vieras


el Ya de Aragón se aleja, y en Castilla,
Al viento las banderas tremolando, Sin bajar de la silla, los pies pone.
Las ondas imitando en el moverse. El corazón dispone al alegría
Pudiera también verse casi viva Que vecina tenia , y reserena
La otra gente esquiva y descreída, Su rostro , y enajena de sus ojos
Que, de ensoberbecida y arrobante, Muerte, daños enojos, sangre y guerra-
,

Pensaba que delante no hallaran Con solo amor se encierra sin respeto
Hombres que se pararan á su furia. Y el amoroso afeto y celo ardiente
Los nuestros, tal injuria no sufriendo, Figurado y presente está en la cara;
liemos iban metiendo con tal gana. Y la consorte cara, presurosa,
Que iba de espuma cana el agua llena. De un tal placer dudosa , aunque lo via ,
El temor enajena al otro bando; El cuello le ceñía en nudo estrecho,
El sentido, volando de uno en uno, De aquellos brazos hecho delicados;
Entrábase importuno por la puerta De lágrimas preñados relumbraban
De la opinión incierta, y siendo dentro, Los ojos que sobraban al sol claro.
En el intimo centro allá del pecho Con su Fernando caro y señor pío
Les dejaba deshecho un hielo frió, La tierra, el campo, el rio, el monte, el llano,
El cual, como un gran rio en flujos gruesos, Alegres á una mano estaban todos,
Por médulas y huesos discurría. Mas con diversos modos lo decían.
Todo el campb se via conturbado Los muros parecían de otra altura
Y con arrebatado movimiento El campo en hermosura de otras flores
Solo del salvamento platicaban. Pintaba mil colores disconformes;
Luego se levantaban con desorden, Estaba el mismo Tórmes figurado,
Confusos y sin orden caminando, En torno rodeado de sus ninfas,
Atrás iban dejando con recelo, Vertiendo claras linfas con instancia,
Tendida por el suelo, su riqueza. En mayor abundancia que solía
Las tiendas, do pereza y do fornicio (77), Del monte se veía el verde seno
Con todo bruto vicio obrar solían, De ciervos todo lleno, corzos, gamos,
Sin ellas se partían. Así armadas, Que de los tiernos ramos van rumiando;
Eran desamparadas de sus dueños. El llano está mostrando su verdura,
A grandes y pequeños juntamente v Tendiendo su llanura así espaciosa
Era el temor presente por testigo Que á la vida curiosa nada empece
Y el áspero enemigo á las espaldas, Ni deja en qué tropiece el ojo vago.
Que les iba las faldas ya mordiendo. Bañados en un lago, no de olvido,
César estar teniendo allí se via Mas de un embebecido gozo, estaban
A Fernando, que ardia sin tardanza Cuantos consideraban la presencia
Por colorar su lanza en turca sangre. Deste, cuya excelencia el mundo canta,
Con animosa hambre y con denuedo (78) Cuyo valor quebranta al turco fiero.
Forceja con quien quedo estar le manda. Aquesto vio Severo por sus ojos,
Como lebrel de Irlanda generoso Y no fueron antojos ni ficciones;
Que el jabalí cerdoso y liero mira Si oyeras sus razones, yo te digo
Rebátase , sospira fuerza y riñe,
, Que como buen tesligo'lo creyeras.
Y apenas le constriñe el atadura, Contaba muy de veras que, mirando
Que el dueño con cordura mas aprieta Atento y contemplando las pinturas,
Así estaba perfeta y bien labrada Hallaba en las figuras tal destreza
La imagen figurada de Fernando, Que con mayor viveza no pudieran
Que quien allí mirándola estuviera. Estar si ser les dieran vivo y puro.
Que era desta manera bien juzgara (79). Lo que dellas escuro allí hallaba,
Resplandeciente y clara de su gloria Y el ojo no bastaba á recogello,
Pintada la Vitoria se mostraba El rio le daba dello gran noticia.
A César abrazaba y no parando,
,
— Este de la milicia , dijo el rio (81),
Los brazos á Fernando echaba al cuello. La cumbre y señorío tendrá solo (82)
El mostraba de aquello sentimiento, Del uno al otro polo y porque espantes ,

Por ser el vencimiento tan holgado. A todos cuantos cantes los famosos
Estaba figurado un carro extraño Hechos tan gloriosos, tan ilustres,
Con el despojo y daño de la gente Sabe que en cinco lustres de sus años
Rárbara, y juntamente allí pintados Hará tantos engaños á la muerte
Cautivos amarrados á las ruedas, Que con ánimo fuerce habrá pasado
Con hábitos y sedas variadas Por cuanto aquí pintado del has visto (83).
Lanzas rotas , celadas y banderas, Ya todo lo has previsto, vamos fuera,
Armaduras ligeras de los brazos, Dejarte he en la ribera do estar sueles.—
Escudos en pedazos divididos, Quiero que me reveles tú primero,
Vieras allí cogidos en trofeo, Le replicó Severo qué es aquello; ,

Con que el común deseo y voluntades Que de mirar en ello se me ofusca


De tierras y ciudades se alegraba. La vista; así corusca y resplandece,
Tras esto blanqueaba falda y seno Y tan claro parece allá en la urna,
Con velas al Tirreno de la armada Como en hora nocturna la cometa.—
Sublime y ensalzada y gloriosa. Amigo, no se meta, dijo el viejo,
Con la prora espumosa las galeras (80), Ninguno, le aconsejo, en este suelo
Como nadantes fieras, el mar cortan, En saber masque el cielo le otorgare;
Y si no te mostrare lo que pides,
(77) Así Herrera ; otros dicen y el fornicio.
\(~S) Sangre no es consonante de hambre. (81) Asi Herrera ; otros leen : Dijo el rio.
(79) Asf Herrera otros dicen lo juzgara.
; (82) Así Herrera ; lema dicen otros.

(80; Otros dicen ¡a proa. Sigo á Herrera. (83) Herrera dice : Bella has visto.
, ;; , —
,
; ; , ; , .

20 GARCILASO DE LA VEGA.
Tú mismo me lo impides, porque én tanto NEMOROSO.
Que el mortal velo y manto el alma cubren,
Mil cosas se te encubren que no bastan ,
Pues ¿en qué te resumes, di, Salicio,
Tus ojos, que contrastan á mirallas. , Acerca deste enfermo compañero?
No pude yo pintallas con menores
Luces y resplandores, porque sabe,
Y aquesto en tí bien cabe, que esto todo En que hagamos el debido oficio.
Que en excesivo modo resplandece Luego de aquí partamos, y primero
Tanto, que no parece ni se muestra Que haga curso el mal y se envejezca,
Es lo que aquella diestra mano osada Así le presentemos á Severo.
Y virtud sublimada de Fernando
Acabarán entrando mas los dias.
Lo cual, con lo que vias comparado, Yo soy contento, y antes que amanezca
Es como con nublado muy escuro Y que del sol el claro rayo ardiente
El sol ardiente, puro y relumbrante (84). Sobre las altas cumbres se parezca,
Tu vista no es bastante á tanta lumbre El compañero mísero y doliente
Hasta que la costumbre de miralla Llevemos luego donde cierto entiendo
Tu ver al contemplalla no confunda. Que será guarecido fácilmente.
Gomo en cárcel profunda el encerrado,
Que, súbito sacado, le atormenta SALICIO.
El sol que se presenta á sus tinieblas; Recoge tu ganado, que cayendo
Así tú que las nieblas y honduras,
, Ya de los altos montes las mayores
Metido en estrechuras contemplabas , Sombras, con ligereza van corriendo.
Que era cuanto mirabas otra gente, Mira en torno, y verás por los alcores
Viendo tan diferente suerte de hombre, Salir el humo de las caserías
No es mucho que le asombre luz tamaña De aquestos comarcanos labradores.
Pero vete, que baña el sol hermoso Recoge tus ovejas y las mias,
Su carro presuroso ya en las ondas, Y vete tú con ellas poco á poco
Y antes que me respondas será puesto. Por aquel mismo valle que solías.
Diciendo así, con gesto muy humano Yo solo me averné con nuestro loco,
Tomóle por la mano. ¡Oh admirable Que pues que hasta aquí no se ha movido,
Caso y cierto espantable Que en saliendo, !
La braveza y furor debe ser poco.
Se fueron restriñendo de una parte
Y de o!ra de tal arte aquellas ondas,
Que las aguas, que hondas ser solían, Si llegas antes, no te estés dormido;
El suelo descubrían, y dejaban Apareja cena, que sospecho
la
Seca por do pasaban la carrera, Que aun fuego Galafron no habrá encendido.
Hasta que en la ribera se hallaron
Y como se pararon en un alto,
El viejo de allí un salto dio con brío,
Yo lo haré, que al hato iré derecho,
Y levantó del rio espuma al cielo,
Sino me lleva á despeñar consigo
Y conmovió del suelo negra arena. De algún barranco Albanio á mi despecho.
Severo, ya de ajena ciencia instrulo,
Adiós , hermano.
Fuese á coger el fruto sin tardanza
De futura esperanza; y escribiendo NEMOROSO.
Las cosas fué exprimiendo muy conformes Adiós, Salicio amigo.
A lasque liabia de Termes aprendido;
Y aunque de mi sentido él bien juzgase
Que no las alcanzase, no por eso
Este largo proceso sin pereza ÉGLOGA III.
Dejó, por su nobleza, de mostrarme.
Yo no podía hartarme allí leyendo, TIRRENO, ALCINO (1).
Y tú de estarme oyendo estás cansado.
salicio. Aquella voluntad honesta y pura,
Ilustre y hermosísima María,
Espantado me tienes Que en mí de celebrar tu hermosura,
Con tan extraño cuento,
Tu ingenio y tu valor estar solia,
Y al son de tu hablar embebecido
A despecho y pesar de la ventura
Acá dentro me siento,
Que por otro camino me desvia
Oyendo tantos bienes Está y estará en mí tanto clavada,
Y el valor deste príncipe escogido, Cuanto del cuerpo el alma acompañada.
Bullir con el sentido
Y aun no se me figura que me toca
Y arder con el deseo, Aqueste oflcio solamente en vida
Por contemplar presente
Mas con la lengua muerta y fría la boca (2)
Aquel que estando ausente
,
Pienso mover la voz á tí debida.
Por tu divina relación ya veo.
Libre mi alma de su estrecha roca
¡Quién viese la escritura,
Por el Estigio lago conducida,
Ya que no puede verse la pintura! Celebrándote irá, y aquel sonido
Por firme y verdadero,
Después que te he escuchado,
Tengo que ha de sanar Albanio cierto (1) «Piensan algunos que fué dirigida á la duquesa de Alba, otros

Que según me has contado,


,
á doña María de Cardona, marquesa de la Pádula pero lo cierto, ;

Bastará tu Severo según la alirmacion de don Antonio Puertocarrcro, es á la seño-


A dar salud á un vivo y vida á un muerto; ra doña María de la Cueva condesa de Ureña madre de don Pe-
, ,

Que á quien fué descubierto dro Girón, primer duque de Osuna.» —


Fernando de Herrera.
íln tamaño secreto, Esta señora falleció en Madrid en el palacio real el año de 1566,
Razón es que se crea siendo de edad muy avanzada. Véase á Gudiel, Compendio de al-
Que cualquiera que
, sea, gunas kistorias de España. Alcalá, 1577.
Alcanzará con su saber perfeto, (2) Así entiende Tamayo que debe leerse este verso , y no como

Yá las enfermedades creen todos:


Aplicará contrarias calidades. Mas con la lengua muerta y fria en la boca;
porque dice con razón : «Parece demasía sin fruto decir que la

(84) Herrera omite la y. lengua está en la boca, pues ¿dónde babia de estar?»
, ,, ,,,: , , , , , , ¡

ÉGLOGAS. 21
Hará parar las aguas del olvido. No perdió en esto mucho tiempo el ruego
Mas fortuna, de mi nial no harta,
la Que las tres dellas su labor tomaron,
Me aflige
y de un trabajo en otro lleva Y en mirando de fuera, vieron luego
Ya de la patria ya del bien me aparta
,
El prado, hacia el cual enderezaron.
Ya mi paciencia en mil maneras prueba ; El agua clara con lascivo juego
Y lo que siento mas, es que la carta (o), Nadando dividieron y cortaron,
Donde mi pluma tu alabanza mueva, Hasta que el blanco pié tocó mojado,
Poniendo en su lugar cuidados vanos, Saliendo de la arena , el verde prado.
Me quita y me arrebata de las manos. Poniendo ya en lo enjuto las pisadas
Pero, por mas que en mí su fuerza pruebe, Escurrieron del agua sus cabellos,
No tornará mi corazón mudable; Los cuales esparciendo, cobijadas
Nunca dirán jamás que me remueve Las hermosas espaldas fueron dellos.
Fortuna de un estudio tan loable. Luego sacando telas delicadas,
Apolo y las hermanas , todas nueve Que en delgadeza competían con ellos,
Me darán ocio y lengua con que hable En lo mas escondido se metieron,
Lo menos de lo que en tu ser cupiere Y á su labor atentas se pusieron.
Que esto será lo mas que yo pudiere (-4). Las telas eran hechas y tejidas
En tanto no te ofenda ni te harte Del oro que el felice Tajo envía,
Tratar del campo y soledad que amaste, Apurado después de bien cernidas
,

Ni desdeñes aquesta inculta parte Las menudas arenas do se cria.


De mi estilo, que en algo ya estimaste. Y de las verdes hojas reducidas
Entre las armas del sangriento Marte En estambre sotil cual convenia
,

Do apenas hay quien su furor contraste, Para seguir el delicado estilo


Hurlé de tiempo aquesta breve suma, Del oro ya tirado en rico hilo.
Tomando, ora la espada ora la pluma. , La delicada estambre era distinta
Aplica pues un rato los sentidos De las colores que antes le habían dado
Al bajo son de mi zampona ruda, Con la fineza de la varia tinta
Indigna de llegar á tusoidos, Que se halla en las conchas del pescado.
Pues de ornamento y gracia va desnuda; Tanto artificio muestra en lo que pinta
Mas á las veces son mejor oidos Y teje cada ninfa en su labrado,
El puro ingenio y lengua casi muda, Cuanto mostraron en sus tablas antes
Testigos limpios de ánimo inocente, El celebrado Apeles y Timantes.
Que la curiosidad del elocuente. Filódoce, que así de aquellas era
Por aquesta razón de tí escuchado, Llamada la mayor, con diestra mano
Aunque me falten otras, ser merezco. Tenia figurada la ribera
Lo que puedo te doy, y lo que he dado, De Estrimon de una parte el verde llano,
,

Con recibillo tú yo me enriquezco. Y de otra el monte de aspereza fiera


De cuatro ninfas que del Tajo amado Pisado tarde ó nunca de pié humano.
Salieron juntas , á cantar me ofrezco, Donde el amor movió con tanta gracia
Filódoce, Dinámeney Climene, La dolorosa lengua del de Tracia.
Nise que en hermosura par no tiene.
,
Estaba figurada la hermosa
Cerca del Tajo en soledad amena, Eurídice, en el blanco pié mordida
De verdes sar.ces hay una espesura De la pequeña sierpe ponzoñosa
Toda de hiedra revestida y llena ,
Entre la yerba y llores escondida;
Que por el tronco va hasta la altura, Descolorida estaba como rosa
Y y encadena,
así la teje arriba Que ha sido fuera de sazón cogida,
Que el sol no halla paso á la verdura; Y el ánima, los ojos ya volviendo,
El agua baña el prado, con sonido De la hermosa carne despidiendo.
Alegrando la yerba y el oido. Figurado se via extensamente
Con tanta mansedumbre el cristalino El osado marido que bajaba
Tajo en aquella parte caminaba, Al triste reino déla escura gente,
Que pudieran los ojos el camino Y la mujer perdida recobraba;
Determinar apenas que llevaba. Y cómo después tiesto él, impaciente
Peinando sus cabellos de oro fino, . Por mirarla de nuevo, la tornaba
Una ninfa del agua, do moraba A perder otra vez y del tirano
,

La cabeza sacó, y el prado ameno Se queja al monte solitario en vano.


Vidode flores y de sombra lleno. Dinámene no menos arlilicio
Movióla el sitio umbroso, el manso viento, Mostraba en la labor que había tejido,
El suave olor de aquel florido suelo. Pintando á Apolo en el robusto oficio
Las aves en el fresco apartamiento De la silvestre caza embebecido.
Vio descansar del trabajoso vuelo. Mudar presto le hace el ejercicio
Secaba entonces el terreno aliento La vengativa mano de Cupido,
El sol subido en la mitad del cielo. Que hizo á Apolo consumirse en lloro
En el silencio solo se escuchaba Después que le enclavó con punta de oro.
Un susurro de abejas que sonaba. Dafne con el cabello suelto al viento,
Habiendo contemplado una gran pieza Sin perdonar al blanco pié, corría
Atentamente aquel lugar sombrío, Por áspero camino tan sin tiento,
Somorgujó de nuevo su cabeza, Que Apolo en la pintura parecía
Y al fondo se dejó calar del rio. Que, porque ella templase el movimiento,
A sus hermanas á contar empieza Con menos ligereza la seguía.
Del verde sitio el agradable l'rio, El va siguiendo, y ella huye como
Y que vayan las ruega y amonesta Quien siente al pecho el odioso plomo (o).
Allí con su labor á estar la siesta. Mas á la fin los brazos le crecían
Y en sendos ramos vueltos se mostraban
(3) Carta por el papel, en significación latina 6 italiana.— Azara. Y los cabellos, que vencer solían
(4) En Boscan se hallan en una estancia de una canción los ver- Al oro fino, en hojas se tornaban;
sos que dicen : En torcidas raíces se extendían
Hablaré ya lo menos que tuviere Los blancos pies, y en tierra se hincaban.
Que esto será lo mas que yo pudiere.
¿Quién tomó á quién este último verso? ¿Boscan á Garcilaso, ó (51 Azara observa que los poetas dicen que Cupido hiere con dos
Garcilaso á Boscan? Tamayo afirma que Boscan aprovechóse de géneros de saetas unas de oro al amor firme y correspondido, y
:

este verso como de hacienda de amigo. Ignoro en qué se fundó otras de plomo , que lo apartan y engendran los desdenes. No SÓ f
para decir lo que dijo. esto se puede aplicar al verso de Garcilaso.
, , ,; ;,
, ;

GARCILASODELAVEGA.
Llora amante, y busca el ser primero,
el Que del funesto y triste caso habia
Besando y abrazando aquel madero. Apartada algún tanto, en la corteza
Climene, llena de destreza y maña, De un álamo unas letras escribía,
El oro y las colores matizando, Como epitafio de la ninfa bella
Iba de bayas una gran montaña Que hablaban así por parte della.
De robles y de peñas variando. «Klisa soy, en cuyo nombre suena
Un puerco entre ellas, de braveza extraña, Y se lamenta el monte cavernoso,
Estaba los colmillos aguzando Testigo del dolor y grave pena
Contra un mozo, no menos animoso, En que por mí se aflige Nemoroso,
Con su venablo en mano, que hermoso. Y llama á Elisa; Elisa á boca llena
Tras esto, el puerco allí se via herido Responde el Tajo y lleva presuroso
,

De aquel mancebo por su mal valiente, Al mar de Lusilania el nombre mió,


Y el mozo en tierra estaba ya tendido, Donde será escuchado, yo lo fio.»
Abierto el pecho del rabioso diente; En fin, en esta tela artificiosa
Con el cabello de orodesparcido Toda la historia estaba figurada,
Barriendo el suelo miserablemente, Que en aquella ribera deleitosa
Las rosas blancas por allí sembradas De Nemoroso fué tan celebrada ;
Tornaba con su sangre coloradas. Poique de todo aquesto y cada cosa
Adonis este se mostraba que era,' Estaba Nise ya tan informada,
Según se muestra Venus dolorida , Que llorando el pastor, mil veces ella
Que viendo herida abierta y fiera,
la Se enterneció escuchando su querella.
Sobre él estaba casi amortecida (6). Y porque aqueste lamentable cuento
Boca con boca coge la postrera No solo entre las selvas se contase,
Parle del aire que solia dar vida Mas dentro de las ondas sentimiento
Al cuerpo, por quien ella en este sucio Con la noticia de esto se mostrase,
Aborrecido tuvo al alto cielo. Quiso que de su tela el argumento
La blanca Nise no tomó á destajo La bella ninfa muerta señalase,
De los pasados casos la memoria, Y así se publícase de uno en uno
Y en la labor de su sutil trabajo Por el húmido reino de Neptuno.
No quiso entretejer antigua historia; Destas historias tales variadas
Antes mostrando de su claro Tajo Eran las telas de las cuatro hermanas,
En su labor la celebrada gloria, Las cuales, con colores matizadas
Lo figuró en la parte donde baña Y claras luces de las sombras vanas (10),
La mas felice tierra de la España. Mostraban á los ojos relevadas
Pintado el caudaloso rio se via, Las cosas y figuras que eran llanas;
Que, en áspera estrecheza reducido, Tanto, que al parecer el cuerpo vano
Un monte casi al rededor cenia, Pudiera ser lomado con la mano.
Con ímpetu corriendo y con ruido; Los rayos ya del sol se trasiornaban,
Querer cercarle todo parecía Escondiendo su luz, al mundo cara,
En su volver; mas era afán perdido; Tras altos montes, y á la luna daban
Dejábase correr, en fin, derecho, Lugar para mostrar su blanca cara;
Contento de lo mucho que habia hecho. Los peces á menudo ya sallaban,
Estaba puesta en la sublime cumbre Con la cola azotando el agua clara,
Del monte, y desde allí por él sembrada, Cuando las ninfas, la labor dejando,
Aquella ilustre y clara pesadumbre, Hacia agua se fueron paseando.
el
De antiguos edificios adornada. En las templadas ondas ya metidos
De allí con agradable mansedumbre Tenían los pies, y reclinar querían
El Tajo va siguiendo su jornada, Los blancos cuerpos, cuando sus oidos
Y regando los campos y arboledas Fueron de dos zamponas que tañían
Con artificio de lasabas ruedas (7). Suave y dulcemente, detenidos
En la hermosa tela se veian Tanto, que sin mudarse las oian,
Entretejidas las silvestres diosas Y al son de las zamponas escuchaban
Salir de la espesura, y que venian Dos pastores á veces que cantaban.
Todas á las riberas presurosas, Mas claro cada vez el son se oia
En el semblante tristes, y traian De los pastores, que venian cantando
Ceslillos blancos de purpúreas rosas Tras el ganado, que también venia
Las cuales esparciendo, derramaban Por aquel verde solo caminando ,
Sobre una ninfa muerta que lloraban (8). Y á la majada, ya pasado el día,
Todas con el cabello desparcido Recogido llevaban, alegrando (11)
Lloraban una ninfa delicada Las verdes selvas con el son suave
Cuya vida mostraba que habia sido Haciendo su trabajo menos grave.
Antes de tiempo y casi en ílor cortada. Tirreno deslos dos el uno era,
Cerca del agua, en un lugar florido. Alcino el otro, entrambos estimados,
Estaba entre las yerbas degollada (9), Y sobre cuantos pacen la ribera (12)
Cual queda el blanco cisne cuando pierde Del Tajo con sus vacas enseñados
La dulce vida entre la yerba verde. Mancebos de una edad de una manera ,

Una de aquellas diosas que en belleza,


, A cantar juntamente aparejados,
Al parecer, á todas excedía , Y á responder. Aquesto van diciendo,
Mostrando en el semblante la tristeza Cantando el uno, el otro respondiendo.

(6) Estaba sobre él casi amortecida.— Texto de Herrera.


(7) Las azudas. Flérida para mí dulce y sabrosa
,

(8) Doña Isabel Freyre, portuguesa. Mas que la fruía del cercado ajeno,
(9) Así Herrera ; Sánchez dice que halló en un libro antiguo, en Mas blanca que la leche y mas hermosa
vez de degollada, igualada, que significa amortajada. Que el prado por abril, de flores lleno
Herrera afirma que degollada se tomaba por desangrada; «como
decimos cuando sangran mucho á uno, que lo degolló el barbero.» (10)Claraslas luces de las sombras vanas.— Así el texto de Ulloa
Covarrubias, en su Tesoro de la lengua castellana, escribe: «Cuan- y de Herrera ; asi Francisco Pacheco en su Arte de ¡a pintura, al
el
do sacan a uno mucha sangre por las venas, solemos decir que citar esta octava de (íarcilaso en su libro primero.
conviene degollarle, si el accidente requiere tanta evacuación.» (11) Herrrera y Tamayo Azara pone; :

Azara dice que mas natural era que se leyese en el verso desan- Recogido le llevan , alegrando.
grada, puesto que doña Isabel murió de sobreparto. Tamayo acep- (12) Ulloa y otros Icen:
ta la voz degollada, siguiendo á Herrera, Y sobre cuantos pasen la ribera.
; ;; ,; ; : — , , ,; , , ,

ELEGÍAS. 23
Si lúrespondes pura y amorosa Do quiera que de hoy mas sauces se hallen
Al verdadero amor fie tu Tirreno, El álamo, el laurel y el mirto callen.
A mi majada arribarás primero ALCINO.
Que el cielo nos amuestre sulucero(13).
El fresno por la selva en hermosura
ALCINO.
Sabemos ya que sobre lodos vaya,
HermosaFilis , siempre yo te sea Y en aspereza y monte de espesura
Amargo gusto mas que la relama,
al Se aventaja la verde y alta haya;
Y de tí despojado yo me vea, Mas el que la beldad de tu figura
Cual queda el tronco de su verde rama, Dondequiera mirado, Filis, haya,
Si mas que yo el murciélago desea Al fresno y á la haya en su aspereza
La escuridad ni mas la luz desama,
, Confesará que vence tu belleza.
Por ver el lin de un término tamaño Esto cantó Tirreno, y esto Alcino
Desle dia, para mi mayor que un año. Le respondió; y habiendo ya acabado
El dulce son, siguieron su camino
Con paso un poco mas apresurado.
Cual suele acompañada de su bando Siendo á las ninfas ya el rumor vecino
Aparecer la dulce primavera, Juntas se arrojan por el agua á nado (16),
Cuando Favonio y Céfiro soplando (14), Y de la blanca espuma que movieron,
Al campo tornan su beldad primera, Las cristalinas hondas se cubrieron.
Y van artificiosos esmaltando
De rojo, azul y blanco la ribera;
En tal manera á mí, Flérida mia,
ELEGÍA
Viniendo, reverdece mi alegría.
al duque de Alba.
ai.cino.

