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Nota sobre los diagnósticos

difíciles en psicoanáiisis 1

Gabriel lombardl

Sí bien neurótico fue elportenaire casi exclusivo del psicoana-


lista en el priruer siglo de existencia de la terapia analítica, no es
seg-.iro que lo siga siendo en los próximos siglos. Por varias razones.
La primera es que el analista a veces extiende la eficacia de su dis-
curso, y eventuahnente tambié11 la ineflcacia, a otros tipos clínicos,
Una <Rrmnn,n razón está dada porque· las formas ciínicas que toma
el sufrimiento subjetivo se transforman, en el contexto de una épo-
◊a en que los cambios apabuil,an por su uc.eleraebn. Recorde1ncs
brevemente de dónde viene el sujeto freudiano, y qué cosas ocurren
un siglo después del nacimiento del psícfümális!s.
La imprenta y la matematización c!t? \as ciencias tísicas trajeron
como consecuencia una profunda alterar:íón en el saber}' en l11s co-
ordenadas subj(,ti1ras medievales: de allí proceden cosas tan dispa-
res como la revolución industrial y la .reducción de la base mitica del
sujeto a un mínimo representado por el Edlpo. La neurosis, al me-
nos en la prevalencia estadística que le conocemos, es efecto de esa
alteración: no es lo mismo tener como referencia el Dios de la baja
edad medía. que el padre neurótico del neurótico moderno.
Abora bien, el siglo XX file el último en desarrollarse casi com-
pletamente b'ajo la influencia de las consecuencias tecnológicas y
subjetivas de la matematiz,ación de las ca~uc.u,o físicas. Actualmen-
te vivimos en el vértigo -si no el pánico- de otra revolución, llamada
infonnática, que no es efecto de la matematización de la ñsica ll
otras dísciplim1s ajenas, sino de las matemáticas "puras": surge de
la aplicación del lenguaje matemático al lenguaje l'.lll~te,m:átl,eo. La

1. ?.ibH,cado con anterioridad en vestigios de {o real en el H01n'tire de 10,s


Lobos, JVE,, Buenos Aires, 2002.
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informática es tecnologfa del lenguaje, tecnología del software, exi- Según Freud, el Hombre de los Lobos padeció una fobia a los
tosa a partir de la detección, eliminación y simulación del efecto de tres años curó de ella a los cuatro contrayendo una neurosis obsesir
sujeto del lenguaje. Tan rápidamente exitosa, que en unas pocas va que ce~ió parcialmente unos veinte años. después, duran:e el aná[
lisis, gracias a la emergencia de una h1stena preexistente.- Sm em,
décadas ha sacudido a Europa, a Occidente, al conjunto de las civi-
lizaciones del planeta --y tal vez más a algunas que pretenden actuar bargo la enfermedad no curó por completo en ese primer tratamicns
to, sino que reapareció unos a1i.os después bajo una fachada entro/
eomo si elia no existiera-. Esta revolución cuestiona la base mítica
hipocondríaca y paranoide, -qué remitió en un tratamiento ulterior
ya ultrarreducída que representába el Edipo freudiano, despojando
al llornbre de las migajas últimas del saber tradicional para la orien•
con Ruth Mack Brunswícl< al que Freud hace referencia en "Análísif
1.ac1ón de su deseo. ¿ne qué manera? Lo reduce a información, lo
finito e infinito"-. De la lectura del conjunto del material publicadf
comercializa, lo somete a las veleidades de la publicidad, lo degrada por el propio Freud cuesta imaginarse cuál serla _su respue~t~ ª, l{l
pregunta sin embargo decisiva que él mismo plantea en Inh:bicwn,
en gestas de poclcet rnonsters -objetos digitales con los que nues•
tras niños se entretienen y se educan. síntoma y angustia a propósito del pequeño Hans, un caso tanto
más sencillo en cuanto al diagnóstico: "lcuál es ahí el síntoma 0 " 3
Una secuela de este último gran cambio consiste en que distin-
Los mecanismos que Freud supone en la base de los síntomas
tas formas de psicosis incrementan su frecuencia en !os consultorios.
