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4.

EL DESAFIO DE LA DIVERSIDAD

Las sexualidades siguen su marcha desde el Manual de


diagnóstico y estadísticas hasta la página de sociales.
Gayle Rubin'

EL LENGUAJE DE LA PERVERSIDAD

Si la manera en que pensamos acerca del sexo configura el modo como lo vivimos,
entonces las palabras son pequeñas marcas de esos pensamientos, signos aleatorios ga-
rabateados en la página o que flotan en el aire y a los que cargamos con significados.
Tomemos dos palabras que son frecuentes al hablar sobre la sexualidad. La primera
es "perversidad", el estado de ser "perverso" o "pervertido", una desviación de lo que es
decoroso y correcto. La segunda es "diversidad", la condición de ser "diverso", refe-
rido a "diferencia" o "desigualdad". Ambas palabras están claramente relacionadas,
dado que sugieren una distancia respecto de una estricta "normalidad" (otra palabra
clave). El Shorter Oxfird English Dictionary reconoce el vínculo al registrar la pala-
bra "perversidad" como uno de los significados de "diversidad", uso que se remonta
hasta el siglo xvi. Claramente tienen una historia común. Pero cuando se aplican a
la sexualidad, las implicaciones de estas palabras hoy en día son distintas. Puede pa-
recer que la perversidad y la diversidad se refieren al mismo fenómeno. En realidad
se ha abierto un abismo entre ellas, que ha representado un cambio radical en el len-
guaje de la sexualidad y en la manera como pensamos acerca de nuestras necesidades
y deseos. Porque mientras todos los términos que se relacionan con la "perversidad"
sugieren una jerarquía de valores sexuales en la que "las perversiones" están en lo más
bajo de la escala, la "diversidad" insinúa un continuum de conductas en el que un ele-
mento no tiene un valor más fundamental que cualquier otro.

Gayle Rubin, "Thinking Sex: Notes for a Radical Theory of the Politics of Sexuality", en Carole S. Vance
(comp.), Pleasure and Danger ExploringFernaleSexuality, Boston y Londres, Routledge & Kegan Paul, 1984, p. 287.
[Véase n. 7 del cap. 1 para la referencia de la versión en castellano.]
72 Sexualidad El desafío de la diversidad 73

