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Villar, Gabriela.

Clases digitalizadas NTCI, Universidad Virtual de Quilmes, 2005

Temáticas en torno al nuevo paradigma informacional – UNIDAD II

1. La cultura de la virtualidad real y la Galaxia Internet

Un nuevo mundo, un nuevo universo perceptivo, una nueva cultura está emergiendo
a partir del desarrollo de las Nuevas Tecnologías. Podemos decir que vivimos una
época en la que todo lo sólido se desvanece "en las redes", en la que los átomos se
convierten en bits. Los cambios a los que asistimos nos asustan, nos sorprenden y
escapan a nuestra cabal comprensión. Vivimos en una época, en un mundo de
cambios cada vez más acelerados.
Hasta donde conocemos, las culturas eran encarnadas por relaciones sociales
delimitadas espacial y temporalmente por un territorio, por un tiempo (histórico y
secuencial) y por una cultura dados. En la sociedad red las expresiones culturales “se
abstraen de la historia y la geografía, y quedan bajo la mediación predominante de
las redes electrónicas de comunicación que interactúan con la audiencia en una
diversidad de códigos y valores, subsumidos en última instancia en un hipertexto
audiovisual digitalizado.
En esta nueva cultura, se sustituyen los lugares por el espacio de los flujos y el
tiempo es aniquilado y reemplazado por un “tiempo atemporal”. Esta cultura es
virtual porque la propia realidad material/simbólica de la gente se desenvuelve en un
contexto de imágenes virtuales, en un mundo de representación. Es a la vez real
porque este universo resultante de símbolos conforma la experiencia real. Esto
constituye un cambio cualitativo en la experiencia humana, dado que históricamente
es la primera vez que la cultura hace referencia a la cultura misma. En efecto, si los
modos de producción eran definidos por la relación entre las fuerzas productivas y las
relaciones de producción y por el modo en que estas se organizaban para transformar
la naturaleza, podemos decir que en el modo de producción agrario la naturaleza
dominaba a la cultura. La sociedad industrial, con el triunfo de la razón, impuso a la
cultura, dominando a la naturaleza. La sociedad informacional, por el contrario,
reconstruye a la naturaleza de un modo artificial, como una forma cultural “de
hecho”. La Sociedad Informacional se basa en un modelo puramente cultural de
interacción y organización sociales, en el cual el ingrediente clave es la información.

2. ¿Por qué “revolución tecnológica”?

Estamos asistiendo a la aparición histórica de un nuevo paradigma tecnológico en


torno a las tecnologías de la información, que transforma nuestra cultura material,
induciendo una discontinuidad en la base material de la economía, la sociedad y el
estado. Lo que caracteriza a las revoluciones tecnológicas es su capacidad de
penetración en todos los dominios de la actividad humana, determinando nuevos
modos de producir. Es decir, lo central a una revolución, el núcleo de las
transformaciones que en ella se operan, no esta dado tanto por qué es lo que se
produce (lo cual conduce a una fetichización de la tecnología) sino por cómo se
organiza la producción. De modo que, si lo que caracterizó a las dos revoluciones
industriales del los siglos XVIII y XIX fue la exploración, el desarrollo, la generación y
distribución de nuevas fuentes de energía, lo que caracteriza a la revolución
presente es el procesamiento del conocimiento, de la información y de la
comunicación. Es necesario hacer notar que no se trata solo del uso de estos
elementos, dado que los mismos fueron aplicados en las revoluciones precedentes,
sino del procesamiento de los mismos, su “aplicación a aparatos de generación de

1
conocimiento y procesamiento de la información/comunicación, en un círculo de
retroalimentación acumulativa entre la innovación y sus usos” (Castells, 1997).
Esta noción de retroalimentación es fundamental para comprender la enorme
velocidad con la cual se han difundido y con la cuál se reconfiguran éstas
tecnologías, encontrando permanentemente nuevas aplicaciones y amplificando su
poder de apropiársela y redefinirla sus usuarios. Es decir que los usuarios pueden
intercambiar sus roles y funciones con los creadores, de modo de tomar el control de
la tecnología:

“De esto se deduce una estrecha relación entre los procesos sociales de
creación y manipulación de símbolos (la cultura de la sociedad) y la
capacidad de producir y distribuir bienes y servicios (las fuerzas productivas).
Por primera vez en la historia, la mente humana es una fuerza productiva
directa, no sólo un elemento decisivo del sistema de producción” (Castells,
1997).

