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La oración cristiana – Servais Pinckaers OP (apuntes)

La oración en el Nuevo Testamento

El NT es la primera fuente de la oración cristiana. La oración de la comunidad primitiva


no es solo la primera cronológicamente sino también primera como referencia, para la
renovación y alimento de todos los periodos de la Iglesia.

i. Los documentos

Prácticamente todos los autores del NT nos hablan de la oración, pero cada uno a su
manera.

- [Sinópticos]: son un punto de partida. Nos muestran a Jesús como orante y


maestro de la oración. Nos muestran un contenido, una tensión, una orientación
que van a encausar la oración en nuevas sendas.
o San Lucas: en particular, presta una especial atención a la oración del
Maestro, como revelación de la unión íntima de Jesús con el Padre. En
los Hechos, describe la comunidad cristiana primitiva en oración,
mostrando cómo poco a poco adquirirá un estilo nuevo con respecto a la
oración judía.
- [San Pablo]: está marcado por su formación judía, por la experiencia de su
conversión como encuentro personal con Jesús y por el kerigma apostólico
asumido celosamente. Le vemos orar intensamente con y por las comunidades
que él ha fundado.
- [San Juan]: nos ofrece una teología profundizada por la oración, marcada por la
impronta contemplativa del evangelista.

ii. Principios teológicos (AT)

La oración del NT reposa sobre las mismas bases y los mismos principios teológicos
que la oración de Israel y el judaísmo.

- Oración como diálogo con Dios: toma como punto de partida las diversas
experiencias que ilustran el encuentro con Dios en el pasado (con los patriarcas,
profetas, etc.). Estas experiencias se enriquecen progresivamente, se transmiten
de una generación a otra. Cada generación se siente solidaria con estos
acontecimientos pasados, así como elegida y destinataria de las promesas hechas
a los ancestros. En estas experiencias Dios se revela, descubre sus designios,
manifiesta su voluntad, muestra sus caminos. Cada acontecimiento se lee como
una realización de las promesas de Dios, que guía y defiende a aquellos que le
temen y creen en Él.
- Dios se revela como lejano y próximo a la vez: Él es santo y tremendo como lo
muestran las grandes teofanías del Éxodo y de la liberación. Esta majestad tiene
un eco en el culto, en el canto de los serafines (cf. Is 57, 15 y Is 6, 3). Pero este
Dios también se muestra accesible. Defiende a los suyos, escucha sus clamores y
obra su liberación. Para Israel, es su Dios, su pastor y su Padre (Os 11, 2). Cada
uno tiene la experiencia de su providencia, su fidelidad, su bondad y su
misericordia.
- Dios se revela como ser personal: se dirige a Él el hombre como a una persona
humana. Dios conoce, ve, siente, escucha y se deja doblegar. Los grandes
mediadores (Moisés) hablan con Él ‘cara a cara’. Ejercen sobre Él una acción
real, al recordarle en la oración las promesas que Él ha hecho (cf. Gn 18, 16-33;
Ex 32, 11 ss).
- El eje teológico sobre el que giran las relaciones de Dios y su pueblo es la
Alianza: es apoyándose en la alianza que el pueblo pide, se expresa, confiesa y
adopta nuevos patrones de conducta.
- La oración en el AT presenta siempre un aspecto colectivo: en consecuencia de
la estructura social y religiosa de Israel. Pero deviene también personal.
- El objeto de la oración es la totalidad de la vida: Yahvé es el Dios de vivos, no
de muertos. El ideal común es que el espíritu de Dios sea comunicado a todo el
pueblo (Jl 3, 1); este Espíritu es el signo de la presencia de Dios. El deseo de la
proximidad de Dios se expresa por la fórmula “ver el Rostro de Dios” o
contemplar su gloria (Ex 33, 18).
- Los salmos y otras fórmulas de oración del AT se insertan en la trama misma de
la historia: los salmos no son oraciones sentimentales; son oraciones a la vez de
corazón y de acción, que vinculan a Dios y al hombre dentro de la historia santa.

iii. Esquema de la oración del NT

a) La oración cristiana se dirige al Padre

- En el NT el título de “Padre” adquiere un sentido profundo y rico. El punto de


partida es la invocación “Abba, Padre” por Jesús mismo.
- La expresión “Abba, Padre” se convierte en característica de la oración de los
cristianos. “Vosotros habéis recibido un espíritu de hijos adoptivos que nos hace
exclamar “Abba, Padre” (Rm 8, 15).
- Es Jesús quien comunica a los discípulos el derecho de decir Abba como él,
dando parte en su posición de hijo (a su naturaleza de Hijo).
- La expresión “Padre” asocia dos dimensiones: la majestad divina y la confianza
filial. Tal unidad de extremos no puede ser más que el fruto de una revelación
del Hijo (“Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el
Hijo y aquel a quien el Hijo quiera revelarlo” (Mt 11, 27).
- La oración cristiana se enraíza en la relación única de Jesús con su Padre. Es por
Él que la filiación se establece como principio de la relación con Dios. Es en
Jesús que Dios se revela como Padre, y si los discípulos se sienten como tales es
porque así lo han aprendido de Jesús.
- Jesús es el modelo, el camino y el mediador, así como el centro de la oración y
del culto; especialmente de este culto específicamente cristiano que son la
liturgia bautismal y la liturgia eucarística.
- La cuestión no es tanto saber “aquello que pienso” cuando digo el Padre
Nuestro, sino de aprender, en oración, quién es en realidad el Padre al cual yo
me dirijo. La fe nos hace salir del velo de las representaciones subjetivas para
abrirnos al misterio, a una cierta percepción de la Realidad del Padre mediante
un contacto íntimo, como de persona a persona. La iniciativa proviene de la
gracia, pues solo el Hijo puede dar a conocer al Padre.
- Esta relación con Dios en la oración, que se podría comparar al contacto afectivo
y educativo espontáneo del niño con su padre en el amor filial, es de un orden
diferente a las representaciones que nosotros podamos realizar. Ella nos hace
penetrar en la luz del Evangelio en el lento proceso del conocimiento interior,
como en el afecto y la amistad, donde progresivamente nuestras ideas cambian,
se corrigen y se renuevan, donde también son sanadas las heridas recibidas.
- La recitación personal del Padrenuestro, como toda oración al Padre, es el lugar
privilegiado del descubrimiento del Padre; en ello percibimos cuándo excede Él
nuestras ideas (está en los cielos), y sin embargo está más cerca que ellas de
nuestro ser más profundo, porque Él nos habita como la Fuente de un ser nuevo,
de una vida que nos renueva y nos restablece en la comunión con Él.
- La docilidad de la fe de parte de una inteligencia que se deja conducir y el
impulso de una voluntad que se deja tocar por la gracia, son la condición para
descubrir al Padre. Al contrario, la actitud de una razón que pretende juzgarlo
todo por las ideas que se forma, termina por encerrarse en sus construcciones y
problemas. Esta disposición constituye el principal obstáculo a un conocimiento
tal.

b) La oración cristiana se dirige al Padre a través de Jesús

- Es Jesús quien revela al Padre, quien nos da la filiación divina, quien nos enseña
y nos da la audacia de dirigirnos al Padre como hijos.
- Es esta oración la que reúne a los discípulos (Mt 18, 19-20).
- Según san Juan, Jesús es el Camino para ir al Padre: el Camino, la Verdad y la
Vida (Jn 14, 6). Es el Mediador, el intercesor, el abogado ante el Padre (1 Jn 2,
1-2).
- El vínculo esencial de la oración con la persona de Jesús hace que ella se
encuentre integrada en la historia de la salvación que ha alcanzado su plenitud
en Jesucristo. La oración se apoya en la pasión de Jesús y su resurrección, y
actualmente, en su estar sentado a la derecha del Padre, donde intercede por
nosotros (Rm 8, 34).
- La oración cristiana se caracteriza por una tensión (igual que la esperanza
cristiana) entre el anuncio evangélico de la proximidad, de la presencia del
Reino en la Persona de Jesús acogida por la fe, por la caridad, y la promesa del
advenimiento futuro del Reino en plenitud con el retorno del Señor.
o Esta tensión se manifiesta en la exhortación de Cristo a “Velar y orar”.
San Pablo: “Sed asiduos en la oración” (Col 4, 2).
o “Velar es estar desprendido de todo lo que se ve, no vivir más que de lo
invisible, vivir en el pensamiento de Cristo, que vino una primera vez y
que vendrá una segunda; aspirar a este segundo advenimiento, por el
recuerdo agradecido y afectuoso” Newman, sermón de 1837.

c) La oración cristiana procede del Espíritu Santo

- La oración no es obra del hombre solo, quien en la oración responde a Dios


elevando sus palabras hacia Él. La oración, como fuente primera, tiene a Dios
actuante en el hombre por el Espíritu. Sin esta ‘inspiración’ la oración no puede
alcanzar a Dios.
- La oración de Jesús está ella misma referida al Espíritu Santo (Lc 10, 21).
- El Espíritu es el objeto principal de la oración de los discípulos: Lc 11, 13.
- San Pablo expresa de forma particularmente profunda la acción del Espíritu en la
oración de los cristianos. (Rm 8, 15). San Pablo añade que sin el Espíritu Santo
no podríamos orar convenientemente, ni en todo caso, saber qué pedir en la
oración (Rm 8, 26-27).
- En suma, sin el Espíritu Santo, no se puede invocar la intercesión de Cristo, pues
no lo podemos reconocer verdaderamente como Señor y tener fe en Él: “Nadie
puede decir Jesús es Señor si no es en el Espíritu Santo (1 Co 12, 3).