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La Inmigración en el Pensamiento de la

Intelectualidad Chilena 1810-1910*

Carmen Norambuena Carrasco

«Gobernar es poblar»: la sentencia alberdiana parece resumir, casi en expresión algebraica,


la preocupación recurrente, en torno a la población, de muchos estadistas y hombres de letras en la
América del siglo XIX. Más aún esta preocupación parece tener origen en el último siglo colonial,
pues el pensamiento ilustrado español del siglo XVIII y las consecuentes medidas implementadas
en torno a la política fundacional y poblacional parecen, en primer lugar, evidenciar esta
preocupación.!
En el preludio de la Independencia ya se hacía presente la condición de que el
país podía efectivamente sustentar una mayor cantidad de población:
«El reino de Chile, sin contradicción, el más adecuado para la humana felicidad es
el más miserable de los dominios españoles. Teniendo proporciones para todos,
carece de lo necesario, y se traen a él frutos que podría dar a otros. Su extensión
desde Atacama a la Concepción, que es la parte ocupada
por los españoles, encierra nueve mil leguas en áreas, que participan en todos los
climas».
«En este suelo privilegiado bajo un cielo benigno y limpio deberán haber una
numerosa población, un comercio vasto, una floreciente industria, y las artes que
son consiguiente ... »
«A pesar de todas estas proporciones, la población según los mejores cómputos y
razones que se han tomado antes y ahora, no pasa de cuatrocientas mil personas
según el más moderado cálculo, tiene este reino cuando más la veintésima parte de
gente que admite; y esta despo-

Universidad de Santiago de Clúle


Facultad de HumalÚdades
Departamento de Historia

*Este trabajo fue presentado como ponencia en las IX Jornadas de Historia de Chile como un avance
de los proyectos FONDECYT 1991 y DICYT 1990. Universidad de La Serena. La Serena 1991.

1 Lilia Ana Bertoni y Luis Alberto Romero "A~pectos comparativos de la Inmigración Europea en el
Cono Sur: La "Utopía IfEraria". La Inmigración a América Latina, volumen 2, I.PG.H. México
1985, página 8-9. "
Santiago Lorenzo y Rodolfo Urbina "La Política fundacional del siglo XVIII": U. C. de Valparaíso,
1983.
Contribuciones Cientlficas y Tecnológicas, Area Ciencia Sociales y Humanidades, N°109, agosto 1995 73
blación asombrosa, verdadero termómetro del estado del país, dará una justa idea
de su miseria. Es a la verdad de admirar que está desierta una tierra que
corresponde con prodigalidad al cultivo, donde la fecundidad de las mujeres es
grande, en que continuamente se establecen forasteros, siendo raro el natural que
sale; donde ni la guerra ni la marina consumen hombres ... ».2
La cuestión quedaba así planteada, según Manuel de Salas, uno de los medios que en
forma decisiva concurriría a elevar el estado general del reino y, a «reparar su decadencia y
ponerlos en el estado de prosperidad y vigor que se desea», era precisamente el incremento de la
población.
Más aún, los hombres de fines del siglo XVIII, en su pensamiento ligaban estrechamente a
lo anterior el desarrollo de la enseñanza como base del progreso social. En la memoria leída ante
el Consulado, en 1808, [por Anselmo de la Cruz], se refleja esa intención cuando en uno de sus
párrafos dice: «He comprendido que el medio más conducente de contener los desórdenes y de
que se pueda dar algún fomento a la agricultura, industria y comercio y artes del reino, sea el
proporcionar la educación a la porción ignorante, específico inmediatamente contrario a la
barbarie y a la desidia ... »3
En el ideario de la aristocracia que encarnaría el proceso de emancipación fraguaban estas
ideas que con el tiempo, se transformarían en una constante. Domingo Díaz de Salcedo y Muñoz,
decía en 1789: «ya damos por supuesto que sin la población no puede adelantarse ni la agricultura
ni las artes y por consiguiente ni el comercio, pues del número considerable de gentes, esto es de
la abundante población, pende el poder acudir con la fuerza necesaria a todas las carreras».4
Desde los primeros pasos del Chile independiente el esfuerzo de las autoridades, centrado
fundamentalmente en estructurar la República y en dar forma a la conducción económica, no
ignoró este asunto también vital: el de la población. 5
En este contexto tienen sentido las iniciativas de José Miguel Carrera y Bernardo
O'Higgins. Carrera propuso, en 1811, la traída de inmigrantes irlandeses para que «colaboraran en
la defensa del territorio», mientras que O'Higgins, aprobó dos decretos que apoyaban la llegada de
colonos suizos e ingleses. El primero hacía alusión a que se trajesen no sólo agricultores sino
también aquellos que «profesasen algún ejercicio o industria útil al país». En el segundo, la
referencia al tipo de inmigrante era más precisa aún «oo. que de preferencia se envíen artesanos
entendidos en

