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ESPARTA: INSTITUCIONES Y MODO DE VIDA1

CONSIDERACIONES PRELIMINARES:
A lo largo de la exposición nos referiremos a Esparta como una entidad política y
cultural, en torno a la cual se articulaban diversas instituciones y en la que convivían
diferentes grupos sociales e incluso étnicos. No obstante, los griegos la conocían como
Lacedemonia ( ), denominación que se aplicaba a toda la región que
gravitaba y dependía de la ciudad que era el auténtico epicentro del estado, Esparta,
mientras que sus ciudadanos recibían el nombre oficial de lacedemonios
( ). Sabemos que como símbolo distintivo los hoplitas llevaban en su

escudo una lambda ( ), la letra inicial del nombre de su estado y de su gentilicio; sin
embargo, este término engloba a veces también a los periecos, clase desprovista de
derechos políticos. Desde época romana la región recibió la denominación de Laconia
(aparece por primera vez en Plinio el Viejo, sabio latino del s. I d.C.), que aún hoy
ostenta.

ORÍGENES HISTÓRICOS DE ESPARTA:


A raíz de la migración de los dorios, una columna se extendió por el valle
superior del río Eurotas, que desemboca en el golfo de Laconia, y poco a poco penetró
aguas abajo hacia la fértil llanura ocupada por poderosas ciudades aqueas. El
nacimiento de Esparta tuvo lugar mediante un proceso de sinecismo ( )o

concentración de las cuatro aldeas originarias o (Pitana, Mesoa, Cinosura y


Limnas) en una sola entidad. A esta confederación se añadiría la aldea de Amiclas,
anexionada, no sin resistencia, por el rey Teleclo hacia el 750 a.C.2 La unificación
política no trajo consigo la construcción de murallas en torno a la ciudad, que no se
produjo hasta el s. III a.C., precisamente como signo de su declive. Según Plutarco (46-
119 d.C.), el rey Euripóntida Agesilao II, a principios del s. IV a.C., dijo mientras

1
Los libros de consulta básicos son: P. Cartledge, Sparta and Laconia. A Regional History 1300-362 BC,
Londres, Boston & Henley 1979; J. M. Casillas, La antigua Esparta, Madrid 1997 y C. Fornis Vaquero,
Esparta. Historia, sociedad y cultura de un mito historiográfico, Barcelona 2003. Para todo lo
relacionado con el ejército y la máquina de guerra espartana resulta imprescindible el libro de J. F.
Lazenby, The Spartan Army, Warminster 1985.
2
No parece que Amiclas fuese cultural o étnicamente diferente al resto de las otras cuatro aldeas, como
pretende Pausanias (fl. 143-176 d.C.) para quien Amiclas sería un enclave aqueo. No obstante al ser
incorporada más tarde conservó rasgos distintivos como por ejemplo el culto a Apolo/Jacinto en lugar del
culto a Ortia.

1
señalaba a sus ciudadanos armados: “He aquí las murallas de Esparta” (Mor. 210e), por
lo que parece evidente que los espartanos nunca sintieron necesidad de guarecerse de
manera especial, confiados como estaban en sus propias fuerzas.
Respecto a la llegada de los dorios, los griegos antiguos la identificaban con el
“retorno de los Heraclidas”, los descendientes de Heracles, quienes unos ochenta años
después de la guerra de Troya (Th. 1,12,3), o sea en el s. XII a.C., regresaron al
Peloponeso, la tierra de la que habían sido expulsados sus ancestros. Sin duda, esta
tradición mítica comenzó a forjarse en los inicios políticos del estado lacedemonio con
fines propagandísticos para justificar anexiones territoriales y engrandecer el linaje de
las dos familias reales -la de los Agíadas y la de los Euripóntidas-, que se consideraban
descendientes de Heracles, de los Heraclidas Eurístenes y Procles, respectivamente.3 Al
margen de los relatos míticos, los estudiosos actuales tienden a admitir que dicha
llegada se produjo bajo la forma de una migración gradual y no bajo la de una invasión,
en dos grandes oleadas principales: a comienzos y a finales del II milenio a.C. Es decir,
la invasión doria, que ya desde la antigüedad estuvo ligada al concepto de superioridad
racial,4 se ha de reducir a un conjunto de leyendas genealógicas y de artificios privados
de peso histórico, como por ejemplo las listas de los primeros reyes, que no presentarán
un mínimo de rigor hasta mediados del s. VI a.C.
Las tres tribus dorias de los hileos, dimanes y pámfilos, citadas por primera y
única vez por Tirteo (fl. c. 650 a.C.) en su fr. 19,8, debían de proceder del noroeste de
Grecia (Épiro e Iliria), zonas que en gran parte habían quedado al margen de la cultura
micénica. La etimología del etnónimo “dorio” no es clara y su relación con la Dóride,
región de Grecia central, sea probablemente una invención propagandística que se ha de
datar como mínimo en el s. VII, ya que ya aparece en el fr. 2,14 de Tirteo. La fecha de
los asentamientos dorios en lo que luego sería Esparta es una cuestión muy debatida,
pero gracias a la cerámica se puede ofrecer como terminus post quem el c. 950 a.C. Esta
fecha contradice el mito del “retorno de los Heraclidas”, que se tuvo que producir, como
ya se indicó, en torno al XII a.C. Por otra parte, es prácticamente imposible saber qué

3
Según otra tradición, las dos casas reales provendrían de Aristodemo, el Heraclida que ocupo Laconia al
regreso de su linaje a las tierra de sus antepasados, cuyos hijos serían los gemelos Eurístenes y Procles,
Existe también otra variante, de acuerdo con la cual las dos casas reales tomarían su denominación a
causa de sus fundadores epónimos, Agis y Euriponte (o Eurifonte), respectivamente hijos de Eurístenes y
Procles, con lo que hemos de conjeturar que éstos últimos no habrían llegado a reinar. Sobre las listas
reales, vid. en Cartledge (1979: 341-346) el tercer apéndice: “The Spartan king-lists”.
4
El mito racial de Esparta ha sobrevivido en el imaginario europeo, como corroboran las palabras de
Adolf Hitler quien veía en Esparta “el ejemplo más iluminador de estado con base racial de la historia de
la humanidad”.

2
ocurriría entre la fecha de estos primeros asentamientos (c. 950 a.C.) y la conquista, o
más bien asimilación, de Amiclas; sin embargo, se puede conjeturar que estos primeros
colonos serían probablemente pastores trashumantes5 que comenzaron a practicar una
agricultura centrada especialmente en el olivo, árbol que permite que el terreno en que
se enclavan sea cultivado a su vez (cultura promiscua). Sería en esta época (s. X a.C.)
cuando los dorios sometieron por la fuerza a la población local, dando lugar a la clase
servil de los hilotas laconios.6
A lo largo de este período, Esparta debió de iniciar la incorporación
relativamente pacífica de comunidades que no mostraron resistencia o cuya oposición
fue menor que en el caso de los hilotas. Los habitantes de estos asentamientos estaban
sometidos a un estatuto de dependencia respecto a Esparta y son conocidos como
“periecos” (“los habitantes de los alrededores”). Sin embargo, los orígenes de esta clase
social y su proceso de formación son aún controvertidos y no existe una explicación
convincente.
Así pues, tras la llegada y sometimiento de la región de Laconia, en donde se
enclavaba Esparta, los dorios se expandieron hacia el oeste por la vecina y fértil
Mesenia en varias guerras, reduciendo a su población a la esclavitud, pasando a
configurar la clase de los hilotas mesenios: la primera (c.735-c.715) en la que se llevó a
cabo la conquista por parte del rey Teopompo, fue de extremada dureza y tuvo como
último escenario la desesperada resistencia mesenia en el monte Ítome, que se
convertiría en un símbolo para los mesenios. La causa de este primer enfrentamiento
debió de ser la escasez de tierras propias productivas y el mal reparto de las mismas,
fenómeno típico de la Grecia arcaica conocido como . En la segunda
confrontación (c. 660), que fue el resultado de una revuelta contra los espartanos que
fue violentamente reprimida; parece ser que los mesenios aprovecharon para rebelarse

5
Según Cartledge (1979: 94 s.) el término que significaba según Hesiquio
“rebaño de muchachos” y que se empleaba entre los espartanos para designar las clases en las que se
dividían a los jóvenes por edades con fines educativos, sería una reminiscencia de esta época de pastoreo.
6
Vid. Cartledge (1979: 93-97). El término “hilota” no presenta una etimología clara, pero el historiador
británico se decanta por una raíz que en griego significa “tomar, coger, capturar” y que aparece en el
aoristo . Así pues nos encontraríamos ante una alusión a que los hilotas, al igual que otras
poblaciones serviles del mundo griego, habían sido sojuzgadas mediante la conquista. Según casi todos
los autores antiguos, provendría de la ciudad de Helos, topónimo que está relacionado con la voz ,
que se referiría a los pantanos y marismas que habría originariamente en aquella zona. Sus habitantes, una
vez convertidos en esclavos al ser tomada la ciudad por el rey Agíada Alcamenes (hacia 735-730),
habrían dado origen al término. Esta interpretación antigua es incorrecta, aunque quizás oculte su parte de
verdad, pues, como Cartledge (1979: 97) sugiere, tras esta falsa etimología tal vez nos hallemos ante una
referencia a que en la fértil región de Helos se concentraba el mayor número de hilotas laconios.