¿Ves el furor del animoso viento, EN LA MUERTE DE DON BERNARDINO DE TOLEDO, SU EERKAJÍO.
Embravecido en la fragosa sierra,
Que los antiguos robles ciento á ciento Aunque este grave caso haya tocado
Y los pinos altísimos atierra, Con tanto sentimiento el alma mia,
Y de tanto destrozo aun no contento, Que de consuelo estoy necesitado,
Al espantoso mar mueve la guerra? Con que de su dolor mi fantasía
Pequeña es esta furia, comparada Se descargase un poco, y se acabase
A la de filis, con Alcino airada. De mi contino llanto la porfía;

TIRRENO.
Quise pero probar si me bastase
El ingenio á escribirte algún consuelo,
El blanco trigo multiplica y crece Estando cual estoy, que aprovechase
Produce el campo en abundancia tierno Para que tu reciente desconsuelo
Pasto al ganado , el verde monte ofrece La furia mitigase, si las musas
A las fieras salvajes su gobierno Pueden un corazón alzar del suelo,
A do quiera que miro me parece Y poner fin á las querellas que usas,
Que derrama la copia todo el cuerno Con que de Pindó ya las moradoras
Mas todo se convertirá en abrojos Se muestran lastimadas y confusas
Si dello aparta Flérida sus ojos. Que, según he sabido, ni á las horas
ALCINO.
Que el sofse muestra ni en el mar se esconde,
De tu lloroso estado no mejoras;
De esterilidad es oprimido
la Antes en él permaneciendo, donde
El monte, el campo, el soto y el ganado Quiera que estás tus ojos siempre bañas
La malicia del aire corrompido Y el llanto á tu dolor así responde
Hace morir la yerba mal su grado Que temo ver deshechas tus entrañas
Las aves ven su descubierto nido, En lágrimas, como al lluvioso viento
Que ya de verdes hojas fué cercado; Se derrite la nieve en las montañas.
Pero si Filis por aquí tornare, Si acaso el trabajado pensamiento
Hará reverdecer cuanto mirare. En el común reposo se adormece
Por tornar al dolor con nuevo aliento,
TIRRENO.
En aquel breve sueño te aparece
El álamo de Alcídes escogido La imagen amarilla del hermano,
Fué siempre, y el laurel del rojo Apolo; Que de la dulce vida desfallece;
De la hermosa Venus fué tenido Y tú, tendiendo la piadosa mano
En precio y en estima el mirto solo Probando á levantar el cuerpo amado
El verde sauz de Flérida es querido,
Y por suyo entre todos escogiólo (15); ser también ; para inteligencia de lo cual digo que en la lengua
española no hay ninguna palabra neutra, solo son masculinas ó fe-
(13) Asi Ulloa y Herrera, cuya opinión sigo, por mas conforme á meninas, las cuales se señalan con el artículo el ó con el artículo
la lengua. El Brócense, Taraayo y Azara dicen demuestre. la; pero con todo, hay oraciones que tienen fuerza de nombre, y
(U) Nota el Brócense que aquí Garcilaso hizo de un viento dos. estas tales son neutras, y se señalan con el artículo lo, conforme
Herrera observa lo mismo, y cree enmendarlo con decir que el uno la doctrina de Antonio. Conforme esto, decimos: Yo dije esto, y en-
como pusieron Homero y
será epíteto del otro, Virgilio en sus tendiólo Pedro. Lo que yo digo es verdad. Donde lo es artículo neu-
poemas Febo Apolo. En tal caso debería leerse : tro, ytoda aquella oración que yo digo sirve de nombre. Entender-
Cuando Favonio Céfiro soplando, se ha claro en estos tres versos :
Al campo torna la beldad primera. Iba Laura delante, conocía;
Mas esto no puede continuación se lee :
ser, pues á Iba detrás don Félix y llamé/c;
Y van esmaltando.
artificiosos Lo demás del suceso callaré/o.
Creo que ó Garcilaso se engañó, según entiende el Brócense, ó Donde Laura (como fenemina) tiene el artículo la; don Félix
puso el nombre de otro viento, que equivocáronlos escribientes ó (como masculino el artículo le. Lo demás del suceso que es neu-
) (

los impresores. tro) el artículo lo. Si Garcilaso con decir


no es que disculpemos á

(15) Andrés Bey de Artieda, en sus Discursos, epístolas y epigra- que trocar los artículos está ya puesto en uso, verdadero legisla-
mas de Artemidoro (Zaragoza , 1605), dice «Escogiólo fué lo mis- dor de lo que se habla, según Horacio.»
mo que decir escogió el salce que tanto agradó á Filis. En la cual (16) Ulloa pone :

imitación mostró descuidarse Garcilaso, porque adonde dice esco- Juntas se echaron en el agua á nado.
giólo debió decir escogióle, hablando congruamente español; por- Y Herrera lee
que, como este nombre salce sea masculino, el articulo lo había de Todas juntas se arrojan por c\ vado,
, , , ! ,; , ,;,

2Í GARCILASO DE LA VEGA.
Levantas solamente el aire vano; Que ni á tu juventud, don Bernardino,
Y del dolor el sueño desterrado Ni ha sido á nuestra perdida piadosa.
Con ansia vas buscando, el que partido ¿Quién pudiera de tal ser adivino?
Era ya con el sueño y alongado. ¿A quién no le engañara la esperanza,
Así desfalleciendo en tu sentido, Viéndole caminar por el camino?
Como fuera de tí, por la ribera ¿Quién no se prometiera en abastanza
De Trápana con llanto y con gemido Seguridad entera de tus años,
El caro hermano buscas, que sola era Sin temer de natura tal mudanza?
La mitad de lu alma, el cual muriendo, Nunca los tuyos, mas los propios daños,
No quedará tu alma toda entera (1). Dolemos deben; que la muerte amarga
Y no de otra manera repitiendo Nos muestra claros ya mil desengaños:
Vas el amado nombre, en desusada Hanos mostrado ya que en vida larga
Figura á todas partes revolviendo Apenas de tormentos y de enojos
Que cerca del Eridano aquejada, Llevar podémosla pesada carga;
Lloró y llamó Lampecia el nombre en vano, Hanos mostrado en tí que ciaros ojos
Con la fraterna muerte lastimada: Y juventud y gracia y hermosura,
«Ondas, tornadme ya mi dulce hermano Son también, cuando quiere, sus despojos.
Faetón; si no, aquí veréis mi muerte, Mas no puede hacer que tu figura,
Regando con mis ojos este llano. Después de ser de vida ya privada
¡Oh cuántas veces, con el dolor fuerte No muestre el artificio de natura.
Avivadas las fuerzas, renovaba Bien es verdad que no está acompañada
Las quejas de su cruda y dura suerte! De la color de rosa que solia
Y cuántas otras, cuando se acababa Con la blanca azucena ser mezclada
Aquel furor, en la ribera umbrosa, Porque el calor templado que encendía
Muerta, cansada, el cuerpo reclinaba (2) La blanca nieve de tu rostro puro,
Bien te confieso que si alguna cosa Robado ya la muerte te lo había;
Entre la humana puede y mortal gente En todo lo demás, como en seguro
Entristecer un alma generosa, Y reposado sueño descansabas,
Con gran razón podrá ser la presente, Indiciodando del vivir futuro.
Pues te ha privado de un tan dulce amigo, Mas ¿qué hará la madre que tú amabas,
No solamente hermano, un accidente; De quien perdidamente eras amado
El cual, no solo siempre fué testigo A quien la vida con la tuya dabas?
De tus consejos é íntimos secretos, Aquí se me figura que ha llegado
Mas de cuanto lo fuiste tú contigo. De su lamento el son, que con su fuerza
En él se reclinaban tus discretos Rompe el aire vecino y apartado
Y honestos pareceres, y hacían Tras el cual á venir también se esfuerza
Conformes al asiento sus efetos. El de las cuatro hermanes, que teniendo
En él ya se mostraban y leian Va con el de la madre viva fuerza.
Tus gracias y virtudes una á una,' A todas las contemplo desparciendo
Y con hermosa luz resplandecían, De su cabello luengo el fino oro
Como en luciente de cristal coluna (3), Al cual ultraje y daño están haciendo.
Que no encubre de cuanto se avecina El viejo Tórmes con el blanco coro
A. su viveza pura cosa alguna. De sus hermosas ninfas seca el rio,
¡Oh miserables hados! Oh mezquina Y humedece la tierra con su lloro.
Suerte la del estado humano, y dura, No recostado en urna al dulce frió
Do por tantos trabajos se camina! De su caverna umbrosa, mas tendido
Y agora muy mayor la desventura Por el arena en el ardiente estío,
De aquesta nuestra edad, cuyo progreso Con ronco son de llanto y de gemido,
Muda de un mal en otro su figura. Los cabellos y barbas mal paradas (4)
¿A quién ya de nosotros el exceso Se despedaza, y el sutil vestido.
De guerras, de peligros y destierro Entorno del sus ninfas, desmayadas,
No toca, y no ha cansado el gran proceso? Llorando en tierra están sin ornamento,
¿Quién no vio desparcir su sangre al hierro Con las cabezas de oro despeinadas.
De! enemigo? Quién no vio su vida Cese ya del dolor el sentimiento,
Perder mil veces y escapar por yerro? Hermosas moradoras del undoso
¿De cuántos queda y quedará perdida Tórmes; tened mas provechoso intento;
La casa y la mujer y la memoria, Consolad á la madre, que el piadoso
Y de otros la hacienda despedida? Dolor noesta en tal estado,
la tiene
¿Qué se saca de aquesto? ¿Alguna gloria? Que menester socorro presuroso.
es
Algunos premios ó agradecimientos? Presto será que el cuerpo, sepultado
Sabrálo quien leyere nuestra historia. En un perpetuo mármol, de las ondas
Veráse allí que como polvo al viento, Podrá de vuestro Tórmes ser bañado.
Así se deshará nuestra fatiga Y tú, hermoso coro, allá en las hondas
Ante quien se endereza nuestro intento. Aguas metido, podrá ser que al llanto
No contenta con esto la enemiga De mi dolor le muevas y respondas.
Del humano linaje, que envidiosa Vos, altos promontorios, entre tanto
Coge sin tiempo el grano de la espiga Con toda la Tinacria entristecida
Nos ha querido ser tan rigurosa Buscad alivio en desconsuelo tanto.
Sátiros, faunos, ninfas, cuya vida
(1) Ulloa , Sánchez y Herrera ponen :
Sin enojos se pasa, moradores
No quedará ya tu alma entera. Déla parte repuesta y escondida,
Este último dice : «Algunos, parcelándoles que esta falto este Con luenga experiencia sahidores,
verso de Garcilaso, no considerando la diéresis, lo han enmendado Buscad para consuelo de Fernando
6 dañado de esta suerte :
Yerbas de propiedad oculta y llores;
Así en el escondido bosque, cuando
No quedará
ya tu alma toda entera.
Ardiendo en vivo y agradable fuego
»Pero Garcilaso conocía mejor los números, porque, demás Las fugitivas ninfas vais buscando
de significar así la falta del alma que él pretendió mostrar, no es
, Ellas se inclinen al piadoso ruego,
flojo número de verso , sino artificioso y no ajeno de suavidad.»
Y en recíproco lazo estén ligadas,
(2) Tamayo observa que menos parece que dice en cansada que
Sin esquivar el amoroso juego.
en muerta.
(3) Según Herrera, reprendió Juan deMalaraporduro este verso, códice de don Diego de Mendoza se lela;
{i) En un
á causa de la trasposición. Los cabellos y barbas mal rapadas.
,;
, , , ; , , ! ,

ELEGÍAS. 23
Tú, gran Fernando, que entre lus pasadas Tu corazón sospiros mil al dia ,

Y tus presentes obras resplandeces Y resuena tu llanto en cada parte,


Y á mayor fama están por ti obligadas, Subió por la difícil y alta via
Contempla donde estás; que si falleces De la carne mortal purgado y puro,
Al nombre que has ganado entre la gente, En la dulce región del alegría
De tu virtud en algo te enflaqueces. Do con discurso libre ya y seguro
Porque al fuerte varón no se consiento Mira la vanidad de los mortales,
No resistir los casos de fortuna Ciegos, errados en el aire escuro;
Con firme rostro y corazón valiente. Y viendo y contemplando nuestros males,
Y no tan solamente esta importuna, Alégrase de haber alzado el vuelo
Con proceso cruel y riguroso, A gozar de las horas inmortales.
Con revolver del sol, de cielo y luna Pisa el inmenso y cristalino cielo (8),
Mover no debe un pecho generoso, Teniendo puestos de una y de otra mano
Ni entristecello con funesto duelo (5), El claro padre y el sublime abuelo (9).
Turbando con molestia su reposo; El uno ve de su proceso humano
Mas si toda la máquina del cielo Sus virtudes estar allí presentes,
Con espantable son y con ruido, Que el áspero camino hacen llano;
Hecha pedazos, se viniere al suelo (G), El otro, que acá hizo entre las gentes
Debe ser aterrado y oprimido En la vida mortal menor tardanza,
De! grave peso y de la gran ruina Sus llagas muestra allá resplandecientes.
Primero que espantado y conmovido. Del las aqueste premio allá se alcanza;
Por eslas asperezas se camina Porque del enemigo no conviene
De la inmortalidad al alto asiento, Procurar en el cielo otra venganza.
Do nunca arriba quien de aquí declina. Mira la tierra , el mar que la contiene
En fin, Señor, tornando al movimiento Todo lo cual por un pequeño punto
De la humana natura, bien permito A respeto del cielo juzga y tiene.
A nuestra flaca parte un sentimiento ; Puesta la vista en aquel gran trasunto
Mas exceso en esto vedo y quito,
el Y espejo, do se muestra lo pasado
Si alguna cosa puedo, que parece Con loifuturo y lo présenle junto,
Que quiere proceder en infinito. El tiempo que á tu vida limitado
A lo menos el tiempo, que descrece De allá arriba te está , Fernando, mira,
Y muda de las cosas el estado. Y allí ve tu lugar ya deputado.
Debe bastar, si la razón fallece. ¡Oh bienaventurado! que sin ira,
No fué el troyano príncipe llorado Sin odio, en paz estás, sin amor ciego,
Siempre del viejopadre dolorido, Con quien acá se muere y se sospira;
Ni siempre déla madre lamentado; Y en eterna holganza y en sosiego
Antes, después del cuerpo redimido Vives, y vivirás cuanto encendiere
Con lágrimas humildes y con oro Las almas del divino amor el fuego
Que fué del fiero Aquiles concedido, Y si el cielo piadoso y largo diere (10)
Y reprimido el lamentable coro (7) Luenga vida á la voz deste mi llanto,
Del frigio llanto, dieron fin al vano Lo cual tú sabes que pretende y quiere,
Y sin provecho sentimiento y lloro. Yo te prometo, amigo, que entre tanto
El tierno pecho, en esta parte humano, Que el sol al mundo alumbre , y que la escura
De Venus ¿qué sintió, su Adonis viendo Noche cubra la tierra con su manto,
De su sangre regar el verde llano? Y en tanto que los peces la hondura
Mas desque vido bien que corrompiendo Húmida habitarán del mar profundo,
Con lágrimas sus ojos no hacia Y las fieras del monte la espesura
Sino en su llanto estarse deshaciendo, Se cantará de tí por todo el mundo;
Y que tornar llorando no podia Que en cuanlose discurre, nunca visto
Su caro y dulce amigo de la escura De tus años jamás otro segundo
Y tenebrosa noche al claro dia, Será desde el Antartico á Calisto (i i).
Los ojos enjugó, y la frente pura
Mostró con algo mas contentamiento,
Dejando con el muerto la tristura
Y luego con gracioso movimiento ELEGÍA II.
Se fué su paso por el verde suelo,
Con su guirnalda usada y su ornamento. - A Boscan.
Desordenaba con lascivo vuelo
El viento sus cabellos, y su vista Aquí, Boscan, donde del buen troyano
Alegraba la tierra, el mar y el cielo. Anquíses con eterno nombre y vida
Con discurso y razón que es tan prevista Conserva la ceniza el Manluano,
Con fortaleza y ser que en tí contemplo, Debajo de la seña esclarecida
A se resista.
la flaca tristeza De César Africano nos hallamos,
Tuardiente gana de subir al templo
Donde la muerte pierde su derecho,
(8) Así Ulloa , Herrera y Tamayo; otros creyeron que estar!» me-
Te baste , sin mostrarte yo otro ejemplo.
jor sucio, imaginando haberse ensañado Garcilaso en llamar crit-
Alli verás cuan poco rrial ha hecho
talino cielo, que era, según los antiguos, el nono, al undécimo, que
La muerte en la memoria y clara fama Tamayo,
es el empíreo donde tenían asiento los bienaventurados.
De los famosos hombres que ha deshecho.
contra los que tal dijeron, escribe :
Vuelve los ojos donde al fin te llama
«No hizo tales truecos aquí GAitciLASO. Solamente añadió al cie-
La suprema esperanza, do perfeta
lo aquella aposición ó atribución de cristalino que puede i cual-
Sube y purgada el alma en pura llama. ,

quiera de los cielos, por su claridad, acomodarse. Decir que cómo


¿Piensas 'que es otro el luego que en Oeta
pisa el cristalino quien está en el empíreo, hace la misma risa
De Alcídes consumió la mortal parle
Cuando voló el espirtu al alta meta? que si se preguntase cómo en él se pisa sin pies.»
(9) Alude á don García de Toledo, que murió en
la rota de los
Desta manera aquel por quien reparte
Gelves, y á don Fadrique, duque de Alba, aquel padre, y este abue-
(5) Asi pone Tamayo este verso, y con razón. Ulloa, Sánchez, lo del don Bernardino.
Herrera y Azara leen : Si el cielo piadoso y largo diere.— Texto de Herrera.
(10)
Ni entristecello con funesto vuelo. (11) los comentadores, esta elegía es imitada de la que en
Según
(6) Así Ulloa , Herrera y Tamayo ; Azara pone : lengua latina compuso Jerónimo Frascator á Juan Bautista déla
Hecha pedazos se viniera al suelo. Torre, veronés, para consolarlo de la muerte de su hermano Marco
(7) Asi Herrera ; Sánchez y Azara leen , con llloa , reprimiendo. Antonio de la Torre.
, ; ; ; , , ;! ,,

GARCILASODELAVEGA.
Ln vencedora gente recogida (i). Lo cual no habrá razón que lo permita;
Diversos en estudio que míos vamos
; Poique, por mas y mas que ausencia dure,
Muriendo por coger de la fatiga Con la vida se acaba, que es finita.
Ll fruto que con el sudor sembramos;
Mas á mi ¿quién habrá que me asegure
Oíros, que lineen la virtud amiga Que mi mala fortuna con mudanza
Y premio de sus obras* y así quieren Y olvido contra mí no se conjure?
Que la genle lo piense y que lo diga» Este temor persigue la esperanza
Desiol ros en lo publico difieren Y oprime y enflaquece el gran deseo
Y en lo secreto sabe Dios en cuento Con que mis ojos van de su holganza.
Se contradicen en lo que profieren (2). Con ellos solamente agora veo
Yo voy por medio, porque nunca tanto Este dolor que el corazón me parte,
Quise obligarme á procurar hacienda; Y con él y conmigo aquí peleo.
Que un poco mas que aquellos me levanto. ¡Oh crudo, oh riguroso, oh fiero Marte
Ni voy tampoco por la estrecha senda De túnica cubierto de diamante,
De los que cierto sé que á la otra via Y endurecido siempre en toda parte
Vuelven de noche al caminarla rienda. ¿Qué tiene que hacer el tierno amante
Mas dónde me llevó la pluma mia ,
;,
Con tu dureza y áspero ejercicio,
Que á sátira me Voy mi paso á* paso, Llevado siempre del furor delante?
Y aquesta que Os escribo es elegía? Ejercitando, por mi mal, tu oficio,
/ Yo enderezo, Señor, en fin mi paso , Soy reducido á términos, que muerte
Por donde vos sabéis, que su proceso Será mi postrimero beneficio.
Siempre ha llevado y lleva GarcJfaso; Y esta no permitió mi dura suerte
Y así en mitad de aqueste monte espeso
,
Que me sobreviniese peleando.
De las diversidades me sostengo, De hierro traspasado agudo y fuerte,
No , mas no por eso
sin dificultad Porque me consumiese contemplando
Dejo las musas antes torno y vengo
,
Mi amado y dulce fruto en mano ajena,
Deilas al negociar, y variando, Y el duro posesor de mí burlando.
Con ellas dulcemente me enlretengo. Mas ¿dónde me trasporta y enajena
Así se van las horas engañando, De mi proprio sentido el triste miedo?
Así del duro afán y grave pena ¿A parte de vergüenza y dolor llena,
Estamos algún hora descansando. Donde si el mal yo viese, ya no puedo,
De aquí iremos á ver de la sirena Según con esperalle estoy perdido,
La patria, que bien muestra haber va sido (3) Acrecentar en la miseria un dedo?
De ocio y de amor antiguamente llena. Asi lo pienso agora, y si él venido
Allí mi corazón tuvo su nido
Fuese en su misma forma y su figura,
En tiempo ya mas no sé triste agora
; ¡ !
Tendría el presente por mejor partido (4),
O si estará ocupado ó desparcido. Y agradeciera siempre á la ventura
Destó un frió temor asi á deshora Mostrarme de mi mal solo el retrato,
Por mis huesos discurre en tal manera, Que pintan mi temor y mi tristura (5).
Que no puedo vivir con él un hora. Yo sé qué cosa es esperar un rato
Si ¡triste! de mi bien estado hubiera
El bien del propio engaño, y solamente
Un breve tiempo ausenfe, yo no niego Tener con él inteligencia y trato.
Que con mayor seguridad viviera. Como acontece al mísero doliente,
La breve ausencia hace el mismo juego
__ Que del un cabo el cierto amigo y sano
En la fragua de amor, que en fragua ardiente Le muestra el grave mal de su acídente (6),
•"
El agua moderada hace al fuego Y le amonesta que del cuerpo humano
La cual verás que no tan solamente Comience á levantar á mejor parte
No le suele matar, mas aun le esfuerza El alma suelta con volar liviano;
Con ardor mas intenso y eminente; Mas la tierna mujer, de la otra parte,
Porque un contrario con la poca fuerza No se puede entregar á desengaño (7),
De su conlrario, por vencerla lucha, Y encúbrele del alma la mayor parte;
Su brazo aviva y su valor esfuerza ; El abrazado con su dulce engaño,
,

Pero si el agua en abundancia mucha Vuelve los ojos á la voz piadosa,


Sobre el fuego se esparce y se derrama. Y alégrase muriendo con su daño;
El humo sube al cielo, el son se escucha, Así los quilo yo de toda cosa ,
Y el claro resplandor de viva llama, Y póngolos en solo el pensamiento
En polvo y en ceniza convertido, De esperanza cierta ó mentirosa (8).
la
Apenas queda del sino la fama. En este dulce error muero contento;
Así el ausencia larga, que ha esparcido Porque ver claro y conocer mi estado
En abundancia su licor, que amala No puede ya curar el mal que siento
El fuego que el amor tenia encendido, Y acabo como aquel que en un templado
De tal suerte lo deja, que lo trata Baño metido, sin sentido muere
La mano sin peligro en el momento Las venas dulcemente desalado.
Que en apariencia y son se desbarata. Tú que en la patria entre quien bien te quiere
,

Yo solo fuera voy de aqueste cuento La deleitosa playa estás mirando,


Porque el amor me aflige y me atormenta Y oyendo el son del mar que en ella hiere
Y en el ausencia crece el mal que siento Y sin impedimento contemplando
Y pienso yo que la razón consienta La misma á quien tú vas eterna fama
Y permita la causa de este efeto, En tus vivos escritos procurando (!));
Que á mi solo entre todos se presenta Alégrate, quemas hermosa llama
Porque, como del cielo yo sujeto Que aquella que el troyano encendimiento
Estaba eternamente y deputado Pudo causar, el corazón te inflama.
Al amoroso fuego en que me meto, No tienes que temer el movimiento
^
Asi para poder ser amalado, De la fortuna con soplar conlrario;
El ausencia sin término infinita
Debe ser, y sin tiempo limitado;
(i) Así Herrera ; Azara pone ternia.
(1) Escrita en Trápani después de la empresa de Túnez por Car-
(5) Que pinta mi temor y mi tristura.— Texto de Azara.
los V, á <[uien llama el Africano, á semejanza de Eseipion, el vence-
(6) Le muestra el duro mal de su accidente.— Id.
dor de Cartago.
(7) No se puede entregar al desengaño.— Textos de Tamayo y
(2) Así Herrera y Tamayo; Azara pone refieren.
Azara. Sigo el de Herrera.
Ñapóles, donde se decia haberse hallado el sepulcro de
(8) Así Herrera y Tamayo
(5 la A/ara pone lastimosa.
;

sirena I'urteuoue.
$) Doña Ana Girón de Rebolledo , mujer de Coscan.
; ,; ; ; ,;
, , , ,, ,,; , , ;

CANCIONES. 27
Que puro resplandor serena el viento.
el Honesto y reposado, en que el discurso
Yo, como conducido mercenario. Del gusto y del ingenio se ejercita.
Voy do fortuna á mi pesar me envía Iba pensando y discurriendo un dia
Si no á morir; que aquesto es voluntario. A cuántos bienes alargó la mano
Solo sostiene la esperanza mia El quede la amistad mostró el camino;
Un tan débil engaño, que de nuevo Y luego vos de la amistad ejemplo,
,

Es menester hacelle cada dia Os me ofrecéis en estos pensamientos.


