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Sinopsis Capítulo 19
Capítulo 1 Capítulo 20
Capítulo 2 Capítulo 21
Capítulo 3 Capítulo 22
Capítulo 4 Capítulo 23
Capítulo 5 Capítulo 24
Capítulo 6 Capítulo 25

3 Capítulo 7 Capítulo 26
Capítulo 8 Capítulo 27
Capítulo 9 Capítulo 28
Capítulo 10 Capítulo 29
Capítulo 11 Capítulo 30
Capítulo 12 Capítulo 31
Capítulo 13 Capítulo 32
Capítulo 14 Capítulo 33
Capítulo 15 Epílogo
Capítulo 16 Sobre las autoras
Capítulo 17 Créditos
Capítulo 18
Nunca lo había olvidado… al chico que aún no conocía.
Griffin Quinn era mi amigo por correspondencia de la infancia, el niño
británico que no podría haber sido más diferente a mí. Con los años, a través de
cientos de cartas, nos hicimos mejores amigos, compartimos nuestros secretos más
profundos y oscuros, y formamos una conexión que jamás pensé que podría
romperse.
Hasta que un día lo hizo.
Y entonces, de la nada, llegó una carta nueva. Una mordaz… una con ocho
años de ira acumulada. No tuve más remedio que finalmente aclarar por qué dejé de
escribir.

4 Griffin me perdonó, y de alguna manera pudimos reavivar nuestra conexión


de la infancia. Solo que ahora éramos adultos, y esa conexión se había convertido en
una chispa. Nuestras cartas pasaron rápidamente de divertidas a coquetas y
francamente obscenas, revelando nuestras fantasías más salvajes. Así que, solo tenía
sentido que lleváramos nuestra relación al siguiente nivel y nos viéramos en
persona.
Solo que Griff no quería un encuentro. Me pidió que confiara en él y dijo que
era lo mejor. Pero quería más (más de Griff, en carne y hueso), de modo que me
arriesgué y fui a buscarlo. La gente ha hecho cosas más locas por amor.
Pero lo que encontré podría cambiarlo todo.
O
h chico, aquí vamos otra vez.
Empujé mi carrito de compras hacia adelante en lugar de
girar para caminar por el pasillo que planeé originalmente. Pero
después de dar un paso o dos, no pude evitarlo. Retrocedí lo
suficiente como para esconder mi cuerpo detrás del apoya manos y asomé la cabeza
para ver la acción.

5 Una mujer con el cabello más rizado y del rojo más antinatural posible dejaba
un desodorante en el estante y agarraba uno nuevo. Abrió la parte superior de la
barra y lo olisqueó, luego procedió a levantar un lado de su camisa y pasar el
desodorante por debajo de su axila, después por la otra. Reemplazando la tapa,
examinó el estante por un momento antes de elegir otra marca. Una vez más, sacó la
tapa de este, olisqueó y luego lo deslizó debajo de cada una de sus axilas. Observé,
fascinada por lo seria que se veía, mientras probaba seis desodorantes diferentes
antes de que un empleado de la tienda finalmente notara lo que estaba haciendo.
Cuando ambos corrieron por el pasillo gritando, supuse que esa era mi señal
para mover mi trasero y terminar mi viaje de compras.
Hace unos meses, había visto a un hombre probar una docena de pollos
asados enteros. Quitó la cubierta de plástico de cada uno, arrancó una pata, dio un
gran mordisco, volvió a meter la pata dentro de la cavidad del pollo y volvió a
colocar la cubierta de cada uno. Cuando le dije al gerente, él suspiró y le gritó a un
chico de almacén que fuera a buscar al señor Hammond. Comprar alimentos a las
dos de la mañana en un supermercado de veinticuatro horas tendía a atraer a una
marca única de compradores. Encajo perfectamente.
—¿Cómo te está yendo hoy, Luca? —preguntó Doris, la cajera, mientras
cargaba mis compras en la cinta transportadora. Había estado trabajando en este
supermercado desde que comencé a venir aquí hace unos cinco años; una señora
muy agradable. Sabía que era abuela de unos nueve niños y que el número diez
estaba en camino. Cuidaba a algunos de ellos durante el día, y por eso trabajaba en
el turno de noche. Doris también era una de las pocas personas a las que les dije la
verdad sobre por qué compraba a unos sesenta y cinco kilómetros de mi casa en
medio de la noche.
—Me está yendo bien. —Escaneó un paquete de regaliz negro seguido de dos
botes de Pringles y dos cajas de brownies empacados. No es mi comida habitual, así
que le expliqué—: Me estoy preparando para un viaje por carretera, no estoy
embarazada.
Las cejas de Doris se alzaron.
—¿Un viaje por carretera? Debe ser algo especial si vas a meterte en un auto
pequeño durante un recorrido largo.
—Tengo que limpiar el apartamento de mi padre en Manhattan.
—Falleció el año pasado, ¿verdad?
Asentí.

6 —Lo he estado evitando. Preferiría que metan mi cabeza en un tanque de


agua a tener que pisar una isla tan pequeña con una población de ocho millones y
medio de personas. Sin mencionar las horas atrapadas en un automóvil atascada
entre el tráfico para llegar allí… eso es tortura pura.
Doris frunció el ceño.
—¿No puedes contratar a alguien para que lo haga?
Había contratado a alguien. Pero luego, una combinación de mi propia culpa
y el doctor Maxwell, mi terapeuta, me hicieron decidir hacerlo por mi cuenta. Aun
así, al final el estrés de pensar en todas esas personas en la ciudad de Nueva York
me dio problemas para dormir, y contraté a la compañía nuevamente. Después lo
cancelé. Nuevamente. Luego contraté a una compañía nueva porque estaba
demasiado avergonzada para contratar a la misma compañía por tercera vez. Y una
vez más lo cancelé. Enjuagar. Restregar. Repetir. Hasta que se me acabó el tiempo
y, bueno, ahora es mañana.
—Es algo que necesito hacer yo misma.
Doris pareció realmente preocupada.
—¿Vas a estar bien? Soy muy buena copiloto si necesitas que te acompañe
una amiga.
Sonreí.
—Gracias, Doris. Eso es en realidad generoso de tu parte. Pero alguien ya
viene conmigo. Nos vamos mañana por la tarde para evitar el tráfico tanto como sea
posible.
Doris terminó de escanear mis comestibles, y pasé mi tarjeta. Antes de partir,
metí la mano en mi carrito y agarré la bolsa que contenía cerezas Bing y un paquete
de galletas Milano de chocolate negro. Lo dejé al final de su caja registradora, como
siempre.
—Las cerezas son para tus nietos. Esconde las Milano de los pequeños
monstruos.
Ella me dio las gracias.
—Que tengas un buen viaje, cariño. No puedo esperar para escuchar todo al
respecto.
Sí, también yo. Este iba a ser un viaje por carretera muy interesante.

7
—Podrías concentrarte más en relajarte si me permites conducir mi auto. Tal
vez escuchar algunas de esas grabaciones de técnicas de respiración que te di.
Miré al Cadillac abollado del doctor Maxwell estacionado en mi camino de
entrada. El hombre no debería conducir en absoluto. De hecho, era un ejemplo
excelente de por qué las personas mayores de cierta edad deberían ser reexaminadas
para conservar sus privilegios de conducir. Relajarme sería lo último que haría con
él detrás del volante. Además, sabía que necesitaba tener el control lo más
humanamente posible.
Activé la ignición, y mi copiloto con corbata de moño levantó sus binoculares
hasta sus ojos, mirando por su ventana. Necesitaba un terapeuta nuevo por pensar
que era una buena idea hacer este viaje con mi terapeuta actual.
—¿Estás listo, Doc?
Él asintió y no bajó los binoculares.
—Nunca he estado en la Gran Manzana. No puedo esperar para ver qué
pájaros encontraremos.
Sacudí mi cabeza.
—Palomas, Doc. Ratas con alas. Eso es lo que encontraremos.
Partimos en nuestro viaje de siete horas desde Vermont a Manhattan. Las
primeras pocas horas transcurrieron sin incidentes hasta que llegamos a un atasco.
Comencé a sudar, literalmente, y mis dedos comenzaron a hormiguear en las puntas.
Oh, no. No mientras conduzco. El miedo al inminente ataque de pánico a veces era
casi tan malo como el ataque real. Mi corazón comenzó a acelerarse y mi cabeza se
sintió ligera. A veces vomitaba durante un episodio grave y no quería que eso
sucediese mientras estaba en la autopista. Tomé la decisión precipitada de conducir
por el arcén de modo que pudiera escapar de la sensación de estar encerrada entre
los autos inamovibles. La inclemente irregularidad en esa sección del camino sacó al
doctor Maxwell de su siesta. Despertó y se agarró a la barra de “oh mierda” sobre
su puerta.
—¿Qué está pasando? ¿Qué sucede?
—Nada. Solo nos encontramos con un poco de tráfico. Mi corazón comenzó
a acelerarse y necesitaba desviarme.

8 Solo Doc se vería aliviado por lo que acababa de decir. Soltó su agarre mortal
sobre la barra del auto y habló con voz calma.
—Relaja el agarre en el volante, Luca.
Miré hacia abajo. Mis nudillos estaban blancos, y la longitud de mis dedos
alrededor tenían un color rojo brillante. Hice lo que me indicó porque, aunque no
podría confiar en el lunático doctor para conducir un automóvil, sabía cómo
alejarme de los ataques de pánico.
—Probé una técnica de respiración. Obviamente no funcionó —dije,
asintiendo.
—Dime qué estás haciendo ahora.
Mis ojos se dispararon a él y de vuelta a la carretera a medida que continuaba
por la carretera de servicio.
—¿Qué estoy haciendo? Estoy conduciendo.
—No. Dime qué pudiste hacer cuando sentiste la sensación de pánico.
—¿Bajé en una salida? —No estaba segura a dónde quería llegar.
—Eso es correcto. Dirigiste el auto de una carretera a otra, lo que te hizo
sentir más segura. Puedes hacer eso. Y también puedes detenerte en cualquier
momento y salir del automóvil si lo deseas.
Asentí. Por supuesto, él tenía razón. Pero no estaba simplemente declarando
lo obvio. Me estaba recordando que yo tenía el control de la situación y había
ejercido ese control cuando sentí que lo necesitaba. La mayor parte de mi trastorno
de ansiedad era el miedo abrumador a estar atrapada. Era por eso que no me iban las
multitudes, el tráfico, el transporte público o los espacios pequeños; pero podía estar
bien caminando al aire libre en una ciudad bulliciosa. Ejercer control para alejarme
de la situación ayudaba a aliviar la ansiedad.
—Respira profundo, Luca.
Inhalé por la nariz y exhalé profundamente por la boca. Un escalofrío golpeó
mi piel, lo que de hecho me consoló. Mi cuerpo se ponía pegajoso cuando entraba en
un ataque de pánico; una capa de sudor a menudo impregnaba todo mi rostro con el
aumento de la temperatura de mi cuerpo. Un escalofrío significaba que mi cuerpo se
estaba enfriando.
—Háblame de la cita que tuviste el sábado por la noche.
9 Sabía que estaba intentando distraerme, mantener mi mente enfocada en algo
más que el ataque de pánico gestándose, pero estaba bien con eso.
—Llevó a… su madre.
Las cejas de Doc se fruncieron.
—¿Su madre?
—Sí. Para un picnic que preparé. —Los almuerzos de picnic en el parque
eran mi predilección para las primeras citas, independientemente del clima. Me
permitían evitar los restaurantes llenos de gente, y aun así mantenerlo informal. Era
eso o mi lugar, y el último chico que invité a cenar a mi casa asumió que eso
significaba que lo había invitado a tener una primera cita sexual.
—¿Por qué demonios llevaría a su madre?
Me encogí de hombros.
—Dijo que le había mencionado nuestros planes, y ella le había dicho que
nunca había estado en ese parque. —Eso es lo que conseguía por ser directa con los
hombres en cuanto a mis problemas antes de conocernos: conseguía bichos raros.
Pero no era justo ocultar el hecho de que no podía salir en citas como una
mujer normal de veinticinco años. No era tan sorprendente que los hombres
tendieran a desaparecer rápidamente cuando les hablas de ti y usas palabras como
agorafóbica y ansiedad. Lo que a su vez significaba que el grupo de citas restante
necesitaba una buena depurada.
Al darme cuenta que nuestra conversación me había distraído y ayudado a
sofocar el inminente ataque de pánico en toda regla que había sentido venir, dije:
—Por cierto, gracias por eso. Ya me siento mucho mejor. Solo voy a
detenerme en ese estacionamiento vacío más adelante para salir y hacer algunos
estiramientos.
Doc sonrió, sabiendo que el yoga era una de mis propias técnicas de auto
calma.
—Esa es mi chica.
El resto del viaje fue casi pacífico; sin más desvíos adicionales y Doc
hablando con su amiga en su celular con el volumen tan alto que la oí recordarle
llenar su prescripción de Viagra. Lo había programado para que llegáramos a

10 Manhattan en medio de la noche de modo que evitáramos la mayor cantidad de


tráfico posible, y tuviéramos la suerte de encontrar un lugar para estacionar en la
calle, ya que un garaje estaba fuera de mi alcance. Mi terapeuta fiel se iba a
hospedar en un hotel, que estaba a solo media cuadra del apartamento de mi padre.
—Doc. Despierta. Ya llegamos.
Despertó luciendo confundido, y me sentí mal por tener que interrumpir en
absoluto su sueño.
—¿Qué? ¿Eh? Oh. Bueno. Aquí. Estamos. Sí. Bien.
Lo acompañé a su hotel y esperé afuera para asegurarme que se registrara sin
problemas.
—Gracias otra vez por venir al viaje conmigo, Doc. Llámame si te sientes
con ganas de desayunar mañana temprano. Sé que es tarde, así que, si no, tal vez
almorzar.
Doc me palmeó el hombro.
—Llámame si me necesitas. En cualquier momento, Luca. Y hoy lo hiciste
bien. Realmente bien. Estoy orgulloso de ti. —Sabía que lo decía en serio.
A pesar de que había estado cansada durante las últimas horas del viaje,
cuando entré en casa de papá, de repente estaba completamente despierta. Era una
sensación de lo más extraña entrar al espacio vital de mi padre sin él allí. Se había
ido hace un año; aunque no lo sabrías al mirar su apartamento. La señora Cascio, la
vecina de papá, había estado revisando el lugar cada pocos días, trayendo el correo y
generalmente manteniendo a raya las telarañas.
Avancé y abrí todas las ventanas, porque el aire fresco siempre me ayudaba a
sentirme menos atrapada. Las estanterías de papá todavía estaban llenas de fotos
enmarcadas, ninguna de las cuales había sido actualizada en los cinco años
posteriores a la muerte de mamá. Levanté un pequeño marco doble plateado. El lado
izquierdo tenía una foto mía con mi uniforme de Niña Exploradora, y el derecho
tenía una de mí sentada en el regazo de papá mientras se inclinaba hacia delante y
apagaba las velas de un pastel de cumpleaños. Debo haber tenido seis años. Un gran
marco de marfil mostraba la foto de la boda de mis padres. Pasé mi dedo a lo largo
del velo de mamá. Todos siempre me decían que me parecía mucho a ella, pero al
crecer, no veía el parecido. Ahora, sin embargo, era su viva imagen. Era difícil creer
que ambos se hubieran ido.
La pequeña mesa del comedor tenía un montón de correspondencia. Había
11 enviado el correo de papá a mi casa, que eran catálogos y basura principalmente.
Una vez al mes, la señora Cascio me enviaba todo lo que llegaba, aunque le había
dicho que no era necesario. Recorrí la pila distraídamente, sin esperar ver nada que
valiera la pena conservar. Pero me detuve en un sobre dirigido a mí, bueno, no a mí,
sino a Luca Ryan.
Ese era un nombre que no había escuchado en mucho tiempo. En segundo
grado, mi maestra, la señora Ryan, comenzó un programa de escritura por
correspondencia con un pequeño pueblo en Inglaterra. No se nos permitió usar
nuestros apellidos reales por razones de seguridad, de modo que toda la clase usó su
apellido, de ahí a que fuera Luca Ryan.
Revisé la dirección del expedidor para ver el nombre del remitente.
G. Quinn
Guau, ¿en serio? No podía ser.
Entrecerré los ojos al matasellos. Era de un apartado de correos en California,
no en Inglaterra, pero no conocía a ningún otro Quinn aparte de Griffin. Y la letra
me parecía bastante familiar. Pero habían pasado cerca de ocho años desde que
intercambiamos cartas. ¿Por qué iba a escribir ahora?
Curiosa, la abrí y escaneé hasta el final de la carta para encontrar el nombre.
Efectivamente, era de Griffin. Empecé por el principio.

Querida Luca,
¿Te gusta el whisky escocés? Recuerdo que dijiste que no te gustaba el sabor
de la cerveza. Pero nunca llegamos a comparar nuestros gustos en licores fuertes.
¿Por qué sería, podrías preguntar? Déjame recordártelo: porque dejaste de responder
mis cartas hace ocho malditos años.
Quería hacerte saber que todavía estoy enojado por eso. Mi madre solía decir
que soy rencoroso. Pero prefiero pensar en ello como recordar los hechos. Y el
hecho es que, apestas. Listo, ahí lo he dicho. He estado guardándome esa mierda por
mucho tiempo.
No me malinterpretes, no estoy obsesionado ni nada así. No me siento en mi
casa pensando en ti todo el día. De hecho, han pasado meses en los que no me pasa
por mi cerebro ni un pensamiento de ti. Pero entonces, algo inesperado hace que
aparezcas de la nada en mi mente. Como ver a un niño en un cochecito comiendo

12 regaliz negro, y pensar en ti. Nota aparte: lo he probado de adulto otra vez, y todavía
pienso que sabe a la suela de mi zapato, así que quizás solo eres tú quien
simplemente no tiene gusto. Probablemente ni siquiera te gusta el whisky escocés.
De todos modos, estoy seguro que esta carta no te llegará. O si por algún
milagro lo hace, no responderás. Pero si estás leyendo esto, deberías saber dos cosas:
1. El Macallan 1926 vale el dinero extra. Se conduce de maravilla.
2. APESTAS.
Hasta luego, traidora,
Griffin.

¿Qué demonios?
Apestas.
Apestas.
Apestas.
No pude concentrarme en nada más desde que abrí esa carta.
A medida que empacaba más cosas de mi padre, los pensamientos de un niño
13 (bueno, ahora un hombre) que alguna vez había sido cercano y querido en lo
profundo de mi corazón, inundaron mi mente.
Un mensaje de texto de parte del Doc interrumpió mi viaje mental por el
carril de la memoria.
Doc: Podría haber jurado que acabo de ver una gonorrea en Central Park.
¿Una gonorrea?
Luca: ¿Qué?
Doc: Un gorrión azul eurasiático. Una de las aves más exquisitas de la
familia de los gorriones.
Luca: Ah. Viste un pájaro. Debí haber sabido.
Doc: Es un ave no migratoria que se encuentra en el extranjero, de modo que
no podría serlo. Pero si no es un gorrión, ¿qué es? ¡La última vez que vi uno,
estaba en Inglaterra!
El hecho de que mencionara Inglaterra era extraño; casi como una señal del
universo, dada la carta de Griffin. Aunque técnicamente la carta vino de California.
En realidad, necesitaba tomar un respiro y hablar con Doc de esto. Nunca antes le
había mencionado a Griffin.
Luca: Necesito hablar contigo sobre algo. ¿Puedes venir?
Doc: Creo que sería bueno para ti intentar aventurarte afuera.
Suspirando, supe que tenía razón. Sin embargo, necesitaba asegurarme que no
estuviera en un lugar abarrotado.
Luca: ¿El parque está lleno a esta hora?
Doc: No. Bueno, no donde estoy sentado.
Luca: Está bien. ¿Puedes decirme exactamente dónde encontrarte?
Doc estaba sentado en un banco rodeado de palomas cuando llegué a la
estatua de The Falconer en Central Park. Sus binoculares estaban apuntando hacia el
cielo, y cuando los bajó a la altura de los ojos, saltó como si lo hubiera sobresaltado.
—Bueno, parece que encontraron su espíritu animal —bromeé—. Supongo
que se corrió la voz de que el mayor amante de las aves que haya visitado alguna
vez la ciudad de Nueva York estaba en la ciudad.
—Ya quisiera. Fue el pan. No se necesita mucho para llamar su atención. El
problema es que no entienden una vez que se te acaba. Lo siguiente que sabes es que
14 estás en una película de Alfred Hitchcock. —Se volvió hacia mí y examinó mi
expresión—. ¿Qué está pasando, Luca? Pareces un poco ansiosa. ¿Te está
molestando estar afuera?
—No, no es eso.
—¿Te está estresando el embalaje? ¿Necesitas mi ayuda?
—No. De hecho, he sido bastante productiva en ese sentido. —Abrí
cuidadosamente el café que acababa de comprar del camión de comida a la vuelta de
la esquina y soplé—. Aunque, ha surgido algo más.
—¿Ah, sí?
Asentí, tomando un sorbo.
—Recibí una carta inesperada de un viejo amigo por correspondencia. Se
llama Griffin. La carta estaba en la pila de correo que normalmente me reenvían a
Vermont.
—¿Qué te está molestando de la carta?
—Era la primera vez que escuchaba de él en muchos años, y fue… un poco
abrasivo… burlón. Básicamente, me dijo que apestaba. Duele porque… en cierto
sentido, tiene razón. Nunca le expliqué adecuadamente por qué había dejado de
responder a sus cartas hace ocho años.
Doc cerró los ojos brevemente, comprendiendo, pareciendo saber
exactamente a dónde iba con esto.
—Hace ocho años… el incendio.
Asentí simplemente.
Toda mi vida cambió hace ocho años.
Había sido una adolescente normal a los diecisiete años. Pasaba las noches de
los viernes sentada en las gradas llenas mirando a mi novio el capitán del equipo de
fútbol arrojar pases de touchdown, yendo al centro comercial con mis amigos y
asistiendo a conciertos. Ni siquiera podría haberte dicho qué era la agorafobia en
aquel entonces. No tenía ningún miedo en el mundo.
Mi vida, tal como la conocía, terminó el cuatro de julio de mi último año. Se
suponía que era el verano de mis sueños, pero en cambio se convirtió en mi peor
pesadilla.

15 Mi mejor amiga, Isabella, y yo habíamos ido a ver a nuestra banda favorita,


The Steel Brothers, a un concierto en Nueva Jersey cuando algunos fuegos
artificiales cercanos aterrizaron en el techo del lugar, provocando un incendio que
envolvió el edificio. Murieron más de cien personas, incluyendo a Isabella. Mi vida
se había salvado solo porque estaba esperando en la fila en el área de concesión, que
estaba abajo y lejos del lugar de la explosión.
—Bueno, sabes cuánto tiempo he pasado sintiendo que no merecía vivir
cuando Izzy murió —dije—. Si ella hubiera sido la que hubiera ido a buscar los
refrescos, todavía estaría viva. Mi estado mental en ese entonces fue tan malo que,
por un tiempo, no me permití disfrutar de ninguna de las cosas que me hacían feliz.
Una de esas cosas era escribirle a Griffin. Él vivía en Inglaterra, y nos habíamos
estado escribiendo desde el segundo grado… casi una década. Con los años, nos
convertimos en algo más que amigos por correspondencia. Nos confiábamos cosas.
Cuando ocurrió el accidente… simplemente dejé de escribirle, Doc. Caí en mi
propio mundo y dejé de responder. Dejé que nuestra amistad muriera junto con todas
las otras partes de mí que sentía que estaban muertas.
Poco después de ese tiempo, también comencé a evitar los lugares llenos de
gente, y con los años, mis temores solo habían empeorado. Ahora a los veinticinco,
mi lista de fobias era larga. Lo único bueno de ser una reclusa antisocial era que me
proporcionaba interminables horas de soledad para escribir. Mi primera novela
autopublicada terminó siendo viral hace un par de años, y antes de darme cuenta,
había escrito tres novelas de suspenso de las más vendidas bajo el seudónimo de
Ryan Griffin y había llegado a un acuerdo con una editorial importante.
—¿Dijiste que se llama Griffin? ¿Ese no es tu…?
—Sí. Ryan fue el apellido que usé en mis cartas; era el apellido de mi
maestra. Y Griffin viene de ese Griffin.
Estaba intrigado.
—Eso es muy interesante, Luca. —Había pasado mucho tiempo desde que le
había dado a Doc material nuevo para reflexionar y analizar.
Cuando mis libros comenzaron a ir bien, me di cuenta que quería hacerme
cargo no solo de mi carrera sino de mi vida. Fue entonces cuando encontré al doctor
Maxwell, quien estaba semi retirado y era el único psiquiatra en Vermont que hacía
visitas a domicilio por las personas agorafóbicas. Lo que no sabía en ese entonces
era que Doc era aún más peculiar que yo, lo que por supuesto significaba que se
convirtió en mi nuevo mejor amigo eventualmente.
Una relación paciente-cliente totalmente extraña, lo sé, pero funcionó para
16 nosotros. También ayudó que mi propiedad arbolada fuera un paraíso para los
amantes de las aves.
—¿Cuándo fue la última vez que te escribió Griffin? —preguntó.
—Escribió un par de veces ese primer año después de que dejara de
responder antes de que finalmente renunciara a recibir otra carta mía. Estaba
entumecida en aquel entonces. Y cuando me di cuenta de lo que había hecho, que
había saboteado una de las cosas más preciadas de mi vida, estaba demasiado
avergonzada para responderle. —Suspiré y admití la dolorosa verdad—. En muchos
sentidos, perder a Griffin fue mi auto castigo por sobrevivir al incendio.
Se quedó mirando a la nada por un momento asimilando todo.
—Bueno, tu seudónimo es ciertamente evidencia de que te has aferrado a
Griffin de alguna manera.
—Absolutamente. Nunca lo he olvidado. Simplemente no pensé que volvería
a saber de él. Estoy sorprendida. Aunque, ni siquiera puedo culparlo por tener esa
actitud. A sus ojos, me lo merecía. No sabe lo que pasó en realidad.
—¿Qué te impide explicárselo ahora? Escribirle de vuelta seguramente sería
terapéutico y algo muy retrasado.
—Me odia, Doc.
—No te odia. No te habría escrito todos estos años más tarde si lo hiciera.
Claramente, todavía estás en su mente. Podría estar enojado. Pero no dejas que la ira
te afecte así, a menos que te importe en algún nivel.
Sabía que le había importado a Griffin alguna vez. También me preocupaba
profundamente por él. Detener nuestra comunicación era probablemente uno de mis
mayores remordimientos en la vida. Bueno, aparte de ofrecerme a comprar los
refrescos en el concierto.
Mientras rememoraba algunos de mis recuerdos de Griffin, me reí entre
dientes.
—Era muy gracioso. Siempre sentía que podía decirle cualquier cosa. Pero lo
extraño es que, aunque no conocía mi identidad y viceversa, probablemente conocía
a la verdadera yo mejor que nadie en ese entonces. Bueno, conocía a la persona que
era.
—Todavía eres ella, Luca. Solo un poco más… —dudó.
—¿Extra?
17 —No.
—¿Loca?
—Iba a decir vulnerable.
Doc dirigió su atención a un pájaro que había aterrizado en el banco frente a
nosotros. Se llevó los binoculares inmediatamente a sus ojos.
—¡Un cardenal del norte! —Se volvió hacia mí—. ¿Sabes lo que dicen de los
cardenales?
—¿Qué?
—Son mensajeros de nuestros seres queridos que han fallecido. Quizás
deberías reflexionar sobre lo que nuestro pequeño amigo rojo podría estar intentando
decirte en este preciso momento, Luca.

Nos quedamos en Nueva York durante cinco días más antes del largo viaje de
regreso a Vermont.
Entrar en mi preciosa casa, mi refugio seguro, después de estar lejos durante
tanto tiempo, me trajo una gran comodidad.
Había recogido a mi cerda mascota, Hortencia, de un granjero local que
aceptó vigilarla. Te preguntarás, ¿cómo termina una chica confinada en casa con un
cerdo de mascota? Bueno, hace un par de años, hubo un incendio en una granja
cerca de mi casa. Cuando escuché sobre la muerte de algunos de los animales, eso
me afectó naturalmente. Doc pensó que sería un buen ejercicio de exposición visitar
el lugar del incendio. Cuando lo hice, descubrí que no todos los animales habían
muerto. Algunos de ellos todavía estaban allí, alojados en un granero temporal.
Cuando miré a los ojos de mi cerdita, básicamente me vi a mí misma: un ser
triste y solitario. Ella probablemente también había perdido a su mejor amiga. Así
que hice lo que haría cualquier persona que hubiera encontrado a su alma gemela: la
llevé a casa.
Desde entonces, había sido como mi hija, malcriada definitivamente. Como
nunca planeé tener hijos, supuse que podría tratarla como tal.
A medida que intentaba volver a la rutina de estar en casa, seguí obsesionada
por la carta de Griffin.
18 Apestas.
Apestas.
Apestas.
Griffin nunca fue de andarse con rodeos, pero después de todo este tiempo…
eso fue duro.
Sentía que debía llorar por esto, pero en realidad ya no podía llorar más. De
hecho, Doc y yo bromeábamos a menudo sobre el hecho de que era incapaz de
derramar lágrimas. Me había instado a intentar llorar, a dejar salir todo, pero nunca
pude… no desde el accidente. Ni siquiera cuando murió mi padre.
Aventurándome a mi sótano, fui a buscar el contenedor cubierto de plástico
en el que había puesto las viejas cartas de Griffin; las había guardado todas.
Tal vez si podía volver a conectarme con él volviendo a leer una o dos, me
ayudaría a decidir si debía o no escribirle otra vez. Responder a su carta abrasiva
podría ser como abrir una lata de gusanos. Sería mejor dejar las cosas como estaban,
dejar que mis recuerdos de él sigan siendo mayormente positivos. Aunque también
suponía que responder podría traerme un cierre muy necesario, incluso si él nunca
más me respondía de nuevo.
Al abrir el contenedor, cerré los ojos mientras seleccionaba una. No quería
manipular el destino eligiendo una carta en particular para leer. Solo elegí una al
azar.
Al reconocer la fecha, me di cuenta que era una de las más antiguas, de
cuando probablemente teníamos unos diez años.

Querida Luca,
¿Cómo has estado?
Me siento triste porque mis padres me dijeron que se van a divorciar. Dijeron
que no es mi culpa.
¿Cómo estuvo tu recital de baile? ¿Recibiste flores después, como querías?
Te enviaría algunas si tuviera dinero. Cuesta mucho enviar cosas a Estados Unidos.
Te escribí una canción. Comienza así:
Luca. Luca. Luca.

19 Quiero comprarte una bazuca.


Aún no he terminado. Estoy buscando más palabras que rimen con Luca.
Hasta luego, cocodrilo
Griff

Aferrando la carta a mi pecho, pensé en la imagen de él que tenía en mi


cabeza. En algún lugar de la caja estaba la única foto de sí mismo que me había
enviado. Cuando teníamos alrededor de doce años, rompimos las “reglas” no
oficiales y finalmente intercambiamos fotos. Elegí una en la que estaba vestida para
una competencia de baile, usando maquillaje y zapatos de tap. Él me había enviado
una foto de sí mismo parado frente a un edificio en Londres. A esa edad, comenzaba
a estar loca por los chicos. Definitivamente me sorprendió saber que Griffin, con sus
grandes ojos castaños y cabello oscuro, era bastante lindo.
Nunca olvidaré lo que me escribió después de recibir mi foto.
Dale la vuelta a esta carta para ver mi reacción a tu foto en el reverso.
Y luego cuando lo hice, decía:
Vaya, Luca ¡Eres muy bonita!
No creo haberme sonrojado tanto en mi vida. Ese fue el primer momento en
que me di cuenta que quizás mis sentimientos por Griffin podrían ser más que
platónicos. Por supuesto, mantuve ese pensamiento en el fondo porque no era como
si algo pudiera pasar dada la distancia entre nosotros. Ninguno de los dos tenía
dinero para volar para ver al otro. Sin embargo, la distancia solo nos hizo más fácil
abrirnos el uno al otro.
Recordar las palabras de esa dulce y joven versión de Griffin y compararlas
con las duras que recibí hace una semana fue como una píldora difícil de tragar.
Como todavía no tenía claro si contactarlo, saqué otra carta.
Esta, según la fecha, era de cuando probablemente teníamos unos quince o
dieciséis años.

Querida Luca,
Te voy a contar un secreto. No confíes en los chicos. Como en, nunca. Te
diremos cualquier cosa para meternos en tus pantalones.
Y luego, cuando lo hagamos, explotaremos, literalmente, como en dos
20 segundos.
Bueno… puedes confiar en mí, pero no en otros chicos. (Y eso de todos
modos es solo porque estoy lejos y no puedo intentar nada, de lo contrario, tampoco
podrías confiar en mí).
De todas formas… tuve sexo. Supongo que tal vez ya lo descubriste.
Estuvo bien, pero no tan estupendo como pensé que iba a ser. Fue un poco
incómodo, en serio. Sobre todo, rápido. Aún no lo has hecho, ¿verdad? Espero que
la respuesta sea no. Será mejor que no, Luca. Si es así, no me lo digas. No podría
soportar saberlo. (De hecho, no, quiero que me lo digas. Tal vez solo podría
necesitar robar algo del whisky de mi padre antes de que lo hagas).
Mi mamá está mejor. Gracias por preguntar. Dijeron que el cáncer no se ha
extendido más allá de sus ovarios. Así que, eso es bueno. (Eso es bueno, ¿verdad?)
¿Sabe algo sobre el cáncer de ovario? Necesito que me digas que todo va a estar
bien. Confiaría en eso si viniera de ti. Supongo que solo necesito escucharlo.
Porque no puedo perder a mi madre.
No tardes demasiado en responder. Escuchar de ti siempre me pone de buen
humor.
Hasta luego, cocodrilo
Griff

Suspiré y volví a poner esa carta en su sobre legítimo. Tantas emociones.


De acuerdo, tal vez solo una más.
Sacando otra, la abrí y leí.

Querida Luca,
Escúchame. Si hay algo que te diré una vez y de verdad tienes que creer, cree
esto: una vez que eres infiel, siempre serás infiel. ¿Cómo se esto? Porque mi jodido
padre es uno, ¡así es como! Tengo conocimiento en el engaño.
Así que, si estás buscando ser engañada nuevamente, quédate con ese maldito
perdedor con el que estás saliendo.
¿Escuchaste eso? ¡Ese soy yo gritando desde la maldita Inglaterra! NO le des
21 a ese hijo de puta una segunda oportunidad. Sin importar lo mucho que diga que lo
siente.
Él no te merece, Luca. No lo hace.
Tiene suerte de que haya un océano entre nosotros, porque le habría roto la
cara por lastimarte como lo hizo. Estaría en la cárcel, y entonces mis cartas vendrían
con un aviso legal indicando que te las están enviando desde un centro correccional.
¿Puedes decir que estoy enojado? Porque estoy jodidamente enojado.
De todas formas… (ahora que saqué eso de mi sistema) ¿qué más hay de
nuevo contigo?
De hecho, tengo algunas noticias. Me uní a una banda. Es con unos chicos de
la escuela. No te rías, pero es algo así como una banda de chicos. Excepto que soy
mucho más lindo que Harry Styles. Pero no lo sabrías porque no me has visto
recientemente. ¿Deberíamos cambiar eso pronto? Muéstrame lo tuyo y te mostraré
lo mío. Es una broma. Sin presiones. Solo algo para pensar. Sé que te gusta seguir
siendo un misterio. Y en cierto modo, a mí también me gusta eso. (Pero para que
conste, si me dan la opción, me gustaría ver cómo te ves ahora).
Escribe pronto.
Hasta luego, cocodrilo
Griff
PD: Todavía me crujo los nudillos por aquí.

Cerré los ojos y sonreí.


Solo había una carta que nunca antes había leído. Era la última que llegó casi
un año después de que dejé de responder. En ese momento, estaba tan avergonzada
por no escribir en tanto tiempo que ni siquiera pude soportar seguir leyéndolas. En
ese momento no sabía que sería la última carta.
Rompí mi regla y examiné la pila buscando esa carta sin abrir hasta que la
encontré. Sabía que no iba a ser bonito, pero de todos modos la abrí.
Sin embargo, nada podría haberme preparado para lo que descubrí en su
interior. Nada.

22 Luca,
¿Notaste que omití el “Querida”? Ya no eres querida para mí. Porque dejaste
de responder mis putas cartas. Será mejor que estés muerta. Eso es todo lo que tengo
que decir. Espera. No quise decir eso. Jamás desearía que estuvieras muerta. Nunca.
Estoy tan jodidamente confundido.
Te escribo para decirte que esta es la última carta que recibirás alguna vez de
mí.
Es una maldita lástima, porque en realidad podría venirme bien una amiga
ahora mismo, Luca.
Mi madre murió.
No puedo creer que incluso esté escribiendo eso.
Hace dos meses descubrimos que su cáncer regresó y se propagó. Todo
sucedió muy rápido después de eso.
Mi madre MURIÓ, Luca.
Se ha ido.
No pude leer qué más decía la carta porque la tinta estaba manchada por sus
lágrimas.
Y ahora, sin previo aviso, mis propias lágrimas se derramaron en una
corriente interminable, lágrimas que ni siquiera sabía que tenía la capacidad de
crear.
Debe haber pasado una hora cuando finalmente dejé de llorar.
No había llorado desde que Isabella murió en el incendio. Pensé que mis
lágrimas se habían secado. Aparentemente era solo que nada me había afectado lo
suficiente como para hacerme llorar desde entonces.
Había perdido a su madre, y yo ni siquiera lo sabía.
Ahora estaba segura, sin lugar a dudas, que tenía que escribirle. Le debía una
explicación completa de lo que me pasó y por qué había dejado de responder.
Incluso si seguía odiándome después, al menos merecía una disculpa.
Esto no podía esperar más.
Sabía que estaría despierta toda la noche exponiendo mi alma hacia él.
23 Solo esperaba que me perdonara.
H abían pasado dos semanas desde que había enviado la carta. Bueno,
fue más como un libro: varias páginas de largo.
Le expliqué todos los detalles sobre el incendio y mi estado
emocional después y me disculpé por no haberme enterado nunca de la muerte de su
madre, asegurándome que supiera que solo había abierto la última carta
recientemente después de perder a mi padre. Le conté sobre mis problemas de

24
ansiedad; explicando la agorafobia en detalle y cómo no era un trastorno de salud
mental único para todos. Quería que entendiera que no era una exiliada total, que me
encantaba el aire libre y que podía tener relaciones íntimas. ¿Honestamente? Ni
siquiera podía decir qué más había escrito. Estuve despierta toda la noche hasta que
mi corazón estuvo vacío. En mi cabeza, no le escribí al chico que me había dicho
que apestaba. Estaba escribiendo al Griffin que esperaba fuera la misma persona que
tanto me había importado.
Normalmente iba a la oficina de correos dos veces por semana durante sus
horas lentas para revisar mi casilla de correo que usaba para el correo del lector. Sin
embargo, una semana después de enviar la carta, me encontré comprobándola todas
las tardes.
Durante varios días, no había recibido ninguna carta de Griffin. Al
decimocuarto día, un sobre rojo brillante sobresalía del resto del correo. El nombre
en la dirección del remitente: Griffin Quinn.
Me estaba temblando la mano. ¿Lo rasgo y lo leo aquí? ¿Podría incluso
esperar lo suficiente para conducir a casa?
Decidí que no sería una buena idea recibir noticias potencialmente
perturbadoras en un lugar público. Dios no lo quiera, me desmayo y me despierto
con un enjambre de personas acurrucadas sobre mí o algo así.
La idea de eso me hizo temblar.
Así que decidí correr a casa.
Una vez que llegué a la casa, le di de comer a Hortencia muy rápidamente
para que así estuviera contenta y apaciguada a medida que leía la carta.
Sentándome en un lugar cómodo en mi sofá mientras mi corazón latía con
fuerza, abrí el sobre cuidadosamente.

Querida Luca,
Apesto.
¿Todavía buscas una palabra en el diccionario para memorizar todos los días
como solías hacerlo? Bueno, en caso de que aún no hayas llegado a esta, déjame
hacer los honores.
Auto-ab*sorto
/ auto-ə bˈ zôrt /

25 Adjetivo
1. preocupado por los sentimientos, intereses o situación propia.
2. un amigo que te jode porque nunca se detuvo ni por un minuto a pensar
que tal vez había una razón por la que su mejor amiga dejó de escribir.

Sonreí y miré el viejo diccionario Merriam-Webster que estaba en la esquina


de mi escritorio. Mi copia era de 1993 y tenía 470.000 palabras. El lomo tenía
múltiples capas de cinta adhesiva manteniéndolo unido por todos mis años de uso.
Desde que tenía cuatro años y aprendí a leer, cada mañana abría una página al azar,
cerraba los ojos y señalaba una palabra en la página para memorizar. Había resaltado
las que había guardado en la memoria, lo que significaba que el viejo libro ahora
tenía una tonelada de amarillo. Aunque según mis cálculos, tendría que vivir hasta
tener 1.288 años para poder terminar. Pero eso nunca me desanimó.
Me encantó que Griffin recordara mi pequeño pasatiempo. Solo cuatro
personas lo sabían. Hizo que mi pecho se apriete al darme cuenta que él era el único
que ahora quedaba: mamá, papá e Izzy se habían ido. Ni siquiera Doc lo sabía. No
es que lo hubiera escondido ni nada así. Simplemente nunca había habido una razón
para mencionarlo.
Volví a leer, ansiosa por ver lo que había escrito.

Lamento mucho todo lo que pasaste, Luca. Aún lamento más no haber estado
allí para ti cuando pasó. Perdí a mi madre, y ella era demasiado joven para morir,
pero se supone que debemos perder a nuestros padres.
No se supone que debamos enterrar a nuestros amigos cuando somos
adolescentes. Especialmente no en la forma en que perdiste a Izzy. Jesús, mi carta
fue jodidamente insensible. No es una excusa, pero había bebido demasiado cuando
la escribí. ¿Crees que podemos empezar de nuevo? ¿Qué tal si lo intentamos? ¿Sí?
Eso es muy amable de tu parte. Bien. Voy primero.
Querida Luca,
¡Hola! Ha pasado mucho tiempo. He pensado mucho en ti a lo largo de los
años y me preguntaba qué estabas haciendo. Por alguna razón, esos pensamientos
han sido más frecuentes últimamente. Es una pena que hayamos perdido el contacto.
Probablemente fue mi culpa. De todos modos, te pondré al día con mi vida.
Hace cuatro años me mudé a los Estados Unidos.
26 Todavía toco mi guitarra, mi carrera musical ha sido… interesante. No resultó
exactamente como pensé que sería. Pero paga las cuentas. No estoy casado, ni tengo
hijos. Tuve una chica por un tiempo. Ahora no.
Amo el Océano Pacífico. Compré una tabla de surf. Apesto en eso, pero salgo
a remar para escapar de la vida tan a menudo como puedo.
Entonces… agorafóbica, ¿eh?
Es una palabra un poco genial. ¿Me hace preguntarme cuántos puntos te dan
en Scrabble? La G, F, B y C valen al menos tres. Pero espera… no quiero que
pienses que soy un bicho raro y me siento a jugar Scrabble todo el tiempo. Por otra
parte, no pensarías que es raro: memorizas el maldito diccionario. Un juego
tranquilo podría ser también lo tuyo. ¿Tal vez un juego de dos personas? ¿Te
asustarían tres personas en una habitación? ¿O hay un número establecido que te
lleva al límite? ¿Tal vez diecisiete? Eso es mucho. Mucho más de lo que puede jugar
Scrabble a la vez, eso es seguro.
Es una pena que no tengas agrizoofobia. (Miedo a los animales salvajes, en
caso de que aún no lo hayas ubicado en el diccionario, lenta). Eso te daría diez
puntos solo por la Z.
Quizás la próxima vez. Quiero decir, algunos animales salvajes son
jodidamente escalofriantes.
Hasta luego, cocodrilo
Griff
P.D: Tu carta me dijo todo lo que estaba mal contigo… o al menos todo lo
que crees que está mal contigo. En la próxima dime tres cosas de las que te sientas
orgullosa.
P.P.D: Mentí. Nunca fuiste “no querida” para mí.
P.P.P.D: Lamento mucho, muchísimo tu pérdida, Luca.

—Entonces, vamos a ver si lo entiendo, se burló de tu condición, ¿y esa es


una de las cosas que te gusta de él? —Doc se detuvo y mantuvo su dedo índice sobre

27
sus labios para callarme, incluso aunque acababa de hacerme una pregunta.
Definitivamente no teníamos sesiones de terapia tradicionales. Caminamos dos
veces a la semana por el bosque durante unas horas y hablamos mientras él buscaba
pájaros. Llevaba una libreta, pero la mitad del tiempo estaba anotando las razas de
los pájaros que veía, no nada de lo que decía.
—Sí. Sé que es extraño. Pero en realidad no se estaba burlando de mí. Quiero
decir, sí lo hacía, pero no lo hacía. Es una de las cosas que siempre me ha encantado
de nuestra relación. Siempre fue honesto, y sus bromas nunca fueron
malintencionadas. Era más que nada su forma de mostrarme que cualquier cosa que
me estuviera obsesionando no era tan importante. Como cuando tenía diecisiete años
y aún era virgen: le dije que me ponía nerviosa que cuando lo hiciera, todos los
demás serían más experimentados y quedaría como una aficionada torpe. Así que
inventó esta canción loca llamada “La Virgen Urgida”. Simplemente tiene una
manera de hacer que me ría de mis miedos.
—Hmm —masculló Doc. Asumí que su respuesta estaba relacionada con un
avistamiento de pájaros y no con lo que había balbuceado. Pero cuando miré en su
dirección, sus confiables binoculares ni siquiera estaban arriba.
—Hmm, ¿qué?
—Bueno, despediste a tu antigua agente porque hizo algunas bromas sobre tu
condición, a pesar de que siempre había dicho que estaba bromeando. Nunca
estuviste completamente convencida de la naturaleza de sus bromas. Sin embargo,
con Griffin, un hombre que nunca has conocido, puedes aceptar su diversión como
inofensiva y casi reconfortante. Parece que has confiado mucho en este amigo por
correspondencia tuyo.
Pensé un poco en ello.
—Sí, confío en él. Puede que nunca lo haya conocido, pero siempre lo
consideré uno de los amigos más cercanos que he tenido. Compartimos mucho a lo
largo de los años. Vivía en Inglaterra, así que no había posibilidad de que nos
topáramos en los pasillos de la escuela, lo que solo ayudó a derribar las paredes
normales que los niños levantan para protegerse. Éramos muy unidos. Incluso con
algunas cosas bastante íntimas.
—Y, sin embargo, rompiste todo contacto con él después del incendio.
—Ya te lo dije, era muy autodestructiva en ese entonces. Se sentía tan injusto
que todavía estuviera viva e Izzy no. No permití que nada que pudiera causarme
felicidad permaneciese en mi vida. Y creo que una parte de mí estaba avergonzada
de contarle lo que había sucedido. Ahora sé que no tiene sentido, pero me daba
vergüenza no haber salvado a Izzy.
28 Doc y yo caminamos en silencio por un rato. Al final se detuvo para mirar a
través de sus binoculares.
Me habló a medida que divisaba algo a lo lejos.
—Permitirle regresar a tu vida puede ser bueno por varias razones. Primero,
tu relación con él está entrelazada con el período de tu vida que te ha causado la
mayor tristeza y dolor. Has eliminado permanentemente casi todo desde ese
momento de tu vida: dejar Nueva York, no escuchar música, las multitudes, las
reuniones, incluso lamentablemente, tus padres han fallecido. Así que, es muy fácil
para ti fingir a diario que esa parte de tu vida no existió. Pero lo hizo, y si bien
podemos empujar las cosas en las que no queremos pensar a los recovecos de
nuestras mentes, la única forma de dejarlas realmente atrás es lidiar con ellas.
Griffin es parte de tu antigua vida que has intentado enterrar. Lidiar con esa relación
es un paso para seguir adelante.
Asentí. Eso tiene sentido.
—¿Cuáles son las otras razones?
Doc ajustó sus binoculares.
—¿Hmm?
—Dijiste que permitir que Griffin vuelva a mi vida podría ser bueno por
varias razones. Pero solo me dijiste una.
—Oh. Sí. Aceptación. Cuantas más personas sepan de tu condición, menos
temerás las reacciones de los demás y mejor será tu sistema de apoyo.
—Supongo…
—Además, está el coito.
Asumí que lo había escuchado mal.
—¿El qué?
—Coito… ya sabes, la unión de los genitales masculinos y femeninos. Ha
pasado un tiempo desde que has estado con un hombre.
Oh, Dios.
—Um. Sí. Entendido. Simplemente vamos a dar un paso a la vez.

29
Una vez, había escrito 14.331 palabras en un día. Fue el día de escritura más
productivo que jamás haya tenido.
Aunque mi promedio de conteo diario de palabras era más de dos mil. Sin
embargo, me llevó medio día escribir algunas cuantas palabras en una carta para
Griffin. No era tan fácil responder la pregunta que hizo.

Querido Griffin,
Las diez páginas de tragedia y sufrimiento que te escribí sangraron de mis
dedos. Sin embargo, me hiciste una pregunta simple: ¿de qué tres cosas estoy más
orgullosa? Y he estado mirando una página vacía durante la mayor parte de una
hora. La primera es fácil.
Mi trabajo. Estoy orgullosa de los libros que he escrito. Supongo que, en mi
primera carta deprimente, no mencioné que mi sueño se hizo realidad: ¡soy escritora,
Griff! Hace cuatro años, mi primera novela de ficción criminal se convirtió en un
éxito de ventas del New York Times. Desde entonces, he publicado otros tres libros,
y actualmente estoy en el proceso de edición de mi quinto.
Las otras dos cosas de las que estoy orgullosa no se me ocurren tan
fácilmente. Pero supongo que algo de lo que estoy muy orgullosa es pedir ayuda
después de la muerte de Izzy. Me tomó mucho más tiempo de lo que probablemente
debería, pero encontré un terapeuta, y estoy trabajando para enfrentar mis miedos.
Una de las cosas más difíciles que he hecho fue levantar el teléfono y hacer esa
primera cita. Puede sonar tonto, pero incluso explicar mi problema por teléfono la
primera vez fue difícil. Aún no estoy mejor, pero estoy trabajando para lograrlo en
estos días, y por eso, estoy orgullosa.
Dios, esto es duro. ¿Por qué tuviste que pedir tres cosas? Me estoy dando
cuenta que no soy muy buena presumiendo. Pero lo último de lo que estoy orgullosa
es algo que hago tan a menudo como puedo: creo que lo describiría como actos de
bondad al azar. Por ejemplo, algunas veces pago por los víveres de un extraño detrás
de mí. O en un día de verdad muy frío, a veces compro chocolate caliente para los
guardias de cruce de la escuela; les toca estar varados afuera en el frío. Sé que no es
transcendental, pero disfruto haciéndolo. Una vez al mes, paso el día cocinando un
montón de comidas diferentes y luego las dejo en la casa del señor Fenley: es mi
vecino que perdió a su esposa el año pasado, y extraña realmente su cocina casera.
Bien, suficiente de mí. Ahora es mi turno de elegir una pregunta para que la
30 contestes: Dime tres cosas a las que tienes miedo.
Tu amiga por correspondencia favorita,
Luca
P.D: Me encantan las cartas escritas a mano, pero si te sientes más cómodo
con el correo electrónico, podemos intercambiar mensajes de esa manera.
P.P.D: Me encantaría intercambiar fotos más recientes. ¿Te mostraré la mía si
me muestras la tuya? ;)
P.P.P.D: Agrizoofobia es de treinta puntos sin espacios de bonificación. Pero
la logizomecanofobia (miedo a las computadoras) es de cuarenta y tres puntos.

Pensé en incluir mi foto en el sobre, pero al final decidí no hacerlo. Ya no


éramos niños. Las reglas de la señora Ryan no aplicaban. Pero intercambiar fotos de
adultos por alguna razón se sentía como un gran paso. Especialmente ahora que
Griffin vivía aquí en los Estados Unidos. Una vez que diéramos ese primer paso,
¿qué nos impedía dar un segundo? Ese pensamiento era bastante aterrador, pero
también muy emocionante.
Doblé la carta en un sobre y la dirigí a su apartado de correos en California.
Cuando terminé, pegué un sello y miré el nombre. Era jodidamente loco.
Griffin Quinn.
Después de todos estos años.

31
—¿Cuál es el total?
Mi abogado sacudió la cabeza.
—Un poco menos de ciento diecinueve mil.
Me pasé los dedos por el cabello.
—Jesús. ¿Cómo pude ser tan jodidamente ciego?
32 —Fue durante un período de dos años y medio. No seas tan duro contigo
mismo. Desafortunadamente, veo este tipo de cosas sucediendo todo el tiempo. He
tenido casos en los que se trata de millones, Griff. Estuviste mucho tiempo en
carretera. Grandes cantidades de dinero entrando y saliendo. Tenías que confiar en
alguien.
—Sí. Aparentemente, mi mejor amigo de la infancia fue la elección
jodidamente equivocada.
Lo primero que hice cuando firmé mi primer contrato discográfico fue
involucrar a mi amigo Will de Inglaterra y contratarlo como mi manager. Estaba
viajando por todos lados, dando conciertos para promocionar mi álbum. Mi sello
discográfico me empujaba a volver al estudio y comenzar el siguiente álbum, y de la
noche a la mañana, el día en que mi sencillo salió, gané doscientos mil seguidores en
Instagram. Y eso fue antes de que todo explotara realmente. Necesitaba a alguien
que me mantuviera organizado, alguien en quien pudiera confiar para hacer frente a
mis finanzas día a día. Mi abogado, Aaron, me había advertido que no contrate a un
amigo. Le dije que estaba loco; de ninguna manera iba a contratar a una empresa por
encima de mi amigo.
Le tendí la mano a Aaron.
—Hombre, gracias por no decir te lo dije.
Él sonrió.
—Nunca. Eso no es parte de mi trabajo. ¿Decidiste cómo vamos a manejar
esto? Sabes cuál es mi posición. Deja que la policía se encargue de eso. Si le hizo
esto a su amigo, ¿qué les hará a los desconocidos?
Sabía que tenía razón, pero simplemente no podía presentar cargos. En el
fondo, me sentía en parte responsable por los problemas de Will. Lo había llevado a
las fiestas que lo engancharon con las drogas. Y cuando me di cuenta de lo fuera de
control que había terminado su hábito, ¿qué hice? Me fui en una gira de tres meses y
lo dejé solo en mi inmensa casa con acceso a todo el efectivo que necesitaba para
cavar su propia tumba. Tal vez si hubiera cancelado algunas presentaciones y lo
hubiera llevado a rehabilitación, nada de esto habría sucedido.
—Tomó prestado el dinero de su familia para pagarlo todo. Mientras ese
cheque desaparezca para el final de la semana, solo quiero dejar esta mierda atrás.
Aaron asintió.
—Tú decides. ¿Qué hay de su G-Wagen en el camino de entrada?
—Le dije que eso era el interés. Dónalo a alguna parte. No lo quiero.
33 —¿Estás seguro? Es un auto costoso con apenas dos años de uso.
—No quiero su dinero. Recuperaré lo que robó. Pero eso es todo.
—Como digas. —Aaron se levantó—. ¿Alguna caridad en particular?
—No. Elige una. —Lo acompañé hasta la puerta y la abrí—. Pensándolo
bien, ve si existe una organización benéfica legítima para las personas que sufren de
agorafobia.
Las cejas de mi abogado se fruncieron.
—¿Hablas en serio?
—Absolutamente.
Se rio entre dientes.
—Lo que tú digas, jefe.
Vi como Aaron se fue en su Audi R8. Tuvo que navegar más allá del G-
Wagen de Will y mi Tesla Roadster. Los malditos excesos en California. La mierda
era definitivamente más fácil en Yorkshire. No es que no apreciara la fortuna y la
fama, pero algunos días me preguntaba si el precio valía la pena: amigos robando a
amigos, mujeres usándote para que las introduzcas a la industria discográfica,
paparazzi interminables, la incapacidad de entrar a una tienda de discos y pasar un
rato tranquilo examinando los pasillos. Extrañaba las cosas simples de la vida, y
ahora solo era como una pausa en los tiempos locos. Muy pronto, estaría de gira
nuevamente. Y entonces Cole engulliría a Griffin por completo.
Lo que me recordaba. En lugar de regresar a la casa, avancé hasta el final de
mi camino de entrada para revisar el buzón. Había pasado una semana desde que le
escribí a Luca y esperaba que mi primera carta no la hubiera asustado. Demonios, en
realidad ni pensé que recibiría mi carta. Ciertamente, nunca esperé la mierda que me
había contado cuando respondió.
Perder a una amiga en un incendio… en un concierto lleno de gente de todos
los lugares. Eso era bastante jodido.
Revisé una pila de correo de cinco centímetros a medida que caminaba de
regreso a la casa y sonreí al ver la letra familiar de Luca.
La abrí y leí cada palabra, acomodándome en el sofá. Dos veces.
¿Cuándo fue la última vez que alguien fue tan honesto conmigo? Mi madre
probablemente. Definitivamente no había tenido gente así en los últimos tres años

34 desde que mi estrella se había alzado en el mundo de la música. Mi vida ahora


estaba llena de dos tipos de personas: personas adulándome porque trabajaban para
mí o para mi sello discográfico, y personas que querían algo de mí.
Luca no era ninguna de las dos… y a menos que fuera una mentirosa de
mierda, tampoco tenía idea de quién demonios era. O no sabía quién era Cole Archer
o lo sabía y no me reconocía por la única foto que habíamos intercambiado hace más
de diez años. De cualquier manera, ser Griffin otra vez se sintió bien. Hablar con
Luca se sintió aún mejor.
Leí su carta dos veces más y luego agarré un cuaderno de la media docena
que tenía por toda la casa para cuando me inspiraba.

Querida Luca,
¿Tres cosas de las que tengo miedo? ¿Cómo se supone que debo responder
eso y seguir sonando como un tipo rudo? Estoy jodidamente seguro que no puedo
decirte que tengo miedo de la oscuridad, las arañas o las alturas. Eso arruinaría mi
credibilidad callejera. Así que voy a tener que ir con una mierda realmente
aterradora. Como fracasar.
Si quieres saber la verdad, que estoy bastante seguro que lo haces, tengo
miedo de fallar. Decepcionar a los demás, decepcionarme a mí mismo, decepcionar
a…
Estaba a punto de decir decepcionar a los fanáticos. Pero Griffin no tenía
fanáticos. No quería comenzar a mentirle a Luca, así que solo debía tener cuidado de
cómo redactaba las cosas.
… decepcionar a la vida que construí aquí en California y esta se desmorone.
¿De qué más tengo miedo? A la muerte. Aunque temer algo que es inevitable
podría no ser el uso más productivo del tiempo. Tal vez ni siquiera temo a la muerte,
sino más bien es un miedo a lo desconocido. ¿En serio vamos al cielo? Creo que
cualquiera que tenga un miedo saludable a la muerte debe ser escéptico a esa
respuesta; porque si estuviera seguro que iría a un lugar donde no hay dolor ni
enfermedad y todos reciben alas geniales y se encuentran con sus viejos amigos,
estoy bastante seguro que no temería a la muerte.
El último temor era nuevo, uno que debatí una y otra vez sobre compartir
antes de decidir ser honesto. Quiero decir, ella había compartido conmigo una
maldita mierda absolutamente aterradora. Era lo menos que podía hacer.
35 El último es un miedo relativamente nuevo, pero eso no lo hace menos real.
Temo joder las cosas y asustarte nuevamente. Así que, hagamos un pacto, ¿de
acuerdo? Si lo arruino, me lo harás saber y no dejarás de responder mis cartas.
Creo que a estas alturas, hemos intercambiado suficientes cosas pesadas para
aguantar por un tiempo. Así que pasemos a la parte más ligera de Luca y Griffin,
Parte Deux. Tengo ocho años de preguntas sin respuestas:
1. ¿Tuviste sexo finalmente? Si es así, me debes la historia de tu primera vez,
ya que compartí la mía y prometiste compartir la tuya. (¿Es bastante retorcido que
en cierto modo deseo que no hayas tenido sexo todavía?)
2. ¿Cómo te sientes con respecto al tocino? Quiero decir, mencionaste que
tienes un cerdo de mascota, así que me pregunto si eso significa que no comes
tocino. O tal vez eres vegetariana como la mitad de las personas aquí en la
California saludable.
3. Si fueras a cantar karaoke, ¿qué canción elegirías y por qué?
Hasta luego, cocodrilo
Griff
P.D: Aunque la idea de que me muestres lo tuyo es extremadamente atractiva,
me gustaría esperar un poco antes de intercambiar fotos. Sigamos con el misterio.
P.P.D: Hipopotomonstrosesquipedaliofobia, miedo a las palabras largas,
sesenta y cinco puntos. Hace que tu agorafobia de diecinueve puntos parezca un
juego de niños, ¿verdad? Consíguete un miedo real, Ryan.
P.P.P.D: ¿Tienes genofobia? Yo definitivamente no.

36
C
orrí al diccionario para buscar la palabra genofobia: el miedo
psicológico a las relaciones sexuales o a los encuentros sexuales.
Estupendo.
Bueno, definitivamente no perdía el tiempo en decir lo que pensaba. En ese
sentido, era como si no hubiera pasado el tiempo.