3
la inestabilidad interna que vivía Esparta en esos momentos. Esta guerra supuso la
anexión total de Mesenia, aunque el proceso no fue inmediato y se prolongaría a lo
largo de todo el resto del s. VII a.C. Se habla también de una tercera guerra mesenia que
empezó en 464 a.C. y durante varios años sacudió los cimientos de Esparta. En el año
464 a.C. se produjo un gran terremoto en Laconia; como consecuencia del desastre, los
hilotas mesenios, junto con algunos hilotas laconios y las comunidades periecas de
Turia en Mesenia y de Etea en Laconia, se sublevaron.
La expansión espartana se circunscribió a la zona del Peloponeso y no sintió, a
diferencia de otras , la necesidad de fundar colonias ( ) allende sus
fronteras. Las dos únicas excepciones son Taras (la actual Tarento) en el sur de Italia a
finales del s. VIII a.C.7 y Heraclea, en plena guerra del Peloponeso, en la Dóride la
región que los dorios reclamaban como su solar originario. Esto no impidió que el poder
e influencia espartanos promovieran en el período clásico a una serie de ciudades
(Citera, Melos, Cnido…), con las que existían estrechas relaciones aunque ninguna
clase de parentesco, a la consideración de colonias honorarias.
* * * * *
El continuo estado de disturbios entre la clase doria dominante y la población
dependiente perduró en el valle del Eurotas más tiempo que en ninguna otra parte de la
península del Peloponeso, debido a esto Esparta se habituó durante generaciones a una
vida de campaña y en pie de guerra, lo cual dio nacimiento a un Estado militar, que
estaba continuamente en disposición de entrar en combate. La organización de esta
comunidad, que difiere en gran parte de la de los demás estados helenos, se consideró
más tarde como obra del sabio legislador Licurgo, figura casi mítica.
* * * * *
LICURGO Y LA GRAN RETRA:
Plutarco abre su Vida de Licurgo con la siguiente frase, tan explícita y
significativa: “Nada absolutamente que no esté sujeto a dudas puede decirse acerca del
legislador Licurgo”.
Según la tradición, Licurgo fue el fundador de la mayoría de las instituciones
espartanas y el padre del ordenamiento político del estado. Según Heródoto (1,65,2)
Licurgo trajo de Delfos la “buena ley” ( ), conocida como la Gran Retra . A

7
Taras fue fundada por los , un grupo social marginado cuyo origen exacto se nos escapa,
aunque en líneas generales se puede afirmar que eran hijos de madre espartana y de padre no-espartano y
que habían sido procreados durante la ausencia de la élite guerrera a causa de la primera guerra mesenia.

4
Licurgo le fueron atribuidas todas las medidas legislativas, salvo alguna excepción
como Helánico de Lesbos (fl. s. V a.C.) que adscribía las normas de conducta (el
estricto espartano) a Eurístenes y Procles, los fundadores de los dos linajes
reales. No obstante, es evidente que las disposiciones y leyes de Licurgo son en realidad
el resultado final de un largo proceso que supera con creces la vida de un hombre.
Así, el sabio legislador procedería la reparto original de la tierra en 9.000 lotes
( ) iguales para todos los espartiatas -inalienables y hereditarios de manera

forzosa en provecho del primogénito-,8 crearía el Consejo de Ancianos ( ), la

Asamblea del Pueblo ( ), e incluso quizá también la eforía ( ), aunque


a este respecto ya los antiguos griegos discrepaban. También se remontaría a Licurgo la
institucionalización de la o sistema educativo espartiata y pieza clave del
estado y de su particular idiosincrasia, pues en torno a ella se articulaban aspectos
fundamentales de la vida del ciudadano espartano, como eran las comidas diarias de
carácter comunitario ( ), o los ritos de iniciación de la juventud comprendidos

en la , una comisión secreta en la que estaban obligados a participar los


mejores de entre los jóvenes espartanos y que tenía como objetivo fomentar la astucia,
fuerza e inteligencia de una élite destinada a dirigir el estado.
No es extraño que este personaje, del que prácticamente no poseemos noticias
anteriores al s. V a.C.,9 haya llevado a la historiografía moderna a cuestionar seriamente
su historicidad. El silencio a propósito de Licurgo es especialmente flagrante en el caso
del poeta Tirteo, autor básico para el conocimiento de las instituciones y de la vida en
Esparta. De admitirse la existencia de Licurgo, su floruit, su , era ya un tema
controvertido en la Antigüedad. Por ejemplo, Jenofonte (431-350 a.C.) lo consideraba
contemporáneo a los Heraclidas (Lac. 10,8) mientras que el gran Aristóteles (384-322
a.C.) lo sitúa en la época de la primera Olimpíada en 776 a.C. (Pol. 1271 b24). Plutarco
(Lyk. 3,6) ofrece diversas fechas aunque se inclina por considerar que fue tutor-regente
de Carilo durante la minoría de edad del monarca Euripóntida, que reinó hacia 750 a.C.

8
Esta afirmación, comúnmente aceptada, respecto a la herencia del a favor del primogénito para
evitar su parcelación, ha sido puesta en duda recientemente gracias a estudios estadísticos simulados
mediante ordenador. Parece ser que las propiedades se repartían entre todos los hijos, incluidas las
mujeres, quienes recibirían aproximadamente la mitad de tierra que su(s) hermano(s). Vid. Fornis (2003:
253 s.)
9
La primera referencia se encuentra en un fragmento (FGrH 596 F 12) de Simónides de Ceos (c. 556-c.
468? a.C.), poeta a quien debemos el famoso epitafio en honor a los caídos en el paso de las Termópilas.

5
De haber existido, pudo vivir, según varias opiniones entre el 1100 a.C. y el 750 a.C.,
aunque lo más correcto según la historiografía moderna sería situarlo en el s. IX a.C.10
De su vida las fuentes nos narran que pertenecía a la realeza, aunque discrepan
en lo referente a la casa real, según Heródoto sería Agíada pero de acuerdo con Plutarco
sería Euripóntida. Según Plutarco, Licurgo aplicó los conocimientos aprendidos en sus
viajes por los países más civilizados, entre los cuales se incluyen Creta11 y Egipto,
además introdujo los poemas homéricos en Esparta. Un rasgo más que incita a pensar en
el carácter legendario de la figura de Licurgo es su monoftalmia, compartida con otros
legisladores de la época arcaica como Zaleuco y Oxilo (Plu Lyk. 1). Por otra parte,
Heródoto (1,66,1) nos transmite la noticia de que a su muerte se le tributaba culto en su
templo de Esparta, elevado a la categoría de héroe fundador ( ).
El enunciado de la Constitución lacedemonia, la Gran Retra –para distinguirlas
de otras de menor importancia que aparecerán posteriormente-12 ha sido preservada por
Plutarco (Lyk. 6,1-2), que se basa en la perdida Constitución de los Lacedemonios de
Aristóteles. Además el fr. 3 de Tirteo es considerado como una paráfrasis del texto de la
Gran Retra. En estos dos textos se mencionan de manera sucinta las instituciones
básicas de Esparta, como son la realeza encarnada en dos casas gobernantes, el consejo
de ancianos y la asamblea del pueblo, sin embargo no se hace mención de la eforía, la
magistratura más poderosa de la Esparta clásica. El silencio, especialmente en Tirteo
que es el testigo más cercano en el tiempo a la Gran Retra histórica, se puede explicar
por el hecho de que en época del poeta la eforía aún no tuviese el peso que luego
revestiría o quizá debido a que se trata de un texto que ensalza a la realeza, por lo que
no se adaptaría bien al carácter del texto la referencia a una institución popular que
coartaba el poder real. Según Aristóteles (Pol. 1313 a 26-33) y Plutarco (Lyk. 7,1-2) la
eforía fue una creación del rey Euripóntida Teopompo a finales del s. VIII a.C., como
un mecanismo de preservación de la monarquía dual o diarquía en Esparta, ante las
fuertes tensiones que oprimían la sociedad espartana, aun a costa de perder parte de su
poder.13

10
Vid. Cartledge (1979: 94).
11
De acuerdo con una tradición, Licurgo no traería la Gran Retra de Delfos, por mediación de la pitia,
sino de Creta, isla con cuyo sistema político Esparta guarda no pocas semejanzas.
12
Cartledge (1979: 57) nos refiere la existencia de una retra apócrifa que prohibía en Esparta la fijación
escrita de las leyes, permitiéndose únicamente el registro escrito de los oráculos y de listas de nombres
importantes (vencedores en los grandes festivales religioso-deportivos, éforos epónimos y reyes).
13
Cartledge (1979: 134), aventura que los reyes Polidoro y Teopompo pudieron ser los autores de la Gran
Retra o al menos quienes la pusiesen en vigor.

6
Al margen de estos dos textos fundamentales, los principales elementos que las
fuentes y el imaginario griegos nos transmiten como parte integrante de la constitución
de Licurgo, que casi con toda seguridad no se han de adscribir a él, son:
-Subordinación de todos los intereses privados al bien público.
-Imposición de una estructura social basada en la vida militar.
-Educación de la juventud supervisada por el Estado.
-Sobriedad en la vida privada y en las costumbres espartanas.
* * * * *
En suma, esta constitución no fue sólo obra de un reformador, sino el resultado
de una serie de reformas sucesivas por las que Esparta se adaptaba a las inexorables
consecuencias de la política de conquista y probablemente se ha de poner en relación
con las medidas drásticas que se tuvieron que adoptar como respuesta a los problemas
que sufrió Esparta hacia mediados del s. VII a.C., como fueron entre otros la severa
derrota sufrida ante los argivos en Hisias en la Argólide en 669 a.C. -que tuvo como
consecuencia el asesinato de Polidoro, el rey Agíada vencido, a manos de un noble
descontento llamado Polemarco-, y las revueltas de hilotas que originarían la segunda
guerra mesenia. De esta manera, sentadas las bases organizativas y una vez garantizado
el dominio total de la feraz Mesenia, la cual junto con las tierras aporta la mano de obra
esclava de los hilotas mesenios, Esparta alcanzará una madurez política en la que se
dará una identificación plena entre cuerpo político y militar, entre ciudadano y hoplita,
fenómeno únicamente posible por la existencia de una gran masa de mano esclava que
cultive la tierra y permita al ciudadano libre entregarse al oficio de la guerra, actividad
primordial del espartiata.
* * * * *
LA GRUPOS SOCIALES Y SUS NORMAS:14
Los :

Los (“iguales” o “semejantes”), que recibían este nombre en razón de su


teórica igualdad socioeconómica, eran los ciudadanos libres varones pertenecientes a la
comunidad dórica dominadora, de más de treinta años y con plenos derechos civiles y
políticos. Este grupo hegemónico se presenta como una élite selecta, minoritaria y sin

14
Vid. Casillas (1997: 46-62) y Fornis Vaquero (2003: 245-272). Sobre los hilotas y los periecos, vid.
Cartledge (1979: 160-195) y sobre los vid. Cartledge (1979: 312-315).

