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Vía Crucis de los Jóvenes.

-2011-

Comienzo de la celebración:

Ambientación con algún canto apropiado mientras los alumnos van llegando.
El animador saluda a los presentes y los invita a ponerse en clima de oración, para acompañar a
Jesús en los momentos tan importantes que preceden a su entrega generosa por amor.

Señal de la cruz.

1) Primera estación: La última Cena


Canto: “Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa Cruz redimiste al mundo”.

Escena:
Hay un matel sobre una mesa baja (o en el piso), una canasta con panes y una jarra con agua.
En el centro está Jesús, rodeado por sus apóstoles, seis a cada lado.

Guía: La mesa de Jesús está servida. Esta noche, los amigos se encontraron en torno a ella, para
celebrar la fiesta que se hizo despedida. Imaginemos a cada uno de los doce apóstoles junto a ella
y en un esfuerzo más de nuestra imaginación, también nosotros ocupemos un lugar.
Está Juan, el amigo muy querido.
Está Pedro, el líder que parece ir siempre para adelante, aunque se vaya a asustar, aunque
vaya a negar al Maestro y llorar amargamente.
Están también los silenciosos que siempre lo siguieron sin demasiado protagonismo.
Está Santiago, que alguna vez quiso ocupar un lugar destacado.
Está Tomás, el que siempre lo pone en duda.
Está Felipe, el que le pide algo más para poder creer.
Está Judas, el que lo va a traicionar.
¿Cuál es nuestro lugar en esta mesa? ¿Con qué apóstol nos identificamos? ¿Cuál es nuestra
actitud frente a esta nueva oportunidad que nos ofrece la celebración de Semana Santa? ¿Quiénes
somos? ¿Cómo somos en nuestra relación con Jesús y con los demás?

Lector: El primer día de la fiesta en que se comía el pan sin levadura, los discípulos se acercaron
a Jesús y le dijeron: “¿Dónde quieres que preparemos la comida de la Pascua?”. Jesús contestó:
“Vayan a la ciudad, a casa de tal hombre y díganle: ‘El Maestro te manda decir: Mi hora se
acerca y quiero celebrar la Pascua con mis discípulos en tu casa…’ Mientras comían, Jesús tomó
pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: ‘Tomen y coman; esto
es mi cuerpo’…

Jesús reparte los panes entre los doce apóstoles. Luego, baja y los sigue repartiendo entre los
presentes (los que están en las primeras filas).

Guía: También a nosotros el Señor se nos da, así como somos. El quiere transformar nuestra
vida, compartiendo la suya. Padre Nuestro…

Canto. En Memoria Tuya.


2) Segunda estación: La oración de Jesús en el Huerto de los Olivos
Canto: “Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa Cruz redimiste al mundo”.

Escena:
Jesús está solo en el centro de la escena. Tres de los apóstoles, Pedro, Santiago y Juan, están a
un costado. Todos están, en principio, en actitud orante. La escena está casi a oscuras, a media
luz. Quien permanece siempre iluminado es Jesús.

Guía: La noche avanza y atrás ha quedado la mesa compartida, los recuerdos, las
incomprensiones y el temor a la traición. ¿Quién es el traidor? ¿Por qué alguien traicionaría a
Jesús? ¿Para qué…?.
Jesús necesita rezar. Meterse de lleno en su propio misterio y pedir al Padre por sus
amigos.
Sus amigos lo siguen, pero no pueden esperar. El cansancio y la pereza pueden más, y se
duermen.
Cuando despierten, todo será distinto. La fiesta se ha transformado en la larga noche de la
amargura.

Hasta aquí llegaron con Jesús sus amigos, los mismo que con él bebieron el vino y
compartieron el pan. Los mismos que se dejaron lavar los pies. Los mismos Juan, Pedro, Mateo,
Felipe, Santiago… Pero los venció el cansancio o simplemente la fiaca, y en lugar de estar
alertas, se tiraron a dormir.
Mientras tanto, Jesús le rezaba a su Padre, en la hora más difícil.
Muchas veces también nosotros nos dormimos con nuestras omisiones y nuestra vagancia,
y dejamos de hacer todo el bien que podríamos hacer.
En esta semana tan especial, ¿de qué deberíamos despertar?