37
Sus preguntas ciertamente me dieron mucho para reflexionar. ¿Lo curioso?
Sabía cómo quería responderlas, aparte de una: cómo me sentía con respecto al
tocino. Ese era un dilema con el que luchaba a menudo. ¡Gah! ¿Por qué tuvo que
preguntar eso?
De todos modos, sabía que no le estaría respondiendo hasta esta noche;
llegaba tarde a una cita con el Doc. Aunque normalmente salíamos a caminar por el
bosque, el clima no estaba cooperando hoy. Así que planeamos encontrarnos en la
casa de Doc.
Era bueno que tuviera agorafobia y no claustrofobia, porque el doctor
Maxwell tenía una casa diminuta, literalmente, como las que se ven en esos
programas presentados en HGTV. Hasta Doc, nunca había conocido a nadie que de
hecho viviera en una.
Doc señaló su pintura favorita de pájaros colgando en la pared.
—Este todavía tiene que ser mi favorito, Luca. El colibrí.
Hace aproximadamente un año, Doc decidió que iba a luchar por una vida de
minimalismo; por lo tanto, la casa diminuta. Al parecer, todo lo que necesitaba eran
aire y pájaros. También concluyó que ya no deseaba que pagara mi terapia en
dólares, porque tenía dinero suficiente. Insistió en que, en cambio, eligiera otra
forma de compensarlo y me pidió que se me ocurriera algo que considerara
adecuado. ¿Qué le das al hombre que aparentemente no quiere ni necesita nada?
Supe que tendría que tener algo que ver con los pájaros.
Además de mi escritura, siempre había incursionado en el arte, solo simples
pinturas al óleo. Una tarde, busqué en Google cómo pintar un pájaro. Durante varios
meses, perfeccioné la destreza desde los detalles en la pluma hasta la formación del
pico. Aprendí a dibujar y pintar varios tipos de pájaros, pero solo le presenté los
mejores. El resto lo guardé en mi sótano. Era como una morgue de pájaros allá
abajo. ¿La única coincidencia entre todos los pájaros que había pintado? Todos
parecían estoicos, nunca volando, solo posaban. Y sus picos nunca estaban abiertos.
Denominamos mi arte como “La Colección Estoica de Pájaros”. Doc teorizó que las
expresiones de los pájaros eran un reflejo de cómo me sentía por dentro. Eso es una
mierda pesada. De todos modos, mi obra de arte enmarcada ahora adornaba cada
pequeño rincón de la casa de Doc, y cada vez que miraba a mi alrededor miraba mis
creaciones.
Doc se sentó frente a mí.
—Entonces dime, Luca, ¿cómo ha estado tu correspondencia con Griffin?
La mera mención del nombre de Griffin me hizo sentir vertiginosa por dentro.
38 —Ha sido asombroso en realidad. Se siente como si hubiéramos retomado
donde lo dejamos, lo cual es bastante increíble, considerando todo lo que hemos
pasado y el tiempo que ha pasado.
—¿Qué hace exactamente en California?
—Ya sabes… no entra en detalles sobre su trabajo, pero sé que trabaja en la
industria de la música y es un aspirante a músico. Supongo que debe haber aceptado
cualquier posición para conseguir estar dentro.
—Ah. Inteligente.
—Aunque, sucedió algo interesante… cuando le sugerí que intercambiemos
fotos, de hecho dijo que prefería que mantengamos el misterio. Pensé que era un
poco extraño. En el pasado, él siempre era el que insistía en ver cómo me veía.
—¿Estás pensando que tal vez está avergonzado de cómo se ve?
—No estoy segura. Eso o simplemente disfruta el suspenso. —Suspiré—. ¿Es
raro que no me importe para nada cómo se ve ahora? Quiero decir… hay una parte
de mí que definitivamente lo imagina muy atractivo, como lo era en la única foto
que recibí de él cuando teníamos doce años. Pero al mismo tiempo, simplemente no
me importa.
—En realidad, estoy un poco sorprendido que estuvieras tan ansiosa por
enviarle una foto tuya. Eso no es propio de ti. Tiendes a ser un poco más reservada.
—No con él. Creo que es una necesidad egoísta de hacerle saber que no soy
tan poco atractiva, o al menos no creo que lo sea. Supongo que en cierto modo
quiero que él me desee. Por más incómoda que pueda estar con otras personas, estoy
bastante cómoda con mi propia piel. La gente me ha dicho que soy atractiva las
suficientes veces como para creerlo, incluso si algunas de esas personas
probablemente solo intentaban meterse en mis pantalones.
—Me alegro que te veas hermosa, Luca… como deberías, tanto por dentro
como por fuera. Por supuesto, no importa lo que piensen los demás, solo lo que tú
pienses.
Si bien sabía que tenía razón teóricamente, no debería importar lo que
piensen los demás, definitivamente me importaba lo que Griff pensara. Quizás un
poco más de lo que debería tan pronto.
—A veces, por la noche, cuando estoy aburrida, me maquillo y me visto bien
sin razón.

39 —Diría que es extraño, pero me paso la mitad de mi vida teniendo


conversaciones filosóficas unilaterales con pájaros.
—Sí. En realidad, no puedes hablar, Doc. —Me reí—. De todas formas… me
visto bien sin ningún lugar a donde ir. Es bastante patético. Pero así puedo ver cómo
me vería si realmente saliera de la casa. Tomo algunas fotos. Me arreglo muy bien.
—Sabes que me estás dando una gran idea para uno de tus próximos
ejercicios de exposición, ¿verdad?
—Déjame adivinar. Vas a hacer que me vista bien y salga en realidad y me
rodee de personas, ¿no?
—Sí. Y sé exactamente el lugar al que iremos.
Probablemente debería estar preocupada.
—Excelente.
Al final, acurrucada en mi cómodo lugar en el sofá con una taza de té caliente
a mi lado, comencé a escribirle a Griffin.

Querido Griffin,
En serio tuve que buscar qué es la genofobia. Al principio, pensé que te
referías a ser un germofóbico, lo que ciertamente no soy, ¡teniendo en cuenta que
vivo con un cerdo! (La mantengo lo más limpia posible, aunque solo muéstrale un
montón de barro y todas las apuestas están perdidas. Sus verdaderas tendencias
cerditas salen a la luz).
¿Soy una genófoba? No. Me encanta la idea del sexo, de abrirme a alguien
así; supongo que abrirme literal y figurativamente. :-) Puede dar un poco de miedo,
pero no hasta el punto de una fobia. Sin embargo, mis experiencias sexuales no han
estado exactamente a la altura del potencial que creo posible con la pareja adecuada.
En otras palabras, no he tenido el sexo alucinante que probablemente exista. Al
menos, espero que exista. Todavía estoy esperando experimentarlo.
Eso me lleva a responder tu primera pregunta, que básicamente acabo de

40 hacer. ¿Tuve sexo finalmente?


Sí; pero no hasta que tuve veinte años. Me tomó un tiempo comenzar a salir
después del incendio. Terminé perdiendo mi virginidad con un chico que había
conocido a través de un grupo de apoyo para personas afectadas por el incendio.
Michael había perdido a su primo. Después de una de las sesiones, terminamos
yendo a su auto para hablar y una cosa llevó a la otra. Él no tenía ni idea de que era
virgen. De todos modos, fue rápido y doloroso. Y por cierto, el cuero contra un
trasero desnudo no es la sensación más cómoda posible. Dejó de ir a las reuniones
poco después y ese fue su final. No es exactamente la historia de la “primera vez” de
la que están hechos los sueños. Por otra parte, tampoco lo fue la tuya. Desde
entonces he tenido otros dos compañeros que no fueron nada del otro mundo, ni
nada sobre lo que escribirle a mi amigo por correspondencia. No todo fue culpa
suya. Se necesitan dos para bailar tango, y simplemente no creo que me dejara ir a
ese lugar de vulnerabilidad que probablemente se necesite para perderse en otra
persona. ¿Tienes algún consejo para mí en ese ámbito?
Así que, karaoke… solo hice karaoke una vez, pero me pareció mucho más
agradable de lo que habría imaginado, incluso aunque estaba sola en mi sala de estar
con Hortencia mirando. Podría haber estado un poco ebria, como cuando tú lo
estabas al volver a contactarme la primera vez. (Por cierto, esa fue la mejor decisión
ebria que alguien haya tomado alguna vez). De acuerdo, ¿ves? Me estoy estancando
porque dudo un poco en decirte que mi canción favorita de todos los tiempos para
cantar karaoke es: (Redobles) ¡“Fernando” de ABBA! Por otra parte, es probable
que hayas adivinado que habría elegido una canción de ABBA si recordaras algo
que dije en nuestras docenas de cartas.
He guardado la más difícil de tus preguntas para el final. Me tomó en serio
todo el día descubrir cómo responder a esto porque, sinceramente, es un gran dilema
moral para mí. Aunque ya no lo como, ME ENCANTA el tocino. Pasé muchos años
proclamándolo mi comida favorita: huevos y tocino, trocitos de tocino, vieiras
envueltas en tocino. El anhelo no desaparece de la noche a la mañana porque te
conviertas en la madre adoptiva de un cerdo. El hecho de que mi boca esté salivando
ahora me enferma. Así que, me siento con respecto al tocino como me siento con
respecto a muchas cosas en la vida. Me mantengo alejada de ello, pero no puedo
evitar el hecho de que me gusta. (¿Algo así como el porno, tal vez?) Por supuesto,
mientras escribo esto, Hortencia me está mirando y me siento como Hannibal
Lecter.
Con esa nota extraña, espero que vuelvas a escribir pronto. Estoy disfrutando
mucho nuestra reconexión. A decir verdad, se está empezando a sentir como los
viejos tiempos.
41 ¿Todavía crees en Dios?
Tu amiga por correspondencia favorita,
Luca
P.D: Como no quieres intercambiar fotos, pensé en decirte un poco sobre mí
ahora. Mido un metro sesenta y siete, cincuenta y seis kilos, y me arreglo
estupendamente cuando tengo que hacerlo. Cuando no tengo que hacerlo, me
pueden encontrar casi todas las noches envuelta en una manta de lana y con aspecto
de patata.
P.P.D: Esa fue tu señal para contarme más sobre cómo te ves ahora.

La espera para recibir una carta siempre era una tortura. Nunca tenía garantía
de que él respondiera. Solo tenía que tener fe ciega cada vez. Así que mientras
esperaba, pasé el tiempo continuando con mi vida: cumpliendo con mi número de
palabras diarias, asistiendo a las sesiones con el Doc, cuidando a Hortencia. Pero la
anticipación de más correspondencia siempre estaba presente.
Llevó más de una semana, pero al final el sobre rojo brillante apareció en mi
apartado de correos. Los “días de cartas” siempre eran algo para celebrar. Conducía
a casa, me encargaba de Hortencia y luego me relajaba en mi silla para saborear
cada palabra.

Querida Luca,
Por cierto, el tocino y el porno van increíblemente juntos.
En mi próxima vida, quiero volver como un cerdo y ser adoptado por ti. ¿Eso
es raro?
Me encantan tus respuestas a mis preguntas y lo honesta que eres. No me
importaría dar vueltas en el barro contigo y Hortencia. Irónicamente, comí tocino
para el desayuno esta mañana, y tengo que decir que me encontré analizando en
exceso esa decisión, así que muchas gracias por eso.
Creo que si vas a elegir una canción de ABBA, “Fernando” es una buena
opción. Podrías haber elegido “Dancing Queen”, y eso habría sido demasiado
básico y aburrido; dos cosas que definitivamente no eres, Luca.
42 Me preguntaste si todavía creo en Dios. Siento que la presencia de Dios crece
y mengua en nuestras vidas, pero sí, creo que Él o Ella existe. Los momentos en que
nos sentimos más distanciados de Dios son los momentos en que estamos sufriendo
o doliendo. Y a pesar de la falta de fuerza durante esos tiempos, Dios nos hace
volver a Él. Luego nos recompensa por nuestra fe y perseverancia. A veces siento
que volver a conectar contigo es un ejemplo de recompensa, una de las formas en
que a veces Dios hace su magia. La fe no es fácil. No creo que debamos tener todas
las respuestas o entender por qué suceden cosas malas. No sabemos, por ejemplo, si
nuestros seres queridos están en un lugar mejor.
Tal vez solo pensamos que fueron castigados cuando murieron, pero tal vez
fueron salvados. Tal vez nosotros somos los que estamos en el infierno.
Simplemente no tenemos todas las respuestas, y no estamos destinados a saberlo.
¿Sabes? Nota para Luca: no hagas que Griffin comience a hablar filosóficamente, o
puede que nunca deje de divagar.
Gracias por la imagen que me proporcionaste al describir tu aspecto. Ahora
no puedo sacarla de mi mente. ¿Yo? En cierto modo, me parezco al de la foto que te
envié años atrás, pero un poco más musculoso (gracias a Dios) y ahora con algo de
vello facial. Espero que no creas que estoy siendo sombrío al no querer compartir
fotos. Este anonimato contigo me brinda un cierto nivel de comodidad que no puedo
tener en ningún otro lado.
He releído la sección de tu carta donde respondiste a mi pregunta sobre el
sexo varias veces, pero no he comprendido algo. ¿Nunca has TENIDO un orgasmo
de verdad? ¿Podría SER más intrusiva? (Sí, sueno como Chandler de Friends). Por
favor, dime que te corriste al menos una vez durante esos momentos. Entiendo lo
que quieres decir sobre la necesidad de confiar en alguien para realmente dejarte ir.
Esa es la diferencia entre follar y tener una verdadera conexión sexual con alguien.
Esto último es raro. He tenido mucho sexo, pero la mayoría de las veces es un medio
para un fin, y cuando termina, no hay nada a lo que aferrarse. No estoy orgulloso de
eso, pero las mujeres (al menos aquí) hacen que sea demasiado fácil para los
hombres. En su mayor parte, aceptaremos lo que ofrecen, pero a veces es bueno
tener que luchar por ello. Tengo la impresión de que no lo pones fácil y eso es
ardiente, Luca. Créame. No quiero estar con alguien que esté bien conmigo solo
metiendo mi polla en ella y yendo a casa. Quiero a alguien que entienda que ella
vale más que eso y que quiere más que eso. No creerías la cantidad de mujeres
superficiales con las que me encuentro cada día que están perfectamente bien con,
como dicen los estadounidenses, “dentro, fuera, y nada más”. También quiero sentir

43 algo más. Creo que eres el tipo de persona que quiere más y espera más, pero que no
estabas en el lugar en tu vida para tomar decisiones acertadas cuando tuviste sexo
con esos pocos tipos afortunados. Creo que la persona que eres ahora es mucho más
sabia y más selectiva. Eso es bueno, porque te mereces más.
Para que conste, estaría perfectamente bien si decidieras no volver a tener
sexo nunca más. ;-) Bromeo. Aunque estaba jodidamente celoso por aquel novio
futbolista que tenías en la escuela secundaria. Me mataba cada vez que hablabas de
la posibilidad de tener sexo con él. Así que en cierto modo me alegro que no haya
sido él, incluso si desperdiciaste tu primera vez con un “supuesto” primo de luto,
que podría seguramente haber estado merodeando esas reuniones en busca de una
persona vulnerable. De todos modos, ese infiel con el que saliste en la secundaria no
era digno. Me encanta poder admitir mis celos ahora. O tal vez solo creo que puedo,
pero en realidad te estoy incomodando y ahora mismo estás instalando un sistema de
seguridad ADP en tu casa. Dime cuál es. Además, ¿alguna vez te han hecho sexo
oral?
Hasta luego, cocodrilo,
Griff
P.D: No tiene que responder eso, pero si lo haces, podría considerarlo como
que quieres hablar un poco más de sexo. Ahora que somos adultos, creo que podría
ser divertido explorar nuestras opciones… y nuestras fantasías.
P.P.D: En tu carta, declaraste que no habías tenido “el sexo alucinante que
PROBABLEMENTE existe”. Definitivamente existe, Luca.
P.P.P.D: Acciona el sistema de alarma con la cámara de video.

Leí esa carta al menos cinco veces. Dios, me hizo reír y sonreír. Y santo
cielo, ni siquiera me había tocado, aun así, me encontraba totalmente excitada por
sus palabras. Sin importar que no supiera nada de su aspecto. Nuestra química nunca
se había basado en cosas físicas, sino siempre en la intensa conexión mental y
emocional que teníamos. Confiaba en él más que en casi nadie, y eso significaba que
definitivamente quería explorar a donde nos llevarían nuestras palabras. Me habían
pasado muchas cosas desde que éramos adolescentes. Lo único bueno que salió de
esto era que ya no creía en mantener las cosas dentro. Si tienes algo que decir, dilo,
y si hay algo que quieres, hazlo. Todavía tenía que superar mi agorafobia, pero
desde dentro de los límites de mi casa, sentía que podía gobernar el mundo. Al
44 menos, Griffin me hacía sentir así.
irme.
H abía sido un largo y arduo día en el estudio de grabación. Todos mis
compañeros de banda se habían ido cuando la coordinadora de
producción se coló detrás de mí mientras me estaba preparando para

—Hola, Griffin.
—Hola, Melinda.
45 La última vez que vi a Melinda hace unos meses, la estaba apoyando contra la
pared a medida que follábamos en la cabina de sonido. Era tan atractiva como
cualquier otra persona con la que me hubiera metido, de una manera rubia de bote y
silicona. Pero definitivamente no estaba buscando una repetición. Últimamente, me
había costado mucho concentrarme en otra cosa que no fueran las cartas de Luca, lo
cual era completamente jodido.
—Algunos de nosotros vamos a The Roxy esta noche para celebrar el cierre
—dijo Melinda—. ¿Vienes?
—Ah… aún no estoy seguro de cuáles son mis planes.
—En serio estaba esperando que estuvieras allí.
—Sí, te avisaré.
—Si no… tal vez simplemente podría ir a tu casa y pasar el rato.
¿Mi casa? Mmm, no.
—Tendré que ver.
En realidad, no.
—De acuerdo… bueno, tal vez tenga noticias tuyas más tarde.
—Sí. Nos vemos —dije mientras pasaba junto a ella y salía del edificio.
Después de entrar en mi auto, dudé en encenderlo. Los pensamientos sobre
Luca inundaban mi mente junto con algunos sentimientos de culpa bastante fuertes.
Siempre nos habíamos enorgullecido de ser completamente honestos el uno con el
otro, sin embargo, le estaba ocultando la mayor parte de mí. Ni siquiera le había
preguntado sobre los libros que escribió, aunque tenía mucha curiosidad. Eso es
porque no creí que fuera justo que ella tuviera que hablar de su carrera cuando yo
estaba siendo vago sobre la mía. Pero, sinceramente, ¿qué opción tenía? Si quería
experimentar las cosas exactamente como fueron una vez con ella, entonces no
podía decirle exactamente que su fiel amigo Griffin era ahora Cole Archer, el
cantante principal de la banda Archer, absolutamente conocida por legiones de
fanáticos de todo el mundo.
Luca enloquecería. Mi vida era la antítesis de la suya.
Por Dios, ni siquiera podía ir de compras durante el día, y mucho menos
lidiar con la manada de personas que inevitablemente la seguirían si alguna vez se
corriera la voz sobre nosotros. Sentí que estaba acorralado en una esquina. Si no se
lo decía, algún día se enteraría y se enojaría por haberle ocultado esto. Si le decía, no

46 habría ninguna jodida posibilidad de que alguna vez quisiera conocerme.


Al mismo tiempo, sentía honestamente que no podía seguir sin saber quién
era en realidad. Esta mujer era una de las personas más importantes de mi vida. A
medida que pasaron estas semanas, necesité saber más y más sobre cómo era la
mujer sin rostro con la que tanto soñaba. Con la inminente gira en un par de meses,
sentía que necesitaba un poco de tranquilidad antes de trabajar sin parar.
Después de desplazarme por mi teléfono para encontrar el nombre de un
investigador privado que una vez me había ayudado antes, marqué el número.
—Julian… Cole Archer aquí.
—Cole… ha pasado un tiempo.
—Sí, sí así es.
—¿Qué puedo hacer por ti?
—Bueno, tengo una necesidad un poco diferente esta vez. ¿Eres capaz de
viajar ahora mismo?
—¿Qué tan lejos estamos hablando?
—Vermont.
—¿Qué está pasando por allá?
—Quiero que encuentres a una amiga. No quiero que hables con ella ni te
acerques a ella. Solo quiero que tomes algunas fotos y la sigas por un par de días,
que me des una idea de su rutina y que también me hagas saber si sientes que está a
salvo allí.
—¿Asumo que tienes su nombre y dirección?
—Esa es la parte complicada. Esta chica… es una vieja amiga, pero en
realidad no conocemos los nombres reales del otro.
—¿Alguna mierda extraña está pasando aquí?
—Nah. Nada de eso. Nos conocimos como amigos por correspondencia
cuando éramos niños. Comenzamos a usar apellidos falsos desde el principio,
porque esas eran las reglas en ese entonces. Reconectamos recientemente y
simplemente nunca cambiamos ese hábito. Ni siquiera sabe que soy Cole Archer.
—Hmm. De acuerdo. Bueno, ¿qué información tengo para empezar?
—Tengo su apartado de correos. Tendrías que pasar el rato en la oficina de

47 correos local hasta que ella lo revise y luego seguirla a casa. No puedo garantizar
cuánto tiempo pasará antes de que aparezca, pero pagaré lo que quieras por tu
tiempo.
—¿Sabes que hace un jodido frío que te congela las bolas por allá?
—Compra atuendos y agrégalo a la factura. Te enviaré la dirección. ¿Qué tan
pronto crees que puedes hacerlo?
—Probablemente puedo ir allí este fin de semana.
Suspiré, sintiendo una mezcla de temor y emoción.
—Perfecto.
Después de colgar, la culpa de hecho comenzó a arrastrarse en mi interior.
Odiaba tener que hacer las cosas de esta manera, pero en serio necesitaba saber más
antes de decidir cómo seguir adelante. A decir verdad, fue su última carta la que
finalmente me atrapó, donde las cosas comenzaron a parecer que se estaban
desviando hacia otro territorio entre nosotros.
La saqué y la releí.

Querido Griffin,
He comenzado esta carta cinco veces diferentes. Cada vez resultó en mí
arrojando un pedazo de papel arrugado a la papelera junto a mi escritorio. De hecho,
eso es mentira en cierto modo, no todas las cinco cayeron en la papelera. Tengo una
puntería bastante mala. Pero de todos modos… la razón por la que me ha llevado
algunos intentos escribir esta carta es porque había estado intentando contestar
algunas de tus preguntas de modo que no creas que soy una loca. Aunque ya te he
contado todos mis miedos, mi lucha con el tocino, y que hablo con mi cerdita de vez
en cuando. Por desgracia, tal vez ese barco ya ha zarpado de todos modos. Entonces
aquí va… la absoluta verdad sobre el sexo oral, el orgasmo y la masturbación…
He tenido un orgasmo antes. Lamentablemente, no con un compañero. No
estoy segura si mi incapacidad para llegar al clímax durante las actividades sexuales
con un hombre está relacionada con la pareja (significando que los hombres
simplemente no funcionaron conmigo), o si es un problema físico conmigo. Pero
puedo llegar al orgasmo, solo que no en presencia de ninguno de los hombres con
los que he estado. De hecho, encuentro que llegar al clímax es bastante fácil. Tengo
una buena colección de vibradores: el conejo LELO INA Wave es mi favorito. Da
doble estimulación interna y externa. Pero honestamente, puedo llegar allí con mi
mano en un santiamén.

48
Mi cabeza cayó hacia atrás contra el reposacabezas, y cerré los ojos.
Jesucristo, imaginarme a Luca tocándose me volvió jodidamente loco. Por un
segundo rápido, pensé en desabrocharme los pantalones y frotarme justo aquí en el
auto. Pero lo último que necesitaba era que me arrestaran masturbándome delante
del estudio de grabación. O, peor aún, que un fanático venga y me grabe mientras
me estoy haciendo la paja; esa mierda se volvería viral en un instante. Mis jeans me
estaban ajustando. Necesitaba recordar en el futuro no leer las cartas de Luca en
ningún lado que no fuera en la privacidad de mi casa.
Tomé algunas respiraciones profundas y relajantes, y abrí los ojos. No había
manera de que pudiera conducir en este momento, así que pensé que podría disfrutar
y terminar la carta por sexta maldita vez.

Curiosamente, el párrafo que acabo de escribir no era el que debatí al escribir.


Es el siguiente…
Nunca te lo dije, pero tengo un apodo secreto para ti: Mee-Mee. La historia
detrás de esto es bastante vergonzosa. Pero a la mierda… aquí va. Tenía casi trece
años cuando me enviaste tu única foto. Pasé mucho tiempo mirándola. En caso de
que no lo supieras, eras muy, muy atractivo. Para empezar, ya estaba flechada por
ti… y eso fue antes de que enviaras esa foto.
Pero una vez que vi lo increíblemente hermoso que eras, bueno, eso llevó las
cosas a un nuevo nivel. Recuerda, era una adolescente con hormonas alborotadas.
De todos modos, una noche estaba acostada en mi cama mirando la foto que
enviaste cuando deslicé mi mano en mis bragas por primera vez. Se sintió muy bien,
pero aún no tenía un vibrador, obviamente, y necesitaba más estimulación. Así que
tuve que improvisar. Esta es la parte que se vuelve vergonzosa. ¿Recuerdas esos
pequeños llaveros Furby? ¿Aquellos que vibraban y McDonald dio en sus Cajita
Feliz hace años? Estoy segura que puedes ver hacia dónde se dirige ahora esta
historia. De todas formas… tenía algunos de un pequeño Furby en particular. Sí, lo
has adivinado… se llamaba Mee-Mee.
Bueno, tuve la brillante idea de probar a Mee-Mee dentro de mi ropa interior.
Lo sostuve contra mis partes privadas y dejé que la vibración estimulara mi clítoris.
Estoy bastante segura que no tenía ni idea de lo que estaba haciendo, pero vaya que
gané el premio gordo. Esa noche tuve mi primer orgasmo: una mano sosteniendo tu
foto para mirarla y la otra presionando a Mee-Mee contra mi cuerpo. Así que
básicamente fuiste una gran parte de mi primer orgasmo. ¿Fue demasiada
49 información? Espero que no. Por cierto, mi padre nunca descubrió por qué me
obsesioné de repente con ir a McDonald. No hace falta decir que, la Cajita Feliz me
hizo jodidamente feliz por un tiempo después de eso.
Por cierto, de repente anhelo algunos Nuggets de pollo, rodajas de manzana y
un cartón de leche. ¿Qué tal tú? ;)
De acuerdo, última pregunta: sexo oral. Sí, he dado y recibido. Si bien fue
agradable estar en el extremo receptor, no terminó con un orgasmo. ¿Quizás el tipo
no era tan bueno en eso? No estoy segura. Pero puedo decirte que estudié para mi
primer evento dando… ¿sabías que hay toda una serie de Porno Para Tontos?
Mamadas para Tontos me costó 29.99$ por todo el video de quince minutos. Pero
me han dicho que fue una muy buena inversión.
Creo que respondí a todas tus preguntas. ¡Mi turno!
Cuéntame tu fantasía más oscura.
Tu amiga por correspondencia favorita,
Luca
P.D: Estoy bastante segura que todavía tengo un Mee-Mee en algún lugar en
una caja en mi armario. Si me enviaras una foto actualizada, podría desenterrarlo…
P.P.D: Estoy bastante segura que LELO necesitará baterías nuevas después
de estas últimas cartas.

50
—¿L uca? —gritó Cecily, la señora que trabajaba en la
recepción de mi pequeña oficina de correos.
Afortunadamente, el edificio estaba vacío hoy. Cerré mi
apartado postal, sintiéndome un poco decepcionada porque todavía no había
recibido una carta en respuesta de Griffin. Había pasado más de una semana desde
mi última carta a él, y comenzaba a preocuparme por tal vez haber sido demasiado
honesta al compartir mis aventuras sexuales (es decir, mi masturbación con un
51 Furby) y lo asusté. Al entrar en la oficina principal contigua al apartado de correos,
Cecily levantó un dedo—. Tengo un paquete para ti. No cabía en tu buzón. Déjame
ir a buscarlo.
—Oh. Está bien. —Había estado esperando que mi editora enviara copias de
revisión anticipada de mi último libro terminado, pero cuando Cecily salió con una
enorme caja roja, mi corazón comenzó a acelerarse. ¿Griff me envió algo?
Ella dejó el paquete sobre el mostrador.
—Usualmente tus cajas son bastante pesadas; esta es bastante ligera para su
tamaño.
Tuve que ponerme de puntillas para ver la dirección del remitente. Una
sonrisa de oreja a oreja se extendió por mi rostro al ver la letra familiar de Griff.
Cecily se dio cuenta.
—Parece que es algo con lo que estás feliz que llegara a salvo.
—Sí. No esperaba una caja, solo una carta.
Ella sonrió cálidamente.
—Bueno, espero que sea algo divertido.
Llevé el paquete a mi auto, apenas capaz de evitar abrirlo justo ahí en el
estacionamiento. Normalmente, esperaba hasta llegar a casa para leer las cartas de
Griff, pero estaba demasiado emocionada para hacerlo con este paquete. Así que lo
puse en el asiento del pasajero delantero, di la vuelta al lado del conductor, me metí
en el auto y luego procedí a romper la caja grande.
Había un sobre rojo con mi nombre encima de papel de seda roja. Lo saqué y
debatí leerla, pero mi curiosidad se apoderó de mí, hice lo grosero por hacer y abrí el
regalo antes de leer la tarjeta.
Desplegando el papel de seda, mis ojos se abrieron de par en par.
¡Oh, Dios mío!
Empecé a reír a carcajadas. Tenía que haber más de cien llaveros Furby
vibrantes dentro. Ni siquiera podía imaginar dónde diablos los había conseguido, ya
que habían dejado de ponerlos en el interior de las Cajita Feliz hace más de una
década. Tomé uno, miré la parte inferior y puse el interruptor de encendido/apagado
en “Encendido”. Efectivamente, comenzó a vibrar en la palma de mi mano. Me hizo
chillar como si tuviera trece años nuevamente.

52 Ahora no había forma de que pudiera esperar hasta llegar a casa para leer su
carta. Rompí el sobre como una adicta necesitando su dosis siguiente.

Querida Luca,
Si me hubieras preguntado mi fantasía más oscura hace un mes,
probablemente te habría dicho que podría haber fantaseado una o dos veces con una
pequeña acción BDSM. Privando a una mujer de todos sus sentidos… con los ojos
vendados y las orejas cubiertas con auriculares. Tendría unas chaparreras de cuero y
unos tacones puntiagudos. Sus manos estarían atadas a la espalda mientras estaba
inclinada sobre un banco de azote, y sus nalgas enrojecidas con mi huella grabada.
Estoy seguro que te haces una idea; teniendo en cuenta tu obsesión por el tocino, el
porno y todo eso.
Pero las cosas han cambiado para mí últimamente. En estos días, mi fantasía
más profunda y oscura bordea lo depravado. Depravado, Luca. No puedo dejar de
pensar en cierta mujer de un metro sesenta y siete acostada en mi cama, con las
piernas completamente abiertas, y un jodido Furby presionado contra su coño.
Lamentablemente, hablo jodidamente en serio. Incluso pensé en ir a un grupo
de autoayuda, ¿tal vez uno para peluches? Creo que ellos tal vez lo entenderían.
Luca, Luca, Luca. ¿Qué me has hecho?
Con amor,
Mee-Mee
P.D: Ya sabes qué hacer con estos. Piensa en mí mientras lo haces.
P.P.D: ¿Eres de las que gritan? ¿Gimes? ¿Alguna vez lo hiciste en público?
P.P.P.D: Cerraron mi cuenta de eBay gracias a una posible actividad
fraudulenta debido a múltiples compras sucesivas. Ningún vendedor tenía un gran
inventario de Mee-Mee vibrantes, ¡pero setenta y siete personas tenían cien
combinados!

Hortencia pensó que eran juguetes para masticar. La perseguí por la casa,
intentando sacar el Furby de su boca, pero eso solo la hizo pensar que era un juego.

53
Para cuando se lo arrebaté a duras penas, corrió de regreso a mi oficina y agarró otro
de la caja. Tenía que encontrar un lugar más seguro para poner mi nueva colección
antes de que Doc llegara hoy a nuestra sesión. Así que, tomé un contenedor de
plástico del sótano, uno con una tapa que se cerraba herméticamente, y comencé a
transferir los pequeños juguetes. Debajo de todos los Furby, en el fondo de la caja,
pegado a la mitad debajo de una de las solapas de cartón, había un trozo de papel
doblado por la mitad. Lo abrí, pensando que tal vez Griffin había escrito una
segunda nota. Pero en cambio, era un recibo de eBay por uno de los llaveros
vibrantes. Debió haberlo arrojado accidentalmente cuando estaba empacando los
juguetes. La esquina superior izquierda tenía la información de envío:
MARCHESE MUSIC
VIA CERRITOS 12
ESTADOS PALOS VERDES, CA 00274
Guau. Ahí debe ser donde trabaja Griffin. Marchese Music.
Y ahora tenía su dirección, o al menos un lugar donde podría encontrarlo. Mi
mente comenzó a correr inmediatamente. ¿Imagínate si apareciera en la puerta de su
trabajo? Probablemente ni siquiera me reconocería. Probablemente podría verlo en
persona, y él ni siquiera tendría idea de que era yo. Eso sería una locura.
Me reí de la idea y terminé de empacar los Furby. Pero en lugar de arrojar la
dirección, la metí en el cajón de mi escritorio.
Pocos minutos después, Hortencia comenzó a volverse loca. Gruñó y corrió
de un lado a otro entre mi oficina y la puerta principal. Siempre pensé que los cerdos
hacían un sonido de oink, pero la mía hacía más un sonido de groink. Al menos lo
hacía cada vez que Doc se detenía en el camino de entrada.
—Cambio de planes para hoy, Luca —gritó a medida que abría mi puerta.
Tiré del collar de Hortencia para alejarla de la puerta.
—Vamos, niña, deja al doctor en paz. Solo querrá jugar contigo si te salen
alas.
Doc se inclinó y le dio a Hortencia un regalo de su bolsillo. El hombre
siempre llevaba golosinas crujientes para cerdos de mantequilla de maní en un
bolsillo y galletas para perros en el otro, a pesar de que no tenía perro.
—Prepárate, Luca, cariño. Hoy vamos a la tienda de mascotas.
Me quedé helada.

54 —No, no lo haremos. Dijiste que hoy íbamos a caminar.


—Dije eso porque cuando te digo que vamos a hacer algún tipo de terapia de
exposición, te estresas en los días previos a la salida. De esta manera, tienes menos
tiempo para estresarte de antemano.
—Excepto que ahora cinco días de estrés quedarán reducidos a un viaje en
automóvil de quince minutos a la tienda, y mi cabeza podría explotar.
Doc frunció el ceño.
—No creo que funcione de esa manera.
—¿No recuerdas la última vez que fuimos a la tienda de mascotas? —
Probamos algunas terapias de exposición hace unos meses, el fin de semana antes de
Pascua. Sin el conocimiento de Doc ni de mí, terminó resultando el mismo día en
que la tienda tenía un Conejito de Pascua disfrazado para tomarse fotos con las
mascotas. Habíamos entrado por una puerta lateral, de modo que no vimos el
estacionamiento atestado. El lugar parecía un manicomio de personas y animales. A
mitad del primer pasillo, me había mareado tanto que las náuseas explotaron y tuve
que sentarme en el suelo a medida que hiperventilaba. Desafortunadamente, me
senté accidentalmente sobre un pequeño charco de orina de algún perro.
Cuando finalmente tuve el coraje suficiente para levantarme y salir de la
tienda, todos los perros pensaban que era un hidrante y querían olfatearme… o
mejor dicho, olfatearme el trasero mojado.
—Esta vez vamos a una tienda más pequeña. Y pasé esta mañana de camino
aquí y me aseguré que hoy no se celebren eventos.
Eso no me hizo sentir mejor en absoluto mejor.
—¿Por qué no vamos a la tienda en nuestra próxima sesión, y hoy podemos
dar un agradable paseo? Está hermoso afuera.
Sacudió la cabeza.
—Necesito un nuevo comedero para pájaros. Una ardilla derribó el que tenía
para mi colibrí.
—Tienes al menos veinte comederos diferentes en tu jardín. Los colibríes
pueden comer algo más durante unos días.
Doc se acercó y puso sus manos sobre mis hombros.
—Confía en mí, Luca. Nuestras visitas de terapia no se tratan de ir a la tienda
55 y no tener ataques de pánico. Tener un ataque de pánico mientras estamos allí es
perfectamente esperado. La exposición se trata de entrar en una situación temida y
lidiar con el pánico cuando surge. Lo superaremos juntos.
Cerré los ojos.
—Bien.
—Esa es mi chica.

—Entonces, dime qué hay de nuevo con tu amigo por correspondencia. —


Doc y yo habíamos parado en el estacionamiento de la tienda de mascotas, pero
necesitaba unos minutos más para calmarme lo suficiente como para entrar. Así que
dimos una vuelta a la manzana. Sabía que estaba mencionando a Griff para
distraerme, pero sinceramente, si los pensamientos de Griff no podían llevar mi
mente a otro lugar, no estaba segura que nada más pudiera.
—Me envió un regalo.
—¿Ah, sí?
No iba a contarle a Doc mi historia de masturbación Furby, así que evité la
verdad.
—Solo algunos juguetes con los que había estado obsesionada cuando éramos
niños. No fue como si me hubiera enviado diamantes ni nada así.
—De todos modos, estoy seguro que el hecho de que recordara algo que solía
gustarte significó más para ti que una joya.
Sonreí. Doc en serio me conocía bien.
—Hemos estado intercambiando cartas una vez por semana durante un
tiempo, y las cosas se han vuelto algo así… como personales. Como el hecho de que
hablamos abiertamente sobre las citas y nuestras vidas sexuales, o más
precisamente, sería mi falta de vida sexual.
—¿Y aún no han intercambiado fotos actuales o hablado por teléfono?
—Lo intenté. Pero Griff dijo que le gustaba el misterio de las cosas tal como
son.
Doc guardó silencio por un momento.

56 —¿Crees que te está diciendo la verdad?


Eso era algo en lo que había pensado mucho últimamente. Tenía el
presentimiento de que tal vez Griff no era tan seguro como lo era cuando niños. En
realidad, no le gustaba hablar de su trabajo; aparte de decir que las cosas no habían
resultado según lo planeado. E incluso había sido evasivo con su descripción física.
Me hacía pensar que quizás Griff estaba avergonzado de no haberlo hecho tan bien
como le habría gustado en la industria de la música, y tal vez eso había carcomido su
confianza en general. Probablemente no había ayudado que hubiera ido y alardeado
de que mi novela debut llegó a la lista de los mejores vendidos del New York Times.
—No estoy segura. Pero tengo la teoría de que tal vez está un poco
avergonzado de su trabajo, y su confianza se ha deteriorado. Es curioso porque
ninguna de esas cosas importa. No me importa cómo se ve o si trabaja en un
supermercado llenando estantes. Antes, siempre que he tenido citas en línea, no le di
ninguna oportunidad a un hombre si no era físicamente atractivo para mí. Sin
embargo, sinceramente, no me importa si Griffin no ha envejecido bien y tiene una
gran cicatriz en el rostro. Me gusta el chico que es por dentro y su sentido del
humor.
—Eso es muy maduro. Parece que en serio tienes sentimientos por este
hombre.
Suspiré.
—Creo que sí. Pero no estoy segura de cómo hacerle saber a Griffin que me
gusta por quién es y que no importa cómo se ve. Es un tema difícil de discutir por
medio de cartas. Pero creo que voy a intentar empujarlo un poco más.
—Bien. Definitivamente tengo curiosidad por conocer al hombre que ha
capturado tu interés.
—Tú y yo, Doc. Es bastante curioso, pero podríamos hacer eso. Encontré un
recibo en la parte inferior de la caja que me envió, y tenía la dirección desde donde
había enviado mi regalo. Creo que podría ser donde trabaja. Técnicamente,
podríamos aparecernos allí, y él ni siquiera sabría quiénes somos. He cambiado
mucho en la última década, en cuanto a apariencia. Es una pena que no viva más
cerca, o de hecho podría hacerlo, porque tengo mucha curiosidad.
Llegamos al frente de la tienda de mascotas después de nuestra caminata
alrededor de la manzana. El estacionamiento tenía algunos autos, pero nada parecido
a la última vez que habíamos hecho una visita a una tienda de mascotas. Doc me
miró.

57 —Piensa en el día de hoy como un paso más para ver a Griffin. Nunca se
sabe, hoy estamos visitando una tienda de mascotas… el mes que viene podrías estar
subiéndote a un avión a California.
Si tan solo fuera así de fácil. Respiré hondo y tiré del cuello de mi camiseta.
Ya me sentía un poco cálida y confinada, solo mirando a la puerta.
—Terminemos con esto.

—Hoy lo hiciste muy bien, Luca —dijo Doc a medida que me detenía en mi
camino de entrada. Se agachó entre sus piernas y agarró su bolsa de la tienda de
mascotas del piso del auto.
—Creo que muy bien podría ser una exageración.
—Te estás subestimando a ti misma. Estuviste dentro durante casi diez
minutos enteros.
—Me paré en la puerta por nueve y medio de esos diez.
—Está bien. No importa qué tan adentro del edificio estuvieras. Lo que
importa es que sentiste pánico y lo enfrentaste. Podrías haber salido corriendo
fácilmente por esa puerta. Pero en cambio, te mantuviste firme y lo resististe. Eso es
progreso.
Doc podría haber sentido que había avanzado un poco hoy, pero solo me
sentía desinflada. ¿Qué importaba cómo se veía Griff? No había forma de que
alguna vez me subiera a un avión. Me obligué a plasmar una sonrisa triste.
—Gracias, Doc. Aprecio lo que intentaste hacer hoy.
—El progreso lleva tiempo, Luca. No te sientas mal. Puede que no estés
donde quieres estar, pero tampoco estás donde estabas ayer. Cada día es un pequeño
paso. Solo sigue mirando hacia adelante, dándolos, y te prometo que un día mirarás
hacia atrás y te sorprenderás de lo lejos que te han llevado esos pequeños pasos.
—Me pregunto cuántos pasos de bebé hay entre California y este lugar —
bromeé—. Al menos no tendré que preocuparme de cómo se verá Griff para cuando
llegue allí, porque de todos modos no podré verlo con mis cataratas.
Las palabras de ánimos del Doc no funcionaron para animarme demasiado.

58 Estaba cansada de anhelar hacer cosas normales para las demás personas y frustrada
por no poder vencer mis miedos. Esa noche, no le respondí a Griff, sin querer que
sienta la ira de mi amargo mal humor. Tampoco parecía que pudiera conciliar el
sueño. Di vueltas durante horas hasta que al final me levanté de la cama y tomé una
pastilla para dormir; algo que no me gustaba hacer con demasiada frecuencia. Esas
cosas realmente me dejaban inconsciente.
Así que no era de sorprender que durmiera hasta el día siguiente. Desperté
con el sonido de una bocina ruidosa… y no la bocina de un auto, más como una
bocina de tren o remolque. Las primeras veces que la escuché, solo me puse la
manta sobre la cabeza e intenté ignorarlo. Pero después de la tercera vez, Hortencia
se estaba volviendo loca con su extraño groink, de modo que me levanté de la cama
para ver qué estaba pasando.
¿Qué demonios?
Me froté los ojos y moví las persianas de la ventana delantera para ver mejor.
Efectivamente, mis ojos no me habían estado engañando. Frente a mi casa estaba
estacionada una casa rodante gigante de aspecto de los años setenta con paneles de
madera. Al verme, el conductor bajó la ventanilla.
Oh, Dios mío. Estoy aterrorizada.
Era Doc. Asomó la mitad de su cuerpo por la ventana, agitando los brazos
como si pudiera pasarlo por alto.
—¡Mira lo que tiene mi hermana Louise! Apuesto a que podemos ver muchas
aves en nuestro viaje.
Abrí la puerta principal y me protegí los ojos del sol con la mano.
—¿Nuestro viaje a dónde?
De ninguna jodida forma me metería en esa maldita cosa con Doc
conduciendo.
—¡A California, tontita!

59
J
odido infierno. No podía dejar de mirarla.
Julian había enviado las fotos de Luca hace casi dos horas, y
aun así no me había movido de mi lugar.
Era mucho más hermosa de lo que había imaginado. Para ser
honesto, dadas sus peculiaridades, casi esperaba que tuviera un aspecto un poco más
promedio. Lo promedio habría estado absolutamente bien, porque dejando a un lado
60 el aspecto, nuestra química era fuera de lo común. ¿Pero ahora? ¿Ahora que de
hecho había descubierto que Luca era todo un encanto? Eso solo agregaba mucho
más combustible al fuego, y dudaba que pudiera extinguirse alguna vez.
Tenía el mismo cabello largo y castaño que recordaba de aquella foto que me
había enviado años atrás. Sus ojos verdes eran gigantes y resplandecientes como
hermosas esferas que te permitían ver su alma. Quería mirarlos por horas.
Guau.
Parecía una versión mejorada de… ¿cómo se llamaban esas muñecas?…
aquellas que pedía la niña enferma en el hospital. Le había enviado una docena de
ellas. ¡Las muñecas Blythe! Eso es. Con sus hermosos ojos, Luca era una muñeca
Blythe de la vida real.
La culpa se sintió diez veces peor ahora que la había visto. No solo eso,
Julian había tomado fotos de la oficina de correos al momento exacto en que recibió
mi regalo. La alegría en su rostro cuando abrió esa caja de Furby no era algo que
olvidaría pronto. Oh, hermosa niña. Qué estupendo es ver tu sonrisa, verte feliz.
Julian había enviado varias fotos junto con un informe enviado por correo
electrónico de sus hallazgos iniciales en Vermont.
¡Saludos desde Montpelier!
Adjunto todas las fotos que he tomado desde que llegué aquí.
Esto es lo que sé hasta ahora. Como puedes ver, tu amiga es bastante
atractiva. Esa es la buena noticia. El resto es un poco jodidamente extraño, si me
preguntas, así que agárrate para el viaje.
En primer lugar, pasea a un cerdo con una correa. Sí, he dicho… CERDO. Un
maldito cerdo. No estoy seguro de qué se trata todo eso. Aparte de cuando se
aventura afuera, en su mayoría parece ir de la casa a la oficina de correos, y luego a
casa de nuevo. Así que ha sido bastante fácil vigilarla.
Aquí está la parte en serio extraña. Hay un viejo que la recogió una vez, y
salieron juntos. Los seguí a una tienda de mascotas y de regreso. Eso fue todo. No
estoy seguro si es su abuelo, un sugar daddy o qué. Sin embargo, creo que es un
mirón, porque lo vi usando estos binoculares locos afuera de su casa. Un verdadero
pervertido. Toda una mierda extraña, hombre. Si quieres que lo investigue más,
avísame.
La historia se vuelve aún más extraña. Al día siguiente, el mismo tipo
aparece en su casa conduciendo una casa rodante vieja. Ella entra, se queda
61 adentro por unos minutos y luego regresa corriendo a su casa.
No tengo idea de qué se trató todo eso.
Eso es casi todo lo que tengo por ahora. No podría armar todo esto en algo
que tenga sentido ni siquiera si me pagaras el doble o mi vida dependiera de ello.
No estoy seguro de cuánta más información necesitas.
De todos modos, cambiando el tema, anoche encontré algo así como una
pequeña pieza lateral a un bar aquí. Se llama Vanessa. Estoy pensando en
quedarme un poco en la ciudad por si quieres que continúe el trabajo. Ese viejo
amigo suyo está tramando algo. Simplemente lo sé.
¡Me estás avisando!
Julian

Por extraño que le haya parecido el estilo de vida de Luca, todo tenía mucho
sentido para mí. Sabía que ese tipo era su excéntrico terapeuta con quien se
aventuraba a salir a menudo, porque lo había mencionado en su primera carta. Y,
por supuesto, ya sabía sobre Hortencia. Así que, curiosamente, nada de esto me
alarmó en absoluto.
Le respondí, diciéndole a Julian que se quedara allí hasta que le dijera lo
contrario. No pensé que fuera a encontrar algo más valioso, pero claramente no tenía
nada mejor que hacer por ahora, además de “Vanessa”, así que supuse que lo
mantendría allí un poco más.

—¿Señor Archer?
Mierda. Aparentemente mi gorra y lentes de sol no hacían nada para ocultar
mi identidad mientras intentaba aventurarme de incógnito a la oficina de correos.
—Sí.
—¿Me da su autógrafo?
—Claro —dije, garabateando mi firma rápidamente en una pieza del correo
de una chica.

62
—Soy una gran fan —chilló—. No tiene idea. “Luca” es como, mi canción
favorita de toda la vida.
Ugh. Tenía que recordármelo.
—Gracias —dije antes de salir corriendo.
Esa sería otra cosa con la que tendría que lidiar. ¿Cómo exactamente se
suponía que iba explicarle a Luca que había escrito mi canción más exitosa, más
como una diatriba, en honor a ella mientras una noche estaba ebrio y cabreado?
¿Quién sabría que esa cosa iba a volar en las listas de la forma en que lo hizo?
Ciertamente, nunca imaginé cuando la escribí que Luca y yo terminaríamos
reconectando.
Suspiré. Supongo que la canción era el menor de mis problemas ahora
mismo.
Arrojando mi capucha sobre mi cabeza, aceleré para que nadie más me
reconociera. Después de todo, tenía la carta de Luca en mis manos y no podía
regresar a mi auto lo suficientemente rápido.
Al abrir el sobre, comencé a leer ansiosamente.
Querido Griffin,
He quemado tres Furby oficialmente. Es bueno que me hayas conseguido
tantos, incluso si tu cuenta de eBay fuera sacrificada en el proceso. Lo siento por
eso, pero me hizo reír a carcajadas por alguna razón cuando me dijiste que la
cerraron. En serio, gracias por ese regalo sorpresa. No creo que haya sonreído o
reído en años como lo hice cuando lo abrí. Y sí, lo digo en serio cuando dije que ya
había quemado a tres de ellos. (Vaya, ups). Por cierto, pensé en ti cada segundo. ;-)
Pensé en enviarte un video para demostrar lo mucho que aprecio tu regalo, pero
pensé que eso podría asustarte. ¿Querrías algo así de mí? ¿Un video? Eso, por
supuesto, requeriría que intercambiemos números/correos electrónicos. Y eso
también podría conducir a, JADEO, hablar por teléfono. Y hablar por teléfono
podría llevar a, JADEO, vernos. Y vernos podría conducir a… bueno, entiendes el
punto. Sé que dijiste que te gusta la dinámica que tenemos ahora y el misterio de
todo esto. No me malinterpretes, ME ENCANTA lo que tenemos. Pero no lo sé… ¿a
veces no quieres más?

Tuve que dejar de leer la carta por un momento.

63 Mierda.
Maldita sea.
Mierda.
Un sentimiento de temor me llenó. Sin mencionar que, estaba más duro que
una roca. Una combinación extraña. Sabía a dónde iba esto, y me estaba revolviendo
por dentro. Respiré hondo y continué.

Lamento si estoy cruzando una línea incluso al mencionar esto. Pero me ha


estado pesando mucho últimamente. En serio me encantaría que lo que tenemos sea
mucho más que solo las cartas. Estoy loca por ti. Listo, ahí lo dije. Siéntete libre de
fingir que no lo hice. Simplemente tomaré tu falta de reconocimiento como una pista
para no volver a mencionar nada de esto. (¿Quién es el que va a instalar las cámaras
de seguridad ahora, eh?) De acuerdo, ahora que ya me quité todo eso del pecho,
responderé a tus preguntas. Querías saber si soy de las que gritan o gimen. En
realidad, ambas, pero sobre todo cuando me estoy complaciendo por mi cuenta,
porque es cuando me siento más cómoda y no me preocupo por lo que piensan los
demás. También vivo en un lugar muy apartado, así que nadie, excepto Hortencia,
me escucha gritar. Eso funciona si quieres algo de privacidad, pero no es
exactamente conveniente si estás siendo asesinado con un hacha o atacado por un
oso pardo.
En respuesta a tu otra pregunta, de hecho nunca lo hice en un lugar público,
pero creo que si lo hiciera, sería en California. ;-) Por cierto, esa es la segunda carita
guiñando que he dibujado en esta carta, y estoy empezando a asustarme un poco. No
más caritas guiñando.
Por favor, dime que no te he asustado con mi sugerencia anterior de un video.
Tu amiga por correspondencia favorita,
Luca
P.D: ¿Prefieres afeitada, depilada o alfombra llena? Pregunto para una amiga.
P.P.D: Esa amiga podría llamarse Luca.

Solté un suspiro profundo y descansé la cabeza en el asiento. Mierdaaaaa.


¿Ahora qué?

64 Espiarla fue jodidamente injusto de mi parte. Parece que no podía seguir sin
verla y, sin embargo, ¿ni siquiera le estaba dando la misma oportunidad? Ahora lo
que había hecho se sentía como robar.
Tengo que decirle la verdad.
Pero cuando descubriera quién era, eso arruinaría lo que tenemos. Vivía por
sus cartas, por su falta de juicio. Luca era literalmente la única persona que quedaba
en este mundo que realmente me veía por mí. La idea de que eso cambie alguna
vez… bueno, no podía afrontarlo. Al mismo tiempo, ahora que la había visto, no
quería nada más que olerla, saborearla, estar con ella en persona. Aunque nunca se
trató de algo físico entre nosotros, no podía simplemente olvidar su imagen ahora.
Luca, Luca, Luca. ¿Qué voy a hacer contigo? Simplemente necesitaba un poco más
de tiempo para resolverlo todo.

Me llevó unos días decidir cómo quería responderle.


Después de regresar del estudio una tarde, reuní el coraje y al final intenté
comprarme un poco más de tiempo.
Querida Luca,
Si esta carta llega un poco más tarde que las demás… es porque he estado
encerrado en mi habitación durante días pensando en este pequeño video porno que
te gustaría enviarme. Lo que plantea la pregunta: ¿Estás intentando matarme? Hay
otras formas de matar a las personas además de hachas y osos pardos, ya sabes.
Proponer tal cosa cuando no puedo tocarte exactamente sería una de ellas.
Estoy bastante seguro que es un crimen de tortura. Me alegro que hayas estado
haciendo buen uso de los Furby, incluso si terminaron sacrificados tres en el
proceso. Claramente no fueron diseñados para uso a largo plazo.
Definitivamente estoy esquivando el tema, ¿no?
Bueno.
Aquí va.
Creo que una de las cosas que siempre ha definido nuestra relación es la fe
ciega. ¿Estarías de acuerdo? ¿Me tienes plena fe? Puedo decir honestamente que te

65 tengo plena fe. Incluso aunque no nos hemos conocido, confío en ti con mi vida. No
creo que pueda decir eso de nadie más en esta tierra. Así que, dicho eso, necesito
pedirte un favor. Necesito que confíes en mí cuando digo que lo mejor por ahora es
que dejemos las cosas como hemos estado haciéndolo. Eres muy especial para mí,
Luca. Y quiero poder ser el hombre adecuado para ti. Me entristece decir que
actualmente no lo soy. A veces, cuando sigues tus sueños, te das cuenta que no son
gratuitos, y que el costo es mucho mayor de lo que jamás hubieras anticipado.
Pero estoy intentando descifrar cómo cambiar las cosas, tarde o temprano. En
serio deseo desesperadamente conocerte, tocarte y hacer muchas otras cosas contigo
(y a ti). Cuando sea el momento adecuado para dar el siguiente paso, prometo
informarte. Y espero que todo tenga sentido.
¿Puedes hacer eso por mí? ¿Puedes confiar plenamente en mí en esto? No
respondas esa pregunta ahora mismo.
Tómate el tiempo para pensarlo. Piensa en MÍ y pregúntate si en realidad
crees que alguna vez te haría daño intencionalmente o te llevaría por mal camino.
En cuanto al otro asunto apremiante, específicamente tu vagina y mis
preferencias en lo que respecta. Créeme cuando te digo que te aceptaré de cualquier
forma que te entregues, ya sea rapada o más peluda que el oso pardo mencionado
anteriormente. Me encantará cada segundo dándote sexo oral y llevándote al mejor
orgasmo de tu vida, mejor que cualquier Furby. Sueño con eso todos los días, Luca.
Hablamos luego, cocodrilo,
Griff
P.D: ¿Prefieres Cavalier o Roundhead? (Sin cortar o lo otro). Pregunto por un
amigo.
P.P.D: Ese amigo podría llamarse Mee-Mee.

66
D oc en serio estaba loco. Había estacionado la casa rodante en su casa
y básicamente me dijo que estaba listo para partir en cualquier
momento que decidiera aceptar su oferta para llevarnos a California.
La maldita cosa era más grande que su residencia actual.
Se habría ido conmigo ese mismo día que la llevó a mi casa por primera vez
si hubiera aceptado. Le dije que en realidad necesitaba algo de tiempo para pensarlo.

67 Una parte de mí quería abordar su loca idea, pero en realidad seguir adelante
significaría tener que enfrentar el potencial de descubrir algo que realmente no
quería saber. Griffin estaba escondiendo algo. De eso estaba segura. La verdad
duele. En su carta más reciente me había pedido que tuviera fe ciega en él, pero
¿cómo podías hacer eso cuando alguien te ha dado todas las razones para sospechar
que algo está mal? Dentro de mí se estaba librando una batalla sobre cómo manejar
las cosas para seguir avanzando.
Un golpe en la puerta me sobresaltó. Sabía que era Doc, pero no estaba lista
ni de cerca para ir a donde sea que él estuviera pensando en llevarme esta noche.
Abrí la puerta. Doc llevaba un traje. Oh, no.
—¿Aún no te has vestido? —preguntó.
—No. Porque no me dijiste a dónde vamos.
—Luca… ese es el punto. Te prometo que no será nada que no puedas
manejar.
Un par de horas después, con mi elegante vestido negro puesto, me estremecí
en el auto de Doc a medida que conducíamos.
Me echó un vistazo.
—Te ves espléndida.
—Gracias. Ahora, ¿me dirás a dónde vamos, por favor?
—Ya estamos por llegar.
Terminamos deteniéndonos frente a un viejo edificio de ladrillos. Afuera, el
letrero decía: SOCIEDAD AUDUBON DE VERMONT.
—¿Me estás llevando a conocer a un montón de nerds obsesionados con los
pájaros como tú?
—Es la gala anual. Está lleno de gente y es la oportunidad perfecta para
practicar tus habilidades de pánico. No te preocupes. Será afuera en el patio, no
adentro.
Me hundí en mi asiento.

68 —Aún no puedo manejar eso.


