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¿Quiénes eran los Masoretas?

Los Mosoretas eran judíos que trabajaron entre los siglos VII y X de
nuestra era en las ciudades de Tiberias y Jerusalén como sucesores de
los soferim o escribas en la responsabilidad de hacer copias fidedignas
de las escrituras.

Eran rabinos y escribas estudiosos que compilaban el llamado texto


masorético, que es el texto más usado para hacer traducciones visto
por muchos estudiosos como el más fiable del Antiguo Testamento.

La palabra masoreta tiene su raíz en la palabra hebrea mesoret (‫)מסורת‬,


que quiere decir tradición y como estaba pasando a lo largo del tiempo,
llegó a usarse para referirse a las notas que los masoretas punían en
los textos bíblicos en los márgenes superior e inferior de cada página
de un manuscrito. Estas notas generalmente tenían información sobre
como deletrear palabras, pronunciación, palabras con letras perdidas,
ciertas palabras que eran ofensivas y se tenían que leer de otra forma.

Los masoretas eran muy cuidadosos en su forma de copiar las


Escrituras. Aun replicaban a las letras que se escribían más grandes o
pequeñas, o chuecas. También incluyeron otras cosas irregulares como
unos puntos extraordinarios con que los soferim marcaron ciertas letras
o palabras en quince pasajes del texto hebreo. No hay consenso sobre
el significado de estos puntos extraordinarios.

También se aplica el nombre de mesoret a la doctrina rabínica que


seguían para conservar la pureza de los textos.

¿De donde eran los Masoretas?


Los Masoretas eran rabinos judíos, esto quiere decir que eran líderes
de la colectividad judía. Se trata de maestros que, gracias a sus
estudios, se encargan de la interpretación de los textos considerados
sagrados por esta comunidad.

Un rabino, por lo tanto, es una autoridad judía. Para poder estar al frente
de una sinagoga, los rabinos deben cursar diferentes estudios, rendir
exámenes y hablar hebreo, en otros requisitos.

¿Cuál era su trabajo de los Masoretas?

Los masoretas empezaron su trabajo siglos después de Cristo y lo


siguieron hasta el siglo XI, con unas adiciones hasta el siglo XVI.

Puesto que el hebreo había sido una lengua muerta durante siglos, este
es reemplazada completamente por el arameo como lengua viva, pero
existía el peligro de que su pronunciación se perdiera enteramente con
el correr del tiempo.

Por esa razón los masoretas inventaron un sistema de signos vocálicos


que se añadieron a las consonantes hebreas. Así se simplificó la lectura
de la Biblia hebrea y se garantizó la conservación de la pronunciación
que existía entonces. Sin embargo, no debiera pasarse por alto que la
pronunciación conocida a través del texto común de la Biblia hebrea es
la de los masoretas del siglo VII de la era cristiana que, como sabemos
ahora, varía algo de la del período del Antiguo Testamento.

Los masoretas también inventaron dos complicados sistemas de


acentos, uno para los libros en prosa y otro para los Salmos y Job. Los
acentos consisten en muchos signos diferentes añadidos al texto con el
propósito de indicar los diversos matices de pronunciación y énfasis.
Cada vez que los masoretas creyeron que algo debía leerse en forma
diferente de la que estaba escrita en el texto, colocaron en el margen
los cambios sugeridos, pero no cambiaron el texto mismo.

Los masoretas establecieron, además, reglas detalladas y exactas que


debían aplicarse en la producción de nuevas copias de la Biblia. Nada
se dejó a la decisión de los escribas, ni el largo de las líneas y columnas,
ni el color de la tinta a emplearse. Se contaban las palabras de cada
libro y se fijaba la palabra que quedaba a la mitad a fin de poder
comprobar la exactitud de las nuevas copias. Al final de cada libro se
añadía una nota que daba la cantidad total de palabras contenida en el
libro, que decía cuál era la palabra que estaba en la mitad y que además
daba otras informaciones estadísticas.