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Diversidad y pluralismo

Epistemológico
Mg. Maryshely Mamani Moncada
El investigador es un individuo dotado de
por lo menos dos virtudes importantes:
una es la capacidad crítica, es decir una
especie de astucia o capacidad para
conseguir errores, para detectar
problemas, para ver contradicciones y una
segunda virtud es la curiosidad”
José Padrón Guillén
Debemos diferenciar entre pluralismo epistemológico y
epistemología pluralista; la primera alude a un
eclecticismo, varios paradigmas, varios modelos, varias
episteme, varias formas de pensar, puestos en juego y en
movimiento. La epistemología pluralista, en cambio, se
propone como un pensamiento de la pluralidad y del
acontecimiento, concebido como multiplicidad de
singularidades. Se trata de una forma de pensar, de
conocer, de concebir, de ciencia, de imaginar, opuesta al
pensamiento universal, a la ciencia estructural, a la
episteme moderna, a los modelos explicativos basados en
la totalidad y en la deducción. Por lo tanto, estamos
hablando de dos temáticas distintas, de eclecticismo, por
un lado, o de pensamiento crítico, por otro lado.
¿Qué se entiende por pluralismo?

La pluralidad es sinónimo de heterogeneidad, también de


multiplicidad, aunque también podríamos decir de
complejidad.
La pluralidad es irreductible a una generalización y a una
totalización: de manera diferente, la singularidad es
abstraída en aras de la estructura. La generalización, la
totalización y la estructura corresponden a teorías con
pretensiones de universalización y homogeneización. Son
teorías que se basan en leyes, en la dialéctica sujeto-objeto,
en estructuras estructurantes.
La epistemología pluralista comprende entonces la
importancia de lo virtual y lo imaginario; empero, no los
entiende como separados de lo material y lo efectivo, sino
más bien como inherentes y complementarios.
¿Cómo entender el pluralismo
epistemológico?

La importancia del pluralismo hermenéutico no sólo radica en


esta heterogeneidad y en la búsqueda de diálogo hermenéutico,
sino en plantear como episteme ancestral, como episteme
resistente, como episteme alterativa, los saberes y
cosmovisiones nativas, además de reconocer otros saberes, los
saberes de la gente, los saberes culturales, los saberes
concretos, descalificados por las ciencias.

Este pluralismo epistemológico nos lleva al horizonte abierto de


la interculturalidad emancipadora, más allá de la
multiculturalidad liberal, que concibe una jerarquía cultural,
desde el núcleo de la cultura moderna, haciendo concesiones
“democráticas” a las otras culturas.
El pluralismo epistemológico nos lleva a la democracia
de los saberes, por lo tanto a la necesaria
transformación estructural de la educación, sobre
todo nos lleva al desenvolvimiento del proyecto
descolonizador. La pregunta crucial del pluralismo
epistemológico en relación a la transformación
educativa y respecto a la descolonización es: ¿cómo
generar la transformación educativa? Esta pregunta
nos traslada a otras, que no sólo tienen que ver con
la composición de mallas curriculares interculturales,
sino con los cambios de escenarios educativos, de
prácticas educativas y estructuras educativas,
además de la transformación de los mismos proyectos
educativos.
Diversidad cultural y pluralismo epistemológico
en la Conquista de América

Aunque a lo largo de la historia han surgido intentos y


estrategias para tratar de homogeneizar a la población de
un determinado lugar, muchas de ellas por vías de la
violencia, la realidad es que las diferencias son inevitables
y cada una de estas experiencias, lejos de lograr disipar la
diversidad, han provocado movimientos que buscan la
justicia social a través del reconocimiento de lo diferente,
la igualdad de oportunidades y la lucha por desvanecer la
exclusión y la discriminación, entre otras acciones.
No importa donde fijemos la mirada, la diversidad está en
todas partes. Las distinciones comienzan a aparecer desde
los rasgos biológicos como el color de ojos, el tono de
piel, el timbre de voz, etcétera, y continúa hacia los
aspectos culturales:
¿Quién es normal? Quizás haya muchas
personas comunes. Parecidas. Casi iguales.
Pero no hay dos personas idénticas. [...] Hoy
somos más de siete mil millones de seres
humanos respirando sobre este planeta y,
sin embargo, nadie tiene tus mismas huellas
digitales, y nadie tiene el mismo iris en sus
ojos. ¿Por qué entonces, hacer las cosas
como los demás?
La cuestión de la diversidad cultural y el pluralismo
epistemológico puede rastrearse incluso desde antes de
la Antigüedad clásica griega. Un ejemplo de ello lo
encontramos en las narraciones bíblicas, pues nos
hablan del sometimiento cultural y político del pueblo de
Israel por parte de los egipcios. Asimismo, es
interesante el concepto de bárbaro que surge desde la
Antigüedad griega. Los atenienses consideraban que
aquellos que no hablaban su lengua —la de los
atenienses— sólo balbuceaban, por lo que el concepto de
bárbaro es onomatopéyico (bla, bla, bla). El desprecio
por las culturas diversas tiene una antigüedad milenaria.
A manera de reflexión final, debemos decir que,
como resultado de la diversidad cultural, cada
comunidad posee prácticas cognitivas diferentes de
acuerdo con su propio contexto, es decir, “[…]
[actividades] mediante las cuales se genera, se
aplica y se evalúan diferentes formas de
conocimiento”. Estas prácticas cognitivas también
reciben el nombre de prácticas epistémicas y
deben ser entendidas como prácticas sociales.
Las prácticas sociales se entienden como aquellas
actividades:
[…] constituidas por grupos humanos cuyos
miembros realizan ciertos tipos de acciones
buscando fines determinados y, por tanto, además
de sujetos (con una subjetividad y emotividad
constituida en su entorno cultural), estos seres
humanos son agentes, es decir, realizan
acciones, proponiéndose alcanzar fines
determinados, utilizando medios específicos. Los
fines que persiguen los agentes son valorados y
las acciones que realizan son evaluadas en función
de un conjunto de normas y valores característicos
de cada práctica.