—Ahí es donde te equivocas. Puedes hacer cualquier cosa que te propongas
o, en este caso, no te propongas. Mantén tu mente abierta y sigue la corriente,
momento a momento. Siéntate y experimenta todos los sentimientos de pánico sin
huir.
Quería huir de este auto, sin importar la gala.
—No puedo.
—Puedes. La verdadera libertad te espera si puedes aprender a mantenerte
inmóvil a través de la avalancha de sentimientos sin escapar. Una vez que el pánico
disminuya, te darás cuenta que nunca hubo nada que temer. ¿No has aprendido nada
de nuestros estudios sobre las enseñanzas de la doctora Claire Weekes?
Mi tono fue abrasivo.
—¿Por qué haces esto esta noche?
—Porque, Luca, es hora. Tu vida está pasando por delante de ti. Tenemos que
llevarte a un punto en el que puedas volver a ser funcional con las personas. Eso
significa ser capaz de poder estar cerca de ellos. —Cuando no dije nada, continuó—:
Te diré qué… si puedes pasar quince minutos en la gala, podemos irnos. No te
molestaré por el resto de la noche. Después te llevaré directo a casa.
—No lo sé… —dije, soltando un suspiro tembloroso.
—Si no lo haces por mí, hazlo por tu Griffin.
Mi Griffin.
Pensé mucho en lo que significaba en realidad esa declaración: hacerlo por
Griffin.
Pensé en los muchos kilómetros entre nosotros.
Pensé en el estilo de vida que debe vivir como hombre soltero en California,
cuán diferente debe ser del mío.
Si realmente quería tener la oportunidad de conocerlo, al menos tenía que
intentar enfrentar mis miedos. Supongo que si hacía el ridículo delante de un montón
de gente aficionada a los pájaros, sería mejor que hacerlo delante de Griff.
Me rendí y comencé a salir del auto.
—Quince minutos.
Una ola de náuseas me golpeó al unirme a la multitud reunida en el patio de

69 la sociedad. La adrenalina comenzó a bombear inmediatamente dentro de mí, y


estaba en modo pánico completo casi de inmediato. El sonido de todas estas
personas hablando se mezclaba entre sí en un ruidoso meollo desordenado. El cielo
parecía estar balanceándose.
Cuando llegamos a una mesa, me senté y temblé en mi asiento.
—Lo estás haciendo bien, Luca.
Doc comenzó una conversación con la mujer en el asiento de al lado,
dejándome sufrir en silencio junto a él. El sudor impregnaba mi cuerpo a medida
que pasaban los tortuosos minutos mientras aferraba el mantel de lino.
Hazlo por Griffin, me decía para mis adentros.
Y en algún momento, sucedió algo interesante. Los vertiginosos sofocos de
pánico parecieron disiparse después de haber llegado al peor punto. Mi ritmo
cardíaco disminuyó. El alivio se apoderó de mí. Me entraron ganas de llorar porque
se sentía como si hubiera sobrevivido a una experiencia cercana a la muerte. No
recordaba que esto ocurriera alguna vez antes porque normalmente nunca me
quedaba el tiempo suficiente como para de hecho llegar hasta el final.
—Se acabó el tiempo, Luca. ¿Cómo te sientes? —anunció Doc, antes de
darme cuenta.
—Todavía viva. ¿Ahora podemos irnos? Me siento un poco agotada por esto.
—Hiciste un buen trabajo. Estoy muy orgulloso de ti. Definitivamente
podemos irnos.
Una vez que regresamos a su auto, me rompí y las lágrimas comenzaron a
caer. Era la primera vez que lloraba desde que leí la carta sobre el fallecimiento de la
madre de Griffin. Parecía que una vez que había permitido que se abran las
compuertas, las lágrimas serían algo normal para mí. Excelente. Simplemente genial.
Él estaba sorprendido.
—Estás llorando…
—Esta es solo la segunda vez que lloro en mucho tiempo.
—Lo sé. No es por lo que sucedió allí, ¿verdad?
—No. Es porque estoy… asustada.
—De acuerdo… dime por qué.
—Es Griffin. Su última carta. Básicamente insinuó que hay alguna razón por

70 la que no ha querido llevar las cosas más lejos conmigo. Me pidió que tuviera fe
ciega en él, que es la decisión correcta seguir como estamos por ahora, sin hablar
directamente ni vernos. Una parte de mí en realidad quiere creer en él, y la otra parte
está aterrorizada de que me lastime.
—No crees que esté casado, ¿verdad?
—No. No creo que sea algo así. Griffin siempre ha sido muy implacable con
los infieles. De modo que, nunca se me pasó por la mente.
—¿Estás pensando que algo más siniestro está pasando?
Había memorizado la parte de su última carta que más me había molestado. A
veces, cuando sigues tus sueños, te das cuenta que no son gratuitos, y que el costo
es mucho mayor de lo que jamás hubieras esperado.
—No estoy segura, pero creo que puede tener dificultades financieras. Antes
mencionó que su carrera no ha salido según lo planeado. Y luego, en su última carta,
dijo que sus sueños fueron mucho más costosos de lo que pensaba. No sé si quiere
decir eso literal o figurativamente. Pero no me importa si vive una vida simple o ha
pasado por momentos difíciles. Yo tengo dinero, entre lo que mi padre me dejó y el
éxito de mis libros, y mira lo mucho que ha ayudado a mi vida personal. El dinero y
las cosas no compran la felicidad: un corazón hermoso es mucho más valioso que
cualquier cosa que se pueda comprar.
Doc sonrió.
—Eres muy sabia para una persona de tu edad, Luca.
—Nah. Solo tenía una madre inteligente. Solía decir, “el dinero impresiona a
las chicas perezosas. Las chicas inteligentes son ricas cuando tienen algo que no
pueden comprar”.
—Madre sabia, hija sabia. —Asintió—. Entonces, ¿cuáles son tus planes?
¿Abordarás el tema con Griffin y verás si eso cambia su parecer en cuanto a dar el
siguiente paso juntos?
—Sinceramente, no tengo idea de qué hacer, Doc. Ninguna. Una parte de mí
quiere aceptar su oferta de conducir conmigo a California, mostrarle que no me
importa si vive en un apartamento de una habitación o si pide limosnas fuera de la
estación de autobuses. Pero otra parte de mí siente que eso sería una terrible
violación a su confianza.
—Te puedo decir por experiencia personal que a veces los hombres
necesitamos un pequeño empujón. Recuerdo cuando conocí a mi Geraldine. Estaba
en la escuela de medicina y al día ocho de comer fideos ramen. Mi factura de agua

71 estaba retrasada por dos meses y contenía el aliento cada noche cuando abría el
grifo, esperando que no cortaran el agua porque perdería la mitad de los ingredientes
de mi comida nocturna. Geraldine tenía trabajo y siempre se vestía muy bien.
Trabajaba en la biblioteca que yo frecuentaba, y estaba absolutamente enamorado de
ella. Pero, ¿qué iba a hacer, pedirle compartir una bolsa de fideos ramen y no comer
el viernes de la semana siguiente?
—¿Esperaste hasta después de graduarte para invitarla a salir?
Doc se quedó mirando por la ventana por un momento, y observé el cariño de
la memoria que estaba recordando desplegándose en su rostro. Sacudió la cabeza.
—Mi Geraldine era muy directa. Un día se dirigió a la mesa en la que estaba
estudiando y dijo: “Todas las noches antes de irte, pasas diez minutos dando vueltas
alrededor de mi escritorio y hablando. Estás coqueteando conmigo, ¿verdad?” Le
dije que efectivamente había estado coqueteando, o al menos intentando hacerlo, y
su respuesta fue decir abruptamente: “Bueno, ¿por qué no me has invitado a salir?”
—Doc se echó a reír—. Me había pillado tan desprevenido que no tuve tiempo de
inventar una excusa. Así que le dije la verdad: que no me gustaría nada más que
invitarla a salir, pero estaba en la absoluta ruina porque mis libros y el alquiler
agotaban hasta el último centavo de mi cuenta bancaria.
—¿Qué dijo ella?
—Nada. Ni una maldita palabra. Simplemente se alejó. Pensé que lo había
arruinado todo con ella. Pero a la noche siguiente, cuando aparecí, encontré una
revista en la mesa en la que normalmente me sentaba. Estaba abierta en un artículo
titulado “Cincuenta Primeras Citas De Ensueño Que Son Gratis”.
Me reí.
—¿Funcionó?
—Rasgué las páginas de la revista y la llevé a una de esas cincuenta citas
cada semana durante cincuenta semanas consecutivas. Cuando llegué a la última,
acababa de graduarme y obtuve mi primer trabajo. Propuse nuestra quincuagésima
cita al aire libre: dentro de una tienda de campaña que había hecho con nuestras
sábanas en el patio trasero.
—¡Me encanta esa historia! ¿Cómo es que nunca antes la compartiste
conmigo?
Doc se encogió de hombros.
—Supongo que no había llegado el momento adecuado. Hasta ahora.

72 Suspiré.
—Supongo que podríamos hacer el viaje a California y arriesgarnos. Quiero
decir, Griffin no tendría que enterarse que estamos allí incluso si decidiera no
hacerle saber quién soy. Podríamos ir simplemente a descubrir lo que necesitamos y
luego irnos. No sabe cómo me veo. Pero, ¿qué hay de todo el asunto de la fe ciega?
Estaría violando su confianza.
—Bueno, querida, debes determinar si puedes ser paciente con él o si
realmente necesitas saber qué está pasando ahora mismo. Creo que un viaje al oeste
sería beneficioso en más de un sentido. No solo podría satisfacer tu curiosidad sobre
Griffin, sino también servir como un excelente ejercicio de exposición para abordar
las incógnitas de los viajes.
Mi corazón estaba acelerándose.
—Entonces estás pensando que deberíamos ir a California…
—Estoy pensando que no puede surgir ningún daño al descubrir la verdad y
aventurarse fuera de tu zona de confort. Soy un poco parcial, ya que he trazado
algunos lugares fantásticos para observar aves en el camino, pero me estoy
desviando. No dejes que eso influya en tu decisión. Esta debe ser tu decisión.
Más tarde esa noche, estaba paseándome en mi sala de estar.
—Dame una señal, Hortencia. Necesito saber qué hacer aquí.
Groink.
La verdad era que, sabía que la respuesta correcta para mí era aceptar la
oferta de Doc. ¿Cuándo más en mi vida tendría acceso a una casa rodante y un
dispuesto compañero de viaje? Pero también podría ser la respuesta incorrecta para
avanzar entre Griff y yo. Fe ciega. Eso es lo que me pidió. No estaría honrando
exactamente sus deseos si lo encontrara trabajando en la recepción de un estudio de
música y entrara fingiendo ser otra persona. Estaría violando su confianza. Pero al
mismo tiempo, ¿no estaría teniendo una fe ciega en nosotros? Sentía que tal vez él
no tenía fe ciega en mí; confiando en que me gustaría por la persona que había en su
interior, independientemente de cuáles fueran sus problemas. ¿Quizás tenía que
tener suficiente fe por los dos? Algo así como Geraldine hizo con Doc. No estaría
faltando el respeto a sus deseos; estaría dando un salto de fe ciega por los dos.

73 Oh, Dios mío.


Lo voy a hacer, ¿verdad?
Miré a Hortencia, quien había estado acostada junto a mi escritorio.
—¿Qué piensas, pequeña? ¿Debería hacer el viaje por carretera? —Mi fiel
compañera se sentó y aguzó las orejas—. ¿Debería ir y dar un salto ciego de fe o no?
Hortencia respondió al salir corriendo de la habitación. Por un segundo, pensé
que estaba corriendo hacia la puerta principal; mostrándome que ella también estaba
lista para ir. Pero volvió un minuto después. Y puso su respuesta a mis pies.
Mee-Mee. Ni siquiera me había dado cuenta que había robado otro Furby.
Pero el momento no podría haber sido más perfecto.
Tomé el peludo llavero mojado y le di unas palmaditas en la cabeza a
Hortencia.
—Está bien… lo que tú digas. ¡Viajaremos por carretera!
—G
ira aquí a la izquierda.
Me detuve en una señal de alto, que
también era el final del camino por el que
habíamos estado viajando durante la última
media hora. Básicamente teníamos dos opciones. Girar a la izquierda o dar la vuelta.
—Ummm… Doc. No hay más camino pavimentado. A la izquierda solo hay
74 tierra.
—Bueno, entonces supongo que manejaremos en la tierra por un rato.
Suspiré.
—¿Puedo ver el mapa, por favor?
Doc había estado yendo y viniendo entre media docena de mapas plegables
durante los últimos tres días. También tenía un libro gigante de Hagstrom. No había
visto uno de esos desde que era niña, por una muy buena jodida razón,
aparentemente. Tomé el mapa de Doc y tracé la ruta que él había resaltado en
amarillo.
—No veo por qué no podemos usar el Waze. Te indica cuándo girar y
también cómo evitar atascos de tráfico.
—Esos aplicadores son dispositivos de rastreo.
—Quieres decir aplicaciones.
—Lo que sea. El gobierno ya sabe demasiado de nosotros. Nuestros
antepasados lucharon por la libertad, y los jóvenes de hoy lo devuelven todo.
Me incliné hacia adelante en mi asiento y miré por el camino de tierra en el
que Doc quería que girara. Se veía bastante incompleto. Nuestra casa rodante no
tenía tracción en las cuatro ruedas, y el camino era realmente estrecho.
—No creo que debamos ir por este camino. Temo que podríamos quedarnos
atascados.
—Está bien. Entonces caminemos.
—¿Caminar? —Mis cejas se fruncieron—. ¿A dónde nos llevas?
—Solo a un poco de diversión. No debería estar a más de un kilómetro
camino arriba.
Sacudí mi cabeza.
—Pensé que ayer habíamos terminado con los desvíos, cuando nos hiciste
conducir a trescientos kilómetros de nuestro camino para ver una curruca
Blackburnian.
—Un desvío significa salir de nuestro camino. Esta pequeña visita está en
nuestro camino.

75 Miré por el camino de tierra una vez más.


—Creo que la interestatal se parece más a nuestro camino.
Doc se desabrochó y comenzó a salir de la casa rodante. Supongo que vamos
a tomar otro desvío.
—El tejedor de baya construye los nidos más hermosos que hay. Lo
construye para la hembra, y si ella lo aprueba, se apareará con él. Nunca han sido
vistos en este país antes del mes pasado.
Apagué la casa rodante y me desabroché. Supuse que, ya que el hombre se
había tomado dos semanas libres de su vida para hacer este loco viaje conmigo, lo
menos que podía hacer era complacerlo con su entusiasmo por unos cuantos pájaros.
No era como si alguien nos estuviera esperando en California. Salté del asiento del
conductor y estiré mis brazos sobre mi cabeza y luego giré de lado a lado. De todos
modos, un paseo me haría algo de bien. Como no dejaría que Doc conduzca, ya
había estado detrás de ese gran volante durante casi ocho horas.
—¿Imagina si los humanos hicieran eso? —reflexioné—. ¿Si los hombres
tuvieran que construir una casa entera para tratar de atraer a una mujer?
—Me temo que habría estado en problemas. Nunca fui demasiado hábil
usando un martillo.
Doc y yo comenzamos a caminar por el camino de tierra. Ni siquiera estaba
segura de hacia dónde nos dirigíamos; supuse que, a un parque otra vez.
—¿Estás seguro que este es el camino? Parece bastante residencial, y no
puedo imaginar que un parque nacional no tenga un camino pavimentado que
conduzca a la entrada.
—Creo que es este. Martha dijo que cuando llegáramos a su calle, debíamos
recorrer entre uno y dos kilómetros y buscar los botes de basura pintados.
—¿Martha?
—La mujer que vamos a visitar de mi club de aves en línea. El tejedor de
baya construyó su nido en su patio trasero.
Me detuve en seco.
—¿Vamos a la casa de alguien? ¿Cómo siquiera sabemos que no es una loca
asesina en serie?
Doc se alzó las gafas en su nariz.
—Podría decir lo mismo de Griffin, ¿no?
76 Excelente. Otra cosa por la que preocuparme. El hecho de que Griffin fuera
un asesino en serie podría haber sido lo único que no se me había pasado por la
cabeza en tres días conduciendo por la carretera. Ya había entrado en pánico de que
podría estar casado, ser gay, un gigoló, un acaparador… incluso hubo un tramo de
cien kilómetros a través de Illinois cuando consideré que tal vez Griff era en realidad
mujer; una que había estado jugando conmigo durante dieciocho años y me había
enviado una foto de su hermano menor. Ese pensamiento loco había llevado a unas
horas de debate interno sobre si alguna vez podría sentirme físicamente atraída por
una mujer por él, ella, él… lo que sea. Estaba considerando seriamente convertirme
en lesbiana por un hombre que nunca había conocido y que resultó ser mujer.
Ahora tendría que lidiar con pensamientos sobre Griffin, el asesino en serie,
por lo menos durante el resto de Nebraska y la mitad de Colorado.
Excelente. Simplemente genial.
Martha era la persona más colorida que hubiera visto en mi vida.
Literalmente, no figurativamente. Le había dicho a Doc que buscara sus botes de
basura pintados para identificar su casa, pero no había mencionado que todo lo que
poseía estaba pintado. El exterior de su pequeña casa de muñecas estaba pintado en
tres tonos de rosa, con adornos amarillos y verde azulado, y cada habitación del
interior estaba pintada de un color neón diferente. Su ropa también era igual de
brillante: llevaba una blusa de color amarillo brillante con pantalones rojos aún más
brillantes, y sus gafas eran de un tono violeta reluciente. Si Doc estaba sorprendido
por el impacto del color, había hecho un muy buen jodido trabajo al ocultarlo. Él y
Martha parecían bastante emocionados de encontrarse finalmente. Aparentemente
habían sido parte del mismo grupo y habían charlando durante algunos años. Este
viaje me estaba haciendo darme cuenta que había mucho sobre Doc que no sabía.
Los tres paseamos por la propiedad de Martha por un tiempo. Nos dio un
recorrido que terminó en un árbol junto a un amplio arroyo fluyendo. Señaló el nido
codiciado, y aunque tenía un aspecto mucho más estupendo de lo que esperaba, aún
no comprendía el entusiasmo reverencial de Doc. Se quedó afuera para sentarse a
inspeccionar el nido y esperar a que volviera el tejedor de baya, mientras Martha y
yo entramos a la casa a preparar un té.

77 —Entonces… Chester y tú… ustedes… ¿son pareja?


Me tomó unos segundos darme cuenta que estaba hablando de Doc. Olvidé
que tenía un nombre real.
—Oh, Dios, no.
Llenó la tetera y se volvió hacia mí con ella en sus manos.
—¿Estás segura? Solo están ustedes dos en esa casa rodante, y también
hicieron un viaje a Nueva York el mes pasado, ¿verdad?
—Um. Sí. Cierto. Pero Doc es mi… doctor. —Sus cejas se fruncieron, así
que lo aclaré—. Es mi psiquiatra. Soy su paciente.
Una expresión de alivio cruzó su rostro. ¿En serio pensó que mi médico de
setenta y tantos años era mi novio?
Ella me palmeó el hombro.
—Se refiere a ti como su amiga especial.
Sonreí.
—Probablemente no quería mencionar nada debido a la confidencialidad
médico-paciente y todo eso.
Martha pareció complacida por eso. Al parecer, la vieja ave estaba interesada
en mostrar a Doc más que su nido.
—¡Oh! Bueno, eso tiene sentido. Entonces, ¿qué tienes de malo?
Parpadeé un par de veces. Nadie nunca me había hecho una pregunta tan
directa sobre mi salud mental.
—Um. Tengo miedo a las multitudes y los lugares confinados.
Puso la tetera sobre la estufa y encendió la hornilla.
—Eso está bien. A mí no me gustan los payasos.
No es exactamente lo mismo, pero de acuerdo.
—Entonces… Doc y tú han sido amigos por un tiempo, ¿cierto?
—Ya tienen que ser tres o cuatro años.
—¿Siempre has sido una amante de los pájaros?
—Mi madre solía tener un pájaro de mascota cuando era pequeña. Se llamaba
Kelly. Tenía los colores más brillantes del mundo en sus alas, y podía verla
78 revolotear durante horas. Pero no fue hasta que me uní al grupo del que Doc y yo
somos parte que me di cuenta de la verdadera magia de la observación de aves.
Había sido franca al preguntarme por mis problemas, así que pensé que la
sinceridad estaba bien.
—¿La cual es…?
Martha sonrió.
—La observación de aves se trata del viaje. Nunca se sabe a dónde te llevará
el hobby. He pasado meses probando diferentes alimentos y comederos para ver
cómo cambiar el hábitat de modo que pueda atraer diferentes especies. Alimentar a
las aves también atrae a otros animales salvajes, como mariposas, libélulas e incluso
ardillas. Luego están las amistades que traen las caminatas y los festivales, sin
mencionar los clubes en línea. Caray, he visitado amigos en Alaska para observar
pájaros… amigos que nunca habría conocido si no hubiera comenzado este viaje. —
Inclinó la cabeza y me estudió—. Por eso Doc es tan natural. Ya sabes cómo es,
siempre se trata del viaje, no del destino final.
Esa era la filosofía de Doc. Me había estado presionando para que diera
pasos pequeños, para aprender a sentir felicidad aquí, en lugar de esperar para llegar
allí. Pero había estado tan concentrada en encontrar una cura para mis miedos que
no me había detenido a darme cuenta que él había estado intentando enseñarme a
aceptar quién soy en cada paso del camino.
Hace dos años, jamás habría aceptado hacer este viaje por carretera. Estaba
demasiado fuera de mi zona de confort. Y definitivamente no habría ido en busca de
una relación que era tan aterradora como emocionante. Si bien Griffin siempre había
sido una de las pocas personas con las que me había sentido realmente cómoda,
había una gran diferencia entre aceptar a tu amiga por correspondencia por quien era
y una relación de la vida real.
Y acababa de volver a mi vida. No estaba lista para perderlo. Era un gran
riesgo, pero algo me decía que la recompensa potencial podría hacer que valga la
pena. Así que di un salto gigante y aterrador de fe. Sin embargo, por primera vez en
mucho tiempo, sentí una sensación de esperanza. Si las cosas salían bien con Griff o
no, iba a disfrutar este viaje y experimentar todo lo que pudiera.

79
S
anto cielo.
SANTO CIELO.
Aquí no podía ser donde trabajaba Griffin, ¿verdad? Debe ser
empleado de alguien famoso. ¿Pero quién? ¿Alguien que conocía?
Asomándome por la ventana de la casa rodante cuando estacionamos en Via

80
Cerritos, me volví hacia Doc.
—Esto es una locura.
—¿Es posible que a Griffin le vaya bien y viva aquí? Según el nombre de la
empresa, supuse que íbamos a un negocio, no a una residencia.
—No lo creo, pero sinceramente, estoy muy confundida. La verdad es que, ni
siquiera sé si la dirección en ese recibo de eBay tiene algo que ver con Griffin. Era
solo una suposición basada en la palabra música. —Ahora, comenzaba a
preguntarme si todo este viaje había sido una pérdida de tiempo.
Doc echó un vistazo por la ventana con sus binoculares.
—Probablemente sea solo cuestión de tiempo antes de que nos echen de esta
calle. Tal vez deberíamos preguntar a quién pertenece esa casa antes de que eso
suceda.
Unos minutos más tarde, vi a una mujer saliendo por las puertas de una
mansión que estaba a pocas casas de la supuestamente vinculada a Griffin.
—¿Debería acercarme a esa señora y preguntarle si sabe quién vive allí?
—No puede hacer daño —dijo.
Salí de la casa rodante cuando ella se acercó a nosotros.
—Perdóneme. Hola. ¿Puede decirme quién vive en esa propiedad de allá…
Via Cerritos 12?
Ella tiró de la correa de su perro para evitar que se moviera y me entrecerró
los ojos.
—¿Qué, estás en algún tipo de visita turística? Los residentes no aprecian a
los curiosos de tu clase por aquí. Mi jefe es uno de ellos. Puede decirte que llamará a
seguridad si…
—No estoy visita turística. Estoy buscando a un amigo. ¿Puede decirme
quién vive allí?
—Esa es la casa de Cole Archer.
—¿Cole Archer? ¿Es alguien famoso?
—Sí. El cantante principal de la banda Archer.
¿Archer?
—No estoy segura de haber oído hablar de ellos.

81 Una mirada incrédula cruzó su rostro.


—¿Has estado viviendo debajo de una piedra?
Me reí de la ironía de eso.
—Sí, básicamente.
Miró detrás de mí a Doc, quien ahora estaba fuera de la casa rodante mirando
hacia un árbol.
—Entonces, ¿por qué él tiene binoculares, si ustedes dos no están espiando a
los ricos y famosos?
—Está buscando pájaros, no a Beyoncé.
—Bueno, te sugiero que muevas esa casa rodante de esta calle antes de que
alguien te arreste.
—Gracias por su tiempo —le dije antes de caminar hacia Doc.
Bajó los binoculares.
—¿Qué te dijo?
—Dijo que la persona que vive allí se llama Cole Archer. Aparentemente es
un músico famoso. Tal vez Griffin trabaja para este hombre. —Cuando Doc y yo
volvimos a entrar en la casa rodante, añadí—: Trajiste tu computadora portátil,
¿verdad? ¿Podemos conectarnos a ese sitio tuyo de noticias?
—Seguro. ¿Vas a buscar a este músico?
—Sí. Necesito ver quién es Cole Archer.
Después de entregarme la computadora, abrí YouTube y escribí Cole Archer.
Surgieron una gran cantidad de resultados. Pensándolo bien, estaba bastante segura
de haber oído hablar de la banda Archer, pero dado que mi gusto por la música
tendía a ser menos que actual, no sabía nada de ellos y no podía nombrar ninguna de
sus canciones.
El primer video que reproduje se titulaba Archer Live at the Pavilion. Alguien
había tomado imágenes profesionales de una de sus actuaciones. Parecía una sala de
conciertos muy pequeña. El cantante principal, Cole Archer presumiblemente,
estaba sentado en un taburete y tocaba la guitarra mientras hacía el amor al
micrófono durante una balada lenta. Su voz era poderosa, hipnótica y un poco ronca.
Era extremadamente atractivo, exactamente cómo te imaginarías al cantante
principal de una banda: cabello abundante que lucía como si acabara de tener sexo,
rasgos cincelados y un cuerpo estupendo. Unos anillos de plata adornaban sus
82 grandes manos que estaban envueltas alrededor del mango de la guitarra.
Sin embargo, como este video en realidad no me estaba diciendo nada, fui a
buscar otro para ver.
El siguiente en el que hice clic se titulaba Entrevista a Archer, Liam Stanley
Tonight. Los miembros de la banda estaban sentados en una fila respondiendo
preguntas del entrevistador.
—Cuéntenme cómo se juntaron.
Cole respondió.
—Bueno, no estoy seguro de cuánto tiempo tienes. Es un poco largo.
Noté inmediatamente que Cole tenía acento británico.
Espera.
Una descarga de adrenalina me atravesó. Era la primera vez que consideraba
lo impensable. No. No puede ser. Griffin no podía SER Cole Archer. ¿Verdad? De
ninguna manera. El acento tenía que ser una coincidencia. Al menos eso era lo que
quería creer.
—¿Has encontrado algo? —gritó Doc desde la esquina de la casa rodante.
—No hay nada que me lleve a la conexión de Griffin con Cole Archer. Tengo
que seguir buscando.
Era reacia a admitir ante Doc que sospechaba que Cole podía ser Griffin.
Todavía parecía demasiado loco, y no tenía pruebas para corroborarlo.
Durante la hora siguiente, busqué en Internet cualquier información que
pudiera encontrar sobre Cole Archer. Su página de Wikipedia indicaba que creció en
Inglaterra, lo cual no era noticia dado el acento, pero no había información alusiva a
nada más que me llevara a creer que este hombre era Griffin.
No fue hasta que encontré la sección de comentarios de un artículo en una
revista de música… cuando obtuve mi respuesta. Estaba claro como el día justo en
medio de una disputa insultante.
No entiendo el atractivo. Su voz apesta. Es como si no pudiera decidir si
quiere sonar británico o estadounidense. Ah, y su verdadero nombre ni siquiera es
Cole Archer. Al parecer es Griffin Marchese.
Mis ojos estaban pegados a la palabra.
Griffin.
83 Griffin Marchese.
Griffin Marchese.
Marchese Music.
Oh. Dios. Mío.
Mi cuerpo se congeló por completo a medida que toda la sangre en él viajó a
mi cabeza. Mi corazón estaba acelerado.
¿Griffin ES Cole Archer? ¿Cole Archer ES Griffin? ¿Griffin es… una
superestrella? ¿MI Griffin? Seguí deteniendo el video en diferentes lugares para ver
si podía echar un vistazo al niño de doce años que recordaba de esa foto que había
enviado. Hubo un marco que en realidad selló el asunto. Era la misma expresión
exacta de la foto.
—Luca, ¿qué pasa? Parece que has visto un fantasma.
Después de varios segundos, finalmente reuní la capacidad de responderle.
—Ni siquiera sé qué decir… yo… Griffin es… él es… es Cole Archer. Por
eso vive en un lugar como este. —Dejé el portátil y me tapé la boca—. Es famoso.
Esto es… increíble.
Doc se cubrió la boca.
—Oh, cielos. ¿Estás pensando que esto explica por qué no quería que
supieras su identidad?
Volví a pensar en las palabras de su última carta: A veces, cuando sigues tus
sueños, te das cuenta que no son gratuitos y que el costo es mucho mayor de lo que
habías previsto.
Se había estado refiriendo a un costo figurativo, no literal. No era pobre, sino
que tal vez había pagado un precio por la fama.
—Así es, Doc. Ahora está empezando a tener sentido. Debe haber pensado
que el hecho de saberlo cambiaría la forma en que lo veo.
La realidad de esta situación me estaba golpeando en oleadas. Griffin es una
estrella de rock.
Una jodida estrella de rock.
Solo podía asumir que su estilo de vida es uno de autos rápidos, sexo y
multitudes de personas. Probablemente era el polo opuesto de mi aislada existencia.

84 Comprender esto a decir verdad también significó darme cuenta que muy
probablemente no podríamos ser más que amigos. Y esa epifanía fue desgarradora.
¿Podríamos SER más diferentes? ¿Por qué escucho a Chandler Bing de Friends en
un momento como este?
—¿Y ahora qué? Esto era lo último que esperaba. ¿Qué hago, doctor? En
serio, me siento paralizada —pregunté en pánico.
—Vinimos hasta aquí, Luca. Ahora que sabes lo que está ocultándote… ¿por
qué no solo vas a él, le dices la verdad, y cortas esto de raíz? Surgirá eventualmente.
Creo que sería extremadamente difícil para ti ocultar lo que sabes ahora y fingir que
nada ha cambiado.
Doc tenía razón en una cosa. Esto cambió todo.
—¿Cómo incluso puedo acceder a él? No hay forma de que su seguridad
permita que una chica loca se acerque a él.
Después de agarrar la computadora portátil nuevamente, me preguntó:
—¿Qué estás haciendo?
—Solo necesito verlo un poco más.
Seguí desplazándome por los videos. Me paralizaba cada vez que lo miraba a
los ojos y me daba cuenta que este hombre era mi Griffin. Ahora que lo pienso,
cuanto más lo veía, más podía volver a ver destellos del rostro que recordaba de esa
foto hace tantos años atrás.
Hubo un video que mostraba a Griffin, Cole, firmando un montón de
autógrafos en medio de un enjambre de enloquecidas mujeres cachondas. Parecía
frustrado y cansado, pero firmó cada uno hasta que no hubo más personas
esperando.
Sin mencionar que cualquiera de esas mujeres habría estado feliz de estar a su
lado mientras realizaba las tareas de su trabajo. ¿Yo? Solo la idea de estar en esa
multitud me hizo entrar en pánico.
Tragué fuerte. Sentía como si tuviera el mayor peso del mundo sobre mi
pecho. De repente estaba de luto, teniendo que despedirme del futuro que había
imaginado con Griffin. No había forma de hacer que esto funcione. Ahora entendía
totalmente por qué sentía que las cartas eran todo lo que podía haber entre nosotros.
Honestamente, podría haber sido mejor si nunca hubiera descubierto esto.

85 Justo cuando pensaba que nada más podía sorprenderme hoy, mis ojos se
posaron en uno de los videos musicales de Archer. En realidad, fue el título de la
canción lo que me llamó la atención: “Luca”.
¿Qué?
Antes de que pudiera hacer clic en ella, un fuerte golpe en la puerta de la casa
rodante me sobresaltó. Al asomarme por la ventana, sentí que mi corazón se
desmoronó. El hombre más hermoso que probablemente hubiera visto alguna vez en
carne y hueso estaba parado allí con los brazos cruzados, vestido con… ¿una bata de
baño?
Oh, no.
Oh, Dios mío. Oh, Dios mío. Oh, Dios mío.
—¿Quién es, Luca?
Sintiéndome lista para colapsar, miré a Doc y chillé:
—Es Griffin.
Una hora antes…

86
N o había tenido noticias de Julian en dos días. Cuando lo contraté,
pensé que tomaría algunas fotos, tal vez seguiría a Luca un poco
para ver cómo era su vida diaria; nada demasiado loco. Sin embargo,
mi pequeño trabajo de espionaje se había convertido a estas alturas en una
expedición a campo traviesa.
Luca no había mencionado en su última carta que había estado planeando un
viaje por carretera. Así que, cuando Julian llamó para decir que se había subido a
una casa rodante llevando una maleta con el tipo viejo, le dije que la siguiera y viera
a dónde se estaban dirigiendo. Doce horas después, llamó y dijo que acababa de
cruzar la frontera del estado de Ohio. Supuse que ya habiendo ido tan lejos con esto,
bien podría ver a dónde iban esos dos. Además, tenía curiosidad. Hasta ahora,
habían ido a tres parques nacionales diferentes, pasaron dos días en Nebraska en la
casa de una mujer de aspecto loco, y luego llegaron al Gran Cañón. No es que Luca
me deba ninguna explicación de su paradero, pero pensé que era bastante jodido que
ella me contara sus fantasías, pero no mencionara un próximo viaje por carretera de
quince estados.
Si no hubiera tenido que estar en el estudio todos los días de esta semana, me
habría subido al maldito auto y habría conducido hasta Nevada por mi cuenta, solo
para ver a Luca en persona. La idea de ella estando tan cerca de mí me había
distraído todo el día. Pero cuando sonó mi teléfono a las 6:00 a.m., no tenía idea de
cuán cerca estaba en realidad.
—¿Qué? —Ni siquiera había mirado el identificador de llamadas cuando
respondí. Quienquiera que estuviera en el otro extremo de la línea, debía tener una
muy buena jodida razón para llamar. Había estado en el estudio hasta después de las
dos de la mañana de anoche, o más bien hoy.
—Despierta, despierta, Señor Estrella del Rock. Tengo algunas noticias muy
interesantes.
Al escuchar la voz de Julian, me senté en la cama.
—¿Qué pasó?
—Tu pequeña pichoncita ha llegado a su próximo destino.
—¿En dónde está ahora? ¿México?
—Cerca. Un poco más al norte. Jamás adivinarás.
—Te pago por horas, así que, ¿qué tal si guardamos los juegos de adivinanzas
y simplemente te pones a la caza.
—Está en los Estados de Palos Verdes.
¿Qué? ¿Está aquí? ¿En mi pequeña cuidad? Eso no podía ser ninguna
maldita coincidencia. ¿Qué carajo?

87 Salté de la cama, agarré unos pantalones de chándal y comencé a ponérmelos.


—¿En dónde está?
—Vía Cerritos, mi amigo. Estacionó esa chatarra de metal a media cuadra de
tu casa y apagó las luces. Aún no ha salido.
Mi corazón comenzó a correr fuera de control, y mi mente se tambaleó aún
más rápido. Un millón de preguntas me golpearon todas a la vez.
¿Qué demonios está haciendo aquí?
¿Sabe quién soy?
¿Cuánto tiempo lo ha sabido?
¿Qué carajo?
¡QUÉ CARAJO!
—¿Sigues ahí? —preguntó Julian. Había olvidado que estaba hablando por
teléfono, aunque todavía lo tenía en la oreja.
—Sí, aquí estoy.
—¿Qué quieres que haga?
Me pasé la mano por el cabello.
—No lo sé. Quédate con ella. Necesito unos minutos para pensar. Llámame si
sale de la casa rodante.
—Entendido, jefe.
Colgué y me quedé mirando mi teléfono durante cinco minutos. En serio, no
podía creer lo que estaba pasando. Luca estaba aquí… después de dieciocho años, la
chica que nunca había conocido y aun así me conocía mejor que nadie sin saber mi
nombre real… y estaba justo afuera de mi casa.
¿Cuál demonios era su plan? ¿Iba a llamar a mi puerta?
¿Cómo pensó que pasaría al guardia de mi puerta?
¿Cómo diablos me encontró?
Mejor aún, ¿qué iba a hacer ahora que lo sabía?
Estaba enojado, pero ¿en realidad tenía derecho a estar enojado si ella había
contratado a alguien para que me encuentre?

88 Maldita sea, después de todo, había hecho lo mismo. Por supuesto, no me


había subido a una casa rodante y conducido por todo el país para llamar a su puerta.
Lo que trajo otra serie de preguntas: ¿por qué carajo no lo había hecho?
No tengo bolas.
Ningunas malditas bolas.
Luca tiene bolas más grandes que yo.
Mierda. Bolas. MALDICIÓOOON.
Necesitaba un poco de café si había alguna jodida posibilidad de darle sentido
a todo esto. Así que me dirigí a la cocina para prepararlo. Mientras estaba hirviendo,
miré por la ventana. Los setos altos que bordeaban la línea de mi propiedad
bloqueaban la vista de la calle, de modo que no podía ver la cuadra. Esa había sido
una de las cosas que primero me atrajo de la casa: la privacidad.
Cuando terminé mi café, marqué a Julian para una actualización. Él respondió
al primer timbre.
—Todavía todo tranquilo en el autobús loco.
Esa mierda podría haber sido divertida si no estuviera tan ansioso.
—Entonces, solo están estacionados allí. ¿Qué van a hacer, acampar en mi
cuadra?
—Ni idea. Pero por la forma en que la policía patrulla este vecindario lujoso,
estoy seguro que serán escoltados fuera de la cuadra más rápido de lo que canta un
gallo. El sol ni siquiera ha salido del todo todavía. La policía seguro está buscando
sus donas y café, así que llegarán dentro de poco.
Estaba bromeando, pero al mismo tiempo no estaba equivocado. Mi área
tenía su cuota de celebridades. La policía en realidad se esforzaba por hacer cumplir
las reglas de no merodear por la ciudad. Significando que, cualquier cosa que
estuviera haciendo ella aquí, podría no estarlo haciendo por mucho tiempo.
—Avísame si algo cambia mientras tanto. Pero saldré en unos minutos.
—¿Vas a salir? ¿Quieres que me ocupe de esto por ti?
—No lo creo. Esto es algo que necesito encargarme por mi cuenta.
—De acuerdo. Estoy aquí si me necesitas. Me mantendré vigilando desde
donde estoy estacionado calle abajo.

89 —Gracias, Julian.
Colgué, arrojé mi teléfono sobre la mesa y engullí el resto del café de mi taza.
Cuando abrí la puerta principal, el aire frío de la mañana me golpeó. Solo tenía unos
pantalones de chándal, así que agarré una bata de baño colgada de un gancho y me
puse unas zapatillas. Me parecía a James Gandolfini de The Sopranos a punto de ir a
tomar el periódico de la mañana y saludar al FBI. A decir verdad, esperaba que un
automóvil lleno de adolescentes no pasara mientras avanzaba por la cuadra.
Al final del camino de entrada, un guardia de seguridad estaba sentado en una
pequeña cabina junto a mis puertas altas. Lo saludé.
—Hola, Joe.
—Buenos días, señor Archer. ¿Se dirige a algún lado?
—Justo al final de la cuadra.
—No estoy seguro que sea una buena idea. Estoy vigilando a un vehículo
extraño que se detuvo hace un rato. Pensé en darle quince minutos más y luego
llamaría a los muchachos locales para que lo escolten si todavía está aquí. Podría ser
una fanática excéntrica o un paparazzi.
Oh, acertaste en la parte de excéntrica.
—Está bien. No llames todavía. Voy a encargarme de esto por mi cuenta.
—¿Está seguro?
—Segurísimo.
Joe presionó el botón para abrir las puertas, y salí a la calle. Efectivamente, la
casa rodante estaba estacionada a unas pocas casas de distancia. Estaba
acostumbrado a la emoción: subir al escenario con un estadio lleno de fanáticos
entusiastas bombeaba la adrenalina a millón. Pero ese sentimiento no tenía nada que
ver en comparación a la anticipación que sentía a medida que caminaba por la calle.
Dieciocho años.
Y todo se reducía a esto.
Al acercarme, vi que no había nadie en los asientos del conductor o del
pasajero. Tenían la cortina cerrada de modo que no podía ver el interior de la casa
rodante. Supongo que mi visita iba a terminar siendo un ataque sorpresa.
Al llegar a la puerta, respiré hondo. Pero no hizo nada para frenar mi pulso
acelerado.

90 Luca, Luca, Luca. ¿Qué estás tramando?


Supongo que estoy a punto de descubrirlo, mi excéntrica chica hermosa.
Mi pecho se sentía como si tuviera un tren fuera de control encerrado en mi
interior, y una fina capa de sudor se formó en mi frente. Levantando mi mano para
tocar, apenas pude evitar que tiemble lo suficiente como para golpear la puerta.
Dios, era todo un desastre. No podía recordar la última vez que mis nervios me
habían afectado así.
Pero eso no fue nada comparado con lo que sentí cuando la puerta se abrió.
Mi corazón casi se detuvo al verla. Sus hermosos ojos gigantescos parecieron
mirar a través de mi alma, haciéndome quedar completamente en blanco en cuanto a
qué decir. Tuve que pensar rápido y opté por no echarla todavía. Quería ver a dónde
iría esto si no me delataba de inmediato, es decir, si sabía que yo era “Cole”.
—Te das cuenta que es ilegal estacionar aquí, ¿no? —dije finalmente.
Ella tragó con fuerza y se obligó a responder.
—¿Quién eres tú?
Aunque no podía estar 100 por ciento seguro que supiera que era yo, lo
sospechaba con base a sus nervios aparentes que lo sabía.
—Soy Cole Archer. —Señalé detrás de mí—. Mi propiedad está justo allí.
Sus ojos parecieron examinar cada centímetro de mi rostro.
—Oh.
Hermosa, hermosa Luca.
Guau.
En serio eres tú.
Quería atraerla a mis brazos y devorar sus labios carnosos, tragándome todos
esos nervios. En cambio, solo dije:
—Deberías mover el vehículo antes de que alguien llame a la policía.
Ella sacudió su cabeza.
—Oh, sí… seguro. Podemos hacerlo.
—Ahora mismo —dijo el viejo mientras saltaba desde su lugar en la parte de
atrás. Ni siquiera lo había notado hasta que habló.

91 Se movió al asiento del conductor.


Solo les dije que se movieran como excusa para venir aquí. No quería que de
hecho se movieran, porque entonces ¿qué? Podría perderla.
Antes de que pudiera encender el motor, extendí la mano para detenerlo.
—Espere.
El viejo me miró, esperando más.
Piensa.
—Yo… supongo que no hay daño en lo que están haciendo, solo
estacionándose aquí. No puedo garantizar que nadie más llame a la policía, pero por
mí está bien. Quédense aquí todo el tiempo que quieran.
Luca dejó escapar un suspiro de alivio.
—Gracias. En serio lo apreciamos.
—No hay problema. —Nuestros ojos permanecieron pegados como
pegamento el uno al otro cuando asentí—. Entonces, de acuerdo.
Me di la vuelta y me dirigí hacia mi casa, sacudiendo mi cabeza ante esta
situación.
Aunque tenía tantas ganas de tomarla en mis brazos y decirle que sabía quién
era ella, era más fácil decirlo que hacerlo. También estaba esperando que ella se
confesara, pero nunca lo hizo. Aunque ahora estaba bastante seguro que ella sabía
quién era yo por la forma en que me miró, tampoco podía estar 100 por ciento
seguro.
Tenía demasiadas preguntas. ¿Tal vez me reconoció como Cole Archer y no
sabía que realmente soy yo? ¿Podría eso también explicar la reacción? ¿Seguiría
buscando a Griffin? O peor aún, ¿se dio cuenta que yo era Cole y luego decidió que
quería un pedazo de mí como todos los demás? Eso no sonaba a Luca, pero
sinceramente, tampoco lo hacía todo este viaje por carretera en el que se había
embarcado. Estaba tan jodidamente confundido. Sentía que la única forma en que en
realidad podía descubrir si ella me quería por mí era continuar esta farsa un poco
más. Si le decía la verdad demasiado pronto, jamás sabría realmente cuáles eran sus
verdaderas intenciones.

92 Pasé el resto de la tarde mirando por la ventana a la casa rodante estacionada


en la distancia. Hice algunas llamadas para asegurarme que la policía no los eche.
No podía entender por qué había venido hasta California si no planeaba decirme
quién era. Por otra parte, había desperdiciado por completo mi propia oportunidad
de descubrir todo.
Si conocía a Luca, seguramente estaba repensándose todo, atascada en cuanto
a cómo encargarse de esto tanto como yo. Tenía que sacarla de ahí, hacer que fuera
más fácil para ella abrirse a mí. No había forma de que la dejara irse de California
antes de poder explicarme adecuadamente. Jesús. Había venido hasta aquí, a pesar
de su agorafobia. Eso en serio decía mucho sobre cuánto necesitaba descubrir la
verdad.
Tenía que salir hasta allá antes de que tomara una decisión precipitada y se
fuera. Estaría bien si me quitara mi maldita bata de baño esta vez.
Después de reemplazar la bata con una camisa medio decente, una vez más
pasé junto a mi muy confundido guardia de seguridad y me dirigí hacia el lugar
donde estaba estacionada la casa rodante. Nunca accedió a ir a algún lugar en
público conmigo, y dado sus problemas, no la haría pasar el infierno de tener que
lidiar con los paparazzi. Pero necesitaba tenerla a solas, tal vez incluso divertirme un
poco antes de destaparlo todo esta noche.
Solo había una forma de manejar este jodido desastre y era alentarlo.
Llamé a la casa rodante y esperé.
Luca abrió la puerta, luciendo nerviosa nuevamente.
Saludé.
—Hola. Yo otra vez.
Dejó escapar un suspiro.
—Tú otra vez…
—Solo quería disculparme si llamar a tu puerta antes fue intrusivo.
—Oh… uh… no, en absoluto.
—¿Qué te trae al vecindario?
Miró a su amigo y luego dijo:
—Él y yo estamos en un viaje por carretera. Parecía un lugar agradable y
seguro para detenerse.

93 —Lo siento, fui tan grosero antes que ni siquiera capté tu nombre.
—¿Mi nombre? Soy… —dudó, después miró a su izquierda—. Mirada. Y
este es mi amigo Chester.
—Mirada… —repetí.
—Sí.
—Bueno, es un placer conocerte. Bienvenida a California. Soy Cole.
Le tendí la mano, y ella la tomó. Tocarla por primera vez se sintió eléctrico.
—Encantada de conocerte, Cole.
—¿Cuáles son tus planes mientras estás aquí? —pregunté.
—No puedo decir que tenga uno. Solo vamos a donde el viento nos lleve.
O el aire caliente…
Necesitaba avanzar en esta tontería.
—¿Podrías tener algo de tiempo para cenar conmigo esta noche?
Aunque Luca no dijo nada, el viejo respondió por ella.
—A ella le encantaría.
Se giró hacia él.
—¿Me encantaría?
—Sí, lo harías.
Me miró de nuevo entonces.
—Creo que lo haría.
—Entonces, estupendo. ¿Digamos a las seis? Le daré a mi guardia tu
nombre… Mirada. Él te dejará entrar.
Ella fingió felicidad.
—Eso es genial. Gracias. Ya estoy deseando que llegue.
Sabía que probablemente se estaba muriendo por dentro. Odiaba eso, pero
esto tenía que pasar.
Mientras caminaba de regreso a mi casa, todo lo que podía pensar era en cuán
ridícula era esta situación; no tenía mucho tiempo para pensar en cómo demonios
94 iba a encargarme.
—¿M irada? ¡Mirada! ¿No podía encontrar algo mejor que la
marca de la casa rodante que estamos manejando?
—Esa fue una elección interesante. —Doc rio
entre dientes.
—Me asusté y miré hacia el tablero, y eso fue todo lo que surgió.

95
—Tengo que decir que tenía mucha curiosidad sobre cómo ibas a manejar
toda la situación.
—No la manejé. Hice un completo desastre de las cosas. Por cierto, gracias
por aceptar su oferta para la cita. Habría sido agradable si hubiera tenido elección.
—No tienes elección, Luca. Debes enfrentar la música.
—Nunca pensé que la música terminaría siendo literal. —Suspiré—. En serio,
¿cómo voy a manejar esto, Doc? Pensará que soy una lunática por seguirlo hasta
aquí y mentir sobre mi identidad.
—No eres la única que mintió. La suya fue una mentira por omisión.
—¿En serio voy a hacer esto? ¿Cenar con él?
—Sí.
—¿Qué digo?
—Te está dando la oportunidad de decir lo que sea que necesites. El hecho de
que él haya regresado aquí y te haya invitado a su casa te ahorra la molestia de tener
que descubrir cómo conseguir estar a solas con él. Te está dando la oportunidad en
bandeja de plata. Ahora depende de ti decidir qué hacer con ella.
Una hora después, estaba vestida con el único atuendo bonito que había
empacado: un sencillo vestido tubo rojo. No había planeado exactamente ir a cenar
con una celebridad en su elegante mansión mientras acosaba a Griffin. Y
definitivamente no esperaba que Griffin fuera esa celebridad.
Me dirigí a su enorme casa con piernas tambaleantes.
Hablé con el guardia.
—Hola… —Jesús, casi olvido mi supuesto nombre—. Aquí Mirada para ver
a Cole Archer.
—Sí. La está esperando. —Me indicó que me dirigiera a la entrada principal.
A medida que avanzaba hacia la puerta, me pregunté de todos modos qué
quería “Cole” conmigo. Griffin no sabía mi identidad. Pensaba que estaba invitando
a una mujer al azar a cenar. ¿Hacía esto todo el tiempo? ¿Se sentía atraído por mí?
¿O solo estaba siendo hospitalario? No podía entender por qué me había invitado

96 aquí. Antes de que pudiera reflexionarlo mucho, se abrió la gigantesca puerta de


madera de la casa de estilo español. Una mujer bajita, vestida con el atuendo de ama
de llaves, asintió mientras me dejaba entrar.
Griffin no se encontraba por ningún lado. Mis tacones resonaron contra los
suelos de mármol a medida que miraba alrededor del impresionante vestíbulo.
Algunos discos de vinilo enmarcados adornaban las paredes. Así era definitivamente
como había imaginado que sería la casa de una estrella de rock.
Todo lo que podía pensar en este momento era estoy muy orgullosa de ti,
Griffin.
Su voz me sorprendió.
—El sello discográfico me los envía. Muy bien podría colgarlos. En realidad,
no soy tan ególatra. Lo juro.
—No estaba pensando eso, en absoluto. Deberías estar orgulloso. Realmente
lo has hecho bien.
Cuando me volví para mirarlo, noté que se había puesto unos elegantes
pantalones negros y una camiseta gris ajustada.
Su cabello estaba mojado. En serio era jodidamente ardiente. No podía creer
que este fuera mi Griffin.
—Depende de cómo definas haberlo hecho bien. Definitivamente he
acumulado riqueza y he logrado impresionar a un cierto porcentaje de personas con
mi música. Pero a veces puede ser difícil. Puede ser una vida muy solitaria.
Eso sacudió mi corazón.
—Sí. Puedo imaginarlo.
—¿Puedo traerte algo de beber, Mirada?
—Seguro. Cualquier cosa está bien.
—Tengo una barra más grande que Cheers. ¿Qué te gusta?
—Una copa de vino estaría bien.
Griffin me llevó a la sala de estar masiva. Todos los muebles eran blancos.
Solo sabía que iba a ensuciarlos de alguna manera antes de irme. Él se aventuró
hacia el gran bar en la esquina de la habitación y preparó mi bebida.
Regresó y me entregó una copa grande de vino tinto.
—Lo siento… la cena está un poco retrasada. Mi chef está fuera esta noche y,

97 bueno, no quería envenenarte con mi comida, así que ordené algo. Espero que esté
bien.
—Eso suena delicioso.
—Ni siquiera sabes lo que es.
—Es verdad. Pero estoy segura que será algo bueno.
—Seguro que tienes mucha fe ciega en mí.
¿Qué acababa de decir?
¿Fe ciega?
Debe usar ese término libremente. No debería malinterpretarlo.
Me aclaré la garganta.
—Aparentemente.
Aplaudió sus manos entonces.
—Así que… la cena. ¿Espero que te gusten las vieiras envueltas en tocino?
Lo he elegido como aperitivo. Y luego por supuesto para el plato principal cerdo
asado al ajillo con tomillo.
¿Cerdo? ¿Está bromeando?
Tragué con fuerza.
—Suena delicioso.
Me entrecerró los ojos.
—Te ves tan familiar. ¿Estás segura que no nos hemos conocido?
Me retorcí mi cabello nerviosamente, y reí.
—¿Por qué me tomas, una groupie?
—¡Ja! No, no, no. Simplemente sentí esta familiaridad desde el momento en
que te conocí. —Sus ojos se clavaron en los míos.
En serio estaba empezando a chamuscarme por la intensidad de su mirada.
¿Podría saber que soy yo? ¿Cómo?
Mi plan era decirle la verdad, pero cuanto más duraba esta farsa, por alguna
razón más difícil era decirla. Seguí esperando la ventana perfecta para confesarme,
pero nunca pareció llegar.
98 Sin mencionar que su mirada penetrante en cierto modo me dejaba sin
palabras.
—¿Quién es ese hombre con el que viajas? —preguntó.
—Es un buen amigo.
—Entonces, ¿no hay nada curioso allí pasando entre ustedes?
—Dios, no. Solo es mi compañero de viaje. No viajo sola.
—Ah. Entiendo. Sí, viajar solo es para los pájaros.
Pájaros.
—Correcto.
Él sonrió.
—Entonces, ¿me reconociste? No parecía que lo hicieras.
Mi corazón estaba latiendo fuera de mi pecho.
—Te refieres a… ¿si sabía que eras…? ¿Cole Archer?
Griffin inclinó la cabeza.
—¿A qué más podría referirme?
Solté un suspiro de alivio.
—De hecho, sí, sabía quién eres.
—Eso apesta. En cierto modo esperaba que no lo hicieras.
Lo miré profundamente a los ojos.
—Debe ser una locura, ¿eh? ¿Siendo tú?
—Sí, pero ¿a qué te refieres en particular?
—¿Todo?
Solo me miró por un momento antes de responder.
—A veces desearía poder esconderme en mi casa y nunca salir.
Suena familiar.
Mi corazón latía más rápido.
Él continuó:
99 —Envidio a las personas que no son reconocidas adonde quiera que vayan.
—Puedo imaginar.
—¿Y qué es lo que haces, Mirada?
¿Qué hago?
—Yo… un poco de todo. En este momento, estoy en algo así como en una
encrucijada.
—¿Por qué lo estás escondiendo? Si puedo ser franco, ciertamente tú también
puedes. ¿Qué, tu… escribes porno o algo así?
—No, nada de eso.
—Lástima. —Me guiñó un ojo.
De repente, el ama de llaves condujo a un grupo de personas a través de la
sala hasta el comedor adyacente.
—Ah. La cena está aquí —dijo Griffin.
Dejé mi vino en una mesita auxiliar y lo seguí al comedor. Un equipo
completo de personas estaba preparando una gran mesa. Un caballero llevaba una
gigantesca bandeja de plata cubierta.
—Esto parece una comida digna de un rey —dije.
Cuando el hombre quitó la tapa del plato, mi estómago se hundió. No solo era
cerdo, sino un cerdo entero con la cabeza todavía en él. Miré hacia otro lado. No
pude soportarlo. Fue como ver a Hortencia quemada en la hoguera y dispuesta en su
funeral.
Los ojos de Griffin prácticamente se iban a salir de sus cuencas. Su postura
relajada se había ido. Se giró hacia el hombre.
—¡Qué carajo! Pedí el cerdo, no un animal entero. ¿Qué demonios traes a mi
casa? Es inquietante. Por favor, cúbrelo y llévatelo.
El hombre hizo apresuradamente lo que dijo, pero preguntó:
—¿De qué cree que se trataba el cerdo, señor?
—Entiendo lo que estás diciendo, pero no había necesidad de ver mi cena

100 devolviéndome la mirada. —Me echó un vistazo—. Puedes ver claramente que mi
invitada está extremadamente perturbada.
Estaba temblando. Honestamente, ya ni siquiera sabía qué decir.
Después de que la habitación se vació, Griffin se apresuró hacia mí.
—¿Estás bien?
—Eso fue… eso fue inesperado.
—Mierda. Solo me estaba divirtiendo un poco al pedir el cerdo. Sabía que no
lo comerías. Jamás te habría hecho eso a propósito. Sé lo mucho que significa ella
para ti.
Espera.
¿Qué?
¿Qué está pasando?
Puso sus manos alrededor de mi rostro.
—Parece que estás a punto de llorar. Lo he jodido todo. Nunca quise
lastimarte así. Maldita sea, significas mucho para mí. —Me hizo retroceder contra la
pared, presionando su cuerpo duro como una roca contra el mío—. Luca… mi
hermosa Luca.
Mi voz sonó temblorosa.
—¿Griffin?
—¿Cómo me encontraste, mi chica impulsiva? —Sacudió la cabeza—. No
importa. Aún no respondas eso. —Se inclinó y estrelló sus labios contra los míos,
besándome tan fuerte que prácticamente estaba viendo estrellas. Todo mi cuerpo se
sentía ingrávido a medida que me fundía con él, nuestras lenguas chocando en un
frenesí húmedo y delicioso mientras compensaba años de besos perdidos—. Maldita
sea, Luca, sabes tan bien —murmuró sobre mis labios—. Siento que he estado
esperando toda mi vida por esto.
Hundiendo mis dedos en su cabello lustroso, no pude evitar los sonidos que
estaban escapando de mi boca. Nadie me había besado como Griffin Marchese lo
estaba haciendo ahora. Respirarlo así era todo lo que había soñado alguna vez.
Nuestro beso fue interrumpido cuando el ama de llaves entró con tres cajas
grandes de pizza.

101 Sintiéndome como un animal en celo, jadeé y pregunté:


—¿Qué es eso?
—Nuestra verdadera cena. Pizza de piña… tu favorita.
Un sentimiento de nostalgia me conmovió.
—Lo recordaste.
—¿Cómo podría olvidarlo? Lo recuerdo todo, Luca.

—Dime lo que estás pensando en este momento.


Parpadeé un par de veces y mi visión volvió a enfocarse. Había estado
mirando una rebanada de pizza de piña y cuando levanté la vista, encontré a Griffin
observándome. Lo había escuchado hablar, pero las palabras parecieron haber
pasado por un oído y haber salido por el otro.
—Lo siento. ¿Qué dijiste?
Se levantó. Habíamos estado sentados uno frente al otro en la mesa del
comedor. Hoy había sido surrealista: desde descubrir que Griffin era Cole Archer,
hasta verlo por primera vez después de todos estos años, hasta ese beso. Ese beso.
Griffin extendió su mano.
—Ven. Tienes demasiado en mente para comer ahora mismo. ¿Por qué no
nos sentamos en la sala de estar y hablamos?
Asentí y puse mi mano en la suya. Me llevó al sofá masivo, y cuando me
senté, se arrodilló frente a mí y me quitó los tacones uno a la vez.
—Te los estoy quitando para que así te sientas cómoda, pero también tengo
un motivo oculto. Voy a traernos un poco más de vino de la cocina, y me quedaré
con uno de estos de modo que no puedas salir corriendo por la puerta mientras me
voy por dos minutos.
Pensé que estaba bromeando, pero de hecho se llevó uno de mis zapatos con
él. Regresó unos minutos más tarde con dos copas de vino limpias y mi tacón.
—Cabernet de las Cavas de Nottingham. —Griff extendió una copa de mi
vino favorito. La cosa estaba llena hasta el borde—. No estaba seguro de qué año te

102 gustaba, así que conseguí algunos diferentes. Este es el 2014. ¿Cuál sueles comprar?
—Um. Cualquiera que sea más barato.
—Mierda. Fui en la otra dirección.
Sonreí.
—Está bien. En realidad, no soy toda una aficionada al vino, así que dudo que
pueda distinguir un año de otro.
Griffin se sentó en el sofá junto a mí y levantó una rodilla, volviéndose para
mirarme. Se veía completamente tranquilo, mientras que yo me estaba concentrando
con todas mis fuerzas para evitar que mi mano temblara. Realmente no quería
derramar vino tinto sobre sus muebles blancos.
Él se dio cuenta y puso una mano sobre mi rodilla.
—Relájate. No voy a morderte. —Una adorable sonrisa infantil tiró de las
comisuras de sus labios—. A menos que quieras que lo haga.
Me tragué la mitad de la copa de vino.
Griffin arqueó una ceja.
—¿Te sientes mejor?
Sacudí mi cabeza.
—En realidad, no.
Me quitó la copa de las manos y la dejó sobre la mesita auxiliar, junto con la
que no había tocado. Luego tomó mis dos manos entre las suyas y miró entre mis
ojos de ida y vuelta.
—Eres aún más hermosa en persona.
El calor subió por mis mejillas.
—Gracias. No puedo creer que me hayas reconocido. ¿Cuántos años tenía en
la única foto que has visto de mí? ¿Doce?
Griffin miró nuestras manos unidas y las apretó.
—Creo que los dos tenemos mucho de qué hablar. Así que, voy a comenzar
ahora mismo. No te reconocí por la foto que me enviaste en la secundaria. Contraté
a un investigador privado para que te siga y tome algunas fotos.
Mis ojos casi se salen de sus cuencas.

103 —¿Tú qué? ¿Cuándo?


—Hace unas pocas semanas. Te tomó algunas fotos saliendo de la oficina de
correos. Y luego… te siguió por todo el país durante la última semana.
No saber que alguien me había estado observando de repente me hizo sentir
muy violada. Saqué mis manos de las suyas.
—¿Por qué harías eso?
Griffin se pasó las manos por el cabello.
—Quería ver cómo te veías.
—Te pedí que intercambiáramos fotos. Tú fuiste quien dijo que no querías.
—Quería verte. Simplemente no quería que me vieras. Pero supongo que
siempre supiste quién era, así que de todos modos la broma se volvió contra mí.
Mis cejas se fruncieron.
—¿De qué estás hablando? Solo esta mañana descubrí quién eres.
Pareció genuinamente confundido.
—Entonces, ¿cómo llegaste hasta mi cuadra?
—Dejaste un recibo de eBay en el fondo de la caja de Furby que me enviaste.
Tenía una dirección de envío de “Marchese Music”. Pensé que trabajabas allí.
Griffin sacudió la cabeza.
—Pero si no sabías quién era, ¿por qué condujiste por todo el país?
El hecho de que incluso hubiera tenido que hacer esa pregunta me dijo
demasiado. Este hombre hermoso con esta gran casa hermosa pensaba que la gente
se sentía atraída por él solo por su fortuna y fama. Esta vez, fui yo quien tuvo que
apaciguarlo. Extendí la mano y tomé su mano en la mía, mirándolo a los ojos a
medida que hablaba.
—Porque tenía un flechazo por el chico que me escribía cartas hace tantos
años atrás, pero comencé a enamorarme del hombre dulce al que parecía gustarle por
lo que soy, rota o no, y necesitaba ver si tal vez podíamos tener una oportunidad si
finalmente nos conocíamos en persona.
Griffin se inclinó un poco más cerca. Sus ojos saltando de un lado a otro entre
los míos, buscando algo.
—¿En serio no tenías idea de quién era hasta esta mañana?
104 Sonreí a medias.
—Odio lastimar tu ego, Señor Estrella del Rock, pero no solo no tenía idea de
quién es, sino que ni siquiera había escuchado tu música.
Aunque acababa de insultarlo, Griffin sonrió como si mi respuesta fuera lo
mejor que hubiera escuchado alguna vez. Sus ojos se iluminaron.
—¿Qué pasaría si hubieras venido hasta aquí, y hubiera sido un vagabundo,
calvo y me faltaran algunos dientes?
Me tapé la boca y reí.
—Eso es más o menos lo que estaba esperando. Dijiste que tus opciones de
carrera te habían costado más de lo que esperabas. Así que pensé que tal vez eras
pobre y estabas avergonzado por eso.
Griffin parecía desconcertado. Entrecerró los ojos.
—¿Y aun así, de todos modos manejaste cinco mil kilómetros?
Me encogí de hombros.
—Me gustaste por quién eres. Estaba dispuesta a aceptar cualquiera fuera tu
situación. Pero no me malinterpretes. El hecho de que te veas… —agité mi mano en
su rostro—, así… es una muy buena sorpresa.
Griffin me rodeó las rodillas con sus manos y me acercó más a él.
—¿Ah, sí? ¿Estás diciendo que te gusta cómo me veo, nena?
Nena. Eso me gustó, definitivamente. Intenté no sonreír, pero fallé
miserablemente.
—Supongo que no lastimas mis ojos.
Acunó mi mejilla.
—¿Con que es así? Bueno, tú tampoco te ves tan mal. —Sus ojos se posaron
en mis labios y frotó su pulgar sobre mi labio inferior—. Esta boca carnosa. Pasé
horas mirándola de adolescente. Ni siquiera quieres saber todas las cosas con las que
solía fantasear con hacerle.
Tragué con fuerza.
—Sí, quiero saber.
105 Los ojos de Griffin se oscurecieron y empujó su pulgar hacia mi boca. Hice
girar mi lengua alrededor de él sin pensarlo ni una vez y luego cerré los ojos antes
de chupar con fuerza.
—Maldición, Luca. —El ronco rugido de su gemido envió escalofríos a
través de mi piel. De repente, me levantó de mi asiento y me arrastró por su regazo.
Enroscó sus manos en mi cabello, sus labios sellando los míos, y su lengua
reemplazó su dedo dentro de mi boca. Había pensado que nuestro primer beso fue
eléctrico, pero este, hizo que mi cuerpo se sintiera como un cable con corriente. Sus
labios eran tan suaves, pero su toque era tan firme. Este era un hombre que sabía
besar. Estaba bastante segura que pasaría horas analizando ese hecho más tarde, pero
por ahora no me importaba cómo se había vuelto bueno en eso, solo que su lengua
experta estaba dentro de mi boca, y se sentía como el jodido cielo. Me besó largo y
duro, con solo la cantidad justa de agresividad para hacer que lo dejara tomar la
iniciativa y seguirlo a cualquier parte.
Noté un sonido distante, pero el rugido de la sangre corriendo a toda prisa por
mis oídos estaba haciendo que todo lo demás pareciera tan lejano y desvanecido. Por
eso, al principio, no me di cuenta que el ruido que escuché era el timbre de la puerta
sonando. Hasta que sonó por segunda vez.
—Ese es… —Intenté hablar entre nuestros labios unidos, pero Griffin
presionó los suyos más fuerte contra los míos.
—Ignóralo… —murmuró.
Como no estaba ansiosa por parar, fingí que no lo había escuchado. Pero
cuando sonó la campana por tercera vez, fue Griffin quien se retiró. Se puso en pie
tambaleándose, jadeando.
Aturdida por el repentino cambio en lo que estaba sucediendo, levanté la
mano para cubrir mis labios magullados.
—Pensé…
Fue entonces cuando escuché lo que había hecho que Griffin se detenga. Y
desafortunadamente, era la voz de la única persona que no podía ignorar.
Doc.

