Escuela Humanista
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de la motivación y las necesidades del ser humano: aquello que nos lleva a actuar
tal y como lo hacemos. Según Abraham Maslow, un psicólogo humanista,
nuestras acciones nacen de la motivación dirigida hacia el objetivo de cubrir
ciertas necesidades, las cuales pueden ser ordenadas según la importancia que
tienen para nuestro bienestar.
Es decir, que Maslow proponía una teoría según la cual existe una jerarquía de las
necesidades humanas, y defendió que conforme se satisfacen las necesidades
más básicas, los seres humanos desarrollamos necesidades y deseos más
elevados. A partir de esta jerarquización se establece lo que se conoce
como Pirámide de Maslow.
La Pirámide de Maslow
Como humanista, su idea era que las personas tienen un deseo innato para
autorrealizarse, para ser lo que quieran ser, y que cuentan con la capacidad para
perseguir sus objetivos de manera autónoma si se encuentran en un ambiente
propicio. Sin embargo, los diferentes objetivos que se persiguen en cada momento
dependen de qué meta se han conseguido y cuáles quedan por cumplir, según la
pirámide de necesidades. Para aspirar a las metas de autorrealización, antes han
de cubrirse las necesidades anteriores como la alimentación, la seguridad, etc. Por
ejemplo, solo nos preocupamos de temas relacionados con la autorrealización si
estamos seguros que tenemos un trabajo estable, comida asegurada y unas
amistades que nos aceptan.
Tipos de necesidades
Las necesidades del “desarrollo del ser”, por su parte, son importantes para el
crecimiento personal, y no tienen que ver con el déficit de algo, sino con el deseo
de crecer como persona.
1. Necesidades fisiológicas
2. Necesidades de seguridad
Puede decirse que las necesidades que pertenecen a este nivel de la pirámide de
Maslow tienen que ver con las expectativas y con el modo en el que las
condiciones de vida permiten desarrollar proyectos a medio y a largo plazo. Se
fundamentan en una especie de "colchón" basado tanto en bienes como en
derechos y capital social.
3. Necesidades de afiliación
Maslow describe estas necesidades como menos básicas, y tienen sentido cuando
las necesidades anteriores están satisfechas.
Para Maslow, esta necesidad se expresa cuando las personas buscan superar los
sentimientos de soledad y sentir que hay vínculos afectivos entre ellas y ciertas
personas. Es decir, cuando se intenta trascender el ámbito individual y establecer
vínculos con el entorno social.
4. Necesidades de reconocimiento
Tras cubrir las necesidades de los tres primeros niveles de la Pirámide de Maslow,
aparecen las necesidades de reconocimiento como aquellas que favorecen el
fortalecimiento de la autoestima, el reconocimiento hacia la propia persona, el
logro particular y el respeto hacia los demás; al satisfacer dichas necesidades, la
persona se siente segura de sí misma y piensa que es valiosa dentro de la
sociedad. Cuando estas necesidades no son satisfechas, las personas se sienten
inferiores y sin valor.
5. Necesidades de autorrealización
Por último, en el nivel más alto se encuentran las necesidades de autorrealización
y el desarrollo de las necesidades internas, el desarrollo espiritual, moral, la
búsqueda de una misión en la vida, la ayuda desinteresada hacia los demás, etc.
La Psicología científica actual debe seguir investigando sobre qué es aquello que
nos motiva y nos lleva a aspirar a objetivos, y puede que la pirámide de Maslow no
sea un constructo que permita explicar bien cómo actuamos, pero por lo menos es
un primer ladrillo en este tipo de estudios y puede ser utilizado como referencia.
Eso sí, hace falta seguir trabajando para generar conceptos concretos que se
presten a la investigación científica, más allá de la apelación a ideas vagas que
pueden significar cosas diferentes para cada individuo.
La terapia de conversación
La terapia de conversación se usa en el contexto de la enfermedad mental. Dentro
de estos hay diferentes características por este motivo. En la modernidad, el
término se usa a menudo de manera intercambiable con la psicoterapia de Carl
Rogers. La terapia de conversación de Rogers se centra en el cliente. Es una
forma de terapia que sigue los principios de la psicología humanista. La terapia de
conversación centrada en el cliente, otro nombre, se basa en la atención
incondicional, así como en la autenticidad y comprensión comprensiva hacia el
cliente. En el corazón de la terapia de charla de Carl Roger están las experiencias
subjetivas del cliente. Se copa de los aspectos negativos de su personalidad, que
esencialmente consisten en sus problemas. La comprensión de la experiencia
propia de una situación o problema forma la base de la terapia de conversación.
Rogers asumió que esto llevaría a un cambio de personalidad. Hay varias
maneras para la educación de terapia de conversación. La primera opción es
entrenar como psicoterapeuta psicológico, que tiene estructuras idénticas, como
se encuentra en todos los entrenamientos. Además, hay cursos que están
divididos en dos niveles diferentes. En general, la capacitación dura entre 2400 y
8000 horas, según el curso de capacitación elegido.
La empatía
La escucha empática hace que los temas que parecen que no tienen solución,
comienzan a aclararse, confusiones que parecen irremediables, se vuelven
relativamente fáciles y nos damos cuenta de que encontramos salidas a los temas.
Uno de los retos más relevantes que tenemos como seres humanos es crearnos la
disciplina de darle oportunidad a otros de expresarse antes de girar nuestra
atención a las soluciones y así empezar a posibilitar iniciativas. Ahora bien, ¿crear
esa disciplina es fácil?, la verdad es que no, por ellos debes practicar, dejarte
acompañar por un experto en el tema, con metodologías probadas. Hace unos
días leí un artículo de César Lozano donde expresaba que aplicar la empatía es,
“ponerse en los zapatos del otro, intentar ver con sus ojos e intentar percibir las
circunstancias de la misma manera que lo haría esa persona que queremos
comprender”.
¿Cómo nos ponemos en los zapatos de otro? Lo primero que diría es que
debemos internalizar la finalidad de una conversación: generar confianza,
compromiso, resolver conflictos; pero más importante transformar la calidad de
nuestro entorno. Entender además que las personas no quieren que les digas lo
que deben hacer, sino que están buscando que los comprendas.
Esto es lo que nos supone un peso en nuestra vida, que inevitablemente nos lleva
a la angustia. En esta vida necesitamos tomar decisiones, y estas decisiones nos
van a llevar a realizar ciertas actividades en detrimento de otras, pues no podemos
abarcar todo al mismo tiempo. Tomar ciertas decisiones nos obliga a renunciar a
otras actividades. Aquí nos encontramos con la angustia del devenir, con la
angustia del qué será de nosotros y de nuestro futuro, en un mundo en el que nos
encontramos vacíos y solos. Estas decisiones que debemos tomar son, por lo
tanto, importantes, lo que hace que nos dé miedo equivocarnos. De allí la famosa
frase de nuestro autor: “La angustia es el vértigo de la libertad”.
Esta libertad, dice Kierkegaard, hay que aceptarla. Y también que la misma
conlleva un peso, en el sentido de la responsabilidad por esa misma libertad. Para
disfrutar de esta libertad hay que animarse a dar un salto, pero bien sabe
Kierkegaard que el vértigo que implica ese salto no es nada fácil. Debemos tomar
decisiones y tener fe en el camino que hemos elegido y afrontar esta angustia de
la libertad, aceptarla, llevándola con nosotros.
Kierkegard está buscando que vivamos una vida auténtica, aunque seguramente
incluirá angustia. Pero bien vale la pena llevar esa carga, antes de llevar una vida
inauténtica alejada de nuestro verdadero ser.
La elección