Manuel de Salas, "Representación al Ministerio de Hacienda, hecha por el síndico de este Real
Consulado, sobre el Estado de (la) Agricultura, Industria y Comercio en este reino de Chile". En
Hernán Godoy, Estructura Social de Chile, pp. 139-140.
[bid. p.136. Sergio Villalobos, "El bajo pueblo en el pensamiento de los precursores de 1810". En este
mismo artículo el autor recoge otros escritos que apuntan al mismo asunto: Cos Iriberri al recordar la
desaparición del indígena, afirmaba que "se había perdido en sus personas la población, que es el
mayor tesoro y verdadera riqueza de un estado".
[bid. p. 131.
5 Como dato ilustrativo se puede exhibir que el total de extranjeros, no españoles por cierto, que residían en

el Reino de Chile, entre 1808 y 1809 eran 77: alemanes 1, austriacos 1, escoceses 1, estadounidenses 9,
franceses 8, holandeses 1, ingleses 6, irlandeses 5, italianos 19, malteses 1, neozelandeses 1,
portugueses 21, suecos 1, suizos 1. "expediente formado sobre averiguar los extranjeros que 'residen en
el reyno", Edición, Compilación, introducción y notas 'de Guillermo Bravo A.. Serie.Fuentes de la
Emancipación. Biblioteca del Instituto O 'Higginiano de Chile. Santiago, 1990 p.15.
74 Contribuciones CientiJicas y TecnológiclLf, Area Ciencia Sociales y Humanidades, N°109, agosto 1995
la fabricación de lanas, lino, papel, cristales i químicos i mineralogistas». No obstante, ambos
intentos fracasaron.6
El mismo O'Higgins, siendo Director Supremo fundamentaba la traída de extranjeros en
los siguientes términos: «La gran mira del Gobierno de Chile debe ser la civilización de los
indios i su reunión a los demás chilenos, en términos que se forme una sola Nación. La
despoblación del país, su escasa industria, el paso lento de su civilización, la falta de aplicación
al trabajo en algunos puntos, i la inmoralidad contraida en otros por el largo ejercicio de la guerra
i del pillaje, llaman con preferencia la atención del gobierno, en calidad de males urgentes i sin
cuyo pronto remedio no puede prosperar la Patria. El Director Supremo cree que el
establecimiento de colonias de extrajeros en la vasta extensión que yace entre los rios Maule e
Imperial i principalmente entre este último i el Bio Bio, después de tirada la línea demarcatoria
de fronteras por el río Imperial, sería la medida más oportuna y benéfica, porque bastaría por
remedio de los males expuestos ... ».7
En el discurso O'Higginiano la molicie indígena y la despoblación tendrían su remedio en
la acción civilizadora que irradiaría la instalación de colonias extranjeras, fundamentalmente « en
el corazón del territorio araucano ».
Así, se va configurando lo que llamaríamos una verdadera ideología de la inmi· gración.
Se ha dicho que el término ideología se encuentra en un punto entre la filosofía política
social y las expresiones prácticas de grupos de opinión, que precisamente proporciona el nexo
entre ambas. También se ha dicho que la ideología es «un concepto general acerca de la
naturaleza ideal o real de la sociedad que da sentido y dirección a la vida de grandes grupos
humanos».8 0, de otra parte que es «un sistema (con su lógica y rigor propios) de
representaciones (imágenes, mitos, ideas o conceptos según los casos) dotados de una existencia
y un papel histórico en el seno de una sociedad dada».9 Uno y otro conceptos son coincidentes
en que la ideología da direccionalidad al proceso social. El caso es que en una sociedad pueden
coexistir varias ideologías, expresas o tácitas; de ahí que, la tarea del historiador se torne difícil
cuando debe hurgar en su búsqueda. Los testimonios no siempre es posible observarlos en la su-
perficie, fundamentalmente, debido a que los sistemas no tienen igualdad de oportunidades en su
expresión. Con frecuencia las ideologías que se han configurado al interior de los grupos
populares tardan mucho más en aflorar que las de las élites. Lo anterior, lleva a reconocer otra
característica de los sistemas ideológicos, cual es su persistencia en el tiempo. La ideología es de
por sí conservadora y, de una u otra manera, trata de adaptarse para perdurar y resistir de mejor
forma los embates de nuevos agentes externos; no obstante, y en el largo tiempo, éstas están
condenadas a una metamorfosis, pues, difícilmente una sociedad puede permanecer impermeable
a las influencias foráneas.
Georges Duby dice « ... por debajo de la modernidad de superficie que las capas
dominantes ostentan para distinguirse de las demás, un fondo sólido de referencias a

6 Cannen Norambuena C. Política y legislación inmigratoria en Chile. 1830-1930. Cuadernos


de Humanidades N°lO. Historia serie 3. USACH 1990. pp. 26-27.
7 ¡bid. p. 27. ,
& George Hughes. Historia contemporánea de Europa. p. 19.

9 Georges Duby • Historia Social e Ideologías de las Sociedades', en Hacer la Historia Jacques Le

Goff, volumen 1, p:159.