106
—¿D
ónde está Luca? —El viejo pasó junto a mí como
si yo no existiera.
Cerré la puerta y me aclaré la garganta.
—Está en la sala…
Luca se tambaleó hacia la cocina luciendo alterada. Sus labios estaban

107
hinchados y su cabello era un absoluto desastre despeinado. Aun así, no estaba
seguro si estaba asustada por nuestro beso o si estaba preocupada por el viejo.
Parecía bastante en pánico.
—¿Doc? ¿Qué pasa? ¿Está todo bien?
Él se dirigió directamente hacia ella y colocó ambas manos sobre sus
hombros.
—¿Estás bien? No enviaste mensajes de texto como se suponía que debías
hacerlo.
Luca dejó escapar un suspiro de alivio.
—Caray. Lo siento, Doc. Griffin y yo comenzamos a… solo nos estábamos
poniendo al día, y se me olvidó por completo que se suponía que debía hacerte saber
que estaba bien.
Doc le echó un vistazo exhaustivo, luego me miró con recelo y volvió a
mirarla.
—¿Estás segura que todo está bien?
—Sí. Estoy bien. Griffin… bueno, ya sabe quién soy.
La frente de Doc se alisó.
—Oh. Bien. Bueno, me alegra escuchar eso. Estaba preocupado por ti. No
quise entrometerme.
Sabía que él era importante para ella, así que extendí mi mano.
—Griffin Marchese. A veces conocido como Cole Archer, doctor Maxwell.
He escuchado mucho de usted.
El buen doctor se conmovió.
—Por favor, llámame Chester.
Me di cuenta entonces que la seguridad no me había llamado para avisarme
que habían dejado que alguien viniera hasta la casa.
—¿Viniste por la puerta principal, Chester?
Sacudió la cabeza.
—Subí la cerca en el otro extremo de la propiedad.
Mis ojos se abrieron de par en par. Mi cerca tenía que tener tres metros de
alto.

108 —¿Subiste… la cerca?


—Luca no estaba contestando su teléfono, y estaba preocupado.
Comencé a reír a carcajadas al imaginar a este hombre de setenta años
escalando una cerca gigante para salvar a su paciente. Estos dos eran un gran equipo.
Luca le sonrió cálidamente.
—Siento mucho haberte preocupado, Doc.
Levantó una mano.
—No necesitas disculparte. Solo quería asegurarme de que estabas bien. Así
que, los dejaré solos.
No había absolutamente nada que quisiera más que quedarme solo con Luca,
para continuar exactamente donde lo habíamos dejado. Pero cuando la miré y vi que
la dulce sonrisa que llevaba se derritió, lo más estúpido posible salió de mi boca:
—No. Quédate. ¿Por qué no nos acompañas a cenar?
—Entonces, ¿cuánto tiempo planean quedarse en California?
Luca suspiró, y supe antes de que ella hable que no quería escuchar la
respuesta.
—Tenemos que volver a la carretera pasado mañana.
La pesadez se instaló en mi pecho.
—¿Por qué tan pronto?
—Es un viaje de cinco mil kilómetros. Nos tomó un poco más de tiempo de
lo que habíamos planeado llegar aquí, y tenemos que viajar seis días para volver. Si
estoy detrás del volante demasiadas horas en un día, comienzo a dormir despierta y
olvido que estoy conduciendo. Pasé la mitad de Colorado tramando mi próximo
libro en mi cabeza. No es exactamente seguro.
—¿Y si consigo que alguien les lleve la casa rodante y ustedes toman un
avión? Te reservaré un vuelo privado.
Luca sonrió con tristeza.
109 —Eso es muy dulce. Pero yo… no voy en aviones. —Bajó la vista—. Ni en
trenes o autobuses. Ni siquiera voy al supermercado como una persona normal,
Griffin.
Doc intervino.
—Sin embargo, le fue genial la semana pasada en la tienda de mascotas.
Luca sacudió la cabeza.
—Mi vida es… complicada.
Doc atrajo mi atención.
—Sí, la vida de Luca es complicada. Pero me aventuraría a suponer que la de
Griffin no es sencilla. Donde hay voluntad, hay un camino.
Era fácil olvidarse de los problemas de Luca mientras la miraba. Demonios,
era fácil olvidar todo lo demás mientras admiraba su hermoso rostro. Pero Doc tenía
razón; mi vida era tan complicada como la de ella… tal vez aún más, solo que de
una manera muy diferente. Me quedé observando a Luca: solo teníamos un día y
medio, y no quería desperdiciar ni un minuto de nuestro tiempo juntos.
—Doc, tengo una pequeña casa de piscina en la parte trasera de mi propiedad.
Tiene un dormitorio y una cocina americana. ¿Por qué no acampas allí las próximas
dos noches? Estoy seguro que las camas en esa casa rodante no pueden ser
demasiado cómodas. Podemos dejar la caravana en el camino de entrada para que
sea seguro, y tú puedas tener algo de privacidad. —Doc parecía dudar en aceptar mi
oferta. Así que, dije una pequeña mentira piadosa que sabía que influiría a mi favor
en las cosas—. Hay algunas aves geniales por ahí. Acabo de instalar un alimentador
nuevo, así que apuesto a que es como un aviario a primera hora de la mañana.
Los ojos de Doc se iluminaron.
—¿Has visto el rascador moteado? Escuché que es bastante impresionante.
¿El rascador qué?
—Seguro, seguro. Definitivamente tengo algunos de esos por ahí.
Doc miró a Luca. Su rostro recordándome a un niño pequeño con la nariz
presionada contra el vidrio de la exhibición de helados en la tienda mientras
esperaba que su madre dijera que podía conseguir una bola.
Luca sonrió a Doc.
110 —Eso suena como una gran idea, Doc.
Él sonrió radiante.
—De acuerdo. Gracias por la oferta, Griffin. Pero solo si realmente podemos
dejar la caravana en el camino de entrada detrás de las puertas. No quiero que Luca
duerma sola en la casa rodante en la calle.
Oh, no te preocupes por eso. Tampoco tengo intención de dejar que Luca se
quede en esa casa rodante.
—Por supuesto. ¿Por qué no nos ocupamos de eso ahora, y te muestro la casa
de la piscina?
Los tres salimos, Doc saliendo primero por la puerta principal. Extendí mi
mano para indicarle a Luca que se adelante a mí, pero ella se detuvo, se giró para
mirarme y se puso de puntillas para susurrarme al oído.
—Será mejor que encuentres una manera de hacer que los pájaros estén allí
por la mañana, mentiroso.
Cole: Necesito que me hagas un favor.
Aiden: Lo que necesites, jefe.
Cole: Encuentra un Home Depot abierto las 24 horas y consigue una docena
de comederos para pájaros y semillas. Cuélgalos alrededor de mi casa de la piscina
cuando salga el sol. Necesito pájaros por ahí temprano y alegres. Compra una
docena de loros en la maldita tienda de mascotas si es necesario.
Aiden: De acuerdo…
Cole: Y no despiertes al viejo durmiendo en la casa de la piscina.
Mi asistente ya había recibido solicitudes mucho más extrañas que esta. Una
de las cosas que lo hacían bueno en su trabajo era que nunca hacía preguntas. Así
que apagué mi teléfono, seguro de que Doc estaría feliz por la mañana, y volví mi
atención a la mujer que estaba de pie en mi cocina.
Su hermosa boca estaba estampada en una línea ilegible.
Caminé hacia ella, enfocado en esos labios. Me preguntaba si le importaría si
111 los mordía. Pero Luca levantó su mano y presionó contra mi pecho, evitando que lo
descubra.
—No voy a dormir contigo.
Alcé una ceja.
—¿Nunca?
—No esta noche.
Asentí, divertido.
—Está bien. Entonces, será mañana por la noche.
—Eso no es lo que quise decir.
Todavía tenía la palma de su mano sobre mi pecho, así que probé las aguas
dando un pequeño empujón hacia adelante. No me detuvo, así que me incliné y
enterré mi rostro en su cuello, besándolo a lo largo de su pulso hasta su oreja para
susurrarle:
—¿Estás diciendo que no te atraigo, Luca? Es una pena, porque me siento
muy atraído por ti.
Ella sacudió su cabeza.
—Yo… también. Mucho. Pero… —Sus palabras se desvanecieron. No tenía
dudas de que podía convencerla a que cambie de decisión si me lo propusiera.
Aunque Luca significaba más que un simple polvo para mí.
Me aparté para mirarla y acuné sus dos mejillas.
—Lo respeto, Luca. Mentiría si dijera que la idea de enterrarme dentro de ti
no sería un sueño hecho realidad. Pero nunca te pediría que hagas algo que no
quisieras hacer.
Pareció genuinamente aliviada.
—Solo tengo miedo. Conocerte fue un gran paso, y no quiero apegarme aún
más de lo que ya estoy.
Escucharla decir eso fue más decepcionante que su declaración de no sexo.
Solo había estado en mi casa durante unas pocas horas, pero estaba bastante seguro
que ya estaba más apegado a ella que a algunos de mis apéndices.
—¿Por qué no vamos a relajarnos un poco? Tengo más de una habitación de
invitados cuando estés lista para dormir. No sé tú, pero no estoy ni cerca de estar
listo para dejar de hablar contigo.
112 Ella sonrió.
—Sí. Eso sería perfecto.
En la sala, encendí la chimenea y llené nuestras copas de vino abandonadas.
Luca levantó los pies y los metió debajo de ella.
—¿Puedo preguntarte algo?
—Cualquier cosa. —Tomé un sorbo de vino.
—¿Por qué no querías decirme?
Sacudí mi cabeza.
—No lo sé. Supongo que me gustaba que fuéramos solo nosotros. Temía que
las cosas cambiarían si descubrías la verdad.
—¿Alguien de tu confianza te hizo eso? ¿Cambiar por tu fama? —No me
sorprendía que lo entendiera de inmediato. Luca podía leerme mejor que nadie, y sin
que nos hubiéramos encontrado alguna vez. Ahora que estaba sentada frente a mí, ni
siquiera necesité decir la respuesta en voz alta. Vio mi rostro y volvió a hablar antes
que yo—. Lamento que te hayan hecho eso. Apesta.
Como teníamos un tiempo limitado juntos, no quería centrarme en toda la
mierda negativa que había sucedido en mi vida, así que le di la versión abreviada.
—Los amigos que pensé que eran amigos resultaron no serlo. Y las
mujeres… bueno, quieren estar conmigo porque soy Cole Archer, no por quién soy
en realidad. Si eso tiene sentido.
Ella asintió.
—Sí, lo tiene. Sabes, lo curioso es que, el hecho de que seas famoso para mí
es probablemente el peor atributo en un hombre. No me van las multitudes ni los
lugares abarrotados, y de las cosas limitadas que vi hoy en Internet, tu vida es como
una multitud gigante y un lugar abarrotado.
—Supongo… a veces de todos modos. Pero en las últimas semanas, he estado
grabando en el estudio principalmente, de modo que ha sido bastante discreto.
Honestamente, me encanta la música, pero las multitudes y la fama se tornaron
viejas demasiado rápido. Nunca aprecié el anonimato hasta que ya no lo tuve. Las
cosas pueden volverse locas en este negocio.
—¿Como qué? Dime la cosa más loca que te haya pasado.

113 Pensé en ello. Tenía suficientes historias para escribir una docena de libros,
pero una en particular destacaba.
—Una vez llegué a casa y había una mujer que me estaba preparando la cena
desnuda en la cocina.
Las cejas de Luca se fruncieron.
—Había pensado que un hombre estaría feliz de encontrar a su cita cocinando
desnuda, no creo que sea una locura.
—No era mi cita. Nunca antes había visto a la mujer en mi vida. Irrumpió en
la propiedad y actuó como si me conociera, llamándome cariño y esas cosas. Fue
como algo salido de La Dimensión Desconocida. Tenía mi nombre tatuado por
encima de su corazón y había cambiado su apellido legalmente a Archer. En su
mente, estábamos casados.
Los ojos de Luca se abrieron por completo.
—Oh, Dios mío. Eso es aterrador. ¿Fue a la cárcel?
Sacudí mi cabeza.
—No. Accedí a retirar los cargos siempre que ella fuera a recibir
asesoramiento psiquiátrico. Obviamente no estaba bien. Pero después de eso,
contraté al equipo de guardia de seguridad que se encuentra en la puerta principal
todo el día. De todos modos, lo necesitaba. Una semana después de que arrestaran a
la Señorita Archer, uno de esos autobuses turísticos famosos me agregó como una
parada en su mapa, y ahora siempre hay personas intentando ingresar en la
propiedad.
—¿Cómo pueden hacer eso? ¿Qué hay de tu privacidad?
Me encogí de hombros.
—Cambié mi privacidad por la fama, Luca.
—Eso es basura. Puedo entender a las personas queriendo autógrafos y
tratando de tomar una foto cuando estás por ahí y todo eso. Pero tu hogar… ese
debería ser tu santuario.
—Sí. La gente olvida que soy una persona real.
Sus hombros cayeron.
—Y aquí estoy yo haciéndote lo mismo, ¿no? Me presenté en una casa
rodante sin ser invitada. De hecho, me dijiste específicamente que ni siquiera querías

114 intercambiar fotos.


—Eso es diferente. Me alegra que hayas dado este salto por nosotros, Luca.
En serio que sí. Tenía que hacerse. Aunque espero que puedas entender por qué
estaba dudando al principio. La gente no aparece para ver a Griffin. Aparecen para
ver a Cole.
—Pero ni siquiera sabía que eras Cole cuando hice este viaje.
—Ahora lo sé. Y lamento haber dudado de ti alguna vez.
—Siento haberte empujado fuera de tu zona de confort. Dios sabe que odio
estar fuera de la mía.
Mis ojos vagaron por su rostro.
—Gracias por venir hasta aquí. Sé que no pudo haber sido fácil.
Ella asintió.
Luca se quedó en silencio por mucho tiempo después de eso. Se quedó
mirando su vino, aparentemente perdida en sus pensamientos. Después de un
minuto, deslicé mi dedo debajo de su barbilla y la levanté.
—Si solo tenemos un día y medio, tendrás que decirme qué estás pensando.
Si bien me encantaría entrar en esa cabecita tuya y tratar de entender cómo funciona,
me temo que no tenemos ese lujo.
Ella asintió.
—Solo estaba pensando que… debes tener muchas mujeres lanzándose a ti
todo el tiempo.
No tenía sentido mentir. Todo lo que tenía que hacer era entrar en Google y
encontraría a las mujeres mostrándome sus tetas desde la primera fila de casi
cualquiera de mis shows. Y me había permitido mi parte justa cuando todo pasó en
un principio. Los paparazzi habían capturado más caminatas de vergüenza saliendo
de mi camerino de las que quería recordar. No estaba orgulloso del hombre que
había sido al comienzo, pero había aprendido mi lección.
—No me voy a sentar aquí y decirte que soy virgen, pero esas mujeres, no se
están arrojando a Griffin Marchese. Se están arrojando a Cole Archer… un hombre
que ni siquiera existe en realidad.
—¿Has tenido novias serias?

115 Mi mandíbula se apretó.


—Pensé que sí, pero resultó que no lo hice. Haley vivió conmigo durante
unos tres meses. Era aspirante a cantante. En mi última gira, decidí sorprenderla y
volver a casa. La encontré en la cama con mi agente de cuarenta y cinco años.
—Guau. Lo siento. Eso es horrible.
—Sí. Ese fue solo el comienzo de descubrir un montón de mierda oscura
sobre las personas que pensé se preocupaban por mí.
Luca acarició mi antebrazo.
—Supongo que puedo entender por qué querías mantener tu vida actual en
secreto.
Esta conversación había dado un giro hacia la depresión. Así que me recordé
que solo teníamos poco de tiempo para estar juntos; el reloj estaba corriendo. Me
rasqué el rastrojo en mi barbilla.
—Tengo una idea. ¿Recuerdas ese pequeño juego que solíamos jugar cuando
éramos adolescentes? En el que nos contábamos un par de cosas verdaderas y una
mentira y teníamos que averiguar cuál era cuál.
Luca sonrió.
—Dos verdades y una mentira. ¿Cómo podría olvidarlo? ¿Como cuando
conseguiste tu licencia de conducir y pensaste que eras tan genial yendo a la línea de
autos en McDonald la primera vez, e hiciste todo tu pedido gritando al recipiente de
basura?
Me reí. Había olvidado eso por completo. Supongo que Luca no.
—Ese es el juego. El ganador solía tener que enviar las pegatinas al otro, si
no recuerdo mal.
—Pegué toda la puerta de un armario porque te vencía tan menudo.
—Solía dejarte ganar, chica arrogante —mentí.
—Seguro que sí.
—Creo que es hora de una revancha. Solo tenemos un día y medio para
volver a conocernos. ¿Qué mejor manera que jugar nuestro viejo juego?
—Cuenta conmigo. Pero no tengo ninguna pegatina conmigo, en caso de que
de hecho consigas acertar algo.
—Está bien. Esta vez no vamos a jugar con pegatinas.
116 —¿Ah, no? ¿Con qué vamos a jugar exactamente, señor Quinn?
—Besos. El ganador puede elegir dónde quiere darlos.
L o viera como lo viera, sin importar quién ganara este pequeño juego,
iba a salir ganando si terminaba con un beso de Griffin.
Nos pusimos cómodos en el sofá.
—Iré primero —dijo—. Dos verdades y una mentira. —Se frotó las manos—.
De acuerdo. Una vez gané unos calzoncillos viejos de Elton John en eBay. Además,
durante uno de mis conciertos anteriores, me quedé en blanco y olvidé las palabras
117 de una de las canciones frente a miles de personas. Por último, para tu
consideración… no he hablado con mi padre en dos años.
Empecé asimilar las opciones a medida que masajeaba mis sienes.
—Siento que esto es una especie de truco. La cosa de los calzoncillos suena
tan bizarra que casi tiene que estar destinado a parecer una mentira, pero en realidad
es la verdad. Si bien no quiero creer que no hayas hablado con tu padre durante tanto
tiempo, según tu relación pasada con él, me temo que posiblemente también sea
cierto. Así que voy a ir contigo olvidando las palabras de la canción como la
mentira.
Griffin se me quedó mirando por unos segundos antes de hacer un sonido
imitando a un timbre.
—¿Me equivoco?
—Sí. —Se rio.
—Maldita sea. Estoy perdiendo mi toque.
—¿Qué querría con unos calzoncillos viejos de Elton John? Esa era la
mentira.
—¡No lo sé! Parecías disfrutar fisgoneando en eBay antes de que cerraran tu
cuenta, y recuerdo que solía gustarte mucho cuando éramos más jóvenes. Así que…
¿tiene un poco de sentido?
—Me gusta. ¡Pero no así de tanto!
Me limpié los ojos de las lágrimas de risa antes de ponerme seria cuando dije:
—Está bien, entonces… oh, cielos. ¿Dos años desde que hablaste con tu
padre, Griffin?
Un ceño fruncido cubrió su rostro.
—Sí.
—¿Por qué?
Dejó escapar un suspiro.
—Bueno… recuerdas que él nunca apoyó mis aspiraciones musicales
mientras crecía. Eso en realidad nunca cambió. No fue hasta que alcancé la cima
aquí que comenzó a reconocer que podría haber tomado la decisión correcta. De
todos modos, nuestra relación siempre fue tensa por la forma en que trató a mi
118 madre antes de que ella muriera, pero aun así, intenté mantener la paz. Y eso
terminó cuando dio una entrevista a un periódico británico por una gran suma de
dinero. El artículo se tituló algo así como “El padre de Cole Archer suelta todos sus
secretos” o alguna basura. De todos modos, dejé de hablar con él después de eso.
Eso hirió mi corazón. El padre de Griffin era la única familia inmediata que le
quedaba después de la muerte de su madre. Podía comprender lo horrible que era ser
hijo único y no tener a casi nadie. Sin embargo, debe ser un tipo diferente de dolor
que tu padre te traicione.
—Lo siento mucho, Griff.
Se encogió de hombros. Podía decir por la forma en que su mandíbula se
tensó que hablar de eso lo había molestado.
—Él se lo pierde. Tal vez algún día lo supere y lo llame, pero ese día aún no
ha llegado. —Alcancé su mano y la apreté. Tocarlo incluso de esta manera inocente
se sentía absolutamente electrizante—. De todas formas… —dijo—. La noche que
olvidé las palabras de la canción quedó grabada y ahora está en YouTube. Puedes
encontrarla si quieres la prueba. Al principio, cuando la fama se me había subido a
la cabeza, me había enfrascado seriamente con las bebidas y las fiestas. Ese
concierto fue el colmo. La disquera amenazó con echarme. Me recompuse muy
rápido después de esa vergüenza. Nunca más bebí antes de un espectáculo.
—Guau. Si puedes recuperarte después de quedarte en blanco frente a miles
de personas de esa forma, puedes sobrevivir a cualquier cosa. Solo estar parada
frente a ellos sería mi mayor pesadilla, y mucho menos tener que cantar y recordar
palabras. —Me estremecí ante la idea.
—Tu turno, amor. Dos verdades y una mentira.
Respiré hondo y pensé en lo que iba a decir.
—Está bien. Dos verdades y una mentira. —Hice una pausa—. He
desarrollado un miedo intenso a las arañas… Jamás he tenido sexo con las luces
encendidas, o… mis lectores piensan que soy hombre.
Sus ojos se abrieron de par en par. Luego, una mirada de diversión apareció
en la cara de Griffin.
—¿Por qué tus lectores piensan que eres hombre?
—¿Cómo sabes que esa es la verdad?
—Es obvio que lo de las arañas es una mentira. Cualquiera que viva con un
cerdo debe tener una tolerancia muy alta para las criaturas de todo tipo. Además, no

119 hay forma posible de tener aracnofobia y agorafobia.


Me reí entre dientes.
—Está bien. Eres bueno.
—Sí. Lo sé… en muchos sentidos. —Me guiñó un ojo.
Sintiendo que mi cuerpo se calentó, dije rápidamente:
—Entonces, mis lectores piensan que soy hombre porque mi nombre es… —
Me armé de valor—. Ryan Griffin.
Se tomó un momento para dejar que eso se hunda en su mente.
—¿Griffin? Ryan… Griffin.
Asentí.
—Nunca mencioné mi seudónimo, y nunca preguntaste, pero son nuestros
dos nombres combinados. Bueno, mi apellido falso y tu nombre real. Mi apellido
real es Vinetti.
—Vinetti. Italiano como tu papá. Me encanta.
—Gracias.
—Entonces, Ryan Griffin. Eso es salvaje, y sorprendente que te hayas
aferrado a mí de esa manera. Me siento honrado. Ahora que sabes sobre mi
personalidad falsa, no puedo esperar para explorar la tuya adecuadamente. ¿Me
dejarás leer tus libros?
—No es como si pudiera impedírtelo si realmente quisieras, ahora que
conoces mi seudónimo.
—Estás equivocada en eso. Si no quisieras que los lea, definitivamente no
violaría tu confianza.
Suspiré.
—Puedes leerlos. Podrías pensar que estoy aún más jodida de lo que ya
estoy… pero puedes leerlos.
—Nah. No es posible —bromeó—. Aunque, en serio, quiero atracarme con
todos, averiguar lo que puede conjurar la intrincada mente de mi Luca. Mierda, no
puedo esperar, en serio.
Puse los ojos en blanco y reí.

120 —Genial. —Por muy nerviosa que me pusiera que leyera mis novelas,
también sentía curiosidad por saber qué pensaría de ellas. Quería hacerlo sentir tan
orgulloso como yo de él.
—Entonces, nunca has follado con las luces encendidas. Eso es bastante fácil
de cambiar. Aunque, ¿hay alguna razón en particular?
—Bueno, mi primera vez fue en un auto oscuro, y las otras veces, les hice
apagar las luces. Simplemente nunca tuve ganas de dejar que esos tipos me vean. Ni
siquiera estoy muy segura de por qué se me vino a la mente. Supongo que no se me
ocurrió nada más sobre la marcha.
—Lo pensaste porque estar cerca de mí te hace pensar en sexo. —Sacudió las
cejas juguetonamente—. Nos imaginaste a los dos desnudos a plena luz del día
follando contra esa pared de allí. ¿Estoy en lo cierto?
Tragué con fuerza.
Bueno, antes no. ¡Pero ahora ciertamente lo estoy imaginando!
—Jesús, Luca. Te estás poniendo roja. ¿Eso te excitó, nena?
—Un poco.
—¿Solo un poco?
—Tal vez más que un poco.
—Eres tan jodidamente adorable. —Se inclinó y me susurró al oído. El calor
de su aliento poniéndome la piel de gallina cuando dijo—: Eso me recuerda. Tengo
que cobrar mi premio, ¿cierto?
Me dio escalofríos.
—¿Dónde vas a besarme?
—Bueno, en realidad no hay ninguna elección incorrecta en esto. Me
encantaría besar cualquier parte de ti que me dejes. Pero dado que ha dejado en claro
que no llevaremos las cosas demasiado lejos esta noche, probablemente debería
preguntarte cuáles son mis opciones en primer lugar.
Quería que me besara en todas partes, pero sabía que abrir las “opciones”
podría llevar a cosas para las que no estaba preparada.
—¿Puedo pensarlo?
—Por supuesto. Y si no quieres que te bese otra vez esta noche, puedes
decírmelo. Puedo posponer mi premio para otro día, porque en serio espero verte de

121 nuevo. Le ruego a Dios que puedas quedarte más de un día.


Pensé en eso. En serio, si pudiera quedarme más tiempo… ¿cuánto más
podría mezclarme con su vida aquí? Estaba bastante segura que la respuesta era: en
absoluto.
Debe haber notado la expresión de preocupación en mi rostro.
—¿Qué pasa, Luca? Háblame. Todavía soy el tipo al que le puedes decir
cualquier cosa, a pesar de toda esta basura ostentosa que ves a tu alrededor ahora
mismo. Ignora todo eso, y dime qué tienes en mente.
Después de unos segundos de silencio, lo miré a los ojos.
—¿Cómo siquiera podría funcionar esto, Griffin?
Tomó mi mano en la suya.
—Cosas más locas han sucedido. Por un lado, he estado en una jodida
relación solo con pedazos de papeles y palabras durante las últimas semanas. Eran
mi única ventana a tu alma. ¿Y sabes qué? Me hicieron más feliz de lo que he sido
en mucho tiempo, incluso con solo las cartas y nada más.
—Pero ahora, no podemos volver a eso, no podemos volver a lo que
teníamos. Te mereces más que una mujer que apenas puede salir de su casa excepto
para ir a comprar comida en medio de la noche. Es solo cuestión de tiempo antes de
que descubras que no hay forma de que esto funcione de manera realista. No te das
cuenta de lo limitada que soy.
Se quedó mirando pensativamente. Cuando volvió a mirarme a los ojos,
preguntó:
—¿Puedes hacerme un favor?
—Sí.
—¿Puedes poner todas las razones por las que somo incorrectos el uno para el
otro en espera por una noche y solo estar conmigo? Porque mientras te preocupas
por el futuro, no puedo dejar de pensar en la puta suerte que tengo de que la chica de
mis sueños condujo por todo el país para verme… al verdadero yo. Estoy en lo más
alto de la cima en este momento que ni siquiera puedes imaginarte, Luca. Y mientras
estás sentada aquí intentando convencerme de que nunca podría funcionar esto entre
nosotros, lo único en lo que puedo pensar es si sabes tan jodidamente bien como me
haces sentir. —Apretó mi mano—. ¿Puedes hacer eso? ¿Puedes solo estar conmigo
y dejar al resto por un jodido minuto?

122 ¿Cómo puedo decir que no a eso?


Me estaban llorando los ojos.
—Sí. Puedo hacer eso.
—Bien. —Se puso de pie—. ¿Qué tal si te muestro un poco los alrededores?
—Eso me encantaría.
Griffin me dio el gran recorrido por su enorme casa. Una de las paradas fue el
cine en casa de la planta baja que presentaba varias filas de asientos lujosos junto
con una máquina de palomitas de maíz.
Nos dejamos caer en dos de los asientos.
Pasó su mano por el brazo de la silla de terciopelo.
—Tengo este gran teatro que ni siquiera uso. Cuando veo películas, por lo
general lo hago solo por las noches en mi habitación después de un largo día en el
estudio. No puedo ni recordar la última vez que vi algo aquí abajo.
—Eso parece un desperdicio.
—Sí… bueno, esta habitación está hecha para más de una persona, y cuando
ni siquiera puedes contar con una mano la cantidad de personas en las que confías,
es un poco difícil llenar un cine. —Sacudió la cabeza, pareciendo atrapado en sus
pensamientos entrando en territorio serio—. Aunque, te diré una cosa, Ryan…
cuando hagan una puta película de uno de tus libros, será jodidamente mejor que
apuestes a que la proyectaré aquí abajo.
Eso me hizo sonreír.
Luego, me llevó arriba y me mostró las habitaciones. Había cinco en total. La
que estaba al final del pasillo era la suya… el dormitorio principal.
Entrar en la habitación de Griffin se sintió un poco intrusivo por alguna
razón. Miré a mi alrededor por un momento. Había una chimenea eléctrica
encendida. Su cama tenía una masiva cabecera de tela. Las cortinas pesadas estaban
hechas de satén gris.
—Esto es hermoso. —Caminé, luego me volví hacia él—. ¿Imagino que esta
habitación ha visto más acción que tu cine?
Aunque estaba bromeando con esa afirmación, una parte de mí sabía que de
hecho estaba buscando información sobre cuán promiscuo había sido en realidad.
No pareció en absoluto divertido.
123 —Te sorprenderías. De hecho, no he traído a muchas mujeres a mi
habitación. Para mí, eso es algo muy íntimo. Como dije, solo tuve una relación seria
desde que sucedió todo esto.
Seguí mirando alrededor, atónita, como si acabara de entrar en una mazmorra
sexual. Pero no era así; solo era una habitación regular, pero de alguna manera me
estaba volviendo jodidamente loca estar dentro de ella.
Entonces Griffin puso sus manos sobre mis hombros.
—¿Por qué no hablamos de lo que realmente te preocupa en este momento?
No quería hablar de cosas serias cuando solo te tengo por un tiempo tan corto, pero
siento que esto necesita ser dicho. —Dejó escapar un suspiro—. Sé lo que estabas
pensando cuando entraste a esta habitación. Te asustó un poco. Yo te asusto un
poco… tal vez mucho. Tienes la idea de que soy un mujeriego. Y como dije antes,
así fue por un tiempo. No hubo cientos; pero tal vez docenas al principio. Se vuelve
aburrido, y jodidamente rápido, Luca. ¿Sabes lo que sucede cuando puedes tener
cualquier cosa literalmente? Irónicamente, ya no quieres nada de eso. Extraño la
persecución. Extraño ser un ser humano normal. En lugar de entrar en esta
habitación y querer acostarme contigo, quiero abrazarte, estabas preocupada por
todas las supuestas mujeres que habían estado aquí antes que tú. Y eso en realidad
me pone un poco triste. Especialmente porque justo en este momento, apenas puedo
recordar algo de lo que sucedió antes de que Luca Vinetti apareciera en mi casa.
Mi corazón se aceleró.
—Siento haberte hecho sentir que tenías que dar explicaciones.
—No te disculpes. Lo entiendo. Una de las personas en las que más confiabas
no es quién creías que era. Pero estoy intentando decirte que soy yo, Luca. Todavía
soy él. Solo tienes que mirar más allá de toda la mierda para verme. Aquí estoy.
Lo miré profundamente a los ojos antes de abrazarlo. Nos sostuvimos así por
mucho tiempo. Y con cada segundo que pasó, mis temores parecieron desvanecerse
poco a poco. O al menos se desvanecieron en el fondo… por ahora.
—¿Dónde dormiré esta noche? —pregunté al final.
—Donde quieras. Puede elegir entre las habitaciones de invitados. Lo único
que pido es que no insistas en dormir en la casa rodante. Te quiero bajo mi techo
esta noche. Porque en poco más de un día, te vuelvo a perder.
Sentí la necesidad de defender mejor mi comportamiento esta noche.

124 —La realidad de la situación me está golpeando en oleadas, Griffin. Pero voy
a intentar pasar el resto de este tiempo concentrándome en el ahora y en nada más
que eso.
—Tus preocupaciones son normales. Solo promete ser siempre honesta
conmigo. Prometo hacer lo mismo en el futuro. Tienes que decirme a qué le temes,
especialmente cuando el objeto de tu miedo soy yo. No debería haber elefantes en la
habitación… o cerdos para el caso. —Sonrió—. Pero por favor, te lo ruego. No me
tengas miedo. Confía en lo que hay en tu corazón, confía en lo que te hizo entrar en
esa casa rodante y venir aquí en primer lugar. Te prometo que, si puedes hacer eso,
intentaré no defraudarte.
—Fe ciega —susurré.
—Sí. Excepto que la parte ciega ya no es tan literal; ahora que podemos
mirarnos el uno al otro, y tal vez hacer algunas otras cosas cuando sea el momento
adecuado. —Me disparó una sonrisa torcida.
Griffin y yo pasamos el rato junto a la chimenea eléctrica y hablamos hasta
altas horas de la madrugada.
Me contó más sobre su camino para convertirse en una estrella. Resultó que
de hecho había sido descubierto por un agente de talentos estadounidense mientras
cantaba en un bar en Londres. El agente luego pagó para que Griffin viaje a los
Estados Unidos, pero ese acuerdo nunca fue a ninguna parte. En última instancia,
mientras estaba aquí, Griffin conoció a sus compañeros de banda actuales cuando
cada uno estaba audicionando al mismo tiempo para un concurso de música. El
grupo de “rechazados” formó un vínculo y con el tiempo se convirtió en Archer.
Más tarde, le mostré todos mis libros en línea y me mordí las uñas a medida
que él compraba y descargaba cada uno en su lector electrónico.
Cuando era cerca de las 2:00 am, ya no podía mantener los ojos abiertos.
Todavía estaba tan agotada por el viaje hasta aquí. Griffin me instaló en una de sus
habitaciones de invitados. Elegí la más cercana a él.
Aunque por más cansado que estuviera mi cuerpo, simplemente no pude
conciliar el sueño. Estaba completamente frenética. Sin mencionar que tenía que
orinar. Esta habitación en particular no tenía su propio baño, así que tendría que usar
el que estaba al final del pasillo.
Después de aventurarme allí, justo cuando salía, choqué contra el duro pecho
de Griffin.

125 —Guau. Mierda. ¿Estás bien? No te vi en la oscuridad —dijo.


—Sí, estoy bien.
Me frotó la frente.
—¿Estás segura?
—Sí.
—Justo me dirigía a la cocina por un vaso de agua —dijo—. ¿Puedo traerte
algo?
—No. Gracias.
Supongo que uno de los dos debería haberse movido. En cambio, nos
quedamos así de cerca. Podía sentir el calor de su aliento. Su boca cernida sobre la
mía, pero no me besó de inmediato. Nuestras bocas estaban separadas por escasos
centímetros cuando envolvió su mano alrededor de mi espalda. Cerré los ojos por un
momento, y fue entonces cuando sentí que devoró mis labios.
Durante los siguientes cinco minutos, nos quedamos justo allí en el pasillo
oscuro, besándonos como adolescentes. Sabía que iba a respetar mis deseos de no
intentar tener relaciones sexuales conmigo esta noche. Sin embargo, no estaba
exactamente segura que me importara más a estas alturas.
Sentí el calor de su polla a través de sus pantalones presionando contra mi
abdomen. Estaba tan duro.
La humedad comenzó a acumularse entre mis piernas.
—Sé que no quieres llevar las cosas demasiado lejos. Respeto eso. Pero
déjame hacerte venir con mi mano —susurró sobre mis labios.
Tan desesperada por eso, asentí, incapaz de formar palabras.
Griffin lamió sus dedos antes de bajar su mano hacia mis bragas. Mi espalda
estaba contra la pared a medida que él me besaba tan fuerte mientras sus dedos
entraban y salían de mí. Usó su pulgar para masajear mi clítoris.
Me sorprendió que a pesar de nuestros años de separación, a pesar de mi
ansiedad anterior, su forma para tocarme de esta manera se sintió tan natural.
Me besó más fuerte a medida que movía su mano más rápido, empujando sus
dedos aún más profundamente dentro de mí con cada empuje de su mano. En cierto
momento, se detuvo, y fue casi doloroso. Se llevó la mano a la boca y chupó los
dedos que habían estado dentro de mí. Tenía los ojos cerrados mientras probaba mi
sabor. Y fue tan sensual y erótico, como nada que nadie me hubiera hecho antes. Mi
126 clítoris estaba palpitando de dolor.
Hundió sus dedos dentro de mí nuevamente, pero esta vez fueron tres. Tan
excitante que ya estaba lista para venirme. Mecí mis caderas. Debe haber sentido
mis músculos contraerse cuando dijo:
—Córrete, nena. Córrete por toda mi mano. Finge que soy yo dentro de ti.
Estoy tan increíblemente duro ahora mismo.
Incliné mi cabeza hacia atrás contra la pared y simplemente me dejé ir, mis
músculos pulsando a medida que me corría en su mano.
—Me encantan los sonidos que haces cuando te vienes, Luca. Tan
increíblemente hermosa. He fantaseado con eso durante tanto tiempo, pero nada se
acercaba a la realidad. Nada.
¿Qué podía decir? Lo que acababa de hacer era desinteresado, de verdad.
—Gracias por eso —dije, jadeando.
—El placer ha sido todo mío. Créeme. —Me besó en la frente—. Ve a
descansar un poco. Mañana tenemos un gran día. Y tengo que ir directamente a la
ducha.
No tenía ni que preguntar por qué se estaría duchando ahora.
—Está bien —dije—. Pero ¿qué pasará mañana?
—No te preocupes. No iremos a ninguna parte. Será un gran día simplemente
porque estaremos juntos.

127
A pesar de dormir solo unas pocas horas, Luca y yo nos levantamos
antes de las 9:00 de la mañana. Mientras tomaba su café, pensé en lo
surrealista que era tenerla aquí conmigo en mi cocina.
El sol brillaba a través de la ventana, resaltando los sutiles reflejos rojos en su
cabello oscuro. Este era un momento que nunca olvidaría. Todavía no estaba
completamente seguro de cómo iba a dejarla ir mañana.

128 Cuando me sorprendió mirándola, le pregunté:


—¿Has tenido noticias de tu amigo?
—De hecho, no.
—¿Crees que está despierto?
—Oh, Doc se levanta al amanecer. Probablemente piensa que todavía
estamos durmiendo. Estoy segura que ha estado despierto por un tiempo buscando
los pájaros que prometiste. —Levantó la ceja—. ¿Cómo te encargaste de eso
exactamente?
Incliné la cabeza.
—Vamos a echar un vistazo.
Alcanzando su mano, la llevé a una puerta corredera que se abría a la parte de
mi propiedad que daba a la casa de la piscina.
A lo lejos, pudimos ver al buen doctor tumbado en una tumbona, rodeado de
una variedad de pájaros posados sobre los comederos de pájaros circundantes. Me
alegré de ver que Aiden hubiera acudido a mi rescate.
La mandíbula de Luca cayó.
—Esto es un problema.
—¿Por qué?
—Es probable que nunca más quiera volver a casa, y entonces tendré que
encontrar otra forma de regresar.
—Bueno, podemos dejarlo aquí en California, y yo te llevaré de regreso. —
Le guiñé un ojo.
Probablemente no pensaba que hablara medio en serio, pero me habría
encantado hacer un viaje con ella, escapar de toda esta locura por un tiempo y
disfrutar del camino con Luca. Básicamente, dejar a Cole en Los Ángeles y vivir
como Griffin por un rato.
—¿Estarás aquí en California grabando por un tiempo, o tienes algún viaje
pronto? —preguntó.
Me estremecí.
—De hecho, tengo que volar a Vancouver en menos de dos semanas. Somos
parte de la alineación en un festival de música. Hasta entonces, estaré

129 principalmente en el estudio, grabando.


Luca esbozó una sonrisa, pero podía ver que era una falsa.
—Eso es estupendo. Estoy segura que lo pasarás bien.
Elegí no recriminarla por su comentario. El tiempo estaba pasando muy
rápido, y no quería desperdiciar ni un minuto más hablando de lo diferentes que eran
nuestras vidas. Lo que tenía que hacer era mostrarle que todavía era Griffin; incluso
cuando interpretaba el papel de Cole.
—¿Qué tal si nos preparo un desayuno y luego hacemos un pequeño viaje en
la caravana?
Luca pareció aterrorizada inmediatamente.
—No soy buena en el tráfico, Griffin.
Supuse que podría decir eso, así que ya había trazado una ruta que evitaba las
carreteras más transitadas.
El viaje de veinte minutos podría llevarnos una hora, pero me importaba una
mierda porque esa hora la pasaría con ella a mi lado.
—Lo sé. Evitaremos la 405 y saldremos sobre las once, después de que pase
el tráfico en las horas pico.
—¿A dónde iríamos?
Le aparté un mechón de cabello del rostro y la miré a los ojos.
—¿Puedes confiar en que no haré nada para lastimarte, amor?
Su miedo era palpable, pero respiró hondo y asintió. Esa es mi chica.
Ahora, no podía joder esto…

Fue un milagro no dar con el tráfico de camino al estudio. En serio, un jodido


milagro. Los dioses definitivamente me estaban cuidando hoy, porque en los años
transcurridos desde que me mudé a Los Ángeles, nunca había visto tan pocos autos
en el camino como esta mañana. Había convencido a Luca para que me dejara
conducir la casa rodante; bueno, en realidad, se había negado originalmente, pero
después de presionarla contra la puerta del lado del conductor y besarla hasta dejarla
sin sentidos, aceptó a regañadientes. Durante la primera mitad del viaje, se sentó con
130 los nudillos blancos en el asiento del pasajero, aferrándose a su querida vida con
todas sus fuerzas. Pero después de un tiempo, se relajó y ahora era yo quien estaba
más nervioso que ella. No por el viaje en sí, sino por el pedazo de mierda que estaba
conduciendo actualmente. No podía creer que hubiera logrado llevar este trozo de
basura por todo el país. Se desviaba a la derecha y se balanceaba con la más mínima
ráfaga de viento.
—¿Qué tan vieja es esta cosa?
—No estoy segura. Es de la hermana de Doc. Dijo que lo ha tenido por
mucho tiempo. Sé que se ve muy viejo, pero apenas tiene kilómetros recorridos.
Me detuve en una señal de alto, y el motor tembló y aceleró por un minuto
como si estuviera la macha atascada antes de volver a la normalidad.
—¿Cuándo fue la última vez que revisaron los neumáticos? Creo que tienes
un problema de alineación.
Luca se encogió de hombros.
—Se desvía un poco a la derecha. Pero apenas lo notas cuando vas a setenta
en la interestatal.
Excelente. Eso me hace sentir mucho mejor. Manejamos unas pocas cuadras
más en silencio, principalmente porque estaba haciendo una lista mental de mierdas
para poner en movimiento una vez que llegáramos a donde íbamos.
Encuentra un mecánico de casas rodantes para revisar este trozo de metal lo
más minuciosamente posible esta noche.
Elige un sistema de navegación electrónico portátil para configurar en el
tablero. La cantidad de mapas plegados y direcciones impresas en el piso era
realmente alucinante. No podía imaginar a Luca conduciendo esta cosa inmensa a
través de Colorado, de arriba abajo por las carreteras montañosas a medida que se
mecía con el viento, y nada menos que mientras miraba mapas al mismo tiempo. Eso
en serio me asustó muchísimo. La llamaría todo el día, todos los días, hasta que
volviera a Vermont. Lo que me recordaba…
Haz que Aiden vaya a Best Buy y compre una base para teléfono, un soporte
y un auricular. Cuando llamara para ver cómo estaba, sería bueno que pudiera
responder sin apartar la vista de la carretera.
Doblamos por la calle de nuestro destino previsto, y sonreí. Aiden estaba de
pie en la acera esperándonos y había hecho exactamente lo que le había pedido. Al
131 vernos acercarnos en la casa rodante, nos saludó con la mano y salió a la calle para
recoger algunos de los conos naranjas que había sacado para reservar nuestro lugar.
También había bloqueado dos autos delante y detrás donde estacionaría la caravana.
Luca miró al hombre parado en la calle y luego a mí.
—¿Ya llegamos? ¿Quién es ese chico?
—Ya llegamos. Y ese es mi asistente, Aiden. Le pedí que viniera temprano
esta mañana para bloquear un lugar donde estacionarnos y asegurarse que nadie
estuviera estacionado demasiado cerca de nosotros.
Ella miró hacia afuera alrededor.
—Pero ¿dónde estamos? —Las cuadras circundantes a este estudio de
grabación en particular eran muy industriales. En su mayoría, solo viejos almacenes
que habían sido convertido en lofts para artistas, instalaciones de almacenamiento y
varios sets de filmación y estudios de música sin letreros.
—Aquí es donde hoy voy a grabar. Pero relájate, no espero que entres. Dame
un minuto para estacionar esta cosa, y te lo explicaré.
Por supuesto, el pedazo de mierda no tenía un sistema de cámara trasera, de
modo que me alegré que Aiden hubiera bloqueado todo ese espacio extra, y pude
simplemente dejarlo ahí una vez que él quitó los conos. Apagué el encendido y
extendí la mano y tomé la mano de Luca.
—Lo estás haciendo genial. Solo sigue confiando en mí, amor.
Ella asintió, aunque una vez más parecía nerviosa. Salí y hablé con Aiden en
privado por un momento antes de abrir la puerta trasera para entrar en la sala de
estar de la casa rodante.
—¿Te importa si dejo entrar a Aiden por un minuto? Solo va a instalar
algunos equipos, y estará fuera de tu camino en poco tiempo.
—Claro, por supuesto.
Hice señas a Aiden para que entrara en la caravana e hice las presentaciones.
—Aiden, esta es mi chica, Luca. Luca, este es el hombre que salva mi trasero
a diario, Aiden.
Aiden se inclinó hacia delante y estrechó la mano de Luca.
—Encantado de conocerte, Luca.

132 Le llevó menos de cinco minutos configurar el Wi-Fi portátil, un monitor


Mac, receptor y altavoces. Después me entregó unos auriculares inalámbricos Bose.
—Todo listo. Aquí tienes, jefe.
Asentí.
—Gracias. ¿Puedes decirles que entraré y estaré listo para empezar en cinco
minutos?
—Enseguida.
Aiden se despidió de Luca y salió de la casa rodante. Ella todavía estaba
sentada en el asiento del pasajero delantero, así que le extendí una mano para que
pasara de adelante hacia atrás.
—¿Qué demonios estás haciendo? —preguntó.
Cerré la cortina de privacidad una vez que estuvo en la parte de atrás.
—Toma asiento, y déjame mostrarte.
Se acomodó en el sofá, coloqué el monitor en la mesa frente a ella y le
entregué el auricular.
—Hoy tengo que grabar durante unas horas. Quiero que mires, pero sé que no
te gustan las multitudes ni los edificios públicos. Entre los chicos de sonido, los
mezcladores, el equipo de grabación y los ejecutivos de la discográfica, hay al
menos diez chicos en el estudio mientras trabajo. Así que les pedí que instalaran una
cámara de video en la cabina para que así puedas ver mientras grabo, y este auricular
te permitirá escuchar. Será como si estuvieras mirando, pero sin la multitud.
Cuando vi su expresión abatida, pensé que tal vez estaba decepcionada. Había
sido bastante egoísta asumir que querría sentarse sola en una caravana y verme
grabar, ¿no?
—Lo siento. No tienes que mirar si no quieres. Puedo decirles que necesito
una hora y llevarte de vuelta a casa.
—No, Dios no. No puedo esperar para mirar. Simplemente me siento mal por
todos los problemas que tuviste que pasar por mí.
Me arrodillé frente a ella.
—No hubo ningún problema en absoluto. E incluso si lo fuera, vales la pena.
Su expresión se suavizó.
133 —Gracias, Griffin.
La besé.
—Me lo puedes agradecer después. Haré que Aiden haga una señal después
de que termine. No llames a la puerta cuando la caravana esté en marcha.
Fui a levantarme, pero Luca tiró de mi mano hacia abajo.
—Me llamaste tu chica.
Mis cejas se fruncieron.
—¿Lo hice?
Ella asintió.
—Cuando me presentaste a tu asistente, dijiste: “Esta es mi chica, Luca”.
Ni siquiera me había dado cuenta. Pero la verdad era que, ella era mi chica.
Me encogí de hombros.
—Eres mi chica, Luca. También lo comprenderás, pronto.
—P robando. Uno, dos, tres. Uno, dos, tres. —Griffin se había
puesto unos auriculares y se inclinaba hacia el micrófono
para hablar. Escuché a otras personas hablando en el
fondo, pero la cámara se había instalado dentro de la pequeña cabina de grabación,
de modo que lo único que veía en el gran monitor era el rostro de Griffin.
Lo cual estaba bien para mí. Honestamente, había querido pasar algún tiempo

134
mirándolo desde que llamó a la puerta de la caravana. Esta era la oportunidad
perfecta para mirarlo sin que me viera babeando.
Durante los siguientes quince minutos, Griffin pasó por un montón de
comprobaciones y pruebas del sistema de sonido.
Luego se paró en la cabina repitiendo algunas palabras y hablando con la
gente. Mis ojos estaban pegados al monitor, observando cada centímetro de su
hermoso rostro. Era en serio aún más hermoso de lo que podría haber imaginado.
Tenía grandes y hermosos ojos castaños con pestañas gruesas y oscuras cubriendo
sus párpados que casi lo hacían ver como si tuviera delineador. Su piel estaba
bronceada en un ligero tono marrón dorado y su mandíbula masculina tenía barba de
un día. En realidad, en serio me gustaba ese rastrojo. Justo cuando estaba
detallándolo, Griffin miró directamente a la cámara y su voz bajó un poco más.
—Chicos, este mensaje es para mi chica, así que tápense sus oídos. —Me
disparó una sexy sonrisa torcida y luego susurró al micrófono—: Nena, olvidé
decirte que te dejé algo en la consola central en caso de que el estado de ánimo sea
el apropiado hoy mientras estás mirando.
Mi vientre revoloteó. El hombre era tan dulce como sexy. Aunque era una
combinación peligrosa que parecía convertir mi cerebro en papilla. Tuve que
apartarme de observar el monitor para ir a la consola central. Cuando la abrí,
comencé a carcajear.
Está bien, entonces era dulce, sexy y pervertido. El loco me había dejado un
vibrante llavero Furby. Dios sabe cuántas de estas cosas compró realmente.
Sonriendo como una tonta, volví a subir a la parte trasera de la casa rodante
con mi vibrador improvisado.
Pero me congelé al escuchar a Griffin comenzar a cantar.
Oh, Dios mío. Su voz es asombrosa.
Me arrodillé en el suelo justo frente al monitor, completamente fascinada por
su conmovedora voz rasposa. Griffin estaba cantando una balada de algún tipo, y
sentí cada palabra de la canción dentro de mi pecho de la manera más abrumadora
posible. Cuando terminó la canción, abrió los ojos y me di cuenta que había estado
conteniendo la respiración todo el tiempo.
Inhalé algunas bocanadas de aire y dejé escapar exhalaciones controladas en
un esfuerzo por frenar mi corazón acelerado.
Dios, estaba totalmente jodida.
Totalmente jodida cuando se trata de este hombre.

135 Negué con la cabeza y miré al animal de peluche que todavía tenía aferrado
en la mano.
—¿Qué vamos a hacer, Mee-Mee? Este hombre va a romper nuestros
corazones. —Mee-Mee no tenía respuestas, así que volví a doblar el llavero en la
palma de mi mano y cerré los ojos—. Definitivamente voy a necesitarte más tarde.

—Entonces… ¿qué te pareció? —Griffin abrió la puerta y se subió a la parte


trasera de la casa rodante, donde todavía estaba sentada en el sofá. Había pasado
unas tres horas cantando, y yo había pasado la misma cantidad de tiempo pegada al
monitor. Había sido una experiencia increíble y sorprendentemente íntima: me habló
entre tomas y al final de cada canción disparó su sonrisa infantil a la cámara o me
guiñó un ojo.
—Creo que soy una groupie.
Cerró la distancia entre nosotros, tomando asiento en el sofá a mi lado.
—¿Ah, sí? ¿Quieres jugar a la groupie y la estrella de rock? —Me levantó de
mi asiento y me guio para terminar sentada en su regazo.
Asentí, envolviendo mis brazos alrededor de su cuello.
—¿Tengo que quitarme las bragas y arrojarlas a tus pies?
Los ojos de Griffin se oscurecieron.
—Te quitas las bragas, y te besaré los pies.
Me reí y presioné mi frente contra la suya.
—En serio, Griff. Eso fue absolutamente increíble. Tu voz es simplemente
hermosa. Ni siquiera sé qué decir. Es como si cantaras desde tu corazón. Podía sentir
tantas emociones en tus palabras. Me encantó cada minuto de hoy, pero esa canción
que cantaste al final, aquella del cielo necesitándola más que tú, esa canción me
derritió. De hecho, lloré un poco escuchándola.
—Escribí eso por mi madre.
Asentí.

136 —Supuse que así era. Sé que nunca la conocí personalmente, pero estoy
segura que está escuchando ahí arriba y está tan orgullosa de ti como yo.
Griffin se inclinó y besó mis labios con ternura.
—Eso significa mucho para mí. Gracias.
Un golpe vino detrás de mí. Alguien estaba en la puerta de la caravana. Iba a
bajarme del regazo de Griffin, pero él me sostuvo en el lugar.
—Quédate. Probablemente sea Aiden.
—¿Jefe? —llamó una voz a través de la puerta cerrada.
Griffin gritó a mi alrededor.
—¿Estamos listos?
—El auto estará allí a las seis.
—Estupendo. Gracias por ocuparte de todo.
—Escríbeme si necesitas algo más.
—Te veo mañana, Aiden.
Miré a Griffin.
—Eso fue grosero. Acabas de tener toda una conversación detrás de una
puerta cerrada.
Griffin sonrió.
—Nena. Acerca tu trasero un poco más hacia mí.
Mis cejas se fruncieron, así que Griffin me empujó un poco, atrayéndome
más abajo sobre su regazo hasta que sentí el calor entre mis piernas. Y algo duro.
Vio mis cejas fruncidas elevándose al comprender.
—Era más educado hablar detrás de una puerta cerrada que con mi erección
intentando escapar de mis pantalones, ¿no crees, dulzura?
Dulzura.
También me gustaba ese apodo.
Aunque en realidad me gustaba mucho más la forma en que nuestros cuerpos
estaban alineados. Así que me incliné y lo besé, frotándome contra su erección a
medida que enroscaba mis manos en su cabello. Dios, quería sentirlo dentro de mí
tanto que me dolía. Los dedos de Griff se clavaron en mi trasero y comenzó a

137 guiarme para mecerme de ida y vuelta sobre él.


Ambos estábamos vestidos, pero la fricción entre nosotros solo hacía que el
calor se elevara a un nivel incendiario. En serio, pensé que podría ser capaz de
correrme solo por frotarnos.
Pero… no era mi turno. Por mucho que me aterrorizara conectar con Griffin y
salir lastimada, tampoco quería ser egoísta. Rompí nuestro beso y acaricié su oreja.
—¿Cerraste la puerta con llave detrás de ti?
Él sopló su respuesta frustrada.
—No lo hice.
Debatí levantarme y cerrar la puerta, pero a decir verdad no quería enfriar el
momento. Así que arrojé la precaución al viento y susurré en respuesta:
—Bueno, entonces, si alguien entra, supongo que tendrán un buen
espectáculo.
Comencé a besar su cuello. Cuando deslicé mis manos entre nosotros y
comencé a desabrochar el cinturón de Griffin, él gimió.
—Mierda. —Su cabeza cayó hacia atrás contra el sofá, y el deseo en su voz
me alentó. Quería hacerlo sentir desesperado, tan desesperado como él a mí.
Agarrando el borde de su camisa, bajé la cabeza y lamí mi camino desde su
pecho hasta sus abdominales tensos. Podía haber pasado todo el día trazando las
líneas esculpidas de sus músculos, pero tenía cosas más apremiantes a las que llegar.
Sentándome nuevamente, me recosté y desabotoné sus pantalones. El sonido de cada
diente separándose mientras arrastraba la cremallera hacia abajo llenó el aire a
nuestro alrededor.
Griffin me observó a medida que me levantaba de su regazo y me arrodillaba
en el suelo frente a él. Tirando de la cinturilla de sus pantalones, los deslicé por sus
muslos. El grueso bulto que me saludó desde su bóxer ajustado aumentó mi
excitación, y me lamí los labios inconscientemente.
—Mierda, Luca —gimió—. Esa boca. Esa jodida boca.
Era realmente una contienda entre quién quería más esto. No podía esperar
para hacerlo sentir bien. Los dos agarramos su bóxer al mismo tiempo, ambos
empujándolo a toda prisa. La erección de Griffin saltó libremente y mi boca salivó.
Oh, cielos.
Por supuesto que tenía que ser tan grande. Como si su hermoso rostro, su
cuerpo perfecto y su voz sexy no fueran suficientes: Dios en serio usó todos sus
138 trucos cuando hizo a este hombre.
Inclinándome sobre mis rodillas, envolví mis manos alrededor de la gruesa
circunferencia de él y levanté la vista antes de bajar la cabeza.
La voz de Griffin sonó tensa cuando habló.
—Te ves tan hermosa en este momento.
Sonreí y, sin decir una palabra, envolví mi mano alrededor de la base y lo
llevé a mi boca; nuestros ojos permaneciendo clavados en el otro todo el tiempo.
—Jesucristo.
Bombeé de arriba hacia abajo varias veces, encontrando mi ritmo, y agité mi
lengua a lo largo de la parte inferior de su corona. Griffin gimió y agarró puñados de
mi cabello. Me encantó cómo su lujuria lo puso más duro. Sus manos atadas guiaron
mi cabeza más profundo y luego tiraron para hacerme subir nuevamente. Había
empezado esto, pero él definitivamente estaba tomando el control.
—Mierda. Justo así. Eso se siente tan bien.
Griffin levantó sus caderas y comenzó a bombear en mi boca. Estaba tan
excitada que estaba segura que si me estiraba y me tocaba durante dos segundos, me
pondría en marcha.
—Luca… —Griff dio un tirón leve a mi cabello, una advertencia. Pero luché
contra eso y seguí adelante.
Habló más fuerte, probablemente pensando que no lo había escuchado la
primera vez.
—Nena. Voy a correrme.
Levanté los ojos para encontrarme con él, dejándole saber que
definitivamente lo había escuchado, y entonces lo chupé lo más profundo posible
que pude.
—Maldición…
Griffin aferró mi cabello aún más fuerte y bombeó dos veces más antes de
inmovilizar mi cabeza. Su cuerpo entero se sacudió a medida que el calor de su
orgasmo brotó en mi garganta.
Después, su pecho subió y bajó pesadamente. Era la que había hecho
aeróbicos con el cuello y la boca llena, y aun así él jadeaba como si acabara de
correr un maratón. Griffin me soltó el cabello y luchó por recuperar el aliento.

139 —Maldita sea, Luca. Eres realmente buena en eso.