Y si no lo fabrico y lo renuevo, Y con vos á lo menos me acontece
Da consigo en el suelo mi esperanza Una gran cosa al parecer extraña;
,

Tanto, que en vano á levantalla pruebo. Y porque lo sepáis en pocos versos,


Aqueste premio mi servir alcanza Es que, considerando los provechos.
Que en solo la miseria de mi vida Las honras y los gustos que me vienen
Negó fortuna su común mudanza. Desta vuestra amistad, que en tanto tengo,
¿Dónde podré huir que sacudida Ninguna cosa en mayor precio estimo,
Un rato sea de mí la grave carga Ni me hace gustar del dulce estado,
Que oprime mi cerviz enflaquecida? Tanto como el amor de parte mia.
Mas ¡ay! que la distancia no descarga Este conmigo tiene tanta fuerza,
El triste corazón y el mal do quiera
, , Que sabiendo muy bien las otras partes
Que estoy, para alcanzarme el vuelo alaFga (10). De la amistad y la estrecheza nuestra,
Si donde el sol ardiente reverbera Con solo aqueste el alma se enternece;
En la arenosa Libia, engendradora Y yo sé que otra mente me aprovecha,
De toda cosa ponzoñosa y fiera Que el deleite, que suele ser pospuesto
O adonde es él vencido' á cualquiera hora A las útiles cosas y á las graves.
De rígida nieve y viento frió,
la Llévame á escudriñar la causa doslo
Parte do no se vive ni se mora ; Ver contino tan recio en mí el efeto,
Si en esta ó en aquella el desvarío Y hallo que el provecho, el ornamento,
O la fortuna me llevase un dia El gusto y el placer que se me sigue
Y gastase todo el tiempo mió
allí Del vínculo de amor que nuestrogenio
El celoso temor con mano fría Enredó sobre nuestros corazones.
En medio del calor y ardiente arena (H) Son cosas que de mi no salen fuera
El triste corazón me apretaría; Y en mí el provecho solo se convierte.
Y en el rigor del hielo, en la serena Mas el amor, de donde por ventura
Noche , soplando el viento agudo y puro Nacen todas las cosas, si hay algunas
Que el veloee correr del agua enfrena Que á vuestra utilidad y gusto miren (2),
De aqueste vivo fuego en que me apuro Es gran razón que en muy mayor estima (3)
Y consumirme pocoá poco espero, Tenido sea de mí, que todo el resto,
Sé que aun allí no podré estar seguro; Cuanto mas generosa y alta parle
Y así, diverso entre contrarios muero. Es el hacer el bien que el reculillo (i);
Así que amando me deleito, y hallo
Que no es locura este deleite mió.
EPÍSTOLA ¡Oh cuan corrido estoy y arrepentido
De haberos alabado el tratamiento
Del camino de Francia y las posadas;
á Coscan.
Corrido de que ya por mentiroso
Con razón me tendréis, arrepentido
Señor Boscan quien tanto gusto tiene
, De haber perdido tiempo en alabaros
De daros cuenta de los pensamientos Cosa tan digna ya de vituperio
Hasta en las cosas que no tienen nombre Donde no hallaréis sino mentiras
No le podrá con vos faltar materia (1), Vinos acedos, camareras feas
Ni será menester buscar estilo Barletes codiciosos, malas postas,
Presto, distinto, de ornamento puro, Gran paga, poco argén, largo camino
Tal cual á culta epístola conviene. Llegar al fin á Ñapóles no habiendo
Entre muy grandes bienes que consigo Dejado allá enterrado algún tesoro,
El amistad perfeta nos concede, Salvo si no decis que es enterrado
Es aqueste descuido suelto y puro, Lo que nunca se hallaba ni se tiene.
Lejos de la curiosa pesadumbre A mi señor Dural estrechamente (5)
Y así de aquesta libertad gozando,
,
Abrazad de mi parte, si pudierdes.
Digo que vine, cuanto á lo primero, Doce del mes de otubre, de la tierra
Tan sano como aquel que en doce dias Do nació el claro fuego del Petrarca (6),
Lo que solo veréis ha caminado Y donde están del fuego las cenizas.
Cuando el fin de la carta os lo mostrare:
Alargo y suelto á su placer la rienda
Mucho mas que al caballo, al pensamiento,
Y llévame á las veces por camino CANCIÓN PRIMERA.
Tan dulce y agradable, que me hace
Olvidar el trabajo del pasado. Si á la región desierta, inhabitable
Otras me lleva por tan duros pasos, Por el hervor del sol demasiado,
Que con la fuerza del afán presente, Y sequedad de aquella arena ardiente;
También de los pasados se me olvida. O á la que por el hielo congelado
A veces sigo un agradable medio Y rigorosa nieve es intratable
Del todo inhabitada de la gente,
(10) Herrera pone, según las ediciones antiguas, el vuelo alarga, Por algún accidente
ío lo sigo por ser término mas poético, contra la opinión de San-
;hez,que leia: (3 Así Herrera y Tamayo ; Azara pone :
Para alcanzarme el brazo alarga. Nacen todas las cosas, si hay alguna
Así como se dice acortar el vuelo, también se escribe elegante- Que á vuestra utilidad y gusto mire.
mente alargar el vuelo. (3) Herrera y Tamayo leen :
(11) De medio del calor y ardiente arena. — Textos de Sánchez, Es razón grande que en mayor estima.
Tawuyo y Azara. (4) Sigo á Herrera y Ulloa ; Azara pone :
(1) Sigo á Herrera ; Tamayo dice con Ulloa : Es el hacer el bien que recibille.
No le podrá faltar con vos materia. (5) Mosen Dural, maestro racional ó contador en Barcelona.
Y Azara :
(6j Valclusa , donde nació Laura , la dama que tanto celebró Pe-
No le podrá faltar en vos materia. trarca.

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28 GARCILASO DE LA VEGA.
O caso de fortuna desastrada Ser de vos escuchadas
Me fuésedes llevada Ni solo un hora oídas (2),
Y supiese que allá vuestra dureza He lastima de ver que van perdidas (3)
Estaba en su crueza, Por donde suelen ir las remediadas.
Allá os iría á buscar, como perdido (1), A mí se han de tornar,
Hasta morir á vuestros pies tendido (2). Adonde para siempre habrán de estar.
Vuestra soberbia y condición esquiva Mas ¿qué haré, Señora,
Acabe ya, pues es tan acabada En tanta desventura?
La fuerza de en quien ha de ejecutarse. ¿Adonde iré, si á vos no voy con ella?
Mirad bien que el amor se desagrada (3) ¿De quién podré yo agora
Deso, pues quiere que el amante viva Valerme en mi tristura,
Y se convierta á do piense salvarse. Si en vos no halla abrigo mi querella?
El tiempo ha de pasarse, Vos sola sois aquella
Y de mis males arrepentimiento Con quien mi voluntad
Confusión y fórmenlo Recibe tal engaño,
Sé que os ha de quedar, y esto recelo; Que viéndoos holgar siempre con mi daño
Que aunque de mí me duelo (4), Me quejo á vos, como si en la verdad
Como en mí vuestros males son de olra arte, Vuestra condición fuerte
Duélenme en mas sensible y tierna parte (5). Tuviese alguna cuenta con mi muerte.
Así paso la vida, acrecentando Los árboles presento
Materia de dolor á mis sentidos Entre las duras peñas
Como si la que tengo no bastase ; Por testigos de cuanto os he encubierto;
Los cuales para todo están perdidos, De lo que entre ellos cuento (4)
Sino para mostrarme á mí cuál ando. Podrán dar buenas señas
Pluguiese á Dios que aquesto aprovechase Si señas pueden dar del desconcierto.
Para que yo pensase Mas ¿quién tendrá concierto
Un rato en mi remedio, pues os veo En contar el dolor,
Siempre con un deseo (6) Que es de orden enemigo?
De perseguir al triste y al caído No me den pena, no, porque lo digo (3);
Yo estoy aquí tendido Que ya no me refrenará el temor.
Mostrándoos de mi muerte las señales, ¡
Quién pudiese hartarse
Y vos viviendo solo de mis males. De no esperar remedio y de quejarse!
Si aquella amarillez y los sospiros Mas esto me es vedado
Salidos sin licencia de su dueño Con unas obras tales
Si aquel hondo silencio no han podido Con que nunca fué á nadie defendido
Un sentimiento grande ni pequeño Que si otros han dejado
Mover en vos, que baste á convertiros De publicar sus males
A siquiera saber que soy nacido Llorando el mal estado á que han venido,
Daste ya haber sufrido Señora, no habrá sido
Tanto tiempo, á pesar de lo que basto; Sino con mejoría
Que á mí mismo contrasto, Y alivio en su tormento
Dándome á entender que mi flaqueza Mas ha venido en mí á ser lo que siento
Me tiene en la estrecheza (7) De tal arte, que ya en mi fantasía
En que estoy puesto, y no lo que yo entiendo; INocabe; y así, quedo
Así que con flaqueza me defiendo. Sufriendo aquello que decir no puedo.
Canción, no has de tener Si por ventura extiendo
Conmigo mas que ver en malo ó bueno (8); Alguna vez mis ojos
Trátame como ajeno. Por el proceso luengo de mis daños
Que no te faltará de quien lo aprendas. Con lo que me defiendo
Si has miedo que me ofendas De tan grandes enojos,
Ño quieras hacer mas por mi derecho Solamente es allí con mis engaños;
De lo que hice yo, que mal me he hecho. Mas vuestros desengaños
Vencen mi desvarío
Y apocan mis defensas.

CANCIÓN II.

(í) Pues son tan bien vertidas,


La soledad siguiendo, He lástima que todas van perdidas.
Rendido á mi fortuna Así Herrera , siguiendo un
códice que halló, antiguo, sin hacer
Me voy por los caminos que se ofrecen, examen de son de Garcilaso ó añadidos por otro.
si
Por ellos esparciendo En la edición de Anvers de 1576 se lee :
Mil quejas de una en una Ser de vos escuchadas,
Al viento, que las lleva do perecen De lástima que van perdidas.
Puesto que no merecen (9) Arara, dicen lo que va en el texto. Según
El Brócense, y con 61

Tamayo, otros leian:


(i) Tamayo nota que es frase particular de las ponderaciones de Y aun no mal recibidas.
Garcilaso decir como perdido. Asi en el soneto octavo:
(3) Herrera decía que algunos leian asi
Salen fuera de si como perdidos.
He lástima que asina van perdidas.
(2) Don Diego de Mendoza leyó, y creo que con razón :
Hasta morir á vuestros pies rendido. Según Tamayo, leian en su tiempo con las siguientes variantes

Siso á Herrera. Tamayo dice que en vez de mira, como se este verso :
(3)
lee en otras ediciones, debe ponerse mire. Azara puso mira. He lástima que ahora van perdidas,
(i) Así Sánchez, Tamayo y Azara ; Herrera lee : He lástima que van también perdidas,
He lástima que van perdidas.
Que aun de aquesto me duelo.
Ulloa dice : El proponía esta lección :

Que aun de esto me duelo. Puesto que no merecen


(5) Duélenme en mas sentible y tierna parte.— Texto de Herrera. Ser de vos escuchadas,
(6) Siempre ir con un deseo.— Textos de Ulloa y Herrera. Puesto que bien vertidas,
(7) Me tiene en la tristeza. Id. Es lástima de ver que van perdidas.
(8) Conmigo que ver mas en malo ó en bueno.— Texto de Ulloa. U) f)e lo que entre ellas cuento.— Textos de Herrera y Ulloa.
Conmigo que ver mas en malo ó bueno. —
Texto de Herrera. (5) No me rién pena pues por lo que digo.— Texto de Herrera.
(9) Puesto que ellas merecen.— Textos de Ulloa y Herrera, No me den pena por lo que ahora digo.— Texto de Anvers.
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CANCIONES.
No hallo que os he hecho otras ofensas (6), Sien tierra tan ajena (3)
Sino que, siendo vuestro mas que mió, En la desierta arena (6)
Quise perderme así, Fueren de alguno acaso en fin halladas (7),
Por vengarme de vos, Señora, en mí. Entiérrelas, siquiera
Canción, yo he dicho mas que me mandaron, Porque su error se acabe en tu ribera.
Y menos que pensé Aunque en el agua mueras,
No me pregunten mas, que lo diré. Canción, no has de quejarte
Que yo he mirado bien lo que te toca.
Menos vida tuvieras
Si hubieras de igualarte (8)
CANCIÓN III. Con otras que se me han muerto en la boca.
Quien tiene culpa desto,
Con un manso ruido Allá lo entenderás de mí muy presto.
De agua corriente y clara,
Cerca el Danubio, una isla que pudiera
Ser lugar escogido
Para que descansara CANCIÓN IV.
Quien como yo esto agora, no estuviera;
Do siempre primavera El aspereza de mis males quiero
Parece en la verdura Que se muestre también en mis razones,
Semhrada de las flores; Como ya en lósetelos se ha mostrado.
Hacen los ruiseñores Lloraré de mi mal las ocasiones,
Renovar el placer ó la tristura Sabrá el mundo la causa por que muero
Con sus blandas querellas Y moriré á lo menos confesado.
Que nunca dia y noche cesan dellas (1). Pues soy por los cabellos arrastrado
Aquí estuve yo puesto, De un tan desatinado pensamiento ,
O por mejor decillo, Que por agudas peñas peligrosas,
Preso, forzado y solo en tierra ajena Por matas espinosas,
Bien pueden hacer esto Corre con ligereza mas que el viento
En quien puede sufrillo Bañando de mi sangre la carrera
Y en quien él á sí mismo se condena. Y para mas despacio atormentarme,
Tengo sola una pena (2), Llévame alguna vez por entre flores,
Si muero desterrado A dó de mis tormentos y dolores
Y en tanta desventura, Descanso, y dellos vengo á no acordarme;
Que piensen por ventura Mas él á mas descanso no me espera
Que juntos tantos males me han llevado Antes, como me vedesta manera,
Y sé yo bien que muero Con un nuevo furor y desatino
Por solo aquello que morir espero. Torna á seguir el áspero camino.
El cuerpo está en poder No vine por mis pies á tantos daños;
Y en manos de quien puede Fuerzas de mi deslino me trajeron
Hacer á su placer lo que quisiere Y á la que me atormenta me entregaron.
Mas no podrá hacer Mi razón y juicio bien creyeron
Que mal librado quede, Guardarme, como en los pasados años
Mientras de mí otra prenda no tuviere. De otros graves peligros me guardaron ;
Cuando ya el mal viniere Mas cuando los pasados compararon
Y la postrera suerte, Con los que venir vieron, no sabían
Aquí me ha de hallar, Lo que hacer de sí ni dó meterse
En el mismo lugar; Que luego empezó á verse
Que otra cosa nías dura que la muerte La fuerza y el rigor con que venían.
Me halla y ha hallado (3); Mas de pura vergüenza constreñida
Y esto sabe muy bien quien lo ha probado. Con lardo paso y corazón medroso
No es necesario agora Al fin ya mi razón salió al camino.
Hablar mas sin provecho, Cuanto era el enemigo mas vecino,
Que es mi necesidad muy apretada; Tanto mas el recelo temeroso
Pues ha sido en un hora Le mostraba el peligro de su vida
Todo aquello deshecho Pensar en el temor de ser vencida.
En que toda mi vida fué gastada. La sangre alguna vez le calentaba,
¿Y al fin de tal jornada Mas el mismo temor se la enfriaba.
Presumen espantarme (4)? Estaba yo á mirar y peleando
,

Sepan que ya no puedo En mi defensa mi razón esluba


Morir sino sin miedo; Cansada y en mil partes ya herida
,

Que aun nunca qué temer quiso dejarme Y sin ver yo quién dentro me incitaba,
La desventura mia, Ni saber cómo, eslaba deseando
Que el bien y el miedo me quitó en un dia. Que allí quedase mi razón vencida.
Danubio, rio divino, Nunca en todo el proceso de mi vida
Que por fieras naciones Cosa se me cumplió que desease
Vas con tus claras ondas discurriendo, Tan presto como aquesta; que á la hora
Pues no hay otro camino Se rindió la señora,
Por donde mis razones Y al siervo consintió que gobernase
Vayan fuera de aquí, sino corriendo Y usase de la ley del vencimiento.
Por tus aguas y siendo Entonces yo senlíme salteado
En ellas anegadas; De una vergüenza libre y generosa;

Sigo ü Herrera y Ullou ; Sánchez, Tamayo y Azara dicen


(G) Sin yo poder dar otras recompensas. — Textos de llenera y (í¡)

Si en esa tierra ajena.


:

Ülloa.
(G) Sigo á UUoa y Herrera ; Tamayo dice :
Y no hallé que os he hecho otras ofensas.— Manuscritos con-
Por tu desierta arena.
sultados por Tamayo.
Azara
(1) Que nunca dia ni noche cesan dellas.— Texto de Herrera. Por la desierta arena.
(2) Tengo solo una pena.— Id.
(7) De alguno fuereña la ün halladas. — Textos del Brótense y
(3) Me halla y me
ha hallado.— Texto de UUoa* Tamayo.
H) Sigo a Herrera y Taraayo ; Azara pone i Fueren de aljuno en fin halladas.— Texto de UUoa.

Presumen de espantarme, (8) Si hubiera de igualarte.— Texto de Herrera.


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50 GARCILASO DE LA VECA.
Corríme gravemente que una cosa Mas es en tanto daño del sentido
Tan sin razón hubiese así pasado. Este dolor, y en tanto perjuicio,
Luego siguió el dolor al corrimienlo Que todo lo sensible atormentado,
De ver nii reino en mano de quien cuento Del bien si alguno tuvo ya olvidado
.
,

Que me da vida y muertecada din, Está de todo punto, y solo siente


Y es la mas moderada tiranía. La furia y el rigor del mal presente.
Los ojos, cuya lumbre bien pudiera En medio de la fuerza del tormento
Tornar clara la noche tenebrosa , Una sombra de bien se me presenta
Y escurecerel sol á mediodía, Do el fiero ardor un poco se mitiga.
Me convirtieron luego en olra cosa. Figúraseme cierto á mí que sienta
En volviéndose á mi la vez primera Alguna parte de lo que yo siento
Con la calor del rayo que salia Aquella tan amada mi enemiga.
De su vista .que en mí se difundía, Es tan incomportable la fatiga (6),
Y de mis ojos la abundante vena Que si con algo yo no me engañase
De lágrimas, al sol que me inflamaba, Para poder llevaba, moriría;
No menos ayudaba Y así, me acabaría
A hacer mi natura en todo ajena Sin que de mí en el mundo se hablase.
De lo que era primero. Corromperse Así que, del estado mas perdido
Sentí el sosiego y libertad pasada, Saco algún bien mas luego en mí la suerte
;

Y el mal deque muriendo esto, engendrarse, Trueca y revuelve el orden; que algún hora,
Y en tierra sus raíces ahondarse Si el mal acaso un poco en mí mejora,
Tanto cuanto su cima levantada Aquel descanso luego se convierte
Sobre cualquier altura hace verse. En un temor que me ha puesto en olvido
El fruto que de aquí suele cogerse, Aquella por quien sola me he perdido.
Mil es amargo, alguna vez sabroso (1); Así del bien que un rato satisface,
Mas mortífero siempre y ponzoñoso. Nace el dolor que el alma me deshace.
De mí agora huyendo, voy buscando Canción, si quien te viere se espantare
A quien huye de mí como enemiga De la instabilidad y ligereza
Que al un error añado el otro yerro, Y revuelta del vago pensamiento
Y en medio del trabajo y la fatiga Estable, grave y firme es el tormento
Estoy cantando yo, y está sonando Le di, que es causa; cuya fortaleza
De niis atados pies el grave hierro; Es tal que en cualquier parte que tocare (7),
,

Mas poco dura el canto si me encierro La hará revolver hasta que pare
Acá dentro de mí porque allí veo
,
En aquel fin de lo terrible y fuerte,
Un campo lleno de desconfianza. Que todo el mundo afirma que es la muerte.
Muéstrame la esperanza
De lejos su vestido y su meneo;
Mas ver su rostro nunca me consiente.
Torno a llorar mis daños, porque entiendo CANCIÓN V.
Que es un crudo linaje de tormento
Para matar aquel que está sediento, A la flor de Gnido (1).
Mostralle el agua por que está muriendo
Déla cual el cuitado juntamente Si de mi baja lira (2)
La claridad contempla, el ruido siente; Tanto pudiese el son que en un momento ,

Mas cuando llega ya para bebella, A placase la ira


Gran espacio se halla lejos della. Del animoso viento,
De los cabellos de oro fué tejida Y del mar y el movimiento
la furia
La red que fabricó mi sentimiento, Y en ásperas montañas
Do mi razón revuelta y enredada Con el suave canto enterneciese
Con gran vergüenza suya y corrimiento, Las fieras alimañas
Sujeta al a peí ito y sometida Los árboles moviese,
En público adulterio fué tomada, Y al son confusamente los trajese (3);
be! cielo y de la tierra contemplada. No pienses que cantado
Mas ya no es tiempo de mirar yo en esto, Seria de mí hermosa flor de Gnido
,

Pues no tengo con qué considera lo, I


El fiero Marte airado,
Y en tal puntóme hallo, A muerte convertido
Que estoy sin armas en el campo puesto, De polvo y sangre y de sudor teñido;
Y el paso ya cerrado y la huida. Ni aquellos capitanes
¿Quien no se espantará de loque digo? En las sublimes ruedas colocados (4),
Que es cierto que he venido á tal extremo,
Que del grave dolor que huyo y temo, (6) Asi leo en Ulloa , Herrera y Tamayo ; Azara puso incompa-
Me hallo algunas veces tan amigo, rable.
Que en medio del , si vuelvo á ver la vida Sigo á Sánchez, Tamayo y Azara; Herrera dice, con Ulloa :
(7)
líe libertad lajuzgo por perdida
,
Es tal, que cualquier parte en que tocare.
Y maldigo las horas y momentos canción fué escrita a Violante Sanseverino,
(1) Según unos, esta
Gastadas mal en libres pensamientos.
en nombre de Fabio Galeota. Herrera dice que el yerno deG\nci-
No reina siempre aquesta fantasía, laso le aseguró haberse hecho en el de Mario Galeota á Catalina
Que en imaginación tan variable
Sanseverino.
No se reposa una hora el pensamiento. nombre de liras, por empezar Gar-
(2) Estas estrofas tomaron el
Viene con un rigor tan intratable
cilaso diciendo :

A tiempos el rigor, que al alma mia Si de mi baja lira.


Desampara, huvendo. el sufrimiento, los primeros que siguieron á Garcilaso en es-
Acuña fué uno de
Lo que dura la furia del tormento (2). liras sus canciones, según aquella que comienza:
cribir en tales
No hay parte en mí que no se me trastorne
Si Apolo tanta gracia
Y que en torno de mi no esté llorando En mi rústica citara pusiese,
De nuevo protestando Como en la del de Traeia, etc.
Que de la via espantosa atrás me torne.
Sigo á Herrera, a Tamayo y á Marchena. Trújese dicen los
Esto va por razón no va fundado, (3)
textos de Ulloa , de Sánchez , de Sedaño y de Azara.
Ni le dan parle dello á mi juicio,
(4) En la sublime
rueda colocados.— Texto de Azara.
Que este discurso todo es ya perdido;
Herrera afirma que por ruedas sublimes se deben entender cor-
(i) Mas es amargo, alguna vez sabroso.— Texto de Vlloa. roí triunfales, lo cual confirman los tres versos siguientes. Tamayo
alega en autoridad de la lección de Herrera la opinión de
don Juan
(2j Lo que dura la fuerza del tormento. Texto de llerrcra.
: , , ; ;

CANCIONES. Si
Por quien los alemanes Quien todo el otro error de sí destierra.
El fiero cuello atados (5), Hágate temerosa
Y los franceses van domesticados. El caso de Anajarete, y cobarde (9),
Mas solamente aquella Que de ser desdeñosa
Fuerza de tu beldad seria cantada, Se arrepintió muy tarde;
Y alguna vez con ella Y :isí, su alma con su mármol arde.
También seria notada Estábase alegrando
El aspereza de que estás armada ; Del mal ajeno el pecho empedernido,
Y cómo por tí sola, Cuando abajo mirando,
Y por tu gran valor y hermosura, El cuerpo muerto vido
Convertida en viola (6), Del miserable amante, allí tendido.
Llora su desventura Y al cuello el lazo atado.
El miserable amante en tu figura. Con que desenlazó de la cadena
Hablo de aquel cativo, El corazón cuitado,
De quien tener se debe mas cuidado, Que con su breve pena
Que está muriendo vivo, Compró la eterna punición ajena.
Al remo condenado, Sintió allí convertirse
En la concha de Venus amarrado. En piedad amorosa el aspereza.
Por tí, comosolia, ¡Oh tarde arrepentirse!
Del áspero caballo no corrige Oh última terneza!
La furia y gallardía, ¿Cómo te sucedió mayor dureza?
Ni con freno le rige, Los ojos se enclavaron
Ni con vivas espuelas ya le aflige. En el tendido cuerpo que allí vieron,
Por tícon diestra mano
, Los huesos se tornaron
No revuelve la espada presurosa, Mas duros y crecieron
Y en el dudoso llano Y en si toda la carne convirtieron
Huye la polvorosa Las entrañas heladas
Palestra como
sierpe ponzoñosa (7). Tornaron pocoá poco en piedra dura;
Por tísu blanda musa
, Por las venas cuitadas
En lugar de la cítara sonante, La sangre su figura
Tristes querellas usa, Iba desconociendo y su natura (10);
Que con llanto abundante Hasta que finalmente,
Hacen bañar el rostro del amante. En duro mármol vuelta y trasformada,
Por tí el mayor amigo
, Hizo de sí la gente
Le es importuno, grave y enojoso (8); No tan maravillada
Yo puedo ser testigo, Cuanto de aquella ingratitud vengada.
Que ya del peligroso No quieras tú Señora
, ,

Naufragio fui su puerto y su reposo. De Némesis airada las saetas


Y agora en tal manera Prob:ir, por Dios , agora ;
Vence el dolor á la razón perdida, Raste que tus perfetas (11)
Que ponzoñosa fiera Obras y hermosura á los poetas
Nunca fué aborrecida Den inmortal materia,
Tanto como yo del, ni tan temida. Sin que también en verso lamentable
No fuiste tú engendrada Celébrenla miseria
Ni producida de la dura tierra; De algún caso notable
No debe ser notada Que por tí pase triste y miserable.
Que ingratamente yerra
(9) El caso de Anaxarete, y muy cobarde.— Texto de Ulloa.
de Jáuregui. Sebastian de Córdoba, en su Boscan y Garcilaso á lo

divino, conserva el verso : (10) Por las venas cuitadas


La sangre su figura
En las sublimes ruedas colocados. Iba desconociendo y su natura.
(5) Hoy se diria :
Son palabras que indican haber tenido conocimiento déla circu-
El Qero cuello atado.
lación de la sangre Garcilaso. Entre los españoles dedicados al
Teniendo por contrario á la gramática este modo de decir, el cual estudio de la naturaleza en el siglo xvi se hallan pruebas de lo co-
es uno de los mas elegantes y usados por los buenos escritores. nocido que era este fenómeno, que mas larde dio como descubri-
Desnuda el pecho anda ella, miento suyo Harveo. A mas de Servet y de Reina , Lovera de Avila,
Dice Góngora, en vez de desnudo. En otra poesía repite y aumen- Sánchez Valdés y otros médicos lo describieron minuciosamente
ta elmismo autor en aquella edad, según se puede ver en sus obras.

