Está en la página 1de 6

REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA

UNIVERSIDAD BICENTENARIA DE ARAGUA


FACULTAD DE CIENCIAS ADMINISTRATIVAS Y SOCIALES
ESCUELA DE CONTADURÍA PÚBLICA
MARACAY- VENEZUELA

DINÁMICAS DE CONDUCCIÓN GRUPAL Y LA PARTICIPACIÓN


CIUDADANA, APLICADA EN LOS PROCESOS DE
SENSIBILIZACIÓN DE LAS COMUNIDADES

AUTORA:
Yennys Fernández
C.I. 19.897.963

San Joaquín de Turmero, Julio, 2020


CONTENIDO

Una Dinámica para grupos puede, en teoría, no requerir de un


conductor. Todo podría ser arreglado para que se conduzca por sí sola. Lo
anterior, sería muy afortunado en nuestro mundo que es un poco imperfecto
para permitir éstas circunstancias. Es más, estamos convencidos de que las
personas aprender mejor en colaboración con otros y con quien los guíe en
el proceso de aprendizaje.

El cambio más importante que debe realizar un profesor, instructor o


capacitador que desea convertirse en un buen conductor de Dinámicas para
grupos, es que debe "remplazar" algunas conductas y actitudes arraigadas a
través de muchos años de experiencia escolar como alumno y como
docente. Ya que, el rol habitual de maestro o instructor difiere notoriamente
del rol que desempeña el conductor de Dinámicas para grupos.

El conductor de Dinámicas para grupos no impone, no juzga, no


adoctrina. Acompaña a las personas en un viaje de descubrimiento de la vida
para que por si mismos encuentren. Debe ver a los alumnos no como
cerebros a los que hay que informar sino como seres humanos integrales.

De acuerdo a la teoría que fundamenta a las Dinámicas para grupos, el


aprendizaje a través de estas ocurre en un proceso de cuatro fases:

1. Experiencia concreta: Vivir experiencias concretas nuevas.

2. Observaciones reflexivas: Observar estas experiencias desde muchos


puntos de vista, reflexionar sobre ellas, seleccionar datos y añadir sentidos
culturales y personales.
3. Generalización: Extraer conclusiones y adoptar nuevas creencias sobre el
mundo.

4. Experimentación activa: Actuar según las nuevas creencias.

Una adecuada conducción de las Dinámicas para grupos implica el


guiar a los participantes por estas cuatro fases.

Por otra parte se puede señalar que por participación ciudadana se


conocen todos los mecanismos y herramientas que promueven la implicación
activa de la ciudadanía en los asuntos públicos sin necesidad de formar parte
directa de la administración pública o de un partido político. En cualquier
lugar del mundo existen diferentes maneras de poner en práctica la
participación ciudadana. Simplemente tenemos que conocerlas. Todas ellas
parten de la inquietud personal, de la necesidad de conocer qué ocurre en mi
entorno y por qué pasa lo que pasa, seguida por un interés por la
información.

La participación ciudadana es un elemento extremadamente cambiante,


que se adapta continuamente a los nuevos contextos sociales, por eso
resulta difícil establecer en ella unas normas o unas herramientas estáticas y
permanentes. Lo que se propone a continuación son una serie de dinámicas
para fomentar la participación en los entornos más cercanos (en el aula, con
nuestros vecinos o amigos), tanto entre participantes adultos como menores.
Son técnicas que invitan a la reflexión y al debate primero para pasar
después a la acción. En menos de los que piensas te estarás convirtiendo en
un elemento activo y participativo de tu ciudad.

La participación ciudadana constituye un tipo de relación socio–estatal,


la cual, antes de remitirnos a un conjunto de dispositivos institucionales o a la
lógica de la organización social, puede ser concebida como un espacio de
interacción, comunicación y diferenciación entre el sistema estatal y el social.
Además, se plantea que dicha relación socio–estatal, que tiene como función
la regulación permanente del conflicto supuesto en la definición de los temas
públicos y de la propia agenda político–social, es una relación característica
de las sociedades contemporáneas acotada (en sus sentidos y
orientaciones) por las nociones normativas derivadas de los significados de
la democracia y de la propia categoría de ciudadanía.

Desde la lógica social, la acciones y actividades desplegadas por un


conjunto de ciudadanos con miras a involucrarse en la elaboración, decisión
y ejecución de ciertos asuntos públicos que son de su interés, nos remite a
una expresión y organización autónoma de una "fuerza social" mediante la
cual se busca abrir los espacios por los que discurre la toma de decisiones
políticas.

Desde esta perspectiva, como se puede observar, el término de


ciudadanía nos remite a una cuestión dinámica, a un problema de acción y
construcción social permanente. Es un proceso participativo; por tanto, que
se expresa y se sustenta en las prácticas e interacciones cotidianas que los
individuos (los ciudadanos) establecen con y desde el ámbito socio–estatal.
Por ello, ante todo, la ciudadanía remite a una construcción cultural, a un
proceso identitario (sentido de pertenencia), que es resultado de luchas
sociales, civiles y políticas, de un conjunto de transformaciones históricas y
estructurales, así como de interacción y diferenciación entre los ámbitos
social y estatal (Alonso, 2005: 228). La construcción de la ciudadanía (sus
distintos proyectos) está atravesada por una lucha social entre el Estado y
los grupos organizados de la sociedad civil en que la disputa, el conflicto, se
encuentra entre la supresión o expansión de los derechos, la reglamentación
de la participación ciudadana o la defensa por su autonomía.
REFERENCIAS

Alonso de Armiño González, A., Báscones Antón, M. y Cámara Pérez, E.


(Director). (2005). ¿De quién es la calle?: La lucha de un vecindario para
recuperar su calle y su vida [Documental]. Burgos: [los autores].

Martínez Fresno, A. (Director). (2008). La carrera del Gancho [Documental].


Zaragoza: Área de Educación y Acción Social.

También podría gustarte