Me sentí satisfecha con sus elogios.
—Te lo dije, la serie porno Para Tontos.
Él rio.
—¿Qué más tienen? Voy a ordenar cada película que sacaron tan pronto
como tenga la fuerza para levantar los brazos y tomar mi teléfono.
Me levanté del piso y me acurruqué contra el costado de Griffin.
—Estoy bastante segura que también tenían Anal Para Tontos, Sesenta y
Nueve Para Tontos, y Ménage à Trois Para Tontos. Pero solo vi una.
—Compraré los dos primeros, pero no el de Ménage. No te comparto, nena.
El calor se extendió a través de mí, pero luego un pensamiento me golpeó y
un escalofrío hizo retroceder cualquier comodidad que hubiera comenzado a
disfrutar. La groupie y la estrella de rock. Esta era la vida que llevaba Griffin. Estaba
absolutamente segura que tenía una línea de mujeres que harían lo que acababa de
hacer por él después de cada actuación. Probablemente creían que él también les
estaba cantando.
Me había quedado callada y Griffin se dio cuenta. Acarició mi cabello.
—¿Qué está pasando en esa cabeza tuya, nena?
—Nada.
Se subió los jeans y el bóxer, y se volvió para mirarme.
—Háblame, Luca. ¿Qué acaba de pasar? Estábamos bien, y de repente ya no.
Sacudí mi cabeza y bajé la vista.
—Lo siento. Es estúpido.
Griffin inclinó mi barbilla para mirarlo.
—Suéltalo, Vinetti.
Suspiré.
—Supongo… bueno… dijiste que no ibas a compartirme, y solo estaba
pensando que debes tener a docenas de mujeres listas para arrodillarse después de
cada concierto. O incluso con el chasquido de tus dedos.
Griffin sostuvo mi mirada.

140 —Desearía poder hacerte sentir mejor al decirte que no. Pero no voy a
mentirte. Definitivamente hay oportunidades. Pero eso no significa que quiera
tomarlas. Sé que acabas de llegar, y nuestra situación es un poco única, pero no
estaba bromeando cuando dije que eras mi chica. Tú eres mi chica, Luca. ¿Y sabes
qué? Eso probablemente no sea lo más conveniente para ninguno de los dos,
teniendo en cuenta nuestras circunstancias. Pero eso no cambia cómo me siento. No
he estado con ninguna otra mujer en casi dos meses; desde que respondiste mi
primera carta nuevamente. El hecho de que pueda tener mujeres dispuestas no
significa que yo esté dispuesto. Eres mi chica, Luca. Ya resolveremos toda esta
mierda. —Mis ojos comenzaron a llorar. Quería tener su optimismo y coraje, pero
estaba aterrorizada.
Griffin había sido honesto conmigo, así que hice lo mismo.
—Tengo miedo de ser tu chica.
Él sonrió con tristeza y acunó mi mejilla.
—Está bien. Te conozco, Luca. Tener miedo solo te dura un poco, y luego
simplemente haces algo valiente. No tenemos prisa. Ya hemos esperado muchos
años. ¿Qué es un poco más?
Giré mi cabeza en su mano y besé su palma.
—Gracias, Griffin.
Besó mi frente y mantuvo sus labios presionados contra mí. Sentí su sonrisa
extendiéndose contra mi piel.
—Estoy bastante seguro que debería ser yo quien te agradezca después de lo
que pasó.

141
E n serio quería que Luca disfrutara sus últimas horas en California.
Sabía que eso significaba hacer todo lo que estaba a mi alcance para
asegurarnos de que continuáramos evitando las multitudes esta noche.
Si bien esperaba que algún día pudiera superar su fobia, no iba a suceder de la noche
a la mañana y ciertamente no durante este viaje. Tenía que seguirle la corriente e
intentar no presionarla de ninguna manera.

142
Aiden había arreglado para que un auto nos recogiera en mi casa. El
conductor recibió instrucciones de tomar las carreteras secundarias. Había alquilado
un salón privado en mi restaurante favorito, que tenía una entrada trasera ofrecida
con frecuencia a las celebridades. Permitía el acceso directamente a un comedor, que
se mantenía separado de donde comían los otros clientes. Conocía bastante bien al
gerente y confiaba en su discreción. Marcus también era bueno asegurándose que
sus empleados no hablaran de mi presencia. Así que me sentí seguro llevando a
Luca allí.
Nos sentamos uno frente al otro en nuestra mesa a la luz de las velas,
disfrutando de una cena íntima. Saboreamos nuestras ensaladas mientras esperamos
el plato principal.
Luca picaba de sus vegetales.
—¿Es extraño que de hecho vaya a extrañar las cartas?
—Ni un poco. ¿Pero quién dice que tienen que parar?
—Creo que nunca lo discutimos. ¿Pero no puedo imaginar que sigamos
escribiendo cartas escritas a mano ahora que nos conocemos?
Bajé el tenedor y busqué su mano sobre la mesa, y dije:
—Quiero seguir en contacto, Luca. Quiero saber de ti todos los días, ya sea
un correo electrónico, una llamada telefónica o un jodido telegrama de alguien
vestido como una salchicha. Solo quiero saber de ti.
Aun así, podía relacionarme con ese sentimiento de pérdida inminente por las
cartas. Nuestra conexión invisible era una gran parte de nosotros. Jamás volveríamos
a experimentar esa intimidad de la misma manera. Esperaba que las cosas fueran aún
mejor ahora, pero las preocupaciones de Luca sobre mi vida no eran exactamente
infundadas. Simplemente no sabía si podía demostrarle que estaba equivocada en
cuanto a si esto podría funcionar. Tenía la voluntad… ¿pero realmente tenía la forma
de hacerlo? Mi situación era complicada. De hecho, era más como un circo entero.
Nuestra comida llegó finalmente. Pedí el filete mignon y Luca pidió truchas
en salsa de ajo y limón.
—¿Has tenido noticias de Doc? —pregunté a medida que cortaba mi bistec.
—Me llamó justo antes de que el auto viniera a recogernos. La conexión tenía
mucha estática, así que en realidad no pude entender lo que estaba diciendo, pero
parecía muy feliz. ¿Adónde lo ha llevado el conductor?

143 —Llamé al zoológico y pregunté si podía alquilar el aviario después de que


cerraran. Ahí es donde está justo ahora. Lo tiene todo para sí mismo.
Luca sonrió ampliamente.
—Guau. Debe estar muy contento. Gracias por arreglar eso. Para alguien que
adoptó una vida minimalista en su propio hogar, Doc seguro parece estar
aclimatándose a la casa de la piscina, al ama de llaves y a todo el trato especial.
—Bueno, es bienvenido a regresar cuando quiera. Cualquier amigo tuyo es
amigo mío. Espero que lo sepas.
—Gracias. En serio. Gracias por tu hospitalidad.
—De nada. Le debo mucho a Doc por ayudarte a venir aquí. Fue un regalo.
Dios sabe cuánto tiempo me habría llevado antes de descubrir cómo contarte sobre
Cole. Siempre estaré agradecido con él… y mi pequeña acosadora.
Se limpió la boca.
—Fue un acoso recíproco si mi memoria me sirve correctamente.
—Así es.
Nuestros ojos se encontraron. Mi mente vagó por esa increíble mamada que
me había dado antes. Mi polla se puso rígida. No quería nada más que devolverle el
favor esta noche.
—Entonces, ¿cuándo te vas a Vancouver otra vez? —preguntó,
interrumpiendo mis fantasías. La idea de mi viaje inminente me inundó de temor.
—En una semana aproximadamente.
—¿Es un festival de música, dijiste?
—Sí. Se llama Beaverstock.
—¿Beaver?
—Es el festival de la pelusa.
Sus ojos se abrieron de par en par.
—¿Qué?
—Estoy bromeando. El nombre aparentemente proviene de los castores
urbanos que habitan en la ciudad.

144 —Guau. De acuerdo.


—Es nuestro segundo año haciéndolo.
—Y después, ¿cuándo te irás de gira?
—La etapa de Estados Unidos es en un mes aproximadamente. Una docena
de ciudades. Luego tenemos una pequeña gira europea unos meses después de eso.
—¿Doce ciudades seguidas?
—Sí.
—Eso debe ser muy agitado. ¿Es siempre así sin parar?
—Bastante. A veces tienes un día o dos de por medio, pero prefiero que sea
así. Prefiero acabar de una vez y tener un tramo de tiempo prolongado para mí otra
vez.
Prácticamente podía ver los temores arremolinándose en su cabeza, visiones
de chicas en autobuses turísticos, sujetadores siendo arrojados por todas partes.
Alcohol derramándose. Música a todo volumen. Esnifando cocaína. Su miedo era
palpable.
—Por más loca como a veces puede ser mi vida —dije—, hay momentos de
calma… semanas a la vez donde puedo irme, hacer lo que me plazca. Las cosas
están atareadas ahora con la grabación del álbum nuevo, pero una vez que haya
terminado y la gira haya concluido, las cosas se calmarán un poco.
Esa declaración era un intento de tratar de convencerla de que mi vida
contenía algunos pequeños períodos de “normalidad”.
—¿Qué harás cuando llegues a casa, Luca?
Ella suspiró como si la respuesta fuera desalentadora.
—Planeo comenzar con el libro que soñé en el viaje hasta aquí.
—¿Tienes que entregarlo en un momento determinado?
—No. Como estoy muy por delante de mi fecha límite, tengo mucho margen
de maniobra. Me apego a un horario, pero no es el fin del mundo si cambia un poco.
—Eso es brillante. Cuéntame sobre tu personaje nuevo. ¿De qué va?
—Bueno… es británico.

145 —¿Ah, sí? —Le guiñé un ojo—. ¿Inspirado por alguien en particular?
—Bueno, estaría mintiendo si dijera que mis interacciones contigo no
influyeron en esa decisión. Pero no eres un asesino en serie. Y él sí. Así que, está
eso. Esa es la diferencia principal.
Me encogí de hombros.
—Detalles…
Nos reímos de eso, y aparentemente se desvaneció al mirarla como lo hacía a
menudo, lo que la llevó a preguntar:
—¿Qué?
—Nada. A veces todavía no puedo creer que pueda mirarte a los ojos. No hay
ni una vez que los haya mirado y no haya pensado en la suerte que tengo de poder
hacer eso.
Luca se sonrojó, y fue hermoso, de verdad. Esperaba que algún día pudiera
verla hacer eso a medida que nuestros cuerpos estuvieran conectados tanto como
nuestras almas siempre parecían estarlo.
La noche hasta el momento había transcurrido sin problemas. Y debería haber
sabido que era demasiado bueno para ser verdad. Porque después de la cena, cuando
salimos por la supuesta puerta privada para dirigirnos a nuestro auto esperando, nos
recibió una oleada de flashes. Unos cuantos paparazzi habían acampado esperando
que saliéramos. Aparentemente, en algún lugar debajo de las sonrisas de las
personas que nos habían servido esta noche, había un topo.
Los grandes ojos hermosos de Luca se llenaron de confusión.
Nunca en toda mi carrera había perdido el control con los paparazzi… hasta
ahora.
—Retrocedan de una jodida vez —grité—. Está bien cuando estoy solo, ¡pero
esto no está bien! Ella no aceptó esto.
Todas sus preguntas parecieron mezclarse.
—¿Es tu novia, Cole?
Flash.
Flash.
Flash.

146 —¿Cuál es su nombre?


Flash.
Flash.
—¿Cómo va el nuevo álbum?
Flash.
Flash.
Flash.
Envolví mis brazos alrededor de Luca protectoramente. Por suerte, el auto
estaba allí, y no tuvimos que esperarlo.
Después de que entramos y cerré la puerta, todo se quedó extrañamente
silencioso. Y dirigí mal mi ira hacia el conductor.
—¿Por qué no me advertiste que estaban aquí?
—Intenté llamar a su teléfono, señor. No hubo respuesta.
Revisé mi teléfono. No había llamadas perdidas.
¿Qué mierda?
No sabía qué había sucedido, si había marcado el número equivocado o qué.
Pero no importaba.
—Llévanos a casa, por favor —le dije.
Tenía un trabajo. Solo un trabajo. Y eso era darle a Luca una noche normal
sin interferencias. Debí haberlo sabido.
La acerqué más.
—¿Estás bien?
—Sí, sucedió muy rápido. No tuve muchas oportunidades de reaccionar.
—Sí. Así es a veces.
—¿Cómo sabían que estábamos allí?
—Probablemente alguien en el restaurante nos delató. Se les pide a los
empleados que no digan nada, pero todo lo que se necesita es una persona: una
camarera enviando un mensaje de texto a su amiga o lo que sea. Luego se corre la
voz como un incendio forestal. Normalmente no importa. Lidio con eso. Pero tenía
tantas ganas de escapar por una noche contigo. —Mi voz se tensa—. Lo siento,
147 Luca.
Acarició el rastrojo en mi mandíbula.
—Sé que no es tu culpa.
—Sí, lo es. Debí haber sabido que no podría llevarte a ningún lado en público
y que esté cien por ciento libre de paparazzi.
Las cosas permanecieron tranquilas hasta que el conductor nos dejó en frente
de mi casa. El silencio continuó siguiéndonos a la casa y subiendo por la escalera de
caracol.
Ella se veía cansada.
Así que llevé a Luca a su habitación.
—Espérame aquí, ¿de acuerdo, amor? Acuéstate y relájate. Regresaré en unos
cinco minutos.
Me aventuré por el pasillo hasta mi baño principal y abrí el grifo del agua en
la bañera grande, probándola con la mano para asegurarme que tuviera la
temperatura adecuada. Todavía estaba echando humo. Todo lo que quería era ayudar
a Luca a relajarse de modo que pudiera dormir bien esta noche. Necesitaba una
buena noche de descanso antes de salir a la carretera.
Después de que la bañera se llenara, regresé a su habitación y le tendí la
mano.
—Ven.
La tomó y me siguió por el pasillo.
Cuando vio la bañera llena de espuma, preguntó:
—¿Se supone que debo entrar allí?
—Vamos a entrar allí.
Tragó con fuerza. Me di cuenta entonces que podría haber estado pensando
que tenía otras ideas. Es comprensible.
—Entraré con mis bóxer. Solo quiero abrazarte.
Me di la vuelta como una señal para que se desvista y se meta en el agua.
—Solo di cuando.
—Listo —dijo, después de un par de minutos.

148 Solo se veía su cabeza. Me observó mientras me quitaba la camisa y los


pantalones, quitándome todo menos mis calzoncillos. Pareció notar el tatuaje en mi
pecho por primera vez y entrecerró los ojos. Era el nombre de mi madre entrelazada
con rosas y alambre de púas.
—Libby. Tu madre. —Ella sonrió.
—Sí. Me hice esto aproximadamente un año después de que mamá murió.
—Es hermoso.
—Gracias —dije a medida que me metía en el agua detrás de ella.
Envolviendo mis brazos alrededor de su cintura, la atraje hacia mí, descansando mi
barbilla sobre su cabeza antes de besarla. Muchos pensamientos daban vueltas y
vueltas en mi mente. ¿Estaba loco por pensar que esto podría funcionar de alguna
manera? Sabía lo mucho que lo quería, pero ¿era suficiente?
—Una parte de mí solo desea poder quedarme aquí en esta agua contigo para
siempre y no tener que preocuparme por nada más —dije.
—Si fuera el tipo de persona que se ajusta a tu estilo de vida, no te sentirías
así. Esto sería fácil.
—Solo porque algo sea fácil no lo hace mejor. Tenemos nuestros problemas.
Pero estar contigo todavía se siente mucho mejor que nada en el mundo. A veces las
mejores cosas son también las más desafiantes. Y simplemente así son las cosas.
Cuando mi mano se movió por primera vez y rozó la parte inferior de su
pecho, me di cuenta que ella también se había quitado el sujetador. Como no la
había visto desnudarse, no estaba seguro si había optado por quitarse todo. Mi polla
se puso rígida ante la idea, y reajusté mi posición de modo que no me sintiera
clavándome en su contra. A pesar de lo íntimo que era este baño, no parecía el
momento adecuado para ponerse rígido.
—Esto se siente tan bien —dijo—. Y me siento segura cuando estoy contigo,
Griffin. Necesito que lo sepas. Son todos los demás que me asustan.
—Lo sé, nena. Ahora mismo, solo somos nosotros dos. Disfrutémoslo.
Luca no dijo nada por mucho tiempo. Y entonces, escuché su respiración
cambiar. Cuando incliné la cabeza para mirar su expresión, me di cuenta que se
había quedado dormida sobre mí. Este viaje la había agotado.
Más tarde, Luca despertó el tiempo suficiente para secarse y ponerse una de

149 mis camisetas largas. La llevé de regreso a su habitación y planté un casto beso en
sus labios antes de verla quedarse dormida nuevamente. Nunca regresé a mi
habitación. En cambio, me metí a su lado y me quedé despierto toda la noche
observándola dormir. Sabía que lo pagaría por la mañana, pero no podía justificar
caer inconsciente voluntariamente en un momento como este.

El sol de la mañana ya entraba por la ventana. Sus ojos se abrieron


lentamente cuando se dio cuenta que estaba acostado a su lado.
—No sabía que estabas aquí.
—No pude obligarme a volver a mi habitación.
—Estuviste aquí… a mi lado… ¿toda la noche?
—Sí. ¿Eso te asusta?
—Escribo sobre asesinos en serie, tengo una cerdita como mascota, y conduje
a campo traviesa para acecharte… es seguro decir que nada debería asustarme. —
Sonrió, y luego se desvaneció en un ceño fruncido. Se veía pensativa.
—¿Qué pasa? —pregunté.
—Solo estaba pensando en lo que uno de los fotógrafos me gritó anoche antes
de subir al auto…
Mi estómago se hundió. Había estado demasiado ocupado maldiciéndolos, no
había escuchado todas las cosas que gritaron en nuestra dirección.
—¿Qué dijo?
—Él dijo: “Eve… ¿eres tú? Te ves genial. Sigue con el buen trabajo”.
Bajé la cabeza.
Tenía que explicarlo.
—Eve… es Eve Varikova.
—¿Quién es esa?
—Es esta… modelo con la que salí brevemente hace varios meses. No fue
nada serio. Pero es muy conocida, así que la prensa se dio todo un festín cuando nos
vieron juntos.

150 —¿Me parezco a ella o algo así?


—Tienes cabello oscuro. Eso es todo. Creo que esa persona debe haber
estado fumando crack, porque es aproximadamente treinta centímetros más alta que
tú.
—¿Por qué dijo “sigue con el buen trabajo”?
—Porque Eve tenía un problema de drogas que no conocía cuando comencé a
verla. Poco después, entró en rehabilitación. No he hablado con ella desde entonces,
pero escuché que está bien.
Respiré hondo, porque podía ver por la mirada en el rostro de Luca que
estaba repensando todo otra vez. Probablemente comenzaría buscando a Eve en
Google para el momento en que entrara en la casa rodante, y eso llevaría a más
búsquedas que darían como resultado información falsa sobre mí. En serio me puso
enfermo.
—¿Me prometes algo? —le pedí.
Ella asintió.
—Está bien…
—¿Intentarás no buscarme en Google? La mayor parte de lo que encuentres
será basura. O incluso mejor… búscame en Google, pero hazlo conmigo mientras
esté al teléfono o junto a ti. Solo déjame estar allí para explicarte qué es verdad y
qué no. Jamás te mentiré. Simplemente odio la idea de que leas toda esta mierda y
no sepas qué creer.
Parecía que estaba luchando con eso. Sabía que sería extremadamente difícil
para ella cumplir esa promesa. Si me ponía en sus zapatos, no estaba completamente
seguro de poder contenerme.
Parpadeó por un momento, pareciendo considerar mi pedido seriamente.
—Está bien —dijo finalmente—. Tuve que pensarlo para asegurarme que
podía hacer ese tipo de promesa y decirlo en serio. Prometo no buscarte en
Google… sin que lo sepas.
Exhalé un suspiro de alivio.
—Gracias. Sé que no será fácil, pero prometo que no te perderás nada
relevante. Te puedo decir todo lo que necesitas saber que es importante. Y si alguna
vez tienes alguna pregunta, solo tienes que preguntarme.

151 Extendió su mano y acercó mi rostro al de ella. El deseo burbujeando dentro


de mí se transformó rápidamente en una necesidad urgente a medida que la besaba
apasionadamente.
—¿Estás segura que no hay nada que pueda hacer para convencerte de que te
quedes más tiempo? —susurré sobre sus labios.
No tuvo que responder. Ya lo sabía.
Si bien el precio de la fama era alto, nunca había deseado poder hacerlo
desaparecer. Eso fue antes de Luca. En este preciso momento, si me hubieran dado
una opción, habría renunciado a la gira de doce ciudades con sus fanáticos
enloquecidos que no terminaba de venir lo suficientemente pronto por un viaje por
carretera a través del país en una casa rodante maltrecha.
N unca había escuchado a Hortencia relinchar tanto en mi vida.
Después de recogerla de la granja en la que se había estado
quedando, abrí la puerta de mi casa para encontrar que de alguna
manera el lugar que siempre había sido mi refugio seguro se sentía mucho más
vacío.
Todavía era temprano, demasiado temprano para llamar a Griffin en la Costa

152
Oeste. Así que le envié un mensaje de texto, esperando que lo recibiera cuando
despierte.
Luca: Llegué a casa a salvo.
Para mi sorpresa, respondió de inmediato.
Griffin: Gracias a Dios. Estaba tan preocupado por ti en ese maldito
cacharro.
Luca: ¿Qué haces despierto?
Griffin: En realidad, no he estado durmiendo.
Luca: Bueno, estoy sana y salva.
Griffin: Te extraño como un loco. Tengo un millón de cosas que hacer, pero
no tengo energía. Estoy jodidamente deprimido.
Luca: Así es cómo me sentí cuando entré aquí. Mi hogar es mi lugar feliz.
Ahora se siente diferente.
Griffin: Dejaste tu Furby aquí. El ama de llaves me lo trajo con una mirada
confusa en su rostro.
Luca: ¡Si tan solo supiera la mitad!
Griffin: Giiiiiiiimo. Luca, Luca, Luca. Necesito verte de nuevo.
Quise preguntarle cuándo y si pensaba que eso sería posible, pero al mismo
tiempo, no estaba segura que pudiera saber la respuesta. Estaba terminando un
álbum y ahora tenía que irse pronto a Canadá.
Luca: ¿Ya empacaste para Vancouver?
Griffin: La respuesta a eso sería un gran no. Como dije, no hay motivación.
Había tenido mucho tiempo para pensar durante el viaje. Una de las cosas que
me había estado molestando era la necesidad de escuchar la canción que Griffin
había escrito. La que había asumido era sobre mí según el título.
Técnicamente, eso habría significado buscarlo en Google, lo que había
prometido no hacer.
Luca: Tengo una confesión.
Griffin: De acuerdo…
Luca: Tuve que impedirme buscarte en Google varias veces en el camino a
casa. Quiero que sepas que no me rendí ni una vez. Pero hay una cosa de la que
153 realmente quiero saber más.
Griffin: De acuerdo. ¿Qué será?
Podía sentir su agitación.
Luca: Tu canción… la que se llama “Luca”.
De repente sonó mi teléfono. Era él.
Contesté.
—Hola…
—Te iba a contar de eso. No estaba seguro si lo sabías. Nunca lo
mencionaste, así que pensé que quizás aún no lo habías descubierto.
—Bueno, la vi en línea y en realidad nunca tuve la oportunidad de escuchar la
letra.
—Luca… escucha. Cuando escribí esa canción… no lo sabía.
—Lo sé. Está bien. No lo tomaré como algo personal.
—Es básicamente la versión musical de la carta que te envié cuando estaba
borracho. Una furiosa declaración glorificada… que pasó a vender millones de
copias.
—¿Puedo escucharla?
Soltó un largo suspiro al teléfono.
—Por supuesto.
—¿Está bien si la busco en YouTube ahora?
Sonó un poco derrotado.
—Sí. Seguro. Estaré justo aquí.
Con Griffin en línea, abrí mi computadora portátil, inicié sesión y di clic a
Luca Cole Archer en la barra de búsqueda.
Apareció una versión del video que tenía las palabras de la canción como
subtítulos. Presioné “reproducir”.
(Música de apertura)

154 Allí estaba el hermoso rostro de Griffin mientras cantaba las primeras
palabras.
Las cartas eran la ventana a tu alma.
Antes de que me dejaras con un agujero gigante.
Cuando desapareciste en el aire
Y demostraste que en realidad no te importaba.
Ahora veo que tu alma era negra.
Porque nunca más volverás.
No eres más que tinta y mentiras.
Un demonio disfrazado.
Luca, Luca, Luca
¿Eras solo un sueño?
Luca, Luca, Luca
Me haces querer gritar.
Luca, Luca, Luca
¿Eres feliz ahora?
Luca, Luca, Luca
Si es así, nena, recibe los aplausos.
(Música)
Parece que la broma fui yo.
Tan cegado por el amor, no pude ver.
Al final,
Nunca fuiste mi amiga.
La parte realmente loca es…
Aún vives en mi corazón.
Y si tuviera que hacerlo todo otra vez,
Aún habría levantado esa maldita pluma.
155 Luca, Luca, Luca
¿Eras solo un sueño?
Luca, Luca, Luca
Me haces querer gritar.
Luca, Luca, Luca
¿Eres feliz ahora?
Luca, Luca, Luca
Si es así, nena, recibe los aplausos.
(Música)
Recibe los aplausos.
Recibe los aplausos.
Recibe los aplausos.
Luca, Luca, Luca.
Sí, sí, sí.
(La música se desvanece)

Debo haberla escuchado cien veces durante las siguientes veinticuatro horas.
Aunque hermosa, la canción tenía una vibra pesada y triste, que iba totalmente con
mi estado de ánimo melancólico. Una parte en particular seguía repitiéndose en mi
mente una y otra vez.
Luca, Luca, Luca
¿Eras solo un sueño?
Porque la semana pasada estaba comenzando a sentirse así: como si hubiera
sido una gran fantasía en mis sueños. Una que era increíble pero que siempre estaría
fuera de mi alcance. Arrastré mi trasero la mayor parte del día de hoy como si
alguien hubiera muerto. Me las arreglé para escribir, pero estaba bastante segura que
mis personajes habían captado mi tristeza, y mi thriller se estaba convirtiendo en un

156 feo llanto de ficción para mujeres.


Como había limpiado mi refrigerador antes de mi viaje a California, no tenía
comida en la casa, y un viaje a medianoche al supermercado era inevitable. El
estacionamiento estaba casi vacío, y corrí por los pasillos sin ver a una sola persona
hasta que llegué a la fila para pagar.
Doris estaba marcando los comestibles de un chico joven y me sonrió. No le
había mencionado mi viaje por carretera a California, ni nada sobre Griffin a decir
verdad, lo cual ahora me alegraba, porque lo último que tenía ganas de hacer era
hablar de ello. Mis emociones estaban demasiado dispersas, y probablemente habría
estallado en lágrimas diciéndole lo genial que había sido finalmente conocer al
hombre del había estado enamorada durante más de una década.
El chico frente a mí en la fila sí que tenía un montón de tatuajes. Cuando
finalmente dejé de revolcarme en mi autocompasión el tiempo suficiente para
mirarlo bien, noté que también tenía pernos de seguridad en la mandíbula… pernos
de seguridad reales que atravesaban su piel y se clavaban en su rostro.
La multitud a las dos de la mañana siempre era interesante. Me sorprendió
mirándolo, y desvié mis ojos, fallando al pretender que no lo había estado
escudriñando y preguntándome qué demonios le había hecho pensar que era una
buena idea hacer tal cosa.
Mis ojos se posaron en el estante de dulces a mi lado. Intentando parecer
legítimo, agarré una barra de Hershey del estante y la arrojé al carrito. El estante a la
derecha de los dulces contenía tabloides, así que tomé uno y comencé a hojear sin
pensar. Hasta que llegue a la página tres.
Mis ojos casi se salieron de sus cuencas.
Había una foto de Griffin y yo saliendo del restaurante.
No me lo podía creer.
Griffin tenía una mano extendida, asegurándose que los fotógrafos se
mantuvieran a distancia, y la otra alrededor de mis hombros. Mi rostro estaba girado
hacia su pecho, lejos del fotógrafo, de modo que sería difícil para la mayoría de las
personas incluso decir que era yo desde mi perfil parcial. Pero claro que yo lo sabía.
Salgo en el Enquirer.
Oh, Dios mío.
Leí el pie de foto debajo.
Cole Archer y una mujer misteriosa se ponen cómodos en Mariano en el
157 centro de Los Ángeles. ¿Acaso al cantante melancólico le hace tanta falta su vieja
llama Eve Varikova que la reemplaza con una muy parecida?
Se me encogió el estómago.
No estaba segura qué me molestaba más: ver mi foto en un periódico
sensacionalista o la mención de que Griffin podría estar intentando reemplazar a una
vieja novia. Sabía que lo último era ridículo porque Griff me había hablado de ella;
pero de todos modos me molestó por alguna razón.
—Tierra a Luca. —Atrapé a Doris haciéndome señas en mi visión periférica.
Alzando la vista, parpadeé un par de veces y me di cuenta que Cara de Pernos se
había ido, y Doris me había estado esperando mientras tenía un ataque de pánico
interno por alguna revista tonta.
—Hola. Lo siento… Yo… yo solo… —Levanté el National Enquirer en mi
mano—. Quedé atrapada en uno de los artículos.
Doris se inclinó para mirar lo que había captado mi atención.
—Cole Archer. Por lo general, no me gustan los hombres menores de
cuarenta años, pero no lo echaría de la cama por comer galletas en ella. —Sacudió
las cejas y susurró—: Me gustaría lamer las migajas de ese.
Mis ojos se abrieron por completo, lo que Doris pensó que era lo más
divertido del mundo. Por supuesto, pensó que era porque me había sorprendido al
hablar obsceno de un chico joven, ya que no tenía idea de que, de hecho, había
estado en la cama de Griffin la semana pasada. Mis mejillas comenzaron a
sonrojarse y me puse nerviosa.
Puse el tabloide en la cinta transportadora de la caja.
—Me gustaría leer los artículos.
Doris rio entre dientes, pensando que estaba siendo tímida.
—Ambas, tú y yo, hermana.
Durante los siguientes diez minutos, estuve en una neblina total mientras
vaciaba mi carrito y conversaba con Doris.
No podía superar el hecho de que mi rostro estaba pegado por todo un
periódico sensacionalista en un supermercado. Eso me provocó una sensación
extraña en la boca del estómago, pero no estaba segura de por qué. Estar dentro de la
tienda de comestibles siempre me ponía ansiosa, pero esto solo aumentaba esa
sensación. Se sentía como si alguien hubiera violado mi espacio personal, a pesar de
158 que era solo una foto y probablemente nadie me reconocería. Al último segundo,
justo cuando estaba a punto de deslizar mi tarjeta para pagar, me di vuelta y agarré
todas las copias del National Enquirer del estante.
La cara de Doris se arrugó.
—¿Quieres comprar todo eso?
—Sí.
—Todos dicen lo mismo, ya sabes.
—Yo… tengo un pájaro nuevo y necesito algo para forrar la jaula.
—Oh. Probablemente puedo conseguir que el gerente deje de lado algunos de
los periódicos que no venden para ti, si quieres. Simplemente arrancamos la primera
página y se la damos al repartidor para conseguir un crédito de reembolso. El resto
va a la papelera de reciclaje.
—Um. Sí. Seguro. Eso sería genial, Doris. Gracias.
—No hay problema. —Doris escaneó los tabloides, y pasé mi tarjeta para
pagar—. ¿Cuál es su nombre?
—¿Qué?
Frunció el ceño.
—Tu pájaro. ¿Cuál es su nombre?
Dios, me estaba hundiendo profundamente. Dije el primer nombre que
apareció en mi cabeza.
—Chester. El nombre de mi pájaro es Chester.
—Ese es un buen nombre fuerte.
—Sí. Chester el pájaro. Es todo un caso. —Arrojé la última de mis bolsas en
mi carrito, ansiosa por salir de allí. Había estado tan apurada que casi olvidé dejarle
a Doris los artículos que le había escogido. Retrocedí unos pasos después de
despedirme y alcé la bolsa de golosinas sobre el mostrador.
—Que tengas una buena noche, Doris.
—Tú también, cariño. Nos vemos pronto.
Una vez que estuve a salvo dentro de mi auto, saqué el tabloide nuevamente y
lo miré. Un pensamiento me golpeó a medida que estaba allí sentada con el motor en
reposo: había habido varios fotógrafos, así que, ¿podría estar también en otros
159 periódicos? ¿Tal vez con mi cabeza en un ángulo diferente de modo que mi rostro
fuera identificable? A pesar de que estar en los confines de mi automóvil por lo
general me aliviaba después de mi viaje al supermercado, de repente sentí el mismo
tipo de pánico que experimenté justo antes de entrar.
Eran las 2:30 de la mañana en Vermont pero solo las 11:30 en California.
Griffin era un ave nocturna, así que saqué mi teléfono y lo llamé. Él respondió al
primer timbre.
—Hola, nena. Estás despierta muy tarde.
Mis hombros se relajaron un poco al escuchar su voz. Suspiré.
—Hola.
—¿Todo bien?
—Acabo de ir al supermercado.
—Oh. ¿Cómo te fue? ¿Qué mierda loca viste esta noche?
Se me había olvidado que había compartido con él algunas de las cosas
extrañas que había visto durante mis viajes a media noche. Aunque lo que había
visto esta noche las superó a todas.
—Vi una foto mía, una foto nuestra, en el National Enquirer.
Griffin siseó.
—Mierda. Maldita sea ese Marty Foster.
—¿Quién?
—Uno de los fotógrafos del restaurante. Hice que mi asistente se acercara a
los demás y compre las fotos que habían tomado. Pero Marty no respondió nuestras
llamadas telefónicas. Esperaba que fuera porque no tuvo una buena toma y no tenía
nada que vender. Supongo que me equivoqué. —Por el tono de su voz, imaginé a
Griffin pasándose la mano por el cabello—. Lo siento, Luca. Lo intenté.
—Oh, Dios mío. No seas ridículo. No es tu culpa. No puedo creer que hayas
comprado las otras fotos. Ni siquiera me di cuenta que podías hacer eso.
—El dinero compra casi cualquier cosa en esta ciudad. A los paparazzi no les
importa quién compra su trabajo, solo que les paguen. Además, les ofrecí más de lo
que hubieran pescado en la prensa amarilla, así que los otros tres estuvieron más que
dispuestos a vendérmelas a mí.

160 —Es tan dulce que hicieras eso. Pero en serio, no es necesario. No quiero que
malgastes tu dinero en cosas así.
—Cualquier cosa que gaste que pueda hacerte feliz o menos estresada es un
buen uso de mis billetes verdes, Luca.
Esa sensación de ansiedad en mi pecho se calmó un poco más.
—Gracias, Griffin.
—No hay de qué. Solo intento cuidar a mi chica.
Respiré profundamente ante el “mi chica” y exhalé frente al National
Enquirer.
—Entonces, ¿te desperté? ¿Qué estabas haciendo?
—Nah. Esta noche tengo algo de compañía. Los chicos de mi banda vinieron.
Estamos celebrando haber finalizado el álbum esta tarde. Estábamos programados
para terminar mañana, pero pudimos terminarlo un día antes.
—Oh, guau. Felicidades. Eso es increíble. Debes estar muy feliz.
—Sí. Estoy bastante entusiasmado con la forma en que salió.
—Eso es genial. Bueno, te dejaré ir. No me di cuenta que tenías compañía. Se
escucha tan silencioso en el fondo.
—Salí al patio trasero cuando vi que apareció tu número. Estoy seguro que
bromearán conmigo cuando vuelva a entrar.
—¿Por qué se burlarían de ti?
—Me están llamando sometido.
—¿Sometido?
—Como en sometido por una mujer. Aparentemente es una expresión popular
en Estados Unidos. Significa que tu mujer te tiene atado firmemente.
Me reí.
—Sé lo que significa. Solo preguntaba por qué te llamarían así.
—Oh. Normalmente, cuando finalizamos una gira o finalizamos una
grabación, tenemos una fiesta salvaje para celebrar. Pero esta noche no estaba
preparado para una fiesta así. Entonces les dije a los muchachos que podían venir,
pero sin ninguna mujer. Y ahora estoy hablando contigo por teléfono.
161 —¿No querías que fueran sus novias?
—No tienen novias, Luca. Su idea de una fiesta es con alcohol, un grupo de
groupies y algunas strippers.
—Oh.
—De todas formas. Esta noche solo somos los chicos y yo.
—Entonces, debería dejarte volver.
—Nah… prefiero hablar contigo que escuchar sus historias. Ya las he
escuchado diez veces a estas alturas. La mierda tiende a repetirse cuando pasas
meses viajando en un autobús con las mismas personas.
Sonreí.
—Apuesto.
—Entonces, dime… ¿cómo manejaste ver tu rostro en los tabloides por
primera vez?
Por primera vez.
—Podría haber hiperventilado un poco.
—Se vuelve más fácil.
Había quedado tan atrapada en cómo me sentía al ver mi rostro estampado
que nunca me detuve a pensar en lo que debe ser para Griffin. Los tabloides solo me
tomaron una foto porque había estado con él. Esto era solo una pequeña muestra de
lo que debe pasar todos los días.
—¿Cómo lo manejas tú?
—Aprendes a ignorarlo. La peor parte ni siquiera son las fotos. Es la mierda
que inventan sobre ti para vender una historia. Una vez toqué el vientre de una fan
muy embarazada mientras firmaba un autógrafo. Ella me dijo que su bebé era un
superfan y saltó durante mi concierto. Juraba que cada vez que ponía una de mis
canciones, el pequeño cabrón comenzaría a bailar en su vientre. Su esposo estaba de
pie junto a ella y dijo que él también pensaba que era verdad. Así que me incliné y
comencé a hablarle a la barriga como una broma, para ver si el bebé comenzaba a
moverse. Y cuando de hecho lo hizo, me dijeron que sostuviera su vientre y lo
sintiera. Fue estupendo. Pero al día siguiente, las fotos estaban pegadas en la portada
de cada periódico sensacionalista con historias de cómo la mujer llevaba a mi amado
hijo, y su esposo había venido al concierto para rogarme que le permitiera adoptar a

162 mi futuro hijo.


—Eso es una locura. Necesitan una fuente verificable para imprimir esas
cosas.
—Algunas celebridades han demandado y ganado, demostrando un punto.
Pero el pago en la demanda ocasional es menor de lo que ganan vendiendo
periódicos, de modo que no los detiene. Las únicas personas que ganan en ese lío
son los abogados.
Suspiré.
—Supongo.
—De todas formas… estuve pensando un poco esta noche. Tenemos el
festival en Canadá pasado mañana, y planearon algunas apariciones después de eso
para comenzar a promocionar el álbum nuevo. Pero si te parece bien, me gustaría
ver si puedo mover las cosas e ir a Vermont por unos días.
Mi corazón comenzó a acelerarse.
—Eso me encantaría. ¿Cuándo?
—Todavía no estoy seguro. Mi agenda está bastante llena, pero pensé que
debería poder resolverlo con mi publicista y asistente para reorganizar las cosas y
despejar un poco de tiempo. ¿Quizás la semana que viene o la semana siguiente?
—Eso sería genial.
—¿Hay algún día en particular que sea mejor para ti?
—No. En cualquier momento, de verdad. Una de las pocas ventajas de ser
una solitaria escritora agorafóbica que trabaja desde casa es que mi calendario social
está bastante vacío.
Griffin se echó a reír.
—Crees que estás haciendo que tu vida suene mal, pero cada vez que hablas
de eso, me pongo un poco más celoso de cuánta libertad tienes.
—Eso es curioso. Siento que la libertad es lo opuesto a lo que tengo. La
mayoría de los días me siento como un pájaro encerrado en una jaula gracias a todos
mis miedos.
Unas voces fuertes comenzaron a gritar en el fondo.

163 —Ahí estás. ¿Con quién hablas por teléfono, señor Sometido?
Griffin rio entre dientes.
—Mejor me voy. Los nativos se están inquietando conmigo por no estar
adentro.
—De acuerdo.
—¿Ya estás bien?
Pensé en ello. Hablar con Griffin en realidad me había relajado mucho.
—Sí. Creo que sí. Calmaste a la bestia salvaje.
—Ves. Definitivamente podemos hacer esto juntos, nena. Ya verás. Tenemos
esto. Pero ten cuidado al conducir a casa.
—Lo haré. Diviértete con los chicos.
Colgué mi celular y me senté en mi auto por unos minutos más. Dios,
esperaba que Griffin tuviera razón: que pudiéramos hacer esto. Porque a estas
alturas, dolería mucho si no pudiéramos.
—N ecesitas que te vean. Deja de estar tan encerrado. —Mi
publicista, Renee, entró en mi casa sin esperar una
invitación.
—Entra —gruñí y cerré la puerta detrás de ella. Había planeado llamarla hoy.
Pero aparentemente se cansó de esperar a que le devuelva sus llamadas y pensó que
una visita sin previo aviso a las siete de la mañana era una buena idea. Los chicos

164
solo se habían ido a las cinco, así que no estaba contento—. Es temprano, Renee. —
La seguí hacia la cocina. Fue directamente a la cafetera y comenzó a abrir armarios
y sacar mierdas para hacer café. Me apoyé contra la puerta, observándola entrar en
acción—. ¿Crees que podemos hacer esto un poco más tarde? Me acosté hace dos
horas.
—Podríamos haber hecho esto por teléfono si hubieras contestado aunque sea
una de mis llamadas durante la última semana.
Había estado evitando sus llamadas. Pero cada vez que hablaba con ella, se
agregaban diez cosas a mi agenda. Y lo único que quería en mi calendario era pasar
un tiempo a solas en Vermont con Luca. Había pasado más de una semana desde
que se había ido, y me había dado cuenta de que una semana era demasiado tiempo
para estar lejos de ella
Aunque necesitaba la ayuda de Renee para mover algunas mierdas y salir de
esta ciudad por un tiempo. Así que caminé hacia el gabinete donde guardaba el café,
saqué un recipiente y se lo entregué. Ella lo tomó y me miró de arriba abajo.
—No te ves tan mal para ser la mañana después de una fiesta de despedida.
—No fue el caos habitual.
Ella levantó una ceja.
—¿Ah, no? ¿Y por qué?
De todos modos, iba a tener que contarle sobre Luca, ya que necesitaba su
ayuda. Así que le dije la verdad.
—Ahora tengo novia. No sentía ganas de que los chicos trajeran más de dos
docenas de strippers y groupies.
Renee apretó un montón de botones y me entregó la lata de café para que la
volviera a poner en su lugar.
—Novia, ¿eh? ¿Es la mujer en el National Enquirer de ayer? ¿Y asumo
también la razón por la que estás pagando de más a todos los paparazzi de la ciudad
para comprar los derechos de autor de las fotos de ustedes dos?
Alcé una ceja.
—¿Cómo sabes que pagué a los fotógrafos?
Sacudió su cabeza.
—Es mi trabajo saber lo que estás haciendo; a decir verdad, también a quién
se lo estás haciendo.
165 Ya deseaba estar haciéndoselo a Luca. Tomando asiento en la mesa de la
cocina, decidí exponer lo que necesitaba antes de que Renee tuviera la oportunidad
de recitar lo que quería de mí.
—Necesito algo de tiempo libre para ir a Vermont y visitar a mi chica. ¿Crees
que puedes borrar algunas de mis apariciones programadas por unos días?
Renee cruzó los brazos sobre el pecho.
—Necesito agregar más a tu calendario. Has estado evitando todo lo
relacionado con las relaciones públicas desde hace un tiempo. Necesitamos que
empieces a recibir publicidad. Tienes un álbum a punto de salir y luego viene la gira.
Cuéntame de esta novia. ¿Es una celebridad, alguien a quien puedo convertir en un
despliegue mediático?
—No, definitivamente no. Es muy privada, y me gustaría mantenerlo así. No
le van las multitudes o la atención.
Renee sacudió la cabeza.
—Entonces, por supuesto, la elección lógica para ella es salir con un músico
que toca en estadios con entradas agotadas y atrae a una multitud con solo salir.
Suspiré.
—¿Puedes despejarme unos días? En serio necesito salir de aquí por un
tiempo para pasar tiempo con ella.
Los ojos de Renee recorrieron mi rostro.
—En serio te gusta esta chica, ¿no?
Asentí.
—Es especial.
La cafetera sonó, y Renee se volvió y extendió la mano hacia el armario
donde guardaba las tazas. Llenando dos, se sentó a la mesa frente a mí y deslizó una
taza humeante a mi lado.
—Vamos a negociar. ¿Cuándo necesitas irte? ¿Podemos tener algunas
apariciones públicas antes y programar algunas apariciones en la televisión nocturna
para cuando regreses?
—Mañana voy a Vancouver para el festival de música. Pero puedo hacer lo
que sea que necesites el día después de eso. ¿Podemos hacer tus cosas de relaciones
públicas en un día?

166 Frunció el ceño.


—Eres un dolor en mi trasero, ¿lo sabes?
Sonreí de oreja a oreja, sabiendo que esa era su forma de decir que sí.
—Eres la mejor, Renee.
Me apuntó con el dedo.
—Vas a darme un día entero. Quiero una o dos buenas obras que pueda filtrar
a los paparazzi, y luego almorzarás en algún lugar al aire libre y firmarás cosas para
los fanáticos. Besa a algunos bebés y deja que las adolescentes se tomen selfies
contigo y te sigan a algunas tiendas.
—Puedo hacer eso.
—Tendrás que hacer el doble de trabajo cuando regreses. Y no te puedes
quejar de eso.
—Sí, señora. No voy a quejarme. Entendido. —Un pensamiento apareció en
mi cabeza. Me rasqué el rastrojo en mi barbilla—. ¿Puedo elegir las buenas obras y
a dónde ir de compras?
—¿Qué tienes en mente?
Sonreí.
—Algo para que Luca disfrute un poco más de los tabloides la próxima vez.

—Podrías haber elegido un lugar que oliera mejor. —Renee se tapó la nariz a
medida que se movía para evitar un montón gigante de mierda.
—Te dije que era una granja. ¿Para qué diablos te pusiste esos tacones?
—Dijiste que era un santuario. Supuse que estarías haciendo una sesión de
fotos con algunos lindos animalitos deambulando por las verdes colinas, sin hacer
trabajos forzados ni paleando mierda en una granja de cerdos en ruinas.
Había pasado una vez por la Granja Charlotte & Wilbur y recordé el letrero
afuera pidiendo voluntarios. Cuando llamé y expliqué quién era y que me gustaría
donar algo de tiempo, traer algunos fotógrafos para ayudar a crear conciencia sobre
la causa y hacer una donación considerable, los propietarios quedaron encantados.
167 Trabajar en un santuario de cerdos no era exactamente una causa de moda entre las
celebridades. Me limpié la frente y miré a mi alrededor. Este lugar estaba realmente
descuidado. La vieja valla destartalada que cubría la propiedad necesitaba ser
reemplazada, y parecía que una buena ráfaga de viento podría levantar el techo
derrumbado del granero. Pero la granja en dificultades albergaba ochenta cerdos
rescatados en miniatura y barrigones. Los pequeños puercos eran jodidamente
lindos… e inteligentes también. Charlotte, la mujer mayor que dirigía el lugar, dijo
que a finales de los años ochenta, los cerdos se habían convertido en mascotas
populares, y en un momento dado llegaron a tener más de doscientos animales
abandonados. Aparentemente, la gente los llevó a casa sin darse cuenta de cuán
grandes y desordenados podían ser los cerdos, y no había ningún lugar seguro para
que la gente los llevara. Esta granja era el único refugio en el área que no los
mataba.
Llegué alegre y temprano esta mañana y ayudé todo el día antes de que
aparecieran los paparazzi. Después posé para un montón de fotos con varios cerdos.
Llevando un pañuelo rojo y unos jeans sucios y rotos, me parecía más a uno de los
granjeros que a un donante invitado. Pero Renee me había hecho sostener uno de los
cerditos miniatura en un brazo y usar el otro para levantar mi camisa y limpiarme el
sudor de la frente, lo que, por supuesto, expuso mis abdominales. Los paparazzi se
tragaron esa mierda.
—¿Estás listo para irnos? —dijo Renee—. Espero que estés planeando
ducharte antes de tu pequeña excursión de compras.
Abrí los brazos y sonreí, caminando hacia ella.
—¿Ya te he agradecido por reorganizar mi horario? Ven aquí, dame un fuerte
abrazo.
Ella extendió la mano.
—Tócame oliendo así, y estarás reservado para dos docenas de shows
infantiles al anochecer. No tendrás tiempo para ver a tu noviecita durante meses.
Me reí.
—Gracias de nuevo, Renee. Puedes decirle a los paparazzi que estaré en mi
próxima parada a las siete, y me quedaré para firmar autógrafos durante al menos
una hora porque eres la mejor.
Sacudió su cabeza.
—No estarás diciendo eso cuando regreses y tengas que trabajar el doble en
todo. Pero espero que tu novia y tú se diviertan fuera del radar.
168 —Lo haremos. Gracias.
Planeo pasar un buen jodido rato, y Luca también, tan pronto como abra la
puerta y descubra que fui antes de lo que esperaba.
—¡O
h, Dios mío! —grité y me tapé la boca—. Está tan
loco.
Por segundo día consecutivo, recibí una
entrega de tres docenas de rosas multicolores y una
caja de tabloides de supermercado envueltos con un gran lazo rojo. Las revistas de
ayer habían estado llenas con fotos de Griffin trabajando en un santuario de cerdos.

169
Me derretí al ver a la mega estrella del rock todo sucio y unido a los cerdos. Fue la
cosa más extraña pero más dulce que pudo haber hecho después de asustarme al ver
mi propia foto en los periódicos la semana pasada. Pero los periódicos de hoy casi
me sacan los ojos de las cuencas: foto tras foto de Griffin en una librería. En algunas
firmaba autógrafos, en otras examinaba los estantes, pero en cada foto, ¡tenía una
copia de mi libro de tapa dura en la mano!
No podía creer lo que había hecho. Si tenía alguna duda de que él estaba en
Los Ángeles con todas las hermosas y llamativas mujeres y que ya se estaba
olvidando de mí, ciertamente sabía cómo hacerme refrenar esos pensamientos.
Intenté llamarlo, pero su teléfono fue directo al correo de voz. Dijo que viajaría a
una reunión importante esta tarde y que me llamaría después, pero no podía esperar.
Últimamente habíamos estado chateando por video todas las tardes, de modo
que pensé que sería divertido pagar la consideración que me había mostrado al
arreglarme y usar algo sexy para nuestra llamada más tarde. Saqueé el cajón de mi
ropa interior para encontrar la correcta y luego comencé a llenar la bañera para
bañarme. Mi piel había estado muy seca en los últimos días, así que me amarré mi
cabello desordenado en la cima de mi cabeza y me coloqué una máscara de barro de
humedad intensa para usarla mientras me sumergía. Justo cuando estaba a punto de
entrar en la bañera, sonó mi celular. El nombre de Griff apareció en la pantalla. Me
reí para mis adentros, contenta de que hubiera llamado y no usara FaceTime, porque
de ninguna jodida manera quería que viera el desastre que lucía en este momento.
Respondí por los altavoces del teléfono en el baño.
—Hola.
—Hola, nena. Disculpa por no contestar tu llamada. Estaba conduciendo a mi
reunión.
—Oh. Está bien. Solo quería decir que recibí tu entrega. No puedo creer que
hayas hecho eso. Fue realmente dulce. —Me quité la bata de baño y la dejé caer al
suelo—. Estoy planeando algo dulce a cambio, pero aún no está listo.
—¿Ah, sí? ¿Cuándo estará listo?
Metí un dedo en la bañera para sentir el agua. Estaba cálida y agradable.
—Como en una hora más o menos.
—No puedo esperar. Necesito llegar a mi reunión. Pero primero quería
preguntarte algo.
—¿Qué?

170 —Cuando dijiste que podía ir a verte a Vermont en cualquier momento, ¿lo
dijiste en serio?
—Por supuesto. No puedo esperar a que vengas a visitarme. Espero que sea la
próxima semana y no la siguiente. —Me subí a la bañera y estaba a punto de
sentarme cuando sonó el timbre—. Caray. Alguien está en mi puerta, y me acabo de
meter en la bañera y tengo una máscara de barro en toda la cara. Probablemente sea
UPS con una entrega que he estado esperando. Espero que deje la caja, porque no
puedo abrir la puerta con este aspecto que cargo.
—Bueno, también te envié otra entrega. Debes firmar por la mía, así que tal
vez quieras ir a buscarla.
—Oh. Caray. Bueno. Espera un segundo. Déjame abrir la puerta, y volveré
enseguida. —Salí de la bañera y me envolví en mi gran bata felpuda. Al ver mi
reflejo en el espejo del baño, sacudí la cabeza. El repartidor va a pensar que luzco
espantosa. Pero, oh, bueno. Tendrá razón.
Me apresuré hacia la puerta principal, más ansiosa por lo que sea que Griffin
podría haber enviado que preocupándome por mi aspecto.
Al abrir la puerta, fui recibida por un enorme ramo de flores. La cosa era tan
grande que cubría el rostro del repartidor. Sonreí.
—Oh, guau. Caramba. Déjame buscar una propina. Dame un segundo.
Me giré para agarrar mi billetera pero me congelé cuando una voz me detuvo
en seco.
—¿Puedo elegir el tipo de propina que me darás?
Mis ojos se abrieron de par en par y mi cabeza giró de vuelta.
—¿Griffin?
Movió las flores para revelar su hermoso rostro sonriente.
—Dijiste en cualquier momento. Espero que ahora esté bien.
Sentí que mi corazón iba a saltar de mi pecho.
—No puedo creer esto.
—Créelo. Aquí estoy y soy todo tuyo durante los próximos días.
Quería llorar lágrimas de felicidad. Griffin se veía tan sexy, vestido con una
chaqueta de cuero y jeans rotos. Su cabello estaba despeinado por todo el viaje, pero
honestamente, se veía aún más sexy así desordenado. Yo, por otro lado, era solo un
171 jodido desastre en este momento.
Me entregó las flores.
—Mírame. Soy un desastre —dije, gesticulando por todo mi rostro.
—Estabas rodando en el barro con Hortencia otra vez, ¿eh?
—Es una máscara de belleza, lo cual es bastante irónico, porque está lejos de
ser atractiva.
—Incluso con el barro en tu rostro, sigues siendo la chica más hermosa del
mundo. —Abrió los brazos—. Ven aquí.
—Soy un desastre. Yo…
No me escuchó cuando me atrajo hacia él y plantó un beso enorme en mis
labios a pesar del pegote en mi rostro. Ahora parte de eso también estaba en su
rostro.
Sin embargo, después de unos segundos de olerlo y saborear su lengua, dejé
de preocuparme por mi aspecto. Todo lo que importaba era que mi Griffin había
venido hasta aquí para verme y que lo tenía todo para mí sola por un tiempo.
Hortencia entró corriendo en la habitación y comenzó a relinchar. Fue solo
entonces que Griffin se separó de mí.
Se frotó los labios hinchados y dijo:
—Ah. La famosa Hortencia. —Se inclinó y le habló—: Un placer conocerte,
encantadora señorita. Sabes, vi a algunos de tus compañeros el otro día. Te mandan
saludos.
Groink.
—Déjame ir a lavarme la cara muy rápido y conseguirte una toalla para
limpiar la tuya —dije, riéndome.
Puse las flores sobre una mesa y Griffin me siguió hasta el baño.
—Lamento haber interrumpido tu hora del baño —dijo sonriendo, cuando se
dio cuenta de mi bañera llena—. De hecho… no lo siento.
—Tenía todo esto planeado. Saqué algo de lencería e iba a cambiarme para
nuestra llamada. Pero primero me iba a dar un baño. Obviamente viniste a la puerta
y lo frustraste.

172 —Bueno, pero por supuesto, no dejes que interrumpa tus planes.
Froté su mejilla.
—Debes estar exhausto por el vuelo.
Tomó mis dos manos entre las suyas.
—No importa. Vale la pena. Me he estado muriendo por estar contigo.
—Por las fotos que he visto, has estado muy ocupado. Apenas has tenido un
momento para respirar durante la semana pasada. Significa mucho para mí que
hayas venido.
—Todo lo que he hecho ha sido puramente para venir aquí. Créeme. Quiero
aprovechar estos tres días al máximo.
Realmente tenía que quitarme este barro de la cara.
—Déjame tomar un baño rápido, vestirme, y luego te veré allí afuera. ¿Por
qué no te relajas un poco? Siéntete como en casa. Hay un poco de té helado en la
nevera, o tengo un poco de vino tinto en la encimera que podrías abrir.
Él suspiró.
—De acuerdo. No tardes mucho.
No queriendo desperdiciar ni un minuto de este tiempo con él, me lavé el
barro restante del rostro y me restregué el cuerpo rápidamente en la bañera. Me puse
la lencería que había elegido y regresé a la sala de estar. Griffin estaba acostado en
el sofá con los ojos cerrados. El pobre hombre debe haber estado tan cansado.
—Volví.
Sus ojos se abrieron lentamente a medida que se sentaba. Se quedó sin
palabras cuando vio mi cuerpo escasamente vestido: usando ropa interior púrpura de
encaje Chantilly. Me había soltado el cabello y había dejado que me cubra los senos,
que de lo contrario habrían quedado muy expuestos a través del encaje. Me sentía un
poco vulnerable parada allí en casi nada, pero era lo menos que podía hacer,
considerando que lo había saludado pareciendo a la Novia de Frankenstein.
—Luca… tú… Dios. —Se frotó los ojos—. ¿Estoy soñando?
—No te importa si me quedo así esta noche, ¿verdad?
—Siempre y cuando no te importe que tenga una erección perpetua o que
tenga que escapar al baño de vez en cuando para masturbarme… no.
Me reí.
173 —Puedo vivir con ello.
—Entonces, de acuerdo. Tenemos un trato.
Se puso de pie y se acercó hasta mí. Dios, olía tan jodidamente bien, como
azúcar y especias. Mis pezones se endurecieron.
Tomé su mano. Su pulgar rozando el mío.
—¿Puedo mostrarte el resto del lugar?
Sus ojos estaban en mis senos.
—¿Qué?
Me reí, sintiendo mis mejillas calentarse.
—¿Quieres un recorrido?
—¿Un recorrido?
—Por la casa…
—Oh… sí. Sí. Muéstrame el lugar. —A medida que caminábamos juntos,
puso su mano sobre mi espalda, lo que solo me provocó más escalofríos—. Lo
siento… —dijo—. Todavía estoy un poco distraído por ti ahora mismo.
Griffin mantuvo su cuerpo cerca mientras me seguía a través de la sala de
estar al otro lado de la casa. Le mostré el área de juego de Hortencia y, finalmente,
la habitación donde hacía gran parte de mi trabajo.
—Este es mi estudio. Es donde hago la mayor parte de mi escritura. —Señalé
la pared—. Estas estanterías vinieron con la casa. De hecho, se abren a un área de
almacenamiento oculta detrás de ellas. Así que, es muy práctico.
—Brillante —dijo, excepto que no estaba mirando los estantes. Me estaba
mirando a mí… a través de mí, sus ojos oscuros y ansiosos.
Griffin estaba hambriento. Intentaba ser paciente y respetuoso, pero podía
decir que se estaba conteniendo en este momento y lo estaba matando. Demonios,
también estaba hambrienta.
Cristo, Luca. ¿Qué estás haciendo?
El hombre vino hasta aquí. Había sido célibe durante semanas. ¿Y crees que
va a importarle una mierda unas estanterías prácticas? Me estaba mirando como si
quisiera comerme, y francamente no había nada que quisiera más que ser devorada
por él.

174 Este recorrido por la casa podía esperar. Todo lo demás podía esperar.
Salté a sus brazos de repente, envolviendo mis brazos alrededor de su cuello.
Su aliento caliente sobre mi piel me puso la piel de gallina.
—Mierda, Luca. Te extrañé. —Acercó mi boca a la suya, besándome tan
apasionadamente que prácticamente me fundí con él.
Deslicé mi mano hacia abajo para frotar la erección presionándose contra sus
jeans. Su polla estaba caliente y palpitante, y ahora yo también.
Siseó a medida que colocaba su mano sobre la mía, presionando mi palma
más profunda contra él.
—Es imposible ocultar lo que estoy sintiendo en este momento —dijo con
brusquedad—. Te deseo.
Griffin me besó más fuerte mientras mis dedos se enredaban en su cabello.
Bajó la cabeza hacia mis pechos, chupando mi carne a través de la tela. Mis pezones
estaban en llamas. Todo mi cuerpo estaba en llamas.
Se apartó para mirarme.
—¿Tienes alguna idea de lo hermosa que te ves esta noche? —Levantándome
más, me llevó al gran escritorio de madera y me colocó encima de él—. ¿En este
escritorio es donde haces tu magia?
—Sí.
—¿Me dejas hacer la mía… justo aquí? —preguntó, separando mis piernas.
Asentí, tragando con fuerza e incapaz de hablar.
—Dilo, Luca. Necesito oírte decirlo, para asegurarme que entiendo
exactamente lo que quieres ahora mismo, exactamente lo que se me permite hacer
aquí…
—Quiero que me folles… justo en este escritorio —dije, jadeando.
—Gracias a Dios —murmuró—. Porque esta noche te necesito.
—Lo sé —dije suavemente.
Tomó mi mano y la colocó sobre su pecho de modo que pudiera sentir lo
rápido que latía su corazón.

175 —Jamás dudes lo que esto significa para mí.