Sin embargo, no debemos caer en la tentación de reducir Tecnologías de la


Información a la informática ni a Internet. Englobamos en ella, en un sentido
estricto, a un conjunto convergente de tecnologías como la microelectrónica y la
informática (tanto el software como el hardware), como las telecomunicaciones
(inluida la T.V. y la radio) y la optoelectrónica. Pero en un sentido ámplio incluimos
bajo esa denominación también a la ingeniería genética, la biotecnología y la aún
incipiente nanotecnología y biología molecular. La tendencia a converger de todas
estas tecnologías es producto de su capacidad para crear una interfaz común entre
los campos tecnológicos mediante un lenguaje digital que permite no sólo producir
información, sino también procesarla, almacenarla, recuperarla, y comunicarla.
Pero también esta interfáz común en un lenguaje digital, permite extender el uso de
estas tecnologías a todas las actividades humanas, no sólo a las científicas, técnicas y
productivas, sino también a las recreativas y culturales. Nuestra vida cotidiana está
cada vez más digitalizada.

Atravesando la cuarta discontinuidad

La creciente integración entre la mente e inteligencia humanas con las máquinas (y


aquí nos referimos tanto a máquinas electrónicas como a las máquinas químicas y
biológicas producto de la biología molecular y la genética) está suturando la
discontinuidad existente entre los humanos y sus creaciones, las máquinas.
La superación de esta discontinuidad, está alterando de manera radical los modos en
que nacemos, vivimos, aprendemos, trabajamos, producimos, consumimos, soñamos,
luchamos o morimos. La pregunta disparadora del segundo debate tenía por objetivo,
entre otros, plantearnos esta cuestión: ¿Hasta que punto la simbiosis hombre-
máquina modifica lo que entendemos como "humano"?
El conocimiento científico tecnológico ha llegado a una aceleración tal que es dable
preguntarse ¿qué somos capaces de hacer y de crear? La dinámica de este proceso se
ha acelerado tanto, que ha dejado atrás nuestra capacidad de reflexión sobre aquello
que somos capaces de hacer. Tal vez las nuevas tecnologías estén separando el
conocimiento y el pensamiento.
La simbiosis hombre-máquina / hombre-redes no está creando, acaso, un nuevo tipo
de ser, al cual Castells denomina "globopólita", mitad ser, mitad flujo; seres que se
han independizado de las limitaciones espacio-temporales de la condición humana.

¿Acaso –tal vez- la existencia de estos “globopólitas” que viven el el Olimpo de los
flujos, no está cuestionando la propia condición humana? ¿Acaso –tal vez- no estamos
modificando las propias condiciones de existencia de lo humano (de lo social) al

2
modificar nuestro modo de relacionarnos con nuestra condición biológica, mundana y
terrena (territorial),? ¿Acaso-tal vez- la era del conocimiento implique desterrar
(¿para siempre?) toda posibilidad de pensamiento, toda posibilidad de discurso y
articulación? Quisiera transcribir, para ilustrar estos interrogantes un párrafo de La
Condición Humana, donde Hanna Arendt especula con que acaso –tal vez-

“(...) pudiera ser que nosotros, criaturas atadas a la tierra (y al territorio,


agrego yo) que hemos comenzado a actuar como si fuéramos habitantes del
universo, seamos incapaces de entender, esto es, de pensar y hablar sobre las
cosas que, no obstante podemos hacer. En este caso sería como si nuestro
cerebro, que constituye la condición física, material, de nuestros
pensamientos, no pudiera seguir lo que realizamos, y en adelante
necesitáramos máquinas artificiales para elaborar nuestro pensamiento y
habla. Si sucediera que conocimiento y pensamiento se separasen
definitivamente, nos convertiríamos en impotentes esclavos no tanto de
nuestras máquinas como de nuestros conocimientos, irreflexivas criaturas a
merced de cualquier artefacto técnicamente posible, por muy mortífero que
fuera”.

3. La Cultura de Internet e Internet en la Cultura

Los nidos en los que se incubó Internet

La historia de Internet y su masiva difusión en los últimos años no puede explicarse


sin tener en cuenta los distintos actores y “culturas” que le han dado origen:
En sus comienzos, una cultura tecnomeritocrática de la excelencia científica y
tecnológica, que surge de de un núcleo duro formado por el aparato de defensa
militar y las élites científico-tecnológicas. Esta tecnomeritocracia “formaba parte de
un proyecto de dominación mundial (o de contradominación, según se vea) gracias al
poder del conocimiento, pero supo conservar su autornomía y decidió apoyarse en la
comunidad académica como fuente de su legitimidad autodefinida”.
La cultura “hacker”, con una serie de valores contraculturales, basado en la
meritocracia pero también en la libertad e independencia de los poderes “fácticos”.
Para la cultura hacker: “sólo la capacidad de crear tecnología (venga del entorno que
venga) y de compartirla con la comunidad son considerados como valores
respetables. Para los hackers la libertad es un valor fundamental, especialmente la
libertad de acceder a su tecnología y de utilizarla a su antojo.
Las redes sociales de todo tipo que, con el aumento de la capacidad de conexión en
red, se han apropiado de estas tecnologías, configurando nuevos usos, han dado
formas a comunas on line, verdaderas comunidades virtuales que han generado un
círculo virtuoso para la expansión de Internet en sus alcances y usos. Estas redes
“asumieron los valores tecnológicos de la meritocracia y abrazaron la fe de los
hackers en los valores de la libertad, la comunicación horizontal y la conexión
interactiva en red, pero los utilizaron para la vida social, en lugar de practicar la
tecnología por la tecnología”.
Por último, la cultura de los emprendedores o, como algunos los llaman, “e-
ntrepreneurs”, quienes serían los “conquistadores 1” de este vasto mundo virtual
creado. Estos, al decir de Castells: “ descubrieron un nuevo planeta, poblado por
grandes innovaciones tecnológicas, nuevas formas de vida social e individuos
autodeterminados, dotados por su habilidad tecnológica de un poder de negociación
considerable frente a las reglas sociales e instituciones dominantes. Fueron un paso

