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ANTROPOLOGÍA

TEOLÓGICA

Tema HAMARTOLOGÍA Ficha
21 VETEROTESTAMENTARIA 22

Objetivo: Profundizar en el tema del pecado desde la revelación bíblica del A.T. para responder a la
pregunta del mal moral que radica no en el Dios creador, no en la naturaleza creada, sino en la libertad
humana.
Nexo: El hombre, que ha sido creado por Dios Trino en gracia y para la plenitud por la mediación del Hijo
en el Espíritu, libremente ha introducido, por el pecado, un desorden en su naturaleza. Dios ha querido, sin
embargo, en la misma situación de pecado, seguir ofertando la gracia.
Metodología: Seminario por sub-grupos

SÍNTESIS GRÁFICA GENERAL DE LA
NOMENCLATURA DEL PECADO

Violación a la ley de - “Pecado es la palabra, el hecho o el deseo contra la ley
Naturaleza Dios eterna” (S. Agustín Contra Fausto XXI,27).
del pecado - Desobediencia u oposición a Dios
Perspectiva Ofensa a Dios Directamente no se agrede a la naturaleza divina;
teológica indirectamente sí, por la falta de amor a Aquel por quien
fuimos creados por amor.
Alejamiento de Dios “Pecado es conversión a las criaturas y aversión a Dios”
(S. Agustín, De libre albedrío 11)
Abuso de la libertad, renuncia a la vocación de ser
Deformación imagen de Dios. Afecta la existencia humana, trastorna y
humana turba todos los aspectos de la vida humana. Negando la
Naturaleza trascendencia impone una desarmonía en su ser. Es la
del pecado bancarrota del proyecto humano, pues supone un
Perspectiva rompimiento de las relaciones fundantes.
antropológica Psicológicamente se contagia (mímesis del pecado). Hay
Dimensión social una solidaridad en el mal y sus consecuencias, incluso a
nivel cósmico.
Resquebrajamiento El hombre pecador compromete su libertad y se hace
de la libertad cada vez más débil, p.ej. el vicio.
Original Originante
Por el sujeto Originado
Personal
Social – Estructural
Naturaleza Pensamiento
del pecado Por la forma Comisión Palabra
Obra
Omisión
Por la gravedad Mortal
Venial



INTRODUCCIÓN

1

La Biblia es el conjunto de libros que hablan de una relación de amor entre Dios y los hombres,
convocados a ser pueblo de la alianza; un amor gratuito e irrestricto de parte de Dios y un amor
siempre frágil y, muchas veces, contradicho por la realidad del pecado, de parte del hombre. A esta
realidad de pecado, la S.E. se refiere siempre con un lenguaje figurado, tomado de las relaciones
personales, pues Dios es un ser personal y quiere que le respondamos siempre como personas
libres y responsables.

Poco a poco el pueblo de Israel va tomando consciencia de que en la relación con Dios, como en las
relaciones humanas, los hombres le damos la espalda, nos rebelamos contra él, le faltamos, le
cometemos injusticias y ejercemos iniquidad con él y con los demás seres humanos, y ello de
manera universal, pues «corrompidos están, da asco su conducta, no hay nadie que haga bien, ni
uno siquiera» (Sal 14,1; Eccle 7,20)1. Por eso el pecador en la Biblia se considera como quien hace
el mal a los ojos de Dios y de los demás; pero no sólo porque hace un acto malo, sino «una suerte
de predisposición psicológica, cuasi connatural, hondamente arraigada en la médula misma de lo
humano»2. La malicia del pecado y sus consecuencias mortales aparecen con toda su fuerza en la
historia de amor contada en la Sagrada Escritura, en la que se nos revela quién es Dios y quién es
el hombre.

En la historia de salvación se nos revela la profundidad de la maldad del pecado y sus
consecuencias, así como Dios nos revela nuestra realidad humana, pero sobre todo, se nos revela
él, como el Dios de amor y de misericordia, que viene a nuestra historia de pecado a rescatarnos
para hacernos partícipes de la vida a la que nos había destinado desde la creación: a ser imagen y
semejanza suya.

1. Terminología de pecado en el A.T.

No hay un concepto bien definido y preciso de pecado en el A.T. en términos de una teología ya
elaborada de forma teórica, más bien, hay unas indicaciones de orden teológico que lo describen
en actitudes y actos injustos cometidos por un sinnúmero de individuos en las relaciones con Dios
o con los demás y las consecuencias de ello, que provocan una ruptura en las relaciones entre los
hombres y Dios, y de los hombres entre sí. Hemos de reconocer, pues que «difícilmente
encontramos una reflexión teológica sobre el pecado» y que se nos revela «como fenómeno
religioso de extrema complejidad»3.

Antes de hablar de pecado es importante que contemplemos la contraparte: una previa relación de
amistad, de gracia y amor que Dios ha ofertado gratuitamente al hombre. Por tanto, en la
mentalidad bíblica, pecado no es una mera transgresión a una ley externa, sino que afecta
profundamente la relación con Dios. No es el hacer algo malo, sino es no hacer lo que Dios, que
ama y conoce, quiere que haga el hombre. El cumplimiento de la ley es importante sólo en la


1 La Escritura resalta la universalidad del pecado incluso al enseñar los pecados cometidos por los grandes personajes

bíblicos: Abraham que entrega a su esposa al Faraón para protegerse (Gn 12,10-20), Jacob que engaña a su hermano
para robarle la primogenitura (Gn 27), Moisés no pudo entrar en la Tierra Prometida por su incredulidad (Dt 32,51-
52), David cometió adulterio y homicidio (2Sam 11), Salomón se abandona en la idolatría al casarse con mujeres
paganas (1Re 11,1-10), etc.
2 J.L. RUIZ DE LA PEÑA, El Don de Dios. Antropología Teológica Especial, Santander, 1991, 51.
3 G. VON RAD, Teología del Antiguo Testamento, Salamanca, 1993, 204.

2
medida en que es expresión de fidelidad, asegura la amistad y la comunión con Dios y la paz al
pueblo. De esta forma comprenderemos de mejor manera el significado de las siguientes palabras.
a) Áwael
Significa falsedad, injusticia, perversión. Se usaba en el derecho social como una acción contraria a
las normas establecidas y que conducen a una sentencia judicial. En general, se refiere a acciones
fraudulentas, engañosas, que pervierten el orden, falsean y trastornan las relaciones sociales. Su
más profundo sentido teológico es oponerse a la salvación de Dios (Lev 19,35).
b) Awón
Significa perversión. El significado básico es torcer y, de forma traslaticia a la ética, torcer el
derecho (Job 33,27). Se utiliza para descalificar conductas malvadas y sus consecuencias. Se llega a
identificar como culpa. Los LXX lo tradujeron como hamartía.
c) Hata
Significa errar, pecar. Se puede entender como equivocarse o errar el objetivo, no atinar. Se
emplea generalmente en el lenguaje cultual como transgresión legal en la liturgia. También se
refiere al reconocimiento del pecador de su actitud y ser pecador, que pide perdón de su
culpabilidad. Se trata de una falta no meramente exterior, sino que afecta a la persona en lo más
íntimo y en lo más fundamental de su ser, en sus relaciones, en cuanto que es un desorden
introducido.
d) Pésha
Significa delito, rebelión. Se refiere a los delitos contra las personas o sus cosas o propiedades.
También se entiende como separar, abandonar, rebelarse, en un sentido social de rompimiento. Se
utilizaba para los delitos judicialmente perseguibles. En sentido teológico es todo aquello que
afecta a la soberanía de Dios, sea porque le usurpa su lugar o porque lo defrauda.