son también múltiples. En una página célebre y oscura del historial,
Digo psicosis en el sentido lacaniano del ténnino, es decir que el S\\ie•
conjetura la coexistencia de varias posiciones del sujet.o en relación
to no ha tomado al padre como referencia dialectizable, principio de
con la castración: represión, aceptación, rechazo [Verwerfung]. 4 La
separación. Y sobre todo, aumenta la prevalencia de formas encu-
biertas de psicosis, disimuladas por compatibilidad con algunos la- pluralidad de posiciones simultáneas se vu_elv_e, a encontrar desde
otras perspectivas clínicas, por ejemplo la fiJac10n del su¡eto en dis-
zos sociales. Son cada vez más freeuentes los casos en que el padre
tintas fases d.el desarrollo de la libido: las fantasías orales de devora-
no ha funcionado como referencia metafórica, aun si los síntomas
c'ión se continúan en las escópicas (mirada devoradora ele lobos,
subjetivos no responden tampoco a las formas clásicas de psicosis.
psicoanalistas, elentístas), to sádico y lo anal subsisten como distin•
Ahora bien, no es lo mismo recibir y tratar analíticament;; a un
tas capas estructurales de un mismo sujeto, etcétera. Se podría d~-
verdadero obsesivo, que a un sujeto cuyas obsesiones y vínculos so-
cir que el.Hombre de los Lobos ilustra la casi totalidad de la teona
ciales (universitarios, laborales, también terapéuticos) permiten dis-
ficeudiana, a pesar de que ese análisis parece interrumpido ala fue:•
traer la atención sobre sus fenómenos psicóticos ...que muchas ve•
za, y no concluido de un modo medianamente aceptable como sena
ces pasan inadvertidos en medio de una sintomat.ología variada.
el caso del Hombre de las Ratas.
Son usuales los casos en que el diagnóstico es difícil para el ana-
lista, y en que las referencias dejadas por Freud y por Lacan parecen
También en Lacan, tan poco propenso como Preud a la indefini-
ción diagnóstica, encontramos material para dcj ar la cuestión abier-
insuficientes, o no se sabe cómo emplear. Encontramos a veces his-
ta. Lacan se refiere a él como caso boi·derline 5 (un hapax en tres
terias nítidas como la de Dora, sí¡ obsesiones de libro como el Hom-
décadas de Seminario), habla ele virtualidades paranoicas que se
bre de las Ratas, psicóticos tan decididos como Schreber, pero tam-
manifestarían en la alucinación del dedo cortado, habla del episodio
bién, frecuentemente, casos muy dificiles de ubicar, como el Hombre
de los Lobos. Por eso los enigmas que éste planteó a Freud, a Mack
Brunswicl,, y al propio Lacan, resultan interesantes para reflexionar
sobre la función y la importancia del diagnóstico en psicoanallsis, 3. Freud, s., (1925-6), Inhibición, sintoma y angustia, p. B7, Obras Comple-
en este momento de cambios en la civilización y en la clínica. tas, Vol. XX, Amorrort,u, Buenos Aires, 1988,
'1. Freud, S. (1918), p. 78. .
5. Lacan, J., (1962-63), "El Seminario 10", clase del 19 de dlc,embre de 1D 62 ·
2. Freud, S., (l 818), "De la llisto,ia de una neurosis infantil (Caso 'Hombre de
Versión inédita,
los Lohos'l", Obras Completas, Vol. 1.."VTI, Amonmtu, Buenos Alres, 1976.