1
Este adjetivo, a modo de metáfora, en ningún momento es utilizado por Castells, pero me
resulta apropiado para ilustar el rol que han tenido estos actores.

3
más allá. En lugar de atrincherarse en las comunas creadas en torno a la tecnología
Internet, intentaron tomar el control del mundo haciendo uso del poder que
acompañaba a esa tecnología. En nuestro mundo esto significa, básicamente, tener
dinero, más dinero que nadie. Así, la cultura emprendedora orientada hacia el dinero
acabó por imponerse en el mundo y, de paso, convirtió a Internet en el eje de la
comunicación de nuestras vidas”.

A estas “culturas” que han dado forma y tamaño a la actual Internet, deberímos
agregar dos actores fundamentales: Los gobiernos nacionales y el poder de las
corporaciones, quienes, a partir de la expansión y su uso destinan cada vez mayores
recursos para “controlar” y manipular la información que en ella circula. Pero
detengámonos un poco más en la cultura hacker. Los hackers no son lo que ciertos
imaginarios han difundido: piratas informáticos (héroes para unos, villanos para
otros) que se dedican sistemáticamente a violar accesos restringidos e ingresar a
bases de datos y redes protegidas. Puede que tal vez haya algo de verdad en ello
pero, en todo caso, no es lo constitutivo de la cultura hacker. Si los científicos y
tecnólogos, financiados por el departamento de defensa, crearon los pilares, la
infraestructura básica de ARPANET, a fines de los sesenta y principios de los setenta,
los hackers son los que dieron forma a Intenet, a través del desarrollo de nuevas
herramientas y nuevo software creados en el marco de una cultura particular, sin la
cual hubiera sido muy difícil su desarrollo. Esta cultura hacker, tal como la define
Castells se debió a la confluencia de varios factores, algunos de ellos, valga la
paradoja, la gran ciencia, la investigación militar y la cultura libertaria de los `60-
`70.
Sucede que, por un lado, las grandes compañías no mostraron un temprano interés en
invertir en investigación y desarrollo de tecnologías tan intangibles y tan poco
lucrativas a corto plazo. “Internet era un tecnología demasiado osada, un proyecto
demasiado caro y una iniciativa demasiado arriesgada como para ser asumida por la
empresa privada” (Castells, 2001). Tan es así que en 1972, en un primer intento por
privatizar ARPANET, ninguna empresa (Bell Labs, ATT, etc.) mostró interés en la
misma.
Por otro lado, en el marco de protección, incentivo y provisión de fondos públicos
provenientes del Departamento para la Defensa, a través de ARPA, los científicos
gozaron “paradójicamente” de un espacio de libertad e incentivo a la creatividad
inédito. Y este adjetivo de “paradoja”, en realidad no es tal. Internet “no es una
consecuencia involuntaria de un programa de investigación desorientado. Fue ideada,
deliberadamente diseñada y posteriormente gestionada por un resuelto grupo de
informáticos que compartían una misión que poco tenía que ver con estrategias
militares” (Castells, 2001). ARPA era desde sus comienzos un programa menor de la
IPTO (Information Processing Techniques Office), destinados a compartir el tiempo
de computación on line de los ordenadores entre varios centros de informática y
grupos de investigación de la agencia. “Por otra parte la IPTO gozaba de una
considerable libertad para gestionar y financiar esta red porque el Departamento de
Defensa confiaba en el criterio de la agencia ARPA sobre la estimulación de la
investigación tecnológica en terrenos clave sin asfixiar la creatividad y la
independencia, estrategia que acabó por dar sus frutos en forma de superioridad
tecnológica militar. Pero ARPANET no fue una de esas tecnologías militares. Era un
proyecto extraño y experimental cuyo contenido real nunca llegó a ser comprendido
cabalmente por los comités del Congreso encargados de su supervisión”. 2

2
En esta metodología de trabajo que articulaba la investigación militar, los tink thanks, y los
centros de investigación universitarios, en un marco descentralizado y creativo, radica a mi
modo de ver el secreto del éxito norteamericano en la carrera tecnológica frente al
centralizado y verticalista sistema científico soviético.