7
fisuras aparentes, frente a una nutrida y heterogénea masa dependiente, que ejerce una
considerable presión demográfica e ideológica.
Convencionalmente las fuentes emplean los términos y
como sinónimos, aunque sería conveniente hacer una matización: mientras que la
condición de era inherente al nacimiento del individuo, la ciudadanía

plena que lo consagraba como un se adquiría tras haber superado la y

se podía perder por vender el , mostrar cobardía, cometer un delito o no poder

hacer frente a los gastos correspondientes a las . Los ciudadanos que


incurrían en alguno de estos casos constituían una clase de semiciudadanos, los
, que poseían derechos civiles, pero no políticos, y que en lo sucesivo
transmitirían esta categoría social a sus descendientes.
Respecto a las comidas comunes, conocidas como , aunque también

como o , éstas se celebraban diariamente a la caída de la

tarde y reunían a los con el fin de reforzar los vínculos de camaradería y de


sentimiento de clase. Como la mayor parte de las instituciones, el imaginario espartano
la hacía remontar a Licurgo (Hdt. 1,65,4-5; X. Lac. 5,2). Al margen de las tradiciones
espartanas, lo más probable es que esta institución naciera en el seno del ejército, como
parece indicar uno de los sinónimos, , que significa “lo que se realiza (sc.
ritos, fiestas, comidas, etc.) en una tienda común”, y que nos retrotraería a las campañas
militares en las que las comidas comunitarias constituirían una parte fundamental de la
convivencia cotidiana. La dieta de estos banquetes solía ser bastante sobria, aunque no
escasa, y se caracterizaría por la ausencia de alimentos exóticos. Cada comensal tenía
que aportar una cantidad mensual estipulada de alimentos (cebada, vino, queso, higos) y
una pequeña contribución pecuniaria, con la que se adquiriría carne de cerdo la cual
condimentada con una salsa a base de sangre, sal y vinagre –sin ningún tipo de especia-
constituiría el plato principal, la famosa “sopa negra” ( o

), un plato que causaba repugnancia a cualquier griego un tanto más refinado


(Plut. Lyk. 12,12-13 y Mor. 236 f).15 A pesar de la intención igualitaria, algunos
comensales se permitían el lujo de contribuir a la mesa con alimentos de mayor calidad
(como por ejemplo pan de trigo, en lugar del habitual de cebada), con la indudable

8
finalidad de ganar prestigio. A diferencia de los del resto del mundo griego,
en estos banquetes comunitarios los comensales no acababan ebrios, en cambio los
hilota, que atenderían las mesas, sí ingerían vino en abundancia –en muchos casos bajo
coacción- hasta el punto de cantar y de ejecutar danzas grotescas, que servirían de
ejemplo a los jóvenes en período de formación que asistían a las , para no
incurrir en los excesos del vino, en vista de sus efectos. A pesar del carácter cerrado de
la sociedad espartana, se sabe de la presencia de ilustres visitantes extranjeros en estos
banquetes, como sucedió con los hijos del historiador ateniense Jenofonte o del también
ateniense, el general y estadista Foción (c. 402–318 a.C.) Quienes estaban totalmente
excluidas eran las mujeres, incluidas las hetairas, debido -según Platón (Leg. 780c-
781c)- a su naturaleza indisciplinada y anárquica. Finalmente señalar, que la
participación en las era obligatoria y la ausencia sólo era excusable si se
estaba realizando un sacrificio o cazando, en cuyo caso había que enviar las primicias
del sacrificio o parte de las capturas obtenidas. Por su parte los reyes disfrutaban de
doble ración de alimentos y de la posibilidad de no asistir a los mismos de modo que
recibían en su palacio la parte correspondiente; no obstante, estas prerrogativas reales
fueron cayendo en desuso conforme la autoridad de los diarcas fue menguando a
consecuencia del mayor control de los demás órganos de gobierno sobre la diarquía.
Uno de los problemas que afectó de manera más preocupante a la comunidad de
ciudadanos libres fue la disminución progresiva de su número, el cual fue descendiendo,
paulatina pero inexorablemente, desde el s. VIII a.C. Este fenómeno, al que se refiere
Jenofonte al inicio de su República de los Lacedemonios, recibe el nombre de
(“ausencia de hombres” en sentido genérico sin distinción de sexos) o,

con mayor propiedad, de (“ausencia de varones”).


Las cifras, de acuerdo con las fuentes, que nos muestran el progresivo declive de
la población de los en los últimos 100 de esplendor de Esparta, son las
siguientes:16 los 8000 de 480 (Hdt. 7,234,2), que coincidirían con los 5000 hoplitas
espartiatas que batallaron en Platea, en 479 (Hdt. 9,10,1; 11,3; 28,2; 29,1); pues se

15
De nuevo Adolf Hitler, en su delirio ario y pretendiendo emular las costumbres de los espartanos, llegó
a hacerse preparar este “manjar”.
16
A propósito de la consunción interna de la clase de los ciudadanos libres, vid. en Cartledge (1979: 307-
318) el capítulo 14: “The decline of Spartiate manpower”. Las cifras en muchos casos dependen de
interpretaciones personales, por lo que éstas varían según los autores, por ejemplo Fornis (2003: 246 s.)
ofrece otros números. Sin embargo, a pesar de las variaciones, la conclusión es clara: la élite espartana se
enfrentó de manera endémica con el serio problema de la .

9
habrían de contabilizar las fuerzas de reserva y los veteranos que quedaron en la ciudad
con lo que se llegaría a unos 8000. Poco más de medio siglo después, en el transcurso
de la guerra del Peloponeso, participaron unos 3500 en la batalla de Mantinea en 418
(según la interpretación de Cartledge de Thuc. 5,68). En la centuria siguiente, en el 394
se contabilizan aproximadamente 3500 (datos extrapolados de Xen. Hell. 4,2,16), que se
habían reducido en 371, en la batalla de Leuctra, saldada con una derrota espartana, a
menos de 1500 antes del combate y a unos 900 después (Xen. Hell. 6,1,1; 4,15,17), que
coinciden con el millar de de los que habla Aristóteles a mediados del s. IV a.C.
Este alarmante declive lo confirma el historiador Plutarco (Agis 5,6) quien señala que
hacia el 244 a.C. -durante el reinado del Euripóntida Agis IV- los no eran más

de 700 de los cuales sólo un centenar poseía los , con lo que en realidad nos
encontraríamos ante un pequeño núcleo de terratenientes en oposición a los restantes
600 que habrían hipotecado sus parcelas, pero no vendido, conservando así su
ciudadanía plena, aunque de manera bastante precaria.
No hay una única causa que explique esta que acabaría
llevando a Esparta a la ruina, sino que responde a varios factores. En primer lugar la
elevada mortandad provocada entre la población masculina adulta como resultado de las
continuas guerras, agravada por el seísmo del 464 a.C. Además, como segunda causa se
han de añadir las dificultades de la clase dominante de reproducirse con facilidad,
debido a algunos condicionantes culturales, como la homosexualidad muy extendida,
los matrimonios tardíos y, finalmente, la endogamia y eugenesia practicadas entre un
grupo muy selecto de familias, etc. En tercer lugar, están las diferencias económicas
entre los que se agudizaron a partir del primer tercio del s. IV a.C., como
consecuencia de la hegemonía espartana que enriqueció a unos pocos y empobreció a
una mayoría.17
Para remediar esta amenazadora y progresiva consunción demográfica de la
élite, el estado espartano promulgó leyes que otorgaban privilegios a los espartiatas que
tuvieran al menos tres hijos, que venían a complementar la obligación de contraer
matrimonio que pesaba sobre los ciudadanos plenos. Asimismo, se multaba y castigaba
a los que no se casaban ( ) o lo hacían demasiado tarde (

17
Para Cartledge (1979: 316-317) la concentración de riqueza, especialmente de tierra, en manos de unos
pocos sería el agente clave de la agudización de la . El historiador británico sigue en

10
). A los solteros ( ) se les imponía una sanción económica y se les
sometía a diversas vejaciones, como por ejemplo obligarles a bailar desnudos en
invierno en al ágora, ante la mofa de las muchachas mientras entonaban canciones en
las que proclamaban su culpa por desobedecer las leyes. Respecto a las mujeres,
sabemos por Plutarco (Lyk.27,3) y por las dos inscripciones femeninas que a las mujeres
que morían en el parto no se les aplicaba la prohibición de grabar su nombre en la
tumba. Por otra parte, la fue también la causante de que las filas
hoplíticas se abrieran a los periecos e incluso a los hilotas.
La llego a ser tan preocupante a mediados del s. III a.C. que el
rey Agis IV, de la casa de los Euripóntidas, emprendió la arriesgada tarea –que le
costaría la vida- de restaurar la constitución de Licurgo, por lo que canceló las deudas
que gravaban los y distribuyó las tierras laborables en 4500 lotes, con lo que

concedió la plena ciudadanía a los antiguos ciudadanos que habían caído


en desgracia y habían perdido sus derechos políticos, a periecos distinguidos por sus
cualidades físicas y morales, e incluso a extranjeros, en su mayoría mercenarios. Agis
contaba con la riqueza de su madre Agesístrata y de su abuela Arquidamia –que a la
postre tras la ejecución de Agis IV, también serían condenadas a muerte-, pues no era
infrecuente que en Esparta las mujeres espartiatas poseyeran una fortuna personal,
prueba de la consideración de la gozaban en el seno de la sociedad. El rey de la casa
Agíada, Leónidas II, que no estaba de acuerdo con las reformas, fue depuesto18 y
sustituido por Cleómbroto II, el cual, a pesar de ser cuñado de Leónidas, apoyaba los
planes de Agis IV. Leónidas II hubo de salir finalmente a un breve exilio, una vez que
fracasaron los intentos de los éforos intentaron para restaurarlo en el trono. En el año
241 Agis IV hubo de salir de Esparta a petición de sus aliados para combatir contra los
etolios, con lo que las reformas quedaron aplazadas sine die. A su vuelta de la campaña
militar, Agis IV comprobó como Leónidas II había retomado el poder, por lo que

cierto modo la opinión de las fuentes clásicas que culpaban a la avaricia materialista de la caída de
Esparta.
18
Agis IV se buscó un instrumento divino para derrocar a su adversario, pues recurrió a la prerrogativa de
los éforos de escudriñar cada nueve años los cielos para buscar estrellas fugaces, que en caso afirmativo
sería un signo de que uno o los dos reyes había(n) airado a los dioses, quedando al arbitrio del oráculo de
Delfos determinarse era(n) digno(s) o no del trono. Lisandro, uno de los éforos, afirmó haber visto una
estrella fugaz y culpó únicamente a Leónidas. Así a través del siempre antojadizo y sobornable oráculo,
Leónidas fue depuesto

11
decidió acogerse como suplicante en el templo de Atenea Calcíeco en la Acrópolis. 19
Agis IV fue traicionado por uno de sus camaradas y encerrado en prisión, donde fue
condenado a muerte por los éforos y los gerontes que le eran contrarios. Fue ahorcado
en una celda a espaldas del pueblo que se congregaba ante la cárcel para reclamar un
juicio justo.
A partir del 241 a.C. Leónidas II reinará en solitario hasta su muerte, por lo que
se podría hablar ya de monarquía en lugar de diarquía. A su vez, para hacerse con el
patrimonio de la viuda de Agis IV, la bella Agiatis, la había casado a su hijo Cleómenes
de manera ilegal, pues aún era joven para casarse. En suma, mediante este matrimonio
se puede hablar de extinción de la rama patrilineal de los euripóntidas en beneficio de la
agíada. (Plu. Cleom. 1,1-2). En el año 235 a.C. Cleómenes III sucede a su fallecido
padre. Según Plutarco el joven rey pronto fue receptivo tanto a las ideas de su mujer,
Agiatis, que quería mantener viva la labor de su primer esposo, como a las del filósofo
estoico Esfero de Borístenes, que había escrito sobre Licurgo y había dejado una fuerte
impronta en el rey durante su estancia en Esparta; ambas influencia impulsaron al
aguerrido Cleómenes II a restaurar, retomando el testigo de Agis IV, el prístino
licurgueo, aunque en realidad lo que hizo fue servirse del sacro nombre de
Licurgo, para asumir de manera casi absolutista el poder. En 228 a.C., Cleómenes III
había conseguido traer Arquidamo, hermano de Agis IV, de su exilio mesenio con el
claro objetivo de restaurar la casa de los Euripóntidas y, por consiguiente, la diarquía;
pero Arquidamo fue asesinado al poco tiempo en extrañas circunstancias.20 Para evitar
mayores problemas, el rey ordenó matar a los éforos –murieron cuatro, el quinto se hizo
pasar por muerto y se refugio en el templo del Miedo ( )- y abolió la eforía, y
recortó los poderes del consejo de ancianos, cuyos miembros verán su cargo limitado a
un año. Asimismo, creó ex novo el colegio de los , que vino a sustituir a la
eforía como máxima magistratura. Esta magistratura estará compuesta por seis
miembros -uno de los cuales será el y dará nombre al año- cuya función
será la de salvaguardar la ley ancestral. Cleómenes III condonó las deudas, redistribuyó

19
Cleómbroto II se refugió en el templo de Poseidón en el cabo Ténaro y logró salvar su vida gracias a su
esposa, Quilonis, hija de Leónidas II, la cual si bien en un primer momento había tomado partido por su
padre en contra de su esposo, ahora intercedía por su esposo y se aprestaba para acompañarlo al exilio.
(Plu. Agis 16-18,3).
20
Cleómenes III “reinstaurará” la diarquía aunque de manera sólo nominal, pues se sustentará solo en el
linaje de los Agíadas, ya que optó por su hermano Euclidas, en detrimento de los hijos dejados por
Arquidamo. Por otra parte, el hijo de Agis IV había muerto sin que se sepan las causas exactas.

12
la tierra en 4000 lotes con el consiguiente aumento del número de ciudadanos, que
conformarán un ejército renovado siguiendo las pautas macedonias, como por ejemplo
mediante la adopción de la , la pica larga de las falanges macedonias, que
sustituyó a la tradicional lanza hoplítica. Todas estas reformas fueron adoptadas en un
período convulso en el contexto de la política exterior, en el que Esparta ya muy
debilitada como potencia batallaba continuamente contra la liga aquea para mantener
sus posiciones en el Peloponeso; como consecuencia de la toma por parte de Esparta de
algunos enclaves importantes, entre ellos Argos, la liga aquea a las órdenes de Arato de
Sición21 llamó en su ayuda al rey macedonio Antígono Dosón, que derrotó a Cleómenes
III en Selasia, al norte de Esparta (222 a.C.). Esparta pasó a convertirse en un aliado
macedonio, con lo que se sometía por primera vez en su historia a un conquistador
extranjero, y Cleómenes III huyó a Egipto, a la corte de Ptolomeo III,
(“Benefactor”), donde estaban su madre e hijos como rehenes exigidos a cambio de la
ayuda financiera solicitada para hacer frente a los gastos militares. A la muerte del rey
lágida, su sucesor Ptolomeo IV, (“El que ama a su padre”), lo envió a
prisión, de donde Cleoómenes III huyó en 219 a.C. y, tras fracasar en un intento de
revuelta en Alejandría, se suicidó.
Los años que siguieron al exilio de Cleómenes III se caracterizaron por el estado
de continua entre los que querían mantener vivo el legado de cleoménico y
aquéllos que se vieron beneficiados por Antígono Dosón, que anuló las reformas
anteriores. En este turbio período, algunas familias ricas llegaron a hacerse incluso con
la púrpura real, aunque este último extremo no está plenamente confirmado por las
fuentes. En este contexto, a finales del s. III a.C. surgirá la figura de Nabis (†192 a.C.),
el último dirigente de una Esparta independiente (207-192 a.C.), sobre cuyo origen las

21
La liga aquea era una confederación que inicialmente congregaba a las diez aqueas del norte del
Peloponeso y se trataba de una reorganización acontecida en 280 a.C. de una liga anterior del s. IV a.C.,
formada por doce ciudades de la misma área geográfica y creada para la defensa de sus integrantes. La
liga aquea, bajo el mandato de Arato de Sición (271-213 a.C.), incorporó nuevas ciudades (entre ellas
Sición e incluso otras no aqueas) y experimentó un gran impulso. Su principal misión era expulsar a los
macedonios del Peloponeso Una vez que se alcanzó este objetivo en c. 228 a.C., el enemigo a batir era
Esparta, la cual bajo los ataques de Cleómenes IIII, llegó a poner en serio peligro la liga, razón por la que
llamaron al rey macedonio, quien tras vencer a Esparta se rehizo con el poder en la zona. Posteriormente,
los aqueos se pondrían al lado de Roma (198 a.C.) en una alianza contra Macedonia; no obstante, la liga
entraría en conflicto con la expansionista Roma, la cual disolvió la liga en 146 a.C., tras haberla
derrotado.

13
fuentes, que le son adversas en su totalidad, guardan un silencio absoluto.22 Nabis
adoptó el título de rey y los poderes absolutos de un monarca helenístico, prescindiendo
no solo de colega sino de cualquier tipo de institución tradicional; reorganizó le ejército
con la contratación de mercenarios e incorporó nuevos ciudadanos, adoptando la
revolucionaria y temida medida de liberar hilotas, aunque resulta imposible saber en qué
términos y en qué grado se produjo esta manumisión. Envuelto en continuas guerras, en
las que cada vez la presencia de Roma se hace más evidente, Nabis es reconocido por
los romanos, en la figura del general Titus Quinctus Flaminius, como legítimo monarca
espartano. No obstante, los romanos no respetarán este acuerdo y, haciéndose pasar por
los libertadores de Grecia, declararán el derecho de autonomía de todos los griegos de
Europa y Asia, y acusarán a Nabis de tirano. Finalmente con el telón de fondo de
continuos conflictos, Nabis caerá asesinado a manos de sus supuestos aliados etolios, en
un intento de éstos por precipitar la guerra entre Roma y Antíoco III de Siria, quien
pretendía invadir Grecia para expulsar a los romanos, pues Nabis estaba en contra de la
incursión de Antíoco. Sea como fuera, los romanos a la postre se harían con el control
total sobre Grecia en 146 a.C. tras la aniquilación de Corinto en un acto de poder, para
dejar claro quiénes eran los nuevos dominadores.
* * * * *
Hilotas y periecos:
Los hilotas ( ) constituían el fenómeno más conocido de esclavitud
colectiva de una población, ya que la mayoría de los hilotas tenían un origen mesenio –
por lo tanto eran dorios como los espartanos–, consecuencia de la conquista espartana
de su territorio por la violencia. También, aunque en bastante menor número, existían
hilotas laconios, que a diferencia de los primeros carecían de la conciencia nacional de
los primeros, probablemente porque fueron esclavizados en fecha muy temprana, en
torno al s. X a.C., por lo que habrían olvidado su carácter de nación. De todas maneras,
el origen étnico exacto de los hilotas aún plantea interrogantes.
En lo relativo al régimen de propiedad, el hilota aparece ligado a la gleba, a la
tierra que trabaja, la de su amo espartiata que lo vigila, castiga e incluso puede venderlo
dentro de la colectividad espartana. Se sabe de algunos hilotas –en particular mujeres–
destinados al servicio doméstico y personal, concubinato incluido en el caso femenino.

22
Lo más probable es que nos encontremos ante un rey legítimo al que una tradición hostil proclive a
Roma -Polibio (c. 200 - c. 118 a.C.) nos lo describe casi como un monstruo- ha representado como un
déspota totalitario, cuyos actos sólo responden a una desmedida.

14
A diferencia de lo que sucede con la esclavitud mercancía o de compraventa, en la que
el esclavo tiene un contravalor monetario, en el caso de los hilotas éstos pertenecían al
estado, el cual coartaba el derecho de propiedad individual mediante disposiciones
especiales, como las que prohibían su venta fuera de las fronteras laconias o su
manumisión a título individual.
De acuerdo con la estética y la propaganda espartana, la degradación física y
moral de los hilotas debía percibirse en su cabeza afeitada (los espartanos llevaban el
pelo largo) y en su vestimenta, compuesta por una tosca prenda de cuero y por un gorro
de piel de perro ( ), indumentaria distintiva que tenían que llevar si no querían ser
condenados a muerte y sus amos multados. Además el trato que recibían tenía que ser
humillante: cada año tenían que recibir un cierto número de azotes, hubieran cometido o
no ninguna falta, para que no olvidaran su condición de esclavos; por otra parte, en las
comidas colectivas se les embriagaba para que su conducta sirviera de ejemplo didáctico
para los jóvenes espartiatas.
Dentro de esta política de aniquilamiento y desmoralización del hilota se ha
incluir la institución de la , rito de iniciación cuya crueldad y aparente falta
de finalidad específica cautivaron pronto la atención de los estudiosos.23 Desde siempre
los hilotas siempre supusieron un peligro latente para los espartanos debido a su
superioridad numérica, por esta razón y con el fin de "controlar demográficamente la
población esclava", los éforos les declaraban anualmente24 la guerra con el fin de
asesinarlos impunemente sin gravarse con la deuda de sangre inherente a los asesinatos.
Estas salvajes razzias, que atemorizaban a la población hilota, estaban organizadas por
un servicio secreto, llamado , compuesto por jóvenes espartiatas de entre
veinte y treinta años,25 elegidos de entre los mejores. De acuerdo con el carácter ritual y
secreto de la , los jóvenes, descalzos, vestidos sólo con una túnica a pesar de

23
La etimología de la palabra está relacionada con el verbo , que significa “ocultar,
esconder”, por lo que este término tiene la connotación de institución o sociedad de carácter secreto o
conocido para unos pocos, como corresponde a un rito iniciático. Además, este significado se aviene bien
con el hecho de que los jóvenes iniciados se tuviesen que “esconder” durante el día.
24
No está clara la frecuencia con que tenía lugar la prueba, pues la expresión (“de tiempo
en tiempo”) que emplea Aristóteles (fr.538) parece indicar que la celebración de la no se
ajustaba a ninguna regularidad; sin embargo, un escoliasta a Platón, Leg. 633 b-c, anota que era anual.
25
Los treinta años era la edad en la que se alcanzaba la ciudadanía plena, cuando se permitía al nuevo
participar en la , incorporarse definitivamente a las falanges hoplíticas -permaneciendo
en activo hasta la edad de 60 años- y optar a las magistraturas estatales, en calidad de éforo, estratego,
navarco, etc. En el ámbito personal podía casarse, crear una familia y explotar, por medio de hilotas, el
.

15
que la prueba probablemente se desarrollara en invierno y armados con un simple puñal,
tenían que vagar por las montañas sin ser vistos, con el riesgo de ser severamente
castigados si eran descubiertos, de ahí su denominación de (“ocultos”). Es
durante la noche cuando empezaba su imperio, y pasaban de ser presas a ser cazadores,
que descendían de las montañas y mataban a los hilotas. Respecto al asesinato de hilotas
no está claro si los cometían en solitario o en grupo, tampoco está claro si tenía un
carácter indiscriminado o selectivo, con la intención de eliminar a los hilotas más
peligrosos que pudieran dirigir posibles motines. A modo de conclusión, se puede
afirmar que la era una dura prueba plena de rasgos rituales dirigida a los
jóvenes que estaban destinados a ocupar los puestos más importantes en el engranaje
estatal espartiata. Este primitivo carácter iniciático, que probablemente sea muy antiguo,
no estaría reñido con la finalidad complementaria de controlar la demografía de los
hilotas, cuyo gran número fue un motivo de preocupación constante para los espartanos.
En el aspecto militar, los hilotas acompañarían en un primer momento a sus
dueños hoplitas en las campañas guerreras como servidores personales, a la manera de
escuderos que portaban la pesada panoplia y el avituallamiento, pero ya en las guerras
médicas además de esta función parece ser que empezaron a combatir en calidad de
infantería ligera ( ). En la guerra del Peloponeso algunos hilotas serán
manumitidos por haber luchado como hoplitas en el ejército lacedemonio. Esta
liberación, empero, no fue acompañada de la inclusión plena en la comunidad cívica
sino que permanecieron marginales y con derechos limitados.
Para finalizar, señalemos un hecho que nos narra Tucídides (4,80,2-4) quien
relata cómo en 424 a.C. en el momento más delicado para Esparta de la guerra del
Peloponeso, se seleccionaron a dos mil hilotas, entre los más audaces, y bajo el engaño
de que iban a ser liberados, se les coronó y recorrieron los santuarios en la procesión
habitual que realizaban los manumitidos, pero fueron eliminados sin que se sepa bien de
qué manera, con el razonamiento de que los más valientes serían también los más
peligrosos en el caso de una rebelión. Así no resulta extraño que como señala Jenofonte
(Hell. 3,3,6) los hilotas sentían tanto odio hacia los espartanos que “no les sería
desagradable incluso comérselos crudos.”
Los periecos ( ) como indica la propia palabra eran “los habitantes de

los alrededores” de Esparta, y se distribuían en aldeas ( ) y pequeños enclaves

urbanos ( ). Originariamente, el estatuto de perieco debió de concederse a las

16
comunidades que se sometieron de buen grado a Esparta en el transcurso de su
expansión por Laconia y Mesenia, aunque posteriormente se aplicó esta consideración a
los asentamientos fundados con carácter estratégico como parte del proceso de
definición territorial y de afianzamiento del estado lacedemonio. Desde el punto de vista
étnico este estrato incluía tanto a población doria como a elementos predorios; de hecho,
en la época clásica se puede aseverar que no eran ni étnica, ni lingüística, ni
culturalmente distintos de los espartanos.
Según Androción (FGrH 324 F 49), un historiador local del Ática del s. IV a.C.,
había un centenar de comunidades periecas en su tiempo, en contraste con las treinta
aproximadamente que nos señala Estrabón (64/63 a.C.-23? d.C.) que quedaban en su
época, a inicios de nuestra era cristiana. La mayoría de ellas se localizaban en Laconia.
Su pequeño tamaño era consecuencia natural de la escasa cantidad y calidad de tierra
arable, una vez que los espartanos se hubiesen apoderado de las parcelas más fértiles.
Estas comunidades poseían su propia administración interna e instituciones
locales, pero dependían política y militarmente de Esparta. La posibilidad, apuntada por
algunos historiadores modernos, de que hubiera un gobernador militar espartano
( ) que ejerciera la autoridad y control en territorio perieco no es del todo
segura, ya que está basada en débiles testimonios textuales -un escolio ambiguo al verso
154 de la sexta Olímpica de Píndaro (c. 520-c.438 a.C.)- y no se ve refrendada por otros
autores, como por ejemplo Tucídides (460 o anterior-404? a.C.), quien al hablar del
ataque ateniense de la isla laconia de Citera en 424 a.C. (4,53,2-3), habitada por
población perieca, recoge la presencia de un , un magistrado anual
enviado anualmente desde Esparta con atribuciones desconocidas. No obstante, la
estratégica situación comercial de la isla la conviertan en una excepción, por lo que
necesitaría el control director de los espartanos que quizás estuviera ausente en otros
enclaves. Así pues, los términos exactos de dependencia de los periecos respecto a los
espartanos se nos escapan.26
Los periecos disfrutaban de derechos civiles, pero no políticos. Gozaban de
libertad personal y no se les ponía trabas a la posesión y adquisición de propiedades ni

26
Cartledge (1979: 178 s.) tiende a pensar que los periecos ocuparían una situación intermedia entre los
ciudadanos espartanos y los extranjeros o aliados. No obstante, no se puede saber con seguridad los
términos de esta mutua relación, pues no se conoce ningún tratado entre Esparta y una comunidad
perieca, y lo más probable es que nunca sintieran la necesidad de formalizarlo. Lo que parece un hecho
evidente es que los periecos estarían forzados a someterse a los espartanos en lo relacionado con la
política exterior y con las empresas bélicas.

17
al ejercicio de sus profesiones. No hay evidencia manifiesta de que estuviesen
sometidos al pago de ningún tributo o impuesto: el “tributo real” ( )
mencionado en el diálogo pseudoplatónico Alcibíades (1,123a) sigue siendo un misterio.
Sin embargo, quizá tuviesen que realizar algún tipo de contribución o prestación de
carácter esporádico e individual. Dependiendo del terreno, los periecos se dedicaban a
la agricultura, a la ganadería y a la explotación de los recursos marítimos y minerales en
los que era rico el territorio perieco. Los periecos se ocupaban de las labores denigrantes
que estaban prohibidos para los espartiatas, como son el trabajo siderúrgico destinado a
la fabricación y reparación de las armas, y el comercio, que siempre fue bastante
limitado, a través del puerto de Gitio, en el golfo de Laconia.
Entre los propios periecos se podría hablar incluso de una élite poseedora de la
tierra que se podría costear su propia panoplia hoplítica y de participar en el ejército
lacedemonio, lo cual les procuraría reconocimiento social y probablemente riqueza.
Quizás el control espartano sobre las comunidades periecas se sustentase en esta élite
perieca, muy dócil desde el punto de vista ideológico debido a los privilegios recibidos
del estado espartano. La primera mención a hoplitas periecos aparece en el relato de
Heródoto de la batalla de Platea en 479 a.C. (9,11,3 y 28,2), pero muy posiblemente su
incorporación a las filas hoplíticas se ha de datar gracias a la aparición de figuritas
votivas de bronce y a estelas sepulcrales con imágenes de hoplitas halladas en territorios
periecos, que se han de fechar en la segunda mitad del s. VI a.C.
A diferencia de los hilotas, los periecos no supusieron un peligro para la
estabilidad del estado y sólo tenemos constancia de una revuelta aislada en las
poblaciones de Turia en Mesenia y de Etea en Laconia auspiciada por el terremoto del
464 a.C. que sería el detonante de la tercera guerra mesenia. Esta ausencia de conflictos
se debe en gran parte a distancia y a la carencia de homogeneidad entre los
asentamientos, a un relativo conformismo, a la explotación por parte de los espartiatas
de las diferencias e intereses entre los propios periecos y al fenómeno bien
documentado según el cual los grupos sometidos tienden a aceptar y a emular los
valores de la clase dominante, en una extraña relación de amor-odio.
* * * * *

18
Otros grupos dependientes:
A pesar de las diferencias entre estas clases sociales, se puede constatar un factor
común a todos ellas como es su situación de sumisión respecto a los -como dan
el fe los nombres infamantes de los grupos – y su clara dedicación a actividades
militares al igual que los espartiatas, pero en contraposición con éstos, carecen en
general de recursos económicos, al no poseer un , lo cual los empuja al servicio
de las armas en el exterior en calidad de mercenarios. Así podemos distinguir los
siguientes grupos más representativos:
- Los (“inferiores”, literalmente “los que están por debajo de los
mejores”) eran los espartiatas que no habían sido capaces de aportar las cantidades
estipuladas a las comidas comunitarias ( ), posiblemente por haber perdido

previamente la posesión de su ,27 motivo por el que perdían sus derechos

políticos, pero no civiles. Entre los se han de incluir también a todos

aquéllos que habían sido castigados por algún delito sancionado con la pena de ,
o pérdida de ciudadanía plena, de manera temporal o permanente por sus ideas
revolucionarias, por su comportamiento inadecuado y contrario al de Licurgo
o por su cobardía en el combate. Éstos últimos eran conocidos como los “temblorosos”
( ).

El término se registra por primera y única vez de manera explícita


en la narración de Jenofonte (Hell. 3,3,4-11) de la fallida revuelta de Cinadón en 399
a.C., quien era precisamente un “inferior”, el cual cometió la osadía e imprudencia de
“no considerarse inferior a nadie en Lacedemonia.” El aumento de a partir
del s. IV a.C. está relacionado con los desequilibrios que conllevó la hegemonía
espartana adquirida tras la victoria en la guerra del Peloponeso, que supuso una gran
afluencia de riquezas, desigualmente repartidas, la cual fomentó el enriquecimiento de
determinados individuos que se fueron haciendo progresivamente con la tierra de los
espartiatas que no podían afrontar la inflación provocada por la llegada masiva de oro y
plata. La legislación de Licurgo prohibía a los espartiatas trabajar en cualquier actividad
manual o comercial por considerarlas indignas de los hombres libres, así muchos

27
La legislación de Licurgo prohibía a los espartiatas trabajar en cualquier actividad manual o comercial
por considerarlas indignas de los hombres libres, así muchos ciudadanos con plenos derechos se verán
obligados a vender o hipotecar sus fundos, perdiendo de esta manera su estatus social.

19
ciudadanos con plenos derechos se vieron obligados a vender o hipotecar sus fundos
para poder subsistir, perdiendo de esta manera su estatus social anterior. Estos contratos
de compraventa ajenos a la mentalidad espartana clásica se vieron auspiciados por la
aprobación de la retra del éforo Epitadeo en un momento indeterminado del primer
cuarto del s. IV a.C., personaje y ley bastante controvertidos desde el punto de vista de
su historicidad. Según la misma, se derogaba la inalienabilidad del , que se
remontaba a Licurgo, mediante la legalización de iure de la donación y de la herencia -
voluntaria y no forzosa al primogénito-, prácticas que serían ya conocidas y practicadas,
aunque no de manera generalizada.28
- Los (“temblorosos”) eran los espartiatas que habían sido privados

de la ciudadanía plena y del estatus de por haber mostrado cobardía o


desobediencia en el curso de una campaña militar. No olvidemos que hasta mediados
del s. V a.C. –tal vez hasta que el terremoto de 464 diezmó a la población espartana- el
hecho de sobrevivir a una derrota ya era considerado un acto de cobardía. La actitud de
los respecto a los era de total desprecio: se rehuía su compañía, se
podían ser golpeados por cualquiera y estaban excluidos de todo tipo de actividad
pública. Además, eran obligados a tener un aspecto sucio y harapiento, y a afeitarse la
mitad de la barba, probablemente para señalar que eran medio hombres y medio
mujeres. Lógicamente no encontraban esposa, por lo que tenía que pagar la multa que
conllevaba la soltería, según estaba establecido en una sociedad que adolecía una
carencia endémica de espartiatas.
- Una categoría especial de la población dependiente eran los o

(según algunos lexicógrafos y escoliastas), serían los hijos bastardos

(probablemente los de los que hablan algunas fuentes), nacidos de varón


espartiata y mujer perieca o hilota. Su posición en la sociedad espartana era muy
especial. Cuando eran jóvenes se educaban junto a los espartiatas, acompañándoles
como escuderos y con una cierta libertad personal, aunque difícilmente podían adquirir
la plena ciudadanía. En edad adulta, carecían de derechos civiles y su situación era muy
similar a la que padecían los espartanos empobrecidos. No obstante, en algunos casos
los parecen haber tenido una puerta abierta a la plena ciudadanía por haber
rendido distinguidos servicios al estado, como sucedió, por ejemplo, con Gilipo y

28
Vid. Fornis (2003: 158-160), con juicio crítico y bibliografía al respecto.

20
Lisandro que obtuvieron la ciudadanía por sus méritos como almirante ( ) en
los últimos años de la guerra del Peloponeso. Sin embargo, no se puede descartar que se
trate de imputaciones calumniosas con el objeto de manchar su origen y, por
consiguiente, su reputación, basadas en el hecho de que Gilipo fuese hijo de un exiliado
condenado a muerte y de que Lisandro se criara en la miseria.
* * * * *
INSTITUCIONES DE GOBIERNO EN ESPARTA29
La realeza:
La realeza heredera del mundo homérico no desapareció en Esparta, a diferencia
de lo acontecido en la mayor parte del mundo griego, donde queda reducida a
magistraturas con ciertas atribuciones religiosas más simbólicas que efectivas, sino que
perduró con notables limitaciones de su poder.
Quizá uno de los rasgos más sorprendentes de la sociedad espartana sea el
dualismo personal de su régimen monárquico, fenómeno político que se conoce como
diarquía. Había en Esparta dos dinastías, la de los Agíadas y la de los Euripóntidas, que
según la leyenda que recoge Heródoto (6,52), se remontarían respectivamente a los hijos
gemelos del Heráclida Aristodemo, Eurístenes y Procles, por lo que en última instancia
pertenecerían al linaje del propio Zeus. Aunque este origen divino no confería a la
realeza un carácter divino, con un poder emanado de la divinidad, sí le otorgaba un
cierto ; es decir, un don o gracia especial de procedencia divina.
La realeza espartana era una magistratura vitalicia y hereditaria aunque con sus
peculiaridades, ya que la ley sucesoria se regía por el principio de porfirogénesis o
“nacimiento en la púrpura”, de acuerdo con el cual heredaba el trono el primer hijo
varón nacido tras la designación de su padre como rey (Hdt. 5,42,2; 7,3,3), o en su
defecto un hijo varón tenido con anterioridad (si había varios, el primogénito). En caso
de que el rey muriera sin herederos masculinos, el trono pasaba al pariente agnado más
cercano, normalmente un hermano, pero con frecuencia un primo o incluso un nieto.
Esto permitió que con frecuencia reinara el hijo menor frente al mayor y que, en más de
una ocasión, accediera al trono en minoría de edad, lo que obligaba a la designación de
un tutor-regente ( ) hasta la mayoría de edad del rey, cargo que recaía, como
era de esperar, en el pariente varón más cercano.

29
Vid. Gaudemet, Institutions de l'Antiquité, París 1967, pp. 145-214, Casillas, op. cit., pp. 31-35 y Fornis
(2003: 35-49).

21
El origen de las dos casas reales no debió de ser contemporáneo, pues algunos de
los nombres que figuran en las listas reales Euripóntidas son espurios e incluso Delfos
reconoció una mayor antigüedad a la dinastía Agíada (Hdt. 6,52,5). Probablemente, la
coalición de las monarquías se debió de producir en la época del sinecismo, pues
conservaban distintos lugares de enterramiento -los Agíadas en Pitana y los
Euripóntidas en Limnas-, que habrían de corresponder a sus lugares originarios. La
primera mención a la diarquía se encuentra en la aprobación délfica de la conquista y
destrucción de Egis en Laconia por parte de Arquelao (Agíada) y Carilo (Euripóntida),
por lo que se ha propuesto que quizá fueran los primeros diarcas que reinaron de manera
colegiada c. 775-760 a.C.30
A pesar de no aparecer la diarquía de manera singularizada en la Gran Retra, su
mención en el documento délfico ya señalado garantizó la preservación de la
institución, reforzada mediante un complejo de imágenes duales, como por ejemplo la
creencia de que los diarcas en campaña encarnaban a los Dioscuros (los gemelos Cástor
y Pólux).31
No obstante, la mera existencia de un poder real no dejaba de constituir un
elemento disonante respecto al ideal de igualdad que presuntamente presidía el orden
espartiata. Los diarcas, además del que le correspondía a todo ciudadano con
derechos plenos, poseían enormes extensiones de terreno en territorio perieco, que les
aseguraban una notable disponibilidad de recursos económicos, mientras que del botín
siempre recibían una estimable parte.
La muerte de alguno de ellos constituía una calamidad pública y se celebraban
funerales muy solemnes, los cuales, según Heródoto (6,58), se asemejaban a las lujosas
ceremonias fúnebres de los asiáticos. En las exequias participaba toda la población
lacedemonia, sin excepción, incluidos periecos, hilotas y mujeres; con lo que se
reforzaban tanto los lazos de unión como los de sujeción de los grupos dependientes
respecto a la clase dominante. Al entierro seguían 10 días de luto oficial, en los que no
se podía desarrollar ninguna actividad pública o comercial. Como muestra de duelo, por

30
Vid. Cartledge (1979: 104-106).
31
Durante toda la historia de Esparta los Dioscuros o gemelos divinos Cástor y Pólux ejercieron de
divinidades tutelares de Esparta y en especial de los reyes. El símbolo de la realeza en campaña consistía
en dos vigas de madera unidas por un travesaño. Así cuando en 506 a.C. una ley determine que uno de los
diarcas ha de permanecer en Esparta mientras el otro comande el ejército, sucederá lo mismo con el
símbolo, que se habrá de separar (Hdt. 5,75,2) En Laconia a los Dioscuros se les conocía también como
los Tindáridas, en alusión a Tindáreo, rey de Esparta, marido de Leda y padre de Cástor y Clitemnestra,

22
lo menos dos miembros de cada familia espartiata tenían que ir de luto. Tras la muerte
del rey se revelaba la naturaleza divina del mismo: el conjunto de ceremonias fúnebres
transformaban a los reyes muertos en héroes que se ponían al servicio de la comunidad
para protegerla e influir en la calidad de la población que nacía, a la manera de los
hesiódicos de la edad de oro (Op. 121 ss.) A diferencia de las tumbas del
resto de los espartiatas, que salvo excepciones eran anónimas, sus sepulcros constituían
verdaderos monumentos identificables y permanentes, aunque no recibían el previsible
nombre de , denominación que correspondería a un santuario dedicado a un

héroe, sino o , términos comunes y neutrales para designar las tumbas


(Paus. 3,12,8 y 14,2-3). Esta cuestión léxica ha provocado que se ponga en duda si
realmente eran objeto de culto o simplemente se honraba su memoria sin implicar
ningún tipo de rito ni veneración.32
Los reyes reunían en su origen el cargo de general en jefe, de primer juez y de
sumo sacerdote. Paulatinamente, fueron perdiendo sus privilegios en beneficio de los
éforos, que a su vez aumentaban continuamente sus prerrogativas. Los diarcas
conducían de manera conjunta el ejército hasta el año 506 a.C., cuando la disensión
entre el Agíada Cleómenes I33 y el Euripóntida Demarato I a raíz de un distinto parecer
en plena campaña provocó la decisión de Demarato I de retirarse de la operación
militar. Este hecho sin precedentes dio lugar a la promulgación de una ley mediante la
cual un diarca permanecería en Esparta y el otro saldría en campaña. La elección del
diarca que comandaría las tropas recaería en la eforía, según se parece deducir de las

en tanto que Pólux y Helena eran hijos de Leda y Zeus, metamorfoseado en cisne para la ocasión. Vid.
Fornis (2003: 301).
32
En apoyo de la institucionalización de un culto a los reyes, se podría aducir el hecho de que sabemos
que en Esparta estuvo bastante enraizada la veneración de carácter heroico en torno a figuras legendarias
(Menelao, Helena, Agamenón, Casandra) o pseudohistóricas (Licurgo, el éforo Quilón incluido entre los
Siete Sabios), a quienes se les tributaba culto en el lugar en el que supuestamente yacían sus restos. Por
otra parte, este fenómeno no se circunscribe a Laconia, ni a figuras míticas, así encontramos que se rendía
culto a personas que habían realizado una hazaña en pro de la ciudad (a los combatientes muertos en
Maratón y los tiranicidas en Atenas, o al navarco espartano Lisandro en Samos) o a personalidades de
gran relevancia (como los escritores Sófocles o Píndaro). Vid. J. Martínez–Pinna, "El panteón griego
clásico", en J. M. Blázquez et alii, Historia de las religiones antiguas. Oriente, Grecia y Roma, Madrid
1993, 235-265 (pp. 260-265) y Fornis (2003: 303).
33
Cleómenes I (†491 a.C.) fue un controvertido rey que consolidó la hegemonía de Esparta en el
Peloponeso y se inmiscuyó bastante en los asuntos internos de Atenas. Utilizó en su propio provecho la
religión e incluso sobornó el oráculo de Delfos para destituir a Demarato. Al descubrirse el engaño, huyó
a Tesalia, pero luego fue restituido en el poder. No obstante, al poco tiempo se volvió loco y se suicidó.
En su carácter atrabiliario, ególatra y propenso a súbitos cambios de humor, se ha querido hallar el perfil
de un esquizofrénico paranoide. Las fuentes clásicas, en especial Heródoto, nos narran que consumía vino
sin mezclar y hasta cannabis, hábitos ambos que habría tomado de visitantes escitas y que habrían
alterado su comportamiento (Hdt. 6,84).

23
fuentes que no son especialmente claras al respecto. Como comandante del ejército, el
rey avanzaba a la cabeza de las tropas, en la primera fila del ala derecha protegido por
una guardia personal de 300 hoplitas selectos, los –quienes a pesar del nombre
iban a pie-, y poseía una autoridad plenipotenciaria sobre las personas y sus vidas, así
como una libertad total para dirigir las operaciones militares. No obstante, en época
clásica el rey siempre debía rendir cuentas ante los éforos, pues durante las campañas
militares le acompañaban dos éforos que actuaban como consejeros a la vez que
observadores.
Los reyes desempeñaban también funciones religiosas, entre las que destacan el
sacerdocio de Zeus, la consumación de los sacrificios públicos y la consulta del oráculo
de Delfos, a través de enviados ( o en dialecto laconio) elegidos por
ellos mismos. Tenían la potestad de sancionar tanto las adopciones de los hijos como los
matrimonios de las –jóvenes solteras, cuyo padre había muerto sin
descendencia masculina y sin haberlas prometido en matrimonio, por lo que se tenían
que casar con un pariente próximo de éste con el fin de evitar la extinción de la línea
familiar-, prerrogativas ambas de gran trascendencia para la propiedad de la tierra. Otros
privilegios eran honoríficos como el de recibir doble ración de comida en las
o el de que todos debieran permanecer de pie en su presencia, a excepción
de los éforos.
El poder de los reyes se encontraba sometido a la supervisión de la Asamblea y
de los éforos. Cada mes, los reyes y los éforos cambiaban mutuamente juramentos,
comprometiéndose entre sí a cumplir sus obligaciones, lo que demuestra que las
relaciones no debían de ser demasiado cordiales, ni de mutua confianza.
* * * * *
El Consejo de Ancianos:
Al igual que en otros Estados griegos, la realeza estaba asistida por un Consejo
de Ancianos de las principales familias, llamada forma dialectal doria

equivalente a , integrado por 28 miembros vitalicios, mayores de 60 años, a

los que se añadían los dos monarcas reinantes, en calidad de , o


“conductores” en alusión quizás a descendientes de los fundadores míticos de la
diarquía. Es posible que se refiera, dentro de una sociedad tan militarizada como la

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espartana, a la situación del rey en primera línea en el combate, como caudillo de sus
huestes.
El origen de la institución es desconocido, aunque cabe dentro de lo posible que
su origen se remonte a una época anterior al sinecismo y que sea heredera del Consejo
asesor de los o régulos homéricos. La Gran Retra regularía tal vez el número

de componentes en treinta, que es múltiplo de las tres tribus dóricas ( ) y de las

cinco .34 La sería la institución oligárquica por excelencia, lo que ha


dado pie a que se hablase de una gerontocracia espartana, como ya el propio advertía
Aristóteles al exponer su desacuerdo a que los miembros del Consejo fueran “dueños de
por vida de las decisiones más importantes, pues hay, como la del cuerpo, también una
vejez de la mente.” (Pol. 1238b 38-40).
El Consejo tenía una función probouléutica, es decir debatía las propuestas que
más tarde eran sometidas a la aprobación de la Asamblea, sin que ésta tuviera derecho
de iniciativa o de contrapropuesta. A finales del s. VIII a.C., los reyes Polidoro (Agíada)
y Teopompo (Euripóntida) concedieron al Consejo la posibilidad de disolver la
Asamblea si ésta adoptaba decisiones equivocadas.
La actuaba también como corte suprema de justicia, competente en los
delitos más graves que concernían a un espartiata, como eran los que conllevaban la
pérdida de la ciudadanía, el exilio o la pena capital, aunque eran los éforos los
encargados de hacer cumplir la sentencia.
* * * * *
La Asamblea del pueblo:
Todos los hombres en posesión de plenos poderes de ciudadanía, mayores de 30
años, podían formar parte del Asamblea popular o , que se celebraba cada
mes en época clásica, aunque algunos autores opinan que en su origen la periodicidad
sería mucho más esporádica, tal vez una vez al año.
La Asamblea se denominaba en lenguaje oficial , aunque ha

llegado a ser una convención llamarla , nombre derivado de las ,


fiestas en honor a Apolo, en las que debió de nacer la Asamblea como institución.

34
El significado del término ha dado origen a múltiples especulaciones, aunque la tesis más
verosímil es que las respondan a una redistribución territorial de acuerdo con el lugar de
residencia, por lo que coincidiría con las cuatro originarias más Amiclas. No obstante, se
desconocen sus características e incluso el número exacto.

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A partir de los testimonios clásicos, se desprende que sólo los reyes, los
y los éforos tenían la facultad de hablar en pro o en contra de una
proposición, sin que tengamos noticia de ningún ciudadano privado al que le fuera
permitido hacerlo. La Asamblea tenía una función consultiva, por lo que pasaba por ser
la depositaria de la soberanía del estado lacedemonio, ya que para emprender cualquier
acción era necesario su consentimiento, aunque la importancia que esta prerrogativa se
fue desvaneciendo desde tiempos de la reforma de los reyes Polidoro y Teopompo,
según la cual se imprimió a los acuerdos del pueblo un carácter no vinculante.
Las decisiones de la eran adoptadas no por votación, como en los
demás estados griegos, sino mediante aclamación, procedimiento que puede ser
fácilmente manipulado. Así ocurrió, según nos narra Tucídides (1,87,1-3), en el debate
para decidir si se declaraba o no a Atenas la guerra en 432. Tras la votación por
aclamación, el éforo Estenelaidas, partidario de la guerra, alegando que no se distinguía
bien cuál de las dos opciones era la vencedora, exigió a los presentes que se dividieran
en dos grupos según su decisión. Como era de esperar, venció contundentemente la
propuesta belicista, pues difícilmente un espartiata, aunque fuera reacio a la guerra, se
atrevería en público a manifestar su desacuerdo pues corría el riesgo de parecer un
cobarde ante sus conciudadanos.
* * * * *
La eforía:
Llama la atención que la Gran Retra no mencione la eforía, lo que induce a
pensar en un origen debió de ser al menos más oscuro y humilde de lo que se podría
presagiar por el enorme poder que tendrá esta magistratura en la época clásica. Como
otras instituciones, los espartanos atribuían su creación al mítico Licurgo. Así sucede
también en Heródoto (1,65,5) y Jenofonte, quien en la República de los Lacedemonios,
parece dar a entender esta posibilidad; de igual opinión es Platón en una de sus Cartas
(Epist. 8,354 b) y Diógenes Laercio, s. III a.C., (1,68). En cambio, Aristóteles (5,1313 a
26-33) y Plutarco (Lyk. 7,1-2) sostienen que la eforía fue una creación del rey
Euripóntida Teopompo a finales del s. VIII a.C. Es de nuevo el prolífico Plutarco
(Cleom. 10,3-4) quien señala que un primer momento eran los propios reyes los
encargados de elegir a los éforos de entre sus amigos más cercanos hasta que la