Gabriel Lombardi; Nota sobre los díagnósticos_dificiles en psícoanálisi;:, J?t _

tardío de'psicosls: pero también de neurosis obsesiva, 6 y hacia el Vayamo~'a la siguiente etapa, la que comienza cuando el analis-
final de su enseñanza -justo después de su Seminario Le sinthome-, ta interviene. ¿Podemos basar nuestro diagnóstico en la respuesta
lisa y llanamente de forclusión del nombre del padre.7 del sujeto a la interpretación? Es un criterio que encontramos en
Y el que hace esas afümaciones dispares es Lacan, de quien apre- Lacan en los años de El Seminario 5 de "La dirección de la cura y los
ciarnos las distinciones nítidas, los criterios precisos para ubicar el principios de su poder". Y t.lmbién en Otto Kernberg, quien propo-
síntpma, las referencias estmcturales deducibles a partir de los sín- ne por ejemplo la siguiente regla par* el diagnóstico: interpretar o
ton/as que facilitan el diab'Ilóstico psicoanalítico, la diferenciación confrontar a sus propias contradicciones agrava al esquizofrénico,
.. de l;i.s formas en que el padre puede contarse entre dichas referen- mientras que el paciente borderline, no psicótico, responde positi-
. , cias¡ como metáfora y principio de la separación, o como Ideal, o vamente, y se observa en él una actitud más..reflexiva, una mejoría
/, con-lo compañero imaginario, o como origen de la figura obscena y en su capacidad de ínsighl, una disminución de la angustia, un re-
,' ferof del superyó, etcétera. forzamiento en la capacidad yoica. 8
:. jlFue el Hombre de los Lobos U11 precursor, que ya a com¡enzos del La interpretación de Frcud al Hombre de los Lobos, tan escla-
· · ·siglo XX mostró las insuficiencias del psicoanálisis en materia diag- recedora para la teoría psicoanalítica, no conmueve sin embargo al
•nóstica que hoy vemos diseminarse, en una sue1te de remake laconia- paciente. Freud se verá obligado entonces a intentar otra cosa: fi.
• .na ~e la clínica difusa que forjó la ego psycllology? lO deberíamos vol- jar un plazo perentorio a la cura -una intervención que no parece
.ver~ plantear el diagnóstico del Hombre de los Lobos, aunque éste tener la estructura de una interpretación. Sorprendentemente, el
se p¡,.see por casi todas las casillas de la nosografü, psicoanalítica? paciente responde de maravillas a la interpretación de RuthMack
¡,;s un caso en el que evidentemente no basta con el saber de Brunswick, mejora rápidamente y se siente estimulado a realizar
·. clasificación.
!
Pero. si queremos sostener el relieve subjetivo, no po- durante un tiempo una actividad .satisfactoria, pintar. Sin embar-
•demos.contentarnos tampoco.con una clinicaflou, una clínica de lo go, en su Seminario dedicado al Hombre de los Lobos, Lacan esgri-
·..vag9, de lo impreciso, tan común en estos tiempos afectos al trata- mió la siguiente objeción:
míei¡ito estadístico de las cuestiones subjel;ivas. La cu,ostión se des-
"Durante todo el período de ia cura con Ruth Mack
·p1aza entonces a este otro punto: lcómo emplear el saber de clasifi- Brunswick no se trata ya del enfermo, no se habla más que de
' cacif nen el caso de difícil diagnóstico? Freud. Por el don de la palabra algo µa cambiado en la posición
recíproca de aquellos que se hanháblado. Lo que Freud ha sltlo
para el paciente está ahí Lodo el tiempo en el primer plano".
¿Cu~I es el síntoma?
1
Esto nos sugiere repensar el diagnóstico a la luz no ya de la
Descartemos la aplicación directa de los tipos clínicos !aca- interpretación, sino del acto analitico,;tomado en su conjunto, des-
nianos. Ella no nos alcanza porque podríamos decir al mismo tiem- de que el paciente consulta a Freud hasta los resultados últimos
po: alucinación finamente analizada por Lacan entonces psico- de ese tratamiento. Construir por lo tanto el diagnóstico tenien-
pero también neurosis infantil analizada en un adulto por el do en cuenta la diferencia entre los datos de entrada y los de sali-
propio Freud y entonces neurosis. da del recorrido analítico del síntoma. lCon qué nos encontra-
mos desde esta perspectiva?
6. Cf. Lacan, J., (1957-58), El Seminario 5. Las jormaciones del inconsciente,
Recordemos sintéticamente:
pp, 501-513, Paídós, Buenos Aires, 1999; • Ibid. (1962-63), clase del-2ü de junio • Se trata de un paciente que exhibe en el análisis un despliegue de
de 1963.
posiciones libidinales nada común, dotado de una memoria que
7, Lacan, J., Senlinario lJinsu que sait de l 1une•bevue s'aile a mourre, clase
del 11 de enero de 1977, inédito. No conocía esta referencia en 1987 cuando
publiqué mis primeras elucubraciones sobre el diag11óstico de1 Hombre de 8. Citado por Allilnire, ,. R, "Les états !inútes". EncycL MécL Chir.. Psychiatrie.
los Lobos. 37395, A". 2-1985, p. 11, París.