4
Este ámbito de libertad, creatividad y cooperación fue el que posibilitó el círculo
virtuoso de Internet. “La preocupación principal de la IPTO era la de financiar el
desarrollo de la ciencia informática en Estados Unidos, dejar trabajar en paz a los
académicos y esperar que saliera algo interesante de dicho trabajo (Castells 2001)”.
Es por eso que los científicos pusieron especial interés en desarrollar dispositivos de
software y hardware tendientes a la comunicación entre ordenadores. En primer
lugar por el subyacente sueño científico de “recrear el mundo”, pero también porque
el sistema se retroalimentaba, generando una sinergia que se veía potenciada con
cada nuevo descubrimiento o desarrollo. El trabajo colaborativo en red hacía que se
pudieran aunar recursos distantes, publicar los avances y compartirlos con los
colegas, aplicando técnicas de networking, distribuyendo cada nuevo aporte.
La producción de determinada tecnología en un momento histórico, condiciona su
contenido y los usos que se hacen de ella en su desarrollo futuro. La arquitectura
de internet fue creada para interconectar redes libremente e intercambiar
libremente información entre ellas. Esta “arquitectura” de internet basada en la
interconexión y en la apertura de sus protocolos es, en parte producto del contexto
de libertad, creatividad y colaboración de que gozaron los científicos de ARPA. ARPA
tuvo, además, otra virtud, que contribuyó a la expansión y crecimiento de los usos
del networking3: la incorporación de jóvenes estudiantes de doctorado en tareas
centrales del diseño de la red, en una atmósfera relajada y sin consideraciones de
seguridad, lo cual fomentó el desarrollo y uso de nuevas herramientas más vinculadas
con los intereses de los jóvenes: listas de correo y canales de chat destinados a fines
no científicos: ciencia ficción, hobbies, chats personales, etc.
Sin embargo, si bien ARPANET fue el embrión de la actual Internet, no fue su única
fuente. La forma actual de Internet es también el resultado de una tradición de
interconexión informática autónoma y alternativa, que se origina a fines de los años
`70 con la difusión de la PC. En 1977, dos estudiantes de Chicago, Ward
Christiensen y Randy Suess, diseñaron un programa al que denominaron MODEM, que
les permitía transferir archivos entre sus PCS. En 1978 crearon el Computer Bulletin
Board System (BBS), que permitía archivar y transmitir mensajes. Pusieron sus
programas a disposición gratuita de quien quisiera usarlos, con lo cual crearon
inmediatamente una profusión de comunidades de usuarios intercontectados. Algunos
años después, en 1983, Tom Jennings, un programador de California, creó su propio
programa de BBS, llamado FIDO, en torno del cual se creó FIDONET: la red de
comunicación más barata y accesible del mundo basada en PC, con llamadas a través
de líneas telefónicas normales. FIDONET sigue existiendo hoy día, con cerca de
40.000 nodos y unos tres millones de usuarios. La red BITNET es otro ejemplo. Creada
en 1981 por Ira Fuchs en la Universidad de la Ciudad de Nueva York y Greydon
Freeeman en la Universidad de Yale, a partir de una red experimental basada en el
protocolo IBM RJE. BITNET se constituyó en una red para usuarios de IBM, en su
mayoría universitarios. A partir de 1986 IBM dejó de financiarlos y se sostuvieron con
el aporte de los usuarios. Actualmente BITNET tiene unos 30.000 nodos (servidores)
activos.
Un hecho decisivo en la conformación de redes fue la creación de la comunidad de
usuarios de UNIX. UNIX es un sistema operativo creado por los laboratorios Bell. En
1974 Bell lo entrega a las universidades, junto con el código fuente y el permiso
expreso para modificar dicho código.4 Pronto UNIX se transformó en el sistema
operativo y en el lenguaje común de todos los laboratorios universitarios de
3
Networking:Término del inglés que se utiliza para designar el trabajo en red.
4
El código fuente es el “programa” propiamente dicho. Son los códigos con los cuáles está
elaborado un programa, el corazón del mismo. Estos códigos pueden ser abiertos o cerrados.
Los primeros se comparten libremente entre usuarios-progamadores que pueden modificar
libremente los mismos. Los segundos están protegidos por las leyes y son propiedad privada
de la empresa que los ha diseñado y generalmente están encriptados, es decir, “protegidos”
contra modificaciones.