Necesitaba eso. Necesitaba sentir su corazón, saber que esto era mucho más
para él que otra muesca en su cinturón.
Metiendo la mano en el bolsillo de su chaqueta de cuero, sacó un condón y lo
arrojó a nuestro lado. Deslizó sus dedos debajo de las tiras de mi lencería.
—Quiero que estemos piel con piel. —Hizo un trabajo rápido para quitarme
el atuendo escaso antes de arrojarlo a un lado y tomarse unos minutos para mirar mi
cuerpo desnudo. Me afeité una delgada pista de aterrizaje en la vagina y agradecí a
mis estrellas de la suerte que hubiera tenido la sensatez de prepararme, teniendo en
cuenta la naturaleza sorprendente de su visita.
Se quitó la chaqueta y la arrojó hacia el piso antes de deslizarse la camisa por
su cabeza, exhibiendo su pecho, que estaba tan perfectamente esculpido y besado
por el sol.
Sus pupilas se dilataron a medida que me observaba. Ciertamente nunca antes
había experimentado este lado de Griffin: la bestia sexual lista para ser desatada.
Nuestras lenguas bailaron en un frenesí hambriento, una competencia de
quién podía saborear más rápido. El metal de sus anillos plateados se sintió frío
contra mi pecho cuando los apretó. Su cálida piel contra mi pecho desnudo se sintió
increíble. Mis dedos necesitados arañando su espalda musculosa.
Bajando mis manos a su cinturón, lo desabroché tan rápido como pude.
Después de empujar hacia abajo su bóxer, su enorme polla saltó libremente,
exhibiendo más grosor de lo que recordaba. Comenzó a frotar la cabeza sobre mi
clítoris, burlándose de mí con su pre semen y realizando círculos con la punta
caliente sobre mi carne.
Cuando pareció que no podía soportarlo más, Griffin agarró el condón y lo
abrió con los dientes antes de deslizarlo sobre su eje. Presionó la punta antes de
mirarme a los ojos por última vez. Luego se hundió contra mí de una sola estocada,
sacudiendo todo mi cuerpo… todo mi mundo.
Mis piernas se envolvieron alrededor de él a medida que me follaba tan duro
que prácticamente estaba viendo estrellas.
Al principio me dolió un poco, pero no me importó. Muy pronto, el dolor
desapareció, reemplazado por éxtasis puro.
Sus bolas golpearon la piel de mi trasero. Nunca en mi vida me habían

176 follado así, tan urgentemente, tan profundamente dentro de mí. Mientras mis uñas se
clavaban en su espalda, simplemente no pude tener suficiente.
—Más duro. Fóllame más duro, Griffin.
Quería que me arrasara. Había estado al borde del orgasmo desde que entró
en mí, una sensación de hormigueo irradiando por todo mi cuerpo, lista para
explotar en cualquier momento. La sensación finalmente alcanzó su punto máximo
cuando agarró mi cintura y se hundió aún más profundo, empujando con más fuerza.
Mi piel se tensó y una oleada de calor me atravesó a medida que mi orgasmo surgía
a la superficie, haciendo que todo mi cuerpo tiemble. Cuando Griffin me miró a los
ojos y se corrió en mí, fue la sensación más intensa que jamás hubiera
experimentado, ciertamente diferente a todo lo que había sentido antes. Ambos
gritamos al unísono, nuestros gemidos de placer resonaban por toda la habitación.
Me acosté debajo de él en el escritorio, sin aliento, un montón de papilla
saciada mientras cubría mi rostro con besos.
—Oye —dijo respirando fuertemente agitado.
—¿Sí?
—Las luces están encendidas.
Miré alrededor.
—Lo están, ¿verdad?
—Soy el primero —dijo y sonrió.
—Lo eres.
Ni siquiera me había sorprendido que las luces estuvieran encendidas, que él
pudiera ver claramente cada centímetro de mi cuerpo desnudo. Sabía que era porque
confiaba en Griffin plenamente. Sin mencionar que estaba demasiado ocupada
perdiéndome en él. Me había tomado con cada gramo de energía que le quedaba,
tocando mi cuerpo como un instrumento… follándome como la estrella de rock que
era.

177
E
staba empezando a pensar que en serio podría vivir esta vida
reclusa para siempre.
En primer lugar, ¿quién más podía decir que despertaron por
la mañana siendo besados por un cerdo? No estoy seguro si eso era
lo que Hortencia estaba haciendo, pero su hocico estaba en mi boca, así que tenía
que asumir que era algo así.

178 Nuestro primer día juntos consistió en sexo por la mañana, seguido de una
caminata con Hortencia, seguido de más sexo, luego un almuerzo de dos horas de
tapas hechas de lo que sea que ella tuviera en la nevera. Terminamos la tarde con
Luca leyéndome un poco de su último libro mientras le frotaba los pies y luego la
convencía de tener más sexo antes de una siesta. Después nos despertamos, cenamos
y nos quedamos hablando hasta que llegó la hora de ir de compras.
Irónicamente, ir al supermercado en medio de la noche en realidad
funcionaba bastante bien para una celebridad intentando esconderse de las miradas
indiscretas. Era como si, de hecho, algunos de los extraños hábitos de Luca fueran
hechos para mí.
En Los Ángeles, tenía que usar un sombrero y gafas de sol en cualquier lugar
al que fuera de día o de noche si no quería ser reconocido. Aquí, no llevaba nada,
decidiendo arriesgarme cuando nos aventuramos al mercado durante las horas
habituales para Luca.
Estaba casi vacío. Y era una dicha.
Mientras Luca golpeaba una sandía con su dedo índice, no pude evitar notar
lo linda que era. Se la acercó a la oreja. Con su expresión enfocada, habrías pensado
que estaba escuchando el océano en su interior. Puede que su vida haya sido
sobreprotegida, pero ciertamente apreciaba las pequeñas cosas. Estaba empezando a
ver que las pequeñas cosas, estos momentos con ella, eran grandes. Desearía tener
más tiempo aquí en Vermont para experimentarlos.
—¿Qué estás haciendo? —pregunté finalmente, refiriéndome a su examen de
la fruta.
—Estoy intentado ver si está buena. Hay todo un proceso para recoger
sandías.
—Y aquí estaba yo pensando que era el experto manoseando melones…
—Oh, créeme. Definitivamente lo eres —dijo y me guiñó un ojo.
Me reí.
—Entonces, ¿cuál es el truco para saber si es un ganador?
—Simple. Si está hueca por dentro, probablemente estará buena.
—Más o menos lo contrario a los humanos, ¿eh? Así es cómo me sentía antes
de encontrarte. Hueco por dentro. Hecho para ser un gran melón pero todo un
humano podrido.

179 Dejó la sandía y puso su mano en mi mejilla.


—Eso me hace sentir triste.
Agarré sus dos muñecas.
—Ya no me siento así. No aquí contigo. Me siento humano por primera vez
en años. Esto, solo estar en el supermercado contigo, se siente tan liberador. Uno
pensaría que tener todo el dinero del mundo le da a alguien la libertad. Pero es
diferente cuando eres una celebridad. El verdadero tú está encarcelado
esencialmente por tu personalidad. Nunca logras recuperar la vida que tenías antes,
el anonimato. Así que, cada vez que puedes sentirte por lo menos medio normal otra
vez, incluso si es fugaz, es como un regalo.
—¿Te arrepientes del todo?
Reflexionando su pregunta, de hecho, tengo sentimientos encontrados.
—Estoy orgulloso de lo que he logrado. La música siempre ha sido una parte
importante de mi vida, y poder hacer esto para vivir no debería ser dado por sentado.
Pero sin duda no sabía exactamente en qué me estaba metiendo. Incluso si me
arrepiento ahora, no puedo cambiar nada. Así que intento mirar hacia adelante, no
hacia atrás. Lo que necesito es… encontrar una manera de tener algún tipo de punto
medio feliz. —Miré a mi alrededor—. Y esta conversación es demasiado profunda
para el pasillo de vegetales.
Luca me abrazó.
—Bueno, estoy realmente orgullosa de ti, de todo lo que has logrado, si aún
no lo he dejado claro.
—También estoy orgulloso de ti. Has tenido éxito por tu cuenta. Creo música
y actúo, pero tú creas mundos imaginarios enteros. Eso no es poca cosa, amor.
A medida que reanudamos el recorrido del carrito por los pasillos desolados,
me encuentro agarrando todo lo que quiero por impulso, principalmente alimentos
envasados con los que no me atraparían ni muerto comiendo en Los Ángeles.
—¿Estamos teniendo una fiesta de Super Bowl que no conozco? —bromeó
ella.
—No. Pero estoy feliz, así que tengo ganas de celebrar, portarme mal,
comiendo cosas que normalmente no puedo comer.
Incluyéndote.

180 No me había dado cuenta de lo mucho que estaba muriendo por la normalidad
hasta que finalmente la probé durante este viaje. De acuerdo, comprar comida en
medio de la noche no era exactamente “normal”. Pero en realidad podía
acostumbrarme a esto, esconderme con Luca, tener relaciones sexuales todo el día y
luego aventurarme solo por las noches por sustento.
Cuando nos acercamos a la caja registradora, Luca dijo en voz baja:
—Solo te advierto que Doris es fanática, y probablemente te reconocerá. No
he mencionado nada, así que no estoy segura de cómo va a reaccionar. Podría volar
tu tapadera.
Luca ya me había hablado sobre esta cajera, un rostro cálido y amigable que
siempre trabajaba en el turno de noche.
—Creo que viviré si me descubre, dado que solo hay otras dos personas en
este lugar además de nosotros. Difícilmente una estampida potencial.
Nos acercamos a la registradora con nuestro carrito.
—Hola, Doris.
—Hola, Luca.
Doris comenzó a escanear los artículos antes de finalmente notarme. Sus ojos
se abrieron de par en par a medida que, sin pensar, procedió a escanear el mismo
artículo varias veces. Estaba en shock.
Luca se aclaró la garganta.
—Doris… este es…
—Eres… —apuntó—. Eres… Cole Archer.
—Sí, soy yo.
—Estás… en mi supermercado.
Asentí, mirando alrededor.
—Sí, parece que sí.
Miró a Luca y luego a mí.
—Estás… ¿aquí con Luca?
Luca pareció luchar para encontrar las palabras.

181 —Doris… Cole es mi… —dudó.


Me di cuenta en ese momento que Luca no sabía cómo clasificarme. Es
comprensible, porque nunca habíamos discutido un título formal. Me había referido
a ella como mi mujer, pero ella nunca se había referido a mí como su hombre.
Terminé la oración de Luca.
—Novio.
Luca se giró hacia mí.
—¿Novio? —No podía decir si estaba desconcertada.
Mi corazón se hundió, preguntándome si la había jodido al ser presuntuoso.
—¿No está bien?
Cuando su boca se curvó en una sonrisa, mi pulso desaceleró un poco.
—Es perfecto —dijo.
—Bien —susurré—. Muy bien.
Nuestros ojos se clavaron entre sí hasta que la voz de Doris interrumpió.
—¿Cómo pasó esto?
—¿Cuánto tiempo tienes, Doris? —le pregunté.
Suspiró, con estrellas en los ojos.
—Toda la noche… para ti, toda la noche.
—Entonces, de acuerdo.
Ella me miró, ansiosa por mi explicación.
—Bueno, primero que nada, mi verdadero nombre es Griffin. Y nuestra
historia comenzó mucho antes de que me hiciera famoso. Cuando éramos niños,
Luca era mi amiga por correspondencia. Nos escribíamos cartas, aunque ni siquiera
sabíamos cómo era el otro. Me enamoré de ella a través de sus palabras, pero nunca
le dije eso. Debido a un malentendido terrible, estuvimos separados por mucho
tiempo. Estaba destrozado. Y entonces, una noche, el año pasado, me emborraché y
le escribí de nuevo, sin pensar ni una vez que ella me respondería. —Miré a Luca y
mantuve mis ojos en ella—. Nos dimos cuenta de nuestro error y retomamos justo
donde lo dejamos. Excepto que esta vez, nos arriesgamos al máximo. Nos
encontramos por primera vez, y me di cuenta que estoy aún más enamorado de ella
de lo que pensaba. —Estudié la expresión de sorpresa de Luca por un momento, y

182 luego me volví hacia la cajera—. Estoy en problemas, Doris. Me preocupa, porque
adonde quiera que vaya, la gente sabe quién soy… o piensan que sí. No es una
forma normal de vivir. Y mi chica… bueno, se asusta con las multitudes. Es la peor
combinación de factores posible. A veces parece que todo está en contra de
nosotros. Pero mi mayor esperanza es que ella continúe creyendo en mí, creyendo
que lo que tenemos es más fuerte que cualquier otra cosa que trabaje contra
nosotros. Simplemente estoy tan feliz de estar aquí, Doris… con ella y contigo.
Un cartón de huevos que Doris había estado sosteniendo se le escapó de las
manos y cayó al suelo.
No pareció perturbada por los huevos rotos mientras se fijaba en nosotros.
—Eso fue lo más hermoso que he escuchado en toda mi vida. Les… les
conseguiré un cartón de huevos nuevo. Lo siento.
Corrió antes de que pudiera decir algo más.
Aproveché la oportunidad para dirigirme a Luca y decirle:
—Espero que esté bien admitir, que bueno… me he enamorado de ti, Luca.
Te amo. Estoy loco por ti.
Luca estaba llorando.
—También te amo, Griffin. En serio lo hago. Siempre lo he hecho.
Nos abrazamos y le susurré al oído:
—No esperaba exactamente que saliera de la forma en que lo hizo, pero ahora
que lo ha hecho… quiero que sepas que digo en serio cada palabra.
Doris regresó, jadeando.
—Un nuevo cartón de huevos para ustedes.
Volvió a escanear el resto de los artículos, pareciendo apresurarse
nerviosamente para compensar el retraso anterior.
Después de pagar por todo, quise darle algo extra. Le entregué un billete de
cien dólares.
—Gracias por cuidar a mi Luca cuando no puedo.
—Es un placer. —Sonrió—. Muchas gracias, señor Archer.
—Nos vemos pronto, Doris —dijo Luca.
—Más te vale —dijo mientras nos alejábamos.
183 Luca y yo llevamos los comestibles a su auto. Después de empacar el
maletero, me detuve a mirar al cielo. Era una hermosa noche estrellada y, aún más
hermosa, ya que no había absolutamente nadie a la vista.
Libertad.
Agarré a Luca impulsivamente y comencé a bailar despacio con ella en medio
del estacionamiento.
Con su mano en la mía, nos balanceamos en silencio de un lado a otro.
¿Cuándo más en mi vida podría hacer esto sin que alguien me tomara una foto?
Quería bailar con mi chica bajo las estrellas sin que nadie nos viera más que
nosotros.
No sabía por qué, pero la primera canción que me vino a la mente fue
“Maybe I'm Amazed” de Paul McCartney. Simplemente parecía apropiada. Luca
continuó apoyando su cabeza sobre mi hombro cuando comencé a cantar la canción
suavemente.
Fueron unos hermosos minutos de pacífico balanceo con la dama que
adoraba. A decir verdad, se sintió como un sueño. Si tan solo mi vida real no viniera
a despertarme en un par de días más.
Cuando nuestro baile llegó a su fin y entramos al auto, le pregunté:
—¿Alguna vez considerarías un trío?
La sorpresa se apoderó de su rostro por completo.
—No. Nunca.
—No me refería a ese tipo de trío. Pero estaba pensando… ¿tal vez me
dejarías interferir en tu acción Furby esta noche?

No me quería ir. Y no me refería a pasado mañana, me refería a nunca. La


cabeza de Luca descansaba sobre mi pecho, y un lindo ronquido hizo que sus labios
vibren con cada exhalación que soltaba. Jesús, incluso su ronquido me encantaba.
Estaba jodido.
Totalmente jodido.
184 ¿Cómo diablos iba a salir a la carretera durante semanas, a veces meses a la
vez, sin verla? No quería irme ni un solo día. Además, en realidad me encantaba su
estilo de vida. Incluso las idas al supermercado a las dos de la mañana se sentían
más normales para mí que cualquier cosa que hubiera sentido en años. Podía verme
rastrillar las hojas en el frente de la casa en otoño, palear la nieve en invierno y dar
largos paseos en primavera con Luca a mi lado. Aunque tenía todo el dinero con el
que había soñado, siempre sentía que faltaba algo. Simplemente no sabía lo que era.
Hasta ahora.
Maldita sea, amo a esta chica.
Y ahora que sabía lo que me hacía feliz, no había forma de que lo dejara
escapar entre mis dedos. Así que me escabullí de la cama, cuidando no despertar a
Luca, y fui a su oficina. Recordé que tenía un gran calendario allí, uno de esos de
escritorio a la vieja escuela, que necesitaba para diseñar mi plan.
—¿Qué huele tan bien? —Luca apareció detrás de mí en la estufa y envolvió
sus brazos alrededor de mi pecho desnudo. Dejé la espátula y me di vuelta para
enterrar mi rostro en su cuello.
—Tú. Tú hueles muy bien. Ya era hora de que levantara tu trasero perezoso.
Estoy hambriento.
—Podrías haber desayunado sin mí.
Deslicé mis manos por debajo del dobladillo de la camiseta que llevaba, mi
camiseta (en la cual me encantaba verla) y agarré su trasero.
—Desayuné hace tres horas. Estaba hablando del almuerzo. Voy a comerte,
dulzura. —Apunté con la barbilla a le encimera de la cocina junto a nosotros—.
Justo ahí arriba. Te abriré las piernas ampliamente y te lameré hasta que digas que
sí.
Ella echó la cabeza hacia atrás.
—¿A qué quieres que acceda?
Sacudí mi cabeza.

185 —En un momento. En un momento. Ya llegaremos a eso. Pero primero, te


hice todos tus favoritos. —Levanté una toalla de papel—. Tocino… tocino de pavo.
Para que puedas disfrutar el sabor y aún mirar a tu pequeña amiguita a los ojos
después. —Quité la tapa de una olla en la estufa—. Puré de papa. De verdad, no la
mierda en polvo que dijiste que compras cuando cocinas para uno. Tengo cuatro
tiritas en mis dedos para probar que yo mismo pelé las papas. —Abrí la puerta del
horno, donde tenía el plato principal caliente—. Y pollo frito crujiente rebozado en
hojuelas de maíz.
Luca se lamió los labios.
—Oh, Dios mío. No puedo creer que hayas hecho todo esto. Ni siquiera tenía
la mayoría de los ingredientes para todo eso en la casa. Debes haber ido también a
las tiendas.
Eso me lo recordó. También me detuve en una panadería durante mi
excursión: sin sombrero y sin lentes de sol toda la mañana, y ninguna persona
intentó tomarme una foto o pareció reconocerme. De hecho, el viejo de la panadería
se quejó de mí. Dios, amo a Vermont. Me acerqué a la nevera, abrí la puerta y saqué
la caja de pastel blanco.
—Tarta de queso con conservas de fresa en la parte superior. Aunque admito
que este es más para mí que para ti. No puedo esperar para untarlo sobre tus
hermosas tetas y lamerlo.
Los ojos de Luca se suavizaron.
—No puedo creer que hayas recordado todas mis comidas favoritas y las
hayas hecho. Nadie nunca ha hecho algo así por mí.
Besé sus labios.
—Siéntate. Vamos a darte de comer. Porque estarás mucho más contenta con
la barriga llena. Después podemos hablar.

Luca emitió pequeños murmullos cada vez que comía algo que realmente le
gustaba. No pude evitar preguntarme si podía conseguir que haga esos sonidos
mientras estaba de rodillas frente a mí.
186 —¿Qué? —Bajó el pedazo de pollo, se limpió la boca con una servilleta y me
miró con los ojos entrecerrados—. Parece que estás pensando en algo sucio.
Sonreí.
—¿Cómo podría no hacerlo? Estás sentada a la mesa sin bragas ni sujetador.
Y maldición, me estoy poniendo duro solo de verte hundir los dientes en esa pata de
pollo. Sitofilia. Lo busqué mientras saboreabas mis papas. Nunca supe que tenía un
fetiche con la comida.
Luca se mordió el labio inferior.
—Hablando de fetiches, apuesto a que debes haber… hecho muchas cosas…
ya sabes, haber experimentado con mujeres. Estoy segura que ha habido muchas
oportunidades.
Esta era definitivamente una conversación que no debería tener. Así que, la
redirigí a donde había estado dirigiéndose.
—Quiero hacer muchas cosas contigo.
Luca ladeó la cabeza.
—¿Como qué?
—¿Lo primero en la lista? Bueno, me gustaría quitarte la camisa y follarme
esas tetas. Deslizar y resbalar mi polla a través de esos grandes y hermosos melones
y correrme por todo tu delicado cuello.
Sus mejillas se sonrojaron y su mano se levantó para tocar su cuello.
—¿Qué más?
—Bueno, ya que lo preguntas… me gustaría inclinarte sobre mi rodilla y
azotar ese trasero sexy varias veces, lo suficientemente fuerte como para que lo
sientas, y dejar una huella en tu piel clara. Después quiero sostenerte con la mejilla
presionada contra tu escritorio y tomarte por detrás mientras miras mi trabajo
manual.
Ella tragó con fuerza.
—Oh. Guau. Está bien. ¿Qué más?
Había un millón de cosas que quería hacerle. Quería tenerla de muchas
maneras diferentes: en cada orificio, en cada posición. Pero había una cosa en
particular que quería hacer con ella desde que la vi por primera vez fuera de mi casa
en California. No era erótico en lo más mínimo, pero aun así era lo que quería.
187 —¿Sabes lo que en serio me gustaría hacer? ¿Quizás podamos intentarlo esta
noche?
—¿Qué?
—Beber una botella de vino, follar, luego pedir pizza y comerla desnudos en
la cama.
Los dos comenzamos a reír a carcajadas. Luca se levantó y se acercó para
sentarse en mi regazo.
—Honestamente, no podría pedir una mejor manera de pasar nuestra última
noche juntos, Griff. Eso suena perfecto.
Tenía razón; era perfecto. Solo necesitaba corregir un pequeño detalle. Y me
había dado una apertura perfecta para tener la conversación que había estado
deseando tener hoy antes de que saliera el sol. Envolví mis manos alrededor de ella.
—Es una manera perfecta de pasar esta noche. Solo hay una cosa que
debemos arreglar en ese plan.
Ella sonrió.
—De acuerdo. ¿Qué será?
—No hagamos que esta sea nuestra última noche juntos. Necesito pasar más
tiempo contigo, porque pronto estaré de gira nuevamente y la vida será una locura.
Quiero que vengas conmigo ahora mientras tengamos la oportunidad, Luca.

Estaba más asustada de lo que pensé que estaría.


Había escrito mi agenda para el próximo mes en el calendario de Luca y lo
puse delante de ella para explicarle cuáles eran mis planes. Señalé el viernes.
—Tengo que estar en Nueva York pasado mañana para la grabación de un
programa de entrevistas nocturno. El sábado me dirijo a Connecticut para una
entrevista en una estación de radio universitaria, luego regreso el lunes a Nueva
York para tres apariciones diferentes en la estación de radio matutina. El martes es
un día libre, pero tengo que estar en Detroit el miércoles por la noche para una
presentación privada que mi discográfica organizó junto con algunas personas de la
industria. Vamos a tocar algunas canciones de nuestro próximo álbum para críticos
188 de revistas y grandes bloggers de música. El jueves vamos a Chicago por tres días
para filmar el video del primer sencillo. Después estoy libre durante una semana
antes de que comience la gira. Esto es lo que estaba pensando. —Tomé una de sus
manos entre las mías y me la llevé a los labios para besarla—. Escúchame. Mantén
la mente abierta.
Luca cerró los ojos por un minuto en un intento de mantener la calma.
Cuando los abrió, sonreí.
—Esa es mi chica. De acuerdo… aquí vamos. Primero, conducimos a Nueva
York. Hacemos eso tarde mañana por la noche para que así los caminos estén
vacíos. Reservé un Airbnb en el Lower East Side: es un edificio de dos pisos y
piedra rojiza, y tomé ambos pisos de modo que no hubiera nadie más en el edificio
que nosotros. El lugar tiene un gran escritorio que da a una ventana donde puedes
trabajar mientras estamos allí. Nos quedaremos allí de jueves a martes. Haré un viaje
de un día a Connecticut el sábado y volveré por la noche. Puedes escribir mientras
estoy fuera. El domingo podemos pasar el día en cama, quizás probando algunas de
esas cosas que no puedo esperar para hacerte y viendo películas viejas. El lunes
trabajarás mientras yo hago el último de los programas de radio, y luego iremos a
Detroit de noche antes de ir a Chicago. Después de eso, manejamos de regreso a
Vermont y nos quedamos aquí por una semana. Mi asistente empacará mis guitarras
y las enviará aquí, y encontró un estudio que puedo usar para practicar durante el
día, de modo que no hago tanto escándalo durante tu tiempo de escritura. La gira
viene después de eso, pero aprovecharemos las próximas dos semanas para facilitar
las cosas, y no tendremos que preocuparnos de ese horario por un tiempo.
Los ojos de Luca comenzaron a llorar. Empujé un mechón de cabello detrás
de su oreja.
—Háblame —le dije—. Dime, ¿en qué estás pensando?
Una gran lágrima gorda rodó por su mejilla. Me dolió en lo profundo de mi
pecho cuando la limpié de su hermoso rostro.
—Quiero hacerlo. En serio, realmente quiero hacerlo. Pero tengo miedo,
Griff. ¿Y si tengo una crisis en medio del viaje?
—¿Y si no tienes una crisis y la pasas muy bien?
Frunció el ceño y cerró los ojos.
—Eres tan dulce. Pero hablo en serio. No creo que entiendas completamente
lo debilitante que puede ser un verdadero ataque de pánico. Simplemente hacer
planes me causa una cantidad irracional de estrés. No solo tengo ansiedad los

189 minutos antes de entrar a un edificio, Griffin. Me obsesiono con la posibilidad de


incluso tener un ataque de pánico. Es todo en lo que puedo pensar cuando sé que
tengo que hacer cosas que me incomodan. Mi miedo aumenta todos los días cada
vez más y más hasta llegar a un punto donde empiezo a venirme abajo.
—Entonces, ¿qué tal si lo tomamos un día a la vez? Solo ven conmigo por
una noche. No planees quedarte dos. Después del primer día, puedes decidir cómo te
sientes al día siguiente. Puedo traerte de regreso en cualquier momento.
—No lo sé, Griff. Tienes un horario. No tienes tiempo para llevar a tu novia
agorafóbica a casa si se convierte en un manojo de nervios.
Sentí que estaba empezando a perder la batalla.
—No te preocupes por mi tiempo. Una relación se trata de dar y recibir.
Saldrás de tu zona de confort por mí porque te quiero conmigo, y si necesito
tomarme un día y llevarte a casa, eso es lo que haremos. Mi madre solía decir algo
sobre las relaciones. Para ser honesto, nunca lo entendí del todo, pero creo que es
porque nunca antes tuve una relación real.
—¿Cuál era el dicho?
—Solía decir: “Lo que viene fácil no durará mucho, y lo que dura mucho no
será fácil”.
Luca sonrió con tristeza.
—Tu madre era una mujer inteligente.
—Lo era. —Acuné las mejillas de mi chica—. Entonces, ¿qué dices? ¿Lo
intentarás? Comenzaremos con un día y veremos cómo nos va.
Miró de un lado a otro entre mis ojos. Podía ver el terror absoluto en su
rostro. Pero sabía que podíamos hacerlo funcionar juntos. Envolvió su mano
alrededor de mi muñeca mientras yo sostenía su rostro.
—¿Puedo pensarlo?
Justo en ese momento sonó el timbre. La sincronización no podría haber sido
más perfecta.
—Oh, Dios. No estoy vestida, y no esperaba ninguna compañía.
—Yo estoy esperando compañía. —Acuné a Luca en mis brazos y me puse
de pie, llevándola conmigo—. Ve a ponerte algo de ropa. Tomé prestado tu teléfono
para llamar al Doc. Lo invité un rato.
Sus cejas se fruncieron.
190 —¿Doc? ¿Por qué?
Besé su nariz antes de dejarla en el suelo.
—Porque sabía que necesitarías a alguien con quien hablar de lo que te acabo
de preguntar.
Esta vez, Luca me honró con una sonrisa real. Se puso de puntillas.
—En serio te amo, Griffin.
—Yo también te amo. Ahora ve a vestirte para que puedas hablar con el
Hombre Pájaro y podamos volver a nuestros planes para esta noche.
—¿Planes?
—¿Ya te has olvidado tan pronto? Beber, follar, y pizza desnudos en la cama.
—C
reo que esta es una muy buena oportunidad para que
continúes tu terapia de desensibilización, Luca.
Doc y yo caminamos lado a lado por el bosque.
Hoy hacía un poco de frío, así que me puse una chaqueta ligera. Mi terapeuta fiel,
por otro lado, tenía un suéter navideño con cuello redondo y una imagen de dibujos
animados de Jesús levantando dos dedos en señal de paz. Se lee “VAMOS A

191
FESTEJAR PORQUE ES EL CUMPLEAÑOS DEL GRAN HOMBRE”. Doc
mantenía su ropa fuera de temporada en la cajuela de su automóvil, ya que su
diminuta casa no tenía mucho espacio de almacenamiento. Al parecer, eso fue lo
primero que pudo sacar para nuestro paseo.
—Lo sé, pero no creo que nuestra relación esté lista para esto. Es muy
nueva… acabamos de encontrarnos en persona por primera vez hace menos de un
mes. ¿Y si no puedo arreglármelas y tengo un ataque de pánico terrible… y eso lo
asusta?
Doc se detuvo y me miró.
—Déjame preguntarte algo. ¿El hecho de que solo se hayan conocido en
persona hace poco tiempo hace que tus sentimientos por Griffin sean menos reales?
—Bueno, no…
—De acuerdo. Entonces, cómo llegaste al lugar donde estás ahora en tu
relación es irrelevante. Admito que tus circunstancias son un poco únicas; pero has
conocido a este hombre durante más de una década. No es que te estés metiendo en
algo repentino con un extraño. ¿Asumo que estás enamorada de él?
Suspiré.
—Sí, lo estoy. Muchísimo.
—Bueno, entonces debes averiguar si puedes hacer que funcione esta vida
juntos. Me parece que él está dispuesto a hacer todo lo posible para resolverlo. ¿No
sería peor si estuvieran más cerca de lo que ya están y luego descubrieran que no
podían encajar en la vida del otro?
—Supongo…
—Déjame contarte sobre los agapornis.
—¿Los qué?
—El loro africano… los llamamos tortolitos.
—Oh. Está bien. ¿Qué hay de ellos?
Doc extendió su mano para que comenzara a caminar nuevamente por el
sendero arbolado. Le gustaba contar sus historias mientras paseábamos.
—La mayoría de la gente piensa en los tortolitos como el pájaro que tu amor
te da para el Día de San Valentín como un gesto romántico; porque se aparean de
por vida. Pero en realidad no necesitan emparejarse y aparearse para sobrevivir. Los
tortolitos requieren compañía, y ese vínculo puede provenir de un humano si no hay

192 otro pájaro disponible. Nos parecemos mucho a los tortolitos. No necesitas
emparejarte para vivir. De hecho, estoy seguro que sobrevivirías igual de bien
pasando el resto de tus días estando sola con Hortencia a tu lado. Pero cuando los
tortolitos se emparejan en una relación monógama, se vuelven más tranquilos y más
estables.
—¿Estás diciendo que estaría más tranquila en una relación?
—Sí, eso hago, Luca. No es raro que las personas con trastornos de pánico se
aíslen como tú. Intentan ocultar la condición para evitar la vergüenza o el miedo a
sufrir un ataque de pánico frente a otros. Por eso es tan importante una red de
soporte. Una vez que veas que las personas que amas y en las que confías te aceptan
por lo que eres y no te juzgan, es más probable que corras algunos riesgos que
podrían hacer que otros fuera de tu red vean tu estado de pánico. Dejar entrar a un
ser querido es el siguiente paso lógico para ti. Has hecho un progreso maravilloso
conmigo en los últimos años, pero juntos solo podemos llegar hasta cierta distancia.
Ahora debes decidir arriesgarte.
Griffin no preguntó lo que habíamos discutido Doc y yo. Tampoco me
presionó para que hablara más sobre lo que había propuesto ese día. En cambio, me
dio espacio, y tuvimos una gran noche de sexo y comiendo pizza en la cama.
Después, los dos nos quedamos dormidos, o eso pensé.
Eran aproximadamente las 2:00 am cuando desperté sobresaltada. Mis ojos se
abrieron lentamente para encontrar a los grandes ojos castaños de Griffin
observándome. Él sonrió.
—¿Es espeluznante que de hecho me gusta verte dormir?
Mi voz sonó ronca.
—Más o menos.
Se rio entre dientes.
—¿Te desperté al mirarte espeluznantemente?
Me aparté el cabello del rostro.
—No lo creo. Creo que solo desperté porque tengo muchas cosas en mente.
Tiendo a tener un sueño inquieto cuando algo me molesta.
193 Griffin asintió. No necesitaba preguntar qué me estaba preocupando. En
cambio, simplemente se inclinó y rozó sus labios contra los míos.
—¿Puedo hacer algo para ayudarte a dormir? ¿Prepararte leche tibia o frotarte
la espalda?
—No, estoy bien. Gracias.
Él sacudió las cejas.
—Escuché que el ejercicio extenuante es un buen método para inducir el
sueño.
Sonreí.
—Si es así, debería dormir durante una semana entera después de los últimos
días.
Griffin pasó su pulgar por mi labio inferior. Su toque era tan tierno que hizo
que mi interior se derrita.
—Bueno, ya que estás despierta —susurró—, ¿puedo decirte algo que tengo
en mente?
—Seguro. Por supuesto.
Griffin me miró a los ojos profundamente.
—Tengo miedo, Luca.
Me apoyé sobre un codo.
—¿De qué tienes miedo?
—Tengo miedo de que no quieras nada de mí. Que no necesites nada de mí.
Mi corazón se hundió.
—Oh Dios, Griff. No podrías estar más equivocado. Sí quiero algo de ti. —
Me acerqué y le puse la mano en el pecho—. Quiero esto. Quiero tu corazón.
—Pero no quieres quererlo.
Dios, había jodido todo esto. Había estado tan ocupada preocupándome por el
miedo que tenía de arriesgarme que nunca me detuve a pensar que quizás Griffin
también estaba nervioso por enamorarse. Había sufrido las consecuencias por
mujeres y amigos, y tenía sus propias dudas. Sin embargo, este hermoso hombre aun
así había dado un salto de fe conmigo: diciéndome que me amaba, reorganizando su
vida para adaptarse a la mía. Tenía un montón de dudas y temores, pero no dudaba
194 de sus intenciones o que quería estar conmigo. Y eso era porque Griffin no solo me
dijo que me amaba, sino que me lo había mostrado de muchas maneras.
Necesitaba hacer lo mismo: mostrarle que lo amaba. Respirando
profundamente, decidí que quería ser un tortolito.
—Vamos a hacerlo. Iré contigo en el viaje.
El rostro de Griffin se iluminó.
—¿Lo dices en serio?
Asentí.
—Estoy aterrorizada de lo que podría suceder; el pánico que podría
golpearme. Pero estoy más aterrorizada de dejarte salir mañana por la puerta sin al
menos intentar que funcione. Ya tienes mi corazón, Griff. Si te vas sin mí, lo
llevarás contigo, y estaré vacía por dentro.
Griffin me agarró y me dio un abrazo de oso. Habló con la cabeza enterrada
en mi cuello.
—Te amo, nena. Gracias. Te prometo que haré todo lo que esté a mi alcance
para asegurarme que no te arrepientas de tomar esta decisión.
Sabía que las palabras que decía eran ciertas. Simplemente no sabía si él
haciendo todo lo que estaba en su poder era suficiente para que funcione entre
nosotros.

Dejamos a Hortencia en la granja en la que normalmente se quedaba cuando


yo estaba fuera.
Griffin estaba empacando el SUV que había alquilado cuando me aventuré a
mi habitación y colé una llamada telefónica a Doc. Solo me quedaban unos minutos
antes de salir a la carretera. Como planeamos conducir en medio de la noche, era
tarde, pero le dije a Doc que esperara mi llamada.
Contestó al primer timbre.
—¿Ya te fuiste?
—Estamos a punto de partir. Quería comentártelo antes de subir al auto.
195 —Por supuesto. ¿Cómo te sientes?
Suspiré en el teléfono.
—Ansiosa.
—Es de esperarse…
—Después de nuestra conversación de ayer, sentí que me debía aprovechar la
oportunidad de este viaje, pero todavía me pregunto si estoy cometiendo un gran
error. Es mucho tiempo para estar lejos de casa, en varios lugares… muchas
oportunidades para el desastre… yo…
—Luca… —interrumpió—. ¿Cuál es la regla número uno de la que siempre
hablamos?
Tuve que pensarlo por un momento y luego respondí:
—Permanecer en el presente.
—Sí. Si te quedas en el momento presente y no vas a donde tu mente está
intentando llevarte, siempre estarás a salvo. Hay seguridad en el ahora. En este
momento, estás en tu habitación hablando conmigo. Y eso es todo lo que hay en
realidad. Tus preocupaciones provienen de experiencias pasadas y miedo al futuro.
Ni el pasado ni el futuro son reales. Solo existe el presente. Si te apegas a este
mantra, estarás bien en todo lo que hagas. Si tan solo puedes recordar una cosa en tu
viaje, recuerda permanecer presente. Escucha el sonido del auto en movimiento,
concéntrate en las gotas de lluvia, prueba la comida deliciosa que estoy seguro que
Griffin te dará de comer. Practica esas herramientas de conciencia plena.
—Está bien. Lo intentaré. Pero por favor espera algunas llamadas en caso de
que lo necesite.
—Siempre, querida. Y para que conste, estoy increíblemente orgulloso de ti
por dar este paso.
Griffin entró en la habitación y aplaudió fuertemente.
—¿Lista, Freddie?
Asentí.
—Está bien, Doc. Tengo que irme.
—Buena suerte, Luca. Si ves alguna grulla de arena en Michigan, por favor,
toma algunas fotos para mí.

196 Solo piensa en una cosa.


Me reí.
—De acuerdo. Entendido.
Después de colgar, miré a Griffin, quien parecía estar observándome
atentamente.
Inclinó la cabeza.
—¿Estás bien, nena?
Mi corazón estaba corriendo, y sentía mucho frío, lo que a menudo me pasaba
cuando estaba realmente nerviosa.
—Sí. Solo un poco de pánico de último minuto intentando colarse.
Envolvió sus manos alrededor de mi cintura y habló cerca de mi boca.
—Ah. Bueno, resulta que tengo la cura para el pánico de último minuto.
—¿Sí? ¿Qué será?
—He oído que sentarse en la cara de tu amante se encarga de eso.
Mi boca colgó abierta.
—Oh, en realidad…
—Sí. De hecho, se llama terapia CCSC.
—¿CCSC?
—Terapia Cognitivo Conductual Sentada en mi Cara.
Me eché a reír.
—Entonces, ¿cómo funciona esto exactamente?
—Bueno… comenzamos atacando tu forma de pensar al desafiar las
preguntas en tu mente causándote miedo. Al mismo tiempo, estás sentada en mi cara
mientras trabajo para llevarte al orgasmo. La comprensión final es que ninguna de
las otras mierdas importa, aparte de correrte en mi boca.
Me reí.
—Ah. Parece una terapia muy especializada. ¿Se necesita algún título para
administrarlo?
—Es autodidacta. De hecho, en realidad necesito algo de práctica. Y parece

197 que podría venirte muy bien algo de terapia CCSC ahora mismo. Así que… es un
ganar-ganar.
Mi ceño se levantó.
—Quieres que yo… ¿me siente en tu cara?
—El auto está listo. Vamos por delante de lo previsto. Sí, estoy pensando que
podría ser un buen uso del tiempo.
No podría discutir con eso. Tal vez un orgasmo me serviría para calmar mis
nervios. Pero ¿sentarme en su cara? No estaba segura si me sentía cómoda con eso.
Pudo sentir mi aprehensión.
—Te calmará. Lo prometo.
Griffin se recostó en la cama y se sacó la camisa. Las crestas de los músculos
en su pecho nunca dejaban de impresionarme. El tatuaje sobre su piel bronceada
acentuaba todo el paquete. Nunca necesitaba mucho para entrar en el estado de
ánimo con Griffin. De hecho, todo lo que tenía que hacer era mirarlo.
Su voz sonó áspera.
—Quédate justo donde estás. Desnúdate lentamente mientras yo miro.
Comienza con tu sujetador. Quiero ver tus tetas salir una por una.
Hice lo que dijo, quitándome la ropa pieza por pieza. Mis pezones se erizaron
cuando Griffin desabrochó sus pantalones y sacó su polla hinchada. Desde donde
estaba parada, podía ver que la punta ya estaba mojada. Lamí mis labios por la
necesidad de chuparlo. Él comenzó a bombear en sus manos a medida que me
observaba desnudarme hasta que estuve completamente desnuda. Me encantaba lo
excitado que estaba; me volvía loca.
—Juega con tu clítoris mientras me ves masturbarme.
Presioné dos dedos contra mi clítoris y comencé a frotarlo en círculos. A
medida que se pasaba la lengua por su boca, seguí pensando en cómo se sentiría
cuando me tocara. Me estaba humedeciendo cada vez más por segundos, y de hecho
tuve que evitar correrme. Verlo masturbarse, ver su gran mano moviéndose de arriba
hacia abajo por su grosor, me excitaba mucho. Esta era una primera vez para
nosotros. Era un giro inesperado pero bienvenido interponiéndose en mi estresante
noche.
Hizo un gesto con su dedo índice.
—Ven aquí.

198 Caminé, y luego me arrastré sobre la cama y me acerqué a él. Continuó


acariciándose mientras me posicionaba sobre su rostro. El calor de su boca entre mis
piernas en esta posición se sintió extraño, pero sorprendente. Su barba se sintió
punzante contra mi piel tierna. Nunca antes me había sentado en la cara de un
hombre.
Cualquier posible aprehensión quedó totalmente aplacada rápidamente una
vez que me perdí en lo increíble que se sentía. Había algo muy dominante al
respecto, y eso hizo que las sensaciones que me recorrían fueran mucho más
intensas.
Habló por debajo de mí.
—Dime qué es lo que te preocupa ahora, Luca…
Incapaz de formar palabras, simplemente gemí.
—Uhhhh…
Su misión alcanzó su objetivo, porque mi cerebro previamente hiperactivo se
había convertido en papilla.
No solo no podía recordar por qué me había estado preocupando, sino que
apenas podía recordar mi propio nombre.
Mi tierno clítoris estaba palpitando ferozmente a medida que él continuaba
lamiéndome y chupándome mientras lo agarraba de su cabeza y lo empujaba más
fuerte entre mis piernas.
—Móntame, nena. Me encanta devorarte así. Puedo sentir todo, probarlo
todo. Voy a correrme tan duro.
Su lengua estaba golpeando todas mis zonas erógenas. Ya no podía
soportarlo. Uno de los orgasmos más poderosos que jamás hubiera sentido atravesó
mi núcleo. Con una mano sobre su polla y otra alrededor de mi trasero, la
respiración de Griffin debajo de mí se volvió errática. Sabía que se corrió. El sonido
amortiguado de su propio placer vibró contra mi piel sensible.
Me lamió suavemente, moviendo su lengua en círculos lentos, a medida que
ambos nos recuperamos.
—Eso fue… asombroso. Nunca antes he hecho eso —dije sin aliento.
Me dio la vuelta, sujetándome debajo de él, su boca reluciendo por mi
excitación.
—Otra primera vez que consigo reclamar. Justo como me gusta.
199
L ogramos pasar la primera parte de nuestro viaje sin complicaciones.
El Airbnb que alquilé para nosotros en el Lower East Side de
Manhattan era tan privado como se esperaba. Así que no tuve reparos
en dejar a Luca sola mientras viajaba a Connecticut el sábado. La había llamado un
par de veces, y me dijo que estaba pasando un buen tiempo escribiendo.
Esa noche en el camino de regreso, no podía esperar para llegar a ella. Había

200
planeado toda la noche.
Pedimos algunas de las mejores pizzas de Nueva York (con piña encima, por
supuesto) abrimos una botella de vino y luego simplemente, Netflix y relajarse, toda
la noche. Mañana no tenía obligaciones. Tendríamos todo el día para descansar. Esa
era mi idea del cielo: un domingo tranquilo.
—Cariño, estoy en casa —anuncié al entrar en el edificio de piedra rojiza.
El lugar estaba en silencio. Hmm. ¿Quizás Luca estaba durmiendo?
Grité:
—¿Luca? ¡Volví!
Todavía nada.
Después de buscar a fondo por todo el primer nivel, pude ver que no se
encontraba en ningún lado.
—¿Luca?
Subí las escaleras para encontrar que no estaba en la cama. Mi corazón
comenzó a acelerarse un poco. No habría salido sola, ¿verdad?
—¿Luca? —repetí.
Fue entonces cuando escuché un sonido proveniente del baño que estaba
ubicado fuera de nuestra habitación.
Su voz sonó débil desde detrás de la puerta.
—¿Griffin? Griffin… ayúdame.
Corrí para abrirla solo para darme cuenta que estaba bloqueada. Está
encerrada dentro.
—Abre la puerta, Luca.
Estaba sollozando.
—No puedo. No abre.
¡Mierda!
—¿Qué quieres decir con que no abre? ¿No la cerraste tú misma?
—No. Está roto. Se cerró detrás de mí. No puedo salir. Lo he intentado todo.
No abre.
—¿Qué carajo? ¿Cómo pasó esto?
201 Sacudí el pomo de la puerta con todas mis fuerzas. No se movió. Tendría que
derribar la puerta. Pero sabía que el baño era pequeño y no quería lastimarla.
Piensa. Piensa. Piensa.
—Está bien. Esto es lo que vamos a hacer. Voy a necesitar que te pares en el
extremo más alejado de la bañera. Voy a derribar la puerta —dije, respirando
profundo.
No estaba respondiendo, pero podía escucharla sollozando.
—¿Estás conmigo, nena? —pregunté, apoyando mi cabeza contra la puerta.
—Sí… sí —dijo entre lágrimas.
—Bien… dime, cuando estés lista.
—Está bien. Estoy de pie al borde de la bañera —dijo, después de unos
segundos.
—A la cuenta de tres, voy a patear la puerta lo más fuerte que pueda. Quédate
atrás y cubre tu cabeza, en caso de que salga volando hacia ti. —No respondió—.
Luca… respóndeme.
—Te escucho —dijo finalmente, con voz temblorosa.
—De acuerdo. Aquí vamos. A la cuenta de tres. Uno… dos… tres. —¡Boom!
Pateé la puerta con todas mis fuerzas. Se abrió pero cayó de las bisagras. Ahora
estaba apoyada contra la bañera. Luca salió por detrás, afortunadamente sana y
salva.
Tuvimos suerte. El baño era tan pequeño que podría haberla herido
gravemente en el proceso de derribar la puerta. La única luz provenía del dormitorio.
Ahora sabía por qué estaba tan asustada. No había luz en el baño. Había estado
completamente oscuro mientras estaba encerrada dentro.
Luca estaba temblando cuando cayó en mis brazos. Luego rompió a llorar.
¿Cómo diablos sucedió esto?
—¿Cuánto tiempo estuviste allí, nena?
Sacudió la cabeza una y otra vez antes de hablar.
—No lo sé. Tal vez media hora. Perdí cualquier concepto de tiempo. Todo lo
que intenté hacer fue orinar. Cerré la puerta detrás de mí pensando que el interruptor
de la luz estaba dentro del baño, sin recordar que estaba afuera de la puerta. No
había luz. Intenté derribar la puerta, pero no fui lo suficientemente fuerte. No tenía
202 mi teléfono conmigo. Gracias a Dios que llegaste a casa cuando lo hiciste.
Envolví mis brazos alrededor de ella.
—Estás bien. Todo está bien. Estás a salvo. —Conduciéndola a la cama, la
acuné a medida que nos recostamos contra la cabecera—. Dios, pensé que no había
nada que pudiera salir mal en este lugar, que podría dejarte sin problemas. Nunca
imaginé que algo así sucedería. Nunca te habría dejado si lo hubiera sabido.
—No es tu culpa. Cualquier otra persona probablemente podría haberlo
manejado. No puedo manejar nada, Griffin, y mucho menos estar atrapada de
ninguna manera.
—No te culpes a ti misma. Cualquiera se asustaría al quedar atrapado en un
baño pequeño y oscuro sin ventanas, incluso si no tuviera un trastorno de pánico. No
tenías idea de cuándo volvería. Tu reacción es completamente comprensible.
Se secó una lágrima.
—Solo seguí rezando todo el tiempo, rezando para que vinieras a casa. Y al
final lo hiciste.
Después de que Luca se calmó un poco, terminé llamando al dueño de la
propiedad para decirle lo que pienso por tener una puerta que podría atrapar a
alguien en primer lugar. Era un gran peligro. Después de desquitarme con él, preparé
un baño para Luca y para mí en el otro baño y pedí comida para llevar.
Sosteniéndola en mis brazos a medida que veíamos una película esa noche,
prometí hacer lo que fuera necesario para que el resto del viaje fuera una experiencia
positiva para ella. Después de todo, ¿qué otra cosa podría salir mal esta noche?

Después de una parada en Detroit, el resto del viaje transcurrió sin incidentes
hasta que llegamos al último destino: Chicago. El plan original era quedarse en una
posada pequeña a las afueras de la ciudad. Pero entonces, el propietario llamó para
decir que se rompió una tubería y no podríamos quedarnos allí. Había llegado tarde
cuando recibimos esa noticia, y nadie me devolvió las llamadas para tomar un
Airbnb de último momento. De alguna manera, convencí a Luca para que se quedara
conmigo en la suite del ático en el rascacielos de un hotel. Me había alojado allí
varias veces en el pasado y sabía que ofrecía un ascensor privado para los huéspedes

203 del ático. Pensé que era la mejor opción para nosotros en la ciudad y ofrecía la
menor oportunidad de ser notado.
Este ático en particular era uno de los mejores en los que me he alojado. Con
vistas al centro de Chicago, el espacio de cuatro mil pies cuadrados presentaba vistas
panorámicas y muebles ornamentados. Era lujoso, hasta el punto en que me
preocupaba que tal vez pensara que estaba presumiendo. Pero afortunadamente,
Luca pareció ser capaz de relajarse un poco y de hecho disfrutó quedarse allí.
Iría a grabar el video musical durante el día, y Luca se quedaría en la suite y
escribiría junto a la ventana. Dijo que la vista de la ciudad le había dado mucha
inspiración para la historia urbana que estaba tramando. Se establecería en Chicago.
Me emocionó que estuviéramos terminando este viaje con una nota positiva.
Desafortunadamente, todo eso cambió en nuestra tercera noche. Luca y yo
estábamos profundamente dormidos cuando un fuerte ruido hizo que saliéramos
disparados de la cama. Me tomó unos segundos darme cuenta que era la alarma de
incendios.
¿Fuego?
No.
Por favor, no.
Cualquier cosa menos esto.
Esto estaba mal. Muy mal. Peor que cualquier cosa que pudiera haber
ocurrido.
Ella tenía los ojos medio cerrados.
—¿Qué está pasando?
—Es la alarma de incendios. Tenemos que irnos. Ponte tu ropa.
Luca se congeló. Era un idiota si pensaba que iba a poder vestirse
tranquilamente en un momento como este. Sabía que necesitaba ayudarla a encontrar
su ropa y vestirla yo mismo. Después de agarrar su larga camiseta que yacía en el
suelo, se la puse sobre su cabeza. Me puse mis jeans y una camiseta, y fui a buscar
sus chanclas y mis zapatos. Después que ambos estuviéramos vestidos, la agarré de
la mano y la llevé a la puerta. Sabía que no era seguro tomar el ascensor en caso de
que fuera un incendio real. Tendríamos que tomar las escaleras.
Desafortunadamente, el hueco de la escalera no era privado.
Su mano temblaba en la mía mientras bajábamos las primeras escaleras. Su
cuerpo estaba inerte a medida que me dejaba guiarla.
204 —Te tengo, nena. Te tengo.
Cuando enjambres de personas comenzaron a obstruir el hueco de la escalera,
supe que esto se estaba convirtiendo en una situación muy mala. Luca no estaba
diciendo nada. No tenía que hacerlo. Sabía que esta era su mayor pesadilla hecha
realidad. Y maldita sea, la había puesto en esta posición; le había fallado
nuevamente.
—Quédate conmigo, nena. Va a estar bien. Solo tenemos que bajar las
escaleras, y luego te alejaré de toda esta gente.
—¿Crees que es un incendio de verdad? —preguntó finalmente, pareciendo
aturdida.
—No lo sé. Probablemente no. Apuesto a que fueron unos niños tirando de la
alarma.
Su rostro se estaba poniendo blanco, y sus dientes castañeteaban.
—¿Y si es real?
—Entonces todavía estaremos bien. Solo sigue agarrándote a mí.
A medida que continuamos bajando por los múltiples tramos de escaleras
sinuosas que parecían interminables, seguí rezando para que pudiéramos salir ilesos
de aquí. Irónicamente, ni siquiera estaba preocupado por el fuego, sino por la
posibilidad de ser acosado sin seguridad presente. Nadie me había reconocido hasta
ahora en el hueco de la escalera, pero probablemente era solo cuestión de tiempo.
Habíamos llegado al piso veinticinco cuando alguien gritó:
—Oye, creo que ese es Cole Archer.
Apreté la mano de Luca más fuerte. Afortunadamente, nada más salió de ese
pequeño grito.
Nos tomó mucho tiempo para finalmente llegar al nivel del suelo. Cuando lo
hicimos, fuimos recibidos por una multitud de personas. No había señales de ningún
incendio real. Pero el verdadero espectáculo de mierda, atravesar este abarrotado
vestíbulo hasta la puerta, estaba a punto de comenzar.
Apenas pudimos abrirnos paso entre la multitud como era, sin que nadie
todavía me hubiera reconocido. Y entonces, sucedió lo inevitable. Un grupo de
chicas finalmente me vio en la multitud.

205 —¡Cole!
—¡Es Cole Archer!
—Oh, Dios mío. Oh, Dios mío. Oh, Dios mío.
El reconocimiento se extendió como un incendio forestal.
De repente sentí que la gente me tocaba, nos tocaba, manos, chillidos, caos.
Todo engranando entre sí, y se estaba acercando a Luca y a mí. Pero no podía
concentrarme en nada de eso, no podía permitirme mirar a nadie o responder. Nada
me inquietaba; ni las personas agarrándome la ropa o gritando mi nombre, ni la
cámara parpadeando en nuestros rostros. Lo único que me importaba era sacar a
Luca de una puta vez de aquí, mis ojos enfocados en las puertas giratorias en la
distancia.
Mi agarre se apretó en su mano. Cuando la miré, tenía lágrimas en los ojos.
También estaban llenos de terror. Se me pasó por la cabeza que mi presencia en este
hotel podría haberse filtrado de alguna manera, haciendo que alguien disparara la
alarma de incendio. Cosas más locas habían sucedido. Sin embargo, ahora no
importaba la causa. Todo lo que importaba era llegar a la seguridad de la acera.
Cuando finalmente pasamos la multitud y el aire frío de la noche nos golpeó,
atraje a Luca en mi dirección y simplemente hui. Todavía tomados de la mano,
corrimos lo más rápido que pudimos desde el hotel. Solo necesitaba alejarme de
todo para poder pensar con claridad.
Unas tres cuadras más adelante, finalmente llegamos a un punto donde no
había nadie más a la vista. Luca seguía temblando cuando la llevé a un callejón y la
apoyé contra la pared de un edificio de ladrillos. Acuné su rostro en mis manos,
llevando su frente a mis labios.
—Está bien, nena. Estamos bien. Todo está bien. Vas a estar muy bien. Mi
chica es muy valiente. Te amo tanto —dije, susurrando.
Pero todo no estaba realmente “bien”. Ella no decía nada, y sabía que todavía
estaba en estado de shock. Solo siguió llorando, temblando.
Lo único en lo que podía pensar era en que ella había confiado en mí, y la
había jodido soberanamente. Le había pedido que saliera de su zona de confort. Debí
haber sabido que llevarla a un hotel comercial era una mala idea. Pensé que, con la
seguridad del ático y el ascensor privado, podríamos correr el riesgo. Pero no había
tenido en cuenta la posibilidad de una situación urgente. Y en un caso de
emergencia, todas las apuestas estaban echadas. La puse en lo que probablemente
era uno de los escenarios más aterradores imaginables, uno que imitaba el evento
206 que la había traumatizado. Solo esperaba no haber causado ningún daño irreversible
a su recuperación.
—Lo siento mucho, Luca. Maldita sea, lo siento mucho.
En mi corazón, sabía que esta situación era muy mala. Este viaje había sido
para demostrarle que podíamos hacer que esto funcione. Había demostrado todo lo
contrario, que apenas podía llevarla a ningún lado sin que suceda algo malo. No
quería perder a la mujer que amaba, pero ¿a qué precio? ¿Hacer su vida miserable
para que yo pueda tenerla egoístamente a mi lado? Cole Archer jamás podría ser
borrado. Jamás podría tener una vida normal. Jamás sería capaz de ocultar o
mantener a Luca cien por ciento a salvo. Estaba tan cegado por mis sentimientos
hacia esta mujer que me engañé al creer que sería más fácil de lo que es. Quería
creer eso. No es para nada fácil. Es jodidamente difícil. Mientras seguía temblando
en mis brazos, la cruda realidad de la situación de hecho estaba empezando a
golpearme, la verdad que no quería aceptar: que tal vez no podríamos hacerlo.
—¿Q ué puedo hacer? Necesito hacer algo. —Me tiré del
cabello a medida que paseaba de un lado a otro y hablaba
por teléfono con Doc. Luca estaba fuera de combate en la
habitación, gracias a una dosis saludable de Xanax que me recetó el Doc cuando lo
llamé por primera vez hace unas horas. Pero había estado en contra incluso de tomar
una píldora; no iba a lograr que tomara más… lo que significaba que tenía que
descubrir cómo arreglar lo que había jodido. Rápido.
207 —Me temo que estás haciendo todo lo que puedes, Griffin. Le estás
brindando apoyo emocional y un ambiente seguro. Se calmará. Solo va a tomar algo
de tiempo.
—¿Cuánto tiempo?
Doc suspiró.
—Tampoco puedo decirte eso, Griffin. El miedo de Luca a estar atrapada
proviene de una situación que no pudo controlar. En los últimos años, hemos
trabajado en ella creyendo que siempre tiene el control, ya sea para salir de un
edificio o simplemente salir de un auto, pero ahora mismo está sintiendo que no
tiene control sobre la situación que ocurrió, y le tomará algún tiempo poder ver que
en realidad lo tuvo. Te permitió tomar la iniciativa y salió del edificio; que le dio
permiso a otra persona para ayudarla cuando más lo necesitó. Sin embargo, conozco
a nuestra Luca, y estoy seguro que ella no lo ve así, al menos no en este momento.
Se debe estar sintiendo como si estuviera indefensa. Y a su debido tiempo, podemos
trabajar para que ella vea que a veces permitir que alguien ayude es la mejor
decisión y eso no significa que hayas fallado. De hecho, todo lo contrario. Permitir
que alguien más tenga control sobre ti es una forma de ejercer control en sí mismo.
Entreabrí la puerta de la habitación para ver a Luca mientras hablaba con
Doc. Todavía estaba fuera de combate. La había llevado a la casa de un amigo. Un
amigo con el que compartí una discográfica y vivía en las afueras de Chicago. Luca
y yo solo habíamos estado durmiendo una hora cuando sonó la alarma de incendios,
de modo que ambos necesitábamos descansar un rato, y sabía que llevarla a otro
hotel estaba fuera de discusión. Afortunadamente, Travis había contestado su
teléfono cuando llamé a las 3:00 a.m., y tuvo la amabilidad suficiente de dejarme
quedarme en su casa. De todos modos, estaba camino a un concierto, así que
teníamos el lugar para nosotros solos después de una parada rápida para despertar a
su ama de llaves y pedirle prestada sus llaves.
—No estoy seguro de qué hacer, Doc. Quiere irse a casa. Odio llevarla, pero
antes de comenzar este viaje, le prometí que lo tomaríamos un día a la vez y si no
estaba feliz, la llevaría de regreso a casa.
—Creo que eso probablemente es lo más sabio. Luca se sentirá mejor en su
propio entorno. Después de un evento como el que acaba de pasar, es de suma
importancia sentirse de nuevo en control de su entorno. Y su hogar es donde se
siente más segura. Iré tan pronto como se instale, y volveremos al ruedo. Esto es un
revés, no el final del camino para la recuperación de Luca, Griffin.
No sé qué esperaba que dijera el buen doctor: llevarla a su casa obviamente

208 era lo correcto. Pero escucharlo confirmar que ni siquiera debía intentar convencerla
de que se quede hizo que mi corazón se hunda.
—De acuerdo. Sí. Gracias, Doc.
Debe haber escuchado en mi voz lo desinflado que me sentía.
—Ella es fuerte, hijo. Luca regresará de esto. Tienes que tener fe.
Lo más importante era que Luca estaría bien. Cualquier cosa que saliera de
nuestra relación por supuesto quedaba en un segundo plano respecto a su salud
mental y física. Aunque la parte egoísta de mí no podía evitar preocuparse; Luca
podría regresar de esto, ¿pero nosotros lo haríamos?

Ya llevamos trece horas en la carretera y nos quedaban unas dos horas hasta
llegar a Vermont.
Luca había estado callada todo el viaje. A pesar de su preferencia de conducir
solo por la noche para evitar el tráfico, también viajamos durante algunas horas del
día para llegar a casa más rápido. Ahora estaba más tranquila, casi demasiado
tranquila.
Si bien me respondía si le hacía una pregunta directa, estaba claro que en
realidad no tenía ganas de hablar. La mayoría de las veces, solo miraba por la
ventana, perdida en sus pensamientos. No había intentado discutir lo que sucedería
cuando llegáramos a Vermont, principalmente porque tenía miedo de lo que pudiera
decir. Pero con dos horas restantes, necesitaba al menos hacerle saber los planes que
había podido hacer.
Me estiré y tomé su mano en la mía. Llevándola a mis labios, besé sus
nudillos.
—La productora me dio hasta el lunes para regresar y terminar la sesión de
video. Así que reservé un vuelo de regreso para mañana por la noche.
—Oh. Está bien. —Frunció el ceño—. Lamento que hayas tenido que
posponer todo. Estoy segura que la banda no está contenta con el retraso.
—No es gran cosa. En absoluto. Una vez tuvimos que posponer una sesión de
fotos de la portada del álbum porque Styx, nuestro baterista, se quedó con la lengua

209 pegada al coño de una stripper.