40

incitó elfuror scie:ndi de Freud basta el punto de esperar que su el paciente consigue después salir de uno de sus episodios depre-
paciente recuerde incluso lo que nunca había olvidado. Lo que sivos escribiendo para Gardiner, quien lee su artículo "Cómo lle-
nos lleva a preguntarnos si no será un fracaso radical de la repre- g1.1é a analizarme con Freud" ante la American Psychoanalylic
sión, lo que está en la base de esa U\Jertad para cambiar las for- Association, haciéndole llegar Juego un pequel\o honorario. por
mas sintomáticas de satisfacción. Hablo de un fracaso diferente ese texto, etcétera.
del levantamiento siempre parcial y transitorio que el psicoanáli- En resumen, una libertad estructural que diffcíll'.llent,e cncon•
sis logra en el tratamiento del neurótico.
trariamos en una neurosis obsesiva, una verdadera, que es algo dis-
· El saldo más evidente de su encuentro con Freud es el de haberse tinto de una psicosis con obsesiones, Ni siquiera una histérica de la
transformado en ... caso clínico. lLo mismo podría decirse de Dora, buena época-cuando.el teatro histérico no había sido aún disipado
del Hombre de las Ratas, del pequeño Ha.'ls, todos ellos pacien- por el discurso analíti~o- sería capaz de tal despliegue de predispo-
tes neuróticos hechos famosos por l''reud? Hay una diferencia, se siciones, disposiciones y posiciones Iibid¡.nales, ni de símilar capaci-
puede ver en el caso del Hombre de los Lobos, el siguiente saldo dad irónica de hacer pagar a ~'reud_ y a la comunidad vienesa su con-
del acto analítico: que lleva· al sujeto a hacer de ese seudónimo tribución como paciente al discurso psicoanalítico.
un uso que no se limita al alias con que un historial preserva su En la última página de sus Impresiones diagnósticas, M. Gardl-
identidad. lNo debemos pensar más bien que, como saldo del ner describe las influencias bdnéficas del psicoanálisis sobre el Hom-
análisis, el "Hombre de los Lobos" se hace un nombre? ¿o mejor bre de los Lobos. No las ponemos en duda, pero veamos cuáles son:
que fiel a su estilo de "pasividad", se lo deja hacer al Otro, "Después de su análisis con :Freud, el Hombre de los Lobos
Freud 9 Esta hipótesis resulta verosímil, si recordamos que el mis- completó en breve tiempo sus estudios,,se diplomó en Derecho y
mo seudónimo vuelve a figurar en otro historial psicoanalítico, el obtuvo la correspondiente licencia para ejercer. Tras haber sali-
de Macl¡ Bfunswick; 9 y que luego el propio paciente publica sus do de Rusin y haber perdido todo lo que poseía, _consiguió traba~
jo en una compa'f1ía de seguros, para empezar en un puesto su-
Memorias bajo el titulo autorreferente El Hombre de los Lobos bordinado que debe babersido dificil de aceptar para un hom-
por el Hombre de los Lobos, en el mismo volumen prologado por bre que había sido rico y a quien habían servido toda la vida. Fue
Anna F'reud que incluye entrevistas que le tomó JVIuriel Gardi· progresando continuamente en ~u trabajo y, por más que nunca
ner. l OEn suma, un nuevo nombre que lé permite una posición de le resultó interesante, fue capaz de mantenerlo fielmente duran•
te t1·elnta años hasta jubilarse. Llegó a casarse y mantuvo a su
"caso" decidida, duradera, y desinhibida ... arduamente compati- mujer durante los veintitrés de su matrimotüo .. .'".
ble con la represión neurótica.