5
informática. En el `78 los Laboratorios Bell distribuyeron su programa UUCP, que
premitía transferir archivos entre ordenadores que corrían bajo UNIX. Al año
siguiente, cuatro estudiantes de Carolona del Norte (Truscott, Ellis, Ballavin y
Rockwell), basándose en el UUCP desarrollaron un programa para la comunicación
entre ordenadores UNIX, lo cual permitió la formación de redes de usuarios UNIX,
fuera de del eje troncal de ARPANET, extendiendo con ello considerablemente la
práctica de la comunicación informática. Esta red de usuarios UNIX se denominó
USENET. En 1980, otro grupo de doctorandos de Berkeley desarrolló un programa”
que hizo de “puente” entre las dos redes, que a partir de entonces se fueron
unificando gradualmente, permitiendo que varias redes informáticas pudieran
comunicarse entre ellas, compartiendo a menudo el mismo eje troncal. Estas redes
acabaron uniéndose para dar inicio a Internet.
En este tronco genealógico alternativo a ARPANET, formado por los usuarios de PC y
las comunidades de usuarios de UNIX están las raíces del movimiento de software de
fuente abierta (open source movement), esto es , la intención de permitir el libre
acceso a toda la información existente sobre sistemas de software.

Las utopías de Internet: El movimiento por el software libre

En 1984, Richard Stallman, un programador del Laboratorio de Inteligencia Artificial


del MIT, reacciona frente a la decisión de ATT de reclamar derechos de autor sobre
UNIX y crea la Fundación para el Software Libre (Free Software Foundation). Propone
la sustitución del concepto de Copyright por el de Copyleft, entendiendo a este
último como la posibilidad de que cualquier persona que utilice software obtenido
libremente, debe a cambio distribuir en la red el código perfeccionado. Es así como
Stallman crea un sistema operativo, GNU como alternativa a UNIX y lo publica en la
red bajo una licencia que autorizaba su uso a condición de que el usuario respetase
la clausula de copyleft. Si bien ya muchos desarrollos e innovaciones se habían
basado en sistemas de fuente abierta y en común de los mismos con la comunidad
informática, la actitud de Stallman sentará las bases para cambios radicales. Es así
como en 1991 un estudiante de la Universidad de Helsinski de 21 años llamado Linus
Torvalds había comprado su primer PC 386. Como no le alcanzó para adquirir el
sistema operativo UNIX, dedicó varios meses a diseñar su propio código UNIX
utilizando un compilador de lenguaje C (GCC) para realizarlo. Al nuevo sistema
operativo lo llamó Linux y lo difundió gratis en Internet, pidiendo a los usuarios que
lo perfeccionaran y que publicasen sus modificaciones y mejoras en la red. En poco
tiempo miles de usuarios programadores perfeccionaron el sistema, a tal punto que
hoy se lo considera como uno de los sistemas operativos más avanzados y sólidos del
mundo, en especial para el procesamiento de información basado en Internet. Hoy
por hoy Linux es la plataforma sobre la que corren el 80% de los servidores de
Internet y es el sistema operativo preferido por programadores.
Paralelamente aparecieron otros grupos provenientes de la cultura de usuarios UNIX
que desarrollaron de forma cooperativa, otras aplicaciones y software de fuente
abierta, por ejemplo, Apache, que es un programa servidor Web que abarca el 60 %
del mercado, Mossaic (el primer navegador Web) y hasta la propia WWW se creó en
base a software libre y de modo cooperativo. Netscape también ha divulgado su
código fuente y perfeccionado en forma cooperativa el mismo. Hoy son innumerables
los programas y aplicaciones shareware que son divulgadas y compartidas de manera
libre y gratuita y construidas o perfeccionadas de manera cooperativa por miles y
millones de usuarios. Por ejemplo, usuarios de Linux han lanzado en mayo de 2002
una versión de aplicaciones de oficina similar al Office de Microsoft, llamado Open
Office. Este paquete puede ser bajado gratuitamente del sitio oicial de los usuarios

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de Linux y ya miles de hackers están trabajando en sus códigos de fuente abierta,
detectando y corrigiendo fallos y creando versiones cada vez más actualizadas.
Esta es una de las utopías de Internet y el principio que guió a sus múltiples
impulsores. El trabajo libre y cooperativo, el conocimiento y el desarrollo en
comunidades de miles de programadores que ofrecen su trabajo de un modo para
nada desinteresado. Ellos concibieron y conciben una Internet como construcción
colectiva, como un espacio libre de cooperación en el cual todos se benefician.
Esta cultura “Hacker” hereda de la cultura de la elite científica y académica la idea
de meritocracia. Esta cultura del mérito es el alma de las comunidades de hackers.
El objetivo de la excelencia tecnológica es lo que los hace mantener la necesidad
común de compartir y sostener abierto el código fuente. Este es el único método
escalable capaz de conseguir una alta calidad y fiabilidad en los programas. En torno
a esto, la cultura Hacker se produce y reproduce en torno a valores que combinan el
goce de la creatividad con la reputación entre colegas. Uno de estos valores
fundamentales es la libertad. Libertad para crear, libertad para absorber los
conocimientos disponibles y libertad para redistribuir los conocimientos en la forma y
en el canal elegidos por el Hacker.

4. La reestructuración del capitalismo.

El capital y el Trabajo en la sociedad red.