2. El pecado de los orígenes Gn 3

Los conceptos que se utilizan para referirse al pecado, en cuanto desobediencia a Dios, encuentran
un marco de referencia en el relato de Gn 3, que la Tradición de la Iglesia, a partir de san Agustín,
ha querido ver como pecado original. El pecado en Gn 3 es un diálogo parcialmente roto entre los
hombres y Dios; parcialmente, porque Dios sigue invitando a la Vida, sigue llamándo a su amistad,
abre el oído del hombre para escucharle, hace capaces a los hombres de responderle, abre un
espacio de libertad, ofrece un futuro prometedor. En cuanto hecho por la Palabra, el hombre se va
haciendo en la medida en que responde a la Palabra y las palabras que lo interpelan. El relato de
Gn 3 nos presenta el pecado como un acontecimiento que se realiza por la libertad del ser humano.
Sólo podía darse en un cuadro de gracia responsable que Dios ofrece al hombre y al que éste debe
responder. Por tanto, pudiera haber sido de otra forma a como nosotros conocemos la historia, el
ser humano podría haber vivido en transparencia dialogal con Dios y en armonía con demás seres
humanos y con la creación.

El relato de la caída de nuestros primeros padres (Gn 3)4 abre la historia de la humanidad con una
gran riqueza antropológica, porque al exonerar a Dios del mal existente, así como a las fuerzas
espirituales o cósmicas, adjudica la responsabilidad de la historia en el mundo al hombre. El
hombre es un ser libre que tiene en sus manos el destino del mundo, él pude introducir la vida si
cumple los mandamiento o puede introducir la muerte si los quebranta. Es por esta razón que


4 Cf. S. LYONNET, «pecado» en X. LÉON-DUFOUR (dir.), Vocabulario de Teología Bíblica, Barcelona, 1988, 660-670. M. JOIN-

LAMBERT – X. LÉON-DUFOUR, «Adán», en X. LÉON-DUFOUR (dir.), Vocabulario…45-47. Muchas ideas del presente texto
fueron tomadas de X. PIKAZA, Antropología Bíblica. Tiempos de gracia, Salamanca, 2006, 43-94

3
podemos considerar el relato como una “etiología histórica”, que responde a preguntas siempre
tan nuevas y tan antiguas de la humanidad, que busca el sentido de la vida del hombre en un
contexto de maldad y perversidad5.

Para la Biblia, el pecado de Adán es una desobediencia. Es un acto por el que se opone consciente y
deliberadamente a Dios, desobedeciendo un mandato expreso suyo (Gn 3,3). Se trata de un acto
exterior de rebeldía que se ha gestado en su interior por instigación de la serpiente que le ha
prometido «ser como dioses que conocen el bien y el mal» (Gn 3,5), es decir, ponerse en el lugar de
Dios para decidir sobre el bien y el mal, poniéndose a sí mismos como la medida ética sin ninguna
referencia al Creador, al Bueno. Se niega a Dios como criterio último de eticidad y moralidad, para
colocarse a sí mismo, trastocando así la relación entre Dios y los hombres.

a) Lo que no es y lo que sí es el texto
El texto de Gn 3 no es un mito cosmogónico; las cosmogonías mitológicas narran cómo los dioses
se escinden y dividen en una lucha interna (teomáquica), y cómo de ella habría sido creado todo lo
que existe; es decir, la lectura de la realidad como resultado de una caída primigenia. Gn 3 va por
otro camino: es un relato que nos hace responsables a los seres humanos del mal (moral) que
existe en el mundo. No es tampoco una tragedia fatalista semejante a las de la literatura griega,
pues el hombre no es víctima de la necesidad ni está destinados a soportar un sufrimiento
impuesto desde fuera; somos responsables y somos los que causamos nuestro destino; somos
agentes de nuestra propia historia. Tampoco es una réplica del mito platónico de la caída de las
almas, puesto que la salvación para la Escritura no se hace saliendo del mundo, sino asumiéndolo6.

Es un texto teologal-existencial, quiere explicar no el pasado, sino el mal que ahora existe. «Todo
este relato apunta a la vida postparadisíaca—la mujer, el padre, la madre, los animales, la
labranza, las fatigas, el parir—, y no a cosas remotas y pasadas»7; en realidad todos somos Adán y
Eva, somos todos los que hemos pecado y estamos siendo llamados a la gracia por Dios8. Es un
texto antropológico que expresa la decisión libre del hombre frente a la ley positiva, pues es un ser
responsable; por otra parte, marca la diferencia e implicación del varón y la mujer: la mujer, a
diferencia de la mayor parte de la historia bíblica, es protagonista del relato. También es un texto
protológico e histórico, entendiendo esto no como un relato historiográfico, pues no pretende
exponer una historia o la historia de unos antepasados, sino el principio y el sentido de toda la
historia humana marcada por el mal moral, por lo que es un relato meta-histórico que expresa la
raíz de la humanidad en el paraíso, al que libremente renunciamos para someternos a una travesía


5 Cf. C. BAUMGARTNER, El pecado original, Barcelona, 1981, 89.
6 No se deben llamar míticas estas narraciones, aunque muchos de sus materiales provienen de antiguos mitos, pero al

texto yahvista lo anima un espíritu muy lúcido y sensato, antítesis del pensamiento mítico. Cf. G. VON RAD, Teología…
205. Aunque tampoco se debe satanizar el mito, pues es expresión del pensamiento humano cuando no cabe dentro
del análisis científico ni de la narración descriptiva. Cf. J.M. MALDAMÉ, El pecado original. Fe cristiana, mito y metafísica,
Salamanca, 2014, 156-158.
7 G. VON RAD, Libro del Génesis, Salamanca, 1982, 121. Otro autor dice: “No se trata primariamente de averiguar lo que

pasó y cómo al comienzo de los tiempos, sino de entender lo que para nosotros significa, en nuestra relación con Dios
y con los demás, la condición de pecadores que compartimos con los hombres de todos los tiempos y lugares”. L.F.
LADARIA, Teología del pecado original y de la gracia, Madrid, 1997, 56.
8 Esta es única lectura que hacen la mayoría de teólogos protestantes del texto de Gn 3. Cf. M. GELABERT, La astuta

serpiente. Origen y transmisión del pecado, Estella, 2008, 74-75.

4
contradictoria; no es una crónica ni es una fábula, sino un relato etiológico, una “etiología
histórica”, una conclusión retrospectiva9. Una etiología es

el descubrimiento real, objetivamente posible y justificado (aunque eventualmente explicado con
ayuda de imágenes), de una causa histórica partiendo de un estado presente, que a su vez es
comprendido más claramente por la explicación de su origen histórico, ya que la causa real y la
consecuencia actual son consideras así en una perspectiva única10.

Por último, es un texto fundamentalmente escatológico, porque el paraíso no está al principio de la
historia humana como realidad, sino es aquello que Dios nos promete y está inscrito en el corazón
del hombre como búsqueda. Es la reconciliación definitiva.

b) El paraíso y sus árboles
El paraíso es el lugar utópico que no le es propio al hombre, sino que es colocado ahí por la
bondad de Dios para estar en comunión con él, así lo sugiere el verbo hebreo laqah, que se utiliza
para denotar cómo Dios toma al hombre para estrecharlo en íntima comunión con él11. La relación
del hombre con Dios viene descrita en el capítulo segundo del Gn, en el paraíso, como una relación
de dependencia al ser criatura, pero también una relación de amistad. Dios no le ha negado nada al
hombre, pues lo ha creado «a su imagen y semejanza» (Gn 1,26), Dios le ha dado todo al hombre,
lo ha hecho su administrador, su garante: «lo creó para la inmortalidad y lo hizo a imagen de su
mismo ser» (Sab 2,23), quiere que sea su hijo por la mediación de su Hijo. El paraíso es el
prototipo de toda aspiración humana, por lo que sigue marcando el sentido de los pasos del
hombre por la historia, que anhela verse totalmente plenificada. En realidad, todo ser humano
lleva las huellas del paraíso, aunque ahora de forma frágil y marcada por la violencia y la muerte.

El árbol de la vida abre un fututo de plenitud que aún no se tiene, pues no se es perfecto; Adán es
de la tierra y, por tanto, frágil, quebradizo y efímero, todavía no es lo que debería ser, pero el
Paraíso ofrece superar su caducidad constitutiva: «En la medida en que Adán acepte la vida como
don, la poseerá sin restricciones»12. Dios ofrece la vida como don de gracia, y sólo desde la gracia
se puede entender el árbol de la ciencia del bien y del mal, pues la ley deriva de la gracia; por eso
acercarse y comer del fruto de este árbol no es un tabú ni una prohibición, sino un mandato a una
persona que puede ejercer su libre voluntad; el mandato no es una prohibición arbitraria, sino es
darle la posibilidad a Adán de que ahora tome su vida en sus manos con responsabilidad,
adhiriéndose a lo que ya está establecido en su propia naturaleza libre.


9 Este relato de la caída es un texto eminentemente teológico, por lo que se debe evitar dos peligros contrapuestos,
pensar que se trata de relatos míticos a-históricos sin ningún trasfondo histórico, adecuado a la mentalidad y cultura
del tiempo en el que se escribió, así como el historicismo literal que quiere convertir a los textos en documentos
históricos, sin tener en cuenta el carácter simbólico del relato. Cf. G. VON RAD, Teología… 210. Además dice el mismo
autor: “la leyenda no es en modo alguno únicamente el producto de una fantasía que vaga libre; también ella evoca
historia”. Id. El Libro del Génesis, 38. Otro autor afirma: “Por muy reales que sean, no son históricos, es decir, no son
conocidos históricamente, ni siquiera históricamente conocibles. No dependen de la ciencia histórica, tal como ésta es
entendida hoy”. C. BAUMGARTNER, El pecado original, 88. K. RAHNER, Curso Fundamental sobre la fe. Introducción al
concepto cristiano, Barcelona, 1998, 144-145. J.M. MALDAMÉ, El pecado original… 156.
10 C. BAUMGARTNER, El pecado original, 90.
11 Cf. J.L. RUIZ DE LA PEÑA, El Don de Dios… 59. El paraíso “es más un paradigma del futuro que un reportaje del pasado”.

Id. 63.
12 J.L. RUIZ DE LA PEÑA, El Don de Dios… 60.

5
El árbol de la ciencia del bien y del mal establece la opción moral, porque expresa la paradoja de la
existencia humana, ya que se necesita de la ley, pero no se puede apoderar de ella, determinar lo
que es bueno o malo sin destruirse13. La ley que Dios da entorno al uso del fruto de estos árboles
es para que el hombre acepte la vida como don de Dios; cuando se pretende fundar la existencia
sólo en lo que el hombre hace, se cae en el poder de la muerte. «El conocimiento del bien y del mal
es, pues, un conocimiento que pretende decidir de una manera autónoma lo que es bien y mal y
obrar según esa decisión»14.

El proto-pecado consiste en rechazar la gracia fundante de Dios, queriendo el hombre hacerse
dueño del bien y del mal, y de la vida. Comer del árbol es juzgar a Dios afirmando que su obra en el
hombre es mala, es rechazo de la gracia de Dios y del Dios de la gracia, y el querer apropiarse la
Vida por la propia ley autosuficiente. Por ello, el primer pecado es expresión y compendio de todos
los pecados de la historia. Se vuelve a comer del fruto del árbol cada vez que se intenta suplantar a
Dios por la fuerza.

c) El nombre de Adán: universalidad de la condición pecadora
Adán es un término muy ambiguo y no necesariamente corresponde a un nombre propio, más
bien se debe tomar, en la mayoría de las veces, en sentido colectivo. De hecho, la expresión Adán
se refiere al primer hombre, es decir, se utiliza como nombre propio de un individuo en apenas 5
pasajes (Gn 4,1.25; 5,1.3; 1Cro 1,1; Tob 8,6). Se traduce más bien como hombre en general (Job
14,1), gentes (Is 6,12), alguien (Ecclo 2,12), como pronombre (Zac 13,5), nadie (1Re 8,46; Sal
105,14), ser humano (Os 11,4; Sal 94,11). El término de hijo de Adán o descendiente de Adán se ha
de tomar en el mismo sentido, como paralelo de hombre (Gn 11,5; Job 25,6; Sal 8,5; 33,13; 36,8;
Prov 8,31; Jer 32,19). Los hijos de Adán son todos los seres humanos en su condición terrestre,
carnal, los hijos del adamah: del suelo, de la tierra15.

Con la aclaración del alcance de “Adán” se puede hablar de la condición adamítica de todos los
seres humanos y la universalidad de la condición pecadora, como lo afirma el salmista: «pecador
me concibió mi madre» (Sal 51,7)16. Para el A.T. el influjo de la acción de una persona sobre todo el
pueblo es evidente, más cuando se trata de personajes con un papel relevante en la historia
bíblica. «No se trata simplemente de que se castigue a unos por un pecado de otros que
interiormente no les afecte, sino que la solidaridad se da en el mal mismo, no sólo en las
consecuencias»17. La literatura sapiencial hablará de la universalidad de la condición de pecado
sin necesidad de recurrir a la etiología, a la búsqueda de un primer pecado en la historia de la


13 Es de tradición latina la identificación del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal en el paraíso con la

manzana, por la similitud entre malus (mal) y malum (manzana).


14 C. BAUMGARTNER, El pecado original, 94. En este mismo sentido se expresa Santo Tomás: “el primer hombre pecó

sobre todo al desear la semejanza con Dios en cuanto al conocimiento del bien y del mal, como la serpiente le sugirió,
es decir, el poder determinar, con su propia naturaleza, lo que era bueno o malo” (STh II-II, q.63, a.2).
15 El nombre de Adán puede ser también una referencia a Israel, pues se utilizan verbos de elección: “tomar” (Gn2,15;

3,19.23; 24,7; Sal 78,70; Dt 30,4; Am 7,15) e “instalar” en el paraíso como imagen de la Tierra Prometida. Cf. J.M.
MALDAMÉ, El pecado original… 166.
16 La condición pecadora abarca a toda la humanidad, incluso cuando no se es responsable, pues en los orígenes de

Israel, como pueblo nómada, una de las leyes fundamentales de sobrevivencia fue la solidaridad, pues la acción de uno
solo de los miembros del clan, no solamente repercute en los otros, sino que son co-rresponsables, en razón que el
clan es un organismo unitario, una personalidad corporativa. De hecho, se verifica en algunos libros de la Escritura
que la culpa de los padres repercute en los hijos por una suerte de conformación interior (Lam 5.7). Cf. J.L. RUIZ DE LA
PEÑA, Don de Dios… 54-56.
17 L.F. LADARIA, Teología del pecado… 60.

6
humanidad. Le basta constatar que ningún hombre es justo ante Dios: «No hay nadie tan honrado
en la tierra que haga el bien sin nunca pecar» (Ecle 7,20; Prov 20,9; Job 4,17; 14,4; Sal 143,2)18.

d) La serpiente, el enemigo astuto
La serpiente es el más astuto de los animales. Para las religiones paganas es el símbolo de la
fertilidad sagrada, figura mántica, diosa madre de la tierra, rostro satánico, falo, el costado oculto
de Dios. La serpiente es el símbolo de vida y muerte en la mitología del Medio Oriente, juega un
papel de dios enmascarado como enemigo de la naturaleza y especialmente del hombre
primordial; representa también la vida y la fecundidad en la religión cananea y en Egipto la cruz
de la vida lleva una serpiente, así como la tiara del faraón que está coronada por una serpiente,
signo de vida y poder; en los poemas de Gilgamésh una serpiente es la que arrebata la planta de la
vida.

Para el pueblo de Israel la serpiente es solo un animal más entre otros, desacralizada y
desmitificada (Gn 3,1), con más astucia, pues parece estar dotada de conocimiento, de ciencia, es
hábil, se ve superior al hombre, pero en el texto se trata de un simple animal19. La Biblia también
le da un sesgo soteriológico como remedio contra las picaduras del mismo animal (Num 21,4-9)20.
Tampoco resulta del todo extraño el que hable un animal en los relatos bíblicos, como en el caso
de la burra de Balam (Num 22,28). Sin embargo, se le presenta como enemiga del hombre, celosa,
envidiosa de su felicidad (Sab 2,24); llega con sus armas que son la astucia y la mentira (Gn 3,1), la
seducción (Gn 3,13; Rom 7,11) para conducir al genero humano al homicidio y a la mentira (Jn
8,44)21. Por tanto, para la Biblia «lo que debe retener nuestra atención es lo que la serpiente dice;
no lo que la serpiente es»22.

La serpiente parece jugar con la mujer, primero haciéndole una pregunta muy general que da pie a
que la mujer haga su propia teodicea, hasta caer en las redes del falso razonamiento. No hace
mucho, simplemente hace entrar en diálogo a la mujer para que ella misma caiga en la trampa, es
hábil para la seducción. La serpiente no dice mentiras, pero tampoco dice la verdad, se mueve
entre verdades a medias, resalta lo que interesa, seduce, pero no obliga; lo que hace pensar que el
autor sagrado quiere depositar toda la responsabilidad libre en la decisión personal del hombre y
no de la serpiente, que muy pronto desaparece de la escena23. Por esta razón, para Gn 3 la
serpiente es expresión de la ruptura del diálogo del hombre con Dios; es el deseo de hacerse
dioses por imposición, por las propias fuerzas. Es envidia a Dios, que se desea suplantar. Es
homicidio. Es anti-palabra. La serpiente es el símbolo de la paradoja de la gracia y la debilidad del
diálogo del hombre con un Dios que no impone su Palabra ni se impone por la fuerza; la serpiente
es la expresión de lo más bajo, del diálogo torcido y falaz, no es capaz de vencer por la fuerza sino
que utiliza el veneno de la mentira, haciendo que el hombre sospeche de Dios para rechazarlo,
seduce penetrando los pensamientos y los deseos del hombre.

18 Cf. L.F. LADARIA, Teología del pecado…64.
19 “La mención de la sierpe es aquí poco menos que secundaria, y de cualquier modo, en la tentación por ella, se trata

de un proceso que nada tiene de mitológico; la historia se presenta así porque el narrador se esforzó visiblemente en
poner lo menos posible la responsabilidad fuera del hombre”. G. VON RAD, Libro del Génesis, 101. No tendría caso que
en un texto etiológico que busca dar razón del mal existente en la libre elección del hombre, remita la culpabilidad a
otro agente exterior al mismo ser humano, sería reafirmar la idea pagana del poder de fuerzas demoniacas y
espirituales que dan razón de la historia, en la que la libertad del hombre queda subyugada.
20 Cf. M. GELABERT, La astuta serpiente….11-12.
21 Cf. S. LYONNET, «Satán» 837-839. M. GELABERT, La astuta serpiente… 83-87.
22 G. VON RAD, Libro del Génesis, 106.
23 Cf. G. VON RAD, Libro del Génes, 108. A. WÉNIN, El hombre bíblico. Interpretación del A.T., Bilbao, 2007,16-18. 45

7

Por instigación de la serpiente, es decir, por la proyección de las tendencias pecaminosas en la
estructura de lo humano, el ser humano duda de Dios, del amor infinito y gracioso del Dios que
busca hacerle partícipe de su gracia. Una vez que ha desaparecido la serpiente, la mujer se
encuentra sola, seducida ya no por la palabra de la serpiente sino por lo apetecible del fruto y lo
come. Es el primer y más grave pecado de la historia y el autor sagrado lo expresa tan natural y tan
lógico porque sabe que es la forma de actuar del hombre pecador.

e) Rompimiento con Dios
Los mandamientos de Dios no son para la muerte sino para la vida, son la salvaguarda de los
derechos del Creador, que no busca nada para sí al crear, sino sólo desplegar su amor a las
criaturas. La causa de la amenaza añadida al precepto es mentira de la serpiente: «no moriréis.
Pero Dios sabe que el día en que comáis de este fruto seréis como dioses que conocen el bien y el
mal» (Gn 3,4). La serpiente engancha al hombre en su propio deseo inscrito en su corazón
trascendente: aspira conocer como Dios, quiere ser dueño de su destino. Entonces, Dios se
convierte en el rival del hombre, el que coarta su libertad, el que lo somete a un rígido sistema
legal “inhumano”. Se embarduna el rostro de Dios, se trastoca la revelación, se desfigura su
imagen: Dios aparece un ser sediento y celoso, indigente e interesado, preocupado por
salvaguardar sus intereses y protegerse de la amenaza del hombre libre. Dios sería el que eclipsa
los sueños más sublimes de la humanidad liberada de la esclavitud de la divinidad24.

El pecado también trastoca el corazón del hombre, ha contaminado su ruah, su aliento de
trascendencia y su sed de Dios. No podrá ya relacionarse como amigo con Dios, ha perdido esa
familiaridad espontánea y amorosa pues ahora «se esconden entre los árboles» (Gn 3,8); el ser
humano ya no quiere nada con Dios, su Creador. No es propiamente una expulsión del paraíso, el
hombre ha querido salir él por propio pie, pero es cuando su pecado se le revela en toda su
crueldad: no tiene acceso ya al árbol de la vida (Gn 3,22), forma positiva de decir que el hombre ha
abrazado la muerte con su pecado y se trata de una muerte definitiva.

Las palabras de la serpiente se cumplen, pues el hombre se da cuenta de su desnudez, se abren sus
ojos. Se da cuenta que su desnudez le genera vergüenza porque ahora son poseedores del
conocimiento de su debilidad y fragilidad. Quisieron alcanzar a Dios por sus propias fuerzas y
ahora, en el paso suave del Dios, que los visita por la tarde, a los hombres se les quita su titanismo
prometéico. Sin Dios, el hombre aparece en toda la radicalidad de su finitud, se des-glorifica, se ha
alterado el fundamento de su ser, de su ser-criatura. La vergüenza es una reacción del sentimiento
de culpa que trata de cubrir su falta; es un signo del bochorno, del dolor interno de haber perdido
la armonía interior. «Miedo y vergüenza serán desde ahora en adelante los estigmas incurables
que el hombre lleva por su pecadora caída»25.

f) Rompimiento con el otro, con la humanidad
Es lógico que, si el pecado ha cambiado la percepción de Dios, también cambie la percepción del
hombre sobre sí mismo, tiene como consecuencia un rompimiento en las relaciones humanas. El

24 Cf. C. BAUMGARTNER, El pecado original, 95-97.
25 G. VON RAD, El Libro del Génesis, 110. La desnudez vivida sin la vergüenza, consecuencia del pecado, significa el

reconocimiento del propio límite y del límite del otro, es decir, un signo de apertura a la relación, constatación de las
diferencias y de los límites, como oportunidad de encuentro, reciprocidad, reconocimiento mutuo, oportunidad para
la vida y la felicidad. La vergüenza es ver el límite como carencia y generar relaciones de violencia Cf. A. WÉNIN, El
hombre bíblico… 46-47.

8
pecado también introduce una ruptura con los otros seres humanos, asumiendo la actitud
demoniaca de ser acusadores el uno del otro: apenas se cometió el pecado, Adán acusa a Eva,
perdiendo la solidaridad inicial llena de gozo de ser «carne de la carne y huesos de los huesos» (Gn
2,23). Adán parece culpar, en última instancia, a Dios pues fue él el que le dio como compañera a la
mujer «la mujer que tú me diste por compañera» (Gn 3,12), como si dijera que si no Dios no se la
hubiera dado, él no hubiera comido del fruto prohibido.

Aquí la humanidad, tipificada en dos sexos, rompe su unidad y se instaura la cobardía, la
insolidaridad y el odio; el pecado ha desunido lo que Dios unió en la creación. «El hombre
denuncia y traiciona a la mujer; el pecado cometido juntamente, no une sino que separa a los
hombres ante Dios»26. Pero esa ruptura también se extiende al mundo animal, pues Eva culpa a la
serpiente, y también a los hijos: Caín matará a Abel (Gn 4,8), luego reinará la violencia y la ley del
más fuerte: «Yo maté a un hombre por una herida que me hizo y a un muchacho por un cardenal
que recibí. Caín será vengado siete veces, mas Lámec lo será setenta y siete» (Gn 4,24).

g) Las otras consecuencias
La sentencia divina después del pecado del primer hombre no es una maldición a la mujer ni al
hombre, sino la admonición que ratifica las consecuencias del pecado, no precisamente el castigo
divino. La mujer se condena a sí misma a parir con dolor, a ejercer lo más sublime, su honor y su
alegría que es la maternidad, con dolor; además, el deseo, tanto de protección como sexual, la
hacen esclava voluntaria del varón, aspectos de la relación varón-mujer que no estaban previstas
en el proyecto creador de Yahvé. El varón se condena a sí mismo por comer del fruto prohibido:
«por haber comido» (Gn 3, 17), de modo que ha sido el orgullo, el querer apoderarse por sus
fuerzas del fruto divino; el pecado ha herido al varón en su deseo, deseo de sobrevivir y de
trabajar, de trascender, que ahora se verán correspondido en la tragedia de la decepción; pudo
haber estado en el paraíso donde Dios lo había colocado después de haberlo creado, pero por el
pecado debe volver a su lugar de origen para “picar piedra”, para labrar una tierra infértil, sin
agua, a un trabajo de sol a sol en una tierra ingrata.

Las consecuencias del pecado también tienen repercusiones cósmicas, pues comienza un deterioro
“ecológico”. Hay una ruptura con la creación, es la tierra la que es maldecida por la culpa del
hombre, por eso ella le negará el alimento. Comienza una relación de enfrentamiento entre tierra y
labrador. El hombre ha de volver al polvo porque del polvo fue formado; con ello, el texto subraya
la decepción de la vida llena de dolor, pues «el hombre en la tierra cumple un servicio, vida de
mercenario, es su vida; como esclavo, suspira por la sombra» (Job 7,1). El anuncio de la muerte,
paradójicamente, no es la declaración de la condena merecida, sino el fin de una pesada jornada de
fatigoso trabajo, el descanso de una vida sujeta a tantas penalidades. Es verdad que Dios advirtió
la muerte como consecuencia de la desobediencia: «el día que comieres de él, morirás sin
remedio» (Gn 2,17), pero no fue así, sino que Dios, en un gesto benevolente, les dijo cuáles serían
las consecuencias de su pecado en vida y, entonces, la muerte otro gesto liberador del Dios bueno.

h) El pecado
El pecado en el relato de Gn 3 es: un pecado de desobediencia, dejar de escuchar (obedecer ob-
audire) y de dialogar con Dios. De envidia, pues no se soporta que haya Dios de gracia, se quiere
ser independiente, querer ser como Dios quitando a Dios y su gracia, la gratuidad. Comer la vida
del otro, porque se trata de apoderarse por la fuerza de la fuente del bien y del mal, gesto del

26 G. VON RAD, El Libro del Génesis, 110.

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deseo de dominar y poseer el mundo y a la humanidad. Mentira, se trata de una decisión que se
basa en una mentira: “seréis como dioses”, ocultando nuestro fundamento de dependencia a Dios.
Desconfianza y falta de fe, ya que la gran tentación es minar la confianza en Dios, que es la base de
la obediencia. Legalismo judicial, pues el hombre quiere hacerse dueño de lo bueno y malo para
medir, modelar e imponer a propio provecho; desde la supuesta superioridad aparente se definen
las cosas imponiendo nuestros criterios sobre los otros.

El pecado de Gn 3 también es dominio violento sobre los otros: Dios había dado al hombre el
dominio sobre las plantas y animales en la línea de la gracia; el pecado es un tipo de dominio de
imposición violenta, obsesión posesiva por las personas y las cosas a costa de todo. Soledad
ansiosa, pues el pecado es separación, dominio de los demás y de las cosas que nos aísla, soledad
vacía dominada por la angustia. Desnudez, opresión e impotencia, sin dignidad; queriendo hacerse
dueño de todo, el hombre queda impotente, en manos de otros, desnudo ante la mirada
inquisidora y deshumanizante de los otros. Violencia, ya que mientras Dios da todo por gracia, el
diablo tienta para poseer lo que no se tiene, llevando a experimentar el ansia por lo ajeno, a
adueñarse de aquello que es del otro por la fuerza.

El pecado también es opresión interhumana, no se acepta la vida como don, sino como un campo
de batalla; se introduce la sospecha, la opresión; el pecado de la envidia lleva al homicidio. Muerte,
porque siendo seres para la muerte, porque se es barro, Dios ha ofrecido la gracia de Vida, pero el
hombre quiso asesinar al mismo Dios para volverse independiente, por eso domina el miedo a la
muerte, pecar es un suicidio. El pecado es negación de amor, es desconfianza en Dios, pensando
que quiere utilizarnos para fines mezquinos, que su voz está envenenada, que es pura potencia de
opresión. Es falta de gratuidad, queremos renegar de Dios impidiendo dejarnos amar por él.

i) El proto-Evangelio: a pesar de todo, Dios salva
En los relatos primeros del Gn Dios aparece como un alfarero que plasma al hombre, pero que por
su pecado él mismo lo hace volver al polvo (Gn 3,19; Sal 90,3). Después del pecado, Dios pudiera
aparecer como el Juez que condena y que expulsa al pecador del paraíso, que lo hace volver a sus
orígenes, el polvo. Pero, en realidad, Gn revela la bondad de Dios, su misericordia, que acabará por
imponerse y su amor creador tendrá la última palabra; él vencerá el mal y liberará a Adán de su
falta, «lo rescató de su caída» (Sab 10,1). Dios escribirá su historia de amor como salvación:
salvará a Noé del exterminio y creará a partir de él un nuevo universo (Gn 6,5-8); por su bondad
escogió a Abraham y lo retiró del mundo pecador (Gn 12,1) a fin de bendecir a todas las naciones
en su nombre.

El trágico relato del primer pecado del hombre termina con un final esperanzador. Ciertamente el
veneno del pecado ha comenzado a dar sus primeros síntomas de muerte; el ser humano
engañado, buscando su independencia autónoma, se ha condenado a sí mismo a la peor de todas
las esclavitudes y ha sometido a sus descendientes, pues el pecado seguirá propagándose y
multiplicando hasta pervertir el sentido de la existencia humana. Pero no es Dios, sino el hombre
el que ha tenido la iniciativa de la ruptura, es Adán el que quiere independizarse de Dios, no Dios
de su criatura, por ello la iniciativa de la reconciliación sólo puede venir de Dios y esa iniciativa
divina se deja entrever desde ese primer momento: «Enemistad pondré entre ti y la mujer, entre

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tu linaje y el su linaje: él te pisará la cabeza mientras acechas tú su calcañar» (Gn 3,15)27. Se trata
de una lucha desigual, pues el hijo de la mujer pisará la cabeza de la serpiente, asestando un golpe
mortal, mientras que la serpiente apenas podrá herir el calcañar, el talón del hijo, sin hacerle daño
alguno. La profecía es que un Mesías será el que revierta el veneno del pecado28. Dios se nos
revela, después de la caída y del pecado de Adán, como un Dios paciente que educa a su hijo (Os
11,3; Ez 16), y los profetas anunciarán un tiempo muy semejante al paraíso genesiaco, cuando
quedará suprimida la muerte y se hará presente en su esplendor el verdadero Hijo de Hombre (Os
2,20; Is 11,6-9; 25,8; Dan 7,15; 12,2).

Adán le da nombre a la mujer: Eva, que significa madre de la vida, madre de los vivientes,
resaltando así la paradoja de que entra la vida por la mujer, por la cual entró la muerte a la
humanidad. Esa paradoja se radicaliza y se resuelve en la maternidad, pues el nacimiento de un
hijo mantiene viva la esperanza de la vida, la maternidad es la humanidad que se aferra a la vida
más allá de la muerte de cada individuo. La maternidad es un regalo de Dios, es un gesto de su
misericordia a pesar del pecado, pues la humanidad seguirá viviendo, aunque fuera del paraíso.
Otro gesto divino de misericordia para con el pecador es el que Dios mismo confecciona vestido
para cubrir la vergüenza del hombre pecador; simboliza la protección de Dios para la vida difícil
que les espera fuera del huerto, pues, aunque Dios respeta la libertad humana hasta ver cómo se
marchan de su amistad, vela la desnudez, no obliga a vivir desnudo uno frente al otro. Es la
revelación de un Dios creador benevolente que ahora también será el Dios que conserva a su
criatura.

La expulsión del paraíso es una desgracia universal, que afecta a todo el ser humano y a todos los
seres humanos. Ciertamente el hombre ha adquirido una prerrogativa divina: el conocimiento,
pero ha optado por la independencia de su saber, ya no se considera criatura, por lo que Dios no
puede permitir que se acerque al “árbol de la vida”. El hombre ha comenzado su independencia sin
marcha atrás, pues Dios coloca dos querubines cuya tarea consiste en cerrarle paso al hombre
para entrar en el huerto, ellos son los guardianes que junto con la espada de fuego impiden la
entrada al paraíso perdido, aunque siempre se mantenga la nostalgia de él, la nostalgia del Otro
que lo ha creado y del que se ha alejado; nostalgia de la vida en las penalidades de la muerte.

j) Las lecturas
La complejidad del texto es susceptible a diversas lecturas:

- LECTURA HISTÓRICA: Puede tratarse de una crítica profética a la monarquía, pues el Señor le
ha concedido a David un reino de prosperidad y de paz, análogo al huerto, pero condicionado a la
fe, al cumplimiento de la ley y al rechazo de la idolatría, especialmente aquella que divinizaba al
monarca. Las mujeres son una tentación latente para el sincretismo y para la idolatría en la corte
del rey (1Re 11,1-13). La paz y la prosperidad davídica desaparecieron muy pronto por la idolatría


27 La maldición de la serpiente por boca de Dios es también una maldición a los cultos esotéricos que pretenden

proporcionar conocimientos superiores. Cf. J. GUILLÉN TORRALBA «Génesis» en S. GUJARRO OPORTO – M.S. GARCÍA (dirs.),
Comentario al Antiguo Testamento I, Madrid, 1997, 52.
28 El texto manifiesta, en un primer momento, una realidad de “enemistad” entre el ser humano y las serpientes,

animales que son temidos y venerados, pero que al final el hombre domina también a este animal aparentemente
indomable, pero el texto va más allá, en un segundo momento, en el enigmático animal se simboliza las relaciones que
el hombre, por medio de la desobediencia, trabó con el mal del cual ya no podrá liberarse por sí mismo; la humanidad,
la descendencia pecadora estará siempre mordida en el talón por la debilidad y la maldad. Después, la Tradición
cristiana vio en el texto el sentido de proto-evangelio. Cf. G. VON RAD, El Libro del Génesis, 112.

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del rey Salomón, que contaminó a todo Israel hasta provocar la ruptura del reino. El texto es una
invitación a la confianza en Yahvé y una vuelta al verdadero culto de Dios; el proto-evangelio sería
la profecía de una descendencia real de David que aplaste a la descendencia ilegítima de las reinas
paganas, esposas de Salomón.
- LECTURA EN CLAVE DE ALIANZA: El paraíso es el signo de todos los bienes, es la idealización
de la tierra prometida, donde Israel alcanzará la libertad y podrá ofrecer un culto agradable a Dios
como su pueblo elegido, siempre y cuando los reyes, los sacerdotes y el pueblo cumplan
puntualmente la ley. La tentación para Israel es buscar la vida y la salvación a espaldas de la ley de
Dios, es cuando están fuera del paraíso, arrojados a un destierro (Babilonia) de dolor y soledad
donde se deben enfrentar al trabajo forzoso en una tierra baldía y desértica. La seducción está en
la aceptación del matrimonio de mujeres no israelitas que inducen a la idolatría.
- LECTURA SAPIENCIAL: Adán es el prototipo de hombre sabio (Ez 28,11-19): él conoce la
creación y la puede nombrar, organiza el mundo por medio de su palabra, además tiene a su
alcance el árbol de la ciencia del bien y del mal, así como el de la vida. Pero el sabio debe
someterse a la ley de Dios, que limita y ordena su condición, garantizando así su felicidad. La
soberbia lleva al sabio a oscurecer la mente ya desconfiar del Creador. Un peligro para el sabio es
la mujer, muchas veces compañera curiosa e imprudente (Prov 1-9).
- LECTURA EN CLAVE DE MISERICORDIA: A pesar del dramatismo del relato, tienen una lectura
optimista, pues Dios limita las desgracias del hombre, que se atrae a sí mismo; Dios detiene el
poder de la muerte por la fecundidad de Eva, madre de los vivientes para que la humanidad pueda
ser inmortal, además cubre la desnudez como un medio para resistir en medio de la hostilidad del
mundo. Dios aparece siempre preocupado por el hombre.

3. Y la historia de pecado continúa como espiral de violencia Gn 4-11

Los capítulos 4 al 11 del Gn, se trata de una serie de relatos que exponen los riesgos y el
crecimiento del pecado de la humanidad, desde la perspectiva de la gracia rechazada y de la
violencia, camino de no-diálogo. Queda claro que son textos etiológicos que quieren explicar el
origen del mal que acongoja a la humanidad. Este mal no es un poder cósmico determinante ni un
elemento biológico, ni una forma de agresión animal, sino una violencia específicamente humana,
cuyo potencial ha perturbado el equilibrio del mundo. Cuando el hombre rechaza la gracia y
quiere conquistar la vida por sí mismo, acaba en un círculo o en una espiral de muerte.

Los 11 primeros capítulos del Génesis son como la obertura de una sinfonía, en donde se insinúan
los temas que se desarrollarán a lo largo de toda la histórica bíblica hasta el Apocalipsis: pecado-
redención-salvación. Su finalidad está en preparar el camino a Israel, pero sobre todo, el de
revelarnos a un Dios de amor y de misericordia, un Dios que respeta de forma irrestricta la
libertad del hombre, pero que viene en su auxilio a limar las desgracias que el pecado le ha dejado.

a) Fratricidio
Del rechazo a Dios se pasa al rechazo de los hombres, pues la primera muerte humana es un
asesinato, el fratricidio de Caín sobre Abel, suscitado por la envidia y la falta de diálogo. El nombre
de Caín, que significa “conseguido gracias al Señor”, da razón epónima de los cananeos, el pueblo
idolátrico (Num 7,29; Jue 1,16; 4,17), mientras que el de Abel es el de nube, algo que es pasajero.
Se trata de otra versión del pecado de los orígenes que pone de manifiesto la envidia y el odio que
llevan al homicidio, que busca erróneamente la paz, por medio de la violencia; matando se piensa
que así se podrá pacificar, pero la paz no es fruto de la violencia sino del amor; la muerte violenta
produce deseos de venganza, agresión interminable. El ser humano es por naturaleza social,

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fraterno, para resaltar esto el texto 7 veces menciona la palabra “hermano”, pero el odio por las
diferencias sociales (agricultor/ganadero) puede provocar la muerte de individuos e incluso de
pueblos.

La preferencia de Dios por el hermano menor es un anticipo de la elección no del primogénito sino
del segundo: Isaac en vez de Ismael, Jacob en vez de Esaú, Judá en vez de su hermano mayor. Pero
Caín no acepta la elección divina, la considera humillante y discriminatoria; no quiere admitir al
otro, no quiere darle cabida en su vida. Dios no rechaza a Caín, lo invita a tomar consciencia de sus
malos deseos, cuando andaba cabizbajo (Gn 4,5), inquieto, obsesionado por el mal, Caín se deja
dominar. Y Dios respeta su libertad, aunque con el dolor de echar de menos a Abel, porque no es
un Dios lejano e impersonal, sino cercano y amigo. Dios cuestiona a Caín: «¿Dónde está tu
hermano?», a lo que responde con un arrogancia, haciendo del egoísmo su ley suprema: «¿Soy yo
acaso el guardián de mi hermano?» (Gn 4,9).

Adán rompió porque no quiso ser hijo, Caín se negó a ser hermano. En su respuesta está la gran
enseñanza del texto: todos los seres humanos son responsables de la suerte de cada ser humano y
nada de lo que le sucede al otro puede ser indiferente. La solidaridad se convierte en un valor
esencial en la relación con los demás. Por eso mismo el fratricidio tiene consecuencias gravísimas:
se rompe la armonía con la tierra, ya maldita por el pecado de Adán. La tierra ha bebido la sangre
del justo Abel y con la sangre no se puede sembrar ni cosechar nada. Caín es desterrado a la tierra
de Nod (Gn 4,16), es la tierra del no retorno, es andar errante, lejos de Dios, sin lugar, sin hogar,
sin tierra, sin hermano29. El texto no termina con la condena al fratricida, pues la última palabra no
la tiene Caín, sino Dios. Él protegerá la vida del que se niega a ser hermano, porque Dios nunca
deja de ser Padre.

b) La violencia sexual
Lamek es el padre de la cultura urbana y global, somete a las mujeres por la poligamia y a los
varones por la venganza, mantiene su dominio por el miedo; así, genera una cultura urbana de
violencia donde se ejerce un poder por la fuerza, donde se rige por la ley de la venganza y un
sistema patriarcal que denigra a la mujer y somete a los hijos como propiedad. No hay cabida a las
diferencias, pues se expulsa a los que son diferentes.

El autor sagrado tiene interés, más que describir una serie de pecados, en exponer las desgracias
que acarrean los seres humanos cuando desobedecen a Dios, para ello recurre al uso de leyendas
mitológicas: el pecado consiste en que los “hijos de Dios”, siguiendo sus impulsos toman
violentamente a mujeres entre las “hijas de los hombres”; de esta unión nacen los gigantes. El
texto más que referirse a un pasado remoto, denuncia los pecados y desordenes sexuales de la
corte de Jerusalén, excusándose en relatos míticos: los hijos de Dios son los reyes, la cabeza del
pueblo de Israel que, teniendo el poder, escoge la mujer que apetece sin que nadie se lo pueda
impedir, es decir, ejerce la violencia, una violencia que justifica por la autoridad que Dios mismo le
ha concedido. Implícitamente también es una denuncia a los matrimonios mixtos entre israelitas,
hijos de Dios, y las mujeres cananeas o de pueblos paganos, hijas de los hombres, que muchas
veces inducían a sus maridos y familia a la idolatría30.

29 Nod guarda una relación lingüística con nad, que significa fugitivo, porque Caín deberá andar errante e inestable. Cf.

G. VON RAD, Libro del Génesis, 129.


30 Estos relatos del pecado sexual entre “hijos de Dios” e “hijas de los hombres” ha sido objeto de distintas

especulaciones. Para algunos textos sapienciales como Sab 14,6; 2Pe 2,4-5; Jds 6, así como para el libro de Henoc y
algunos Padres de la Iglesia, este ha sido el pecado de los ángeles caídos.

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c) El diluvio
El diluvio deja entrever la perversión universal que comienza con el dominio y la violencia sexual
(Gn 8,21) para pasar a la violencia militar y, por último, a la pérdida de comunicación. El pecado ha
crecido tanto y tiene un carácter universal que ahora pone en riesgo la vida del planeta porque el
hombre es incapaz de dominar sus apetitos, víctimas del deseo de poseer al otro y sus cosas. Sin
embargo, el centro del relato no es el pecado, que causa el que Dios se arrepienta de haber creado
al hombre, sino la gracia y perdón de Dios a través de Noé, cuyo nombre significa “el que hayo
gracia”, para iniciar y fundar la historia en su misericordia, como anticipo de un resto fiel, garantía
de futuro. En medio de la oscuridad ha brillado la luz de la esperanza.

Es interesante que para el hagiógrafo sacerdotal el diluvio es un proceso de anti-creación, como
inversión de la separación de las aguas primordiales (Gn 1,1ss); las aguas de arriba se unen
violentamente con las de abajo y todo vuelve al caos inicial donde revolotea el Espíritu de Dios,
ahora en forma de paloma, lo que señala un nuevo comienzo, una renovación. El arca, más que una
barca para navegar, debe ser construida como un templo, imagen de una asamblea que es semilla
de un mundo nuevo.

El texto quiere advertir sobre el peligro que comporta la pasión sexual desenfrenada unida a la
autosuficiencia, instintos que arrastran irracionalmente a la violencia, destruyendo así la armonía
inicial querida por el Creador y garantizada por la ley. La enseñanza es que no se puede traspasar
el límite que Dios ha impuesto porque es causarse a sí mismo la muerte. En el fondo sigue el
mismo argumento del pecado de Adán y Eva, de Caín y de la torre de Babel. Por otra parte, sobre
todo por el interés del tema, el autor sagrado revela que el ser humano está marcado por la
maldad del pecado desde muy pequeño.

d) La torre de Babel
El relato del pecado del gran imperio babilónico trata de explicar la ruptura universal del género
humano. La diversificación de las lenguas y la dispersión de los pueblos es considerado como una
desgracia para la humanidad, causada por el egoísmo, la soberbia y la autosuficiencia de los
hombres. La unidad en una sola lengua quiere indicar en el texto el esfuerzo que exige construir
una ciudad y una torre sin Dios, por lo que no tiene la connotación propia de una palabra
unificadora como la de Adán al poner nombre a cada animal (Gn 2,20), sino que es su antípoda,
nace de la ambición individual olvidando a Dios, al mundo y al otro. Sin duda, la referencia a la
torre de Babel es porque en la ciudad imperial las torres escalonadas unían los templos y
representaban las montañas que acercaban al hombre al mundo de los dioses, lugares propios de
la divinidad.

El autor sagrado invita a considerar el deseo del hombre de llegar a Dios, de la pretensión de
rivalizar con el Creador, la autoclausura autónoma del ser humano de hacer sus murallas
defensivas frente a Dios. También el autor quiere enseñar la vanidad del hombre, de pretender
llegar a Dios y suplantarlo con ladrillos cocidos (Gn 11,3) amalgamados con alquitrán, que no
podían resistir la altura como lo hubieran sido, lógicamente, las piedras y la argamasa; la empresa
del hombre es tan pequeña, que Dios tiene que bajar (Gn 11,5). No se trata de una condena a la
industria ni a la técnica, sino a la ambición, al orgullo prometéico, sería clausurar al hombre,
encerrarlo como esclavo de su propia obra.

