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1) A.

La fórmula alberdiana como expresa Natalio Botana fue la propuesta de un “transplante


cultural” en oposición a la cultura tradicional hispánica que impedía el cambio y la
innovación. Esta consistía en instalar una sociedad industrial como la que se encontraba
en trance en los países europeos, es decir, inyectar desde afuera nuevos fermentos de
población y de riqueza que funcionaran como agentes portadores del cambio.

La fórmula era prescriptiva porque consistía en un programa compuesto por metas a las cuales
debía dar alcance una nación abierta al futuro y justificaba al régimen político como medio por el
cual debía llevarse a cabo. Alberdi sostenía que Argentina debía darse una constitución para poder
llevar adelante este nuevo proyecto que implicaba la gestión de la inmigración, la construcción de
ferrocarriles y canales navegables, la colonización de tierras, la creación de industrias, la
importación de capital extranjero, y la exploración de ríos interiores.

La fórmula de Alberdi proponía una organización federal, pragmática y poco precisa ya que la
mayor o menor centralización eran un accesorio subalterno de la forma de gobierno. De aquí
derivó el carácter mixto del gobierno consolidado en la unidad de un régimen nacional; pero no
indivisible, sino divisible y dividido en gobiernos provinciales, limitados, como el gobierno central,
por la ley federal de la República.

La fórmula fundó una capacidad de decisión dominante para el poder político central
materializado en la figura del presidente como el nuevo “monarca” que basaba su legitimidad en
la Constitución. A su vez, otorgó el ejercicio del gobierno a una minoría privilegiada; limitó la
participación política del resto de la población; y aseguró a todos los habitantes, sin distinción de
nacionalidad, el máximo de garantías en orden a su actividad civil.

El objetivo de la República planteada era impedir la tiranía, por este motivo, Alberdi plantea la
creación de un senado y una cámara de diputados que representarían a las provincias y a la nación
en el proceso legislativo, en tanto tribunales de provincias y tribunales federales adjudicarían
sanciones; todo ello ordenado por una última instancia, la Corte Suprema de Justicia, a quien
correspondería el control constitucional de las leyes.
Alberdi rechazó toda forma de designación derivada de la herencia, y siguiendo la posición
democrática norteamericana derivó la legitimidad de los gobernantes de la elección popular. Por
lo tanto, la fórmula previó que el diputado sería directamente elegido por el pueblo, mientras que
el senador y el presidente detentarían su título de una elección de segundo grado realizada en las
legislaturas provinciales o en el seno de un colegio electoral. De la representación y la elección
surgieron interrogantes sobre quiénes componen el pueblo y quiénes permanecen marginados.
Frente a ello, se otorgó a unos pocos la virtud de saber elegir y a la muchedumbre la ignorancia de
no saber elegir, el pueblo sufragante entonces sólo constaba de los capaces, es decir, de una
minoría reducidísima en comparación del pueblo inactivo. Este ultimo solo tendría derecho al
ejercicio de la libertad civil, que implicaba libertades
civiles o económicas de adquirir, enajenar, trabajar, navegar, comerciar, transitar y ejercer toda
industria,