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Experiencias migratorias

Asociación Latinoamericana de Estudios de Asia y África asiáticas y africanas en los


XIII Congreso Internacional de ALADAA países latinoamericanos

Rutas del Pacífico: inmigrantes asiáticos a América Latina


Luz M. Hincapié

Sobre el autor

Luz M. Hincapié es PhD (c) en el Departamento de Estudios de Género y Culturales de


la Universidad de Sídney. Su investigación doctoral es sobre temas de identidad y
género en la inmigración Japonesa a Colombia. Sus intereses académicos y
publicaciones enfocan temas de literatura poscolonial y de viaje, diáspora, identidad y
estudios latinoamericanos.

Resumen
Latinoamérica se ha desarrollado históricamente mirando hacia el Océano Atlántico,
ajustando su economía y política a modelos europeos y norteamericanos e ignorando sus
antiguas conexiones con la cuenca del Pacífico. Esta ponencia explora las rutas
migratorias entre Asia y América Latina, intensificadas tras la crisis de mano de obra
como resultado de la emancipación de los esclavos africanos en tierras americanas.
Para esto, utilizo el texto Viaje de Nueva Granada a China y de China a Francia (1861)
del colombiano Nicolás Tanco Armero para presentar la historia de los trabajadores
chinos traídos por la fuerza a las plantaciones de caña de azúcar de Perú y Cuba.
Después de la abolición del comercio ilegal de culíes en 1874 y el establecimiento de
relaciones diplomáticas con Japón, Perú fomentó la migración de trabajadores japoneses
a sus haciendas. Para finales del siglo XIX, compañías migratorias japonesas se
encargaban de enviar trabajadores y colonos a países latinoamericanos, particularmente
a Brasil y Perú. Si bien esta migración está bien documentada, las pequeñas olas
migratorias que llegaron a otros países, tales como Colombia, han recibido poca
atención, razón por la cual concluyo con un breve análisis de este fenómeno que produjo
comunidades colombo-japonesas en ciudades como Cali, Barranquilla y Bogotá que se
esfuerzan por mantener vivos sus orígenes étnicos y culturales.
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Rutas del Pacífico: inmigrantes asiáticos a América Latina


Luz M. Hincapié

El 23 de junio de 1855 desembarcó en el puerto de Hong Kong –China–Nicolás Tanco


Armero, a quien los hacendados cubanos le habrían encomendado la tarea de conseguir
trabajadores para los ingenios azucareros. Así mismo, Tanco Armero es reconocido como
el primer colombiano en viajar a China y haber escrito sobre su viaje, en un texto titulado
Viaje de Nueva Granada a China y de China a Francia a través del cual haré una
introducción sobre la historia de la migración entre Asia y América del Sur durante el siglo
diecinueve1. Estas regiones ya habían estado en contacto desde mediados del siglo dieciséis
a través del comercio entre Manila y Acapulco durante el periodo de la colonia cuando se
registraron algunos habitantes asiáticos en México. 2 Sin embargo, la inmigración desde
Asia sería realmente significativa solo hasta el siglo diecinueve con el comercio de chinos
culíes 3 . En ese orden de ideas, en la primera parte de esta ponencia examinó la
participación de Tanco Armero en dicho comercio. Posteriormente resumó la historia de la
inmigración japonesa a América Latina que ocurrió para abastecer la demanda de
trabajadores agrícolas luego de la abolición del comercio de chinos culíes. Finalmente
enfocó la pequeña ola de inmigrantes que llegó a Colombia antes de la Segunda Guerra
Mundial.