Babilonia, la gran ciudad cosmopolita y conquistadora, es la imagen de la osadía, pero el autor
yahvista no la llama por su nombre, sino que juega con él; es Babel, lo que hace sonar a balel, que

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significa confusión, un sarcasmo de aquellos que quieren lograr un nombre y terminan en la burla.
Pero no es solamente el sarcasmo ante el imperio opresor, sino referencia a la condición humana
universal. La torre de Babel es el deseo humano de construir una ciudad para competir con Dios,
pues es la que ha impuesto su sistema imperial por la fuerza; se quiere edificar una ciudad donde
quepan todos, en la que se fundan y expresen los principios de la ley de conceso, construyendo así
un imperio divino con y por las propias fuerzas; los seres humanos se han unido por el deseo de
poder, lo que conduce al egoísmo, a la confusión y al enfrentamiento. Los hombres están deseosos
de tocar el absoluto por su propio píe, dominando los mercados por la fuerza económica y la
fuerza militar, sembrando la idea del dominio sobre todos y todo.

4. El pecado de Israel

El pecado no sólo marcó la historia de los orígenes, también la entera historia de Israel, pues
desde su nacimiento como pueblo revive el pecado de Adán y lo hace de forma colectiva,
resaltando así la responsabilidad solidaria, incluso en las consecuencias negativas del pecado del
padre en la descendencia y del rey en el pueblo. (1Sam 2,22ss; 2Sam 24,15-17; 1Re14,7-14; 15,27-
30)

a) El becerro de oro
Como Adán, Israel fue bendecido por Dios sobre todas las naciones de la tierra, sin mérito alguno
de su parte: «No porque seáis el más numeroso de todos los pueblos se ha prendado Yahvé de
vosotros y os ha elegido, pues sois el menos numeroso de todos los pueblos; sino por el amor que
os tiene» (Dt 7,7-8). Por amor de Dios fue elegido para ser el pueblo particular, el pueblo
privilegiado entre todos los pueblos, «seréis mi propiedad personal… seréis para mí un reino de
sacerdotes y una nación santa» (Ex 19,5), hasta constituirse como su Padre, pues «mi hijo
primogénito es Israel» (Ex 4,22). Israel fue liberado de la servidumbre de Egipto con mano
poderosa y brazo extendido, en medio de prodigios para hacer una Alianza.

En el momento culmen de la Alianza, cuando Moisés va a por las tablas de la Ley, el pueblo pide a
Arón un ídolo, no obstante las pruebas de amor y de fidelidad que Dios ha tenido para con ellos.
Pero Israel no ve al Dios que lo ha sacado de la esclavitud, está demasiado lejos, es un Dios
invisible, no-manipulable, no a su gusto. Por eso prefiere un dios a su medida, a su alcance; un dios
valioso como el oro, pero que se pueda aplacar con sacrificios, que se pueda transportar en andas,
un dios que está donde se le quiere colocar. Yahvé resulta, a la larga un Dios incómodo, pues hay
que seguirlo y obedecer sus mandamientos; Israel no quiere caminar con Dios, quiere que Dios
camine con él. Este es el pecado original de Israel, es la negativa a obedecer, es una falta de fe en
Dios y abandonarse a él: «habéis sido rebeldes a Yahvé» (Dt 9,7), pecado que muchas veces
marcará la vida del pueblo israelita, «un pueblo de dura cerviz». Al respecto enseña el Cardenal
Ladaria: «La idolatría de Israel en el desierto sería el comienzo de los males que aquejan al pueblo,
el primer rompimiento de la alianza con Dios»31.

b) La denuncia de los profetas
Cuando el hombre quiere construirse a sí mismo al margen de Dios termina por autodestruirse;
así Israel, acaba en la ruina cuando se desvía de los caminos que Dios le ha trazado. El pecado es el
obstáculo que interpone el hombre en su libertad para que se cumpla el proyecto de Dios y no es
el pecado personal, sino la actitud de todo el pueblo, comenzando del rey y de los sacerdotes hasta

31 L.F. LADARIA, Teología del pecado… 64. Cf. J.M. MALDAMÉ, El pecado original… 138-140.

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el plebeyo israelita que se resiste a Dios. El pecado siempre tiene consecuencias negativas para el
pueblo de Israel, el pecado siempre siembra la desgracia.

El ministerio de los profetas será en gran parte denunciar los pecados de Israel, tanto el de los
jefes como del pueblo. El pecado es una desobediencia a Dios, es negar su presencia en medio del
pueblo, que se concreta en violencia, rapiña, injusticia, mentira, adulterio, homicidio, usura,
derechos atropellados; todo desorden social tiene su origen precisamente en el pecado que crea
un abismo entre el pueblo y Dios: «vuestras faltas os separaron a vosotros de vuestro Dios, y
vuestro pecados le hicieron esconder su rostro de vosotros para no oír» (Is 59,2). Para los profetas
la lección de vida que provoca el pecado es de suma importancia, pues quien quiera construirse a
sí mismo independiente de Dios, lo hará sin lograrlo, lo hará a expensas del otro, de los más
pequeños y más frágiles, como David, que mató a Urías como el rico que mata la única oveja de su
vecino para ofrecer un banquete a sus invitados (2Sam 12).

c) Ofensa a Dios
Es cierto que el pecador no puede herir a Dios en sí mismo, pues es trascendente a las acciones
humanas: «Se liba en honor a otros dioses para exasperarme. ¿A mí me exasperan ésos? –oráculo
de Yahvé- ¿no es a sí mismos, para sus sonrojos?» (Jer 7,19-20). Pecando contra Dios, el hombre
se destruye a sí mismo: «Si pecas, ¿en qué le afecta a Dios? ¿Qué le hacen tus muchos delitos» (Job
35,6), pues Dios no ha prescrito mandamientos buscando un interés para sí mismo, sino para bien
del género humano, para que pueda ser feliz y tenga vida (Dt 6,24).

Sin embargo, el A.T. presenta a un Dios de forma antropomórfica: ofendido, herido en el corazón
por el pecado de su pueblo porque Dios no es indiferente al hombre. Si el pecado no afecta a Dios,
afecta a los que él ama. Al matar a Urías, David pensaba que ofendía a solo un hombre y que su
culpa no sería descubierta ni aborrecida, pero en realidad ha despreciado a Yahvé, como se lo dice
el profeta Natán: «¿por qué has despreciado a Yahvé?» (2Sam 12,9). A Dios le parece doler la
distancia que provoca el pecado del hombre entre este y él, porque alcanza a trastocar el designio
de amor con el que Dios se ha querido relacionar con su pueblo: «Mi pueblo ha trocado su Gloria
por el Inútil… doble mal ha hecho mi pueblo: a mí me dejaron, manantial de aguas vivas, para
hacerse cisternas, cisternas agrietadas que el agua no retienen» (Jer 2, 11-13).

En la medida en que Israel vaya captando la revelación del amor de Dios se profundizará en la
gravedad de pecado y el sentido de ofensa contra Dios, utilizando las relaciones humanas llenas de
ternura y de amor de una parte y de indiferencia y orgullo de la otra: el padre que recibe la
ingratitud del hijo (Is 64, 7); la madre que no puede olvidar al hijo de sus entrañas (Is 49,15); el
dolor por la infidelidad de la amada esposa, que se prostituye con el primero que se presente y se
mantiene indiferente con quien la ama (Os 2,16-24). Dios parece sufrir por no ser amado por el
hombre al que tanto ama, su amor parece haberlo hecho vulnerable.


ACTIVIDADES + Lectura atenta de la ficha.
PERSONALES + Hacer un cuadro sinóptico de los contenidos.
ACTIVIDADES + Reportar la lectura y la comprensión del texto.
GRUPALES + Participar en el seminario compartiendo el cuadro sinóptico. Preguntas.

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