Contribuciones Cientfjicas y Tecnol6gica~. Area Ciencia Sociales y Humanidades, N°109. agosto 1995 75
la fabricación de lanas, lino, papel, cristales i químicos i mineralogistas». No obstante, ambos
intentos fracasaron.6
El mismo O'Higgins, siendo Director Supremo fundamentaba la traída de extranjeros en
los siguientes términos: «La gran mira del Gobierno de Chile debe ser la civilización de los indios
i su reunión a los demás chilenos, en términos que se forme una sola Nación. La despoblación del
país, su escasa industria, el paso lento de su civilización, la falta de aplicación al trabajo en
algunos puntos, i la inmoralidad contraida en otros por el largo ejercicio de la guerra i del pillaje,
llaman con preferencia la atención del gobierno, en calidad de males urgentes i sin cuyo pronto
remedio no puede prosperar la Patria. El Director Supremo cree que el establecimiento de colonias
de extrajeros en la vasta extensión que yace entre los rios Maule e Imperial i principalmente entre
este último i el Bio Bio, después de tirada la línea demarcatoria de fronteras por el río Imperial,
sería la medida más oportuna y benéfica, porque bastaría por remedio de los males expuestos ...
».7
En el discurso O'Higginiano la molicie indígena y la despoblación tendrían su remedio en
la acción civilizadora que irradiaría la instalación de colonias extranjeras, fundamentalmente « en
el corazón del territorio araucano ».
Así, se va configurando lo que llamaríamos una verdadera ideología de la inmi· gración.
Se ha dicho que el término ideología se encuentra en un punto entre la filosofía política
social y las expresiones prácticas de grupos de opinión, que precisamente proporciona el nexo
entre ambas. También se ha dicho que la ideología es «un concepto general acerca de la naturaleza
ideal o real de la sociedad que da sentido y dirección a la vida de grandes grupos humanos».8 0,
de otra parte que es «un sistema (con su lógica y rigor propios) de representaciones (imágenes,
mitos, ideas o conceptos según los casos) dotados de una existencia y un papel histórico en el seno
de una sociedad dada».9 Uno y otro conceptos son coincidentes en que la ideología da
direccionalidad al proceso social. El caso es que en una sociedad pueden coexistir varias
ideologías, expresas o tácitas; de ahí que, la tarea del historiador se torne difícil cuando debe
hurgar en su búsqueda. Los testimonios no siempre es posible observarlos en la superficie,
fundamentalmente, debido a que los sistemas no tienen igualdad de oportunidades en su
expresión. Con frecuencia las ideologías que se han configurado al interior de los grupos
populares tardan mucho más en aflorar que las de las élites. Lo anterior, lleva a reconocer otra
característica de los sistemas ideológicos, cual es su persistencia en el tiempo. La ideología es de
por sí conservadora y, de una u otra manera, trata de adaptarse para perdurar y resistir de mejor
forma los embates de nuevos agentes externos; no obstante, y en el largo tiempo, éstas están
condenadas a una metamorfosis, pues, difícilmente una sociedad puede permanecer impermeable
a las influencias foráneas.
Georges Duby dice « ... por debajo de la modernidad de superficie que las capas
dominantes ostentan para distinguirse de las demás, un fondo sólido de referencias a

6 Cannen Norambuena C. Política y legislación inmigratoria en Chile. 1830-1930. Cuadernos


de Humanidades N°lO. Historia serie 3. USACH 1990. pp. 26-27.
7 Ibid. p. 27. ,
8 George Hughes. Historia contemporánea de Europa. p. 19.

9 Georges Duby • Historia Social e Ideologías de las Sociedades·, en Hacer la Historia Jacques Le

Goff, volumen 1, p:159.