Desnuda el brazo , el pecho descubierta. Como un documento interesantísimo para la historia de la me-
dicina española, traslado á continuación unos versos del capitán
Herrera, en su canción á don Juan de Austria
Francisco de Aldana, tomados de la edición de sus obras, hecha en
:

Febo, autor de la lumbre, Milán el año de 1589; en los cuales se describe la circulación de la
Cantó suavemente,
sangre. Esto , cuando menos , prueba lo vulgar de la noticia , que
Revuelto en oro la encrespada frente.
luego fué cayendo en olvido :

Ercilla en la Araucana :

Asi en medio del pecho ha colocado


Turbó la fiesta un caso no pensado,
Aquel cuerpo vital, cuya ligur.i
Y la celeridad del juez fué tanta,
Imita á las pirámides de Egipto,
Que estuve en el tapete, ya entregado
Al agudo cuchillo la garganta.
Que por su nombre corazón se llama,
Y en quien, asi como en la esfera octava,
Doña Cristobalina Fernandez de Alarcon , décima musa anteque- Miramos tanta viva luminaria
rana, dijo en sus encantadoras quintillas á santa Teresa :
De estrellas á la vista plateadas,
Que van con el reglado movimiento
El cuerpo de nieve pura, De quien las lleva , dando ley á todo
Que excede toda blancura, Y dentro este, colocado en medio,
Vestido del sol los rayos, Cuerpo piramidal, como en su centro,
Vertiendo abriles y mayos Exhalan mil espíritus vitales,
De la blanca vestidura. Que en círculo después yendo y viniendo,
(6) UHoa, Herrera y Tamayo ponen : Ministran al pulmón aire de vida

Convertido en viola.
Y á las arterias incesable pulso.
(7) En ediciones antiguas se leia siempre por sierpe. Sánchez en- Herrera copia en nota al pasaje de Garcilaso todos los yerros da
mendó el yerro. Aristóteles y Galeno acerca de la sangre.
(11) Marchena, siguiendo á Tamayo de Vargas,
lee bastaos baste.
(8) Lo es importuno, grave y enojoso.— Texto de Azara.
: ; ; ; , : : ; ;; ; ,

32 GARCILASO DE LA VEGA.
Yo mismo emprenderé á fuerza de brazos
SONETOS. Romper un monte, que otro no rompiera
De mil inconvenientes muy espeso.
PRIMERO (1). Muerte, prisión no pueden, ni embarazos,
Cuando me paro á contemplar mí estado
Quitarme de ir á veros, como quiera,
Y á ver los pasos por do me lia traído, Desnudo espirtu ó hombre en carne y hueso.
Hallo, según por do anduve perdido,
Que á mayor mal pudiera haber llegado; V.
Mas cuando del camino esto olvidado,
Escrito está en mi alma vuestro gesto,
A tanto mal no sé por dó lie venido;
Sé que me acabo, y mas he yo sentido Y cuanto yo escribir de vos deseo,
Ver acabar conmigo mi cuidado. Vos sola lo escribiste yo lo leo ,

Yo acallaré, que me entregué sin arte Tan solo, que aun de vos me guardo en esto.
A quien sabrá perderme y acabarme, En esto estoy y estaré siempre puesto;
Si ella quisiere, y aun sabrá querello
Que aunque no cabe en mí cnanto en vos veo,
Que pues mi voluntad puede matarme De tanto bien lo que no entiendo creo,
La suya, que no es tanto de mi parte,
(2), Tomando ya la fe por presupuesto.
Pudiendo, ¿qué hará sinohacello?
Yo no nací sino para quereros;
Mi mal os ha cortado á su medida
Por hábito del alma misma os quiero.
II.
Cuanto tengo confieso yo deberos
En fin, á vuestra s manos he venido, Por vos nací, por vos tengo la vida,
Do sé que he de morir tan apretado, Por vos he de morir, y por vos muero.
Que aun aliviar con quejas mi cuidado,
Como remedio, me es ya defendido. VI.
Mi vida no sé en qué se ha sostenido,
Si no es en haber sido yo guardado Por ásperos caminos he llegado
Para que solo en mi fuese probado A parte que de miedo no me muevo ;
Cuánio corta la espada en un rendido (o). Y si á mudarme ó dar un paso pruebo,
Mis lágrimas han sido derramadas Allí por los cabellos soy tornado.
Donde la sequedad y la aspereza Mas tal estoy, que con la muerte al lado
Dieron mal fruto dellasy mi suerte. Busco de mi vivir consejo nuevo ;

Basten las que por vos tengo lloradas. Conozco lo mejor, lo peor apruebo (7),
No os venguéis mas de mí con mi flaqueza O por costumbre mala ó por mi hado.
Allá os vengad, Señora con mi muerte. Por otra parle, el breve tiempo mío
,
Y el errado proceso de mis años (8),
III.
En su primer principio y en su medio,
Mi inclinación con quien ya no porfió,
,

La mar en medio y tierras he dejado La cierta muerte, fin de tantos daños,


De cuanto bien, cuitado, yo tenia; Me hacen descuidar de mi remedio.
Yyéndome alejando cada ¿lia (í),
Gentes, costumbres, lenguas he pasado. VIL
Ya de volver estoy desconfiado;
Pienso remedios en mi fantasía
No pierda mas quien ha tanto perdido
;
Bástete, amor, que por tí he pasado
lo (9);
Y el que mas cierto espero es aquel día
Que acabará la vida y el cuidado. Válgame agora nunca haber probado
De cualquier mal pudiera socorrerme A defenderme de lo que has querido.
Con veros yo, Señora, ó esperallo, Tu templo y sus paredes he vestido (10)

Si esperallo pudiera sin perdello.


De mis mojadas ropas, y adornado,
Mas no de veros ya paia valerme, Como acontece á quien ha y» escapado
Si no es morir, ningún remedio hallo;
Libre de la tormenta en que se vido.
Y si este lo es, tampoco podré habello. Yo había jurado nunca mas meterme,
A poder mió y mi consentimiento (11),
En otro tal peligro, como vano.
IV.
Mas del que viene no podré valerme;
Un rato se levanta mi esperanza Y en esto no voy contra el juramento
Mas, cansada de haberse levantado (5), Que ni es como los otros ni en mi mano.
Torna á caer, y deja mal mi grado (6),
,

Libre el lugar á la desconfianza. VIII.


¿Quién sufrirá tan áspera mudanza
De aquella vista buena y excelente
Del bien al mal? ¡Oh corazón cansado!
Salen espirtus vivos y encendidos ,
Esfuerza en la miseria de tu estado;
Que tras fortuna suele haber bonanza. Y siendo por mis ojos recibidos,
(7) Y conozco el mejor, y el peor apruebo.— Texto de Herrera.
WImitó Lope este soneto en el primero de sus Rimas sacras, Así cree Tamayo que debe leerse, porque se refiere á consejo.
diciendo :
(8) Francisco de Figueroa creia que sonaba mejor :
Cuando me paro á contemplarmi estado, Y el amargo proceso de mis daños.
Y á ver los pasos por donde he venido,
Me espanto de que un hombre tan perdido Mas Tamayo observa que en tal caso era preciso variar el si-
A conocer su error haya llegado. guiente verso :

(2) Tamayo propone esta enmienda que Luis Barahona de Soto La cierta muerte lin de tantos daños.
hizo (9) Asi se lee en un códice de don Diego de Mendoza ; Ulloa y
Que pues mi voluntad quiere matarme. Herrera ponen :
(S) La lección es de don Diego Hurtado de Mendoza. Bástete, amor, lo que lia por mi pasado.
El último dice :
El texto de Ulloa Herrera y Tamayo dice :
,
Válgame agora haber jamás probado.
Cuánto corta una espada en un rendido.
Asi también, entre otras ediciones, la de Barcelona de 1551, por (10) Tu templo y tus paredes he vestido.— Texto de Atara.
la viuda de Caries Amorosa. Gracian dice :
(i) Yéndome alejando cada día. —
Textos de Ulloa y Herrera.
Tu templo y tus paredes he ya visto
De mis mojadas ropas adornado.
(5; Mas tan cansada de haberse levantado.— Texto de Ulloa.
Tan cansada de haberse levantado.— Texto de Herrera. (11) Ulloa dice

(6j Torna á caer que deja á mal mi grado.— Texto de Ulloa.


A poder mió y á mi consentimiento.
Y Gracian
Torna á caer que deja mal mi grado.— Texto de Herrera. A poder mió, á mi consentimiento.
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SONETOS. 53
Me pasan hasta donde el mal se sienle (12). En tantos bienes, porque deseastes
Encuéntranse el camino fácilmente (13), Verme morir entre memorias tristes.
Con los mios que. de tal calor movidos (14),
,

Salen fuera de mí como perdidos, XI.


Llamados de aquel bien que eslá presente.
Ausente en mi, memoria la imagino; Hermosas ninfas, que en el rio metidas,
Mis espirtus, pensando que la vian. Contentas habitáis en las moradas
Se mueven y se encienden sin medida; De relucientes piedras fabricadas
Mas no hallando fácil el camino. Y en colunas de vidrio sostenidas
Que los suyos entrando detenían (lo), Agora estéis labrando embebecidas,
Revientan por salir do no hay salida. O tejiendo las telas delicadas
Agora unas con otras apartadas,
IX. Contándoos los amores y las vidas
Dejad un rato la labor, alzando
Señora mía,si de vos yo ausente (16) Vuestras rabias cabezas á mirarme i
En esta vida turo y no me muero Y no os detendréis mucho según ando;
Paréceme que ofendo á lo que os quiero, Que no podréis de lástima escucharme (2-í),
Y al bien de que gozaba en ser presente. O convertido en agua aquí llorando,
Tras este, luego siento otro accidente, Podréis allá despacio consolarme.
Y es ver que si de vida desespero,
Yo pierdo cuanto bien viéndoos espero (17); XH.
Y así estoy en mis males diferente (18).
En esta diferencia mis sentidos Si para refrenar este deseo
Combaten con tan áspera porfía (19), Loco, imposible, vano, temeroso,'
Que no sé qué hacerme en tal tamaño. Y guarecer de mal tan peligroso (25),
Nunca entre sí los veo sino reñidos Que es darme á entender yo lo que no creo,
De tal artepelean noche y dia, No me aprovecha verme cual me veo
Que solo se conciertan en mi daño (20). O muy aventurado ó muy medroso.
En que ya no oso (26)
tanta confusión,
X. Fiar el mal de mí que lo poseo,
¿Qué me ha de aprovechar ver la pintura
¡Oh dulces prendas por mi mal halladas, ,
De aquel que con las alas derretidas
Dulces y alegres cuando Dios queria! (21) Cayendo, fama y nombre al mar ha dado;
Juntas estáis en la memoria mia
Ni la del que su fuego y su locura
Y con ella en mi muerte conjuradas. Llora entre aquellas plantas conocidas,
¿Quién me dijera, cuando en las pasadas (22)
Apenas en el agua, resfriado?
Horas en tanto bien por vos me via (25),
Que me habíais de ser en algún dia
XIII.
Con tan grave dolor representadas?
Pues en un hora junio me llevastes A Dafne ya los brazos le crecían
Todo el bien que por términos me distes Y en luengos ramos vueltos se mostraban;
Llevadme junto el mal que me dejastes. En verdes hojas vi que se tornaban
Si no, sospecharé que mepusistes
Los cabellos que oro escurecian.
al
De áspera corteza se cabrían
(12) Así Ulloa Brócense , Tamayo y Azara ponen
el
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Los tiernos miembros, que aun bullendo estaban;
No paran hasta donde el mal se sienle. Los blancos pies en tierra se hincaban (27),
Herrera escribe :
Y en torcidas raíces se volvían.
No pasan hasta donde el mal se siente. Aquel que fué la causa de tal daño,
(13) Sigo en el texto á Tamayo, que se apoya en el verso del ter- A fuerza de llorar, crecer hacia
ceto segundo, que dice :
Este árbol que con lágrimas regaba,
Y
no hallando fácil el camino.
¡Oh miserable estado, oh mal tamaño
El Brócense puso con poco acierto :
Que con llorarla crezca cada tlü
Encuéntranse en camino fácilmente.
La causa y la razón por que lloraba
Herrera con igual infelicidad :
Encuéntranse al camino fácilmente.
XIV.
(14) Así enmiendan el texto antiguo el maestro Medina y Herre-
ra ; Ulloa y Tamayo leen :
Como la tierna madre que
el doliente
Por do los mios de tal calor movidos. Hijo le está con lágrimas pidiendo
Y Azara :
Alguna cosa, de la cual comiendo
Por do los mios del calor movidos. Sabe que ha de doblarse el mal que siente,
(15) En el texto de Ulloa y en el de Herrera se ve :
Y aquel piadoso amor no le consiente
Que
suyos entrando derretían.
los
Que considere el daño que haciendo
(16) Señora mia, si yo de vos absenté.— Trato de Tamayo.
Lo que le pide hace, va corriendo
(17) He perdido cuanto bien de vos espero.— Texto de Ulloa.
Aplaca el llanto y dobla el accidente (2S);
Yo pierdo cuanto bien de vos espero.— Texto de Tamayo.
(18) Y ansí ando, con lo que siento, diferente.— Texto de Ulloa.
(24) Gracian en su Agudeza y Arte de ingenio pone este verso así
(19) Están en vuestra ausencia y en porfía ;
No sé ya qué hacerme en mal tamaño. Textos de Ulloa y — Que ó no podréis de lástima escucharme.
Herrera. Y así también Alonso de Ulloa.
(20) Que solo se concierten en mi amo. — Ulloa. (25) Y guarecer de un mal tan peligroso.— Textos de Ulloa, Her-
(21) Conocida imitación de aquello de Virgilio en el libro cuarto rera y Tamayo.
de la Eneida: (26) En tanta confusión que nunca oso. — Tratos de Herrera y
Dulces exuviae , dum fata Deusque sinebant. Ulloa.
Lo cual tradujo así Gregorio Hernández de Velasco (27) Los blandos pies en tierra se hincaban. — Tratos de Ulloa,
i

¡Oh dulces prendas , cuando Dios queria Herrera y Tamayo.


Y me era amigo mi infelice hado (23) Asi el texto de Azara ; Ulloa y el Brócense dicen, y con ellos
Cristóbal de Virués, en su Monserrate, dijo : Gracian, en su Arte de ingenio :
¡Oh tristes ropas, cuando Dios queria, Y aplaca el mal y dobla el accidente.
Alegres á mis ojos lastimados
Cervantes, Lope y otros recordaron en sus escritos el cuando
Medina , y con él Herrera , cree que debe leerse

Dios quería de Garcilaso. Y dobla el mal y aplaca el accidente.

(22) Quién me dijera cuando las pasadas.— Trato de Alara. Fundándose, según Tamayo, en lo que Garcilaso pone antes:
(23) Horas que en tanto bien por vos me via,— Trato de Ulloa. Sabe que. lia tic poblarse el, mal que, siente.
P.xvi-i.
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34 GARCILASO DE LA VEGA.
Así á mi enfermo y loco pensamiento
Que en su daño os me pide, yo querría XVIII.
Quitalle este mortal mantenimiento (29).
Mas pídemelo, y llora cada dia Si á vuestra voluntad yo soy de cera
Tanto, que cuanto quiere le consiento (30),
Y por sol tengo solovuestra vista
Olvidando su muerte y aun la mia. La cual á quien no inflama ó no conquista
Con su mirar, es de sentido fuera
XV. De do viene una cosa, que si fuera
Menos veces de mí probada y vista
Si quejas y lamentos pueden tanto,
Según parece que á razón resista ,
Que enfrenaron el curso de los rios(31), A mi sentido mismo no creyera
Y en los desiertos montes y sombríos (32) Y es que yo soy de lejos inflamado
,
Los árboles movieron con su canto De vuestra ardiente vista, y encendido
Si convirtieron á escuchar su llanto
Tanto, que en vida me sostengo apenas.
Los fieros tigres y peñascos fríos (33); Mas si de cerca soy acometido
Si, en fin, con menos casos que los mios
De vuestros ojos, luego siento helado
Bajaron á los reinos del espanto
Cuajárseme la sangre por las venas.
¿Por qué no ablandará mi trabajosa (34)
Vida, en miseria y lágrimas pasada,
Un corazón conmigo endurecido? XIX.
Con mas piedad debria ser escuchada
La voz del que se llora por perdido Julio, después queme partí llorando
Que la del que perdió y llora otra cosa. De quien jamás mi pensamiento parte,
Y dejé de mi alma aquella parte
Que al cuerpo vida y fuerza estaba dando
XVI.
De mi bien á mí mismo voy tomando
Estrecha cuenta, y siento de tal arte
A la sepultura de don Fernando de Guzman , su her- Faltarme todo el bien, que temo en parte
mano, que murió de pestilencia á los veinte años de Que ha de faltarme el aire sospirando
su edad, estando en el ejército de nuestro César con Y con este temor, mi lengua prueba
ira franceses, en Ñapóles. A razonar con vos ¡oh dulce amigo
De la amarga memoria de aquel dia
No las francesas armas odiosas En que yo comencé como testigo
En contra puestas del airado pecho, A poder dar del alma vuestra nueva,
Ni en los guardados muros con pertrecho Y á sabella de vos el alma mia (38).
Los tiros y saetas ponzoñosas
No las escaramuzas peligrosas,
Ni aquel fiero ruido contrahecho XX.
De aquel que para Júpiter fue hecho
Por manos de Vulcano artificiosas, Con tal fuerza y vigor son concertados
Pudieron, aunque yo mas me ofrecía (35) Para mi perdición los duros vientos,
A los peligros de la dura guerra, Que cortaron mis tiernos pensamientos
Quitar un hora sola de mi hado. Luego que sobre mi fueron mostrados.
Mas inficion del aire en solo un dia (36) El mal es que me quedan los cuidados
Me quitó al mundo, y me ha en tí sepultado, En salvo destos acontecimientos,
Parténope, tan lejos de mi tierra. Que son duros, y tienen fundamentos
En todos mis sentidos bien echados.
XVII. Aunque por otra parte no me duelo,
Ya que el bien me dejó con su partida
Pensando que el camino iba derecho, El grave mal que en mí está de contino (39);
Vine á parar en tanta desventura Antes con él me abrazo y me consuelo
Que imaginar no puedo, aun con locura Porque en proceso de tan dura vida
Algo de que esté un rato satisfecho. Ataje la largueza del camino (40).
El ancho campo me parece estrecho
La noche clara para mí es escura
XXI.
La dulce compañía amarga y dura
Y duro campo de batalla el lecho.
Del sueño, si hay alguno, aquella parte Al marqués de Villafranca, según unos,
Sola que es ser imagen de la muerte ó al del Basto, según otros.
Se aviene con el alma fatigada.
En fin, que comoquiera estoy de arte, Clarísimo Marqués, en quien derrama
Que juzgo ya por hora menos fuerte, El cielo cuanto bien conoce el mundo
Aunque en ella me vi, la que es pasada (37). Si al gran valor en que el sugeto fundo,
Y al claro resplandor de vuestra llama
Arribare mi pluma, y do la llama
La voz de vuestro nombre alto y profundo,
(29) Quitalle á estemal mantenimiento.— Texto de Vlloa.
Seréis vos solo eterno y sin segundo
Quitar este mortal mantenimiento.— Texto de Herrera.
Y por vos inmortal quien tanto os ama.
(30) Así Ulloa, Herrera y Gracian ; Azara pone :
Cuanto del largo cielo se desea,
Tanto, que cuanto quiero le consiento. Cuanto sobre la tierra se procura,
Todo se halla en vos de parte á parte
(31) Que el curso refrenaron de los rios.— Id.
Y en fin, de solo vos formó natura
(32) Y en los diversos montes y sombríos.— Textos de Herrera
Una extraña y no vista al mundo idea,
y Ulloa. Y hizo igual al pensamiento el arte.
(33) Las fieras tigres y peñascos frios.— Texto de Herrera.
(34) ¿Por qué no ablandaría mi trabajosa.— Texto de Ulloa.
(35) Pudieron , aunque mas yo me ofrecía.— Textos de Herrera
y Ulloa. (38) Y á sabella de vos del alma mia.— Textos de Ulloa, Herrera
(36) Mas inficion de aire en solo un dia. Id. — y Tamayo.
(37) Gracian en su Agudeza y arte de ingenio (39) Del grave mal que en mí está de contino.— Textos de Herrera

Aunque en ella me vi, la que es espada. y Tamayo.


Otros antiguos dicen Del grande mal.
Pero esto debe ser yerro de imprenta. (40) Atajaré la guerra del camino.— Texto de Herrera.
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SONETOS. 5b
Oh cuántas esperanzas lleva el viento!
XXII. Oh cuan ocioso está mi pensamiento
Cuando se ocupa en bien de cosa mía
Con ansia extrema de mirar qué tiene A mi esperanza, así como a baldía,
Vuestro pecho escondido allá en su centro, Mil veces la castiga mi tormento.
Y ver si á lo de fuera lo de dentro Las mas veces me entrego, otras resisto
En apariencia y ser igual conviene, Con tal furor, con una fuerza nueva
En él puse la vista mas detiene
; Que un monte puesto encima rompería.
De vuestra hermosura el duro encuentro Aqueste es el deseo que me lleva
Mis ojos, y no pasan tan adentro, A que desee tornar á ver un dia
Que miren lo que el alma en sí contiene. A quien fuera mejor nunca haber visto.
Y así, se quedan tristes en la puerta
Hecha por mi dolor con esa mano XXVII.
Que aun á su mismo pecho no perdona
Donde vi claro mi esperanza muerta Amor, amor, un hábito he vestido
Y el golpe que os hizo amor en vano Del paño de tu tienda, bien cortado
Non esservi passato oltra la gonna (41). Al vestir le hallé anchp y holgado ,

Pero después estrecho y desabrido (43).


XXIII. Después acá de haberlo consentido,
Tal arrepentimiento me ha tomado,
En
tanto que de rosa y azucena Que pruebo alguna vez, de congojado,
Se muestra la color en vuestro ¡<esto, A romper deste paño este vestido (46).
Y que vuestro mirar ardiente, honesto, Mas ¿quién podrá deste hábito librarse,
Enciende el corazón y lo refrena (42); Teniendo tan contraria su natura
Y en tanto que el cabello, que en la vena Que con él ha venido á conformarse?
Del oro se escogió, con vuelo presto, Si alguna parte queda por ventura
Por el hermoso cuello blanco enhiesto, De mi razón, por mí no osa mostrarse;
El viento mueve, esparce y desordena Que en tal coutradicion no está segura.
Coged de vuestra alegre primavera
El dulce fruto, antes que el tiempo airado XXVIII.
Cubra de nieve la hermosa cumbre.
Marchitará la rosa el viento helado (43), Boscan, vengado estáis, con mengua mia,
Todo lo mudará la edad ligera, De mi rigor pasado y mi aspereza,
Por uo hacer mudanza en su costumbre. Con que reprehenderos la terneza
De vuestro blando corazón solia.
XXIV. Agora me castigo cada dia
De tal selvatiquez y tal torpeza ;
A la marquesa de Padula, doña María de Cardona. Mas es á tiempo que de mi bajeza
Correrme y castigarme bien podría.
Ilustre honor de! nombre de Cardona, Sabed que en mi perfecta edad y armado
Décima moradora del Parnaso Con mis ojos abiertos me he rendido
A Tansilo, á Minturno, al culto Taso AI niño que sabéis, ciego y desnudo.
Sugeto noble de inmortal corona De tan hermoso fuego consumido
Si en medio del camino no abandona Nunca fué corazón. Si preguntado
La fuerza y el espirtu á vuestro Laso, Soy lo demás, en lo demás soy mudo.
Por vos me llevará mi osado paso
A la cumbre difícil de Helicona. XXIX.
Podré llevar entonces sin trabujo
Con dulce son que el curso al agua enfrena, Imitación de Marcial (47).
Por un camino hasta agora enjuto
El patrio celebrado y rico Tajo, Pasando el mar Leandro el animoso,
Que del valor de su luciente arena En amoroso fuego todo ardiendo,
A vuestro nombre pague el gran tributo. Esforzó el viento, y fuese embraveciendo
El agua con un ímpetu furioso.
XXV. Vencido del trabajo presuroso
Contrastar á las ondas no pudiendo,
Oh hado ejecutivo en mis dolores,
; Y mas del bien que allí perdía muriendo,
Cómo sentí tus leyes rigurosas Que de su propia muerte congojoso
Cortaste el árbol con manos dañosas, Como pudo esforzó su voz cansada
Y esparciste por tierra fruta y flores. Y á las ondas habló tiesta manera
En poco espacio yacen los amores (Mas nunca fué la voz deilas oída)
Y toda la esperanza de mis cosas,
Tornados en cenizas desdeñosas,
(45) Herrera, siguiendo ediciones antiguas, pono :
Y sordas á mis quejas y clamores.
Las lágrimas que en esta sepultura Amor, amor, un hábito vestí,
El cual de vuestro paño fué cortado.
Se vierten hoy en dia y se vertieron
Al vestir ancho fué mas apretado,
Recibe, aunque sin fruto allá le sean Y estrecho cuando estuvo sobre mí.
Hasta que aquella eterna noche escura
(46) El texto de ediciones primitivas, seguido por Herrera, dic
Me cierre aquestos ojos que le vieron,
Después acá de lo que consentí.
Dejándome cou otros que te vean. me ha lomado,
Tal arrepentimiento
Que pruebo alguna vez. de congojado,
XXVI. A romper esto en que yo me mea.

Echado está por tierra el fundamento Tamayo afirma que en un manuscrito del Escorial se lcia e: te

úllimo verso :
Que mi vivir cansado sostenía. A romper de tu paño este vestido:
¡Oh cuánto bien se acaba en solo un dia ! (44)
lo cual quería enmendar, diciendo :
(41) Verso de una canción de Petrarca. A romper este paño este vestido.
,

(42) Así apunta este verso el Brócense, así lo pone Herrera, asi (47) Ulloa no pone este soneto ni los
demás que siguen.
Anvers
iniayo; Azara escribe, siguiendo á Ulloa : La edición de las obras de Boscan y Garcilaso hecha en
de este sone-
Con clara luz la tempestad serena. por Pedro Bellro, en 1576, hace á aquel poeta autor
(43) Taraayo cree que estaría mejor viento alado en vez de helado. to, colocándolo antes de la fábula de
Leandro y Hero.
(44) ¡Oh cuánto se acabó en un solo dia !— Texto de Tamayo. En U iianresion de Barcelona de Ibüi se encuentra 4 la cabe-
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38 GARCILASODELAVEGA.
«Ondas, pues no se excusa que yo muera África se aterró de parte á parte.
Dejadme allá llegar, y á la tornada (48) Aquí donde el romano entendimiento,
Vuestro furor ejecuta en mi vida.» Donde el fuego y la llama licenciosa
Solo el nombre ¿tejaron á Cartago,
XXX. Vuelve y revuelve amor mi pensamiento,
Hiere y enciende el alma temerosa,
Sospechas, que en mi triste fantasía Y en llanto y en ceniza me deshago.
Puestas, hacéis la guerra á mi sentido,
Volviendo y revolviendo el afligido XXXIV.
Pecho, con dura mano, noche y dia ;
Ya se acahó la resistencia mia Gracias al cielo doy que ya del cuello
Y la fuerza del alma ;
ya rendido Del todo el grave yugo he sacudido,
Vencer de vos me dejo, arrepentido Y que del viento él mar embravecido
De haberos contrastado en tal porfía. Veré desde la tierra sin temello.
Llevadme á aquel lugar tan espantable, Veré colgada de un sutil cabello
Que por no ver mi muerte allí esculpida La vida del amante embebecido
Cerrados hasta aquí tuve los ojos. En su error, y en su engaño adormecido,
Las armas pongo ya que concedida
; Sordo á las voces que le avisan dello.
No es tan larga defensa al miserable Alegrárame el mal de los mortales (51);
Colgad en vuestro carro mis despojos. Mas no es mi corazón tan inhumano
En aqueste mi error como parece
XXXI. Porque yo huelgo, como huelga el sano,
No de ver á los otros en los males,
Dentro de mi alma fué de mí engendrado Sino de ver que dellos él carece.
Un dulce amor, y de mi sentimiento
Tan aprobado fué su nacimiento
Como de un solo hijo deseado; XXXV.
Mas luego nació del quien ha estragado A Mario Galeota.
Del todo el amoroso pensamiento ;

En áspero rigor y en gran tormento el ingrato amor, como testigo


Mario,
Los primeros deleites ha trocado (49). De mi pura y de mi gran firmeza
fe
Oh crudo nieto, que das vida al padre
¡
Usando en mí su vil naturaleza,
Y matas al abuelo ¿ por qué creces
!
Que es hacer mas ofensa al mas amigo
Tan desconforme á aquel de que has nacido? Teniendo miedo que si escribo y digo
¡Oh celoso temor! ¿á quién pareces? Su condición abato su grandeza (52),
¡
Que aun la invidia, tu propia y fiera madre No bastando su esfuerzo á su crueza.
Se espanta en ver el monstro que ha parido! Ha esforzado la mano á mi enemigo.
Y así, en la parte que la diestra mano
XXXIÍ. Gobierna y en aquella que declara
Los concetos del alma, fui herido (53).
Mi lengua va por do el dolor la guia Mas yo haré que aquesta ofensa cara
Ya yo con mi dolor sin guia camino Le cueste al ofensor, ya que estoy sano (54),
Entrambos hemos de ir con puro tino, Libre, desesperado y "ofendido.
Cada uno á parar do no queria ,
Yo, porque voy sin otra compañía XXXVI.
Sino la que me hace el desatino
Ella, porque la lleve aquel que vino A la entrada de un valle, en un desierto,
A hacella decir mas que querría. Do nadie atravesaba ni se via
Y es para mí la ley tan desigual Vi que con estrañeza un can hacia
Que aunque inocencia siempre en mí conoce, Extremos de dolor con desconcierto
Siempre yo pago el yerro ajeno y mió. Agora suelta el llanto al cielo abierto,
¿ Qué culpa tengo yo del desvarío Ora va rastreando por la via
De mi lengua, si estoy en tanto mal, Camina vuelve, para y todavía
, ,

Que el sufrimiento ya me desconoce? (50) Quedaba desmayado como muerto.