El lenguaje de lo perverso siempre ha tenido un acento moral fuerte que implica que su existencia transformaba las opiniones convencionales respecto de lo que cons-
una desviación de lo correcto, una entrega a lo incorrecto. Está cargado de oprobio. Por tituía el sexo. Las usaba, como dicen Laplanche y Pontalis, "como un arma con la cual
lo tanto, el uso de términos como perversión y pervertido en los escritos de sexología poner en duda las definiciones tradicionales de la sexualidad". 5 La nueva definición
de fines del siglo XIX tenían una carga muy fuerte. Esos términos, según Havelock se extendía hacia atrás para incluir hasta los susurros más modestos de sexualidad in-
Ellis (quien, con no poca habilidad, los expuso en sus escritos anteriores), surgieron fantil (fijación al seno, contracción de los intestinos, manipulación de los genitales, una
en una época en que "las anomalías sexuales se consideraban siempre como pecados sensualidad generalizada, así como ansiedades edípicas menos abiertas pero más sig-
o delitos o, por lo menos, como vicios". 2 El resultado inevitable fue que las prohibi- nificativas) y hacia afuera hasta los alcances más lejanos de la conducta humana, para
ciones que tenían sus raíces en antiguos códigos cristianos se transfirieron al lenguaje incluir no sólo variaciones comunes y corrientes sino también manifestaciones eso-
notablemente científico de los libros de texto de sexología. Allí se convirtieron en el téricas que tenían poca relación obvia con el orgasmo y ninguna con el placer. Aquí
marco dentro del cual se conducía la investigación clínica de vidas sexuales individua- estaban las semillas de una visión moderna de una variedad sexual infinita. Pero el
les, al proporcionar definiciones, como comentó agudamente Kinsey, casi idénticas a lado negativo de este entusiasmo clasificador fue que se reforzó marcadamente "lo
las "clasificaciones teológicas y los pronunciamientos morales del derecho consuetu- normal". Había pocos análisis de la heterosexualidad como tal (todavía no los hay).
dinario inglés del siglo xv". 3 Homosexualidad, fetichismo, voyeurismo, cleptomanía, El término en sí surgió, con dificultades, después de la homosexualidad y se refería
sadismo y masoquismo, travestismo, coprofilia, ondinismo, frotamiento, satiriasis originalmente a lo que ahora llamamos bisexualidad. Aun en nuestros días tiene un
crónica y ninfomanía, necrofilia, pederastia... La lista era interminable Cada per- tono vagamente clínico que limita su uso común en el habla cotidiana. No obstante,
versión se investigaba con atención objetiva y se especulaba interminablemente sobre la falta misma de especulación acerca de su naturaleza fundamental reforzó su posi-
sus causas. ¿Era una degeneración o una anomalía inofensiva, congénita o adquirida, ción como algo natural. Además, los debates sobre la causa de las perversiones, así
resultado de una herencia manchada o efecto de la corrupción moral, producto de un como las descripciones detalladas incluso de los casos más excesivos, inevitablemente
trauma psíquico o una elección libre y voluntaria? Krafft-Ebing distinguía entre una sirvieron para subrayar su patología, su relación con lo degenerado, la locura y la en-
perversión y una perversidad ésta como producto del vicio y aquélla como una con- fermedad, y ayudaron a reforzar el carácter normal de las relaciones heterosexuales.
dición psicopatológica. Havelock Ellis distingue entre inversión, un "deporte" bio- Esto sirvió para dar nuevo vigor a ese modelo de sexualidad enferma que ha influido
lógico más o menos aleatorio, y perversión, que surgía del exceso moral. Magnus enormemente sobre las maneras de considerar la conducta sexual en el siglo xx.
Hirschfeld y sus seguidores distinguían entre perversiones y anomalías. Pero inde- Tomemos, por ejemplo, el intento de Freud de ampliar el significado de sexua-
pendientemente de las especulaciones acerca de demarcaciones o etiologías (causas) lidad. Las perversiones, decía, simplemente son actos que extienden las prácticas
precisas, no había dudas acerca del resultado. Fuera de las páginas de estos escritos se- sexuales más allá de las regiones del cuerpo convencionalmente designadas como
xológicos, hablando en auténticos tonos de autoconfesión (aun cuando sus recuerdos apropiadas (es decir, los genitales de ambos sexos), o bien, que se demoran en activi-
más extravagantes estuvieran cuidadosamente censurados, acompañados por líneas de dades que pueden ser decentes si al final llevan a la sexualidad genital (la llamada es-
puntos suspensivos o vertidos al latín), había seres individuales reales, marcados o timulación erótica, tal como besar, acariciar, chupar, morder), pero que se convierten
manchados por sus rótulos de no ortodoxia sexual. en perversión si permanecen como fines en sí mismas. 6 Ésta puede ser una definición
El resultado de lo que Foucault ha descrito como la "implantación perversa" 4 era que más o menos funciona y es más generosa en su inclusividad que muchas otras de
doble. En el lado positivo, la descripción de estos nuevos tipos de ser sexual expan- las que se ofrecen. Sin embargo, es dificil evitar pensar que en su mente hay un mo-
día considerablemente la definición de lo que podía considerarse como "sexual". delo de lo que debería ser el sexo, una meta hacia la cual deberían dirigirse las prác-
Freud abría sus Tres ensayos sobre la teoría de la sexualidaden 1905 con un análisis de ticas sexuales y, por lo tanto, una prescripción de cómo deberíamos vivir.
la homosexualidad y otras "aberraciones sexuales" precisamente porque consideraba Freud es un ejemplo interesante de la ambivalencia de estos primeros científicos
del sexo precisamente porque fue más allá que los demás al incorporar lo perver-
so dentro de la gama aceptable de la sexualidad. El efecto de los Tres ensayos... fue su-
Havelock Ellis, The Prychology of Sex, Londres, William Heineman, 1946 (1 a. ed. 1933), p. 126. [Véase n. 2 gerir que las perversiones, lejos de ser propiedad exclusiva de una minoría enferma o
del cap. 3 para la referencia de la versión en castellano.]
3 Alfred C. Kinsey, Wardell B. Pomeroy y Clyde E. Martin, Sexual Behavior in Me Human Male, Filadelfia y
Londres, W.B. Saunders, 1948, p. 202. [Véase n. 22 del cap. 3 de esta obra para k referencia de la versión en caste- 5 J. Laplanche y J. B. Pontalis, The Language of Psythoanalysis, Londres, Hogarth Press-Institute of Psychoa-
llano.] nalysis, 1980, p. 307.
4 Michel Foucault, The IlhunyofSexualityl.An Introduction, Londres, trad. Robert Hurley, Allen Lane, 1979. 6 Sigmund Freud, "The Sexual Aberrations”, Three Esrays on the Theory of Sexuality, Standard Edition, t. 7.
[Véase n. 3 del cap. 1 para la referencia de la versión en castellano.) [Véase n. 5 del cap. 1 para la referencia de la versión en castellano.]
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inmoral, son propiedad común de todos nosotros. Su lado negativo se revelaba en en el siglo pasado— sobre la base de que esto no era sino "un juicio de valor, una con-
síntomas neuróticos, que eran representaciones desplazadas de deseos sexuales repri- dena en lugar de una explicación". También rechazaba la distinción, favorecida por
midos. Su presencia positiva se mostraba en la estimulación erótica y en la existencia Havelock Ellis y otros, entre la homosexualidad "adquirida" y la "congénita" porque
social de pervertidos evidentes que caminan por las calles y llenan hospitales y tribu- le parecía "estéril e inapropiada". 10 La homosexualidad, al igual que su forma her-
nales. Estas perversiones —"desviaciones respecto del objeto sexual", en las que se mana, la heterosexualidad, sólo puede comprenderse en relación con el funciona-
incluyen la homosexualidad y la bestialidad, y "desviaciones respecto del objetivo miento del aparato psíquico como una totalidad. Sus raíces podrían encontrarse en
sexual", en las que el placer se extiende más allá de los genitales— representaban el la bisexualidad universal en la que nacemos y en los procesos mentales mediante los
resurgimiento de instintos componentes que todos heredamos. En la perversidad y la cuales cada individuo maneja los peligros de la ansiedad de castración y la crisis edí-
bisexualidad universales polimorfas de la infancia, Freud pudo encontrar raíces de lo pica para obtener una "identidad sexual" precaria.
que después los sociólogos llamarían "nuestra desviación común": "Ninguna persona Entonces, la homosexualidad no era una enfermedad. No necesitaba "curación".
sana, según parece, puede dejar de añadir algo que podría llamarse perverso al obje- Estaba generalizada. Era un continuum respecto de la heterosexualidad en muchas de
tivo sexual normal; y la universalidad de este descubrimiento en sí es suficiente pa- sus formas. Y, como ésta, no era una condición única sino más bien un conjunto de dis-
ra mostrar lo inapropiado que es utilizar la palabra perversión como una palabra de tintas actividades, necesidades y deseos: "Lo que hemos reunido, por razones de con-
censura." 7 veniencia, bajo el nombre de homosexualidad, puede derivarse de una diversidad de
Pero, si así sucede, ¿por qué mantener el concepto? La actitud del psicoanálisis procesos de inhibiciones psicosociales." 11
ante la homosexualidad aquí es reveladora precisamente porque para Freud, como él Aquí, aparentemente, vemos desmitificada, de una vez por todas, a la homo-
lo dijo, "casi no era una perversión". El resultado es que algunos defensores radicales sexualidad. Ya no es necesario que se esconda bajo una piedra como las lombrices y
del psicoanálisis contemporáneo ya han retirado la homosexualidad de la categoría de otras criaturas molestas. Es un fenómeno más o menos común, parte de la vida de to-
lo perverso, aunque se mantenga la categoría como tal. Pero el interés real del análi- dos, y ahora sujeto a la luz del razonamiento científico. Y sin embargo, no es exacta-
sis de Freud sobre el tema, en diversas formas y a lo largo de muchos años, es su am- mente así como se ha visto dentro del psicoanálisis, ni tampoco fue así, en la práctica,
bigüedad muy real y su renuencia a hacer lo mismo. como a fin de cuentas el mismo Freud fue capaz de dejar el tema. El problema está
Por una parte, Freud examina cuidadosamente y rechaza las opiniones sexológi- encapsulado en la palabra "inhibición". Porque mientras, por una parte, tenemos
cas convencionales sobre el tema. Argumenta que reducir la elección de la pareja a esta deconstrucción racional de la homosexualidad, por la otra se nos ofrece un mo-
una del mismo sexo en la homosexualidad es paralela a una reducción similar en la delo de sexualidad que supone un esquema normal de desarrollo que, por lo tanto,
heterosexualidad. Como resultado, sugiere: "Desde el punto de vista del psicoanáli- hace que la homosexualidad sea muy problemática como elección de vida. En su fa-
sis, el interés sexual exclusivo sentido por los hombres respecto de las mujeres tam- mosa carta a la madre de un joven homosexual, Freud le aseguraba que la homosexua-
bién es un problema que debe dilucidarse." 8 La homosexualidad no podía conside- lidad no era un vicio ni una degradación, ni tampoco era una enfermedad: no era
rarse como algo aparte. En lo que se refiere a la elección del objeto y a la organización algo de qué avergonzarse. Peto añadía: "La consideramos como una variación de la
genital de la actividad sexual, es un continuum respecto de la heterosexualidad. Ade- función sexual producida por una interrupción del desarrollo sexual." 12
más —escribió en su ensayo sobre Leonardo da Vinci—, todo el mundo es capaz de Allí está la dificultad. Un "desarrollo" supone un resultado final apropiado y la
una elección homosexual del objeto, como lo revelan los sueños y las fantasías. Y los sen- "interrupción", un bloqueo artificial. Para Freud, el crecimiento de cada individuo
timientos homosexuales, "bloqueados y recanalizados", sublimados en emociones más desde la infancia hasta la sexualidad adulta madura reproducía el desarrollo (hipoté-
amorfas de solidaridad y hermandad, eran un elemento importante para comprender tico) de la raza como un todo, desde la promiscuidad y la perversidad sexual primi-
la psicología de los grupos. En cierto sentido, puede considerarse que todas las insti- tivas hasta la heterosexualidad monogámica. No era simplemente un producto de la
tuciones de un solo sexo, desde la santidad de las órdenes sacerdotales y la paz de los evolución, sino de imperativos culturales. El destino trágico de la humanidad era de-
monasterios y conventos, hasta el carácter masculino de la disciplina militar, se apo-
yan en una homosexualidad sublimada. 9 Así, Freud se distanció de toda idea de que
la homosexualidad fuese un signo de «degeneración" —un término muy favorecido al pie; Group Psychology and the Analysis of the Ego, en Standard Edition, e. 18, pp. 67 143. [Véase n. 5 del cap. 1 para
-

la referencia de la versión en castellano de las obras completas de Freud.]