En primer lugar el capitalismo, a partir de la crisis de la década del 70, ha sufrido un


proceso de reestructuración profunda, que constituye el eje de lo que actualmente
conocemos como globalización, caracterizado por la descentralización e
interconexión de las empresas hacia su interior y hacia otras empresas; una mayor
flexibilidad en la gestión, un creciente aumento del poder del capital sobre el
trabajo y el consecuente declive del movimiento sindical en todo el mundo; una
individualización y diversificación crecientes en las relaciones de trabajo, la
incorporación masiva de la mujer al trabajo remunerado; la intervención del estado
para desregular los mercados de forma selectiva y desmantelar el estado de
bienestar, con modalidades y resultados diferentes según las sociedades, la
intensificación de la competencia económica global en un contexto de creciente
diferenciación geográfica y cultural de los escenarios para la acumulación y gestión
del capital.
Esta reestructuración del capitalismo trajo aparejada la integración global de los
mercados financieros, el ascenso del sudeste asiático como nuevo centro industrial
global dominante, la unificación económica de Europa, el surgimiento de una
economía regional norteamericana, la diversificación y desintegración gradual del
Tercer Mundo y la incorporación de Rusia y los países de la ex órbita soviética a las
economías de mercado, conformando un sistema interdependiente, con la
incorporación de segmentos valiosos de las economías de todo el mundo, que
funciona como una unidad en tiempo real.
La otra cara de ese proceso es la fragmentación y exclusión de segmentos y
territorios que corren el riesgo de convertirse en irrelevantes de acuerdo a la lógica
del sistema, lo que Castells llama los “agujeros negros” de la economía informacional
global. No ya solamente entre norte y sur, el desarrollo desigual aumenta las
diferencias dentro de los propios países desarrollados segregando a grandes porciones
de la sociedad.
Paralelo a este proceso, también las actividades criminales, desde el tráfico de
drogas y armas, la extorsión, el terrorismo y el contrabando hasta el tráfico de
personas y órganos, se han vuelto globales e informacionales, integrándose en redes

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que se yuxtaponen y penetran con las redes legales, a través de la corrupción y el
lavado de dinero.
En síntesis, podemos decir que esta nueva economía capitalista informacional se
organiza en torno a las redes globales de flujo de capital, gestión e información, en
las cuales el acceso al conocimiento tecnológico constituye la base de la
productividad y la competencia. Lo distintivo en ella es que es global, que el capital
funciona como una unidad en tiempo real y se realiza, invierte y acumula
principalmente en la esfera de la circulación, esto es, como capital financiero.
¿Pero, que consecuencias tiene esta reestructuración en cuanto al trabajo y a las
relaciones sociales de producción?
En primer lugar se descarta que la difusión de las Tecnologías de la Información
hayan provocado un desempleo masivo, aunque sí reestructuró en profundidad las
relaciones sociales entre el capital y el trabajo: en su núcleo, el capital es global;
como regla, el trabajo el local. La tendencia es a que capital y trabajo existan cada
vez más en espacios y tiempos diferenciados: el espacio de los flujos y el espacio de
los lugares, el tiempo inmediato de las redes informáticas frente al tiempo de reloj
de la vida cotidiana.
Así, mientras el capital tiende a concentrarse y globalizarse, a través del poder
descentralizador de las redes, el trabajo se desagrega en su realización, se
fragmenta en su organización, se diversifica, y se individualiza, en sus capacidades y
competencias, perdiendo su identidad colectiva.
Mientras las nuevas modalidades de trabajo y empleo, como el trabajo a tiempo
flexible, el teletrabajo, el trabajo autoprogramado, las gestorías, los servicios
estratégicos y la terciarización tienden a aumentar, los empleos tradicionales como
el trabajo agrícola e industrial, el trabajo genérico, tienden a disminuir rápidamente
en cuanto a la cantidad de personas que los ejercen.
Este proceso, además de debilitar el poder del trabajo frente al capital, tiende a
diluir, a hacer más difusa, la identificación de los actores en tanto clases sociales.
Por un lado, si bien existen capitalistas concretos de diversos tipos (gestores de
multinacionales, banqueros, especuladores, accionistas, etc.), no existe una clase
capitalista global, desde el punto de vista económico y sociológico. Por sobre toda la
diversidad de capitalistas concretos hay, al decir de Castells, un “capitalista
colectivo sin rostro”, compuesto por los flujos financieros que dirigen las redes
electrónicas, que no actúa siguiendo la lógica abstracta del mercado, porque no se
ajusta a las leyes de la oferta y la demanda, sino que responde “intuitivamente” a
las turbulencias y los movimientos impredecibles inducidos por la psicología y la
sociedad tanto como por los procesos económicos. Por lo tanto, aunque el
capitalismo sigue gobernando, los capitalistas se encarnan de forma aleatoria, y las
clases capitalistas se restringen a regiones concretas del mundo, pero subordinadas a
una lógica capitalista “no humana” de un procesamiento de información aleatorio
que escapa a su total comprensión.
Por otra parte, como decíamos, el trabajo pierde su identidad colectiva,
individualiza cada vez más sus capacidades, sus condiciones laborales y sus intereses
y proyectos. Cada vez se vuelve más difuso distinguir a los productores de los
propietarios, a los gestores de los capitalistas, a los trabajadores autoprogramables
de los consultores, “en un sistema de producción de geografía variable, de trabajo
en equipo, de interconexión, de outsourcing, y de subcontratación”. En definitiva, si
bien “hay unidad en el proceso de trabajo en el conjunto de la economía, mediante
las redes globales de interacción (...), al mismo tiempo, también, hay una
diferenciación del tiempo de trabajo, una segmentación de los trabajadores y una
desagregación del trabajo a escala global”.

