Está en la página 1de 7

EL TESORO DE LA SEÑORA MOREJÓN

Ahora me pongo a contemplar en esta claridad de recuerdos aquellas barras de


plata, aquel oro que parecía llevar consigo todos los esplendores de lo inverosímil,
aquellos diamantes del tamaño de un huevo de paloma y tan claros, tan finos, que
no hubieran podido clasificar ni los orfebres.
En la vieja casa de mi abuelo, que de día perfumaban los naranjos y de noche
alegraba con intermitentes júbilos el alcaraván del trópico, oí contar este sucedido
a una de las señoras más doctas en la lectura del almanaque y más puntuales en
el rezo de la novena a San Caralampio. Se alzaba la señora los anteojos para
verme bien, mientras hilvanaba su relato, y yo me quedaba extasiado de oírla
parlotear cuando apenas se oía caer la sombra en los tejados y poco a poco se
encendían los candiles en aquella estancia que se me iba poblando de fantasmas
a medida que en el aire se abrían pupilas sonámbulas.
- Calladito – exclamaba ella -, que en estos momentos va pasando por el
patio el alma en pena de la señora Morejón.
¿Quién era esta señora que todas las noches era tan puntual y a quien yo ni
siquiera conocí de vista? Era una de las matronas de la ciudad de Yoro, que había
tenido entre sus antecesores a un representante en las célebres Cortes de Cádiz y
una fortuna capaz de permitirle viajes a la Habana en tiempos del General Tacón.
Tenía haciendas. Tenía muchos criados y se decía que a solas conversaba con el
Diablo, a quien había vendido el alma con ciertas condiciones. Hasta se
aseguraba que la firma del pacto con el mal ángel estaba rubricada con sangre de
sus venas.
-Una noche – prosiguió mi parienta – el joven morejón estaba entre dormido y
despierto. De pronto oyó pasos en la sala y sin temor el difunto que se le aparecía,
exclamó:
-De parte de Dios Todopoderoso, ¿eres de esta vida o eres de la otra?
-Soy de la otra y vengo a pedirle que me saque del infierno. Fui muy tacaño en
vida y ando en pena porque dejé enterrado mi tesoro. Mañana a temprana hora
vaya al patio que está en el fondo de esta casa y debajo del horno encontrará a
dos metros una cruz de madera. Esa es la señal de que pocos barretazos
bastarán para que halle el tesoro. Está en un arcón de hierro y es mi voluntad que
al sacarlo separe lo que necesite para que me mande a decir misas durante diez
años.
El difunto se alejó una vez que hizo la confidencia. Ya no pudo dormir el joven
Morejón, y apenas cantaron los primeros gallos y se asomó en el cielo el primer
brillo de la luz, se levantó a buscar el tesoro. A la hacienda más próxima envió
llamado urgente para que llegarán cuatro hambres resueltos, con barras, picos, y
azadas, y derribado el horno, comenzaron a cavar sin que supieran para qué.
Estaban cerradas las puertas de la casa y nadie podía entrar. Pero a eso de las
doce del día, fatigada en la vigilia, la señora Morejón, dando muestras de visible
inquietud, le dijo:
-Conviene que tomes un poco de reposo; esto va para largo, y yo me quedare
cuidando a los trabajadores.
Así lo hizo el joven, sin imaginarse la mala partida que se le iba a jugar. La
excavación continuó, acelerada, implacable. Tropezaron las barras con la cruz de
madera y pocos instantes después apareció la tapa del arcón fascinante. No había
duda ya: el tesoro estaba ahí, listo a mostrarse. La señora dio orden de que lo
llevaran a la orilla de un riachuelo para lavar lo que adentro había, y poco a poco
empezaron a surgir oro macizo, la plata en joyas, los diamantes labrados, toda
una realidad en deslumbramiento.
Y dándose prisa para no dar tiempo al sobrino, la señora Morejón hizo que
volvieran a enterrar el arcón, pero en otro sitio. Cuando el joven llegó al patio de la
casa, únicamente pudo ver el hueco en que había sido hallado el tesoro, y dando
grandes voces, se fue hacia donde le dijeron que se había lavado tanta cosa
preciosa. Nadie le podía dar cuenta del hallazgo fabuloso. La tía se había
escondido al mismo tiempo que el oro.
- ¡Me han robado mis joyas! ¿En dónde están mis joyas?
Maldecía. Se le salían de las orbitas los ojos. Estaba loco de remate. Poco tiempo
después murió.
-Pero lo más horrible de este caso –agregó mi parienta –es que los
remordimientos acosaron de tal modo a la señora Morejón que se le nublo la vista
y en su desesperación clamaba: ‹Esta por allí, pero no sé dónde. ¡Se me ha
perdido! ›.
Y señalaba con sus dedos temblones hacia el riachuelo embrujador, sin que nadie
señalara el sitio exacto en donde lo había vuelto a enterrar. Nadie ha podido
encontrarlo hasta la fecha, y dicen las gentes que es un tesoro tal que aquel que lo
vuelva a ver podrá viajar toda la vida, más allá de Cuba, y ser como el Marques
que el día que se bautizaron sus gemelos mandó a poner barras de plata desde la
puerta del palacio hasta el atrio de la catedral, mientras sus criados ponían reses
asadas y pipas de vino para que se hartaran siete días todos los que fueran
pasando.
RAFAEL HELIDORO VALLE. (libro: Tierras de pan llevar)
DESARROLLO.
1. Investigación. (Valor: 15%)