l° Id., Three &says..., pp. 138-139; "Homosexuality in a Woman", en Standard Edition, e. 18, p. 154. Véase
7 Ihid., p. 160. nota anterior.
[bid, p. 146, n. 1, añadida en 1915. I I U, Tinte Essays..., p. 146.
9 M, Leonardo da Vinci anda Memory of his Childhood (1910), en Standard Edition, t. II, p. 99, nota Ernst Freud (comp.), Letters of Sigmund Freud 1873 1939, Londres, Hogarth Press, 1961, p. 277.
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sistir necesariamente de la infinita gama de los deseos para asegurar la supervivencia es heterosexual, procreativa y en gran medida masculina, en la que la sexualidad fe-
en un mundo de escasez. Cada individuo, al igual que la raza, tenía que alcanzar menina casi invariablemente se ha definido como secundaria o como respuesta a la
la "tiranía de la organización genital" para sobrevivir, mientras que la elección apro- masculina (debe añadirse que esto se aplica también al concepto mismo de la perver-
piada del objeto se volvía menos un acto de voluntad y más una exigencia cultural. sión. Como ha dicho Plummer, el campo de la desviación sexual ha sido delimitado
Por lo tanto, al final se reinserta un imperativo heterosexual y reproductivo en el re- principalmente por el tema del deseo masculino. 14 Las rupturas femeninas de la norma
cuento de Freud. Una vez que se introduce una versión de la sexualidad dirigida a una se insertan en un cuadro dicotómico de actividad masculina y pasividad femenina. No
meta, por más subrepticiamente que sea, empieza a tambalearse todo el edificio de la sorprende entonces que las desviaciones sexuales femeninas más comúnmente recono-
variedad sexual, tan laboriosamente construido. cidas incluyan satisfacer a los hombres en la prostitución o la pornografía, o "provo-
Para Freud, el término "perversión" tenía un significado técnico preciso, era un car" a los hombres, como en los informes de presunta violación; y las especulaciones
aspecto de la vida de todos nosotros del que no podríamos escapar. Sólo cuando se sobre el lesbianismo, la forma más común de las variaciones sexuales femeninas, se han
convertía en un fin en sí mismo y bloqueaba el camino a la "sexualidad madura" hecho en términos que se derivan completamente del hombre). Por otra parte, hay un
se volvía un problema. Sin embargo, era muy difícil separar ese significado de los sig- catálogo cada día mayor de perversiones, desviaciones, parafilias, llámense como sea,
nificados morales y políticos más amplios ligados a él. De este modo dejaba una que inevitablemente margina y en última instancia patologiza otras sexualidades. El
puerta entreabierta que permitía que volvieran a entrar juicios de valor en un discur- lenguaje de la perversión divide el mundo de la sexualidad en lo normal y lo anormal,
so clínico supuestamente neutral. Muchos posfreudianos abrieron afanosamente esa los elegidos y los condenados, y rara vez coinciden.
puerta de par en par.
Así, por ejemplo, Ernest Jones, uno de los partidarios más leales de Freud y bió-
grafo suyo, lo criticó por una actitud demasiado tolerante frente a su paciente les- EL DISCURSO DE LA DIVERSIDAD
biana y comentó que "la ganancia es cuantiosa si se abre el camino a la gratificación
heterosexual". Algunos freudianos posteriores, en su prisa por abandonar la idea de "La noción de diversidad —ha escrito Ken Plummer— intenta captar el tono más
que la homosexualidad en sí no era una patología, han desechado incluso el concepto benigno y tolerante que ha surgido recientemente en algunos rincones de la cultura
fundamental de Freud de la bisexualidad universal. Para Socarides, la heterosexuali- occidental": 5 Cabe señalar que términos como pervertido y perversión no han desa-
dad era el estado natural del cual la homosexualidad era una desviación. Observa que parecido del todo, y ni siquiera lo han hecho en forma significativa, de la conciencia
una de las resistencias curiosas de sus pacientes estaba en suponer que su trastorno era pública. En un contexto social y político en que todavía puede generarse el apoyo po-
"una forma normal de la sexualidad", y sugiere que "estas opiniones deben tratarse pular para las cruzadas morales de la nueva derecha mediante fuertes ataques contra
desde el principio". Para Elizabeth Moberly, "la heterosexualidad es la meta del desa- lo no ortodoxo sexual ("amamos al pervertido pero odiamos la perversión"), sería di-
rrollo humano"» En estos comentarios podemos ver un regreso a un moralismo pre- fícil argumentar que hemos entrado en una cultura que voluntariamente acepta la va-
freudiano. Apenas puede culparse de ello a Freud. No obstante, las semillas de tales riedad sexual. ¡De verdad son pamplinas! Sin embargo, en dos áreas fundamentales,
posiciones quedaron sembradas por las ambigüedades de los textos de Freud. En dis- una teórica y la otra política, ha surgido un "discurso de la diversidad" que ha tenido
tintos momentos habla de la homosexualidad como una anormalidad, un trastorno, efectos culturales significativos.
algo patológico, y, en el caso masculino, como una "huida de las mujeres". De hecho, La primera área es la sexología en sí. En un nivel, es poco más que un cambio ter-
en ocasiones incluso la describió sin ambigüedad como "una perversión". Y esto, a minológico cosmético, anunciado desde la década de 1930 por el mismo Havelock
fin de cuentas, no es sorprendente. En última instancia, sean cuales fueren las cuali- Ellis. El término "perversión —sugería— es completamente anticuado y malicioso y
dades de la afirmación de que el germen de perversión está presente en todos noso- debería evitarse .lo" Para remplazarlo, ofreció el término menos febril (aunque todavía
tros, la noción de desarrollo implica una norma. ideológicamente cargado) de "desviación sexual", expresión que se ha vuelto común
Los fundadores de la sexología —y en esto Freud, una de sus figuras más radica- en los análisis sociológicos durante los últimos cuarenta años. En estas modificacio-
les, no era una excepción— construyeron un modelo unitario de sexualidad del cual
ha sido difícil escapar. Por una parte, se nos ofrece una norma de comportamiento que
14 Kenneth Plummer, "Sexual Diversity: A Sociological Perspective", en K. Howells (comp.), Sexual Diversity,
Oxford, Blackwell, 1984, p. 219.
13 Ernest Jones, The Life and Work ofSigmund Freud, t. 2, Nueva York, Basic Books, 1955, p. 299; C.W. So- 15 Ibid., p. 221.
cuides, Homoseruality Nueva York, Jason Aranson, 1978; Elizabeth R. Moberly, lbythoanalysis. The Early Develop- 16 Havelock Ellis, The Psychology of Sex, p. 127. [Véase n. 2 del cap. 3 para la referencia de la versión en cas-
ment of Gender Identity, Londres, Routledge & Kegan Paul, 1983, p. x.
- tellano.]
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nes de la terminología estaba latente un cambio más importante: el reconocimiento gas ofrecen una percepción sin paralelo de la vida sexual en Estados Unidos. Cuando
del pluralismo sexual y el surgimiento de lo que Gayle Rubin ha descrito como el fue posible decir, sobre la base de lo que aún es la investigación más completa que se
concepto de una "variación sexual benigna".I 7 ha hecho hasta ahora, que 37% de la muestra masculina había tenido contacto sexual
Las semillas de este nuevo enfoque quedaron sembradas claramente con las inves- hasta llegar al orgasmo con otro hombre, entonces, aun cuando la muestra no fuese
tigaciones de los sexólogos fundadores, y las delicadas plantas fueron regadas me- representativa y los porcentajes estuviesen exagerados, ya no podía considerarse la ac-
diante la adopción de la proclama freudiana de una perversidad infantil polimorfa co- tividad homosexual como un síntoma malsano de una pequeña minoría enferma. Por
mún. La celebración del deseo como polifacético y polimorfo por parte de algunos lo menos entre un sector significativo de los estadounidenses, era algo bastante
estudiosos modernos ha llevado esta posición a su conclusión lógica y con frecuencia común. Y si esto era cierto respecto de la homosexualidad, entonces posiblemente
moralmente anárquica. La figura clave en la transformación del debate público, ade- también lo era respecto de una amplia gama de otras formas de sexualidad, desde la
más de Freud, fue Kinsey. Aunque con renuencia, se acercó a las especulaciones de bestialidad hasta la pedofilia, desde el sadomasoquismo hasta la pasión por la porno-
Freud, cuando dijo que había una idea importante, que rara vez aparecía claramente grafía. Kinsey estaba fascinado por la gama de variaciones en las conductas sexuales
en los análisis científicos o generales, de que el sexo era una función biológica normal humanas. Mencionaba con entusiasmo el ejemplo de dos hombres que vivían en la
aceptable en cualquier forma en que apareciera; le escribió a un muchacho que lu- misma ciudad, se encontraban en el mismo lugar de trabajo, tenían actividades so-
chaba con sus sentimientos homosexuales que "biológicamente no hay ninguna ciales en común y, sin embargo, experimentaban vidas sexuales enormemente dife-
forma de desahogo que yo considere anormal. Biológicamente no existe lo correcto rentes. Un individuo a quien entrevistó había tenido una sola eyaculación en treinta
ni lo incorrecto"." Tales afirmaciones todavía estaban dentro del marco naturalista años; otro tenía treinta por semana, es decir, una diferencia de 45 mil veces. Éste era
de la tradición sexual y, por ello, deben tomarse con una pizca de escepticismo. sólo un ejemplo, para Kinsey, de la vasta variedad que existía en las distintas clases,
Es más probable que sus ecos resuenen hoy en las especulaciones de los sociobiólogos géneros y razas. De aquí se derivó un asunto sociológico y político profundamente
que encuentran un funcionalismo genético en las variaciones sexuales, que en los es- importante que tuvo gran influencia. Escribió:
tudios de sociólogos o historiadores. Sin embargo, el mensaje subyacente es funda- Lo que públicamente se supone es nuestro código moral, nuestra organización social, cos-