Contribuciones Cientificas y TecnoI6gica~, Area Ciencia Sociales y Humanidades, N°109, agosto 1995 75
las tradiciones proporciona al espíritu conservador su apoyo más firme».lo
Quisiéramos reconocer en los albores del tiempo republicano, en la multiplicidad de
sistemas interrrelacionados, la fisonomía de un plano que emerge de un pasado inmediato, y
que se configura en un marco axiológico no sustancialmente distinto al que le precede, pero que
se reconoce asimismo como diferente.
En un estudio sobre el pensamiento latinoamericano en que se analiza en profundidad
los modelos ideológicos en este espacio se pregunta ¿Dónde reside la originalidad del
pensamiento latinoamericano?, iniciándose la reflexión en torno a una nueva interrogante,
¿Dónde recurrir para encontrar respuesta a la realidad propia? Bajo este enfoque tres son los
problemas a los que necesariamente hay que hacer referencia: «El primero es en torno a la
periodización y si ésta es diferente a la usada en Europa. El segundo se refiere al aspecto
político y al modelo ideológico considerado para la construcción de las repúblicas, luego de la
independencia de España. Finalmente, el tercero ve el modelo ideológico desde la ciencia y la
técnica como un modo de afirmación de lo propio»,u
Sin la intención de una lectura y análisis exhaustivos de tales premisas, pues no es la
ocasión, pero teniéndolas presentes como marco referencial de análisis, particularmente, cuando
en el primer asunto se señala que: «Al haber conciencia de la época de su novedad surge la
necesidad de distinguirse de otras épocas. Más aún, a lo anterior se le ve distinto, no tanto en
razón de sí mismo, sino por la conciencia que se tiene de sí. Sirve así la periodización como
criterio orientador»,t2 Lo propio ocurre con los dos aspectos siguientes, en los que se debate si
al momento de la Independencia se importó y aplicó un modelo ideológico, al propio tiempo
que la capacidad de respuesta que las nuevas naciones tuvieron frente al desafío científico
tecnológico.
No siendo nuestra intención ahondar en temas como imitación, identidad o recreación de
modelos, debemos sí reconocer que en la construcción ideológica decimonónica de las naciones
suramericanas y, de Chile en particular, los Estados Unidos de Norteamerica y la Europa
específicamente, constituyeron, quiérase o no, el contrapunto necesario e indispensable para la
elaboración de los propios sistemas ideológicos.
El modelo conservador y luego el liberal que presidió el devenir histórico en
Hispanoamérica, claramente observable en Chile conlleva, como una de sus tantas variables
constitutivas de sus ideologías, el tema de la inmigración.
Sin este marco conceptual precedente, sería imposible comprender a cabalidad el
concepto de la UTOPIA AGRARIA y el ideal de la CIVILIZACION y EL PROGRESO, que a
nuestro juicio y, desde este punto de análisis, son las constantes que perduran a través del siglo.
Consolidada la República, uno de los primeros pasos que el gobierno dio en favor de la
inmigración fue la constitución, en 1843, de una comisión para que exami· nase los diversos
proyectos que en favor de colonización del sur de Chile se habían presentado Y Fruto de estos
estudios fue la ley de noviembre de 1845 por la cual se

10Ibid. 161.162.
11Mano Berrios. Identidad, origen, modelos: pensamiento latinoamericano. I.PS., Santiago 1988,
p.67. .
12 Ibid. p. 68. .
13 José Ignacio J)omeyko, Memoria sobre la colonización en Chile. Imprenta de Julio Belín y Co,

Santiago, 1850 ..
76 Contribuciones Cientfjicas y Tecnológicas, Area Ciencia Sociales y Humanidades, N°109, agosto 1995
autorizaba al presidente para que en 6000 cuadras de terrenos baldíos pudiese establecer colonias
de naturales y extranjeros que quisieran radicarse en el país y ejercer alguna industria útil.
Derivado de esta ley a su vez, en julio de 1848, un decreto comisionaba a Bernardo Philippi para
traer a las «orillas australes de la laguna de Llanquihue de 150 a 200 familias alemanas católicas,
de agricultores y artesanos de aldea ... » .14
Sin embargo, ya en ese tiempo y, no obstante, el énfasis gubernamental en la radicación
de colonos en el sur Ignacio Domeyko, en una memoria escrita sobre este asunto, expresaba que»
... puesto que la extensión de los terrenos baldíos, destinados a la colonización en Chile es
limitada, y el gran porvenir de la nación no consiste tanto en el acrecentamiento rápido de su
población como es la homogeneidad y el progreso moral e intelectual de ella, es natural que el
objeto principal de la colonización en Chile no debe ser tanto el poblar (desde luego) el país,
como la mejora de sus
. hábitos y costumbres y el progreso de su industria y laboridad». «El objeto, pues principal de la
colonización en Chile mediante la inmigración extranjera, no puede ser de aumento numérico de
la población, sino la educación práctica, la movilización del pueblo, la introducción entre la gente
trabajadora del orden doméstico, del espíritu de economía, del amor al trabajo, de los métodos
prácticos en la agricultura adecuados al temperamento y al suelo de las provincias del sur: en fin
la inoculación de aquella actividad propia de los pueblos septentrionales de Europa y el asegurar
las ventajas, que resultan del cruzamiento de las razas, y del hecho de relacionarse una nación
con otras lejanas por la sangre y el genio de sus hijos».
«Partiendo de este principio, una vez admitido, siguiese luego, que si en el acto de traer
colonos y establecer colonias extranjeras, la nación se propone, ante todo introducir mejores
hábitos y costumbres, y plantear escuelas prácticas para la educación de la gente campesina; se ha
de evitar que en lugar de introducir semillas buenas, provechosas, se traigan a nuestro suelo
malezas y plantas venenosas del suelo ajeno que en lugar de moralizar al pueblo le prepare un
porvenir dudoso, hostil a la unidad nacional, a la fe y a todo principio que da la verdadera fuerza
moral al pueblo».15
En este mismo informe Domeyko asegura que el obstáculo del proyecto colonizador ha
sido el desengaño que debe haber sufrido el gobierno respecto de la extensión y el lugar de los
terrenos baldíos que se creían eran de propiedad fiscal, los que al hacer las primeras
averiguaciones, demostraron tener dueños.
No obstante, el sueño de la quimera agraria cobraba más y más fuerza. El propio Vicente
Pérez Rosales, que tan importante papel le cupo en la puesta en práctica del proyecto colonizador,
señalaba que lo que Chile espera de la colonización es lo que « ... toda nación que tenga desiertos
que poblar, industrias que introducir, amor al trabajo que crear, mendigos a quienes mantener,
inválidos a quienes premiar, criminales a quienes reforman).
«La colonización es lo único que puede alcanzar entre nosotros el grado de perfección
humana apetecible, i bien considerada, es el primero i más seguro paso que puede darse en
obsequio de la inmigración».16
El texto de Vicente Pérez Rosales, del que se ha tomado la cita anterior, es su