Ese balance optimista, no seria sin embargo compartido por el
· El saldo del trabajo de la transferencia es el de una inversión de las propio Hombre de los Lobos, quie;n suele escribir a la misma Gardi·
posiciones, frecuente en el encuentro del analista con el psicóti- ner párrafos bastante menos alentadores, en el estilo:
co -cuya vocación de objeto suele prevalecer sobre la del analis-
<IEn este momento soy un oficinista burocrático ciento por
ta~, En efecto, es F'reud quien t,ermina colectando el dinero y pa-
ciento, precisamente lo que sieínprc desprecíé") 2
gando, afectado de alguna culpabilidad por haber engendrado se-
mejante "momia psicoanalítica". J 1 Otros analistas pagan luego por Lacan ha ensel\ado que el síntoma, bl.en situado, define la es-
los cuadros que él pinta y que Gardiner exhibe en sus conferencias; tructura subjetiva.!3 Pero entonces insiste la pregunta: lcuál es el

9. Maclr Brunswick, R,, lntern. J. Psychoan, IX, 1928. 12. Carta a Gardiner, M. del 18 de agosto de 1948.
1O. Thc Wo/J,Man by the WolJ,Man. Basic Books, Nueva York, 1971. 13. Por ejemplo, en su clase del 14 de Junio de 1967 del Seminarlo "Lógica
11, Expresión empleada por Lacan en su Seminario inédito sobre el Hombre del fantasma" (inédíto) Lacan afinn'a.! "Eri la estructura de. una neurosis
de los I.,obos ese fantasma ¡pegan a un niño) no e~tá ligado especlflcamente a ta] o cual
tHngular, partléular, singular

síntoma? ¿cómo podemos en este caso polimorfo construir el diag- Lo desllluci6n subjetiva del clínico como condición del diognóstico
nóstico a partir de la reseña de la historia analítica del síntoma? Si
no nos convence el relato de la alucinación del dedo cortado -deta- El diagnóstico en psicoanálisís ha de anudar tres niveles
lladamente analizada como sllltoma psicótico por Lacan-, 14 enton- diferentes:
ces debemos someter el síntoma a la prueba del encuentro con el (1) los tipos clinicos de síntoma-saber genérico desplegable a partir
analista. Vemos que es ese el síntoma que lleva al analista, Freud, a de la grilla nosográfica lacaniana neurosis, perversión, psicosis-;
la siguiente cuestión, crucial: lcuál es la posición del sujeto ante la (2) la particularidad del síntoma tal C!)mo se puede rastrear en las
castración? Dicho en otros términos, lqué es lo que podría relevar asociaciones del paciente -en sus 11exos con la historia infantil,
al sujeto de suposición de excepción de la funciónfálica? 15 Y aquí la las fantasías, etcétera-;
respuesta es nítida, cuando se la analiza a la luz del resultado del (3) y la singularización que el acto analítico opera sobre el síntoma,
act9 analítico: a falta de un nombre que responda desde lo simbóli- a condición de una estricta sumisión del clínico a las condiciones
. co, 1f lo que hizo Freud -que d111·ante un tiempo trató a su paciente de la transferencia -es decir la no intersubjeUvidad-.
00140 a un neurótico- fue encarnar él mismo el padre del nombre
par~ su pacíente. Un acto por el cual el sujeto renace bautizado En el caso considerado, sí nos quedan dudas como para deflillr•
, "Horibre de los Lobos". Can un costo irónico, decíamos, que Freud, lo en el plano de los tipos clínicos, si t¡unpoco nos conforma lo que
otr9s psicoanalistas, y el psicoanálisis, habrían de pagar. podemos averiguar-con o sin ayuda dé la interpretación- respecto
A la luz del saldo del acto analítico, el síntoma ftmdamental del del síntoma en la historia infantil o familiar, la distinción. nítida en-
Hombre de los Lobos no resulta ser ningún sllltoma neurótico sino tre psicosis y neur,osis que exige el discurso analítico nos vuelve en
', el q1¡1e sostiene su estructura en un rechazo radical de la castr¡ción. el tercer nivel. En efecto, la intrusión de Freud en tantó.su,ieto -In-
~a pregunta que este diagnóstico deja abierta es ahora esta otra: vestigador e intérprete prini<;ro, el que paga después- es la forma
lcórpo se explica la existencia de ~ínt'omas similares a los del neuró-
concreta que toma en este caso el fracaso en la destitución subjeti-
: tico\en un sujeto que no cuenta con el padre como referencia meta- va del analista, acto imprescindible para alojar al paciente como