5. La Teoría Social del Espacio y el Espacio de los Flujos.

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A partir de estas transformaciones, la idea de territorio como fundamento de la
unidad de lo social se encuentra en crisis.
Con el concepto “espacio de los flujos” se define a una “nueva lógica espacial” que
organiza a las funciones dominantes en la sociedad red. Esta sociedad esta construida
en torno a flujos: “flujos de capital, de información, de tecnología, de interacción
organizativa, de imágenes, sonidos y símbolos”. Estos flujos “no son sólo un elemento
de la organización social: son la expresión de los procesos que dominan nuestra vida
económica, política y simbólica”. En otras palabras, “el espacio de los flujos es la
organización material de las prácticas sociales en tiempo compartido que
funcionan a través de los flujos”. Por flujo se entiende a toda secuencia de
intercambio e interacción determinadas, repetitivas y programables entre las
posiciones físicamente inconexas que mantienen los actores sociales en las
estructuras económicas, políticas y simbólicas de la sociedad. Las prácticas sociales
dominantes son aquellas que están incorporadas a las estructuras sociales
dominantes. Por estructuras dominantes entiende los dispositivos de organizaciones e
instituciones cuya lógica interna desempeña un papel estratégico para dar forma a
las prácticas sociales y la conciencia social de la sociedad en general.
Este espacio de los flujos se compone por la combinación de tres capas de soportes
materiales:
La primera capa, el primer soporte material del espacio de los flujos, está
formada por un circuito de impulsos electrónicos (microelectrónica,
telecomunicaciones, procesamiento informático, sistemas de radiodifusión y
transporte de alta velocidad, etc). En la sociedad red “la articulación espacial de las
funciones dominantes se efectúa en la red de interacciones que posibilitan los
aparatos de la tecnología de la información”. La morfología de esta red de
interacciones define el nuevo espacio.
La segunda capa está constituida por los nodos y los ejes de esta red. Esta segunda
capa hace referencia a los lugares que son “atravesados” y “articulados” por estas
redes. Aunque la lógica estructural del espacio de los flujos carece de lugar, la
misma se basa en una red electrónica que “conecta lugares específicos, con
características sociales, culturales, físicas y funcionales bien definidas”. Algunos de
estos lugares son intercambiadores, ejes de comunicación que desempeñan un papel
de coordinación para que haya una interacción uniforme de todos los elementos
integrados en la red. Otros conforman los nodos de la red, es decir la ubicación de
funciones estratégicamente importantes que constituyen una serie de actividades y
organizaciones de base local en torno a una función clave de la red. La ubicación en
el nodo conecta a la localidad con el conjunto de la red. Tanto nodos como ejes
están organizados en forma jerárquica, según su peso relativo en ella. Pero esa
jerarquía puede cambiar dependiendo de la evolución de las actividades procesadas a
través de la red. A esto se refiere Castells cuando habla de la “geometría variable”
de la red.
Sin embargo cabe agregar que cuando Castells se refiere al soporte material habla de
red en forma genérica y cuando se refiere a los nodos y ejes se refiere a redes
particulares. Esto es así porque la infraestructura o base material de las redes puede
concebirse como una unidad que articula distintas (muchas) redes específicas. Las
características de los nodos dependen del tipo de funciones que realice una red
determinada. Así, la red constituida por los sistemas de decisiones de la economía
global, en particular las relativas al sistema financiero, tiene por nodos a las
“ciudades globales” y a los principales centros de gestión concentrados en ciudades.
Cada uno de estos nodos requiere una infraestructura tecnológica adecuada, un
sistema de firmas auxiliares que proporcionen los servicios de apoyo, un mercado
laboral especializado y el sistema requerido por la mano de obra profesional. Lo
mismo puede aplicarse a la fabricación de alta tecnología, el narcotráfico, etc. Es
decir, las funciones específicas de cada red definen las características de los lugares

