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Palabras de un padre a una hija que son para todos los hijos del mundo.

El general José de San Martín dejó a su hija, Mercedes Tomasa de San


Martín Escalada, un legado importante: las Máximas que escribiera
destinadas a ella, pero que tienen vigencia universal y deberían ser
grabadas de manera indeleble en los establecimientos educativos de
todos los niveles.
 
Las Máximas sugieren pautas de la vida social, familiar, de escala de
valores y de la formación ciudadana, estimulando los valores individuales
que convierten a una persona en un ser ético.
-En la primera Máxima, San Martín expresó la necesidad de adaptarse a
una vida de relación con un sentido de humanidad que comprende al
reino animal. Ella dice: “1. Humanizar el carácter y hacerlo sensible, aun
con los insectos que nos perjudican. Stern ha dicho a una mosca
abriéndole la ventana para que saliese: Anda, pobre Animal, el Mundo
es demasiado grande para nosotros dos”.
-En la segunda Máxima el Libertador expresa una síntesis de conducta
que va al núcleo de la escala de valores del ser humano, expresando: “2.
Inspirarla amor a la verdad y odio a la mentira”.
-La reflexión del Libertador no aceptó jamás la especulación, ni en su
vida pública ni en la privada. Siempre repudió la excesiva adulación y
mucho más la traición o un interés oculto disfrazado de amistad. Por ello
la tercera Máxima es bien clara al respecto: “3. Inspirarla gran Confianza
y Amistad pero uniendo el respeto”.

-La solidaridad y la igualdad de todos los seres humanos son valores que
San Martín no sólo respetó a ultranza sino que enseñó a los pueblos por
él liberados. Su espíritu abarcativo, para el cual no podía haber
diferencias entre los hombres, lo llevó a escribir la cuarta Máxima: “4.
Estimular en Mercedes la Caridad con los Pobres”.

-El egoísmo no era admitido por la grandeza de alma de San Martín, pero
tampoco aceptaba pasar los límites en las normas sobre deberes y
derechos. Para que el civismo, junto con el cuidado por el cumplimiento
de la ley, sea una virtud en su hija, redactó la quinta Máxima: “5.
Respeto sobre la propiedad ajena”.

-La ética en la relación con los demás es una virtud que a menudo es
dejada de lado, ponderando como algo positivo la falta de cumplimiento
de la palabra empeñada. Los valores parecen haber cambiado en la
sociedad actual en cuanto a este cumplimiento. Al respecto, la
sexta Máxima señala: “6. Acostumbrarla a guardar un Secreto”.
 
-El Libertador tenía un espíritu universal, abierto a todas las formas de
creencia en un Ser sobrenatural que rige los destinos del mundo.
Consideraba una virtud creer en Dios y ello lo llevó a escribir la
séptima  Máxima: “7. Inspirarla sentimientos de Indulgencia hacia todas
las Religiones”.
-El amor al próximo debe ser, consideraba José de San Martín, expresado
no sólo ante quienes están en una buena posición económica o de salud
sino ante todos los seres humanos, sin discriminación alguna respecto a
su condición y cargo. Así lo establece la octava Máxima: “8. Dulzura con
los Criados, Pobres y Viejos”.

-También el Libertador buscó estimular en su hija la reflexión y la


meditación, en especial antes de emitir juicios de valor. Bien sabía él,
maestro de la estrategia militar y del arte de la política, el valor no sólo
de las palabras sino también de los silencios; por eso redactó la
novena Máxima: “9. Que hable poco y lo preciso”.
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-La grandeza de espíritu, sabía el Padre de la Patria, no sólo se manifiesta
en los grandes actos sino también en la vida cotidiana. Los hábitos y
costumbres externos de una persona muestran su interior más que
muchas palabras. Para que la virtud interna se exprese a través de lo
externo Mercedes Tomasa deberá tener en cuenta la décima  Máxima:
“10. Acostumbrarla a estar formal en la Mesa”.
-San Martín valoraba la presencia de una persona, manifestada en su
forma de obrar y vestir sin grandes alardes, privilegiando lo interior
sobre lo exterior y superfluo. En los tiempos actuales, a menudo, la
moda y la vanidad rigen la forma que tienen muchas personas de
presentarse ante el mundo. Esta escala de valores quedó plasmada en la
decimoprimera Máxima: “11. Amor al Aseo y desprecio al Lujo”.

-La última  Máxima habla en forma directa del amor a la Patria y a la


libertad. La grandeza ciudadana del Libertador, manifestada en muchas
oportunidades, era una virtud que consideró imprescindible transmitir
como legado a su hija. Así lo expresa la décimosegunda Máxima: “12.
Inspirarla amor por la Patria y por la Libertad”.

El legado de José de San Martín a su hija Mercedes Tomasa,


expresado en las Máximas, excede a ella para llegar a través del tiempo
a todos los seres humanos amantes de la libertad, ya que su mensaje es
universal.
La educación y la cultura fueron para el Libertador instrumentos de
libertad, que debían llegar a las futuras generaciones. Por ello sostuvo
que “la ilustración y fomento de las letras es la llave maestra que abre
las puertas de la abundancia y hace felices a los pueblos”. 

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