mental para los debates contemporáneos. Hoy en día, pocos sexólogos de la corriente tumbres matrimoniales, leyes sexuales y sistemas educativos y religiosos, se basa en la suposi-
dominante se sentirían cómodos al usar un término como "perversión" para descri- ción de que los individuos se parecen mucho en lo sexual y que es igualmente fácil para to-
bir las variedades de esquemas sexuales. En uno de los estudios más recientes e influ- dos limitar su comportamiento al esquema único que dicta la costumbre? )
yentes sobre el tema, elaborado por Robert Stoller, la perversión es "la forma erótica Pero, ¿qué sucedería si la gente de hecho fuese diferente, tuviese distintas necesidades,
del odio", definida no tanto por los actos (las perversiones) sino por el contenido: la deseos y comportamientos? Entonces se abriría una gran brecha entre los códigos mo-
hostilidad; mientras que el término "pervertido" para describir a un tipo particular de rales y la conducta sexual, que confundiría las certezas absolutas de la tradición
persona está totalmente excluido de los estudios sexológicos. Incluso existe una nueva sexual. Éste fue el punto de partida preferido de las criticas subsiguientes a la regla-
modestia, bienvenida en todas partes, que acepta que "es fundamental recordar que mentación normativa.
aún sabemos muy poco acerca de los mecanismos o las causas de la conducta sexual Si bien las transformaciones dentro de la corriente dominante de la sexología pro-
humana"." Esta modestia es un antídoto contra las posiciones categóricas. porcionaron un marco teórico para reconocer la diversidad, el impulso político provi-
Pero si bien sabemos poco sobre las causas, sabemos cada vez más sobre las for- no de un origen diferente: las minorías sexuales. Señalamos antes que, por lo menos
mas y la ocurrencia frecuente de la diversidad sexual, y ésta, más que su cuestionable desde el siglo XIX, la mayor parte de las sociedades industriales han presenciado un es-
biologismo, es la contribución real de Kinsey. Los dos vastos tomos que escribió en fuerzo sostenido de lesbianas y homosexuales masculinos por articular y desarrollar
su mayor parte, Sexual Behavior in the Human Male y Sexual Behavior in the Human identidades claras en el contexto de subculturas y comunidades sociales más amplias.
Female, así como los otros que inspiró, tal vez tengan problemas metodológicos y A medida que los modos de vida homosexual se han hecho más públicos y los ho-
muestras insuficientemente representativas, y estén permeados por sus propios pre- mosexuales tienen más confianza en sí mismos, han surgido a su paso otras afirma-
juicios inconscientes. Pero los miles de sujetos a quienes entrevistaron él y sus cole- ciones de identidad de minorías sexuales. El ejemplo de la homosexualidad, como ha
dicho Gayle Rubin, ha proporcionado un repertorio de estrategias políticas y for-
17 Gayle Rubín, "Thinking Sex: Notes for a Radical Theory of the Policía of Sexuality”, en Carate S. Vance
(comp.), Pleasure and Danger. [Véase n. 7 del cap. 1 para la referencia de la versión en castellano.]
18 Wardell B. Pomeroy, Dr. Kinsry and the Irutiustefin Sex Research, Nueva York, Harper & Row, 1972, p. 77.
19 Robert J. Stoller, Perversian. The Erotic Form of Harred, Londres, Quartet, 1977, p. 45. Kinsey et al, Sexual Behavior he Human Male, p. 197.
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mas organizativas para la movilización de otros grupos eróticos. 21 Ha surgido la voz La búsqueda de identidades sexuales válidas ha caracterizado la historia de la ho-
de travestis, transexuales, pedofílicos, sadomasoquistas, fetichistas, bisexuales, prosti- mosexualidad masculina y femenina durante este siglo. Distintos grupos de personas
tutas y otros, exigiendo su derecho a la expresión y la legitimidad. Los pervertidos ti- han encontrado diversas maneras de hacerlo: no hay un objetivo predeterminado. Las
tubeantes de las páginas médico forenses de Krafft-Ebing, al confesar sus secretos más diferencias de género, geográficas y raciales han producido identidades diferenciadas.
íntimos a los nuevos expertos sexuales, han salido del texto clínico para entrar en el es- No obstante, todo parece indicar que sigue siendo esencial una identidad firme. Es
cenario de la historia, como pruebas vivas de la diversidad sexual. posible que la categorización y la autoclasificación, es decir, el proceso de elaborar una
Estas nuevas identidades sexuales y sociales quizá surgieron en el terreno trazado y identidad social, controle, restrinja e inhiba, como han dicho muchos críticos, pero
minuciosamente articulado por los propios sexólogos. Pero, como el mismo Kinsey su- a la vez, como ha señalado Plummer, proporcione "comodidad, seguridad y afirma-
brayó, sólo la mente humana inventa categorías y se esfuerza para que los hechos que- ción". 22 Y una condición previa para lograr un sentido de identidad personal y de
pan en casilleros separados, a pesar de que los hechos se subvierten constantemente. pertenencia que dé seguridad ha sido la formación de redes sociales amplias, el ha-
La sexología fue importante para instituir el lenguaje con el que fueron descritos llazgo de una manera colectiva de manejar la diferenciación sexual, y el estableci-
y analizados estos herejes. A través de su relación simbiótica con la profesión médica miento de comunidades sexuales.
(muchos de ellos, como Ellis, eran médicos de carrera), estos primeros sexólogos ayu- El surgimiento de subculturas y comunidades sexuales distintivas forma parte de
daron a construir un modelo de enfermedad que tuvo gran influencia y cuyos efec- un proceso más amplio que ha marcado al siglo xx y que se caracteriza por una com-
tos todavía son evidentes. No obstante, las pobres criaturas a las que describieron no plejidad y una diferenciación social cada vez mayores, lo cual produce un nuevo plu-
eran invento de ellos: eran producto de procesos sociales muy complejos, de defini- ralismo de formas de clase, étnicas, raciales y culturales, así como una diversidad de
ción social y autodefinición en los que la sexología tuvo una participación importante experiencias de género y sexuales. Este proceso de diferenciación, desde luego no sólo
pero no definitiva. Además, el lenguaje de la sexología podía usarse también para ha producido complejidad, sino también nuevas formas de conflicto y antagonismo
cuestionar las certezas de la tradición sexual. social. En el contexto de la lucha continua sobre la conducta apropiada, también han
Empecé este capítulo con algunos términos. Otras tres palabras simbolizan el surgido identidades sexuales politizadas, articuladas desde fines del siglo xix en
cambio que está ocurriendo: "sodomita", "homosexual" y "gay". Así como el surgi- una serie de agrupamientos en favor de los derechos homosexuales y otros movi-
miento (primero en Estados Unidos) y la difusión de la autodescripción "gay" en las mientos de reforma sexual en el mundo industrializado. Éstos han constituido una de
décadas de 1950 y 1960 marcaron una nueva etapa fundamental en el surgimiento de las formas más importantes en que las minorías han respondido a los cambios en los
una identidad sexual politizada, la difusión gradual del término "homosexual" des- esquemas de la reglamentación sexual y cuestionado las normas sexuales.
de fines del siglo xix marcó una ruptura significativa respecto de la terminología tra- Pata que esto se logre parecen necesarios cinco factores: 23 la existencia de gran
dicional del pecado que no podía nombrarse entre los cristianos, el de la sodomía. cantidad de gente en la misma situación, la concentración geográfica, la presencia de
"Sodomita" era un término cubierto con pesados tonos de moralidad medieval. Tam- puntos de oposición identificables, sucesos o cambios repentinos en la posición so-
bién era ambiguo. Se refería a alguien que cometía un tipo particular de acto sexual, cial y una dirección intelectual con metas claramente comprendidas. Cada uno de es-
el coito anal. Por su parte, el homosexual era un tipo particular de persona sexual, que tos factores ha estado presente en la historia de los movimientos homosexuales en di-
tenia no sólo un nombre sino una historia personalizada (padre débil, madre fuerte, o versas épocas, lo cual explica su presencia social significativa en comparación con
a veces un padre impositivo y una madre sumisa), características físicas (caderas anchas otras minorías sexuales. Ya para fines del siglo xix había una gran cantidad de hom-
y voz aguda si era hombre, figura masculina y vello en el labio superior si era mujer) y bres que se consideraban homosexuales y construían cada vez más subculturas. Los
deficiencias indicativas (incapacidad para chiflar, disgusto por los niños). Muchos no agrupamientos de lesbianas eran más embrionarios; no obstante, en muchas ciuda-
se reconocerían del todo o para nada en estas descripciones de discurso clínico; pero des de Estados Unidos y Europa estaban desarrollando tanto una identidad como redes
ellas servían para validar su existencia, para afirmar que otros como ellos existían al sociales. Éstas constituyeron las semillas en que se apoyaron organizaciones como el
ser nombrados y que, lejos de ser criaturas únicas, podían volver a entrar en los cá- Comité Científico Humanitario Magnus Hirschfeld en Alemania, fundado en 1898,
nones de las sexualidades reconocidas, aunque pervertidas. Surgió un nuevo lenguaje y las organizaciones, más pequeñas, de reforma sexual en Inglaterra y otros lugares,
de autodescripción —"invertido", "uranista", "tercer" sexo o sexo "intermedio"— que
marcaba el asomo de un sentido del yo afirmativo y moderno.
11 Kenneth Plummer (comp.), The Making of the Modem, Homosexual, Londres, Hutchinson, 1980, p. 29.
23 Véase Barry Adam, The Survival of Domination, Irderioritation and Everyday Life, Nueva York y Oxford, El-
sevier, 1978; John D'Emilio, Sexual Policia, Sexual Communities. The Making of a Homosexual Minority in tbe Uni-
21 Rubin, op. cit.
ted Surta 1990 1970, Chicago y Londres, University of Chicago Press, 1983.
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82 Sexualidad El desafío de la diversidad 83

