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INVES TIGA(IIóN
SOBRE. EL, fiI(}N TI.'ICADO
Y LA VERI)AI)
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INVESTIGAcTóx
SOBRE EI.,,SIGNIFICADO
Y LA VERDAD
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BERTRAND RUSSELL
BIBLIOTECA FILOSÓTICA
l- eueucnnA BAJo r.A DIRECCTóN or I
L r*ANCrsco RoMERo -l

l}q1rffiSTrG,qCXdN
S0ffiR m ffiL §IGr'IfF"frrt"X)#
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EDITORIAL LOSADA, S.A.
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BUENOS AIRES
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Título original inglés:


An Inquiry into Meoning Truth
Traducción directa de
losé Roaira Armengol

Queda hecho el depósito que


previene la ley núm. L1,723
Copyright by Editorial Losada, S. A. ADVERTENCIA DL'I- 7. RADUCTOR
Buenos Aires, 1946.

Dos órdenes de anonualías enconlrorá, el lector de habla coste-


llona en la obra d,e Russell cuy'a trudttcción nos ha sid,o confiada.
P or wna parte, ciertas colificacio?tc.§ (f(uvt,olicales, a|orentemente
arbitrori,is, Qü0 el autor iustifica cumflitlutn,cnte en el curso de
este e.studi,o, Por Io qwe se desaanccr: fronto lo opmente a,rbitra-
ried,ad y Por-enrle la presunta anomolio,. l'or otra, la irnposi,bí,li'
d,ad de hacer coitccid,ir ci,ertas erltrcsittru,s inglesas sólo en
-no
el orden serná,ntico, si,no tarnbién cn pu,nto a ruorfologíü- con
las castellanas. Solaentar esta difi,t:wltatl en otro tipo de obro
faro la que no se requeriría mú.r qu,e cierto d,oruinio d,e la
es tarea -d,et
técnica fuaáuci,r, rnayorrucnte trotá,nd,ose de un pensador
coyyt,o Russell cu,yo raciocinio si,gue una trayectoria nítida y cuyas
i,nnoaaci,ones tertminológicas s- resultan f d'ciltnente
-includ,ible
de ci,erta elasti,cid,ad, cual el
ad,aptables 0 una lengwa dotada
casiellono. La d,ificuttad se plantea por la circwnstanci,a d,e que
la obra uerse precisarnente sobre el lengwaie ruisrno y es obai,o
que la crítica d,e los conzteu,cionalisrnos ad,optados en la lengua
lnglesa en el curso de sw historia, no Puede coinci,dir con la de
loi qu,e en la lengua castellana se corresponden más o menos co?t
ettoi. En el más o menos se encierra precisarnente la dificultad,
,
PRINTED IN ARGENTINA sobre toclo cuand,o la refer'ida críti,ca afecta a rnatices de etpre-
si,ón y n0 grosso ucodo a la erpresión general.
Este libro se terminó de imprimir el día 8 de Abril de 1946 (Jna tiad,wcci,ón lterfecta habri,a requerido en consecuencia
Artes Gráficas Bartolomé U. Chiesino, Ameghino 838,
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i Avellaneda - Buenos Aires
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qwe dejase de ser trad,wcción para convertirse en atra inaesti,ga- :

ción sobre froblentas qwl la lenqwa castellana ofrece and,logos a


los que el atior estudia'de la inglesa. Huelgo decir que el \

interés de sernejante estwd,i,o l,"abría si,d,o enorrme, pero hwetga


d,ecir tarnbién que habría rebasado el vnarco de wno rnera trad,uc-
ción, no sólo por la estensión qwe eüe?utualtnente habría pod,ido
alconzar, sino, y no en últirno lugar, porqu,e sin d,ud,a swscitaría
otros probleruos qwe aquellos en que concentra su atención el
awtor. No qwe éste los haya elwd,i,d,o, pwes Ru,ssett fi,gura, en la
hi,stori,a d,el pensauoi,ento hwr,ryano coi,t. un si,n fin d,e rnéritos PREFACIO
entre los que d,escwella eI d,e su acri,solad,a honesti,d,ad, ci,entífica
no ,nenos qu,e el de su gran perspicacia en la prospección de pro-
blemas cuyo plantearu,iento sea susceptí,ble d,e allanw el estwd,i,o
de la gnoseología, Si no lo hubiese acredi,tod,o ya o traztés d,e Este libro se formó gradualmente durante un período de
su fecu,nda prod,u,cci,ón, bostwía esta abra pora confirynarlo. varios años, que culminó en una serie de cursos académicos.
De ahí que nos hayamos liruitado a re prod,wcir con la ruó,ri,nca En rg38 me ocupé de una parte de esta materia en unas con-
fidelid,ad, qu,e nos ha sid,o d,able, el pensarui,ento del awtor, acla- ferencias dadas en la Universidad de Oxford con el tema
rando en lo posible, a base d,a notas d,e pie d,e pd,gina, las anonoa- "Lenguaje y hecho". El tema sirvió de base a cursos de se-
lías que resu,ltan d,e la d,i,ferente génesis d,e las lengwas i,nglesa minario en las universidades de Chicago ( r938-r9¡q) y Cali-
y castellano. Juzganoos que, d,e esta fornoa, nwestra trad,ucción fornia (l,os Ángeles, t939-r94o). Las discusiones sostenidas
perrniti,rá, al lector d,e lcabla castellana lracerse una, id,ea bostm,te en estos dos seminarios contribuyeron en gran marLera a
clara d,e esta obra d,el gran pensad,or inglés, llatnada no sólo a ampliar mi concepción de los problemas estudiados y a
figwrar en lwgar destacadísirno en la bibliografía epistenoológica, atenuar la intensidad que en un principio había dado yo a los
sino incluso a estiuotolar ulteriores inacstigaci,ones sobre las posi- aspectos lingtiísticos de esta cuestión. Me considero oblig-a-
bilid,ades d,e ad,aptación d,el lengwaje crupleado actu,altm,ente por do a expresar de un modo global mi gratitud lo mismo a pro-
la ciencio en particwlar y por la filosofía en qencral a una actitud fesores que alumnos, cuyas amables observaciones de detalle
mental Ece pretende haberse e,tmancipado ^¡a d,el reali,smo ingenwo contribuyeron 1o espero- a evitar errores y falacias.
pero qwe en resurnid,as cu,entas eruplea para su erpresi,ón casi De un modo muy -asíespecial, el seminario de Chicago, aten-
los ruisnt,os i,nstruotcentos que é1. dido frecuentemente por los profesores Carnap y Morris, con
la asistencia de algunos estudiantes graduados dotados de
JOSÉ ROVIRA ARI,ÍENGOL grandes condiciones filosóficas, fué escenario de discusio-
nes que pueden considerarse como modelos de fecunda coope-
ración especulativa. Mr. Norman Dalkey, que asistió a
I ambos seminarios, leyó íntegramente el manuscrito de esta
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obra y le debo especial gratitud por sus críticas cuidadosas
y estimulantes. Finalmente, durante el verano de r94o, prepa-

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no inspiran duda alguna y que encontraremos que la duda debe comenzar con un examen de las palabras, en primer
I está iustificada con mayor frecuencia de 1o que suponiamos lugar, y luego de la sintaxis.
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y que incluso las premisas que parecían más seguras resultan Antes de entrar a estudiar cualquier detalle, urras pocas ob-
capaces de ocasionar conclusiones inadmisibles. El resultado
servaciones generales respecto a la índole de nuestro problema
neto será sustituir la certidumbre inarticulada por una incer- pueden ayudarnos a conocer lo que tiene importancia para é1.
tidumbre articulada. No vamos a examinar otro problema:
Nuestro problema lo es de teoría del conocimiento. ¿ Qué
el de si este resultado tiene algún valor.
es teoría del conocimiento ? Cuanto conocemos o pensamos
En cuanto enfocamos de un modo serio nuestras dos cues- conocer, pertenece a una ciencia especial u otra. ¿ 9ué, queda,
tiones, las dificultades nos asaltan por todas partes. Tome- pues, para la teoría del conocimiento ?
mos la frase "evidencia empirica de la verdad de una propo-
Existen dos investigaciones distintas, ambas importantes,
sición". Esta frase exige que definamos las palabras "eviden- cada una de las cuales tiene derecho a ser llamada "teoría
cia", "empírica", "verdad" y "proposición", pues de no ser del conocimiento". En cualquier discusión es fácil incurrir
así nos exponemos a que al término de nuestro estudio nos en confusiones cuando se trata de determinar a cuál de las
demos cuenta de que habíamos enunciado mal el problema.
dos pertenece; en consecuencia, para c \menzar, diremos unas
Comencemos con la palabra "proposición". Proposición
pocas palabras para explicarlas.
es algo que puede decirse en todo lenguaje: "Sócrates es
mortal" y "Socrates est mortel", expresan la misma pro- La primera forma de teoría del conocimiento nos presenta
posición. En un lenguaje dado, puede decirse lo mismo de
la explicación científica del mundo no como absolutamente
verdadera, sino como Ia mejor que pueda darse en la actua-
varios modos: la diferencia entre "César fué muerto en los lidad. El mundo, tal como lo presenta la ciencia, contiene
idus de marzo" y "f"ué en los idus de marzo cuando César
un fenómeno llamado "conocer", y la teoría del conocimiento,
fué muerto", es meramente retórica. Por 1o tanto, es posi- en su forma primera, tiene como objeto «leterminar qué
ble que dos formas de palabras "tengan el mismo significado". género cle fenómeno es éste. Para comen zar de algún moáo,
De momento, por lo menos, podemos definir una "proposi- diremos que visto desde fuera, este fenómeno es algo carácte-
ción" como "todas las oraciones que tienen el mismo sig- rística de los organismos vivos, Que, hablando en sentido
nificado que una oración dada". lato, aumenta de volumen a medida que se complica el orga-
Ahora tenernos que definir "oración" y "tener el mismo nismo. Es evidente que conocer es una relación del organis-
significado". Como de momento ignoramos lo último, va- mo con otra cosa o con una parte de si mismo. Hablando to-
mos a ver qué es una oración. Puede ser una sola palabra davía desde el punto de vista de un observador exterior,
o, como suele ocurrir más a menudo, un conjunto de pala- podemos distinguir entre conciencia perceptiva y conoci-
bras puestas en relación de acuerdo con las reglas de la miento-hábito. Conciencia perceptiva es una especie de "sen-
sintaxis; pero lo que distingue la oración, es que expresa algo sitividad", flo limitada a los organismos vivos, sino extensiva
de la índole de una afirmación, negación, imperativo, deseo también a instrumentos científicos y en cierto sentido también
o pregunta. Lo más notable de una oración, desde nuestro a todas las cosas. Sensitividad consiste en comportarse, en
punto de vista, es que podemos entender 1o que expresa si presencia de un estímulo de un género determinado, en un
conocemos el significado de sus distintas palabras y las modo en que no 1o haria un animal o cosa en ausencia de é1.
reglas de la sintaxis. En consecuencia, nuestra investigación Ifn gato tiene una conducta característica en presencia de
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un perro; esto nos hace decir que el gato "percibe" el perro. esta razón como porque no existe tampoco una definición de
Pero un galvanómetro tiene una conducta característica en conclucta "apropiada". Pero es perfectamente claro el carác-
presencia de una corriente eléctrica y, sin embargo, no deci. ter general de lo que se quiere decir con esta expresión, y se
mos que "perciba" la corriente eléctrica. La diferencia entre verá que el lenguaje es una especie de "signo" de esta índole.
ambos casos estriba en el "conocimiento-hábito". En cuanto la conducta de un organismo se halla influída
Mientras su constitución física permanezca inalterada, una por signos, es posible trazar los comienzos de una distinción
cosa inanimada dará siempre la misma respuesta al mismo entre "sul¡ietivo" y "objetivo", y también entre "conocimien-
estímulo. IJn animal, por el contrario, si se encuentra repe- to" y "error". A es un signo de B para un organismo O si O
tidas \¡eces ante un estímulo al que desde la primera hizo le gomporta en presencia de A de una manera apropiada a
alguna respuesta, variará gradualmente el carácter de ésta B. Objetivamente, A es un signo de B si, efectivamenti, A va
hasta llegar a rln punto de estabilidad (pot lo menos tempo- acompañado o seguido de B. Aunque A sea subjetivamente
ral). IJna vez alcanzado este pttnto, el animal habrá adquirido un signo de B para el organismo o, podemos decir, hablando
un "hábito". Toclo hálrito implica 1o Qüe, desde un punto en términos conductistas, que O "cree" la proposición general
de vista conductista, puecle consiclerarse creencia en una ley "A va siempre acompañado o seguido de 8", pero esta creen-
general o incluso, en cierto senticlo, conocimiento de tal ley cia sólo es "verdadera" si A es objetivamente un signo de
si la creencia resulta verdaclera. Por ejemplo, un perro que Il. Los animales pueden ser engañados por medio de éspejos
haya aprenclido a levautarse para que le den alimentos podrá n olores. Estos ejemplos pueden revelar que, desde el puáto
ser considerado por un conductista como creyendo en esta ley cle vista en que nos colocamos en este momento, las distincio-
general: "El olor del alimento unido al pedirlo, va seguido nes "subjetivo-objetivo" y "conocimiento-error" comienzan
del alimento; el mero olor del alimento, flo". el1 una fase muy incipiente de la conducta animal. En tal
Lo que llamamos "aprender por experiencia", caracterís- fase, ambos, conocimiento y error, son relaciones observables
tico de los organismos vivos, es lo mismo que la adquisición entre la conducta del organismo y los hechos del ambiente.
de hábitos. Un perro aprende por experiencia que los seres Teniendo en cuenta estas limitaciones, la teoría del cono-
humanos pueden abrir las puertzs, y, por consiguiente, cuando cimiento del- tipo que acabamos de ver, es legítima e impor-
tiene ganas de salir y sL1 dueño está presente, ladra a su tante. P¡ro ,h^y otra clase de teoría del conocimiento qué va
alrededor en vez de arañar la puerta. Los "signos" depen- más a fondo y tiene, a mi modo de ver, mucha mayór im-
portancia.
9.rr, por lo regular, de hábitos adquiridos por_ expetrg.i?. cuando el conductista observa los actos de los animales y
La voz cle su amo es, para un perro, un signo del amo. Podé-
mos decir que A es un "signo" de B, si provoca Ia conducta decide si revelan conocimiento o error, no piensa en aquél
que provocaría B, pero esto no constituye una propiedad pgmgnto que él sea también un animal, sino un registrador
exclusiva de A. FIay que adrnitir, sin embargo, gu€ ciertos infalible, por 1o menos en hipótesis, de lo que ocurre iealmen-
signos no sólo actitan en virtud de la experiencia: los ani- te. "Sabe"-_que los animales son engañados por los espejos
males responclen a ciertos olores de una manera apropiada y cree que é1 "sabe" que él no es engañado de un modo r.*e-
a los objetos que los emiten, y algunas veces acaso 1o hagan jante. AI prescindir del hecho de que él todos los
incluso sin haber tenido nunca experiencia de tales objetos. clemáq organism está observando, atribuye -comoun falso aire
Es difícil dar una definición precisa de "signo" tanto por de objetividad a los resultados de su observaóión. En cuanto

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cs ) como consecuencia cle 1o qire ocrlpa un lugar anterior. Sin


crnbargo, esta concepció11 no es tan clara como parece a pri-
urcra vista. No se identifica con el orden lógico, ni con el
orden de los descubrimientos, írunque tiene conexión con
arnl-¡os. Iiustrémosio con algunos ejemplos.
En matemática pura son idénticos, por sus elementos,
«rrden lógico y orden de conocirniento. En una operación
(pongamos por caso) de -Ieoría de funciones, creemos lo
que el autor dice porque 1o deduce de proposiciones más
simples que ya eran creíclas, es decir, que la causa de nuestras
creencias es también su fundamento lógico. Pero esto no es
cierto en los comienzos de la rnatemática. Los lógicos han
reducido las premisas necesarias a un número muy limitado
cle proposiciones simbólicas sumamente abstractas, que son
difíciles de entender y que los lógicos mismos sólo creen por-
que las encuentran lógicamente equivalentes a un gran núme-
ro de proposiciones más asecluibles. El hecho de que las mate-
máticas puedan ser deduciclas de toles prernisas no es en modo
alguno Ia razon de nuestra creencia en la verdad de la mate-
mática.
Lo que la epistemología exige de la rnatemática, aunque no
sea el orden lógico, tampoco es la causa psicológica de nues-
tras creencias. ¿ Por qué creemos que Z X 8 son 56 ? ¿ Hemos
comprobado nunca esta proposición ? Yo, no. La creo por-
que me la dijeron de niño y por haberla oído repetir siempre
a autores de reputación. Pero cuando estoy haciendo una
investigación epistemológica sobre el conocimiento matemá-
tico, ignoro estas causas históricas de mi creencia de que
7 X 8 son 56. El problema de ia epistemología no es "¿pot
qué creo yo esto o aquello?" sino "¿por qué tengo que creer
yo esto o aquello ?" I)e hecho, toda esta cuestión es un pro-
clucto de la duda cartesiana. Cbservamos que los hombres
se equivocan y nos preguntamos ciué tenemos que hacer para
no caer en el error. Huelga decir qlle una de las cosas que
debemos hacer es razonar correctainelite, pero también es
necesario que tengamos premisas para coffrenzar a razonar.

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favor, e indicanclo Ia índole de las inferencias (en su mayoría


no estrictamente lógicas) por medio de las cuales pasamos
ric éstas a otras creencias derivadas. Estas ascerciones sobre
«:uestiones de hecho que parecen creibles independientemente
de cualquier argumento en su favor, puden ser calificadas de
"proposiciones básicas" t. Se hallan conectadas con ciertos
ferrr';menos no-verbales que pueden ser llamados "experien-
«:ias"; la ínciole de csta conexión es uno de los problemas
fundamentales de la epistemología.
La epistemología abarca tanto los elementos lógicos como
los psicológicos. Desde el punto de vista lógico, nos corres-
ponde examinar ia relación inferencial (de ordinario no la de
Ia deducción estricta) entre las proposiciones básicas y las
que aceptamos en atención a ellas; también las relaciones
Iógicas que a rnenudo existen entre diferentes proposiciones
bírsicas, haciéndolas entrar, si aceptamos ciertos principios
generales, dentro de uu sistema que, en conjunto, ref.uerza
la probabilidad de cada uno cle sus elementos componentes;
asimismo, el carácter lógico de las mismas proposiciones bá-
sicas. Desde el punto de vista psicológico, nos importa exa-
minar la relación c1e las proposiciones básicas con las expe-
riencias, el graclo de ducla o de certidumbre que sintamos con
respecto a cualquiera de ellas y los métodos para disminuir
la primera y acrecentar la última
En toda esta obra procuraré eludir el examen del conoci-
miento lógico y matemático, que no plantea los problemas que
me interesa elucidar. Mi problema principal será, exclusi-
vamente, la relación entre las proposiciones básicas y las
experiencias, es decir, entre las proposiciones que vienen en
primer lugar en el orden epistemológico con los fenómenos
que, en algú,n sentido, son el funclamento que tenemos para
aceptar aquellas proposiciones.
La cuestión de que voy a ocuparrne será diferente de Ia
discutida, por ejemplo, en "Logical Syntax of Language" de

1 Es la denominación que les da Mr. Ayer.

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l:ur. I)escl,: iuego, Io clue se dice en estos capitulos, no tiene
cl grado de precisión a que aspirarán los finales.
Los capítulos I\I-\¡II tratan de ciertos problemas que sus-
«:ita el análisis dei lenguaje. Uno de los resultados más claros
obtenidos por el estuclio lógico del lenguaje, es que tiene oue
cxistir una jerarctruía de lenguajes, y {ü€, aplicaclas a asercio-
nes hechas en cuaXquier lenguaje, las palabras "verdadero"
y "falso" pertenecen ya a ut1 lenguaje de orden superior a
aquél. Esto implica como consecuencia la existencia de un
Icnguaje de orden inferior en qtle no se presentan las palabras
"verdadero" y "falso". En toda la extensión en que se ten-
gan en cuenta consideraciones de carácter lógico, este len-
guaje podría ser construíclo de varios modos; su sintaxis
y su vocabulario no se hallan determinaclos por condiciones
lógicas, salvo que no admite variables notorias, es decir, que
uo puecle contr:ner las pa.lzibras "todo" y "algiin" r Proce-
clienilo coll ul1 c.riterio psicológico, construyo un lenguaje
(no el lenguaje) clue reu11a las condiciones lógicas del len-
guaje de categoría ínfima; 1o denornino "lenguaje cle objeto"
o "lenguaje primario". Eti este lenguaje, tocla palabra "de-
nota" o "sigirifica" urt objeto sensible o una serie de ellos,
y, usada sola, afirma la presencia del objeto, o de una serie
de ellos, que denota o significa. A1 definir este lenguaje,
importa clefinir también los términos "denotar" o "signi-
ficar" aplicados a palabras-objetos, o sea a las palabras de
este lenguaje. Las palabras de ienguajes de órdenes stlpe-
riores "significan" de otros modos y mucho más compli-
cados.
Pasamos del lenguaje primario al secttnclario añadiendo

1 Estas palabras, de índole gramatical imprecisa, por deper-ri1er dcl cou-


texto en que
^El aparezcafl, se entienden, en este caso, en su función cle. pro-
nombres. lector cle6erá tener presetrte, sin embargo, la existencia cle
matices gramaticales clistintos de los espairoies en la lengua inglesa. A su
ixren criterio tenemos que remitirnos alrte la in:posibiiidad de proceder en
-cotriparativo
carla caso a un estuclio eirtre ambos idiomas, que más qqe Ul?
traduccióu implicaría r.rna iÑestigación de muy largos aicances. (N. del 7'.)

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al prirnero las que ya califico de "palabras lógicas", tales tuno de los defectos de los positivistas lógicos su crlterio lin-
comt) "o", "1-l.o"r t'algún" y t'todo", y, además, 1as palabras giiístico culpable de que su teoría de las proposiciones de
"verdadero" y 'falso" en cuanto caiificativas de oiaciones
-
protocolo resulte vaga e insatisfactoria.
del lenguaje de objeto. El desarrollo de lenguajes de or- Pasamos luego al análisis de las "actitudes proposiciona-
den superior al secundario incumbe al lógico, puesto que Ies": creer, desear, dudar, etc. que una cosa sea de un modo
no suscita nuevos problemas en cuanto a la reláción enire tu otro. Tanto para Ia lógica como para la teoría del cono-
oraciones y fenómenos no-lingiiísticos. cirniento, es importante el estudio de tales fenirmenos, espe-
Los capítulos \¡I y vII estudian cucstiones sintácticas: cialmente en el caso de la creencia. Encontramos que creer
"nombres propios" y "particulares egocéntricas,, de- una proposición dada no requiere necesariamente palabras,
cir, palabras corno "esto", "yo", "ahorá", que tienen un sen- sino que el que cree se halle en uno de varios estados posibles
tido en relación con la persona clue habla. La teoría de los clefinidos principalmente, si no totalmente, por propieclades
nombres propios, rfe ser cierta, resultaría irnportante, prin- causales. Cuando pata esto hay palabras, éstas "expresan"
cipalmente en conexión con el espacio y el tiempo. Ia creenci^, y, si son verdaderas, "indican" un hecho distinto
Los cuatro ca¡rítulos subsiguientes están consagrados al de Ia creencia.
conocimienlo- p.erceptivo 3, cle un modo particular a"las ,,pro- I-a teoúa de la verdad y cle la falsedad que naturalmente
posiciones básicas", es decir, a las pioposiciones q.r. *át resulta cle tales consideraciones tal como yo Ia he sugerido,
directamente consignan el conocimiento ilerivado rte la per- es una teoría epistemológica, es decir, proporciona sólo una
cepción. definición de "verdadero" y "falso" en los casos en que exis-
r)ijimos ya qr1e. corresponcle a la epistenrología disponer te algírn método para obtener tal conocimiento resolviendo la
en cierto orden lógico las proposiciones que consiituy.r, rru.r- alternativa. Así Io sugiere Brour,r,er con su negativa de la ley
tro conocimiento, de suerte que las {rltimas proposiciones dei tercero excluíclo. Teniéndola en cutnta, importa conside-
sean aceptaclas a causa de su relación lógica con lás que vienen rar si es posible dar definiciones no-epistemológicas de "ver-
antes_ que ellas. No es necesario que las proposiciones rrrltimas dadero" y "falso" salvando así la ley del tercero excluído.
sean lógicamente cleclucibles cle las anterióres, pero sí que éstas Por irltimo, tenemos la siguiente cuestión: ¿hasta qué pun-
puedan proporcionar cualesqrriera motivos que existan para to las categorías lógicas del lenguaje corresponden a elemen-
suporhqgue aquéllas son verclarleras" Ai examinar el có.,o- tos del mundo no-lingiiistico sobre que versa el lenguaie ?
cinriento empírico, Ias proposiciones primeras que aparecen (La duda puede afectar incluso a Ia posibilidad escueta de tal
en la jerarquía sirvienclo .le funda*.rrto a todas las'demás, correspondencia. ) Planteando la cuestión con otras palabras :
no sorl deducidas de otras proposiciones, pero tampoco son i proporciona la lógica una base para doctrinas metafísicas ?
meros supuestos arbitrarios. -lienen sus fundamentos, pero A pesar de cuanto hayan dicho los positivistas lógicos, me
éstos no consisten en proposiciones, sino en fenómenor áÉr.r- inclino a contestar esta pregunta en sentido afirmativo; pero
vados. Tales proposiciol'res, como hice nctar anteriormente, es una materia tan difícil que no me arriesgaría a ser dogmá-
son llamaclas por mí "bíLsicas", y realizan la furrción uriel tico en ella.
nad.a.por los positi'istas. lógicos a las que ellos llaman .,pró- Hry tres tesis que considero especialmente importantes en
posiciones dc protocolo". A mi modo de ver, corrstiiuye los capítulos subsiguientes :
I. Se arguye que, sobre Ia base cle una sola experiencia,
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están justificadas unas cuantas aserciones verbales. Se inves- rra<lA,en atención a que todo ensayo de solución tiene que
tiga el carácter de tales a.serciones, y se sostiene qrle se limita- hasarse en un análisis de las cuestiones estudiadas etr los ca-
rán siempre a asrrntos perterrecientes a la biografia rtel ob- pítulos subsiguientes y la ecttanimidacl cle este análisis podría
servador. IJna de ellas podr'á ser "veo una mancha canoicle de icsultar e*páñadas por tt:la itrvestigaciórr pretnatura cle st.ts
color", pero no "hay un perro". Las aserciones como la indi- ('onsecuenclas.
cada en segundo lugar, implican siempre, para su justifica-
ción, alqírn elemento cle inferencia.
II. En toda aserción hav que separar dos aspectos. En el
aspecto suhietivo, la aserción "expresa" un estado de la per-
sona que habla; en el objetivo, pretende "inclicar" un "hecho"
y Io logra si la aserción es verdadera. I-a psicología de la
creencia se ocupa sólo clel aspecto subietivo, y Ia cuestión
acerca de ta l'errlacl o falseclad tanrhién rlel objetivo. Resulta
que el análisis de lo qrle lrna oración "expresa" hace posible
una teoría psicológica del sisnificarlo cle las palabras lógicas,
tales como "o", ttrot', tttodo" y "elqítn".
nI. Finalmente. tenenros Ia crrestión <le la relación entre
verdad y conocimiento. Se ha ensavado definir "verdad" en
términos cle "conocimiento", o de conceptos tales como "veri-
ficahilidad", que implican "conocinriento". Tales intentos
cuando se llevan a cabo con rigor lógico, eonducen a para-
dojas que no hay por qué aceptar. Yo llego a la conctusión
de que "vercfarl" es el concepto fundamental y cle que "cono-
cimiento" debe ser definido en térmirrr-:s de "verdad", no vice-
l¡ersa. Esto acarrea Ia consecuencia Ce que rlna proposición
puedqser verdaclera arlnqlle no veamos el modo de lograr
eviderffib en pro o en contra de ella. EIlo imrrlica también
rln abanrlono parcial del a.gnosticismo metafísico completo
sustentado por los rrositivistas lóg*icos.
De nuestro análisis del conocirniento se desprende que a
menos que éste sea rnucho más restringiclo de Io que supo-
nemos, tenemos que admitir principios de inferencia no-cfe-
mclstrativa suseeptil¡les c{e difícil conciliación con el empiris-
mo prlro. Este problema surg-e en varios puntos, pero me
abstuve de examinarlo, porque, por una parte, su estudio
habría requerirlo una ol;ra tan extensa como ésta, y, más qtre
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CAPfTULO i

¿QUE ES UNA PALABRA?

Procederé ahora a un examen preliminar de la cuestión:


" ¿Qué es una palabra ?" Pero lo que cliga ahora tenclrá que
completarse con otros pormenores que aparecerán en una
fase posterior de nuestro estudio.
Desde los tiempos más remotos de que tenemos recuerclo
histórico, las palabras fueron objeto cle un terror supersticio-
so. El hombre que conocía el nombre de su enemi.qo, poclía,
por medio de é1, aclquirir un poder mágico sobre tal enemi-
go. Todavía empleamos frases tales como "en nombre cle la
1.y". No hay inconveniente en aceptar la afirmación "al prin-
\ cipio fué el verbo". Este criterio sirve de base a las filoso-
fías de Platón y Carnap y de la mayoría cle los metafísicos
que vivieron en el lapso de tiempo intermeclio.
Para poder entender el lenguaje, es necesario desprender
de él sus atributos místicos y aterradores. Ello constituírá
el objeto principal del presente capítulo.
Antes cle estudiar el significado cfe las palabras, examiné-
moslas primero como fenómenos del mundo sensible. Desde
este punto de vista. las palabras son de cuatro clases: hahla-
clas, oídas, escritas y leídas. No habria inconveniente eil
a<loptztr un criterio de sentido cornirn acerca de los objetos
27

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materiales, puesto que lo que se haya dicho en términos de
rrrcntc igu;lles pudrían ltacci"se con respecto a la palabra oída
senti<lo comírn sienrpre podrá ser traducido luego al lenguaje
filosófico que se prefiera. Por consiguiente, eJposible á*ut- -r ¿r la cscrita.
gam?r- las palabras escritas y las leíclas, sustittiy'éndolas por
I'odría parecer clue habíalrlos subrayack¡ indebidamente un
lrccho sobradameute conocido al insistir el1 que una palabra
un objeto material cantidad de tinta, como dice Neu-
rath- que sea una -una os un universal. Sin embargo, existe una tendencia casi irre-
palabra escrita o impresa, según los casos.
sistible, siempre que no se ponga mucho crliclado, a pensar en
Descle luego,_ es iraportante la distinción entre eicribir y leer,
tuna palabra como si fuese 1111a cose y a argitir que mientras
pero casi todo lo que hay que decir de ella puede ser- dicho
hay varios perros, una sola palabra "perro" es aplicable a
en conexión con Ia cliferencia que hay entre hiblar y oir.
todos ellos. De ahi que lleguemos a pensar que ios perros
palabra dada, por ejemplo, "pLrro", puedu r.r emitida,
- 9nn tienen de comítn una esencia canitra determinacla, que es lo
oícla, escrita o leída por varias personas en varias ocasion.r.
clue significa realmente la palabra "perro". Y de ahi llegamos
Llamaré "emisión verbal" a io que ocurre cuanclo una persona
dice una palabra; "ruiclo rrerbal", a Io que ocurre cuándo Ia
a Platón y el perro se nos va al cielo. N.o. Lo que realmen'
oye; el objeto físico que consiste en una palabra escrita o te tenemos es un nitmero de ruidos más o menos semejantes
que son aplicables todos ellos a un nítmero cle cuadrírpedos
impresa será denominado por mí "forma veibal". Es eviden-
más o menos semejantes.
te, descle luego, que las emisiones, ruídos y formas verbales se
distinguen cle tras clemás por características psicológicas pcr Cuando intentamos <lefinir la palabra hablada "perro",
"intencióÍr." o "significado". Pero rfe momenio, haJta donde nos encontramos con que no podernos hacerlo sin tener en
ello sea posible, prefiero dejar de lado estas características cuenta la intención. Un francés pronunciaría esta palabra
y examinar sólo la condición de las palabras como parte del así: "pego", y si le oímos decir "el pego tnenea la cola cuan-
mundo de los senticlos. do está contento", sabemos que pronuncia un ejemplo de la
palabra "perro", pero un español que hubiese emitido el mis-
. La palabra lrablada "perro" no es una entidad singular, mo sonido habria pronunciado un ejemplo de la palabra
sinp rrna clase de movimientos semejantes de la lenguá, los
laffs, Ia garganta y la laringe. Del mismo modo qu-e sartar "pego". Por 1o que concierne a la palabra escrita, podrían
es üna clase cle movimientos corporales, y andar, oftá,la pala- hacerse consideraciones análogas sobre las personas de cali-
bra emitida "perro" es exactamente una tercera clase de^mo- graf.ia deficiente. De esta suerte, si la semejanza cotl un soni-
vimientos corporales. La palabra "perro" es un universal, do o forma ejemplares de un profesor de elocución o la
-el pal a def inir un ejemplo de una
de un calígrafo- es esencial
exactamente de la misma manera que Io es peruo. Si no
reflexionamos diremos que podemos pronunciar la misma palabra, no es suficiente, y no es posible definir con la preci-
palabra "perro" en dos ocasiones, cuando de hecho emitimos sión necesaria el grado de semej anza con el modelo ejemplar.
dos ejernplos cle la misma especie, exactarnente de la misma La palabra es, de hecho, una familia', exactamente igual que
manera que cuando vemos dos perros vemos dos ejemplos de lo son los perros, y sin duda existen casos intermediarios del
la misma especie. Por lo tanto, no hay diferencia dé condición mismo modo que, ell la evolucién, debió haberlos entre perros
lógica entre_ perro 1, Ia palabra "perro": Ias dos son generales y lobos.
1' existen sólo en ejemplos. T,a palabra .operro,, .s ün, clase
En esta relación, es preferible lo impreso. A menos que la
determinacla de cuadrírpedos. IJnas obs'¿rvaciones exacta- 1 Debo a Wittgenstein este modo dc plantear el problema.

28 29
I
il
dr,
r't I
-l

tiirta. sc haya desteñiclo, resuita muy difícil que una persona L;rs palabras se usan de distintos modos: narrativo, inte-
de vista ncrmal tenga dudas o..r.a de si .rr'r, Iuga, a.i.r- r r,,r',rlivo, irrperativo, ima*inativo, etc. Pero el uso más ele-
rninado se halla inrpresa o no la palabra ,,perro,,. ñ;; ;ñ_ nr.rrl:r'l cle las palabras de objeto es el demostrativo, tal como
pios de la letra A son extremadarnente semejant€s, y áral l.r t'xclanraciln "zotro" cuando un zorro se halla a la vista.
rrno de ellos muy diferentes de un ejemplo de Iá letra É. Im- (';rsi 1an primitivo como éste es el vocativo: el uso cle un
primie,do caracteres negros sobre pápel^blanco, togrr*o, qr. rrrnrlrre propio para indicar que se desea Ia presencia de la
cada letra resalte muy claramente sbbre el fondó. o. .rt, lx'r-sona llamada., pero no es tan absolutaménte primitivo,
suerte, una página impresa consta de una serie de formas ¡,rrcsto que la significación de una palabra de obJeto tiene
dispuestas de un nrodo-cómodo y claro, por lo que resulta un (lu(' ser aprendida en presencia de éste. (Excluyo lai palabras
paraíso para el lógico; pero éste ,ro' ti.r,. qr" hr..rr. lu (lue-se aprenden por definición verbal, puesto que presuponen
ilus_ión que vaya a ser tan encantador er mundo situado fuera urr lcnguaje ya existente.)
de los libros. Tluelga decir que conocer un lenguaje consiste en usar las
- L?r palabras -habladas, oídas o escritas- difieren de las
demás clases de
¡xrlalrras de un modo apropiado y en comportarse de un modo
movimientos corporales, ruidos y ior-r", :qrropiado cuando- se oyen aquéllas. No es necesario poder
en que tie,en "significaclo". Muclias palabras sóló lo tieneá rk'cir-lo que significa una palabra, como no lo er paiu urt
en un contexto; así son las palabras ,,qlJer', ,,orr, .rsin em_ irrrador de vilorta conocer la teoria matemática dei choque
bargo", y éstas n9 pueden ir solas. No cábe, pues, comenzar y de. los proyectiles. En realidacl, de mrrchas palabras de oble-
por ellas la explicación del significado, porque presuponen t«r tiene que ser precisamente imposible decir lo que signífi-
otras palabras.
,En canrbio, hay parabras jncluytndo todas (:í1r1,. salvo apelando a una tautología, pues es con
ellai que
las gue los niños aprenden *té. que ninguna otra- que r:omienza el lenguaje de objeto. El único modo de explicar
pueden usarse aisladamente: los nombr.r p"ropios, los g.ire- (por ejemplo) la palabra "rojo" es señalar algo que séa de
ricos de clases familiares cle animales, los aá cotorás, etcl yo este color. IJn niño entiende la palabra oída ,irojó,, cuando
las denornino "palabras de. objeto" y constituyen el ;,lenguaje lra_ establecido previamente una asociación entre tal palabra
de objeto", del cual tendré- qúe deci-o po.ó en un .rfritrío ,,Írla y el color rojo; domina la palabra hablada,,rojon cuan-
ulterior. Estas palal-rras tienen varias particulariclades. En rl, rrecesitando alquna cosa roja es capaz de decir "rojo" y
primer lugar: r-u significación se ,pr.rrd. (o puede apren- sicrrte el impulso de hacerlo así.
*r.-.) por confrontación con objetás q,r. ,or'lo que'ellas
significan o ejemplos de lo que elías significan. r" r.gr"áá
El aprendizaje original de las palabras de objeto es una
cosa, y otra el uso de la elocución cuando ha sido dominado
lugar: no presuponen otras -palabras. "pn tercero: cadá una cl instrumento. En la vida de los adultos, tocla elocución, como
ce ellas, por sí sola,_.puede expresar una proposición enteral la emisión de un nombre, aurlque resulte menos evidente, es,
podemr:s exclamar.."¡fuego !',, mientras cn intención, del modo imperativo. Cuando parece ser una
ür.^ nada diríamoé
exclamando "¡qué !" Huelga decir qr. .r con esta clase de nlcra aserción, tendría que ir precedida de las palabras "sabed
palabras que debe comenrir toda eiplicación del ,,significa- r11'rc". Conocemos muchas cosas y sólo afirmamos algunas de
,,r.r.lad,, y ,,fjsedaá,,
{o"; porque "significr,lq" al igual q,-rL
tiene nna jerarquia de signifiiados correlatiu^
«rllas: las que deseamos que nuestros oyentes eonozcañ. Cuan-
j.r"rq"i, clo vemos una estrella fugaz y decimos simplemente "¡mira!",
de lenguajes. ^"1* csperamos que esta palabra haga que vea también la estrella

30 31
la persorra a quien va dii'igida. Cuando recibintos una visita ( u;ur(lo concebimos el lenguaje como medio de revelar hechos
que no nos g'usta, podernos echarla escaleras abajo o decirle r( ;rl()s, srlponemos tácitamente que el locutor tiene determina-
"¡váyase!", ¡r corno 1o irltimo exige menos esfuerzo muscular, rlrs cleseos. Es interesante que el lengua je pueda expresar
es preferible siempre qrle resulte ig,.ialmente eficaz. l¡t'clros verdaderos, y también que ptrcdo expresar falsedades.
De ello se desprende clue en la vida de los aclultos cuand.; I,r':r como sea, srl finalidacl; tanto en uno como en otro caso,
se enrplea L11ra palabra, suele ser no porqlle se halle presente ('s l)rovocar alguna acción del oyente; si éste es un esclavo,
a los scr-rtidos o a la imaginación lo que significa, sino porque rrrr niño o un perro, el resultado se obtendrá más simplemente
se desea que quienes la oigan hagan algo relacionado con ella. usando el imperativo. Hry una diferencia, sin embargo, en-
No ocurre lo mismo con r1n niño que ;rprende a hablar, ni trc la eficacia de una mentira y la cle una verdad: una mentira
siempre en airos posteriores, debido a que el uso de palabras sólo produce el resultado apetecido mientras tanto se espere
acaba siendo autor¡ático en ocasiones interesantes. Si de l:r verdad. De hecho, nadie poclría aprender a hablar si 1o
repente viérarnos a un anrigo de quien habiamos creído erró- rormal no fuese la verclad: si cuando nuestro niño ve t1n
neamente que había rnuerto, probablemente pronunciaríamos I)crro, decimos "gato", "caballo" o "cocodrilo", a capricho,
su noml¡re aunque ni é1 ni otra persolla pudiera oirnos. Sin rro podremos engañarle diciéndole "perro" cuando no haya
embargo, esta clase de situaciones es excepcional. ningirn perro. Por 1o tanto, el mentir es una actividad deri-
En la signi f ic¿rción de una oración existen tres elementos vada, que presupone que lo normal es decir la verdad.
psicológicos: las causas ambientales de su pronunciación, Ios Esto revela que aunque la mayoría de las oraciones sean
efectos de haberla oído y (conro parte de las causas de Ia irrrperativas primariamente, no logran rcalizar su función de
pronunciación) los efectos que el que la pronuncia espera que provocar actos por parte del oyente si no es en virtud del
tenga en el oyente. carácter indicativo de las palabras de objeto. Supongamos
En términos generales podemos decir que una elocución que yo digo "¡corre!" y que a consecuencia de mi palabra se
consiste, con algunas excepciones, en ruídos hechos por perso- pone a correr la persona a quien va dirigida; esto ocurre sólo
nas en vistas a logr.ar de otras que hagan acciones que aqué- porque la palabra "corre" indica un tipo de acción determina-
llas desean. Ello no impide que la elocución sea de índole do. Esta situación se manifiesta erl su forma más simple en
indicativa y asertiva, pues es propio de ella que cuando la oi- las órdenes militares: en ellas se ha establecido un reflejo
mos nos decida a obrar de un moclo apropiado con respecto condicionado, de suerte que un determinado tipo de ruido (la
a algún aspecto del ambiente percibido por el locutor y no por palabra de mando) produce un determinado tipo de movi-
el oyente, o que aquél recuerda de pasadas percepciones. Cuan- miento corporal. En este caso, podemos decir que el tipo de
do de noche acompañamos a una visita que se despide de nos- ruido en cuestión es el nombre del tipo de movimiento en
otros, acaso le digamos "¡cuiclado ! que aquí hay dos pelda- cuestión. En cambio, las palabras que no son nombres de
ños", proponiéndonos con ello que nuestra visita obre como movimientos corporales, tienen una conexión menos directa
si viera los peldaños en cuestión. Esto, sin embargo, implica con los actos.
cierta medida de afecto hacia nuestra visita. No siempre el Es sólo en casos determinados que la "significación" de
fin de una elocución es revelar un hecho real; puede ser igual- una expresión verbal puede ser identificacla con el efecto que
mente, el deseo de engañar. "-El lenguaje se nos dió para que se pretende ohtener del oyente. La palabra de mando y la
pudiéramos esconder nuestros pensamientos." Por lo tanto, palabra "¡mira!" sott casos de éstos. Pero si digo "mira, hay
or¡ .t a)
ú1, t)t)
l

un zorro", flo sélo me propongo producir un acto deterrninado


en el oyentc, sino que le doy un motivo de acción al descri-
birie un aspecto del ambiente. En el caso de la elocución
narrativa es más notoria la distinción entre "significado" y
efecto perseguido.
Só1o las oraciones tienen efectos perseguidos; en cambio,
el significado no es exclusivo de las oraciones. Las palabras
de objeto tienen un significado que no depende de que se en-
cuentren en oraciones.
En la fase más baja de la elocución, no existe la distinción CAPf TULO II
entre oraciones y palabras aislaclas. En esta fase, Ias palabras
aisladas se usan para indicar la presencia sensible de los obje- ORACIOI\IES, SIIITAXIS Y PARTES
tos que designan. Es por medio de esta forma de elocución DE LA ORACIÓN
que las palabras de objeto adquieren su significado, y en esta
forma de elocución cada palabra es una aserción. Cuanto va-
ya más allá cle las aserciones relativas a la presencia sensible,
e incluso algunas aserciones de otra ínclole, sólo pueclen Io- Las oraciones pueclen ser interrogativas, optativas, excla-
grarse por medio de oraciones, pero si las oraciones contienen rnativas o imperativas; pueden ser también indicativas. En
palabras de objeto, io que afirmen depende del significado de l:r inmensa mayoría de los casos a que se extiende nuestro
estas palabras. Hry oraciones que no contienen palabras de cstuclio, podemos limitarnos a las oraciones indicativas, pues-
objeto; tales son las de Ia lógica y de la matemática. En 1o que éstas son las itnicas verdaderas o falsas. Además de
cambio, todas las afirmaciones empíricas contienen palabras ser verdaderas o falsas, las oraciones indicativas tienen otras
de objeto, o palabras de diccionario definidas en términos de clos propiedades- interesantes_ para nosotros y que..comparten
aquéllas. De esta suerte, el significado de las palabras de con oraciones de otra índole. T-,a primera de ellas es que
objeto es funclamental para la teoria del conocimiento empí- cstán compuestas de palabras y que su significación depende
rico, puesto que es por medio de ellas que el lenguaje se rela- <lc la que tengan las palabras que las integran; la segunda es
ciona con fenómenos no-lingtiísticos de forma que se pone rlue tienen cierto género de unidad que les confiere propie-
en condiciones de expresar la verdad o la falsedad empíricas. dades no poseídas por las palabras que las componen.
Importa estudiar cada una de estas tres propiedades. Co-
mencemos por la unidad de la oración.
lIna oración gramatical simple puede no serlo lógicamente.
"Salí y vi que llovia", no puede distinguirse lógicamente de
las dos oraciones: "Salí" y "vi que llovía"; en cambio, la
oración "cuando salí vi que llovía", es simple desde el punto
de vista de la lógica: afirma que clos acontecimientos eran
simultáneos. "César y Pompeyo fueron grandes generales"
34 35
nrojé". Es, pues, una oración molecular cuyos átomos sol1
"r\ se produce" y "B se produce". Ahora bien, ¿qué quere-
rrros significar cuando decimos "A se produce"? Que hubo
urr ruido de una clase determinada, de la clase llamada "A".
l)r: csta suerte, cuando decimos "A precede B" nuestra afir-
rrr;rción reviste una forma lógica encubierta, la misma que
l:r de una afirmación de este tipo: "Primero hubo el ladrido
rlt: trn perro, y luego el relinchar de un caballo".
Sigamos un poco más adelante. Yo digo "A".Luego
,lir:ol'¿qué dije?" Ustedes contestan "IJsted dijo 'A'". Pues
3'A" en su
lricn, el ruido que lJstedes hacen cuando dicen
corrtestación es diferente del que había hecho yo originaria-
nrcnte; por encle, si "A" fuese el nombre de un ruido par-
ticular, lá afirrnación <le lJstedes sería falsa. Es verdadera
1r<rr la sola razórr de que "A" es el nombre de urra
close de
i-tridos; la afirmación de IJstedes es una clasificación del
sonido que yo emiti y será tan verdadera como si IJstecles
lrrrbiesen dicho "IJsted ladró como ttn perro". Esto revela
crimo el lenguaje nos obliga a generalizar incluso cuando más
dcseamos evitarlo. Si necesitamos hablar del ruido partictt-
lar que yo emití, tendríamos que darle un nombre propio,
por ljemplo "'-fom", y al ruiclo qr-1e lJstedes emitieron al
ilecir rrAri hal¡ría que llamarle "Dick". Entonces porlríamos
clecir "Tom y Dick son As". Podemos <lecir "Yo clije Tom",
pero no "Yo clije 'Tom'". En el caso concreto, no clebemos
clecir "yo clije 'A"', sino "yo clije un 'A"'. Todo esto sirve
cle ilustración para un principio general: cuando usamos t1n
término general, tal como ".É\" u "hombre", flo tenemos pre-
scnte en nuestra mente un universal, sino un ejemplo al que
es semejar-rte el ejemplo presente. Cttando decimos "yo clije
'A'", queremos decir propiamerrte "yo hice un ruido muy
semejante al ruiclo que hago ahora diciendo 'A'". Valga
«:sto irltimo a modo de digresión.
Volvamos a la suposición cle que primero clije "A" y lue-
go "8". Llamaremos "Torn" al fenómeng particular que -fué
mi primera emisión, y "Ha,trr\," al que fué la segunda. Sien-
37
rlc substancias, pero en la actualidad tenemos que encontrar
otra frase para expresar el objeto de un nombre propio.
En la piáctica, un nombre propio abarca siempre varios
fcnómenoi, pero no en |a forma que lo hace un nombre de
r"lase: estos distintos fenómenos son lto,rte.r de lo que el nom-
lrre significa, no e jemplos de ello. Examinemos, por ejemplo,
"Césai murió". "N{uerte" es 1tn¿r palabra genórica de varios
fenómenos que tienen cierta semejanza, aunque no necesaria-
rnente alguná interconexión espacio-tcmporal; cada uno de
cllos es'u?ta rnxrcrte. "César", por el contr¿rrio, designa una
serie de fenómenos, aunque colectivamente, no por separado.
Cuando decimos "César murió", afirmamos que una de las
series de fenómenos qtle era César, fué mienibro de la clase
de las muertes; este fenómeno se llama "la muerte de César".
IJn nombre propio puecle ser asignado a cualquier porción
continua de espacio-tiempo, o d tlna cualidacl, como demos-
traré en el capitulo VI. f)os partes cle la vicla de un hombre
pueden tener nomltres distintos; por ejemplo : Octavio y
Augusto. "El universo" puede ser considerado como nombre
propio del total de espacio-tiempo. Podeytos clar un nombre
proplo a porctones sümamente pequeñas de espacio-tiempo,
iiempre qúe sean lo suficientemente grandes pafa ser nota-
das.-Si yo digo "A" l¡na Yez a las 6 de la tarde de un día
determinádo, poclemos dar un nombre propio a este ruiclo, o,
para precisar áirn más , a 7a sensación auditiva que haya t¡ni-
do ,r, persona presente que me hubiese oíclo. Pero incluso
cuando il.go*os a aquilatár hasta este extremo,. no podemos
decir qu. ñryumos nómbrado algo <lesprovisto de estructuta.
Por 1o tanto, puede srlponerse, por lo menos de momento,
que todo nombre propio eS el nombre de una estructura, no
áe algo desprovistó Aé partes. Sin embargo, esto es un hecho
empírico, no una necesidad lógica.
Para evitar complicaciones en Jas cuestiones que no sean
iingüísticas, importá distinguir la.s oraciones, no-por la:o--
-de qu.
ptelidad pueda ocurrir que tengal, siLo-por-la que dima-
-forma.
na su "Alejandro precedió a César" es compleja
39
en función de..la comprejidad de Atejancrro
".rprecedió 3,, ,t,o
y césar; pero rlrs clases tienen un miembro comírn, que es 1o enunciado
conrplejas. I)elecho,--i,ipicr,--po, ,, fó.*a, que .r e y sean "César murió". Pero "esto es amarillo" no resulta tan
puesto que Alejanciro murió antes ¡ror
de que naciera césar, ioáo erenre,to ;nt.'girrrte simple como parece. cuando un r-riño aprende la significa-
precedió a todo eleme,to integrante de Arejandro t:ión de la palabra "amarillo", hay en primer lugar un objeto
de iésar. por Io tanto (o, mejor dicho, una serie dc objetos) qrle es amarillo por
podemos admitir que "r pr.."..lió
y,,-.r-rn, forma atómicj rlefinición, y luego una percepción de qne otros objetos son
de proposición, aunque iearmente no podamos
mencionar semejantes de color. Así, cuanclo decimos a un niño "esto
\!t " y una y aul den u,a proposición átómica. sr."¿"
drremos que una f ornla de piopásición es amarillo", lo que (si acertamos) le comunicamos es: "esto
., ,-¡A*[, ;i;i;;; "ri
de que una proposición ,.u'd. tsta forma sc parece de color al objeto qrle es amarillo por definición".
no imprica que *V
sea De esta suerte, las proposiciones clasificadoras. o las que asig-
una estructura compuesta de proposiciones
añadiremos que no es lógicamente necesario
,u¡orai"nirr. nan predicados, parecerían ser realmente proposiciones que
propio denomine una eslructura que tenga que un nombre afirman semejanzas. Si así fuese, Ias proposiciones más
partes.
Las precedentes consideraciones c-onstituyen simples serían relacionales.
indispensable para intentar áescubrir un preriminar Sin embargo, exisie una diferencia entre las relaciones
qué constituye Ia uni_
dad esencial de una oración; porque esta que son simétricas v las que son asimétricas. IJna relación
índole que sea, es obvio q.r.'.*irt.
u,idad, sea de la es simétrica cuando si vale entr e fi e y, vale taml¡ién entre
.t, urro Jrr.i¿r, de forma y y fi; y asimétrica cuanclo vale entre fi e y pero no entre
atómica, y
-ticne que ser exanri,ado ;"=i;l; oraciones ante-s
que en cualquier y y fr. Por lo tanto, la semej anza es simétrica y también
otra.
En toda oración significante, es esenciar que haya la disemejanza, mientras que "antes", "mayof', "a \a dere-
conexión entre Io que significan sus ,rirtlrrtar urla cha de", etc., son asimétricas. También hay relaciones que
ci,diendo de aquéilas pnrabras que sirve,
prünrrr,-t;;: nunca son simétricas o asimétricas; ejemplo de ello es la
indicar Ia estruótura sintáctica. vi"inr' Ir,.r-.rte para palabra "hermano", puesto que si r es hermano d. y, y puede
qr.*'..césar
-d. murió,,
afirma la existeircia cle un miembro
-era .o*ú'r, dos clases, de ser no hermano sino hermana de r. Estas relaciones y las
Ia clase de acaecimientos que asimétricas reciben el nombre de relaciones no-simétricas.
!ésar y de Ia que son ras
muertes. Esto es sóro una á. Ias reracio,ró. Las relaciones no-simétricas son de extraordinaria impor-
[r. pr.aen enun-
ciar las oraciones; ra sintaxis incli.r, .r-, -.r'J, tancia y su existencia ha puesto en apuros a muchos famosos
la relación .uro, cuál cs
enunci Algurrts casos ,o, *á, filósofos.
"César murió',-; *:
otros, ,i¿. complejos, srpongu.no, *;;;; rntentemos poner en claro qué son exactamente los hechos
señalo un narciso y d_igo ,,esto ., ,*rrittJ;; que
en este caso lingüísticos concernientes a las relaciones no-simétricas. Las
"esto" puede ser tomado-corno -l.r-*'lr.-
de u,a parte dos oraciones "Bruto mató a César" y "César mató a Bruto"
{. Ti campo visual presente-y "amariloro.áoi" .á*o
de clase. Así interpietacla, .át, proposición un nombre constan de las mismas palabras, dispuestas, en cada caso, en
que "césar ,rurió'i es más simple una relación de secuencia temporal. Y, sin embargo, una
Jruesto qr. .tuiifica un objeto dacro; de ellas es verdadera y otra falsa. A este efecto carece de
lógicamente, es anárogi a "cstri es una
rnrlerte,,. Es necesaric¡
que sepamos colloccr tales
i-r-opr-rsiciones ante, .r. .
- .., importancia, desde lnego, el orden de colocación de las pala-
[ru bras; la lengua latina precisaba el sentido por medio de ter-
40
41
r(:11 en su conjunto, no en sus partes; es lo que yo quiero
rlccir cuando háblo de la oración como unidad.-
En este punto, si queremos evitar confusiones, importa
rccordar qué palabras son universales.'. En las dos expre-
srones oracionales "fi pteceda y" e "y precede r", los dos
símbolos "l' rto son idénticos, como no 1o son tampoco los
<los símbolos "y". Supongarnos que Sr y Sz son nombres
propios de estas dos expresiones oracionales; X, y Xz noÍr-
lrres propios de las dos expresiones de "fr"; Yr e Yz de"y",
y Pr y P, de "precede". Siendo así, Sr consta de las tres
expresiones Xr, Pr e Yr, en este mismo orden, y S, de las
tres expresiones Yz, Pz y Xz, en este orden. En cada caso
el orden es un hecho de historia, definido e inalterable por
la circunstancia de que Alejandro precedió a César. Si obser-
vamos que el orden de las palabras puede ser cambiado, y
que podemos decir "César mató Bruto", exactamente con la
misma facilidad que "Bruto mató César", podríamos pensar
que las palabras son cosas definidas susceptibles de ser dis-
puestas de distintos modo. Sería un error: las palabras son
abstracciones, y las expresiones verbales sólo pueden tener el
orden que tengan. Aunque su vida sea breve, viven y mueren,
pero no pueden resucitar. Todas las cosas tienen la dispo-
sición que tienen, y no permiten que se les dé otra.
I No deseo que se me atribuya un deseo innecesario de
alambicar, por lo que me interesa hacer resaltar que en es-
ta materia la claridad es necesaria para comprender la posi-
bilidacl. Decimos que es posible decir "Bruto mató César"
o "César mató Bruto", pero no nos damos cuenta de que
esto es precisamente análogo al hecho de que es posible que
en una ocasión un hombre esté a la izquierda de una mu-
j.r y que en otra ocasión otro hombre esté a la derecha
cle otra mujer. En efecto: sea É la clase de emisiones ver-

1 Esto no impiica que haya universales, sino que enuncia simplemente


que Ia condición de una palabra, en cuanto opuesta a sus ejemplos, es Ia
misma que la de Perro en cl:alto opuesia a los distintos perros particulares.

43

.,|
t)
L

i.
t
I

bales clrte Ia integran la palabra hablada "Brllt,,'.': n ll clas¿ clases de emisiones semejantes, o de ruídos semejantes, o
de enrisiones verbales que integran la palallra lr:rlrl;rrt;r "ma- de formas semejantes, pero sus significaciones pueden ser
t6", y y la clase de emisiones verbales qlr(: irrlt'rir':rrr l;r pa- de cualc¡uier tipo, o de un tipo ambiguo, cual Io es el pro-
lal¡ra hablada "César". Entonces, decir (lu(' ¡ro«lt'rttos <lccir pio significado de la palabra "tipo". La relación de un iím-
"Bruto mató César" o "César mató Brtrlr)", r'{¡rriv;rlr: a cle- bolo con su significación varia necesariamente según el tipo
cir, Ie, que hay acaecimientos fr, P e y, y lal«'s (lu(: -r cs un de ésta, hecho importante para la teoría del simbolismo.
miembro É, P un miembro de ^, e y ull rnit'nrlrt'o rlc y, en- Expuestas, pues, las posibles confusiones susceptibles de
contrándose x exactamente delante de P, y P c.x:rctattrente producirse al decir que la misma palabra puede presentarse
delante de 3r, y 2q, que hay acaecimientos y', I" t'1'(luc reu- en dos oraciones distintas, hemos coltrado con ello cierta
nen las condiciones necesarias indicadas anteriot-nrcntc para libertad en el manejo de esta expresión, exactamente del
ser miembros de fr,,r,y y, pero que son tales (lu('y' sl'('ncrleil- mismo modo que podemos decir "la jiraf.a puede hallarse en
tra exactanrente delante de P', y P' exactanrcrrtc «lcl:urte de Africa y en el parque zoológico" sin que ello nos inrluzca
fi. Yo sostengo que en todos los casos de lrosilrilirlad hay al error de creer que eso sea verdadero de toda jirafa en
ul1 sujeto que es una variable, definida de suerte que sa- particular.
tisface alguna condición que satisfacen tanrbión varios va- En un lenguaje como el inglésl en que el orclen de las
lores de la variable, y qlle de estos valores algurros satisfa- palabras es esencial para la significación cle las oraciones,
cen otra condición, pero no la satisfacen los demírs; decimos podenros plantear el problema de las relaciones no-simétricas
entonces que es "posible" que el sujeto satisfaga esta otra del modo siguiente: Dada una serie de palabras susceptible
conclición. Expresándolo por medio de símbolos: si "óx y de formar una oración, ocurre con frecuencia que lo es tam-
xx" y "xéx y no ¡x" son todas verdaderas para valores suce- bién de formar dos o tres oraciones más, una de las cuales
sivos cle x, entonces, clada éx, xx es posible pero no necesaria. es verdadera y las demás falsas, diferiendo estas oraciones
( Huy que distinguir entre necesidad empírica y necesidad en cuanto al orden en que estén colocaclas sus palabras. De
lógica ; pero no deseo abordar esta cuestión. ) esta suerte, Ia significación de una oración está determina-
Importa dejar sentado otro punto. Cuando decimos que da cualquier modo en algunos casos- por la seriación
las oraciones "rPy" e "yP.r" (en las que P es una relación de -de
las palabras, no por la clase de éstas. En taies casos, la
asinrétrica) son incompatibles, los símbolos "fi" e "y" son significación cle la oración no puede obtenerse por aclición
universales, puesto que, en nuestra afirmación, hay dos ejem- del signif icado de srls distintas palabras. IJna persona
plos de cada uno de ellos; pero sus nombres tienen que que conozca quién fué Bruto, quién César y 1o que es ma-
ser particulares. "El día precede la noche" y "l^ noche pre- tar, no sabe aítn quién mató a quién cuando oye la oración
cede al dia", son verdaderas las dos. Existe, pues, en tales
casos, una carencia de homogeneidad lógica entre el sím- r Hasta cierto punto, 1o propio cabe decir del castellano, aunque ello
bolo y srl significación: el símbolo es un universal mien- no rece para la mayoría de oraciones objeto de este capítnlo, ya que en
las castellanas el uso de proposiciones adecuaclas permite casi siempre
tras que la significación es particttlar. Este género de he- inferir el valo; sintáctico de las palabras por ellas precediclas, con 1o que
terogeneidad lógica es muy susceptible de inclucir a confu- su colocación dentro de la oración tiene menor importancia que en la
siones. Todos los simbolos son del mismo tipo lógico: son lengua inglesa. (N. d.el T.)

44 45

i,

rl

I
-'.;*f

y 'rnató' prececlió 'césar'", tendremos que darnos cuenta


"Bruto rnató César"' ; para saberlo, necesita t¡tltto de la rlel orden de tiernpo cle las palabras cn estas nuevas ora-
sintaxis como del ,oc"brl,tio, puesto .que l:: forma de
la
ciones. Por consiguiente, si no queremos ad.entrarnos por
oración en conjunto determina su signitlcacloll. un callejón sin salicla, deberemos tener presente ei orden de
Para no innecesariamentá nuestra cliscluisición,
,rt*gr*ot, ^tirgi,
de momento, que sólo existc cl lcnguaje ha- tiempo de los acaecimientos en los casoJ en que no enuncie-
mos que tengan tal orden de tiempo. ¿ Qué es lo que te_
blado. Sienclo ásí, todur i* palabras tiencn un orrlcn"
de
si 5" nemos presente en tal caso ?
ti.*po, y algunas enuncian tai orden. Sabemos qrTc
; "i\"rá, ño*bres de acaecimientos particularcs, entonces ., Podr-ía sugerirse la siguiente teoría: Al oír la palabra
ii'i* precede y" es una oración verclid.tr, "y prccede r" "Bruto" tenemos una experiencia análoga al sonido da ,rru
ahora es campana que se pierde gradualmente; si poco ha hemos
., ,rrr'oración-falsa. El problema que plantcamos
a lo an' oído la palabra, tenemos aírn de ella una seniación acolírtica,
;i siguiente: ¿podemos áfi,*^t al§o cquivalt:rrtc
análoga a la de un momento anterior, si bien más atenuada.
terior en términos que no se relacioñe" cót' cl lcnguaje' sino f)e esta suerte, cuando acabamos de oir la oración "Bruto
de una
.á, ,.r.cimientos ? Al parecer nos estamos ocupando
característica cle las reiaciones temporales, Y, sin embargo, T1tó César", tenemos aírn una sensación auditiva que po-
dria ser expresada así:
cuand.o intentaáo, porr.,. en claro qué sea esta característica
nos encontramos desplazados hacii la explicación de una
'oraciones sobre relaciones tempo-rales' Bruto r,rer:ó CÉSAR
característica ¿e tas
y lo que ,rri- para lrs relaciones temporales, teza igual- mientras que cuando acabamos de oir "césar mató Bruto",
mente pr* todas las demás relacio,es asimétricas' nuestra sensación podría representarse del modo siguiente:
A1 oir la oiaciór, "Bruto mató César", percib.imos el
orden de tiemfo de sus palabras; si .no fuese asi, no__po-- César n¿r:ó BRUTO
'.1r. frr¡íamás oído aquella oración- y ttg "Ci-
dríamos saber -§i
sar mató grrto;. pto.edemos ; subrayar el orden de
Estas sensaciones son diferentes, y es esa diferencia
tiempo por medio de lai oraciones "'Brutoi precedió 'mató'
sostenerlo así- lo que nos permite reconocer el orden -cabe
de
ti-eryOo. Según esta teoría, cuándo distinguimos "Bruto ma-
l para seguir mejor el pensamiento del autor,.hemos deiado la frase tó César" de "César mató Bruto", lo haóemos no entre dos
*tnot ambigüedad
sin la preposición "a'i que en castellanoitü*ii" iit,1,
de nombres.de todos. compuestos de partes exactamente semeiantes que son
cuál es el complementá directo -tratáÁtlose, desde l¡rego, sucesivas, sino entre dos todos compuestos'de prit.r de
persona,einclusodenombresclecosasymuyespecialmentedeanimales'
precisar el acusativo de objeto' N' d'el T'
-'-;; se desea -encuentran
cuando algúrn modo disemejantes que son simultáneas. eada uno
,aa., ," oraciones ambiguas, por -ejemplo: "La musa de estos conjuntos se caracteriza por sus elementos compo-
misma que amaba orfeo,,. [Esta ambigüádad propia de la traducciónen la nentes, y no requiere la menor referencia al modo en que
literal que hemo-s- ¿"¿" á. .ri, frase del autor, es casi imposible
ante el com- éstos se hallen dispuestos.
oración castelhnl, J.¡i¿"-ri empleo de la preposición "a"
plemento directo áxpresado po, ,r, nombre áe pettot r.
Así, esta oración No cabe duda cle que en esta teoría h^y un elemento
pucs no cabría
que el autor da coÁo ambig.ua, r.lo.1o sería en iastellano, de verdad. Parece claro, descle el punto de vista de la psi-
rludadeoueel*;Jt.-?f'?áñJá"--tt'í""otfto"'puesdcscrcornple- cología, que existen fenómenos susieptibles de ser clasifica-
;Hrl"tir:.á iia?tél.Ji¿o á"-iu pttposició, "a"' (N' dct T')l
46 47
D.eilÜei:,1:'
1- .
,ñ..:é--j)t.

rrrr a una oración. Ar-r, parece que la proposición que esta-


que un soniclo actttal se combirra
dos como sensacion el1 ha y (ltl(: vír l)ef-
¡rros
.investigando, tenclría que formulaise áel moclo^siguien-
".ro oi{o un molfrcnto
con i¿r" somirra á.-;;", tc : "Por Io menos una de las oraciones 'r preced ,y
hubiera más que .t.t?, 11o salrríamos i "
" á.necí-
¡rrecede ,r' es falsa, si r e r, son nombres propio.s d.
cliénclose. rr"ro-ri Suporrierrdo
que acaecimie,t;; ;;t'u9, I'"oi.;'ocurri<l'r' rnientos". Para seguir adélante con esta iueitión, .. ,*-
slr scrlrcJall-
que haya acoiúticas' ¿có"]:
,.rrrtiJ'-'Á saria una clefinición de falsedacl. por lo tanto, Ia áejaremos
respecto a sensaciorrcs
qtlc conserven
't^:]].:ccr
#';':íü.;;;;;; co11
ac:tcr:iuricutos pre- cr1 srlspenso hasta que lleguemos a la discusión reiativa
a
su primer ,rg* i Si sófo conociéramos jarrrás sa- verdad y falsedad.
sentes relacionádos*de hecho
con otros pasacttls'
áutió"' '¿{ "tt't rcsulta llien . Las partes de la oración, tal como aparecen en la gramá-
briamos nada "t"u de esta no tica. 11o tienen ul1a relación muy estrecha con la slntaxis
conocemos el pasaclo' l)cro
claro qt1e, c11 ;it* senticlo'
sino por el nrismo me- lógica. "Antes de" es una locución prepositiva y ,,pr...á.;;
por inferencia ¿t'i'"¿" del presente' tun verbo, aunqlle ambas signifiquen ld mismo. pr verbo,
dir¡ clirecto pclr cltlc tu'lott"'ot
¿ttá' Dc no ser asi' nada
'r'íJt'titnot .sencial, al _ parecer, para que hiya oración, puede faka;
cle 1o pr...,ttJ ,l"r¡'
a stlPollcr que hubo un cn muchos lengunjg., incluso en la rengua inglesa en frases
entcncler ial suoosición' tales como "more haste, less speed,,t. -Sin .áirrrgo, a, p9-
pasaclo, ni siquiéra poclriaT:: Iii"''p"tta"
volvamos a la proposlclo't'
i' y '"9 pt-tt:"d: sil¡le co-mponer yl le,guaje lógico corl rlna sintaiiÁ rág'i.,
r,,. parcce claro que esto no lo t-;btl?: emoíricamente'
proposición de lógica'' Y'
y. cuando
.haya sido construído encontrar en el lenguaje"or-
pero tampoco parece ser esto una e:i1 cue esto es una clinario ciertas sugestiones que conduzcan a é1.
sin embargo, yo no veo que podaTqt Lp parte más completa de la lógica es la teoría de las
convención iirigüística' t'
pl;;"tit19' ;? ütttat y'---pl::
éxperiencia. Decimos qI'^:]
conjunciones. cuando éstas se pr.s.r-,tan en lógica, to t *.."
de ser afirmacloJ';";;;. de ia puedé ocurrir otra experlencla
sólo entre oraciones enteras, hacienclo surgir sentencias mole-
esta experiencia ocurre, no culares, cuyos átomos estáir separados p; las conjunciones.
qtre indu¡.rr ,liii-"
"'y p'"tJJJJ :-:r[::lg'
examinar'la cuestron' na--l::It"t# Esta parte de nuestro tema ha- siclo elaboracla tan completa-
cualquier -J" ;;; 'o1á*ot ' nuestro aserto' Iente qu9 no necesitados invertir mucho tiempo en ella. Ade-
brá siempr. **' i-'ág"ia" t"-ulg"ta-parte.de
obuio decir oue tal nega- más, todos los primeros problemas cle que rro, o.rpamos, sur-
y yo estimo ;;; ;1'er.fectameitt del de- gen con respecto a oraciones de forma atórnica.
cirin nos }ra de conclucir ,1 ;;i;oparecer que sólo queremos
lenguaje.'.Cuando
E.xaminemos sólo algunas oraciones i ra, Esto es amari-
cimos ", ,,o*it;;;e9 t" ' pttede tdá",
-
puestó que si llo; za, Esto está antes de aquello;30, A da un libro a B.
,,la pr...iJ"*T""i
decir i oración'y te, En "esto es amarillo", la palabra ,,esto,, es un nom-
adoptamos cualquier-otra
i"iiptttátt:.1.L"dremos que ad-
bre-propio...Es verdad que, en otias ocasiones, otros objetos
negativos, lo cual parece
mitir or. ooál;ril;Ñ;[ir-rr..'rros
lo sea' por razones que vamos se llaman "esto",__ pero- lo mismo cabe decir de ,,Juán,, :
abstrrdo, ut'"lq*-q"i'á' no cuando decinros "4qrí está Juan", no qr.r.*os decir
qr;-;isá análogo puede
a dar ,.,á, ul'l?i¿:'?;.;'."o se piesenta, tiene que 1':l:" "r\quí hay algírn miembro de Ía crase de pórsonas llamada
conve-
de ,,si,,, ."]"Já^".rt, palabrá
previamente 1 Traducción literal 1 "tnás precipitaciones,
10s menos rapid.ezr,. Frases
1 para decidir esta cuestión,rrer"r":ff:':iir,:;rtxut"t análogas, las t.ray también en lengua tspanotá.' fñ.-'iit ?1)---
PráPios, cosa que
haremt
no*biü
49
48
posible clue Io dicho para Ia conrparación valga sólo tratán-
dose de| aprendi,zaje clc la palabr:u "amarillo,;; puede suce-
d.f gue cuando se aprenclc, scru verdaderamentá un precli-
cado 1.
2e "Esto es antes de aquello", fué examinad o ya. puesto
que la relación "antes de" es asinrótrica, no podémos consi-
derar esta proposición como si asignara predicados distintos
(po1 ejemplo, fechas) a esto y a aquello, pues estos mismos
predicados tendrán que tener una relación asimétrica co-
rrespondiente a "antes de". Rcalmente, podemos tratat
esta proposición como si quisiera decir "la fecha de esto
es anterior a la fecha de aquello", pcro "anterior,, es una
relación tan asimétrica como lo era i'antcs de". No es ná-
cil encontrar un método lógico para mancjar la asimetría
fuera de datos simétricos r.
La locución "antes de" como Ia palabra ,,amarillo,,, pue-
de derivarse por comparación. cabe partir de un caso muy
destacado de secuencia, como el de uá reloj que da las docé,
y, tomando otros casos de secuencia que no tengan otra
semejanza evidente con el reloj que da las hora-s, llegar
gradualmente a una concentración de la atención sobre-la
secuencia. Sin embargo, independientemente de lo que pue-
da ocurrir con respecto a "amarillo", pár€ce claro -qr.] en
relación con "an_tes de", esto vale sólo para el aprendiaaje
de. la palabra. La significación de palábras .oriro "antás
de" o "semejanza de color" no siernpre puede ser derivada
por comparación, puesto que esto nos llevaría a un calle-
jón sin salida. La comparación es un estímulo que lleva
1 Esta cuestión es accesoria. Et objeto es construir
un vocabulario
mínirno,y en este sentido puede lograrsé de dos *o¿os.
2 sobre esta cuestiór, jl_ Dr. N. wiener tiene un modo de distinguir
el grupo r-seguido-de-y del grupo y-seguido-de-r, que-ri.tela d i*;-ori-
bilidad técnica de construir la asimetría prescindienáo de los materiales
simétricos. Pero es difícil sostener que esto sea algo más que un expe-
diente técnico.
En un capítulo ulterior estudiaremos otro método para tratar la
asimetría.