Los invitamos a cerrar los ojos.


Tener los ojos cerrados se parece mucho a estar dormidos. En ambos casos, no vemos la
realidad que nos rodea. Sin embargo, una experiencia es más profunda que la otra, porque
mientras dormimos, la conciencia misma parece entrar en reposo. En cambio, tener los ojos
cerrados generan inseguridad. Pero en uno y otro caso, la realidad está allí, y de algún modo
tendremos que enfrentarla.

En esta semana santa:


¿Qué está dormido en tu interior?
¿En dónde dejaste solo a Jesús o a tus hermanos por causa de tu pereza?
¿Qué te hace cerrar los ojos hoy? ¿Qué preferís no ver?
¿Cuáles son las tentaciones que me “duermen” ante su llamado?
Cuando alguien me necesita, ¿me hago el dormido?

¡Abramos los ojos y despertemos!


Lector: Jesús llegó con ellos a un lugar llamado Getsemaní y dijo a sus discípulos: “Siéntense
aquí, mientras yo voy más allá a orar”. Tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, y comenzó a
sentir tristeza y angustia. Y les dijo: “Siento una tristeza de muerte. Quédense aquí conmigo y
permanezcan despiertos”. Fue un poco más adelante y, postrándose hasta tocar la tierra con la
cara, oró así: “Padre, si es posible, que pase de mí este cáliz. Pero que no se haga lo que yo
quiero, sino lo que quieres tú”. Volvió donde estaban sus discípulos y los halló dormidos; y dijo a
Pedro: “¿De modo que no pudieron permanecer despiertos ni una hora conmigo? Estén despiertos
y recen para no caer en la tentación”.

Canto. En Mi Getsemaní

Guía: Como comunidad de discípulos, recemos juntos. A cada oración, pedimos: “Señor, que
estemos despiertos”.
-Ante las injusticias que nos rodean…
-Ante los hermanos que sufren…
-Ante los jóvenes sin oportunidades ni sueños…
-Ante los daños causados por el uso y el abuso del alcohol y las drogas…
-Ante el mal y la violencia…
-Ante el consumismo extremo…
-Ante la pereza y la comodidad…
PADRE NUESTRO…

Canto. El Huerto.

3) Tercera estación: Jesús es condenado a muerte.


Canto: “Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa Cruz redimiste al mundo”.

Escena:
Una cruz, una corona de espinas, revistas “superfluas”, carteles con “desvalores”.

Guía: Al despertar, el panorama se había transformado en furia.


Por unas pocas monedas, vemos el rostro desencajado de Judas que besa y traiciona.
Después, la muchedumbre masificada que lo señala y exige su muerte.
Hoy también cuando se derrocha dinero en armas en lugar de alimentos,
cuando se privilegia la corrupción,
cuando en lugar de la educación, prevalece el circo y la mentira,
cuando la justicia nunca llega…
…hoy también la multitud vuelve a condenar a Jesús.

Pero también lo condenan mis actos deshonestos, mis prejuicios, mi falta de solidaridad…
Yo también, con mi indiferencia, en un segundo puedo ser uno más de los que señalan al
Maestro inocente y gritan: “¡Crucifíquenlo!”

Lector: Jesús estaba en el Huerto, todavía hablando, cuando llegó Judas, uno de los Doce. Iba
acompañado de una multitud armada con espadas y garrotes, enviada por los jefes de los
sacerdotes y por las autoridades judías. El traidor les había dado esta señal: “Es aquél a quien yo
voy a besar. Arréstenlo”. Se fue directamente donde Jesús y le dijo: “Buenas noches, Maestro…”
Y le dio un beso. Jesús le dijo: “Amigo, haz lo que vienes a hacer…”

Canto. Cristo calla (primera estrofa y estribillo).