1. Tanco Armero y el comercio de culíes chinos

Nicolás Tanco Armero nació en el año de 1830 fue educado en Europa y Estados
Unidos, razón por la cual hablaba inglés y francés. En noviembre de 1851 debido a
1
Nicolás Tanco Armero, Viaje de Nueva Granada a China y de China a Francia, París, Simón Raçon, 1861.
2
Daniel M. Masterson y Sayaka Funada-Classen, The Japanese in Latin America, Chicago, University of
Illinois, 2004, pp. 13-14.
3
Se cree comúnmente que el termino culí viene de la palabra indostaní para trabajador diurno, quli. Como lo
anota Moon-Ho Jung, ‘Los culíes nunca fueron un pueblo o una categoría legal. Mas bien, culíes eran una
conglomeración de imaginarios raciales que emergieron en el mundo en la era de la emancipación de la
esclavitud, producto de los que imaginaban más que de los imaginados’. Por esto debo aclarar que aunque
entiendo las connotaciones degradantes de la palabra ‘culí’, en esta ponencia la uso específicamente como
término histórico que denomina los trabajadores chinos (aunque también hubo de otras partes de Asia) que
fueron forzados a la migración y al trabajo en el Caribe y también en Perú
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protestas contra el gobierno colombiano tuvo que exiliarse en Cuba, donde llegaría a
trabajar como profesor de matemáticas y escribiría un tratado sobre matemáticas antes de
ser contratado para trabajar en los ingenios. En su relato de viaje Tanco Armero expresa su
odio por la institución de la esclavitud quejándose sobre ‘la iniquidad del hombre, que ha
despojado a sus semejantes de su libertad para convertirlos en máquinas’4. No obstante,
Tanco Armero al ser empleado de la ‘sacarocracia’ no podía dejar de admirar el poder
tecnológico de los ingenios, y sugería que el esclavo en Cuba era tratado mejor que antes.
En sus relatos podemos identificar algunas de las preocupaciones de sus contemporáneos
cubanos. En ese sentido, indica que la población de esclavos africanos es el doble de los
blancos y que el comercio de esclavos ha sido reducido por culpa de los ingleses 5. Dado que
en 1817 España firmó con los ingleses unos acuerdos para la abolición del comercio de
esclavos, esto implicó que los dueños de las plantaciones sólo podrían comprar esclavos a
un alto costo en el mercado negro.

Por otro lado, la revolución en Haití (1791-1805) se había convertido en una lección
para los cubanos de lo que podría ocurrir si los esclavos negros se rebelaban. Aun así la
revolución había beneficiado a Cuba eliminando a Haití como competencia en la
producción de azúcar. Para la década de los cuarenta del siglo diecinueve, Cuba había
superado la producción de azúcar de Jamaica, Brasil y Puerto Rico convirtiéndose en
principal productor6. No obstante, la presencia mayoritaria africana preocupaba a la clase
hacendada la cual buscó en la mano de obra asiática una posible solución. Usando a los
trabajadores culíes procedentes de China, podrían controlar los costos de traer trabajadores
y disuadir el riesgo político de la sublevación7.

Con una población de 430, 000,000 de habitantes en 1850, la China enfrentaba diversos
problemas de inflación, desfalco fiscal por el comercio del opio, desastres naturales,
rebeliones políticas y pobreza rural. Estos propiciaron una migración masiva a las ciudades

4
Tanco Armero, Viaje, p. 37
5
Tanco Armero, Viaje, p. 40.
6
Lisa Yun y Ricardo René Laremont, ‘Chinese Coolies and African Slaves in Cuba, 1847-74,’ Journal of
Asian American Studies, 4, 2, 2001, pp. 104-05
7
Yun y Laremont, ‘Chinese Coolies’, p. 104.
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costeras y crearon una fuente inagotable de mano de obra barata para la trata de culíes
iniciada por Inglaterra8. Durante la trata de 1840 a 1875, casi un millón de hombres del
sureste chino fueron contratados forzosamente, por chantaje, engaño o secuestro, para
trabajar en el extranjero. De esta enorme cantidad unos 150,000 fueron llevados a Cuba y
otros 100,000 al Perú9. La trata amarilla comenzó en Cuba con la llegada de 206 culíes en
junio de 1847. Al comienzo la sacarocracia cubana dependía de los rivales ingleses hasta
que crearon sus propias agencias en Manila, Macao, La Habana, Londres y Amoy
(Xiamen). 10 Sin lugar a dudas, como Tanco Armero era un joven soltero, educado,
políglota, aventurero y ambicioso fue ideal para enviar de agente a Amoy, lo que lo llevó a
vivir en China durante tres años, desde junio de 1855 hasta julio de 1858.

A pesar de las detalladas descripciones que hace Tanco Armero sobre el gobierno chino,
la vida en familia y las costumbres, escasamente menciona la razón de su viaje. De hecho
hace unas pocas referencias a lo que él llama ‘la inmigración china a Cuba’. En una ocasión
menciona el envío de ‘dos buques con colonos asiáticos para la isla de Cuba’ 11. Tanco
Armero como los demás comerciantes eufemísticamente llamaban a los culíes chinos:
colonos, trabajadores libres o inmigrantes12 y usaban la figura legal del ‘contrato’ para
defender su comercio de acusaciones de esclavitud.

Aunque los chinos culíes llegaban con un contrato con el cual esperaban que fueran
protegidos sus derechos, la realidad del culí no era muy diferente a la del esclavo africano.
Los chinos llegaron a Cuba durante la época de la esclavitud y los dueños de las
plantaciones usaron las mismas reglas para lidiar con ellos. En el Informe de la Comisión
de Cuba, el cual aportó a la abolición de la trata, un culí chino explicó ‘el dueño
constantemente urge al capataz que lo único que importa es una gran cosecha de azúcar y

8
Ching-Hwang Yen, Coolies and Mandarins; China’s Protection of Overseas Chinese during the Late
Ch’ing Period (1851-1911), Singapur, Singapore University Press, 1985, pp. 32-36.
9
Yun y Laremont, ‘Chinese Coolies’, p. 103.
10
Evelyn Hu-DeHart, ‘Latin America in Asia-Pacific Perspective’, En Rhacel Parreñas y Lok C.D. Siu (eds),
Asian Diasporas: New Formations, New Conceptions, Stanford, Stanford University Press, 2007, pp. 33-34.
11
Tanco Armero, Viaje, p. 425.
12
Evelyn Hu-DeHart, ‘Race Construction and Race Relations: Chinese and Blacks in 19 th Century Cuba’, En
Ling-Chi Wang y Gungwu Wang (eds), The Chinese Diaspora, Singapur, Times Academic Press, 1998, p. 80.
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que no se le debe dar ninguna consideración a los trabajadores pues si uno es golpeado
hasta la muerte, diez más se pueden comprar para remplazarlo’13.

Como parte de las estrategias de sometimiento, los dueños de las plantaciones en Cuba y
Perú también usaban el opio para controlar a los culíes haciéndolos adictos y más
obedientes.14 Frente a esta situación los culíes usaron la sobredosis de opio para suicidarse,
además de ahogarse y colgarse. Para muchos el final del contrato de ocho años nunca llegó.
Por el contrario, fueron obligados a recontratarse lo que hace que las categorías de trabajo
por contrato y esclavitud en la práctica fueran equivalentes.

La horrenda naturaleza de este negocio sugiere por qué Tanco Armero guardó silencio
en cuanto al propósito de su viaje a China. Lo que él decide revelar u ocultar nos ofrece
algunas claves sobre la manera como este criollo veía al Oriente. Su crítica a la esclavitud
no significaba que se identificara con el esclavo negro, pero su discurso en contra de la
esclavitud, al igual que sus actitudes hacia el Oriente, lo ubica a éste dentro del esquema
del pensamiento ilustrado, así como su pertenencia a la tradición Europea. Edward Said
menciona que los viajeros de occidente habían absorbido el discurso orientalista que
Europa había estado produciendo y reproduciendo desde su primer contacto con el oriente,
uno de ellos es ‘la hegemonía de las ideas europeas sobre el oriente que reiteraban la
superioridad europea sobre el atraso oriental’.15