u [bid.
15 [bid.
16 Vicente PérezRosa!es MEMORIA SOBRE EMIGRACION, INMIGRACION I
COLONIZACION. Santiago 1854, p. 87.
Contribuciones Cientlficos'y Tecnol6gicas, Area Ciencia Sociales y Humanidades, N°109. agosto 1995 77
memoria sobre Emigración, Inmigración i Colonización, en cuyo preámbulo dedica la pieza a
Antonio Varas, citando el pensamiento de éste « ... La inmigración extranjera es el único medio
de dar impulso y de sacudir de la indolencia a nuestro pueblo»P
Es evidente entonces que al mediar el siglo y en palabras del propio Pérez Rosales:
«Pocos asuntos han llamado más directamente la atención del gobierno i del país que el que
ahora nos ocupa. El gobierno, deseoso de poseer cuantos antecedentes pudiesen orientar su
marcha en tan importante materia, ha llevado su docilidad hasta el extremo de solicitar de cuan
tas personas parecían tener algunos conocimientos en ella, informes sobre el medio más acertado
de promover la inmigración de Chile».
((Con el mismo objeto, envió un agente a estudiarla en su origen a Europa, i otro a
observar su desarrollo en Valdivia. Los periódicos han franqueado sus columnas a publicaciones
más o menos apasionadas sobre la materia; i los corrillos, la Sociedad de Agricultura i la
presentación nacional, le han consagrado una atención tan preferente, que han puesto de
manifiesto que la inmigración no solamente es de calificada utilidad, sino también una necesidad
sentida por todos i confesada hasta por sus mismos enemigos».18
El ideario inmigratorio se perfilaba así cada vez con mayor nitidez, al atender a dos
objetivos principales: satisfacer la necesidad de población y satisfacer la necesi· dad de
civilización.
Durante los años que hemos observado el movimiento migratorio en Chile (18301930),
es claro que en el pensamiento de las élites intelectuales, y por cierto en el de los gobernantes,
tuvo mayor fuerza en la argumentación discursiva la necesidad de traer inmigrantes par a poblar
extensas zonas demográficamente desérticas ubicadas al norte y al sur de la región central del
país en donde durante el siglo XIX se concentró la población.
El propio presidente Manuel Bulnes, argumentaba con vehemencia en este sentido:
«Convencido el gobierno de la importancia de la inmigración europea, reclamada altamente para
el porvenir de las provincias, donde una considerable extensión de terrenos baldios en un suelo
favorecido de la naturaleza i bajo una temperatura semejante a las mejores de Europa, convida a
la colonización i la industria, ha tomado de tiempo atrás diversas providencias con el objeto de
atraer a este punto alguna parte de la emigración, que en tan crecido número abandona hoi las
más pobladas i civilizadas porciones del viejo mundo».19
Es evidente que la población de Chile llevaba un ritmo de crecimiento lento hasta 1850;
sin embargo, la pretensión de colonizar y de poner en producción grandes zonas, es decir, la
realización de la utopía agraria, encontró desde los inicios dificultades insalvables:
1° Las zonas del territorio chileno disponibles para tales efectos, sencillamente, no eran
inmensurables como se pensaba. El desierto, la cordillera, los montes, los lagos del Sur, los
canales australes reducían enormemente las posibilidades de asentamiento en terrenos
cultivables.
2° La constitución de la propiedad en estas zonas fue muy difícil ordenar y delimitar la
posesión efectiva de los campos. El Estado y los particulares ya instala-

17.
lbid., pág. 151.
1 lbid., p.61.
8 Mensaje del presidente Manuel Bulnes ante el Congreso Nacional 1850.
19

78 Contribuciones Cientfjicas y Tecnol6gicas, Area Ciencia Sociales y Humanidades, N°I09, agosto 1995
dos o nominalmente dueños de la tierra se debatieron en pleitos inacabables.
3° La falta de recursos del gobierno de Chile, para implementar una organización, dentro
y fuera del país, que pudiera competir con éxito en la tarea de conseguir en Europa migrantes
que decidieran venir a los confines del mundo.
Con todo, ya juzgar por el éxito relativo de la primera experiencia (1848-1852) con
migrantes alemanes en el Sur, al amparo de la ley de 1845, por lo demás, la más importante en
la primera mitad del siglo XIX, el proceso de colonización se vio obstaculizado, reiniciándose
sólo 30 años más tarde.
La zona comprendida entre el río Bío Bío y el Toltén, habitada por el pueblo araucano,
sólo en 1883 fue ocupada militarmente e incorporada definitivamente a la soberanía nacional.
Sólo entonces se pudo disponer de ella como tierra de colonización. El proceso no fue fácil
debido a los graves problemas que se suscitaron, como ya hemos dicho, al delimitar la
propiedad de la tierra. Los indígenas que moraban en esas tierras las consideraban suyas; el
Estado reconociendo el derecho de los indígenas a la propiedad de determinados predios,
reclamaba para sí los demás. Algunos de éstos fueron entregados a colonos extranjeros, cuya
presencia y reclamo de lo que se les había entregado vino a complicar más aún el panorama.
Aún cuando en las últimas décadas del siglo XIX la colonización se matiza con la traída
de obreros y técnicos especializados al amparo de la Sociedad de Fomento Fabril (SOFOFA) se
puede observar en la legislación, y en los organismos encargados de estos asuntos, la
persistencia del mito agrario.
Respecto de otra constante: la necesidad de civilizar o mejor dicho el ideal de la
civilización y el progreso, también desde mediados del siglo XIX, las ideas parecían estar
claras:
«La emancipación política de la América española nos era de todo punto importante
eind~nsable; era un hecho providencial que tarde o temprano habría de realizarse; pero a la
influencia española ha tenido que suceder por necesidad la influencia inglesa, francesa y
alemana. Estas naciones están llamadas a completar en América la obra comenzada por la
revolución; pero no ya por medio de la conquista, como lo hizo la España en el siglo XV, sino
con las poderosas armas del comercio, de la industria y de las ciencias; no con el cañon y el
sable, sino con el influjo de las costumbres, con el poder de la civilización, con el predominio
de la riqueza, de las ideas, del saber y de la verdad 1120. Todo ésto a tra~és del influjo de los
colonos por cierto.
Así la inmigración es vista como el mejor medio para la mejora de los hábitos y
costumbres. En suma, como el mejor instrumento de progreso, a la vez que aseguraba las
ventajas que resultaban del «cruzamientos de las razas».
Tal era el convencimiento de esta propuesta, que una comisión oficial del gobierno se
abocó al problema y evacuó un informe titulado: BASES DEL INFORME PRESENTADO
AL SUPREMO GOBIERNO SOBRE LA INMIGRACION EXTRANJERA, PREPARADO
POR BENJAMIN VICUÑA MACKENNA, SECRETARIO DE DICHA COMISION.21
En este informe incluso se califica a los inmigrantes según su procedencia, sugi-

20 Marcial González. La Europa y la América. Santiago, 1848.


21 Benjamín Vicuña Mackenna, Bases del informe presentado al Supremo Gobierno sobre la Inmigración
Extranjera. Santiago 1854, del que se extraen las expresiones más representativas de cada
nacionalidad.

