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ACTIVIDAD 3 ANALISIS DEL CONFLICTO

BEJARANO GARCIA MAURICIO


ID: 578126
PEREZ LAURA CAMILA
ID: 585441
LOPEZ LINA ROCIO
ID: 313913
HERNANDEZ CECILIA
ID: 580941

DOCENTE
MARIA LUCELY BARBOSA

CORPORACIÓN UNIVERSITARIA MINUTO DE DIOS


VICERRECTORÍA REGIONAL DE LOS LLANOS
FACULTAD DE CIENCIAS EMPRESARIALES
PROGRAMA ADMINISTRACIÓN DE EMPRESAS MODALIDAD DISTANCIA
RESOLUCION DE CONFLICTOS
SEMESTRE VIII
VILLAVICENCIO
2020
EL ASESINATO DE LOS LIDERES SOCIALES
Después del acuerdo con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), la

evidencia de que Colombia aún no goza de una paz estable y duradera se verifica en la

violencia sistemática contra líderes sociales.

En la mayoría de los casos, los asesinados eran líderes locales o regionales encargados de la

organización comunitaria, la promoción y defensa de los derechos humanos, representantes

de sus pares en los reclamos colectivos en contra de políticas de grandes mineras o de

mineras ilegales, estas mujeres y hombres eran agentes promotores de paz; por un lado,

porque lideraban programas de sustitución de cultivos ilícitos o estaban a cargo de

programas de restitución de tierras en los que se beneficiaba a familias campesinas que

habían sido desplazadas por el conflicto armado. Por otro lado, porque algunos de estos

líderes tenían el rol de organizar a los miembros de su comunidad en torno a la defensa de

sus derechos colectivos o de reunir los reclamos contra amenazas en sus territorios, como la

que hoy representa la explotación de yacimientos no convencionales de hidrocarburos,

también conocido como “fracking”

Estos hechos han ocurrido en zonas con mayoría de población indígena, campesina o

afrocolombiana, pueblos históricamente empobrecidos, con dificultades de acceso a

servicios básicos que debían ser provistos por el Estado Social de Derecho, donde hay

presencia de facto de diferentes grupos armados, y cuya economía no ha sido diversificada,

sino que ha estado más orientada a los monocultivos. Por ello, son puntos estratégicos de la

compleja red de producción y distribución del tráfico de drogas ilícitas. También son

lugares que enfrentan recurrentemente conflictos socioambientales y cuyos pobladores han

atestiguado las prácticas corruptas de empresarios y caciques políticos locales que afectan

los bienes comunes.


El cambio en el conflicto en Colombia está hoy asociado a la reconfiguración local y

regional de los actores involucrados. Con la desmovilización de más de 12.000 militantes,

las zonas en las que las FARC ejercían algún control político y económico y regulaban

también las relaciones sociales quedaron ahora sujetas a la posibilidad de nuevos órdenes

entre grupos que hoy están en conflicto. Esta es hoy una de las realidades más dramáticas y

difíciles de entender por varias razones, entre ellas, por la dificultad de estudiar un

fenómeno de violencia que aún no termina y también por la falta de interés de diferentes

grupos oficiales y no oficiales.

En este sentido, se ha insistido en que el problema es la incapacidad estatal. Sin embargo,

con ello se ha dejado de lado que en muchos otros casos los gobiernos sí hacen presencia, y

de hecho conviven con fuerzas ilegales, lo cual los hace copartícipes de estas situaciones de

violencia. En este sentido, se tendría que insistir en el problema de la corresponsabilidad

estatal.

Una consecuencia evidente de este sesgo anti-paz es que al gobierno de Duque no le

interesa buscar respuestas a una pregunta fundamental: el porqué de la sistematicidad de los

asesinatos. De hecho, su retórica evidencia que no se toman en serio este fenómeno y les

facilita atribuir los asesinatos, por ejemplo, a efectos secundarios del narcotráfico, aun

cuando no exista una correlación entre aumento de homicidios y cultivos de coca.