Y fué que se apartó de su presencia
XXXIII. Su amo, y no le hallaba , y esto siente
Mirad hasta dó llega el mal de ausencia.
A Boscan desde la Goleta. Movióme á compasión ver su accidente
Dijele lastimado «Ten paciencia,
:

Boscan, las armas y el furor de Marte, Que yo alcanzo razón, y estoy ausente (55).»
Que con su propia sangre el africano
Suelo regando, hacen que el romano XXXVII.
Imperio reverdezca en esta parte
Han reducido á la memoria el arte Estoy contino en lágrimas bañado.
Y el antiguo valor italiano, Rompiendo siempre el aire con sospiros;
Por cuya" fuerza y valerosa mano Y mas me duele el no osar deciros
Que he llegado por vos á tal estado
za del libro con este epígrafe : Soneto de Garcilaso, que se olvidó
Que viéndome do estoy y lo que he andado
poner á la fin con sus obras.
Por el camino estrecho de seguiros
(4S) Lope, después de citaren su novela Las fortunas de Diana
el verso, Ondas pues no se excusa que yo muera, dice ¡

«Y aquí de paso advierta vuestra merced que á muchos ignorantes (51) Así pone este verso Azara ; Mayans en su Retórica lo escriba
que piensan que saben espanta que con tales vocablos se dé á Gar- asi
cilaso el nombre de príncipe de los poetas en España. Tornada y Alegraráme el mal de los mortales.
otros vocablos que se ven en sus obras era lo que se usaba en-
(82) Asi Tamayo y Azara. Herrera pone:
tonces ; y así, ninguno de esta edad debe bachillerear tanto, que le
parezca que si Garcilaso naciera en esta no usara gallardamente Teniendo miedo qué si escribo ó digO
de los aumentos de nuestra lengua.
Su condición, abajo su grandeza.
(49) Sigo el texto de Herrera ; Tamayo, Gracian y Azara dicen : (53) El conceto del alma, fui herido. —
Texto de Herrera.
Los primeros deleites ha tornado. (54) Le cueste al ofensor; que ya ostoy sano.— Id.
(50) Tamayo cree que no es de Garcilaso este soneto. Herrera (55) No debió tener Herrera por de Garcilaso
este soneto. Ta-
debió creer lo mismo, pues no lo incluye eu su edición. Sánchez mayo , siguiendo á Sánchez , y ;\ mas Gracian y Azara, lo tienen
lo tiene por auténtico, y lo mismo Azara. por del mismo autor.
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CANCIONES. 7,7

Si mequiero tornar para huiros, Cuando su bien y su mal


Desmayo viendo atrás lo que he dejado; Junto os entregó en un día.
Y si quiero suhir á la alta cumbre, Acertó acaso á hacer
A cada paso espántanme en la vía Lo que si por conoceros
Ejemplos tristes de los que han caido. Hiciera , no podia ser
Sobre todo, me falta ya la lumbre Partirse, y con solo veros
De la esperanza, con que andar solia Dejaros siempre de ver.
Por la escura región dé vuestro olvido.
Á UNA SEÑORA,
XXXVIII.
QUE ANDÁNDOSE ÉL Y OTRO PASEANDO , LES ECHÓ UNA RED EM-
PEZADA Y UN HUSO COMENZADO Á HILAR EN ÉL, Y DIJO QUE
menguarme poco á poco,
Siento el dolor
sienta mas sencillo,
AQUELLO HABÍA TRABAJADO TODO EL DÍA (3).
No porque ser le
Mas fallece el sentir para sentillo, De la red y del hilado
Después que de sentillo estoy tan loco.
Hemos de tomar, Señora (4),
Ni en sello pienso que en locura toco,
Que echáis de vos en un hora
Antes voy tan ufano con oillo
Todo el trabajo pasado.
Que no dejaré el sello y el sufrillo Y si
el vuestro se ha de dar
Que si dejo de sello el seso apoco.
Todo me empece, el seso y la locura
A que se pasearen
los
Lo que por vos trabajaren
Prívame este de sí por ser tan mió
¿Dónde lo pensáis echar?
Mátame estotra por ser yo tan suyo.
Parecerá á la gente desvarío
Preciarme deste mal, pues me destruyo TRADUCCIÓN DE CUATRO VERSOS DE OVIDIO.
Yo lo tengo por única ventura (56). Pues este nombre perdí,
Dido mujer de Siqueo,
,

En mi muerte esto deseo


CANCIONES. Que se escriba sobre mí
«El peor de los troyanos
HABIÉNDOSE CASADO SU DAMA (1).
Dio la causa y el espada
Dido, á tal punto llegada,
Culpa debe ser quereros, No puso mas de las manos (5).

Según lo que en mí hacéis;


Mas allá lo pagaréis, Á ROSCAN,
Do no sabrán conoceros,
Por mal que me conocéis. PORQUE ESTANDO EN ALEMANA DANZÓ EN UNAS BODASj
Por quereros ser perdido
,

Pensaba, que no culpado; La gente se espanta toda


Mas que todo lo haya sido Que hablar á todos distes,
Así me lo habéis mostrado, Que un milagro que hecistes,
Que lo tengo bien sabido. Hubo de ser en la boda.
¡Quién pudiese no quereros Pienso que habéis de venir,
Tanto como vos sabéis, Si vais por este camino,
Por holgarme que paguéis A tornar el agua en vino.
Lo que no han de conoceros Como el danzar en reir (6).
Cotí lo que no conocéis

VILLANCICO.
OTRA.
Nadie puede ser dichoso;
Yo dejaré desde aquí Señora ni desdichado
,

De ofenderos mas hablando Sino que os haya mirado.


Porque mi morir callando Porque la gloria de veros
Os ha de hablar por mí (2). En ese punto se quita
Gran ofensa os tengo hecha Que se piensa mereceros.
Hasta aquí en haber hablado, Así que, sin conoceros,
Pues en cosa os he enojado Nadie puede ser dichoso
Que tampoco me aprovecha. Señora, ni desdichado
Derramaré desde aquí Sino que os haya mirado (7).
Mis lágrimas no hablando;
Porque quien muere callando
Tiene quien hable por sí. (3) En el citado manuscrito de Iriarte tiene este epígrafe :

A doña Mencia de la Cerda, que le dio una red y dijole que aquélla
había hilado aquel dia.
Á UNA PARTIDA. (i) Hemos de sacar, Señora.— Texto de Tamayo.
(5) En las obras de don Diego de Mendoza (Madrid, 1610) se
Acaso supo, á mi ver,
hallan como de esté caballero los ocho versos siguientes, iguales
Y"por acierto quereros
á los que en el testo aparecen como de Garcilaso, según Tamayo
Quien tal hierro fué á hacer,
Como partirse de veros y Azara.
Dido, mujer de Sicheo,
Donde os dejase de ver. Pues que tal nombre perdí,
Imposible es que este tal, Que se escriba sobre mi
Pensando que os conocía, Este título deseo:
Supiese lo que hacia, «El peor de los troyanos
Dio causa y el espada ;
la
Dido, á tal punto llegada,
Puso la muerte y las manos.»
(56) Sánchez y Tamayo tienen por de Garcilaso este soneto.
Herrera y Azara lo omiten en sus colecciones. Yo lo tengo por in- (6) se halla esta canción en las ediciones de Carcuaso, sino
No
digno de Garcilaso. en el citado manuscrito de Iriarte. Publicóla Gayangos cu el lo-
(1) En un manuscrito de Iriarte tiene este epígrafe : mo u dela Historia de la literatura española, por Ticknor.
A doña Isabel Freyra, porque se casó con un hombre fuera de su (7) Nose halla en ediciones de Garcilaso, sino en el códice do
condición. Iriarte. Publicólo Gayangos en el tomo n de la Historia literaria
(2) Sé que os lia de hablar por wh-Tt¡£(9 te íamayg, de España, por Tictnor.
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38 GARCILASODELAVEGA.
COPLA SOBRE ESTE VILLANCICO. GARCIAE LASI DE LA VEGA
AD FEKDINANDUM DE ACUÑA.
¿Qué testimonios son estos
Que le queréis levantar?
EPIGRAMMA.
Que no fué sino bailar. Dum Reges, Fernande, canis, dum Caesaris altam
Progeniem nostri, ciar aquefacta ducum,
¿Esta tienen por gran culpa? Dum hispana memoras fradas sub cupide gentes,
No lo fué á mi parecer, Obstupuere homines, obstupuere Dii;
Porque tiene por disculpa Extollensque caputsacri de vértice Pindi
Que lo hizo la mujer. Calliope blandís vocibushaec relulit
Estale hizo caer, Macte pner, geminé praecinctus témpora lauro
Mucho mas que no el saltar Qui nova nunc Mariis gloria solus eras,
Que hizo con el bailar (8). Haec tibí dat Bachusque pater, dat Phoebus Apollo;
Nympharumque leves, castalidumque chori
Ut, quos divino celebrasti carmine Reges,
(8) Según se ve en las obras de Boscan , esta copla fué escrita
Jeque simul curva qui canis alma It/rá ,
á don Luis de la Cueva porque bailó en palacio con una dama que
llamábanla Pájara. También escribieron al mismo asunto Boscan,
Saepe legant, laudent, celebrent post fata nepotes:
Nullaque perpetuos nox fuget atra dies (9). '

el duque de Alba , el San Juan , don Hernando Alvarez de


prior de
Toledo, el clavero de Alcántara
don Luis Osorio, don García de
,
Hállase este epigrama en traducción de El Caballero de-
la
(9)
Toledo, Gutierre López de Padilla y el marqués de Villafranca: terminado, hecha por Acuña. (Anvcrs, 1553; Salamanca, 1575 ; An-
todos glosando el villancico.
vers, 1591 , etc.)

mf DE LAS POESÍAS DE GARCILASO DE LA VEGA.


)

POESÍAS
DE

GUTIERRE DE CETINA

JUICIOS CRÍTICOS.

DE FERNANDO DE HERRERA.
(En las Anotaciones á las obras de Garcilaso de la Vega.)

En Cetina, cuanto á los sonetos particularmente, se conoce la hermosura y gracia de Italia ; y


en número, lengua, terneza y afectos ninguno le negará lugar con los primeros; mas fáltale el
espíritu y vigor, que tan importante es en la poesía; y así, dice muchas cosas dulcemente, pero
sin fuerzas. Y
paréceme que se ve en él y en otros lo que en los pintores y maestros de labrar
piedra y metal que afectando la blandura y policía de un cuerpo hermoso de un mancebo, se
,

contentan con la dulzura y terneza, no mostrando alguna señal de nervios y músculos, como si
no fuese tanto mas diferente y apartada la belleza de la mujer de la hermosura y generosidad del
hombre, que cuanto dista el rio Ipanis del Eridano; porque no se ha de enternecer y humillar
el estilo de suerte que le fallezca la vivacidad y venga á ser todo desmayado y sin aliento, aunque
Cetina muchas veces, ó sea causa la imitación ó otra cualquiera es tan generoso y lleno, que
,

casi no cabe en sí. Y si acompañara la erudición y destreza del arte al ingenio y trabajo, y pu-
siera intención en la fuerza como en la suavidad y pureza, ninguno le fuera aventajado.

DE DON DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO.


(En la República Literaria.

Casi en aquellos tiempos floreció Cetina, afectuoso y tierno; pero sin vigor ni nervio (1).

(I) Así en este juicio de Cetina, como en el de Garcilaso y Hurtado de Mendoza , siguió Saavedra Fajardo á Fernando
de Herrera.
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POESÍAS

:rre de cetina,

Habiendo el alma en él hábito hecho;


COMPOSICIONES VARIAS. Su daño principal ni su provecho
SONETO PRIMERO. No me alteraba ya ni lo sentía.
Hora ha querido la desdicha mia
Como garza real, alta en el cielo, Con otro nuevo mal herirme el pecho
Entre halcones puesta y rodeada Este me desbarata y me ha deshecho,
Que siendo de los unos remontada Mientras menos del otro me temia.
De.los otros seguirse deja á vuelo Como enfermo que está ya confiado
Viendo su muerte acá bajo en el suelo, Que no puede morir de un mal que tiene,
Por oculta virtud manifestada, Por haberse en el uso así guardado,
No tan presto será de él aquejada, Cualquier nuevo accidente que le viene
Que á voces mostrará su desconsuelo. Diferente de aquel que habia pensado,
Las pasadas locuras, los ardores Le hace recelar mas que conviene.
Que por otras sentí, fueron, Señora,
Para me levantar remontadores. SONETO VI.
Pero viéndoos á vos, mi matadora, Para ver sus ojos eran cuales
si
El alma dio señal en sus temores La fama entre pastores extendía,
De la muerte que paso cada hora. En una fuente los miraba un dia
SONETO II.
Dórida, y dice así, viéndolos tales
« Ojos, cuya beldad entre mortales
Si tras de tanto mal me está guardado Hace inmortal la hermosura mia,
Algún bien de que estoy tan fuera agora, ¿Cuáles bienes el mundo perdería
Aun espero por vos cantar, Señora Que á los males que dais fuesen iguales?
Con estilo mas alto que he llorado. «Tenia antes de os ver por atrevidos
Entonces será el bien mas estimado, Por locos temerarios los pastores
Por no haber de él jamás sabido un hora, Que se osaban llamar vuestros vencidos.
Cual madre que por muerto al hijo llora, «Mas hora, viendo en vos tantos primores,
Se alegra en verlo vivo á sí tornado. Por mas locos los tengo y mas perdidos
Entonces contaré de la tormenta, Los que os vieron, si no mueren de amores.»
Seguro de zozobras en el puerto,
Y placeráme la pasada afrenta. SONETO VII.

Desterraré al dolor, que sin concierto En un olmo Vandalio escribió un día,


Me suele fatigar, do nunca sienta Do la corteza estaba menos dura,
Nueva, ni sepa de él si es vivo ó muerto. El nombre y la ocasión de su tristura;
SONETO III. Después mirando al cielo, así decía :

«Tanto crezcas, ¡ oh bella planta mía


Como está el alma á nuestra carne unida, Que al mas alto ciprés venzas de altura,
En los miembros las partes igualmente, Y mayor tu hermosura
tanta sea
Y como cada miembro el alma siente Cuanta aquella de Dórida seria.
Entera en sí y en todos repartida «Crezcan á par del olmo en su grandeza
Y como si una parte es dividida Las letras del amado y dulce nombre
Del cuerpo por algún inconveniente Y en él hagan perpetua su memoria ;
El alma queda entera y tan potente «Porquelosque vendrán sepan queun hombro
Cual siempre, sin que pueda ser partida. Levantó el pensamiento á tanta alteza
Así el amor en mí no se acrecienta Que es digno al menos de inmortal renombre.»
Por mas favor, ni cuando mas padece
El triste corazón muda el estado. SONETO VIH.
Muéstrase amor en mí como tormenta Remedio incierto que en el alma cria
De mar, que cuando mas con furia crece, La ponzoña que da vida al tormento
Su término no pasa limitado. Madrastra del cuitado sufrimiento
SONETO IV. De nuestros bienes robadora arpía
Oscura luz, que por tinieblas guia,
Si no fuese juzgado atrevimiento,
Falso esfuerzo del loco pensamiento,
Si vuestra crueldad lo comportase Dificultoso bien del sentimiento,
Que vuestro servidor llamarme osase, Peligroso manjar de la porfía
De solo el nombre viviría contento. Siempre liera con rostro de doncella ,
Tal os pinta en mi alma pensamiento,
el
Fuego que blandamente nos consume
Que no os miré jamás que no juzgase Jarabe dulce de alargar los males
Temeridad el bien que desease; Bien do el daño mayor se anida y sella
Y de tal desvarío me arrepiento. ¿Quién será tal que tus maldades sume?
Enojóme de haber mas deseado Oh mísera esperanza de mortales! (1)
Y acusando á mí mismo mi locura, i

De cuanto deseé no quiero nada. SONETO IX.


Solo en veros consiste mi ventura, Ponzoña que se bebe por los ojos
Todo lo porvenir me desagrada Dura prisión, sabrosa al pensamiento,
El bien presente es mas que el mal pasado.
(D Fernando de Herrera publicó este soneto en las Anotaciones
SONETO V.
á las obras de Garcilaso. Hállase también en el códice del señor
Contento con el mal de amor vivía don José María de Álava.
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COMPOSICIONES VARIAS. 41
Lazo de oro cruel, dulce tormento, Gran locura parece.
Confusión de locuras y de antojos Que su valor cualquier valor apoca.
Bellas flores mezcladas con abrojos, En vanoesdeseallos,
Manjar que al corazón trae hambriento, Pues sola los merece
Daño que siempre huye el escarmiento, La mano delicada que los toca,
Minero de placer, lleno de enojos; ¡Ay esperanza loca!
Esperanzas inciertas, engañosas, Ay tristes ansias mías!
Tesoro que entre el sueño se parece, Si gozar no se puede
Bien que no tiene en sí mas que la sombra, Bien que al mayor excede
Inútiles riquezas, trabajosas, Desdichado deseo, ¿en qué confias?
Puerto que no se halla, aunque parece, Ni puedes gozar dellos
Son efectos de aquel que Amor se nombra. Ni dejar de querellos.
De cabellos tejida
SONETO X. Fué la bella cadena
de una piedra fria enamorado,
Si En que mi corazón se halla envuelto,
Pudo Pigmaleon mover el cielo Con tal cautela urdida,
Si pudo á tanto ardor poner consuelo Que entonces da mas pena
Falso espíritu, en ella trasformado; Cuando pienso que estoy della mas suelto.
Siendo retrato vos tan bien sacado Si desta pena absuelto
De la mayor beldad que hay en el suelo, Alguna vez me viese,
Y siendo ante mi ardor el suyo un hielo, No prisión trabajosa
¿Por qué no me ha el Amor á mí engañado? Mas libertad dichosa
Ay de mí ¿Para qué? ¿Qué es fo que pido?
¡ ! Seria para mí cuando así fuese
Si espíritu tuviese esta pintura Mas el no merecellos
¿Podría mejorarse mi partido? Es el mal que hay en ellos.
No, porque en caso tal ¿quién me asegura Para el arco homicida
Se os hubiese en las mañas parecido Hizo Amor con gran arte
Tanto como os parece en la hermosura? De tus cabellos, Dórida, la cuerda,
Por hacer que la vida
CANCIÓN PRIMERA. Mientra del alma parte,
Guardando su ganado La gana de morir del todo pierda
Cerca el Béticorio, Que como se me acuerda
Vandalio al pié de un álamo sombroso, De aquel color divino
En la yerba sentado , Luego al vivir el paso
Que llena de rocío, Suelto, cansado y laso,
Mostraba el verde prado mas hermoso, Do la contemplación muestra el camino.
En un acto lloroso Mas ¿quién podrá con ellos
La zampona sonaba, Si el Amor se arma dellos ?
Y en las grutas oscuras Aquel oro extremado
De sus desaventuras Resplandeciente y puro,
Eco el último acento discantaba; Que el aurora nos muestra antes del dia,
Y en voz baja cantando Dicen que no es hurtado
Decía de cuando en cuando Pero yo afirmo y juro
« Dórida, tus cabellos De tus cabellos ser, Dórida mia.
Mas rubios son que el oro, La Aurora, que sabia
Y mas claros que el sol de mediodía Tu beldad extremada
Mas cara prenda que ellos Te los robó durmiendo
Ni mas rico tesoro Y agora va huyendo
No lo alcanza á pensar la fantasía. De aquel de quien fué ya tal vez burlada.
La triste vida mia Febo sigue tras ellos
Colgada de ellos veo. Yo me pierdo por ellos.
Ved si está bien librada, En la esfera del fuego
De un cabello colgada De su calor mas fuerte
Faltando la esperanza á mi deseo; De tus cabellos fué el color sacado,
Pues se llaman cabellos Cuya calidad luego
Porque estoy lejos dellos. Dio nuevas de mi muerte
En sutil velo envueltos Al hielo que en tu pecho está encerrado.
En trenzas por la frente, Así será forzado
O debajo de red tal vez guardados, Entre contrarios puesto,
O prendados ó sueltos, Que mi vivir se acabe
Si el sol está presente Porque en razón no cabe
De invidioso, se esconde en los nublados. Sufrir la crueldad quien vio tu gesto.
¡ A y rabiosos cuidados Si hay fuego y hielo entre ellos ,
¿ Quién se guardará
j Oh trabajosa suerte! dellos ?
Cuando los veo muero, Cabellos, mientra os miro,
Cuando no, desespero De la cruel Medusa
Y en morir el deseo se convierte. La bella forma y el peligro veo.
¡Oh dichosos cabellos! Ardo, hielo y suspiro
Y mas quien puede vellos. Y el alma, de confusa,
A veces imitando En los brazos se deja del deseo.
A la sacraDiana, ¡Oh escudo de Perseo!
Los orna con guirnaldas de mil flores; ¡Amor, si por hazaña
Y Amor, que está mirando Hora yo lo tuviese,
La beldad soberana, Porque Dórida viese
Se enciende en el amor de sus amores. De sus cabellos la beldad extraña!
Mil celosos temores Mas sí se vence dellos
Tengo de enamorado. ¿Cómo podré mas vellos?
Digo «Si Amor la hiere,
: Canción, si en los cabellos,
Si para sí la quiere Siendo la menor parte
¿Para qué es mi pasión y mi cuidado? De su beldad, hay tanta hermosura;
Si Amor se inflama dellos, Si la señora dellos
¿Para qué quiero vellos? Te llama, baja á darte,
Pensar poder gozallos Pues no cabe tal bien en tal ventura.;
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GUTIERRE DE CETINA.
Dile que para amallos
Te sobra lo que falla en alaballos. MADRIGAL II,

Cubrir los bellos ojos


SONETO XI.
Con la mano que ya me tiene muerto,
¿En cuál región, en cuál parte del suelo, Cautela fué por cierto
En cuál bosque, en cuál monte, en cuál poblado, Que ansí doblar pensastes mis enojos.
En cuál lugar remoto y apartado, Pero de tal cautela
Puede ya mi dolor hallar consuelo? Harto mayor ha sido el bien que el daño;
Cuanto se puede ver debajo el cielo, Que resplandor extraño
el
Todo lo tengo visto y rodeado Del sol se puede ver mientra se cela.
Y un medio que á mi mal habia hallado, Así que, aunque pensastes
Hace en parte mayor mi desconsuelo. Cubrir vuestra beldad, única, inmensa,
Para curar el daño de la ausencia Yo os perdono la ofensa,
Piulóos cual siempre os vi, dura y proterva; Pues, cubiertos, mejor verlos dejastes.
Mas Amor os me muestra de otra suerte.
No queráis á mi mal mas experiencia, SONETO XV.
Sino que ya, como herida cierva
Leandro, que de amor en fuego ardia,
Do quier que voy, conmigo va mi muerte. Puesto que á su deseo contrastaba,
SONETO XII. Al fortunoso mar, que no cesaba
Nadando á su pesar, vencer quería.
Con ansia que del alma le salía Mas viendo ya que el fin de su osadía
La menle del morir hecha adivina, A la rabiosa muerte lo tiraba
Contemplando Vandalio la marina Mirando aquella torre en donde estaba
De la ribera bélica, decia :
Ero, á las fieras ondas se volvia
Pues vano desear, loca porfía
«
A las cuales con ansia enamorada
A la rabiosa muerte me destina Dijo «Pues aplacar furor divino,
:

Mientras la triste hora se avecina


Enamorado ardor no puede nada
Oye mi llanto tú, Dórida mia. d Dejadme al fin llegar de este camino,
» ¡
Oh si tu crueldad contenta fuese.
Pues poco he de lardar, y á la tornada
Por premio de esta fe firme y constante,
Secutad vuestra saña y mi destino (3).»
Que sobre mi sepulcro se leyese,
»No en letras de metal, mas de diamante SONETO XVI.
Dórida ha sido causa que muriese
El mas leal y el mas sufrido amante!» Padre Océano, que del bel Tirreno
Gozas los amorosos abrasados
SONETO XIII. De gloria sj sintieses mis cuidados
,

Ay sabrosa Cuanio yo de pesar estarías lleno.


¡ sueño suave!
ilusión,
¿Quién te ha enviado á mi? ¿Cómo viniste? En la parte del cielo mas sereno,
¿Por dónde entraste al alma, ó qué le diste Para colmar la cima de tus hados,
Vi á tu hijo bañar los delicados
A mi secreto por guardar la llave?
¿Quién pudo á mi dolor fiero, tan grave, Píes de una ninfa que nació en su seno.
El remedio poner que tú pusiste? «¡Ay ¿Quién fuese ora tú? » yo le decia;
!