Contribuciones CientEficas y Tecnol6gicas, Area Ciencia Sociales y Humanidades, N°109, agosto 1995 79
riendo un orden de prioridad en relación a aquellos que más convenían a los fines
gubernamentales.
El primer lugar lo ocupaban los Alemanes. De ellos se decía: «la observación ha
demostrado que el mejor colono posible es el alemán, considerado el hombre como carácter,
como individuo de una raza especial, como ciudadano de una comunidad política, como ser en
fin, sujeto a ciertos hábitos y a ciertas necesidades. Pero más que todo eso la experiencia ha
demostrado que el alemán es el mejor colono para la América Española y en especial para
Chile».
«El alemán es el único emigrante que abandona su suelo nativo con la resolución
irrevocable de formar su nueva patria en el país donde traslada sus lares, sus creencias y su
familia... El alemán a diferencia del inglés cuyo primer orgullo es la patria, del francés que la
ama por vanidad y por entusiasmo, del español que vincula en ella toda sus preocupaciones y
todas sus virtudes, prescinde con más facilidad de todos esos atractivos y forma su patria en el
bosque donde levanta su hogar y en el que ve crecer sus hijos libres y felices».
De los Italianos y de los Suizos señalaba el informe: «EI.gobierno de Chileno los coloca
en segundo lugar. Los italianos, como los alemanes, y en contrario de lo que practican todos los
otros pueblos emigrantes, llevan consigo su patria y se arraigan como un árbol de buena sabia en
el suelo en que son transplantados. Siendo esta condición la más importante en un inmigrante,
además de su genial cultura, afabilidad de carácter y clara inteligencia. Del mismo modo los
suizos son buenos colonos, buenos agricultores. Por otra parte, la moralidad de los últimos ~s
preconizada como virtud rara en Europa».
Los Vascos por ser estos esforzados, sobrios y adecuados para todo trabajo rudo,
representan un excelente tipo de colono. Su inconveniente es que no se establecen de manera
definitiva.
Los Belgas: el emigrante belga es casi tan apreciable como el Vasco, pero así como éste
sobresale y es más esforzado en las labores de la labranza, el belga, siendo hijo de un país
esencialmente fabril tiene dotes más especiales para la industria. De allí pueden venir millares de
artesanos.
~Los Ingleses (escoceses e irlandeses): «los ingleses no emigran: viajan. La mayoría de
ellos se dirigen a norteamérica. Respecto de nuestros países la emigración inglesa asume casi
exclusivamente un carácter mercantil, tanto por que la mayor parte de sus nacionales se dedican
al comercio exterior, cuanto porque los buques de su nacionalidad son los que se encargan de
llevar nuestros productos. El inglés es excelente colono pero en tierra propia (EE.UU, Australia).
En Chile, se le considera más como un transeúnte útil que como un ciudadano benéfico».
Los Franceses: el francés considerado en general, es el peor emigrante conocido, «Está
en todos los rincones del mundo. Ellos no son sino aves de pasaje que revolotean por los anchos
espacios de la tierra en busca de placer o de fortuna y vuelven al nativo nido con más amor que
antes de partir. Son vanos, poco dados a la familia y faltos de espíritu religioso».
Los Españoles: en forma genérica la emigración española -dice el informepuede
considerarse en la misma categoría que la francesa, pero en relación a la América antes española
ofrece mayores desventajas todavía, no sólo por que el emigrante de la península regresa siempre
a ella cuando ha acumulado un pequeño capital, sino porque su carácter altivo y dominante lo
hace menos a propósito para colonizar que el francés, lletulante pero acomodaticio. Por otra
parte el español no olvida nunca que
80 Contribuciones Cientfjicas y Tecnol6gicas, Area Ciencia Sociales y Humanidades, N°109, agosto 1995
la América fue suya. Además la España no tiene nada que enseñamos porque todo lo malo y lo
bueno que ella posee ya nos lo ha legado con su sangre, su lengua y sus costumbres como una
herencia irrenunciable.
Queda claro, también en el informe, que la inmigración asiática y de negros no es deseada.
Pero aún hay más respecto en el ideal de civilización, progreso y mejora de la raza chilena,
pues las aspiraciones se agudizan a medida que transcurre la segunda parte del siglo.
Esto, a pesar de las voces que ya se empiezan a levantar en favor de la colonización con
nacionales.22 Para la opinión pública no estaban claras las respuestas en relación a que, si lo que
faltaba en Chile era población y, particularmente mano de obra, ¿por qué tantos connacionales
debían abandonar el país mientras se invertía en costosos planes de fomento a la inmigración
extranjera?
Sin embargo, pese a las críticas el propio presidente Balmaceda señaló en 1888: « La
inmigración y la colonización continúa siendo uno de los más graves problemas de nuestra
actualidad industrial y económica. Las colonias extranjeras en el territorio de Arauco tienen por
objeto dar la norma de un progreso más aventajado que el nuestro al resto de la población
nacional que se derrama en aquella región; y también producir la inmigración espontánea por las
relaciones personales de los colonos y el éxito alcanzado en sus labores».
« Aunque ~os frutos obtenidos sean relativamente satisfactorios, la creciente actividad y
riqueza pública y particular reclaman una corriente de inmigración variada y más vigorosa». 23
El ideario de la inmigración se mantiene con igual vigor y con el mismo sentido que en las
primeras décadas del siglo.
Aún cuando la presión pública en favor de los nacionales es manifiesta, como se ha
señalado, el mismo presidente Balmaceda dice: « No deben omitirse sacrificios para afirmar y
ensanchar el cauce de la corriente inmigratoria, pues ellos tienen por objeto atender necesidades
de importancia capital».
« En la formación de las colonias extranjeras en Arauco puede darse una cierta cabida a la
colonización nacional, y realizarse la venta de tierras en lotes más pequeños y al alcance de
fortunas modestas. Sería ésta la manera de dar vida industrial más robusta a la vasta y fértil
porción de la Araucanía».24
Pese a las palabras del presidente recién citadas, hay otros hombres públicos que rechazan
la colonización por nacionales. Estos personeros argumentan siempre dando énfasis a la calidad
del inmigrante europeo, llegándose a comparaciones que hoy dificultan su comprensión si no se
tiene claridad del contexto en que fueron expresadas.
« La colonización con nacionales - se decía en 1904 -, no puede aumentar sufi-

22 El Diario El Cautín de Temuco se constituyó en el órgano de prensa que canalizó las protestas de la
opinión pública, contrarias a la entrega de granjerías a los colonos extranjeros. Del mismo modo,
favoreció los proyectos de colonización nacional. Ver, preferentemente, las ediciones de los años
1887,1888,1889 de este periódico regional.
23 Boletín de sesiones Ordinarias de 1888. Cámara de Senadores. Mensaje del Ejecutivo al abrir el

período de sesiones ordinarias del Congreso Nacional ell o de junio de 1888.


El subrayado es nuestro.
u ¡bid.