creadas poco antes de la Primera Guerra Mundial. El éxito de las organizaciones fluc- Sin embargo, aunque puedan variar las condiciones para el surgimiento de or-
tuaba de acuerdo con los cambios en las circunstancias políticas. El movimiento ganizaciones políticas fuertes sobre el modelo de los grupos de gays y lesbianas, el he-
homosexual alemán, que en un momento llegó a ser el más grande del mundo, fue cho es que en todo el mundo industrializado, y posiblemente como resultado de la
destruido por los nazis en la década de 1930. No obstante, en los años cincuenta ya industrialización y la urbanización, han surgido nuevas "comunidades de intereses"
había surgido una nueva iniciativa, esta vez con sede en Estados Unidos. Organiza- en torno a asuntos sexuales, y a través de ellas se han afirmado diversas identidades
ciones como la Sociedad Mattachine y Las Hijas de Bilitis se fundaron en parte como sexuales. Ya no parece haber un gran continente de normalidad rodeado por peque-
resultado de la caza de brujas macartista contra los desviados sexuales a principios de ñas islas de trastornos. Más bien ahora presenciamos enormes grupos de islas, gran-
la década de 1950, pero también dentro de un contexto de subculturas cada vez más des y pequeñas, que parecen estar en movimiento constante unas respecto de las
difundidas de hombres homosexuales y de lesbianas durante la década de la posguerra. otras, cada una con su vegetación y geografía específicas. Han surgido nuevas cate-
La conjunción de las comunidades gay, cada vez más sofisticadas, de ciudades como gorías y minorías eróticas. Las más antiguas han vivido un proceso de subdivisión a
Nueva York y San Francisco, con un movimiento politizado de "liberación gay" a fi- medida que gustos especializados y necesidades y aptitudes específicas se convierten
nes de la década de 1960, aportó el impulso definitivo para que surgieran movi- en la base de otras identidades sexuales que proliferan: parejas que se "intercambian",
mientos masivos de gays y lesbianas en Estados Unidos en los años setenta y ochenta. lesbianas "machina y fem", gays SM, lesbianas leather* y locas de mezclilla... La lista
Esto proporcionó un modelo que imitaron otros paises cuando lo permitían las con- es potencialmente interminable, ya que cada deseo específico se convierte en un cen-
diciones locales. tro de afirmación política y posible identidad social.
Las condiciones que hicieron posible que la homosexualidad tuviera voz no Es inevitable que surjan muchas preguntas: ¿son igualmente válidas todas las for-
siempre han estado presentes en otros grupos. El intenso estigma ligado a la pedofilia mas de deseo?, ¿debería cada subdivisión del deseo ser la base de una identidad sexual
(atracción sexual hacia niños y niñas) y su traslape controvertido, aunque refutado, y posiblemente social?, ¿tiene el mismo peso cada afirmación de identidad en los de-
con el abuso sexual infantil, ha dificultado mucho que sus partidarios desarrollen una bates de política sexual?, ¿qué sucede con la identidad heterosexual? Y si rechazamos
subcultura sustancial, encuentren una voz común o se agrupen durante largo tiempo por completo la categoría de lo perverso en favor de un discurso que celebre la di-
en organizaciones estables. Organizaciones como NAMBLA (North America Man Boy versidad, ¿hay alguna manera de distinguir lo bueno y lo malo, lo apropiado y lo ina-
Love Association: Asociación de Amor entre Hombres y Niños de Norteamérica) en propiado o, si nos atrevemos a decirlo, lo moral y lo inmoral? Afirmar la existencia
Estados Unidos y PIE (Paedophile Information Exchange: Intercambio de Informa- de la diversidad no responde a las difíciles preguntas planteadas por la tradición
ción Pedofílica) en Inglaterra han sufrido difamación social y vigilancia policiaca sexual, sólo plantea preguntas nuevas.
constante incluso por defender actitudes modificadas. Tal vez más importante es el
hecho de que esta actividad no se presta fácilmente para el establecimiento de comu-
nidades sociales estables debido a la hostilidad social y a la naturaleza transitoria de DECONSTRUIR LAS CATEGORÍAS
muchas relaciones pedofílicas, dado que los niños y las niñas acaban por crecer, y
dada la disparidad de intereses entre adultos y niños. Los partidarios de la actividad En primer término, cabe señalar que aceptar el hecho de la diversidad sexual no ne-
sexual sadomasoquista (SM) también son limitados en cantidad, lo que inhibe el es- cesariamente lleva a una norma de la diversidad. Los esfuerzos que han hecho los mo-
tablecimiento de movimientos a gran escala, aunque han desarrollado redes de apoyo ralistas sociales por impulsar o imponer un regreso a los "valores tradicionales" sugiere
y subculturas a pequeña escala en varias ciudades occidentales. El SM también se ha que, por lo menos, algunas personas no se han dado por vencidas en la esperanza de
convertido en un asunto de gran controversia política y sexual entre diversos radica- revivir una norma moral universal. Y estas esperanzas absolutistas no se limitan a lo
les: los movimientos de feministas, gays y lesbianas están radicalmente divididos res- sexualmente conservador. Hay fuertes tendencias entre algunas feministas, radica-
pecto de los méritos de tales actividades. Los asuntos relacionados con travestis y tran- les sexuales y, de manera más general, en sectores de la izquierda a buscar una "nueva
sexuales también han dividido a esos movimientos, aunque la controversia en estos moralidad" en la que por fin se eliminen los elementos corruptos de una sociedad ca-
casos no ha sido tanto por la actividad sexual como porque supuestamente perpetúa pitalista/burguesa/dominada por el hombre/heterosexista, según el lenguaje que se
los estereotipos de género existentes. Las prostitutas y otros trabajadores sexuales (en use. El problema está en que hay pocos acuerdos incluso entre los oprimidos sexual-
pornografía, clubes de striptease, etc.) han planteado distintos problemas relacionados mente y las minorías sexuales que tienen voz. ¿La pornografía es constitutiva de la
con la organización política: la validez de trabajar en el campo comercial sexual y de
que las mujeres satisfagan las fantasías masculinas, lo cual incluye cumplir deseos de
violencia y degradación. * Leather Qui, lesbianas masculinas sadomasoquistas que se visten con ropa de cuero negro [N. de la TI.
El desafio de la diversidad 85
84 Sexualidad

creencia inconsciente de que algunos actos son mejores que otros, aunque en un
violencia masculina, es un reflejo de la sociedad generalmente sexista o es inofensiva? mundo pluralista no siempre podemos estar de acuerdo en lo que debería ser el orden
¿El sexo intergeneracional es un cuestionamiento radical de las divisiones arbitrarias adecuado.
de edad o constituye abuso sexual infantil? ¿La transexualidad consiste en cuestionar Por su parte, una perspectiva que atiende más bien a las relaciones intenta com-
la tiranía de los estereotipos de género o en rendirse ante esas divisiones y estereoti- prender todas estas prácticas sexuales como aspectos de relaciones sociales más amplias,
pos sexuales? ¿El sadomasoquismo implica sumergirse en peligrosas fantasías de vio- desenredar el contexto en que los actos adquieren significado. Esto, a su vez, implica
lencia o no es sino una realización inofensiva de relaciones de poder erotizadas? Es- tratar de comprender el funcionamiento de las relaciones de poder, las coerciones su-
tas preguntas y muchas otras son clave en la política sexual de los años recientes. Son tiles que limitan las posibilidades de elección, el impacto probable de una actividad
importantes porque nos desafían a reconsiderar los criterios con los que podemos de- sexual específica sobre uno mismo y sobre los demás, así como las posibilidades de
cidir entre conducta apropiada e inapropiada. placer y autonomía personal que pueden impulsarse. Este apoyo al pluralismo moral
La tradición sexual ha presentado básicamente dos posiciones: o bien el sexo es conlleva muchos asuntos difíciles, que intentaré analizar después. Lo que ha de su-
fundamentalmente peligroso, aceptable sólo cuando está canalizado por vías apropia- brayarse aquí es que esta perspectiva debe romper con cualquier sistema moral que se
das (en general, sexo procreativo marital), o bien es básicamente sano y bueno, pero base en los actos en sí.
ha sido reprimido, distorsionado y negado por una sociedad corrupta. Hay un tercer Sin embargo, tal vez tiene una implicación aun más desafiante. En la tradición
enfoque, que es el que he apoyado en este ensayo: que el sexo únicamente adquiere sexual algunos actos se han considerado como ejemplos vivos de un sistema sexual es-
significado en las relaciones sociales, lo cual implica que sólo podemos hacer eleccio- pecífica, como manifestaciones de un síndrome. La perspectiva que se ha esbozado
nes apropiadas en lo que se refiere a la sexualidad si comprendemos su contexto polí- aquí rompe con esas categorías unitarias. Si hacemos esto, ya no será posible conde-
tico y social. Esto implica dejar atrás definitivamente la moralidad de los "actos" que nar una práctica sexual porque es "homosexual" o incluso "heterosexual", "sadoma-
ha dominado las teorías sexuales durante cientos de años y adoptar una nueva pers- soquista" o "pedofílica". Más bien deberemos empezar a preguntar: ¿qué hace que esta
pectiva de las relaciones que tome en cuenta el contexto y los significados. Todavía da- actividad específica sea válida o inválida, apropiada o inapropiada? ¿Cuáles son los
mos por hecho que el pecado o la salvación, la moralidad o la inmoralidad, la norma- factores sociales que la hacen significativa? ¿Cuáles son las relaciones de poder que
lidad o la anormalidad se encuentran en lo que hacemos. Esto quedó consagrado en funcionan en ella?
los códigos cristianos de la Edad Media, en las tablas que declaraban que la violación Si tomamos tres ejemplos veremos el tipo de factores que debe tomarse en
heterosexual estaba más alto en la escala de valores que la masturbación o la sodomía cuenta. El primer ejemplo es la heterosexualidad. A primera vista esto puede sorpren-
consensual porque aquélla era procreativa y éstas eran estériles. Allí, la prioridad que der. A tal punto se ha considerado la heterosexualidad como norma que rara vez se
se daba a la reproducción dictaba la jerarquía de valores. A fines del siglo XX somos cuestiona. Es el dato básico de las teorías sexuales, la forma natural con la que juzgamos
mucho más tolerantes, pero aún damos por hecho que algunas prácticas son inheren- otras. Sin embargo, un poco más de paciencia y una lectura atenta de los estudios so-
temente mejores que otras. Sólo que ahora tendemos a dar crédito a la naturaleza, a bre el sexo mostrarían que no es un fenómeno único. El término incluye tanto la vio-
la biología o a la ciencia del sexo por la revelación de esa jerarquía. El coito anal ya lación como las relaciones amorosas, tanto la coerción como la elección. Abarca una
no es el peor crimen conocido por los cristianos, aunque todavía es técnicamente ile- multitud de prácticas sexuales, desde el acto sexual en la posición "normal" hasta el acto
gal en Inglaterra entre las parejas casadas. La masturbación se fomenta en libros, re- sexual oral y anal. Como término, hace que se pierdan las diferencias de edad, de insti-
vistas y diarios en todos los puestos de periódicos. A veces este efecto de ascenso se tucionalización e incluso de las fantasías de los integrantes de la pareja. En sí no describe
debe a la revaloración científica. Pero, por lo general, es el resultado de cambios mo- nada salvo el hecho de la elección del objeto. Los significados de esto pueden ser diver-
rales y políticos con la ayuda de campañas bien organizadas. La organización militante sos. Pero si privilegiar la heterosexualidad lleva a que se pierdan las diferencias reales, de
de homosexuales fue la que logró que se retirara la homosexualidad de la lista de en- la misma manera su rechazo total está más que equivocado. Algunas críticas feministas
fermedades de la Asociación Psiquiátrica de Estados Unidos en 1974. 24 En los últimos de su forma actual han acabado por rechazar toda forma de heterosexualidad porque
cien años, campañas apasionadas de feministas y hombres y mujeres que apoyan la supuestamente perpetúa la dominación masculina. Para escritoras como Adrienne
pureza social han hecho que cambien las ideas sobre el sexo intergeneracional, la por- Rich, la "heterosexualidad obligatoria" es el mecanismo clave del control sobre las
nografía y la prostitución, en distintas direcciones. No obstante, todavía existe la mujeres y, por ello, la heterosexualidad se convierte en el enemigo por excelencia. 25

24 Ronald Bayer, Hamosexuality and American Psychiaay. The Politice of Diagnosis, Nueva York, Basic Books, 45 Adrienne Rich, "Compulsory Heterosexualiry and Lesbian Existence", en Ann Snitow, Christine Stansell y
1981. Sobre asuntos semejantes en Australia, véase R.F. Barr et aL, "Homosexuality and Psychological Adjustment", Sisaron Thompson (comps.), Desire: The Pelajes of Sexteality, Londres, Virago, 1984.
en The Medical Journal of Australia, 1984, no. 1.
El desafio de la diversidad 87
86 Sexualidad

que las niñas, debido a su fertilidad potencial y su posición cultural como juguetes se-
Esta posición sencillamente es una imagen en espejo del privilegio que nuestra cul-
xuales, son más vulnerables que los niños en las relaciones con los adultos. ¿Será im-
tura da a la heterosexualidad. Una perspectiva relacional empezaría no con la elección
portante distinguir entre la pedofilia homosexual y la heterosexual, dado que las re-
del objeto o el acto que se considera su forma más característica (el coito genital), sino
laciones homosexuales tal vez carecen de algunos de los desequilibrios de poder de las
con la multitud de factores que configuran su significación. ¿Existe la posibilidad de
relaciones heterosexuales? También se ha dicho que, en los debates sobre pedofilia, no
que las relaciones entre el hombre y la mujer sean equitativas? En caso negativo, ¿es
se ha tomado en cuenta la función de la iniciación infantil: hay algunas pruebas de
el acto sexual en sí un medio para perpetuar las relaciones de dominación y subordi-
que la actividad sexual suele ser incitada por los propios menores. ¿Será más válido
nación? En caso afirmativo, ¿qué otras opciones hay? ¿Es necesario o deseable un cam-
por ello el sexo intergeneracional o resulta eso totalmente irrelevante para nuestras de-
bio? Éstas son las preguntas que plantea la reconsideración de la heterosexualidad.
cisiones? Brian Taylor ha señalado la existencia de ocho subcategorías posibles de sexo
Las relaciones de poder que puede involucrar el sexo se ilustran de modo más ra-
intergeneracional, dependiendo de la edad de los involucrados, la distinción de gé-
dical con la cuestión del sexo entre distintas generaciones. Para la gran mayoría de
nero, la naturaleza de la proclividad sexual y la interacción de esos tres factores. 27 Esto
la población, esto no es un problema serio como tal: se trata simplemente de abuso
sugiere que hay varias pedofilias, no una pedofilia única. A fin de cuentas, tal vez si-
sexual infantil. Implica a adultos poderosos que usan su experiencia y ardides para ob-
gamos condenando todas las formas de abuso sexual infantil. Pero ya no deberíamos
tener satisfacción de niños y niñas sin experiencia y vulnerables. Por otra parte, para
hacerlo simplemente porque es una sola actividad; más bien tenemos que incluir
los partidarios de la pedofilia, hay una celebración de imagen en espejo de las posibili-
otros criterios que no son intrínsecos al acto sexual en sí.
dades del sexo intergeneracional. Se le aplaude por sus posibilidades pedagógicas, la
El poder es un asunto delicado en los análisis del sexo intergeneracional. En el
llamada justificación amorosa de los griegos: se dice que, en el paso de la dependen-
sadomasoquismo consensual, se lleva un paso más allá, hasta la erotización del poder
cia infantil a la responsabilidad adulta, la guía sexual y moral de un hombre afectuoso
en sí: "Elegimos las actividades más aterradoras, asquerosas o inaceptables y las trans-
puede ser inapreciable. Además, se lo legitima por la supuesta realidad de la sexua-
lidad infantil: la misma sexología ha revelado la gran extensión del potencial sexual mutamos en placer." 28 Para los teóricos de la tradición sexual, el SM tiene sus raíces en
una exageración de las relaciones normales intrínsecas entre hombres y mujeres. Para
infantil, que incluye la masturbación. Si algo es tan natural y omnipresente, ¿debería
Krafft-Ebing, el sadismo no era "sino una intensificación patológica excesiva y mons-
estar controlado tan rígidamente como lo está la sexualidad infantil hoy en día? Y
truosa de fenómenos —posibles también en condiciones normales, en formas rudi-
también, si es natural, entonces de seguro no puede ser dañino aunque se realice con
mentarias— que acompañan la vida sexual psíquica, sobre todo en los hombres [...];
adultos. Como ha escrito Tom O'Carroll, "no hay ninguna necesidad de que un niño
o una niña conozca 'las consecuencias' de involucrarse en juegos sexuales inofensivos, el masoquismo es lo opuesto del sadismo". 29
Sin embargo, para muchos partidarios del SM dentro de las subculturas sexuales de
sencillamente porque son eso: inofensivos". 26
Occidente, ofrece una percepción única de la naturaleza del poder sexual dado que el
En lugar de involucrarse en estos argumentos que se excluyen mutuamente, con-
sexo terapéutico y catártico revela la naturaleza del sexo como ritual y como juego. 30 No
sidero más racional volver a examinar lo que esto implica. Y si lo hacemos, no debe-
cabe duda de que esto es exagerado, pero lo que en efecto hace es plantear de modo muy
ría sorprendernos encontrar una variedad de elementos distintos que podrían deslin-
radical el problema de la relación entre contexto y elección, subjetividad y consenti-
darse. El primero es el de la edad. ¿Hay una edad ideal en que el consentimiento
miento, al pensar sobre la sexualidad. ¿Debería la gente tener el derecho de consentir a
se libere y en que una relación sea consensual? Desde luego, la mayoría de nosotros
actividades que convencionalmente se consideran como dolorosas y potencialmente da-
estaría de acuerdo en que no son los tres o los ocho años, pero, ¿podrían ser los 12,
ñinas? ¿Cuáles son las condiciones que hacen válidas esas elecciones? ¿Existe la misma
que parece ser la norma en algunas culturas, y que a fines de 1985 el gobierno ho-
posibilidad de elección libre, digamos, entre un hombre y una mujer que entre gente de
landés conservador propuso debería ser la edad del consentimiento, o 14 ó 15 años,
que es la edad de consentimiento en varios países europeos? Las leyes varían inmen-
samente y afectan a nifios y niñas de manera muy distinta (en Inglaterra, la edad de
consentimiento para las chicas es de 16 años, para los hombres homosexuales, de 21, 28 Véase la "Introducción" de Brian Taylor, en Taylor, op. cit.
Pat Califia, "Unraveling the Sexual Fringe. A Secrer Side of Lesbian Sexuality", The Advocate, 27 de di-
y para otros hombres parece rondar por los 16 años). Esto indica la importancia po- 28