Si el ramo tinto en Lele en mí esparciste, Y depuro celoso, lo enturbiaba


Ten la mano al velar que no se acabe. Con llanto que del alma me salía.
Bien conozco que duermo y que me engaño Mas él, que tanto bien comunicaba
Mientra envuello en un bien falso, dudoso Mientra con mi llorar lo revolvía
Manifiesto mi mal se muestra cierlo; Claro en sus ondas mi dolor mostraba.
Pero, pues excusar no puedo un daüo,
SONETO XVII.
Hazme sentir ¡oh sueño piadoso!
Antes durmiendo el bien que el mal despierto. ¡Dichoso desear, dichosa pena,
Dichosa fe, dichoso pensamiento,
SONETO XIV. Dichosa tal pasión y tal tormento,
Dulce, sabrosa, cristalina fuente, Dichosa sujeción de tal cadena;
Refugio al caluroso ardient e estío Dichosa fantasía , de gloria llena
Adonde la beldad del ídol mito Dichoso aquel que siente lo que siento
Hizo tu claridad mas trasparente Dichoso el obstinado sufrimiento,
¿Qué ley permite, qué razón consiente Dichoso mal, que tanto bien ordena;
Un pecho refrescar helado y frió, Dichoso el tiempo que de vos escribo,
En quien fuego de amor, fuerza ni brío Dichoso aquel dolor que de vos viene,
Ni muestra de piedad jamás se siente? Dichosa aquella fe que á vos me tira
Cuánto mejor barias si lavases
¡
Dichoso quien por vos vive cual vivo,
De este mi corazón tantas mancillas, Dichoso quien por vos tal ansia liene,
Y el dolor que lo abrasa mitigases! Felice el alma que por vos suspira!
Aquí serian, Amor, tus maravillas
SONETO XVIII.
Sien estas ondas un señal mostrases
De mis penas á quien no quiere oillas. La víbora según se escribe
cruel ,

Si á alguno muerde, es ya caso sabido


MADRIGAL PRIMERO. Que no escapa de muerto el tal mordido,
Ojos claros, serenos Por poco que el veneno en él se avive ;

Si de un dulce mirar sois alabados, Pero, si por ventura acaso vive.


¿Por qué, si me miráis, miráis airados? Que aunque es dificultoso, ya se vido,
Si cuando mas piadosos,
Mas bellos parecéis á aquel que os mira Si de dulce mirar sois alabados,
No me miréis con ira, ¿Por qué, si me miráis, miráis airados?
Porque no parezcáis menos hermosos. Si cuanto mas piadosos,
¡ Ay tormentos rabiosos!
Mas bellos parecéis á quien os mira
Ojos claros, serenos ¿Por qué á mí solo me miráis con ira?
Ojos claros serenos.
Ya que así me miráis, miradme al menos (2). Ya que así me miráis, miradme al menos.
(2) Asi se lee este madrigal en el códice del señor don José Ma- (3) Hállase este soneto también impreso en las Anotaciones h
ría de Álava. Sedaño, en el Parnaso español, lo imprimió de esta Garcilaso por Fernando de Herrera, el cual dice : «Cetina, quo
inerte, que es como hasta hoy se ha conocido parece quiso contender con Garcilaso en algunos sonetos, hizo este
Ojos claros serenos, mesmo desta suerte.*
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COMPOSICIONES VARIAS. 43
Queda de otro veneno defendido. Que al que se ha de morir, muerte le es vida
Que ni le empece ni hay por qué lo esquive. Canción , permita el cielo
Ya que por mayor mal quiso ventura Que sea esta del cisne y pues alcanza ;

Que no muriese yo, después que el cielo De cuenta mi dolor á la esperanza,


Me dejó ver en vos su hermosura Alcance ya el recelo
No tengáis en mi fe, dama, recelo ; Que se acabe el vivir y el desconsuelo.
Que el ser sujeto vuestro os asegura
Que no me encenderá beldad del suelo. SONETO XIX.

CANCIÓN II.
Al secretario Gonzalo Pérez.

A la esperanza. «No mas, como solfa jocundo y vago ,

Te veo correr dorando tu ribera


Ay, mísera esperanza
¡ Mas turbio de mis lágrimas, la (¡era
¿Qué me aprovecha andar desvanecido Llama crecer, que yo llorando apago.
Contra toda razón, sin fundamento, »Ya no te muesira el cielo aquel halago
Haciendo confianza Con que suele adornar tu primavera
lie cosas do jamás certeza ha habido, Va no es tu claridad la que antes era»
Engañando al cuitado entendimiento? Decia Pireno contemplando el Tago.
¡Tristes torres de viento, «¿Qué será de tí mísero Pireno, ,

Cuan cerca llega ya vuestra caída Tornó á decir llorando, si el pasado


Pues no puedo esperar ni quiero vida! Tiempo no torna alegre cual solía?»
¡ Esperanza engañosa Vandalio, que el dolor de mal ajeno
Que con promesas falsas, aparentes, Hacia recordar su propio estado,
Me has tenido suspenso, embarazado Lloraba de piedad mientras le oia.
¡Ay, alma deseosa
De* salir ya de mil inconvenientes! SONETO XX.
¿No es tiempo que se acabe este cuidado?
¡ Ay, cuan desengañado
A la princesa de Molfeta.
Está quien sabe bien que es mal que espere Como al rayo del sol nueva serpiente
El que por menos mal la muerte quiere! En virtud del calor sale y se aviva
¡Esperanza perdida! Muéstrase mas lozana y mas altiva ,

¿Qué me puedes poner delante ahora? Y el esfuerzo y valor doblado siente;


Qué te puede quedar ya por mostrarme Y como mientra el sol no es tan caliente,
Si yo no quiero vida, La falta del calor hace que viva
Que cuanto dura mas, mas empeora? Tiniida solitaria oscura esquiva
, , ,

¿Piensas me la alargar para matarme? Do ni la pueda ver ni vea la gente


¡Ay! que no hay que mostrarme Tal ha sido de mí señora mia ,

Razones mal fundadas que es locura ; Que en virtud del calor de los favores,
Hablar de vida al que morir procura. Mientra el sol me duró, ledo vivia,
¡Ay, esperanza incierta! Hasta que los helados disfavores
¡Cuánto fuera menor mi desventura Hicieron encoger mi fantasía,
Si razón de esperar jamás tuviera! Esconderme y huir de los amores.
Viera mi duda cierta ;

Y pues no basta amor do no hay ventura SONETO XXI.


Con mi fortuna el desear midiera. Como se turba el sol y se escurece
¡Ay, cuánto mejor fuera Si nube se interpone ó turbio el cielo,
Que la razón del esperar faltara Dejando oscuro y triste acá en el suelo
Y en lugar de esperar, desesperara Todo cuanto con él claro parece;
Ay, esperanza loca!
¡ Y como estando así nos aparece
En fuerza de tu fe solo pensabas Fuera de aquella nube y de aquel velo,
Salvarte de un engaño que asi engaña. Y llevando lo oscuro el aire á vuelo
Ya la vida se apoca; La claridad del sol mas resplandece;
Que aquel mismo manjar que antes le dabas Tales me son á mí vuestros enojos;
De su pasado error la desengaña. Que mirándoos airada ó descontenta,
¡Ay, pena fiera extraña! Se torna oscura noche el claro dia
¿Qué puedes ya hacer para dañarme Mas en viendo la luz de vuestros ojos,
Ni para entretenerme ni engañarme? Alegre luego el alma os me presenta
Esperanza traidora!
¡ Mil veces mas hermosa que solia.
Debajo de amistad me has engañado;
Súfrese pues prender sobre seguro, SONETO XXII.
Si mi mal no mejora
Al principe de Ascoli.
Ni lo sufre un dolor de un tal cuidado,
¿Cómo tarda el morir, pues lo procuro? Cuando algún hecho grande y glorioso
¡Ay, hado triste y duro! O victoria de ejército alcanzaban
Que es el mismo morir quien me entretiene Arcos, colosos mármoles alzaban
,

Porque donde hay vivir muerte no viene. Los romanos al que era victorioso.
Esperanza grosera
¡
Quedaba el nombre así de aquel famoso,
De seso falta, falta de experiencia! Y de una envidia honesta despertaban
¿Sobre qué estribas ya , qué te sustenta, Los ánimos de aquellos que aspiraban
Vida rabiosa y fiera? Venir á un fin tan alto y glorioso.
Acábame á lo menos la paciencia Estos escudos de armas los trofeos ,

Ya que acabaste tú, no se consienta. Las memorias que veis en cada parte,
¡Ay, peligrosa afrenta Príncipe digno de inmortal historia
Si la esperanza ha visto el desengaño, Despertadores son de los deseos
¿Qué puede ya esperar sino mas daño? Que á un hijo tal, cual vos, del nuevo Marte
Esperanza cuitada
¡
Harán subir á la paterna gloria.
¡Ay, si supieses bien cuan caro cuesta
El manjar de que vives trabajoso
ANACREÓNTICA.
¡Cuánto mas descansada De
tus rubios cabellos,
Te seria una muerte alegre y presta Dórida ingrata mia,
Que un vivirían cansado y enojoso! Hizo el Amor la cuerda
¡Ay, último reposo, Para el aren homicida.
No se dilate mas nuestra partida j «Ahora verás si burlas
, ,, , , ,, ,; , ,,, ,
; , , ;,

u GUTIERRE DE CETINA.
De mi poder» ;decia, En un asalto, sin tomar sosiego
,'

Y tomando una flecha, El cual duró cuatro horas , poco menos,


Quiso á mí dirigirla. Fueron domados á la fin del fuego.
Yo le dije : «Muchacho, de cuerpos muertos se vian llenos
Allí
Arco y arpón retira ; Los fosos, palpitando las heridas,
Con esas nuevas armas Lastimero.espectáculo á los buenos;
¿Quién hay que le resista?» Allí perdieron las honradas vidas
Doscientos alemanes caballeros,
EPÍSTOLA PRIMERA. De quien los nuestros fueron homicidas
A don Diego Hurtado de Mendoza. Sin otros paisanos y extranjeros,
Al número de mil á quien la suerte ,

Si aquella servitud, señor don Diego, Tocó á pasar por tan extraños fueros.
Que con vos tuve agora no , tuviese, El incendio cruel la fiera muerte ,

Seria de saber muy falto y ciego. El robo, el mal que en Dura hacer vieron,
Aquel amor que solo de interese Junto con expugnar plaza tan fuerte
Nace, fué por divina providencia Hizo que los demás merced pidieron,
Ordenado que á tiempo pereciese; Y con su Duque mal aconsejado
Mas el de la virtud , el de la ciencia En las manos de César se pusieron.
No puede perecer, porque es tesoro Ellos absuellos, él fué perdonado;
Que muestra siempre en sí mas excelencia^ Y el ejército nuestro victorioso
Yo observo en el amaros el decoro, De Gueldres en Henao presto pasado,
Y como enamorado, os amo tanto, Do en llegando, llegó tempestuoso
Que casi como á un ídolo os adoro. Juntamente el invierno, y tan esquivo
Anegada en el mar de un luengo llanto Que hizo el campear dificultoso.
Ha estado hasta aquí la musa mia, Así fué fuerza de mudar motivo
Sin poder acordar la lira al canto. Y contentarnos con menor ganancia
El cielo de mi dulce fantasía Dejando el pensamiento mas altivo.
Vi todo revolver y escurecerse Opuso, Señor, cerca el rey de Francia,
Cuando pensé que comenzaba el dia. Por si socorrer podia la villa
Y el sentido, que apena condolerse Que á él era de honor y de importancia.
Podia de su mal siendo infinito,
, Y porque publicaba á maravilla
No pudo en otra cosa entremeterse. Deseo de hacer jornada cierta
Esto causó, Señor, que no os he escrito, Nuestro César no quiso diferilía
Como os prometí cuando de Trento, , Antes se puso en la campaña abierta,
Partisteis tan mohíno y tan aflito, Y á tiro de cañón se le presenta,
Hasta agora, que el puro descontento Mostrándole, si quiere entrar, la puerta.
Puso al furor las armas en la mano, Mas él ,
que verse en semejante afrenta
No al poético, no mas al tormento.
, No quiso, ni tentar mas su ventura
Y aunque parezca especie de liviano Con socorrer su villa se contenta.
Lo que Febo hallar dificultoso Cario Quinto lo llama y lo importuna
Suele , la indignación ha hecho llano. Y ofrece la batalla , de que había
En una confusión estoy dudoso, El francés poca gana ó no ninguna.
Que no sequé os escriba que os agrade, Y bien nos lo mostró el tercero dia
Que pueda al gusto vuestro ser sabroso. Que nuestro campo cerca de él pusimos
Desta guerra he temor que os desagrade; Cuál era su intención y á qué venia;
Del suceso de corte no hay qué escriba; Fuésenos una noche, y no le vimos
De amor ¿qué diré yo que no os enfade? Apenas ir, y al fin de la jornada
La imagen de Boscan que casi viva , El veló bien nosotros nos dormimos.
,

Debéis tener, hará en vuestra memoria César dejó después holgaría espada,
La mas hermosa para ser esquiva. Que en las francesas armas fiera mella
Y el Laso de la Vega cuya historia , Ha hecho, sin quedar escarmentada.
Sabéis, de piedad y envidia llena, Y si bien de la fin de esta querella
Digo de invidiosos de su gloria. Cada cual á su gusto ordena y trata
Yo, que á volar he comenzado apena , Y sobre la verdad la pasión sella,
Apenas oso alzarme tanto á vuelo, Yo querría decir, pues no me mata
Que no lleve los pies por el arena. Nadie , que hizo el Rey la bella empresa
Vos, remontado allá casi en el cielo, Mala rima mi forza á dir cacata.
Paciendo el alma del manjar divino, Por abreviar, nuestro César tenia presa
¿Quién sabe si queréis mirar al suelo? Fortuna por el pelo, y hásele ido;
Mas ante que volverme del camino, Piadosamente pienso que le pesa.
Acuerdo de decir alguna cosa El Rey se fué ; digo que se ha huido
En estilo grosero ó peregrino. Sin daño y con vergüenza , y ha quedado
Será el sugelo pues aquella honrosa Quien lo dejó huir muy mas corrido.
Empresa que en este año ha César hecho, La culpa cuya fué no he procurado
Tantocuanto difícil gloriosa. , Ni procuro saber ; mas cierto veo
Ver un tirano en dos horas deshecho, A César en tal caso disculpado.
Tan fuerte y atrevido, que hacia Ya me parece que tendréis deseo
A los mayores que él tremer el pecho. De saber los que mas se señalaron
No vencido de amor ni cortesía Y quién llevó la gloria y el torneo.
Ni fortuna en vencerle tuvo parte Algunos caballeros se hallaron
Mas de solo valor y gallardía. En las escaramuzas, que de España
Allí era de notar el nuevo Marte, La fama gloriosa conservaron.
Fernando, capitán de aquesta guerra, Los demás , y aun los mas en una extraña ,

El ánimo, el valor, ingenio y arte ; Escuadra ó escuadrón contino puestos,


Allí se vioen el sitio de una tierra No pudieron de sí mostrar hazaña.
Dura de nombre asaz dura y extraña-,
, De la disposición y de los gestos
Si enánimo español virtud se encierr . Cómo las armas les estaban callo,
Con razón memorar puedes, ¡oh España! Pues ya todos á nos son manifiestos.
Entre las otras tantas memorables, Lo bueno yo no sé sino alaballo
Esta que no será menor hazaña
, Si algo hubo de mal que nunca falta
,'

,
Profundos fosos, muros impugnables A presencia pienso reservallo.
la
Hierro, lanzas, saetas , piedras, fuego, Mas quisiera decir, sino que salta
Abíüjos de leones indomables, El furor por seguir otra materia
, ; !, !, , ,; ,, , !, ,; ,

Composiciones VARIAS. as
Si no más agradable al fin mas alta.
, Y el que mejor que yo vivir podría
Pensé deciros del'novel de Feria En casa y del paterno nutrimiento?
Cómo con su valor ha desterrado ¿Para qué es ocupar la fantasía
Desta corle los vicios y miseria. En desear mandar, y en grandes cargos
Y cómo en cuatro pasos ha alcanzado Andar embebecidos noche y dia?
Los que primero del corrieron tanto, Los años de los ricos ¿ son mas largos,
Y algunos ó los mas atrás dejado. Por aventura, ó viven mas quietos,
Pero, tornando al comenzado canto, O muertos no han de dar de sí descargos?
El humo y vanidad de aquesta corte ¿No como los pobres, tan sujetos
son,
Me tiene puesto en confusión y espanto. Los ricos á mil casos desastrados
No pienso decir mas sin pasaporte; Si bien no corresponden los efelos?
De la corte murmuro y della digo, ¿Cuál rico hay que no tenga mil cuidados
Mas de ninguno nada que le importe. Mas que yo, que el temor de caso adverso
Yo pienso que es á Dios y á sí enemigo No interrumpe mis sueños reposados?
Quien niega la verdad y por favores,
,
Oh cuánto es su vivir del mió diverso!
¡

Por amor ni temor de algún castigo. ¡Cuánto es la mia mas alegre vida
¿Qué os parece Señor, destos señores?
, ¡En qué piélago está ciego y submerso!
De su ambición y envidia ¿qué os parece? Yo, que por experiencia conociJa
Qué de la multitud de servidores? Tengo la corte ya voyme riendo
,

¿Qué decis de la pena que padece De quien sigue tras cosa tan perdida.
Un grande si otro le ha pasado en nada Y digo que es la corte si la entiendo,
,

Y cómo la igualdad mal compadece? Una cierta ilusión, una apariencia


¿ Qué decis del tener mesa parada Que se va poco á poco deshaciendo.
Todas horas á todos do hay algunos
, De la corte no hago diferencia
Que desean probaren él su espada? Al espejo, que muestra algunas cosas
¿Qué decis del sufrir mil importunos ? Graves, que nada son en existencia.
Qué de la adulación que ansí los ciega, Ciertas honras inútiles, costosas,
Sin que della escapar puedan ningunos ? Ansioso desear, vivir inquieto,
Del cortesano triste que se allega Esperanzas inciertas, trabajosas,
A demandar al Rey alguna cosa Un nunca responder con el efeto
¿Cuál queda, me decid si se la , niega? El pensamiento, que contino hace
Y otro que ni duerme ni reposa
el Mil torres en el aire, de indiscreto.
Por llegar á aquel grado que desea, Pero, porque he temor que no os aplaco
¡Qué vida tan estrecha y trabajosa Tan luenga historia, aquí haremos punto,
El otro con envidia urde y no deja Pues que tampoco á mí me satisface.
Cómo podrá sacar de su privanza Y de todas las cosas que pregunto
A tal que en hacer toda la emplea. Con el primero me enviad respuesta
¿Qué os parece, Señor, de la esperanza Cual la deseo yo, cual la barrunto;
Que grande se le muestra en perspectiva? Que pues mi servitud, está tan presta
¡Cuan poco fruto al fin della se alcanza! A vuestra voluntad para serviros,
¡
Qué extraña presunción vana y altiva Cualquier demanda se me debe honesta.
Se halla en corte de un privado injusto, Olvidado me habia de pediros
Y qué conversación seca y esquiva
, Una cosa que mucho he codiciado
¡ Cómo toma otro ser, muda otro gusto, Y he pensado mil veces escribiros,
El que, siendo ayer pobre, hoy se ve rico! Y es que de ver gran tiempo he deseado
Tirano es hoy aquel que era ayer justo. Del famoso Ticiano Una pintura ,

¿Qué os parece cuál es tratado el chico A quien yo he sido siempre aficionado.


Del grande hecho á fuerza de fortuna Entre flores y rosas y verdura
Del poderoso el triste pobrecico? Deseo ver pintada primavera
¿Qué juzgáis de la turba que importuna Con cuanto de beldad le dio natura.
A quien hacelle bien tan poco cuesta Mucho pido, Señor; mas no debiera
Sin poder del haber merced ninguna? Pedir menos á quien fuera muy poco
Del ansia por salir en una fiesta Si cuanto puede dar fortuna os diera.
Mas galán que no el otro y mas costoso, En este punto que postrero toco
Tanto gasto y trabajo ¿qué le presta? De pediros, veréis que soy poeta,
El otro va trotando presuroso Si no lo habíades visto en que soy loco.
A acompañar al Duque, si cabalga Llegado ha ya mi canto á aquella meta
Como si sin él fuera peligroso. Do pienso poner fin á mi camino
Aquel está esperando que el Rey salga Si, como temo, á vos no fuere aceta
En sala por hacer antes presencia Haced de ella un presente al Aretino.
Si esta no es ignorancia que no valga.,

¿Qué decis del que teme haber sentencia EPÍSTOLA II.

En contra el sobornar de su letrado AI príncipe de Ascoli.


Cual del uno y del otro la conciencia?
El cortesano cuerdo y avisado Señor, mas de cien veces he tomado
Que no quiere nadar con la corriente La pluma y el papel para escribiros,
Del vulgo, me decid , ¿cómo es tratado ? Y tantas no sé cómo lo he dejado.
Dicen que es impoituno el diligente, Y no os maravilléis, porque son tiro3
Mentir y trampeares beneficio, Que del pasado mal de los amores
El cauteloso dicen que es prudente. Quedaron en lugar de los suspiros.
Han convertido el juego en ejercicio Ya no canto, Señor, por los temores
Común ; juegan los grandes , los plebeos Que solía cantar, ya mudo verso
Armas y letras van ya en precipicio. Ya se pasó el furor de los furores.
Ya cesaron las justas y torneos; Un modo de escribir nuevo y diverso
La crápula y lascivia en lugar destos Me hallé, poco há, para holgarme,
Entraron, con mil otros actos feos. Y por huir del otro tan perverso
¡ Cuántos veréis en alto asiento puestos,
Solia cantar de amor y desvelarme,'
Soberbios , insolentes, desleales, Andar fantasticando mil dulzuras,
Hipócritas, viciosos, deshonestos! Que paraban después en degollarme,
¿Por qué hizo fortuna desiguales ^
Ya no escribo, Señor, delicaduras
Sus leyes? Por qué es rico un avariento? Escríbalas quien es mas delicado;
Por qué mendigan tanto liberales? Yo soy loco y me agrado de locuras.
¿Por qué no viviría yo contento, Ya no pretendo mas ser laureado;
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46 GUTIERRE DE CETINA.
Antes por solo el nombre tomaría Todos nuestros caballos están buenos;
De andarme sin bonete y trasquilado. Vuestras bestias de casa se pasean
Pasáis, Señor, por la desgracia mia, Sin vos por estas calles como ajenos.
Como vino entre burlas á mudarse Algunas damas sé yo que os desean
El nombre de que tanto yo huía. Bien que por Varios casos todavía
Vaya fuera Satán no lia de tratarse
;
Venid, si no por ver, para que os vean.
Cosa sin lauro aquí, como taberna; El dibujo que aquel darme debía
Que en todo ha de meterse y demostrarse. Del moderno castillo de Plasencia
Tornando pues, Señor, á la moderna Para enviar a vuestra señoría
Manera de vivir, digo que estamos No me ha dado; mas jura en su conciencia
Como le place á aquel que nos gobierna. Que el principio está hecho y no acabado,
Paz y salud hay mas que deseamos, Por habello estorbado la excelencia.
Mil cosas que comprar, pocos dineros No os quejaréis, Señor, que no os he dado
Aunque tantos, que basta que vivamos. Particular aviso de mil cosas,
Las damas, el amor, los caballeros Y en estilo mas fácil que el pasado.
Andan hechos tasajos; yo me rio. Vuestras armas están las mas hermosas
Que si yo no lo soy, son majaderos. Que se pueden pintar, y yo no quiero
Anda, Señor, tan flaco Juan del Rio, Pintaros con palabras enfadosas
Que es una compasión, porque su dama Lo que sabéis de mí, del día primero.
Ha apostado con él cuál es mas frió.
No viene á la ciudad, y desta trama ESTANCIA.
Temo no ha de quedar al triste hilo Sobre la cubierta de un retrato.
Mas de sola la voz con que le llama.
Baste del galán flaco y amarillo El que el alma encender de honesto celo
Lo dicho; de otro gordo y rubicundo Quiere, y hacer mejor la mejor parte
Diré, que os holgaréis vos mas de oillo. Es que por levantarse en alto vuelo
Don Manuel va sin luto y tan jocundo Busca sugeto tal, que excede al arle;
Que solo es el galán de los galanes. El que procura ver beldad del cielo,
¿Queréis que diga mas? Que triunfa el mundo. Y junta la que en todas se reparte,
El premio no sé yo de sus afanes Para ver todo el bien de la edad nuestra
Cuál es mas; sé os decir que muestra el juego Mire, si sabe ver, sola esta muestra.
Por ganado en las muestras y ademanes.
Diréis que yo no veo y que estoy ciego, SONETO XXIII.
Que no puedo dar fe; mas yo me atengo AI monte donde fué Cartago (4).
A que no sale luz donde no hay fuego.
Don Jorge, harto mas ancho que luengo Excelso monte, do el romano estrago
Espera con deseo la camarada Eterna mostrará vuestra memoria
Yo con las esperanzas lo entretengo. Soberbios edificios, do la gloria
Va el cuitado á palacio, y no se*"agrada Aun resplandece de la gran Cartago;
De cosa que en él vea, ausente aquella Desierta playa, que apacible lago
Luz que ni se la da ni le da nada. Fuiste lleno de triunfos y \1loria (5)
Ella está en su lugar, y está con ella Despedazados mármoles, historia
La bella camarada por mostrarse En que se lee cuál es del mundo el pago (G)
Entre tanto beldad tanto mas bella. Arcos, anfiteatros, baños, templo,
Don Antonio ha dejado de quejarse; Que fuisteis edificios celebrados,
Después que os fuisteis vos no pierde punto Y agora apenas vemos las señales;
Si la dama no viene á importunarse. Gran remedio á mi mal es vuestro ejemplo,
Gonzalo Girón va medio difunto, Que si del tiempo fuistes derribados,
Que su dama no sale ni se muestra, El tiempo derribar podrá mis males.
Y no por culpa del, según barrunto.
Está el triste de cosa tan siniestra SONETO XXIV."
Harto mas corcobado que solía
Fortuna lo enderece, que es maestra. A una dama que lloraba un su servidor muerto.
Aquel embajador que no se via De Menalca, pastor, la ninfa Flora
Salió ayer á volar con pluma nueva Lloraba el duro caso extraño y fuerte,
Y la que lo peló sigue su via. Y del hermoso rostro dura suerte
Ludovica se ha puesto en hacer prueba Las rosas escurece y descolora.
Si se puede afeitar mas que su ama
Ya se hace llorar, ya vuelve y llora
Y no hay de quien tal yerro la remueva. Y en dulces perlas su llorar convierte
Suspira por el Príncipe y lo llama ; Ya queda muerta y fría, y si la muerte
Dice que era su bien, y yo lo creo La deja respirar, dice algún hora :

Mas no caerá de amor doliente en cama. «Parca, si de mi bien te enamoraste,


Olvidado me había un gran torneo Cortaras de mi vida el hilo incierto
Que una noche hicimos en palacio Gozaras del poder, yo del engaño.
Por cumplir de una dama un mal deseo. »Mas ¡ay! que digo yo que no acertaste;
Fué muy pobre de galas y muy lacio
Armados mucho bien, muy mal vestidos; (i) Hállase este soneto impreso en las Anotaciones á Garcilaso,
Combatióse muy bien, aunque despacio. ya citadas. Herrera dice que el soneto es imitación del que á liorna
Todos vuestros amigos conoscidos '

compuso en lengua italiana el conde Baltasar Casteglioni con este


Torneamos, y veinte italianos,
principio :
Que fueron de nosotros escogidos. Superbi colli et voi sacre mine.
Andanse aparejando entre las manos
Y luego añade «Cet:na pasó todo este aparato y ornamento de
:
Estas Carnestolendas grandes fiestas.
¡Ved qué alivio de pobres cortesanos! edificios y fábricas romanas á Cartago, donde él por ventura no vio

Espérannos, Señor, las mesas puestas, rastro de algunas dellas, ni las debió leer en escritor alguno pero ;

Como suelen decir, porque en llegando cuando esto se condene, será error de accidente, y por eso liviano.
Toméis de ellas el gasto á vuestras cuestas Basta que lo trasladó ilustremente y que es tino de los buenos so->

Entre tanto que yo vo adivinando netos que tiene la lengua española.