Por su educación europea Tanco Armero estaba expuesto a ese discurso y en su relato
utiliza lo que Said llama una ‘posición de superioridad flexible’ para identificarse frente al
oriente. Para Tanco Armero China se convierte en el sitio ideal para sentirse europeo y
perteneciente al mundo civilizado. Allí se puede sentir europeo viviendo en los puertos del
tratado de la Primera Guerra del Opio, en las áreas y grandes hoteles donde viven otros
occidentales. Desde allí puede ser testigo y glorificar las grandes obras del trabajo
civilizatorio de los misioneros cristianos y el éxito del capitalismo e imperialismo europeos

13
En Cuba Commission Report citado en Yen, Coolies and Mandarins, p. 69. Todas las traducciones del
inglés son mías.
14
Evelyn Hu-DeHart, ‘Opio y control social: culíes en las haciendas de Perú y Cuba’, Istor: Revista de
Historia Internacional VI, 27, 2006, pp. 38-39.
15
Edward Said, Orientalism, Londres, Routledge & Kegan Paul, 1978, p. 7.
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del siglo XIX. El criollo puede enfatizar su capital cultural, un universo cosmopolita, que
comparte con los europeos que viven en China.

Para comprobar su pertenencia al mundo civilizado, Tanco Armero debe establecer una
distancia entre él y el Otro oriental. Atrapado en la dicotomía decimonónica entre la
civilización y la barbarie, hace grandes esfuerzos por comprobar el atraso de la China. Sin
embargo expresa también su admiración por el lenguaje, el sistema de agricultura, y el
sistema de los exámenes imperiales. 16 Cuando en un lugar concluye ‘ese pueblo cuyas
costumbres estáis leyendo, no solo hace todo al revés de vosotros, sino que en el orden
moral, político y social reina la anarquía, que su cultura lo deja salvaje, y su civilización lo
mantiene en la barbarie17’ en otro lado agrega ‘si el lector que haya recorrido estas páginas
no se atreve a decir que la China se halla civilizada, tampoco dirá que es una nación
bárbara’.18 Cree que la China necesita la religión cristiana para pertenecer a ‘los países
cultivados’. Aun así, también critica a los ingleses por las guerras del opio diciendo ‘el
embrutecimiento de 400 millones de habitantes del mayor imperio del mundo, sólo por
engrosar las arcas de viles especuladores, es un hecho que no ha llamado suficientemente la
atención de los amantes de la humanidad en Occidente’19. Pero no ve las similitudes con el
comercio que engrosa sus propias arcas, el cual le permitió acumular un enorme capital con
los 100,000 culíes chinos que trajo a Cuba y Perú.20

Nuestro adinerado orientalista hizo un total de tres viajes al lejano oriente. Durante su
último viaje, en 1871, visitó el Japón y escribió Recuerdos de mis últimos viajes, Japón.21
Donde el discurso orientalista es casi idéntico y en el que se refiere a la ‘raza oriental’,
como todo aquello que queda al este del Mediterráneo, en una masa atrasada y homogénea:
los japoneses como toda la ‘raza oriental’ son perezosos e indolentes, gastadores, hipócritas

16
Tanco Armero, Viaje, pp. 333-335.
17
Tanco Armero, Viaje, p. 477. Énfasis en el original.
18
Tanco Armero, Viaje, p. 477. Énfasis en el original.
19
Tanco Armero, Viaje, p. 315.
20
Yun y Laremont, ‘Chinese Coolies’, p. 108.
21
Tanco Armero, Recuerdos de mis últimos viajes, Japón, Madrid, Rivadeneyra, 1888.
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y falsos;22 además también son atrasados espiritual y moralmente. 23 En este texto Tanco
Armero tampoco hace referencia al propósito de su viaje, pero podemos inferir que va en
camino a China y que intenta explorar el potencial comercial de los japoneses. Sin
embargo, la migración japonesa en América Latina comienza varias décadas después de
que el tráfico ilegal de chinos culíes fuera abolido. A continuación, enfocaremos la historia
de esa inmigración.