Indagar el significado de las palabras desconocidas del cuento “El tesoro de


la señora Morejón”. (palabras subrayadas en el cuento).
2. Técnica del lenguaje gráfico (Valor: 15%)

Instrucciones: después de leer el texto (El tesoro de la señora Morejón),


representarlo gráficamente mediante la técnica del lenguaje gráfico el cual
utiliza la imagen para comunicar y expresar.
3. Cuestionario. (Valor: 24%, 2% cada una)

1. ¿Qué evocaciones contempla en su mente el narrador al comenzar su


historia?
2. ¿Dónde se narra la historia de la señora Morejón?
3. ¿Quién cuenta la leyenda de la señora Morejón al narrador?
4. ¿Qué relación hay entre el narrador de la historia y la señora ilustrada
en la lectura del almanaque?
5. ¿A quién pertenece el alma que ronda el patio de la casa donde se da la
narración del cuento?
6. ¿En qué ciudad nació la señora Morejón?
7. ¿Cómo describe el narrador a la señora Morejón?
8. ¿Qué relación hay entre el joven y la señora Morejón?
9. ¿Qué le pide el difunto al joven Morejón?
10. ¿Describa el tesoro encontrado bajo el horno?
11. ¿De qué murió el joven Morejón?
12. ¿Cuál fue el castigo que recibió la señora Morejón?
4. Análisis del texto. (Valor: 10%, 2% c/u)

1. Según Juan Antonio Medina Durón, “los postulados básicos del Post –
Modernismo; es un Modernismo refrenado y vuelto a lo propio, así como
un “sencillísimo” que se traduce en el uso de la estampa lugareña (el
mejor ejemplo: Tierras de pan llevar, de Valle)”. ¿Encuentre dos
ejemplos en el cuento donde se pueda ver reflejado esa impresión
propia de nuestros pueblos? Luego expóngalos en el trabajo.
2. ¿Cuál es el tema principal del cuento?
3. Enumere los personajes del cuento.
4. ¿Qué tipo de ambiente ha creado Rafael Heliodoro Valle en el cuento?
5. Discuta con el grupo ¿Por qué los cuatro hombres que ayudaron a
encontrar el tesoro cavaron sin que supieran para qué? ¿y por qué las
puertas de la casa estaban cerradas y nadie podía entrar?
5. Perspectiva personal. (Valor: 10%, 2% c/u)

1. Si usted fuera el protagonista de este cuento, ¿En qué pensaría usted?


2. ¿Qué emociones y sensaciones ha tenido usted al leer este cuento?
3. ¿Qué emociones le suscitó a usted la lectura del cuento?
4. ¿Cree usted que la visión aquí presentada por el autor coincide con la
realidad hondureña?
5. Relate una pequeña anécdota similar a la del cuento.