fóriqa? Es bien conocido que los síntomas pseudo-obsesivos sonfre- sujeto en la cura analítica. Ahora bien, recordando las contraindica-
cuei· tes en las psicosis. Sabemos también de la adaptación parcial ciones de la terapia analítica en el criterio de Freud, 18 podemós su-
del sicótico a cie1tos lazos sociales, universitario, histérico, etcéte- poner que, en caso de haber llegado a un diagnóstico de psicosis, no
ra. o podemos desarrollarlo aquí.1 7 hubiese tomado en tratamiento a este paciente,
También actualmente, muchas veces vemos que es por un diag-
nóstico equivocado que el terapeuta sk atrnve a tomar "en análisis"
,e~tn\{~tura del si.ntorna; quiero decir con es~o lo que significan los síntomas en al paciente psicótico: tratándolo como a un neurótico. Sin duda no
·.• la ec7nomía: de ellos no podemos decir que se dispongroi de la misma mane- es a eso a lo que se refería Lacan cuando afirmaba que el amlllsta no
'. raen¡ una neurosis o en otra. (. .. ) El síntmna representa una estructura.u,
·' 14. Cf. Lacan, J. (1954) "Respuesta al comentario de Jean Hyppolite sobre la
11a de retroceder ante la psicosis. Por el contrario, si antepuso su
Verneinung de Freud", Escritos l, Siglo xxr; Buenos Aires. 2002. "cuestión preliminar" a todo tratamiento posible de la psicosis, es
15. En I.:étoiirdit Lacan explica su idea de que la castración como lazo con el para iluminar la maniobra de la transferencia en la psicosis: sobre
pndré releva al sajeto de la pof;ición de excepción a la norma fálica. Es tal todo para no forzar al paciente a reiterar con el terapeuta el rechazo
relev~ lo que en la psicosis ha fracasado definitivamente, exigiendo del suje-
to mi:smo una posición de excepción no destituible, en muchos, casos muy de la impostura que siempre se encuentra en las condiciones del
evider,te. Scílicet 4, pp.14•16, SeUil, París, !973. desencadenamiento. Por lo cual es decisivo que el analista, en la
16. M~s prcclsamente: a falta de un nombre de padre en posición metafórica maniobra de la transferencia, ponga entre paréntesis lo que para él
capaz de habilitar el deseo como agente de la castración. '
17. Cf. Lombardi, G., "Lnmedlaclón de lo imposible", pp. 157-84, Revista Uni•
vcrsitaria de Psicoanálisis, N,¡; I. UBA. Buenos Aires, 2000. 18. Cf, ,n;rra ...
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G::1fJ1iel Lomb&rdi: Ne-ta .Jbtn"t loé diao:itóstfr:os Cffú.'f.!~~
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p1icoi::ná1-!~~- ~~-11

lnistno conm sujeto son referencias y \rerdades en su propia realidad, Por . la castración como lazo eon el padre, rechazada;
la estructura de la trai1s!emncia, lo que el analista sabe, sus ideales, Ju • la forma fundamental de su división subjetiva (1m1.e un res.i inconé
que le satisfacf, e incluso su deseo de investígadorconstítuyenmás bien gruente'qne, aunque charle solo, le concierne);
obstáculos en el despliegue analítico de la subjetivitlád de su paciente.
. su forma específica de mentir al partenairc 20 (yo no le amo, es él,
De atli que el diagnóstico en psicoanálisis no se co:r:nplete sin la
Freud 1 quien me amHJ que da un n1arco grarnatkal ínextenslbl~
destituisión subjetiva del clínico, destitución que implica entre otras
a ta transferencia.
cosas dejar de lado la idea que r.,ueda tener acerca de las ventajas de
ser neul'ótico. Que él elija eso,'que ame ,:u síntoma, no es lo que Sobre todo en ciertos casos dilíciles, el diagnóstico tarda en lle;
puede prevalecer cuando se trata de hacer un lugar propiamente rrar, :,e construye después de un tiempo de entrevistas que ya impll1
t:nalitíco al síntoma de otro suj.:•to_. el que enns:ulta, Así evitará e:d~ ~an un cíe!i,o tratanúent,o. Y coi;;,o una de las fom1as de retrocede~
gir a su paciente una rectiíicadón subjetiva para la que nada en su ante las psicosis consiste en retroceder ante el diagnóstico de psico/
est.mctura lo prepara, ni nada en su munclo la vuelve deseable. sis, con frecuencia sólo se advierte el diagnóstic.o cuando el tratamieni
Por eso conviene a la cLinioa psicoana1füi:·.a sostener a ultranza to ya se ha interrumpido, es decir cuando ya es demasiado tarde comíl
la linea divisoria psícosis-neurosls, taj,mtemrnte planteada por La• para alo.iar al sujeto de otra manera, a partir de un buen diagnóstico.