Me miró de reojo y sacudió la cabeza, saliendo de su niebla aparentemente.
—¿Acabas de decir que se quedó con la lengua pegada a un…?
Asentí.
—Coño. Su vagina.
Luca parecía justamente confundida.
—El tonto tiene un piercing en la lengua. Le estaba haciendo sexo oral a una
stripper que tenía un piercing en el clítoris, y de alguna manera terminaron
atascados, y no pudieron separarlos. No apareció para la sesión y no contestaba su
teléfono. Así que fui a su casa y golpeé la puerta. Supuse que se había embriagado la
noche anterior y se había quedado dormido. Como aún no respondía, conseguí que
el encargado del edificio me dejara entrar y encontré su cabeza entre sus piernas,
habían estado atascados de esa manera durante cuatro horas. Cada vez que
intentaban moverse, le dolía a uno de ellos, de modo simplemente se acostaron en la
cama con la cara de él plantada entre sus piernas y esperaron a que su compañero de
cuarto vuelva a casa.
—Tuviste que… ¿desengancharlos?
—Mierda, no. Hice lo que cualquier buen amigo haría. En primer lugar, llamé
por FaceTime a los chicos para mostrarles la mierda con la que acababa de toparme,
y luego llamé al 911 y tomé algunas fotos mientras los dos pobres paramédicos que
aparecieron descubrían la manera de sacar el aro de la lengua del idiota sin castrar a
la mujer. De todos modos, nos perdimos esa sesión de fotos, y un montón de otras
mierdas por las ridículas estupideces de mis compañeros. A nadie le importará un
carajo si necesito unos días personales.
Luca suspiró. Mi estúpida historia pareció al menos desviar su atención de la
ventana.
—Gracias por no presionarme para intentar quedarme.
Asentí.
—Te dije que lo tomaríamos un día a la vez y que te llevaría a casa si no
estabas cómoda en algún momento. Cuando te digo algo, quiero que puedas contar
con eso. Pero espero que sepas que habría hecho cualquier cosa para que te quedes.
—Lo sé, Griffin. Y te lo agradezco. En serio lo hago. —Se volvió y miró por
la ventana otra vez—. He estado pensando. Al principio, cuando comencé a trabajar

210 con Doc, tenía fotos de Isabella y yo en cada habitación de mi casa. Lo primero que
veía cada mañana cuando abría los ojos era la que tenía en mi habitación. Doc me
convenció a guardarlas por unos días. Pensó que, si dejaba de obligarme a mirar lo
que había perdido, podría hacer un poco más fácil seguir adelante. No había querido
hacer eso, porque quería mucho a Isabella, no en tiempo pasado: quiero mucho a
Isabella, pero al final me obligó a hacerlo.
No estaba seguro de a dónde iba, pero al menos estaba feliz de que estuviera
hablando.
—De acuerdo.
—¿Sabes lo que pasó cuando las guardé?
—¿Dejaste de pensar en lo que habías perdido?
Ella asintió y se volvió para mirarme. Tenía los ojos vidriosos y estaba al
borde de las lágrimas.
—Sí, así fue. Y siento mucha culpa por no volver a sacarlas nunca más. Pero
Doc tenía razón; necesitaba hacerlo para seguir adelante. No significa que ya no la
quiera. Simplemente, hay momentos en la vida en que el amor no es suficiente, y ser
fuerte significa poder ver eso y tomar una decisión que duele.
Maldita sea, sin duda alguna no me estaba gustando a donde se dirigía ahora
esta historia.
—Luca…
Levantó la mano y me impidió hablar.
—Eres un ser humano hermoso, Griffin, y siempre apreciaré este tiempo que
hemos pasado juntos.
Mi corazón comenzó a acelerarse. Esto no estaba pasando. Y esta
conversación no era la que quería tener mientras conducía a ciento diez kilómetros
por hora en la autopista. Necesitaba parar. Estaba a punto de pasar una salida, y
corté tres carriles abruptamente para bajar al último segundo. Luca se agarró a su
puerta y comenzó a asustarse.
—Calma, amor. No estamos teniendo un accidente. Todo está bien. Solo
necesitaba salir de la autopista para que podamos hablar. —Afortunadamente, la
rampa de salida tenía una entrada a algún tipo de almacén de la ciudad. Me detuve
en un estacionamiento con una docena de camiones amarillos estacionados
equipados con mecanismos de arados y un edificio gigante de almacenamiento de

211 sal. Por lo demás, el lugar estaba desierto, así que tomé el primer lugar vacío y
apagué el motor y comencé a salir del auto.
—¿Qué estás haciendo? —dijo Luca.
—Estoy tomando un descanso para que podamos hablar cara a cara.
Antes de que pudiera objetar, caminé hacia el lado del pasajero del auto y abrí
su puerta. Extendiendo una mano, la ayudé a salir y le dije que estirara las piernas
por un minuto. Cuando terminó, nos conduje hasta la parte trasera del vehículo junto
al maletero y la alcé de modo que estuviéramos cara a cara.
—Muy bien. Ahora hablemos.
Luca se miró las manos.
—Yo… estás en un gran lugar en tu vida y…
La detuve.
—Mírame, Luca. Si estás a punto de decir lo que creo que estás a punto de
decir, quiero que al menos me mires a los ojos mientras hablas.
Tragó con fuerza, respiró hondo y levantó los ojos para encontrarse con los
míos con un asentimiento.
—Somos tan diferentes, Griff. Eres un orificio redondo, y yo una llave
cuadrada. No encajamos.
Empecé a enojarme. Se estaba sintiendo vulnerable y asustada; eso lo
entendía. Pero no me importaba. Tenía que luchar más duro por nosotros.
—Solo dilo, Luca.
Volvió a bajar la vista. Esta vez por un minuto entero antes de volver a
mirarme. Una lágrima gorda rodó por su mejilla.
—A veces, cuando el amor no es suficiente para hacer las cosas bien,
tenemos que dejarlo ir.
Miré de un lado a otro entre sus ojos.
—¿Terminaste?
Pareció confundida pero asintió.
—Bien. Entonces es mi turno de hablar.
—De acuerdo…

212 —Solo tengo una cosa que decir, pero quiero asegurarme que la escuches
fuerte y clara, Luca.
Ella me miró y esperó.
Me acerqué para que así nuestras narices se tocaran y le hablé directamente a
los ojos con una sola palabra severa.
—No.
Al parecer pensó que tenía más para agregar. Pero no lo hice. Después de
treinta segundos de silencio, arrugó la nariz.
—¿No?
—Así es. No.
—Pero no entiendo…
—¿Qué parte de la palabra “no” no entiendes?
—¿A qué le dices que no?
—A todo. Me estás dejando. Estás pensando que estoy mejor sin ti. Estás
pensando que puedes alejarte de lo que tenemos y voy a permitirlo. La respuesta es
simplemente no. Un gran y jodido no gigante.
Todavía parecía confundida cuando pensé que había sido cristalino.
—Pero…
—Pero nada, Luca.
—Griffin…
Me alejé para calmarme, dejándola sentada en el auto por unos minutos.
Cuando regresé, extendí mi mano.
—¿Ya estás lista para irnos? —Arrugó la nariz una vez más. Respiré hondo y
la levanté del auto, plantando sus pies en el suelo. Luego me incliné y besé sus
labios—. Cuando estés lista para discutir cómo vamos a hacer que las cosas
funcionen, estaré listo para tener esa conversación. Pero ya terminé con esta, y
quiero irme a casa. Estoy cansado y solo quiero irme a casa. —Comencé a caminar
de regreso a mi lado del auto y luego me di cuenta que podría haberle dado un
mensaje mezclado con mi última oración. Así que avancé de regreso a donde ella
todavía estaba parada en la parte trasera del auto y aclaré esa mierda—. Y para que
no haya confusión, cuando digo “casa” no me refiero a mi casa en California.
Porque ahí ya no es ahí donde está mi hogar, Luca. Mi hogar está donde sea que tú

213 estés.

La casa estaba muy tranquila. Podía escuchar las respiraciones de Luca, pero
no estaba seguro si estaba durmiendo o no. Después de que llegamos a Vermont, se
había ocupado de tareas mundanas: revisar el correo, recoger a Hortencia, botar algo
de la comida vencida del refrigerador; cualquier cosa para evitar tener una
conversación significativa. Los dos estábamos aniquilados por el viaje a casa, así
que pedimos algo de cenar y nos acostamos bastante temprano. Era claro por el
lenguaje corporal de Luca que el sexo no estaba en el menú de esta noche. No es que
quisiera estimulación, pero pensé que tal vez si nos perdíamos en lo físico, podría
ayudarla a recordar la conexión que compartíamos. Pero se había acostado con una
sudadera y pantalones de chándal enormes y me daba la espalda.
Había pasado la última hora mirando el techo en la oscuridad, intentando
averiguar qué demonios hacer.
Sabía que jamás podría dormir con tanto en mi mente, así que decidí sacar de
mi pecho lo que necesitaba decir; ya sea que me escuchara o no.
—No sé si estás despierta, pero necesito decir algunas cosas.
Luca no se movió, y no escuché ningún cambio en su patrón de respiración,
así que supuse que en realidad se había quedado dormida. No dejé que eso me
detenga.
—Todos tenemos luz y oscuridad dentro de nosotros, amor. Intentamos
ocultar la oscuridad a los demás porque tememos que los asuste. Pero tu oscuridad
no me asusta, Luca. Solo me dan ganas de tomar tu mano y ser tu luz hasta que
puedas encontrar la tuya nuevamente. Eso es lo que hace la gente cuando está
enamorada. No siempre podré devolverte la luz, porque a veces necesitas
encontrarla dentro de ti, pero estaré a tu lado y sostendré tu mano en la oscuridad
para que así las cosas no den tanto miedo.
Luca respiró hondo entrecortadamente y aun así no estaba seguro que
estuviera despierta. Hasta que llegó el siguiente sonido: un sollozo crudo, agonizante
y doloroso que sonó como si lo hubieran arrancado de su cuerpo brutalmente. Fue
horrible. Sollozó, con largos gimoteos guturales y tristes que hicieron que mis
propias lágrimas comenzaran a fluir. Tanta angustia escapó de ella que, supe en lo
profundo de mi corazón que este sollozo no era solo por lo que había sucedido ayer.

214 Se sintió como años de tristeza acumulada, soledad y dolor que habían encontrado la
manera de salir desde un largo túnel después de años de estar atrapados en la
oscuridad.
Envolví mis brazos alrededor de ella y la agarré con fuerza, ambos llorando
por mucho tiempo. Con el tiempo, cuando cada sollozo doloroso hubo atravesado su
cuerpo, comenzó a calmarse.
—El concierto fue idea mía —se atragantó.
Oh, Dios. Sentí como si alguien hubiera metido la mano en el interior de mi
pecho, arrancó mi corazón todavía latiendo y lo apretó en un puño enojado.
—Pudo haber sido tu idea, pero lo que sucedió no fue tu culpa. Millones de
adolescentes van a conciertos todos los fines de semana, Luca.
—Siempre tenía una sonrisa en su rostro.
Apreté mi agarre a su alrededor.
—Estoy seguro que era increíble.
—Yo… la extraño tanto.
—Lo sé, cariño.
—La amaba.
—Amas con todo tu corazón. Sé que lo hiciste.
—No pude encontrarla. —Su voz se quebró y tembló—. La multitud.
Simplemente me empujó hacia la puerta, e intenté mirar alrededor, pero todo lo que
podía ver era gente en todas partes.
Había asistido a suficientes conciertos para imaginar cómo actuaría una horda
de adolescentes aterrorizados durante una evacuación de emergencia. Caos masivo
con todos empujando y tirando. Si no hubiera entendido ya la base de los temores de
Luca, la imagen de su pequeño cuerpo siendo empujado a través de una multitud
mientras intentaba buscar a su amiga frenéticamente de hecho explicaría su
sensación de no tener control. Cerré los ojos. Básicamente, le había hecho lo mismo:
sacarla del hotel, bajar las escaleras y atravesar la multitud.
—Shh… ahora estás a salvo. Los dos estamos a salvo, cariño.
Al final, el llanto de Luca la agotó tanto que lloró literalmente hasta quedarse
dormida. Un minuto había estado gimiendo con una respiración dolorosa, y luego al
siguiente soltó un ronquido. Me quedé despierto hasta que el sol se alzó,

215 sosteniéndola con fuerza y escuchando cualquier cambio en su respiración.


Las visiones de la noche que describió seguían reproduciéndose una y otra
vez en mi cabeza, y estaba tan enojado conmigo mismo por no haber estado con
ella… aunque sabía lógicamente que eso no tenía sentido. Solo éramos niños y
habíamos vivido a un océano aparte. Aun así, eso no hizo que lo que sentía fuera
menos real.
De alguna manera me quedé dormido finalmente, y cuando desperté a
primera hora de la tarde, lo primero que hice fue buscar a mi chica. Una sensación
de pánico me golpeó, encontrando nada más que una cama fría donde ella había
estado durmiendo. Y una nota.

Vuelvo más tarde. Vacié tu maleta e hice la colada para que así puedas
empacar para tu vuelo.
Luca.

Al menos había dejado de lado lo que realmente había estado pensando: No


dejes que la puerta te golpee en el trasero cuando salgas.
—S
implemente no veo cómo podría funcionar. Una relación
de larga distancia es bastante difícil, pero una que
básicamente involucra a Griffin viniendo a visitarme en mi
pequeña burbuja protegida cada vez que tenga tiempo libre siendo una estrella de
rock no es realista.
—¿Qué tiene que decir Griffin sobre todo esto?

216 Doc y yo habíamos estado caminando durante al menos dos horas. Cuando
llegó esta mañana sin binoculares, supe que hoy iba a ser una sesión larga y difícil.
Habíamos hablado durante más de una hora y media sobre lo que había sucedido en
el hotel y cómo reaccioné y me sentí. Esa conversación condujo a lo que estaba
pasando con Griffin y conmigo, y ahora pasábamos al tema que me daba dolores
físicos en el pecho. Despedirme más tarde de Griffin.
—No entiende cómo estar con alguien como yo lo hundirá. Ha trabajado muy
duro para llegar a donde está, y no puedo atar una soga alrededor de su cuello. Su
corazón está en el lugar correcto; sin duda tiene buenas intenciones, pero merece
mucho más. Debería estar con una mujer que se pare al costado del escenario
mientras toca en estadios con entradas agotadas y va a bailes de caridad con él.
—Griffin no parece el tipo de hombre que va a bailes de caridad. Parece más
de los que escriben cheques y hacen donaciones anónimas a algo que es importante
para él y luego regresa a casa para relajarse.
El uso que hizo Doc de la palabra relajarse me hizo sonreír.
—Sabes a lo que me refiero. No es el evento lo importante; es él siendo capaz
de compartir todos sus éxitos con una verdadera compañera. ¿Y si ganara un premio
Grammy? Jamás podría ir a un evento como ese.
—¿Y crees que la única forma en que puedes compartir ese éxito es estando
junto a él físicamente? ¿No puede una persona estar junto a alguien en sentido
figurado? ¿Apoyarlo? ¿Qué pasa con una mujer que elige quedarse en casa y criar a
los niños mientras el hombre se va a trabajar todos los días? ¿No está ella apoyando
a su hombre?
—No es lo mismo.
Doc negó con la cabeza.
—Explícame cómo es diferente.
—Bueno, esas son elecciones que una pareja toma junta. Tienen un gran
grupo de responsabilidades, y las están dividiendo: una persona haciendo el trabajo
de criar a los hijos y la otra apoyando económicamente a la familia. Pero en mi
caso… nadie puede elegir porque estoy absolutamente jodida.
Doc dejó de caminar y esperó hasta que me di la vuelta y le presté toda mi
atención.
—Te equivocas, Luca. Alguien está tomando una decisión sobre esta relación
y cómo funcionará: y esa eres tú. No le estás dando a Griffin ninguna elección en
217 absoluto.

Doc me había dejado con mucho en qué pensar. No era que no entendiera lo
que estaba intentando transmitir; simplemente no estaba segura de creerlo, de que
Griffin supiera lo que era correcto para él, de que fuera capaz de manejarse con mis
inconvenientes para siempre. Podría estar dispuesto a adaptarse a mis limitaciones
ahora, mientras las cosas todavía fueran frescas y emocionantes entre nosotros, pero
estar con alguien que en realidad no podía respaldarlo se tornaría agotador muy
rápido. Quería que las cosas funcionen con él más de lo que quería respirar.
Simplemente no creía que la realidad de nuestras vidas lo permitiría. Perderlo más
adelante podría ser más difícil que dejarlo ir ahora. Pero la idea de dejarlo ir
realmente era dolorosa. Todavía estaba tan confundida, de eso estaba segura.
Griffin estaba sentado a los pies de mi cama con las manos en las sienes
cuando regresé a casa. Su cabello era un desastre. Parecía que había estado pasando
sus dedos con frustración. No me vio en la puerta. Observarlo así, ver lo frustrado
que se veía, en realidad me hizo ver cuán grave era esta situación: lo que le había
hecho. Estaba haciendo todo lo que estaba en su poder para hacer las cosas bien para
mí. Pero no debería ser tan difícil. No era justo para él tener que caminar
constantemente con cuidado solo para hacerme sentir segura y feliz. Me preocupaba
tanto por él y, sinceramente, me preguntaba si eso significaba que tenía que dejarlo
ir.
La maleta estaba en posición vertical. Todo estaba empacado. Mi necesidad
de hablar con Doc me había costado horas valiosas con Griffin. Ahora ya casi era
hora de que se fuera para tomar su vuelo de regreso a Chicago. Mientras estaba allí,
terminaría la sesión de vídeo que tuvo que abandonar abruptamente por mi culpa.
Después volaría de regreso a Los Ángeles antes de irse con sus compañeros de
banda para la gira. Pasaría bastante tiempo antes de que volviera a ver a Griffin… si
es que alguna vez lo veía. Mi estómago estaba en nudos.
Terminó devolviendo el auto rentado e insistió en llamar a un Uber en lugar
de que lo llevara al aeropuerto. Odiaba el hecho de estar aliviada por eso, ya que
navegar por el aeropuerto siempre me estresaba. Siempre estaba tan congestionado.
Una persona “normal” habría insistido en llevarlo.
Cuando Griffin se dio cuenta que estaba allí, permaneció en silencio. La

218 expresión de melancolía en su rostro era evidente. Simplemente no podía estar


segura si era decepción por la forma en que resultó nuestro viaje o el hecho de que
tuviera que irse. Por mucho que hubiera arruinado las cosas, solo quería que se
quede… para siempre. Quería acurrucarme con él en el sofá esta noche, pedir una
pizza de piña y dormirme en sus brazos. No estaba lista para compartirlo otra vez
con el mundo.
—Lamento que tengas que irte cuando las cosas están tan en el aire entre
nosotros —dije finalmente.
Se levantó de la cama y caminó hacia mí.
Sus ojos parecían cansados cuando dijo:
—Desde mi punto de vista nada está en el aire. Aún tengo muchas ganas de
luchar en mí, Luca. Si quieres que lo sea, estoy aquí a largo plazo. Pero al final,
independientemente de lo que haya dicho sobre no permitirte dejarme, no puedo
obligarte a hacer nada. Eso es lo único que no puedo hacer. —Me limpió una
lágrima de la mejilla—. Nunca será perfecto. Nunca dejará de dar miedo. Así que, si
estás esperando que esto no se sienta aterrador, nunca lo hará. Habrá tiempos
difíciles. Pero también habrá otros increíbles. Tienes que decidir si las dificultades
valen la pena. Al final, todo se reducirá a una cosa: si el amor es suficiente.
—Pero sí te amo mucho —solté entre lágrimas.
—Sé que lo haces. —Griffin besó la parte superior de mi cabeza y repitió—:
Sé que lo haces.
El sonido de la bocina de un auto resonó.
Cerró los ojos.
—Mierda. Ese es mi taxi.
Agarré su camisa.
—Maldición. Aún no.
—Debí saber que el maldito Uber llegaría a tiempo.
Griffin me atrajo hacia él y me apretó con fuerza. Sentí el peso de mil
palabras en ese abrazo.
—Por favor, llámame cuando aterrices —le dije.
—Lo haré.
Finalmente plantó un beso largo en mis labios antes de salir de mis brazos.

219 —No me gustan las despedidas largas. Apestan. Así que solo voy a irme.
—A mí tampoco. Las odio.
Rodando su maleta, comenzó a caminar hacia la puerta cuando se detuvo y se
dio la vuelta para mirarme.
—En caso de que no estuviera claro, el amor es suficiente para mí, Luca. Pero
tienes que dejarme amarte.

Los días después de que Griffin se fue se sintieron extraños por decir lo
menos. Mi vida parecía más vacía que nunca. Tenerlo conmigo durante ese largo
período de tiempo me había hecho darme cuenta de lo sola que en realidad había
estado durante tanto tiempo. Se había sentido tan bien tenerlo cerca, sentirse tan
protegida.
Al final fui a la tienda de comestibles para mi primer viaje de compras
durante la noche desde que Griffin me había acompañado. Este lugar ahora me
recordaba a él. Mientras examinaba los pasillos, recordé las cosas de las que
hablamos la única vez que estuvimos aquí juntos o recordé los artículos que él había
arrojado al carrito cuando los vi en los estantes.
Melones: Griffin.
Cereales con frutas: Griffin.
Doritos: Griffin.
Soñando despierta, me apoyé contra el carrito y lo empujé lentamente, casi
tropezando con un frasco roto de salsa de tomate a mis pies en el pasillo once.
Me llevó más tiempo de lo habitual en recorrer todo el mercado. Pero al final
llegué a la caja registradora.
Doris sonrió cuando me vio.
—Bueno, bueno, bueno. He estado esperando verte. ¡Alguien tiene muchas
explicaciones que dar!
Me estremecí, sin querer entrar en detalles de Griffin en este momento.
—Hola, Doris —dije, comenzando a descargar mi carrito.

220 —Cuánto tiempo sin verte. —Comenzó a escanear mis artículos a medida
que sacudía la cabeza—. Tú y Cole Archer. Todavía no puedo entenderlo.
—Créeme, ni siquiera yo lo he terminado de entender.
—¿Todavía se está quedando contigo? ¿Dónde está? —preguntó ella con los
ojos muy abiertos.
—De hecho, está de gira. Una docena de ciudades en los Estados Unidos.
—¿Cuándo lo volverás a ver?
—No estoy segura —respondí con sinceridad.
—Quiero que sepas que no le dije a absolutamente nadie que él estaba en
Vermont. No quería causarte problemas.
—Gracias. Lo aprecio.
—Mi sobrina se habría puesto histérica si lo supiera. No me arriesgué, porque
tiene una gran bocaza. Algún día se lo diré. —Soltó una risita—. Va a matarme.
Asentí en silencio.
Captó mi vibra preocupada.
—¿Está todo bien con ustedes dos?
¿Debería ser honesta con ella? Demonios, había tan pocas personas con las
que incluso hablaba regularmente. Doc y Doris eran más o menos eso. Decidí
abrirme un poco.
—No estoy segura si va a funcionar. Ya sabes de… mis dificultades…
Bueno, sucedieron algunas cosas mientras me fui con él de viaje, y digamos que…
en realidad solo nos hizo comprender lo difícil que sería hacerlo funcionar.
Ella dejó de escanear.
—Espera un segundo… no estás considerando romper con él, ¿verdad? —
Cuando no dije nada, llegó a su propia conclusión—. Luca… ese chico te ama. Te
ama. No puedes hacerme esto a mí.
¿A ella? ¿La estaba escuchando correctamente?
—¿A ti?
—Sí. No he podido dejar de pensar en el discurso que pronunció la noche que
estuvo aquí contigo. Me dio la esperanza de que los sueños realmente pueden

221 hacerse realidad, cosas más allá de nuestra imaginación más salvaje. Quiero decir,
¿cómo nuestra resguardada Luca viviendo en el quinto pino en Vermont termina con
una superestrella? ¿Y resulta ser su amigo por correspondencia de la infancia? De
eso están hechos los cuentos de hadas, Luca. Y es tu vida. ¡Tu jodida vida! Por
favor, no arruines esto por miedo. Nunca más podrás recuperarlo. Y es… mágico.
Magia pura.
Mágico. Eso era exactamente lo que necesitaba en este momento. Deseaba
tener una varita mágica para borrar todos mis miedos.
Doris tenía estrellas en sus ojos. No quería reventar su burbuja aún más. Al
mismo tiempo, no podía tomar en serio su consejo. Estaba demasiado deslumbrada y
cegada en su asombro por toda la situación.
—Aprecio el consejo, Doris. Prometo tenerlo en cuenta.
—Voy a estar presionándote. No dejes que ese chico vaya y haga hermosos
bebés con otra persona.
Ese comentario realmente me golpeó donde más dolía. Me perturbó por
múltiples razones. La idea de Griffin con alguien más, y mucho menos “haciendo
bebés” con esa persona, era una píldora difícil de tragar. Pero esa sería la realidad si
decidía dejarlo ir. Tendría que verlo todo en los medios, y eso me mataría. La otra
cosa era… ¿qué clase de madre sería si no pudiera llevar a mi hijo a todos los
lugares a los que quisiera ir? ¿Y si mi hijo quería ir a Disney o asistir a algún evento
celebrado en un estadio? No podría llevarlo. Sacudí la cabeza para librarme de los
pensamientos.
A medida que ayudaba a Doris a empacar mis compras, mi estado de ánimo
aligeró, y me tomé un momento para reflexionar en la declaración de amor de
Griffin que había tenido lugar aquí mismo en esta misma caja. Tenía que ser
fácilmente la cosa más romántica alguna vez vista en un supermercado en medio de
la noche.

222
A l día siguiente, fui a revisar mi apartado de correos y encontré lo
último que esperaba: una carta de Griffin.
¿Me escribió una carta?
Decir que estaba perpleja sería quedarse corto. Pensé que los días de recibir
sus cartas habían terminado. Me llamó todos los días cuando podía desde la
carretera, así que era definitivamente una sorpresa.
223 Mientras sostenía el sobre en mis manos, esa vieja emoción familiar me
atravesó. Había olvidado lo mucho que extrañaba este sentimiento de anticipación.
Me sorprendió darme cuenta que todavía estaba allí. Después de todo, todo esto con
Griffin había sido un torbellino. Todo había sucedido tan rápido desde California.
Aún parecía que solo era ayer cuando todo lo que teníamos eran las cartas.
Corrí de regreso a mi auto para abrirla.

Querida Luca,
Saludos desde un oscuro autobús turístico en algún lugar de la I-95 en
Bumfuck, Virginia. Los muchachos están afuera haciendo lo que siempre hacen, y
yo me he encerrado en una litera por algo de paz. Uno pensaría que sería miserable
en este pequeño espacio, pero es más grande de lo que parece, lo llaman una litera
de “condominio”. Y es agradable y tranquilo aquí. Es perfecto para trabajar en letras
nuevas. El movimiento del autobús en realidad me pone a dormir casi todas las
noches.
Tengo una cama y una tele aquí y, curiosamente, eso es todo lo que realmente
necesito. Espera. No. Lejos de todo lo que necesito. Lo único que me falta eres tú.
Sé que hemos estado hablando todos los días, pero esas llamadas son demasiado
apresuradas. Y es mi culpa. Por lo general, es demasiado tarde para llamar cuando
las cosas se han calmado para mí. Pero así es la vida en las giras.
La presentación de hoy en D.C. fue agotadora. Es sorprendente cómo puedo
mirar a la audiencia, estar ante miles de rostros de fanáticos gritando mi nombre y
no dejar que me desconcierte en lo más mínimo. Me he hastiado tanto al respecto, y
es un poco decepcionante. Sin mencionar que ahora es jodidamente difícil cantar
“Luca”. Y siempre es la que todos quieren escuchar. Sigo queriendo cambiar las
palabras. Porque ahora hay muchísimo más en la historia, ¿no? Si tan solo supieran.
De todos modos, tengo que dejar de quejarme de mi trabajo, porque en realidad soy
tan jodidamente afortunado de tenerlo, y lo sé. No quiero parecer desagradecido.
Solo deseo que estuvieras aquí. Eso es todo. Me dije que esta carta iba a ser
ligera y divertida: traer de vuelta la vieja vibra. Supongo que ya arruiné eso, ¿eh?
Extraño nuestras noches de pizza. Extraño comprar comida contigo. Maldita sea,
incluso extraño a Hortencia. (Ayer rechacé el tocino en el desayuno. Dime si eso no
es amor de verdad).
De todas formas… te extraño.
Hoy escuché una canción de ABBA y pensé en ti. Fue jodidamente
224 deprimente. Se llama “Uno de Nosotros”. Escucha las palabras. Sabrás a lo que me
refiero. Además, “Conociéndome, Conociéndote”, con suerte esta carta conducirá a
más correspondencia. Solo puedo esperar a que mi “Reina del Baile” capte la pista
y me escriba en respuesta. La única pregunta es… ¿cómo carajo vas a enviarme una
carta? “Mamma Mia”, qué enigma. Tómalo como un desafío. ¿Cómo se reciben
cartas en la carretera? No me importa cómo lo hagas, solo “¡Dame! ¡Dame!
¡Dame!”
Averigua cómo hacerme llegar tu carta. Tienes mi horario. Te reto. “Tengo
un Sueño” en el que encontrarás la manera de hacerlo.
¿Podría SER más molesto usando canciones de ABBA para comunicarme
contigo? (Ahí está nuestro amigo Chandler Bing nuevamente).
Dios, estoy cansado. Y agotado. ¿Y he mencionado que te extraño?
Nos vemos, cocodrilo,
Griff
De hecho…
CON AMOR,
Griffin
P.D: “Sí, sí, sí, sí, sí” es la respuesta. La pregunta es, ¿Griffin ama mucho a
Luca?
P.P.D: Te reto a que correspondas en tu próxima carta incorporando las
canciones de ABBA que no usé. Veamos quién lo hace mejor. “El Ganador se lo
Lleva Todo”. (Otra que no puedes usar).
P.P.P.D: Una pequeña trivia de ABBA para ti. ¿De qué trata la canción
“Super Trouper”? Lo busqué y es extraño lo mucho que refleja mi vida en este
momento.

Bueno, lo había hecho. Se las había arreglado para hacerme sonreír. Solo
Griffin podía hacerlo.
Apreté la carta contra mi pecho antes de leerla un par de veces más.
Griffin me había dado todo su itinerario de gira con un número especial para
el manager de la gira en caso de que tuviera que contactarlo en caso de emergencia.
Si planeaba esto sabiamente, podía enviar mi carta a una de las paradas. Eso es lo
que haría. Llamaría al manager y averiguaría cómo enviarle una carta a Griffin como
225 me había pedido. Eso significaba que también tenía que aceptar su desafío ABBA.

Se sintió como en los viejos tiempos cuando me acomodé en mi sofá esa


noche y comencé a escribirle. Todo un déjà vu.

Querido Griffin,
Guau. Todos los días aprendo algo nuevo de ti. Nunca había prestado mucha
atención a la letra de “Super Trouper”. Algunos creen que la canción trata sobre lo
desafiante que es el estrellato. La parte que realmente me atrapó es cuando cantan
sobre la soledad a pesar de tener todos esos fanáticos. Y cómo el estrellato no se
lleva el anhelo de esa única persona. Mierda. Es como si reflejara exactamente lo
que me dijiste en tu carta.
Tengo la fantasía de acurrucarme a tu lado por las noches en tu litera. En mis
sueños, no hay luz, pero no la necesitamos. Solo somos tú y yo y el sonido de la
carretera. Pienso mucho en eso. Mi corazón está en ese autobús contigo. Por favor,
entérate de eso.
De todos modos, “Cariño”, estoy intentando controlarme antes de que esta
carta se ponga demasiado emocional o triste. Porque nuestras cartas siempre se han
tratado de alentarnos mutuamente. (Incluso cuando nos estamos defraudando
mutuamente). Alentarse mutuamente debería ser “El Nombre del Juego”, pero
supongo que no puedo evitarlo. El lado emocional de las cosas está ganando esta
noche.
“El Día Antes de que Vinieras” para quedarte conmigo, no podía haber
imaginado lo mucho que tenerte aquí cambiaría la forma en que veo mi mundo sin
ti. Ahora que has venido y te has ido, veo cuán brillantes son las cosas en realidad
cuando estás a mi lado. “Cuando Todo Está Dicho y Hecho” me resulta muy difícil
vivir sin ti. Pero no estoy más cerca de una conclusión a cómo esto podría funcionar
entre nosotros a largo plazo. No sé si es demasiado pedirle que “Te Arriesgues
Conmigo” cuando podría fallarte. Simplemente no tengo la respuesta correcta. Todo
lo que en serio quiero es que continúes “Poniendo Todo tu Amor en Mí”, pero tengo
miedo y por eso envío un “SOS” al universo para que me ayude guiándome en la
dirección correcta.
226 Dios, me volví totalmente un enredo al intentar hacer esto divertido. Resultó
ser una diatriba deprimente y confusa de mis inseguridades mezcladas con un
montón de canciones de ABBA. ¿Pero al menos recibo puntos por incorporarlas
como me pediste?
De todos modos, también te extraño. Muchísimo. ¿Cuál fue la ciudad que
dijiste que tendría una transmisión en vivo del concierto que podía ver? ¿Creo que
mencionaste que era hacia el final de la gira? No puedo esperar para verte en vivo,
Griffin. Aunque debería estar allí en persona, por favor, ten en cuenta que estoy muy
orgullosa de ti, de cómo subes allí y te presentas incluso cuando te sientes triste. Eso
requiere mucho. Y sé que soy la causa de algunos de los pensamientos que podrían
hacerte sentir triste últimamente. Tengo tantas ganas de cambiar eso. Pero primero
tengo que cambiar. Y eso siempre ha sido difícil.
Te amo,
Luca
P.D: “Hasta Mañana”. (Pensé que podía recibir un punto más).
Unos días después, el teléfono sonó a media tarde. Mi corazón se aceleró al
reconocer que era Griffin.
Contesté.
—¡Hola!
—Lo hiciste bien, nena. Entregaron la carta a mi camerino en The Palladium.
Sabía que te las ingeniarías.
Mi corazón se aceleró.
—Me alegra que te haya llegado. Estaba realmente preocupada de que se
perdiera o simplemente no te alcanzara, y entonces tendría que encontrar una
manera de hacértela llegar a la siguiente parada.
—No, fue perfecto. —Dudó—. Escucha, no tengo tanto tiempo, porque me
están llamando para una prueba de sonido, pero quería informarte de algo. Supuse
que no lo sabrías si todavía estás cumpliendo tu promesa de no buscarme en Google.
El estómago me dio un vuelvo. ¿Qué es lo que no sé?
227 —De acuerdo…
—Publicaron algunas fotos en un sitio web de celebridades de nosotros
desalojando el hotel en Chicago durante la alarma de incendio.
Exhalé un suspiro de alivio.
—Ya veo.
—Sé que a veces lees los tabloides en el supermercado, y todavía no sé si
alguna de esas fotos también terminó en alguna de las revistas, pero quería advertirte
en caso de que lo veas.
—Está bien… lo creas o no, en realidad no me molesta que me fotografíen.
Quiero decir, es intrusivo y no es ideal, pero no me da pánico ni nada así.
—Bueno, eso es un alivio, porque ese viaje fue lo suficientemente difícil sin
que ese momento tenga que vivir en la infamia.
—Está bien. No te preocupes por las fotos.
Suspiró por el teléfono, y pude sentir su propio alivio. Tenía que elegir mis
batallas. Con lo suficiente en mi contra cuando se trataba de nuestra relación, lo
menos que podía hacer era dejar pasar las fotos.
—Todavía me sorprende que no hayan descubierto tu identidad. Si
descubrieran que tu nombre es Luca, se desataría todo un infierno. Solo puedo
imaginar los titulares. —Se quedó en silencio por un momento antes de cambiar de
tema—. Hablando de tabloides, hoy llamé a mi padre.
Eso me sorprendió.
—¿En serio…?
—Sí. No sé lo que me poseyó. Supongo que sentí que era hora. Quiere que
vaya a Londres para una visita. Parecía arrepentido por lo que había hecho y quiere
hacer las paces.
—Eso es genial, Griff.
—Sí. Aunque, tengo que moverme con cuidado. No quiero volver a salir
lastimado.
—Entiendo.
Escucharlo decir eso me rompió un poco el corazón. No quería ser la que lo
lastime.

228 Escuché que alguien lo llamaba, y luego finalmente dijo:


—Mierda. Tengo que irme.
—Ve. Prepárate para el espectáculo. Gracias por llamar.
—Te amo, Luca.
—También te amo.
U na niña captó mi atención a medida que avanzaba a la puerta del
estadio. Retrocedí y le indiqué a mi seguridad que necesitaba un
minuto. Odiaban cuando me aventuraba en la multitud, pero no pude
resistirme a saludar. Algunas docenas de fanáticos gritaban desde detrás de las
barricadas de madera que se alineaban en la pasarela entre el lugar donde nos
detuvimos y la entrada al lugar de la noche. Una carita angelical que se parecía
mucho a Luca.
229 Me incliné a su nivel.
—Hola. ¿Cuál es tu nombre?
Probablemente solo tenía seis o siete años y en realidad podría haber pasado
por la hija de Luca con su cabello largo y oscuro; ojos verdes gigantes; y gruesas
pestañas negras.
—Frankie.
—Frankie, ¿eh? Ese es un nombre estupendo. ¿Es la abreviación de algo?
Ella asintió.
—Francine.
Su madre la interrumpió.
—Conoce cada palabra de todas tus canciones. En serio, pensamos en
escribirte para pedirte que cantes las tablas de multiplicar para ella.
Sonreí.
—¿Es cierto, Frankie? Te gusta mi música, ¿eh?
Ella asintió con su adorable cabecita rápidamente.
—¿Crees que puedes cantarme algo? ¿Cuál es tu favorita?
—“I Stand Still”.
Guau. Esa era una canción en cierto modo pesada para una niña pequeña. La
mayoría de la gente asumía que la había escrito para una chica con la que me había
enganchado, pero en realidad estaba escrita para mi madre. Era una balada en
solitario lenta, y la letra hablaba de cómo no me di cuenta de lo importante que ella
era en mi vida hasta que se fue.
—¿Puedes cantarme un poco?
La niña miró a su madre, quien la incitó.
—Adelante, cariño. Está bien.
Frankie pareció nerviosa, así que pensé en ayudarla.
—Te diré que… ¿qué tal si empiezo y puedes unirte cuando estés lista?
Ella asintió.
Comencé a cantar el primer verso suavemente. Al final de la primera oración,

230 la pequeña Frankie comenzó a balancearse de un lado a otro con la sonrisa más
grande del mundo en su rostro. En serio era jodidamente adorable. Me podía
imaginar fácilmente a Luca y a mí teniendo a una niña pareciéndose mucho a ella.
Así que seguí cantando. Cuando llegué al final del primer verso, me detuve.
—¿Aún no estás lista para unirte?
Frankie asintió nuevamente. Esta vez, cuando comencé a cantar, ella se unió.
Mis cejas saltaron al escuchar lo bonita que era su voz. No sabía por qué, pero no
había esperado que de hecho pudiera cantar. Su voz era pequeña, pero cantó en tono
perfecto y tenía el sonido más dulce que hubiera escuchado en mucho tiempo. Bajé
mi propia voz para escuchar más la de ella, y ella siguió. Al final, dejé de cantar por
completo y solo la vi dejarse llevar.
El parecido con Luca era realmente extraño, y pensé que a mi chica también
le encantaría ver a Frankie cantando. Así que saqué mi teléfono de mi bolsillo y le
indiqué a su madre que me gustaría grabarlo y conseguí su bendición. En serio, no
podría haber evocado una mejor parte de cualquier canción para capturar en video y
enviar a Luca de lo que se desarrolló cuando presioné “Grabar”.

Desde el día que te fuiste


Sentí un agujero en mi corazón.
Pasando por los movimientos
Prospero a través de la ventana
Pero detrás de la cortina solo sobrevivo

Apreté el botón para girar la cámara y enfocarme, y me incliné para unirme a


la pequeña Frankie para el coro mientras extendía mi brazo para seguir grabando.

El mundo sigue girando sin ti.


El mundo sigue dando vueltas y vueltas.
El mundo sigue girando, pero yo permanezco inmóvil
Permanezco inmóvil
Permanezco inmóvil

231
Cuando terminé, la multitud a nuestro alrededor comenzó a aplaudir. Extendí
la mano para estrechar la de Frankie y luego besé la parte superior de su mano antes
de besar la mejilla de su madre.
—Quédense justo aquí —dije—. Enviaré a mi manager de regreso en unos
minutos para que consigan algunos pases detrás del escenario de modo que puedan
conocer al resto de mis compañeros y ver el concierto desde la primera fila.
—¡Oh, Dios mío! —La madre de Frankie se cubrió la boca—. Muchas
gracias.
—No, gracias por compartir tu hija conmigo.
Firmé algunos autógrafos en mi camino a la entrada y luego localicé a mi
manager para que salga nuevamente y se asegure que Frankie reciba un tratamiento
VIP. Como la prueba de sonido para la que había venido antes no estaba lista para
mí, me dirigí a mi camerino y me senté a reproducir el video que había grabado.
Verlo me hizo darme cuenta de lo mucho que estar con Luca en realidad
había cambiado las cosas para mí. Solía sentir un gran subidón cuando entraba en
una sala de conciertos lleno de fans gritando, pero ahora tengo la misma sensación
solo de pensar en tener algún día una niña con Luca. El dinero y la fama no podían
comprar la felicidad, y estaba empezando a pensar que cambiaría a miles de mujeres
usando mi rostro en sus pechos por una mujer que descansa su rostro sobre mi pecho
por las noches. Eso era bastante jodido.
Pero mi Luca había tenido unos días difíciles. Doc y ella se habían
aventurado a buscar algo de comida para Hortencia, y había tenido una crisis en la
tienda. Al parecer, había sido más fácil con las salidas pequeñas como esa antes de
nuestro incidente en Chicago, de modo que se había sentido particularmente
derrotada últimamente. El video era el mensaje perfecto para animarla.
O eso pensaba.
Escribí un texto antes de adjuntar el video.
Griffin: El nombre de esta pequeña belleza es Frankie. Se ve justo como me
imagino que podría verse nuestra propia niña. Frankie eligió la canción para
cantar, pero las palabras no podrían ser más apropiadas para cómo me siento sin ti
a mi lado, amor. Permanezco inmóvil. El mundo sigue girando, pero yo permanezco
inmóvil sin ti. Besos. Te llamo después del show de esta noche.
Golpeé “Enviar” justo cuando el técnico de sonido tocó a mi puerta.

232 —Listo cuando lo estés, Cole.


—Suena bien. Salgo en un minuto. Solo estoy esperando recibir noticias de
mi chica.
Vi como el mensaje pasó de “Enviado” a “Entregado” a “Leído”.
El vídeo probablemente era de uno o dos minutos de largo, así que no
esperaba una respuesta inmediata. Aunque después de diez minutos, no quise que el
equipo esperara mucho más. De modo que me dirigí al escenario. Y revisé mi
teléfono por última vez antes de comenzar.
Todavía nada.
Luca debe haber estado ocupada escribiendo. Sabía cómo me ponía cuando
estaba en medio de componer una canción. A veces entraba en mi pequeña burbuja,
y hacer cualquier contacto externo la reventaba. Supuse que podría oír de ella para
cuando hubiera terminado de realizar la prueba de sonido.
Pero supuse mal.
—¿Qué demonios, Luca?
Caminé de un lado a otro en mi habitación de hotel después de presionar
“Volver a llamar” por décima vez. Luca no había respondido cuando terminó mi
prueba de sonido. Tampoco había respondido cuando el concierto comenzó. Cuando
todavía no había sabido nada de ella después de terminar el espectáculo, comencé a
preocuparme. Así que le envié un mensaje de texto para que se reporte. Al igual que
el video que le envié, lo leyó, pero no envió nada en respuesta. También le dejé
algunos mensajes de voz.
¿Podría haberla perturbado con el video que le envié antes? ¿Había algo allí
que la habría hecho enojarse o entristecerse? No lo creía, pero solo para estar seguro,
lo reproduje dos veces y releí el texto que le había enviado. Hasta donde podía ver,
los mensajes solo eran un dulce recordatorio para Luca de que había estado
pensando en ella.
Como nada debería haberla perturbado, me hizo pensar en escenarios aún
peores. Me empecé a poner nervioso pensando en que algo podría haberle ocurrido.
Por supuesto, la peor mierda pasó por mi mente.
233 Alguien irrumpió y yace inconsciente.
Aunque, mis textos estaban siendo leídos. Supuse que el intruso podría estar
leyéndolos. Pero eso parecía ridículo incluso para mi imaginación vívida.
Se cayó y se golpeó la cabeza.
Una vez más, ¿acaso estaba acostada allí leyendo sus textos mientras perdía
sangre?
Desafortunadamente, solo había una cosa que tenía sentido.
Sus últimos días difíciles la estaban pesando demasiado, y no quería hablar
conmigo.
Una sensación de déjà vu me golpeó. Conocía este sentimiento. Hace ocho
años había sentido una abrumadora sensación de temor cuando fui al buzón todos
los días y no encontré ninguna carta de Luca. Podríamos haber cambiado nuestro
modo de comunicación, pero mi instinto me decía que la misma mierda estaba
pasando: mi chica estaba empezando a alejarse de mí.
A la mañana siguiente, tuvimos que salir a las ocho para llegar a nuestra
próxima parada. Estaba jodidamente agotado, porque cuando finalmente me quedé
dormido anoche, desperté cada media hora para ver si mi teléfono recibía algún
mensaje de texto de Luca. Nunca llegó nada.
Aferrándome a la última esperanza de que tal vez se había quedado dormida
temprano ayer y siguió de largo hoy, esperé hasta que nos detuvimos para nuestro
primer abastecimiento de gas, y los chicos saltaron del autobús para desayunar, y
llamé a los peces gordos.
—Hola.
—Hola. Es Griffin. Lamento molestarlo, Doc. Pero estoy preocupado por
Luca. No contesta su celular: ni los mensajes de texto, ni las llamadas.
Doc suspiró al teléfono.
—Esta es una situación difícil para mí, hijo. Tengo una confidencialidad
médico-paciente con Luca. Pero aun así, me preocupo por ella.

234 Mierda, tenía miedo de que dijera eso.


—¿Puedes simplemente decirme si está bien? ¿Cuándo fue la última vez que
la viste?
—Estuve con ella esta mañana durante una hora.
Me sentí aliviado de que estuviera bien, pero me dolió el pecho físicamente al
confirmar que simplemente no quería hablar conmigo.
—¿Está bien? ¿No está físicamente dañada ni nada así?
—Físicamente está bien. No deberías preocuparte por eso.
Me sentí tan jodidamente indefenso estando tan lejos.
—Sé que no puedes hablar de sus problemas. Pero no sé qué hacer. Estoy en
la carretera, y no puedo ir allí ahora mismo. ¿Me puedes decir cómo debería manejar
a alguien que tiene algunos miedos extremos? ¿Qué le dirías a un esposo o una
esposa acudiendo a ti para pedirte consejo sobre cómo manejar a alguien con
ansiedad extrema que se está distanciando?
—Les diría que no es posible manejar a alguien con ansiedad extrema.
Puedes apoyarlos y amarlos, pero necesitarás mucha paciencia si estás en esto a
largo plazo. Cuando alguien se corta una pierna, el médico la sutura, pero aun así le
toma mucho tiempo curarse por completo. Incluso después de que pasan los meses,
hay una cicatriz. Y mucho después de que la cicatriz desaparece, si golpeas esa piel
donde estaba la herida, se abrirá más fácilmente que otras áreas. La ansiedad no es
diferente.
Exhalé.
—Sí. De acuerdo.
—Ten paciencia, Griffin. Sé que es más fácil decirlo que hacerlo, pero no
creo que esté rompiendo la confidencialidad médico-paciente cuando digo que Luca
te ama. Dicen que el tiempo cura todas las heridas, pero creo que cuando la herida
proviene de un corazón roto, el amor es igualmente importante.
Asentí y tragué con fuerza.
—Gracias, Doc.
Después de colgar, me senté a pensar por un momento. Luca estaba bien
físicamente y tenía a Doc. Sabía que estaba luchando y deseé que hubiera algo que
pudiera hacer para hacerla sentir mejor. Pero si tiempo era lo que necesitaba,
entonces no tenía más remedio que darle un poco de espacio y hacerle saber que no
235 iría a ningún lado.
Había estado leyendo todos mis textos, así que compuse uno más.
Griffin: Hola, hermosa. Solo quería que supieras que hoy estoy pensando en
ti. Voy a darte un poco de espacio para respirar, en lugar de llamar y enviarte
mensajes de texto un millón de veces y agregar más estrés a todo lo que estás
pasando. Estoy aquí si me necesitas, y tengo fe en lo que tenemos. Cuídate, nena.
Arrojé el teléfono sobre el cubículo de mi cama y me recosté con un brazo
cubriendo mis ojos. Me sorprendió escuchar mi teléfono sonando un minuto
después.
Luca: Gracias. También cuídate, Griffin.
R ecogí la foto enmarcada en mi mesita de noche, la que había sacado
de mi cajón hace unos días, y pasé el dedo por la cara de Isabella.
—Hola, Izzy. Siento haberte apartado tanto tiempo. No es que
no quisiera verte. Créeme. Adoro tu rostro sonriente. Es solo que… es difícil,
¿sabes? ¿Recuerdas cuando saliste con Tommy Nystrom en nuestro segundo año?
Se veían tan lindos juntos. Luego su padre fue reubicado por trabajo y se mudó a

236
Arizona. Tenías fotos de ustedes dos juntos en toda tu habitación. Y estuviste tan
triste durante meses después que se fue. Te convencí para que las quitaras y en dos
semanas conociste a Andrew Harding. No era que ya no te gustara Tommy,
simplemente no estaba allí, y el recordatorio constante te estaba poniendo triste.
Bueno, en cierto modo, por eso tuve que guardar tus fotos. No las guardé para poder
conocer a una nueva mejor amiga, de la misma manera que no guardaste la foto de
Tommy buscando un novio nuevo. Pero a veces tenemos que dejar de vivir en el
pasado para permitirnos ser felices.
No me di cuenta que las lágrimas habían estado rodando por mi rostro hasta
que una golpeó el cristal del marco en mi mano. Limpiándolas, volví a colocar la
foto en mi mesita de noche. La última semana había sido brutal.
Cuando volvimos a casa desde Chicago, estaba bien. Triste porque no
pensaba que Griffin y yo lo lograríamos, pero la situación que había experimentado
con la alarma de incendios en realidad no me había afectado. Hasta que lo hizo.
Unos días después, desperté en mitad de la noche hiperventilando. Había
escuchado las alarmas de incendio sonando tan vívidamente que salí corriendo de la
casa en pánico a las dos de la mañana. Me llevó unos buenos veinte minutos
convencerme de volver a entrar, incluso después de darme cuenta que realmente no
había sonado la alarma. Las cosas comenzaron a descontrolarse después de eso: un
colapso en la tienda de mascotas, sudoración profusa al intentar escribir y una
sensación constante de que algo malo se estaba avecinando. Además de eso, el
miedo a tener otra pesadilla vívida me había convertido en una insomne.
Doc dijo que mi respuesta fisiológica tardía era una forma de trastorno de
estrés postraumático. Pasamos unos días hablando sobre la noche del concierto, algo
que en realidad no habíamos hecho en unos cuantos años. Ayer me había pedido que
escribiera los detalles de lo que sucedió esa noche. Se suponía que el proceso
ayudaría a examinar la forma en que pensaba sobre el trauma para que así
pudiéramos idear una nueva forma de sobrellevarlo. Básicamente, había retrocedido
en mi terapia… y se sintió como tres años atrás en el tiempo.
Lo único bueno era que escribir sobre los eventos del incendio también me
hizo querer recordar los buenos momentos con Izzy. Así que hoy saqué mi caja de
almacenamiento del ático y revisé algunos de mis recuerdos. Había tarjetas de
cumpleaños, fotos, videos de nosotras actuando tontamente juntas, e incluso un
boceto de un tatuaje que Isabella había querido que las dos tuviéramos del sol, la
luna y las estrellas.
Saqué mi anuario de la caja y pasé las páginas hasta que llegué a su foto. Se
veía tan bonita y sonriendo tan alegremente. El universo no le había dado ni una idea

237 de lo que venía cuando se tomó esa foto. Estaba a punto de volver a poner el libro en
la caja cuando se me escapó de las manos y aterrizó boca abajo con la tapa interior
abierta. La letra de Isabella estaba salpicada por todas las páginas. Había olvidado
de la carta larga que había escrito dentro de mi anuario.

Querida Luca,
Dicen que se supone que tus dos mejores amigos deben escribirte dentro de
las portadas y contraportadas de tu anuario. Quiero que sepas que mi contraportada
permanecerá en blanco. Porque solo tengo una mejor amiga en el mundo y esa eres
tú, Luca Vinetti.
Parece que fue ayer cuando fue el primer día de jardín de infantes y nos
conocimos. Yo, ahí de pie en la parada del autobús esperando que llegara el autobús
escolar. Hombre, estaba absolutamente aterrada. Quiero decir, ¿y si todos me
odiaban? ¿Y si no podía hacer amigos? ¿Y si todos pensaban que era un bicho raro?
Bueno, está bien, ese verano había estado muy frustrada con el gran remolino
que siempre sobresalía en el lado derecho de la parte delantera de mi cabello, y tuve
la brillante idea que, si lo cortaba en la base de las raíces, nadie se daría cuenta.
Así que, estaba esperando ese autobús mientras me faltaba un buen mechón a
un lado de la cabeza. Básicamente, era un bicho raro, de modo que cualquiera de
nuestros compañeros de clase habría tenido una muy buena razón para mantenerse
alejado.
De todos modos, me subí a ese autobús con un gran sombrero de vaquero,
pensando que nadie notaría mi cabello si me pavoneaba con mi estilo nuevo. El
único problema era que, los sombreros de vaquero estaban totalmente fuera de moda
y todos los niños comenzaron a burlarse de mí. Decir que mi padre era agricultor, en
Manhattan, no ayudó exactamente a mi situación. Pero te levantaste de tu asiento, te
acercaste y te sentaste a mi lado. Me dijiste que los ignorara, aunque no podía. Ese
día fue absolutamente horrible, y temí volver el martes. Hasta que me subí al
autobús y te vi sentada allí con una sonrisa de oreja a oreja, con un gran sombrero de
vaquero viejo. Fue entonces cuando me di cuenta que era un bicho raro, pero de
todos modos mi nueva mejor amiga me amaba.
Se supone que los anuarios tienen que ver con recordar a la gente todos los
buenos momentos que han compartido. Dado que no hay suficientes páginas en este
libro para comenzar a hacer mella en nuestros recuerdos, en su lugar, te voy a decir
las razones por las que te amo.
238 Siempre te ríes de mis chistes malos.
Eres la persona más amable que conozco.
Me enseñaste a seguir mis sueños al verte perseguir los tuyos.
No puedes esperar a despertar al día siguiente para experimentar la vida.
Siempre tienes una sonrisa en tu rostro.
Eres valiente.
Los últimos doce años fueron una maravilla, pero es solo el comienzo para
nosotras. Vas a conquistar el mundo, Luca Vinetti. Podemos ir a la universidad a
miles de kilómetros de distancia, pero sin importar la distancia que la vida nos
separe, siempre te apoyaré.
Tu Mejor Amiga Por siempre,
Izzy
Griffin: Buenos días, mi hermosa chica. ¿Por qué el esperma cruzó la
carretera?
Unos segundos después, llegó un segundo mensaje de texto.
Griffin: Porque esta mañana me puse el calcetín equivocado.
No sé por qué, pero la broma me hizo reír a carcajadas. Tal vez era algo
maníaco, no estoy segura, pero sentí que lo necesitaba. Griffin me había estado
enviando mensajes de texto dos veces al día durante la última semana, ya que lo
había estado evitando. Todas las mañanas me enviaba un chiste y cada tarde me
contaba las diversas formas en que había pensado en mí durante todo el día. A veces
respondía el mensaje de texto, pero no era más que un agradecimiento innecesario o
una carita sonriente. No era porque no quisiera tener contacto con él; era porque no
sabía qué decir. Me daba vergüenza cómo había caído tan bajo en un lugar oscuro, y
tampoco sabía cómo hablar con él sobre nosotros… dónde estábamos. Así que hice
lo más inmaduro posible y me alejé sin explicación.
Volví a leer su mensaje y no pude evitar reírme del chiste por segunda vez.
En mi cabeza, me imaginaba a él de hecho poniéndose un calcetín pegajoso.
Entonces recordé la carta de Izzy que había leído ayer del anuario.
239 Siempre te ríes de mis chistes malos.
Tenía una inclinación por los chistes realmente malos. Tenía razón en eso.
Pero el resto de las cosas, no estaba tan segura.
Eres valiente.
Dios, ¿en serio había sido valiente alguna vez? Porque no podía recordar ni
un momento en que viviera sin miedo.
No puedes esperar a despertar al día siguiente para experimentar la vida.
Experimentar la vida. Había creado un mundo que estaba casi tan lejos de la
vida real como podría ser. Vivía en medio de la nada, escribía sobre personajes que
eran producto de mi imaginación y, a menudo, la única persona con la que hablaba
durante el día era Hortencia.
Podemos ir a la universidad a miles de kilómetros de distancia, pero sin
importar la distancia que la vida nos separe, siempre te apoyaré.
No podría haber sabido cuánta distancia terminaría habiendo entre nosotras,
pero por alguna razón, hoy sentí que me estaba apoyando. Sentí su presencia más
que nunca, solo que hoy, me dio un poco de coraje. Así que decidí volver a escribir a
Griff.
Luca: ¿Qué tienen en común el tofu y un consolador?
Él respondió dos segundos después.
Griffin: ¿Qué?
Luca: Ambos son sustitutos de la carne.
Griffin: LOL. ¿Cómo llamas a una estrella de rock de veinticinco años que
no se masturba cuando no ha visto a su chica en dos semanas enteras?
Luca: ¿Cómo?
Griffin: Un mentiroso.
Me reí en voz alta nuevamente.
Luca: ¿Cómo llamas a un camión lleno de consoladores?
Griffin: ¿Cómo?
Luca: Juguetes para Tarados.
Griffin: Bueno, ese me hizo escupir agua por la nariz.

240 Era la primera vez que tenía una sonrisa en mi cara en dos semanas. Eché un
vistazo a la foto que aún estaba en mi mesita de noche.
—Gracias, Izzy.
Respirando profundamente, moví mi dedo hacia arriba sobre el nombre de
Griffin y presioné “Llamar” en lugar de enviarle mensajes de texto.
Respondió al primer timbre.
—Hola.
—Hola. ¿Estás ocupado? Necesitaba escuchar tu voz.
—Nunca estoy demasiado ocupado para ti, amor.
E
l humor ligero de nuestra conversación cambió rápidamente.
—Lamento haber estado tan distante últimamente —dijo—.
Siento que he retrocedido unos cuantos pasos desde que te fuiste.
Odiaba que ella se sintiera culpable por nada.
—Jamás debes disculparte por cómo te sientes. Sabes que te acepto como

241
eres. No es necesario que actúes o te sientas de cierta manera. Pero sí necesito que
respondas en algún momento a mis mensajes para así saber que estás bien.
—Lamento haberte preocupado en absoluto.
Un inexplicable sentimiento de temor me inundó.
—Luca… —dije—, dime en qué estás pensando. Por favor.
Después del más largo momento de silencio, dijo finalmente:
—No quiero seguir reteniéndote, Griffin.
—No me estás reteniendo… yo…
—Dices eso porque me amas, pero la verdad es que sí… lo hago y
simplemente… no puedo…
Ella no puede.
Mi corazón comenzó a acelerarse.
—¿No puedes qué? Dilo, Luca. Necesito escucharlo. —Mi tono rayaba en
ira—. Necesitas ser muy clara en esto. Muy clara.
—No puedo ser la persona que necesitas —dijo finalmente—. Al menos no
en este momento. Siento una gran presión para superar mis miedos a un ritmo que
no es realista. Sigo sintiendo que estoy reteniendo tu vida… y siento que esa presión
es demasiado para soportar. Me está agobiando y no… no puedo respirar más.
Mierda. Esto en serio estaba sucediendo.
En serio la estaba perdiendo.
Me sentí impotente.
¿Cómo podría incluso intentar luchar por ella si me estaba diciendo que la
lucha la estaba asfixiando? Siempre me dije que sabría si necesitaba dejarla ir, si
alguna vez llegaba a ese punto en el que se sintiera que estar juntos le estaba
haciendo más daño que bien. Incluso aunque terminar las cosas no se sintiera
natural, sentí que no tenía otra opción que escucharla.
—¿Quieres romper? ¿Eso es lo que me estás diciendo, Luca? Necesito que
seas clara conmigo.
Su voz sonó temblorosa.
—Creo que en este momento eso es lo mejor. Sí, creo que debemos romper.
—Dejó escapar un suspiro que sonó como si hubiera estado conteniéndolo.

