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Nicolás Puccini - 1° P.O.P / T.

N / Problemática de la Cultura Argentina y


Latinoamericana

La explosión intelectual que tuvo lugar en Europa hacia fines de la década de 1830,
generando un remolino de corrientes y modas, no dejó de tener efecto en los
jóvenes de la elite rioplatense. Las novedosas ideas, entre ellas las del
romanticismo, comenzaron a circular con gran aceptación en los círculos y clubes
porteños, a los que asistían, entre otros, Juan Bautista Alberdi, Esteban Echeverría
y Juan María Gutiérrez.
El romanticismo fue un movimiento cultural y político originado en Alemania y en el
Reino Unido a finales del siglo XVIII como una reacción revolucionaria contra el
racionalismo de la Ilustración y el Clasicismo, dándole importancia al sentimiento.
Su característica fundamental es la ruptura con la tradición clasicista basada en un
conjunto de reglas estereotipadas. La libertad auténtica es su búsqueda constante,
por eso es que su rasgo revolucionario es incuestionable.
Se desarrolló fundamentalmente en la primera mitad del siglo XIX, extendiéndose
desde Inglaterra a Alemania. Después a Francia, Italia, Argentina, España, México,
etc.
Los miembros de la generación del 37 fueron un producto de las condiciones
imperantes en el Río de la Plata en los años inmediatamente posteriores a la
Revolución de Mayo y marcaron el inicio absoluto del Romanticismo en la historia
argentina.
La mayoría de los integrantes había nacido entre 1805 y 1821 y comenzaron a
formarse intelectualmente durante la etapa revolucionaria y en las instituciones
laicas creadas durante el período rivadaviano, Colegio de Ciencias Morales y
Universidad de Buenos Aires.
Los primeros románticos argentinos, en sus comienzos, lograron una relación grupal
y un grado de institucionalización inusual para la época y para la región. Formaron
el Salón Literario de 1837, la Asociación de la Joven Argentina, la Asociación de
Mayo, y las redacciones compartidas de un puñado de periódicos de ideas
definieron un partido literario e intelectual, que se imaginaría con capacidad de
reemplazar a los auténticos partidos que entonces se disputaban el poder.
Para la nueva generación, el primer mal de la Argentina era la tierra, “el desierto”, de
donde surgía el espíritu de la montonera, la banda armada que seguía al caudillo, lo
elevaba al poder y condicionaba el destino político del país. La mejor manera para
erradicarlo era desarrollar las comunicaciones, poblar las vastas extensiones del
territorio nacional y multiplicar los centros urbanos. La solución se centraba en el
fomento de la inmigración, solución que quedó inmortalizada en la famosa frase de
Alberdi “gobernar es poblar”.
Para ellos, la inmigración era un factor fundamental de transformación social,
económica, cultural y política porque sostenían que los grupos étnicos locales, los
gauchos, los aborígenes, los mestizos y los españoles eran absolutamente
“incapaces” de impulsar la modernización y el desarrollo de un país que soñaban
industrial y recorrido por los modernos medios de comunicación. Pero los hombres
del ‘37 no pensaban en cualquier inmigración. Rechazaban a la proveniente del sur
de Europa, a los españoles, italianos y a los del centro y este como polacos y rusos,
sólo pensaban en la introducción de inmigrantes del industrioso norte anglosajón
como la mejor forma para remediar el atraso estructural y provocar la modificación
de los hábitos y las costumbres tradicionales.
En el marco de la disputa entre unitarios y federales, inicialmente no tomaron
partido. No obstante sentían mayor simpatía hacia los primeros. De los unitarios,
rechazaron los medios con que habían querido imponer sus ideas y su imitación de
las costumbres europeas; de los federales, la continuación de las formas coloniales
de vida y la oposición a organizar constitucionalmente el país.
En consecuencia, se mostraron partidarios de una forma mixta de gobierno que no
pusiera en peligro la unidad del país. Todos estuvieron de acuerdo en la necesidad
de lograr la organización política de la Nación. Para que ésta se hiciese efectiva, era
necesario dotarla de una Constitución, un Parlamento y un sistema político en el
cual actuasen partidos políticos ilustrados. El ideario de la Generación del ´37
alcanza su consagración en 1853, año en que la sanción de la Constitución dio
inicio a la organización política nacional.
Los románticos, en su trayectos de exilios y derrotas transitorias, construyeron
imágenes de nuestro país que alimentarían buena parte de los proyectos que
aparecieron después de la derrota de Rosas en caseros, en 1852. Esas imágenes
se incorporaron con diversas valoraciones en nuestra cultura. Instalaron la idea
misma de nación argentina.

Bibliografía:
Felipe Pigna: Los románticos del ‘37 - ​Clarín 9 Jun 2013
La revolución de las ideas: la generación romántica de 1837 en la cultura y en la
política argentinas - Jorge Myers
Programa Siglo XIX: Los proyectos de Nación - Capitulo V. Generacion del '37.
Emitido en Canal Encuentro.

 
 

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