ciembre de 1979, p. 19.


tencial de las cuestiones de género al valorar la pedofilia. Por ejemplo, se ha sugerido S. and M. Studies in Sado-Masochism, Buffalo y Nueva
29 Thomas Weinberg y G.W. Levi Kamel (comps.),
York, Prometheus Books, 1983, p. 27.
30 Para una fuerte defensa del 5v, véase Samois (comp.),
Coming to Power. Writings and Graphics on Lesbian
26 Tom O'Carroll, Paedophilia. The Radical Case, Londres, Peter Owen, 1980, p. 153. Sobre las distintas legi-
Berkeley y California, Samois, 1982. Para una visión opuesta, véase Robin Ruth Linden eta! (comps.), Against
timaciones que se ofrecen, véase el análisis en ICen Plummer, "The Paedophile's Progress", en Brian Taylor (comp.),
Perspectiver on Paedophilia, Londres, Batsford, 1981. Sadomasochim A Radical Feminist Analysis, East Palo Alto, California, Prog in the Web, 1982.
88 Sexualidad El desafio de la diversidad 89

"la misma casta" (gays, dos mujeres)? I- as actividades "sexuales limítrofes", entre las cua- La cuestión vital aquí es que, en última instancia, las distinciones que hacemos son
les las SM son tal vez las más transgresoras, pueden ser marginales respecto de la corriente éticas o políticas, y dependen menos del peso racional de las pruebas que del equili-
dominante en la vida sexual de la mayoría de la gente, pero de hecho plantean pregun- brio de las fuerzas políticas. Por ello, los asuntos de la sexualidad son inevitable e ine-
tas fundamentales acerca de los límites de la normalidad, las fronteras de la actividad ludiblemente políticos. Lo que a fin de cuentas está mal en la palabra "perversión" es
sexual válida, y los extremos a que deberíamos llegar en la búsqueda del placer. que su tono patentemente científico oculta los juicios morales y políticos. Impide la
Un desglose de las prácticas sexuales según los lineamientos que aquí propongo discusión. La ventaja de favorecer el término "diversidad" es que deja las preguntas
las conduce a la interrogación política y social. Al hacerlo, evidentemente no encon- importantes abiertas de par en par al debate, la negociación y la elección política.
traremos respuestas sencillas en favor y en contra de actividades específicas. Pero de-
construir las categorías unitarias de los sexólogos presenta el valor incalculable de
abrir debates fundamentales sobre los parámetros dentro de los cuales pueden to-
marse decisiones válidas y hacer elecciones.
Cabe señalar otros dos aspectos. En primer lugar, aceptar la idea de que hay va-
riaciones sociales benignas no debe implicar un abandono de las distinciones. Hay
ciertas clases de actos ligados con el sexo que serán condenadas universalmente como
malignas, sobre todo las que incluyen actos de violencia deliberados, ya sea en la
forma de asesinato sexual, violación o abuso sexual infantil. De esto parece hablar
Stoller cuando plantea su teoría de la perversión como la forma erótica del odio. Es
un potencial en todos nosotros que, según él, se relaciona con las tensiones y ansie-
dades producidas por la necesidad de lograr identidades específicas de género. A tra-
vés de estas consideraciones puede abrirse la puerta para elaborar discernimientos
teóricos sobre la naturaleza de las actividades aberrantes, pero dejaremos esta cuestión
para otro momento y otro lugar. Por lo pronto subrayaremos que, aun en este caso,
no es el acto mismo lo que constituye el problema, sino todo el contexto —social y
psíquico— que le da lugar, y del cual toma su significado: factores como las circuns-
tancias familiares o la ansiedad y el poder masculinos. En otras palabras, si la perver-
sión, en este enfoque psicoanalítico complejo, es de hecho una rebelión contra los
límites impuestos por la cultura, un medio de eludir, según los términos de Chasse-
guet-Smirgel, "el carácter fatal del complejo de Edipo", 31 un salto que niega la vida
para alejarse de la realidad, entonces sigue siendo esa cultura, esa realidad la que nos
puede ayudar a entender la actividad individual. La concentración tradicional sobre
la etiología del acto del individuo ya no puede ser suficiente. Esto lleva al segundo as-
pecto, que tiene que ver con el significado real del concepto de diversidad. Como ha
dicho Plummer:
Por más neutral y objetivo que parezca hablar sobre la diversidad sexual, también se está ha-
blando sobre ¿poder. Cada cultura tiene que establecer —mediante procesos políticos tanto
formales como informales— la gama y el alcance de las diversidades que serán ilegales o
prohibidas. Ninguna cultura podría funcionar con una libertad sexual total, pero el esquema
de estas restricciones es extremadamente variable en distintos tiempos y espacios. 32

31 Janine Chasseguet-Smirgel, Creativity and Perversion, Londres, Free Association Books, 1985, p. 26.
31 Plummer, "Sexual Diversa?, p. 219.