Que estáis en esa tierra ya de asiento (5) El manuscrito del señor Álava dice :
Y que la nuestra acá vais olvidando. Desierta playa, que apacible lago
Y es harto indicio deslo, á lo que siento, Lleno fuiste de triunfos y Vitoria.
No escribir ni acordaros á lo menos El referido manuscrito pone :
(6)
De hacer con alguno un cumplimiento. En quien se ve cuál es del mundo el pago.
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COMPOSICIONES VARIAS. 47

Oue por matarle á él, á mí me has muerlo;


CANCIÓN III.
El golpe has hecho en él ,
yo siento el daño.
Animal venturoso,
SONETO XXV. Que con gozo tan alto
El morir limitó tu buena suerte,
Ay vivo fuego Ay fiero pensamiento
!
¡
¿Cuál vivir tan sabroso
Ay rabioso dolor, pasos cansados!
recelos de amor desesperados!
No será pobre y falto
Ay Ante la dulce causa delu muerte?
Ay triste, congojoso sentimiento
fundamento Cuál ánimo tan fuerte,
¡ Ay alto desear sin
Cuál alto atrevimiento
Ay vana empresa, llena de cuidados!
Al tuyo igualar puede,
Ay rios, fuentes, selvas, bosques, prados! Si tu atrever excede
Ay esquiva ocasión de mi tormento Al mas desenfrenado pensamiento?
¡Ay verdes huertas, árboles hermosos!
Cuál ingenio, cuál arte
Ay lugar que ya fué ledo y jocundo,
De tu gloria dirá la menor parte?
Do gastaba mi tiempo en dulce canto
¡Animal atrevido,
Espíritus alegres y amorosos,
Tan bien afortunado,
Si alguno vive acá en el bajo mundo,
Que osaste así llegar ( furioso hecho!)
Muévaos hora á piedad mi triste llanto.
¡

Al amoroso nido,
SONETO XXVI. Al seno regalado
De Amor, al mas hermoso y casto pecho!
Hiere el puerco montes, cerdoso y fiero De ser muerto y deshecho
Y la alterada sangre, detenida, Allí luego improviso
Tarda del corazón á la herida, Mayor bien se te sigue ,
Y una blanca señal muestra primero. Porque el morir mitigue
Así del amador que es verdadero, La gloria que á si solo Amor dar quiso
En lágrimas la sangre convertida , Que el morir en tal punto
No llegan así presto á su salida Fué un no sentir el mal al bien tan junto.
En llorando un pesar muy lastimero. Cosa es clara y sabida
Da el corazón señal que está alterado, Que de tan gran locura
Hace que de dolor el fiero diente Habia de seguir un mal extraño.
En lo vivo del alma ha penetrado. Pagaste con la vida
Entonces muestra el daño el accidente, Tu sobrada ventura
Y la blanca señal de estar turbado Y á respecto del bien fué poco el daño.
Matiza con el llanto el mal que siente. Ay qué sabroso engaño!
¡

Ay qué muerte sabrosa


SONETO XXVH. Que mientra contemplabas
Como la oscura noche al claro dia El favor y gozabas
Sigue con inefable movimiento, Pasó disimulada y presurosa,
Así sigue al contento el descontento Con el bien tan mezclada
De amor, y á la tristeza la alegría. Que cuando mas dolió, no dolió nada.
Sigue al breve gozar luenga porfía, ¿Quién hay tan sin sentido,
Al dulce imaginar sigue el tormento, Que á trueque de tu suerte
Y al alcanzado bien el sentimiento Su ser por el ser tuyo no trocara?
Del perdido favor que lo desvia. Por un bien tan subido
De contrarios está su fuerza hecha, Con venturosa muerte
Sus tormentas he visto y sus bonanzas, ¡
Quién de su voluntad no la tomara ?
Y nada puedo ver que me castigue. ¡Ay gloria única y rara
Ya sé qué es lo que daña y aprovecha ¿Quién agora sintiera
Mas ¿cómo excusará tantas mudanzas Lo que sentías muriendo
Quien ciego tras un ciego á ciegas anda? Tanto gozo sintiendo
Que mal puede sentirse Aunque muriera, !

SONETO XXVIII.
Tengo por cosa cierta
Mientra el fiero dolor de su tormento Que allí la muerte en vida se convierta.
Con mayor soledad Vandalio llora Faetonteno se alabe
Con voz de su morir denunciadora Mas de su atrevimiento,
Dijo triste, lloroso y descontento Pues él ni nadie al tuyo igualar puede.
«¡Oh gloria de estas selvas y ornamento, No en pecho humano cabe
Sombras que tanto ardor templáis agora! Tan gran contentamiento
¡Oh tú, Eco, perpetua habitadora Que ante el bien de tu mal bajo no quede.
Del bosque que este llanto escucha atento De un que al sol excede
sol
«Quédese para vos solas guardado Donde aun el pensar loco
Mi tan secreto bien, mi buena suerte, Apenas llegar osa,
Que tanto me costó por no mostralle. Cama dulce y sabrosa
»Y si tanto favor me niega el hado, Hiciste, el mayor bien teniendo en poco,
Ya que á alguno contar queráis mi muerte Porque haga la fama
Dígase solo el mal, el bien se calle.» En memoria inmortal muerto en tal cama.
No puede ser pagado
SONETO XXIX. Un atrever tan alto
Golfo de mar con gran fortuna airado Con castigo menor que de tal muerte;
Se puede comparar la vida mia Ni pudo ser mezclado
Van las ondas do el viento las envia , Con menor sobresalto
Y las de mi vivir do quiere el hado. Porque el bien engañase un mal tan fuerte.
No hallan suelo al golfo, ni hallado Solo faltó á su suerte
Será cabo jamás en mi porfía Tal autor, que escribiera
En el golfo hay mil monstruos que el mar cria Tu vida, muerte y gloria
Mi recelo mil monstruos ha criado. Y que para memoria
En el mar guia el Norte , á mí una estrella Perpetua en tu sepulcro se leyera :
Nadie se fia del mar, de nada fio; «Aquí contento yace
Vaseallí con temor, yo temeroso. Quien por tal ocasión morir le place.»
Por mí cuidados van, naves por ella; No pases adelante,
Y si en algo difiere el vivir mió Canción, pues á los dos nos cabe en suerte
Es que se aplaca el mar, yo no reposo. Llorar de envidia de tan dulce muelle.
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48 GUTIERRE DE CETINA.
SONETO XXX. Delicado matiz, que el ser humano
Nos muestra cual el cielo lo mostrara ;
honor del nombre de Cardona*
Ilustre Beldad cuya beldad se ve tan clara
No décima á las nueve de Parnaso Que al ojo engaña el arte soberano.
Mas la primera del oriente á ocaso, Artílice ingenioso, que sentiste
A quien rara beldad bonra y corona Cuando tan cuerdamente contemplabas
Y á quien la fama por sin par pregona
El sugeto que muestran tus colores
De virtudes colmado y rico vaso,
Dime : si como yo la vi la viste,
Por elección, y no por suerte ó caso, El pincel y la tabla en que pintabas
Dignísima de cetro y de corona Y tú ¿cómo no ardéis, cual yo, de amores?
Perdería la pena y el trabajo
Donde la invidia su malicia enfrena, SONETO XXXV.
Si cantase de tí aun el mas instruto,
Pues tu santa virtud tomó á destajo, Al conde de Feria.
Con pura castidad de afelos llena Mientra el franco furor fiero se muestra,
Producir para el cielo eterno fruto (7). En uno con el bárbaro tremiendo
SONETO XXXI. Mientra consorcio protestante horrendo
el
Turbar piensa la fe y la patria nuestra
Ni la alta pira que de César cierra Marte os arma, Señor, la mano diestra
Las reliquias soberbias en el suelo, A la cual la victoria está atendiendo
Ni aquel famoso templo por quien Délo A aquel vestigio de valor siguiendo
Vivirá siempre en cuanto el mar encierra Que á la inmortalidad virtud adiestra.
Ni todos los honores que en la tierra Ya me parece ver de vuestra gloria
Pueden de gloria alzarse en alto vuelo, El alto resplandor ilustrar tanto,
Os dieran tanto honor, héroes del cielo Que al paterno poder hará la vista.
Cuanto os dan estas piedras y esta tierra. Solo tengo temor que tanta historia
De huesos de enemigos mayor pira, Puesta no quedará en eterno canto,
Do los vuestros á guisa de trofeo Si vos de vos no sois el coronísta.
Se muestran, fabricando fabricastes.
El templo que á los otros mas admira SONETO XXXVI.
Y el honor muy mas grande que el deseo, Cercado de de espanto
terror, lleno
Cristo os lo dio y vosotros lo ganastes. En la barca del pensamiento,
triste
Los remos en las manos del tormento
SONETO XXXII. Por las ondas del mar del propio llanto
A una dama que le pidió alguna cosa suya Navegaba Vandalio, y si algún tanto
para cantar. La esperanza le da propicio el viento,
La imposibilidad en un momento
No es sabrosa la música ni es buena Le cubre el corazón de oscuro manto.
Aunque se cante bien, señora mia «Vandalio, ¿qué harás ora? decia.
Si de la letra el punto se desvia Fortuna te ha privado de la estrella
Antes causa disgusto, enfado y pena. Qne era en el golfo de la mar tu guia.»
Mas si á lo que se canta acaso suena Y andándola á buscar ciego sin ella
La música conforme á su armonía Cuando por mas perdido se tenia
En lugar del pesar que el alma cria Viola ante los nublados ir mas bella.
De un dulce imaginar la deja llena.
Vos, que podéis mover al son del canto SONETO XXXVII.
Los montes, no queráis cantar enojos De sola la ocasión ledo y gozoso,
Ni el secreto dolor de mi cuidado. Dijo Vandalio á Amor « Por un halago
:

Quédese para mí solo mi llanto ;


Corra en cama dorada el rico Tago
Vos cantad la beldad de vuestros ojos Pactólo sea de perlas abundoso;
Conformará el cantar con lo cantado. « Desee con su virtud quedar famoso

SONETO XXXIII. El que el sacro laurel quiere por pago


Vaya arando la mar, cual hizo Lago,
Si el justo desear, padre Silvano, Aquel que de riquezas es cuidoso
Jamás pudo moverte entre pastores; «Gobierne el reino aquel que lo procura,
Si del rabioso mal de los amores Sea el mundo de aquel que lo conquista,
El corazón salvaje has hecho humano, Y cada cual se goce con su estado.
Ruega al numen celeste que la mano »Yo no pido ni quiero mas ventura,
De su piedad extienda á los clamores Salvo que pueda de una dulce vista
Que Dórida le hace en los ardores Solamente mirar y ser mirado.»
De una fiebre cruel, llorando en vano.
Si alcanzo de los dos tanta ventura, SONETO XXXVIII.
Vuestra gloria será mas verdadera,
Y mas para sufrir mi desventura. AI duque de Sesa.
Y cuando lo contrarío el hado quiera Como al salir del sol se muestra el cielo
No perezca, Señor, tal hermosura; Mas claro y mas alegre y mas gozoso,
Menor mal es que yo en su lugar muera. Y como en el venir de abril hermoso
SONETO XXXIV, De flores se matiza y lustra el cielo
Tal, movido por vos de honesto celo,
Pincel divino, venturosa mano, Se muestra ufano el mundo, deseoso
Perfecta habilidad, única y rara, De al glorioso
veros ya llegar
Concepto altivo do la envidia avara, Término llegó el único abuelo.
á que
Si te piensa enmendar, presume en vano. Solo en veros salir solo del nombre
(7) Este soneto no se halla en el manuscrito del señor don José
De GonzaloTernandez tiene espanto
María de Álava. Publicólo Herrera en la Anotación al soneto vigé- Cuanto ciñe Apenin, Adria y Tirreno.
simoquinlo de Garcilaso, diciendo : «Este soneto contrahizo, se- ¿Cuál será pues, Señor, que no se asombre
gún %e dice, Cetina ; no sé si también que mereciese alabanza por Viéndoos volver con el honrado manto
ello. Quien lo leyere con atención verá claramente el efeto quo
De palmas, de trofeos, de glorias lleno?
cpnsiguió, porque yo no tengo, por ingenio obligarse á cosas seme-
SONETO XXXIX.
jantes, que tienen mas dificultad que arte , y después de trabajadas
no alcansan en alguna parte a la imagen que escogieron por ejem- Al emperador.
plo,* ÍÍ9 fuera Alcldes, no, famoso tanto,
, , , ,, ; ,! ; ; ,,, ,; , ;; ;

COMPOSICIONES VARIAS. :•)

Ni durara en el mundo boy su memoria, Oye en el canto mió


Si menos cara hubiera la victoria Las quejas de un pastor desventurado,
De los monstruos que aun boy causan espanto. De un hijo que algún tiempo ha celebrado
La fuerte emulación con torio cuanto {A pesar del grosero y bajo estilo)
Contrasta casi al par con vuestra gloria, Del Indo al Tago y del Danubio al Nilo.
Harán al lin, Señor, que vuestra historia Oye pues mi pesar, mi desconsuelo,
Nos dure con eterno é inmortal canto. Mi temor y recelo;
El vencer tan soberbios enemigos, Lleve consigo el viento embravecido
Sujetar tantos monstruos, tanta gente La memoria del mal fiero, rabioso,
Con el valor que el cieio en vos derrama. Y mientra dura el son de mi gemido,
Al siglo por venir serán testigos Llora, padre piadoso ,

Del honor que dará perpetuamente Y si usado al mar envías,


el tributo
A Carlos Quinto Máximo la fama. Do tus lágrimas van vayan las mias.
Lleve el viento la voz, como se lleva
SONETO XL. La mísera esperanza;
El llanto lleva tú. y el sentimiento
A la marquesa del Gasto.
Quede solo conmigo, y haga prueba
Cual en la deseada primavera Si la desconfianza
Suelen venir á nos Favonio y Flora Pudiese destruirme el sufrimiento.
Cual se suele mostrar la bella aurora Mas ¡ay! que este vencido pensamiento
Ante el rector de la celeste esfera , La fuerza de mi fe, la del deseo
Cual en aquella dulce edad primera Lo rehacen de nuevo y lo levantan
Diana en selva se mostró á deshora; Cuando los males mas, mas me quebrantan
Tal vos, excelentísima Señora. (Haciendo del sentido un otro Anteo).
Parecéis á este pueblo que os espera. A todo cuanto veo,
Alégrate hora pues, Liguria mia ; Los ganados, las yerbas y las fuentes,
Que si gcandepcasion para gozarte A tolo soy molesto y enojoso,
Deseabas bailar, boy es el dia. A las fieras, al cielo y á las gentes.
Si de dolor te queda alguna parte Llora, padre piadoso ,
Sea por no haber visto en compañía Y si el tributo usado al mar envías,
De la nueva Diana al nuevo Marte. Do tus lágrimas van vayan las mias.
No quiero perder tiempo en recontarte
SONETO XLf.
Mis pasados ardores
Está en mi alma mi opinión escrita No pienso recitar viejas historias.
Con tal fuerza de amor, tan bien guardada , Estas riberas pueden acordarse,
Que si de vuestra saña no es borrada Tus ninfas, tus pastores,
A la par con la vida en ella habita. De mi perdido bien tristes memorias.
Bien me podéis vos dar pena infinita Los vencimientos sabes, las victorias
Amor os da el poder como le agrada Que Amor hubo de mí, yo de él he habido
Mas excusar que no seáis amada Mas no son estos causa de este llanto
De mí con tal beldad ¿quién me lo quila? No fué entonces el mal tan grave cuanto
Aborrecerme vos podéis, Señora, Fué la alteza del bien no merecido
Afecto tan contrario al ardor mió, El haberlo perdido,
Y aun desearme, si queréis, la muerte; Y el acordarme de él, sin él agora,
Mas que no os ame esta alma que os adora, Me hacen de la muerte deseoso
Ni vos ni vuestra saña, yo lo fio, Pero mientra su daño el alma llora
Podéis borrar lo que me cupo en suerte. Llora, padre piadoso
Y si el tributo usado al mar envías,
SONETO XLII.
Do tus lágrimas van vayan los mias.
Ay dulce tiempo, por mi mal pasado,
¡
Bien se que deste mal la mayor culpa
En el cual me vi yo de amor contento Querrás atribuirme,
¡ Cómose fué volando con el viento Porque estando tan bien osé mudarme;
Y sola la memoria en mi ha quedado! Mas si aquella beldad no me disculpa,
¡Ay triste tiempo, lleno de cuidado, Que pudo destruirme
De pesar y dolor, pena y tormento! Baste el hado cruel para excusarme.
¿Quién hace así tardar tu movimiento? No me valió huir, no el alejarme.
¿Cómo vas tan de espacio y tan pesado? No aprovechó el discurso y la cordura];
Si tanto bien no mereció mi suerte, No el hacerme yo fuerza resistiendo
¿Cuál desdicha ordenó que lo gustase? Todo lo fué gastando y deshaciendo
Y era bien, ¿para qué fué mudable?
si De Amarílida el trato y la blandura.
Y si habia de venir un mal tan presto Quiso mi desventura
Tras él para que mas me lastimase, Ponerme nuevo yugo
¿Por qué es mi mal mas que mi bien estable? Tan fácil al principio y tan sabroso
Cuanto ha sido después pesado y grave.
MADRIGAL III.
Llora, padre piadoso ,

No miréis mas, Señora Y si el tributo usado al mar envías,


Con tan grande atención esa figura Do tus lágrimas van vagan las mias.
No os mate vuestra propia hermosura. Contento de mi suerte tal cual era,
Huid, dama, la prueba Por no andar peregrino
De lo que puede en vos la beldad vuestra. Buscando mejor pasto á mi ganado,
Y no haga la nuestra Pasaba yo mi vida en tu ribera,
Venganza de mi mal piadosa y nueva. Cuando nuevo camino
El triste caso os mueva Para nuevo pesar me mostró el hado.
Del mozo convertido entre las flores De la bella Amarílida avisado
En flor, muerto de amor de sus amores. Fui que el amado rio atrás dejaba
Libre de sujeción, y que quería
CANCIÓN IV. Mudar patria, costumbre y fantasía,
De lo cual me juró que se alejaba
AI río Bétis. Por ver que se acercaba
Bélis, rio famoso, amado padre A tus hermosas ondas, do tenerme
Que con paso tardío Cerca de sí quería y con reposo
Haces tu curso al mar acostumbrado, Segura para siempre de perderme.
Mientra así oscura está la antigua madre, Llora, padre piadoso,

P.XVI-1.
é
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GUTIERRE DE CETINA.
Y si usado al mar envías,
el tributo Do tus lágrimas van vayan las míes.
J)o tuslágrimas van vayan las mías. Agora ni me trata ni entretiene
¡Cuántas veces la vi certificarme Ni mi vivirle agrada,
Que dejaba aquel rio Antes huye de mí como de fiera
Y el Tago, do vivir también podia Y si donde yo estoy acaso viene
Por tenerme mas cerca y por tratarme, Se muestra tan trocada
Porque el ganado mió Que no parece ser la que antes era.
Gozase su pastor siquiera un dia! No la puedo entender ni sé qué quiera
Jurar la vi también que ya tenia Lo mesmo que me hiela, eso me enciende,
De Pisuerga tan libres los cuidados, Y lo que mas me ofende
Que no dejaba atrás rastro ninguno Es no saber de qué se satisface.
Que deseaba ver paciendo en uno Eso es pues el dolor fiero, rabioso,
Por tu ribera andar nuestros ganados. Que en llanto me consume y me deshace.
Los ardores pasados Llora, padre piadoso ,
Veníamos mil veces acordando Y si el tributo usado al mar envías,
Por hacer el camino mas sabroso. Do tus lágrimas van vayan las mias.
¿Para qué mi dolor voy relatando? Bétis. rio famoso,
Llora, padre piadoso Recibe esta canción en tus honduras,
Y si el tributo usado al mar envías, Y mientras lloro aquí mis desventuras,
Do tus lágrimas van vagan ¡as mius. Llora, padre piadoso,
Ay Dios si me durara aquel camino

! Y si el tributo usado al mar envías ,
Cuanto dura la vida Do tus lágrimas van vayan las mias.
O la vida con é! se me acabara
Si de un trato tan blando y tan contino SONETO XLIH.
lluia de dar caída, Al duque de Alba.
¡
Pluguiera á Dios que nunca lo gustara
Blas ¿ quién creyera tal, quién lo pensara. Señor, mientra el valor que en vos contemplo
Viéndose así tratar tan blandamente ? El ánimo, el saber alabar quiero,
Quién se vio como yo que no creyese Con el bajo decir torpe y grosero
Que tal contentamiento eterno fuese, Del alto desear la furia tiemplo.
hiendo eterno el autor que el alma siente? Y'uestras obras serán pues vuestro ejemplo,
¿Cuál piadoso bosque ó fuente Vos vuestro coronista verdadero,
Vimos en él pasar que no haya sido Vuestra virtud será el mas cierto Homero
Castigo de mi bien? ¡Ay qué rabioso Que á la inmortalidad os abre el templo.
Es el acuerdo, Amor, del bien perdido! No dejaréis, Señor, ser alabado;
Llora, padre piadoso , Mas a! principio que lleváis tan alto
Y si el tributo usado al mar envías, Dad en lo porvenir alegre efeto ;
Do tus lágrimas van vayan las mias. Que si el triunfo del mundo es pobre y falto,
Pisuerga sabe bien que fué testigo Si corresponde mal con tal sugeto, .

De mí dolor primero Allá os le tiene el cielo aparejado.


Si de todo mi mal recibe el pago;
Y si fuere mayor del mal que digo, MADRIGAL IV.

También lo sabe Duero, ¡ Ay qué contraste fiero


Termes lo sabe bien, sábelo Tago, Señora, hay entre el alma y los sentidos
Que la vieron pasar. ¿Con cuál halago Por decir que os doláis de los gemidos
Me regaló viniendo ora por verte? Ninguno de ellos osa;
Y aun tú, Bétis, también viste una parle Cada cual se acobarda y se le excusa
De mi felicidad, mientra con arte Al alma deseosa,
Simulaba el engaño de mi muerte. Que de su turbación la lengua acusa.
Pues quien tan buena suerte Ella dice confusa
Perdió viéndose tal, sin ella agora Que os dirá el dolor mió,
Mira si con razón vive quejoso Si la deja el temor de algún desvio ;
Del cielo, del amor de su pastora. Pero de un miedo frío
Llora, padre piadoso, La cansa el corazón, y de turbada,
Y si el tributo usado al mar envías, Cuando algo os va á decir, no dice nada.
Do tus lágrimas van vayan las mias. Al corazón no agrada
No descubrió en llegando las cautelas La excusa, y dice que es delta la mengua
Que agora ha descubierto Que el quejarse es afecto de la lengua.
Por abrasarme mas, por encenderme; El uno al otro amengua
Blas atenta á pacer sus ovejuelas El vano pensamiento
Con mañoso concierto No sabe dar consejo al desatiento.
Se comenzó á tratar y á entretenerme; La razón sierva siento
Ni mostraba soltarme Que solia un tiempo entre ellos ser señora,
Ni dar vida á mi mal ni nueva muerte. Y el esfuerzo enllaquece de hora en hora.
Cuando estaba mas blanda y cuando dura La mano no usa agora
Yo, que andaba engañado en mi locura Del medio que soiia;
Todo lo atribuía á buena suerte Que el temor la acobarda y la desvia.
El nudo estrecho y fuerte, La sangre corre fría
Que solo entre los dos ligó Himeneo A la parte mas flaca, y de turbado,
Y en verme en posesiónamenos cuidoso El triste cuerpo tiembla y suda helado.
Ble hicieron del daño que hora veo. ¡Ay rabioso cuidado!
Llora padre piadoso,
, Pues si el alma contrasta á los sentidos,
Y si el tributo usado al mar envías, ¿Quién dirá que os doláis de mis gemidos?

PIN DE LAS POESÍAS DE GUTIERftE DE CETINA.


POESÍAS
DE

DON DIEGO HURTADO DE MENDOZA

JUICIOS CRÍTICOS.

DE FERNANDO DE HERRERA
(En las Anotaciones á Garcilaso).

Don Diego de Mendoza habló maravillosamente y trató sus concetos, que llaman del ánimo, y
mas espíritu que cuidado, y alcanzó con novedad lo que pretendió
todas sus perturbaciones con
siempre que fué apartarse de la común senda de los otros poetas, y satisfecho en ello, se olvidó
,

de las demás cosas porque, si como tuvo en todo lo que escribió erudición y espíritu y abun-
;

dancia de sentimientos ,
quisiera servirse de la pureza y elegancia en la lengua, y componer el
número y suavidad de los versos , no tuviéramos invidia á los mejores de otras lenguas peregri-

nas. Y no puede dejar de conceder que cuando reparó con algún cuidado, ninguno le hizo
se
ventaja; pero, como él se ejercitó por ocupar horas ociosas ó librar el ánimo de otros cuidados
molestos, así la grandeza de sentimientos y consideraciones y el natural donaire y viveza de sus
versos lo desvian , como tengo dicho, de la poesía común.

DE LOPE DE VEGA
(En el prólogo del Isidro ; Madrid, 1599).

¿Qué cosa iguala á una redondilla de Garci Sánchez ó don Diego de Mendoza?

DE DON TOMAS TAMA YO DE VARGAS


(En las Anotaciones á Garcilaso).

El ingenioso caballero don Diego de Mendoza ¿qué quiso decir que no pudiese en sus coplas
castellanas?

DE DON DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO


(En la República Literaria, siguiendo á Herrera).

Sucedió á estos don Diego de Mendoza, el cual es vivo y maravilloso en los sentimientos y
ánimo , pero flojo é inculto.
afectos del
,; ; ; , , ,, ,

POESÍAS
DE

DON DIEGO HURTADO DE MENDOZA,

Ni la vida mortal ni á mí mismo amo.