El gobierno de Duque no tiene un plan claro para identificar a los actores que participan en

las estructuras criminales que diseñan los asesinatos y financian su ejecución. Es evidente

que ello ha dificultado también el seguimiento de los diferentes casos y la consolidación de

un registro confiable y unificado de cuántos líderes sociales y dirigentes han sido

asesinados en Colombia. (Nueva sociedad, 2018)


ESTRUCTURA DEL CONFLICTO

Según la referencia del Capítulo 4 del módulo de resolución de conflictos, el modelo de

estructura que se ajusta a la problemática planteada es “el conflicto admite la diferencia y la

unicidad”

Partimos del contexto que el gobierno es corresponsable de las ejecuciones contra los

líderes sociales, puesto que no garantizan seguridad para aquellas personas que buscan

justicia y reparación, por el contrario, hacia la sociedad hacen ver otras realidades, haciendo

ver que ellos mismos, es decir los líderes, son responsables de sus propias muertes.

PERSONAS

Los autores que participan en esta problemática son: los gobernantes, las fuerzas armadas

tales con las FARC, y otras, y por último y siendo estos los más vulnerables, los líderes

sociales.

PROCESO

Este conflicto se ve inmerso en temas de intereses individuales de los grupos alzados en

armas como lo es procesamiento y distribución del tráfico de drogas ilícitas para así mismo

financiarse; el gobierno en su incapacidad de poder hacer un alto en el camino y ver de

fondo una solución radical; en medio están los líderes sociales, que ante su misión es buscar

justicia arriesgan su vida y la de su familia.

PROBLEMA

El problema radica de dos fuentes; primero, intereses de los grupos alzados en armas en la

búsqueda de la financiación de sus componentes, ya que, el comercio de drogas ilícitas y de


más actos ilícitos representan ingresos de dinero y esto hace que se consoliden aún más sus

estructuras delincuenciales; segundo; tiene que ver con el componente político, por decirlo

de alguna manera, por ser parte de movimientos de protestas contra el gobierno, y pues

como si fuera poco, a estas dos grandes causas se le suma la ausencia del estado en varias

regiones para hacer el control territorial y olvidando garantizar la seguridad para aquellas

personas que buscan hacer justicia.

Este conflicto social, llegaría a su fin, de restablecerse los derechos vulnerados de los

colombianos, si el estado llegara a cubrir más parte del territorio y los grupos armados al

margen de la ley dejaran de existir, los cultivos ilícitos dejaran de ser la principal fuente de

ingresos de las poblaciones más vulnerables del país, sería otra la historia que contar. Los

líderes sociales buscan en Colombia soluciones a estos problemas, intentando darles

solución. Lo dramático de la situación es que están matando precisamente a muchas de las

personas que encarnan esta posibilidad de cambio. Y así se asienta el conflicto.

Quizás lo único que hoy pueda ayudar a comprender el fenómeno y, sobre todo, a

contribuir a la resolución de esta situación, sea la activa participación política de lo que

algunos han llamado «las ciudadanías libres». Así se ha comprendido a sectores diversos de

la sociedad que se expresaron electoralmente –votando ampliamente, aunque no

mayoritariamente, por candidatos de centroizquierda y de izquierda y quienes también se

han organizado para defender lo pactado desde 2016 mediante diversas formas de

incidencia que trascienden las urnas. Tal vez estas ciudadanías no solo conviertan en real la
posibilidad electoral de un primer gobierno progresista en Colombia para 2022, sino que

quizás también logren encontrar la salida sociopolítica a la espiral de violencia.

El simple hecho de que en Colombia la mayoría de los ciudadanos, le dan más importancia

a la enfermedad de un león como pasó en el transcurso de esta semana, en el que los

medios, precionaron una acción y lo lograron, si de esta forma fuera con los asesinatos de

los lides otra será la historia. La falta de responsabilidad social es en muchos casos

indignante, evitando que suceda un cambio real.