ean desde los primeros años de•su enseüanza. Y en esto es preciso El buen diagnóstíco 1 en psicoanálisis. irnplka 2dmitirlo eA'traño,
advertir que el último Lacan no ,desdice sino C!lnflITl1a y refuerza al lo :radicalmente heterogéneo de otro sujet.o, y fonna parte del acto
primero. En "El Seminario 24'\ justo después del seminario sobre analítico. Errar en el diagnóstico en cambio, implica forzar nl pacien-
Joyce, no encontramos ya los titubeos de El Semin!1.rio 10: Lacan te, condenario a amoldarse, a veces cruelmente, al leel10 de Prokrus-
habla allí decididamente, a propósito del Hombre de los Lobos, de to del fantasma del terapeuta. Por eso, para alojar a un sujeto con
forclusión del Nombre del Padre, síntomas y aptitudes psicóticas en el vínculo analítico, se debe c,o-
Desde esta pernp(•c,tiva, podemos considerar al Hombre de los menzar por aceptar su estructura, su posición excepcior;ru que no se
Lo bm: un precursor del psíeótico compensado de nuestros tiempos, interesa en !a nonna fálica ,..,s decir la castración- má~ que pa.-a ha-
21
a veces Inagotable para ciertas rutinas que no le interesan •Y casi cer pe~ar sobre ella la ironía, que es la función social del sintoma.
~mnpletamente indiferente respecto de lo que ocurre a su alrede• Para concluir, una re!lexiót1 sobre Freud. Seri.a una prueba de
dor, excepto en lo que hace a sus puntos dé sostén estructural•. Acaso tontería pensar que con estas consítierncíones pretendemos ir más
una personalidad bastante bien adaptada a una época que, para allá de Freud, quien intmdujo un discurso completa."1iente nuevo en
decirlo en la prosa cínica de Houellebecq; la clvílización, y le puso un nombre cuya autoría, a diferencia de lo
"... sigue desarrollando med~os de- ccmunicfl.(Jión para seres
que ocurre con cualquier otro discurso, nadie discute. No hay que
que ya no tienen nada que d~eir, Si{:.--Ue fa('ilitanclo las posibm~ olvidar entonces el abismo existente entre la novedad absoluta que
da{J.es de intemcció:n entre sert7s que y¡1 no tienen ganas de en- él introdujo y las precisiones relativas que pud\eron aportar otros
tablar relación con nadie", 1,;; científicos, psicoanalistas, o personalidades religiosas. Su grandeza
Qt1e un psicótico consiga llevar una vitla ínteg,'13da en lo social es para mí sólo equiparable a su honesto ateísmo, rugo que tal vez
por algún lazo que incluye, como el caso del Hombre de los Lobos, nunca temili,emos de aprende¡; pero que merece para mi el tipo de
alguna coru;istencla distinta a la del Nombre del Padre, no debe admiración que a Harold Bloom sólo le suscita ShaJ.:espeare. Baste
llevarnos a desconocer su síntoma, es decir el modo concr!!to en que como muestra de ese honesto ateísmo, la página que Freucl escribió
para él han jugado:
20, cr. Lacan, J. Televisión, p. 21, Seull, París, 1974.
19. IiouellelJecq, M. "Apmx!mac!ones al desarraigo", El mundo como supcr- 2l. M.•J, sauret,, "Lógica de la i!nnía", pp. 307·324, Retour el la passe. FCL,
mer<:ado, Anagran1a, Barcelona, 2000, Par!s, 2000,
veinte añoo después de tomar en tratamiento al Hombre de los Lobos: Referencias blblíogróficas

"La otra limitación de los éxitos amllltícos está dada pur la Fret\d, s., (1918). "De la hi.storía de una neurosis inllmtil (Caso 'Hom•
fo1"ffiade 1a enfermedad. Yli saben ustedes qu~! el cnn1po de apli~
cación de la terapia analítica. son las ne-m'oa-is de transferencia, bre de los lobos')", Obras Completas, VoL XVII, Amorrartu, Bue-
fobias. histerias, neurosís obsesivas y, ta1nbíén 1 anormalidades nos Aires, 1976.