Lector: Los que tomaron preso a Jesús lo llevaron a la casa del sumo sacerdote Caifás, donde se
habían reunido los maestros de la ley y las autoridades judías… Entonces, el sumo sacerdote se
rasgó las vestiduras, diciendo: “¡Ha blasfemado! ¿Para qué necesitamos más testigos? Ustedes
mismos acaban de oír esas palabras blasfemas. ¿Qué dicen ustedes?” Ellos contestaron: “¡Merece
la muerte!” Luego comenzaron a escupirle la cara y a darle bofetadas, mientras otros lo
golpeaban diciéndole: “Mesías, ¡adivina quién te pegó!”

Los soldados llevan a Jesús ante Pilato. Lo pueden hacer caminando por entre la gente…

Lector: Llevaron a Jesús ante Pilato. El gobernador preguntó a la multitud: “¿A quién quieren
que libere? ¿A Jesús o a Barrabás?”. Barrabás era un bandido. Pilato les dijo: “¿Y qué hago con
Jesús, llamado el Cristo?” Todos contestaron: “¡Crucifícalo!” Pilato insistió: “¿Qué ha hecho de
malo?” Pero ellos gritaban cada vez más fuerte: “¡Que sea crucificado!”

Guía: Padre Nuestro…

Canto. Cristo calla. (segunda estrofa y estribillo).

4) Cuarta estación: Jesús se encuentra con su Madre.


Canto: “Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa Cruz redimiste al mundo”.

Escena:
Jesús carga con la cruz, rodeado de soldados y de un grupo de curiosos. También María camina,
envuelta en un manto celeste, cerca de su hijo.

Guía: En el camino se suceden los rostros de todo tipo: los curiosos, los que se asustan, los que
se compadecen, los que se burlan… Están las mujeres que lloran y los que se ríen, los que
acompañan a Jesús con una mirada compasiva, y los morbosos…
Pero hay también rostros familiares. Ellos sufren de verdad. Sufren desgarrados y quizás
sin el poder de las lágrimas. Ellos saben la verdad. No esa que se cuenta de boca en boca y agrega
detalles para alimentar la curiosidad de los vecinos. Ellos lo conocen a Jesús, lo quieren.
Entre ellos hay un rostro: el de la Madre de Jesús. La que lo acunó y lo alimentó. La que
fue rápidamente a buscarlo cuando, siendo todavía un niño, se perdió entre los doctores del
Templo. La que le enseñó que sí había llegado su hora, la hora de mostrar quién era al mundo, en
las Bodas de Caná. La que seguramente aconsejó a Jesús, la que probablemente –como toda
buena madre– alguna vez lo retó. La que le enseñó a rezar. La que guardaba todo en su corazón…

Canto. Te miro a los ojos (primeras estrofas).

Lector: Cuando María y José llevaron al niño Jesús para consagrarlo en el Templo, un anciano
llamado Simeón los bendijo y dijo a la madre: “Este niño será causa de caída y de elevación para
muchos en Israel. Será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón.
Así se manifestarán los pensamientos íntimos de muchos”. María callaba y conservaba todas
estas cosas en su corazón.

Guía: El encuentro entre esa madre y su hijo toma dimensiones de intenso dolor, y ella siente
como una espada va clavándosele en el corazón. No hay desesperación: hay mucho dolor en su
cuerpo y en su alma, por tanta falta de amor y de comprensión. Es el rostro de tantas madres que
sufren las injusticias cometidas con sus hijos… Rostros imposibles de borrar.
Señor, en el camino de nuestros días, también tu Madre, que hiciste nuestra Madre, mira
con dolor algunas de nuestras actitudes. Queremos cambiarlas, corregirlas para el bien de los que
nos rodean. Ella nos mira con amor y nos invita a dejarnos amar más por Dios y a ser cada día
mejores discípulos de Jesús.
Dios te salve, María…

Canto. Te miro a los ojos. (últimas estrofas).

5) Quinta estación: El encuentro de Jesús con Verónica y con Simón de Cirene.


Canto: “Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa Cruz redimiste al mundo”.

Escena:
Jesús carga con la cruz. Una tela con el rostro de Jesús, dentro de lo posible. Imágenes o
carteles con fotos de personas solidarias, etc.