COMPOSICIONES VARIAS. Llorando me la llamo;
Solo de mi esperanza esto me queda
ÉGLOGA.
Con que el vivir en ti sostener pueda.
En la ribera del dorado Tajo,
Cuando el sol tiene el cielo mas ardiente, » Aquella hermosura en tierra es vuelta

Y á la tierra sus rayos dan trabajo, Quesoliadel cielo


Orilla de una limpia y clara fuente, Y de todo el bien de arriba ser dechado;
Cantar vi á Melibeo y á Damon, En paraíso está su gran beldad ,

Guardados de la siesta y de la gente, Ya del pesado cuerpo y ñudo suelta


Entrambos aquejados de pasión, Suelta ya de aquel velo
Iguales en cantar y responder, Que el mas que humano ser tuvo encerrado,
Iguales en quejarse con razón. Haciendo sombra á su florida edad.
Olvidan los ganados el pacer, De nueva humildad
Y los montes inclinan el altura, Vestida y de una eterna vestidura,
,

Y detienen los rios el correr. Te veré yo, alma pina


Yo también me escondí entre la espesura Tan hermosa cuanto es mas divinal
Por oir aquel canto, que esculpido Perpetua hermosura que mortal.
Quedó con hierro duro en piedra dura.
Melibeo, queestaba mas sentido, «Mas ufana que nunca, mas hermosa
Llamando el cielo cruel y matador, Me vienes al sentido,
Comenzó con un canto dolorido : Como cuando mas tu vista me agradó;
Y esta es una coluna de mi gloria;
«¿Qué he de hacer? Qué me aconseja amor? Mas como sombras huye, y no reposa.
Tiempo es ya de morir Tu nombre esclarecido
Mas tardo que quisiera en estos hados; Es obra que en mi pecho se fundó.
Muerta es, y llevó mi corazón ; Do siempre estaré vivo y con Vitoria
El alma se me sale de dolor, Si traigo á la memoria
No la puedo seguir. Que murió mi esperanza en aquel dia
Conviene que os rompáis años cansados,
, Que ella mas florecía.
Pues rompeos á lo menos con razón Ríen siente amor cuál quedo, y tú, Señora.
Mi desesperación Que á la verdad mas cerca estás ahora.
Es que no la he de ver, y el esperar
Acá es mayor pesar; «Pastores , vos que vistes su beldad
Que mi descanso ha vuelto su partida Y su angélica vida ,

En llanto y amargura dolorida. Y aquelia celestial manera en tierra


Que deshacía todo el bien humano,
»Tú sientes bien amor, de qué me duelo,
,
Doleos de mi , pues quedo en soledad.
Cuánto mi mal es grave; No delta , que es ya ida
Duélete deste daño que á tí loca
,
A tanta paz y me ha dejado en guerra;
Que el males tuyo y mió todo junto. De mí os doled, que muero y lloro en vano,
A entrambos se mostró cruel el cíelo, Aunque si ajena mano
Y junios nuestra nave Deseguilla el caminóme estorbara,
Rompimos y perdimos á una roca, 1 o que amor me hablara

Y juntos nos talló el sol en un punto; Me hiciera que no cortara e! hilo,


¿Qué ingenio tan á punto Y sé que me hablara en tal estilo :
Podrá dar á entender mi mal un rato?
Mundo huérfano, ingrato, »— Pon freno al gran dolor que ansí te aqueja;
Razón tendrás conmigo de llorar Que por querer y enojos
La quel bien que había en tí pudo llevar. Podra perder el cielo tu deseo,
Donde vive quien muerta acá parece;
»Caida es ya tu gloria y no la vees ;
Por sí tiene descanso, por tí queja.
No eres digno, cuando ella Del cuerpo y sus despojos
En tí vivia, de hacer su conociencia, Se ríe, y por tí llora Melibeo;
Ni merecías tú tan gran Vitoria, Por tí que solo quedas se entristece
, ,

Que fueses tocado de sus santos pies, Su fama que florece,

Porque cosa tan bella En muchas tierras por ; tu ingenio y arle


Debia cielo alegrar con su presencia
el No le falta esta parte;
Y entristecer á ti con su memoria. Y' tu voz á tu nombre torne clara

Mezquino sin tal gloria Si algún hora su vista te fué cara. —


i
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;, , »
COMPOSICIONES VARIAS. 53.

«llave la claridad No puede encerrar en ley ninguna.


se
Y o! lugar donde hubiere risa y canto, Quisiese Dios que todas se trocasen
Canción; pues eres llanto, Y fuesen por tu via
No es para tí la líenle que se alegra ; Quizá tú seguirías otra razón
Busca la obscuridad, Por apartarte de ellas y ser una.
Viuda desconsolada en veste negra.» ¿Qué tigres en la cuna
Te dieron á mamar su leche brava?
Como hubo acabarlo de cantar, Qué fiera te criaba
Con tan gran agonía suspiró, Que tan blanda saliste al parecer,
Que también hizo el valle suspirar. Y tan brava al oir y responder?
El rio con sus lágrimas creció,
Las ninfas le ayudaron á dolerse, »Si en los hados hay parte de venganza ,

Y el monte coii sus valles respondió. Yo seque he de vengarme,


Damon comenzó luego á entristecerse Aunque todo á la fin es por mi daño,
Como el que mal sospecha y no lo alcanza Que quieras ó aborrezcas á olro ó á mí
Y ni puede escusalle ni valerse. Y no cabe en caido confianza.
Bien fuera que, mudando su esperanza Quiero solo alegrarme
Diera nuevo lugar á su deseo Con que te veo recebír engaño
Mas hay amor en parle que hay mudanza. Y suspirar cuando otro no por tí
Pues tomándola flauta á Melibeo, Las ninfas por ahí
La flauta, ya mostrada al mismo canto, Se ríen del amigo que escogiste,
Comenzó con el mismo arte y meneo : Y no hay pastor tan triste
Que trocase con ese que has tomado
« Oh cielos que cubrís con vuestro manto
¡
,
Su seso y parecer ni su ganado.
Los ciegos elementos
Que dais y quitáis sombra y claridad »Aretusa, aunque no es muy avisada,
Con movimientos de eterna! firmeza! Mas hermosa pastora,
Moveos á compasión del triste canto, Me dijo : —
Mi Damon, aquí estoy yo
Pues para mis tormentos Si me amas y sabes conocerme
No hay lugar en la tierra de piedad Deja á Mártir a y no perderás nada.
,

No hay en ella consuelo á mi tristeza; Yo le dije —


Señora,
:

Hay harta ligereza Pues ella por el olro me dejó,


Que esparciste, Señora con tus manos, , No debo yo de ser para escogerme. —
Hartos placeres vanos Bien pudo no entenderme
Y todos van en lloro y en pesar Aretusa, mas bien le di á entender
Mas todos á la fin se han de acabar. Que humano parecer
Después del tuyo en mí no tiene parte;
»En las postreras horas de mis años, Procura cuanto puedes extrañarte.
Oue pensé tener buenas,
Me negó el claro sol su clara lumbre »Como una vestidura
7
Y entrególa á quien no la merecía Ancha y dulce al vestir, y á la salida
No me quejo, Señora de mis daños ,
, Estrecha y desabrida.
Porque tú los ordenas Ansí es amor, y tú que le has seguido;
,

No por arte ó razón mas por costumbre


, Pues no seas tan dura
Mas como lo perdí todo en un dia, Que pienses que no hay Dios para el caído.
Junto con la mi gloria , Esto cantó Damon, yo lo aprendí,
Pues no hay razón ni arte que le ayude Señora, y lo escribí por tu mandado;
Puede ser que se mude Tiempo vendrá que cante yo por tí',
Quien no puede durar en un estado, Y aun fuera ya razón de haber cantado;
Cosa que tantas veces se ha mudado. Mas no quisiste tú ni quiso amor
Subir mi fantasía á tal estado. /"
»Antes quiero se esté como se está, Cuando quisieres, cual pobre pastor,
Porque de tí no venga Con mas subida pluma y diestra mano
Otro tal bien, quedando yo sin él; Comenzaré en tu nombre otra labor
Estése, pues está en tu voluntad. Que no la olvide el mundo tan temprano.
La mia sé que no se mudará
Aunque el bien se detenga;
Mas que en mí se detuvo, ahora en él CANCIÓN.
Mas presto sentirá tu crueldad
Que tu inhumanidad ¿Cómo podré cantar en tierra extraña
No la podrá sufrir hombre nacido Cantar que darme pueda algún consuelo?
Si no está aborrecido, ¿Qué me aconseja amor en esta ausencia?
Y sé que no será su bien durable Mi mal es fuerza, tu voluntad mana;
Que él también como tú , siempre es mudable.
, A la seguridad vence el recelo,
La desesperación á la paciencia.
»Vos, noches, que seguís los dias claros Si pienso que me veo en tu presencia,
Vos, que la noche obscura Mi pensamiento va tan abatido,
Huís en torno, claros dias, corriendo; Que siempre finge cosas de pesar
Vos, sol, cielo, estrellas, que contino Tu soberbia, tu saña, tu desvio;
Andáis en una orden sin mudaros; Y en la ocasión me falta el albedrío,
Vos, obras de natura; Pues cuando quiero no puedo hablar;
Vos, árboles y plantas, que viviendo Que pierdola razón mas no el sentido.
,

Camináis siempre un eternal camino,


Pues que con tanto lino En tu presencia estoy, y esto en tu olvido;
Vuestro ser sostenéis y lo acabáis, Que nunca habrá mudanza
Iíuégoos no consintáis Y acuerdaste de mí para dañarme
Quebrar á las discretas y hermosas No te acuerdas de mi mas es costumbre
,

La orden con que guardáis todas las cosas. Ser en esto cruel tu mansedumbre,
Y yo de condenarme
diligente
»Mas ya que todas ellas la guardasen, En tu descuido y mi desconfianza.
Esta lo quebraría, Amor, amor, que quitas la esperanza
Porque su hermosura y discreción Y en su lugar das vana fantasía,
, , ;, , ,,

j<4 DON DIEGO HURTADO DE MENDOZA.


¿Qué bien tiene el morir, si no lo siente CARTA I.
Quien es la causadora (leste daño?
No quiero que deshagas el encaño; A Marfira Damon salud envia
Quiero que sea razón, y no acídente, Si la puede enviar quien ñola tiene;
Lo que pueda vencer á tu porfía. El espera tener por otra vía.
la
El tiempo es corto, la ocasión no viene,
Si yo. Señora, viese que algún dia La esperanza es dudosa, y esperar
Volvías tus dos soles á mirarme En mal desesperado no conviene.
Por voluntad, y no por ocasión, Amor manda escribir, y no hablar;
Pensaría que estaba en tu memoria ; A mal agudo sea el remedio presto,
Mas ¿cómo haslaré a sufrir tal gloria, Si turba á la razón el desear.
(.lúe un punió della es mas que mi pasión? Yo quisiera dejar de hacer esto;
Con tanto bien no puedo remediarme. Mas despreciar á amor es peligroso,
Querría del pensamiento yo ayudarme, Que reina en mis entrañas y tu gesto.
Si él me obedeciese á mi contento; Tú contenta , Señora y yo dichoso,.

Mas no para pensar cosa liviana, O me mata ó acaba de vaierme


O que esta vida pueda darte enojos; Que en la muerte ó la vida está el reposo.
Pensaré, como muero ante tus ojos, En ningún medio puedo sostenerme,
Que procede mí pena de lú sana , Estando los exiremos tan llegados.
Que das alguna causa á mi tormento. Que me hayas de valer ó aborrecerme.
Si quisiese contarte mis cuidados,
La vida pasaría en este cuento No sé si mi paciencia h.istaria
En espera de jilguua buena suerte; Que aun para dichos son desesperados-
Mas ay de mi! que no puede venir,
¡
La tuya sé que no lo sufriría ,

Ni cabe en mi juicio tal locura ;


Pues no podrás mudar tu condición,
De mi cuidado bago sepultura, Que es jamás agradarle cosa mía.
Y en soledá y tristeza mi vivir, Otro tiempo valiera mi razón,
No vida, sino sombra de la muerte. Y pudiera quejarme y ser oído,
¡Oh Señora! Si yo pudiese verte, Aunque nunca me vino ia ocasión.
O quisieses saber lú cuál estoy, Ni vino, ni la espero, ni lapido;
Hailo alivio seria para mí Antes la dejaría, si viniese,
En tan extraño mal como padezco. Por no perderme en ella de atrevido. ,

Las noches y ios días aborrezco, Mas ¿qué perdería yo aunque me perdiese,
Maldigome en la noche porque fui Que no ganase mas en la experiencia
Y cuando viene el dia, porque soy. Si tu merced Señora lo entendiese?
, ,

Amor, amor, esfuerzos son de ausencia


También maldicen el luirar donde voy, Que finjo yo entre mí solo conmigo,
Y el tiempo porque pasa y no te seo Y todos me fallecen en presencia.
A la hora que le vi, v á la sazón , Tu serás, aunque parte, buen testigo
Que siempre la procuro y no la hallo; Cuántas veces me vi determinado
La voluntad maldigo y mi razón, A decirte, Señora, lo que digo.
Y á tu aborrecimiento y mi deseo; Allí muriera yo desesperado.
Cuantos males sospecho, tantos creo, Cuando vi que pudieras entender
Juzgo lo que ha de ser por lo que fué, Lo que yo no te dije, de turbado.
He ol viendo mis quejas de comino Desde aquel punto comenzó á caer
Por vos. si tiene medio ó le ha tenido; Del todo mi esperanza y tu memoria ;

Mas como ni lo espero ni lo pido, Ni yo supe hablar ni lú creer.


Cono ciego que va por el camino, Bien sabes que es crueza mas que gloria
Ni veo dómle voy ni dónde iré. Perseguir a) que sigue la fortuna,
Y vencer al vencido no es Vitoria.
Mueveel deseo v ciégamela fe; La semencia me dieron en la cuna
M ithas veces que. ría disimular, Que fuese en tu escoger mi vida ó muerte,
p. 10 descubro ma> disimulando; Y yo que no escolíese otra ninguna.
Liviano es el cuidado que decirse Marfira si trocásemos la suerte,
,

Puede v el que no puede sufrirse


, Y fuese yo el contenió y tú quejosa
Elmismo se descubrirá callando; Tú á seguirme, yo siempre a aborrecerte,
Que no presta ser mudo ni hablar, Siendo lú, como eres, tan hermosa,
ÍSi reposo en dormir ni con velar: Tan lejos estarías de olvidada,
Velando pienso en lo peor que puedo, Cuanto ahora lo estás de piadosa.
Pasoco-as que no puedo creer; ¿Como puedes salir aderezada?
Durmiendo sueño aquello que he pensado, Cómo coger en oro tus cabellos?
Como el hombre que duerme de cansado: Cómo mirar alguno y ser mirada?
Sueno que Caigo, y no puedo caer, Si los miras a todos por vencei'os,
Y en lo mas alto estoy con aquel miedo. Y olvidados después (pie son vencidos,
Lo que ha sido de mi podrá ser deiios.
Muero cuando me mudo, y si estoy quedo Mas ¡ay de mí! que no va en los ve&lidos,
Busco piedad, y caigo en la sospecha, Sino en ser tan cruel tu vo'.untad
Y no hay deque tener este cuidado; Y en tener tan cerrados los oídos.
Que todos son contigo lo que soy; ¿Para qué te demando yo piedad,
Mas ellos, si no van por donde voy, Que no valga la pena del desvio,
Podrá ser el hallarse en buen eslado, Ni merezco tener tu crueldad?
Pues lo que á uno daña á otro aprovecha. Mas ¿qué haré que place al albedrío,
,

Llamo la muerte como cosa hecha, Por quien mi corazón es gobernado,


Y viene, mas no llega á su lugar; Que viva en opinión y desvario?
Que no consiente amor, ni lleva medio Fortuna que me puso en tal eslado,
,

En tanta soledad morir por ruego ; Quizá se mudará pues es mudable,


,

Fuerza querría que fuese, y fuese luego; Que yo nunca saldré de este cuidado.
Que el mayor bien es el postrer remedio Cuanto mal hace amor es razonable
En mal que no se puede remediar. Si el remedio va fuera de esperanza
Y no se puede ver, aunque se hable.
No sé por qué deseo esta mudanza,
Que siempre lo que espero es lo peor;
; , ; ; , , , ;,, ,

COMPOSICIONES VARIAS. bo
Ved qué de confianza.
lejos estoy Que tu frente con tanta razón ciñe,
Contrastan en mi pecho odio y amor, Con cuánta de la mia hora se arriedra
El uno con el otro de su parte Del rosado color que ansina tiñe
Mas todos contra mi por mi dolor. La blanca seda y lana delicada,
Va yo seria contento de mirarte, Del contrario de aquel que la destiñe;
Si no perdiese el seso y la paciencia La verde jova que es de amor vedada,
,

Con el miedo que tengo de enojarte. Porque en el fin su grado rompe luego
Mas es de tal manera mi dolencia, La transparente piedra bien tallada,
Que con cualquier remedio crece el daño, Y la que en color vence al rojo fuego
Y con medio ninguno tu clemencia. El muy duro diamante, que al sol claro
Andando entre sospecha y desengaño, Turba la luz y al hombre torna ciego.
Me ciego y desvario en la certeza, Aquella hermosura que tan caro
Y en lo que mejor veo mas me engaño. Te cuesta, y que holgabas tanto en vella
Múdese amor, que yo terne firmeza; Contra cuya herida no hay reparo,
Aguce y emponzoñe bien sus Hechas Admiróte otro tiempo ver cuan bella,
En aborrecimiento y ligereza. Cuan sabia , cuan gentil y cuan cort és,
Al corazón me vengan
bien derechas, Y aun quizá ahora mas te admiras della.
Pasadas (porque hieran al caer) Tu lengua, que debajo de los pies
Por importunidades y sospechas. Trae el sugeto, y nos lo va mostrando
Y tú Señora, muestra tu poder
, Como tú quieres, y no como elloes.
En perseguir del todo un mísero hombre, Admírente mil hombres que escuchando
Que no tiene ya cosa por perder. Tu canto están, y el pueblo que te mira,
No ganarás en ello gran renombre Siempre mayores cosas esperando.
Que del cuitado cuerpo y sus porfías Con la primera noche te relira,
No me ha quedado mas* de sombra y nombre. Y con la luz dudosa te levanta
Tú vences y yo doy fin á mis dias;
,
A escribir lo que todo el mundo admira.
Tú vences, mas no huelgas con mi muerte ¿Cuál es aquel cautivo que se espanta
Porque hago en morir lo que querias, Que el año fértil hincha los graneros
Y esto tengo por vida y buena suerte. Al que fortuna y no razón, levanta?
,

¿Porqué quieren que hagan los dineros


Que yo me admire de él, y él no de mi.
CARTA II. Pues yo ni él le hubimos dé herederos?
Lo que la tierra esconde dentro en sí
El no maravillarse hombre de nada, La edad y el tiempo lo han de descubrir,
Me parece , Boscan ser una cosa
, Y encubrir lo que vuela por ahí.
Que basta á darnos vida descansada. En tin, señor Boscan, pues hemos de ir
Esta orden del cielo presurosa, Los unos y los otros un camino.
El tiempo que nos huye por momentos, Trabaje el que pudiere de vivir.
Las estrellas y el sol, que no reposa, Si en la cabeza algún dolor te vino
Tales hay que lo miran muy exentos, Agudo, ó en el cuerpo, que te ofenda,
Y el miedo no les trae falsas visiones Procura huir y ten buen tino.
Ni piensan en contrarios movimientos. Si te puede'sacar de esa contienda
¿Qué juzgas de la tierra y sus rincones, La virtud , como viene simple y pura,
Del espacioso mar. que así enriquece Al resto del deleite ten la rienda.
Los apartados indios con sus dones? Por los desiertos montes va segura,
Qué dices del que por subir padece No teme las saetas venenosas,
La ira del soberbio cortesano No el fuego, que no para en armadura;
Y el desden del privado cuando crece? No entrar en las batallas peligrosas,
Qué del gallardo mozo que, liviano, No la cruda importuna y larga guerra,
Piensa sabello todo, y entender No el loco mar con ondas furiosas;
Lo que tú dejarías por temprano? Ñola ira del cielo, que á la tierra
¿Cómo se han de tomar, cómo entender Hace temer con terrible sonido,
Las cosas alias? Y á las que son menos Cuando el rayo, rompiéndola, seentierra.
¿Qué gesto les debíamos hacer? El hombre justo y bueno no es movido
1-sta tierra nos trata como ajenos Por ninguna destreza de ejercicios.
Y aunque la otra esconde sus secretos, Por oro ni metal bien esculpido.
Pienso que para ella somos buenos. No por las pesadumbres de edificios,
El que teme y espera están sujetos Adonde la grandeza vence el arte,
T
A una misma mudanza, un sentimiento; Y es natura sacada de sus quicios.
De entrambos son ius actos imperfetos. No por el que procura vana parte,
Entrambos sienten un remordimiento, Y con el ojo gobernar el mundo,
Maravíllanse entrambos de que quiera , Forzando á la fortuna, aunque le aparte.
A entrambos turba un miedo el pensamiento. No por la pena eterna del profundo,
Si le duele, si duda ó ya si espera, No por la vida larga ó presta muerte,
Si teme, todo es uno, pues están No por ser uno soío, sin segundo.
A esperar mal ó bien de una manera. Siempre vive contento con su suerte,
En cualquier novedad que se verán x Buena ó mediana, como se la hace,
Sea menos ó mas que su esperanza, Y nunca estará mas ni menos fuerte.
Con ánimo elevados estarán. Cualquier tiempo que llegue, aquel le place,
El cuerpo y ojos sin hacer mudanza, Si no puede huir la triste vez
Con las manos delante por tomar Y búrlase de aquel á quien desplace.
O excusar lo que huye ó no se alcanza. Todo se mide, á sí mismo es juez
El sabio se podrá loco llamar, Reposado en su vida está y seguro,
Y el justo injusto, el dia que forzase Uno en la juventud y en la vejez.
A pausar la virtud de su lugar. Es por de dentro y por defuera puro
Dfme: ¿quién seria el hombre que alcanzase Piensa en sí lo que dice y lo que ha hecho,
A ver su incomparable fortaleza, Duro en temer, y en esperar mas duro.
Que mas de lo que basta la buscase? En cualquier medio vive satisfecho,
Admírate, Boscan, de la riqueza Procura de ordenar, en cuanto puede,
Del rubio bronce, de la blanca piedra, Que en todo la razón venza al provecho.
Entallados con fuerza y sutileza. Esto no sigue tanto, que él no quede
Maravíllate de esa verde hiedra Dulce en humano trato y conversable,
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56 DON DIEGO HURTADO DE MENDOZA.


Ni dé á entender al mundo que le hiede. Con aquella pasión quo me destruye,
Pónese en un estado razonable, Tornada en compasión, y su cruel ira
Nunca teme ni espera, ni se cura En mansedumbre, que ella mas rehuye,
De lo que le parece que es mudable. Te hallases presente, oh tú , Marfira ,
Jamás de todo en todo se asegura, Pues mi corazón vengas ó no vengas
,

Ni se da tanto á la riguridad, Siempre ha de suspirar como suspira.


Que por soguilla olvide la blandura. Ruégate este cautivo que no tengas
Deja á veces vencer la voluntad Tan duro animo en pecho tan hermoso,
Mezclando de lo dulce con lo amargo, Ni tu inmortal presencia nos detengas.
Y el deleite con la severidad. Por tí me place este lugar sabroso
De lo menos que puede se hace cargo, Por tí el olvido dulce con concierto
Daña á ninguno, á todos aprovecha Por tí querría la vida y el reposo
No hace por que deba dar descargo. Por ti el ardiente arena en el desierto,
Este va por la vía mas derecha , Por tí la nieve helada en la montaña.
De todo lo que tiene hace bueno, Por tí también me place el desconcierto.
De nada se ensandece ó se despecha. Mira el sabroso olor de la campaña,
Si la mano metiese hombre en su seno, Que dan las flores nuevas y suaves
Y hubiese de Morar lo que no viene Cubriendo el suelo de color extraña.
Ni parará en lo suyo ni en lo ajeno. Escucha el dulce canto que las aves
El gran rey de Marruecos , dicen tiene , En la verde arboleda están haciendo
Gran número de esclavos y ganados Con voces ora agudas, ora graves.
Pero nunca el dinero que conviene. Mira las limpias aguas, que riendo
Algunos en la guerra son guardados Corren por los arroyos, y estorbadas
Con las riquezas, y otros con varones, Por las pintadas guijas, van huyendo.
Y algunos con los montes encumbrados, Las sombras que al sol quitan sus entradas
Otros con elegancias de razones; Con los verdes y entretejidos ramos,
Pías el que lo tuviere todo junto, Y las frutas que están dellos colgadas.
Será dichosoy libre de pasiones. Paréeeme , Marfira que ya estamos
,

¡Oh, quién pudiera verse en este punto, En todo, y que no mi deseo


finge
Cuanto al ánimo, y no cuanto al poder, Loque que pasamos.
querría, sino lo
Y tuviéseme el mundo por difunto! Tú la verás, Roscan y yo la veo, ,

Conmigo se acabase mi valer, Que los que amamos vemos mas temprano
Y tan poca memoria de mí hubiese Hela en cabello negro y blanco arreo.
Como si nunca hubiera de nacer. Ella te cogerá con blanda mano
La noche del olvido me cubriese Las raras uvas y la fruta cana,
Fn esta medianía comedida, Dulces y frescos dones del verano.
Y el vano vulgo no me conociese. Mira qué diligencia, con qué gana
Entonces baria yo sabrosa vida, Viene al nuevo servicio, qué pomposa
Tune de las mareas del gobierno Está con el trabajo, y cuan ufana.
^ de loca esperanza de cabida. Kn blanca leche colorada rosa
Ardería mi fuego en el invierno Nunca para su amigo vi al pastor
Contino y claro, y el manjar seria Mezclar, que pareciese tan hermosa.
Rústico, pero muy mas dulce y tierno. El verde arrayan tuerce en derredor
El vino antiguo nunca faltaría, De tu sagrada frente con las llores,
Que los pies y la lengua me trabase, Mezclando oro inmortal á la labor.
Mezclado con el agua clara y fría. Por cima van y vienen los amores,
Y cuando el año se desinvernase, Con las alas en vino remojadas ;

Vendría de pacer manso el ganado, Suenan en el carcax los pasadores.


A que la gruesa leche le ordeñase. Remedie quien quisiere las pisadas
Llevarlo-ía al espacioso prado, De los grandes que el mundo gobernaron,
Yolverlo-ía después á la majada, Cuyas obras quizá están olvidadas.
Donde fuese seguro y sosegado. Desvélese en lo que ellos no alcanzaron,
Otras veces á mano rodeada Duerma descolorido sobre el or