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Me considero guapo, no así que digas ¡híjole que bruto, que guapo está ese hombre!

, no, no es
para tanto, pero, algo es algo dijera el pelón brilloso. Soy como Rigo Tovar que pidió perdón por
ser tan guapo. Por eso y por la Patria, es que también agarro valor.

Como nací guapo, no mucho, pero no nací tan feo – me he ido descomponiendo que eso es otra
cosa – pues agarré valor por la patria desde pequeño. No necesite que alguien me gritara “¡ehhhh
guapooooo, gracias por agarrar valor, por luchar por México!”, no, ni madres, me educaron de
otra forma. Pero los guapos somos así, impredecibles, misteriosos.

Pero no por ser algo guapito me perdonaron en la primaria las clases de geografía, no, tenía que
estudiar en los mapamundis y en esos libros preciosos donde te presentaban las tripas y venas de
la Patria. Y luego íbamos a la papelería para pedir láminas de la hidrografía, de la orografía, de la
cartografía de México, de un mapa con nombres y capitales y de otro sin nombres. Mapas del
continente y del orbe. Feos, refeos, guapitos y re galanes, todos teníamos que aprender que
vivíamos en un país llamado México.

Ya de jovencito, en el despertar de mi guapura, las acciones donde participé vinculadas a objetivos


sociales pues demandaban que no saliera a decir pendejadas. Ni qué decir ya en la universidad,
donde el guaperómetro marcaba arriba de la media, en esa época cada burrada que decía tenía
consecuencias más graves. Eso de las consecuencias por tonterías crece inversamente
proporcional a la guapura de la edad adulta, es decir, más consecuencias y menos guapillo
conforme pasa el tiempo.

No he podido sacarme de la cabeza los instantes donde en Monterrey, con el cerro de la silla de
fondo, una mujer de mi edad, calculo, vitorea a una chica que participó en la manifestación contra
AMLO. Tras el tercer grito ¡fue-ra-am-lo!, mi contemporánea nos presentó en su transmisión en
vivo a “la preciosa de Adriana” y luego, a nombre de sus ancestros – imagino – le agradece a la
chica su participación.

Hasta ahí la cosa estaba bien, la juventud participando y Adrianita - que no es un cromo de mujer,
esta guapilla, así como yo, que no soy un adonis – ¡agarró valor! Porque así lo reconoció su
presentadora con una euforia desmedida y la aludida, guapa y envalentonada, mandó a AMLO a
donde debe estar, ¡a su país!

La iguana que sabe que las apestosas aguas del arroyo Moctezuma forman humildemente parte
del sistema hidrológico de la cuenca del Papaloapan me cuestiona si ella es guapa. La miro y le
digo que eso de la estética es alimento que entra por los ojos y alimenta el ego. Ella me da un
coletazo y grita ¡calla Adrianito, calla! Obedezco y no sé si me está albureando o está enojada,
pero se sonríe y me abraza con esa cola que ante me azotó y susurra dulcemente en mi oreja que
se sabe fea, pero sensual y nada bruta.

Miro a la verdosa que me reta con su sensualidad desbordada por milenios, reúno valor y por el
bien de la Patria repito la de Rigo Tovar: ¡perdóname mi amor por ser tan guapo!

Masca la Iguana / Luis Fernando Paredes Porras

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