Guía: Entre los rostros del camino aparece también gente que se la juega, personas que no se
quedan de brazos cruzados. Verónica es una de ellas. Así como ella se acercó para limpiar el
sudor y la sangre del rostro de Jesús, hoy hay muchos que colaboran con la construcción de un
mundo más justo y solidario. Gente que visita enfermos en los hospitales o ancianos en los
geriátricos; gente que viaja a países empobrecidos para prestar una mano, llevando esperanza a
los que sufren. Gente que trabaja en comedores comunitarios, que visita a quienes están presos.
Hay voluntarios de Cáritas, de la Red Solidaria. Hay grupos misioneros…
¿Y yo? ¿Dónde me ubico? ¿Cuál será mi lugar de solidaridad?

Lector: En el camino, también se encontraron con un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo


obligaron a llevar la cruz de Jesús.

Guía: Señor, haz que podamos servir en todo el mundo a nuestros hermanos que mueren de
miseria y hambre. Dales hoy, por medio de nuestras manos, el pan cotidiano. Y dales alegría y
paz a través de nuestro amor. Padre Nuestro…
Canto. Oración simple.

6) Sexta estación: Jesús muere en la cruz.


Canto: “Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa Cruz redimiste al mundo”.

Escena:
La cruz colocada sobre el piso. Una sábana blanca, una piedra al costado (a modo de Sepulcro).
Guía: Todo se ha cumplido después de un largo camino lleno de muerte, donde se hace difícil
descubrir signos de vida. Estos signos están, pero no pueden descubrirse a simple vista.
Jesús ha pasado por todo: sus amigos lo abandonaron,
tuvo sed y le dieron a beber vinagre,
un ladrón, crucificado a su lado, se burló de él…

Pero también experimentó la fidelidad de su Madre y de su amigo Juan,


la apertura del perdón, dado al buen ladrón y a aquellos que lo estaban matando,
la confianza en el Padre…

Muchas veces, Señor, la fe no resuelve mágicamente las cosas de la vida, sino que nos da
huellas para poder entrever signos de esperanza y de vida. Así fue tu camino hasta el final,
cuando los brazos de tu Madre te recibieron para dejarte el lugar que José de Arimatea, aquel que
hasta ahora había preferido no decir que era tu amigo, se anima a prestarte para tu descanso final.
El sudario cubrirá tu cuerpo aparentemente vencido y la piedra del sepulcro pretenderá ser
la protagonista del final de esta historia. Afuera, algunas mujeres se sientan, sin consuelo, a
esperar que la vida transcurra…

Lector: Siendo ya tarde, llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también se había
hecho discípulo de Jesús. Se presentó ante Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Y el gobernador
dispuso que se lo entregaran. José tomó entonces el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana
limpia, y lo colocó en el sepulcro nuevo que se había hecho excavar en una roca. Después hizo
rodar una gran piedra sobre la entrada del sepulcro y se fue. Mientras tanto, María Magdalena y
la otra María, estaban allí, sentadas frente al sepulcro.

Guía: Pero este no es el final… Es el principio de la vida que, encarnándose en Nazaret, ha


llegado a la plenitud de su entrega. Jesús fue el Dios hecho hombre como nosotros hasta el final,
hasta experimentar la muerte, una muerte injusta y dolorosa.
La piedra del sepulcro sólo será el signo de liberación que llega y las mujeres,
protagonistas gozosas y asombradas del triunfo definitivo de la Vida sobre la muerte. Todavía
hay que esperar, pero en la cruz siguen latiendo los signos de la vida. La resurrección está por
llegar…
Señor, hemos cerrado el camino que juntos comenzamos. Estamos junto a tu cruz que es
para nosotros, signo de Vida. Y rezamos, esperando, la oración que nos enseñaste… Padre
Nuestro…

Canto. En mi Getsemaní.

Bendición final.
Personajes:

Jesús-------------------------
Doce apóstoles:
Pedro------------------------
Juan--------------------------
Santiago---------------------
Judas-------------------------
Ocho apóstoles s/nombre:
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Tres soldados:
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Sumo Sacerdote ------------
Autoridades judías:
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Poncio Pilato-------------
María---------------------
María Magdalena--------
Verónica-------------------
Simón de Cirene----------
José de Arimatea----------
Multitud: