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LA REALIDAD SUPERARÍA A LA FICCIÓN…

El fin del mundo, tal como lo conocemos, llegó a mí en la temprana adolescencia a través
del cine, en películas tales como «Mad Max II», «Star Wars», «Blade Runner»,
«Terminator», «El Amanecer Rojo», «El Planeta de los Simios», entre otras (la mayoría
fueron transmitidas en los canales nacionales, si más no recuerdo), las cuales siguen
siendo de mis favoritas, todas ellas encasilladas dentro de la etiqueta «películas post-
apocalípticas». Estos filmes para muchos no son muy brillantes o interesantes, pero para
mí son importantes porque me causaron un gran impacto: inicialmente este impacto fue
superficial (estética, violencia, choques de carros, armas raras), pero luego se transformó
en algo más trascendental, por así decirlo, ya que cuestioné y reflexioné sobre las causas,
consecuencias y soluciones de las tramas allí presentadas, relacionadas con el «fin del
mundo», además, comencé a identificarme en los temas relacionados con la injusticia, la
crueldad, la desesperación, la lucha de uno contra muchos, en fin…

No obstante, el hecho de que disfrute mucho de estas películas y que sean relativamente
importantes, no quiere decir que sea capaz de ignorar las grandes contradicciones que en
ellas se presentan, con respecto a un posible «futuro post-apocalíptico». Y es en este
punto cuando debo decir que estas temáticas fantásticas carecen de mucho sentido
común y son «suaves» si las comparamos con la realidad, la cruda y dura realidad… y es
lo que voy a tratar de hacer ahora:

FANTASÍA
Décadas (a veces siglos) después del colapso, la ropa de las personas es irregular y
hasta cierto punto exótica, pero están a la moda o no se pierde el «estilo» al vestir, por así
decirlo; los hombres están afeitados y las mujeres todavía usan maquillaje. Los edificios
están en ruinas, pero hay electricidad y las computadoras aún funcionan. La gente vive en
contextos urbanos y/o áridos/desérticos, sin embargo, de alguna manera todavía hay
mucha comida, (un poco sucios, sí, pero los personajes generalmente lucen musculosos o
sin problemas de nutrición aparentes). Además, todos todavía tienen munición para las
armas de fuego, las cuales están en perfectas condiciones de mantenimiento (al igual que
los carros y camiones). El petróleo no es un problema y hay mucha agua para todos. Se
dice que hay epidemias, enfermedades, virus o bacterias sueltos en el ambiente, pero
también que hay curas o antídotos, los cuales la mayoría de veces están disponibles. Los
índices de alfabetismo son altos, por lo general.

REALIDAD
Cuando hay un colapso total del sistema (económico, político, social, militar, religioso,
psíquico, ambiental) todo lo demás se bloquea junto con él, sobre todo hoy en día, cuando
vivimos en un mundo tan globalizado e interconectado. Imagine una ciudad como Tokio,
México DF o la mismísima Bogotá, con millones de personas. Una vez que no haya más
agua disponible, porque a través de los sistemas de riego de los acueductos dejaría de
correr, ¿dónde la conseguirían? Inicialmente, después de que se agotaran sus propios
suministros, veríamos un éxodo masivo desde las ciudades hacia los campos y montañas;
pero la gente no sabe cómo encontrar agua. Unos pocos se sorprenderán al descubrir
que las pocas fuentes disponibles en las grandes ciudades son inútiles (muy
contaminadas). Dentro de unas pocas semanas, gran parte de la población estaría
muerta. La misma lógica se aplica a la comida. La gente no sabe cómo cazar o cómo
reconocer lo que es comestible en la naturaleza. La siembra produciría un retorno de
alimentos solo para los pocos que tienen tierra (campesinos, por lo general) y esto lleva
un tiempo. Una vez más, muchos muertos en pocos días. En cuanto a las armas, los
carros, los computadores... No hay electricidad: no hay computadores ni neveras. En
cuanto a las armas: la munición requiere de la minería para obtener pólvora, requiere
metales, requiere fabricación (no habría más fábricas), aceites y piezas de repuesto.
Después de que se hayan quedado sin munición, adiós armas. Los carros también
requieren combustible y mantenimiento, pero no habría combustible ni repuestos.
Después de unos meses serían inútiles. Esto no incluye el hecho de que, sin petróleo,
todo lo que conocemos, desde ropa hasta productos de higiene, medicamentos y
herramientas, etcétera, dejarían de fabricarse, sin contar que la agricultura intensiva
requiere del petróleo, ya que es la base principal de abonos y fertilizantes. Sin petróleo,
hambruna segura.

CONCLUSIÓN
A través de un análisis superficial acerca de un escenario post-apocalíptico, se puede
concluir que sobreviviríamos en el campo, con herramientas y armas hechas a mano (tal
vez arcos); sin carros, sin computadores… sin armas de fuego; los viejos libros, ya sea de
arquitectura, medicina, plantas, literatura y filosofía seguirían siendo muy necesarios e
importantes; la ropa estaría hecha de materias primas; la mayoría de las ciudades serían
abandonadas (ya que no estarían adecuadas para el suministro de agua y la siembra de
alimentos). Quienes viven en el campo, la selva, las montañas, son afortunados y tienen
una gran ventaja. Lo cual significa que las películas post-apocalípticas, que tanto me
gustan, son simplemente ridículas. La realidad una vez más superaría la ficción…