51
respectivamente, apariciones de los mismos objetos mate-
riales, indipendientemente cle cónro se definan éstos. Hago
abstracción del hecho de cluc "(l¿rr" inrplica intención; preci-
samente por esto las conrplicacioncs son alarmantes. A
primera vista, parecería quc la ascrción mínima implicada
deberia ser algo como esto: "Ar, Ilr, Cr Son aspectos de tres
objetos materiales en un tiemlto; Ar, Br, Cz son aspectos
de los 'mismos' objetos en un 1i.,',",1r,, ligeranrente posierior;
Cr toca a Ar, pero no a Br; Cz toca a Ii: pero no a Az". No
me propongo lograr la evidencia rcqucricla para mostrar
que dos aspectos el1 tiempos clifcrcrrtcs sol'l aspectos de
"mismo" objeto; esto €s, en irltinro extremo, una cues-
tión para los físicos, pero en la prírctica y en los tribunales
de justicia se toleran métodos más burdos. Lo importante
para nosotros es que aparentemente hcmos sirlo conducidos
a una forma atómica que implica seis tórnrinos, a saber:
"la proximidad de Cr a Ar y su alejamiento comparativc
de Br es un acaecimiento ligeramente antcrior a lá proxi-
midad de Cz a Bz y su alejamiento comparativo de Az''.
Nos sentimos tentados de sacar la conclusión de que no
podemos eludir una forma atómica de este grado de com-
plejidad si queremos tener rina evidencia sensible de url
asunto tal como una persona que entrega un objeto a otr¿.
Pero acaso nos ecluivoquemos. Examinemos las propo-
siciones: Cr está cerca de Ar, Cr está lejos de B,, Ar es
simultánea a Br, Br es sir¡ultánea a Cr, Ar es ligerantente
anterior a Ar, Az es simultánea a Br, Bz es sirnultánea a
Cz, Cz está cerca de Br, C, está lejos de Az. Esta serie ile
nueve proposiciones es equivalente en lógica a una sola pro-
posición que abarque Ar, Br, Cr, Ar, Br, Cz. Por consi-
guiente, esta proposición irnica, puede ser rlna inferencia,
pero no un dato. Todavía huy una dificultad: "cerca" y
"lejos" son términos relativos; en astrononría, Venus está
cerca de la Tierra, pero no en el sentido de una persona qrle
entrega un objeto a otra. Esta dificultad, sin embargo,
puede ser ol¡viada. Cabe sustituir "Cr está cerca de A1"

53

I
atórnicas. Tales son "u11", "e1", "todo", "algiln", "\,arios",
"ningíln" t. Habria que añarlir aúrn "ro", pero esta pala-
bra es cle ínclole análoga a las conjunciones. Comencemos
con "7Jfl". Supongamos (lrrc llstccl clice (d. verdad) "yo
vi a un hombre". Es notorio cluc "u1I ho¡nbre" no es el
tipo de cosa que puede ser vistr¡; es una altstracción lógica.
Lo que Usted vió fué alguna fonua particular, ala que da-
remos el nombre propio A, y IJstcrl juzg6 "A es humano".
Las dos oraciones "yo vi a "L" y "A cs hunrano", Ie autori-
zarL a Usted a deciucir "yo vi a un honrbre", aulrque la ú1-
tir:ra oración no implica que Usiccl vicr¿t A o que A sea hu-
mano. Cuando Usted me dice rtrue lfstc«l vi«i a un hombre,
yo no puedo decir si lJsted vió A o IJ o C o cualquier otro
hombre existente. Lo conocido es la verclacl de alguna pro-
posición de la forrna:

"Yo vi fr, y fi es humano".

Esta forma no es atómica, porquc está compuesta de "yu


vi .tr" y de ".ff es humano". Puede deducirse de "yo vi A, y
A es hur¡ano" i por 1o tanto, puede ser probada por clatos
empíricos, aunque no sea el tipo c1e oración que expresa un
dato perceptual, la que una oración de esta índole tendría
que mencionar A, o B o C o un hombre determinado cual-
quiera visto por Ustecl. Por el contrario, ningún dato per-
ceptual puede desmentir 7a oración "yo vi a un hombre".
Las proposiciones que contienen "todo" o "ningún" pue-
den ser desrnentidas por datos empíricos, pero no probadas
por datos de tal íirdole, excepto en lógica y en matemática.
Podemos demostrar que "todos los números primos menos
el z son nones", porque esto es un corolario de definiciones,

1 Cotl sus correspondientes flexiones mofológicas (rnasculino-femeuino,


singular-plural) qué tienen estas palabras eri-casteilano, inclei;endieltel
nlente de sus distintas modaiidades gramaticales qrle no afectan a su
furrción lógica. (N. d,el T.)

trtr
üt)
pero no cabe probar "todos los hombres son nrortales,,, por-
que no nos es posible demostrar qlle no h:rya llr1o (llrc haya
escapaclo a nuestr¿,l percepción. f)e hecho "totlos lirs h,rá-
bres sorl mortales" es un enunciado aplic;rlrlc a tocl¿rs las
cosas, no exclusivamente a todos los hornbrcs; af ir-nra, res-
pecto del todo fi, que.r es o mortal o rlo hrurr:uro a nlenos
que hubiéramos examinado todas las cosas <lcl rrrrrrrrlo, no
podemos estar seguros de que alguna rlc l:rs r)o cxíurlinaclas
no sea humana e inmortal. Y corrro rro r':rlrt' t:x:urrinar to-
das las cosas existentes, nos cs irullosilrlc (on,o('('r cle rlr1 CAPf TUI,O II I
modo empírico las proposicior-r(-'s e.t'ncr-:r'!r's.
Ninguna proposicirl,rr (luc c:rirrtcrrr¡;t d, lrrrt.rlt: scr clcmos- ORACIONtrS DESCI1TI,,I'IVAS ]]E
ttada estrict¿rnrcnlc por cvirlcnt'i:r crrrpír-it';r. No salrcmos EXPERIENCIAS
que Walter Scott fné cl ;rul«rr <1t: ll'o,i,t'rlc_l; lo rlue sabemos
es que fué tut autor <lc Il/oz,t'rlcy. (]uc scl)írnr()s, nada im-
pide qtrc alguien hulricra r:scrito tanrlriórr ll,/uz,crlcy en el pla-
neta Marte. Para probar que waltcr scott fuó el auior, Todas las personas que aprerl<lieron a hablar, pueclen
tendríamos que examinar toclo el universo para encontrar usar oraciones que describan acaecimicrrtos. Los acaecirnien-
que-no hay nada en él que escril¡iera el Wo,uerley o que fue- tos constituyen la evidencia cle la verclad de las oraciones.
se Walter Scott. Huelga clecir que este examen eitá rnás En algunos casos, toda la cuestión es tan notoria que es
allá de nuestras fuerzas. rlifícil encontrar cn ella problema alguno, y e11 otros tarr
I-a evidencia empírica puede <lemostrar proposiciones que oscllra que se hace clifícil encontrarle ninguna solución.
contengan "1)n" o "algttn", y desmentir las que contengan Si Usted dice "está llovienclo", Usted puede conocer que
"el", "todo", o "nirgún". Ir[o puede desr¡rentir proposiciones 1o que dice es verdacl porque Usted ve la lluvia, la nota y
que contengan "1Jn" o "algírn". ni probar proposiciones que la oye; es una cosa tan fácil que dif ícilmente podría irna-
contengan "el" , "todo" o "ningítn". Para que la evidencia em- ginarse otra que Io fuera más. Pero las dificultades sur-
pírica pueda llevarnos a desechar proposiciones sobre "algún" gen cuando intentamos analizar qué ocurre cuando hacemos
o a aclmitir proposiciones sobre "todo", ello deberá ser en afirmaciones de esta índole a base de Ia experiencia inme-
virtucl de algírn principio cle inferencia ajeno a la decluc- diata. ¿ En qué sentido "conocemos" rlna experiencia indc-
ción propiamente dicha menos qlre realmente se halla- pendientemente del uso de palabras relativas a ella ? ¿ Cómo
-a
ran entre nuestras proposiciones básicas proposiciones que podemos compararla con nuestras palabras, de suerte que
contuvieran Ia palabra "todo". conozcamos que nuestras palabras estáir bien ? ¿ Qué relación
tiene que existir entre el acaecimiento y nuestÍ:as palabras
para que éstas estén bien? ¿Córrro col1ocer, en un caso deter-
minado, si existe o no esta relación? ¿Acaso es posible
conocer que nuestras palabras estén bien sin tener el rnenor

56 57
conocimiento no-verbal del acaecimiento a que se aplican ? Cuando se le hizo a [Istcrl Ia pregunta, el incidente había
comencemos estudiando el último punto. puad,e ocurrir lrasado ya, y Usterl contcsttl valióndose de la memoria. ¿Es
que en ciertas ocasiones profiramos ciertas palabras y ten- posible recordar 1o que nllncír sc conoció ? Ello depende del
gamos la impresión cle que están bien a pesar cle qt . no significado de la palabra "couoccr".
tengamos conocimiento independiente alguno cle las causas La palabra "conocer" cs sunranrente arnbigua. En las
de nuestras expresiones. Pienso que esto ocurre algunas más acepciones cle la palalrr;r, "corocer" 1ln acaecimiento
veces. posible que lJsted, por ejemplo, haya hccho gran- es un fenómeno distinto clcl acaccimiento conociclo; pero
-Es
des_esfue:?os para ser agradable al Sr. A y qrle cle repente hay un sentido de "conocer" en cl r1uc, cuarrclo se tiene ex-
exclame Usted "Odio al Sr. A" y se clé cue,rfa clc que- esto periencia, flo h^y diferenci:r cnlrc ósta y el conocer que
es verdad. La misma índole cle cosa ocurre, --nlJ figuro I-Isted la tiene. Porque, si l¿u cxpcricncia cs una cosa y el
yo-, cuando uno es someticlo al psicoarrírlisis. Pero estos conocerla otra, la suposición dc cluc sicmpre conocemos una
casos son exccpcionales. En {encral, ctranclo hechos sen- experiencia que está ocurrien<lo, iruplir:a una multiplicaciórr
sibles presentcs se hallarr dc algrin nroclo er-r jueno, hoy alqún infinita de cada acaecimiento. Yo sicnto calor; esto es un
sentido en qrle poclerlos conocerlos sin usar palabras. Po- acaecimiento. Yo conozco que siento calor; esto es un se-
demos notar que tenemos calor o frio, o que truena o re- gundo acaecimiento. Yo conozco quc conozco que siento
lampaguea, y si pasamos a enunciar en palabras lo notado, calor; es un tercer acaecimiento. Y así sucesivamente, hasta
nos limitamos a registrar lo qlle ya conocíamos. No pretendo el infinito, lo cual es un al¡surdo. Por lo tanto, tenemos
que exista siempre esta fase preverbal, a menos que por que decir o bien que mi experiencia presente no puede tlis-
"conocer" 11na experiencia entendamos simplemente que tene- tinguirse de mi conocimiento de ella mientras ella está pre-
m9s Ia experiencia; sin embargo, sostengo que tal- conoci- sente, o gu€, por lo_regular-, no conocerros nuestras g*pe-
miento preverbal es muy comírn. De toáos modos, es ne- riencias presentes. En conjunto prefier,c usar la palabra
cesario clistiuguir entre experiencias que notamos y otras "conocer" en un sentido que implique que el conocer es
que nos ocrlrren pura y simplemente esta clistin- diferente de lo conocido y aceptar la consecuencia de que,
ción lo sea sólo cle grado. Aclaremos -aunqlle
esto con algunos por lo regular, no conocemos nuestras experiencias pre-
ejemplos. sentes.
Suponga Usted que sale a pasear un dia hírmedo y Tendremos que decir, por 1o tanto, que una cosa es ver
que ve un charco y 1o sortea. No es fácil que Usted se un charco y otra conocer que yo veo u.r charco. "Conocer"
diga : "Hay un charco; será mejor no pasar por é1". Pe- puede ser definiclo como "actuar de un rnodo apropiado";
ro si alguierr le dice "¿por qué se echó Usted de repente a este es el sentido en que decimos que un perro conoce su
un lado ?", Ifsted contestará "porque no quería pasar por nombre, o que una paloma mensajera conoce el camino que
el charco". LIsted conoce, de un modo retrospeótivo, qu. conduce a su casa. En este sentido, mi conocimiento del
tuvo una percepción visual que determinó en IJsted la reac- charco consiste en sortearlcl. Sin embargo, esto es vago,
ción apropiada, y, en el caso supuesto, expresa Usted en tanto porque puede haber otras cosas que me hayan he-
palabras este conocirniento. Pero ¿qué habría conocido IJs- cho sortearlo como porclue "apropiado" sólo puede ser de-
ted, y en qué senticlo, si su atención no hubiese sido llamada finido en función cle mis deseos. Puede que hubiese tenido
sohre es:a crlestión por Ia persona que Ie interrogó? el cleseo cle moja"rme ilensnirrlo qtre por tener la vida asegu-

58 5S
ü.-

a grado. Lo que se necesita puecle ser llamado "atención";


rada en una prima muy elevada, me convenía morir de pul- ósta es, en parte, una aÍl'u(lizlcitin de los órganos sensoriales
monía; en tal caso, el hecho de haber sortcado el charco apropiadot y, en parte, una reaccirin enrociorral. Es casi segu-
.constituiria una evidencia de que yo no lo hal¡ía visto. A ro que un fuerte ruido repcntino llanre nuestra atención, pero
rnayor abundamiento, si excluímos el deseo, la reacción lo mismo puede decirse de un sc.rni«l«r muy apagado qrre tenga
apropiada a ciertos estímulos será mostrada por instrumen- significación emocional.
tos científicos, y nadíe irá a decir que el termórnetro "co- Toda proposición empírica cstír lrasa«l:r cn ulro o nrás acae-
noce" que hace frío. cimientos sensibles que fueron not:r<krs :tl llro«lucirse, o inme-
¿ Qué hay que hacer con Llna experiencia para que poda-
diatamente después, con la corrrlici,irr rlt: r¡rrr: sigtrieran for-
mos conocerla ? Pueden hacerse varias cosas. Cabe que mando parte del presente aparclrtc. l)c r:stos acaecimientos,
usemos palabras que la describan, QU€ la recordemos en diremos que son "conocidos" cuíul<lo sorr notaclos. La pala-
palabras o ell imágenes o simplemente que la "notemos". bra "conocer" tiene varios sigrrific;r«los, <lc los cuales éste es
Pero "nc)tar" es una cuestión de grado, y muy difícil de sólo uno, aunque resulta fundamcnt:rl a los cfcctos de nues-
definir; parece que consiste esencialmente en aislar del arn- tra investigación.
biente sensible. Por ejemplo, cuando oímos una pieza de Este sentido de "conocer" no inrplica p:rlabras. Nuestro
concierto podemos notar deliberadamente sólo la parte del problema siguiente es: cuando notarrros lrn' acaecimiento
violoncelo. El resto lo oímos, como se dijo, "inconsciente- ¿cómo podemos formular una oraciórr (llrc (err un sentido
i mente" esta es una palabra a Ia que en vano inten- diferente) "conocemos" que es verdadcra cu virtud del acae-
taríamos-pero
I
I atribuirle algún significado definido. En un sen- cimiento ?
i,

tido cabe decir que "conocemos" una experiencia presente Si noto, por ejemplo, que tengo calor ¿ crrírl es Ia relación
si nos provoca alguna emoción, por vaga que sea ésta: que del acaecimiento que yo noto con las palabras "yo tengo ca-
nos agrade o nos disguste, que nos interese o fastidie, que lor" ? Podemos hacer caso omiso de "yo", que provoca pro-
nos sorprenda o que sea precisamente 1o que estábamos es- blemas que no interesan al caso, y suponer que digo simple-
perando. mente "h^y calurosidad". (Digo "calurosidad" y no "calor",
porque necesito una palabra expresiva de lo que puede ser
I{"y un senticlo importante en que podernos conocer cual-
quier cosa que se halle en nuestro campo sensible presente. sentido, no del concepto físico. ) Pero esta frase sería des-
Si alguien 11os dice "¿r. Usted amarillo?" o "¿oy. Usted mañada, y seguiré diciendo "tengo calor", con la reserva for-
un ruido ?", podremos contestar con perfecta seguridad aun- mulada acerca de su significación.
que antes de ser interrogados no hubiésemos notado lo ama- Veamos claramente cuál es el problema que tenemos pre-
rillo o el ruido. Y a menudo podemos estar seguros de que sente. La cuestión que nos ocupa no es ya "¿ cómo puedo
ésto se hallaba ya alli antes de que se nos llamara la aten- conocer que tengo calor ?" Esta era una cuestión previa que
ción sobre ello. dejamos resuelta de un modo poco satisfactorio-
Parece, por Io tanto, que el conocimiento más inmediato -aunque
diciendo simplemente que porque Io noto. Nuestra cuestión
de que tenemos experiencia, implica presencia sensible rzds no versa sobre el conocimiento cle que tengo calor, sino sobre
algo más, pero que cualquier definición muy exacta del más el conocimiento ya conozco esto- de qne las pa-
que necesitamos, puede inducirnos a error por su mucha -cuando
labras "tengo calor" expresan lo que noté y son verdaderas
exactituci, puesto que el asunto es esencialmente vago y sujeto
6t
60
J;

ell virtud de 1o que noté. I.as palabras "exprcs;ul" y ,,verda* tiene cierta concxiórr r:«rn l¿r palabra, independieute de la de
deras" aquí ernpleadas, no son propias del nrcrc notar, sino traerla a la meute, pucsto ([rrc cotrparte esta conexión con
que introducen algo completamente nuevo. I-os acaccimieir- muchas otras cosas. T,a ¿rsor:i:rr:ión es una parte esencial de la
tos pueden ser notados o no, pero pata scr notados es necesa- conexión entre tener calor y l:t 1l:rla]rra "calor", pero no ago-
r1o que ocurran; por 1o tanto, mientras sc tr;rte clel mero ta toda esta conexión.
notar, no entran en juego la verdad o la falsr:rlad. No quiero La relación entre una expcricrtci:r y una palabra difiere cle
decir con ello que sólo entren en juego cuanrlr¡ sc vierten eÍr aquellas otras asociaciones conro l:ts rltrc acabamos de men-
palabras, pqoué un recuerdo que Lor'rrirt, crr ir,ír.qcnes puede cionar, en primer lugar por cl lrcc:ho <lc c¡ue ttno cle los ele-
ser falso. Pero cle momento poclemos ignorrr csto, y -en el mentos asociados no es una palalrt'a. T.a asociación entre
caso de un enunciado que implic¡uc la cxprcsión cle Io que "calor" y "ftio" o entre "calor" y "t't:ttrrlor", es verbal. Este
notamos, la vercfad o Ja falsedacl sólo hacen su aparición a es un punto importante, pero yo picnsr) que hay otro, suge-
partir clel momento cn qrlc cn-rplcamos palabras. rido por la palahra "significar". Siqrrificar es clesignar, y
Cuando tengo calor, cs probahle qtre Ia palabra "calor" se en el uso cle las palabras existe gcncralnrcnte una intención,
presente a mi mente. Esto poclría parecer la raz6n de que que es más o menos social. Cuan<lo rlir,o "tengo calor" doy
yo diga "tengo calor". Pero en tal caso ¿qué ocurre cuando ttna información, y esto es lo que solor()s l)rol)oncrl.ros. Cuan-
digo (con verdad) "no tengo calor" ? En este caso Ia pala- do clamos información, 'flonelxos a nncstros oyentes en con-
bra "calor" vino a mi mente a pesar de que mi situación no diciones para que actúen con refererrcia a un hecho del cual
es de las que srlponemos indicadas para tener tal efecto. A no tienen conciencia directamente; esto vale tanto como
mi entencler, podemos decir que el estímulo para una propo- decir que los sonidos que ellos o.ven les estimulan a Llna ac-
sición que contenga "no" es siempre en parte verbal; alguien ción por su parte, apropiada a Llna experiencia que nosotros
dice "¿tiene lJstecl calor?" y IJsted contesta "flo". De esta tenemos y ellos no. En el caso de "teugo calor", este aspecto
suerte, las proposiciones negativas surgirían siempre que fué- no es muy notable, a menos que yo esté cle visita y las pala-
semos estimulados por una palabra y no por Io que de ordi- bras mías deciclan al clueño de la casa a abrir la rrentana a
nario estimula la palabra. Usted oye la palabra "calor" y a7 pesar de que é1 esté tiritanclo; pero en un caso como "mira
no sentir calor dice "no" o "no tengo calor". En este caso a fuera, hay un carro que viene", el efecto dinámico sobre
Ia palabra es estimulada, en parte, por la palabra (o por algu- el oyente es lo que se persigue.
na otra palabra) y, €n parte, por la experiencia, pero no por llna frase que exprese r1n hecho sensible presente, es, por
Ia experiencia significada por la palabra. 1o tanto, en algírn sentido, un puente entre el pasado y el
Los posibles estímulos para el uso de una palabra son mu- futuro. (Me refiero a oraciones tales como las que emplea-
chos y variados. Poclemos usar la palabra "calor" porque mos en la vida cotidiana, no a las que se inventan los filóso-
estemos escribiendo una poesía y el verso anterior terminara fos.) El hecho sensible tiene cierto efecto sobre A, que se da
con una rima en "or". La palabra "calor" puede ser llevada cuenta de ello; A desea qtre B actíte de un moclo qtte resulte
a nuestra mente por la palabra "frio", o por la palabra "ecua- apropiado en virtud cle este hecho; por consiguieirte A emite
dor", o, como ocurría en el caso anteriormente estucliado, palabras que "expresan" el hecho ]¡ que 1o espera él--
por la investigación de ?lgll!-a experiencia muy simple. La determinarán que R actíre «le cierto modo. -asíIJna frase que
experiencia particular significada por la palabra "calor", exprese verdaderamente un hecho sensible presente, capacita

6: 6i
¿Paede uno lencr frrcgo en Ia marx¡
Porque piensa en cl Cáucaso hetrarlo?

Pero la asociación verbal inlunncclia cs csellcial, y no voy


a incurrir yo en el error de su¡lr',ncr que "Cáucaso" signifi-
que "fuego". Entonces, podcrrros «lccir: Si cierta situación
sugiere cierta palabra sin ningúrr intcrnrccliario verbal, la pa-
labra significa aqueilas situacioncs, o ;rlgo que ellas tengan
de comítn. Y en tal caso, el oír la 1r:rl;rlrra sugerirá alguna
situación de la índole en cuestitin. ( uarrclo empleo Ia pala-
bra "sugerir" una situación, sigrrifico :rlgo no muy definido,
que puecle ser una imagen, una accitjrr o una acción incipiente.
Diremos que una oración clifierc <lc rlna palabra porque
tiene una intención, que puede ser rlrcr:urcnte la cle comu-
nicar una información. Pero es «le las significaciones de las
paiabras que dimana su porler de realiztr una intención.
Porque cuando una persona enuncia una oración, está en los
significados de las palabras que su poder influya en los actos
de los oyentes, que es lo que se propone el locutor.
Las oraciones que describen experiencias tienen que con-
tener palabras que tengan con los sentidos cierto género de
relación directa como el inherente a palabras tales como
"calor". Entre estas palabras se encuentran los nombres de
colores y de formas familiares y simples, alto, duro, blando,
etcétera. Conveniencias de indole práctica determinan prin-
cipalmente qué cualid¿rdes sensibles tendrán nombres. En
cualquier caso dado, un número cle palabras es aplicable a lo
qu: experimentamo-q. Supongamos que vemos un círculo
rojo en un cuadrado azuL Decimos entonces "rojo dentro
de azul" o "círculo dentro de cuaclraclo". Cada una de ellas
es una expresión verbal inmecliata de un aspecto de lo que
estamos viendo, y cacla una de ellas se cornprueba totalmente
con Io que vemos. Si nos interesan los colores, veremos lo
uno; si la geometría, lo otro. Las palabras que usamos no
agotan jamás todo lo que podemos decir sobre una experien-

65
cia sensible. Lo que decimos es más abstracto quc lo que que poclemt;s oír ttn sr¡lrirlo lotll o arivcrtir ei cle los clistintos
vemos. Y la experiencia que justifica nucstra ascrcitin es instrumentos y los clistii¡rr¡s clt'nurrtos conlilonerrtes que ha-
sólo una fracción de 1o que experimentamos cfr ar¡ttcl rlomen- cen el efecto total. Es s;,.,1. r.u r:1 rtriliiro cas(i que yo hablaria
to, salvo en casos de concentración insólita. I'or Io rcgt1laf, de complejidad del dato ;rurlitivr. I-a conri-,Iéjidád que me
nos damos cuenta de \¡arias formas, ruidos y scllsaciones iuteresa en este caso, es medi<lÍr lx)r lrr fornur Iógica clel juicio
corporales, además de las que justifican nuestra afirmación. de percepción: el más simplc cs ur.r;r l)r'ol)r ¡sicirin de sujeto-
Muchas aserciones basadas en la experiencia inrnediata, predicado, por ejemplo: "esto t's calicntc"; cl siguicnte es,
son mucho más complejas que "tengo calor". Así Io ilustra por ejemplo: "esto está a I¿ iz«¡rrir.r'rla rlc ar1uc1lo" ; luego,
el ejemplo anteriormente mencionado de "círculo dentro de por ejemplo: "esto está entre :rr¡rrt'llo y lo otro", etc. Los
cuaáradb" o "rojo dentro de azul" o "círculo rojo dentro compositores y los pintores prolxrlrlcrrrcnte irían más lejos en
de cuadr ado azul" . Estas cosas pueden ser afirmadas Como materia de capacidacl para este tipo dc conrplcjidad.
expresiótr directa de lo que vemos. De un modo análogo El punto importante es que talcs prolrosiciones, por com-
poá.*ot decir "esto es más caliente qüe aquello" o "esto es plejas que puerfan llegar a ser, continriarr lr:rsírnclose directa-
-ar alto que aquello", como resultado de una observación mente en la experiencia, de r1r-l nrorlo lrn vcrrlaclero y tan
directa; y-"esto es antes de aquello", si ambos se hallan den- completo como "yo estoy calirntc". Es cst;r una cuestión
tro de ,n pt.s.nte especioso. Además: si A es una mancha totalmente distinta de la Gestah, clc la r¡uc se r)crll)A la Psico-
circular de azul, B una mancha circular de verde, y C una logía de la Gestalt t. Tomernos, l)or- c"icnr.¡r1., la pcrce¡¡cii-,n
mancha circular de amarillo, todo ello dentro de un campo del ro de trébol. Toda persona fanriliarizlr'la c.rr los naipes,
visual, podemos decir, expresando lo que vemos: "A es más ve enseguida que es el ro de tróhol, ), Io ve por 11na percep-
parecidó a B que a C". Qr. yo sepa, no lay límite teórico ción de Gestalt, no de un nrorlo analítico. Pero ¡urcde vér
á l, .o*plejidácl de Io que puecle ser percibido. Cuando alu- también q11e consta de cliez dibujos nesros análosos sobre
do a la iomplejidacl dc lo que puede ser percibido, la frase fondo blanco. Esto sería un procligio; cn cambio, resultaría
resulta ambigua. Por ejemplo, podemos observar un campo fácil si se tratara del z o del 3. Si mirando el z de trébol,
visual, prirnelo en su conjunto, y luego en distintos trechos, digo "esta superficie consta de clos dibujos negros semejan-
como séría natural mirando un cuadro con mala luz. Des- tes sobre fondo blanco", Io que ¡ro digo no es meramente un
cubrimos gradualmente que contiene cuatro hombres, una análisis <Ie un clato visual, sino, en sí rnismo, expresión de
mujer, un niño, ttn buey y ün asno, y también un establo. un dato visual; 1o que equivale a clecir que es una proposi-
En-cierto sentido vimos todas estas cosas ya desde ttn prin- ción que puedo collocer valiéndome de los ojos, sin nécesidad
cipio ; al f inal podemos decir con certe za que el cuadro tiene cle inferencia alguna. Es verdarl c¡ue Ia pronosición puede
estas partes. Pero puede no haber ningírn momento en que ser inferida de "esto es un clihujo negro sobre un fondo blan-
aprehénclamos analíticamente, por la vía de la percepción -sen- c9", "así es aquello" y "esto es sernejante a aeuello", pero
-
sórial, todas estas partes y sus relaciones. Cuando aluclo a cle hecho no es necesario que sea inferida cle este modo.
la complejidad del dato, quiero decir más de lo que ocurre Existe, sin embargo, rrna clistinción irnportante entre las
en tal Crto, Significo que estamos notando varias cosas rela- proposiciones que no puederl ser inferidas y las que prdiendo
cionadas entre ií como varias Y como relacionadas entre sí.
La diferencia es tnuy notoria en el caso de la mírsica, en el L Gestalt, palabra alernana que significa ,,forma,,. (N. det T.)

66 €rT
.:i:r

serlo no 1o son. A veces es difícil clistinguir a crrlul rlc e¡ias mente de "P" y "q", ¡lo«lr:rnos prescindir de "r/' como pre-
dos clases pertenece urla proposición. Tonrcnros dc nuevo el misa en teoría del corror:inriurto. Err el ejemplo anterior,
z de trébol, )¡ la proposicirln "esto es similar :t aciuello", apli- vemos "aquellos son negros Ir¡s rlos"; sin enrbargo, podemos
cada a las clos hojas. Podenros dar un rronrbrc a la forma y ver "esto es negro" y "ar¡ucllo t's nt'g¡1¡" c inferir "estos son
llamarla "forma de trébol". De esta sucrtc, poclemos decir negros los clos". Pero esta crrt'slir'»r no cs tan simple como
"esto es de forma de trébol" y "aquello cs de fornra cle tré- parece. I-a lógica se ocupa, n«¡ tlc cx¡rrt'si,,ncs vcrbalcs u ora-
bol"; también "esto es rlcgro" y "ar¡lrcllo es ncgro". Pode- cionales, sino de proposicioncs (), l)()r lo nrcrros, dc oraciones.
mos inferir "esto y aqucllo sol1 scnrcj;rntcs cle color y forma". Desde el punto de vista de l:r lr'r¡'i.r,, «'rr;rrrrlo collocenlos ias
Pero, en cierto serrticlo, csto es urra inferencia de la selne- dos proposiciones "esto es ncÍlr()" .y ";rr¡rrcllo cs negro" r la
janza de las dos cxpresiones verhales "de forma de trébol" palabra "negro" se presenta (:n;urrl,;rs. I'cro cI1 cuanto
y cle las clos expresiones l'erbales "negro". Así, una propo- hecho psicológico empirico, crr:rrr<l«r crrrurt'i;uuos las clos ora-
sición cle la forma "esto es semejante a aquello", si no es ciones se dan emisiones verbalcs (lu(' sorr t'.it'rrrpl«rs clifcrentes
propiarnente expresión cle un dato sensible, tiene que deri- de la palabra "negro", y p¿rr:r irrl't'r'ir- "('slr¡ y ar¡ucllo son
varse, al parecer, de premisas, una de las cuales, por 1o me- negros" necesitamos otra llrctrris;t <'rrr¡riri,';r: "lA Jlrimera
nos, sea de Ia misma forma. Supongamos, por ejenr¡rlo, que emisión 'negro' y la scgttnrla cnlisi,',n 'nt'r1r'r)' son, ambas,
estamos haciendo experimento-q en que es importante regis- ejemplo de Ia palabra 'negro ". ['t'r'o ('n (':r(l;t citsro srilo pttedc
trar el color. Observamos negro y pronunciamos la palabra emitir un ejemplo de la p:rlallra, rro l;r ¡r;rl;rl)r':r" nri:inra, que
"negro" a ntrestro dictáfono. Al día siguiente volvemos a permanece inmóvil en un ciclo lrlllr'rrrico.
hacer exactamente lo mismo. Entonces, la tercera yez, hare- La iógica y toda la corrce¡lcitirr rlc l:rs ¡r:rl;rlrr:rs y oraciones
mos que el dictáfono nos repita las dos expresiones "negro", como opuestas a emisiones vcrlxrlt's y ,,r'irt'ir)n:rlcs, resulta,
que observanlos que son semejantes. De ahí inferimos que de esta suerte, un platorricisrrro irrsrrllt r-:rlrlc. (.u¿rnclo cligo
eran semejantes también los colores que vimos er1 los dos "esto es negro" y "a{¡uello cs ncgrt)", ;¡ttitt'o rlccir lo mismo
diferentes días. En este caso, no es esencial el dictáfono. Si de ambos, y no lo logro; p;rrír lt,gr;rrlo, ncccsito clecir "esto
vemos dos rnanchas negras en rápida succsión, y clecimos, en y aquello son negros", y cutr-¡nccs <liuo algo distinto de las
carla caso, "esto es negro", podemos, inmecliatamente cles- dos cosas que habia dicho ¡rrcvianrr:rrtc clc esto y de aquello.
pués, recordar nuestras palabras y no tener memoria visrral f)e esta suerte, resulta una iltrsitin I;r índole de generaliclad
cle las manchas; en tal caso, inferimos cle la semejanza de que parece implicarse en cl uso r:cllctido cle la palabra "ne-
Ias dos expresiones "iregro" Ia de las manchas. Por lo tanto, gro"; lo qtre realmente tcrrcnlos cs rllra sernejanza. Percibir
cl lenguaje no permitiría pasar de la semejanza a la la semejanza de clos ernisioncs rlr: l;r palabra "negro", es la
identidacl. misma índole cle cosa rlue pcrcilrir la scrnejanza de dos man-
En tales casos, no tiene solución definida err psicología la. chas negras. Pero cle hccho, cuanclo usamos el lenguaje, no
cuestión relatir¡a a 1o que es inferencia y a 1o que no lc es. es necesario percibir la scnrcjanza. Una mancha negra de-
Es nattiral que en teoría clel conocimiento intentemos redu- tertnina una emisión vcrbal "rlcgro", y otra mancha otra
cir al míninro nuestra-q prernisas errrpíricas. Si hay tres pro- emisión; las manchas solr scrllcj:rrrtes, y también lo son sus
posicione, "P", "q", "/', que afirman todas ellas sobre la efectos verbales y los e fcctos de las dos expresiones verba-
base de la experiencia, y sí "F' puede ser inferida lógica- les. Estas semejanzas pueclcn ser observadas, pero no nece-
/
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68 69
f,
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i,

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tt
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sitan,serlo; lo írnico qrle se necesita es que existan de hecho. un modo análogo, un objeto negro puede decidirnos a decir
La inrportancia de esta cuestión se relaciona con la lógica y "esto es negro" como resultaCo de un mero mecanismo, sin
la teoría de ios universal€s, y revela cuán courplicados son los que procedamos a comprol¡ar cl significado de nuestras pala-
supuestos psicológicos previos de la doctrina, que la lógica bras. En efecto, lo que se dicc tle esta suerte maquinalmente,
considera segura, cle que la misma palabra puede presentarse es quizás más idóneo para rcsultar verdadero que lo que se
en distintas ocasiolles, en distintas frases oracionalcs e inclu- dice poniendo atención; por(ltlc, para quien conoce el caste-
so en distintas oraciones. Así, de no proceder con cuicládo, llano, existe una conexión c¡rus¡tl cntre un objeto negro y la
podríamos ser inducidos a error con la misma facilidad con palabra "negro", conexión quc no existe entre el mismo
que inferiríamos que un okapi puecle estar a un tiempo en objeto y el nombre de otro color. Esto es 1o que da una tan
Londres y en Nueva York funciánclonrrs en qrle "un okapi elevada probabilidad de verdacl a las oraciones provocadas
está actualmente en Londres" y "un okapi está actualmente por la presencia de los objetos a quc se refieren.
en Nueva York", pueden ser verdaderas ias dos. Cuando Llstedes ven un objeto negro y dicen "esto es
Regresanclo de esta excttrsión por los dominios de la 1ó- negro", de ordinario no advierterl que dicen estas palabras:
Sica, examinemos, además, qué ocurre cuando pasamos de Ustedes saben que el objeto €s ncsro, pero lo que lJstedes
una percepción de Gestalt a una percepción analítica, es de- ignoran es que lo digan. Empleo en este caso el verbo "saber"
cir, de "huy el z de trébol", percibiendo la forma total como en el sentir de "notar" anteriormcnte cxplicado. Usted
unidad, a "hay dos formas negras semejantes sobre fondo puede darse cuenta de que está hablrurclo, pcro 1o hará sólo
blanco", en la que vemos Ias partes de la forma y sus rela- en el caso de que por alguna raz6n Ic intcrcse su elocución
ciones mutuas. La familiaridad cofl un tipo de material sen- tanto como el objeto sobre que vers¿r cjcmplo, si Usted
sible, afecta tales juicios analíticos. IJstecles advierten que está aprendiendo un lenguaje o haciendo-porprírcticas de decla-
un juego de naipes contiene 13 tréboles y cuatro rloses, y mación. Si, como nosotros, estuvicra Ustecl estudiando la
están acostumbrados a la doble clasificación de los naipes. reiación del lenguaje con otros hechos, notaría una conexión
Esto, sin embargo, tiene dos consecuencias. Les permite a entre sus palabras y el objeto negro, tal como podría exprc-
Ustedes reconocer el ro por su contorno, mientras que una sar por medio de la oración: "Digo 'esto es negro' porque es
persona que no esté familiarizada con los naipes, tenclría que negro". Este "porque" requiere un examen llu_y detenirlo.
contar hasta diez
-.no para v€r que el
contorno es diferente Como estudié esta cuestión en "The l-iruits of Empiricism"
del de un 9 o un 8, sino para darle su nombre. (Proceedings of the Aristotelian Society. 1935"'ry36), ffie
Es fácil exagerar lo uecesario, por ejemplo, para contar. limitaré ahora a resumir 1o pertinente clel cstuclio en cues-
Si Usted tiene que contar un montén de nueces y posee el tión.
hábito motor r1e decir "una, dos, tres, . . ." en el orden co- Nos ocupamos en este sector de las relaciones de tres pro-
rrecto, puede ir echando las nueces a un saco, ul1a a una, posiciones:
diciendo un tritmero cacla vez, y al final las habrá contado "FIay lrna nlancha negra", d la que damos el signo "lr";
Usted sin necesidad de meinoria ni de aprender los nitmeros "Vet¡ que 'hay una mancha negra"', que transcribiremos
rnás que como una sarta cle sonidos que se presentan en cierto Por "Q",
orden de r:esirhas ciel irábito. Esto ilusti'a cuántas palabras "Digo 'hay una mancira negra' porque hry ulra mancha
parece conocer nrás que conoce, Ia persorla que los usa. De negra", a la que alucliremos con el sigtto "r",
70 71
t

CAPfTL ,0 LV
I
I

1
t
EL LENGUAJE l)L, E)l),JIirO
I
I

En su importante obra "Der Wahreitslregriff in den


formalisierten Sprachen", ha mostrarto f'arsl<i c1uc, aplicadas
a las oraciones de un lenguaje claclo, las palallras "vcrclatlero"
!
y "falso", requieren siempre otro lenguaje de orclen supe-
rior para su definición adecuada. La cottcepci«5n cic urra je-
rarquia de lenguajes forma parte de la teoría de tipr-,s, que
de algún modo es necesañapara la soluciirn de las paratlrrjas;
t
juega un papel muy importante tanto en la obra de Carnap
como en la de Tarski. En mi próiogo al "Tractatus" cle
Wittgenstein, sugerí como posibiliclad de eluclir esta teoria
:
,t
que la sintaxis sólo puede ser "mostrada", pero no expresada
en palabras. Los argumentos en pro de la neccsiclacl clc una
jerarquía de lenguajes son de una fuerza irrebatible, por Io
que en lo sucesivo daré por supuesta su validez r.
1 Estos argumentos se derivan cie las pa:arlojas; su aplicabiliclad a
las palabras "verdaclero" y "falso" se dcriva dc la paradoja dei mentiroso.
La inferencia de la paradoja tlel n:ctiliroso es, er1 líneas generales, la
siguiente: Un hombre dice "yo miento", es decir, "iray una oración qtle
yo enuncio y que es fal::a". Si 1o desealnos, cocletnos precisar már; ia
cuestión suponiendo que este hr-,rnbre, ."ieirdo las 5'30, ciice "entre las
5'29 y las 5'3i hice uira afirnracióu falsa" y que du; ante el resto de ios

75

,
,
La jerarquía tiene que extenderse indefinidamente hacia nrario; c¡r clcto, aplicatl:rs a oraciones clel lenguaj e rf
arriba, pero no hacia abajo, puesto que, si así fuese, el len- estas palabras pertenecen al lcnguaje (n * l)0. Esto no sig-
guaje no podría comenzar nunca. Por consiguicnte, tiene nifica clue las oraciones clel lcnguaje primario no sean ver-
rlue liaÍ:er nir ienguaie clei tipo más ínfimo. I).,I'inii-r,: irn len-
daderas ni falsas, sino qne, si "p" es una oración de este
B-uaje de este tipo, aunque no el único posible en srl catego- lenguaje, las dos oraciones "y'.r verrlaclcra" y "p e, falsa"
rí¡r 1. IJnas veces le llamaré "lenguajé cle objeto", otia;, pertenecen al lenguaje secunclario. Esto c's notoriamente evi-
"lenguaje primario". En este capítulo-me prol)ó,-,go clefinirl dente, inclnso sin tener en cuenta el argunrento cle Tarski.
y describir este lenguaje básico. Llamaré .secu,clários, ter- Porque, si hay un lenguaje primario, sns palal)ras no pueden
ciarios, etc., los lenguajes que siguen en la jerarquía; se ser tales que presupongan la cxistcrrcia <1«: un lenguaje. Pues
entenderá que cacia lenguaje contiene todos sus predece- bien, como "verdadero" y "falso" s«rn palabras aplicables a
sores.
oraciones, ello presupone la existencia clcl lenguaje. (No
El lenguaje primario, como vcrcmos, prrede ser clefinido quiero decir con ello que no pueda scr "ver(l;rdero" o "falso"
tanto lógica como psicológicamcntc, pero antes cle intentar t1n rectlerdo cor-lsistente én imágcnes, 'n() cr.r patrabras; pero
definiciones formales, bucno serír hacár una exploración pre- esto sería sólo en un sentido rle algúrr nrodo «listinto, que
liminar informal. no tietre por qrle interesarncs ahora.) E,rr cl lcrrrrraje prinra-
Es claro, a base del argumento cle Tarski, que las palabras rir:, por 1o tanto, aunque podarnos hacer ¿lsert:ioncs, no pode-
"verdadero" y "falso" no p,ecle, darse .t-, él le,guaje pri- nlos decir que sean verclacleras ni falsas nuestras propias
aserciones o las de los demás.
dos minutos en cuestión nada clijo. Supongarnos que "A(S)', significa
"afirmo S entre 5'29 y 5'31", oración en que "S" es una variabie que Cttando cligo que hacemos aserciones en el lenguaje pri-
podemos sustituir por varios nontbrcs de oraciones (no por oraciones). rnario, tengo que poner en guardia contra una posible falsa
Supongamos que "C" es el nombre de la oración "hay una oración 'S, tal interpretaciln, ya que la palabra "aserción" es ambigua.
como A(S), y S es falsa". Si C es verdadera, entonces hay una oración Se la emplea a veces como la antítesis cle la negaciírn, y en
S tal como A(S), y S es falsa. Y como C es la única oración enunciada, este senticlo rro puecle presentarse en el ler-rguaje primario.
esta oración S tiene que ser C, y, por 1o tanto, C tiene que ser faisa.
Pero si C es falsa, toda oración S tai como A(S) es verdadera; ei-go, La negación presupone una forma de palabras y procecle a
C es verdadera. enunciar que esta forma cle palabras es falsa. La palabra
La contradicción procede de suponer que c cs la oración S en cues- "no" sólo tiene significación unida a una oración, y, por
tión. Pero si hay una jerarquía de significaciones de la palabra "falso", consigtriente, presupone el lenguaje. De ahi qlle si "p" es
correspondiente a una jerarquía de proposiciones, tendremos que sustituir
C por algo más clefinido, a saber: "hay una oración S de orden n, tal una oración del lenguaje primario , "n r-!r" es una oración
como A(S), y S tiene false«Íad rlei orden r¿". En este caso n, puede ser clel lenguaje secundario. Es fácil incurrir erl confusiones,
un entero cualquiera; pero sea cual sea éste, C será del orden n * | y puesto Qüe, sin alteración verbal, '¡p" puede expresar una
no cabrá ciue tenga verdad o falsedad del orden r¿. como yo no hagL oración posible solamente en el lengrraje secundario. Supon-
aserción alguna del orden ri, S es falsa, y como C no es un valor posible gamos, por eiemplo, que IJstecl haya tomado por inadver-
de s, queda en jaque ei a.,rgumento de que c sea también verdadera. El
hombre que clice "cligo uua mentira cle orderr n" dice, sí, una mentira, tencia sal en vez de azitcar, y exclame "esto no es azitcar" .
pero de orden n, { 1. Han sirJo sugerirlos otros modos cle eluclir- la para- Esta frase es negativa, y pertenece al lengr:aje secundario.
cloja, pero no resultan satisfactcrics. Lo propio puede clecirse en otros términos, segírn dónde se
't Mi jerarquía de lenguajes no es idérrtica a la de carnap o Tarski. cargue el acento: "esto es azúcar". Desde el punto de vista
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,t
psicológico, contestan¡os afirmativamente la cuestirin "¿cs como que "es" no Jrertcre«'c al lenguaje primario, "existen-
azitcar esto?" En reatidad. clecimos clel moclo nrí:i ll:rno cfue cia" y "ser", si algo harr «lc sia-,ificar, iiene que ser con-
nos es pcsible : "La oración 'esto es azúcar' cs vcr(larlera". ceptos lingüísticos no aplic:rblcs dircctarnente a oirj"tos.
Por 1o tanto, io qtte Ustecl quiere decir es al¡,,o qllc no puede FIay otra clase de palabras rrruy inrportante que por Io me-
ser <licho en ei lenguaje primario, aunque la nrisnr¡t forrna de nos de momento debe ser excluícla, a sabcr lá de palabras
palabras pueclan exCIresar una oración clcl lcrrgrrajc prima- tales como t'creer", ttdesear", "dtl{lar", todas Ias cuales,
rio. La aserción arrtitética a una negación pcrtcttccc al len- cuando aparecen en una'oracirin, ticngr qrle ir seguidas de
guaje secundario: la que pertenece al lcngrrajc ¡rriruario, no otra oración, subordinada, q11c cxprcse lo creíco, deseado o
tiene antítesis. cludado. Sernejantes palabras, erl lo quc yo he podiclo descu-
Exactamente la misma índole cle corrsiclcracioncs que he- lrirr_ son siempre psicológicaé, e ir,.,piicai to qü. yo califico
-limitaré
mos hecho con respecto a "no", pueclen haccrsc t:ttn respecto de "actitudes proposicionales". r)c rnonrento me a
a "o" y "pero" y a las conjunciotles en gcncr:tl. Las con- indicar que difieren de palabras tales como "o" en un res-
junciones, como su nombre indica, uncn otras palabras, y pecto- mü-y importante, a saber: qrle son nccesarias para la
nacla significarr aislaclas; por 1o tanto, pr('sllponen Ia exis- descripción de fenómenos observablcs. Si yo quiero ver el
tencia cle un lenguaje. I.o nrisnríL rcr.a l)ara "toclo" y "algitn" ; periódico, este es un hecho que yo pueclo obscrvar fácilmente,
Usted sólo puede tcncrl«r todcl dt: algo, y algo o alguno de I, .it embargo,, "quiero" es una palabra qrrc ha cle ir segui-
da de una oración subordinada si qnercnros qrle cle ella restrl-
alguna cosa, por 1o crl:rl,:r f:rlt:t «1,.: otras palabras, nada sig-
nifican "todo" y "¡¡lgi11¡". ]il nristuo argumento vale para te algo-con significación. Tales palabras suscitan problemas,
"e1". y quizás sean susceptibles de ser analiz,adas en for*a que
De esta sucrte las palabras lógicas, sin excepción, faltan permita habilitarlas para figurar en el lenguaje primaiio.
en el lerrruaic primatio. De hecho, todas ellas presuponen Pero como esto no es posibl e pri,m,a f acie, de momento su-
formas proposicionales: "11o" y__la: conjunciones pr_esupo- pondré que deben ser excluídas. Más adelante dedicaré un
nen proposicioncs, mientras que "todo", *algiln" y "el" pre- capítulo al examen de esta cuestión.
suponen funciones proposicionales. Aho¡a poclemos clefinir el lenguaje primario o de objeto,
El lenguaje ordinario contiene ttn número de palabras pu- goTd. lenguaje que consta cle "palabras de objeto,, 1, siéndo
ramente sintácticas, tales como "es" y ttqra", que huelga definido lógicamente el conceptó "palabras de- objeto" en el
decir deben ser excluídas ciel lenguaje primario. Tales pala- sentido de palabras que tienen un ienticlo aisladai, y, psico-
bras, a diferencia de las que hemos examinado hasta ahora, lógicamente, como palabras que han sido aprendidas sin que
son de hecho al¡solutamente innecesarias, y no aparecen en fuera necesario aprender previamente otrai palabras cuales-
los lenguajes lógicos simbólicos. En vez de "A es anterior a quiera. Estas dos definiciones no son estriciamente equiva-
8", rlecimos "A prececle B"; en \ez de "A es amarillo", lentes, y siernpre qrle haya conflicto entre ellas, cleberá darse
un lenguaje ló.gico diria "amarillo (A)"; en vez de "huy preferencia a la definición lógica. Llegarían a ser equiva-
villanos que ríen", rlecimos: Es falso que todos los valores lentes si se nos permitiera suponer una extensión indefinicla
de "x no ríe o .r no es villano", sean falsos. "Existencia" cle nuestras facultades perceptivas. No podemos reconocer
y "ser", tal como se presentan en la metafísica tradicional,
son formas iripostatizadas de ciertas significaciones de "es". . 1 Tiene que haber sintaxis en é1, aunque no deba ser expresada por
el uso r1e palabras sintácticas, tales como .rés,r.

78 79
un kiliágono a base sólo de mirarlo, aunque prirlenr()s corlce- ut1 perro su nonr'ltrc. ]t,:;t,.: ¡r:octriiilliiru-r, rüÍt:iiste eu llatriar-
l:ir seres cal)aces cie tal prodigio. Por otra lxrr'lc, es cl.ar¿L- le, recompensándole cu:,rr,l,r 1,i,'¡rc y clsLigírrrclole si no viene.
mente imposible que el conocirniento que del lcrrguaje tenga Podemos irnaginar qlrc, i)irr;r r'l 1rt:rrr), sirl nombre significa:
un ser cualquiera comience por la palabra "o", aunque la "O voy a ser recollrpeirsrrtlc¡ si ,rc Írccrco a mi dueño, o
significación de esta palabra no sea aprenclida a base de defi- seré castigaclo si no 1o lur.r1o". (.rríl rlc cstas clos alternati-
nición formal. Por lo tanto, además de una clasc cle palabras vas tenga mayores probabilitlatlt's, 1,, rcvclu cl movimiento
de objeto reales, hay otra de palabras de objeto posibles. En de la cola. En este caso, Ia;tsrci;rt'i,irr 1o cs cle placer-dolor,
efecto, para varios f ines, la clase de palabras cle objeto y, por_lo tanto, los imperativos srr¡ It) (llrc los pérros entien-
reales y posibles es más irnportante que la clase de palabr:as den más fácilmente. Pero cl 1rt:r'r,r ¡ruc«lc cnterlder una ora-
de objeto reales. ción en indicativo, siempre qlrc srl (:rntt:niclo sea de impor-
Cuanrlo de aclultos aprerrdemos el significado «le una pala- tancia emocional suficientc; lx)r' c.it rrr¡r1,, la oración
bra nueva, solemos hacerlo a base clel cliccionario, es clecir, comida!", que significa y así cs t'rrlt,rrrlirl:r: "vas a reciLir
''ilu
por medio de una clefinición en términos de palabras cuyo pronto el alimento que descAs". (}r;urrlo «ligo que esto es
significaclo nos era ya conocido. Y como el diccionario defi- comprendido, quiero decir quc c:n:rrr«lr¡ t'l l)crro oye la pala-
ne las palabras por rnedio cle otras palabras, tiene que haber bra se comporta de tur tu0ri,) ftiil\ I rli, i,.,,,-.', ,,,',io la ñaría
palabras cuya significación conozcamos sin definición verbal. si tuviéramos en la mano uu lrkLto rlc t:,rr¡ri,l;r. I)ccimos que
IJn núrmero reclucido cle estas palalrras no pertenece al len- e-l perro "conoce" la palai;ra, l)cr'() l, (lu. rcnrlríanros qo"
guaje primario; entre elias, las palzrt)ras "o" y "no". Pero decir es que la palabra provocÍr lrr,r r'orrrlur.t¿r scrrrcjanta r l,
Ia inmensa mayoría cle estas palabras pertenecen al lenguaje que provocaria ]a visirirr u olf¿rto <lc un;r t'orui<l¿r (luc el perro
primario, y nos importa examinar ahora el proceso que se rio tiene a stl aic¿utcc.
sigtre para aprender 1o qrle significan estas palabras. Las El significaclo de urla P:rlabra dc objcto sólo puede ser
palabras del diccionario pueclen ser ignoradas, puesto que en aprendido oy_éndola pronurrciar rcpctidas veces en-presencia
teoría son superfh:as; en efecto, dondequiera que se pre- clei objeto. La asociación entre palabra y objeto ei exacta-
senten, pueden ser sustituídas por sus definiciones. rnente la misma que la de las demás asociaciones habituales,
En el aprendizaje cle una palabra de objeto, ha,v clue exa- verbigracia, la de entre la vista y el tacto. Cuando la asocia-
minar cuatro cosas: el entender la palabra oída en presencia ción ha sido establecida, el objeto sugiere la palabr a y la pa-
del objeto, el entenclerla en ausencia del objeto, el proferir labra sugiere el objeto, exactanrente ig'ual que un objóto viito
la palahra en presencia del objeto y el proferirla en ausencia sugiere sensaciones de tacto, y un objeto tocado en la oscu-
de é1. Hablando grosso moclo, este es el orden en que un niño ridad sensaciones visuales. La asociáción y el hábito no se
adquiere estas cuatro capacidades. hallan especialmente conectados con el lenguaje, sino que son
Entender una ¡raiabra oída puede ser definiclo conductísti- características de la psicología y fisiclogía en g.rr..rl. El
camente o en términos cie psicología indiviriual. Cuanclo de- modo
.en _gy.e -deban ser interpretadas, es-, desde-luego, una
cimos q1le un perro entiende una palabra, todo 1o que nos es cuestión difícil y susceptil;le c1e controversias, pero no es
Iícito significar es que el perro se comporta de un moclo apro- una cuestión que afecte cle un modo especial a lá teoría del
piado cuanclo Ia oye; no poclemos conocer 1o qrre "piensa". lenguaje.
Examinemos, por ejemplo, el procedimientc cie rnseñar a En cuanto se ha estal;lecido una asociación entre una pa-
E'0 B1
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labra de objeto y 1o que ésta significa, la palabra cs "enten- sólo algunas palalrras son aprcndiclas cle esta forma. Na-
dida" en ausencia del objeto, es decir que "sueicre" el objeto die aprende la paiabra "dilacii»r" por oirla pronunciar fre-
exactamente en el mismo sentido en que la vista y el tacto cuentemente aplicada a pcrson¿rs qrle se retr'asen en algo.
sugieren otros objetos. Por asociación directa con Io que la palabra significa, aprán-
Supongamos que tlsted esté con un llombre qtle de re- demos no sólo nombres propiirs clc las personas que cono-
pente clice "zorro", porque ve un zoÍÍo, y suporlgamos que cemos, sino también noml¡rcs genéricos, como "hómbre,, y
a pesar de oirle Usted no ve el zorro. ¿Qué le ocurre real- "perro", nombres de cualiclaclcs scnsibles, tales como ,,ami-
mente a Usted de resultas de haber cntcndido la palabra rillo", "duro", t'clulce" y nonrbrcs cle acciones, tales como
"zorro" ? Usted mira a su alrededor, pero esto 1o habria "andaf", "correr", t'comer", ttl)cbei:", y también palabras
hecho Usted igualmente si su compañero huhiese dicho "lo- tales como "arriba" y "abajo", "dentro" y "flJeta", "antes"
bo" o "zebra". Acaso Ustecl tcnga una imagen del zorro, y "después", e incluso "a prisa" y "despacio". Pero no
pero lo que descle cl punto rlc vista dcl observador revela aprendemos de este modo palabras compl.icadas como "do-
que Ustecl ha entendido la palabra cs quc (dentro de ciertos I decaedro" o palabras lógicas tales corl-ro "no", "o", "e1",
Iímites) Usted se conduce como habría hecho Usted si hu- ,] "todo", "algún". Las palabras lógicas, corno vimos, presu-
:
biese visto el zorco. En general, cuanclo oírnos una palabra ponen un lenguaje; de hecho, presuporrcn Io que en un capí-
;
l;

de objeto que entendemos, nuestra conducta es, hasta cierto tulo anterior calificábamos cle "fornras atómicas". Taies
punto, Ia misma que la prcsencia del propio objeto habría pro- palabras pertenecen a una fase cle lcngrrajc c¡uc ha dejado de
vocado. Esto puede ocurrir sin necesidad cle ningún inter- ser primitiva, y tienen que ser cscrullulosarricnte excluídas
I
mediario "mental", por las reglas normales de los reflejos del examen de los modos de hablar míts íntimamente rela-
condicionados, puesto que la palabra ha sido asociada al cionados con acaecimientos no-lingüísticos.
objeto. Por la maítana, IJsted puede oir "el desayuno está . - ¿ Qué género de sirnplicidad hace que el entender una pa-
pronto" o sentir el olor del tocino. Tanto 1o uno como lo labra constituya un ejemplo de entender un lenguaje de obje-
'ti
otro tendrán el mismo efecto sobre los actos de Usted. La to? Porque debe observarse que una oración puede ser enun-
asociación entre el olfato y el tocino es "natt7ral", €S decir ciada _en el lenguaje de objeto y extendida in un lenguaje
que no resulta de ninguna conducta humana. En cambio, la de-orden superior, y viceversa. Si usted excita a un perro ai-
asociación entre Ia palabra "desayuno" y el desayuno, es una ciéndole "ratas" cuando no hay animales de éstos, su élocución
convención social que vale sólo para las personas que entien- pertenece a un lenguaje de orden superior, puesto que no es
dan el castellano. Esto, sin embargo, sólo es notorio cuando causada por las ratas; pero el perro la entiende como si
concebimos la comunidad como un conjunto. Todo niño perteneciera al lenguaje de objeto. IJna palabra oída perte-
aprende el lenguaje de sus paclres del mismo modo que nece al lenguaje de objeto cuando determina una reácción
aprende a andar. Ciertas asociaciones entre palabras y cosas apropiada a lo que_significa la palabra. Si alguien dice, .,oisa,
se producen en el niño por experiencia diaria, y tienen tanto 9igr, -la alondra" tlsted puede escuchar o decir "a las puerias
el aspecto de leyes naturales como 1o tienen las propiedades del cielo canta"; en el primer caso, Io que Usted h1 oído
de los huevos o de los fósforos; en realidad, permanecen pertenece al lenguaje cle objeto, pero no en el segundo. Siem-
siempre en el mismo nivel mientras el niño no es trasladado pre que usted clude de 1o que le dicen o le rechace, su oír no
a un país extranjero. pertenece al lenguaje de objeto; porque en tal caso, usted se

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queda r¡.ri.irtrro iir::rri¡l<i llr l;i:; i:;r1;,LLri':;.t;, nlie!ltras quc cli el len- rlue haber palabras <ie objeto, pues de otra suerte las defini-
guaje de ol;jeto éstas sorr ii¿rii¡ip..iluiitcs, cs dccir, (lLlc sus efec- ciones de diccionario nacl¿¿ po<lrían expresar.
tos sobre la cc¡nducta cle Llsted clependen únicarncnte de lo que Examinemos ahora cuírnto, en materia de lenguaje, puede
significan y hasta cierto putrto son idénticas a los efectos ser hecho por las solas palabras de objeto. A este efecto,
que resultaría.n cle la presencia scnsible de 1o que <lesignan. supondré que la persona examinacia ha tenido todas las opor-
El aprender a hablar ofrece cios elementos: orimero, Ia tunidades posibles ilara aclquirir palabras cle objeto: vió el
clestreza muscuiar, y segundo, etr hábito clc usar una palabra Monte Everest y el Popocatepetl, la anaconda y el axolotl,
en ocasiones apiopiaclas. Podernos careccr de la habilidad sabe de Chiang Kai-shek y cle Stalin, cató nidos de pájaros
muscular, susceptible cle ser adquiricla por los loros. Los ni- y aletas de tiburón y en conjunto tiene 1111a amplia experiencia
ños emiten espontáneamente r;ruchos sonidos articulados y se del mundo sensible. Sín ernbargo, estu',¿o clemasiarlo atareada
sienten impulsaclos a imitar también los sonidos hechos por mirando el mundo y no le quedó tiempc para adquirir el uso
los adultos. CuanCo hacen u¡r sonirlo que los aclultos conside- de paiabras tales como "ro", "a", "a1¡¡i1n", etc. Si Usted
ran aprcpiactro al amJriente, les satisface el resrritaclo. Así le pregunta " ¿hay algrin país que Usted no haya visitaclo ?"
por el juego tisual cle placer-dolor ernpleaclo para el amaes- no sabrá qrlé quiere Usted clecir. La cuestión es: ¿qué cono-
tramiento de ¿rnimales, a-prenden los niños, con cl tiempo, a ,r,rá y qrré no conocerá esta persona ?
emitir ruiclcs apropiados a los objetos que estírn presentes de lPodemos decir: "Conocerá toclo lo que puccl:r scr conocirlcr
uu modo sensible, y luego, casi inrnediatamente, a usar los por Ia observación sola, y nacla ql1e necesite infcrerrcia" ? Nto-
mismos ruidos cuando clescan ios objetos. En cuanto esto ha difiquemos prirne-i'o nuestra l)reg11r-r1a'*¿ pirlamos uo qrré puede
ocurrido, poseen nn lenguaje cle objeto: los objetos les sugie- conocer, sino cué puede exprcs:u' lror rn,:rlio rlc palabras.
ren sus noi]-lbres, estos noml¡res les sugieren los objetos y Para comellzar: Si es capaz r1c porrcr en i:ala!;ras todo hecho
pueclen ser suseridos no sólo por la presencia de los objetos, observable, deberá tener t;urtas palabras corno hechos; ahora
sino taml;ién por el pensar en ellos. bien, como las palabras so11 eilas niismas algunos hechos, e1
Fasenros ahora clel aprerrclizaje de nn lenguaje de objeto nítmero cle sus palabras tiene que ser infinito. Esto es impo-
a stls características Ltna yez aprendiclo. sible; por consiqttiente, hay hechos que deia inexpresados.
Como hemos visto, poclemoi dividir las palabras en tres El caso es análogo a Ia hctelia de Royce en que habia una eti-
clases: ra, Palabras cle objeto, crlyo significarlo aprendemos queta con un clibujo cie Ia botella, en el que, desde luego, estaba
aclquiriendo directamente una asociación entre la palabra y dibujada también la etiqueta.
la cosa ; za, palabras proposicionales, que no pertenecen a\ Pero aunque esta persona haya teniclo que dejar algunos
lenguaje cle objeto, y 3e, palalrras cle diccionario, cuyo signi- hechos observables, no hay ninguno del que podamos decir
ficado aprendemos por definición verbal. La distinción entre "tuvo qrre clejar éste". Se encuentra en la misma situación
Ios grupos ro y 3a varía considerablemente de una persona a que una persona que colocar tres trajes en un baúl-
otra. Para la mayoría de la gente "pentagr"¿rna" es una pala- -quiere-
armario en que no caberr más que dos: tiene qrle dejar uno
bra de diccionario, pero poclría ser una palabra de objeto para fuera, pero no hay ninguno quc tenga qrle dejar fuera.
un niño criaclo en tlna casa que estuviese decorada con penta. f)e esta suerte, supongalros que nnestro apurado amigo
gramas. "Esvástica" solía ser una palabra de diccionario, vea a un homb¡:e llamaclo Tornás. Dirá sin dificultad: "yo
pero dejó cle serlo. Importa observar, sin embargo, QUe tiene veo a Tomás". Como este observación €s, a sL1 yez, un
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i

I truirla. De esta suerte


hecho observable, dirá: "yo digo que veo a Tomás". Esto poclcnros hacer toda clase de a§erciones
es también un hecho observable, y nttestro amigo dirá: "yo A, sirr nccesidad de formular real-
sobre las aserciones clel Sr.
digo que digo que veo a Tomás". No hay un punto determi- mente sus aserciones. Poclríarnos decir: "El Sr. A nunca
nado en el que tenga que interrumpir la serie, y en un punto hace una afirmación cuyo níuncro sca clivisible por r3", o
u otro tendrá que interrumpirla. En tal punto hay un hecho "todas las aserciones del Sr. A. ticncn nírmeros que son
observable que no expresará en palabras . Pltrecc, por lo tan- nírmeros primos".
to, que es imposibie que un rnortal dé exprcsiótr verbal a todo Pero quedan aún dificultadcs, conro las «lc la índole que han
heclro observabl", y, sin embargo, parccc tarrrllién que todo subrayado los finitistas. Estarr-ros ;rcoslunrlrraclos a pensar las
hecho observable es tal que un mortal prrcrlc clar expresión series completas de números natrrrales c()r-no crr algítn senticlo
verbal de é1. Esto no es una contradicci,',n. "dAdo", y hemos utilizado esta i«lca l)ara <lclir¡itar con mayor
Por 1o tanto, tenemos que exanrin:tr drts totalcs diferen- precisión la teoría de los asertos posiblcs. Pcro ¿qué decir
tes: primero, el total cle los enunci;rdos rcal<'s clel hombre, cle los nítmeros que nadie haya nrclrt:ir.rn:rrlo nunca o que ni
y segundo, el total clc los cnunci:r«los posiblcrs cntre los cuales siquiera hayan sido pensados ? ¡ rlrró cs 1ln níuncro sino algo
deben ser elegidos los crrttnr:ir¡clos rc¿ilcs. ])cro ¿qué es un que se presenta en un aserto? Y, sicrrrlo así, urr nítmero que
enunciado "posi'blc" ? Los cnunci¿tdos son acaecimientos fí- jamás haya siclo mencionaclo implic:r rrn posilrlr: rtserto, ![ue,
ricos, cual tcrnpestaclcs <le 1,1'rtcrros o accirlcntes ferroviarios. sin un círculo vicioso, no puecle scr rlcfinirlo por merlio de
Por lo menos un trovelista o poeta podrá clescribir una tem- tal nírmero.
pestad cle truenos que nunca tuvo lugar. Pero es difícil des- No podemos seguir examinanclo csta crrcstirin, porque nos
cribir un entlnciaclo sin formularlo. En la descripción de dis- ¿iclentraría clemasiado en el estuclio del lcrrgrrajc lógico. Vea-
cursos políticos, puecle leerse: "lo que Don F'ulano y Zutano mos, si haciendo caso omiso cle estos extrcmos lriaicos, pode-
no dijo, fué que . . ." , y entonces viene un enunciado; esto mos acotar con mayor precisión las posil,riliclarlcs rle urr len-
equivale a decir que para Cecir que no se hizo un enunciado, guaje que contenga sólo palabras de objeto.
tenemos que hacerlo, saivo en los raros ejemplos cle enunciados Entre las palabras de objeto se incluyen, como vinros., cier-
que tienen nombre, como eI Juramento de la Coronación. to número de verbos, como "correr", "comer", "gritar" e
Sin embargo, hay modos cle obviar esta dificultacl. El me- incluso algunas preposiciones tales colxo "en" y "sobre" y
jor de ellos es el ideado por Gódel. Supongamos un lenguaje "ante". Toclo 1o que resulta esencial pera urra pahbra de ob-
completamente f.ormalizado, con un vocabulario y una sinta- jeto, es alguna semejanza entre una serie cle fcnórnenos, 1o
xis enteramente explícitos. Asignemos nílmeros a las pala- suficientemente patente para perrnitir q1le se establezca tjna
bras clel vocabulario, y cle ahí, por rnerlio cle reglas aritméti- asociación entre ejemplos cle la serie y ejemplos de las pala-
cas, a todas las oraciones posibles de este lenguaje. Si, como trrras empleaclas para designarla, siquienrlo como métoclo para
hemos supuesto, el vocabttlario inicial es finito, mientras que cstablecer esta asociación el de oír frecrrortemente, clurante
no hay límite paÍa el nítmero de oraciones ( salvo el de que algírn tiempo, la palabra cuando se ve un miembro de la serie.
tienen que ser finitas), el número cle oraciones posibles será Huelga decir que 1o que ptreda enseñársenos cle este moclo,
el mismo que el nitmero de enteros finitos. Por consiguiente, clepencle de la capacidacl e interés psicológicos. La semejanza
si z es cualquier entero finito, hay una oración definida que entre cliferentes ejemplos de comicla es apropiada para irnpre-
es Ia ettésima, y, dado m, nuestras reglas nos permitirán cons- sionar a ur1 niño, porque conler es interesante; pero para
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86 ot
,l
aprender pcr este rlrótodo ei significa.do de la palabra "clocle- do lo que había en l¿r rir;urtcr¡uillcra y decidido elt cada caso
cágono" se neccs¡itaria qrle 1111 iriño tuviera Llna precocidad de "no lray queso". IJstct'[r':r 1¡t tlrt'ídir.1'011, pero no Io z,íerott,; Us-
interés geomátrico superior a la de Pascal y una capacidad tedes vieron 1o que cr¿r t';rrl:t ('()sÍ1, tro lo qile I1o era. Para
sobrehuntana l)íLra percibir Gcstalt. Pero tales dotes no son cleciclir "esto no es qucso', nt'i','::if;tlratl tctrcr lJstedes ya en
posibles lógicamente . Y ¿ qué diremos de "o" ? No podemos stt mente la palabra "qtlcso" t, ;tltfttrr:r <'rlttiv¡tletrtc. L{ay una
enseírar a uri niiro ejemplos de esta palabra en el mundo oposición entre 1o clttr: IJstctlt's \'('lr v l;rs rtsociltciones de la
rs¡sible. Poclen:os clecir "¿quieres pudding o torta?", pero palabra "queso", por It-' ctt;tl tlt't'i<lt'll l lslt'<lt's "lto hay qtleso".
si el niño responcle que sí, no podremos encontrar un manjar f)esde luego, lo propio pur:rlc t,«'rrrrit' ('()rr rtri jrri,:io afirlnativt.¡
que sea "puclirrr-o*torta". Y, sin embargo, "o" tiene relaciól que conteste a ulla cuestirin 1r¡-t'r,i;nrrt'nlt' {onrrttlar.la; eutou-
con la experiencia; se relaciona coll la experiencia de elegir. ces dicen lJstecles "sí, csto ('.§ (ltl('so". llrl 1¿t1 caso lJsteclcs
Ahora bien, cuanrlo tenetnos c¡re elegir, tenemos ante nosotros quieren decir propiantetltc "lrt :tst't'r'i,itt 't'sto {'s (ltlesc' es ver-
dos posibles caminos de acción. Estos pensamientos pueden dadera", y cuanclo dicen t]stcrlcs "t':ilo ll() ('s rltleso" qttieren
no implicar oraciones explícitas, pero no introcluciremos cam- decir "la aserciótt 'esto es c¡ttt'srt' t's [:tls:t". lilr alrrllos casos,
hio alguno ell 1o rlue es csencial si suponemos que son explí- hablan Ustedes cle una ascrt'i,itt (lll('lro lr:rt't'tt ('tt t1n juicio
citas. Así, "o", como elemento de experiencia, presupone cle percepción directo. Por lo lírrrlo, l:r 1r'r:rr)lrír (111c sólo eu-
oraciones. o algo nrental referido de rtn modo semejante a tienda palabras de objeto, porlt'i <lt't'irl,,; lr,rJo lr) (111c hay en
algírn otro hecho. Cuanclo decimos "esto o aquello", flo deci- la mantequillera, pero no csttu'í ('n corrrlir.iolrls (lc irrfcrir c¡ue
mos algo dircc[o¡nentc aplical;le a 1111 objeto, sino que enun- no hay queso. A rnayor eltrlrrl;nrrit'nl(), r)() t('r)1lri ttn cottcepto
ciamos una relación entre decir o pellsar "esto" y deci,r o de verdad o fa-lsedacl; potlri rlt't'ir "r'slo ('s ttt;ttrtcc1uilla",
pensar "aquello". Nuestro aserto €s, primariamente, sobre pero no "es rrerclacl- que csto ('s nt;rtrlcr¡ttill;r".
aserciones o estaclos clel locutor. La misnra ínclole clc collsi«l<'r;tt'ioll(:s ptlt'tlctr llecerse con
Eraminemos r1e un moclo análogo, proposiciones negativas respecto a "toclo" y "aluútt". Stt¡lorttt,ttttlo:i rl11e nuestro tro-
que parecen lcner trna relación innrediata con la experiencia. fil,¡sófico observador \rrye ír rlnit 1rc<¡ttcíi:t aldca del pais cle
Supongamos qfle lcs cliccn a lIstecles "cn Ia mantequillera hay Gales, en la que todos los lrorrlx'cs sc llnt,rcn Williams. f)escu-
mantequilla, per:o no {¡r1,JSo". Atrnque an-rbas oraciones parcz- brirá que A se llama Willi¡urts, r¡rrc I1 s'.: Il:rtla Williams, etc.
can igrralmente l;:Lsaclas cn Ia c-x¡rcriencia sensible de la man- De hecho puede haber clcsculricr'{o cslo rtrc totlos los alcleanos,
tequillera, Ias clos aserciones "ha1, mantequilla" y "no huy pero no puede conoccr c¡ttc Io lr;r-,,'ír ltcclrtt. Para conocerlo,
qneso" se halian en realiclacl en un plano muy clistinto. Había
necesitaría haber conocido tltrc ",A, Pr, C,... sou todos los
un acaecimiento clefinido que era ver mantequilla: este acae-
aldeanos". Pero esto sería c')nl() c()li(rccr qrle no hay queso
cimiento puclo haber puesto en la imaginación de IJstedes la
palabra "mantecluilla" incluso si lJstecles no hubiesen pensa<lo en la rnantequellera; irrrlllir:;rr'í:r corlocer cltte "no hay nadie
erl la manteqtriiia. Pero no hubo ningírn acaecimiento que en esta aldea qtle lro sca A, o 1,,, o (1, o. . . " Y es eviclente
pucliera ser de,qcrinl.o conro "no vef qlteso" o como "ver la qtte esto no pttecle ser conoc,rlo pot' la luera percepción.
ausencia ck: ques.^"'. TJst':des tuvieron que haber mirado to-
r1t:e ampliaremc)s 1o qttc aL-¿:ilriiurLr:i de <li:cir, polriendo en guardia al propio
1 Esta cuestióir s:rá estudiada de nuevo en el capítuh ultcrior, en el licmpo a1 lrcir¡r c.,rlr'¿L¡r ,:.1 1rrii1,.i., tirr iit'.ti'pi:etarlc de un modo harto literal.

c)Q
(l( Bil
!
r
l

,i

I
El caso dq "algún" es fir€ros evidente 1. En el caso recién
i verdaderas o falsas. Esta distinción no existe en el lenguaje
examinado ¿no sabrá nuestro arnigo que "alguna persona de
I de objeto. Toda palabra aislada de este lenguaje es suscepti-
esta aldea se llama williams" ? Yo creo ,1ue ,o. Eito es aná-
logo a pudding-o-torta. Desde el punto de vista de la percep- ble de ir sola y cuando así ocurre significa que es aplicable
clon, ninguna de ellas es "alguna persona,,, sino que són al dato presente de la percepción. En este lenguaje, cuando
decimos "perro", es falsa nuestra aserción si 1o que miramos
las personas que son. sólo poi vía de rodeo, gracias al len-
es un lobo. En la elocución ordinaria, eue no conoce la cla-
guaje, podemos entender la expresión ,'algur,, pJ.rora,,. Siem-
pre que hagamos una aserción de alguno de una colección, sificación en lenguajes de diferentes tipos, es imposible cono-
cer, en presencia de la mera palabra "perro", si es usada como
existen posibilidades alternativas en nuestras mentes: en cada
palabra del lenguaje de objeto o de un modo lingüístico, como
caso particular la aserción puede ser verdadera o falsa, y af.ir-
ntalxos que ésta es verdadera en ciertos casos pero acaso no cuando decimos "esto no es un perro". Huelga decir que
en todos. No es posible expresar alternativas ii, introducir cuando Ia palabra "perro" puede ser usada para negar la
presencia de un perro 1o mismo que para afirmarla, la palabra
verdad y. falsedad, y verdad y falseclacl, como hemos visto,
aislada pierde todo su poder asertivo. Pero en el lenguaje de
son términos lingüísticos. IJn puro lenguaje de objeto, por
ende, no puede. contener la pal,abra "algún', como tampóco
objeto, en que se basan todos los demás, toda palabra aislada
es una aserción.
puede contener la palabra "todo"
Recapitulemos ahora toda la cuestión clel lenguaje de ob-
Hemos visto que, a cliferencia de los lenguajes de órdenes
jeto.
superiores, el lenguaie de objeto no contienelas palabras "ver-
daclero" v "falso" en el sentido que sea. La lase siguiente IJna polabra de objeto es una clase de ruidos o emisiones
- -sólo de. voz semejantes que por hábito se han iclo asocianclo a úna
del lenguaje es aquella en que no podemos hablai en el clase de fenómenos semejantes entre sí frecuentemente expe-
lenguaje de objeto, sino que podemos además hablar de é1.
rimentados al propio tiempo que uno de los ruidos o emisio-
En este segundo-.tipo cle len§uaje, podemos definir lo que nes en cuestión. Esto equivale a decir que si Ar, Az, As. . . es
queremos decir afirmanclo, de una oración del primer tipo de
trna serie de fenémenos semejantes, y a7, a2, as. . . una serie
lenguaje, .q-ge es verclaclera. r.o significado es qu. la oración
de ruidos o emisiones de voz semejantes, cuando Ar ocrlrre,
debe. significar algo que puede ser notado en un clato de per-
oímos el ruido ar ! cuando ocurre Az, el ruido ap, y así suce-
cepción. Si vemos un perro y decimos "perro',, hacemor Lm
sivamente. Cuando esto ha ocurrido gran nírmero de veces,
aserción verdaclera. Si vemos un perro en un canil y decimos
"perro en canil", hacemos una áserción verdaderá. No se
y notamos un acaecimiento An, que es análogo a Ar, Ar,
Ae. . ., y, por asociación, nos hace emitir o imaginar un rui-
necesitan verbos para tales oraciones, QUe pueden constar de
do an, análogo a at, az, as. . . Si, pues, A es una clase de
nna sola palabra. fenómenos semejantes entre sí, de la cual son miembros Ar,
LTna de las cosas que mayores dificultades parece haber
Az. As. . ., An, y o es una clase de sonidos o emisiones seme-
ofrecido en materia de lenguaje es que en Ia elocución orclirra- jantes entre sí, de la cual son miembros ar, az, aB,. . . ofr,
ria son las oraciones, y no las palairras aisladas, las que son podemos decir que o es una palabra que es el nombre de la
clase A o "significa" la clase A. Esto es más o menos vago,
1 También este problema volverá a ser examinado en un capítulo puesto que puede haber varias clases que reítnan las condi-
rrlterior.
ciones arriba indicadas para A y n. IJn niíro que aprende el
90 91

I
I
lenguaje de objeto, aplica los Cánones cle Inclrrcción rle Mill cie de castellairo enrcvesacic¡. Si cs posill'le o 1ro expresar eir
y graduahnente corrig;e sus fa.ltas" Si conocc r11r perro 1lama- el lenguaje iir: objeto cieitos iri:chos obserrral-¡les tales corxo
do "César", puede pensar que esta palabra o. n¡i." a todos deseos, creencias y duda.*, es tlna cuestión difícil que estuciia-
los perros. Por otra parte, si conoce a r1n J,.rin, al que él ré detenidarnente en ull capítuio ulterior. Lo cierto es que
llama "perro", puede ilo aplicar esta palabra a ningrin otro el lenguaje de objeto no ccntiene las palabras "verdadero"
perro. Afortunadamente, muchos fenómenor .. ..n,i-rodan en y "falso", ni palalrras lí;g;ca.s taie¡; como "r1o", "o", "algitÍl"
géneros naturales; en el nruncio de la mr.yoría. rlc los niíros y "todo". En el capítulo il"rruecliatarlente siguiente me ocu-
lo que tiene ei aspecto rle gato es un gato, j, 1., q,l. sc parece paré cie las palabras lr5gicas.
a mamá es man:á. Fero a base cle esia esnccic rlc casu- lirfarl
resultaría ffiüy difícil aprencler a habiai; inrposible, si la
temperatura fuese tal quc lr1r1chas substancias esturriesen en
estado gaseoso.
Ahora bien, si en cierta situaciírn Ustectr siente moviclo
a decir "gato", eIlo ser¿i (rnientras ustecl"qeesté limitac_lo al
lenguaje de obicto) porcrue a-]gírn aspecto clel ambieirte esté
asociado a Ia palal-tra "gato". implicanclo necesariallrnte que
este a.specto se parezca a los anteriores gatos cttrc r_leteimina_ron
Ia asociación. lío s9 les parecerá tantc qil,: satisfaga a un
zo6lo9o; acaso el animal sea un lince o nr cachorro''de leo-
parcio. r,a asocia.ción entre la palabra y el ob-fcto no es fácil
que resulte "correcta" a fi1enos clue Ustecies hubiesen visto
muchos anir¡aies que no sienclo gátos tuvicran el aspecto cle
tales y muchos otros animales que eran ea-tos ,rrrrqü. no 1o
parecieran. Pero Ia p:rla'bra 'ocorrecta" es, en este -aso, una l
I

palabra social. expresinra rle urla corrrhlr:ta apropiada. En


cuanto ciertos animales sne;ieren Ia palal:rn "gato" a Ijstecles
y no a otras personas, I-Isf.ecles poseen rrn lenguaje, aunque
éste no sea castellano correcto.
En teoría, dada Ia suficiente capacidacl, podríamos expre-
sar en el len.quaie de obieto tcrlo icrtcir.riento no-iingiiísiico.
En realiclacl porleÍnos obscrvir ac;lecimieirtos perfecla.mente
cornplicados, taies con-lo "r¡ieirf-r';rs Juan uncía él caballo a la
carrela, el toro salió riisparado -y yo rne escapé con toclas mis
piernas" o "cuanclo caía el tel1¡n, se oyeron p'iitos cle t¡fuego !'
1' 1111 estaIliclo". Cosas rie estr: tioo prrede. rlecirse en el len-
gtl¡ie r'le ol-.jeto, ¿frÍr1l1e tenri:-í.n flue ser r,.crtidas a una espe-
e2 93
CAPITUI.O V

PALABRAS I,ÓGICAS

1En este capítulo pienso estucliar ciertas palalrras que se pre-


sentan en el lenguaje secundario y cn toclos los lenguajes de
orden superior, pero no en el lenguajc dc objeto. Las pala-
bras en cuestión son características cle l¿r lírgica. Examinaré
de un modo especial "verdadero", "falso", "no" , "o" , "algún"
y "toclo". Sabemos por la lógica que estos términos no pue-
den ser definidos, pero que en muy amplia medida es materia
de opción en términos de qué hayan de ser definidos otros
términos. Como el problema que nos planteamos nosotros es
de teoría del conocimiento, nos interesa menos la defini,ción
de estos términos que el método de llegar a conocer las propo-
siciones en que aquéllos se presentan.
Comencemos con las palabras "verdadero", "falso" y "no".
Existe una relación muy estrecha entre "falso" y "Íro", pues
si ¡(p" es una proposición, "'p' es falsa" quiere decir 1o
mismo qt;,e "no-p". La diferencia práctica entre ambas estri-
ba en lo que queremos acentuar. Si 1o que rlos interesa es el
(' ("p'
objeto, decimos "no-p" ; si al aserción, es falsa". Si
necesitamos mantequilla y vamos al armario y encontramos
crema de queso, dirernos "esto no es mantequilla" ; pero si el
lechero pretende ofrecerle a Usted con la etiqueta de "mante-

95
rluilla" tina sul;statrcia iiric l]stcri dcscuXrre ser urrrqeLrirra, 'Us-
tecl clir'1r "I]s'cerl tlícc quc c;i'i,,i cs manterluilia, lo crr¿¿i r:r; falso",
. Por lo_.11ue L .-st_. capítul, concierne, ras parabras ,,verda-
dero" y *falso" deben icr a¡rlicaclas sóío a olaciones del len-
porque a lJstecl le irrtercsa r¡ás sn trarnpa (luc su lncrcAncía. guaje primario.
Sin embargo, estas moclaliclaces rertóricas no nos irrteresan, En la práctica, en contrastc co, lo r¡ue ocurre en filosofía,
por 1o clue Dodemcs tranquilamente ernplcar "no" l)era ex- aplicamos sólo las- palabras "vcr-rl;rrlc,ró', y ,,falso,, a asercio-
ptricar "falso". nes_que hemos oído, leído o cx¿r,ri.arlo antes a. por"., i,
En el lenguaje secunriai:io nos ocupalnos de l;r:; Palallras evidencia que nos autorizaría a rlt'citlir cuál de las'á;r"p;:
del lenguaje de obietos, no en sri rlrera cualidarl clc rni<los o labras hay que aplicar. Argtricr,,s rrir--c que los g-uior'a.
movinrientos corporales --Í-)rlcs coino tales pertencccn al lcn- Man no tienen cola, pero si-a,t.s ,.s lrrlricse dicho'qr" rái
guaje <Ie objeto-., sino c;l cr:.a¡ilo tici:en significar:irin. Esto hombres de N'Ian tienén tres pic:rnas, r)o lc h¿rl;ría*o, ór.í¿á.
quiere decir que nos ocupanlos c1e Ia rela.ciórr que nrcclia entre Y cuando nos enseñe un gató crc M;rr, r:xclam¡rremos: ,,¡Así
las palabras cle objeto y las oraciones de objeto, por una parte, io que usted decía era várdarl !" ri, rrr;r .r:asión ro, périá-
y 1o qu,e designan o enuncian, por otra. "Palabra" no se dicos dijeron que yo había fairccirrr, y ;rr rt:cr ro y .*r-ir*
presenta en el lenguaje cle obieto, pero "paiabra c1e objeto" cuidadosamente la evidencia, Ilcgrrt! * 1,, .:,,rrclusiu'," á; qr;
puecle pi'csentarse en elltngnaje secundario. Suponiendo que tal aserto era falso. Cuanclo la -¿r.scrci,i, sc lrrocluce prime-
19 y Ju evidencia después, hay un l)r-()(.('s() ll;urr¿rclo
las palalrras lógicas se picselriar: err el lene'ua.je s.:cirn,.la.rio, ^,,u.ri-
"palallrra lógica" sólo aparecerá en el lenguaje terciario. Si ficación"_que consiste en coniro,tai .,1 .scr-tr¡ co, la evi-
las "palabras terciarias" se clefinen cficiendo que son las que dencia. En el easo de una aserci«in cn rerigrraje pri*riio,
se presentan en el lenguaje terciario, pero no en los primario la evidencia debe consistir er1 una cx¡rcricrr«,ia scnsible o e¡
ni sccundario, entonccs "palabi:a terciaria" pertenece ;rl una serie de tales experiencias. I-Icrir,¡s cxaurin¿rclo ya las
lenguaie cuaternario. Y así sucesivamente. Entiéndase que oraciones que describen experiencias. Habla,do e, s'enticlo
todo lenguaje contiene todos los lenguajes de orclen inferior. lato, el
-proceso de verificición es er siguiente: primero
"Palabra" es, €11 si misma, cle oi'clcn ambiguo. v. llor 1o oímos, Ieemos o examinamos una orn.iár, s; rr.go i.-
tanto, no tiene significación clefinida; esto no debe olviclar- nemos una experiencia E; luego observamos que S és una
se, pues de lo contrario podría originar confusiones. Tome- oración. que describe E. En tal caso decimou qü. s es ,,ver-
mos, por ejemplo, la contraclicción sobre "heterológico". daclera". No quiero decir que esto sea una clefinición de la
IJn predicaclo es "heterológico" cuando no puede ser pre- palabra "verdadera",
dicado de sí misrno; así, "largo" es heterotrógico porque no :ilo qr. se trata cle una aes..ipcian
del procer-o por el cual.llegamos a conocer que esta paiabra
es una palabra larga, en caml;io "corto" es homológico'. es.aplicable a u\ o-:?gión-primaria clacla. ia palabr'a ,,falt-
Pues bien, cabe la pregunta: "¿Es heterológico "heteroló- so" es mucho más difícil. Pero antes de procecler a su exa-
gico" ? Cualcluier contestacií¡n que clemos nos lleva a una men, conviene que digamos aírn otras .o.", acerca de la
contradicción. Para eludir semejantes antinomias, es esen- palabra "verdadero".
cial la jerarquía de lenguajes.
I
Fn primer lugar, la palabra ,,verrladero,, puede ser apli-
cada a una emis.ión oraCional, a urra oración á , ,rra propo-
1 "fnglés". "sabio", "hermoso", son heterológicos; t'castellano", "eru- sición. Dos emisiones oracionales que sean ejemplos'¿Jl"
dito"r "feo", son homológicos. misma oración, o dos oraciones qlle sean .¡.*pror J; i;
fl6 97

t
ii
misma proposicirin, son ambas vercladeras o falsas. Por- 1r,r sean conscientes o delilteraclas. Ciertas situaciones nos sugie-
tanto, para dcterminar Ia verdacl o fatrscclacl es la proposi* ren la palabra "perro", y 1o mismo ellas que Ia palabra pro-
ción 1o decisivo. vocan ciertas expectaciones. Cuanclo hayamos dicho "esto
En segundo lugar, se conoce que una proposicirin es "ver- es un perro", puede que los acaccin-ricntos subsiguientes nos
dadera" en que tiene cierta relación con unÍr cxperiencia. asombren; pero si hemos clicho "(:sto cs blanco" , nada de
En el caso de la "verificación" la oración vienc primero y 1o contenido en nuestra aserci<in pucrlc dar motivo de sor-
la experiencia después, pero esto carece de interés para la presa por lo que ocurra luego o l)írra suponer que nos ha-
lógica; si la experiencia viene primero, prueba igualmente bíamos equivocado al decir quc lo cluc veíamos era blanco.
que la oración es verdadera, a condición de que la oración Mientras nuestras palabras sc linritcr-r a rlescribir experien-
"describa" la experiencia. Ya examinamos qué queremos cias presentes, los únicos errorcs posibles son los lingüísti-
decir con la palabra "describe", y d€ momento no es rlece- cos, y éstos sólo implican una colxlucta social indebida, pero
sario añadir nada a lo dicho. no falsedad.
En tercer lugar, de todas las oraciones del lenguaje pri- I-legamos ahora a Ia falsecla<l y a Ia ncgación, que plan-
mario no puede decirse propiamente que describan una ex- tean algunos problemas más clifícilcs.
periencia aislada. Si vemos algo y decimos "esto es un pe- Hemos convenido que cuancto haccnros lo que un lógico
rta", exageramos 1o que cabe ver en aquel momento. lIn llamaria "afitmar flo-?", decimr.rs "'lr' ,-'t falsa". La cues-
perro tiene pasado y futuro, audición y olor característicos, tión de que nos ocupamos en este monrcnto es Ia siguiente:
etc. Todo ello es sugericlo por la palaf:ira "perro", la cual es ¿Cómo puede rnostrar la expcricnr:ia (luc urla proposición
una condensación de varias inducciones. Afortunadamen- sea falsa? Tomemos alguna ncgacitin rrruy simple, tal como
te, los animales se clasifican en géneros naturales. Si nues- "esto no es blanco". Strpong:urros; (luc Usted dice esto en
tro perro se pusiera a rnaullar como un gato y a paúr una el curso de una discusiiln con Ia lavandcra. La frase "esto
mezcla de cachorros de gato y de perro, Ias palabras nos es blanco" está en la mentc de Usted, "e.sto" ante sus ojos y
engañarían. De un modo análogo, la persona que errónea- "esto es gris" es una oración que describe su experiencia.
mente tomó sal por azitcar, hace una inducción: "Lo que Pero "esto no es blauco" no es una oración que describa
tiene este aspecto sabe dulce". En este caso la inducción es 1o que IJsted ve, y, sin cnrbargo, a base de lo que ve lJsted,
falsa. Si dijera simplemente "esto es blanco", no se equi- está Usted seguro cle que es verdadera o, dicho con otras
vocaría. Incluso si dijera "esto es gris" qr:eriendo decir con palabras, de que "esto es blanco" es falsa. Podría objetar-
la palabra "gris" lo que las clemás personas con la palabra se que Usted conoce Ia proposición general "1o que es gris
"blanco", no cometería un error intelectual, sino que lo írni- no es blanco", y que de ella, en combinación con "esto es
co que haria sería usar el lenguaje en rlna forma insólita. gris", deduce Usted "esto no es blanco". También cabria
Mientras una persona eluda las palabras que son inclucciones decir que IJsted puede confrontar la palabra "blanco" con
condensaclas y se limite a describir experiencias aisladas, es 1o que Usted ve y percibir su incompatibilidad. Los dos cri-
posible demostrar de una simple experiencia que las pala- terios tienen sus di ficultades.
bras de aquella persona son verdaderas. Pongamos primeramente en claro un punto de lógica. De
Cuando digo que una palabra como "perro" envuelve in- premisas ninguna de las cuales contenga la palabra "no" o
ducciones condensadas, no pretendo que tales inducciones la palabra "falso" (, otra equivalente) es imposible en ló-
98 99
gica inferir proposición alguna que contenga una de dichas que una incompatibilirlarl tal como la de "blanco" y "negro"
palabras. Por consiguiente, si hay proposiciones empíricas no sea lógica.
negativas, tienen que ser, entre las proposiciones básicas, o Si examinamos tales irrr:ornlxrtibilidacles tal como se pre-
bien puras negaciones, tales como "esto no es blanco", o sentan en las preposicioncs básicas, tencmos que suponer
implicaciones de la forma "p implica rlo-q", verbi gratia "si qtle conocemos proposiciones s«'ncr:rlcs hísicas rlc la forma:
esto es gris no es blanco". La lógica no admite una tercera "Para todos los valres ¡rosilrlt':; rlt. \, ,1, x irrrlr'lic:r no-,y'¡"
posibilidad. En esta proposición "+ ,r" llrrcrlt' s('r- ".1- ('s azul", y "r\.,fr"
Sabemos sin duda resulte difícil dccir cómo lo puede ser "fi es rojo". Err este ('írso, daclo 1111 juicio de
sabemos- que no pueden-aunque
coexistir en el misrno sitio de un percepción "esto es azLrl", porlcrrros inferir "csto no es ro-
campo visual dos colores diferentes. La posicií¡n cn el cam- jo". De esta suerte llegamos :r lrril prollosicirin empírica
po visual es absoluta, pudiendo ser definicla por relación con negativa, pero gracias a una proposici,irr gencral que no es
el centro del campo a base de las dos coorclcnadas angulares empírica.
que llamamos 0, Q. Yo digo qtlc collocc¡los la proposició1 Esta teoría no es muy plarrsihl«. rri satisfrt'toria. En vez
siguiente: "En un tiempo y clr 1111 canll)o visual dados, si de ella, poclemos decir qtle sicnr¡rre (luc trr,:rcillimos "esto
el color A está en el lugar 0, Q, ningírn otro color B está en es azul" poclentos conocer, conr() l)r'()lrosit'i,"rr lrí:;ir':r, "r)sto no
este lugar". Dicho de un modo nlás simple: "esto es rojo" es rojo". Pero no estoy segtlro rl«: qrre <'sto sirva cle gran
y "esto es azul" son incompatibles . cosa. En efecto, calrc preguntar : j crinro colrocerlros rlue co-
La incompatibilidad no es lógica. Rojo y azul no son nocemos esto? Difícilmente prrerlr: I)írrcc(.r r:sto rlna indrrc-
más incompatibies lógicauoente de lo que son rojo y redon- ción; no puede ser tlna infcr<'ncie lólTic:r. Por consiguien-
do. Esta incompatibilidad tampoco es una generalización te, nos verernos avocarlos a arlolllar rlnír nroposicirin hásica
de la experiencia. Yo no creo que pueda probar que no es más cor¡plicada aúrr qtrc la anterior, a saher: "Ouienquiera
una generalización de la experiencia, aunque pienso que que vea rojo, y se pregunte a sí mismo'¿es azul esto?'co-
esto es tan evidente que hoy en día a nadie se le ocurriría noce que la contestaciórr es 'no'".
negarlo. Alguien dice que la incompatibilidad es grama- Volveré sobre este problema al esturliar srls relaciones
tical. No 1o niego, pero no estoy seguro de 1o que quiere con las proposiciones básicas. De momento, 1o dejo sin re-
decir esto. solver.
Existen otras series de cualidades sensibles que presentan I-legamos ahora a la palabra "o", volviendo a encontrar-
la misma clase de incompatibilidad de los colores. IJna sen- nos con el problerna de las circunstancias en que conocemos
sación de tacto en un dedo del pie, tiene una cualidad que proposiciones que contengan esta palahra sin conocer cuál
nos permite referirla al dedo del pie; una sensación de tac- alternativa es Ia recta.
to en el brazo, tiene una cualidad que nos permite referirla Las clisynnciones, como vimos ya, surgen en la práctica
al brazo. Estas dos cualidades son incompatibles. "Frío" en forma cle elección. IJstedes ven un poste indicador que
y "calor", t'cluro" y "blando", "dulce" _v "agi'io", son in- dice "A Orforcl" y llega r1n mornento en que se encuentran
compatibles, de un modo análogo, aplicados a experiencias en una encrucijada en que no hay poste inclicaclor. Entonces
sensibles. En todos estos casos "vemos" la incompatibili- IJstedes creen Ia proposición "Oxford se ellcuentra a 1o lar-
dad; tanto, que requiere alguna reflexión el comprender go cle Ia carretera cle mano rlerecha rr Oxforcl se encuentra
100 101.
i \
I

I
)

;r lo l:rr-r1otlc l:r carretera de mano izquierda". Es en situa- la palabra "o" tiene que ser aplicable, con las adaptaciones
ci,rrrcs rlt'csta ínclole que en la práctica se presentan las dis- oportunas, a cualquier conclucta clue revele vacilación.
yttr rciottcs. La vacilación surge cuando scntirnos dos impulsos incom-
I'orlría parecer que no hay nada en el mundo no-lingüís- patibles y ninguno cle los <los cs l;astante fuerte para domi-
tico o no-psicológico que fuese "indicado" pot ttna disyun- nar al otro.
ción. Supongamos que, reairnente, Oxford esté a la derecha:
esto no es algo meramente verbal, sino una realidad geo- Tu quisieras escal)íu' <lc un oso,
gráfica, y si tornamos la derecha llegaremos a aquella ciu- Pero si no tuvieras otra sali<l:r rluc cl cnojado mar,
dad. IJna cosa semejante podríamos decir, si realmente Irías a dar en la boca de la ficra.
Oxford estuviese a la izquierda. No existe una tercera ubi-
cación posible: "derecha-o-izquierda". Los hechos son 1o Pero si el mar no estuviera tan cnr>jul<>, cluedaríamos en
que son, sin ambigüedad. Si una disyunción " p o q" es laverdaclera duda cle io que fuesc l)cor; cabría decir que
verdadera, 1o es porque p es verdadera o porque lo es q; si habria una disyunción en nuestro cucrpo, no stilo en nuestra
tanto p como q pertenecen al lenguaje primario, "!, o q" es mente.
verdadera en virtud de un hecho que es "expresado" por p Ilecuérdese qtle consideramos que torla clocución es fun-
o en virtud de un hecho que es "expresado" por q. Así damentalmente imperativa, es clecir, cluc obcclccc al designio
"o" vive en el mundo de las proposiciones y no puede formar de determinar cierta conclucta por parte del oyentc. Cuando
parte de ningirn lenguaje en que, como ocurre en el lenguaje "los de atrás gritaban 'adelante' 1. los cle adelante gritaban
primario, toda palabra esté referida directamente a un ob- 'atrás' ", el resultado eÍa, para las personas colocaclas en
jeto o a una serie de objetos que constituya o constituyan el meclio, rlna disyunción, en el sentido en que pucden ex-
su significación. perimentarla los animales, por ejemplo los tigres acorrala-
Psicológicamente
('o" corresponde a un estado de vaci- dos por los cazadores. No es realmente necesario que fue-
lación. IJn perro aguardari en una encrucijada de la ca- ran los extremos distintos de la muchedumbre los que gri-
rretera para ver qué clirección tomamos. Si ponemos ca- taran "adelante" y "atrás". IJno mismo puede sentir ambos
ñamones en el antepecho de la ventana, veremos que los impulsos a Ia vez y si está habituado a emplear palabras,
pájaros adoptan un comportamiento susceptible cle ser ex- ambos impulsos sugerirán palabras, y entonces tendremos
presado así: "¿Voy a correr el riesgo o seguiré teniendo una disyunción verbal propiarnente dicha. I.,as cosas inani-
maclas sometidas a dos fuerzas simultáneas, eligen un ca-
hambre ?" IJna vez, para probar la historia del asno de
Buridan, prlse a una gata exactamente equidistante de sus
mino intermedio, de acuerclo con la ley clci paralelógramo;
en cambio, es raro que así 1o haga un animal. Ningírn moto-
dos cachorros, todavía demasiado jóvenes para que pudie- rista que se encuentre en la encrucijacla, se lanzará campos
ran moverse: Ia disyunción hizo qrre la gata madre se que- a través por la iínea merlia entre los «los caminos. Lo mis-
dara parada un rato. Yo creo que los animales qlle se hallan mo que a los motoristas les ocurre a los demás animales: o
en un estado de vacilación, aunque no empleen palabras, prevalece por completo uno de los impulsos o se quedarán
tienen algo más o menos semejante a una "actitud proposi- perplejos.
cional", y pienso que toda explicación psicológica válida de Pero la perplejidad es cornpietamente distinta del estado

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't

en que se cncrlcirtra uu anirnal tranquilo; implica conflicto porta examinar y que nos conduce a las razones qrle acon-
y tensiórr y «lcsasosieSJo; r'to es inacción genuina, sino la sejan Ia solución contraria de la cuestión que tenemos plan-
bírsr¡rrcrlrr ric algrin ltodo de llegar a una decisión. teada. No pocas veces una palabra aislada equivale en
Una disyunción es Ia expresión verbal clc Ia inclecisióI1, c), lógica a una dis¡runción. Entrc un mé<lico iógico y sL1 espo-
cuauclo fornrulacla como pregunta, clel desco d<: llegar a una sa podría tener lugar la siguicutc conversación. "¿ Dió a luz
<lrcisión. su hijo la señora X?" "Sí" "¿Iir niiro o niír¿r?" "Sí". La
Así, cuando algrrién e¡rtincia "f o Q", ni ¡t ni r¡ puede ser írltima contestación, aunque inrlrcc;rhlc desrie ci punto cle vis-
tomada en e1 sentido cle que afirmc algo clel nrurrrlo, como ta lógico, resultaría enojosa. I)iríarros que "un hijo no es
octtrriría si fuese enunciacla una de las alternativas: convie- nunca niño-o-niña, sino una cle las rlos alternativas". Para
ne q11e examinemos el estaclo cle Ia persona quc hace Ia aser- ciertos objetos, Ias proposicioncs (¡lc contengan la palabra
ción. Cuanclo afirmarnos f , nos encontramos en cierto esta- "hijo" son equivalentes a las r.nisrnrs proposiciones cam-
clo; cuanclo Q, en otro cierto estarlo; cuarrrlrr "/, o Q", etr biando solamente la palabra "hijo" 1)rir "niño o niíta"; pero
ttn estarlo cierivaclo cle estos cios estados antcriores, y nuestra para otros casos no existe tal cc¡rrivalr:ncil. Si nos dicen
aserciiiri 11o r"ersa clírccto¡¡t,ente sobre cl nrunclo. Nuestro "La Sra. X tuvo un hijo", podenros irrfclir (luc tuvo un niño
aserto es ca'lificaclo de "ver:cladero" si á es vcrdadera, y tam- o una niña. Pero si quiero sabcr crrloir<'r's si fué niño o
bién si q es verrla.clera,'pero no cle otro morlo. Sin embargo, niña lo que tuvo, no necesitaré sabcr tluc trlvo r1r'r l-riio, pues
esto es rlr1a nueva clefinición. esto ya lo sabía.
Pero se ohjetará qrre -qi col:occmos 'o¡t o g".,seguramente En esta cuestión, hay que separar la lrsicolosía de la tró-
conoceremos algo sobre el mrlndo. A esta pregunta contes- gica. Cuando en la vicla coticliana emplc:unos la lralabra
taria yo que .ií en un senticlc y ({11c no er. otro. Ccmencemos "o", solemos hacerlo porque estamos cr-l rhrrlrr y <lcseamos
por las razones para contestar qly. no: Cuando intentamos decidir una disyuntiva. Si no tuviéranros cstc rlcseo, nos
rlecir qué conocenios, tenemos que er:rplear la palabra ('a" contentaríamos con una palabra genérica qu<: allarcara am-
otra vez. Poclemos clecir: En un mundo en que p es ver- bas posibilidades. Si usted es llamado a hcreclar a la señora
clarlera. ",!, o q" cs rrerrladera ; cle un moclo semejante, si g X caso de fallecer ésta sin hijos, le intcresarír :r lJstecl pre-
es verdadera: en nuestro eje;nnlo cle la encrucijada. "esta guntar si tuvo un hijo, aunque acaso la cortesí:r le lleve a
carretera lleva a Oxforcl" Duede expresar una realidad geo- preguntar si fué niño o niña. Y es claro que c11 cierto senti-
gráfica, y, siendo así, "esta'carretera o aquella va a Oxfoid", do conoce Usted algo sobre el mundo cuan<lo sc entera de
es verdad; de un moclo análogo si aquella carretera va a que ha sido dado a luz un hijo, aunqrle ignore lJsted stl
Oxford; pero no hav modo alguno de encontrar en el mun- sexo.
do no-lingiiístico una situación cxpresada irnicamente ¿Hay alguna diferenci? en caso ufirmativo, cuál-
expresada- por Ia clisyunción "esta carretera o aquella va -y, y los clerrrás ? Si "A" y "8"
entre los predicados disyuntivos
a Oxforcl". I)e esta suerte, la continuación rectilínea de la son dos predicados, "A" es lógicamente equivalente a "A-y-B
teoría cir: la verclad r,álirla para el lenguaje primario, no pue- o A-y-no-B. Así, por 1o que a la lógica se refiere, todo
de seguirse sostenienclo er1 cua.nto Ias disyuncior-res entran predicado puede ser sustituíclo por una Cisyunción. Por
,lu. Jt1e.qo. otra parte, desde el punto cle vista psicológico existe tina dis-
Sin emhargo, existe en este caso rlna clificultad que im- tinción clara. Un preclicado es disyuntivo si sentimos el de-

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seo de decidir la alternativa que lo deja en el aire; si no, no lenguaje puede ser hecho cada vez lnenos inexacto, sin
lo es. Pero esto no es totalrnente adecuado. Las alternati- llegar a ser jamás absolutamente exacto.
vas tienen que ser tal como sugiere el propio .¡trcr1ica.clo, no De esta suerte, la diferencia entre una aserción que sea
posibilidades indiferentes para el caso. Asi "rriiro" no puede disyuntiva y ofia que no 1o sea, no consiste en alguna dife-
ser considerado disyuntirra porclue deje en el airc la cues- rencia entre el estado de cosas que la haga verdadera, sino
tión "moreno o rubio" Por 1o tanto, un prcclicarlo scrír sólo meramente en la cuestión de saber si es interesante o no
disyuntivo si st,tscita una cnestión, y que asi ocrlrra o flo, para nosotros ia diferencia cntrc las posibiiidades que nues-
es cosa que clependerá exclusivamente de los intcrcscs de Ia tra aserción cleja sin deciclir.
persona afectada. Existe otra situación en que la disyunción puede surgir
Todo nuestro conocimiento del munclo, en cuanto ex- en la práctica: el caso en que haya una memoria imperfec-
presado en palabras, es más o rxenos general, porque cada ta. "¿Quién le dijo a IJsted eso?" "No sé. Fué Brown
oración contiene por lo menos una palabra qlle no es un o Jones, no puedo recordar quién de ellos". " ¿Cuál es eI
nombre propio y todas estas palabras sotl gcncrales. Por nírmero de teléfono de Don Iiulano?" "Sé que es 5r4 o
consiguiente, tocla oración es eqriivalente lógica.ntente a una 54r, pero no puedo precisarlo sin mirarlo". En tales casos
disyunción cuyo predica.rlo sea sustituído por la alternativa había una experiencia original que dió lugar a un juicio de
de dos predicaclos más específicos. Que una oración nos dé percepción, en el que no había disyuncitirr alguna, y si tuvié-
una se?tsación de conocimiento o cle ducla, depencle de que ramos que ponernos a descubrir lo quc hay de cierto, proba-
deje o no en el aire alternativas penclientes cle diferentes ac- ríamos una de Ias alternativas y la disyunción quedaría re-
ciones y emociones. Tocla clisyunción que no sea lógicamente suelta. L.as proposiciones básicas que sean expresión.- cle
cxhaustiva (es decir, no del tipo "A o no-A"), proporcion¿ experiencias presentes, nunca contienen la pala.llra "o", a
alguno, información sobre el mundo si es verdácleia; pero menos que la experiencia sea verbal; en cambio, los recu,er'
la inforrnación puede dejarnos perplejos respecto a 1o que dos pueden ser disyuntivos.
haya clue hacer, lo cual es -rentido coixo ignorancia. Nos corresponde examinar ahora las oraciones que con-
Dehirlo al hecho de qrle las palabras sor-r generales, la tienen la palabra "algún" o la palabra "todo". En el ca-
corresponclencia entre hecho y oración, constitutiva cle ver- pítulo anterior nos ocupamos de ellas en la medida necesa-
dacl" es nrírltiple, es clecir, qtre la verclacl c-lc Ia oración cleja ria para convencernos de que no podían ser incluídas en el
más o menos indeterminado el carácter clel hccho. Esta in- lenguaje primario, pero ahora tenemos que estudiarlas cotl
determinación puecfe ser clisminrrícla ilitritaclanrente; en el mayor detenimiento, como asimismo, ffiuy particularmente,
proceso cle su disminución, las antiguas palabras aislaclas las circunstancias que nos llevan a hacer uso de tales ora-
ciones.
son sustituíclas por clisyunciones. "Esto es metal" puede Las oraciones relativas a "algítn", stlr[en, en la práctica,
bastarnos para ciertos propósitos; para otros, esta aserción de cuatro modos: primero como generalizaciones de dis-
deberá ser sustituícla por "esto es hierro o cobre o etc.", y yunciones; segundo, cuanclo las cncontramos en un ejemplo
tendremos que intentar averiguar cuál posibilidad es Ia rea- y nos interesa la compatil¡iliclacl de dos términos que cabía
lizada. En materia de mayor precisión del lenguaje no hay imaginar incompatibles; tercero, como pasos dados por el
ningúrn punto más allá del cual no podamos ir; nuestro camino cle la generalización; y, cuarto, en casos de memo-

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t

ria imperfecta, análogos a los que hemos examinado en re- se nos ha ocurrido cst¿r hi¡r,itesis, cs fácil probar que es co-
lación con tras clisyunciones. Vamos a dar ejcrnplos de cacla
rrecta. Tratándose rlc nratcl-ias crnlríricas, algunas veces será
uno de estr:s tipos. posible la enumeración corrrlrlt'l:r. l'or cjctrplo, descubrimos
En nuestro anterior ejemplo de Ia carretera a C)xford, si que el hierro y el cobrc, (llr(' :i()n urct;rlt's, r-r.srrltan ltuenos con-
en yez cle una mera bifurcación, hubiésemos llcg:rclo a un
ductores de electricidad, y t'llr) u()s iu<lut't: ¡r harruntar que
lugar del que partieran varios ramales, habríanros clicho: esto puede ser verdad dc tr¡rlos los nrcl:rlcs. Ilrr cste caso
"Blieno, algtLna carretera tiene que llevar a Oxfor(l". En
este caso podern«:s enumerar las alternativas abreviarrdo sirn-
la generalizacíln tiene cl ntislro r1'r':r«lo rlc: «:r'rti«lurrbrc que
plemente las disyunciones: "? o q o r...", en donde p, e,
los ejemplos. Pero cuancl«r h:r«:t'nros ll siqrricntc írrlltlmen-
r,. . pueden ser reunidas toclas en una fórmula verbal. tacióni "A, B y C murierou, y ('r';ur lronrl)r'cs, por 1o tanto
El segundo tipo es más interesante. Podemos poner co- algunos hombres son mortalcs, ¡ror t'«rrrsiqriicntc, quizás
todos los hombres sean mortak:s", nr, lrorlcrrros «I¿tr a nuestra
mo ejempio de él a Hamlet cuando dice: "Cabe reir y reir,
generalización el grado de certirlurrrlrr-t' «¡rrc tcrrían los ejem-
y ser rrn villano; por 1o menos, estoy seguro de que puede plos, tanto porque no hemos cruurrcr':rrl,r lr¡tlr;s los hombres
ser así en l)inamarca", porque habia descubierto una per-
como porque hay hombres clue totl;rvi;r vivt:rl. C) tomernos
sona (el rey) que combinaba la sonrisa con la villanía, lle-
gando así a formular esta proposición: "Por 1o menos un un remedio pata una enfenlrcrlrtrl, «'l crtrl, h;rlricnclo siclo
ensayado sólo en unos pocos casos, r't'srrll,'r scr s;rtisfactorio;
villano rie". El valor pragmático de esta proposición es el
en este caso una proposición sobrc olr¡truo.r cs nrlly írtil para
siguiente: "I-a próxinra yez que encuentre a un hombre
clue ria y ria, sospecharé que es un villano". Así lo hace
sugerir la posibilidad de tlna proposici,irr s,,l,r'r' tod,o.r.
Flamlet cuando encuentra a Rosencrarlz y Guildenstern. Se- Por 1o que concierne al recuer<lcl irnlrcr'[r'clr), sus cjcrrrplos
mejantes a estas son las proposiciones "algunos cisnes son son sumamente análogos a los cle las «li:iyrrrrciorrcs. "Yo sé
que ese libro está en alguna parte cn nri t'sl:rnlcrír, pues 1o
negros" y "algunos mirlos son blancos", advertencias con-
tra plausibles generalizaciones. I{acemos proposiciones co- vi ayer." "Yo cené con el Sr. X, r¡uc lrizo un r:lristc muy
bueuo, pero sintiéndolo mucho sc lrc lr;r olvirl;rrlo." "t]ay
mo estas cuanclo para nosotros es más interesante la gene-
muy buenos itinerarios en 'El turista', 1lt:rr) rio l)rlcrlo acor-
ralización que el ejemplo particular en el caso de darme de ninguno de ellos." De csta sut'r'l(', grarl parte cle
Hamlet esto constituya una ficción-aunque
irónica. lo que conocemos en cualquier momento consistc crr proposi-
El tercer género de casos surge cuando intentamos pro- ciones sobre algttnos, las cuales, en aqtrel rrorrrcrrto, no po-
bar una generalización inductiva y también cuando tenemos
demos deducir de proposiciones col1 sujc:tos singtrla-res ni
ejemplos que nos llevan a descubrir una proposición general
tampoco de proposiciones relativas a todo.
en matemáticas. Estos casos son semejantes, con la sola LIna aserción sobre "tilqtin" tierrc, con.lo han clcmostrado
diferencia cle que en el último se llega a adquirir una cer-
nuestros cuatro tipos de ejenrplos, tres clascs de usos : pue-
tidumbre y en el primero sólo una probabilidad. Tomemos
cle ser un paso hacia la prueba «lc una lrroposicirin con su-
primeramente el último caso. Observamos que r + 3 - 2', jeto singular, hacia Ia prueba de rlna proposi,:ión general
I * 3 * 5 : 3', r * S * S * f -4', y nos decimos: "En o la refutación de una generalización contraria. En los ca-
algttnos casos, la surna de los n, primeros nírmeros impares
sos de las clases primera y atarta, se entiende que la propo-
es n; quizás esto sea verdacl en todos los casos". En cuanto
sición sobre alg{tn conduce a una proposición con sujeto
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tt

singular: "ésto es la carretera a Oxford" o "rtqctí estár ese (luc 1)use ese iiL¡ro e1t un estarrte". Sin er:rbarÉIo, estos son
libro" (tomanclo la palabra aquí como sujcto). Errtre la s,ilo los fundalnentos de nuestro .juicio, no ur1 aniLlisis cle ói.
prirnera clase y la cuarta existe esta diferencia: c¡uc en la El anírlisis de tal juicio rlcl-,e ser esencialmente análogo
primera la proposición sobre algtln es siempre urra iriferen- ¿rl de la disyunción. Hry un e-ctado mental en que percibi-
cia, mientras que no ocurre así en la cuarta. En los casos mos "el libro está en este 7u,gar", otro en que percibimos
cle las clases segunda y tercera, la proposición "alguna S es "'el libro está en aquel lugar", y asi sucesivamente. El esta-
P" se deduce de ejemplos "Sr es P", "Sz es I."', ctc.; esta do mental de cuando juzgamos "el iibro está en alguna
proposición nos dice menos, pero nos dice Ia partc necesaria parte cle la habitación" contiene todo Io que los anteriores
para el propósito que tenemos en aquel mornento. tienen de común, más el elemento perplejidad. Es debido a
' la falta de perplejidad qrle no habríamos formulado el jui-
¿Qué es 1o que conocemos exactamente cu¿ur<lo conocernos
una proposición de la forma "alguna S es P" sin conocer cio en los dos casos anteriormente mencionados en que éste
"toda S es P" o alguna proposición de la forma "Sr es P" ? poclía ser declucido de juicios mírs definidos. Esto tiene, sin
Tomemos nuestro ejemplo "sé que ese libro está en algirn enrbargo, 17na excepción: si henros dudado de si el libro
sitio de esta habitación". Hay dos circunstancias que nos estaba en la habitación y al verlo decimos "¡rh ! pues el libro
autorizan a decir esto, ,rrrqró en ningún caso 1o diríamos está, en la habitación". Este caso ya no es el que nos ocupa,
a menos que fuésemos lógicos profesionales. L,a primera sino el del villano que se ríe.
sería si Ia habitación estuviese llena cle ejemplares de aquel En el caso de un juicio sobre olsútc, Io rnismo que en Ia
libro ejemplo, tratándose de la tienda de un eclitor disyunción, no poclemos interpretar las palabras si no es con
en la -por
que se acumularan ejemplares de cierta obra de éxito. referencia a un estado cle la mente. En realidad, nunca po-
Entonces podríamos decir: "Todos los lugares de esta ha- demos interpretar así nuestras palabras a no ser en el len-
bitación contienen el libro que hace al caso, por lo tanto guaje primario.
(como que la habitación existe) alguno de sus lugares lo I-a mayor parte de lo que hemos dicho de "algún" se
contiene". O, podríamos ver el libro y hacer esta reflexión: aplica también a "todo", con una diferencia irnportante por
"este lugar 1o contiene, por consiguiente algún lugar 1o con- lo que concierne al conocimiento. Conocemos a menudo pro-
tiene". Pero de hecho, a menos que nos dedicáramos a en- posiciones sobre "algún" que pueden ser probadas empíri-
señar lógica, nunca razonariamos de este modo. Cuando camente aunque no puedan expresar hechos de observación
decimos "ese libro está en alguna parte de esta habitación", directa. Pero las proposiciones sobre "todo" son mucho más
lo hacemos de este modo porque no podemos precisar mejor. difíciles de conocer, y nunca pueden ser probadas a menos
Huelga decir que "el libro está en, algwna parte de la ha- que haya algunas proposiciones de éstas en nuestras pre-
bitación" no puede ser un juicio de percepción; no podemos misas. Como no h^y proposiciones de esta índole en los
percibir ylgyna-pa.rte, sino qólo allí. No ocurre lo mismo juicios de percepción, cabe pensar que tenemos que renun-
con un juicio de memoria. Podemos recordar "yo vi el li- ciar a todas las proposiciones generales o abandonar el
bro cuando estuve en esta habitación", o algo por el estilo. empirismo. Sin embargo, esto parece repugnar al sentido
Podemos recordar haber dicho "¡Ah ! he aquí aquel libro" comírn. Tomemos un ejemplo que ya comentamos : "no hay
cuando estábamos en la habitación. O podemos tener una qlleso en la mantequillera". Parece absurclo mantener que
pura memoria verbal de haber dicho "estoy convencido de si aceptamos afirmaciones de esta índole tengamos que aban-

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donar ei ernpirismo. Pc,«lcttros tomar también otro ejemplo Se plantea esta cuestión : ¿ Irnplican algo psicológico las
ya comeni¿irtrr:: "toclas las personas de esta aldea se llaman lralabras lógicas ? Podenlos vc'r algo y clecir "esto es amari-
Williams", aserción formulada sobre la base de una erlume- llc¡" y más tarcle "eta aniarillo o n,aratrjado, no recuerdo
ración completa. Sin enrbargo, se nos presenta eu este caso l¡ien cuái de los dos". lln tal caso Lenemos la sensación de
una dificultad que pone de relieve la maclre de l-lamlet cuan- <1ue el amarilio existía en rc¿rlirlarl ruicniras que "amarillo o
do éste le pregunta ii no ve el espectro : anaranjado" podía existir stilo ur nucstra lnente. Es suma-
Hontlet: ¿No ve lJsted nada allí? mente difícil eludir las confusiorrcs en el exarrell de esta
La reima,: Absolutarlente nada; es todo lo que veo. cuestión, pero pienso que 1o tluc 1-rrrccle dacirse es esto: Las
Siempre me intrigó cómo podía saber la reina que aquello palabras no-mentales pueclerr scr completamente descritas
era "tocio 1o que" veía. I)e todos modos tenía razón consi- sin el uso ctre palabra lógica alguna, a pesar de que sin la
derá,nclolo corno prenlisa necesaria pata negar el espectro. patrabra "todo" nos resulta inrl>osilrle afirrnar qrle la descrip-
Lo misr-no le ocurre al hombre que no ve queso en Ia mante- ción sea completa; sin embar¡1o, cuancio nos asomamos ál
quillera y al clue no encuentra en la aldea a nadie que no se rnundo mental, hay hechos que no pucclell ser mencionados
llame Williams. Es bien claro que la cuestión de nuestro sin usar palabras lógicas. En el ejernptrr, que acabo de men-
conocimiento de proposiciones generales plantea dificultades cionar, recuerdo que ello era arilarillo o ;uraranjaclo; en una
hasta ahora no resueltas. descripción completa del munclo, est.c rccucrclo tiene que ser
No estoy totalmente seguro de que los empiristas tengan mencionado, y no puede serlo sirr crrrplt:a.r la palabra "o" u
razón cuando eliminan de las proposiciones básicas todas las otra equivalente. De esta suerl.e, ¿Iull(lrlc la palabra "o" no
aserciones generales extra-lógicas. Anteriormente examina- aparezca en las proposiciones básica.s de i¿r física, si aparece
mos ya la aserción "ningítn lugar visual contiene dos colores en aigunas de las proposiciones básicas rlc la psicología., pues-
diferentes", que parecen ser un caso a propósito. O, para to que es un hecho observable que la gerrte cree a veces dis-
tomar un ejetnplo que ofrezca menos evasivas, podemos su- yunciones. Y lo propio es verrtracl cle las paierbras "no" , "al-
poner que vivimos en un lugar muy apartado y estamos gún" y "todo".
aguardanclo que un amigo venga en coche. Nuestra esposa De ser cierto, esto resultaría impor:tante. Rr:l,cla, por
nos clice "i oyes algo ?" y después de escuchar un momento ejemplo, que no podenros aceptar una posible interpretación
contestamos "rtro". Al dar esta respuesta ¿hemos abando- de la tesis que Carnap llarna "fisicalisntro", según la cual
nado el empirismo ? En este caso herlos cometido una gene- toda ciencia puede ser eripre*sada en el lengua,je de la física.
ralizaciln formidable, a saber: "Todo lo del universo no es Cabría sostener, sin ernbarslo, qu*, al rlcscribir lo que sucede
un sonido oído ahora por mí". Y, sin embargo, nadie puede cuando una persona cree ",Í, o Q" , la 'ro." que tenemos que
sostener que la experiencia no justifique nuestro aserto. Ello usar no sea la "o" de ia lógica. Es posible afirmar, en tér-
me indrrce a stlponer que, prescindiendo de la lógica, cono- minos más generales, que cr-la.ndo a.firrnanros "A cree !", la ?
cemos realmeute algunas proposiciones generales de otro no sea la misma que cuetldo afirmantos "fi". Como vererno.s
modo que por generalización incluctiva. Pero esa cuestión después, en este caso hay que distinguir frcs cc¡sas, no sólo
nos llevaría muy lejos. Volveremos a examinarla en otro dos: La oración, el nonrbr"e cle la r¡racion y "que p" en don-
capítulo; cle momento, fle proponía sólo formular un ca- d* "lr" es la oración de riue se trata. No tr:nemos que decir
t'A cree'p"' ni "A cree p"., sino ".A cree {lút
zteat. f", enáonde la
112 11r;
oración '_'¡i' se presenta ci)fno expresiva v no c:()r]li) intiicati-
va. Toda esta cuestión es sumamente difícil, y volveré a
examinarlo en los capítulos XIV y xIX ., ,ron.ii<in con las
actitudes proposicionales. Entre tanto, clclrcrrrr_rs tener pre-
sente que, p-rirna faci,e,las palabras lógicas, arlnqrlc no retul-
ten necesarias para describir hechos físicos, sori iirclispensa-
bles para Ia descripción de ciertos estaclos rne,rales.

C APfT I I. O V I

NIOMBIT]iS ] 'ITO I'I(]S

Es corriente en lógica divirlir las p:rlalrras cn categorías:


nombres, predicados, relacioncs <liá<lit'¡rs, lriírtlicas, etc. Es-
tas no agotan todas las palabr;rs. No int:lr¡-yt'n las pala,bras
lógicas y es dudoso que incluyan las p:rl:tlrras para "actitudes
proposicionales", tales como t'crccr", "(lescar", clttclar", etc.
También plantean dificultades las "p:rr-licnl;rrcs cgocéntri-
cas", a saber i "yot', t'esto", "ahota" , "il{¡uí", etc. Las acti-
tudes proposicionales y las particulares cgocérrtricas serán
estudiadas en su lugar debido. De mornento, quiero ponerme
a estudiar los nombres.
Para ahorrar palabras, designaré con Ia cxpresión "rela-
ciones monádicas" a los predicados sienrprc quc ello sea con-
veniente. Por Io tanto, estudiamos Ia clistinción cntre nom-
bres y relaciones, respecto a la cual tenemos que formular
dos cuestiones:
¡e ¿Podemos inventar un lenguaje sin la distinción de
nombres y relaciones (o, mejor dicho, de palabras de rela-
ción) ?
za En caso negativo ¿cuál es el mínimun de nombres re-
querido para expresar 1o que conocemos o entendemos ? Y,
114 115
relacionacla con esta cuestión, ¿ cuáles de nuestras palabras
mica en Ia cual R,., cs ulra rclación n-ádica, frLt fizt .rrc. . . ltt)
corrientes pueden ser consictrer¿r.das nombres ?
En cuanto al primero de estos problemas, tengo mrly poco son nlrmbres. Podenros rlcfirir el "nombre,, diciendo oue es
toda. palabra. que pueclc 1>rr.s.rtarri(: cn cualqtti,er .;p.¿i.
que decir. Sería posible inventar un lenguaje iin ,oirr6res, J;
pero, por mi parte, me siento incapaz de inraginar tal len- oración atómica, esto es, cn rrrír oración cle sujeto-pri¿i.r¿á,
guaje. Esto no es un argumento terminante, a ,,,, scr de un en una oración de relacirin rli;irlir:ír, crl ,rm oirción de ,elal
modo subjetivo: no hace más que poner purrto final a mi ción triáclica, etc. Las palalrr-;rs otras que los nombres, si
capaciclad de estudiar la cuestión. .11. que - aparezcan propianrcrrrt: (., nna oración utóái.r,
Sin eml¡argo, fle propongo sugerir un criterio rtuc a pri- sólo podrá ser en uná oracidr,:rrrirrir::r dc una especie, p",
mera vista podría parecer equivalente a la abolición de-los ejemplo: si R,, es una relacidr, r¿ írtlic;r, llu írnica .rp..i.'á*
nombres. ]v[i idea es abolir io que de ordirrario se ]laman oración atómica en que R', ptr.rl(. :rl);u-(,(.(,r. es R,., (rr, rz, *a,
"particulares" y limitarme a ciertas palabras que se sueleir ...§n). Ifn nombre puecle {isur.;u. r,n unír oración atómica
considerar como universaies, tales como "rojo" , "azlJl" , "du- sea cuál sea el número de pal:rlrras (lu(: rísta contenga ; una
ro", "blando", etc. Yo califico a estas palaLras de nr¡mbrcs relación sólo puede aparecei c, ..,,,rliin;rr-irirr .,r,., ,rrrtrrúmero
en sentido sintáctico; por consiguiente, no pretendo abolir fijo de otras palabral apropiadr) ;r ír(r.(,ll:r rclaciírn.
los nombres, sino atribuir una extensión insólita a la pala- .. Eslo proporciona una définici,i, sirfícric:r rk, l;r palabra
bra "nombre". "nombre". obsérvese que en la nrcirirr rlc "[.r-nr:rs'atómi-
Comencemos por clefinir la paiabra "nombre". Para ello cas" no se contiene Ia menor califir-:rr.i,in nrcl:r [ísica.. Tales
necesito definir prerriamente las "formas atómicas". calificaciones aparecen solamente si sc suqro¡¡1, (frle no son
LJna oración es de forma atómica cuando no contiene susceptibles de análisis los nonrbres y rr.la<-i.nr,. ,jr,,, fisuran
palabras lógicas ni oraciones subordinadas. No debe conte- en Llna oración atómica. En concxirin con cicr-trs problemas
ner t'o", "ro", t'toclo", "aigíln" u otras palabras por el estilo, puecle ser de importancia el conoccr si rrrr<.slros tórminos
ni ser de un tipo como "pienso qrle va á llover", porque esta pueden ser anali zados, pero esto carec(' rk, irrrportan.ia
oración conLiene la subordinada "va a llover". De un modo conexión con los nombres. El único nroclc¡ dc rjrrc cualquier "n
positivo definirenios corno oración cle forma atómica la que ctrestién análoga figure en el examen cle I.s rr,,r-,rbrcs, a,
contiene una palabra de relación (que puede ser un pr.ái- conexión con descripciones que a mcnurlo adoptarr el áspecto ",
caclo) y el menor nírmero de otras palabras requericlal para de nombres. Pero siempre que tenganros lrna oración de la
formar una oración. Si Rr cs u, predica.do, Rz una iela- forma
ción diádica, Ra una rclaciírn triádica, etc.,
"La s que satisface ,J'r satisf:rcc ry'r',
Ri (*), It: (.r, J,), It¡ (,r, y. z) . . . presuponemos Ia existencia clc oracioncs clc las formas ',§o,'
serán oraciones de forrna atómica a condición de que .r, y, z
y "rlra", en las que "a" es lln not,bre. De esta suerte, la
sean palabras de las que hacen significantes las- oraciónet cuestión de si una frase rlacla es un nombre o una descrip-
afectadas. ción, puede ser descartada en una cliscusión fundamental del
Si R ,, (rr, fi2t fiB¡. . . §n) es una oración lugar de los nombres en sintaxis. para nuestros propósitos,
de forma ató- a menos que se presentara lln motivo pafa 1o contrario, porle-
l"r 6
177

f
¡
,
mos aceptar conlo llombre toclo lo que se suele considerar de considerar como prr-rlrosición de sujeto-predicado "es-
tal: Tomás, Diego, Enrique, el sol, la luna, Inglaterra, F'ran- to es rojo", perCI si así lr¡ lricióramos nos encontraríamos con
cia, etc. Pero a medida que nos adentremos en nuestro estu- qlle "esto" adquiriría el c:rráctcr de substancia, de cosa in-
dio, veremos que incluso siendo nombres, tales palal,,ras no cognoscible revestida de pro¡ric«lrr«lcs, la cual, sin embargo,
son necesarias en su mayor parte para la exprcsirin dc lo que no es idéntica a la suma clc sus l)r'opiccl¿rr1es. Este criteiio
conocemos. Por el contrario, aunque entre cstas palabras se halia expuesto a todas las olr.iccirxrcs corrientes a la no-
indispensables las haya que, a mi juicio, dcban clasificarse ción de substancia. Sin ernl»rrÍl'(), licnc cicrtas ventajas en
como nombres, no todas ellas son palabras que tradicional- relación con espacio-tiempo. Si "<':ilr) cs rojo" es una pro-
mente se clasifiquen así. posición que atribuye una crralitl¡r«l ;r un;r sulrst¡rncia, y si una
Prirna facie,los nombres son de dos clases: acluellos que, substancia no se define por la sunr¿r tlt: sus propiedádes, es
como los mencionados en el írltimo párrafo, rlcsignan una posible, entonces, que esto y or¡ttr'llo tcng:ur c*aCtamente las
porción continua de espacio-tiempo, y los clue tienen una mismas propiedades sin ser sul¡sl:ur«:i;rs itlórrtic¿rs. Esto pare-
definición egocéntrica, tales como "yo", "IJsted", "esto", ccria esencial si tuviéralnos quc rlccir, conlo r¡uisióramor, que
"aquello". Me propongo ocuparme más adelante de la últi- la supuesta Torre Eif fel dc Nucv¿¡ Yorli no ('s iclóntica a- la
ma clase de palabras; de momento, haré caso omiso de ellas. de París.
Por consiguiente, vamos a ocuparnos sólo de aquellos nom- Yo sugeriria que "esto es rojo" ,o (:s ,r:r proposición de
bres que, sin ambigüedad de principio, designan alguna por- gujeto-predicado, sino de la fornr;r "t«tjcz cs acluí", que
ción de espacio-tiempo continua definida. "rojg' es un nornbre, no un prcrlir:;r<lo y (luc lo c¡ue por Io
La primera cuestión que tenemos que estudiar es la si- común llamamos "cosa" no cs nrás qt," r,,, haz de iualidades
guiente: ¿cómo distinguidos una región de espacio-tiempo coexistentes tales como rojcz., <lurcz¡-, ctc. Sin embargo,
de otra ? Esto nos lleva en último extremo a cuestiones como adoptando este criterio, la iclcntirla<l de los incliscernibles-se
esta: Si en Nueva York hubiese una Torre Eif fel exacta- hace analitica, y la supuesta Torrc Eiffel de Nueva york
mente igual a la de París ¿habria dos Torres Eiffel o ttna sería estrictamente idéntica a Ia rie París si realmente fuese
Torre Eiffel en dos lugares? Si la historia se repite, ¿se en- indiscernible de ella. Bien analizado, esto requiere que las
contraría el mundo en dos estados exactamente análogos en relaciones espaciales y temporales, tales como i-ta-dericha-d,e
dos ocasiones distintas o el mismo estado ocurriría dos ve- o delante-de no impliquen diversidad. Esto ocasiona dificul-
ces, es decir, se precederia a sí mismo? Só1o en parte son ludg-r .para la construcción de espacio-tiempo requerida por
arbitrarias las contestacioues a tales cuestiones; en todo la. física, y estas dificultades tienen que ser supéradar pr.-
caso, resultan indispensables para la teoría de los nombres. viamente ??ra que pueda considerarse posible el criterio que
La teoría de los nombres ha sido descuidada porque su sugiero. Yo pienso que pueden sel' superadas, aunque sólo
importancia sólo es patente para el lógico, y paru éste los bajo Ia conclición de considerar empíricas y dudosal ciertas
nombres pueden seguir siendo meramente hipotéticos, ya que proposiciones que habían parecido ciertas, tales como .,si A
ninguna proposición de la lógica puede contener ningún está a la izquierda de B, A y B no son idénticos", proposición
nombre real. En cambio, para la teoría del conocimiento, es en que A y B son la máxirna aproximación a las 1,cosas,,
importante conocer qué clase de objetos pueden tener nom- permitida por nuestra teoría.
bres, suponienclo que haya nombres. Sentimos la tentación cornencemos por obtener una pieza fitil para nuestro voca-

1i8 119

I
,

,*
bulario. Demos el nombre de "cualidades" a rnatices dg' siempre- por nredio de oportunos expedientes téc-
color específicos, a grados de dureza específicos, a sonidos -acaso
nicos, y es claro quc csto «lcirc procnrarse siempre que sea
completamente defir:idcs en cuanto a intensidad y volumen posible.
y a cualquier otra característica clistirrguible, etc. Aunque El principal obstáculo qu(: o [rccc la adoJlción clel criterio
en la percepción no Dodamos clistinguir Ia similaridacl exacta propuesto, es la definicirin rit: "lttq'íIr". \rcamos si es posible
rJe la apro>rimacla, ni en color ni en cuaiqrrier otro género de vencer esta dificultad.
cu¿lidacles, podemos. en- cambio, por ext)erit ncia, ser llevacLrs Supongamos que vemos sirlrrrlllurcanrcrrtr: clos nranchas de
a Ja concepción de Ia simila.ridacl exactft, l-r'.resto r;l_le esta es un dado matiz de color C; 1l;rnrt'lrtt-rs Ú. 'x' a les coorclenacl¿rs
transitiva, mic¡rtras qrle 1a similaricla<l ailro:rinra¿la no Io es. angulares de una mancha et-l cl cslr:lcirt vistlal Y 0', 4' ¿¡. las cle
Dada un área rrisual, porfernos rfefinir srr c,nl,r- coj-,ro el grupo otra. Entonces Cirer¡os clue C c:rtíL t:tr (0, o) y también en
de tras á.reas visualcs crre son inrlistinl;rril'',lcs.lc color de las (0" ó').
mi-s63s área.s ,,'isr-lrl"s o11c ,.r.rf1rellas «:le '!as rflr,: r's inclisting:ui- Las coordenadas angulares dc trlr olljcto ctr el campo vi-
I-le'¡. Sin cnrlr:iri:'o, hc,rror srrl'rrrr:sf o o-l esl:r definición que sual pueden ser consideradas cc.,nro ctt:rli<1¡r«Itrs. Así (f-1, 6, 'I')
si un rla.do 1¡7ti:,, rle co'lol existe en t{os áreas .0,-isl1ales, puéde es un haz de cualidades, y (C, {,4") o1ro. lii rtcfirrinros 1111a
r1::rse !1r'r r-ror1rI-r::e a car!a área visu.-l : de hecho. hernos su- "cosa" como elhaz de cuaiidaclcs (C, l/, 't'), llodcrnos decir
ntresto Ia t-listinci.'ur entr<,. e:;to \ qotrello, iildependienternente que esta cosa está en el lugar: (l/, at') y t't arralítico que no
de c,-ra.lid¡rc.les, r¡rre nrel,o-r¡-'rlenrns r:'[udir. iror lo tanto, acep- está en el lugar (0' o').
ternos oue los nonlhres cle cuali<1a,des sol'r ténninos de má- Extendamos este procedimicnto ;r la coll:rtl'ltt:cirin tlel cS-
rnento inclefinirlos, v más l-arde vol't¡eremos solrre tra cues- pacio-tiempo físico. Si salgo clc Grt't'trrvi,:lt cott 1111 lluen
tii;n cle distirrguir entre cr:a'!irlaáes tan similares que no prle- cronómetro o con un buen aparlrto rcccltlot- ('11 que capto
clen ser distinsr-ridas por Ia ¡etrr:priírn inrnecliata. diariamente a medioclía un rrensa.ie de (;.N{.'l'., pueclo cle-
El senticlo comírn consider:¡ ql1r lina "cosa" tiene cualicfa- rerminar por observación mi tratitud y lc,n¡1itrrrl. I)c tln ruodo
des, pero no qil.e sea definida oor eilas; se clefine por su análogo, puedo medir mi altitud. De csta st'lt:r-tt: lrtrt'[r'ó cicter-
posición esoacio-temprira'!. \zo suserirín c!ue rJondécluiera minar tres coorclcnaclas qrrc circlinscrihau t1,-r rin nr.'rtlo {rnico
(flle para el Ser..tir-lO cOtrrt'ln Se enCttentre .ona "COSat' q11e mi posición con respecto a Greenwich, y cl pt-,ririo C::eetl-
ten.ga. Ia crra'fi.'l:,rl C. rliirir'¡rrrc,:i. en yez rJr: esto, que es C Ia wich puede ser clefinido con observaciorrr:s sirnilarr:s. Err
que se encrrrrrira. er, rrruel htqar. v rftie Je "cosa" debe ser honor a la simplicidad, podemos tratar cle clralitl¿rrles a i:rs
sustituícla oor el coirirr.nlo rle rualidacles e::istentes en el lugar coordenadas de un lugar; en tal caso, el ltlgar puecle ser
en cr:estión. t)e esta. srrerte. C rra"sr,ría. a ser un nombre, de- definido diciendo que es sus coordenaclas. tr)or cousiguieirte,
iand.o cle s:r nr,:Cicad,l¡. es enalítico que no hay dos Iugares (lllcr tcttr¡an las t¡ismas
T,a razitr,, pri;-rcita.l en favor ,:1e este criterio es que se des- coclrdenadas.
hace cle un incr.rgr-'oscible. Exrerimentar¡os las iualidades, llodo esto está muy bien, pcrc, no cleja ver cl elemento cle
r)ero nc el suieto ai ,,lre lrs srrnonemos inherentcs. tr-a inter- hecho empírico de que depetrde la utilir'l¿¿'.'[ tlc ]:r tratitud y ia
i,cnr:ióa rJe un irco',,r.',"ri'l:1" Íri¡ede ser eludida genera'lmente longitud. Supongamos clos br-rques seltrr-r-lttir,-s entre sí por
una distancia cle diez rniilas pero qur: ptir:rlcn lrerse mutua-
1 Cf. Carnap, l.o¡1í:;cher Aufí:at¡ rl,er 14/elt. mente. f)ecimos que si sns instrumcntos ticnen Ia precisión
120 121
"-_- ;:;É;={

suficiente, nos darán valores diferentes de la latitud y lon_


gitud de los clos buques. Esta es una cuestión de hecht em_ Cualcluier cosa quc ()cul)c trrírs de un punto de espacio-tiem-
pírico, no de definición; en efecto, cuando cligo q.," iá, po, tiene que ser divisilrlc, para la física, en "cosas" meno-
buques están separados por una distancia de ¿ie, ,nitt"'-., argo ies. Nuesiro intento cs, ('lr l;r nretlicla de lo posible, cons-
truir a base de cualidadcs h:tces (ltlc tcngan las propiedades
Slqo que puede ser probado por observaciones trtalmente espacio-temporales que la físic:r cxigtr dc las "cosas".
independientes de las (ue deterrrirr, la latitucl y l, I,irgi¡"á.
T:u geometría, como óiencia empírica, se o.r1r, rlc h"echos Latitud, longitud y altiturl son, «lcsrlc luego, cualidades
observados tales como el siguienti: Si la clistarci¿r cntre los no directamenté observaclts, :rtrlt's lrit:tt dcfiniblcs cn térmi-
dos buques está calculada i bure de la cliferc¡rci¿r clc su lati- nos de cualidades, y, por consigrtit'tltc, cotlstitrryc ttn circum-
loquio inocente y evasivo calificarl;rs <lc cualiclacles. A dife-
lrd y longitud, obtendremos el mismo resultaclo si 1o calcu- reñcia de la ro1ez, tienen las lrrolri«'rlrttl«'s gcométricas nece*
Iamos por medio de observaciones clircctas hechas ce cada
sarias. Si á, o, /o son una latitttcl, t.tll;t lorrrfittrcl y una altitud,
P"qy§ desde el otro. Toclos estos hechos r¡l¡scrv¿rclos se hallan encontraremos que el haz (d, Ó, /') tro ¡rttcdc cstar al norte,
implícitos en la afirmación cle que cl espacio cs euclidiano
grg:s.o ncodo y que grosso rnodo la superiicie clc la tierra es al sur, al este, ai oeste, encima o <k,lr:rjr¡ <lr: sí trismo, pudién-
esférica. dolo, en cambio, la rojez. Si «lefilrillros 11lr "lugar" por las
De esta suerte entra en juego el elenre,to empírico coordenadas (0, Q, h,), las relaciollt's t'rr'¡r:tt:i;rlcs tendrán las
cuando explicamos la utitid,ad, á. l, latitud y la longitucl, propiedades que esperamos de ellas; ll(), (:lr cambio, si 1o
pero no al dar su áefinimos por cualidades tales conl( t roi<'t y rlttcza-
/efücición. La latitud y la iongitud"estáí
conectadas por las leyes físicas con otras cosas .oñ lm cuales Esto poi to qile concierne a espacio *-exatrlitlemos ahora
no están conectadas lógicamente. Es empírico que si pode- 1o relativo al tiempo.
mos ver que dos lugarei están separador po, un gran trecho, Por lo que al tiempo se refiere, dcseatllos ellcolltrar obje-
no se encontrará que tengan las mismas latitud y tongitua; tos empíricos tales eúe, con fespecto a cllos, t'l tiempo_sea
esto es lo qrre expresaríarnos de un moclo natuial diüendo serial, és decir que quisiéramos encontrar una clase clefini-
que un lugar de la superficie terrestre se halla definido úni- ble en términos de objetos observables tales c¡ttc, si n, !,3
camente por su latitucl y longitud. son miembros de esta clase, tenqamos:
Ja .r ']1,o ttrecede r;
. cuandq digg que la rojez puede estar en dos lugares a un
tiempo, significo gy. la- roiez puede tener .orrilo misma 2a si r precede y e y precede z, r prececle s;
una o más de aquellas relaciones-especiales que r.g?, el sen- 3a si r-e y son diferentes, -r precede 3r o 1, l)rccede r'
tido comírn ninguna "cosa" puede i"r., consigo irir*u.- iu Para cofnenzar, poclemos prescinclir cle Ia tcrcera de estas
rojez puede estar a la derecLa cle la rojez, o encima de la condiciones, aplicable sólo a instantes, flo ÍI acaecimientos.
r91e7, en el campo visual inmediato; ra íojíz puede estar en La construcción «le instantes como clascs cle eventos eS un
América y en Europa, en el .rpr.io físicá. Érr. u ririo, problema clel que me ocupó cr-r otra obra.
necesitamos alguna. cosa que ,ro pueda estar en Améri"a y Lo que necesitamos es ttna clase cle acaecimientos que ten-
Europa. al misrno tiempo ; para ri física nada puede contJr ga una unicidacl temporal análoga a Ia urricidad de latitud,
como "cosa" a menos clue ocupe Llna porción continua de longitud y altitud.
espacio-tiempo, Io cual no ocuire con la rojez. g, áa,, y
Artificialmente, poclemos tomar ia fecha tiempo deter-
122 L23
Wr * "*

minaclos l)or 11, olrscrvatorio. pero en este


caso estarnos cxactamente como es en ia actuatridad. ¿Cómo expondríartos
cx¡lttcsl...i :r ci'r(:,'es r CiC ser posible, necesitaríanros
,ll(',tos :l l-l i Iici¿rl.
;; ;;;, csta hipótesis según nuestro criterio ? Tendrcmos que decir
(lue el írltimo estado es numéricaineirte icléntico ,1 estado
liriclir¡;ton se sirrre a este.objeto de ra segunda
tcrnrociinárnica. Er inconvenienie- es qu. .rá rey de Ia anterior, y no podemos decir cprc este estado se dé dos ve-
para el uni'erso en coajunto, pudiendo ,..átu,
ley váe;i; ces, puesto que esto implicarízr ul1 sistema de calendación
íorrr. upñ.r_ clue la hipótesis hace imposible. I-a situación sería análoga
da a algún volurnen finitg, y rato tor .,rát,in-,.nes
observables. Por consiguieníe, aunque er métocro
fi,itos son a la de una persona que viaja alrecleclor del mundo: no cli-
ton fuese satisfactorio para ra omnis.i.".ir, Ls á. oáái"g- ce que su punto de salicla y su punto de llegada sean lugares
más o menos diferentes pero muy sernejantes, sino que dice que son el
inadecuacio. empíi:icamónte, para nosotros.
Si pudiéramos creer en er-ra, ra memoria de Bergson mismo lugar. La hipótesis de que la historia es cíclica pue-
perfectamente para nuestro objeto. segírn ser_ de ser expresada del modo siguiente: Forrnen lJstecles el
";iri-a
de lo c;rlrerime'tado ie orvida jamás;' .,
.ilE grupo de todas las cualidades contemporáneas con una clta-
.orrrecuencia,";á;mis lidad dada; en ciertos casos etr conjunto de este grupo se
recuerclos de una fecha anteríor ro,
,n" subcrase a. *i, precede a sí mismo. O bien: en estos casos, todo grupo dt:
d:.,na fecha posterior. ». ,fri que mis recuerdos cualidades simultáneas, por grande que sea, se prececle a sí
.r^*,:y.:dor
rolarr-'s cíl rrriercntes tiempos pueclan ser
trcleuadas ..riui_ mismo. Semejante hipótesis no puede ser considerada im-
rnente por correlación con el tótal de recuerdos.
clria usarse ra ,remoria para nuestro propásito 0r*; p"_ posible lógicarnente mientras digamos que lo único que se
posición cJe qrre nada se olvida
ín i; ;.;_ da son las cuaiidades. Para hacerla imposible, tendríarnos
Jamas, pero yo me inclino a que suponer un sujeto de cualicladcs instantáneo y sostener
ponerio en duda. En todo caso ru *.áorir'.rr..e
de utiri- que este sujeto debe su identidad, no a su carácter, sino a
darl e, relación con el tiempo georógico
inclul'e períodcs de los que se supone que l-ártrorra*i*,*.qr. su posición de espacio-tiempo.
existió rnenroria alguna.
durante eilos no La iclentidad de los indiscernibles, consecuencia anaiítica
de nuestra teoria, ha sido desechada por Wittgenstein y otros
Antes de por,..rros a buscar una clase de acaecimientos
qtle tengan las prqliedacles deseadas, examinemos autores fundándose en que aunque o y b coincidan en todas
gulla mayor atcncií¡n.lo corl al- sus propiedades, pueclen ser aun dos. Esto presupone que
mos que hay sólo cualidades, _que estamos suponienrtro. Srpo*_ la identidad es indefinible. Además, hace imposiLle teóri-
pero no ejemplás de cualidldes. camente la enrlmeración. Supongamos que IJsterles quie-
Puesto que uil ntatiz cre .ár,rr dado 'ilá; existir
feciras cliferentes, puede preceders. u ,i
en dos ren contar una colección de cinco objetos A, B, C, D, E, y
grriente, "precedert' no ér asimétrico ." g."
*irrroi por consi- supon€lamos también que B y C son indistinguibles. Se sigue
lo será, cuando nlejor, con resp.c_t-o_ , arguna"íur,' .irro- qr. de esto que en el mornento de contar B, Ustecles querrán
cle cuaiir'larles o cle- haces de óuaridades.- La
crase especiar contar asimismo C, y por consiguiente concluirán iJstecles
existencia de que los objetos que hay que contar son cuatro. Decir que
cI¡s1 11o es lógicarnente neces aria; d. serio,
:,..T]:Jirie
rrrulrra tilr hectrro empírico venturoso. *nr- B y C son "en realiclad" dos, aunque parezcan uno, es de-
Irfr-rciros es:crir,rres han irnag'i*ado gue
cir algo que parece absolutamente carente de significado si
gue el estacl¡ oresente del -nrunclo voh,erá
Ia historia es cícrica, B y C son totalmente indistinguibles. En efecto, quisiera
a presentarse reivindicar yo como principai mérito de Ia teoría que sus-
i24 125
tento el que haga analítica la iclentidad de los incliscernibles. rncidr¡ exactt¡. Podernos tornar también deternrinaciones de
Volvamos ahc¡ra a la búsqueda c1e una serie cle cualidades, tiempo, por ejempio medianochc Cl. i\4. T. al final del 3 r
o de. grupos de cualidades, que tengan las propic<lades ,.1 de diciembre de rgoo. (I-os ingleses creían que esto era el
queridas para construir la serie-tiempo. No creo que pue- fin del siglo XIX, olvidíurrlosr: rlc que para resuitar cierta
da lograrse sin tener en cuenta las leyes empíricas; se rigr. su suposición tenían qlle h¿rbcr sustitrrí<lo el meridiano de
de ahí que no puede hacerse con ceitidumbre. I.rcro *i.r- Greenvvich por el de Belén. ) Mcdi;ur«rr:lie sólo puede ser
tras no bus-quemos Ia certidumbre lógica poclcnros llegar a determinada por medio de obscrv:tcioncs, por ejemplo, a
Io que empiricamente es suficiente .'ráliér,dntror cle los- me- base de cronómetros; pero ningrrrra obscrvación es exacta,
dios anteriormente desechados, a saber, la memoria y la es decir, que existe un períoclo finit«r rlc tiempo durante eI
segunda ley de Ia termodinámica. No son reversibles tbdas cual todo cronómetro dado farcccrú scira.lar meclianoche; y,
Ias leyes causales de- que tratamos, y las que no lo son pro- además, ningírn cronómetro es t'isuros:rtncnte exacto. Por
porcionan medios de calendación. - Es fncit construir un consiguiente, naclie pudo corlocor cuíurrlo terntinó exacta-
reloj que además de señalar las horas y los minutos, marque mente el siglo XIX. De esta situaci,'rrr rcsttltarían dos co-
todos los días un número más del exñibido el dia anterib.. sas: primero, que hubo un instantc «'>::rr:to cn quc terminó
Valiéndonos de tales medios, podemos tener la seguridad de el siglo: segundo, que la exactitud es ihrsoria y cf11e la calen-
disponer de un complejo de cualidades que no vol,ieri a pre- dación precisa es por ende conceptturlrncrrtc inrposihle.
sentarse de nuevo, en todo caso mientrás dure nuestra ói"i- Apliquemos de un modo anírlog.-r «'st:rs colrsiclcraciones
lización. No podemos colxocer más de esto, aunque poclamos al caso de los colores, más o menos rc'lacionatlo con ei prc-
encontrar razones de creer muy improbable una reversión blema que nos ocupa. Supuse que tienc qttc darse t1n nom-
exacta de gran escala. bre propio a cada matiz de color, pero 1r1 t-n'¿tiz <le color
Mi conclusión es que las cualidades bastan, sin que ten- tiene el mismo género de precisión c¡ue una fccha exacta o
gamos necesidad de suponer que tienen ejemplos. Inciden- que un metro exacto, y jamás puede ser cletct'nrinado en la
talmente, hemos reducido al nivel empírico ciertas propieda- práctica.
des de relaciones espacio-temporales que u*rr^rábin ser Existe un procedimiento formal aplicable a toclos los ca-
-
verdades generales a pri,ori sintéticas. sos en que intentamos derivar de algo clado en tln sentido
.
Desde el punto de vista de la teoría del conocimiento, hay un concepto que tenga una exactitud que no sea parte del
aún una cuestión_ que debe ser resuelta antes de que podamos dato. Esto es un expediente para pasar cle Ia indi,stí,ngu,í,bi,-
considerar sentada nuestra teoría. Esta cuestión foima par- lidad a la i,derutid,ad. Llamemos rúS" a la "indistinguibili-
te de la más amplia concerniente a la relación de la preciiión dad". Entonces, dadas dos manchas de color, podemos ob-
conceptual con la vaguedad sensible. Toda ciencia usa corr- servar que el matiz de una mancha tiene la relación S con
ceptos que en teoría son precisos y en la práctica más o el matiz de Ia otra. Sin embargo, poclemos probar que S
menos vagos. El gobierno de la revolución francesa defi- no implica identidad, porqtle la identiclad es transitiva, y
nió "un metro" con todo el cuidado posible: era la dis- S nc¡ 1o es. Esto equivale a decir: clados tres matices de
tancia entre dos marcas sobre cierta vara a cierta tempera- color fr, !, e, existentes en tres manchas visibles, podemos
tura. Pero hubo dos dificultades: las marcas no eran tener rSy e ySz, pero no rS,s. Por consiguiente s no es
puntos y la temperatura no podía ser determinada de un idéntica á z, y,por 1o tanto, y no puede ser idéntica a la vez

L26 127
4rl

I'uecle ocurrir, realmetrte, ([tle en alguna fase evolutiva haya


habido una mutación tau grartrle y rcpentina que nos auto-
rizara a dar el nombre clc "ilottllrrc" a lo cltte vino después y
no a 1o que habia antes, pcro <le ser asi, ello constituiría un
t enturoso accidente y poclríur intagilr:lt'st: aitlr formas inter-
medias. En una palabra, toclo cottccplo empírico tiene el
tipo cle vaguedad que se hace patcrrtc ell cjemplos tales como
"alto" o "calvo". Sin duda alqttttos ltotrtltrcs so1l altos y
otros no; pero, tratándose de tipos irrtcrrrrerlios, diríamos:
"¿Alto? Sí; creo que lo es" o "No, llo nrc clccicliríe a cali-
ficarle de alto". Este estado cle cosas cs cl r¡tte clclle encon-
trarse, en mayor o menor graclo, cxatttinantlo tocla cualidad
empírica.
La ciencia consiste en gran partr: cn rc(:tlrsos para inven-
tar conceptos que tengan un gratlo tlc ¡rrct'isiírn rrrltyor que el
que etlcontramos en los conceptos dc l:r vitla orclirlaria. El
§rado de precisión de un concepto st:rilrl ('s strsccptible de
áefinición numérica exacta. Suponq;rnrr)s r¡rit' "P (r) sigrri-
fique "fr tiene la propiedad P". Jixatttilrclrlos torlos los
ejemplos conocidos cle cosas cle la cspccic c¡tte callría esperar
tengá la propiedad P; suponganlos quc el núnrcro cle tales
cosát ,s *. Supongatxos que efl nI, cle cstos ejemplos pocla-
mos enttnciar definidamente "no-P (r)". Elltotlccs ttt'/ru es
una medida de precisiórr cle nuestro concepto P. Tomemos
como ejemplo la medición: la afirmaciórr "l:t lorlrlitrrrt cle
esta vara es superior o inferior a un nletro". Esto no pttede
probarse nunca, pero tampoco puede dc.safrob(trsc en los ca-
sos en que nuestra anterior proposición no puecla scf proba-
da. De esta suerte, cuanta mayor prc'cisiórr clamos a un
concepto, tanto más a menurlo pucclc probarse que es ina-
plicable y tanto más raramentc ptte{r,: probarsc cl11.e sea apli-
cable. Cuando es absolutamentc preciso, ltttltco puede pro-
barse que sea aplicable.
Si sé pretencle qtre "metro" (:s L111 collcepto preciso, ten-
rlremos que clividir las longitudcs cn trcs clases ! Ia, las se-
g;rlramente infei'iores a tr^lr metro, 2a,las scgtlramente supe-

129
riores a un metro, 30, Ias que no pertenecen a ninguna (¡Ct" pueden
I
las dos primeras clases.
de C y C' puetlen ser irlénticos, es clecir, "C" y ser
sin embárgo, pocrríarror" p..rr* clos nombres de la misrn¿r cosa. Pero como no puedo saber
q.ue
.g: preferible hacer de "metro,, un concepto in&acto, nunca que haya examinaclo todos k¡s colorcs, jamás podré
sig'nificando entonces "toda longitud QUe, a base de loé
métodos científicos existentes, no es diitingrrible del metro estar seguro de que C y C' sorr icléntict-rs.
tipo". En tal caso, podemos decir , ,...r",,Ia longituá ae Esto contesta la cuestión- conccrniente a Ia relación entre
esta vara es un metro". Pero la verdad de lo que decimos precisión conceptuai y vagueclacl sensible.
es relativa ahora a la técnica existente, y se convertiria en F"alta examinar, sin embargo, las posibles objeciones de
falsedad si se hiciera un progreso en Ia iécnica de la medi- que puede ser objeto nuestra teorí¿r, derivadas c1e Io (it1e yo
ción. llarno "particulares egocéntricas". E,s lo qtle vamos a ha-
Todo lo que hemos dicho acerca dc Ia longitud, reza tam- cer en el capitulo siguiente.
. .
bién, rru¿tatis rnwtandis, de los maticcs de coior. Si los colo-
res sol1 definidos por longitucles de onclas, cl argumento vale
textualmente. Es evidente
.qu_e, en conjunto," el concepto
empírico fundamental es la indistinguibilidacl. Los ,..rrio,
técnicos pueden disminuir pero nJ suprimir totalmente la
inexactitud esencial de este concepto.
Diremos: el color de esta rnurr.h, dada debe ser llamado
"c". Entonces, Ios colores de las demás manchas se divi-
dirán en dos clases: re, aquellos de que sabemos que no son
9;-r'aquellos de que no sabemos que ,ro ,.r, i. Todo el
objeto de los métodos de precisión estriba en reducir todo
lo posible la segunda clasi. pero jamás alcanzaremos el
punto 9l
-qr. sepamos que un miembro de Ia segunda cla_
se sea idéntico a c; todo lo que podemos hacer -es formar
Ia segunda clase a base cle colóres-cada vez más semejantes
aC.
Esto nos conduce a Ia siguiente conclusión: Doy el nom-
bre "C" al matiz de color que veo en e! lugar .,risuál (o, á)
;
el nombre '(C"' al color qué hay en (0 , §;). puede .t.i qáé
c y c' sea, distinguibles; e,tonc.r rLrirn ii, drd, diferán-
tes. Puede ocurrir que sean indistinguibres y que haya un
color c' distinguible -de uno y no de ótro ; e; tál caso. tam-
poco cabe duda de qrre c y c' son diferentes. por último,
puede ocurrir que tedo color conocido para mi, sea distin-
-
guible de ambos o indistinguible de ,rrror; en tal caso,
130 lljl
CAPlTUI,() VII
PA1TTIC ULARtrS IIG(;C íi X'I'iTICAS

Las palabras cie qtle rne voy a ocul):rr cn cste capítulo


son aquellas que clenotan algo con rclaciirrr a la ¡rcrsona que
habla. I-ales son esto, eso, tttytrcllo, yo, lti, or¡uí, altí, allí,
ah,ora, luego, pa.sodo, presente, f u,luro. '['anrlritirr pcrtenccen
a ellas las reflexiones de los tiempos vcrbales r. Ir[«r sirlo "yo
tengo calor", sino también "Jones tierte calor" tienen una
significación que sólo resilita cleterminacla cuan<lo colloccrllos
el tiempo cll que se hizo su entlnciado. Lo nrisnro cabe de-
cir de "Jones tuvo calor", 1o cual significa "l¿t calttrosidad
de Jones precede la presente", y, cle esta stlcrtr:, srr signifi-
cación cambia a meclida que caml:ia lo prcsctrte.
Todas las palabras egocéntriczrs pue<tetr scr definidas en
términos de "esto". Así: "yo" significa "la bio¡¡ra[ía a que
pertenece esto" ; "aqtsi", "el lttgar dc esto"; "ahora", "el
tiempo de esto", y así sucesivamente. 1)or lo tarrto, podemos
circunscribir a "esto" nuestra investige,,:iirn. i{o parece
l Reiteramos nuestra obscrvacirin lra.i'e ci lec{oi-rlc liabla castellana de
qur1, de las palabras ,ilcnci,,uAr'la:; :rir1,.'ri',r'ri)(lnic, :;c cni.ir.:itde también 1o
mismo para las flexiolrcs clc g;útrc;',r y ttúircr,.r Cer las que las tengan
gramaticaltnente; po:: 1o 1anl-o, a1 rlet:ir' "cstn", se entie:icle igualmente
"er.tc", t'ti;ta", "estos", "cst¿1s", ctc. (A'. ¿/¿,/ 7'.)

1 ,)r)
i ..., )
t.'''ífrq¿ltar' '
'";:{'r"
!
'

i¡irr;rlrrr.rlr' l':r,'lil¡lc lrnrar como fundamental otra palabra hay uno que sea "esto". Podríamos decir: "esto" significa
.j,r,r'r.rtrir;r l rk:l'irrir "esto" en términos de ella. Quizá si "el objeto de este acto de atención", pero huelga decir clue
rlicr.r un t)(|lrrl)rc a "yo-ahata" en oposición a "yo-despuéS", esto no es una definiciórr. "Esto" es un nombre que damos
l;rl rrrllrlrr«-. poclría sustituir a "esto", pero no lne parece que al objeto en el que se pDne nuestra atención, pero no pode-
lr:r-y;r ninguna palabra del ienguaje corriente capaz de sus- mos definir "esto" diciendo que es "el objeto en el que aho-
lituirla. ra yo tengo puesta mi atención", porque "yo" y "ahota"
Antes cle embarcarnos en cuestiones rnás difíciles, obser- irnplican a su yez "esto" 1. La palabra "esto" no quiere
vemos que en el ienguaje cle Ia física no aparecen particula- decir: "1o que tienen de comírn todos los objetos llamados
res egocéntricas. La física considera el espacio-tiempo im- sucesivamente 'esto'", porQue en todas las ocasiones en que
parcialmente, cual se supone 1o hace Dios; a cliferencia de se usa la palabra "esto" sólo hay un objeto a que se aplique
la percepció,. no hay en ella una regicin que sea esoecia-lmen- esta palabra. "Esto" es notoriamente un nombre propio que
te cálida e íntima y brillante, rodeada en toctras direcciones se aplica a cliferentes objetos en todas las dos ocasiones en
por una oscirrialacl graduatrmente progresiva. Un físico no qrle se usa, y, sin embargo, nunca es ambiguo. No es como
diría "yo veo una firesa", si flo, como l{eurath 1, "Ottc el nombre "Strith", que se aplica a varios objetos y siem-
vió una mesa", ni tampoco "[-fn meteoro es visible ahora", pre a torlos ellos; el nombre "esto" se aplica sólo a un
sino "IJn meteoro era visible a las B horas 43 minutos G. objeto cada vez, y cuando comienza a aplicarse a un nuevo
N{, T.", enunciaclo en el que "era" 11o irnplica calific¿- objeto deja de aplicarse al antiguo.
ción temporal alguna. No puecfe ponerse en -ducla de que Podemos plantear nuestro problema en los siguientes tér-
Ia realidad no-mental puecle ser totalmente descrita sin ne-
cesiclaclde usar palabras egocéntricas. Tampoco cabe duda minos. La palabra "esto" es una palabra que, en algú,n sen-
cle que buena parte cle 1o cirle psicología desea decir pue- ti,do, tiene una significación constante. Pero si la tratamos
de prescindir igualmente cle ellas. sienclo así ¿es que ieal- como rnero nombre, en ningún sentido podrá tener una sig-
mente son necesarias tales palabras ? ¿ no poclría decirse nificación constante, puesto que un nombre significa sim-
sin ellas todo Io que se quisiera ? La cue stión- no es fácil. plenrente 1o que designa, y el desi,gnatum de "esto" varia
Antes de adentrarnos en su investigación, tenemos que continuamente. Por otra parte, si tratamos "esto" como una
decidir, si podemos, qué quiere clecir la palabra "esto" y por descripción encubáerta, es decir, como "el objeto de aten-
qué han sido consideradas convenientes las particulares ción", se aplicará entonces a toda cosa que en cualquier oca-
egocéntricas. sión sea un "esto", cuando en realidad jamás se aplica a
La palabra "esto" aparenta tener un carácter cle nombre más de una cosa a un tiempo. Tocla tentativa de eludir esta
propio, en el senticlo cle que clesigna meramente un objeto generalidad indeseada implicará una reintroducción subrepti-
sin describirlo en graclo alguno. Podría creerse que atribu- cia de "este" en 1o defini,ens.
ye a trn objeto la propieclad cle estar presente a 7a atencirin,
( "Esto" plantea aitn otro problerna relacionado con el
pero esto sería un error: en muchas ocasiones hay varios
objetos presentes a la atención, y en cada una de ellas sólo asunto de los nombres propios, y pone en entredicho, prirna
1 O, si tomarnos como fundamental "yo-ahora", surgiríau exactarneute
1 Véase infra, cap. X.
los mismos problemas con respecto a ella que los que suscita "esto".

1-t.tQ.4L
135
facie, la conclusión clel capítulo anterior. Si vernos sirnultá- egocéntrica puecle tcttcr la propieclarl peculiar de "esto", a
neamente dos ln¿l.nciras de un dado matiz de color, cliremos: ráb.t, que e" cacla ot::tsióll cll qtle sc qf9 valga para una
"Esto y ar¡uello sol1 exactamente similares cle color". No sola cosá, pero para cos¿ls tliictcntcs crr di{erentes ocasiones.
tenemos la menor duda de que una de ellas es esto y la otra Exactamente el mistllo tilro tlt: olr.il:cirirl sc opone al inten-
aquello; nada nos peÍsuadirá de que las dos son rlna. Sin to de definir "esto" colllo lrrctlic:rrl, gcttcral. Si cs un Con-
embargo, esta es una complicación fácil de resolvcr. Lo que cepto general, tiene ejempltls, t:;ttla tttto <lc los cttalcs eS siem-
vemos no es tneralnente una mancha de color, siuo una man- pr!, rrá sólo en un momcntr), 11rr t:jcrrrplo «lc ó1. triyiclentc'
cha en una dirección visual dacla. Si "esto" sigrrifica "una irraáta "eStO" implica ttn prcclicatlo t','lr('ral, ¿r sabcr, "objeto
nrancha de color en una dirección tal" y "ar¡rello" "l:Lna de atención", pero pata asc.gllrilr l;r ruliciclacl ternporal rlc
mancha en tal otra clirección", estos clos con'rplejos son dife- "esto" se requiere crlgr: más r¡tttr r.'stt: conccpto -g;cneral'
rentes, y no hay razón para inferir que el color iiso sea Puede .reu?r. superflno clccir (luc cn ttlt tnuuclo tr)111?me11-
doble.) te físico no habria particul¿trcs t'¡1ocórrtt'i«:as. Sin emhargo,
¿Es "esto" nombre, descripción o predicaclo general? To- esto no sería cxpresión e.xactÍI rlr: la vct'r l;t<l, ctr parte pofque
das las respuestas suscitan objeciones. en un mgndo ptirarrette físico tl'r lt:tlrt'í;t 1r;tlrllrra cle ningttna
Si digo que "esto" es lrombre, se me plantea el problerna claSe. La veráaci es qtte "estf)" clt'1r irrlt'tlc la relación clel
de explicar a base de qué principio decidiríamos lo que de- que usa una paiabra cón cl objcto ír (lti(i l;r..p;Llalrra se refie-
nota en diferentes ocasiones. Hay muchas personas que se ¿. No quieio ru."r a colaci,ln cl i;¡i'lr)r' "nlclltc". Poclría
llaman "Smith", pero no tienerl en común ninguna propie- Constrtlirta tt, mácittina qtle tlsaln ('()l"ft'(:t.tnlcllte la palabra
dad de "smithez"; en todos los casos ias personas de estc t'esto", dicienclo "eito es rojo", "cstr) c:s ílzlll""'esto es ul1
nombre lo llevan erl virtud cle una convención arbitraria. pOlicía;', en las ocasioncs Oporttlllas. lill cl r.:¡ts,r tlc scmejan-
(Es verdad que de orclinario los nombres se tienen por he- te máquilla, las palabras "ésto cs" ct)llstittriliarr tula adicitin
rencia, pero tambiórr pueden ser acloptaclos en expedientc superfiua a h pálabra o palet'hras stibsi¡¡trietttcs, ptles Ia -má-
de perpetua mer¡oria. l,egalmente el nombre de una per- qrin, podría i.r constr;ida exactamente igual para _ decir
sona es cualquiera 1;or el que anuircic pírblicamente que cle- 'iabrucádabra rojo", "altracarTabi'a azu,l", ctc. Si, ;rtlemás,
sea ser llamaclo. ) Iin canrbio, no es convención arbitraria nuestra máquina- dijera "aqueltro era rojo", se aproxiuraría
lo que nos incltrce a llamar "esto" a rlna cosa cuando así la a las capacidades del lerrgtraje itumano.
llamamos, o que dejemos de llarnarla "esto" en las ocasiones Supongamos que nuestra máquina ti9n9 tarnbión esta ca-
-Supongamos qtle
subsiguientes en que tengamos que n:cncionarla. En este pacidácl. al ciar en ella luz rojr ésta pone
respecto, "esto" difiere cle los nombres propios ordinarios. en juego un meianismo qtle le hace decir_ pritncro "esto es
f,as mismas dificultacles se n1e presentan si cligo que "es- rojó,, ! luego, clespués-era cle hal¡erse .operado-tlcscribir varios procesos
to" es una descripción. Claro que puedo significar "lo que iníernos, "iqttello rojo". Pocletnos las cir-
yo-ahora noto", pero esto no hace sino desplazar el proble- cunstancias en qtte la nlílr¡trirra dice "csto" .-v aqtrellas en que
ma a "yo-ahora". I-femos acordarlo totrrar "esto" como ntles diCe "aquello"; dice "csto" ct.lanrlct la c¡tise cxterna Opera
tra particular egocéntrica fun<lamental, y cualquier otra primero sobre ella, y clicc "arilltllo" ctrallcl,l tl prinrer efecto
.1i 1;l riilii¡ttina. Hc
decisión nos habría planteado exactamente el mismo proble- i'ra concluciclcl a ultciir)i'r-,r ;i;.tor¡'[liiltii:r1r)ii
ma. f{ingurra descripción que no implique alguna particular visto márlttirras a.tttonií..ticas (ltlc jlr;1;tha-rr al goli cuando se
ü 1it6 1:\7
echaba en ellas una moneda; ésta ponía en funciorramiento hecho pasado no constituye toda la causa de que yo diga
un mecanisrno que duraba algún tiempo. Huelga dccir que "gato"; tiene que haber también algún estímulo presente'
sería posible que el funcionanriento comenzar¿ haciendo áe- De esta suerte los usos perceptivos y los reminiscentes de la
cjr a la máquina "esto es un penique" y termirara diciendo palabra "gato" no Son los resttltaclos de causas exactamente
"aquello era un peniqrre". Creo clue teniendo prcsr:nte este ii*ilures. En una persona clc hábitos lirrqiiísticos correcta-
ingenioso juguete podríamos eliminar problcnras innecesa- mente desarrollados, los efectos tanrlloco soll cxactamente
rlos. similares; el efecto perceptivo c(,nlienza con las p;rlalrras
r-o que la máquina hace es capacitarnos par;r rlcscribir 1as "esto €S'í, y el rerniniicenti con las llalallras "aqnello :tn"'
circunstancias en que la gente diie "esto cs'i o "ar¡rrcllo era". Siendo ásí, Ia diferencia entrc t1l'11 oracitin clue comicnce
frna reacción verbal a un estímulo pueclc scr inrnecliata o con "esto es" y una que comiencc con "aqtlello era" no es-
diferida. Cuanclo es inmecliata, Ia corricntc ¿tfcrclrte corre triba en su significacló sino en s1l catlsación. Las dos ora-
hacia el cerel¡ro y continíra siguicrrdo 1ur ncrvio eferente ciones "la l)eJaración de Inclepenflcrrcia frté en el año 1776",
hasta que afecta a los mírsculos ark:crrados y provoca una enunciada por nosotros, y "lu Declaraciólr cle Independencia
oraciórr "esto cs". C--rranclo cs clifcricla, el irnpulso aferente es en TZZ6", que pudo haber pronttnciaclo Tcfferson, tie:ien
va a una especie cle depósito, y sólo provoca un impulso efe- e*actamáte Ia miima significáción, arlnquc la primera im-
rente en respuesta a algírn nuevo estímulo. En este caso el plique que la causación es inclirecta y la írltirna qtle es di-
impr-rlso eferente no es exactarnente lo que era en el casc iecta o todo lo directa Posible.
anterior, y provoca una oración ligeramente diferente, a Podría objetarse que muchas aserciones sohre - el presentt
saber, ufla que comienza con "aquello era". son absolutamente tán indirectas como las ascrciones sohre
Este caso nos lleva a las cadenas causales mínimas y otras. el pasado.. si yo digo "Finlandia es invaclida", 10 hago por-
En este sentido, cadena causal mínima es Ia cadena más cor- que, en prlmer lugai, recuerdo lo que he leíclo en el perióclico,
ta posible entre un estímulo exterior al cerebro y la res- i á" segut do pJrqu. infiero que nadahoras. hace pensar que 1a
puesta rrerbal. otras cadenas causales implican siempre ínvasión haya cesado en las últimas Pero esto es
algírn estínrulo adicional que determina qu. él efecto alma- un uso cteiivado e inferencial de "es", implicando leves
cenaclo del estímulo anterior sea puesto en movimiento y causales en virtucl de las cuales el conocimiento clel presente
provoque una respuesta verbal diferida. En el caso de una se obtiene del conocimiento del pasado. El "presente" im-
caclena causal mínima decimos "esto es"; en el caso de una plicado en este caso no es el "prei91t3" r, sentido fsicoló¡¡i-
más larga, "aquello era". Esto, desde luego, resulta dema- ,o; no es alguna cosa t'preséntada". Es el "presente" en
siado esciuen:rático para valer corno f isiólogía real, pe 1-o senticlo físico-,- es decir, algo que, en el tiempo físico, es con-
par€ce suficiente para resoiver nuestras dificultades de prin- temporáneo it "presente"-psitológicg. - "Presetlte" y "pal?-
cipio relativas a las particnlares egocéntricas. do"'son términoi primariamente psicolóqicos, en el sentirlo
_ _Ampliemos esta aserción. Siempre que pronuncio la pa- cle qtle implican relaciones cattsales cliferentes entre el lo-
labra "gato", lo hago así in lérminos genera-
-(puede cntoi y lo que dice; sus demás 11sos son clefinibles todos
les-- porque r1n gato es o-hablando
fué percibido por mí. en términos cle este uso Primario.
prescindirse de las limitaciones a esta afir:rnación. ) Si lo v
t, ¿Explica el uso cle la palabra "yo".1a_teoria que acablto.:
hago así porque u1r gato fttá percibiclo, es notorio que este ,l.'.optrer ? Al principio de este tapítulo clecíamos que "vo"
ü

i38 Á 139
tl
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hay .calurosidacl". I)ecimos {'esto es un gato" y con ello
nos proponcmos l-racer ulla asercií-rn que no es sólo uila
parte cle nuestra biografía. Pero si a algo debiera aplicarse
la palabra "esto", seria a 1o que experimentamos de un
modo directo; no al gato como objeto clel murrclo exterior,
sino exclusivamente a nuestra propi;l percepción clel gato.
Siendo así, no debemos decir "esto es un gato", sino "esto
es una percepción de las que asociarnos a los gatos", o bien
"esto es una percepción-de-gato". Esta frase puede ser sus-
tituída, a su vez, por "vo soy perceptor-de-gato", frase que
enuncia un estado de mí mismo v es rrercladera exactamente
en las mismas ocasiones en que lo son aquellas en que (ato-
londradarnente) dirí¿i ¡ro "esto es un gato", cuando sólo me
sería lícito decir "esto es una percepción-de-gato". Lo que
u'esto es un gato",
conocemos directamente cuanclo decimos
es un estarlo cle nosotros mismos, igual que tener calor.
Así, en tocla afirmación que conÍ.enga "esto", podemos
iustituir esta palabra por "lo clue yo-ahora noto", y en toda
la que contenga "yo-ahort", caltrl sustittrir ésta, a su vez,
por "lo que es co-presente con esto".
De tc'do ello se derluce que lo que clijimos de "esto", se
aplica igualmente a "yo-zt.ltora" ; 1o que clistingue "yo-aho-
ra" de un nornbre propio no es parte cle 1o afirmaclo por
una oración que contenga. "yo-ahora" , sino sólo expresión
de Ia relación causal entre 1o enunciarlo y su enunciación.
La palabra "IJsted" implica otras rlificultacles además
de las peculiares de ias particulnres esocéntricas. Estas di-
ficulta.des serán examinaclas en capítulos ulteriores. Por
Io que a nuestro problenra preseirte se re{iere, basta adver-
tir que "IJsted" está deternrinada siempre por relación con
alguna percepción presetrte, la cttal, en tal momento, es
"esto". Por consiguiente, la explicación cle "esto" lo es
asirnismo cle "Llsted", en cuanto la clificultacl es de las in-
herentes a las particulares egocéntricas.
I{asta rlonde se n}e a1canz.a, esto resuelve el problema de
las trrarticulares egocóntricas, y revela qrre éstas no son ne-
14i
c.egafa¡ en- parte alguna de la clescripción del mundo, ni
del físico ni del psíquico.

Nota. El profesor Reichenbach ha tenido ra amabili-


dad de permitirme examinar un manuscrito srlyo inédito
consagrado el estudio de las "particulares egocéntiicas". En
é1 aparece enfocaclo el problema de un ,roáo algo distinto,
pero no creo que las teorías de este tratadista sean incon-
ciliables con las mías, antes bien ambas se completan
recíprocamente. CAPf TULO V II I

PERCEPCIÓN Y COI.JOCI N/[II1I{TO

La palabra "percepción" es r1r1a ¡»rl;rlrra qrle en un pe-


ríodo anterior tomaron los filósofos, con cicrta falta de
crítica, del sentido cornírn. Cuanclo Sócr;rtcs llirle a Teeteto
qy. le dé una definición de "conocirrricrlto", cl írltimo su-
giere que conocimiento es percepción. Sricratcs lc pcrsuade
de que deseche esta definición, basándose princip;rlmcrrte en
que las percepciones son transitorias, mientras cluc cl ver-
daclero conocimiento debe ser algo eterno; sin embargo,
no pone en entredicho el acaecimiento de la percepción con-
cebido corho relación entre sujeto y objeto. Para el senti-
do común parece evidente que percibimos "cosas", por 1o
menos con los sentidos de la vista y clel tacto. La vista
puede inducir a veces a error, como ocurre en el caso de
la daga de Macbeth; el tacto, nunca. "Objeto" es, por su
etimología, algo arrojado en mi camino: si en la oscuridad
doy con un poste, estoy convencido de que percibo un ob-
jeto y no de que tengo ul1a mera experiencia auto-centrada.
Este es el criterio que inspira la refutaci<in de Berkeley por
el Dr. Johnson.
Desde varios puntos de vista ha sido puesta en entredi-
cho esta teoría del sentido cornúrn sobre la percepción. Los

L42 143
dw'':'.u-

cartesianos negilban lil intcraccil;n entre espíritu y materia


y por encle no podían acin:itir qllc cuando mi crlerpo da {rí)'r"srl bírsriuecla de I¿l ccrtirltrnrlrrc, otra simple r¿i:na de Ia
con url poste, sea este aclecimic,¡ta l.a causa rtri:l fcn,l¡meno ciencia, en que, aceptando crr:rnto la ciencia parece estable-
mental que <lenonrinarnos "prrcihir el poste". Particnclo de cer, intentamos definir los acaccinricntos que cabe calificar
esta teoría, era na"tlrral que se pasara bien al lrarlrlelismo de cogniciones y su relación con otros ac:rccimicntos que
psicofísico, bien a la tloctrina cle Malebranche clc quc vemos autotiza tal calificación. A«l,1ll(:nros, rlc rrontcnto, Ia segun-
todas las cosas en tr)ios, o a las mónadas de l-eihniz, todas da clase de teoría del conocimicrrl(), y cx;uniucnros los acae-
las cuales padecen simultírneamente ilusiones sir-nii¿rres, aun- cimientos que el sentido comtin consirlcrur. c(.)nro "pcrcibir",
que sistemáticanrente diferentes, llamadas "rcflcj;rr el uni- con la mira puesta en determinar si s()n (:or,nicioncs, y, si no
verso". Sin ernbargo, se tenía Ia sensación cle qrlc en toclos io fueran, pata descubrir cómo cs:1irr rr:1:rr:ion:ttlos con ntles-
estos sistemas hal¡ia alqo cle fantasía, y r1e ahí tlue sólo se tro conocimiento empírico de las clrt':;li,rircs <lc hecho. En
decidieran a creer en ellos los filósofos rle invcteracla prc- esta investigación stlponemos quc cl rnurrrlo cs tal como
paración para io absurdo. aparece en la ciencia, sin que, rlc rrronr('rrlo, lros; prcgtlntenlos
IJn ataclue más serio contra Ia teoría clel sentido común si semejante suposición está justi[ir:a<l:r.
sobre la percepción, r,ino rle la ciencia, a base del estudio Comencemos con un objeto astrorrrilnicr), l)()r cjcnrplo, el
<le las carlsas de las sensaciones. El primer impacto cle este sol. Tenemos numerosas experietrcilrs :r l:tsr (lrlc llarn¿rmos
ataque contra las opiniones cle Ios filósofos, produjo la do:- "ver el sol"; segÚrn la astronomía, cxislt' t:rnrllión ltna masa
trina de Locke cle que las cualiria.cles secunclarias son suir- enorme de materia caliente que c.r cl sol. ¡('tríLl cs l¿r rela-
jetivas. La negacición de la rrrateria por Berkeley se cle- ción de esta masa con uno de los fcrr(,rr('n()s ll;urtrclos "ver
rirraba en parte, aunqlle no principalriente, cle las teorías el sol" ? La relación causal es Ia sisuicntc : li}r cualrluier
científicas de la lnz y del sonido. En los empiristas britá- momento L1n gran nírmero de átomos clcl sol cnrilt:rr cncrgía
nicos ulteriores. la transformación científica de la doctrina radial o en forma de ondas luminicas o de c¡ttanta <lc luz, que
clel sentirlo comíln soi¡re Ia percepción, adquiere proporcio- atraviesan el espacio entre el sol y mis ojos cn cl lapso dc-
nes cada vez mayores. Lt definición de ia "materia" por unos ocho minutos. Al llegar a mis ojos, stl cncrsía se trans-
forma en nuevos géneros: ocurren cosas en los b¡rstoncillos
J. S. I\,fili en el sentit-lo cle "posibiiidad permanente de sen- y conos, produciéndose entonces una alteracitin cn cl ncrvio
sación" resulta de una conrlrir¡ación de la ciencia y de la.s
tesis de llerl<ele1,. tr-ii Propirt cahe clecir de la rloctrina cle óptico y ocurriendo luego algo (nadie sabe c¡ué) ., la parte
los nraterialistas. santificatla en la Uriión Soviética por la apropiada del cerebro, y entonces "veo el sol". Esto es Llna
autoridad cle l,enill, cfuc aiii:rnal¡a que la "lmateria" es "7a exposición de la relación causal etrtre el sol y "vcr el sol".
causa de las stnsaciorles". Pero 1o que necesitamos conocer es la scm,cjouta, si la hay,
Para poner en claro lci (111e la cirncia tenga que decir entre el sol y "ver el sol", puesto que es srilo cn la, nrcdida en
sobre esta cuestiórr. es iml-rr;rtante olvidar, en primer lugar, que haya semcejanzo que 1o riltimo poclrír ser ulril fuente de
la metafísica lterke,ieyarlíi, r la c1uc, can razón o sin ella, se conocimiento con respecto al primero.
espera o teme que conCLTzca el argumento. Recuérdese que Manteniéndonos fieles a nuestra aceptacióir ingenua de la
al princi;lio de esta obra rlistinguíamcrs dos clases de teoría ciencia, encontramos clue hzly important,:s setne jarizas entre
del conocimiento: una inspirada por la duda cartesiana y el sol y "ver el sol". En primer lugar, e1 sol aparece reclondo
y 1o es. Esta semejanza, de ser verr1adera, no es tan grancle
L44
145
una Sellsación cle tacto. En este caso tenemos que formu-
larnos otra yez 1a pregunta: ¿Quí: semejanzas hay eltre.mi
sensación de tacto-y lu partc del árllol cc¡n qué me imagino
falsamente que mi dedo está en cotrtacto ?
Háy cualidades de tacto --<lttrcz¿r y blandüra, aspereza y
suaviáad- que corresponden a crrltlitlarlcs dcl objeto tocado'
AI notar qr. ,r, objetb es redond(), I)odemos inferir su for-
ma, exactámelte comO CUanclo lo vernos; la forma "teAl"
infárida es la misma para una l)t:rs()llít (lue ve elo'Ia
objeto que
pri, un ciego que sóló 1o palpa.- Y cu:tnclo digo misma",
cstricto: no hay difelelc]a
iuiero decir" la'misma .r, i.r,ti,lo
itgr*o e¡tre el espacio físico i¡fcritlo dcl tacto y el infe.rido
p* a t1o Ser en 1o conccrtliclttc al grario de nitidez'
' Atulavista,
forma, añádese la ubicación. LJn «rirjcto tclcado y no
visto, puede éstar sobre mi cabeza o a tnis pies o en cual-
quier átra altura intermedia; puerle cstar. a .una brazada o
junto a mi cara o en cualcluieia clc nrtrltittrcl tlc posiciones
relativas a mi cuerpo. En tócios estos aspcctos ltay una PrPi-
laridad entre mis sensaciones y las proilieclaclcs del objeto
-ísico.
f
S.ii, superfluo exáminar 1o que ocurre con los scntidos
clel oído, oifuto y gusto, puesto que con rcspccto ;r ellos po-
drían hacerse corsidetaciones e;tactamente anírlogas.
Todo 1o que acabamos de expongf .se basa cn l1na acepta-
ción dogmáiica de la física y de la {isiología. Antes de aban-
donar Jrt. cómodo clogmiriismo, importa añadir aún algu-
nos puntos. .l,as s.rsriiorres causadas por objetos externos
Son acaecrmrentos como cualesquiera otrOS, y Carecen de las
características que asociamos a-la palabra "cognicií¡n"' . Este
hecho tiene qr.
^de
t.t puesto en relación con el critcrio del sen-
tido común que hay fenór¡enos clue clesiflnamos con la
palabra ,,percibi/' y gracias- a los cuales nos damos cuenta
á" tor objetos. ¿Vámos a clesechar totalmente este criterio
del sentidt oo*úr, o 1o couserva1-enlos consiclera'nrlo que el
objeto perceptual es algo totalrnente cliferente (prescindien-
do de las seme janzas interiormente registraclas) del objeto
L47
gato, pudiera ser producirlo de otro modo, tendríamos exac-
ir*érrt. la expectátiva llarnacla "ver un gato", sin que hu-
biera gato algirno. Recuerclc el lcctor que en este momento
ha.blo lorrro ,n hombre cle cicncia, 11o como un filósofo.
Conciho estas cosas como si frtclscn imágcncs rle espejos,
como etr efecto cle rrn golpe en los ojos dc ünír pcfsona.ha-
ciénclole ver las e.stre11ás i, .o,lro 1ts altt'rt'.r:iolrL::i |rortrucidas
en el cerebro (sean ellas lcl qttc fttt:r:trr) (ltlc l11c hacen "\'er
ttn gato" en sueñr¡s.
de u, modo s.oql.temático porlríanl.s cxponer este asttnto
como sigue: cierti experiencia Ii (cs «lccir, aquellcl que es
el núcleá visual en lo «.re llamn111r)s "\'cr ttlr gato" ) solía ir
íntimamente asocia.ria." en mi rc'lalo ;ttltt'rior, a otras expe-
rienci¿ts rletcl'r¡inad.e.s. Ife atrrí qtle, ('ll r,'il'1rtrl <le ]a lev clel
hábito. 1a. expericncia §, valta acottrllrñ;irl;r ;tltol'a 1)or lo-que
Hume llar¡aría "i6leas". pato que y() prefcrirí;r llrmar "ex-
paataaiottes", 1aS CUaieS pUeClen 's,,. mc..,s t's1arl.s crlrpOrales'
trn todo CaSo, estas expectaciones ntcrt'c.t't:llr scr lla'nra'das
"Creencias", COmo vefem6s máS arlclatrtc ctl¡.nrlo llegrrcmos
al análisis cle la creencia. De esta suerte, trrictrtra:i el rlírcleo
sensorial no eS co,qnitivo, StlS acompañanricntos rsociativos,
sienclo creerrcias, tilnen que ser claii{icarlos coll1o cogrricio-
L. (i".luyenclo tarnSién en este títutro posiblcs creencias
erróneas). Este criterio 1)arece per_egrino,. porqllc tendemos
a concebir las creencias de rtn moclo indebiclamente intelec-
tualista.
No me gttsta emplear la palabra "p.e¡ce,ci<'-'n" -pAra |a
-consistenfe
experiencia'óompleta en un rrlllcleo selrsorial com-
pletado por expectaciot'les, porque la palahra "percepció-n"
ilrgi.;" d.**i^,fo irrter¡.satt errte que las.crcencias implicadas
soi ,errlncleras. p61 cnnsir;uientq usaré la frase "experien-
.i, p.r..pt-i,a". Así. siempre qtle vea--1111 gato, tendré la
.*p.ri.".i* perceptiva tle "r.f itn gato", -incluso si, en tal
ocá.sli,rr, ,o i. ha1le preselltc ningírn gato físico'
Como qne el aditar¡ento Que hace cle ttna sensación ttna
.r,p.,-i*r',.l4 percelltiva es L1l1 cjcmOlo cle hábito, se deduce <le
149
cuando no, puede explicarse fácilmente su fracaso sin modi-
ello que en mi pasado solieron existir las situaciones que ii.ar las leyás de la fí.i.r. (Es en este respecto qLle la. física
supone nri experiencia perceptiva. Dicho en pocas palabras
_-y sunonienrlo siempre Ia física:, siempre qrre hast:l ahora fesulta superior al sentido común ignorante. ). Pero toda esta
elucubración irdrctiva, en cuanto pertenece al sentido común
"vi un sato" había de ordinario un gato a la vista, porque más bien que a la ciencia, se perfecciona espontáneamente
si no 1o hubiese hahido no ha'bría adqr.liriclo 1,¡1 los hábitos por el hábito, eüe transforma la mera sensación en expe-
que ten,qo aho::a. Tenernos, por 1o tanto, frtl<lalucntos in- ii.rrciu perceptiva. Hablando en términos generales, una
<lucti''¡os pa.ra sostener lsobrc I;ases cle seriticlo «:orlr'ur) que .*p.ri.r.ia perceptiva es una cree¡cia clogmática en lo que
cuandc "veo un [-a't.o" pl'o'ha1-iler¡rente hay rrn gato" No po- la
'física y ú inaucción muestran como probable; yerra en
clemos cleci:: más qr;e "probahlernente", nucs;trl rlur. saher¡os r" áág*atismo, pero suele ser correcta en su contenido. el
que ta gente ve a veces gatos rtrlr 11o existcn,1)or r.icn'lplo en De lo dicho rérrlt, que en toda experiencia- perceptiva,
stieños. \z 1a" nosihilirlarl de e:;lttriencias pr.rc<'ntivns como nílcleo sensorial tiene un valor inferencial más elevado que
resultados de esl-ímuios srnsoria'le s, rl.cpcurlc íntt..:ramente el resto. Yo puedo ver un gato u oirle maultrar o palpar su
del hecho <ie cue viva¡rros efl 1111 mundo en (111c l,rs obietos oiel en la oscuridad. En todos estos casos tengo una expe-
tienen cierta estalli'liclad v dc que se acla-ptarr a ciertas clases iiencia perceptiva de un gato, Pe^ro 1o- primero es una expe-
natur-eJes. Estls cc'lsa:r deirer:tlen de 1a terr»cratura. Así, 'visuáI, lo segundó auclitiva, lo tcrcero táctil' Para
r1.".iu
sin drrda rlguna, Ia ¡.orihi'licfad cle la vicl:r. T.a "experiencia" inferir de mi experiácia visual las frecue,cias lumínicas de
rlepcnde sep-urartente c'!r: ol-r-t terryanros 1ln clicrilo más o me- i; ;p.;icie del'gato, me bastan (t1.no estoy soñando y o,i
nos estab'le. T-Tn "sspí'i1u". en el sen|i-lo etimológico rl"e !a vista es normali las leyes de Ia' física; pero par! pocl¡r
palabra <1ecir, lir p:as; en movitniento---, no tenclria \a inferir las demás caractérísticas de los gatos, necesito, ade-
-.q
estabiliclad física reorrer!,:1a- lara 1a e:r'f;eriencia o para la for- *a., tener |a experiencia de que los objetos que tienen.for-
mación cfe háhitos. ;;;'de tal color es más fácil que maírllen que no que ladren.la
RecaDitr.r'f en:os estr par:te de nr¡estra rlisflrrisición: En p;; ;;"siguiente, aunque 'seaninguna de
las inferencias de
nuestro anrhiente s¡le'le "qücflr:lt:r cue los aca.ecirnierrtos se pre- ."p.ti.".ii perceptiva seg"a, ]19. .injerencias sacadas
que clis-
senten coniuril-e.men{,e el-l haces
-*haces como los dei núcleo seirsoriál tienen una probabilidad más elevada qtte
tinguen l1n r¡to rle otro género ,le ohieto. Cualclrriera de tn. ,r.rdas de otras partes de d experiencia perceptiv_a. -P:to
nttestros serrtirlos ntterle s,'i' ;lfcc1¡.1o nrlr un estínru'lo Droce- ,Zfo p".¿e ser negadb por los que sé inclinan a negar 1a física
clente rtre alglrnr cÍlrr^1rrísti"rr r'!cI l1n1; c1'l ctlcstií¡n. Supon- o la fisiología.
gafflos oue el 6s{.i11r111r.' s.'¡ .,,i§u.¡'!- ll,i tnl caso 1a física nos Voy a pa-saf ahora a un tema ligeramente distinto: la rela-
permite inferir clrle !:r 1r..2 t1c. r'iq't-f rs {i'rttlencias avanza desde ción áe la e*periencia perceptiva- -Qu. con nuestro conocimiento
el obiete hasta ruestros oirtsr. r a. irirltición nos permite á. i6 cuestiones de heóho. tal relación existe, 1o evi-
infe;-ir cile este 1i»n cle '!rrz r:rrt, r:"a1.'l slloonen'los, tiene cl áerr.ia la diferencia entre nueslro conocimiento de 1o pasado
aspecto cle un gAto, t¡i'clcecle ¡:'n'hr'!:rcr-ll-,te <le ll.na región en y presente experimentado, Pof uÍIa parte, Y nuestro conoci-
Ia clue sr-. lr:,.[tra'tr oresclrtr:s 1"¿p1.l,i111r 1lr r!¡1i1i1s rli'opiedaclcs rJe írü"to del fuiuro y de 1o pásado y presente no experimenta-
los 9n'f nc. T l':1r"" "ierf 'r r';rtfito. t¡ollentos l,lntl)fol)¡-r- csta hipó- dos, por otra. Safiemos que César fué asesinaclo, pero este
f_esis e>;l-.'c.r-jl¡lc:,raln-,r:nte : tr-r¡3.¡¡Jo 1.rr l.a.to y oinct,á.lrcfole la fué desconociclo hasta que ocrrrrió' Fué cono-
cola na"ra 't'er si rnaúIla" IIl nxnerimt,rto suelr: tencr éxito: "caá.imiento
151
150
cido por los testigos oculares porque 1o percibicrorr; lo cono- pliquen teorías o hipótesis y por ende jamás podrá expresarse
cemos nosotros por las afirmaciones que percilrimos cn los en palabras el hecho escueto cle Ia percepción.
Iibros cle historia. A veces conocemos hechos futrrr«rs, por Yo creo que esta opinión subestima los poderes del análisis.
ejemplo las fechas de eclipses venideros; Ixrro t¡rl conoci- Es innegable que nuestras interpretaciones cotidianas de las
miento es infericlo por vía de inducción clcl lxrsa<l«r rlirecta- experiencias perceptivas e incluso todas las palabras de uso
mente en percepciones, y menos cierto qne <'l colrocimiento corriente, implican teorías. Pero no es imposible extirpar
en que se basa. Toclo nuestro conocimietrtrl rlc crrc:stiones el elemento de interpretación o inventar un lenguaje artifi-
cle hecho decir, todo conocimiento en rluc hay rura refe- cial que implique la mínima teoría posible. Por medio de
rencia a la --es
posición temporal- es causalmente rlc¡rendiente estos métodos podemos aproximarnos asintóticamente al
d.e. experiencias perceptivas, e implica, por 1o rrcnos una pre- dato puro. Que deba haber un clato puro es, a mi juicio,
misa que se refiera al presente o al pasarlo. I)c:ro aunque consecuencia lógica irrefutable dimanante del hecho de que
esto sea evidente, la relación lógica. clel conocinricnto empí- la percepción alumbra un nuevo conocirniento. Supongamos,
rico con la e;<periencia perceptiva dista mucho cle poder ser por ejemplo, que hasta ahora hrrbiera adrnitido yo un grupo
establecida Ce un rnoclo claro. determinado de teorías, y que luego perciba que en alguna
Huy algunas escrrclas filosófieas --especialmente los he- parte cle estas teorías hay un error. En este caso hay por
gelianos ¡r los instrulnentalistas- que nicean que haya dife- iecesidad algo que no es deducible cle las teorías anteriores,
rencia alguna entre clatos e inferencias, sosteniendo que en y este algo es un nuevo dato para mi conocimiento de cuestio-
todos nuestros coi:ccinrientos hry r1n elemento inferencial, nes de hecho, puesto que por "dato" entendemos meramente
qne el conocimiento es un todo orgánico y que el eriterio de una pieza de conocimiento que no es deducida. Negar la
verdad es la coherencia. más qtre la conformidad con el "he- existéncia de datos en este sentido sólo es posible, a mi pa-
cho". llo niego ctrue esta opinión contiene un elemento de recer, pata un panlogismo hegeliano.
verclarl, pero creo eue de consiclerar que constituye tocla Ia La cuestión cle los datos ha sido amalgamada _-a mi pare-
.,"3i-(1ac1, halr inexnlicahle la parte que en el eonocimiento cer erróneamente- con la de la certidumbre. La caracterís-
iuega la pr:rccpción. No cabe ducla de que es evidente que tica esencial de un dato es el no ser inferido. Puede no ser
toda crrr..¡i6¡i11:i;r pr.rccptiva, si nos clecirlimos a captarla, nos verdadero y puede que no tengamos la certidumbre de que
proporcrolra lln 1.r11c\¡o conocinticnto que no podíamos haber 1o sea. El ejemplo más notorio nos lo ofrece el recuerdo.
inferir'lo anir:rior-rl{'nte, o, l)or 1o nrenos, co,'r1o en el caso de Sabemos que Ia memoria es falible, pero hay muchas cosas
los eclil-.ses, 1111a rlrayor scgtrriclacl de Ia rlrrc poclríamos haber que creemos basánclonos exclusivamente en Ia memoria, aun-
o'btenrclo ant.eriorlnente por rneclio cle Ia inferencia. A esto que no estemos comptretamente seguros de ellas. Otro ejem-
reo'!ica etr instrnmentalista que toclo enunciado del nr1.evr.) plo nos Io ofrecen las percepciones vagas. Supongamos que
conocilnier.ito o}¡tenido pci.' la percepción, es siempre una éstamos oyendo un sonido que se pierde cada vez más en la
interpretación basac{a eir teorías aceptaclas, y necesitaría ,:1e lejanía; por ejemplo, un avión que se aleja. Hry un mo-
strhsiguiente corrección si tales teorías resultaran insosteni- mento, en que estamos seguros de haberlo oído; un momen-
I¡les. Por ejelnplo. si yo rligo "tnira, hay un eclipse de luna". to después, estamos seguros de que no lo estamos oyendo.
uso n:ris 6n¡6¡ir.rlientcs Ce astronomía para interpretar 1o que En un determiriarlo momento interrnedio, creemos que lo
l'eo. Segírn c1 ilistrrrmentalista, no hay palabras que no im- oímos aírn, pero no estamos seguros de ello; en tal momento
152 153
blema, que es la siguiente. Vimos en el capítulo VII que.es
un ideaf de la cien-cia prescindir cle las particulares egocén-
iri.ar, y por 1o que dilimos en el referido capítulo parecía
que áste ideal .r ,r.qribl". Si tro fuera, podría haber un
ionocimiento empírico impersonal, y dos personas que cre-
yeran (pongamor por .*")'arnbasque el hidrógeno es el más ligcro
áe los él.r*rrto s ireería,n la misma proposición. Por
otra parte. si hablando en sentido estricto, todas las palabras
.Ápmás se definen en términos de. particulares egocéntri-
cas, entonces, como no pue{e haber dos personas -que den el
mismo significado a las-mismas particulares egocéntricas, no
dieran el mismo
fodría nf¡er dos personas - difeientgs. que
Iig"ifi.udo. a ninguna pal.alya empírica y no p-odría haber
tampoco nlnguna proposlclon empírica. q.ue fuese creída
iguáhente pór clos^personas distintas. A pesar de que nos
cóntraríe, .rtu conclusión tietre mucho en su favor' Irtruestro
vocabulario empírico se basa en palallras que tienen defini-
ciones ostensivás, y una definición ostensiva consiste en una
serie de percepcioáes que generan tln hábito. Cuando se ha
dominadó el vo.abulaiio, és la percepción 1o que llos cla el
conocimiento primario de las cuestiones de hecho en que- se
basa |a ciencia; y el conocimiento perceptivo exige, prr-m?
fir;r, particulareá egocéntricas para su expresión verbal.
'Este-rigr*.rrto tiene que ser estudiado a fondo'
ComJncemos con el estudio de "significación" y toq.-
1 a tnodo de ejemplo ilustrativo' Srr
*o, l, palabra "caliente"
las experiencias por
fo"are L* simpliciclacl esquemática en
medio de las cuales upt.tr,lí la significación de esta Puirq?
en mi infancia: que había un hogar encendido cn mi trrabi-
ia.ió" y cada vez que me aproximába a é1 alguien decía "ca-
liente,,; qr" se usaba la áisma palabra cuando yo sudaba
en verano y cuando, por acciclenfe, derramaba sobre mí te
hirviendo. El resultad'o fué que yo emilleata la palabra-"ca-
liente" siempre que notalta señsaCiores cle cierto tipo. Hasta
1 O "calor", segittr ios t:asr¡s' (tt/. Cc1 7")

155
r,
,,

ahora, nada tenenros aquí que vaya míls allá tlc una ley cau-
sal: cierto género de estados corporales causa cicrto gónero cgocéntrico er1 los juicios clc percepción. Esta cuestión es:
cuando hacemos tales juicios ¿ 1-roclemos expresar sin el uso
de ruido. Sería fácil construir una máquina c1rrc <lijera
"caliente" siempre que se llegara a cierta tenrllcratura. sin de "esto" o "yo-ahora" lo quc c«rnocernos ? De desechar tal
embargo, [o es esto, para nosotros, el ptrrrt«r irrrllortant,:. posibitridad habría que abanclonar la tcoría de los nombres
Para nosotros lo importante es que este uso prirnitivo de la propios sugerida en el capítulo \rT «lc csta obra.
palabra "caliente" tiene la característica clistirrtiv;r cle Ias ,I Segírn esta teoría, los juicios l)crccplivos son dc dos clases.
pa_rticulares egocéntricas, a saber (cf. infra, cap. VII): que
,;t
,il,
\{irando un fuego podemos rlecir "cslo cs calicnt"" y "esto
"depende de la relación del que e*rplea la palabrír con el ób-
es brillante" ; son, éstos, juicios «lc l:r prinrera clase. Per.r
jeto a que la palabra se refiere". En nuestro esr-rrrlio de las
fi.

¡, podemos decir también "caluros;i<l;rtl v lrrillo son co-prcserr-


tes"; este sería un juicio cle la scqurrrl:r clase. Siempre que
,,t!

pa-labras de objeto, hemos sostenido que en su rlso nrás pri- t podamos decir "esto es A, esto cs I|, csto es C, etc.", en
rnitivo, éstas eran juicios perceptivos: 1o que al principio
expresamos con la sola palabra "¡caliente !" es lo que des-
donde "A", "8", "C", . . . sorl n()n1l¡rcs <le cualidades, po-
clemc¡s decir taml¡ién "A, B, (-', s()n ('()-l)r('scr1tcs". Pero
-expresamos cliciendo "esto es caliente" o "yó tengo
I
pufs
eu este último juicio se ha pcrrlirlo l:r. uniciclad espacio-tem-
,ir

calor" 1. Esto equivale a decir que tocla palahra de ohjer,., I

poral de "esto" ; ya no hal¡larr ros <1t: cst o cn ¿r.rl¿¿ oc¿rsirin, y, por


tiene en su uso primitivo una egocentriciclacl implícita clue se
hace. explícita en Ia fase sul¡siguiente ciel desariollo del len-
lo que revela nuestro juicio, llucrlc Ir:r'lrcr v:rrias ocasiones
en que A, B, C,. . . sean toclas co-1rr-t'st:tttcs.
guaJe.
Pero cuando hemos avanzado hasta el momento en que Si queremos salvar la tc<¡ría dcl ca¡rítrrlo VI, tendremos
que decir que "esto" es un nornbrc (colr las lirnitacionc:r
podernos examinar explícitamente Ia significación de las
expuestas en el capítulo VII ) dc trn l'taz clc cualiclades co-
palabras, vemos que esta egocentricidad no es parte de la
presentes, y que, si rrucstras cualidades están oportunamente
sigrrificación de la palahra "caliente" tal como e*iste en ur1
elegidas o son 1o suficientemente numerosas, el conjunto del
lengrraje clesarrollado. La palabra "caliente" significa sola-
haz no se.presentará más- que ltna yez, es clecir, no tendrá
tnente aquella cualidad en acaecimientos que, de ser referi-
consigo mismo ninguna de aquellas relaciones espaciales o
dos de un nro(lo oportuno a mí, pasarán a ser en virtud cle
temporales que consideranlos que implican diversidad, tales
dicha cualiclad la catts¿r r-le mi enurrci¿rcirin cle la palabra "calien-
como delante de, encima de, a la derecha de, etc. Si esta
te". Al pasar ,1. "¡calientc!" a "csto es caliente", efectua- teoría pudiera mantenerse, la egocentricidad de una propo-
mos un análisis: Ia cualiclacl "caliente" se clesviste cle ego-
sición tal como "esto es caliente" estaría no en lo que es
centricidad, y el elernento egocéntrico anteriormente imptt-
conocido sino en Ia causación de nuestro conocimiento y en
cito se hace explícito por mcclio de las palabras "esto ás". las palabras por medio de las cuales ia expresamos. La pala-
De esta suerte, en un lenguaje desarroilado, las palabras cle bra "esto" puede ser sustituída por algo que sea un nombre
objeto tales como "caiiente", "rojo", "liso", etc., no son propiamente dicho, por ejemplo "W", que denote aquel con-
egocéntricas. junto cornplejo de cualiclades que constituye todo 1o que yo
Sin embargo, esto no resuelve la cuestión clel elemento ahora experimento. La verdad impersonal enunciada cuando
I cligo "esto es caliente" se vertiría entonces a las palabras
'lrarlucc-irlrr litera.l : ",.'o estov ca'licnte". (,'-r,. r/rl 7'. )
"calurosidad es parte de
'W". En esta forma, lo que haya-
156 l lit'l
f 1) I
guibles tengo que darles el mismo nombre, y torlo acto cr
que cuente uno de ellos será necesariamente un act( ) cn que
cuente al otro. Por consiguiente, resulta patcrrlr' (lt1e de
haber un concepto de identidad que permita ([uc Lrs indis-
tinguibles sean no idénticos, tal concepto jarrrírs lrorlrízr ser
aplicado, y puede no tener relación alguna con nrrcstro co-
nocimiento. De ahi que prefiramos una teorí¿r (lu(' rlo re- ,]

i
quiera tal concepto. t
De todo lo dicho saco la conclusión de c¡rre «lt'l,c mante- I CAPf TUI,O TX
nerse la teoría de los nombres propios expucsllr. t'n t'l capitulo t
VI, y que todo conocimiento enunciaclc¡ p()r nrcrlio de par- )'

P REMISAS Ii PISTIT:N,TOLÓGICAS
ticulares egocéntricas pucclc scr clrunci:rrkr t;unliión sin
valerse de ellas.

La teoría del conocimiento tropieza con Ia clificultad de


trabajar a un tiempo con la psicología, la lóeica y las cien-
cias físicas, lo cual implica el peligro constantc de confu-
siones entre los cliferentes puntos cle vista propios de cada
una de estas disciplinas. Este pcligro sc ztgucliza especial-
mente en Io relativo al problema olljeto clel presente capítu-
lo: la deterrninación de las premisas de nuestro conocimien-
to desde un punto cle vista epistemológico" Otra fuente
de confusión dimana del hecho ya observado de que la teo-
ría del conocimiento puede ser concebicla de dos modos dis-
tintos: por una parte, aceptando como conocimiento todo
1o que la ciencia reconoce como tal, podemos preguntar ¿de
qué modo hemos adquirido este conocimiento y cuál es el
mejor camino para analizarlo en premisas e inferencias ?
Por otra parte,_ podríamos adoptar el punto de vista carte-
siano procurando dividir en partes ciertas y menos ciertas
lo que pasa por conocimiento. Estas dos investigaciones no
son tan distintas como aparentan, puesto que como las for-
mas de inferencia implicadas no son demostrativas, nuestras
premisas tenclrán una certidurnb,re mayor que rruestras con-
clusiones. Pero este hecho nc contribuye más que a compli-

161
160
ff

tt

car la clificultarl cte evitar la confusión e¡rtrc lírs rlos itrves- éste. Comúnmente existor varios conjuntos mínimos; el
tigaciones. lógico prefiere los mírs brcvcs, y cntre dos igualmente bre-
Intentarernos definir ahora 1o que Sea t1tlíl l)r'r'rlli:;;r clli:;te- ves, el que sea más sirr¡rlt:. Iistas preferencias resultan,
mológica. Esta debe reullir tres cai'¿tcteristic;t:r : ír.) s(:r- ulla sin embargo, de meras cousi«lcr:rt:iotrcs cstóticas.
premisa lógica; b) ser úna premisa Psicolr',t',it':r, )' (r) ser b) Podemos definir unir ¡rrcrrris;r Jrsicolrigica cliciendo
verdadera, hasta el punto en qúe nosotros po<l:tttt,,:'; avcri- que es una creencia que no <linrur:r «lc ningrrrra otra creen-
guarlo. Importa decir algo acerca de cacla ttrt:t <lt' t'li;rs. cia. Psicológicamente, toda r:r't:cttt'iÍr pucrlc consiclerarse de
a) Dado cualquier ctlerpo sistemático rlc l)t'oir, rsiciotles, inferencia obligada si diman;r «lc otr:rs crccncias, aunque la
tal como el contenido de alguna ciencia en (lr1('lt;t-i'a leyes inferencia en cuestión resultc irrválirl;r l)Írra la lrigica. La clase
generales, eS posible entresacar como prelltisils l)or 1o co- más destacada de creencias tto c:rrrs:r«l:Ls lror otras creencias, es
mún a base de 11n número de modos inclcfirri<l,r -- ciertas la de las quel resultan directarucnlc <lc la pcrccpción. Sin em-
de dichas proposiciones y deducir las clenrás. liri la teoría bargo, no son éstas las únicas r:r-t:t'ncirrs consideraclas como
newtOniana del SiStem¿r solar, poltgant(rs lx)r (rlt.:io, lrocletnos premisas por la psicología. Sc rt'«¡rrir:rt'r titras para provocar
tomar cofno premisas la iey de gravitaciórt iurrlo col1 las posi- nuestra fe en los argumentos rlc«luctivr,¡s. Iis posible que en
ciones y velocidades de los planetas erl ull rr();rltllrto daclo. psicología la inducción se basc tanrlriérr crr prirnitivas creen-
Cualquier momento sirve para el caso, 1r rr11 ctlítnto a la ley cias. De momento no picnso irrrl,rg;u' tlurl oir'írs 1lrrcda haber.
de gravitación, podemos sustituirla por i;rs tres leyes cle c) Puesto que nuestro estu«lic¡ cs rlc tcoría del conoci-
Kepler. A1 efectuar tales análisis, el lógico, en cuanto tal, rniento y no meramente cle la c¡'i'cttr:ri¿, no lroclcuros aceptar
es incliferente a Ia ver<lad o falsedad dei cuerpo cle propo- como premisas epistemológicas torlas las prcmisas psicológi-
siciones afectado, exigiendo sólo que se¿ln compatil;les entre cas, ya que dos premisas psicok'lgicas lrucclcn contradecirse
sí (si no lo fueran, nacla tiene que hacer con ellas). Exac- mutuamente y, por lo tanto, no scr verdaderas las clos. Por
tamente la misma buetra disposición etnp'learía, por ejemplo, ejemplo, yo puedo pensar "hay un hombre que baja hacia
para examinar un sistema planetario inraginario y una ley acá", e inmecliatamente después advertir que se trata de mi
de gravitación distinta de ia clel cuadrado inverso. Tampo- propia imagen reflejada en un espejo. Por estas razones
co pretencle qtle sus. premisas sirvan de funclamento para las premisas psicológicas tienen que ser sometidas a un
creer SuS Consecttctrcias., aunqtlc u11ils y otras Sean verdade- análisis antes de ser aceptadas como premisas por la teoría
ras. Cuanclo nosotros estucliamos Ios ftlndatnentos de la del conocimiento. En este análisis nuestro escepticismo se
creencia, la l"y de gravitación es u1la itifcrencia, no una reduce al mínimo indispensable. Suponemos que la percep-
premisa. ción ¿s una fuente de conocimiento, aunque pwed,e serlo de
- En su búsqueda de premisas, el lógico tiene una finalidacl error si no procedemos con el cuiclado que recomienda la
que dista mucho cle ser compartida por el epistemólogo, a lógica. Sin esta suposición fundamental quedaríamos re-
saber : la obtención de ul1 conjunto mítt'ittt,o de premisas. ducidos a un escepticismo absoluto por 1o qtle respecta al
Un conjunto de prcniisas es nrininio en este sentido, en re- mundo empirico. No hay ningún argumento posible lógica-
lación con un cuerpo de proposicioues daclo, si toclo el cuer- mente ni en favor ni en contra de uir escepticismo completo;
po de proposiciones claclo ptiede ser deducido Cel conjunto éste tiene que ser admitido corno una clt las fiJosofías hosti-
total cle premisas aunqtle no de cada una de las partes de les. Sin embargo, es demasiado l¡reve v sirlirlc para resultar
162 163
l'l
)

interesarrte. De ahí, que, sin otra razón, procedanlos a des-


arrollar la hipótesis opuesta, según la cual tcrrrrnos rlue ad- De nuevo, mi premisa cpistcrnológica momentánea es cle me-
mitir las creencias causadas por la percepciól1 Íl rncrlos que ,noria. Pero, en varias ocasiolrcs, hc terrido razones mejo-
tengamos fundamentos sólidos para desecharlas. res: nlapas, libros dc vi¿tjc, «:tr:. Mis razones han sido las
Como que nunca podemos estar completamcntc segrlros afirmaciones de otros, a <¡uicncs sup«rrrírr yo llicr-r informa-
de que cualquier proposición dada sea verdadcra, rlrlnca po- dos y veraces. Sus razones, r'ctrovt'rli«l:rs, c«»rrlrrcían a per-
demos estarlo completamente de que sea una prcrrrisa epis- cepciones-: Magailanes y otros (luc cstuvicrorr crl aqrrclla
temológica, aunque posea las otras dos propiccladcs reque- región en ocasiones en quc no cst;tlxr oscurccirl:r por la nic-
riclas en la definición y nos parezca ser vcrclarlcra. Atri- bla, vieron algo que consitlcllrorr (ltrc crir nr¿lr y ticrra, y
buiremos "pesos" distintos (empleando u1l tórrlrino reco- a fuerza de inferencias sistun;ilizarlls hicicron rrapas. Tra-
menclado por el profesor Reichenbach) a proposiciones di- tanclo el conocimiento del góncro hunríulo conlo urr toclo, son
ferentes clue creemos y Que, cle resultar verclacleras, serían las percepciones cle Magallancs y olros rravc¡1;rntcs lo que
premisas epistemológicas: el peso mayor será atribuído a proporciona las premisas ellislcrnol,igit'as J)arír creer en el
aquellas de que más seguros estemos, y el menor a las de que estrecho de Magallanes. I,os cst:r-itorc's intcrcsarlos en el
lo esternos menos. Cuando se plantee un conflicto lógico, conocimiento como fenórneno soci;rl, llo«lrán corrcclrtrar su
sacrificaremos a la firenos segura, a no ser que un gran atención sobre las premisas epistcrrrol,irlic:rs s«rcialcs. Para
nítmero de éstas se opongan a nn nirmero muy reducido de ciertas finalidades esto es licito i ¡xrr-;t ol r'írs, no. Las pre-
Ias más seguras. misas epistemológicas soci¿rlcs s()r'r <lc intcrtis l)íu-,r rlccidir
Debido i la carencia de seguriclacl, no intentaremos, como si h^y que invertir fonclos priblir:os cl-r l;L t:orrstrrr<:citin cle
es lógico, reducir a un mínimum nuestras premisas, antes un nuevo telescopio o para fin:nrc:i¿rr una irrvcstigaciíxr so-
bien nos daremos por muy satisfechos cuanclo numerosas bre los moraclores cle las islas 'l-robriancl. Los e::perimen-
proposierünes que sirvan de apoyo a otra puedan ser acep- tos de laboratorio ticndcrr a cstaltlecer nuevas premisas fác-
tadas como premisas epistemológicas, puesto que esto re- ticas, srrsceptiblcs de ser incorporadas en el sistema aceptaclo
f.uerza la probabilidad de todas ellas. (No me refiero a Ia del conocimiento humano. Pero para ei filósofo hry dos
deductibilidad lógica, sino a la compatibilidad inductiva. ) cuestiones previas : ¿ Qué razón tengo yo *si alguna hay-
I-as premisas epistemológicas difieren segírn sean mo- ll para creer en la existencia de otras personas? ¿Y qué razón
mentáneas, inclivichrales o sociales. flumineinos esto con
t,

l tengo yo _--si alguna hry- para creer que yo haya existido


ejemplos. Yo creo que t6' : z56; de momento, lo creo ,L en cierto tiempo pasado o, dicho de un modo más general,
basándome en la memoria, aunque probablemente alguna I
!, que mis creencias actuales relativas a un tiempo pasado sean
vez hiciera la suma, y estoy convencido de que las reglas
"l
*
I más o menos correctas ? Para mí, ahora, sólo mis premi-
Ce multiplicación que nos enseñaron se deducen de premisas sas epistemológicas momentáneas son realmente premisas;
de la Iógica. Por consiguiente, tomanclo mi vida en con- tfr
,.4
el resto tiene que ser de algirn modo inferido. Para mí, en
junto, t6'-z56 es inferido, no cle la mernoria, sino de la
lógica. En este caso, si rni lógica es correcta, no eriste di- \
'i
cuanto opuesto a otros, mis premisas individuales son pre-
misas, y no lo son las de los demá-s. Só1o los que conside-
ferencia entre las premisas indivicluales y las sociales.
Tomemos al:ora la existencia del estrecho de Magallanes. fi
ren el género humano en algún senticlo mistico a modo de
enticlad singular poseída de un espíritu singular persistente,
764 *
il 165
fi
"l¡t
pueden tener 1111 clcrccho a lirnitar su epistemología hasta otra persona. El enrpirisnto social toma estas premisas per-
el prrnto clc aceDta:: ias premisas epistemológicas socíales. ceptivas de otros tir:ntllos o cle otr¿rs personas como las pte'
A la lttz de estas clistinciones, examincmos las posibles misas errrpíricas de 1o cluc :rltora sc acepta, eludienclo así el
definiciones rJe en'llirismo. Yo creo que Ia sran r-r-rayoría problema relaciouado con la ltlc'tlrori;r y trl testinionio. Esto
cle los empiristas so11 ernpiristas sociale.r, algunos indiaidua es notoriamente iiicito, pttcsto qltc h:ty razoncs para creer
lc.s y hien pocos, si los h^y, tmoncentáneos. Lo (fue tienen que tanto la memoria couto los tt'stittlttnios llos ellgañan a
cle comítn los eruniristas es su insistencia en las prcrnisas per- veces. Yo, ahora, sólo a basc tlc ull¿r inferencia de recuer-
ceptivas. Vamos a intentar ensesuicla una rlt:finición de dos y testimor¡ios pucdo llcgar ír lrrcnrisas perceptivas c1e
este término, pero antes quisiera decir tlnas palahras pre- otros tierrlpos y personas. Si vn, ;lltora, debo tener alguna
liminares. razón para creer 1o que aycr lci cn la enciclopedia, necesito,
Hahlanclo en términos de psicología, "prcmisa percepti- ahora, encontrar la razitn de cortfi¿rr en mi nremoria, y creer,
.va" puecle rlefinirse cliciendo clue es una ereencia causada, en las circunstancias oportuttas, 1o qüe me llega en forma
tan inrnediatanrente como sea posible, por llna perce¡rción. de testimonio. Esto eciuivale a decir que necesito partir de
Si creo qr-re hahrá un eclipse porque 1o digan los astrónornos, premisas epistemológicas nt,r¡ntentá,neüs. Hacer cualquier
mi ereencia r:o es tlna prernisa preceptiva; Io es. si creo qrte otra cosa qtle no sea esto, implica eludir problemas que for-
man parte de Ia cuestión que debe examinar la epistemología.
trtay un eclinse poror-le lo rreo. Pero inmecliatamente surgen
las clificultacles. T.o qtle los astrónomos llaman eclipse es f)e las consicleraciones qLle acabamos de hacer se sigue
que la epistemología 11o puecle decir: "el conocimiento es
un acaeeimiento rrírhlico. mientras que 1o que yo veo pttede
íntegramente clerivable de prcmisas perceptivas junto con
ser debirlo a r1n defecto de mi vista o de mi telescopio. Por
Io tanto, alrnqtle la creencia "hay un eclipse" puede naeer en los principios cfe la inferencia rlcnrrtstratit'a y probable". A
mí sin inferencia consciente, semejante creetrcia rebasa la me- las premisas perceptivas hay qtrc añadir, por lo nlenos, las
premisas de memoria. Qué lrremisas clcllcrr ser añaclidas
ra expresión <!e lo cJüe yo veo. De esta suerte nos vemos alguna clebe serlo--- para h;tcer aclrnisible el testimonio
llevarfos en enistemología a definir Ia "premisa perceotiva" -si
(con las lirrritacioncs del senticlo comírn), €s tlna cuestión
dáncfole una con'rprensión más afinacla de lo que sería ne'
cesario en psicolosía. Ello se dehe a que neeesitar¡os tlna
difícil que dehe ser tenida in m,ettte, pero que no es necesa-
"¡rremisa perceptiv:r" tal oue jamás haya razones buenas
rio dilucidar en este momeuto. La importancia primtlrclial
de Ia percepción, en cualquier forma sostenible de empiris-
de pensar oue sea falsa, o, to que viene a ser Io mismo, algo
mo, es catrsal. El r'ccr:erctrr.t, si es vc','íclico, cs catt:lalnrerlte cle-
tan <fefinirlo q1le rlos premisas perceptivas no pttedan con- pendiente de una percepción anterior; el testimonio, si es
traclecirse entre sí.
veríclico, es causalnre¡rte dependiente de algurra percepción
Suooniendo que hayamos clefinido <!e un modo acleeuacto
hecha por otra persona. Porlemos decir, por Io tauto: "To-
las t''oremisas perceptiva.s". r,olrranlos a Ia clefinición cle rlo conocimiento h,;tlano de cttestiones de hecho es causado
t'empirismos". n{i corrocinriento m.omentáneo consta en
gran parte cle recit^r<los y rni conocimiento individual en en parte por .la -percepción".. Pero es notorio ctug -si cabe
conocer ur1 principio rie esta índcle, ello puecle ser únicamen-
gran narte ¡ls ls.rtimonios. Pero ettando es verídico, el re-
te por rncclio rle inf ercncia; uo pttecle ser tlna premisa en
cuerclo está re1:rcior-rado eon üna premisa oerceptiva anterior.
epistemología. E,stír perfectamente claro que parte de la
y e1 testirlronio r.'r:rirlico con algttna premisa perceptiva rle
167
166
dt:
2t, )

I
causa de mi creencia en el estrecho de Magallanes que I

lo han visto, pero esto no es el fun


I

ciertas personas to I

de mi creencia, puesto que se necesita qrre me de uestren I

(o, mejor dicho, que me hagan probable) que di 1as per-


sonas tuvieron tales percepciones. Para. lní, srls,iJlcrcepcio-
nes son inferencias, no premisas

CAI'fTUI,O X

PROPOSICION]IS BÁSICAS

"Proposiciones básicas", en el scntido crl que me propongo


usar este término, son una subclase de prcmisas epistemoló-
gicas, a saber: las causaclas, tan inmc<liatamente como sea
posibtre, por experiencias perceptivas. Esto excluye las pre-
misas requeridas por inferencia, lo mismo si son demostra-
tivas que probables. Excluye también cualesquiera premisas
extralógicas usadas por inferencia, si las hry ejem-
plo: "1o que es rojo no es azul", "si A es anterior-por
a B, B no
es anterior a A". Semejantes prbposiciones necesitan de
un cuidadoso estudio, pero tanto si son premisas como si no
1o son, en todo caso no son "básicas" en el sentido que aca-
bamos de mencionar.
El térrnino "proposición básica" está tomado de Mr. A.
J. Ayer, quien 1o usa como sinónimo del alemán Proto-
kollsata empleado por los positivistas lógicos. Acaso no lo
use yo exactamente en el mismo sentido en que 1o usa Mr.
Ayer, pero sí en conexión con los mismos problemas que a
él y a los positivistas lógicos les hicieron sentir la necesidad
de este término.
Muchos trataclistas de teoría del conocimiento sostienen
que nada puede aprenderse de un acaecimiento singular, con-

168 169

I
//
sideranclo que torlo conncimiento empírico const¿r de irlcluc- Estas condiciones exigctt, l)or ende, que una proposición
ciones obtenidas de un nr'rmero mayor o lnerlor cle expcrien- básica tenga dos propir:rI¿t«lcs:
cias similares. Por rui parte, estimo que tal opiniórr haría ra Que sea causacla por algtirr acaccimiento sensible.
imposible Ia historia e ininteligible la memoria, y sostengo 2a Qu. sea de fortua 1:tl (lrtc tlo pttccla contradecirla
que de cualquier acaecimiento que percibe tlna pcrson¿r. ptle- ninguna otra proposiciírr-r bírsic:r.
de obtener un conocimiento y expresarlo c11 oracioncs si po- Respecto al punto ra: Ntt «lt:sc:o insistir cn la palabra
see hábitos lingüísticos adecuados. Huelga decir que los "causada", pero la creencia ticttt: r¡ttc sttrgir cn ocasión de
hábitos lingiiísticos de esta persona habríur si<kr formaclos algún acaecimiento sensiblc y <lclrt: scr tal que, dc scr puesta
por experiencias pasadas, pero éstas sirlo clclcrruinan las en duda, pueda ser clefcnrli<l¡r c,rtt cl rtt-gttttlcnto "¿Por qué?
palabras que ella ttsa. Siempre que ponga cl rlc''hirlo cuidado, Lo veo" o algo por el estilo. l.;t crt:,.'lrcia sc refiere a cierto
la verdacl cle Io qr.re cliga, teniendo en cucnta <'l significado tiempo, y las razones de crccrlít 't1o cxistían antes de aquel
cle sus palabras, rlepurclerá íntegranlctttc clt:l c;rrítt:ter de ca- tiempo. Si el acaecimiento er1 cucslir'rtr hubiese sido ante-
da fenómclro clllc advicrta. Cuanclo así ocur-ra, 1o que esta riormente inferido o espera«lo, la cvirlclrcia anticipada era
persona cntrrcie scrá lo qtlc yo llamo "prril-rosicirin básica". diferente de la proporcionad:t por l;t ¡rcrccpción, y en gene-
El exanlen cle las proposiciollcs bítsicas tir:nc clos partes. ral sería considerada menos dccisiva. L;t llercepción pro-
En primer lugar, es necesario probar, coutra opiniones con- porciona a Ia creencia una eviclcncia t'stinr¡rd¿r Ia rnás intensa
trarias, que existen proposiciones básicas. En segundo lu- posible, pero que no es verbal.
Sár, es necesario determinar de un modo preciso qué clase En cuanto al punto zq: Los juicios qttc: cl seltticlo comírn
de cosas afirman y mostrar que ello suele ser mucho menos basa en Ia percepción, talcs como "hlty ul1 perro", suelen
d.e lo que enunciair los asertos del sentido comitn en las oca- rebasar el dato prcsente, puclicrrclo, Por ende, ser refutaclos
siones en que son justificables epistemológicamente las pro- por la evidencia subsiguiente. A l¡ase de Ia sola percepción,
posiciones l¡ásicas en cuestión. nada podemos saber sobre otros tiempos o sobre las percep-
Se pretencle que Ltna proposición básica tiene distintas ciones de otras personas o sobre cuerpos entendidos en un
características. Tiene que ser conocida con inclepenclencia sentido impersonal. Es por esto que en la bírsqueda de
de inferencias de otras proposiciones, pero no independien- datos nos vemos llevados al análisis: buscamos un núcleo
temente cle Ia evidencia, puesto clue tiene q11e ser ttn acaeci- que lógicamente sea indepencliente de otros acaecimientos.
miento perceptivo qtle dé la catlsa y se estime que dé \a Cuando Usted piensa ver un perro, lo que realmente es dado
razón de creer la proposición básica. Sienclo así, resultaría en Ia percepción puecle ser expresado por las palabras "h^y
posible, además, desde un punto de vista lógico, analizar una mancha canoide de color". Ningún acaecimiento ante-
nuestro conocimiento empírico de suerte que sus proposi- rior o subsiguiente y ninguna experiencia de otras perso-
ciones primitivas (aparte de las lógicas y de las generali- nas, puede probar la falsedad de esta proposición. Es ver-
dades) habrian siclo, en el momento en que por vez primera dad que en el senticlo en que inferimos eclipses, puede haber
fueron creír1as, proposiciones bírsicas. Esto requiere que las evidencia contra un presente juicio de percepción, pero se-
proposiciones básicas no se contradigan entre sí, por 1o que mejante evidencia es incluctiva y meramente probable, no
sería de desear que clcntro de 1o posible se ies diera una pudiendo prevalecer contra "la evidencia de los sentidos".
fornra lógica que hiciese imposible su contradicción mutua. Cuando havamos analizado de este modo un juicio de per-
170 17l
cepción, nos encontraretllos con algo de lo que lro puede l'ir lirgica y en rnate,rártica es correcta Ia opinión de que
den¿ostrarse que sea falso la "verdad" es un conceplo sintírciico, puesto que es Ia sin-
Por 1o tanto, podemos definir una "proposición básica" taxis lo que gatantiza Ia vcrdacl clc las tautologías. La ver-
dei moclo siguiente: es una proposición que srlrge con mo- dad, en este sector, es ilcsculrrilrlt' r:;ttrt.[i¿rnrlo 1;r f oru,r,a de
tivo cle una percepción que es la evidencia cle su verdad, la proposición que hace al caso; rlo h;ry ncccsirl¿r«l de salirse
teniendo una forrna tal qlte no puede haber dos proposicio- de ella en busca de algo que la pro¡rosici<in "sigrrifir1ue" o
nes que teniendo esta forrna sean incompatibles entre sí si "enuncie". Los autores en cuesr.iriu :rsirnila.lr l¿i vercla<i ernpi-
se derivan c1e percepciones distintas. rica con la verdad lógica, volvicrrclo así, sin clarse cucrrta, a
Sirvan de ejemplos: "Tengo calor", "Esto es rojo", la traclición de Spinoza, Leilrniz y lIegel. Al rechazar su
"¡Qué mal olor !" Todas las proposiciones básicas en el opinión, como sostengo que clcbemos hacer, nos adherimos
sentido que acabamos rle mencionar son personales, puesto a la opinión de que la "verdad" del material empírico tiene
que nadie más puecle participar de mis percepciones, y tran- una significación diferente de la que le corresponde en la
sitorias, puesto que un momento <lespués serán sustituídas lógica y en la matemática.
por recuerdos. La teoria de coherencia de la verdad es, como acabo de ci,:-
En vez rle la que acabamos de dar, ltodencos adoptar una cir, la de Hegel. Partiendo de un punto de vista hegeliano,
definición lr':gica. Podemos al:arcar el cuerpo total del co- ha sido elaborada en el libro cle Joachim, "The l{ature of
nocimiento cmpíricci y definir las "proposiciones básicas" Truth", que yo critiqué en "Philosophical Essays" ( rgro)
dicienclo que sorl las lógicamente indernostrables que sean, colocándome en el terreno cle la teoría de la corresponden-
a su vez, empíricas, es decir, que elluncien algírn acaecimien- cia. Sin embargo, la teoría de Hegel difiere de la de Neu-
to ternpo::al. A mi rnoclo cle ver, esta definición es equiva- rath en que sostiene que sólo es posible un cuerpo de
lente en exterrsión a Ia epistemológica que acabamos cle proposiciones mutuamente coherentes, de suerte que toda
formu]ar. proposición resulta en definitiva verdadera o falsa. Neu-
Entrc los positivistas lógicos h^y algunos, especialmente rath, por el contrario, adopta la opinión dr: I'i.-¿¿l;iie11o: "Es
Neurath y llenrpcl. que nie,g'an Ia posibilidad de separar nin- así, si Usted 1o piensa así".
guna scr"ie dc llroposiciones como "básica" o como premisas La teoría de Neurath y Hempel está expuesta en artículos
para las demírs cn algf.rn sentido de im¡rortancia epistemoló- publicados en Erkenntnis y Analysis. Lo cluc sigue son citas
gica. En opirrión r1e estos autores la "verdad" es un con- o paráf.rasis de sus palabras.
cepto sintáctico-. no setná,ntico: una proposición es "verda-
Se llama correcta una aserción cuando podemos adherir-
dera" Centro de un sistema clado si resulta compatible con nos (eingliedern) a ella.
el resto del sistenra, pero puede haber otros sistemas, incon- Las aserciones se comparan con aserciones, no con t'ex-
ciliables con el prinrero, en los cuales la proposición en cues-
perencias" (Erlebnissen).
tión sea "falsa". Scgírn elios no existe proceso tal que la No hay Protol¿ollstitze primarias o proposiciones que no
verclad de una p;'oposición se clerive de algirn acaecimier-rto
necesiten de confirmación.
no-vert¡al : ei mundo de las oalabras es un mundo encerra-
Todas las Protokollstitse tienen que ser formuladas en
do en, sí nlisrno, ), el filósofo no tiene por qué oc¡parse cie la forma siguiente: "Protocolo de Otto a las 3:\7: Pen-
nada ajeno a él
1nr)
I lt-,
172
samiento-palabra de Otto a las 3:16: (En la habitación nameute partiendo de la teoría de la correspondencia h¿r.sta
había a las 3:r5 una mesa percibicla por Otto)". llegar a una teoria de la cohcrctrcia rcstringicla. Inclica este
En este caso, ei uso repetido de la palabra "OLto" en yez autor que lr[eurath nicga r¡uc: porl:Inros co1]1p¿trar jarnás la
de "yo" es esencial. realidad con las proposicion('s, y (lrlc (lrtrtr:t1l lo acepta así.
Idosotros partirnos <lr' las ¡rroposicioltes atórni-
Sin embargo, teniendo en cuenta lo que ac¿rlrauros cle de-
cir, parecería que nos estuviera vedado conocer cos;r alguna cas de Wittgenstein; -rJir:c--
ést¿rs [ut'r'ou sttslitrri«l:rs por Proto-
del mundo físico salvo el que los físicos hacen algunas aser- kollstitze, concebidas prinrcr-:uttcnlc: l);tl'il cxl)rc:s:tr los re-
ciones acerca de él; sin embargo, el propio Neurath sc dccide sultados de la observación. I 'cro, sit:n«lo así, las P roto-
a lanzar la afirmación de que las oraciones son nrolrtones de hollstitze habrían dejado de sct' t't'sttlt;ulo <lc la oltscrvación
tinta o sistemas de ondas de aire (.Erl¿enntnis I\r, 2o9). y entonces ninguna clase cle afirrn¡rciortcs scría aceptada co-
No nos dice cómo descubrió este hecho; es clc presumir rno básica.
que con ello quiere decir solamente que así lo afirman los Carnap l{empcl* * rlict: (luc rlt) hay ni,ngrtna
-continíta
afirmación absolutamente pritucr:t l)íu'Ít l¿r cicncia; incluso
f ísicos.
para las Protokollstitze pueclc cxigirsc ttlt<'rir¡r justificación.
En stl obra "Radil<aler Physikalismus und Wirkliche Y, sin embargo :
Welt" (Erkenntnis IY, 5, r%4), sostiene }leurath las si- "Carnap y Neurath tro prctcttrlctt rlccir t'u lltorlo alguno:
guientes tesis:
Ja Todas las Realstitze de la ciencia, incluso las Proto- 'No hay hechos, sólo hay pro¡rosicir)n('s'; ¡ror cl cotttrario,
hollstitze, se formularon en virtud de Entschl'tisse (decisio-
la presencia de ciertas afinlr¡rt:ioucs cn t'l 1rt'«rlocolr¡ <le un
observador o en un libro clc cicnciír ('s ('orlsirlct';rrl:t c()n'ro ul1
nes), y pueden ser alteradas.
hecho empírico, y como oll.ictr-ls crrrlrír'icos las ¡lrollosicioncs
2a Llamamos falsa, a una Realsatz cuando no puede en- que allí se prescntan. I-o cluc los ¿uttorcs <luicrcrt clecir, pue-
cajar en el edificio de la ciencia.
de ser expresado cle un moclo nrírs preciso gracias a la dis-
3o El control de ciertas Realsd,tz¿ es la compatibilidad tinción que hace Carnap entre los modos material y formal
col1 ciertas Protchollstitze; en yez de die Wirklich,le eitl de hablar. . .
tenemos un número de cuerpo de proposiciones, incompati-
bles entre sí pero coherente cada uno de ellos consigo mis-
"El concepto de verclad puede ser caracterizado en este
modo de hablar formal, a saber, como ttna formulación mu-
rno, y elegidos entre lo que es "nicht logisch, au,sgezeichnet". da, como un acuerdo suficiente entre el sistema de P'roto-
La práctica de la vicla Neurath- reduce pronto hollsiitze conocidas y la consecuencia lógica que puede ser
la ambigüedad; además, nos -clice
influyen las opiniones de los deducida cle la afirmació, y de otras afirmaciones que ya
veclnos. están acloptadas. . .
artículo "On the logical positivit's theory of truth"
El "Decir que las afirmaciones empíricas 'expresan hechos'
de Carl G. Hempel (Analysis Il 4, enero 1935) expone la y por consiguiente que la verdad consiste en cierta corres-
historia cle las opiniones de los positivistas lógicos sobre las pondencia entre las afirnraciones y los 'hechos' expresados
Protokollstitze, diciendo que esta teoría se formó paulati- por ellos, es una forma típica del modo de hablar material"
(p. S+). f Es decir, (lr-1e la "r,tt'":l¡rd" es siirliictic:1. iro semán-
1 Todos los términos alemanes que no aparecen explicados en estas
citas, 1o son más adelante. (N. dcl T.) tica.l

174 775
::. \'% 1' ,v

,,Para terier un grad.o cle certidUtnbre relativamente ele- corlocimiento, al principio puratnente personal y privado.
Acaso otros repitan el cxperimento y el resultado acabe
vado, hay que ,o1rár a las Protohollsiitze de observadores formanclo parte clel conociuietrto pírhlico; pero este conoci-
iia.áig"Á". [Se plantean d_os cnestiones: A. ¿Cómo1osabe- miento pírblico no es sino abstracción o epítome de los co-
*á, q"rienes son fideclignos ? B. ¿ Cómo conocemos que nocimientos privados.
dicen?l
sistema de Protol¿ollsiitze que llalltanlos verdade-
Toda teoría del conocimiento tit:lre que partir de "¿qué
-"El conozco yo?" no de "¿qué conocc cl gérlero humano?" En
ro... puede ser caractetizado solamente po1. el l1echo his-
pnt el género efecto ¿cómo puedo decir yr: lo qtlc conoce la humanidad?
tórico á. qr. es el sistema realmente aclopta,l-n
Srilo a base a) de una observa,.'i,irr pcrsonal de 1o clue se
humano, y especialmente por los cientistis de nuestros cír-
clice en los libros que haya escrito, y b) juzgando de Ia evi-
culos de cultura".
dencia en favor del criterio clc t¡ttc lo clicho en los libros es
"IJna Protol¿ollsiitz, lo misnro que cua'lcluier otra aser- verdaclero. Si yo fuera Copémico, n1c pronunciaría contra
ción, es acloptacla o rechazada cl1 írltinlo cxtretno pol1lga
_, -.a:r los libros; si un estudiante clc ittscripciones cuneiformes,
ntix% decidiría quizás que Dario uo dijo sobrc stls campañas 1o
rotoltollstitze resrrltan, así, supcrfluas. Ello impli-
que se le atribuye.
., qr. no hay un mun(to clefiniclo con propiedacles clefinidas' lirlritatla a Neurath y Hem-
Esta es una tendencia
Yo.,.oqueNeurattryFlernpelestárr-1'.olnenosacer. pel, siuo imperante en más -no<lc utta filosofía moderna- a
tados por lo' qlle- concierne n tu p,o!19 problema, Qüe es
l.a
proposi- olvidar los argumentos de l)escartcs l' licrl<cley. Cabe que
.árrtrir..iór, ,i. "", encicloperiia. ElloJ necesitan
estos argurnentos Sean reftrtaclos, l)cl-() 1)or lo qtte a nuestra
;Iffi;'ilp*.á"ri.r pírblicas, irrcorporadas a la ciencia que pit-
presente cuestión se refiere, no crco (lt1c pucdan serlo. En
¡ii.u. Pero el conocimiento 1títblico es una construcción
todo caso sll peso es clemasiaclo inrportante para que se les
contiene *.rro, que Ia to*, de los conocimientos friaadol' cleje simplemente cle lado. Por 1o quc hace a la cuestión
No es de esperar que la persona que cotrstruye una 91c'- que estamos estucliando, el punto principa.l es que mi, cono-
.lnpeclia, lleve i .rbo'"*perimentos pór sí misma, antes-
bierr
cimiento relativo a cuestiones cle hecho tiene que estar basa-
que compare ir" opiniones de las- mejores autoridades y clo en wlis experiencias perceptivas, pues sólo por medio cle
ti.g,r., hásta donde le sea posible, a la opnión científica e]las puedo averiguar lo adrniticlo como conocimiento
pr|Á.ai, d. ru tiempo._ De esta suerte, a1 ocuparse de cues- pírblico.
[iorr., científica., ,r', datos son opirriones, no observaciones Esto reza de un modo par:ticular para Io que deba hallar-
directas sobre el asunto de aquélias. Sin embargo, el tra- se en los tihros.Lo que los lil¡ros cle Carnap <ligan, sea Io
tadista científico indiviclual cuyas opiniones son las premisas que sería aceptada generalmente
de los enciclopedistas, no Se limita a comparar sus oplnlones .tipo cle-igta
que sea, es el
como conocimiento pírblico.
con las de otros investigaclores, sino que hace observaciones Pero ¿qué es 1o que conozco yo?
y .f..tt" experimentos,á-base ctre los cuales se halla dispues- ra Lo que veo cuando 1o miro.
to en .r.o ,r...sario, a refutar opiniones en las que anterior- 2q Lo que oigo cuanclo otros 1o leen en vt¡z alta.
Áente existía unaámidacl. La finalidad de una observa-
;t¿; o experimento es provocar una experiencia perceptiva, 3o Lo que veo cuando otros 1o citan en sus obras.
como r.sultado de la cual el sujeto perceptor tenga
un nuevo ao I-o que veo cuando comparo dos ediciones de la mis-
177
776
ma obra. De ello, por rnedio rie inferencias claboraclas y
dudosas, paso al concciniiento fúblico. poco más tarde aún". De esta suer"te eliirrinaríamos las di-
Segírn la opinión de Neuratir, el lenguaje no tiene rela- ficultades de medir el tienrl)o, clt1c .scgr.lranlente no estaba en
ción alguna con los acaeciinientos noJingtiístir:os, pe,'o esto el ánimo de Neurath suscitar. I-lcganros ahora a las pala-
haria inexpliczrbles las experiencias de Ia. virl;r coti<liana. Por bras "había una mesa", tan obj«:tablcs .or.ro ¡ruedan ierlo
ejemplo: yo llegué a Mesina en rgcr proccdcirtc rlc rrn viaje "-h1y
_un
perro"_y por las mis,ras rAz()rlcs. Calle Ia posibili-
marítimo y encontré que había banderas a rncclia asta; pre- dad de que no hubiera habiclo urrír nrcsa, sir«r .,, r"il.io en
guntando averigüé que McKinley había siclo ascsin¿rdo. Si un espejo, o quizás, como ocurrc con la dag:r cle Maibeth,
el lenguaje no tiene relación alguna cí)ri 1o rrr,-lirrgüístico, un espectro conjurado por la intcrrci<'.¡n de cometer un asesi-
todo este procedimiento era inútil. nato sobre una mesa. Quizírs tambión una situación insólita
Como vimos, Neurath dice que la fornra. ¡rrorri:r de una de quanturn pkenornena determinr'r una aparición momentá-
oración cle protocolo es: "Protocolo rie Otto a las S:rZi nea de una mesa, Ilamada a dcsal)arc:cer de un momento a
(Pensamiento-palalrra de Otto a las 3:r6: (Iirr Ia habi- otro. Puede concederse que esta última hipótesis es impro-
tación había a las 3:r5 una. nrcsír 1rt:rt:ihi<1a por ()tto))l'. bable, que el Dr. Neurath no es unír persona capaz de pensar
Me parece a mí que al dar esta fornra :r las oraciones de en asesinar a nadie y que probablemente su habitacón no
protocolo, Ir[eurath se rerrela mucho más cró<lulo qrre Ia per- contenía ningún espejo suficientc grande para reflejar una
sona que dice "h^y un perro". Err el paróntesis interior mesa clue estuviera en otra partc; pcro todas estas conside-
percibía una mesa, lo cual es exactamente tan maLo cotxo raciones no tienen que ser ncccs:rrias en los casos relativos
percibir un perro. Tomando el paréntesis exterior, encuen- a oraciones de protocolo.
tra palabras para lo que habia percibido, o sea: "En la ha- .. Llegam.os ahora a una cucstió, ,ruclrr¡ más grave. se nos
bitación habia a las 3:r5 una mesa percibida por Otto". Y dice no sólo que había una nles¿r, sirr, arlemás que había una
un minuto después ponía por escrito las palabras a que ha.l:ia mesa "percibida por otto". l-a írltinra es una afirmación so-
Ilegado. Esta últirna fase implica memoria y la continuidacl cial, derivada de una experiencia de Ia vida social, y en modo
del ego. La segunda fase implica tarnliién memoria y por alguno primitiva; si hay raz6n para creer en elia, debe ba-
añadidura introspección. sarse en un argumento. Otto percibe Ia mesa, o, mejor dicho,
Examinemos el caso en detalle. una apariencia tatular ¡-l.isa y llanament€-, pero no percibe
que otto la
Comencemos con el paréntesis interior: "Eri Ia habita- .perciba. ¿ Qué es "otto" ? En cuánto susieptible
ción había a las 3:rS una mesa percibida por Otto". Po- de ser conocido, ya pata sí mismo , ya pata otros, es ,t u serie
demos tomar las palabras "en la habitación" colno signifi- de acaecimientos. IJno de ellos eé iá apariencia visual que
é1 temerariamente llama una mesa. Grácias a la conr.ri*-
cando simplemente que la mesa tenía un fonclo perceptual,
y en este sentido cabe transigir con ellas. La.s palabras "a ción es llevado a concluir que los acaecirnientos que la gente
las 3:r§" implican que Otto estaba mirando su reloj al pro- menciona forman haces, cada uno de los cualer tr urr" per-
pio tiempo que Ia mesa, y que el reloj iba bien. Tornánclolas sona, y que la apariencia de la mesa pertenece al mismo -haz
seriamente, estas cuestioncs son muy deJicaclas. Srrponga- que el pensamiento-palabra subsiguiente y ei acto de escri-
rnos que en vez de t'a las 3:r5" decimos "en una ocasi6n", bir que se produce todavía más tárde. Péro tocla esta elucu-
en vez da "3:16", "algo después", y, €tr vez de "3'.r7"r "un bración no es parte del acto visual. Si él viviera siempre
sólo, jamás sería llevado a distinguir entre ,,h^y una meia,,
178
179
.i,; ''

formas de conocimiento: el recuerdo de pensarnientos pasa-


"yo veo urla flles;I"; en reaiictrad, usarí¿r sicrtitpre la primera
-y dos. E,ste resultado no es para animar a quienes crean que
frase, si cabe supoflei qtle usara frases. La p:rlahra "yo" es los datos pueden ser notorios.
una palabra ctre limitación, que quiere ciecir "yo, no Usted"; Acaso no sea parte esencial cle su cloctrina la forma parti-
en iloCo alguno significa parte de algirn cfato prirnitivo. Lo
cular dada por l{eurath a las oracione s cle protocolo; por
cual resulta toclavía más notorio por el hecho tlc quc, erL Yez consiguiente, irnporta examinar su cloctrir-r¿r de un modo más
de "yo", Neurath diga "Otto". general.
llasta aquí nos hemos ocupaclo sólo rle lo quc ocurría a Repitamos algunas citas r. ."L¿rs aserciones se comparan
las 3:r5. Ha llegado ya el momento cle que examinemos 1o
con aserclones, no con experiettcizts" (N). "LJna aserción
que ocurrií a las 3:16.
de protocotro, Como cualquier otra ¿tscrcitin, eS, en último ex-
A las 3:r.6 Otto puso en palabras 1o rlue había ocurrido a tremo, adoptada o desechada por una clccisión" (N). "El
las 3:i5. Atrrora me siento dispuesto a conccrlcr clue las pa- sistema de Protokollstitze que llallr;ttrtos vcl'rlaclero. . . sólo
labra,s que usaba las habría podido emplcar también Llna
puede ser caracterizado por el heciro hist(rrico de clue es el
persona que Í1o se dedicara, a buscar tranrpa.s. Por consi-
iistema realmente adoptado por el gón,:ro huuratro, y de un
guiente. en esta fase hay menos que critic¿tr (lue en la ante-
modo especial por los cientistas clc nucstr<> círcttlo de cultu-
¡:ior. Es posihle que 1o que pensara Otto no fuesc verda,cl, ra" (H). "En vez de realidad tenctuos tM níinrcro cle ctter-
pero estoy corupletatnente dispuesto a concecler q11e 1o pen- pos de proposiciones, incorntrtatiblcs crrtrc si pcro coherente
saba si así lo clice.
óada unó de ellos consigo misnrcr, clcgitltls etrtrc 1o quc se cle-
A las 3:rZ Ctto ller,ó a cabo un acto cle introspección, de- termina lógicamente (logi,sclo utts*1t'ich,ttcÍ )" (¡'f ).
cictrienclo que hacía un minuto cierta fra.sc habia estaclo en sL1
Este ensayo de hacer clue el mttudc¡ lingüístico se baste a
pensamiento, no prccisamente como frase sino como aser-
si mismo, cluecla expttcsto a muchas objeciones. Tomemos
ción relatirra a u1la percepción anterior cle tra que se acorclaba primero la necesidad de aserciones enrpíricas sobre. las
todavía a las 3:16. Es sólo lo que octlrre a las 3:r7 que se -bras, -pala-
por ejemplo: "Neurath dice esto o 1o otro". ¿Cómo
afirma realrlente. De esta suerte, si hemos de creer a Neu- 1o coáozco ? Viendo ciertos signos negros sol¡re un fondo
rath, los dat'os tle Ia ciencia empírica son todos de la forma blanco. Pero, segírn Neurath y Hempel, esta experiencia no
siguiente: puede ser convertida en fundamento de mi aserción de que
"Cierta persolra (qr. se r'la. ctr caso <le que sea yo mismo, Neurath dice esto o 1o otro. Antes de poCer afirmat esto,
aunque, como clijirnos, csl.o no inrporta) se da cuenta en tengo que averiguar la opinión del género humano, y de un
cierto rnomento cle que hacía ulr rato creía. una frase que n oáo especial de mi círculo de cultura, como diría Neurath.
afirmaba que poco antes ell¿l había visto una mesa". Y ¿cómó puedo averiguarlo? Recorro todos los hombres de
Esto equivale a c'lecir que todo conocimiento empírico se ciencia de mi círculo de cultura y les pregunto : "¿ Oué clice
I¡asa en rectlerdos de palabras usadas en ocasiones anterio-
Neurath en Ia página 364?" Como contestación oigo ciertos
res. No se nos explica por qué ios recuerdos hayan cle ser sonidos, pero esto es una experiencia y a fuer de tal no me
preferictros a las percepciones ni por qué no hayan de ser
admitidos otros recuerctros que las palabras-p.ensamientos
da fundámento alguno acerca de la opinión formutrada en
Neurath hace un intento de asegurar la notoriedad de los 1 En las líneas siguientes "N" significa "Netlrath" y 'nII" "Hempel"'
Catos, pero por error acaba en una cle las más subjetivas
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180
sus palabras. lJna vez haya contestado A, tengo que reco-
Tomacia rigtirosatnrcnlc, l;r cloctrina de Neurath clesviste
rrer B, C, D y el resto de mi círculo de cultnra para averi- de toda si¡;riificación ¿t l:ts ¡rr opos;iciolles empíricas. Cuando
guar qué piensan «le 1o que dijo A. Y así sucesivamente digo "El so1 brilla", ilo signifit:t-r que esta sea una oración
para volver a cornenzar siempre de nuevo hasta el infinito. perteneciente a t1n grupo dc cllas cntre las cttales no h^y
-Si los ojos ¡, los oídos no me permiten conocer lo que dijo contrad.icción, sino que sig'rriIic«r ;rlgo que no es verbal y
Neurath, no me pondrá en condiciones de conocerlo ningún para 1o cual se inventarotl 1l:rl;rl»':rs tales como "sol" y "bri-
conjunto de hombres de ciencia por clistinguiclo que sea.- Si llar". ta finalidacl de las 1r:rl;tl»'t; --atlnque haya filósofos
Neurath tiene razón sus opiniones no son conociclas por mí que parecen haber olviclaclo cstt' lr,'t'llo tan simplg- ss aten-
a base de sus escritos sino de mis clecisiones y de Jas- de mi der a cosas ajenas a las palalrr;rs. Si vtty a un restaurant y
círculo de cultura. Si decidimos atril¡uirle opiniones com- encargo nri cena, no pretendo t¡ttt: rrris llalaltras encajen eu
pletamente clistintas de las que realnrortc sos{iene, será inír- un sistema con otras palabras, sitt, r tlttc ntc sirvan alimentos.
til que él me corrtracliga o que se porl.qa a citar phginas de sus Poclría salirme del paso sin nr:ct'sitl:rtl «lc palaltras, tomando
obras, ya qrle con estc moclo de proccrler st'ilo logrará que 1o que quiero, pero esto restrlt;u-i;r ntott(,s cr'rntr¡clo. Las teo-
tengamos cxpcriencias, v éstas no soll janrírs rrn fundamento rías verbalistas de algttnos filrisrofos tuorlt'nros olvidan las
para aserciones. finalidades corrientes prácticas rlc l;ts lxtl:tlrr:ts orclinarias y
Bien es verdad qrre Hempel niega tales conseclrencias de se pierden en un misticismo ttco-ll('ol)l;ttrirlicrl. Me parece
su doctrina, dicienclo: "Carnap y Neurath no pretenden de- oirles proclamar "al principio fuó cl Vt:rllo", cl1 vcz de "al
cir en moclo alguno: 'No hay hechos, sólo hay proposicio- principio fué lo que ei verbo sigtri[ica". Lr¡ curioso del caso
nes'; por el contrario, la presencia de ciertas afirmaciones es que esta reversión a la metafísic¿:Lrrtir¡rr;r sr':u rcsultaclo cle
en el protocolo de un observador o en un libro de ciencia es un ensayo c1e ser ult::aernpírico.
considerada como un hecho empírico, y como objetos empí-
ricos las pronosiciones que allí se presentan". Pero esto háce
absurda toda la teoría. En efecto, ¿ qué es un "hecho empí-
rico" ? Decir: "A es un hecho empírico" equivale, según
Neurath y Hempel, a decir: "La proposición 'A se da' es
compatible con cierto cuerpo de proposiciones ya aceptadas".
En un círculo de cnltura distinto puede ser aceptaclo otro
cuerpo de proposiciones, y en virtud de este hecho Neurath
es un desterrado. Él mismo hace observar que Ia vida prác-
tica reduce pronto la ambigüedad y que estarnos influídos
por las opiniones de nuestros vecinos. Dicho con otras pala-
bras: la verclad empírica puede ser determinada por la con-
vivencia social. Es evidente que esta doctrina constituye un
abanclono total clel empirismo, cuya vercladera esencia pre-
rqona que sólo las experiencias pueden determinar la verclad
o fa!ser'[n¡] ,i" las nroposiciones no-tautológicas.
782 183
-

CAPITI.JI,0 )(I

PREi\{lS,'\S I ir\( l'l' I (),'\S

Suponiendo, como haré en lo succsivo, «1ue hay proposi-


ciones básicas, me parece que para l:t tcoría rlcl conocimiento
las "proposiciones básicas" pueclcn s(:r rlc Iirriclas también
diciendo que son "las proposicioncs rr:lativ¿rs a acaecimien-
tos particulares, que continuamos crcyt'n«kr --dcspués de un
examen critico- independientemcntc tlc cualrluier evidencia
extraña en su favor".
Examinemos las cláusulas de esta clcfinicirin comcnzando
por la úrltima. Puede haber evidencia cn favor dc una propo-
sición básica, pero no es esta eviclencia sr.¡/o. lo clue determina
nuestra creencia. Usted puede despcrtar lx)r la mañana y
ver que hay luz de día y también que su rcloj rcvela que tiene
que haber luz de día, pero aunquc su rcloj señalara media-
noche, Usted no dudaría de que hay luz de día. En rodo
sistema científico, uf, número clc proposiciones basadas en
observaciones se sostienen recí1)roc¿nrlclrtc, 1;ero cada una de
ellas es susceptible de imponer su creencia por sí misma. A
mayor abundamiento, el apoyo reciproco entre las proposi-
ciones básicas sólo es posible sobre la base de alguna teoría.
Hry casos, sin embargo, cuando se halla
involucrada la memoria-, -prirrcipalmente
en que nuestra creencia, aunque

185
no infercnciírl, cs mírs o menos insegura. En tales casos, un .L..1.i1: ¿ Qué raz6n puecle encontrar para disuadirse de
sistcrr;r corrrinrcsto cle tales creencias merece lllavor crédito ella ? Idinguna otra cosá que pueda ver u oír podrá ¿.*o.-
cltrc ctralcluiera de ellas por separado. Creo que c:l Sr. Z me trarle.que esta creencia sea errbnea y no tendrá *otiror-*ás
invitó a cenar y en mi agenda encuentro una alrotitcii-,t1 que justificados para creer otras visiones o sonido. *.;ái qro
así 1o dice; tanto mi memoria corno mi agencla solr falil-rIes, ésta; de llevar Ia duda a tal extremo, ni siquieru pr.á" ,rÉ.,
pero si coinciden pienso clue es poco probable clttc las «tros se que dijo "perro", si llegó a decirlo.
equivoquen. Más adelante volveré a ocuparme «lc cste tipo Notemos que las proposiciones básicas tienen que ser tan
de casos; de momento, voy a dejarlo de lado. Entre tanto, verdaderas cuando se aplican a sueños como .rrrráo a to quu
observamos despiertos; porque, al fin y al cabo, los rr.do,
obsérvese que u11a creencia no inferencial no necesita ser se-
gura o induclable. ocurren también. Este es un criterio paia discriminar lo qne
es tásico y lo que es interpretativo.
Se nos plantea ahora la cuestión del examen crítico, bien
enojosa, por cierto. {Jstedes dicen "hny un perro" y t. sien- f)e esta suerte llegamos-a la percepción momentánea como
ten perfectarnente convencidos de Ia verdacl cle stt enunciado. la iiltina cosa susceptible de ser puésta en ducla en nuestra
No voy a suponer que su convicción sea impttr',nada por el experiencia, y constituyendo, por encle, el criterio y pi.ár,
obispo Berkeiey, sino por tlno de sus aliaclos en la vida mo- de tgQue de todas las demái certidumbres y pseúdácerti-
derna. El filmaclor se ciirige a Usted y le dice: "Sí, ya es- dumbres.
peraba yo que Usted pensaría que era t1n perro, pero en reali- Pero para la teoría del conocimiento
.bamos. no basta que perci-
dad fué una proyección por el nuevo sistema de tecnicolor que algo; es
necesario que exprcsemos en palabás rá q""
está revolucionanclo el cine". Quizás en el porvenir logre percibimos. Ahora bien, la-mayoiía cle las palábras de obj¿;
el fisiólogo estimular el nervio óptico para hacerle ver un son inducciones condensadas; así ocurre cón la palabra ¿fe-
perr o ; cle momento las obras de Bulldog Drummond me
rr9", como ya tuvimos ocasión de advertir. d.rr.-o, .ir.
han enseñ,ado qlle un puñetazo en los ojos hace ver a la gente evitar t11..r palabras si queremos registrar simplemen,"'io
que percibimos; esto resulta muy difí¿il y requiere un ,o.u-
las estrellas 5, con la misma facilidad les hace comprender la
bulario_ especial.
ley morat. Y ya sabemos todo 1o que pueclen hacer los hip- .9org vimos, este ,ocaburario incluye p;i;
bras tales como "r9io" y palabras de relación .o*o',,p'r....-
notizadores, como asimismo la excitación emocional de cier-
tos fenómenos como la daga de Macbeth. Por todas estas df", pero no nombres de-personas u objetos físicos li á.
clases de tales términos
razones, derivadas clel sentido comítn, no de la filosofia, un
hombre dotado de prudencia intelectual se abstendrá de incu- Hemos examinado la cuestión de las "proposiciones bási-
rrir en tan crasas credulidades como las clue implican el decir cas" o Protoleollstitze e intentamos mostiar que el conoci-
"huy un perro". miento empírico es.imposible sin ellas. Recuéráese que e;ii-
Pero, siendo así, ¿qué va a decir este hombre en una oca- nimos _una "proposicióh básica" por dos característióas:
sión semejante ? De resultas de la educación defectuosa que . t'- surge con motivo de una percepción, que es la eviden-
recibió, tendrá un i,rnpulso a decir "perro", pero tendrá que cia de su verdad;
dominarlo. Dirá: "Hay una mancha canoide de color". 2a Tiene una form a tal-que no puecle haber dos proposi-
ciones- que teniendo esta foima ..ár, incompatibles entie sí
Supongamos ahora que habiénclole irnpresionado el'método
.si se derivan de Jrercepciones distintas.
de la clurla cartesiana, intente disuadirse incluso de esta
186 187
No prrcrlc clcnlostrarse que sea falsa una proposición -que I. Proposiciones percef tu,ales. -- Suponganlos, como en
rcritr:r cst;rs clos características, pero sería arriesi¡ado decir un capítulo anterior, quc veo un cuadro rojo inscrito en un
(luc licut qtte ser verdadera. círculo azul. Podemos <l«:cir "h^y rrn cuadrado en un círcu-
At::rso t b hryu ninguna proposición real que cumpla rígi- lo", "hay uria figura roja cl1 1lna azlrl", "h^y un cuadrado
clatncnte con la! condiciones de ia definición. Perr¡ las pro- rojo en un círculo azt71". il'orlos estos son juicios de percep-
posiciones perceptivas puras subsisten a modo dc límite al ción. El dato perceptual purrnitc siempre varias proposicio-
cual pod.ybr apro*imárnos indefinidamente, .y cuanto más nes, todas las cuales exprcsilrl :rlr¡íur aspecto de é1. Las propo-
nos apro*r*"-ós a eilas tanto menor será el riesgcl de error. srciones son más abstractas (111c cl dato, y esto de un mod.o
Sin embargo, el conocimiento empírico requiere otras pre- necesario, puesto que las pallrlrras clasifican. Pero no huy
misas qu. .rrrrcien cuestiones de hecho, además cle las-P-rg- límite teórico en materia rle lrosilrilirlarles cle aquil;rtar la espe-
posiciories perceptivas pufa9. Denominare "premisas fácti- cificación, y nada hay en el clato lrcrceptual que sea esencial-
Las,, a todás lal no inferidas que enuncien algo que tenga nrente incapaz de ser exprcsado ctr palrthras.
un datcl y que Sean creiclas por mí previo examen criticc¡. No La teoría de corresponrlencia de I:r vcr<larl, en cuanto apli-
quiero a..ir que el dato séa parte de la aserción, sino- sim- cada a juicios de percepcir',n, puedc interprctarse cle un modo
plemente que 1o impiicaclo en la verdad de la aserción es que sería falso. Sería 1111 crror c.rccr (111c a cada juicio de
átgrin généro de acaecimiento temporal. percepción verrladero le corrcsporrda urt lrt:cho separa,do. Así,
i-r, -premisas fácticas no son suficientes por sí solas para en el caso que acabamos clc mctrciorrar rlcl «:írculo y del cua-
el conoiimiento empírico, puesto que en su mayor parte éste clrado, hay un círculo de cicrto color y de ciertas dimensio-
es inferido; exigimos, adémás, las premisas necesarias para nes a,ngulares y clentro clc él hav un currdr¡rrlo de otro cierto
Ia deducción y aquellas otras premisas, cualesquiera que sean, color y de otras ciertas clinrcnsiones au¡lttlares. Tcdo esto
necesariat prtu fas inferencias no-demostrativas de las ctta- es sólo un dato, del que prreden ser clerivarlos varios juicios
les depende ta ciencia. Acaso haya también algunas proposi- de percepción. Fuera del lenguaje no hay un hecho "qtte hay
ciones generales tales como "si A precede B, y B precede C, un cuadrado en un círculo" y otro hecho "que hay una figura
entonce"s A precede C", y "amarillo es más parecido a gris roja en una figura azltl". No hay hechos "qr. esto y lo
que a azul,'. Sin ernbargo, como indicamos y?l semejantes otro". Pero el hecho de que admitamos esto, no impide que
pfoposlclolles requteren un exaÍlen más detenido. De mo- haya percepciones llamadas "hechos".
mento, me ocuparé sólo de aquellas premisas de nuestro cono- II. Proposi,ciones ucernorísticas. Las proposiciones bá-
cimiento empiiico que tieuen- algo que vef -con acaecimientos -
sicas de esta clase ofrecen grandes dificultades. En efecto, en
particulares, es decír, de las que yo denomino "premisas fác- primer lugar, la rnemoria es falible, de suerte que en cualquier
iicas". A mi modo de ver, éstas son de cuatro tipos: caso dado es difícil que estas proposiciones nos proporcionen
I. Proposiciones PercePtuales. el misrno grrdo de certidumbre que un iuicir¡ cle percep-
II. Proposiciones memoristicas. ción; en segundo lugar, no h^y proposiciones memorís-
III. Proposiciones básicas negativas. ticas que, hablando propiamente, sean susceptibles de com-
IV. Proposiciones básicas relativas a actitudes proposi- probación, puesto que nada ha.y en el presente o en el futuro
cionales presentes, esto es, relativas a 1o que yo creo,"pongo que imponga con el carácter de necesaria una proposición
en du<la, deseo, etc. relativa al pasaclo i y, en tercer lugar, es imposible dudar de
188 18[,
;*ffi-.-'a;. '!:
-

rlr.), por ejempio cuando escribirnos nuestra autobiograf.ia.


quc haya habido acaecimientos en el pasado o creer que el \¡r-¡ creo que tanrltién en este caso cl factor primordial es la
mtlndo comienza sólo a partir de airora. Esta tcrccr'¿t considc- asociación. Partimos cle algírrr cpisodio clestacado que recor-
ración muestra que tiene que haber premisas fírcticas relati- cla.mos fácilmente, y de un nroclo sraclual, por medio de aso-
vas al pasado, aunque Ia primera y la segunda hagan difícil ciaciones, llegamos a cosas en qlle <lrrrarrte nrncho tiempo no
decir qué sean tales premisas. irabíamos pensado. De ordinario el episoclio prominente
En primer lugar, yo creo que debemos excluir tlc Ia cate- conservó tal carácter a causa cle qtle tiene varios vínculos
goría de los recuerdos 1o que sabemos acercÍI <lcl pasado in- asociativos con el presente. Hrrelga clecir que no siempre
noedioto. Por ejemplo, cuando vemos un movilrticrrto rápido, estamos recordando todo lo que sornos capaces de recordar
sabemos que el objeto en cuestión estaba en ltt'l lttgar y ahora y que 1o que nos hace recordar r1r1 acaecimiento dado en un
está en otro; pero todo esto debe ser inclui«lo clr la percep- momento dado es alguna. asociacirin con algo del presente.
ción, y no puede ser considerado como un caso «lt: memoria. Por lo tanto, no cabe duda cle que la asociación es un factor
Así 1o demuestra el hecho de que es difercnl(: v(:r ttn movi- capital para que se produzca una rcminiscencia; no obstan-
miento de ver una cosa primero en un lttg;tr y luego en te, ello no resuelve nuestras dudas relativas a Ia jerarqula
otro r. epistemológica del recuerdo.
En modo al"gttno es fírcil distirrguir entre rrrctnoria y hábi- Fijémonos, en primer lugar, en el hecho de que conocemos
to; en el lenguaje corriente, la distinción es inadvertida 1o que significa la expresión "el pasado". ¿Sería ello posible
cuando entran en juego hábitos verbales. Se clice que un sin el recuerdo ? Cabria objetar que también conocemos Io
niño "recuerda" la tabla de multiplicar cuando tiene los hábi- que significa Ia expresión "el futuro" aunque en este caso
tos verbales correctos, a pesar de que la tabla de multiplicar no podamos atribuirlo a la mernoria. Pero yo creo que el
no ocurrió nunca, por lo cual el niño no puede recordar nin- futuro se define en relación con el pasado: es "un tiempo
guna de las ocasiones en que Ia aprendió. Nuestro recuerdo en que es pasado lo que ahora es presente". Hasta cierto
de tiempos pasados es a veces de la misma índole: tenemos punto, lapso cle tiempo puede ser entendido a base dei presente
un hábito verbal del narrar, pero nada más. Esto sucede especioso: cuando una persona enuncia una oración corta,
especialmente con incidentes que solemos referir con fre- por ejemplo "la cena está servida", conocemos que hay un
cuencia. Pero ¿.qué ocurre con incidentes pasados que no Iapso de tiempo entre la primera palabra y Ia última, a pesar
habíamos recordado hasta este momento o por lo rnenos de que toda la oración entre dentro del presente especioso.
desde mucho tiempo ha ? Incluso en tales casos, el recuerdo Pero en el verdadero recuerdo existe una cualidad de pasaclo
puede ser suscitado por asociación, que es una forma de rle un tipo enteramente distinto, con el cual nada. tiene que
hábito. "IIumo" de Turgenev comienza con un olor de helio- ver la asociación. Pongarnos como ejemplo qrle encontremos
tropo que provoca el recuerdo de una aventura amorosa ocu- a una persona que no habíamos visto rlesde hacía veinte años:
rri<la hacia mucho tiempo. En este caso el recuerdo es invo- Ia asociación entra, en juego pata toclas las palabras o imá-
luntario; sin embargo, existe también el recuerdo delibera- genes conectadas con el encuentro anterior que puedan acu-
r ¡Ah! pero con paso imperceptible, como el de las agujas de un reloj, dir a nuestra mente, pero no pa-ra la referencia cle estas pala-
se aleja de su rostro la belleza.
bras o irnágenes a[ pasado. IJstedes pueclen considerar flue
(Shakespeara, Soneto CIV).
es imposible referirlas al presente, pero ¿por qué no tratarlas

191
190

,l
,1|
Ningún recuerclo es indudable. Yo he tenido recuerdos de
sueíros, exactamente tan precisos cor11o los de la vida real,
pero completamente fantásticos. IJna vez soñé que Whi-
tehead y yo habíamos asesinaclo a l-loycl G'lorge hacía un
rnes. Los juicios de percepción son tan ver<lacleros ctlettclo
se refieren a los sueños como cuanclo a la vicla rcal ; csto
constituye realmente un criterio para interprctar corrccta-
mente los juicios de percepciórr. Pero sou erróneos los jui-
cios memorísticos de sueílos, a 11o ser que consistan cl1 L cc()r-
dar una parte anterior del sueiro o t1i1 aca.ecirriento r«';tl tlt:
la vida despierta.
Como los recuerdos no son indudables, recurrimos a va-
rios métoclos para corroborarlos. Los confrontamos con
relatos del tiempo a que se refieren o buscamos su confir-
mación por otros testimonios o bttscamos razones que mues-
tren que 1o que recordamos era cle esper:ar. De esta suerte
poclenios incrementar la prohabilidad de toclo rectterclo dado
que sea correcto, pero no podemos cmanciparnos de nttestra
dependencia cle la memoria en general. Esto es evidente por
1o que se refiere al testimonio de otros testigos. Por lo que
se re.fiere a los relatos contetnporáneos, raras veces los hay
que sean propiamente conternporáneoS, Y aunque 1o ftteran,
no podrían ser conocidos posteriormctrte salvo mediante el
recuerdo de la persona clue haga el relato. Supongamos que
Usted recuercla el día 8 cle noviembre que la noche anterior
vió Usted un meteoro muy brillante y que etrcuentra en su
escritorio uua nota escrita a mano por lJstecl, cltte dice: "A
las zo horas 3z minutos G.M.T. del dia 7 de noviembre, vi
un meteoro brillante en la constelación de llércules. Itlota
heclra a las zc h.33 m. G.M.T." Usted pttccle rccordar que
hizo la nota; siendo así, los rectterclos del meteoro y la nota
se confirman recíprocamente. Pero si IJstc<i ret:7taza la me-
moria como fuente de conocimiento, no sabrá cómo estaba
alli la nota. Puclo haber sido hecha por 1111 falsario o por
Usted con ánimo de chanza. Como tnateria de lógica, es
completamente claro que no puecle haber inferencia clemos-
193
trativa cle una scrie de forrnas vistas ahora en un papei a una
n()s ufrecen filayores clrrcias que rlna perccpción actual, aun-
lttz l>rjllurrlc vista eir el cielo la noche anterior. Parecería, (luc en otros casos dudcr:ros mucho mírs cie ellos. En la prác-
siu cnrlrargo, que en cuanto al pasado se refierc, confiamos
crr lrarte en la coherencia y en parte en la fuerza de nuestra Íica los recuerdos se refuerzatl con infcrcncias torlo lo posi-
convicción relativa al recuerdo particular clc (lue se trate; lrlc, pero tales inferencias r1o son nrlnca clcnrostrativas. ionr-
pero que nuestra confianza por lo que afecta a la memoria Lituiria una grarl simplificación que puciiéra.r-nos prescinclir
en general es tal que no podemos aceptar la hipótesis de que cle prernisas memoristicas o, a faita de esto, ,1uc pLr,liéramos
el pasado sea una mera ilusión. distinguir dos clases de recuerdo, una de ellai faiil¡tre. Exa-
Recuérdese que en.un capítuio anterior deciclir,os que las t'nirremos tales posibilidades.
proposiciones memorísticas requerían a menudo la palabra En todo ensayo de prescinclir de Ia mer,oria, habrá que
"al.gún". Decimos "yo sé que vi ese libro en alguna parte" admitir siempre el conocimiento cfe cuanto caiga dentro del
o "yo sé que é1 dijo algo muy gracioso". Es posible que nues- presente especioso. Por lo tanto, deberemos tener conciencia
tro recuerdo sea aún más vago, por ejemplo "yo sé que ayer siempre de la secuencia temporal. Tendremos que saber Io
ocurrió algo". Podríarnos recordar incluso "ha habiáo aiae- que significa "A es antes que 8". Por consiguiente, podemos
cimientos pasados", oración que poco ha rechazíLbamos como definir el "pasado" diciendo que es "lo que es anierior al
premisa fáctica. Yo creo que aceptarla como premisa fáctica presente especioso". Construirefiros nuestro conocimiento
nos llevaría demasiado lejos, pero sin duda alguna hay pro- del pasado por medio de leyes causales, tal como hacemos en
posiciones melnorísticas no-inferidas (en cualquier moménto geología, cuando la memoria no intervicne. Obscrvarcnlos
dado) que implican "algírn". Usted se dice a sí mismo un que tenemos el hábito de haccr un rclato ctrc urr acaccimiento
d\, "iOh ! ahí está aquella carta que había perdido", y, al que por cualquier raz6n sca cle inrportancia par:r nosotr-os,
dia siguiente, "yo sé que ayer vi aquella cárta en a[guna ya sea escribiéndolo ya creanclo cn nosotros un hál¡ito ver-
parte". Esto constituye úna diferencia lógica importante bal. Ifacemos lo último cuando. por ejemplo, ,os presentan
entre memoria y percepción, porque la percepción no es nun- una persolla y llos repetimos a nosotros mismos su nornbre.
ca general ni ír§r. iuando^ deóimos qru .r vaga una per- Esta repetición puede ser tan frecuente que Ia próxima vez
cepción, queremos decir solamente que no nos permite tantas que veamos a la persona en cuestión, se nos ocrlrra inmedia-
inferencias como otra percepción. En carnbio,-en su capaci- tamente su nombre. Se dice entonces en lenguaje vulgar que
dad representativa, pueden las imágenes ser vagas, y el cbno- "recordamos" su nombre, pero no es neceiario que recoráe-
cimiento basado en ellas implicar la palabra "algún" " Es mos ningún acaecimiento pasado. ¿ Es posible reconstruir
digno de notarse que esta palabra puede presentarse en una nuestro conocimiento del pasado por este procedimiento, a
premisa fáctica. base meramente de relatos y hábitos verbales ? De aceptar
Admitiendo las proposiciones memorísticas entre 1as pre- este criterio, cuando yo viera a .ún hombre y supiera que su
misas fácticas, concedemos que nuestras premisas pueden nombre es Jones, tendría que inferir que necesariamente clebí
ser dudosas y algunas veces falsas. Estamos dispuestos a haberle encontrado en alguna ocasión anterior, exactamente
aceptar, a su debido tiempo, Ia evidencia contra 1o que cree- como haúa si su cara Íre fuese vagamentc conocicla. Cuanclo
mos o recordamos. Los recuerdos nos vienen en diferentes yo leo un relato, puedo conocer que es mi letra sin necesidad
grados de certidumbre subjetiva; algunos de ellos apenas c1e tener reminiscencia alguna, porque puedo copiar ahora
el relato )¡ compararlo con el modelo; puedo continuar in-
794
195
,

('r1 favor de la creencia en cualquier otro fenómeno. Pero


firiendo entr:nc,:s riue el relato dice algo que clr un¿r ocasióIl :r ffierudo los fundamentos son tales que no podemos dejar
rxe ocrlrrió a mí. En teoría, el lapso de tictlno reduciclo y rlc admitir que prácticamente proporcionan cierta certidum-
finito comprendido dentro del presente espccioso bastaría l¡re. Vimos que no puede haber raz6n alguna para no creer
para el descubrimiento de leyes causales por rrtcclio 'le las la proposición "eso es rojo" hecha en presencia de una per-
cuales podemos inferir el pasado sin tener rltrc apeiar a la cepción de rojo; sin embargo, hay que aclmitir que la creen-
memorla. cia en esta proposición es posible lógicanrentc cn ausencia
No estoy dispuesto- a admitir -que la_ teoría (111c acabo de de una percepción de rojo. Los fundamentos que existan
exponer sea insostenible en lógica. No hay durla de qtle para suponer que esto no ocurre, se derivan rlc lcyes causa-
podenros conocer algo del pasado sin el auxilic¡ dc la memo- les relativas al ocurrir del lenguaje. Siu crnbAre'o, no pode-
ria. Pero creo que es notorio clue de hecho conocerlos del r¡os distinguir, en teoría, dos casos cn ri:l¡rci,irr con un jui-
pasado más de lo que puede ser averiguaclo por e.ste proce- cio tal como "eso es rojo": rlno elr que cl jtricio sea causado
dimiento. Y aunque tengatnos que recorloccrr qtle a veces por Io que enuncia, y otro en que las palalrr;ls o las imágenes
nos equivocamos respecto a 1o que creemos recorclar, algu- entren en su- causación. En cl prirncr caso, tiene qrle ser
rlos rectlerdos son tan francarnente includa-lrles qtte nos obli- vcrdadero; en el írltimo, fatrso.
gan a creer en ellos por muchas pruebas qire se nos clen eu Es esta, sin embargo, una afirmacil,n (lue necesita ser
contra. Por consiguiente, no veo con qué funclamento po- elaboracla. ¿ Qué puede significar qnc cligauros que rlna
damos clesechar la memoria como una de las fuentes de percepción "causa" una palabra o una oración ? Al encon-
nuestro conocimiento relativo al curso dc los acaecimientos. trarnos con un caso semejante, tcnemos que suponer ult
Nos queda por dilucidar si existen dos clases de memoria, proceso consicferable en el cerebro, para enlazar los centros
una falible y otra infalible. Podemos pronunciarnos por la visuaies con los motores; la causación, por consiguiente, no
afirmativa, sin que elIo implique que tengamos que sos- es en moclo alguno clirecta. Quiz.á qllepa presentar este
terrer que de un modo infalibie podamos cotlocer a cuál de fenómeno del tnodo siguieute: En el curso rlel aprendizaje
cstas clases pertenezca un recuerdo daclo; incluso sienrlo asr,
del lenguaje se establecen en el cerebro ciertas rutas causa-
liabría razón para cierto grado cle incertidurnbre en cada cas,-r les (hábitos de lenguaje) que conducen cle las percepciones
particular. Pero, por 1o menos. teirdríamos razón para creer
que algunos rectterdos son correctos. Por consiguiente, Ia
a las expresiones verbales. Estas rutas son las más cortas
posibles entre las percepciones y las expresiones verbales;
teoría es digna de ser examinacla. todas las demás implican alguna asociación o hábito ulterio-
No habria pensado seriamente en la posibilidad cle que res. Cuancio rina expresión verbal se halla asociada a una
hubiera dos clases r1e memoria, una cle elias in{atrible, si irtr percepción por una ruta causal mínima, se clice clue la per-
hubiese oido esta teoría de G. E. Moore en un graclo rle cepción es el "significado" cle la expresión verbal y que la
discusión n")uy avanzado. A pesar de la poú'ra cón que este expresión es "verdaclera" porqrle ocllrre 1o que significa.
autor sostenía st1 tesis, no se deciclió a tlltimarla. Es 1)or Siendo así, siempre que exist:r un estado cle cosas semejan-
esta razón que, inclependientemente de é1, procuraré clar ít tes, la verdaci «1e un juicio rle percepción estará lógicamente
esta teoría tocla la verosimilitud que me sea posible. aseguraria.
Por razones de carácter lógico hay que sostener que nin- Tenemos que averiguar si algo similar es posible en el
gírn acaecimiento proporciona fundarnentos deru,ostrati,aos
197
196
fáctica no es su includahilirlacl, sino el hecho de que impon-
ga cierto grado de crc<libilirla<l por sí misma, independien-
te'nrente c1e sus relaciorres (:()rr r>lr:ts proposiciones. En con-
sLrctlencia, nos vemos alloc:t<los :r rlnír crtrnlrinación cle autc¡-
erridencia con coherenci¿r : ¿ v('('cs rrrrrl rle cstos factores es
nrucho más importante rlrrr: r'l ,lro, l)cro <'n tcoría la cohe-
rencia clesempeña siempi<::rlgínr 1,:i1,t,1. Sin ernhargo, la
coherencia exigida en estc «::rsr) r() ('s l:r L'rgica propiarnente
dicha, puesto que las prenrisas f;i«'{it'es lrucrlcn y cteben ser
enunciadas de suerte que dcrlrrclir,:unr.ntc rcsulten indepen-
dientes entre sí. EI género rlc c.lrc't.nci:r implicado en éllas
es una cuestión que pienso tratar r.n ol r:r ollra.
III. Proposiciones bdsicn.r wqotiT¡ils. Tuvimos ya oca
sión cle examinar las proposicioncs crnpíricas - ncgativai, pero
thora quiero estudiar de nucvo si son ¿ srl vcz premisas
fácticas o derivadas siemprc cle prolr.sicioncs cle incompa-
tibilidad.
La cuestión que en este caso sc 1rl;rrrlca cs ta siguiente:
¿cómo conocemos proposiciones enrpíric:rs uegativas tales
como "no hay queso en la mantcqrrillcra" o "rro hay cule-
bras en frlanda" ? Al examinar esta cucstirirr cn un capítulo
anterior, formulamos la hipótesis clc rlue talcs proposiCiones
son infericlas cle premisas entre las cualcs h:ry proposiciones
del tipo "clonde h^y rojo no hny amarillo" o "lo que se
s?ente duro no se siente blando". Ahora nrc l)ropongo exa-
minar de nuevo toda la cuestión del conocinricnto cmpírico
negativo.
Comenzaremos diciendo que es notorio que l;rs cualiclades
sensibles se dividen en géneros. Hoy colorr:s, hay sonidos,
hay olores y gustos, hay varias clascs rlc scnsaciones de tac-
to, hay 5s¡saciones de temperatura. Por lo que a éstas se
refiere, huy que observar ciertas cosas. Poclenros ver dos
colores a Ltn tiempo, pero no en el n-rismo lugar. Podemos
oír dos sonidos a un tiempo y no cs nccesario que haya di-
ferencia aclvertible en su clirección cle origen. Los olores
no tienen ubicación alguna, salvo en la nariz, y dos olores

199
no sorl esencialniente incompatibles. IJna sensación de tac- infericla corlclusión gencral alguna i Y, Por ende, tendremos
to tiene crraliclacies c1e las cuales podemos notar dos géneros: ([ue seguir admitienclo quc algunas premisas epistemológi-
una cualidad iocal, segírn la parte del cuerpo tocada, y úna cas no pertenecientes a la lí,gica, son gcnerales.
cualidacl de rnayor o menor presión; en cada góncro las Cuando una persoua tlice "(tsctlchc" y lJsted no oye so-
diferentes cualiclarles tienen Ia clase cle incompatibilidad clue niclo alguno, LTsted está en corr«licioltcs clc advertir un soniclo
tienen los colores, es decir, que pueden ser cxperirrrentadas si 1o hubiera. Pero esto no rcza (rl1 trlrlos los casos. "¿No
simultáneamcnte, pero no en el mismo lugar cle la srrperficie oyó Usted la llamacla para Ie cclra ?" "No, estaba trabajan-
del cuerpo. I.o mismo cabe clecir cle la teuperatrrra. do". En este caso tieue llstc:rl ttrl juicio ntetnorístico nega-
Resulta, pues, que por 1o que respecta a la incornpatibili- tivo, y tlna causa (no un fttrrrl:rrrrcttlo) asignado a stl ver-
dad, h^y diferencias entre cu¿riiclades pertcnr:cicntes a sen- qlad; en este caso IJsted <"':;li scrluro rlc la negativa aunque
-v
tidos diferentes. Pero 11o existen tales difcrcncias por lo on arlu-el niomento r¿o htrl¡icsc 1lr-t'slado atención.
que concierne a ios juicios negativos. Si al,qtrien Ie aproxi- Pa-rece inetrucliblc la conclusirin rlt: (fr1c l1na percepción o
ma a Usted eu la oscurirlad un Gorgonzola fi'rtneuta.lo y 11n recllerdo puec'len tlar lrrgar talrto íI 111-la premisa fáctica
le pregunta "¿no nota tisted olor de rosas?" l-Isted contes- negativa colxo a una positiva. TIay 11rr1 <liferencia impor-
tará que no. Si Usted oye el zumbido de una sirena, conoce tante : en el caso de una propoqici,in hísica llositiva la per-
crl,e 11o es el canto de una aiondra. Y si Ustecl ¡ro huele tt ccpción irttertre causar las palaltras. lltienll':ts cltlc cn e'! caso de
oye nacla, ptiecie clarse cuenta del hecho. Parece que tenga- rlna negación las pal:l'bras o imígerrcs col'rcspotrrlicntes tie-
mos que llegar a la conclusión de que las proposiciones ne- nen que existir indepenclientemetrte «1c la pcrcellción. I)e
gativas puras prreclen ser conocidas empíricarnente sin ser esta srterte, tlna pronosición bá sica lreqativa rcqtticre 1111íl
infericlas. "iEscuche ! ¿Oye Ustecl algo?" "No". Nacla actitr-rcl proposicional, en la qtte la proposición en c'-restión
hay recóndito en esta conversación. Al decir "rLo" en un sea la que es negada a- hase de la percepción. Por consiguien-
caso semejante, ¿cla lJstecl el resultado cle una inferencia o te, podemos Cecir qtle aunqlle 111-Ia proposiciórr hísi':a nosi-
enuncia una proposición básica ? No creo que este género tiva sea ca-rrsrC:r. ."ólo por una percepción (clados nuestros
cle conocimiento h¡-r,¿r. siclo objeto de Ia atención que mere- hábitos ',,erhales), una negativa lo es por Llna perr:cpción
ce. Si su "iro" da cxlrrcsión a una proposición básica (qu. más tlna actitud prooosicionat anterior. H"y aítn tlna in-
eviclentemente tiene quc ser empírica), tales proposiciones no conrpalibilidarl, pero 1o es entre imaqinación y percención.
sólo serían negativas sino tanr'l-rión notoriamcnte generales, El moclc rnás sirnple de expresar este estaclo <le cosas sería
porqtle st1 "rro", si hay que creer la lr'rgica, podria ser ex- decir cue a consecuencia de- Ia percepción IJstecl sabe que
presado en csta forma: "Torlos los sonidos son inoídos por cierta proOosición es falsa. En ttna palabra: en ciel'to senti-
rní alrora" 1 Siencio así, se aminorarian mucho las' dificul- do, es posi'ble advertir tanto 1o que fiar¿ colxo lo qrre no ha1'.
tades iógicas cfel conocimiento empíricc'r general. Si, por eI De ser -¡ercfadera, estr- conclusiórr sería muy importante.
contrario, sn "na" exilresa una inferencia, tiene que usar IV. Prem,isa.s fácticas relatiztos a actitt,tcles frrtposiciontt-
alguna premisa general, pues de otro modo no podría ser le ; fire sentes. Estas proposiciones, tunto como pueda ha-
cerlo "esto es-rojn", refieren t1n acaecimiento presente, perc
r Más adelantc Cernostraré que la teoría del conocimiento no necesita difieren cle las prooosiciones básicas cle Ia clase T por su for-
ac.eptar esta interpretació¡r lóg-ica. ma lógica, que implica tltla proposicil',n suhorrlinacla. Son pro-

200 ?,a1
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posiciones que entrncian algo que es creído, cluclaclo, cleseadt, ción formulaclos en el momento a que los recuerdos se re-
etc., en cuarrto. i¿ilcs proposiciones son conociclas inclepen- fieren, o son lógicamente irrfcriblcs cle tales juicios. Nues-
diertcme,tc cie la i,fererróia. como es natural, el algo ...í- tro conocimiento del prescrrtc y <lel pasado consiste en parte
clo, dudzrdo o clcseado se expresa por meclio cle una oración en proposiciones básic¿rs, nrir.rrtnts (lrlc nttestro conocimien-
sul¡ordinacla. Es claro que podemos darnos cuc¡ta de que to del futuro consta exclusivrLltlt:lrtc <lc irrferencias
creemos o clesearnos algo, exactamente cle un modo tan in- tracción hecha, posiblcnrcnlc, «1c t:it'rtas cxpectaciones -abs-
mediato como podemoJ advertir una mancha clc color que inmediatas.
l':*of. Supongarnos que alguien dice ,,¿Es nrartes hoy?'l y IJn "dato empírico" pttecle scr tlc[irrirlo tlicictrclo que es una
Usted contesta "Creo-qre rí,,. Su ,r.i.ió,, ,,Cr.o qú. ,íí; proposición relativa a un tictrrpo p:rrticttlar. y qug comien-
expresa,- por lo:nenos en parte, una premisa fácl ica relativa za a ser conocrclo en el tienr¡)() ír (luc sc rcficre; sin etlbar-
1 su opinión. trl análisis áe la proposición ofrcce clificulta- go, esta definición resultarírt írt¡trlc<:t1:tr1;r, pucsto que antes
des, pero no veo cómo pueda negarse que contiere po, lo de que lo percibamos poclcnros in fcrir lo t¡ttc cstá ocurrien-
menos un nírcleo que e*presa un dáto. do. Para Ia concepción cle rttr <lato c'tl1rírico cs cscncial que
obsérves. .fy. Ias próposiciones ctre esta crase son por lo el conocimiento sea causaclo (en :rlgrirr scrrtitlo) ltor lo qtte
común, si no sierlpre, psicológicas. No estoy segrlro á. q,ru es conocido. Sin embargo, tto Ilrc grtst:rrí:r volver a pre-
no- poclamos usar este hecho pura definir "psicolttía,,. po- sentar por una puerta trascra l¡t cott«'«:¡rcit'rtt clc catlsa, 1)or
dría clecirse-que los- sueñor p&t.r.cen a la psicolog-í" y qu. 1o cual dejaré de lado, de ntomcnto, este aspccto clct cono-
las proposiciones básicas relativas a percep.iorr., téniclas -en cimiento empírico.
sueños se encuetrtran exactamente en el *lr*o nivel que las Entre las premisas cle nttcstrr i conociltricttto t.iene quc
d.-*ír proposiciones básicas relativas a .percepciones.' p.ro haber proposiciones que no sc rcficratt a. acaccitnicntos parti-
cabría replicar a esto que el estucrio científico^cle los sueños culares. Las premisas lóg;iczts, tanto las inductivas corno las
sólo. es posible hacerlo en estado de vigilia y
eue, por con- deductivas, son aclmiticlas en tteneral, pero parece posil¡le
siguiente, todos. Ios datos para cualquiér porili. ciáncia rje que haya otras, tales colno la imposibilidacl de dos colores
Ios sueños consisten en recuerdos. IJna cántestación análo- diferentes en Ia misma parte Cel carnpo visual. La cuestión
ga podría hacerse con respecto a ra psicología de la per- de las proposiciones de esta ínclole es difícil, Y flo quisiera
cepción. i decir nada dogmático de ellas.
sea como sea, existe seguranrente un sector importante
:

Sin embargo, me permitiré observar que como teoría clel


clel conocimiento quc se caracteriza por el hecho de que enir.e conocimiento el empirismo se refuta a si mismo. En efecto,
lrt_ Ploposiciones básicas a.l¡;unas contienen proposicioncs cualquiera que sea el modo en que se formule, tiene que
subordinadas. implicar alguna proposición general afirmando cltle el cono-
I-as premisas fácticas eue acabamos de estudiar tienen cimiento depende de la experiencia, !, de ser verdaclera, se-
todas ellas cierta característica cornírn, a saber, que toclas mejante proposición tendría como consecuencia que ella
se refitren a un breve lapso cle tiempo, q.rc .r ,q*l en qlle misma no podría ser conocida. Por consiguiente, aunque el
ellas--(u otras prooo-siciones rle las qie elias pueclan clcc,ucir- empirismo fuese verdadero, lro podría saberse que lo es.
s.e) Ilegan a lef premisas. En el caso de los recuerclos, si Sin embargo, este es un prol;lenrir mtly extenso.
óstos son verídicos, resultan iclénticos a -iuicios de percep-

202 203
F

CAPf TULO XII


,\}íÁL]STS I)E LCS PROBLEMAS RELATIVOS
A I"AS PT1CPCSTCIONES

Este capítulc está concebiclo para plantear problemas, no


para resolverlos. Las tentativas de solución se consignarán
cn los capítulos siguientes.
I.a prirnera cuestión es : ¿ ldecesitan tanto "proposicio-
r1es" como "oraciones" la lógica o la teoría del conocimien-
to? En este caso poclríamos clefinir henrísticamente una
"proposición" diciendo que es "1o que significa una oración".
Algunas oraciones son significativas, otras no; es natural,
arlnque quizás erróneo, suponer que si una oración es sig-
nificante haya algo que sea su significación. Si este algo
cxiste. es Io que yo quiero decir por medio de la palabra
"oración". Puesto que "tener Ia misma significación" es
rura relación que sin ducla puecle afirmarse entre clos oracio-
rles ejemplo, "Bruto mató a César" y "César fué
-por
rrrrrerto por §¡11fs"-, podcmos contar coÍr algún, sentido
l)ara la palabra "proposición" cliciendo que si no encontra-
r11os para ella otro significado, querrá clecir 'oLa clase dc
oraciones que tienen la misma significación que una oración
rlada".
TIava o 1ro nn sul>stantivo "sigr-rificación", no cabe durla

245
Iil análisis de la crccncia colrro un estaclo de la persolla
rluc cree, no implica los corrccptos "vcrdactero" y t'falso";
rrricntras nos ocupenlos de l:r crrcucia cn su aspecto subje-
i ivo, sólo necesitamos csttrdiar oracior-rcs "cxpresivas" de
t'stados de los que las usíru. T'cro cs lrartc rlc la finaliclacl
tle una oración de indicativo el "irrrlicar" rlro o nrás hcchos
(lt1e en general no son estaclos rlc la
l)('rsorlír (luc cnunci:t la
oración. Eri cuanto estudianros cslt' ;rs¡rccto <lt: las oracio-
i1cs, nos ocupamos de verdad y f:tlsi'rl;r«1, prrcsto quc srilo
las oraciones verdaderas se clan cu irrr'lic:rtivo. Lo r¡tre "indi-
can" las oraciones se estudia cr.r r.l c;r¡rílrrlo ,,\ V, y a partir
cle este punto nos ocupalnos rlc los lrrolrlcnras ([ltc irrrplican
"verclad" y "falsedad".
En el análisis de 1o que yo llanro "actiturlcs proposicio-
nales" (es clecir, de acaecinricntos talcs L:()nr() cr'ccr', <lcsea:,
rludar, etc., naturalmente descritos por or-írt'ioncs (llte con-
tienen otras oraciones subordinadas, por ejenrl>1o: t'creo
qtre lloverá") encontramos una nlczcTa complicarla de cues-
tiones empíricas y sintácticas. A la hv de é1, la forrna sin-
táctica de "A cree p" se distingue por el hccho de contener
una oración subordinada "p". El acaecimiento que hace ver,
cladera "A cree p" pare.ce ser un complejo quc contiene un
complejo subordinado y tenemos que averiguar si hay algún
modo de eludir semejante forma de referir una creencia.
Las actitudes proposicionales hacen nacer dudas, prtma
facie, sobre dos principios admitidos por muchos lógicos
matemáticos, a saber los principios de extensionalidad y
atomicidad.
El principio de extensionalidad tiene dos partes:
r+ El valor de verdad de toda función de una proposi-
ción depende sólo del valor de verdad del argumento, es
decir que si P y q son verdaderas o falsas ambas a la vez,
entonces toda oración que contenga p continuará siendo
verdadera o falsa, según los casos, si p es sustituida por q.
2r! El r,alor de verdad de tocla función de una función
clepende sólo de la extensión de la función, es decir que si

207
c1ué reglas sintácticas podemos dar para determinar cuándo
urla oración es significante ?
II. ¿Tenemos alguna necesidad de "proposiciones" en
oposición a "oraciones" ?
III. ¿ Cuál es el análisis corrccto de "A cree p" , y en qué
sentido se present^ " p" en "A cree !t" , si es que en alguno
se presenta? (Lo dicho sobre la creencia puede hacerse
cxtensivo a las demás actitudes proposicionalés. )
IV. ¿ Podemos construir un lenguaje adecuado en el que
se observe el principio de extensionalidad ? Entiendo por
lenguaje "aclecuaclo" aqucl a qrlc puede vertirse toda ora-
ción significante de cualquier lenguaje.
V. ¿Podemos construir un lenguaje adecuado en que se
observe el principio de atomicidad ?

2rJ9
CAPfTUI,O XITI
LA SIG]§IFICACIÓ\T D]:) I,AS ORACIONES

A. GENERALIDADES
La cuestión de determinar qué es lo que hace significante
una oración, nos es impuesta por varios problemas.
Hry, en primer lugar, las reglas reconocidas de la sin-
taxis de los lenguajes ordinarios. "Sócrates es un hombre"
está construida de acuerdo con estas reglas, y es significan-
te; pero "es un hombre", considerada como oración com-
pleta, viola las reglas y es sin-sentido. (Empleo en este caso
"sin-sentido" como Io contradictorio de "significante".)
Las reglas de sintaxis del lenguaje ordinario pretenden evi-
dentemente impedir los absurdos, pero no lo logran de un
nrodo completo. Como hicimos observar yz, "cuadruplici-
dad bebe dilación" es absurclo, pero no viola ninguna regla
cle la sintaxis castellana. Es patente que forma parte de
nuestro problema actual Ia construcción cle rnejores reglas
rle sintaxis que eviten automáticamente los absurclos. En
Ias anteriores fases cle nuestro estudio, nos guiábarnos por
la mera intpresión, de 1o qrre es significante, pero esperarnos
que acabaremos por llegar a algo mejor.
Hny urr sentido cle la palahra "posil;iliclad" que se enlaza

217
?

con nuestro problema presente. Podemos decir qu.e todo l)()rler se irá revelando pzrulatirrameute corxo la única, a mi
cuanto es ellunciado por una oración significante tiene cier- irricio, capaz cle clar nna soluci<ir-r cl¿tra a los problemas que
to género de posibilidad. Yo llamaría "sintáctica" a esta sc presentan.
posibilidad. Es quizás un concepto más restringido que el de La cuestión cle la significacir'rrr prrcdc scl' enTazada más
posibilidad lógica, pero más amplio que el de posibilidad lrictr con las oraciones oíclos (lrlc con l:ts llrorrturciaclas. La
física. "La luna está hecha de queso verde" es posible sin- :ruclición cle r1fla afirmaci«irr si¡1niIicantc ticnc efectos que
tácticamente, pero no físicamente. Es difícil dar cualquier «lcpenclen cle la naturaleza rlc I¿r lrfinnacirin, pcro no de su
ejemplo indiscutible de una posibilidad lógica que no sea vcrclacl o falseclacl; Ia auclic'i<'rrr «kr lo rt'conociclo como absur-
posible sintácticamente; quizás "esto es a un tiempo rojo rlo no tiene semejantes efcctos. Jis vcrclacl que lo que real-
y azul" sca 1111 ejemplo de estos, y "el soniclo de un trombón nicnte es sin-senticlo pnecle tcncr cfcctos cor11o sólo clebería
es azul", otro. tcirc¡rlos ulra afirmación signif ic¿urtc, pcro en ese caso el
No voy a plantear eu esta fase ia cuestión relativa a clué rrl,ettte suele imaginar una sigrrific;rcir'nr de la que propia-
es posibie el1 el caso cle una or¿rción que sea significante y rnente hablanr:lo no serían suscc¡rlilrlcs las palabras de que
falsa. I.[o pu'ecle ser la oraciórl, porque ésa es real, ni taiu- se trata. Hablanclo en senticlo lato, poclemos decir que una
poco puede serlo "qr. la oración es verdadera", porque esa afirmaciírn oícla qtre el oyente intcrlrretc como significante,
sería otra oración falsa. Aquí hay, pues, un problema, pero crs capaz cte producir efectos (lue rro po<lría producir un sin-
de momento 1o dejaremos de lado. senticlo n.otorio. Este es 11110 cle los puntos que deben tenerse
La cuestión de la "significación" es difícil y algo intrin- itt tnente para la birsquecla de una clcfinición de "signi-
cada. Quizás contribuya a aclarar su estudio la exposición, ficaciótr".
en sus líneas generales, de la conclusión a que llegaré, que f-a cuestión cle la significacitin ha revelado ser más clifí-
es la que a continuación se indica. cil cle Io que parccía, pLrr olrra cle las paraclojas. Está claro
Una aserción tiene dos aspectos, uno subjetivo y otro r¡ue las paradojas srlrgerl cle atribuir significación- a
.tocl:-rs
objetivo. Subjetivamente, "expresa" un estado del locutor, cra,:iorrcs clue realrnente son sin-sentido. Las paradojas de-
susceptible de ser calificado de "creencia" y de existir sin Irelr ser teniclas cn cuenta para formular reglas sintácticas
palabras, estado propio incluso de niílos y animales que no tlestinaclas a evitar sirr-serrticlos.
posean el don del lenguaje. Objetivamente, la aserción, si El problenra cle Ia ley del terccro excluido se enlaza tanr-
es verdadera, "índica" un hecho; si es falsa, pretende "indi- hién con I¿r cuestión que en cste monrento nos ocupa. Es
car" un hecho, aunque no lo logra. Huy algunas aserciones, corriente clecir que toda proposición es vertlaclera o falsa,
a saber, las que errurrci¿ur estaclos presentes del locutor qrle l)ero no poclemos clccir que tocla oración sea verclaclera o
los advierte, en las cuales lo "expresaclo" y lo "inclicaclo" son fa1sa, ptles las oraciones sin-senticlo r1o son lo uno ni 1o otro.
idénticos; pero etl general est¿rs dos cosas son distirrtas. Si tenenlos qtle aplicar Ia ley del tercero excluíclo a oracio-
l,a "significaciórl" de una oracicin es lo que ésta "expresa". nes, tenelllos que saber previanrente qué oraciones son sig-
De esta suertc, son iguah-uente significantes las oraciones nificantes, pues, cuando más, es a éstas que la ley puede
verclacleras y las falsas; pero un¿r sarta de palabras clue no aplicarse. Si ésta se aplica o 11o a toclas ellas, es una cues-
pueda expresar estado alguno dcl locutor, es sin-sentido. tión qrle estudiaré después cle tcrnrir-raclo el examen de las
Err la siguiente discluisiciórr la teoria que acabamos de ex- ;rctitrrdes pioposici,rnalcs.

2t2 2L3
u

Vamos aestudiar, primero, el adjetivo "significaÍtte", ('n color rojo. Tetrernos qrle examinar la oración "f", el
para examinar luego la cuestión de si, cuando una oración rrombre de la oración, "qr. lr" y la proposición problemática
es significante, hay algo que "signifique". La palabra "Cé- rlt: la que prrecle supoÍrersc que cs la significación de la ora-
sar" quiere decir César, ¿existe algo análogo con respecto t'irin. .§i hay algo que signific¡rrr 111re oracií;u o expresión
a las oraciones? Técnicamente, si "p" es una oración, ¿bas- ,,r-acional significantes, cletuos cl llolrtlrt'(: "])" a la expresión
tará distinguir entre (( !)" y p como basta distinguir entre ,,racional "esto es rojo" y cl noirtlrl'(: "li":r le sigrrificación
"César" y César ? rlc csta expresión. Entonccs, P sirlrri[ic:r IT, v Ti es vcrcl;tcle-
Vistos estos preliminares, pasemos ahora a un examen r'ír. Dando el nombre 'cO)' a llt cxlr:'t'siíitt or:rcioltal "F es
detallado. r-oja", y el nombre G a Ia sigllificet'it'rrt <trr: csta cxpresión,
Las oraciones son de tres clases : r,erdaderas, falsas y ro hay ningítn G tal qtle A sigrritit¡uc G. y 0 no sigtri-
sin-senticlo. Síguese de ahí que, aplicaclo a oraciones, "fal- Iica nacla. Sienclo así, vcrelnos (lttc 11tla "llroposiciótt" (ti
so" no es sinónimo de "no-verdadero", pues urla oración lray algo quc 1o sea) es algo "sisnificarlo" por alguua
sin-sentido no es verdaclera aunque tampoco sea falsa. Pur frase, y qtie las frases sin-sentirlo rmrla significan. El pro-
consiguiente, si S es una oración sin-sentido, tenemos que dis- lrlenra que c¡ueda pencliente en csc caso cs cl cle clecidir qué
tinguir entre "S es falsa" y "'S es verdadera' es falsa". I-a frases significan algo y qué sea cste algo.
írltima será verdadera, pero no la primera. Si S es sin-sen- Pero todo esto sttpone que potlctnos rccltazar cualesquiera
tido tendremos "no-(S es verclaclera)", pero no tendremos razones qtle existan para negar qtle h;rva algo significado
"S es falsa". Diremos que cuando una oración carece rle por una oración significante, tanto si cs verclaclr:ra como
significación, lo mismo reza de su negativa. talsa. lIo tarclaré en vol',¡er sobrc csta cttestit'rrr.
De esta suerte, si " lr" es 1lna frase resoecto cle la crral rio T,a distinción entre sartas clc palalrras (ltlc sigrrifican alEo
hemos cleciclido aírn si tiene sigrrificación o no, la situaci,in "/ sartas de palabras que lacla sigrrific:r"n, es Derfecfameltle
será Ia siguiente: cla.ra en mttchos casos. "Sócratcs es tl1l hombre" sie;nifica
De " !, es verdadera" Dodenros inferir "!)", y vicevers:l; algo, l)ero "es un hornbre" no. "LIna vez hrrbo bebiclo \a
f)e "S es falsa" podem'os inferir "S no cs vercla,-1cra", cicuta, Sócrates se despidió cle stts arnisos" significa algo,
pero no viceversa; pero "habienctro bebiclo la cictita, sc clespidió de" tto signi-
De rr rq es falsa' es vercladera" poclemos irrferir rr rq es fica nada. Err estos ejemplos cs insr,rficiente el nítrnero de
vercladera' es falsa", tr)ero no viceversa; palabras para que den senticlo; cn otros, puecle haber cle-
De "'S es falsa' es falsa" poclemos inferir solamente "S masiaclas palabras y tener ello el mismo efecto. Por eiem-
es verdadera o sin-sentido", pero de r( rS no es verdadera' plo "'Sócrates es un hombre' es un hombre" no significa
no es verdadera" podemos inferir "S es verdadera". nada. "L,a ley de coutraclicción es amarilla", es ttna mttestra
Iluminemos esto con un ejemplo. Partimos de Ia oración análoga de sin-sentido. A ve ces puecle haber cluda, por
"esto es rojo", en la que "esto" es un nombre propio. Lla- ejemplo en un caso tal como "el sonirlo cle tttr trornbón es
menos rrs" a esta oración. Examinemos ahora la oración azttl". La paracloja stlrge cle oraciotres (ltle parecen signi-
"S es roja". Esto parece evidentemente si¡r-senticlo; pero sí ficar algo cuanclo en realidad nada sisrrifican. La más sim-
por "S" entenclemos r.lna fornra oracional escrita o impresa, rrle cle todas es "Yo estoy mintienrlo". E,sta oracióu es
rro lo sería, porclue entonces podría estar escrita o impresa susceptible cle tln nítmero infinito cle significaciones, pero

214 215
.rrlirkr restringiclo; la significación de qtle se trata, tiene
rlr(' scr proposicional. I'or cjcmplo, "el rey de Inglaterra"
(', urra frase que tienc sigrrificación en un sentido, pero
n,, l:L tiene en el senticlo rlc qtrc :rltor¿r ltos ocupamos. Para
rrrrt'stra finalidad actual, lo r¡uc l;t frasc significa tiene que
,,,'r- verdadero o falso. Lo t¡ttc v('llÍl-o llltrtlarrclo "significa-
.ir',¡1" podría denominarsc "sigltific:rt:irirr lrrclposicional" para
,li--tinguirla de otras cl:rscs, l)cro cn lrottor a la brevedad omi-
l, la palabra "proposicionlrl".
l-In criterio suficiente, lx)r() Iro lrcccsario, de la signifi-
,':rciílr, es que pueden inrar¡ittarsc, o tl¿trse realmente, expe-
rit'rrcias perceptuales que l1()s hag;lttr tlsar la frase (o su
corrtraclictoria) a moclo cle ascrcii,tt. Iirr ciertas circunstan-
t:its podríamos decir, como si cxllrcsítrauros lo que perci-
lrirnos, "la nieve es blanca"; por Io tanto, la frase "la
nicve es blanca" es significarrtc. Irn cicrt;ts circttustancias
¡rcrceptivas podemos decir "la tricvc no es negra"; por
consiguiente, la frase "la nicve cs l.rcgra" es significante.
()uiz|a esto nos dé una iclea ch Io r¡ttc cl1 gcncral se "signi-
[ica" colr tlna frase quc tenga significación.
Cuando digo "la nieve es blanca" tlna cosa es 1o clue hacc
vercladera mi afirmacirin y otra lo que yo expreso. Lo clue
hace verdaclera mi afirmaciirn es un hecho cle la física, re-
l¿rcionado con la nieve; pero yo estoy expresando un esta«lo
<le Ia rnente, a saber cierta creeucia aclmitienclo la posi-
bilidad de clue rnienta, ttu deseo de-o, que otros teugan cierta
creencia. Irodemos hacer caso omiso cle esta complicación
y suponer que al proferir estas palabras expreso una creelt-
cia. Pero yo no afirnro que tenga una creencia; afirmo el
ohjeto de ésta. Si hay un objeto de la creencia, ¿qué es 1o
afirmado con la frase "la nieve es blanca" ? Ciertas expe-
riencias nos deciden a creer que la nieve es blanca; si esta
creencia tiene un objeto, podemos decir qtte afirmando este
objeto expreso el hecho de clue yo creo algo (a saber, QU€
la nieve es blanca). I.{o afirnlo qlle yo crea el objeto; eso
scría una aserción diferettte, que poclría ser vercladera inclu-

2L7
so si la nieve fucsc lrcgra. 8,1 problema que estamos estrl- (:iorles. Lo mism o reza, m,utatis ncwtandis, si es falsa. Ver-
diando es el siguiente : ¿hay algo en caso afirmativo, rlad y falsedad clependen de ttna relación entre la significa'
qué_- que yo crea cuanclo creo que-yIa nieve es blanca ? t:irin de la oraciórt- y algo que 11o sotl palallras ni imágenes
Por otra parte: cuando Ustecl dice ',¿es blanca la nieve?,, (cxcepto cuando l; oráci<ln vclrsa sgbrc palaltras o iml-
i -lqé es Io que pregunta ? Supongamos que lJsted hubiera genes).
vivido- siempre en Ftiopía y que dé resultai .1" un ataque cle Si podemos decidir qué se ctrticllclc lror' "sii{-ni f icaci<in" cle
aviación hubiese siclo hecho prisionero y trarlsportado al llna óración, diremos (ue es csta sigrrificltt:ií»r lo quc hay
Círculo Artico con los ojos vendados, y que allí se familia- clue llamar "proposiciórt'' y quc cs () vcrr(la«lcra o fals¿r. IJna
rizara Usted con el tacto, el sabor y el olor cle la nieve, apren. ,iración puedt sígnificat utti vcrclatl, significar 1111a falsedacl
diend^o qqe "nieve" es el nombre de la substancir'qr. se () 11o significaf nada; pero :ri tlllít or¿tcitilr significa- algo
manifestaba cle esta suerte a tres de sus sentidos. Ustect no cntonceslo que signifique ticrlc ([11c scl' vcrtlaclcro o falso.
pregtrntaría por la palabra "nieve", ni por la palabro, ,,blatt- Para intentar descubrir 1o quc sc clrticlr<lc por "significa-
co", :irg por percepciones. Con aquella pregunta Usted ción" de una oración, cotejeinos tltrÍt <lr¿tcií:tr significante
querría clecir: ¿Ven la blancura los (ue siá tener los o jos con una no significante. Tomemos "Sí,cratcs hebc la cicttta"
vendados experimentan las sensaciones de tacto y olfato y ,,cuadruplici-dad bebe dilación". Dc éstas la pirnera puede
que yo aprendí a asociar a la palabra "nieve,, ? E incluso ser lógicamente
"cuando -y
lo fué una \cz- trn juicio cle percep-
esto es aun clemasiado verbal. Si en aquel momento Ustecl ción; no ár un juicio de pcrccpción, cs susceptible
se encontrara tocando y oliendo la nieve, Usted querría decir de provocar una imagen óompleja que tcnga la misma signi-
con aquella pregunta "¿suele ir asociaclo a.sto a la blancura?" ficáci,';n que la frasJ qut acaso .§co Ia significaciirn cle
Y si usted estaba imaginando Ia blancura, el pensamiento -o
ésta. Cuairdo intentamos hacerlo asi, imaginanros simplemell-
de su mente sería ¿suele ir esto asociaclo uti? en clonde te alguna persona a quien, por modo de chanza, llamamos
^
!tt? -scría la percepción táctil y olfática y cso la irrragen de ,,Cuaáruplilidacl". Préguntémonos : ¿Cómo puerle una-pala-
k Ia blancura. Pero "eso" no debe ser irrierpretaclo .áirro si l¡ra tal óo*o "cuadrupliciclad" referirse a algo experilxen-
fuese Ia nrisma irnagen, antes bien significa urla percepción taclo ? Supongamos que Ustedes están haciendo la instruc-
análoga a la inragen. Pero al llegar a este puntó, se hace ción militár y-que oyér, fepetidas veces la orden "formar «le
srlnlamente clifícil ser claro; porque la irnagen parece "dar a cnatro". Si Usteaós fueien aficionaclos a las palabras abs-
a entender" rlna pcrccpción del misrno rrrodo cn qrle lo hace tractas, se harían la siguiente reflexión ; "la cuadruplicidacl
una palabra. es importante en la iñstrucción". Esto significa: "En la
Huelga decir qne si las creencias tie,en objetos, Io que yo irrstruóción, hny varios acaecimientos en cuya .descripción
creo cnando creo que Ia nieve es blanca, es 1o rl,is*b qire verbal es natttrál que se emplee la palabra 'cttatf o' ". Podría-
aquello de que duclo cuanclo pregunto "¿es blanca la nieve?". rnos clefinir la cuádruplicidád diciendo que es "la propiedad
Erlg, se-a lo que sea, es, aceptanclo esta hipótesis, la signifi- de una función propósicional consistente en ser verdadera
cación de Ia oración "la nieve es blanca". Si ta signifiáción para exactamentó cuatro valores de la variable". De esta
de la oración es verdadera, ello es en virtud de acJecimientos iuerte, tenclríamos que preguntar: ¿Cómo conocemos clue
que no son palabras ni imágenes; si se conoce que es verrla- es silr-senticlo suponer qtle una propieclad rle una función
clera estos acaecinrientos tien,en qlle ser o hal;cr-sirio perccir- p-'oirosicional pueda beber?
218 219
(lo unas CUantaS personas creen todas qtle va a haber una
cxplosión ¿qué tiénen de comírn? Cierto estado de tensión
,1ué d..., r§irá cuando ocurra la explosión ; pero si su creen-
ii, fuese falsa, la tensión continuaría algírn tiempo para
transformarse luego en Sort)resa. E,l cst¿tclo clc tetrsitin pttcde
ser denominado "éxpectaci(rtr"; pero Ia clificultad surge cotl
rcspecto a la conexión de ésta a) con la c-xplosión o su atlscl1-
cia'y b) con algo que, para clejarlo elr_la vagueclzrcl, poclría-
,ror llamar la ''idea" de la explosión. Iluelga decir que una
cosa es esperar una explosiórr y otra esperar, por ejemPJo, 1,
llegacla cle un tren. Las dos tienen de conlitn la impresión cle
ex[ectación, pero difieren en cuanto al acaecimiento que
cambiarít está impresión en conformidad o sorpresa. Esta
impresión, por lo tanto, no puede ser la írnica cosa que cons-
tituya el esiado de la petsona que espera algo, puesto que.cle
ser asi cualquier acaécimiento conformaría su. expectaciótr,
mientras qr. realidad sólo un acaecimiento de un tipo.de-
"tt
terminado producirá tal efecto. Sin embarg9, cabría quizás
la posibilidad de explicar todo el asunto fisiológicamente.
Toáa persona que es[á esperando una llamarada tiene sensa-
ciones^en los ojbs, y la expectación de un ruido fuerte irnplica
algo semejantá en tonexién con los oídos. Podría decirse en
consecuencla que la expectación de un fenómeno sensible
consiste en tln estado de receptividad de los órganos senso-
riales correspondientes. Pero hry impresiones relacionadas
con semejante estado de receptiviclacl, y -est¿s impresiones
puedetl sei corrsicleradas colllo constituyendo la parte mental
rle una expectaciól1.
Pareceria, pof 1o tanto, que lo c1r-re tienen de colrrÚlll v¿trias
persoltas que cl'een todas lo que se expresa col1 las palabras
i,está a pdnto cle sonar url estampido", eS un estado de ten-
sión relácionaclo con los correspollrlierrtes órgauos sensoria-
les, una concliciirn fisiológica de esos órgatlos y las impresio-
nes que acol11pañal1 sernéjante conclición. Lo ptgPio f.ocle.
,r-,ns á".ir cle '?está a punto de haber una llamaracla" o "está
a punto de haber ,, oiot de ttna habitación llena de hurones"'

22L
cicn, si es 1o suficientemente poderosa, puede tener efectos
I isicos análogos a los de la percepción; es este especialmente
cl caso cuanáo se cree que ha tenido lugar 1o que es imagi-
rrlclo. Las palabras, sin imágcncs, pttc«lctt, POf asociación,
Icner estos efectos. Y siempre quc haya t:tlc:s cfectos f ísicos,
lr:rlrrá efectos mentales concotnitatttcs.
Acaso podamos explicar ahora la "significaciótr" cle una
« rl'ación del modo sigttiente : I'rinlcro : algunas oracioucs
:;ir¡nifican hechos observados; ya hcnlos examinado cómo
,,,lirrre esto. IJna creencia I1o necesita implicar palabra¡ cle
rrilrguna clase por parte de la persoll¿t que cree, pero siernpre
(.s posible (dado un vocabulario aclccttaclo) encontrar ulla
,,,'"óiór, que signifique el hecho pcrcibido de que yo tengo tal
o cnal créencia-. Si tsta oración comieuza con "yo creo que",
Itr que sigu.e .u,l^ palabra "qr." es una oración que_ significa
una proposición, y de la proposición se dice que es lo _que yo
.reo. Óbsetvaciones exactamente sirnilares podrían hacerse
con respecto a cludar, desear, etc.
Segírn esta opinión, si "P" es tlna oración, "yo creo-p",
"yo pongo en duda P" , "yo deseo lt", etc., pueden significa.r
lrcchós óbservados; por lo tanto, puede suceder que 'cp"
signifique un hecho observado. En este caso "p" puede est¿r
rola y ier significante de una percepción, pero, de otro modo,
"¡t" sola no significa nada percibido. Es posible que "P"
sóh signifique algo percibido; quizás, como sugerimos ante-
riormente, significa ut1 complejo subordinado que es elemen-
to integrante de una actitud proposicional. Sin embargo, en
tal casó tendremos qtle explicar por qué tales complejos no
se dan nunca si no es en calidad de elementos integrantes de
a ctitucles proposicionales.
La teoría que acabamos clc exponer suscita clificultacles.
IJrra cle ellas es la de explicar la rclación de P con el hecho
ctrarrdo f es verdadera. Supongamos, por ejernplo, que veo
Ias letras
r'A B" en ese orden, y que jttzgo "A está a la iz'
r¡uierda de 8". En este caso creo ul1a proposición P que tiene
cierta relación colt 1111 hecho. Supotremos que P no es verbal,

223
.T

sino algo no-verbal, que es significado por las palabras "A La otra cuestión, la relativa a qué se entiende por "puede
está a la izquierda de 8", aunque no es el hecho en virtud del clescribir un hecho percibido", es nrás difícil. Es evidente
cual estas palabras expresan una verdad. Podría objetarse que no pretendemos excluir torlas l¿rs oraciones que no se
clue tenemos que atribuir a las palabras dos usos diferentes, hayan convertido positivanretrtc cn :rctiturlcs proposiciona-
uno cuando afirmamos p y otro cuando afirrnamos que cree- les. Necesitarnos encontrar un;r c;rr;x'tcrístic¡r clc oraciones
mos p, puesto que cuando afirmamos / (suponienclo clue lr que nos dé la impresióu dc qtlc cs l,osibLc crt:crlas o ponerlas
sea un juicio de percepción) se cliría que las palabras d" " p" en dttda, y hasta que la eucoutrcnros n() porlrcnros considerar
clenotan objetos, n-rientras qrle cuando afirmamos ciue cree- resuelto el problema que rlos o(:ul)ír.
mos y', estas palabras tienen clue tener algírn sigr-rificaclo ruen- Poclríamos intentar clefirrir l:t sigrriIicación coll ur']. crite-
tal. Segírn esta opinión, cuanclo cligo "Sócrates es gricgo", rio más lingiiístico. l)ividrtnros ¡rrinrcnuncute I¿rs palabras
implico a Sócrates, [)ero cuanclo digo "creo que Stl,crates es crt categorías afines a las partcs «lc l:r ckrcrtciírn. Decimos
griego" lo inrplicado cs solarnente rni idea dc Sócrates. NIc cntonces: dado ul1 juicio tlc lrcrcr'pcirirr cualrluiera (qr.
parece muy difícil r¡re csto sea así. pu,ede ser de la fornra "yo crco /"), torla pallrlrra puede ser
Creo que esta objcción carece cle valor. Supongamos qtlc sustituícla por otra pertenecicntc ír la rlisrlra categoría sin
veo un círculo rojo y digo "csto es rojo". Al usar palabras, hacer perder su significación a la oracirin. Y nosotros admi-
he prescindido de la percepción; si en vez de palabras uso timos la formación de proposicioncs ruolcctrl¿rrcs y generali-
imágenes, éstas, lo mismo que las palabras, significan la per- zadas por medio de los métoclos y:r csttr<liados. Diremos
cepción, pero son una cosa diferente de ella. Cuando yo digo eutonces clue el conjunto de oracior-rcs de cst¿r suerte obte-
"esto es rojo" o cuando tengo una imagen de rojo con utra nido, es la clase de oraciones significantes. Pero ¿i)or qué?
impresión de sí, tengo una creencia; si después digo "creo Yo no dudo de que en un lenguaje lógico sea posible algurra
que era rojo", las palabras o imágenes implicadas serían definición lingiiística de la clase de las oraciones signifi-
exactamente las mismas que eran cuando hice un juicio de cantes sea Ia que acabamos de dar, ya otra; pero no
percepción. Ver no es creer, y un juicio de percepción no es podemos -yadarnos por satisfechos hasta que irayamos encon-
una percepción. traclo alguna razón en favor de nuestras reglas lingtiisticas.
Lo que sugerimos ahora es que una oración "p" es signifi- Si hay que encontrar una razón el1 favor de nuestras re-
cante si "yo creo que P" o "yo porlgo etr1 duda que P" o etc., glas lingiiísticas, del¡erá consistir en propiedades de comple-
puede dcscribir un hecho percibido en el que no es necesario jos clue en algútn moclo cstén relacionados con las reglas. En
que se den palabras, Hay clificultades: "¡tuede describir" rlr1a proposicirin tal corno "A está a la izcluierda de 8", ctlalr-
es vago; "no es necesario qrte se den palabras" necesita cle <1o esto cs lln juicio rJc irtrcepcirin hacenros rur arrálisis d:
aclaración. I{o obstatrte, cluizás silva de algo 1o riue acaba- una pcrccpción compleja. Parece que en tocla frase llue ex-
mos de sugerir, prese trn arrálisis scnreiante, tetrdría clue haber por lo tnenos
En primer lugar, tenemos que elucidar la afirrrración de una palal¡ra de rcl¿ici«in. Yo no creo quc csto sea rll1a pro-
que no es necesario que se den palabras. Algunas veces se pieclad crchtsiua del lcrrguaje; y pienso quc cl complejo tiene
clan éstas, otras no; en proposiciones clue soll complicaclas, un elenrerrto irrtegrantc correspoltdiente que es una relación.
resultan ltrácticant,ente indispensables, aunqrle podríamos pa- (-)irino (juc cr.r¿urdo rhcitir,rs qtle t1n¿r fr¿ise es significante
sarnos de ellas si tuviéramos una mayor capacidacl mental. clarnos a entender que un colnplejo descrito por la frase es

224 225
T

"posible" sintácticamente; y cuando decimos que un com- \/o puedo hacer un cuadro de Bruto matando a César, o, si
plejo descrito por una frase es "posible" sintácticamente ,rsí 1o decido, de César matando a Bruto, pero no puedo
. damos a entender que h^y Ltn complejo descrito por una Ir;Lcer un cuadro, ni real ni imaginario, de cuadruplicidad
frase obtenida a base de sustituir una o más palabrás de Ia r ¡r¿rtando dilación. Las reglas sintácticas para obtener otras

frase dada por otras palabras pertenecientes a las mismas ,¡raciones significantes a base de juicios «le percepción, son
categorías. Así, si "A" y "B" son nombres de personas, "A ('rr realidad, de acuerdo con esta tcoría, leycs psicológicas
mató a B" es posible porque Bruto mató a César; y si "R" rr:lativas a lo que puede ser imaginado.
es el nombre de una relación de la misma categoría que La que acabamos de exponer cs, a mi juicio, una teoría
matar, "A tiene la relación R con respecto a B" és posi-ble ¡,osible. Sin embargo, en ciertos aspcctos resulta poco reco-
por la misma raz6n. rrrcndable. El uso de imágenes debe scr cvit;xlo crr tc¡clo lo clue
En este punto entramos en contacto con las relaciones sca posible; y la navaja de Occanr nos hacc dcscar r1uc, si
entre la lingiiística y la metafísica. Trataré cle esta cuestión lrodemos, evitemos proposiciones conlo :rlgo rlistinto de las
en un capítulo ulterior. oraciones. Por consiguiente, intcntemos fornrular rur¿r teoría
Volviendo ahora a lo que queremos decir por la "signifi- ('n que Ia significación sea simplemente rrrr arljctivo clc las
cación" de una oración, diremos que en el caso de una ora- oracioneS.
ción de forma atómica la significación es el estaclo de l¿r La sugerencia que mayores perspcctivas ticnc, es la de
persona que cree, o, mejor dicho, una serie de dichos estados «listinguir por sus propiedades causales las oraciorlcs signifi-
que tienen entre sí ciertas similaridades. IJna forma posible cantes de las sin-sentido. Podemos distinguir las oraciones
de un estado semejante es una imagen compleja y mejór aún vcrdaderas de las falsas (en lo que concierne a los juicios de
una serie completa de imágenes complejas similares entre sí. ¡rcrcepción) atendiendo a las causas de que se formularan,
T as imágenes forman un lenguaje, pero este lenguaje clifiere l)cro colno que ahora estamos tratando de un problema en
del de las palabras por el hecho de que no contiene ningírn rlue la verdad y la falsedad se hallan en un mismo nivel,
sin-sentido. Extender la definición de "significación" mas tcndremos que examinar los efectos producidos en el oyente
allá de las oraciones atómicas, es, evidentemente, una crles- más bien que en el locutor.
tión que incumbe sólo a Ia lógica. l\{uchas oraciones oídas no tienen efectos observables so-
Hasta ahora he venido suponiendo que cuando una ora- l¡r'e los actos de los oyentes, pero son susceptibles de tener
ción es significante, hay algo que ella significa. Puesto que un efecto en circunstancias adecuaclas. "César ha muerto"
una oración significante puede ser falsa, es notorio que la nos hace tnuy poco efecto a nosotros ahora, pero en su tiem-
significación de una oración no puede ser el hecho que Ia 1ro causó grandes efectos. Las oraciones sin-senticlo, recono-
hace verdadera (o falsa). Por consiguiente, tiene que haber r:iclas como tales, no provocan ninguna acción relacionacla
algo en la persona que cree la oración, no en el objéto a que t:on lo que significan ius palabras integrantes; 1o más que
ésta se refiere. Las imágenes son naturalmente sugeridás. lrueclen provocar, es una invitación a quien las profiere a qlle
Las imágenes "significan" poco rnás o menos del -mismo rrroclere su lengua. Parecería, por lo tanto, que son causal-
modo en que 1o hacen las palabras, pero tienen Ia ventaja de rnente distinguibles de otras oraciotres.
que no hay imágenes complejas corresponclientes a las oracio- Existen, sin embargo, ciertas dificultades. En un alterca-
nes sin-sentido. Los cuadros reales tienen la misma virtud. tlo que tuvo con una vendedora de pescaclo cle Billinsgate,
226 227
i .l

Lamb la llamó paralelógramo, logrando con ello mayor l)r'ctación correcta de é1 junto con una "actitud de afirma-
.ir'rn" (provisionalmente indefiniclo). creer un sí,gno es una
efecto del que habría obtenido con cualquier otro insulto;
.lis¡rosición. r)icen los refericlos autorcs: "De un organismo
ello se debió a que la mujer no sabia que la oración empleada
por é1 era un sin-sentido. Muchas personas religiosas sien- ¡,rrcde decirse que tiene una crccrrcia inr:llrso en las dosas en
(luc no se implican signos. Esto cs lo (luc ocurrc cuando un
ten un gran respeto ante frases tales como "Dios es uno",
.,r'ganismo tiene una conducta implícita «lr: urr góncro tal que
que son defectuosas sintácticamente y deben ser considera-
das por un lógico como sin-sentidos propiamente dichos. si hubiese siclo ocasionada l)or rrr-r si¡¡rro-vchícrrlr¡ lralrría .onr-
(La frase correcta sería "H^y sólo un l)ios".) Siendo así, tituído una creencia cle aqucl sigrro-vchícukr".
el oyente en relación con el cual deba ser clefinicla la signifi- Pasemos ahora a Ia clefinici«irr <lc "a1lr.¡riarlo": La corl-
rlrrcta implícita cle un orgauisrno o cs o¡rri¡tior{a t la situa-
cación, tiene que ser un auclitor euterado de cttestiones lógi-
cas. Esto nos aleja de la esfera de la observación psicológica,
.itir:r S si es causada por S y O r(:corocc S. (La palaLra
puesto que estal¡lece un modelo el1 qtle para la lógica un "reconoce", empleacla en este llasajc, uo csrá rkrfinida crr cl
oyente es preferible a otro. Lo que le hace preferible, tiene ;rrtículo, ni fué examinacla antcriornrcntr:.) Corrro la irrtcr-
que ser algo que se refiera a la lógica, no algo definible en ¡rrctación es ul1 género de concluct:r. irrr¡rlícita, clccitnos qrle
términos de la conducta. trrra interpretación de un signo es írprol)iarl:r a S si S citá
En "Mind" de octubre de 1939 hay un interesante artícu- ¡rrcsente y reconocicla. De ahi sc siguc rlna clcfirrición de
1o cle Kaplan y Copilowish, sobre "¿Tiene que haber propo-
"verrjadefot''.
siciones ?" Estos autores se inclinan por la negativa. Yo me "un signo oracional es ztcrdadero si y srilo si cxiste una
propongo volver a plantear el problema y luego examinar situaciirn de tal género que una interpretacirjn correcta cle
sus argumentos. t'u:rlquicr signo-vehícrrlo del signo, cs apropiacla a la situa-
Estos autores emplean el término "conducta implícita" en «:i,itt".
un sentido rnuy amplio: en el de cuanto ocurre a o "en" un Antes rle poder examiuar con perspectivas cle éxito la ade-
organismo cuando éste usa signos. Dejan en el aire la cues- cuación cle esta teoría, necesitamos hacer una serie cle con-
tión de si la conducta inrplícita clebe ser clescrita en térrninos sirlera.ciones prelinrinares. En primer lugar: I-a palabra
conductísticos ci en imágenes. Llarnan "interpretación" a l¿ signo", o, nrejir clicho, "signo-vehículo", 1-ro es dáfinicla
conducta implícita provocada por ün signo-vehiculo. Aso- lror estos autores. Yo cliría q1le para pocler clefinirla hay que
ciada a todo signo-vehículo hay una ley de interpretació'tt, q:ne lrartir cle Io irltiruo de la serie de clefiniciones que acabanios
expone la índole de conducta irnplícita qtte acluél ocasiona. cle exponer. LIrr acaecimiento aclcluiere sólo el carácter cle
..

l)n signo es una clase de signos-vehículos que tienen toclos signo-vehículo cle otro en virtucl de Ia similaridad cle srls
una y la misma ley de interpretación; esta ley se llama el cfectos. Yo diría: "IJna clase de acaecinrientos S es, para
interpretante del signo. llna interpretación de tln signo- 1111 organismo O, un signo cle otra clase cle acaecimientoi E,

vehículo es correcta si Ia ley que describe la interpretaciórt cuanclo, como resultado del hábito adquirido, Ios efectos rle
ha sido establecicla previamente como modelo de tales signos- rrn miembro cle S sobre o son (en ciertos aspectos y con
vehículos. Decimos que O entiende un signo cttanclo O ir-r- ciertas lin-ritaciones) los qrle un miembro de E ténía anies cle
terpreta correctametrte ttn miembro cle él en ciertas condi- ser aclquiriclo el hábito en cuestión". Esta definición es in-
ciones. O r:ree un signo-vehiculo cuaudo O tiene una inter- cornpleta por crlanto no especifica los aspectos y limitaciones

228 229
q

nuestra persona esperará quc este anima! Iadre, no que maú-


a qtle acabamos de aludir; pero esto no constituyg-u'1 obje- Ile, pero Ia conducta irnplícita del oyente será en éste caso
ción de principio. AdemáJ: No estoy convencido de que inapropiada. El locutor y cl oyc,tc l1san lenguajes diferen-
r"o ;"rto limitár los signos a los hábitos adqui,ridos; quizás tes_(por lo menos en cuanto se rcficrc a las palabras "perro"
habiia que admitir tam[ién los reflejos incondicionados. Sin y "gato"). Yo opino que cn l¿ts <liscusione.s fundaménhles
embargó, como que nuestro principal objeto es el lenguaje, relativas al lenguaje hal¡ría (luc dcjar <lc lado su aspecto
resulta conveniente excluirlos. social y supoÍler que una pcrsona cstír halllarrdo siempre con-
La dificultad de esta materia dimana en gran parte dg 13 sigo mismá
interferencia entre términos científicos y normativos' Así, lo que vicnc a scr lo nrisnro, :r ulla persona
que emplee -o,
exactamente el nrisnr. tcrrguajc qrlc clla. Esto
en las series de definiciones de Kaplan y copilowish encon- elimina el concepto "correcci«irr". Lo c¡uc qrrcrlaría
trr*á, hs palabras "correcto" y 'eapropi1do", cadaenuna de
inten- persona fuese capaz de intcrpretar las notas cscritas-si
una
por ella
las cuale, ., d.fi.ricla de un modó que, por lo menos
misma en ocasiones ¿¡¡s¡io¡s5- scría Ia constarrcia cn su
ción, no es normativo. Examinemos más detenidamente propio uso de las palabras: tencrnos (luc suponcr que enrplea
estas definiciones.
hoy el nrismo lenguaje que aycr. Iin rcalidacl, todo cuantó se
"IJna interpretación de un signo-vehículo es cofrecta si la ha hecho con el concepto de "corrccciiln" qucrla reclucido a
t.y [r. describe esa interpretaóión ha sido establecida - pre-
viamente como modelo de
jos vehículos-signos cle ese sfLero esto:- Locutor y oyente (o cscritor y lector) tirxen que rlsar
o forma)." La palabra "modelo" es el mismo lenguaje, es decir, tcncr los nrismos hábitos inter-
Gri; es, de ese sonido pretativos.
.)ugr. úr*o, a precisarla.: -digamol5ru.e la interpretación Llegamos ahora al término "a¡rrclpiado". con respcct. a
correcta es la dráa por el Oxford Dictionary, completada -_
semiologia) por la descripción-que él encuentro menos motivos de críticá, salvo que, en nri opi-
i¡r;" la influencia dá 1a nión, Ia definición de "apropiado" puede ser ábsorbida en la
firi¿fogo eminente hizo de sus reácciones ante palabras
""
qr. ráro tiáret una clefinición ostensiva, Elegido el fisiótos9 clefinición de "signo-ve.hícu1o". Si s es, para O, un signo-
definición de "correcto" está vehíctrlo cle una clase de acaecimientos E, esto significa qrle
i .o*pf.tada su tarea, nuestr-a ético. Pero los.resultados serán las reacciones clc O ante .s son "apropiadas" E, es cleóir,
exenta ahora ¿e todo'matiz
piense que "gato" son iclénticas (con las limitaciones opórtunas) "a las reaccio-
á"y ,rrá, Supongamos
-rignifi., u-na persona-que
rles que hace O ante un miembro <le E en las ocasiolles en
el gér..; animal qu" Ias demás personas llanran
Lfr.iro" Si "ve un ryal claáés y dice "hny un gato", cl'ee que serllejante miembro se halla presente. fntentemos ahora
formular de nuevo Ia definición que acabamos de exponer de
una proposrcró, ,r.i.lrd.tr, pero enuncia una incorrecta' "verdad" sin emplear el concepto "correcto',. Diríamos:
prr.*.iá, pof lo tanto, que "óorrecto" no puede ser-emplea-
a; p;r, ¿áti"it "verdaclero", puesto que "correcto" es t1n "r]n signo oracional presente a un organismo o es aerd,aclero
cua-ndo, cont,o si,gno, provoca una conducta que habría sido
conóepto social y "vercladero" no' provocacla por una situación que existe, si esta situación hu-
Acaso esta dificultad pueda ser solventada. - Si_- nuestra
lo_que de ordinario llamaria- biese estado presente al organismo".
p.;;; dice "hay ul- ga-to",
.-es
Digo "como signo", porque debemos excluir la conducta
ilo, ,, "pensamiánto" verdadeio, no lo es el "pt'-
-pero que el signo provoca por su propia cuerrta
samiento'i qr. é1 provoca en quienes le Esta conclucta saber, podría
i*plf.ii, ,.rá "prápiada en el sentido de
-oyen. (pot ejemplo)
que -a a tapaise las
ser c1e tamaíra intensiclad que obligara al oyente

230 231
w, :T
I
i

orejas. Serncjantc ccnclucta no itrteresa. Digo "si esta situa- r'('ncia subsiguiente. Las pren-risas de tal inferencia tienen
ción hubiese estaclo presente al organismo" significando no (fuc ser conocidas a base cle la presencia simultánea de la
á la afirmación de que ?Lo esté presente, sino atlmitiendo la oración y de lo que significa; por consiguiente, este cono-
posibilidad de que no lo esté. Si está presente, no podemos cimier-rto tiene que traclucir cl tilro nrírs primitivo de verdad
distinguir la conclucta causacla por el signo de la causacla por «lcl crral se clerivan los denrírs ti¡los.
1o que el signo significa. Y vatlos ahora a la cucstirirr. prirrci¡tal,;r sabcr "¿tiene quc
Ftay unJ rectificación más o menos formal que clebería haber proposiciones ?" Yo tliría <1tte Ia "colrtlttcta irnplícita"
hacerie en la ctefinición de "verdad" que acabamos de dar. supttesta por Kaplan y Copilowish cs t'x:tctantcntc lo que yo
Se refiere a la frase "conducta que kabría, sz,do provocacla por cntiendo llor "proposiciótr". Si «lccinros ít ttlt castellano "h"y
ttna situacióu, si esta situación hubiese estado presente al orga- tttr gato", a un inglés "there's ít c¿rt", ír tltl frartcós "voila uu
nismo". Esta definición no tenclrá el significado previsto en chat", a un alenrán "cla ist cirrc I(at 7.c", y a tln italiano "ecco
el caso de ttna situación que en realidad nullca estuvo presente tur gato", sus conductas inrplícitas st:r-átt l;ts nristtlas; esto es
al organismo. I)e un modo formal, desde el momento en que kr cltte yo quiero dar a entencler ctt;tlr<lo tligo qtre toclos ellos
u,-,a proposición falsa implica cualquier otra proposición, la creen la misma proposición, aunqtlc crcall oraciones total-
condicióir es satisfecha, en este caso, Pof cualquier signo ora- nrente clistintas. Además, pueden crccr I:r proposición sin usar
cional. Por cousiguiente, tenemos que modificar nuestra defi' palabras; yo diría que tln perro crce csta proposición cuanrlo
nición dicienclo qie en varias ocasiones situaciones suficiente- está excitado porqrle su olfato le rcvcla la prcscncia de un
rnente similares á la situación dada, han provocado realmente felir-ro. Es esta capacidad de las oraciones cle provocar este
una couclucta suficientemente similar ala conducta provocacla tipo cle "conducta implícita" 1o quc las hacc im¡rortatrtes. Una
¡
ahora por el signo. lil graclo de sir-nilariclad requericla no oraciótr es signif icante para cl oycnte cttanclo provoca este
puede ser clefinido crt térrnitros generales, y está sujeto esen- tipo cle "contlucta implícita" y para el locutor cuando es p1'ovo-
i:ialmente a cierto grado de vagueclad. A mayor abunclarnien- cada por é1. Las reglas precisas de sintaxis relativas a Io que
to, Ia "sitttación" J- la "condtlcta" implicaclas, tienen que ser ticncn cle significante las oraciones, no son vercladeras psico-
anrltas geiréricas, tto particularcs, pttesto que se implica ctl la kigicamente; son análogas a las reglas cle etiqueta. Cttanclo
LamlJ llanró "paralelógramo" a la vencledora de pescado, !a
.,

dcfinicióI1 corrcgida clue carla utra cle ellas puede ocurrir tnás
cle uua vez. oración cra significante para ella y clttería clecir "IJsted es tln
I-Iay una oltjeciirn grave cotltra la clefinición expuesta, y nronstruo fernenino aborninable". Dejando de lado la etique-
, es qrle consitlcra las oraciolles cxclttsivaurente desde el pttnto ta, 1o que puede decirse en favor de tales reglas sintácticas
,,
cle vista del oyente haciendo caso orniso del locutor. El ejem- como las que sugiere naturalmente el lógico, es esto: IJn len-
r
plo más notorio de verdad es una exclamación causad-a p9.r gtraje que obeclezca tales reglas tiene, para quienes lo entien'
, clen, la virtud de que toda oración expresa una proposición, y
álgírt rasgo clel ambiente, tal como "¡fuego!" o "¡asesino!".
Y es por meclio de tales exclamaciones por parte de los mayo- cle que tocla proposición puede ser expresada por una oración
res que se adquieren los hábitos de lenguaje de los niños. (con la condición de que el vocabulario sea adecuado). Tiene
Otra objeción es que siempre que Ia situación que com- también la ventaja de una relación entre las oraciones y lo
prnel;a t1llÍI or¿1ción tio está prcscntc al oyente, la verdacl cle clue significan mírs precisa e írrtima cle la que existe en los
ia oracióu tieue qltle ser couocicla ítuicarnente por una infe- Iernguajes irablados corrientes.

232 233
f.u
/l5

De esta larga elucubración concluiré que es necesario dis- t:l efecto de "esto no es queso" está compuesto del efecto de
tinguir entre proposiciones y oraciones, pero que las propo- "no" y del efecto de "queso" ? Para decir esto necesitaríamos
siciones no necesitan ser indefinibles. Hry que clefinirlas en r¡na teoría mucho más psicológica dc las palabras lógicas de lo
cuanto acaecimientos psicológicos y fisiológicos de ciertas cla' :rcostumbrado, aunque yo no juzgo que óste sea un argumento
imágenes complejas, expectaciones, etc. Tales acaeci- <lecisivo.
mientos son "expresados" por oraciones. Cttaurlo clos ora- La teoría sintáctica cle la significación
ciones tienen Ia misma significación, es porque expresan la -cspecialrnente
crrando se enlaza con un lcngtrajc ltigico artificial- es una
misma.proposición. L?t palabras no son escnciales para las ralna de la ética: dice "llls pcrrsolt:ts cle colrclttcta liigica brre-
proposiciones. I-a clefinición psicológica exacta de las pro- l1a atribuirán significación a las oraciones dc los tipos si-
posiciones carece cle interés para Ia lógica y para Ia teoría clel guientes". Pero hay tambiér'r ttrra tcoría puramente psicológi-
óonocimiento; lo ítr-rico esencial pafa nrtestras itrclagaciones ca de la significación. En esta teoría una oración hablada es
!
es que las oraciones signifiquen algo que no sea cllas mismas, "significante" si sus causas son dc cierto tipo, y una oración
que puede ser lo mismo aunque las oraciones sean diferentes. oída es "significante" si sus efcctos son de cierto tipo. La
Que este algo tiene que ser psicológico (o f isiológico), 1o teoria psicológica cle la significación consiste cn def inir estos
revela el hecho de que las proposiciones ptteclan ser falsas. tipos.
t "Creencia", como convinimos, cs llna corrclición determi-
nada de la mente y del cuerpo, que t1o implica esencialmcnte
B. ANALISIS PSICOI.ÓGICO DE LA palabras. IJna persona A puede estar elt una condición que
SIGNIFICACIÓN iea descrita en las palabras "A crce que está a punto de
haber un estruendoso estampiclo". El hecho de que A se en-
I{ernos examinacl o ya el carácter psicológico cle los signi- cuentre en esta conclición, le dccidiria a emplear las palabras
ficaclos de las palabras aislaclas cttanrlo son palabras cle obfeto. "Está a puuto de haber un estruendoso estampiclo". IJna
W
trl significaclo cle una palabra aislada se define por las situa- oracion ''p" es significante cuaudo puecle haber tttl estatlo
cioues qrle catlsan que sea usada y por los efectos que resultan merrtal y físico descripto en las palabras " A cree p" . Oír la
del hecho cle oírla. La sigrrificaciór: cle ttna oración puecle oración " P" e, una catlsa posible del estado que consiste en
ser definida rle un tnoclo análogo; de hecho, una palabra cle creer "p". Ur,, oración oída es significante cuando puecle
obieto r.§ una oración si se ctlplca en forma cle exclamación. ser causa semejante.
nlientras nos limitamos a estas generalidades, la significación En 1o que acabamos de decir tenemos dos definiciones cli-
cle las oraciones no plantean problemas. Éstos stlrgen cuanclo ferentes de "significación". IJna es relativa a los hábitos lin-
intentanros explicar en términos psicológicos la relación entre gtiísticos de utra persona que dice "A cree p" ; otra, a los de
Ia significación de una oración y el significado de las palabras una persona que oye a A pronunciar p.
qtre la integran. Para el lógico, Ia significación es definible Una persona que se encuentre en un estado de creencia
en términos de los significados de las palabras y de las reglas puede enunciar una oraciln "p" con la intención .de. expry-
cle sintaxis. Pero psicológicamente la oración es una unirlad sar su creencla, pero un oyente con hábitos lingüísticos di-
causal, y srls efectos no porecen, estar compuestos cle los efec- ferentes, puede juzgar inexacta la expresión. IJtra persona A
tos scpararlos de las palabras separadas. ¿Podemos clecir qtte dice "La luna tiene e1 aspecto de ser tan grande como un

234 235
tlc tener en su mente la oración " p" y decir "yo creo P" o
t'rrtrnciar pura y sirnplemente p; pero esto no implica que crea
lt. Lo que necesariamente cree cs "1, ", verdadera". A puc-
«lc no advertir en lo más míninro lo c1r7e " p" cluiere decir.
['or ejemplo: el devoto y poco instruído creyettte que oye
cl creclo apostólico en gricgo y cl alumno de la cscucla que
[)ara complacer al maestro dicc ")/ cs coujutrcióu".
Intentemos enumerar los, varios ttsos de "y'". 'I'otnemos Ia
,rración "huy una luz roja", cluc cscribircntos "p". Supon-
garnos que estarnos sentados al latlo dc un conductor des-
ctridado. Proferimos la oración por(luc v€mos una luz roja;
cs lo que podriamos calificar dc uso cxclamativo de "tt". En
e ste caso " P" es causada directarnctttc por un hecho sensible,

(lue ella "indica" y por el cual cs vcrificacla". Pero ¿qué


diremos del conductor que oye uuestra exclamación ? Su
conducta será la misma que si hubiesc visto éllaluz roja;hay
en é1 un reflejo condicionado que le induce a rcspollder a las
palabras "Luz roja" de la misma ntanera que suele responder
a la vista de una luz roja. Esto es 1o clue damos a entencler
cuando decimos que "comprende" estas palabras.
Hasta ahora no hemos tenido necesidad de "ideas". I{emos
reaccionado ante un estimulo visual y el conductor ante utl
estírnulo auditivo; Ia reacción de é1, como la nuestra, lo es
ante un hecho sensible.
Pero supongamos ahora que cuando vemos una luz roja
nos abstenemos de hablar y un momento después hacemos la
observación "fué una suerte que no hubiera un policía allí,
l)ues se pasó Usted una luz roja", a lo que el conductor cou-
testa "no le creo a lJsted". Eu este caso"p" será "había utra
luz roja". Nosotros afirmarlos P y el conductor dice que no
cree p.
La necesidad de "ideas" parece perfectamente evidettte en
este caso. Ni nosotros ni el conductor nos referimos a pa-
Iabras: no decimos "Las palabras 'habia una lttz roja' expre-
san verdad", ni el conductor lo niega. Nosotros y él nos re-
ferimos a lo que las palabras "quieren decir".

237
s 6

Por lo que a nosotros se refiere, acaso podriarnos darnos ,'i;t del oyente es "expresada" por la misma oraciín"p". Si
por satisfechos con la analogía de la máquina autornática que .'s clesechada, la incrédulidad del oyente es "expresada" por
dice primero "esto es un penique" y luego "aqucllo era un l:L oración"no-p",'si es puesta en duda, por "quizás p". Una
penique". La persona que acaba de ver una luz roja que en rrración oida "p" es significante si pueclc caus¿Ir cualquiera
este momento ya no ve, se halla, sin la menor duda, en un rlc los tres tipos de estados "expresados" 1)or "lr", "no-f" y
estado diferente del de la persona que no ha visto dicha luz; "c¡uizás !t". euando decimos simplemcntc c¡tte "1i' cs si€ini-
este estado podría causar el uso de las palabras "habia una carrte, clamos a entencler que tiene el írltilllo tipo clc sigrrifica-
luz roja". En cuanto al conductor, podríamos suponer que se t:ión.
halla en un estado (qr. implica impulsos motores) provoca- Toda esta teoría es completamente indepenclientc de tocla
do por las palabras oídas "habia una luz roja", combinadas t:onsideración de verdad y falsedad.
con impulsos inhibitorios tales como los expresados por la I Iay un aspecto importante en que la teoría expuesta re-
palabra "incredulidad". Mientras no introcluzcamos "ideas", sulta aírn incornpleta; no ha decidido c1ué deben tener de co-
esto no resulta lo suficientemente específico. Los impulsos rrrírn dos estados para ser ejemplos de la misma creencia.
motores del conductor serían exactamente los mismos si di- Cuando están suficientemente desarrollados los hábitos ver-
jésemos "IJsted estuvo a punto de atropellar un perro", Pe- ba1es, podemos decir gue dos estados son ejemplos de la
ro su estado no sería el mismo. Nuestras palabras causan en misma creencia si pueden ser expresados por la misma ora-
é1 el "pensamiento" de haber habido :una luz roja, y estas ción. Quizás la única definición causal sea la siguiente: dos
palabras son recibidas con incredulidad. No es necesario que cstados Son ejemplos de la misma creencia cuando causan
decidamos en qué consiste este "pensamiento" y c6mo haya la misma conductá. (En las personas que poseen un lenguaje,
de ser distribuído entre la psicologia y la fisiologia, pero pa- csto implicará la conducta que consiste en emitir cierta ora-
rece que debemos admitirlo, puesto que muchas creencias no- ción. ) No tengo una seguridad absoluta de que esta def ini-
'causal
toriamente diferentes pueden ser indistinguibles en sus efec- ción sea apropiada, pero no teniendo mejor alter-
] tos motores. nativa que ofrecer, la acepto a modo de ensayo.
De esta suerte, la teoría psicológica de la significación a
que hemos sido conducidos, es la siguiente: Hay estados que
cabe calificar de estados de "creencia"; tales estados no im- Y SIGNItrICACIO}tr
plican necesariamente palabras. Dos estados de creencia pue-
C. SII§TAXIS 1

den ser relacionados de modo que los califiqucmos de ejem-


plos de la misma creencia. En una persona que posea hi-
En esta sección me propongo examinar la posibilidad de
construir un lenguaje lógico en el que se traduzcan en re-
bitos de lenguaje adecuaclos, uno de los estados que sea un glas sintácticas precisas las condiciones psicológicas de sig-
ejemplo de creencia dada, es aquel en que emite cierta ora-
nificación estucliadas en la sección auterior.
ción. Cuando Ia emisión de cierta oración es un ejemplo de Partiendo de utr vocabulario derivado de la percepción y
cierta creencia, se dice que la oración "expresa" la creencia.
IJna oración hablada es "significante" cuanclo hay una creen-
de oraciones expresivas de juicios cle percepción, daré una
cia posible que ella "expresa". IJna oración oida "p" puede 1 El lector que no se interese por la lógica matemática, puede pres-
ser creída, clesechada o puesta en duda. Si es creída, la creen- cinriir perfectamente de esta sección.

238 239
flF

irlcntidad cle dos objetos que tienen nombres diferentes. A


definición de un conjunto de oraciones significantes defini- t'sta objeción respondo yo qrie entonces esto sería falso, no
á;r- p"; su relación sintáctica con el vocabulario inicial y :9" sin-sentido. Entre los juicios de pcrcepción incluiría yo ora-
l,o, jricios de percepción. Cuando este conjutrto haya sido
^examinar si en un lenguaje adecuaclo ciones tales cor11o "Rojo es rlifercntc <lc íLzLtl"; de un modo
á.fiiiAo, podr.'Áos :rrritlogo, si s es el nombrc clc l¡r cu¿rlirla<l clcl sonido de un
puede .árrt.r.r todas las oraciones, significantcs y_no otras. trombón, "s es diferente clc azltl" llucrlc scr r1l1 juicio de
^ El yocabulario de objeto inicial consta de nombres, pre-
os- lrcrcepción.
dicados y relaciones, todos l9s cuales tienen definiciones Teniendo presente que estarrros trabajanclo colt ru1 lengua-
las pueden tener cualquier nír-
tensivas. En teáría relaciones
términos; no ,r...iit"toos i¡dagar cuál .es el .ic artificial, rcsttita ¡¡osilrlc «lcstlt: lrrr'1;1r lrrovccr cle signifi-
-.ro finito de de términos en toda oración expresiva .d: ""
cación convcucional una oracirin qlrc círrczca de significación
"iuyár "írmero palabras tratural, sicmpre que poclanros obviar cl riesgo de la contra-
hecho relacional que percibimos realmente. Todas las rlicción. Es nototio cluc las oracior)cs (irlc carecerl de signifi-
necesitaclas en el^ vocabulario cle objeto tienen definiciones
cación tratural, no son naturalrrrclllc vcrcladeras; por consi-
ostensivas; las palabras que tienen definiciones de dicciona- gtrietrte, poclcnros poner una sigrrif ic;rciírn falsa, tal como
objeto s.§-
;il;;;; r"p.rffüas en teoiía. El vocabulario decomo "1
resultado "este rauítnculo es azul", a totla rlracií,rr (c1trc no contenga
..ptiut. de ser extendido en cada momento
ejemplo, la primera vez que
la paiabra "Ilo" ) qr. clcseernos incluir y (lr1c no teuga signi-
de una nueva experiencia ficación alguna nattiralmente. Cluarrlo cntran cn jucgo ora-
-por
comemos aletas de tiburón podemos dar un nombre
a stl
ciones atórnicas no hay peligro clc contraclicción; por consi-
sabor. guiente, si el principio de sustituciú:n resultara dudoso de
Las oraciones que describen experiencias, tales como las
otro modo, su validez podría asegrlrarse por una convención.
estudiadas en el capítulo III, están compuestas
frecuentemen-
de unJ rehción o predicado En consecuencizr, no hay razón para clesecharlo.
;;;-;";a;. quizás^no siempr€, -
^acompañados de nombres. El segundo principio cle la formación cle oraciones podría
simples de un número apropiado
, Estas oraciores á*pr.rr, "juicios de peróepción", y consti-
ser calificaclo de coynbinación,. Una oración dada puede ser
negada; cios or¿rciones daclas pueden ser combinadas por me-
*r;; base de qul nuestra cbnstrucción sintáctica.
'S., laRo ^rr^ni^
(nr, a,2, 23,' " ?n) una oraciól que expr:tt :l'
clio dc "«-.1", "y" , "si-entotrces", "si-etttonces no", etc. Tales
oraciones pueden ser llamadas "moleculares" si resultan de
juicio de percepción y contenga una relación) r¿ - ádica "It,. rirla conrbinación de oracioucs atómicas, ya sea de tttr rnodo
v r¿ nornb.., ot, dr, ?í,... an. Sentamos entonccs el ¡ri,trcipio clirecto ya por medio de cualquier níunero finito de combi-
hi ii,tt¡iucióii la oración sigue siendo sigrrificante si uno
por naciones. La verdr,cl o falsedad de una oración molecular de-
."ufqri"ra de ,r, ,ro*bres o todos ellos son sustituiclos
llende exclusivamente de la de sus "átomos".
cualisquiera otros nombres y It,, es reemplazacla por cttal-
Toclas las oraciones moleculares pucden ser construídas por
q;[; áir-, i.lución r¿-ádica. Óbt.r.-os de esta suerte, asigni- ¡ase
rnedio de una operación . Si " p" y " q." son dos oraciones cua-
i. j"i.ios de fercepción, cierta colección de oraciorres
lesquiera "p/q" (léas,e "f-raya-q") debe entcnclerse en el
atórui'cas'
-Cab,riaque liamaiettos oraci'ones
ficantes, senticlo de "no ambas l, y rl", irnplicando qtle una de las dos,
ol3.t"t que este principio netpermitiría la constrttcción "p" o "e", es falsa. Entonccs podemos clefinir "no-P" dicien-
oracionei sin-senticlo taies como sonido de un trombórr
de do que es "f/P", es decir, "I1o ambas P y P"; "P o q" como
eS azul". Corr mi teoría de los nombres, esto afirmaría
la
241
240
a,! ,BF

"(p/p)' (q/q)", €s decir, "no no-p y no-q";"t.y-q" 9ot'Jo ;rlirrrración "no hay dos hotrrbres quc t1o tengan la meuor re-
"('p/q) l-fiiq)", es decir, "no no-arnbaq !-y--q". Partiendo l;rcirin entre si". Esto quiere decir cluc si fr e y son hombres,
de orióionei aió*icas y aplicando el principio de que dos ora- ;¡lsrrna oración de la forma "r ticnc la relación con R con y"
( s vcrdadera. Esto equivale a tlccir rltrc tocla oración de Ia
ciones cualesquiera puéden ser combinadas por la "tay.a" pata
formar Ura ota.ión nueva, obtenemos el conjurrto de "oracio- lr¡rnra "Si r e y son hombres, algttrta oracií»r clc la fortna'r
nes moleculares". Todo esto es familiar para el lógico como ticne la relación R con y' es verdaclcr:r", cs vcrclarlcra.
lo es la lógica de las funciones de verdad. Obsérvese que las relaciol-lcs qtlc SC tl:ttl tttl l<-r quc acallatlros
La opeiación siguiente es la generalización. Dada una ofa- <lc desarrollar, tantO Si Son coltstatttcs Cottlo v¿rrialtlcs, So11
ción cuálquiera que contenga bien sea un nombre "al' o una rclaciones de intensión, no <lc c'xtr lt:;iritt.
palabra "R" que denote una relación o predicado, podemos Oraciones que impliquen gcrrcralización de prcclicaclos se
óonstruir una óración nueva de dos morlos. En el caso de un rlan con frecuencia en el lenguaje corriente. Ejemplos de cllo
rlombre "a" podemos decir que todas las oraciolles qu_e fe- son "Napoleón tur¡o todas las cualiclades de un gran gene-
sulten de susiituir el nombre "a" por otro, son verdaderas, r-:rl" y "Elisabet 1 tuvo a un tiernpo las virtudes de su pa-
o que por 1o menos una de tales oraciones es verdadera. (Ir- tlre y de su abuelo, pero no los vicios de ninguno de los dos".
dicáré otra vez que no trato ahora de inferir oraciones ver- (No respondo de la veracidacl histórica de estos ejemplos.)
daderas, sino sóló de construir sintácticamente oraciones ha- Por razones que se expondrán en el capítulo XIX, califi-
ciendo caso omiso de su verdad o falsedad.) Por ejemplo, de caré de jerarquia atomística de oraciones al conjunto de ora-
"Sócrates es un hombre", derivo, a base de esta operación, ciones obtenidas de juicios atómicos de percepción por medio
las dos oraciones "Cualquier cosa es un hombre" y "algun-a cle las tres operaciones de sustitución, combinación y gene-
cosa es un hombre", o, como podría enunciarse tarnbiért, "'fi ralización.
es un hombre' es siempre verdadeta" y " '.ff es un hombre' es Es una cuestión importante la de saber si esta jerarquía
a veces verdadera". T,á variable "fr" q17e aqt;;r aparece, podría puede constituir un lenguaje "adecuado", es decir, un lengua-
b¡ ser tomada para todos los valores para los cuales es signifi- je al que pueda ser vertida toda afirmación formulada en
cante la oración "fr es un hombre", o sea, en este caso, para cualquier lenguaje. Esta cuestión tiene dos partes: Primera,
todos los valores que seatl nombres propios. ¿bastarán las oraciones atómicas como base de esta estructu-
Cuando generalizamos una relación R ejernplo, una ra? Segunda, ¿nos bastarán como variables los nombres, pre-
relación diádica-, el proceso es el mismo-por
con la salvedacl de dicados, relaciones diádicas, etc., o necesitaremos variables de
que cuando la sustituímos por una variable "S", los_-posibles otras clases? I.a primera de estas cuestiones será estudiada en
valores de "S" están limitados a las relaciones diádicas po1' los capítulos XIX y XXIV. La segunda, relacionada con la
las condiciones de la significación. Tomemos, por ejemplo, generalización y apropi ada para la solución de las paradojas,
la reflexión de que todas las cosas son para todos los hom- debe ser examinada inmediatamente.
bres. Si logro seguir este precepto, ello significa que si n es I-a generalización suscita problemas mucho más difíciles
un hombre cualquiera y R una relación diáclica cualquierz, lo que la sustitución o la combinación. La cuestión primordial
tengo la relación R con respecto a fr; dicho de otro modo : que debemos exatxinar en este capítulo es la siguiente: ¿bas-
todá oración de la forma "si fi es un hombre, yo tengo la re-
lación R con fi", es verdadera. Poclemos tomar también !a 1 La famosa reina de Lrglaterra. (N. del T.)

242 243
toda p, f(p)" -5i te,emos que aceptar clue ésta es admisi-
ble- es también urra proposición. ¿ IIay un v:ilor posible cle
? ":r."_f (t)"? Si lo hay, e, la tot¿rlirlarl rle valores cle I está
incluírlo un valor dcfinido en tónninos <lc acluclla totaliclarl.
Esto tiene como consecuencia qnc st,¿r cu;rl sr':i cl corrjunto rlc
proposiciones que asigrlenros a Ia tolalirl:r«l rlr: r,:rlorts «lcr
f,
estaremos en nr1 error, puesto r¡ue hay otro val«rr dc 1<lcfini-
clo en términos cle aquella totalirl¿rrl, cl cual v:rría crr¡urrlo v¿u-ía
la totaliclacl. Esta situación cs arráloga a la <lcl crnlrcrador r.hi-
!9,1. Jourclain y los jueg,;os clc cajas. Iil crnpcr-ador prctcn-
día eircerrar toclos los jucgos ,:lc cajas cn 11nA hallit:rii,'rn, y
finalmente llegó a-pensar quc l. había lograrlol pero ., pri-
nrer ministro le hizo observar que Ia habitaciíi,i .r,, c¡ue los
había encerrado constituía otro jueo^o cle cajas. Aunque cI
enrperador hiz,o decapitar a sr1 primer nrinistio, no voivió a
reírse.
Por lo tanto, Ias proposiciones variables implican clificulta-
que culm,inan en Ia contradicción clel nientiroso 1. yo
cl'es
sugeriría que las proposiciones variables sólo son legítimas
cuanclo constituyen ula abreviatura de variables de nombre y
de variables de relación. Supongamos que " p" sea una varia-
ble susceptible de ocupar el lugar cle cualquier oración cons-
truida por medio de nuestros tres principios de sustitución,
combirración y generalización. Podenros clecir entonces qrle
"Toda oración cle la forma f ( ti es vercladera" no es una ora-
ción simple nueva, sino un conjunto cle nrr nírmero infirrito
de oraciones, en el cual las variables no son oraciones.
A este objeto procecleríanros del moclo siguiente. Interpre-
ternos, en primer lugar, la afirmación cle que si ,,p" es una
oración atómica, entonces f (p) es verd4dera. Esto es equi-
valente notoriamente a: paÍa cualesquiera valores posibles
clue tengan Rr y 3:t, I [nt @r)] cs verclackia para cuares-
qtriera valores posibles clue tengan R2, §, y frr, f lIt,, (r,
1 ,Cfs. al principio del cap. IV.

245
7

,r)) es verdad eÍa, y así sucesivamente. En este caso las va- lles que se refieren a la totalidad de los valores posibles de
y " p" (o de cualquier otra variable) han de tener una significa-
riables son sólo las de ,r R.
Veamos ahora el caso en que "lr" es una oración molectt- ción definida, es necesario quc a su vcz no se encuentren entre
lar. Afirmaremos que para todos los valores posibles de r y los valores que puede tomar " 7t" .
Irtros corresponde estudiar a continrr:rt'irin las funciones va-
deryydeRydeS riables. Llamemos "§a" a una llroposicirin v¡rriablc, dc la je-
f IR (*r, fr2t... r")/S (yr, !2,... l")] rarquia atomística, en la cu;tl sc 1)r('scrrllr r:l rrornbre "a", y
"f (p)" a alguna función <k: ¡rro¡rosir:iont's <lr:finida pcrtc-
es verdadera; y procederemos a aserciones sinril¿rres cuanclo neciente a la jerarquía fttnclalucrrtrrl. I'otlt'rrros fornrar cnton-
el razonamiento relativo y f contenga no sirlo utra raya sino ces la función
crralquier nítmero finito. De esta suerte hallrctntls interpre-
taclo ahora Ia aserción de que "f (P)" es verclaclera cttanclo f ({'n)
"p" una proposición molecular cualquicra.
"t írltimo, admitamos que "p" sea una oración cualquiera,
Por en la que la variable es o, y cxarrrirurr'"/ (,I,a) cs vcrrlark:ra
obtenida, por vía de generalizaci1n, a base de uno cttalquiera para toda @" y "f (Ao) es vcrcla«lcr;t 1r:rt';t :tlgt¡¡r 'I"'.
de nuestros anteriores valores de"p". Oraciones perfectamente corricnf cs lrrrr:<lcrr scr <lc csta for-
De esta suerte logramos una interpretación de "'f (P)' es ma; por ejemplo: "\Ialtoleón III trrv«r lorlos los vicios de srr
vercladera siempre que p sea una oración d,e la jerarquía ato- tio y ninguna de sus virtudes", o lo r¡rrc <lccía cl lrco<lo al pá-
mística". Esta interpretación, sin embargo, convierte esto en rroco que le sermoneaba: "Tienc quc hallcr alguien cle cacla
varias oraciones, tto ét una sola. Si "f (P)" es tal que cuand r clase, y yo soy de esa".
"!t" pertenece a la jerarquía atomística 1o mismo vale rle "f Exactamente la misma clase dc dificultad surge en este
('p)", entonces todas estas varias oraciones pertenecen a la caso con relación con"f (/) .r vcrdadera para toda ?". P^-
jerarquía atomístic a, y no se ha creaclo ninguna oración de ttna recería que "/(iD¿) es vercladerzr para toda ó" sea a su vez
clase nueva. una función de oy qtle, por consiguiente, "/ (oo) es verdader;i
I)e un modo exactamente análogo {elleremos ttatat "alqu- para tocla iI," tuviera que irnplicar "f lf (oo) es verclader¿
na oración de Ia forma 'f (Ír)' es verclaclcra", consideránclola para tocla O]".
como una clisyutt,ci,ótt. infinita qtle collsta del mismo nftmer.r Pero en tal caso hay valores de ó clefinidos en términos de
cle térmitlos que la conq,ntnci,ón infinita anteriormente estu- las totalidades cle los valores de Q, y de toda definición conce-
diada. bible de la totalidad de los valores cle o puede demostrarse
Desde luego es posible técnicamente contiuuar usando Ia que es inadecuada.
variable " !r" . Desde el puttto de vista técnico, el írnico uso clcl fntentemos aclarar esta cuestión con algunos ejemplos.
análisis clire acabamos de hacer es para abstenernos de con- Ouerernos saber qué quiere decir, pongamos por caso, "Na-
sirlerar "f (h) es siempre verdadera" como ttn valor posillle poleón III tuvo todos los vicios de Napoleón I". En primer
d" "P" en "f (¿)". Esto eqtrivale a decir que "f (p) es- siem- lugar, ¿ qué es L1n "vicio" ? Quizás podamos def inirlo dicien-
pre vercladera" no nos permite inferir "/ lf U,) es siemDre do que es "un hábito del que cada ejemplo es un pecado".
verdaderal ". Esto es iml--',ortante, Duesto que si las asercio- Pero no hace falta un análisis tan riguroso, puesto que mi

246 247
,.qp,

propósito es ilustrar meranlente un punto rfc sintaxis. A este cstatura ct-rmprendida entre 5 pies ro pulgadas y 5 pies r r pul-
efecto podemos consiclerar "vicio" como predicado de cier- gadas, u otra especificación arrítloga. Esto equivale a clecir
to género. De esta suerte, si "R1" ocupa el lugar de un pre- ([ue no es típico ser típico, y rcvela los riesgos que corremos
dicado variable, "Rr es un vicio" es de Ia forma "F (Rr)".' si pretendenros hablar de "torlas las afirmaciones posibles so-
Pongamos ahora "a," por "Napoleón III" y "b" por "Napo- bte a".
león I". Entonces "Napoleón III tuvo to<los los vicios .le Poclemos obviar este inconvcnicntc si la v;rrialrlc o, conro
Napoleón I" se convierte en : "Toda oraci«in cle la forma: la variable lr, es simplemente rrna alrrcvi;rtrrr;r c«rrrvctricntc «lc
'F (Rr) y Rr (b) implican conjuntamente Rr (o)' es ver- otras variables. Las proposicioncs cn (plc sc <la o, scrítn
dadera", en la cual "Rr" es la variable. Sin embargo, esto no
es aítn completamente s¿r.tisfactorio, porque "Ii (Rr)" trata (r) Rr (o), Rz (a, b), Ra (n,b, c), ctc.
"Rr", prím,o facie, como si fuese urr nombre propio y r1o un (r) Combinaciones de las antcriorcs con una o nrírs propo-
preclicado. Si "F(Rr)" hrrbiese cle ser urr¿r fornra aclnritida siciones de Ia jerarcluía atolnística.
por Ia restricción de Ia jerarquía atotnística, csto terrclría que ( S ) Generalizaciones de las proposiciones de z), con la con-
ser subsanado. Podríarnos tomar "vicioso" como un predi- dición cle que o no sea sustituícla por una variable.
cado aplicable a indivicluos y "vicio" como un predicado que Siendo asi, "f (oo) es verdadera para toda §", afirmará
implique viciosiclad. De esta suerte, si "V (*)" quiere decir a) Rr (o), Rr (o, b), etc., son verdaderas pata toclos
".r es vicioso", "Rr es un vicio" significará: "Rr (r) impli- los valores posibles de Rr, b, etc.
ca V (") para todos los valores posibles de r". Esto tiene b) Aserciones semejantes a las relativas a Rr (a)/Rr
qtre sustituir ahora a"F(Rr)" en el análisis anterior de nues- (á), etc.
tro ejemplo. El resultado puede parecer algo complicado, pe- c) Generalizaciones de b), que resultarán ser pura y
ro, incluso siendo así, se ha hecho simple artificialmente a los simplemente una repetición de b).
efectos de la ilustración.
Tomemos otro ejemplo que revela incidentalmente la ne- Por este procedimiento, la variable o, como la variabl" p,
cesidad de clistinguir entre. las propieclades que implican un puecle ser reducida a variables de nombre y a variables de re-
predicaclo variahle y las qrle no lo implican. Tomelnos como lacitln, a costas <le hacer cle "f (oo) es verdadera para toda
ejemplo "Pitt frré un irrglós típico". Podemos definir rln .I, "un rrúmero infinito de oraciones en ve cle una sola.
mienrbro cle una clase como "típico" si reírne todas las cua- En urr lenguaje del orclen secundario, "f (p) es verclarlera
lidades poseídas por una rlayoría cle esta clase. Decimos cle para toda p" "f (oo) es verdadeta para todarD" pueclen ser ad-
esta suerte que Pitt tuvo toda cualiclad Rr tal que el número rle mitidas como oraciones singulares. Esto es notorio y no pre-
las r para el cual "Rr (r) y -f, es inglés" es vercladera, supera cisa detenernos en srl estudio. En el lenguaje clel orden secrln-
al nítmero para c1 cual es verdaclera "no-Rr (*) y r es in- clario, las variables denotan símbolos, no lo que es simbolizado.
glés". Toclo esto está m1ly bien, pero si en vez de "cualidad" Por 1o tanto, no hay razón para adnlitir como fundamen-
hubiésemos usaclo la palabra general "propiedacl", habríamos tales otras variablcs que las cle nomlrre y de relación (en in-
encontrarlo que no podía haber ningírn inglés típico, porque tensión). Daclo el conjunto cle proposiciones que no son mo-
la mayoría cle los ingleses poseen algu,na propiecled que la ma- ni generales, podemos corlstruir
leculares es, por lo me-
yoúa de los ingleses no poseen, por ejemplo la de ser de una -tal trn lenguaje
nos, mi conclusiófl-, a base de este conjunto,

248 249
adecuado, por lo que a Ia lógica matemática se refiere, em- ser nombrado. Esto revela que es imposible hacer un recuento
pleando sólo los principios de combinación y generalización. cxtensional de las proposiciones generales salvo pata un ser
Queda pencliente la cuestión del principio de atomicidacl. clue tuviera un nombre para cada cosa, e incluso este mismo
Es esta una ctlestión relativa a las proposiciones qtle 11o son ni ser necesitaria la proposición gencral : "'I-oclas la.s cosas están
moleculares ni generales. Es Ia cuestión de si torl:ts éstas son mencionadas en la lista siguicntc; a, b, c,...", {1lle no es rlna
cle una u otra de las formas proposición puramente extcnsional.
Rr (o), Rz (o, b), Rs (a, b, c),. . .
Proposicioues tales como "yo creo que S«lcratcs era grie-
go" nó son, prirua faci,e, de ninguna cle estas forltr¿ls. Más di-
fícil es aún "yo creo que todos los homl-rres soll tuortales", en
la que la gcneralidad es aplicable írrlicameutc a 1111a proposi-
cióñ suhoidinada. Mi creencia no es equivalerrte ai "Si §
es un hombre, yo creo que fr es mortat", pttcsto que es posi-
ble que yo no haya oído hablar' nunca cle r y sicnclo así no
puedó creer que sea mortal. También suscitan clificultades las
proposicioneJ de la forma "A es parte de 8". Voy a exami-
nur ., capítulos ulteriores este principio de atomicidad.
Nos qdeda sólo una cuestión concerniente a la genetaliza-
ción : la relación de la extensión de la vaiable con nuestro co-
nocimiento. Supongamos que examinamos alguna proposi-
ci6n "f (.r) es verdadera pata toda .r", por ejemplo: "patV
todos Íos'valores posibles de r, si r es hulrano, fi es mortal".
Decimos que si "a" es un nombte , "f (r) es verdadero para
tocla r" implic a " f (a)" . Realmente no poclenros haccr la in-
ferencia u "f (o)" a menos qlte "a" sea un uonrbre en lltles-
tro vocabulario real. Pcr«-r no froyectanoos haccr esta limita-
ción. Queremos decir que toclo tiene la propiedad f , no sólo
las cosás que hemos nomltraclo. De esta suerte, hay un ele-
mento hipotético en tocla proposición general; "f (r) es ver-
dadera dé toda .r" no afirma meramente la conyunción

f(o) . f(b). /(')


en la qlte d, b, c . . . son los nombres (necesariamente fini-
tos en número) que constituyen nuestro vocabulario real. Pre-
tendemos incluir cuanto sea nombrado e incluso cttanto pueda

250 251

i
+i:.,!.ri!.-J,].+5..1a'.'*#,.slw.-'_'*-:':::*'--.:--.-..

cAPl',r'Ut,o x tV
I)i" LIii'trGuAJE Co\4t) t,)x t,tu,:stóN

El lernguaje sirve para trcs fiullirl:r<lcs: r ) ¡xrrr itttlicur hc-


chos, z) para erprcsar el cstad,r «lcl locrrtor-, y .i ) l):rr¿r oltt:-
rar el estado del oyente. lrlo sicrn¡)rc sc «l¿ul sirurrltíirrc¿urrcntc
estas tres finalidades. Si estarrrk¡ solo rrrr: llinclro crr un clcdo y
digo "i^y !", sólo se da 2). L-as or¿rciorrcs i,rpcrativas, i*te-
rrogativas y optativas implican z) y s) pero no r). Las lr1':n-
tiras implican 3 ) y, hasta cicrto pnnto r ), pero no 2). Las
aserciones exclamativap profericlas en la soledad o hacienclo
caso omiso cle los oyentes, inrplican r ) y 2) , pero no 3 ). Las
palabras aisladas pueden inrplicar las tres finalidades, por
ejemplo cuando encuentro un cadávcr en la calle y grito "¡rrt
asesinato !"
El lenguaje puede no realizar las finalidades r ) y ¡ ) ; el
cadáver puede haber tenido una muerte natural o mis oyentes
tro hacer caso de mis palabras. ¿ En qué sentido podemos
decir lo mismo del lenguaje en 1o que se rcfiere a la fina-
lidad 2) ? Las mentiras, QUe acabamos de mencionar, no
dejan incwncplida esta finalidad, puesto que no se proponen
expresar el estado del locutor. Pero las rnentiras pertenecen
al uso reflexivo del lenguaje; cuando es espontáneo el len-
guaje no puede mentir ni dejar de erp.esár el estado del

253
r*.-.:;.;;-";

Teucmos lltlc cxaurinar ahora r¡rré clase de interrnecliarios


locntor. Puede clcjar cle comunicar 10 que expresa' de debido
entre estímuios 1, paiabras rlcberr scr cxcluídos al definir el
a diferencias entre el locutor y el oyente en lllateria uso
del locutor, habla "espontánea". Tomcn-ros el c;rso rle una mentira pronta.
dei lengrraje, pñ á.sd. el punto de vista 1o

q". ¿ttE díga,


^tieneque expresar su estado' El alumno a quien cl profcsor prcgurrta coléricámente
'--Llr*o "Erponiár.á" al ienguaje cuando .ro hay- internle- "¿Quién hizo el mundo?", colttcsta, sin v;tcil:rr rur momento,
o las "Perdone, señor, yo no frri". Í,llic:un<.nl{., :utr([uc no tcolt'¡-
diario verbal .rrtt. .f estímuIo éxterno y .l' palab.ra. gicamente, esto es una mcntira. [,]lr llrl caso scrrrcjaute, cl
i;';i;" á..it con el término "espontá'go"' No es una estímulo para las palabras no cs lo quc l:rs palalrras sigrrifi-
can, ni siquiera algo que tenga rur;r rclat:i«'rrr causal íntinra
á.irlLiá" ;ilrrd" por dos ,rro,*t: primera, ser
p.or.que
verbal, aun-
el
con 1o que las palabras significarr ; cl cstínrulo cs íurica y
intermediario q". i.U.' excluirse no neceslta exclusivamente el deseo de prorlur:ir cicrto cfccto crr cl oycntr:.
que debe tener';lg;;. .oÁ.i" con lo que es verbal;
segunda:
Esto requiere un conocimiento rle lcng-uajc rnírs avanzarlo dcl
i;;q;; el estimuio no necesita ser "dxterno" cl1 un sentido
que implica su uso meramente cxclalrrativo. \/«r s¡('6 quc al
a estudiar
orclinario .rrtqri.ru. Por ser más simple' vamos clefinir el habla "espontánea", tcrrr..nros clur: atribuir urr ltrqar
primero la segunda razón'.
calor". y que 1o cligo subordinado al cleseo de afcctar ;rl oycrrle. .lirr cicrtas situa-
Suponga*"t--q* lá -Er, digo "tengo cioues se nos ocurren cicrtas pal:rllr:rs :urn(ll.rc no Ilcgrrr:rlos
porque tengo .r1,or. .Jte caso el cstímulo es tlna sensa-
ción. S.rporlg"r,ltu que yo digo "hay una flor roja".'
porque a pronunciarlas. El rlso clc las ¡xrl:rlrras cs "cspontírneo"
lhablando en-tJrmiror'corrlentes) yo vea u1,¿I flor roja' cuando Ia situación que lo causa puctlc scr <lcfiui<la sin refe-
en este caso una sensa- rencia al oyente. El habla espontáncA cs la quc emplearía-
ii estímulo inmediato es también exteriores, mos si estuviésemos solos.
ción, aunque y; .;;; que la sensación tiene causas Limitémonos de morrcnto al habla que es espontánea e
yo digo "tengo
;;i';i;É ti.* áiárái.ión que
es
yo
falsa.
espere
Cuando
que los demás lo ten- inclicativa. En relación corr c.sta habla, tenernos que examinar
calor", no es necesarlo la relación entre I ) inrlicando hechos y z) expresando el
árii tr-bién, ;;; ;j.",pio Peio tí vo l'o ten§o.por haberme claclo
una carr.r, ,i, dí; fr'lo. cuando- drgg "hay. .una flc]r estado del locutor.
colno En algunos casos la distinción entre r ) y 2) parece ser
.á;o", pienso q". i"t demás tienen que. verla tambiénque lo inexistente. Si yo exclamo "¡tengo calor !" el hecho indicado
una sorp"ü, lo cual revela
iá §i'"o ", Jti, tendré y:":lf; es un estado cle mi mismo y es exactamente el mismo estado
que yo pr.,rro*[üe ,.'át, formaba P]1te 9: ]: L::
la afirmación "veo una mancha lo que expreso. La palabra "calor" significa cierto género
á"bá. iro, consiguiente, más simple t1".: "yo de condición orgánica, y este género cle condición puede cau-
t"-lr-- a. cierta fo?ma" €s, en lógica'
veo una flor-rolá;;.---p.io "yo vco una.manchá
roja" estír sar el uso exclamativo de la palabra "calor". En tales casos,
sin etnbargo,- es Ia causa del ejemplo de la palabra es tanrbién un ejemplo
en el rnismo
"iu.t
que "yo te,go "unacalor"; o que "h^y del significado cle la palabra. Este es tanrhién el caso de
ffre11os espontáne; q;¿ "1io veo flor toja"
"yo veo una mancha roja", prescincliendo cle cicrtas salveda-
ttna flor roja".
des con respecto a las palabras "yo veo". Cuando, como en
.Deest,sue,te,envezdeclecirqqgy"estimuloeS..exter-
;Lrpá"táneame,te" diríamos que el estímttlo tales casos, no hay clistinción entre r ) y 2), no se plantea
no,,, hablanrlo el problema de verdad o falsedad, porque este problema está
es una sensación.

254 255
conectado esencialmente colt la distinción eutre r ) y z). etcétera. Carecemos de vocabulario para describir lo que
Supongamos que yo digo "Usted tiene calor" . y que yo realmente tiene lugar en nosotros cuando pensamos o desea-
creo 1o I1u* digó. Et tai caso "expreso'' y9 mi estado e mos, a no ser que recurramos al cxpediente algo rudimentario
"inclico" ét ¿. Ústed. En este caso verdad y falsedad entran de poner las palabras entre coruillas. Podría decirse que
en juego,'L,puesto que Usted puede teuer fríc, o no existir cuanclo pienso en un gato, llicnso "gato"; pcro esto tiene el
,iq.ri.rl. orr.ibn "Usted liene ialor" es "sígnificante", cioble inconveniente de ser in:r1rt'olli;uLr y l'lo forzosanlente
.r, ,r, sentido, si puede expresar un estado de nrí; en 1o que verdadero. Pensar "en" un gat«r cs cllcontrarse en un estado
acaso sea otro sentido, .r "tigrrificante" si eS verdadera o relacionado de algún modo cc¡rr l¡r lrcrccpción de un gato, y
falsa. Si estos son o no sentidot ,lif.t.ntes clc "significante", Ias relaciones posibles sorl rlunrcrosas. Lo mismo reza para
es cosa que no puede ser cleciclida hasta que hayarlos,deti- un grado más elevado de crccrrcia. Esto nos plantea una
.,veidaderoi' y "falso". l)e rnomento, rrc limitaré a la doble dificultad: Por una partc, rluc los acaecimientos que
ni<lo
printera definicióri: consicleraré prirnariamente "signif.ican' podemos describir cot rectamentc c<.rn las palabras "creer en
ie" una oración si expresa reahnente utl estado cle mi misnto, una proposición" son muy variados, 1,, por otra, que necesi-
y partiendo cle este punto intentaré llegar 1)rogresivamente tamos un nuevo vocabulario si tcncmos clue describir estos
1 tlna clefinición míts arnPlia. otro modo que por medio de referencias
acaecimientos de
¿ Qué succclc
en ntí cu¿riclo rri e stado es exPresado por las a objetos.
puirÜtot "IJstecl tiene calclr" ? E,sta cttestión tlo tieuc cotltes- ¿ Qué es lo que tiene que acaeccr cuallclo yo creo la pro-

iación definida. Yo pueclo "imaginar" til1a sensación de calor posición "Don A tiene calor" ? No tiene que acaecer forzo-
combinada con la señsación de iocarle a tjsted. Puedo estaf samente Don A: puede ser éste una persona meramente
usperando que Usted diga "tengo calor''. Pueclo ver el ros- imaginaria, a la que en sueiros vi en el infierno. No tienen
trá cle Ustecl bañado pór el sudor y hacer una inferencia' que darse forzosamente palabras. Yo he visto desprenderse
Toclo lo que cle ul1 modo def inido puede decirse, es que
_
vapor de agua que se hallaba en el punto de congelación; de
ciertos acáecimientos posibles me sorprenderíau, nrientras haber teniclo menos conocimientos, habría podido meter en
clue otros nre daría,, urio impresión de confirmación. ella mis manos creyendo que estaba caliente y recibir un
La af innacií»1 "yo creo que ljstecl tiene calor" expresa un choqtre de sorpresa al percibir que estaba fria en este
cstadr¡ diferentc ¿lt expresado por "usted tiene calor"; el
-y
caso la creencia habría podido producirse sin necesidad de
lrecho cpte indit:(I es el liecho expresado d,e cltre "IJsted tiene palabra alguna. Por otra parte, tiene que haber en mi algo
calor". Se plantca esta cttestiórr: ¿Prrede i9r strstituícla )a correspondiente a la palabra "calor" y algo que, qaizás erró-
afirmaciór, 'iYo creo que Usted tiene ealor" por otra .afir- neamente, sea considerado como un signo de la persona
nraciitn equivalcrrte qué se refiera sólo a mí sin mencional llamada "Don A". Es casi imposible hacer tales afirmacio-
a Usted? nes con la vaguedad suficiente, pero pongo en ello mi mejor
Me inclino a creer qtle semejante afirmación sería posible, voluntad.
pero resultaría excesivamente larga y. complicada. E,s co- Yo creo que en vez de una palabra "creencia" tendríamos
iriente clescribir "estados de la mente" por medio de pala- que poner varias. Primero: percepción, memoria, expecta-
bras que tengan una referencia exterior: decimos qtle pen- ción. Luego vienen las inferencias-hábitos, del género que
samos en esto o aquello, clue tenemos deseo de esto o aquello, Hume estudia en conexión con la causación, y, por último,

258 257
tilrlc de ser clescrito con la suficiente exactitud por los psicó-
I.gos y fisióIogos. suponiendo que se hava hecho esto en
toclos los referidos casos, ¿estará el psico-físico en condicio-
nes de saber, con relación a uno de cllos, clrlc cs un caso cle
creer que Usted tiene calor? Y adernírs ¿csttrrír clt condicio-
nes cle clescubrir si hay algo de comúur cntre dichos est¿clos
inclependientemente de su relación con Usted y col1 calu-
rosidad ?
Yo creo que en teoría Ia contestación a estas dos cuestiones
debería ser afirmativa. El problema es en esencia el mismo
qrle el cle descubrir que "cAlor" significa calor, problema
qrle ia rnayoria de los niños resuelven en urlos 18 meses.
Si yo rlre ellcuentro en algirn estado que puecla ser descrito
con'ro creer que lJstecl tiene calor, y Usted clice "¿cree I]sted
Qlre yo tcngo calor ?", contcstaré que sí. E,sto es una pro-
pieclacl causal experimental cle Ia creencia, tan perfectaméntc
satisfactoria como las que se rlsarl en los e*perimentos quí-
micos. I)escle lucgo, existen complicaciones
cliferencia cle lenguaje, etc.-, pero ninguna de -mendacidlcl,
ellas plantea
dificultacl alguna cle principio.
Poclemos : decir ahora: los estados cle clos persotlas que
hablan el mismo lenguaje son ejemplos de la rnisma creer-,iia
Jluy rllla oración .9 tal que al contestar ((Si"
!i"¿Cree a la pregunta
1-
llsted ,S?" cacla una de aquéllas diga Cree 7t
Ia persorla qrle dice "¡ pl." ya sea a sí misma ya a cualquier
otra persona a Ia que no pretende engañar. Dos oraciones
"lr" y "7t"' tienen Ia misma significación si quienquiera que
crea Ia una cree la. otra. Experimentalmente, en este caso,
si oímos que una persona dice "lr" y le preguntamos "¿cree
Ifsted P'?" , contestará "sin duda; es precisamente lo que he
1 No pretendo que esta sea la mejor definiciór-r de 1o que constituye
la "misma" creencia. La mejor definición sería la que tuviera en cuenta
las causas y efectos de la creencia. Pero semejante de{inición tendría
(llle ser muy esmerada y resultaría difícil, por 1o que la definición que
acabamos de dar a base de oraciones me parece suficiente para nuestra
liualidad actual.

259
bible por el psico-f isir'rkrgo sirr ncccsiclacl de emplear la
¡taTabra "o". Investig'ncnr()s cst:t t'ucstir'rrr, recordando que Io
qtte henros clicho acerc;r <lr' "o" <lt.lrt' ;r¡rlicarse igualmente a
las denrás palabras lógic:rs.
Yo sugiero que hay rrn:r rlil't.r't'rrt'i;r cnlrt' l;r ¡xrl:tlrra ('o'"
y otras tales corllo "cAlot"' () ".1¡;lto". L;rs r'lllirrr;rs ¡r:tl;rlrrurs
sot-r necesarias 1o misnr«r l)íu':l irrrlit':u'(lu('l);u';r ('xl)r'(.sÍu',
urientras que la palabra "()" s(.nt,t','sil:r t.rt'lrr:rir,:rnrcult, l):u':r
expresar. Sc necesita íuric¡uucnlr' l).u';l ('\l)r'('síu' "i,ucilucititt.
I-a vacilaciólt puccle obscrvarst' lrunlritin ('u los ;urinr;rlcs,
atlnqtle en ellos (se supon.:) n() (,rr,'u<,nlr';r t.x¡rrt.si,in vcrlr¿tl.
Con el propósito cle e-xprcsarl:r, l,s si'r'(':i lrunr;ur,,s irrvc'nla-
ron la palabra "o".
Los lógicos explican "l, o q' :r lxrst' rlcl t',rrrt't,¡rlo «lt. "\,(.r-
clad",lo clue les permite acortlrr t'l t':unin() (lu(' l):rs:r lror l;r
creencia expresada por "1, ,, ,!". Iistt' ítcol't:utrit'trlo «lt.l r.:rlllino
no sirve para nttestro propdrsitr); )/;r (lll(. ll()s()lr()s «lt'st';urlos
conocer cuálcs son los acaecinlictrlos r¡rrr' «lt'lt'r'nlin:ut l¿r rrtili-
dacl cle la palabra "o" . Iistos ac;rt'ciruit.rrl, rs n() rk'lrcn scr
buscados en los hechos (ltle c()nlprrrclran l;r vcr<la<l o falscdad
cle las creencias, pues talcs hechos careccll <le la cualiclacl
disyuntiva, sino qrle son Io que son. Los írnicos acaecimientos
que requieren la palabra "o", son subjetivos y consisten
positivamente en vacilaciones. Para pocler expresar en pala-
lrras rlna rracilación necesitamos ((o" u otra palabra equi-
valente.
La vacilación es primarianrente un conflicto entre dos im-
pulsos motores. Puecle observarse, por ejernplo, en un
pájaro qrle se aproxima con recelo a las migas del antepecho
de una ventana, o en un hombre que reflexiona si debe dar
trn salto peligroso para atravesar un barranco y salvarse así
cle la amenaza de una fiera. La forma intelectual de la vaci-
lación, expresada por una clisyunción, es r1n desarrollo de una
vacilación puramente motriz. Si existieran por separaclo, cada
uno de los clos impulsos motores sería una creencia y podría
ser expresaclo por medio cle una aserción. Mientras ambos

261
''ry

existan simultáneamente ,no hay aserción posible, salvo en ir srl alredeclor, De repente se clió cuenta de su error y acloptri
forma cle disyunción, "esto o aquello". Suportgamos, por ull aspecto cle er¡tbarazo exactamente análogo al que adop-
ejemplo, que lJsted ve un avión. En circunstattcias normales tar'ía un hombre en circunstancias similares. Su estado aní-
Usted se limitaria a notar "h^y un avión'. Pero si Usted rrrico habria poclido ser exprcs:trlo cotr estas palabras: "esa
está encargado de un cañón antiaéreo, la accitin provocacle I§O es mi rrttjer". Los itnpulsos lrtotorcs asociaclos a la
serír diferente segítn la clase de avión clc rlue se trate. Si creencia de que era su mujer, rlrrcrl:rron inhibirlos sírhita-
Usted tiene duda dirá "este avión es inglés o alemán". En- mente. La negación expresa tln cst¡t<lo artíttticct ct1 qtlc cxis-
tonces suspenderá Usted toda acción menos la de observar, ten ciertos impulsos motores pcro itrhilrirlos.
hasta que haya Usted resuelto la alternativa. La vida inte- Hablanclo en términos generalcs, cl lclrgturje tlc l¿r írtclole
lectual consiste principalmente en impulsos motores supell- (iue 1os lógicos llamarian "ascrci,'rt1", ticltc tlos fttttciottes:
didos. Veamos el caso de un muchacho qtle sc prepara par¿ inclicar ttn hecho y expresar tl11 cst:t«lo rlcl loctttrtr. Si yo
examinarse. Su actividacl está gobernada por una disyun' exclamo "¡fttego !", iuclico tttra llanr:trarl;t y ('xl)rcso rrlt estaclcr
ción : "Me preguntarán A,B, C o. . . ", 1, cl mttchacho procede cle mi aparato perceptivo. Pero, cr1 gcr'lcr:11, l:tttto cl hccho
a adquirir hábitos adecuados para cada una de estas alterna- inclicado como el estaclo expresaclo son rto-vcrb:tlcs. Las pa-
tivas, manteniéndolos en suspenso hasta que sepa cuál de labras son de dos clases: las necesarias para irrdicar hcchos
ellos tiene que ser puesto en movimiento. Por lo tanto, su y las que sólo lo son para exllrcsar cstarlos clcl loctttor. Las
situación es exactamente idéntica a la del hombre del cañón palabras lógicas son de la írltinra clasc.
antiaéreo. En ambos casos el estado anímico y corporal de La cuestión de la verdad o falsctl;trl ticne qttc vcr con lo
ia persona que duda puede ser especificado, en teoría, a base que las palabras y oraciones indican, Iro con Io (lt1c expresell.
de una descripción de los impulsos motores y su conflicto sin Esto es, por 1o menos, lo que cabría esperar. Pero ¿ c1ué
necesidad de emplear la palabra "o". Es obvio decir que el diremos c1e las mentiras ? A1 parecer, cuando una persona
conflicto deberá ser descrito en términos de psicología, no miente, la falsedad está en Ia expresión. IJna mentira sisue
de lógica. siendo una mentira aunque objetivamente resulte verdacl, con
Consideraciones similares ptteden hacerse con respecto a la la conclición de que cluien la dice crea llue es falsa. Y ¿ qué
palabra "no". Imaginemos un ratón qlle haya observaclo ocurre con los errores crasos ? Los psicoanalistas nos clicen
con frecuencia cltte otros ratottes eran atrapados en la trampa que muy a nlenuclo truestras creencias no son lo clue pel1sa-
encebada con queso. Al ver utla trampa semejante y sentir mos clue son, y no cabe clucia cle que así ocurre a \rcces. Sin
la atracción del olor del queso, la memoria del trágico des- embargo, parece haber algún senticlo er1 que existc mellos
tino de sus amigos inhibe sus impulsos motores. No es que posibilidacl cle error por 1o qrre afecta a Ia exprcsiírn que en
él emplee palabras, pero nosotros podemos usarlas para ex- materia «le inclicación.
presar su estado, siendo tales palabras: "ese queso NO clebe La solución estriha, a mi moclo rlc vcr, crr cl corrccpto cle
i.r comido". Flubo un tiempo en que me dediqué a criar habla "espontáneA" que e stttclianros a.rttcriorlrtctrte cl1 este
palomos y descubrí que eran modelos de fidelidad conyugal. capítulo. Yo juzgo quc cu¿rnclo cl halrla cs cspontírnea tiene
Pero una vez puse en el palomar una paloma nueva muy que expresar el estaclo auímico rlcl locutor. Rcctatnente inter-
parecida a otra de las ya emparejaclas, cuyo palomo, tomando pretada, esta afirmación es tatrtolrigica. Como convinimos,
érrórreamente a aquélla por su pareje., comenzí a atrullat Llna cr€encia dacla puecle ser revelatl:r por varios cstados clel

262 263
organismo, uno de los cuales es el de pronunciar espontánea-
mente ciertas palabras. Este estado, como más fácil de obser-
var que los que no implican un comportamiento franco, se
ha tomado como definición de una creencia dada, aun-
que en realidad es meramente un ensayo experimental con-
veniente. Resultado de ello ha sido una teoría indebidamente
verbal de verdad y falsedad y de las palabras lógicas en
general. Al decir "inclebidamente" lo hago desde el punto de
vista de la teoría del conocimiento; paru la lógica, son con-
venientes y están justificadas técnicamente la aceptación tra- cA P f',r'u r.0 \/ \
rlicional de "proposiciones" y la definición (por ejemplo)
de disyunciones a base de valores de verdad, excepto en QLrÉ "INLICAN" I,AS OI{ACION t,)S
relación con ciertos problemas cruciales tales como la exten-
sionalidad y la atomicidad. Por el hecho de que surjan en
conexión con las actitudes proposicionales (creer, etc.), estos
problemas sólo pueden ser abordados a base de la teoría del Cuando "verclad" y "falscclacl" se corrsirlcnur ;r¡llic:rlrlt's :r
conocimiento. oraciones,h^y, desde el punto dc vist:r rlc l:r lcorírr «lt.l «'rirrr,-
cimiento, dos clases de oraci«xrcs: r ) ar¡rrt'll:rs cllyír vr:rrlrr«l o
falsedad puecle ser inferi<la rlc rclacioncs sintácticrts c«»r «rtrrs
oraciones, 2) aquellas cuya vcr«l¿r«l () f¿rlsc«lurl cs rlcrivalrlc
cle una relación con algo qrlc pucrlc ser llanrado "hccho".
De momento poclemos considcrar q11e las oraciones molecu-
lares y generales sol-r de la clase primera; en una fase ulterior
cle nuestro estudio examinaremos si esto es propiamente
verdadero. Los problemas de que nos ocupamos en esta
obra srlrgen únicamente en relación con oraciones cle la clase
segunda, pttesto qtte, si hemos clefinido "verdad" y "false-
dad" para tales oraciones, los problemas restantes pertenecen
a la sintaxis o a la lógica, que no constituyen el objeto de
nuestro estudio.
Limitémonos, en primer lugar, a las oraciones indicativas
de forma atómica y preguntémonos si con res¡recto a tales
oraciones podemos formular una definición de las palabras
"verdadeto" y "falso".
Quedamos en el último capítulo en que una oración indi-
cativa "expresa" un estado clel locutor e "indica" un hecho

264 265
o no logra inclicarlo. El problerna dc verclad o falsedad tiene Así cuanclo digo "eso cs 1111 perro", ciertas expectaciones
qtle ver con la "indicación". Vimos que verclacl y falseclad más o menos hipotéticas forman parte del estado que expreso.
se aplican primariamente a creencias y sólo por vía cle cleri- Yo espero qr1e, si estoy atento, seguiré viendo algo por el
vación a oraciones en su calidad de "expresiórl" (lc creerrcias. estilo de la forma que ruotivri nri obscrvacirin; espero igual-
La distinción entre 1o que es expresaclo y lo rgtrc cs indi- mente que si alguien estaba a rrri larlo y nriró tarrrbién en la
caclo no existe siempre ejemplo, si yo cligo "tengo misma clirección, ffie contestc c¡rrc viti lllr 1)crro si lc pregrrnto
calor". Lo que es erpresodo -por es siemprc 1111 cstaclo presente qué vió; yo espero que si la forrlra conricnza a haccr ruirlo
del loctrtor; lo que es indicado puede ser un cst¿rclo semejante, ladrará, no qrle se ponga a halrlar alernírn. Sicrr<lo rrrr cstaclo
aunque de orclinario no 1o sea. Lo expresaclo y lo indicado presente cle nrí mismo, cada rura clc cstas cxp.cctacioncs prredc
sólo pueclen ser iclénticos cuanclo 1o indicado cs 1111 estaclo ser expresada e indicada a rlrl tiempo por rlna sola oraci«'rr-r.
presente clel locutor. En este caso si lo hal¡laclo es 'resporl- Supongamos, para precisar, que yo espero realmente, no hipo-
táueo" en el sentido definiclo en el capítulo antcrior, no se téticamente, un ladrido; me encuentro entonces en cl estaclo
plantea el problema cle falsedacl. Por consigtrientc, podemos llamaclo "escuchar", y es nluy posible que tenga una imagcn
comenzar cliciendo: UyLa oración, e .sltontá,nco, quc i,rudica, lo auditiva de un ladrido, o la palabra "ladrido", aunque no
qtte erfrese, es "aerdadera" for definición. haya ni el ladrido ni la palabra. Esto constituve el punto
Ahora bien, srlpongamos que señalando r1r1 objeto visible, de máxima proximidad entre indicación y expresión; si digo
digo "eso es un perro". Un perro no es un estado de mí "dentro cle un momento oiré un ladrido", expreso mi expec-
mismo; por consiguiente, h^y una cliferencia entre 1o que tación presente e indico mi futura sensación. En este caso,
inclico y 1o que expreso. (Lo frase "lo que indico" quecla hay una posibilidad de error: es posible que Ia futura sensa-
expuesta a objeciones, puesto que en caso de falsedad puecle ción no tenga lugar. El error conocido es siempre, a mi
sostenerse que yo no logro indicar absolutamente nada. La modo de ver, de esta índole; yo creo que el único modo de
empleo, no obstante, para evitar circunloquios.) Lo que ex- descubrir el error es la experiencia de la sorpresa debida a
preso puecle ser inferido de lo que me sorprenderia. Si Ia una expectación defrauclada.
forma que yo veo se clesvaneciera sírbitamente, sin que hubie- Sin embargo, existe aírn una dificultad. En cacla momento
ra posibilidacl de haber siclo ecliirsada por otro objeto, me tengo un gralt nírmero cle expectaciones más o nletlos laten-
clueclaría perplcjo. Si llstecl nre clijera: Toclas las puertas tes, ninguna de las cuales da lugar a sorpresa si resutta
y ventauas están ccrraclas; no hay esconclrijos er1 la habi- defraudada. Para saber qué expectación era falsa, es nece-
tación, y estoy seguro de que hace un rnomento no habia sario que puecla yo referir mi sorpresa a la expectación co-
aquí ningún perro, llegaré a la conclusión de que yo estaba rrecta. Cuanclo yo espero que el perro ladre, puede sorpren-
Ieyenclo el Fausto y que 1o que vi no era un perro, sino derme ver un elefante paseando por la calle ; esta sorpresa
Nlefistófeles. Si el objeto que estoy observando, cual ei perro r1o prrreba que yo me equivocara esperando el ladrido clel
del "Atta Trol1" de Heine, se pone a hablar de reperlte en perro. I)ecimos que estamos sorprendidos de algo, 1o cual
alemán con acento suabio, sacaré la conclusión, como hizo implica que nuestra experiencia no es una mera sorpresa,
Heine, de que es un poeta suabio encantado por una bruja sino una sorpresa referida a ufla percepción actual. Esto no
perversa. Sin duda se trata de acaecimientos insólitos, pero basta. sin embargo, para hacernos conocer que nuestra expec-
no son imposibles lógicamente. tación anterior era errónea; para ello se requiere que poda-
266 267
'i '

mos referir nuestra percepción pres€nte a nuestra percepción la realidacl en conjunto; sin cmbargo, no logran explicanlos
anterior y arlcmás clue la refiramos de ur1 nlodo negativo. cómo distinguimos (pongamos 1)or caso) entre leer poesía
L'¿ expectación nos hace decir "el perro lactrará"; la per- y sacarnos una muela.
ceJlcir'rn, "€l perro no laclra" ; y la memoria, "yo esperaba Tomemos un ejemplo. Srr¡l«rrrg;rrn()s (lltc un r11aÍ{rrífico rlo-
qtre el perro ladraria". También puede ocurrir (lue esperemos mingo me llevo a toda Irt lrrruili;r rk' r'xcrrrsi,irr rk'j:rrrrlo la
que el perro no ladre y qrle nos sorprencl:r (luc haga esto. casa vacia, y al regresar lx)r l:r rroclrt., t'nt'llt.ulro l;r c:rsÍr
Pero .vo no veo cómo pueda resolverse este c¿rso siurplicísimo destruída por el fuego. Lcls vt't'in()s n.r(. inl'r¡r'rn:ur rlc <¡rrc t:l
de error si no es a base de la combinación expuesta de per- fuego fué advertido clemasiarlo lrrrrlc l):rr:r r¡rrc l«rs lr«¡rul)(:r'os
cepción, expectaci ón y memoria, en la que tanto la expecta- pudieran sofocarlo. Sea cu:rl sca nri Iiloso[í;r, r:r't't.ró (luc
ción como la percepciiin tienen que ser negativas el fuego, conro suele octtrrir, conrcnzri sit'nrlo «lc 1lt'r¡rrt:ñ:rs
f ,a emoción opuesta a sorpresa puede ser llanrarla confir- proporciones y, por consigtrientc, (luc: cxistiri :rntr:s rkr (llrc
ntacíón; ésta se produce cuando ocrrrre lo quc había siclo pudiera ser percibi<1o por nirrgirrr scr lrurnan«r. IItrclg;:r tlccir
esperaclo. que esto es rlna inferencia, l)cro clc tal ínclolc (plc irrs¡rir:r
Podemos clecir ahora a moclo de definiciórr: ttna expecta- gran confi'¿nza. La cuestión quc nrc l)ropongo lllarrtcar cn
ción relativa a una experietrcia rlía, es uc¡,dotlera cuauclo este nromento no es "¿es iustificablc csta infercrrci¿r?", Antcs
condttce a la confirmación y f alsa cuando a la sorpresa. Las bieu "sttponiendo que esta infercncia sc¿r justificalrle ¿crirrro
palabras "concluce a" sor-r, en este caso, una abreviatura clel tengo que interpretarla ?"
proceso que acabamos de describir. Si estoy decidido a descartar cuarrtr) no sca cxllcrinrcrrtarlo,
Pero cuando yo cligo "huy un perro", flo sólo hago una existen varias cosas qrlc ptrc<lo «lccir. I'ucdo «lccir, colno
aserción relativa a mi experiencia propia, pasacla, presente o Berkeley, que Dios vió cl conricnzo rlcl inccrrclio. l)ueclo
futura; afirmo que hay una cosa más o menos permanente, decir que por clesgracia nri c¿rsa está llcna cle espectros y
que puede ser vista por otros, existe aunque no sea vista y que ellos lo vi.eron. C) tanrbii'n que hasta que tlo fué visto,
tiene una vida senciente de sí misma. ( Supongo que soy una el incendio era una hip(rtesis meramente simbólica. La pri-
persona corriente, no tln filósofo solipsista. ) La cuestión lncra cle estas sugerencias clebe ser recha zada porque este uso
"¿pot clué voy a creer toclo esto?" no carece cle interés, pero cle I)ios iría contra las reglas del juego. La segunda debe
r1o es de las que voy a exanrirlar el1 esta fase. I-o que cleseo rechazarse también porque los espectros son accidentales y
diluciclar ahora es lo siguiente: ¿qué hay en la expresión clue evidententente el incendio se habría producido exactamente
corresponcla a esta indicación cle algo exterior a mi expe- igual sin ellos. Nos queda en consecuencia la tercera suge-
riencia? o, diciéndolo en un lenguaje anticuado, ¿cómo co- rencia que tenemos que procurar hacer más precisa.
nozco cosas que no puedo experimentar ? Poclemos formular esta teoría del modo siguiente: des-
En casi todos los filósofos encuentro r1ila gran repug. arrollemos primero la física sobre la base de las hipótesis
nancia a afrontar esta cuesti(rn. Los empiristas no aclvier- realistas usuales que suponen que los fenómenos físicos no
ten que gran parte del conocimiento que ellos considerarr dependen en su'existencia de que sean observados; desarrolle-
garantizacTo, supone acaecimientos que no son experimenta- mos además la fisiología hasta el punto que nos permita
dos. Los que no son empiristas, se inclinan a sostener que decir en qué condiciones físicas son observados los fenóme-
no experimentamos acaecimientos separados, sino siempre nos físicos. Digamos: las ecuaciones de la física deben ser
268 269
consideradas couro coucernientes exclusivanrcntc a los fenó- sible que mi experiencia me proporcione jamás fundamento
menos observaclos, y los pasos intermedios col1ro de rnero alguno par? preferir Ia una a la otra. De ello se sigue que
interés tr)ata ficciones matemáticas. El proceso sugericlo es si el conocimiento debe scr clcfinido pragmáticamenie o en
análogo a un cálculo que comience y terrnine con nírmeros términos de experiencia, las dos hiptitcsis sorr in<listinguibles.
reales_, pero que en el curso del razonamiento enrplcc nírmeros Conaertando, si es posiblc lógic:uncntc «listinguir las rlos
complejos. hipótesis, debe haber algo ecluivocado cn cl cnrpirisnro. lil
Esta teoría puede ser llevada más allá: puedo excluir no punto interesante en este resultaclo es, l)ar¿r nrí, rluc sr'rlo rros
sólo los acaecimientos que nadie observa, iino tam,bién los exige que logremos distinguir las dos hipótcsis, l)cro rlo (lrlc
acaecimientos que yo no observo. Para simplificar la hipó- conozcamos cuál de las clos es verdaclcra.
tesis podríamos srlponer que fenómenos obsérvables ron jos Esto vttelve a plantearme la cuestión: ¿cónro puc<lo pcrlsíu'
que
_se
presentan en mi cerebro. Entonces, después de des- en cosas qrle t1o puedo experimentar ?
arrollar una física realista, definiríamos la regióñ de espacio- Tomemos (por ejemplo) la aserción: "El soriclo es clebiclo
tiempo ocupacla por mi cerebro y diríarnos que de toclós los a ondas de aire". ¿Qué significaclo puecle tener semejaute
acaecimientos supuestos de un modo sinrbólico en nuestra afirmación? ¿Es forzoso que esto sólo signifique: "Si yo
física sólo tendrán que considerarse "reales" aquellos cuyas supongo que el -sonido es debido a ondas de aire, estaré cn
coordenadas de espacio-tiernpo se hallen entre- las de mi condiciones de desarrollar Lll1a teoría que cnlace los sonidos
cerebro. Esto me dará una física completamente solipsística, que yo oigo con otras experiencias ?" ¿ O es susceptible cle
indistinguible simbólicamente de la fíiica realista ordinaria. significado, como parece, decir que hay acaecimientos en el
l.t9 ¿ qué puedo querer decir con la hipótesis de que cle
todos los acaecimientos clue ocurren simbólicamente en nri
aire que yo no experimento ?
Esta cuestión vuelve a porler cn juego la interpretación de
f ísica sólo sorl "reales" los de cierta subclase ? No pueclo las proposiciones existenciales. La lógica supone qrle si yo
querer decir más que llna cosa, a saber: que el relato mate- entiendo una afirrnación "p a" , puedo entender la afirmaciórr
mático de un acaecimiento físico es una áescripción, y clue "huy Ltna fi tal como "Q -r". Si se da por supuesto esto,
tales clescripciones deben ser consicleradas ,a.uas salío -en entonces, dadas clos afirmaciones inteligibles q at * a, yo
ciertos casos. La raz6u de que en tales casos no las consi. puedo entender "hny una .r tal como a r y ü r". Pero puede
clerernos vacuas debe ser que, prescindiendo de la física, yo ocurrir qe en mi experiencia 11o se hayan juntado nuncá o r
tengo motivos pata conocer los acaecimientos clescritos én y ,1, r. En tal caso, al entender "hay una $ tal como o r !
dichos casos. *.-r", yo entiendo algo que está fuera de mi erperiencia, y
Ahora bien, los írnicos acaecimientos el1 que tengo raz6n si tengo motivos para creer esto, los tengo para crcer que hay
de creer, prescindienclo de la f ísica ( tomamos "fñica" en cosas que yo no experimento. Lo primero es el caso de los
sentido amplio), son los que percibo o recuerdo. unicornios; lo írltimo, de los acaecimientos ocurriclos antes
Es evidente que dos hipótesis que tengan exactamente las de rni nacimiento o que hayan de ocurrir dcspués de mi
mismas consecrlencias por lo que respe cti a lo que yo percibo muerte.
y recuerrlo, son para mí prácticamente y empírióaménté indis- Siendo así, esta cuestión se reduce a la siguiente: si "hay
tinguibles. El curso de mi vida será e*aciamente el mismo una fi tal como Q fr" no cs una consecuencia analítica de
sea ctral sca de ellas la verdadera, y analíticamente es impo- una o nrás proposiciones qrle expresen jnicios cle percepción

270 271
tlM

¿hay alguna significación en el aserto "yo creo que hay una l',rrtonces digo cFrc hav urr colrclaLclr S entre los miembros
r tal colno § r" ? tlc l.y los rnic:nbros «lt: r:icri:r o{r-r. frurción F, tal que si
Tomernos algún ejemplo simple, tal como "mi estudio c1 mi campo visual 4' ti.nc fa ¡r..1ii,.'rlarl f y o tiene li pro-
existe cuando no hay nadie en é1". El realista ingenuo inter- picclad @,y ú es el argtrnrcrrl() l)íu';r [i r¡rrc cs corrclatado coir o,
preta esto del modo siguiente: "1o que veo cuanclo estoy en cntonces hay una r tal rrrc r/, licrrc la 1rr-opi«'<l;rrl Ii y r tiene
rni estudio, existe cuando no lo veo". Para cludir la palabra la propiedad ú. Entiéndasc ([llc cn cstc caso li y S sirn varia-
"existe",. poclemos traducir esto así: "\ny acaecimientos en bles aparentes.
mi experiencia que son simultáneos con 1o que yo veo cuando Enunciemos esta cuestión <lc urr nr«-rclo algo distinto. Defi-
estoy en mi estudio, pero no coll el hecho cle que yo vea namos un matiz de color conro totlos los lugarcs visuales
a éste". Esto implica una separación entre el hecho de ver que tengan similariclad cle color cr¡n ul1 lu¡¡ar visual daclo
y Io que yo veo; implica también la hipótcsis cle que Io que y entre sí. f)e esta suerte, un nratiz ,-le color es 1lna clase,
yo veo es independiente causalmente de nri ver. IJn cono- y los colores son clases de clases, cligamos
^. Suponemos aho-
cimiento muy elemental de la física cle la hrz y de la fisiología {? qu. hay un correlator S entre un tipo de acaecimiento
de la visión basta para descartar la seguncla de estas hipótesis, físico (ondas lumínicas de una frecuencia pertinente) y un
y resulta stunamente difícil encontrar buenas razones que color. Veo una mancha cuyo color es o, y tomo esto corno
justifiquen la primera. f)e esta suerte el realista se ve abo- evidencia de la existencia de la clase que S correlaciona con
cado a una Ding-a,n-si,ch 1 conlo causa de sus percepciones o, y gue yo llamo r(S/o". Estr¡ es: yo supongo que siempre
visuales, y a la afirmación de que esta Din,g-an-srcla puede que existe un miembro de ü, existe aproxima.dámente al pio-
4
l¡ existir en momentos en que no cause percepciones visuales. pio..tiempo un miembro cie S'o. Formaknieflte, esta .rpo-
Pero si nuestra aserción no ha de ser totalmente vactla, es sición es:
necesario clue estemos en concliciones de decir algo sobre esta t ) "Si * es Ia clase cle matices de color (siendo definido
causa. La cuestión que esto plantea, es: ¿qué es 1o mínimo cada matiz como todas las manchas que sean de este matiz),
que se requiere para salvar de vacuidad nuestra aserción ? entonces hay una relación s de uno a uno, cuyo dominio
Supongamos que clecimos: la sensación de rojo tiene una converso es Kr y que es tal que si cr es una R y a es üft? cr
clase rJe cansa y la de vercle otra. Entonces, cuando intenta- hay una fi. que es simultáneá aproximadamenté a a y es un
mos pasar cle la sensación a la física, atribuímos predicaclos miembro de la clase que S correlaciona con a".
hipotéticos a sujetos hipotéticos. Nuestra inferencia par- O, p.lg formular la misma suposición con otras palabras:
tiendo de la sensación depende de un principio de la forma z) "Ifry una relación S de uno a uno, que corielaciona
siguiente: "hay urla propiedad o tal que siempre que veo clases de acaecimientos físicos con matices de color, y que es
rojo hay algo que tiene la propiedacl o". Pero esto no es tal que si a es un matiz de cotror, siempre que existn ,oit, man-
lo suficientemente aproximado. Intentemos llegar a una ma- cha cuyo-color se? o, existe aproxirnadámente al mismo tiempo
yor precisión, procediendo al efecto del modo siguiente. un acaecimiento físico de la clase correlacionacla con cr".
Supongamos que "la propiedad o tiene la propiedad f" signi- l,a hipótesis anterior es sólo una parte de lo que tendríamos
fica "ó es un matiz de color". que sllponer si creyéranlos que los g^atos y los CIerros exis-
ten cuando no los vemos. l"anto si se c,:ee conio si no, la
1 Cosa-err-si. (N. del T.) hipótesis es por lo menos inteligible, puesto que inrplica t/rni-

272 273
"W -7U---

t.

! camente. variables y términos empíricamente conocidos, y da «lo la expresión verhal de mi r:recncia implica una aserción
una respuesta lo respuesta- a la cuestión de donde rlc existencia, por cjcrnplrt "lt:ry uua *; tal como Q .tr", ésta,
-no
arranca esta clisquisición, a saber: ¿cómo pienso en cosas que t¿rl corno se presenla, cs l;r cxlrl't'sii';tt rlt'la crcencia, pero Ia
no puedo experimentar ?" indicación, es el vcriIit';t«1,,r' tl ' i;¡ l]l'r)l)(,sit'ir',tt "'l' a" cll
Se recordará que al principio formulamos esta cuestión virtud del cual "hay rtlra -rt 1;tl ('()ttl()'l'rl:" «'s vt'rrltttcra, o,
de un modo un tanto diferente, a saber: 'n¿qué hay, del lado rnejor dicho, es 1o clue c()ttlIitoir;¡¡i;¡ "'l' (/" si :r iil'll¡ítr;ttllos
d.e la exp.resión,-QUe- co.rresponda a la indicaciór, d9 algo exte- "o d'. Pero no poclemos afit-llt;tl'l:r l)()l'(ltt(' r/ s(' lt;rll;r ftlt'l';t
rior a mi experiencia ?" Al parecer, sin embargo, hernos con- cle nuestra experiencia,,y ",r" tlo ('s tllt,, ttt'lrts tloltlllt'r'tr «lr'
testado una cuestión algo diferente de esta. Resulta ahora nuestro vocabulario. Todo esto irrrlrlii':r l;r slt¡rrrsirir'rtt rlc r¡ttt'
que si la aserción "hay un perro" es interpretada a la manera las proposiciones de la forma "lt:ry tltt:t .t.' l:rl ('()ltt() (l' .l'
del realismo ingenuo, es falsa, mientras que si se la interpreta puede ser conocida aun cnanclo ilo scír conot'itl:r rtittg'tttt:t
de un modo que la permita ser verdadera, el perro se ha proposición de la forma "§ a"., 'Dc;r «:jttnt1r1,r, "lis(' l)('t'l'o t'olrr'r
transformado en una variable aparente y ha dejado de ser la pierna de cordero cuanclo ,vo nc uiralta".
parte de lo que es expresado por medio de 1o que digo. Resumiendo: una oración en inCicatirro "t)x¡)r{'sít" llll:I
Volvamos al apartado r ) de la página anterior. Podemos creencia; es simplemente uno de una multitud intlt:firrirl:t tlt'
decir que fi es "indicada" por a; o. es una mancha de color actos que pueden expresar una creencia dada. Si la or:tci,itr
que vemos cuando "vemos un perro", mientras que fi puede no contiene ninguna variable aparente, tiene qtle ntcnciolt;tr
pertenecer al perro mismo. De esta suerte, enunciándolo de sólo cosas actualmente preseutes a la persona que cree; en tal
l
,
un modo esquemático, diríamos que cuando digo "veo un pe- caso, es capaz de tener una relación causal peculiar con estas
rro", erpreso a e indico r. Pero en lo que yo creo, correc- cosas, la cual hace 1o que en un capitulo anterior denominá-
tamente enunciado, .r es una mera variable y no es expresada bamos "oración que describe una experiencia". Si tiene esta
en modo alguno. El caso es análogo a aquel en que deseamos relación peculiar, se llama "verdadera" la oración (y l, creen-
us.ar.nombres propios y nos vemos compelidos a usar des- cia por ella expresada) ; si no, "falsa". En este caso, lo que
crlpclones. la oración "expresa" y 1o que "inclica" son cosas idénticas, a
Podemos decir, en términos generales: cuando yo me no ser que, siendo falsa, no "indique" nada.
hallo en un estado de creencia, el aspecto de la creencia que Pero cuando una oración va más allá c1e la experiencia pre-
parece referirse a algo rnás, no lo hace realmente así, sino sente, tiene que implicar por 1o menos una variable aparente.
que opera por medio de variables aparentes. Para tomar Si, de momento, nos atenemos a la metafísica del sentido
el caso más simple: si espero una explosión, Ia expresión ver- cornítn hasta. lo máximo que la lógica permite, diremos que
bal de rni creencia es "habrá ur, ruido". En esie caso "un cuando yo experimento una percepción a, hay una relación
ruido" es una variable aparente. De un modo análogo, si re- S de uno a uno entre alguna "cosa" y a, siendo la "cosa"
ctrerdo un acaecimiento a base de una imagen-recuerdo, la lo que se me diría que percibo. Por ejemplo: sea o una man-
expresión verbal de mi creencia-recuerdo es "había algo como cha canoide de color; entouces S o es el perro que yo digo
esto", en clonde "esto" es la imagen-recuerdo y ttalgo" una que veo cuanclo experimento a. Cuando digo "este perro tie-
variable aparente. ne ro años", hago urra afirmación de S'o, que implica varia-
De esta suerte llegamos a los siguientes resultados: cuan- bles aparentes. Si mi afirmación es verdadera, hay una c tal

274 275
lf ,s

que c-S'a; en est.e caso, 1o que yo indico es "c tiene ro años", gamos que yo represento por a mi percepción de mi cuerpo,
o, mcjor clicho, es 1o que irace esto verdadero. por b mi percepción r{el cuerpo cle Usted, por h mi calurosidad,
Pero, por ahora, esto es muy poco satisfactorio. En pri- por H la relación que percibo entre a y h; entonces, "LIsted tie-
mer lugar, la oración "c tiene ro años" jamás puede ser ne caior" es "hay una trt' tal rluc b l[ h,' ".
pronunciada porque el nombre propio c no existe en mi voca-
bulario. En segundo lugar, por la misma razón, yo no puedo
.Il^y una oración hipotétic¿r " b I [ /r.' ", {¡rrc'yo no lruedo enun-
ciar, porclue no tengo ningíur nonrlrrc " lt' " cu nri lcrrgtrajtr.
tener nunca una creencia expresable en esta oración. En ter- Pero si Usted tiene calor hay también urr trc;rccirnicntc¡ real
cer lugar, dejamos sentado que las oraciones no son otra cosa que es nombrado hipotéticamentc por el rrr¡rnbre hipotótico
que expresiones de creencias. En cuarto lugar, acabo de h', y este acaecimiento es realmeute rcferido de tal nrodo a
formular la hipótesis de que la oración "este perro tiene ro b que su relaci{rn con b sería rrrr vt'r'iIir:¿r«1or' <k: la oraci,',ir
años" es "verdadera" y hasta ahora no hemos definiclo ta "b H lo"' si yo pudiera pronunciar csta oración. -l'orlo este
"verdad" de las oraciones que, como ésta, contienen varia- estado cle cosas coltostitt-tyc el ',¡tr"iIir:;rrlol' tlc I:r «rr:rci,irr "lilry
bles aparentes. ttna h' tal que b H h' ". C6mo vengamos cll conoccr toclo esto,
No hay modo de salir cle este atolladero si no es exami- si es que lo conocemos, es una cucstión clc rluc ahora no tra-
nando 1o que debe entenderse por "\,er,i ficador" de una tarnos; estoy swponiendo que yo ¡ruc<lo col.roccr «lrrc lJstetl
creencia. IJna creencia, cuando es lo suficientemente sim- tiene calor y preguntando cuál es cl rcl:tto mírs sinlple posi-
ple, tiene una u otra de varias relaciones causales posibles ble de tal conocimiento, suponienclo quc exista.
con respecto a otro acaecimiento determinado; este acaeci- Decimos , ahora, que en la clase clc casos rnás simple, 1o que
I
l, miento se llama el "verificador" cle Ia creencia o de cu¿rl- es i,ndicado pcr Ltna. oracirf;rr cs srÍ r,i'ri[ir:t<lr',r cuanclo ir
quier oración que exprese esta creencia. Por definición, cier- oración es verdadera, y no es nacla cuando lo oración es falsa.
tas relaciones causales hacen "verdadeta" la creencia; ciertas En el caso de "IJsted tiene calor" si mi vocabulario fuese
otras, "falsa". Pero cuanclo a base de variables aparentes suficiente podría yo formular una oración que no contuviera
una creencia versa sobre cuestiones exteriores a mi experien- variable aiguna, y que sería verificada por el mismo acae-
cia, hay ciertas complicaciones. Volvamos al ejemplo "IJs- cimiento que verifica mi oración real; es un hecho rnera-
ted tiene calor", que nos exime de dificultades innecesarias. mente empírico que yo no tenga nombres propios suficientes
Esto puede ser tomado en el sentido de "hay una calurosidad a este objeto. En el caso de "todos los hombres son morta-
referida a rni percepción del cuerpo de Usted igual que cuando les" la cuestión es diferente; no hay vocabulario imaginable
yo tengo calor la calurosidad de mí es referi da a mi percep- capaz de expresar esto sin variables. La diferencia estriba
ción de mi cuerpo"'. Cuanclo vo tengo calor, puedo dar un en que un acaecimiento es un verificador completo de "LIs-
nombre propio a mi calurosidad; cuando Usted tiene calor, ted tiene calor", mientras qrle para verificar una afirmaciórr
la calurosidad de llsted es, para mí, un valor hipotético de general se necesitan varios acaecimientos. Desde cualquier
una variable aparente. Hry en este caso dos aspectos. Supon- punto de vista que no sea el de la teoría del conocimiento,
"Usted tiene calor" puede ser interpretado como "b H H ";
r Esto es una simplificación que no afecta para nada a1 problema que es sólo en teoría del conocimiento que se requiere la interpre-
estamos estudiando. En el próximo capítulo ensayaré una teoría más tación "huy una h' tal que b H lo' ".
exacta. Se verá que a rnenudo es algo remoto y causal la relación

276 :¡
'1'l
E
¡
?T
[]
".,ü

de una creencia. u oración con 1o que indica, es decir, con su


verificark¡r (.i Io tiene). Y también gue, au1-rqr1e "cono-
cer" un verificador signifiqi-re percibirlo, a no ser que
nuestro conocimiento deba resultar vacuo hasta 1o increíble
tenemos que conocer la verdad de muchas oraciones cuvos
verificar,lores no pueclen ser percibiclos. Sin enrJrargo, tales
oraciones contienen siempre una variable en la que el nombre
del verificador puecle presentarse si nuestras facultades per-
ceptivas son suficientemente extensas.
CAPf f'Ul.,l XVI
VERDAD Y F'ALSI.)I)AI)
ESTUDIO PITEI-I M INIAIi

De cuanto llevamos dicho hasta ahora l)arccc cleslirr:ncler-


se que si nuestro conocimiento debc considcrarse aproxilrrada-
I
t,
tnente coextensivo con Io clue toclos pensatllos quc cotlocemos,
tiene que derivarse de tres fuentes :
t) Creencias (u oraciones) clue tengan cierto tipo de re-
lación con algún acaecimiento, que en general es no-lin-
güístico.
z) Principios de inferencia lógica.
3) Principios de inferencia extra-lógica.
Hasta ahora sólo nos hemos ocupado de la primera de estas
tres fuentes. La segunda puede ser omitida de nuestro estu-
dio puesto que no suscita los problemas relativos al conoci-
miento empírico que tratamos de resolver. La tercera plantea
problemas de extraordinaria clificultad, pero no puede hacer-
se de ella un estudio provechoso hasta que hayarnos dilrrcida-
clo la primera.
Podemos plantear la cuestión del modo siguiente: dada
cualquier oráción empírica que creamos, nuestra raz6n de
creerla puede ser una o más oraciones que ya creamos o me-
ramente algirn acaecimiento rro-lirrgiiístico que tenga cierta

278 219

.1
:w

relación con Ia oración creída. En el ílltimo caso, la oración mi calurosiclad es refericla a mi percepción de mi cuerpo".
es una "oracirin fáctica básica".En el pritrer caso, en que la Esta interpretación, sin ,-:nibargo, ignora la teoría desarroliada
oración es inferica, entre las premisas de la inferencia debe en el capítulo relativo :r los nornbres propios, según la cual
haber por 1o menos una oración fáctica básica; las otras "calttrosictrad" (o en toclo cas() r1n ¡lrarlo cspecífico de caluro-
premisas pertenecerán a las clases z) y 3) que acabamos de sided) es un nor¡bre propio, no rln urrivr:rsal tl«..I cual haya
menclonar. u.n ejemplo en A y otro cn Il. Si ;rccptrul()s «:sta teoría, cli-
En etr presente capítrrlo me .propongo examinar, no el cono- remos que "A tiene calor" (prorrurrci:rd;r '¡ror A ) afirura una
cimiento, sino la verctrad. Lo crue yo conozca tiene que ser relación entre o (que es la pcrt:elrcirin (lu(: A ticnt: «lc srr pro-
verdaclero, pero la rrerrtrarf es más amplia que el conocimiento pio cuerpo) y h,, que es la cahrrosirl;rrl. [.a rclaci,'rrr inlr]it:ada
en dos aspectos. En prinrer lugar, hay oraciones vercladeras puecle ser calificada de "coprcsorcia". Sicnrlo así, "A tiene
(si aceptan'ros Ia ley clel tercero excluído) de las cuales no calotr" (pronunciada por A) signific:r "r¡ y /r. sr)n ('ol)r('sent(:s".
tenemos opinión alguna; en segundo lugar, h^y oraciones Ahora bien, si b es Ia percepciirrr rlrrc A ticrrt. «lcl crrr.r-po dc
verdaderas que creemos aunque todavía rro la.s conozcamos B, b y lc son cooresentes si A ticne calrir, pero rro si I-f tiene
porqrle hernos llegaclo a ellas partiendo de un razonamiento caloryAtienefrío.
falso. IJna vez encontré a un cristadelfiano que funclánclose Por consiguiente, para interprctar "T', ticnc ca.lor" (prn-
en datos tomados del Libro de Ia Revelación, sostenía que nunciada por A), A tiene que clcscriliir rlt'rlr¡rin 111r,¡lo cl cucr-
dentro cle pcco ihan a haber clisturbios en Egipto. Y así fué. po <le B, o la percepción que R tienc rk:l crr<'r'1-rr-r rlc I1, como
Su creencia era verclaclera, pero no su conociáiento. opuesta a la percepción qrre A tiole clel cuerpo rlc B. ¿'Cónro
t,
;,
Convinirnos en que "vercladero" y "falso" son, primaria- logra A clescribir Ia percepción que B tiene rlel cuerpo dc
mente, predicados de creencias y, por derivación, de oraciones. B ? Suponiendo que ésta cs sinrilar a su propia percepción
Yo preie,clo que "verclaclero" ós un concepto más amplio que del crrerpo de B, aunqr.le con diferencias rle perspectiva. Los
"verifieable" y de hecho no puede ser definido en térmirios Iugares del esltacio visual, segírn nuestra teoría, son cuali-
de verificabilidad. claCes, exactamente como tro son los colores; por consiguiente,
cuan<lo una creencia empírica es verdadera, Io es en vir- el total de lugares de1 espacio visual de A (apa.rte de las dife-
trrcl cle cierto acaecimiento que yo llamo su "verificador". rencias eventuales en cuanto a la perfección cle la visión) es
Yo creo qrre Cósar fné asesinado; el verificador de esta creen- icléntico, no merarnente similar, al total de lugares del espacio
cia es el acaecimi,.'nto real que tuvo lu.gar hace mucho tiempo visual de B. Pero, a base de la perspectiva, sabemos empí-
en el Senaclo. En este capítulo me propongo examinar Ia ricamente que la dirección en que A ve el cuerpo de B, es
relación de las creencias co11 srls verificadores en varios ti- rliferente «le aquella en que lo ve B. De ahi que los clos
pos de casos. complejos consistentes en las percepciones que A y B tienen
Para comenzar, volvanrcs a estudiar el caso en que A dice del cuerpo de B, sean diferentes, porque obedecen a diferen-
que B tiene calor. Si esto es rrerclaclero, hay un acáecimien-to cias de dirección y a las cliferencias de forma rleterminadas por
experimentaclo por B pero no por A, en virtucl del cual Io la perspecti''",a. Así, cuanclo A dice "B tiene calor", tendrá que
que A dice, es verdaclero. rnterpretanlos Ia aserción formulada ,lascribi,r la perccpción que B tiene del cuerpo de B (a base
por A en este sentiCo: "hay una calurosidad referida a mi cle las lclres rie la ners¡rectiya) Y clecir clue éste es copresente
percepción cle'! ci-lelipo rle B, ig;r,ral qrle crlanclo yo ten¡,;o calor r:on Ia calurosiCacl.

280 281
w

Examinemos los siguientes aspectos partiendo de la expe- l;r clase-cero. En general, si R es una relación cualquiera, su-
riencia presente: pongamos que "S" sea "R o su conr¡ersa". Si r no tiene la
r) Yo tengo calor. relación S con nada, la famiiia-R de r serí cero; pero si r
z) Yo tenía calor. tiene la relación S con algo, por ejemplo y, llamernos un
3) IJsted tiene calor. "paso-S" al tránsito de fi a y. Entonces, la farnilia-Il de r
4) trl sol tiene calor 1. consta de r junto con todos los términos que pllc(lcrn scr al-
canzados desde fi pot un número finito de pasos-S. Así, si
Cuanclo yo juzgo r), rne "drry cuenta" de una circunstan- "P" es pariente, la familia-P de una persona $ es toclo cttal-rto
cia qne es el "verificaclor" de mi juicio. Cuanclo ),o jLlzgo 2) sea pariente o hijo de un pariente o hijo de. . . r.
quizás me dé cuenta también del verificador, aunque en otro Aplicando a "darse cuenta" representado por nreclio cle
sentido. Cuanclo juzgo 3), no me "doy crlerrta" del verifica- "A"r lo que acabamos cle decir, oodemos consirlcrÍr.r (1llc darse
dor, y melros aún cuando juzgo +).En S) "calor" significa cuenta consiste en a<hrertir o recordar. Así, si .r cs lln acae-
siempre Ia cualidad que conozco a base de nri propia expe- cimiento cle la biografía de alguna persona, las relaciones más
riencia; en 4 ) significa una causa desconocida de esta cuáli- próximas de r con respecto a A serán acaecin-rietltos aclverti-
dad, o, alternativamente, la coexistencia habitual de esta cua- dos o recorclados por fi y acaecimientos rltte arlvicrtatr o re-
lidacl con ciertas cualidades visuales. cuerden r. Si y es uno d.e éstos, los acaecirnientos aclvertidos
De momento tomemos "darse cuenta" corrro un término o recordaclos por y y los acaecimientos que aclvicrtan o re-
indefinido. El concepto implicado es el mismo que cuando yo cuerden 3/, serán relaciones cle r se,qunclo gratlo, y así suce-
digo que mi calurosidad es parte cle mi experiencia, pero no sivamente a través cle cualquier nítmero rle gerreraciones fini'
la calurosidacl de Usted. El darse cuenta, que expondremos to. Llarnaré "personal" a un acaecimiento si se da cuenta de
pcrr medio del signo " A" , es una relación que puede existir algo o algo se da cuenta de é1, es clecir, si pertenece al carnpo
entre dos acaecimientos de la experiencia de una persona; de A. Así, si un acaecinriento es personal su farnilia-A con-
debe entenderse qrle inciuye la memoria. En términós de A, tiene el propio acaecimiento y otros térrninos, pero si un acae-
b podemos clefinir la persona (si la hay) a cuya biografía per- cimiento no es personal su familia-A es la clase-cero.
tenezca un acaecimiento dado. Lo hacemos a base de "la fa- Ahora podemos definir "la persona de .ff" a "la persona a
milia-R de .r", definicla en Priy¡,cí.fia Il,Iathentotica * ql-,'. Esto quien pertenece el acaecimiento r" dicienclo que es "1a" familia-
puede ser explicado en lcnguaje popular, para que resulte inte-
ligible para los filósofos, del modo siguiánte:
A de r".
Podemos definir "las personas" diciendo qtle son
"todas las familias-A excepto la clase-cero". (LTn idealista no
Si "P" significa "parentela", la familia-P de r consta de
los ascendientes y descendientes de r, y de sus hermanos y tendría que hacer esta excepción, pttesto que sostendría que
hermanas, de sus primos en cualquier grado, de los primoi todo acaecimiento es el objeto o sujeto cle un clarsc cuerrta. )
de los primos, y de é1 mismo Poclemos clefinir "yo" diciendo que es "la familia-darse-cuenta
con Ia condición de que- tenga
- que no tenga paclrei o hijo1,
padres o hi3'os. Pero si r es algo de esto". A l¡ase cle fundamentos que sc)l"r empíricos, y que se
entonces Ia familia-P cle r no clebe incluir r, sino que será expusieron en el curso de nuestro estuclio, hav nlotivo para
creer que no hay nunca dos familias qttc tengan ul1 miernbro
1 En reaiidad, "el sol es caliente". (N. dt:t 7'.) común, es decir, que dos personas no puecten clarse c-ureuta
282
Desde luego, csta definición tenclría que ser modificada si
Ilsted fuese ciego, se encontrara a oscrlr¿is o estuviese con
los ojos cerrados. Pcro la morlifit:;rc:i,irr que se necesitaría,
no ofrece dificultacles dc lrrincilrio, v, por Io tanto, carece
de interés.
Me he basado en la teoría <lr: las r:u¡rli«l;r<lcs c)il)llcstas cn cl
estuctrio de los nombres prolrios llrr':rrlo :r c:rlro cn cl c:rpítrrlo
VI, segirn la cual no hay "ejcnrlrlor;" «[t'«:rrlrrr,rsi«larl (o crr toclo
caso cle ttn grado de calurosir.la<l «!;rrl,r'), sino conrplcjos cle los
cuales la calurosidaC es un elenrcn{o. lil csp:rcio-ticrn¡ro clepen-
de, segirn esta opinión, de cuali,:l;r«lt)s (lr1o s()n cnll)íricamente
únicas, tales como las que se usarl l)íu';r. rl<'firrir- la latitr.rd y la
longitud, y el complejo "la calurosirl:t<l colrrcscntc con tal-y-tal
ctralidad o colección de cualidarlcs" sc lx)uc en yez de "la
calurosiclad en tal-y-tal lugar". tlna vcz rl;ul;rs las rlefiniciones,
esto implica una diferencia muy 1rt:r1ur:ñ:r.
Llegarnos, ahora, a t'el sol cs r.::llicrrlc"'. l,lslo prrctlc scr intcr-
pretado de dos moclos distintos. Pucqle significar solamente
"ver-el-sol es cle ordinario coprcserrtc cou scntir calor" ; esto
es una generalización basada en la cxpcricrrcia. O puecle sig-
nificar también, como en la física: "I.as experiencias de
cierto tipo, llamadas sensaciones, tienen causas que no están
en quien las experimenta; las experiencias de calurosidad tie-
nen causas todas las cu¿rles poseen de común cierto carácter
llamado calor; la cadena causal que arranca desde las expe-
rierrcias llamadas aer-el-sol viene a dar en cierta región,
y en esta región hay calor". Lo que nos interesa no es elegir
entre estas clos interpretaciones, sino sólo examinarlas ambas.
Por Io que respecta a los complejos que, en mi opinión, se
ponerl en lugar de "instancias" de calurosidad, empiearía yo
la relación de "copresencia". E,sta relación existe entre dos
cosas cualesquiera que yo experimente simultáneamente, por
ejemplo: el sonido de un piano y Ia vista rlel pianista. Pero
supongo que existe también entre dos acaecimientos físicos
cualesquiera que coinciclan en espacio-tiempo. liormo ahora
un grupo de acaecimientos toclos ellos copresentes entre sí y

285
Fi

n() l,rlr»:; t',¡rlt'scrrlcs col1 una cosa cualquiera de fuera del


:inrlx); r,:; l,r (luc yo llamo un "lugar" (o quizás un "punto")
. {luando esyo d-igo "tengo calor", me doy cuenta del verifica-
rk'l r':;¡r:rt'io-ticmpo. Acepto las reglas corrientes relativas a los
do_r,
.que mi calurosidad. cuando yt digo ,,lJsted tiene
calor" o "el sol es calientc:", no me doy óuentá'aet verificaclor.
Irr,r,;:Lrt's, l)cro sólo a modo de generalizaciones empiricas por En el caso de "tengo caror", hay u, tipo simple ¿. .o-
cjernl>lo: ningún lugar está antes de sí misrno, ni a-la iz- rrespondencia entre la afirmación y el veriticacloi. En
este
rluierda de sí mismo. etc. Entonces, un "ejemplo" de calu- caso, tra teoría de corresponcle,cia cie Ia verclacl vale .simpilii-
rosidad es un lugar cualquiera del cual la calurosidad sea un ter. Este caso abarca todas ras premisas fá,ctícas del cono-
miembro. cimiento empíric.o, no las prlmisas usádas en el inferii,
Partiendo de "esto" podemos definir "yo", "aqLli" , t'aho- -per9
por ejemplo, la inducción.
rz/', etc., como hicimos en el capítulo de las particutrares ego- En todas las demás aserciones cmpíricas, tales como ,,rrs-
céntricas. ted tiene calor", es más compleja la'correspondenci, d.
Volvamos ahora a la cuestión de los "verificadores". Si de_pende la verdad. La aserció,i cs rlc l¿r fárr¡a ,,hny
;;
una ,y
yo digo "tengo calor", el verificador es un acaecimiento del tal
.que-a -r",-y el "hecho" es el qrlc, r)ara una a coníeniente,
cual me doy cuenta, a saber calurosidad-aquí-ahora. Pero si sería afirmado por "Q ¡¡". Pero i.,,-, 1r,,,1,:nr«ls haccr rlna aser_
yo digo "IJsted tiene calor", el verificador es calurosidad-ah,í- ción "o o" porque no nos damos cuerrta de o,.
ahora, de Io cual yo no me doy cuenta. Este verificador no Hay una gran cantidad de nretafísica en la creencia de
puede ser parte alguna de mis motivos de creer que IJsted tiene que- podemos hacer aserciones talcs o()l-no ,,LJsLccl tiene
ca-
calor; estos motivos tienen que derivarse de mis experiencias
lo.",.que vayan más allá de nuestra experiencia. yo no log;;
y prejuicios. Mi,s motivos tienen que derivarse, positivamen- imaginar modo alguno de descubrir si Ia metafísica ., .,r-..-
te, de rní. tión es verdadera o- falsa, aunque creo que vale Ia p.", a.
Cuando digo "el sol es caliente", en el sentido en que lo enunciar las suposiciones que implica.
hacen los físicos, voy más allá de la experiencia, puesto que Hemos hablado de las Juposiciones considerándolas ,,cau-
"caliente" significa en este caso, no "calurosidad", que yo háya sales". pero sin. investigar qué entendemos por esta palabra,
experimentado, sino "causa de la calurosidad", que yo no he l?
:u?1, a mi
juicio, es iuscéptibre cle unn. importa,te diversi-
experimentado. El verificador de "el sol es caliente" no sólo _

dad de sentidos. Examinemós vario, .nuor. ^


es desconocido, cual el de "Ifsted tiene ealor", sino ini- Primero: A y B se han encontrado frecuentemente jrrr-
maginable. I\{is motivos de creer "el sol es caliente" (inter- tos.en Ia experiencia;_ por consiguiente, cuando veo A .rp.-
pretacla como en la física) se hallan, de esta suerte, aun más ro P.. Esto plantea_ el problema-de la lnducción, pero
alejaclos del verificador. problema que actualmente estamos estucliando, qr. es "J.r el de
El "verificador" se clefine cliciendo que es aquel acaeci- trascender de mi experiencia.
mientr: en virtud clel cual mi aserción es verdadera (o falsa). Examinemos qué es ro que me hace pensar que
Formalmente, siempre que una aserción va más allá de mi --segundo:
[Jsted tiene.exoeriencias que ]¡o no tengo. La árgu*.r",tr_
experiencia, la situación es la siguiente: la inferencia me con- cron es evrdentemente análoga, pero es difícil formularla
duce a "aqui hay una r tal Que o l', y esto, si es verdad, con precisión.
lo es en virtud de un acaecimiento que sería enunciado por .supongamos, poa cjernpro, que usted dice
"yo tengo calor" y yo infiero que Listea tierré calor. cuando
"(b a,". Pero no conozco ningún acaecimiento semejante. yo tengo calor, digo "yo tengo calor" y oigo ciertos sonidos

286 287
(hechos t)or mí nrismci). Sonidos semejantes oigo cu¿rndu El sentido colríin inexperto supone que el talonario .se
n() halrlt> yo ni tengo calor yo. Ile ello infiero que estos encucntra allí siernpre, exactatnettte como cuando lo vemos.
soniclos tienen una causa o antecedeirte similar a la que tie- El talonario que pueda existir sin ser visto, tiene que ser,
nen cuando los emito yo. si existe, el tipo de cosa que los físicos dicen que es, comple-
La argumentación es, forrnalmente, la siguiente: En una tamente distinto de 1o que nosotros vemos. Lo que nosotros
copiosa clase de casos, yo conozco qLle acaecimientos del tipo conocemos más o menos es que si observamos ciertas condi-
B van precedidos por acaecimientos del tipo A; en otra ciones veremos el talonario. Nosotros creemos que las cau-
copiosa clase de casos, yo no conozco si esto es así o no. Su- sas de esta experiencia sólo en parte se hallan en nosotros
pongo que es así, a falta de prueba en contrario. Esto sigue mismos; las causas externas a nosotros son lo que nos coll-
siendo inducción, pero difiere del tipo anterior por el hecho cluce a creer en el talonario. Esto rcrluiere la creencia en utr
de que puede no haber prueba alguna en favor o en contra, tipo de causa que completa y esencialmente trasciende de la
si no es Ia prueba indirecta de que, aceptándolo como hipó- cxperiencia. ¿Cuál es el argumento en favor de las causas de
tesis científica, flo conduce a ninguna consecuencia clesfa- este tipo ?
. vorable. I-a creencia a base de la cual podemos llegar más natu-
Ei que acabamos de exponer es el argumento en favor de ralmente a este punto, es, a mi juicio, la creencia de que en
la existencia de otras "mentes". Nos queda por exarninar eI Ia sensacién somos pasivos. Ilablando cn senticlo lato, ex-
argumento en favor del mundo físico. perimentamos vistas y sonidos de un moclo involuntario.
La forma más simple clei argumento en favor del rnundo Ahora bien, el concepto de "causa" reacios que sea-
fisico, es el argumento de que las "cosas" existen cuando no mos a admitir este hecho-. se -por
deriva dcl «le "votruntad".
las vemos mejor dicho, para eludir Berkeley, cuando Como nosotros no queremos lo que vemos y oímos, te-
-o,Supongamos, por ejemplo, aque yo guardo
que
nadie las ve. rni nemos la impresión de que lo qtle vemos y oímos tiene que
talonario de cheques en una gaveta, de suerte que no impre- ser externo a nosotros. Este es un argumento que para ser
siona los sentidos de nadie más que cuando la gaveta está refutado no necesita más que ser expuesto. ¿Hay algún at-
abierta. ¿ For qué creo yo que está alli cuando la gaveta está gumento mejor en favor del mundo físico?
cerrada e incluso cuando nadie ve Ia gaveta ? El único que queda, que yo sepa, es que la hipótesis del
Algunos filósofos argüirían que cuando yo digo "el talo- mundo físico simplifica la afirmación de las leyes causales
nario está en la gaveta", sólo quiero decir "si alguien abre sólo de las que no pueden ser comprobadas, sino tam-
la gaveta lo verá" donde "abrir la gaveta" tiene que ser -no
bién de las que pueden serlo. Desde luego no puede haber
interpretado en etr sentido de experiencia, no corno algo hecho a.rgumento alguno contra el mundo físico, puesto que la ex-
para una gaveta permanente. Esta opinión, acertada o erró- periencia será la qisma tanto si éste existe como si no existe.
Írea, es de las que sólo se le ocurren a un filósofo y no Ce las De ahi que esta hipótesis esté justificada como medio tle
que me interesa estudiar. Lo que yo cleseo estucliar es la opi- trabajo, pero sin que pueda aspirarse a más en nombre de la
nión de que algo puede llamarse el talonario- se da simplicidad.
cuanclo nadie 1o ve.-que
No pretendo averiguar si esta opinión es Esto pone remate al estudio de la relación entre una creen-
verdadera, sino qué género de inferencia se implica en srlpo- cia singular y el hecho en virtud del cual ésta es verdadera
ner que Io es. (o falsa). Se verá que a menudo este hecho se halla total-
288 289
CAPfTUI,O XVII
V]IRDAD Y]iXP]IITIENCIA

Yoy a examinar en este capítulo la rclación entre verdad


y experiencia, o, 1o que viene a ser 1o mismo, entre verdad
y conocimiento. La cuestión más importante en este aspecto
es si "verdad" es un concepto mírs amplio que "conocimien-
to" y si una proposición uo susceptible en teoría de ser pro-
bacla o refutada, o hecha probable o improbable, a base de
nuestra experiencia, es, a pesar de todo, verdadera o falsa.
Pero antes de entrar de lleno a discutir esta cuestión, necesi-
tamos estucliar buen nítmero de preliminares.
"Verdad", corlo convinimos, es una propiedad, primaria-
mente, de las creencias, y, por derivación, de las oraciones.
Algunas creencias pueden ser "expresadas" por oraciones
que no contengan variables ejempio: "tengo calor".
Las creencias que trascienden-por
de la experiencia de quien las
cree ejemplo: "I-fsted tiene s¿ls¡"-, implican siem-
-por en su expresión. Pero algunas creencias cuya
pre variables
expresión implica variables, no trascienden de la experiencia,
y entre éstas las hay que son básicas. Esto resulta más pa-
tente en el caso del recuerdo ejemplo: "ese libro está
-porEsto puecle ser sustituido,
en algún lugar de rni estantería".
después de una búrsqueda, por "aquel lil¡ro está aquí", pero

29t
ry

ello resultaria imposible en un caso tal como "IJsted tiene l,;isicas? Al parecer, deberíamos decir que son "experimenta-
calor". Si yo creo "algo tiene la propiedad f" pero no conoz- ,l;rs". Por ejemplo, cuando alguien llama a la puerta y Usted
co nirrguna proposición "a tíene la propiedad f", supongo na- ,lit'c "¿quién hay?" Usted conoce "h^y alguien" y Usted
turalmente que, dada alguna experiencia que no he tenido yo, ,lcsr':r conocer una proposición de la forma "hay ol'.
habria una proposición del último tipo descriptiva de elta Supongamos que afirmemos "huy una .r tal que Í5"
experiencia. En este caso parece haber una suposición incons- ('uíllrdo, para todos los nombres que conocemos, "fo" es
ciente de que Ia experiencia es puramente contemplada, de lrrlsa. En este caso es imposible obtener una afirmaciín li,n-
suerte que un acaecimiento que yo no haya experimentado, 1¡iiística sin una variable. No podemos decir: "tiay un
no habría sufrido alteración si 1o hubiese experimentado. rrombre 'a' tal que 'fal es verdadera" , porque esto es una me-
La cuestión de la verdad que trasciende dé la experiencia, r:L sustitución del nombre como variable y tiene menos pro-
puede ser planteada del modo siguiente: Supongamos quc l,:rbilidades de ser verdadero que la afirmación original. Si
zt, .az. . . on son toclos los nomb,res de mi vocabulario, y qlle \() creo, por ejemplo, que en el mundo físico huy acaeci-
yo he dado nombre a todo cuanto podía dárselo. Suponga- rnientos que nadie percibe, tales hechos tendrán que ser inno-
mos que fa', fa,z,. . . /on, seafl falsas. rrrinados; por consiguiente, la traducción que sustituya un
¿ Es posible que, a pesar de todo, "haya una fr para la
,rombre hipotético, será falsa, incluso si la creencia original
cual fr" sea verdadera? ¿O, alternativamente, puede-inferir .. ra verdad.era.

que "f r es falsa, sea tc lo que fu,ere" ? Es notorio que a menos que nuestro conocimiento sea mu-
No podemos aborclar esta cuestión sin definir primero cho más limitado de lo que tenemos motivos para suponer,
gué se entiende por la "verdad" de "hay una .r pari la cual liene que haber proposiciones de existencia básicas, y que,
f {.1'. 9r, proposición de esta índole es llamadá "proposi- ('on respecto a algunas de ellas, es falso todo ejemplo "fo"
ción cle existencia". (lue poclamos dar. El ejemplo más simple es "h^y acaeci-
Es imposible definir la "verdad" de las proposiciones de nrientos que yo no percibo". No puedo expresar por medio
existencia a no ser en términos de proposiciones de existencia <lel lenguaje 1o que hace verdaderas afirmaciones semejantes,
básicas. otra definición cualquiera usará proposiciones de ;r menos que me sirva de variables; el hecho que sirve de
existencia. Por ejemplo. en ét caso anterior,- examinernos comprobante es inmencionable.
"h^y un persona distinta de mí, cuyo vocabulario contiene al- Sin embargo, si "hay una fi tal que fl' es verdadera, Io
gún nombre 'b' que no lo contiené et mío, y que es tal que, cs a causa de algún acaecimiento, aunque en el caso supuesto
para é1,'fb' es un juicio de percepción". Estó es solamente rro experimentemos tal acaecimiento. Este acaecimiento
una nueva y más complicada proposición cle existencia, in- lruede ser llamado siempre el "verificador". No hay razón
cluso si, como hace Berkeley, sustituímos por Dios la perso- para suponer que la relación "Huy una .r tal que fl' con el
na hipotética. verificador, sea cliferente cuando el verificador sea experi-
Parece, por consiguiente, que tenemos que enumerar las mentado de cuando no lo sea'. Cuando el verificador es ex-
proposiciones de existencia básicas y definir las proposicio- perimentado, el proceso de conocimientos es distinto; pero
nes de existencia "verc{aderas" diciendo que son 1as deduci- csto es otra cuestión. Cuando yo experimento un acaecimien-
bles de aquéllas. Pero esto deja en el aire la cuestión ; en
qué sentido son verdaderas las proposiciones de existeniia r Esta cuestión será estudiada más adelante, al terminar este capítulo.

292 293
.?

to, ello me permite conocer una o más oraciones de la forma imaginernos que yo n1e estoy paseando alrededor de mi casa
"fn", cle las cuales puedo cleclucir "huy una fr tal que fr". y pcgado a ella y que me cae una teja a la cabeza. Yo miro
Esta ntleva oración tiene coÍ1 el acaecimiento una relación hacia arriba y veo el lugar clel tejado de donde aparente-
cliferente cle la que con é1 tiene "f o"; Ia relacirin cle "fa" con mente ha caído. \ro estoy absolttt;rtrrente convencido de que
el acaecimiento es posible irnicamente cuanclo a ha sido ex- existía Ia teja antes de clue nte rliera. ¿Qué se implica en
perimentaclo. Pero esto es rrn hecho lingiiístico. I.a relacií-''n esta convicción ?

de "hay una .r tal que fr" con el acaecimiento, a diferencia Es corriente recttrrir a Ia catlsación y decir que de hechos
de Ia de "fe", no recluiere que el comprobante sea experi- percibidos inferimos otros (lt1c llo 1o son. Huelga decir que
mentado. Y la relación tiene qrle ser exactanrente la misma és con motivo de hechos perciltidos qtte creemos en hechos
si el acaecimiento es experimentado que si no 1o es. no percibidos, pero yo no creo que esto sea una inferencla,
Si se me preg-unta "¿qué acaecirniento hace verdadera'hay Antes de ver la teja, vo digo "nlqo rne dió" y este juicio es
Ltna fr tal que f *'?" pueclo contesta.r a l¡ase de una clescrip- exactamente tan inmecliato cotno un juicio de percepción.
ción que im¡rlic1ue proposiciones cle existencia, pero no puedo Sería posible en consecuencia que en yez de un principio
contestar nombrando el acaecimiento. Cuando puedo nom- general de inferencia causai empleáramos unas cuantas -prc-
brar tal acaecimiento haqo más de Io que es llecesario para posiciones de existencia básicas, cada una de las cuales fuese
la verdacl de "Hav una s tal que fr", puesto que para ello tan inmediata como las proposiciones perceptivas. De éstas,
servirían igualrnente una multitucl inclefinida cle otros acae- la causación se derivaría inductiv¿rmente.
cimientos. Si 1,e cligo "Hny por Io menos r1n homb,re en Los Este punto no es muy importantc. Segírn la opinión co-
Angeles", cua.lquier homhre de Los Angeles será igual al mún, conocemos un juicio de percepción p y también "si p,
r,,erificador. Pero cuando enuncio "h^y partes invisibles en entonces hay una r tal que fr"; segírn la cpinión que apun-
tra superficie de la luna" no estoy enterado de ning'ún veri- to, cuando conocemos /, conocemos que hay una r tal que
fieador. fr. La diferencia entre ambas opiniones es insignificante.
Si hay proposiciones de existencia básicas, como parece- I.Io hay raz6n alguna para que el conocimiento empírico
mos inclinaclos a aceptar, srr relación con la percepción tiene básico no sea de la forma "hny una .r tal que fr". Conocer
qlle ser muy cfiferente cle la cle los juicios de percepción. En esto es menos que conocer "fa". Si o tiene la propiedad f ,
el caso del recuerdo, por ejemplo, "ese libro está en al,qtin ello puede determinar que yo coÍrozca "h^y una r tal que
luqar cle mi estantería", había un juicio de cerceoción. Ca- fr", sin que me haga conocer "fo". En "IJsted tiene calor",
bría argiiir, auuque cludo que la objeción fuese oertinente, f es conocida; esto en consecuencia ilustra 1o anterior. En
ql1e en el momento de Ia percepción yo inferí Ia proposición afirmaciones de pura física, tales como "el sonido se com-
rle existencia y ahora la recuerdo. Esto convertiría en no pone de ondas de aire", la "f'0, implicada no es muy clara.
básica la proposición de existencia. Pero hay otros casos que Para interpretar tales afirmaciones, tenemos que tomar la
no son tan inneqables. física en su forma (actualmente) más avanzada. ¿En dón-
Tomemos los acaecimierrtos que nadie percibe. No pre- de se encuentra ésta con la experiencia ? t ) Los acaecimien-
tendo afirmar positivamente que conozcamos acaecimientos tos físicos tienen url orden de espacio-tiempo correferid.r
sernejantes, sirro averiguar qué implicaría \a suposición de (no muy exactamente) con el de las percepciones. e) Cier-
que así to hiciéramos. Para concretar rrrejor la cllestión, tos trenes de acaecimientos físicos son antecedentes causales

2s4 295

-
T

en el de " p , q." , hay cluda. Pcro a veces le basta a Usted


perfectamente "hay una r tal quc f r", y no desea sustituirla
por "fa". Examinanclo huellas cn la manigua, lfsted diría
"un tigre estuvo aquí"; en cste caso, a menos que Usted
estuviese en una cacería dc tigrcs, no tcnclría Usted que susti-
tuir la variable por una constantc lrcrcibida. Supongamos
también que yo digo "Londrcs ticnc 7.ooo.ooo de habitan-
tes"; sin duda no desearé sustituir csto por "los habitantes
de Londres son A & B & C &..." hasta Z.ooo.ooo de tér-
minos. La cuestión que intercsa cs la siguiente: ¿qué es lo
expresado en un caso semejante por l:r oracit'rn en que se da
Ia variable ? Supongamos que algrricn mc rlice "yo vi un
zorro en la calle", y que yo le crco. ¿ Qtró irnplica esto en
cuanto al estado de mi mente? Puedo tcncr una imagen de
un zorro, más o menos vaga, y pensar "él vió eso". Esto
presupone que la imagen se dió como representativa, puesto
que yo no pienso que él viera mi imagcn. Las imágenes,
de hecho, hacen de símbolos, exactamcnte lo mismo que las
palabras, y son de ordinario lo suficientemente vagas para
poder "significar" cualquier miembro de una clase, más bien
mal definida, de percepciones reales o posibles. IJna ima-
gen de un zorro como la que yo puedo formarme personal-
mente, sería aplicable a cualquier zorra corriente. Por con-
siguiente, sirve casi exactamente para el mismo fin para el
que sirve la palabra "zorro". Supongamos, entonces, que 4

las palabras que yo oigo influyen en mí sin necesidad del


intermedio de las imágenes. Cuando yo oigo "vi un zotro",
pueden resultar ciertos tipos de acción; 1o que éstos sean,
dependerá de que yo intervenga o no en una cacería de
zorros. Pero hablando en términos generales podríamos decir
que zorros diferentes podrían provocar acciones aproxima-
damente idénticas. Por consiguiente, las palabras oídas "yo
vi un zorro" son suficientes causalmente. Esta cuestión
puede ser planteada del modo siguiente : Sean Fr, Fs, Fs. . .
zorros diferentes y supongamos que Fr provoque la reacción
Ar, Fz la reacción Az, etc. Ar, Az, etc. son todas ellas accio-
297
nes corrrplcj;r:;; pne<le haber una parte A que todas ellas Ltna $ tal que
tcugatr cn conrún. Esta parte común (con limitaciones !r". lrluestrá teoría de la creencia no. exige
que una creencia sea exprcsacla en palabras; por consiguien-
r¡'lrvi:r.s) puccle ser provocada por la palabra "zorro". Cuan- te, no debe sorprender (llrc cuanclo una persona tiene una
clo yo oigo las palabras "h^y un zarro", las entienclo si creencia que expresa en 1r:rlallnts, tenga también otras, lógi-
determinan la reacción A. (Esto es una simplificación arti- camente conectadas cotl cli:r, rltrc no puede expresar en pala-
ficiosa, pero que no afecta de un modo esencial al problema bras, pudiendo caber incluso (luc no sepa que las tenga.
que nos ocupa.) ..- . Es conveniente que intcnlcrlros alcanzar mayor precisión
E,sto revela clararnente que por 1o que respecta a lo ex- por 1o que respecta a l¡r rclación de rlna creencia con su
presado, la función de las variables es exactamente la rnis- verificador cttando óste rr() cs .cxperimentaclo. Decíamos
ma que la de las palabras generales. Si adoptamos una con- la relación de
lrace poco que no hzu¡, razóIr para suponer que
cepción pragmática de "significado" y lo definimos en "h^y una r tal que fr" c:or.r srl verificador, sea diferente
términos de los actos (o de actos incipientes) a que da según que el verificador sca o r1o experimentaclo. Nc,s
lugar, entonces "h^y una fi tal que fr" expresa el acto par- corresponde, ahora, examinar y arnpliar esta afirmación.
cial que es comírn a "fd', "fb", "fr", etc. Lo expresado En primer lugar, una prolrosición cle existencia tiene en
por "hay una .r tal que fr" es en consecuencia algo menor general varios verificaclorcs, no st'rlo uno; fn, fb, fc..., cle
y más simple que lo expresado por "f o", de suerte que torlcr ser verdaderas, son afirmaciones que 1o resultan en virtud
el que crea "fa" cree de hecho "h^y una .r tal que fr". cle verificaclores <liferentes, cada rlno cle los cuales es ui1
(I.o situación resulta un poco más compiicada cuando verificador de "huy una .tr tal que f r't.
una persona tiene un conocimiento verbal que no sabe vertir En segundo lugar, cuando no sc expcrimeuta ningítn veri-
en términos perceptuales. Muchas personas saben que la ficador, no hry ninguna oraci(rn "fo" correspondiente .r
serpiente de cascabel es peligrosa, incluso si no supieran un acaecimiento que verifique "h^y L1n¿r n tal que fr" :
reconocerla si la viesen. En tal caso, una percepción que ello se debe simplemente, er hypoth,es'í, a que no hay ningún
de hecho lo sería de una serpiente de cascabel, no produciría nombre tal como "a". Cuando "fo" expresa un juicio de per-
la reacción apropiada a no ser que alguien dijera: "Eso es cepción, podemos clistinguir dos pasos: primero, de la
una serpiente de cascabel". En un caso semejante la pala- percepción a la oración "fo"; segundo, de la oración "fo"
bra general es más potente que los ejemplos a los cuales es la oración "hay una .r tal que fr". En el caso supuesto no^
aplicable. Sin embargo, esto significa solamente que en el hay estos dos pasos. Puede sucecler que "hay ufla fi tal que
caso supuesto una experiencia verbal de una persona ha re- fr" sea una proposición básica, o que sea una proposición
basado la experiencia de las cosas significadas por las pa- verdadera pero que no pueda ser conocida. Son casos, éstos,
labras. ) que hay que tratar por separado.
La teoria que acabamos de exponer tiene un punto de Tomemos primeramente el caso en que "h^y ufla fi tal
apoyo en la teoría de la inferencia analítica. Se define que f r" sea una proposición bírsica. ¿ Existe algún motivo
como analitica una inferencia cuando la conclusión es parte para que ésta no exprese a su vez un hecho de experiencia
de las premisas. Teniendo en cuenta 1o que llevamos dicho, exactamente corno puede expresarlo "f*" ? La palabra "ex-
la creencia en la conclusión es también parte de la creenc,ía periencia" es un tanto vaga; acaso sólo pueda ser definida
en las premisas: 'I'odo el que crea "f a" cree también "huy en términos de proposiciones básicas. Un juzgado de ins-
298 299
Sea como sea, creo yo que tenemos que conceder que hay
proposiciones de existencia que son básicas. Éstas tienen uná
correspondencia con el hecho, aunque éste no sea exactamen-
te del mismo tipo que en el caso de las proposiciones que no
contengan variables. Si "fo" es una proposición básica, el
hecho que le correspondc es su causa. Ahora bien, la creen-
cia "hay, una .1, tai que f r" es una parte de la creencia "fa"
cuando la última creencia existe; cuando no, el hecho tiene
sólo una parte del efecto requerido para producir la creencia
"fo"-, a saber, parte que produce la creencia "hay una
r tal que fr". _la
T,a raz6n puede ser meramente que la iadena
causal del hecho a la creencia, sea más larga que cuando el
hecho causa la creencia "fa".
La correspondencia de verclad y hccho sigue siendo causal
en este caso, y del género conectaclo corl "significado" o
"significación".
Tenemos qtte preguntarnos ahora: ¿hay un sentido en que
una proposición sea verdadera aunque no pueda ser cono-
cida ? Tomemos, pongo por caso, "e1, la párte invisible de
la luna hay una_montaña cuya altura oscila entre 6.ooo y
7.ooo metros". El sentido común diria sin vacilar que está
proposición es verdadera o falsa, pero muchos filósofos tie-
nen teorías de verdad que pondrían esto en tela de juicio.
Llamemos S a nuestra proposición. La cuestión es la
siguiente: Si hay algo que pueda serlo ¿qué es lo significado
por la oración "S es rrerdadera" ?
Podríamos decir que S es probable porque hay montañas
semejantes en la parte de la luna que podemos ver. Pero
probabilidad es un concepto distinto del de verdad, y no veo
por qué lo probable tenga que ser o verdadedo o falso, a
menos que definamos la verdad con independencia de la
probabilidad.
Itlo podernos clecir que s no sea significante, pues está
construída correctamente a base de términos cuyó signifi-
cado conocemos. Esto es evidente, puesto que si sustituímos
"invisible" por "visible", la oración se convierte en otra
301
tiW

rcalnrellte afirmada por los astról1o,11os; e "ittvisiblc" signi- particulares, pero cotr11o yo no conozco el nombre de ningúrn
fica "no visible", y no hay oración alguna qtle qtrccle des- habitante de acluella región, no pucdo aducir ninguno de
vcstid¿r de significación por la inserción de la palalrra "no". r-'stos hechos. Sin embar[Io, cada nno clc estos hechos tiene
El sentido comútn imagina un viaje alrededor dc la luna una relación determinacla con nri oración y cada uno tiene la
(el cual s6lo técnicamente es imposible) y sosticrrc que si lo misma relación con eila. I\To creo r¡uc ello ofrczca ninguna
emprendiéramos, veríamos o no veríamos las utclutañas en clificultad real; la dificultarl ap;rrcntc es dclrida a la circirns-
cuestión. Porque se irnagina a sí mismo colllo espectador tancia trivial de que lo que carece de nombre, no pueclc ser
está tan seguro de que S es significante. El astrónomo di- mencionado. De ello vengo a concluir que las oraciolles que
ría: las montañas del otro lado de la luna tcnclrían efectos contienen variables, pueden ser verdacleras en virtud cle una
de gravedad y en consecuencia es concebible cltte fuesen in- relación con uno o más hechos inobservados, y que esta
feridas. En ambos casos, estamos razonancTo 1o que ocu- relación es la misma que 1o que hace verdaderas oraciones
rriría en el caso de una hipótesis que no ha siclo comprobada similares cuando éstas conciernen a hechos observados, por
por nuestra experiencia. El principio implicado es, en cada ejemplo: "hay hombres en Los Angeles". De los hecños
caso; "En ausencia de prueba en contra, supondretnos que inobservados puede hablarse en términos generales, pero no
las porciones del universo inobservadas, obedecen a las mis- con la particularidad que es posible con respecto a hechos
mas leyes que las observadas". Pero a menos que tengamos observados. Y no hay raz6n para que "verdad" no sea un
una definición independiente de verdad relativa a 1o inobser- concepto más amplio que "conocimiento".
vado, este principio será una mera definición y las "porcio-
nes inobservadas" un mero expediente técnico mientras sigair
siendo inobservadas. El principio sólo enuncia algo sustan-
cial si significa "1o que observe será considerado semejante
a 1o que he observado", o, alternativamente, si yo puedo de-
finir la "verdad" independientemente de la observación.
A base de 1o que podría calificarse de opinión realista de
la verdad, hay "hechos", y hay oraciones referidas a estos
hechos por medios que hacen verdaderas o falsas las oracio-
nes, con absoluta independencia del modo de decidir la alter-
nativa. La dificultad estriba en definir la relación que
constituya la verdad si esta opinión es adoptada. La cuestión
es grave, puesto que como vimos ya, no son sólo cosas como
la otra cara de la luna las inobservadas, sino también los
gatos y perros y los demás seres humanos ajenos a nosotros.
IJna oración que es verdadera en virtud de un hecho obser-
vado, contiene por 1o menos una variable. La oraciín "ltay
hombres en Sernipalatinsk" es verdadera en virtud de hechos

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CAPfTUT,O XVIII

CITEENTCIi\S GENI1RALTS

Hasta ahora hemos trata.do de las creencias como cuestio-


nes particulares de hecho cuando resuitan 1o más directa-
mente posible de percepciones; hemos estudiado también,
aurlqlre de un modo más incompieto, las creencias en cuya
expresión verl¡al aparece la palabra "algún", reconociéndoles
alguna importancia, especialmente en relación con los re-
cuerdos. Nos corresponde examinar ahora las creencias en
cuya expresión verbai aparecen las palabras "todo" o "nin-
gírn". Al igual que he venido haciendo hasta ahora, me limi-
taré a las creencias extraJógicas.
En todas estas indagaciones hay una combinación de lógica
y psicología. La lógica nos indica la meta que hay que alcan-
zar y la psicología nos enseña el camino para llegar a ésta.
Nuestra psicología de la creencia, si bien tiene que permitir
en su conclusión abarcar las refinadas abstracciones de la
lógica, tiene que ser aplicable en su punto de partida a los
animales y niños pequeños y mostrar las categorías lógicas
como un desarrollo natural de los hábitos anirnales. En ello
nos ayudará mucho nuestro determinio de que la creencia
es esencialmente prelingüística y de que cuando expresamos

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ulrír ('rcl r)(.i;r crr pi[la.]]r¿rs htrnrt-rs s;rlva.clu )/¿r los p:rsos ulás rluc los caballos se espantan corl el ol<-¡r de una piel de oso in-
rlifícik's; quc condrrcen clel arrimal al lógico. t:luso no habiendo visto en su vicla un animal de estos. Los
La psicología que varnos a ofrecer en r:str-r capítulo, como tipos de conducta qtte acalxrnrc¡s cle cxponcr son en parte ins-
la de los anteriores, es más o menos esqucniíLtrir-::t, y no pre- tintivos y en parte resulta«los rlc cxpcricncias. El olor de un
tendemos que sea correcta en sus detalles. Nut:r-rtra preten- conejd o de una hembra, ticn(' rln cfccto instintivo, pero el
sión se reduce a afirmar que algo de la ínclolc, ,1.rerai suge- sombrero del dueño lo tienc ÍICncrírrlo por c'xpcriencias ante-
rida, es necesario para pasar de los hábitos aiririralr:s a io que riores. Pero en ambos casos si lrr,r arte dc nrilagro el perro
la Iógica demanda. La exactituci en punto a rlcta,lles, es de tttviera el don del lenguajc y los hálritos nrcntalcs de un fi-
incumbencia del psicólogo, y depenrfe ncr:r'srr.i'iarlrente de lósofo, se sentiría induciclo a cnurrci¡rr una 1)roposición ge-
investigaciones algo alejadas de la teoría rlcl conocimiento. neral: Diría "dondequiera. qtte lta1,¡1 «'stc olor, hay algo co-
Por lo que a Ia psicología se refiere, ure clo1, por siatisfecho nrestible" y ""1 hecho de cluc tri rlucñr) sc l)on!{a cl sombre-
si logro convencer al psicólogo de la n:ttnralt,ze, r: inrportancia ro, es un antecedente irrvariable ck: su slli«l¡r". Si lc pregun-
de los problemas que inclico. táramos cómo lo sabe, nos cliría, «lcl írllinro c-ASo, que por
Las creencias generales a qlle ahrrlo --las (illc en su ex- haberlo observado, y en el primcro, (lr1(' l)or rlna intuición r¿
presión verbal implican "todo" o "ningirll" u ótr¿rr palabras
friori, sintética. No 1o dice porrlu(: no srtlrr: h¡r.hlar; pcro nos-
sinónimas 1- tienen su origen preinicicctu;r! crx hírlitos clc otros decimos cosas muy similarcs cr-r cit'currstancias muy si-
cierto género. En las personas que posoen lenguaje, tales há- nrilares.
bitos- pueden ser puramente verbalés. T.-,r¡. lrat.brá "siempre- Examinernos algunas proposicioncs geuerales cle tipo mírs
viva" puede sugerir la palabra "armarillo"; ia palabra ,'Após- bien f.ácil, tales como "toda iumccliación que contenga tln
toles", la palabra "doce" . La educación propoiciona una ma- olor de una cierta índole, contiene también tocino". Sea "f,r"
sa de conocimientos de esta ínclole, cahienclo la posibilidad cle "huy una cierta ínclole de olor en la inmediaciín r", y sea
que éstos no tengan la menor relación con 1o que significan " g*" "hay tocino en la inmediación fi" . Siempre que co-
las oraciones empleadas. Sin embargo, nosotros, como es- memos tocino experimentamos a un tiempo f, y gfi, y cuan-
tamos buscando algo prelingtiístico, rlos vemos obligaclos, al do experimentamos sólo fr encontramos por 1o común que
principio, a hacer caso omiso de los hábitos relacior,ádos con por medio de un esfuerzo oportuno podemos llegar a ex-
palabras. perimentar también gr. Con el tiempo este estado de cosas
Examinemos Ia concincta de un perro" L-uando éste ve qrre engenclra un hábito de creer gfi siempre que creemos fr.
su dueño se pone un sombrero, espera que se lo lleve de pa- Hasta ahora, sin emba,:go, no creemos ninguna proposición
s-e9, y rnanifiesta sus expectaciones por medio Ce saltcls y la- general. El psicólogo que nos observe, puede llegar a una
dridos. Cierto olor le sugiere cor-,ejos, y lo propio hacén el proposición general: "Siempre que Don liulano cree f r, cree
hoyo de una maclriguera o cua.trquier otro lug-ar en que fre- también gfi". Pero no es esta la proposición general que ne-
cuentemente haya encontra.do conejos. El olor de una hern- cesitamos, sino "para toda r, si f r, entonces también gl'.
bra en celo estímulará en é1 pasos increíbles. FIe oíclo decir Para f)on Fulano, sin embarflo, esta riltirna proposición ge-
neral es resultado cle su observaciirn, exactarnente como Ia
1 El. lcctor puede añadir: "con sus correspondientes variedarles morfo- proposición psicológica lo es de la observación que lleva a
iógicas". (lV. del T.\
cabo el psicólogo. Cuanto pueda ser clicho en favor o en
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--"

ceptivamente en t y, recordada, después de f. El tiempo del


verbo "es",
('fg("- expresa la diferencia del es-
-'(g¿¡fi.",
{ado corporal del qu€ crce,. scu^ítn sus expectaciones, .percep-
crones o recuerdos. Princol,irrntt'ntc,los tienrpos se aplican só-
lo a cuestiones situadas clcntrr> de Ia experiencia perceptiva,
y expresan la especie de crcr:nci:t implicada, no un carácter
cle lo que "indica" la creerrcia. Si de un modo intemporal, a
la manera de Spinoza, qrleror()s clecir "César ¿s asesinado
en los idus de tnarzo", tenenros qne inventar un lenguaje es-
pecial y usar "es" en un sentido «liferente del que tiene co-
rrientemente.
Volvamos a nuestro tocino. La persona, animal o Io que
sea femenino o neutro- que siempre que ex-
-masculino,
perimenta un miembro de o, espera rrn miembro cle É, no ha
comenzado creyendo una proposición general, a pesar de que
en presencia de un miembro de ,r srr conclucta e-s 1o- que serí¿
si creyera Lrna proposición general. La diferencia de conduc-
ta entre lo anterior y la creencia en rlna proposición general,
se hace patente cuando no está prcsente ningírn miembro de
.,. Si yo creo "donde hay una o hay Ltna 8", y yo deseo una
§, yo puedo ser inducido a buscar una c'; esto nos lo ilustra
un geólogo en busca de oro cuando orienta sr1 prospección
ítnicamente hacia aquellos sitios en que hay ciertas indica-
ciones evidentes cle la probabiliclad de oro. El geólogo ne-
cesita la proposición general explícita como guia de acción.
Es Ia proposición general explícita 7a que constituye el obje-
to del presente capítulo, si bien la entenderemos mejor cuan-
do estucliemos st1 antepasado animal.
Cuando yo creo una proposición sobre el futuro, ésta
puede implicar o no el estado físico llamado "expectación",
exactamente igual qrle una creencia sobre el pasado puede
implicar o no recuerclo. Si yo pienso "llegarír un día en que
se enfriará el sol", no tengo ninqun estado de expectación;
lo tengo, en cambio, cuanclo habienclo visto relampaguear,
pienso "va a retumbar un trueno". Como estado físico, la
expectación sólo es posible con respecto a experiencias situa-

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trial nrás intenso que el requerido por 1o que podríamos ca-
lificar de "conducta iriciuctiva" en presencia del estímulo A.
IIal¡lando en un senti<-to pi'a¡¡míitico" existe la diferencia esen-
cial de clue la creencia en i¿t ity general, corno opuesta al há-
bito anirnal, puede influir cn la acción en ausencia del estí-
rnulo A.
En una inclucción cientii'icr: no se implica la expectación
en el senticlo limitado a ([11c rrr:ah¿rntos de aludir. Tomemcs
una de las induccioucs ur:Ls lrrirlitivas de esta clase: el des-
cubrimiento por los egipcios tlc la periodicidad de los eclip-
ses. En este caso ios acaecimictitos predichos eran demasiado
distantes para ser "esperados" ctr el sentido físico de la pa-
labra. En una inducción científii::l se oJ¡serva que dos acae-
cimientos A y B ocurren corrjutttatncrrte o en rápida suce-
sión temporal, pero ello no pro\¡oca expectación física y aun-
que la provoque, se hace caso r.rnrir;o clc: clla. I'a hipót¿sis de
que A va acompañada o segLricia sicmpre de B, precede la
creeucia de que así es en efect.o, y llt crctltcia jarrrírs aclquiere
la cualidad rlogmátic¿ e inmerliata dc Xa expectación animal.
Sin embargo, flo puedo sustraertne a la ilnpresión de que
nuestra creencia cbstinada en ia inducción tiene alguna co-
nexión con la expectación anirnal. Pcro esto es una cuestión
puramente psicológica, que carece cle importancia esencial
pata nuestra investigacirin.
ldos corresponde ahora ens¿tyar rrn anírlisis cle lo que es
"expresado" por las panabras "A va segttido siempre de 8".
Lo expresaclo no puecle scr rlei:amente que siempre que ex-
perimento A espero B, puesto que ello sería otra ley general que
requeriría a su vez L1n análisis sirniXar, conduciéndonos de
esta suerte a un caliejón sin salicla. l,o expresado tiene que
ser rlna creeucia que inllriiqrre a un tiempo A y B, no L1.na re-
iación meranrente caus;ri entre una creencia rltte implique só-
lo A y otra creencia que inrpliquc srilo I).
SupongamL-)s que yo creo clue todos lr¡s hortrJ;res son mor-
tales. ¿ Qué clase cle cosa octll're cn mí en tal caso ? Yo creo
que ulla creencia cle cstc género es unas veces afirmativa y

:11 1
,i1,r,.lrr ,dF.

otras ncgrrtiva, interpretando estos términos en sentido psi- cia de que todos los hombres son mortales, es una creencia,
colt'rgico. LIna crcencia es afirmativa cuando lo examinádo y la generalidad es parte de esta creencia. Es, además, in-
es lrr:crlltarlo y negativa cuando es rechazado. Así, cuando es tensional en el sentido de que yo puedo tener esta creencia
afirmada, "todos los hombres son mortales" implicará al- sin conocer a todos los homllres qlle existen. En cuanto en-
guna conexión entre los predicados "hornbre" y ,,mortal,', tiendo las palabras "humano" y "mortal", \a forma sujeto-
y cuando-negativa estaría representada por la cuéstión "¿IJn predicado y la forma "si-entonces", tengo todo lo requeri-
hombre inmortal ?" seguida de tra contestación ,,no,,. La do para entender "todos los hombres son mortales", pero me
psicología es un tanto distinta en estos dos c¿rsos. Tomemos falta aírn la generalidad.
en primer lugar el de la afirmativa. Vimos ya que las proposiciones generales no pueden ser
cabría pensar que "cuanto es humano es ,rortal" podría explicadas como hábitos. aunque genéticamente se hallen co-
ser interpretado, en su aspecto subjetivo, como una mera nectadas con ellos. Esto es obvio por tres razones : Primera:
relación entre los dos preclimdos "humano" y ,,mortal,,. Di- pata afirmar que una persona dada tiene un hábito dado,
ríamos: las creencias "A es humano", ,,8 lrrrlrrno,r, etc., se requiere una proposición general; es necesario que este-
consideradas, todas ellas, como acaecimientos "r del que las mos en condiciones de decir "Don Fulano responde siempre
cree, tienen algo de común; este algo es lo ,,expresadb,, por al estímulo A con la acción 8". Si, por consiguiente, inten-
el predicado "humano". De un rnodo similar, hay algo ,t*- tamos valernos del hábito para explicar las proposiciones ge-
presado" por el predicado "mortal". Irlos sentiiíamós ten- nerales, nos vemos abocados a un callejón sin salida. Segun-
tados a decir- que rlno de estos preclicados implica el otro y a da: las proposiciones generales no sólo pueden ser enten-
valernos de ésto como análisis de 1o "expresádo,, por ,,toáos didas, sino que además pueden influir nuestras acciones en
los hombres son mortales". ausencia del estímulo para el hábito asociado. Supongamos
Sin embargo, esta interpretación aristotélica olvida el he- que yo creo "todas las jirafas salvajes viven en Africa".
9ho de que Ia conexión no es entre los predicados como ta- Esto no significa lisa y llanamente que siempre que vea rlna
les, sino sólo entre los predicados a fuér de predicados de jirafa salvaje piense "debo estar en Africa"; sino que sig-
un sujeto. "A es hurnano" implica "A es *or-tal,,, pero no rrifica también que cuando proyecte salir en un expedición
"B es mortal". No podemos en consecuencia eliminar el su- para una gran partida de caza, piense "si quiero cazar jira-
jeto hipotético ni la forma proposicional hipotética para in- Ías, tendré que ir a Africa". Tercera: cuando clescubro una
terpretar "todos L:s hombres son mortales,,. proposición general per medios científicos, el conocimien-
Cuando yo creo "todos los hombres son mortales,,, si soy to que así obtengo es anterior a todo hábito conectado con
trn lógico creo "para todos los valores posible de r, si res hu- é1. La creencia de que los metales son buenos conductores de
mano .ff es mortal". No es 1o mismo que para todos los va- electricidad, puede engendrar un hábito, pero no fué en-
lores posibies de r crea yo que si r es humano r es mortal,