242 Bueno, no podía ser más claro que eso. Escuché las palabras, pero todavía no
las podía creer.
—Está bien. —Tragué con fuerza—. ¿Cómo manejamos las cosas? ¿Significa
que ya no hablamos?
Podía escucharla llorar en el otro extremo, y sospechaba que era porque la
realidad de lo que acababa de hacer la había golpeado. ¿Yo, por otro lado? Solo
estaba entumecido… todavía no quería creer lo que me estaba diciendo.
—No sé —respondió—. No sé qué sería lo mejor. Porque escuchar de ti sería
doloroso y no escuchar de ti sería aún más doloroso.
Poco a poco, la ira se fue arrastrando. Estaba tan decepcionado con la vida…
con ella. Con todo.
—¿Por qué no lo tomamos solo un día a la vez? Ni siquiera he comenzado a
procesar esto. Pero te escuché fuerte y claro, Luca. ¿De acuerdo? Te escuché fuerte
y claro.
Las cosas volvieron a silenciarse, y luego murmuró:
—Lo siento mucho, Griffin.
—También lo siento, amor. En serio lo hago. Más de lo que podrías saber.
Nunca había cancelado una presentación en toda mi carrera. Pero
simplemente no podía actuar esa noche en Minneapolis.
Fingí estar enfermo con alguna gripe y creé toda una jodida pesadilla de
mierda en la logística para mi manager y publicista. Pero no importó. Nada
importaba. Mañana sabía que de alguna manera me levantaría para actuar en la
siguiente ciudad, pero necesitaba esta noche para lamentarme. Esta era la primera
vez que jugaba a la carta del enfermo; me había ganado este colapso.
Me costó todo un mundo no llamar a Luca y ver cómo estaba. Cada hora,
encontraba mi dedo flotando sobre su nombre en mis mensajes de texto. Al final,
opté por llamar a Doc. Al menos, a través de él, podría asegurarme que ella estuviera
bien sin molestarla. Ni siquiera estaba seguro que le hubiera dicho que había roto
conmigo.
Él respondió.
243 —¿Hola?
—Doc. Es Griffin.
—Oh… Griffin. ¿Está todo bien?
Las palabras simplemente no saldrían. Por primera vez desde que podía
recordar, tal vez desde cuando mamá murió, sentí lágrimas formándose en mis ojos.
Estaba destinado a suceder, supuse. Aunque no estaba diciendo nada, él claramente
pudo suponer que algo estaba mal.
—Dime qué pasó, hijo. ¿Es Luca?
—Terminó las cosas hoy más temprano. —Se le cortó la respiración. Y
limpiándome los ojos, luchando contra las malditas lágrimas, continué—: Quería
hacerte saber en caso de que aún no te lo haya dicho, para que así puedas cuidarla y
asegurarte que está bien. Porque sé que no fue fácil para ella.
—Lamento escuchar esto. En serio lo hago. Sé lo duro que has intentado
hacerla feliz y hacer que las cosas funcionen.
—Al parecer, no fue lo suficientemente duro.
—Nunca he visto a nadie trabajar más duro para salvar una relación, Griffin.
Hiciste todo lo que pudiste. Luca simplemente no está lista, por mucho que desearía
poder estarlo… por mucho que sé que en realidad te ama.
—Sé que me ama… tanto como podría amar a cualquiera. Por eso duele tener
que aceptar esto. Me duele no solo por mí sino porque de alguna manera sé que ella
está sufriendo aún más. Sé que esto no fue fácil para ella… dejarme ir.
—No, solo puedo imaginarlo —dijo—. Me alegra que me lo hayas dicho,
porque no había sabido nada de ella en todo el día, y ahora sé por qué.
—Doc, cancelé mi show de esta noche. Miles de personas pagaron para venir
a verme, y simplemente los planté porque no puedo soportar cantar cuando me
siento tan destruido por dentro. —Exhalé—. Sabías que escribí una canción sobre
ella, cuando estaba enojado con ella antes de reunirnos. ¿Alguna vez te dijo eso?
—Oh, sí. La he escuchado varias veces.
No sé por qué eso me hizo reír un poco. Por alguna razón, no podía imaginar
a Doc escuchando mi música.
—Sí. Esa canción siempre es difícil de cantar, pero no creo que las palabras
244 puedan salir esta noche. Será mejor que de alguna manera encuentren la forma de
presentarme en la próxima ciudad, porque no puedo permitirme cancelar otra vez.
—Es perfectamente aceptable cuidar de ti mismo de vez en cuando. No te
preocupes por los fanáticos que estás decepcionando. Permítete este tiempo para
recuperarte.
—Jesús. Ahora me pregunto si te llamé por ella… o por mí.
—De cualquier manera, por mí está bien. Eres un buen hombre, Griffin. No
hay nadie más con quien prefiera ver a mi Luca. Te contaré un secreto. Puedo ser su
doctor… pero a decir verdad, si soy sincero… es realmente como una hija para mí.
Nuestra relación va mucho más allá de médico-paciente. No quería nada más que
ver que las cosas funcionen entre ustedes dos, y me pesa el corazón saber que ambos
están sufriendo.
—También eres un buen hombre, Doc. Por favor, cuídala. —Me pasé los
dedos por el cabello.
—Puedes contar con eso. —Hizo una pausa—. ¿Griffin?
—Sí…
—Tal vez puedas darle un buen uso a algunos de los sentimientos que estás
experimentando. Tal vez es hora de una canción nueva. Imagino que expresarte a
través de tu música sería terapéutico para ti. Solo piénsalo.
—No puedo imaginarme escribir nada en este momento. Mi corazón está roto
—dije, descartando su sugerencia.
—Mi instinto me dice que no deberías excluir a Luca. Tengo toda la
confianza de que algún día se dará cuenta de su error, pero eso podría llevar algo de
tiempo. No espero que sea justo pedirte que esperes.
—La esperaría por siempre si en realidad sintiera que vendría. ¿Ahora
mismo? Estoy demasiado destrozado para creer eso. Porque nunca pensé que de
hecho me dejaría ir, Doc. Si soy honesto… estoy jodidamente anonadado.
—Confía en el destino, Griffin. Mira cuán lejos los ha llevado a los dos hasta
ahora. Sigue con tu vida, pero confía en el hecho de que, si Luca y tú están
destinados a estar juntos… entonces, algún día, el mismo universo que los reunió
volverá a hacer su magia.
—Has sido un buen amigo, Doc. No solo para Luca, sino para mí. Si hay algo

245 que pueda hacer por ti, solo avísame.

Mi suposición original sobre no poder escribir nada fue incorrecta. Los


siguientes dos días, a medida que viajábamos a nuestro próximo destino, Des
Moines, escribí letras y la música acompañándola como un loco. Terminó siendo
terapéutico para mí, y aunque gran parte de eso era inutilizable, había progresado en
una canción que planeaba interpretar en nuestro show final si mis compañeros de
banda alcanzaban a escucharla lo suficientemente rápido.
Fue realmente difícil no llamar o enviar mensajes de texto a Luca, pero
supuse que abrir las líneas de comunicación en este momento no haría esto más
fácil. Honestamente, una parte de mí todavía estaba tan jodidamente enojada con el
hecho de que se hubiera rendido con nosotros. No quería descargar esa ira en ella.
La llamaría eventualmente, pero necesitaba más tiempo para dejar que esto pase. No
solo había perdido a mi amante, sino que había perdido a mi mejor amiga. Otra vez.
Después de una pausa para cenar, volví a subir al autobús turístico antes de
que volviéramos a salir a la carretera. Para mi sorpresa, había una chica acostada en
mi litera, vestida con nada más que bragas de encaje y sujetador.
—Uh… ¿qué estás haciendo aquí? —pregunté.
—¿Buddy dijo que podría venirte bien algo de compañía esta noche?
Mierda.
¿De dónde había salido? ¿Había estado en el autobús desde Minneapolis?
Buddy era mi guitarrista y el único compañero de banda en el que normalmente
confiaba. Se había enfrentado a mí después de la cancelación del show, y finalmente
admití lo que pasó. Debe haber pensado que follar para sacarme a Luca de mi
sistema era el camino a seguir esta noche. Eso no iba a pasar. Era demasiado pronto.
Tal vez llegaría un momento en que no se sentiría como engañarla. Pero ahora
mismo, mi cuerpo todavía sentía que pertenecía a Luca. Y eso era jodido.
—Bueno, Buddy estaba equivocado. En serio, de verdad, me gustaría estar
solo, pero gracias por pensar en mí.
Pareció decepcionada.
246 —¿Estás seguro?
—Sí.
Se bajó de la cama y desapareció en otra sección del autobús. Después de que
se fue, comenzamos a movernos. Apagué la luz interior y simplemente me acosté.
N o había dormido ni una sola noche desde que terminé con Griffin.
Tendría dolorosos pensamientos de él ahogando sus penas en
mujeres o alcohol. ¿Y quién podría culparlo después de lo que le
había hecho? La ruptura me había puesto en un estado de ánimo constantemente
extraño, uno de apatía general. Sin poder esperar las llamadas de Griffin, sus cartas,
su voz, su toque, fue como si ya no me importara nada, no me importaba si el mundo
se derrumbaba a mi alrededor.
247 Sin embargo, en medio de todo, había hecho algo que había estado
posponiendo durante años. Conduje a la tienda de tatuajes más cercana y me hice el
tatuaje del sol, la luna y las estrellas que Isabella quería que grabáramos
permanentemente en el interior de mi antebrazo. Había estado “hablando” con Izzy
mucho más últimamente y había sentido que era hora de finalmente hacer realidad
ese tatuaje.
Doc había acabado de llegar a mi casa y lo vería por primera vez.
—Tengo algo que mostrarte —le dije a medida que se sentaba a la mesa de la
cocina.
—¿Finalmente llegaste a pintar el frailecillo del Atlántico?
—No. Todavía está en un segundo plano, como todo el asunto de la pintura
en este momento. —Me arremangué y mostré mi nuevo arte corporal—. Me hice un
tatuaje.
Sus ojos se abrieron de par en par.
—Oh, guau.
—Isabella y yo diseñamos esto juntas. Habíamos planeado hacernos unos
iguales. Ni siquiera había podido mirar el diseño, y mucho menos pensar en hacerlo,
hasta hace poco. Solo fui y lo hice hace un par de días.
Doc inclinó la cabeza para examinarlo.
—Es muy hermoso. ¿Por qué crees que de repente pudiste hacerlo?
—Todo se ha sentido diferente desde que dejé ir a Griffin; tal vez es un efecto
secundario de un corazón roto. Casi se siente como… si no tuviese nada que perder.
—Bueno, marcar tu piel permanentemente con un recordatorio de Isabella es
ciertamente un gran paso hacia la curación y la aceptación. Estoy muy orgulloso de
ti.
—Sí. Estoy de acuerdo. También estoy orgullosa de mí. —Sonreí.
—En cuanto a tu nueva perspectiva después de terminar con Griffin, no creo
que sepamos cómo nos afectarán los eventos traumáticos hasta que suceden.
—En serio es como si ya no me importara nada, como si no me importara si
vivo o muero.

248 Su expresión se tornó desalentadora.


—No tienes sentimientos suicidas, ¿verdad? Porque, Luca, tienes que
decirme si eso sucede alguna vez.
—No. No suicida. Jamás podría quitarme la vida. Estaría demasiado asustada.
Es solo una sensación de entumecimiento general.
—¿Has hablado con él?
—No. No lo he contactado, y él tampoco me ha contactado. Estoy bastante
segura que debe odiarme ahora mismo.
Los ojos de Doc se movieron de lado a lado. Parecía un poco culpable, como
si hubiera algo que no me estaba diciendo.
—¿Qué es esa mirada?
—No te odia.
—¿Y lo sabes porque…?
—Ha llamado varias veces para ver cómo estás. Está preocupado por ti.
—¿Has hablado con Griffin?
—Nunca me dijo exactamente que no te lo dijera. Aunque nunca estuve
seguro si debía hacerlo. Pero te lo digo ahora. Viendo que has sacado una conclusión
incorrecta con respecto a su actitud actual hacia ti, sentí que era necesario.
—¿Dijo algo más?
—Principalmente solo quiere saber si estás bien. Le digo lo que puedo sin
violar nuestra confidencialidad.
No sabía si Griffin contactando a Doc me hacía sentir peor o no. Lo extrañaba
muchísimo, pero al mismo tiempo, una parte de mí esperaba que no siguiera colado
conmigo, que pudiera seguir con su vida como se merecía. Aun así, la mayor parte
de mí se sentía aliviada de que no me odiara, y que se preocupara lo suficiente como
para ver cómo estaba. Incluso en nuestra ausencia, Griffin me conocía; sabía que
contactarme me enviaría en una picada emocional.
—Gracias por mantenerlo informado. Lamento que estés atrapado en el
medio.
—No hay problema, Luca. Considero a Griffin un amigo. Por supuesto, mi
lealtad siempre será hacia ti, así que si me dices que no le hable, no lo haré.

249 —No. Nunca haría eso.


Una parte de mí quería decir: “Dile que lo amo”. Pero no podía.

No sé qué me llevó a revisar el sitio web de Archer esa noche. Sabía que la
gira terminaría pronto. El sitio enumeraba todas las locaciones pasadas, y no pude
evitar notar que junto a Minneapolis, decía: CANCELADO. Miré la fecha y me di
cuenta que era el día en que había terminado las cosas.
Mi corazón se apretó. Jamás estaría segura, pero mi instinto me decía que
Griffin habría estado demasiado perturbado para actuar. Y dado que él era todo un
profesional por excelencia, eso de hecho decía mucho sobre lo que le había hecho.
Me di cuenta que mañana por la noche era el concierto de Los Ángeles.
Recordé que Griffin dijo que habría una transmisión en vivo disponible de esa
presentación que podría verse en el sitio web de la banda. Era un regalo para sus
fanáticos de todo el mundo que no podrían asistir a uno de sus conciertos. Sabía que
sería increíblemente doloroso verlo, pero una parte de mí necesitaba saber que
estaba bien. Necesitaba escuchar su voz y ver su rostro, incluso si eso me mataba.
Miré el tatuaje en mi antebrazo interno. Podía escuchar las palabras de Izzy de su
mensaje en el anuario. “Eres valiente”. Esa era su impresión de mí y no tenía nada
que ver con la realidad actual… pero al menos podía intentar estar a la altura de vez
en cuando. Ver a Griffin mañana sería una verdadera prueba de fuerza.

La noche siguiente, mi corazón nunca había latido tan rápido. No estaba lista
para esto, pero nunca estaría lista. Un mensaje en el sitio me impulsó a hacer clic en
una casilla para ver el concierto de Los Ángeles en vivo. Debo haber entrado
temprano. Decía que debía comenzar a las 8:00 hora del Pacífico, de modo que eso
significaba que todavía quedaban diez minutos más o menos. Mis manos estaban
húmedas y mis rodillas se mecían de arriba abajo.
La espera pareció una eternidad hasta que la pantalla cambió de repente. Mi
corazón se aceleró. El espectáculo estaba a punto de comenzar. Escuché el sonido de

250 miles de personas gritando cuando la iluminación cambió. Y entonces, una cámara
se acercó lentamente al escenario. Griffin estaba sentado en un taburete con un foco
sobre él.
Comenzó a cantar a capella, y me dieron escalofríos de inmediato. Mi
corazón cobró vida al escuchar sus arrullos. Luego los instrumentos finalmente se
unieron. Era una canción que reconocí como una de sus canciones más populares.
Una enorme cantidad de orgullo se formó en mi pecho. Dios, eres increíble,
Griffin. Su voz áspera nunca sonaba demasiado diferente de las versiones grabadas
de sus canciones; era igual de bueno en vivo.
Me encontré totalmente pegada a la pantalla, cautivada por él, como si fuera
simplemente un miembro más de la audiencia. Cómo anhelaba estar allí. Cómo
anhelaba sentir la energía de ese lugar, el calor, la vibración de la música. Cómo
anhelaba verlo todo desde el backstage, saltar a sus brazos y decirle lo orgullosa que
estaba de él cuando terminara el espectáculo. Mis ojos se llenaron de lágrimas.
Cuanto más lo veía, más fuerte se tornaba la sensación inexplicable que me había
estado susurrando últimamente. Se lo había descrito a Doc como apatía, sin
importarme si estaba viva o muerta, pero ahora parecía que entendía exactamente lo
que era. Nada más importa sin él. Si alguien me hubiera preguntado hace un año qué
era lo peor que me podía pasar… les habría dicho que era tener un ataque de pánico
y morir. Si alguien me preguntara hoy, mi respuesta sería diferente. Lo peor que me
podía pasar me había pasado. Tenía que vivir todos los días sabiendo que Griffin
estaba allí y no poder experimentar esta vida con él. Me preguntó si creía que el
amor era suficiente, si estaría dispuesta a experimentar todas las cosas negativas
para tenerlo en mi vida. En ese momento, en realidad no sabía la respuesta. Ahora…
me parecía clara. El amor lo es todo. Importa más que el miedo, más que la muerte.
Trasciende el tiempo. Haría literalmente cualquier cosa para recuperarlo en mi vida,
incluso si eso me mataba.
Incluso si me mata.
Esa realización era enorme.
Para vencer cualquier miedo verdaderamente, tenías que estar, al menos en
cierto nivel, dispuesto a morir por lo que estaba del otro lado. Y definitivamente
estaba dispuesta a morir por Griffin.
No sabía qué hacer con esta revelación.
Las primeras notas de “Luca” comenzaron a sonar, y recordé a Griffin
diciéndome lo extraño que era cantarla después de reunirnos, ya que la canción
había sido escrita por ira. Estaba segura que tenía incluso sentimientos aún más

251 dolorosos asociados con eso ahora. La cámara enfocó su rostro y noté que cerró los
ojos con fuerza antes de comenzar a cantar. Era como si tuviera que prepararse para
ello, prepararse para pronunciar esas primeras palabras y comenzar. Solo podía
imaginar lo que se siente tener que cantar sobre mí una y otra vez cuando lo lastimé
tanto.
Terminó la canción y la multitud se volvió loca. Era evidente por cuánto
tiempo duraron los aplausos que “Luca” era su canción más popular. Siempre había
dicho eso, pero ahora en serio lo entendía.
A menudo me había dicho que terminaban las presentaciones con ella. Pero
parecía que no era la última canción de esta noche.
Griffin volvió al micrófono en medio de los vítores de la multitud y el canto
de “Cole”.
Su voz resonó por la arena.
—Me preguntaba si estarían bien con una canción más esta noche… —La
multitud respondió estallando en una serie aún más fuerte de aplausos y gritos—.
Esta es nueva… nunca antes grabada… y posiblemente nunca más se vuelva a
cantar. Se llama “Estás en Mí” y está dedicada a mi único amor verdadero. Tú sabes
quién eres.
Mis ojos se humedecieron.
La multitud se volvió loca.
Luché por escuchar las palabras cuando comenzó a cantar.
El día que te fuiste,
En realidad nunca te fuiste.
Puede que no lo sepas.
Pero todavía estás aquí.
Dices que tienes miedo…
Pero yo también tengo miedo
De vivir en este mundo sin ti.
Puedes irte, pero siempre estarás aquí.
En mi corazón y alma… en todos lados.
Estás en mí.
252 Hasta el final,
Siempre serás tú, mi amiga.
Diciéndome que siga adelante.
Pero si lo hago,
Cuando la mire, solo te veré a ti.
Estás en mí.
Hasta el final,
Siempre serás tú, mi amiga.
Aunque hayas dejado cicatrices…
Sigues siendo mi sol, luna y estrellas.

¿Qué?
No escuché nada más una vez que hubo cantado esas palabras. Mi sol, luna y
estrellas. El resto de la canción se tornó borrosa mientras seguía sentada allí
congelada, tan abrumada por la emoción. Nunca le había mencionado el tatuaje del
sol, la luna y las estrellas a Griffin. No podría haber sabido nada y, aun así, esas
palabras estuvieron de alguna manera grabadas en su corazón. Estaba bastante
segura que era porque, en cierto nivel, él vivía dentro del mío. Al mirar mi tatuaje,
supe sin ninguna duda que Izzy me estaba enviando el último mensaje de todos.

253
D
ía cinco y nada.
No sabía lo que esperaba, pero cada día iba a mi buzón y
lo encontraba vacío, haciéndome sentir un poco más desesperada.
Griffin había derramado su corazón en una canción, así
que decidí hacer lo mismo a mi manera, haciendo lo que mejor hacía: escribir. Me
quedé despierta toda la noche después del concierto de Los Ángeles y dejé que mi
254 corazón sangre en el papel. Le dije que había estado asustada y pensé que dejarlo ir
era lo correcto, pero que finalmente me di cuenta que tenía más miedo de perderlo
que cualquier otro miedo que pudiera tener. Temía estar atrapada en un lugar físico,
pero eso no era nada en comparación con toda una vida con mi corazón atrapado.
Al comenzar alrededor de la página catorce de mi divagante carta, también
expuse algunas ideas sobre cómo podríamos hacer que funcione. Investigué algunos
posibles lugares donde podría vivir no muy lejos de Los Ángeles. Había algunas
comunidades rurales realmente agradables dentro de un radio de ochenta kilómetros
de Los Ángeles. Odiaba dejar a Doc, pero dijo que podíamos hacer una terapia por
video y prometió que si decidía mudarme, me visitaría varias veces al año. Anoche,
incluso había venido con una lista de pájaros recientemente vistos en el área de
Topanga Canyon: uno de los lugares que mencioné podría ser una buena opción para
mí en California. Y Martha y él habían estado hablando sobre él yendo nuevamente
en algún momento.
Pero ahora comenzaba a sentir que me había precipitado con mi planificación.
Todavía tenía el itinerario de viaje de Griffin y confirmé que la carta que envié a su
hotel le fue entregada personalmente hace tres días. Cuando no llamó o envió
mensajes de texto de inmediato, me negué a creer que había terminado conmigo. Así
que me convencí que la razón por la que tardaba tanto en saber de él era porque
quería escribirme una carta. Hablando de aferrarse a falsas esperanzas. Aunque
ahora estaba comprendiendo que la verdadera razón por la que tardaba tanto podría
ser porque no estaba planeando responder en absoluto.
Y no podía culparlo. Todos mis problemas de salud mental ya eran
suficientes problemas, pero entonces fui y rompí las cosas. ¿Cuántas veces se puede
esperar que un hombre ofrezca su corazón solo para que la mujer que amaba lo
pisotee? En algún momento, sería lo suficientemente inteligente y seguiría adelante,
y, desafortunadamente, podría haberlo llevado a ese punto la última vez que lo alejé.
Un sentimiento de melancolía se instaló esa noche en mi interior. No tenía la
energía para escribir o hacer algo productivo, así que pedí comida china para llevar
y me dejé caer en el sofá con un juego de palillos y un recipiente de cartón en mis
manos. Hortencia estaba acostada en su cama al otro lado de la habitación y miró
hacia mi trasero mugriento y pareció sacudir la cabeza y suspirar.
—Sí. Lo sé. Pero ¿qué puedo decirte? Hay días en los que tú tampoco hueles
tan bien.
Excelente. Ahora estaba hablando con una chica muerta y discutiendo con un
cerdo.

255 Encendiendo la televisión, presioné el botón “Canal” sin pensar, buscando


algo para ver. ¿Dónde estaban todas las películas lacrimógenas cuando las
necesitabas? Dear John, A Dog’s Purpose, tal vez Me Before You. Parecía que no
había nada más que las noticias y los reality shows. Rindiéndome, arrojé el control
remoto en el sofá a mi lado y empecé a excavar en mi recipiente para revolcarme en
la comida.
Tenía la boca tan llena que casi me ahogo al escuchar el nombre de Cole
Archer en la televisión. Alcé la vista y mi estómago dio un vuelco al ver el hermoso
rostro de Griffin en la pantalla.
—Es bueno verte —dijo la periodista.
—También es bueno verte, Maryanne.
Griffin y alguna reportera de cabello oscuro y ojos grandes estaban parados
frente a un estadio.
Un grupo de adolescentes y mujeres estaban en el fondo gritando su nombre.
Maryanne les echó una mirada.
—Parece que tus fanáticos están emocionados por el último show de tu gira
de esta noche.
Él lanzó una sonrisa con hoyuelos a la multitud y saludó.
—Estoy tan emocionado como ellos por esta noche. —Dios, tanta emoción
me invadió al ver su sonrisa: entusiasmo, tristeza, anhelo.
—Entonces, Cole… diste a conocer una canción nueva al mundo hace unas
noches. ¿Puedes decirnos algo al respecto? ¿Quién es esta mujer misteriosa, y
cuánto tiempo llevan juntos?
Contuve el aliento y miré la televisión fijamente. Mi corazón comenzó a
martillear dentro de mi pecho, pero luego se detuvo cuando la sonrisa en el rostro de
Griff cayó.
—En realidad, no hay ninguna mujer. Solo fue producto de mi imaginación.
—Entonces, ¿no estás en una relación con alguien llamado Luca?
Griff miró hacia otro lado. Sacudió la cabeza.
—A veces, cuando quieres creer que alguien existe lo suficiente, inventas
toda una fantasía sobre esa relación en tu cabeza. Eso fue todo.
Sentí como si alguien me hubiera pateado en el estómago. Oh Dios, Griffin.
Lo que tenemos es real. Lo juro.

256 Maryanne miró a la cámara y sonrió.


—Lo escucharon primero aquí, señoritas. No hay ninguna Luca. Lo que
significa que todavía tenemos a un soltero muy elegible, Seattle.
La mujer besó a Griff en la mejilla, y él avanzó hacia la entrada del estadio
sin mirar atrás.
Miré fijamente a la televisión mientras la enormidad de lo que acababa de
suceder me pateaba duramente. Las lágrimas comenzaron a correr por mi rostro. En
serio lo había perdido.

Aceptar que Griffin y yo habíamos terminado fue como perder a Izzy. Pasé
por las diferentes etapas de la pérdida. Desperté cada mañana pensando que era una
pesadilla: negación. Después me daría cuenta que realmente lo había perdido, y el
dolor volvería con todas sus fuerzas. Sabía que había vacilado una y otra vez en
cuanto a nuestra relación, pero a media tarde el hecho de que no había respondido
mi carta me hizo sentir ira.
Le creí cuando dijo que me amaba, que me daría tiempo y que estaría allí
esperando si las cosas cambiaban. Supongo que no me había dado cuenta de que el
tiempo… estaba limitado a dos semanas. Por la noche, estaba engullendo helado de
menta con chispas de chocolate directamente del recipiente de medio galón para
comer mi tristeza: depresión. Entonces, cuando no podía conciliar el sueño, me
tumbé en la cama mirando hacia el techo maquinando durante horas un esquema
demente para hacerle cambiar de parecer: negociación. La última etapa, la
aceptación, me llevó ocho años conseguirla con Izzy, y sentía que esta podría tomar
más tiempo.
Doc vino a nuestra sesión de terapia matutina y tuve que arrastrar mi cansado
trasero. Tuve que obligarme a vestirme para nuestro paseo por el bosque, pero
supuse que un poco de aire fresco me haría bien.
—¿Has tenido noticias de Griff? —pregunté, incapaz de ocultar la esperanza
en mi voz.
Frunció el ceño y sacudió la cabeza.
—Lo siento, Luca, no lo he hecho.

257 —Pero me dirías si lo hubieras hecho, ¿verdad?


—Sí, te lo diría.
No era como si aún siguiera sentada esperando a que Griff llame o responda
mi carta: ya habían pasado ocho días desde que recibió mi corazón en bandeja de
plata, y tres desde que le dijo al mundo que no había ninguna Luca. Sin embargo,
aún mantenía una especie de estúpida esperanza de que al menos quisiera ver cómo
estaba, que al menos le importara.
—Déjame preguntarte algo, Doc. ¿Creería que sería ridículo si fuera a Los
Ángeles para hablar con él, aunque ha dejado bastante claro que no quiere tener
ningún contacto conmigo?
—Creo que a veces en la vida tenemos que darnos un gusto, y si la gente no
cree que estamos actuando de manera ridícula, entonces no estamos intentándolo lo
suficiente.
Asentí.
—Simplemente, siento que necesito un cierre. Pasé los últimos ocho años
obsesionada con lo que habría pasado si no hubiera comprado a Izzy y a mí las
entradas para ese concierto. No puedo pasar los próximos ocho años preguntándome
qué habría pasado si hubiera ido a hablar con él por última vez.
—Nuestros miedos son temporales: van y vienen a lo largo de la vida. Pero el
arrepentimiento es permanente: lo llevamos con nosotros para siempre. Si vas y no
sale como querías, estarás triste, pero podrás seguir adelante sabiendo que intentaste
recuperar su corazón.
—Tienes razón. Necesito hacerlo. Incluso si me cierra la puerta en la cara,
necesito gritar y darle todo lo que tengo.
Doc sonrió.
—Mi hermana está en Nuevo México con su hija por el resto del verano, así
que todavía tengo la casa rodante. Podría abastecerla, y podríamos salir esta noche.
Apreciaba la oferta, en serio lo hacía. Y tener un compañero de ruta durante
ese largo recorrido hacía que el viaje fuera mucho más llevadero. Pero aun así,
sentía que esto era algo que necesitaba hacer por mi cuenta. Simplemente tendría
que tomar el doble de tiempo e ir despacio. Había confiado en Doc lo suficiente.
Este viaje era algo que tenía que hacer por Griffin y por mí, pero también era algo
que tenía que hacer solo por mí misma.
—Muchas gracias por la oferta, Doc. Lo aprecio más de lo que nunca sabrás.

258 Pero, ¿crees que a tu hermana le importaría si me presta su casa rodante solo a mí?
Doc se detuvo en seco.
—¿Tú sola? ¿Quieres conducir sola cinco mil kilómetros?
Esperaba no haber herido sus sentimientos.
—Sí. No puedo explicarlo, pero siento que es algo que realmente necesito
hacer sola.
Doc respiró hondo y sonrió.
—Ahora estamos hablando. Date el gusto, Luca.

No podía creer que estaba haciendo esto. Había pasado el último día y medio
preparándome. Tenía la misma ruta que Doc y yo habíamos tomado la última vez
trazada en mi teléfono y también en mapas impresos. Ya que estaría viajando sola,
reduje mi horario de manejo cada día a quinientos kilómetros. Investigué lugares
seguros para estacionar cada noche, lugares para casas rodantes con seguridad y
buenas calificaciones, y abastecí a la caravana con todos los elementos esenciales
que necesitaría durante dos semanas. El tanque de gasolina estaba lleno, cambié el
aceite, y Doc había desarmado el asiento del pasajero y lo quitó para que la cama de
Hortencia pudiera colocarse en el piso en la parte delantera conmigo.
El sol acababa de empezar a ponerse, y caminé por mi casa comprobando que
hubiera apagado todo y desconectado cualquier peligro potencial de incendio. Me
detuve en mi habitación y puse mi mano en el interruptor de la luz, a punto de
apagarla, cuando la foto enmarcada de Isabella y yo me llamó la atención desde la
mesita de noche. Me acerqué y la recogí.
—Parece que deberías venir conmigo. Pero en mi corazón, sé que necesito
hacer esto por mi cuenta. Aunque eso no es cierto, ¿verdad, Izzy? No necesito la
foto para tenerte conmigo, porque siempre estarás en mi corazón. —Respiré hondo y
pasé un dedo por su rostro—. Voy a ser valiente. Te veré en unas pocas semanas.
Volví a colocar el marco en mi mesita de noche y esta vez sonreí mirando
hacia atrás antes de cerrar la puerta. En la cocina, agarré la correa de Hortencia y me
incliné para tomar su cuenco de agua. A medida que permanecía ahí, un destello de
luz me golpeó en los ojos a través de las persianas. La ventana sobre el fregadero

259 daba al frente de la casa, y me incliné hacia adelante y separé dos de los listones
para mirar. Al encontrar los faros, sonreí y sacudí la cabeza. Doc había querido venir
antes de que me fuera de viaje, pero le había dicho que sería tarde y no tenía que
hacerlo. Debí haber sabido que aparecería de todos modos. Agarré mi bolso y
algunas cosas de última hora y salí.
Al segundo en que abrí la puerta de la pantalla, Hortencia se echó a correr y
empezó con sus groink hacia los faros. Amaba a Doc. Cerré la puerta con llave y me
protegí los ojos al girarme. Debe haber tenido sus faros encendidos en todo el
camino, porque parecía que un reflector me iba a derretir con su calor.
—Doc… ¡apaga los faros! —Caminé unos pasos hacia adelante y las luces se
apagaron.
Mis ojos tardaron unos diez segundos en adaptarse a la oscuridad, pero
cuando lo hicieron, me congelé. No era el auto de Doc el que estaba en mi camino
de entrada, y ese definitivamente no era Doc.
Griffin saltó del asiento del conductor de una casa rodante gigante y cerró la
puerta de golpe. Los dos nos quedamos allí de pie solo mirándonos durante una
eternidad.
—¿Qué… qué haces aquí? —pregunté finalmente.
Él asintió a la casa rodante de la hermana de Doc estacionada junto a la que él
había dejado. La tenía encendida para calentarla.
—¿Vas a algún lugar?
Tragué con fuerza.
—Yo estaba… iba a conducir a California para verte.
Ninguno de los dos se movió.
—¿Doc ya está en la caravana?
Sacudí mi cabeza.
—Iba a conducir sola.
Las cejas de Griffin se alzaron.
—¿Ibas a conducir cinco mil kilómetros tu sola?
Asentí.
—Tenía que verte.

260 Metió las manos en sus bolsillos.


—Bueno, aquí estoy. ¿Tienes algo que decir? —Había pasado días pensando
en lo que diría cuando apareciera en la puerta de su casa, pero ahora que estaba
parado a seis metros de él, no sabía por dónde empezar. Griffin dio unos pasos hacia
mí, la grava crujiendo bajo sus pies a medida que caminaba. Sacó algo de su bolsillo
y lo sostuvo en alto—. Recibí tu carta.
—Lo sé. La rastreé y vi que firmaste recibirla.
Sacudió la cabeza.
—Styx firmó. No yo.
—¿Tu baterista?
—Me emborraché y me desmayé en mi habitación. La habitación de Styx
estaba al lado, y escuchó que el gerente del hotel estaba llamando, así que recibió la
carta por mí. Cuando vio la dirección del remitente, decidió que lo último que
necesitaba era más comunicación de tu parte. —Hizo una pausa—. Me jodiste
bastante bien, Luca.
Sentí como si una pelota de tenis estuviera atrapada en mi garganta, y sin
importar cuántas veces intentara tragar, no podía deshacerme de ella.
Griffin cerró la distancia entre nosotros y me tendió la carta que le había
escrito. Todavía estaba sellada.
—Tú… ¿no la abriste?
Griff sacudió la cabeza de un lado a otro lentamente.
—Estaba de camino al aeropuerto cuando Styx finalmente decidió dármela.
No quería que nada de lo que hubieras escrito en ella cambiara mi opinión acerca de
venir, así que no la leí.
Mi frente se arrugó. Lo había jodido, y aun así estaba aquí sin haber leído mi
carta.
—¿A dónde ibas cuando te dio el sobre?
—Aquí.
—Pero… ¿pero por qué?
—Estoy enojado contigo. Estoy cabreado. Estoy cansado de no dormir. No
quiero cantar ni otra maldita canción con tu nombre. Estoy jodidamente irritado.
Pero el hecho es que, todavía quiero pasar cada momento enojado, cabreado,
261 cansado e irritado contigo. Así que me importa una jodida mierda lo que hay en esta
carta. Aquí estoy, y no me iré hasta que resolvamos esto. No tengo ningún otro lugar
donde estar durante tres meses, de modo que si no me dejas quedarme, entonces mi
nueva casa rodante que me costó más que mi casa en California estará estacionada
justo afuera de tu casa por mucho, muchísimo tiempo.
Oh, Dios mío. Habíamos cerrado el círculo. Había dejado de leer sus cartas
hace tantos años atrás, y aquí estaba él hoy, entregándome la mía sin abrir en
persona. Me arriesgué como una loca y estacioné mi casa rodante frente a su casa, y
aquí estaba él hoy listo para estacionar frente a la mía por una oportunidad entre
nosotros.
Tomé la carta de la mano de Griffin y abrí el sello. Mi voz sonó baja y
temblorosa cuando comencé a leer.
—Querido Griffin,
Durante ocho años, he tenido miedo a la oscuridad.
Durante ocho años, he tenido miedo a soltar.
Durante ocho años, he tenido miedo a quedar atrapada.
Durante ocho años, he tenido miedo al fuego.
Durante ocho años, he tenido miedo a intentarlo.
Tu amor me hizo darme cuenta que en realidad nunca tuve miedo a la
oscuridad, tenía miedo a lo que acechaba en la oscuridad.
No tenía miedo a soltar, tenía miedo de aceptar lo que ya se había ido.
No tenía miedo a quedar atrapada, tenía miedo de ser libre.
No tenía miedo al fuego, tenía miedo de quemarme.
No tenía miedo a intentarlo, tenía miedo de lastimarme.
Me sabía las siguientes líneas de memoria, de modo que bajé mi carta y hablé
a los ojos de Griffin.
—No digo que estoy mejor, porque tengo un largo camino por delante. Pero
estoy cansada de dejar que el miedo gobierne mi vida. Estoy aterrada de amarte,
Griffin. Estoy aterrada de lo que sucedería si me permito amarte y luego te pierdo.
—Alcé la vista y vi que los ojos de Griffin están llenos de lágrimas—. Pero me
aterra aún más vivir mi vida sin tu amor que arriesgarme. Así que, por favor,
perdóname. Cometí un error. Y probablemente voy a joderlo un poco más. —

262 Extendí la mano—. Por favor, acéptame de nuevo, Griffin. Porque te amo más que
la suma de todos mis miedos juntos.
Los ojos de Griffin iban y venían entre los míos.
—¿Cómo se le llama a una estrella de rock británica de veinticinco años que
conoce a la chica de sus sueños a través de una carta en segundo grado y conduce a
su casa después de que ella lo abandona?
Me reí.
—No lo sé. ¿Impetuoso?
Griff tomó mis dos mejillas en sus manos.
—Hogar. Al final, lo llamas tu hogar.
A
rrojé mis llaves sobre la mesa cuando entré en la casa.
—Estoy de vuelta y tengo la revista, amor.
Luca había estado escribiendo algo mientras yo pasaba la
mañana haciendo recados. Había estado hibernando con ella
durante meses, hasta que tuviera que partir para la etapa europea de la gira.

263
El plan era que ella se quedaría aquí en Vermont mientras yo me iba. Cuando
regresara, nos aventuraríamos juntos al oeste en la mansión sobre ruedas que había
comprado. Después dividiríamos nuestro tiempo entre California, Vermont y el
camino abierto.
Arrojé la revista sobre la cama. Luca la agarró y examinó la portada. Era una
foto de nosotros donde mis brazos estaban envueltos alrededor de Luca a medida
que ambos sonreíamos para la cámara. El título era: Cole Archer: Encuentra a la
Verdadera Luca.
—Oh, Dios mío. Me veo muy retocada. —Pasó la mano por su rostro en la
portada—. Creo que me gusta —terminó riendo.
—Te ves hermosa, con Photoshop o no. Yo, por otro lado, me parezco al
trasero de Hortencia.
—¿Crees que hicimos lo correcto? Quiero decir, ahora no hay vuelta atrás.
—Esta era la única opción que teníamos. Si quieres que la prensa te deje de
alguna manera en paz, debes cortar las cosas de raíz, tomar el control de la situación.
Les das lo que quieren en tus términos para que así no tengan nada que perseguir.
Se apresuró a leer las páginas.
—¿Lo leíste?
—Sí. Tenía que asegurarme que no hubiera sorpresas antes de dejarte verlo.
Hicieron un buen trabajo al respecto. Supongo que ayudó mi acción legal
amenazante si alteraban siquiera una sola palabra de nuestra verborrea. —Vendimos
los derechos de toda nuestra historia de amor, contada de principio a fin, a una
revista nacional de buena reputación. El reportaje de portada nos consiguió 3
millones de dólares, que donamos en nombre de Isabella a un hospital que atendía a
víctimas de quemaduras.
Si Luca en serio iba a estar en mi vida cotidiana, sabía que no podía ocultarla.
La gente iba a descubrir quién era ella, me gustara o no. Si había algo que había
aprendido de la prensa a lo largo de los años, era a no huir de ellos. Corres hacia
ellos. Les das lo que querían antes de que supieran que lo querían.
—¿Quieres leerlo ahora? —pregunté.
—Tal vez en un rato. Tengo que prepararme para hacerlo.
—Está bien, de acuerdo, porque primero quiero mostrarte algo.
Sus ojos se abrieron de par en par.
—¿Qué?
264 Me subí la manga para revelar el tatuaje fresco que acababa de tatuarme en el
antebrazo interno. Fui al mismo artista que había tatuado el diseño del sol, la luna y
las estrellas en el brazo de Luca y le pedí que lo replicara en el mío.
Ella jadeó y se cubrió la boca.
Examiné su rostro.
—No puedo decir si te encanta o si estás enloqueciendo completamente.
Solo rio.
—Oh, Dios mío. No, lo amo. Es perfecto. Es idéntico al mío. En realidad,
hizo un gran trabajo.
—A decir verdad, siento que tu Izzy ha sido fundamental para guiarnos a
reunirnos de nuevo. Quería honrarla. Sé que se suponía que debía ser ella quien se
hiciera el tatuaje a juego contigo, pero espero poder estar en su lugar… en su
honor…
—Ella te habría amado, Griff.
—¿Ah, sí?
—Sabes… solía hablarle mucho de ti. Y ella decía: “Creo que ese chico
británico es tu alma gemela”. Entonces no lo veía tan claramente, nunca imaginé que
alguna vez tendría la oportunidad de conocerte. Te conocía y tenía una conexión
contigo, eso es seguro, pero nunca pensé en ti como mi alma gemela. Pero ahora sé
que ella tenía razón. Tenía un presentimiento que yo no tenía.
—Gracias por compartirlo. Ahora la amo aún más. —Pasó el dedo sobre el
vendaje transparente, luciendo pensativa—. ¿Qué estás pensando?
—Cuando estuvimos separados… ¿alguna vez…?
Dudó en terminar su pregunta. Pero sabía lo que estaba preguntando.
—¿Alguna vez me follé a alguien más?
Ella asintió.
Había tenido la oportunidad de acostarme con otras mujeres mientras Luca y
yo estuvimos separados. No podía mentir y decir que no hubo momentos en los que
había pensado en terminar con eso de una vez para intentar olvidar el dolor de su
ruptura conmigo. Pero al final, no quería a nadie más, y mi instinto me dijo que lo
lamentaría.
265 —Una parte de mí simplemente lo sabía, Luca. Sabía que de alguna manera
terminaríamos juntos de nuevo. No quería tener que mirarte a los ojos y decirte que
me había acostado con otra persona. Si hubieras tardado años en llegar, no estoy
seguro que pudiera haber estado solo durante ese tiempo, pero estoy muy contento
de que no me hayas hecho esperar demasiado. Sinceramente, nunca sentí que no eras
parte de mí, incluso cuando estuvimos separados. Nunca sentí deseo por nadie más
que tú. Y no, no estuve con nadie. Me alegro de haberte sido fiel.
Un suspiro de alivio se le escapó.
—He tenido tanto miedo de mencionarlo. Pero me estaba molestando, y solo
tenía que saberlo.
—Me alegra que finalmente lo hayas preguntado. —Tenía curiosidad—.
¿Habría cambiado las cosas entre nosotros si hubiera estado con otra persona?
—No. Lo habría entendido, aunque hubiera sido molesto. Pero estoy aliviada.
—¿Qué hay de ti? —pregunté—. ¿Alguien a quien tenga que asesinar?
—No, a menos que sea un Furby.
Luca me estaba haciendo sentir muy orgulloso últimamente. El otro día, vino
conmigo a la tienda de mascotas a media tarde, y hoy nos aventuramos al
supermercado por primera vez durante el día.
Lo que parecía algo simple para la mayoría de las personas era, de hecho, un
gran paso para ella. Pero desde que volvimos a estar juntos, estaba más decidida que
nunca a desafiar sus miedos. Solo esperaba que algún día pudiera volar en aviones y
asistir a uno de mis conciertos, pero paso a paso. Sabía que jamás la obligaría a
hacer algo para lo que no estaba preparada.
—¿Cómo estás? —le pregunté cuando nos acercamos a la tienda de
comestibles desde el estacionamiento.
Dejó escapar un suspiro.
—Ansiosa. Pero, incluso si me cago los pantalones, no voy a huir.
—Si te cagas los pantalones, amor, yo seré el que huya. —Le guiñe un ojo.

266 Logró reír a pesar de sus nervios.


La sostuve, apretando su mano, mientras nos abríamos paso a través de las
puertas corredizas de vidrio. Las brillantes luces fluorescentes nos saludaron. Era de
tarde, así que, aunque estaba más lleno que a media noche, el mercado no estaba
abarrotado de ninguna manera.
—¿Estás bien?
Asintió y dejó escapar un suspiro tembloroso.
—Sí.
—Bien.
—¿Y ahora qué? —preguntó.
—¿Ahora? Ponemos un pie delante del otro y compramos.
De esto se trataba todo esto. Un paso a la vez. Estuve emocionado cuando le
dijo a Doc que no venga, que estaría bien solo conmigo. No es que no apreciara todo
lo que él había hecho por ella, pero se iría de Vermont lo suficientemente pronto y
necesitaba aprender a apoyarse en mí; hasta que no necesitara apoyarse en nadie en
absoluto.
Nos encontramos con las sandías.
—¿Cuál era el truco, nena? Muéstrame otra vez cómo eliges la mejor.
En realidad no quería saberlo, pero era una buena manera de distraerla.
Levantó una de ellas y lo demostró.
—Tienes que llevarla a tu oreja y darle un golpecito con el dedo. Si suena
hueco, es perfecto.
La atraje hacia mí y acurruqué mi cabeza en su cuello, tomando todo lo que
pude del olor de su aroma. Mi mejilla cayó sobre su pecho y pude sentir su corazón
latiendo contra mí. Luego di un golpecito suave en su seno y puse mi oreja sobre su
corazón.
Ella rio.
—¿Qué estás haciendo?
—Sí. He encontrado la indicada para mí. Definitivamente he elegido la
mejor.

267
Dos años después…

Q
uerida Luca,
Pensarías que después de todos estos años… después de
todas las cartas que te he escrito, esta sería fácil. Pero de alguna
268 manera, me siento nuevamente como un niño de trece años,
temeroso de decirle cómo se siente a la niña de la que se está enamorando. Mucho
ha cambiado desde entonces. He estado dentro de ti. He llegado a amarte de formas
que nunca creí posibles. Y aun así… parece que fue ayer cuando era el niño de
Londres esperando la próxima carta. Nunca podría haber imaginado que el viaje de
la vida nos llevaría a llegar a donde estamos hoy. Tu valentía para superar tus
miedos no solo me inspira, sino que demuestra cada día cuánto me amas.
Dejándome sostener tu mano mientras que tú, con los nudillos blancos, atraviesas la
vida conmigo, dejando que el miedo haga lo peor para que así podamos estar juntos,
es la prueba definitiva de tu amor.
Antes que mamá muriera, me dijo que su mayor deseo para mí era que algún
día encontrara a alguien que me ame tanto como ella. Me da mucha alegría saber
que ahora me está mirando y ve que lo conseguí. Puede descansar en paz sabiendo
que soy amado y cuidado. Y espero que tu padre y Doc estén mirando en este
momento y piensen lo mismo: sabiendo que su niña es apreciada. Estoy tan feliz de
ser el hombre que te ama. En los últimos años, has demostrado que harías cualquier
cosa por mí. Y quiero que sepas que haría cualquier cosa por ti. Moriría por ti, Luca.
Eres la única persona de la que honestamente puedo decir eso. Maldita sea, ¿podría
esta carta SER más cursi? (Tuve que traer de vuelta a Chandler Bing de Friends para
la ocasión). Cursi o no… simplemente no hay otra forma de transmitirlo.
Luca Vinetti, mi amor por ti es más grande que el sol, la luna y las estrellas.
No conoce límites. Nuestra historia no está hecha de cuentos de hadas… es cruda y
real pero aun así es el tipo de amor más verdadero que existe. Me estaba
preguntando si me harías el honor de ser mi esposa. Cásate conmigo, Luca. Cuando
termines de leer esta carta, vas a mirarme, y entonces voy arrodillarme. Voy a
pedirte una vez más que te cases conmigo. Si dices que sí, me harás el hombre más
feliz del mundo. Si dices que no, te amaré de todos modos, y no importará si hay un
anillo en tu dedo para probarlo. Te amo. Luca. Desde ahora hasta la eternidad.
Tu amor,
Griffin
P.D: Por favor, di que sí.
P.P.D: Cásate Con Mee-Mee.

Doblé la carta y cerré los ojos, recordando el día que Griffin me había
propuesto matrimonio hace un año.

269 Habíamos estado vagando por el país en la casa rodante después que regresó
de su gira europea. Mientras Griffin estaba fuera en Europa, Doc murió
repentinamente de un ataque al corazón. Había ido a verlo en su pequeña casita y lo
encontré en la cama inconsciente. Fue el segundo momento más difícil de mi vida y
en realidad demostró cuánta fuerza tenía. Porque nunca habría pensado que podría
haber sobrevivido encontrándolo así. Pero simplemente sabía que tenía que ser
fuerte por él, que él nunca querría ser la fuente de mi dolor. Le debía a Doc poner en
práctica sus propias enseñanzas a la hora de perderlo.
Justo después que Doc murió, Griffin voló desde Europa para estar conmigo,
citando una emergencia familiar.
La gira se suspendió hasta que tuvimos tiempo de hacer el duelo
adecuadamente. Después que regresó a Europa y terminó las últimas presentaciones
pospuestas, regresó a Vermont. Fue entonces cuando comenzó nuestra vida nueva a
medida que tomábamos la carretera con Hortencia a cuestas. Fue durante ese viaje,
estacionados en algún lugar de Florida, que Griffin me había entregado su carta de
propuesta antes de arrodillarse. Por supuesto, dije que sí.
Ahora, un año después, estábamos en casa en Los Ángeles la mañana del día
de nuestra boda. Griff había acordado prepararse en la casa rodante de modo que
pudiera tener algo de privacidad. Planeamos hacer fotos antes de la ceremonia. Así
que me vería pronto.
Con todo el segundo piso de nuestra casa para mí sola, me estaba tomando
este tiempo para disfrutar de la paz y la tranquilidad; aparte del ocasional chillido de
Hortencia. Si bien había hecho algunos amigos aquí, elegí no tener damas de honor.
No había nadie que pudiera reemplazar a Izzy hoy; ella estaba aquí en espíritu como
mi dama de honor. La ceremonia sería pequeña, solo algunos de nuestros amigos
más cercanos. El padre de Griffin voló desde Londres con su esposa nueva. Sabía
que eso era estresante para Griff, pero estaba orgullosa de él por haber dado ese paso
al invitarlo.
Nuestra boda se llevaría a cabo en el aviario Doctor Chester Maxwell aquí en
Los Ángeles. Griffin les había dado una considerable donación, y lo habían
renombrado en memoria a Doc. Este era un día muy emotivo para mí, mucho más de
lo que había imaginado. Los dos hombres a quienes habría querido me llevaran por
el pasillo, mi padre y Doc, se habían ido. De modo que Griffin estaría haciendo los
honores.
Abrí la ventana para dejar entrar un poco de aire fresco antes de tener que
ponerme el vestido. Con mi bata de seda, miré hacia el claro cielo de California y
respiré hondo.

270 Fue entonces cuando noté un cardenal rojo posado en el balcón de hierro
forjado. Por supuesto, cada vez que un pájaro pasaba por mi lado, me haría pensar
en Doc. Pero había algo diferente en este. No estaba revoloteando o cantando como
los otros pájaros del jardín. Estaba estoico. Este parecía estar mirándome fijamente.
—Hola —dije.
Inclinó su cabeza en respuesta.
Recordaba específicamente a Doc diciendo algo sobre el cardenal rojo, cómo
la gente a menudo creía que eran mensajeros de seres queridos perdidos.
Esperé que volara alejándose, pero en cambio voló hacia mí y aterrizó en el
alféizar de la ventana justo a mi lado. Mis ojos comenzaron a llorar, principalmente
por lo patética que era al esperar que de alguna manera Doc me estuviera enviando
un mensaje… o sea el propio Doc. Quería creer más que nada que este pajarito era
él. Pero nunca lo sabría. Solo empecé a llorar.
Imaginé dónde estaría mi vida sin Doc y sin Griffin. Era irónico, porque si no
fuera por Doc, nunca habría vuelto a conectar con Griffin, porque el viaje a
California no habría sucedido. Y sin Griffin, no podía imaginar cómo habría lidiado
con la pérdida de Doc, la única familia que me quedaba. Tenía mucha suerte de
haber tenido hombres tan importantes en mi vida que me habían impactado
profundamente.
—Hola, amigo —le dije al pájaro—. Voy a fingir que eres tú. Porque me
alegra pensar que podrías haberte transformado en una de las criaturas que tanto
querías. Pero, sobre todo, quiero creer que hoy estás aquí conmigo, donde deberías
estar. Me habrías acompañado por el pasillo, ¿sabes? —Me sequé los ojos—. Lo
siento, nunca alcancé a despedirme de ti. Pero sé que todavía estás aquí conmigo.
Cuando tengo miedo, todavía escucho tu voz animándome. Te llevo a todas partes.
Porque, gracias a ti soy lo que soy, Chester Maxwell.
El pájaro se fue volando de repente. Sin despedida. Sin advertencia. Nada.
Por otra parte, así era como debía ser, ¿no?
Llamaron a la puerta.
—¿Sí? —Me sequé los ojos.
—Hola, señorita Vinetti. ¿Es seguro entrar?
Era la fotógrafa, Leah.
Abrí la puerta.
—Hola. Sí. Solo tengo que retocarme el maquillaje de los ojos y ponerme el

271 vestido. ¿Te importaría ayudarme?


—Para nada.
Si bien habría preferido que mi madre o Izzy estuvieran aquí para cerrar la
parte posterior de mi vestido en lugar de Leah, me consoló el hecho de que pronto
estaría con Griffin, y estos sentimientos de soledad serían reemplazados por la
alegría del día de nuestra boda.
Después de vestirme, Leah me tomó algunas fotos mirándome en el espejo a
medida que me volvía a maquillar.
Era hora de encontrarse con Griffin afuera.
—El señor Archer pidió tener algo de privacidad con usted en el patio antes
de que comiencen las fotos. Así que capturaré el momento en que él la ve y luego
desapareceré durante unos diez minutos antes de volver para tomar sus fotos al aire
libre.
—Está bien. Gracias.
Cuando salí de la casa al patio, la espalda de Griffin estaba frente a mí
mientras permanecía parado debajo de un árbol de jacarandá.
—¿Griffin?
Cuando se dio la vuelta y me miró, comenzó a llorar inmediatamente.
Raramente había visto llorar a Griffin… al menos, no lágrimas de felicidad. Pero
ciertamente no había una prueba más grande de su amor por mí que verlas caer de
sus ojos en este momento.
—Te ves aún más hermosa de lo que podría haber imaginado.
—Gracias. Y tú te ves muy atractivo. —Ajusté su ojal y le di unas palmaditas
en el pecho—. Me encanta ese chaleco. —Sentí que debería haber estado llorando,
pero creo que ya había llorado demasiado. Eso no significaba que no estaba más allá
de la felicidad ahora mismo.
Noté que Griffin sostenía una pequeña bolsa de regalo.
—¿Qué hay en la bolsa?
—No estaba seguro si tenías algo viejo, algo prestado, algo azul…
—Ni siquiera recordaba esa tradición. —Sonreí—. De hecho, no tengo. ¿Me
cubriste?
—Te cubrí. —Me guiñó un ojo, luego sacó el primer artículo de la bolsa—.

272 Algo viejo —dijo a medida que sacaba un relicario de plata—. Esto perteneció a mi
madre. Cuando lo heredé después de su muerte, estaba vacío. Así que tomé la foto
que tienes de Izzy y le saqué una copia del tamaño adecuado para que quepa dentro.
De acuerdo, ahora estaba llorando.
Cuando lo colocó alrededor de mi cuello, dije:
—Se va arruinar mi maquillaje.
—Lo arreglaremos.
No había nada que Griffin no pudiera arreglar o mejorar.
Mi corazón se aceleró con anticipación cuando sacó el siguiente artículo.
—Algo prestado —dijo antes de abrir una caja de terciopelo. En ella estaban
los pendientes Harry Winston de diamantes más impresionantes que hubiera visto.
Esos tuvieron que haber costado una fortuna.
—Oh, Dios mío. Son exquisitos.
—Espero que en serio te gusten. No tienes que usarlos si no lo haces.
—Sí. —Sonreí—. En serio me encantan. Gracias.
Saqué los pendientes de diamantes más pequeños que había estado llevando
antes de que me ayudara a ponerme los pendientes nuevos. Eran magníficos
colgantes al estilo araña que probablemente costaron tanto como esta boda.
—Algo azul. —Me disparó una sonrisa malvada antes de sacar un pequeño
llavero Furby. Era el que había dejado en su casa durante mi primer viaje para verlo.
Resultó ser de un color azul real. Había agregado un pequeño alfiler de seguridad en
el extremo. Agachándose, lo sujetó a la parte inferior de mi vestido.
—Eso es perfecto. —Sonreí radiantemente.
—Y más tarde podemos usarlo hasta que la batería se agote.
Después de dejar a un lado la bolsa, me di cuenta que se había saltado “algo
nuevo”.
—¿No falta uno? ¿Algo nuevo?
—Sí, mi amor. Pero no está en la bolsa. Está dentro de ti.
Griffin se arrodilló y besó mi estómago.
La mayor recompensa por enfrentar mis miedos era que él y yo habíamos
273 hecho a un pequeño humano. Con cuatro meses, no mostraba lo suficiente como
para usar un vestido materno. Afortunadamente, el corte del vestido que elegí
ocultaba el pequeño bulto que tenía bastante bien. Pero en cuestión de meses,
daríamos la bienvenida a un bebé, a quien planeábamos llamar Griffin Chester
Marchese. Y mi vida, una vez más, cambiaría para siempre.
¿Estaba aterrorizada de ser madre? Absolutamente. Pero me sumergiría de
cabeza y aceptaría todo como viniera tal como había estado intentando hacer con
todo lo demás. Ese enfoque me había llevado lejos. Me había traído hasta aquí, el
día más importante de mi vida.
Griffin tomó mi mano a medida que caminábamos por su jardín, disfrutando
toda esta calma antes de la boda.
—Lo mejor que hice alguna vez fue responder tu primera carta, sabes —dijo.
Apreté su mano.
—Lo mejor que hice alguna vez fue enviarla.
—Hablando de tu primera carta, recientemente revisé todas mis cajas y la
encontré. La guardo en mi bolsillo hoy como mi propio “algo viejo”.
—¿En serio?
Metió la mano y la sacó antes de desplegarla.
La sorpresa cruzó su rostro.
—Dios mío.
—¿Qué?
—Nunca me di cuenta de esto. Mira la fecha, Luca. Mierda. ¡Mira la fecha!
Era la fecha de hoy… exactamente hace veinte años.
Mi boca colgó abierta.
—Nos vamos a casar dos décadas después de la primera vez que te escribí.
—Y no teníamos idea cuando elegimos esta fecha para nuestra boda. Diría
que es jodidamente increíble.
No recordaba lo que había escrito esa primera vez. Miré esa carta profética y
sonreí mientras la leía.

274 Querido Griffin,


No me conoces, pero mi maestra me dio tu nombre. Soy Luca. ¿Creo que
estás buscando un amigo por correspondencia? ¿Te gustaría ser el mío?
Tengo siete años, vivo en Nueva York, amo el regaliz negro y bailar.
Me encantaría saber cómo es Inglaterra. ¿Tienen regaliz negro allí? Escuché
que las personas conducen en el lado opuesto de la carretera. ¡Eso es muy raro!
Tu amiga por correspondencia (?),
Luca
P.D: La señorita Ryan me mostró una lista de niños, y elegí tu nombre,
Griffin Quinn. No sé por qué. Tal vez porque mi madre ve ese programa de la Dra.
Quinn, Medicine Woman. Pero te destacaste. Simplemente tuve el presentimiento de
que eras tú: mi amigo por correspondencia. Mi papá siempre dice que confíes en tu
instinto. Mi intestino ama el regaliz negro. Y mi instinto me dice que vamos a ser
amigos, Griffin. En serio espero que me respondas.

FIN
Estimados lectores,
¡Tenemos una GRAN SORPRESA para ustedes! ¿Les gustaría ESCUCHAR
a Griffin cantar la canción que le escribió a Luca en el libro? ¡Simplemente hagan
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Griff cantando con el corazón a la mujer que ama!
¡Esperamos que les guste tanto como a nosotras!
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Con mucho amor,

275 Vi y Penelope.
Vi Keeland es una autora reconocida por el
New York Times, el Wall Street Journal y el USA
Today.
Con millones de libros vendidos, sus títulos
han aparecido en más de cien listas de los más
vendidos y actualmente están traducidos en más de
veinticinco idiomas.
Vive en Nueva York con su esposo y sus tres
hijos, donde disfruta de su propio felices para
siempre con el chico que conoció a los seis años.

276 Penelope Ward es una autora reconocida por el New York Times, el USA
Today y el Wall Street Journal.
Creció en Boston con cinco hermanos
mayores y pasó la mayor parte de su juventud
como presentadora de noticias de televisión, antes
de cambiar a una carrera más compatible con su
familia.
Penelope vive para leer libros del género
New Adult, tomar café y salir con sus amigos y
familiares durante los fines de semana.
Es la orgullosa madre de una hermosa niña
de quince años con autismo (la inspiración del
personaje de Callie en Gemini) y un chico de trece
años, quienes son las luces de su vida.
Penelope, su esposo y sus hijos residen en
Rhode Island.
Moderación
LizC

Traducción
LizC

277 Corrección, recopilación y revisión


Indiehope y LizC

Diseño
JanLove
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