2. La inmigración japonesa a América Latina

En 1872 el barco llamado María Luz de procedencia peruana, haría parte de un incidente
diplomático entre Japón y Perú. Mientras el barco cargado de culíes se encontraba en el
puerto de Yokohama, uno de ellos nadó hasta un barco inglés implorando protección del
maltrato recibido a mano de los peruanos. Las autoridades inglesas y japonesas
intervinieron juzgando a Ricardo Herrera, el capitán del barco, y a Nicolás Tanco Armero
que debido a su ausencia sería representando por el capitán.24 Los 225 culíes contratados
por Tanco Armero fueron devueltos a China. El incidente es importante porque en primer
lugar permitió que Japón reconociera las condiciones de semi-esclavitud de los culíes
chinos y a su vez asumiera la responsabilidad de proteger a sus ciudadanos. Segundo, el
gobierno peruano entendió la necesidad de establecer relaciones diplomáticas con China y
Japón lo que para 1873 significaría la firma de un Tratado de Amistad y Comercio con
Japón y un año después con China. Este hecho incidiría en la elaboración de futuros
tratados con otros países latinoamericanos.

La abolición de la esclavitud en la primera mitad del diecinueve dejó a la mayoría de los


países sudamericanos con una gran necesidad de mano de obra agrícola. Muchos países
intentaron atraer inmigración europea en vano, cuyo propósito no sólo era satisfacer la
necesidad de trabajadores sino también el blanqueamiento de la raza mestiza y mulata vista

22
Tanco Armero, Recuerdos, p. 72 y pp. 173-75.
23
Tanco Armero, Recuerdos, p. 158 y p. 238.
24
Ines Sanmiguel, Japan’s Quest for El Dorado: Emigration to Colombia, Tokio, Kojinshoten, 2002, pp. 83-
84.
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por criollos como degeneradas. Este punto de vista común entre la elite surge de la gran
influencia que tuvo lo que Martín Stabb llama ‘la escuela ‘clásica’ del racismo europeo
decimonónico’ 25 . Como hemos visto, Perú y Cuba intentaron resolver su escasez de
trabajadores con la trata de culíes. Cuando esta fue abolida por los esfuerzos de la China e
Inglaterra, Perú continuaba necesitando mano de obra y al igual que otros países comenzó a
mirar hacia el Japón para resolver la demanda.

Con la Restauración Meiji el Japón logró una modernización e industrialización rápida a


costa de los altos impuestos que pagaron los campesinos. El éxodo rural de principio de la
Era Meiji sería seguido por una diáspora masiva al exterior del país. En el boom de la
inmigración japonesa a los Estados Unidos, Canadá y Hawái se crearon compañías de
inmigración, reglamentadas y subsidiadas por el gobierno imperial, para el negocio de
reclutar y enviar japoneses al extranjero. Por su cercanía a Estados Unidos, México fue el
primer país latinoamericano en atraer inmigración japonesa organizada. En total, casi
11,000 trabajadores por contrato llegaron a las plantaciones de café y azúcar, a la
construcción de ferrocarril y carreteras y a las minas del norte. 26 Con el cierre de las
fronteras de Norteamérica por el Acuerdo entre Caballeros entre Japón y Estados Unidos
(1907-1908) un gran número de japoneses inmigraron hacia países latinoamericanos
buscando oportunidades.