del carácter que se han dúS$IToilado: en Jugar de esas enferme~ ~•reud, S,, !ln5-6), Inhibición, sínt01na y ang111iia, Obras Comple"
dades, Para todo lo demás, estados narcisistas, psicóticos. es
ta;;, Amorrortu. Buenos Aíres, 19'16.
inapropiada en mayor o menor medida, Ahora bien, sería ente-
ra:mente le~timo precavt:rse dé fracasos mediante la cuidado- Freud, S., {1932), Nue1ms conferenc-ias de intmdur:eión al psicoaná-
sa exchi.sión de esos: easu!L isa pn;caución mejoraría mucho lisis. Obras Completas, Vol. XXII.Amonort\1, Buenos Aires, 1976,
las esLadistlca:s del ru'.llilis.ls. Pero... hay una dificultad. Nuestros Lacan, J. (1954), "Respuesl,il al ;;;;:,mcntaio de Jean Hyppollte sobre
diagnósticos se obtien~n a menudo sólo con posterioridad, son
del Lipo de la praeba de bniJerlr. apUcada por aquel rey escocés 1a Verneinung de Freud'', Escritos l, Siglo XXI. Buénos Aires, 2002.
acerca del cual he leído en Vlctor Hugo. Este rey afirmaba po~ Lacan, J., (1962-63), "El Seminario 10". Versión inédita,
seer un método L'1faHble para distinguir una bruJa. La hacía arro~ Lacan, J,, (1957-58), El Sem'itw,ri.o 5, Las formaciones ,lel incons-
Jar a una ona de agua hirvi-ente1 y después probaba el caldo.
Tras esto podía de,:--ir: 'Era 1mailruja'¡ o bíen: 'No, no enf. Ai¡o ciente, Paídós. Buenos Ah·e;;, 1:::;9f1,
semejante nos pasa, sólo que somos nosotros los dañados. No Lacan, J., ''Seminario I.:insu que SG,tt de l'une-bevu.e s 1ailr: a rnourre".
podemos formular unjuíelo sobre los paclentes ,que acuden si Inédito,
tratamiento ni sobre los candidatos que demandan formación Lucan, J., 1'elevisión, Smil, París, 1974.
anees dti hnbertos er..tudiado analíticamente durante unús se~
manas o unos me.ses. Así, de hecho recibimos a todos los: gatos:
en una misma bolsa. El paciente tralll quejas inds:tern!lriádos,
fp.:merales, que no permitían undiághóstico seguro. Pasado ese
tiempo de prueba, acas-a resulte que no era un caso apTopiacto.
E:o.to.nees reprobamos al candidato, pero en cirnnto al paeien~
te, emmyamos todavía durante un lapso, a la espera ,ie poder
verlo bajo una luz más favorable. El p-ncie.nte- se venga aumenw
tando !a lista de nuestros fracasos~y el c-andiw.lto rechazado, sl
es un parimoleo, acaso escribiendo él mismo Ubros psicoanali,
tieos, Y:1 lo ven, de nada nos vale aquella precauclón",22
1'Freud pensaba que muchas 'F-eei no hay más remedlo que po•
ner a todos :os gatcs en ia misma bolsa de la indefinición, pero no
para dejarlos afü. En todo caso, Sé interesaba en
saber cómo reac,
clonaban esos seres a la dma prueba, a partir de lo cual, como po•
día, tomaba un partido. En eso no se 'contentaba con el proceder de
tantos analistas de hoy en día, que se autorizan en teorías arnericn•
nas o fran,:esas (iy hasta en Lacnn!} para dejar a sus gatos indeñni~ i
damente en la bolsa de los borcierlines. !
Buenos Aires, enero de 2GOL

22. Fnmd. s., (1932), "Conferencianº 34: 'Esclarecimientos, apticacíanes, olien•


ta-cifmes!i'., Nuevas conferencias de introducción al psicoanálfri-s, pp, 143~
144, Obrr~ Completas, Vol. XXII, Amorrortu, Buenos Aires, 190-L