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que se conectarán a la misma. Dicho de otro modo “cada red define sus
emplazamientos según las funciones y jerarquía de cada uno y las características del
producto o servicio que va a procesarse en ella”.
La tercera capa del espacio de los flujos está dada por la organización espacial de
las elites gestoras dominantes que ejercen las funciones directrices en torno a las
que se articula este espacio. Esta adquiere dos formas principales. Por un lado la
fragmentación socio-espacial: “las elites forman su sociedad propia y constituyen
comunidades simbólicamente aisladas, atrincheradas tras la barrera material del
precio de la propiedad inmobiliaria”, definiendo de este modo a sus comunidades
como una subcultura ligada al espacio y con conexiones interpersonales. De este
modo, los nodos del espacio de los flujos incluyen espacios residenciales y orientados
al ocio que, junto con el emplazamiento de las sedes centrales y sus servicios
auxiliares, “tienden a agrupar las funciones dominantes en espacios cuidadosamente
segregados, con fácil acceso a complejos cosmopólitas de las artes, la cultura y el
entretenimiento”. Esta segregación se logra tanto por el control de la seguridad en
ciertos espacios abiertos sólo para las elites, como también por la organización de
una serie de jerarquías socio-espaciales simbólicas. El espacio de los flujos es el
espacio de los "globopólitas", mitad seres, mitad flujos.
Por el otro lado, la otra forma que asume este espacio está dada por la unificación
de su entorno simbólico en todo el mundo, “construyendo un espacio (relativamente)
aislado por todo el mundo a lo largo de las líneas de unión del espacio de los flujos.
Hoteles internacionales y restaurantes con una estética de decoración estandarizada
y casi idéntica, salones VIP de los aeropuertos, condominios y "country clubs",
sistemas de viajes organizados, servicios secretariales y de recepción, ritos similares
en todos los países, sistemas de autopistas y taxis aéreos, etc,”. De este modo
suplantan la especificidad histórica de cada lugar, sintiéndose siempre como en casa.
Esta capacidad organizativa de la elite dominante se corresponde –siempre según
Castells- con su capacidad para desorganizar a aquellos grupos mayoritarios de la
sociedad que ven sus intereses sólo parcialmente representados (cuando mucho)
dentro del marco de la satisfacción de los intereses de las clases dominantes.
Articulación de las élites, segmentación y desorganización de las masas: estos
parecen ser los mecanismos de dominio en nuestras sociedades.
Castells asegura, por último, que cuanto más se basa una organización social en
flujos ahistóricos, suplantando la lógica de un lugar específico, más se escapa la
lógica del poder global del control sociopolítico de las sociedades locales/nacionales
con especificidad histórica.
La contracara del espacio de los flujos es el espacio de los lugares. Un lugar, según
Castells (1997) "es una localidad cuya forma, función y significado se contienen
dentro de las fronteras de la contigüidad física". El barrio, las fábricas, las escuelas,
lo que aún queda de espacio público. En ellos las personas han construido a lo largo
de la historia espacios interactuantes significativos, con una gran variedad de usos y
una gran diversidad de funciones y expresiones
El tiempo atemporal
El correlato temporal del espacio de los flujos es el tiempo atemporal. Si bien hasta
ahora el tiempo era el que organizaba al espacio social, generalmente en función de
las distancias que era preciso recorrer para trasladarse de un lugar a otro y el
esfuerzo y costo que ello insumía, por el contrario, en la sociedad red, dice Castells
(1998), "(...) el espacio organiza al tiempo". De este modo, así como en el espacio
de los flujos el tiempo es aniquilado en función del "tiempo real" e instantáneo con el
que se transmite la información en las redes, el espacio de los lugares sigue
organizando la vida de sus habitantes en torno al tiempo del reloj y al de los ciclos
biológicos. Pero este tiempo lineal, secuencial, irreversible, medible y predecible
estalla en la sociedad red, en un movimiento de significado histórico extraordinario.
Pero no sólo estamos siendo testigos de una relativización del tiempo según

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contextos sociales o, de forma alternativa, del regreso al carácter reversible del
tiempo, como si la realidad pudiera capturarse del todo en mitos cíclicos. La
transformación es más profunda: es la mezcla de tiempos para crear un universo
eterno, no autoexpansivo, sino autosostenido, con cíclicosino aleatorio, no
recurrente sino incurrente: el tiempo atemporal, utilizando la tecnología para
escapar de los contextos de su existencia y apropiarse selectivamente de cualquier
valor que cada contexto pueda ofrecer al presente eterno. Sostengo que todo ello
está sucediendo ahora, no sólo debido a que el capitalismo se esfuerza por liberarse
de todas las restricciones, ya que ésta ha sido siempre la tendencia del sistema
capitalista, sin que haya sido capaz de materializarla plenamente. Tampoco es
suficiente hacer referencia a las revueltas culturales y sociales contra el tiempo de
reloj, ya que han caracterizado la historia del último siglo sin invertir realmente su
dominio, sino más bien favoreciendo su lógica al incluir en el contrato social la
distribución temporal de la vida. Las nuevas tecnologías de la información,
incorporadas en la nueva sociedad red, facilitan decisivamente la liberación del
capital del tiempo y la huida de la cultura del reloj.

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