En 1899 llegaron los primeros trabajadores japoneses al Perú. Estos tuvieron que lidiar
con el sistema heredado de la esclavitud africana y del trabajo con contrato de
cumplimiento forzoso con el cual fueron traídos los culíes chinos. Como además sufrieron
de enfermedades tropicales como malaria, fiebre amarilla y disentería muchos huyeron de
las plantaciones.27 Un total de casi 30,000 trabajadores japoneses entraron al Perú y en el
lapso de una década dejaron las plantaciones para entrar al comercio urbano. Los
inmigrantes japoneses buscaban independizarse económicamente y organizarse en
asociaciones de ayuda mutua. Como comenta Masterson, ‘la habilidad de los inmigrantes

25
Citado en Masterson y Funada-Classen, The Japanese, p. 19.
26
Masterson y Funada-Classen, The Japanese, p. 27-30.
27
Masterson y Funada-Classen, The Japanese, p. 36.
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japoneses de juntar sus recursos en un fondo común e integrar racionalmente sus


actividades económicas dentro de la comunidad japonesa les dio una ventaja importante
frente a sus competidores nativos’.28 Esa ventaja sin embargo y su éxito en medio de la
Depresión también generó animosidad y se sumó a las dificultades que enfrentaron durante
la Segunda Guerra Mundial.

Brasil recibió el mayor número de inmigrantes japoneses en América Latina con un total
de casi 200,000. La necesidad de trabajadores y la disponibilidad de grandes extensiones de
tierra en los estados de Sao Paulo y Paraná, así como la financiación por parte de ambos
gobiernos ayudan a explicar este fenómeno. Como en otras partes, allí se confrontaron con
unas expectativas poco realistas como lo fue la falta de preparación para las duras
condiciones de trabajo, el hecho de que muchos no eran agricultores y las prácticas
deshonestas de los hacendados. Los inmigrantes japoneses inicialmente no pensaban
quedarse y aunque Brasil ofrecía más posibilidades que otros sitios de América Latina,
siempre creyeron que regresarían al Japón vestidos de ‘brocado dorado’.29

Para 1934, la Compañía de Fomento de Ultramar había establecido varias colonias


enormes en los estados de Sao Paulo y Paraná donde el gobierno japonés financiaba la
construcción de carreteras y el brasilero construía escuelas. 30 Después de 1908, los
inmigrantes japoneses llegaron a la mayoría de los países latinoamericanos; además de los
principales anfitriones como Brasil y Perú más de 5,000 fueron a Argentina y pequeñas
comunidades de menos de 700 llegaron a Cuba, Colombia y Panamá mientras que Chile,
Bolivia, Paraguay, Venezuela y Centro América recibieron grupos menores. En la siguiente
sección haré un breve resumen de la historia de la inmigración japonesa a Colombia.

3. Inmigrantes japoneses a Colombia

28
Masterson y Funada-Classen, The Japanese, p. 65.
29
Masterson y Funada-Classen, The Japanese, p. 45.
30
Masterson y Funada-Classen, The Japanese, p. 78.
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Colombia recibió menos de 200 inmigrantes japoneses entre 1910 y la Segunda Guerra
Mundial. Según Inés Sanmiguel, los primeros inmigrantes japoneses llegaron a Colombia
por el puerto de Barranquilla a partir de 1915 y se establecieron en el pueblo de Usiacurí.31
Kojoiro Mizuno, Toshio Adachi, y los hermanos Toshio Doku y Tadaso Doku
establecieron una peluquería y una tienda de víveres y se casaron con mujeres del pueblo.
Barranquilla en ese momento era un importante puerto y una ciudad cosmopolita con una
de las más altas proporciones de inmigrantes del país, en la siguiente década atraería a otros
inmigrantes japoneses, que en su mayoría serían hombres. De acuerdo al censo conducido
por José Kaoru Doku, existían más de 600 descendientes de esos inmigrantes en la ciudad
en 1994.32

Al igual que los inmigrantes en la costa atlántica, otros viajeros independientes entraron
a Colombia por el puerto de Buenaventura y se radicaron en la ciudad de Cali en la década
de los años 20. Entre estos esta Koichi Tamura quien abrió una tienda de víveres y un hotel.
Este fue seguido por cuatro estudiantes de la Escuela de Colonización de Ultramar de
Tokio, Tarhô Matsuo, Akira Nakamura, Tokuji Nishikuni, y Kiyoshi Shima quienes
llegaron en mayo de 1923.33

Pero la mayoría de la inmigración a Colombia llegó como inmigración de colonos


organizada por el gobierno japonés y la Compañía de Fomento de Ultramar. Después de
que Colombia y el Japón firmaran su primer Tratado de Amistad y Comercio en 1908,
ambos lados hicieron varios intentos fallidos por traer inmigración japonesa a Colombia.34
A pesar de los fracasos iniciales, la compañía envió a Yuso Takeshima a Colombia en 1926
para que hiciera un informe sobre las condiciones sociales y económicas. Después de su
favorable informe los agentes de la compañía reclutaron familias japonesas con el eslogan

31
Sanmiguel, Japan’s Quest, pp. 100-02.
32
Sanmiguel, Japan’s Quest, p. 103.
33
Sanmiguel, Japan’s Quest, p. 106. Ver también, Asociación Colombo Japonesa, Los pasos de 50 años:
historia de la inmigración japonesa en Colombia, Cali, Graficar, 1986, p. 65.
34
Sanmiguel, Japan’s Quest, p. 82.
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‘si existe el paraíso en este mundo, es Colombia’ mientras que Takeshima fue encargado de
comprar 128 hectáreas en el Departamento del Cauca para establecer la colonia El Jagual. 35

Después de un mes de viaje el primer grupo de cinco familias llegó a Buenaventura el 16


de noviembre de 1929. Otro grupo de cinco familias llegó en abril del siguiente año
mientras que el último grupo de 14 familias llegó en octubre de 1935. 36 Con algunas
excepciones las familias eran principalmente de la prefectura de Fukuoka. Los inmigrantes
tuvieron que soportar enfermedades tropicales al igual que el trabajo de construir casas,
encontrar agua, desyerbar el monte y sembrar. Mujeres y niños trabajaron tanto en los
quehaceres del hogar como en las labores agrícolas. Después de la llegada del último grupo,
el gobierno japonés ayudo a la colonia a establecer una escuela pero esta al igual que el
progreso de la colonia fue interrumpida por la Segunda Guerra Mundial.

La Guerra fue un momento negativo para los inmigrantes japoneses en todo el


hemisferio occidental, especialmente después de que Estados Unidos estableciera sus
políticas de internamiento. Oficiales del FBI fueron enviados a Latinoamérica para
persuadir a los gobiernos de que sus inmigrantes japoneses eran ‘enemigos extranjeros’ y
un peligro para la seguridad nacional. En Perú casi 2000 japoneses fueron enviados a los
campos de internamiento en Tejas. Las comunidades japonesas en Brasil fueron maltratadas
y confinadas a sus colonias pero podían seguir vendiendo sus productos ya que eran
indispensables en la economía agraria de la región. México se rehusó a enviar sus
inmigrantes japoneses a los campos de internamiento de los EEUU pero si reubicó en
Ciudad de México a las comunidades que vivían junto a la frontera del norte. 37 En
Colombia, once líderes de la comunidad japonesa fueron internados en un hotel en
Facatativá cerca a Bogotá. La Colonia El Jagual era vigilada por solados y los inmigrantes

35
Sanmiguel, Japan’s Quest, pp. 68-73.
36
ACJ, Los pasos de 50 años, pp. 33-37.
37
Masterson y Funada-Classen, The Japanese, pp. 119-22 y sobretodo el capítulo 5 del libro. Ver también
Harvey C. Gardiner, Pawns in the Triangle of Hate: The Peruvian Japanese and the United States, Seattle,
University of Washington Press, 1981 y Silvia Galvis y Alberto Donadio, Colombia nazi, 1939-1945:
espionaje alemán, la cacería del FBI, Santos, López y los pactos secretos, Medellín, Hombre Nuevo Editores,
2002.
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no podían moverse ni vender sus productos libremente. Los inmigrantes en Barranquilla


fueron ordenados a mudarse al interior ya que los Estados Unidos los consideraba un
peligro por su cercanía al Canal de Panamá.

4. Reflexiones

Además de perder sus propiedades, de ser reubicados o expulsados, los inmigrantes


japoneses recibieron otro golpe; se dieron cuenta que no habría un regreso triunfante al
Japón. Cuando los Issei, o primera generación, confrontaron esa realidad, comenzaron a
prepararse para una nueva vida en el país anfitrión e hicieron los primeros esfuerzos de
integración. Después de resumir relaciones diplomáticas con Japón en los años cincuentas
hubo unos nuevos esfuerzos de inmigración organizada que ocurrieron en Bolivia,
Paraguay, Argentina y la República Dominicana. Colombia recibió unos pocos inmigrantes
japoneses en los sesentas y setentas pero para los ochentas comenzó el fenómeno de
migración en reversa de los descendientes de japoneses a trabajar en Japón. Además en el
siglo XX, Colombia recibió un número significativo de inmigrantes chinos.

Nicolás Tanco Armero presencio eventos importantes en la historia de Asia; estaba en


China durante la Segunda Guerra del Opio y fue responsable de una gran parte de la trata
de culíes chinos a Sur América. Además, en dos viajes que hizo a Japón (1866 y 1871)
logró presenciar los cambios que trajo la Restauración Meiji. En sus viajes a Asia fue
testigo privilegiado de eventos que determinaron los patrones de inmigración de Asia a
América Latina. A su país natal vendrían olas migratorias de chinos y japoneses a
comprobar lo equivocado que estaba en su valoración de la pereza e indolencia de la ‘raza
asiática’. Su propia ‘raza’ se mezclaría con chinos y japoneses. Además, los colombo-
japoneses, al igual que otros colombianos, se convertirían en el equivalente moderno de
trabajadores culíes en las fábricas de Japón.
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Bibliografía

-Nicolás Tanco Armero, Viaje de Nueva Granada a China y de China a Francia, París, Simón
Raçon, 1861. -Daniel M. Masterson y Sayaka Funada-Classen, The Japanese in Latin America,
Chicago, University of Illinois, 2004, pp. 13-14.
-Lisa Yun y Ricardo René Laremont, ‘Chinese Coolies and African Slaves in Cuba, 1847-74,’
Journal of Asian American Studies, 4, 2, 2001, pp. 104-205.
-Ching-Hwang Yen, Coolies and Mandarins; China’s Protection of Overseas Chinese during the
Late Ch’ing Period (1851-1911), Singapur, Singapore University Press, 1985, pp. 32-36.
-Evelyn Hu-DeHart, ‘Latin America in Asia-Pacific Perspective’, En Rhacel Parreñas y Lok C.D.
Siu (eds), Asian Diasporas: New Formations, New Conceptions, Stanford, Stanford University
Press, 2007, pp. 33-34. --Evelyn Hu-DeHart, ‘Race Construction and Race Relations: Chinese and
Blacks in 19th Century Cuba’, En Ling-Chi Wang y Gungwu Wang (eds), The Chinese Diaspora,
Singapur, Times Academic Press, 1998, p. 80.
-En Cuba Commission Report citado en Yen, Coolies and Mandarins, p. 69. Todas las traducciones
del inglés son mías.
-Evelyn Hu-DeHart, ‘Opio y control social: culíes en las haciendas de Perú y Cuba’, Istor: Revista
de Historia Internacional VI, 27, 2006, pp. 38-39.
-Edward Said, Orientalism, Londres, Routledge & Kegan Paul, 1978, p. 7.
-Ines Sanmiguel, Japan’s Quest for El Dorado: Emigration to Colombia, Tokio, Kojinshoten, 2002,
pp. 83-84.
-Asociación Colombo Japonesa, Los pasos de 50 años: historia de la inmigración japonesa en
Colombia, Cali, Graficar, 1986, p. 65.
-ACJ, Los pasos de 50 años, pp. 33-37.