26
magistratura se hizo independiente.35 No obstante, a pesar de la información de
Plutarco, los éforos salían del conjunto del espartiata y no de un reducido

número de familias, a diferencia de los , y en un principio estaban destinados


a defender los intereses del pueblo ante las arbitrariedades de los reyes. Además,
actualmente hay un consenso casi generalizado en considerar que era la Asamblea quien
elegía a los éforos por el habitual método de aclamación. La elección y toma de
posesión de los éforos, que se sucedía sin mediar paréntesis, tenía lugar durante el
equinoccio de otoño.
Sean cual sean los orígenes exactos de la magistratura, el nombre del cargo
formado sobre el verbo "observar, vigilar, inspeccionar", parece
revelar que desde su comienzo la eforía estaba destinada a hacer valer un derecho de
vigilancia, con la consiguiente intervención, llegado el caso, que en el transcurso del
tiempo habría evolucionado hacia la intendencia suprema del Estado. El
acrecentamiento del poder de los éforos encontró un terreno abonado en las incesantes
riñas de las dos dinastías.
Los éforos se convirtieron en el poder fundamental de la vida pública en Esparta.
Este colegio estaba compuesto por cinco miembros, de los cuales el de mayor edad era
el es decir, daba el nombre al año. En el seno de este Colegio decidía la
mayoría simple de votos. Durante el año de mandato, su poder era casi ilimitado, hasta
el extremo de que Jenofonte (Lac. 8,4), Platón (Leg. 712 d) y Aristóteles (Pol. 1270 b
14) lo comparan con el que poseían los tiranos. Su poderío autócrata no tenía más
limitación que la de ser sus miembros elegidos para un solo año, sin poder repetir, y
tener que rendir cuentas ante sus sucesores.
Los éforos convocaban y presidían tanto la Asamblea como el Consejo de
Ancianos, además, sobresalían particularmente en la dirección de la política exterior,
siendo los encargados de tratar con las embajadas de las potencias extranjeras, de
decretar la movilización del ejército y de decidir cuántos contingentes habían de partir a

35
Existía una lista de éforos que se remontaba al año 755/4 a.C., pero su historicidad al igual que las listas
reales espartanas es muy dudosa, sobre todo en el período anterior a la mitad del s. VI a.C. Anteriores a
esta fecha, sólo conocemos los nombres de Elato, Asteropo y de Quilón. Elato fuen el primer éforo
epónimo bajo el reinado de Teopompo (Plu. Lyk. 7,1). Asteropo (Plu. Cleom. 10.5) fue el encargado de
reforzar el poder de la eforía hacia finales del s. VII a.C. Su nombre, "el que mira a las estrellas", puede
estar en relación con la inicial obligación de observar el cielo una vez cada nueve años en busca de
estrellas fugaces, cuya aparición era señal de uno de los reyes o ambos había(n) ofendido a los dioses y
por consiguiente quedaba en manos del siempre venal oráculo de Delfos si debía(n) ser depuesto(s). En

27
la guerra. Por otra parte, los éforos eran los encargados de poner en efecto las decisiones
de la Asamblea a instancias del Consejo de Ancianos.
La eforía desarrollaba también tareas de inspección financiera e incluso tenía
competencias en asuntos de jurisdicción civil, pudiendo arrestar, someter a juicio y
castigar a los reyes –con multas, exilio e incluso la muerte-36, asimismo administraban y
custodiaban el Erario público. Además, vigilaban la conducta de los ciudadanos, su
educación y su vida privada, para que en todas partes se respetara estrictamente la
sagrada norma ( ) impuesta por el Estado. Por su temperamento conservador,
los éforos eran los principales causantes de la hipertensión patriótica y xenófoba de la
que se culpaba a su ciudad, materializada en la represión brutal de los hilotas.
En suma, la eforía representaba el poder ejecutivo de la oligarquía espartana, que
a partir de la época clásica tomó las riendas de Esparta.
* * * * *
LA EDUCACIÓN ESPARTANA:
La o sistema educativo del ciudadano, era elemento fundamental de la
Constitución espartana, pues a través de ella las nuevas generaciones de espartiatas se
convertían en aguerridos soldados así como en virtuosos ciudadanos. Por esta razón,
Simónides de Ceos (c. 556- c. 468? a.C.) la denomina “domadora de hombres” (Plu.
Ages. 1,3). La sociedad espartana, gestada en incesantes combates, siempre supo que un
Estado que se había originado gracias a su poderío militar, sólo podía continuar
existiendo por los mismos medios con los que nació, de ahí el marcado carácter bélico
de la , en la que el entrenamiento castrense y los deportes estaban privilegiados
en detrimento de cualquier otro aprendizaje, si bien las letras y la música no eran
totalmente desdeñadas. La era imprescindible para alcanzar la ciudadanía
plena, y únicamente los futuros reyes estaban exentos, pues su destino era mandar, no
obedecer. Inmediatamente después de nacer un varón dentro de la clase espartiata, su
padre lo presentaba a los ancianos de la tribu, quienes procedían a un examen para
comprobar que el recién nacido estuviera sano. Los niños deformes o de débil
constitución eran arrojados por una sima en el monte Taigeto, por decisión del anciano

último lugar, Quilón, que pasa por el ser el éforo que fortaleció definitivamente la eforía en 556/5 a.C.,
forma parte del selecto grupo de los Siete Sabios y tras su muerte recibió culto heroico.
36
Tenemos los casos de Agis IV y de Pausanias el Regente († c. 470-465), a quien los éforos dejaron
morir de hambre encerrado en el templo de Atenea Calcíeco, donde se había refugiado como suplicante.
Poco antes de morir se le sacó del recinto sagrado para que no muriera en su interior con el fin de no
incurrir en el temido .

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mayor de la tribu respectiva. Esta costumbre, por salvaje que parezca, no era
especialmente discordante con la situación en el resto de Grecia, donde los neonatos,
sobre todo las niñas, eran abandonados a su suerte.
El ciudadano desde su nacimiento estaba bajo la tutela de la comunidad, y no de
sus padres. Desde su nacimiento hasta los 7 años, fase conocida como , el
niño estaba bajo la tutela de su madre, pero a partir de esta edad todo espartiata, excepto
los herederos reales, los niños eran apartados de sus padres y distribuidos en ,
(literalmente “rebaños”),37 bajo el cuidado de aquéllos que se consideraban más
adecuados, por su inteligencia y fuerza física, para imponer respeto. En esta etapa los
niños endurecían su cuerpo y su carácter con diferentes pruebas que realizaban
desnudos y descalzos, no obstante, también aprendían a leer, a escribir y algo de
aritmética, música y poesía.
A los doce años eran divididos en compañías según la edad, , y cada
educando pasaba a estar bajo la supervisión de un adulto de entre los más respetables, el
, responsable último de su educación. Los muchachos permanecían
siempre en grupos, tanto durante los ejercicios de día como durante el descanso
nocturno. Vestían tan sólo el , un manto de tejido áspero, igual en todas las
estaciones y se alimentaban de manera frugal con la finalidad de domar el espíritu, lo
que les incitaba a robar, aunque si eran sorprendidos eran severamente castigados.
Entre los catorce y los dieciséis años el muchacho pasaba a ser . En
esta etapa los adolescentes solían establecer vínculos con los adultos con plena
capacidad política que cristalizaba en la mayoría de los casos en relaciones
homosexuales. A lo largo de esta relación homosexual de carácter educativo, el adulto
( ) y el adolescente ( ) convivían gran parte del tiempo pues el
adulto era una especie de mentor y tutor del efebo. De cuán extendida estaba la práctica
homosexual pederástica en Esparta nos ha quedado el testimonio de Aristófanes (c. 450-
c. 388 a.C.) que emplea el verbo “laconizar” como sinónimo. Poco antes de

acabar su etapa de el joven tenía que superar el ritual de la flagelación en el

altar de Ártemis Ortia, la . Era un antiguo ritual que según los


espartanos había instituido Licurgo en lugar de los sacrificios humanos en honor a la

37
Este término como otros relacionados con la educación, como o , denota posiblemente
los remotos orígenes de este tipo de educación en el seno de una sociedad nómada pastoril.

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diosa: en el altar de la diosa se apilaban quesos que los jóvenes pugnaban por robar,
para evitarlo adultos con látigos flagelaban a los muchachos, cuya sangre bañaba el
altar. El vencedor, , era el que soportaba más latigazos sin dar muestras de
sufrimiento. En época romana, según Cicerón (106-43 a.C.) en sus Tusculanae
disputationes (2,34), el ritual se había convertido en un cruel espectáculo, en una
atracción turística, a la que acudían espectadores de todas partes del imperio y que a
veces acababa con la muerte.
Como corolario de la educación, los jóvenes de veinte años pasaban a servir en el
ejército en calidad de , excepto los trescientos más selectos que pasaban a formar
parte de la guardia real, cuerpo de élite que tenía que haber cumplido las pruebas
relacionadas con la . En esta edad ya podía dejarse crecer el cabello y asistir

a las .
La ciudadanía plena se alcanzaba a los treinta años, cuando podía participar en la
Asamblea, incorporarse definitivamente a las falanges hoplíticas (hasta los sesenta
años), y concurrir a las distintas magistraturas: eforía, navarquía, etc. En el aspecto
privado el espartiata podía tener una vivienda propia, casarse y explotar, indirectamente,
su .
Respecto a la proverbial incultura de los espartanos de la que nos hablan el rétor
ateniense Isócrates (436-338 a.C.) o el propio Aristóteles, es conveniente hacer algunas
matizaciones, ya que aunque el espartano de época clásica no mostraba las inquietudes
de sus contemporáneos atenienses, el conjunto de la población ciudadana podía leer y
escribir, incluidas las mujeres y parte de las clases dependientes. Ciñéndonos al
característico discurso lacónico, al que los laconios dieron el nombre, se puede señalar
que no se debía a una carencia de cosas que contar o decir, sino a una renuncia
deliberada de la oratoria griega, demasiado recargada en algunos casos, que primaba la
forma sobre el contenido. Además, las sentencias o máximas espartanas
( ) llegaron a ser tan conocidas por su mordacidad, ingenio y mesura
verbal que el propio Plutarco les dedicó un opúsculo.

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