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cien temen te la población de Chile, ni m, jOf ,r notablemente su calidad, ni contribuir
debidamente a utilizar fuentes de riqueza.
« La colonización con nacionales quita lugar a la colonización con europeos. «La inferioridad
jeneral de los colonos chilenos respecto de los colonos europeos mes mui aparente; pero respecto
de los europeos teutónicos del norte es estre nosotros insuficientemente conocida. He aquí
carácteres importantes de colonos (varones adultos) escandinavos i chilenos (punto de vista ;
europeo cen tral) con relación a nuestra colonización: ;

4< Escandinavos. Estatura media, 1 m. 70 cm.1 robustosl sanguíneosl notablemente sanos;


mas que ordinaria resistencia a las influencias morbosas en climas no cálidosl gran fuerza
muscularl vida media, larga; longevidad frecuente 11 intelijencia algo lenta, pero mas que
medianamente poderosa por su marcada tendencia a reflexionar, la educación recibida i la
excelente influencia fisiolójical 95 por 100 saben leer y escribir (probable)1 poseen
conocimientos de trascendental aplicación en Chile austral: pesca, elaborar maderas, ganadería,1I
enérjicos, emprendedores, laboriososl confiados en su fuerza: tranquilos, valientes,
perseverantesl mui amantes del órden, honrados mui frecuentemente, alegres sin gran vivacidadl
costumbres en conjunto sanas y simplesl con frecuencia hábitos de aseol pasable afición (ántes
mucha) a bebidas alcohólicasl estraordinaria aptitud para vivir en residencias aisladas».
Chilenos. Estatura media, 1 m. 65 cm.-(g.d.c.,1901)1 no robustosl no sanguíneosl
enfermedades frecuentes -verosímilmente contajiosas en fuerte proporción; ordinaria o ménos
que ordinaria resistencia a las influencias morbosas en climas no cálidosl fuerza muscular poco
ménos que medianal vida media, corta; lonjevidad frecuentell intelijencia algo viva, pero poco
eficaz, entre otras causas, por su escasa e inadecuada educaciónl no poseen considerablemente
conocimientos de mui importante aplicación en Chile australll poco débiles moralmente; no
emprendedores; laboriosidad mediocre o algo ménos que mediocrel no valientes I inconstantesl
no mui amantes del órdenl escasa honradezl a menudo, alegres i vivaces (menos que los europeos
meridionales)1 costumbres, en conjunto, no dignas de ser imitadas; predisposición algo notable a
los vicios; hábitos de aseo, rarosl poca aptitud para vivir en residencias aisladas.
« Comparado al colono escandinavo medio, el colono chileno produce, pues, impresión
de pobreza fisiolójica, de falta de preparación o de debilidad intelectual i de mala calidad moral.
Comparado al colono europeo medio, sin meridionales no orientales, la impresión jeneral sería
algo menos que desfavorable».25
Quizás con este marco referencial se pueda comprender mejor las reacciones que se van a
expresar en una virulenta xenofobia. Esta reacción frente a lo extranjero tendrá una de sus
manifestaciones en el plano educacional, más precisamente, en la controversia que frente al
modelo educativo van a protagonizar Valentín Letelier, gran admirador de la cultura germana, y
Eduardo de la Barra quien replica con su obra El Embrujamiento Alemán, en defensa de lo
nacional.
Es evidente que el cambio de siglo presenciaba claramente el advenimiento de nuevas
ideologías en el marco de la transición del liberalismo a la democracia. Estas nuevas ideologías
van a ser postuladas por nuevos sectores sociales y por nuevos líderes, que desde distintos
ángulos de observación ponen en evidencia una crisis de identidad.

25 . CA,MPOS,Félix .• Pro-Inmigración ., en Boletín de la Sociedad de Fomento Fabril. Santiago, 24, de


mayo de 1904. p. 187.
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En este plano y, dentro de las fronteras de los planteamientos expresados, tendrán
sentido las tesis de Nicolás Palacios en su Raza Chilena (1904) y la de Tancredo Pinochet Le
Brun en La Conquista de Chile en el siglo XX.
Pero, por cierto, esto es el preludio de un nuevo y complejo sistema de intrincadas
ideologías que presenciará el siglo XX, en las que el tema inmigratorio tendrá, en general, una
consideración de menor relevancia o, al menos, una más relativa dentro de una diversidad de
problemas.
Esta revisión historiográfica en el marco del ideario inmigratorio, nos ha llevado a
observar que el aforismo GOBERNAR ES POBLAR, al que nosotros agregaríamos POBLAR
PARA CIVILIZAR, constituyeron para Chile un desafío permanente durante todo el siglo XIX.
Los resultados de los distin tos esfuerzos fueron reducidos. Así, la UTOPIA AGRARIA siguió
siendo una quimera y, en cuanto al ideal de CIVI· LIZACION y PROGRESO, a través de la
diseminación de extranjeros en toda la geografía nacional para que actuaran como elementos
multiplicadores de cultura, estuvo lejos de alcanzarse, pues los inmigrantes prefirieron la ciudad
al campo y, la incidencia de esta presencia urbana en la sociedad chilena, que sí es evidente, hay
que evaluarla bajo otras perspectivas de estudio.

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