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Los perros hambrientos es una novela del escritor peruano Ciro Alegría, publicada en Santiago de

Chile por la Editorial Zig-Zag (1939). Es considerada como una de las obras más representativas de
la novela indigenista peruana y latinoamericana en general.

Contenido
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1 Contexto

2 Escenarios

3 Época

4 Argumento

5 Personajes

o 5.1 Los hombres

o 5.2 Los perros

6 Sinopsis o resumen por capítulos

o 6.1 I. PERROS TRAS EL GANADO

o 6.2 II. HISTORIAS DE PERROS

o 6.3 III. PERIPECIA DE MAÑU

o 6.4 IV. EL PUMA DE SOMBRA

o 6.5 V. GUESO CAMBIA DE DUEÑO

o 6.6 VI. PERRO DE BANDOLERO

o 6.7 VII. EL CONSEJO DEL REY SALOMÓN

o 6.8 VIII. UNA CHACRA DE MAÍZ

o 6.9 IX. LAS PAPAYAS

o 6.10 X. LA NUEVA SIEMBRA

o 6.11 XI. UN PEQUEÑO LUGAR EN EL

MUNDO

o 6.12 XII. “VIRGEN SANTÍSIMA,

SOCÓRRENOS”

o 6.13 XIII. VOCES Y GESTOS DE SEQUÍA

o 6.14 XIV. “VELAY EL HAMBRE,

ANIMALITOS”

o 6.15 XV. UNA EXPULSIÓN Y OTRAS

PENALIDADES

o 6.16 XVI. ESPERANDO, SIEMPRE

ESPERANDO

o 6.17 XVII. EL MASHE, LA JACINTA, MAÑU


o 6.18 XVIII. LOS PERROS HAMBRIENTOS

o 6.19 XIX. LA LLUVIA GÜENA

7 Análisis

8 Características

9 Versión cinematográfica

10 Nota

11 Bibliografía

12 Enlace externo

[editar]Contexto

Ciro Alegría, que por entonces vivía en Chile, ya era conocido en el mundo literario pues años antes
había publicado su novela La serpiente de oro, ganadora en 1935 de un concurso convocado por la
Editorial Nascimento y auspiciada por la Sociedad de Escritores de Chile. A fines de 1936, como
consecuencia de la dura vida de prisión y persecución política que sufrió en el Perú, enfermó
de tuberculosis pulmonar. Se recluyó en el sanatorio de San José de Maipo y allí estuvo dos años.
Antes de darle de alta le aplicaron un neumotórax, pero una burbuja de aire inyectada en la sangre
le produjo entonces una embolia cerebral que le dejó temporalmente ciego y con medio cuerpo
paralizado. Esta dificultad motriz le anuló la capacidad de escribir. Durante su recuperación, a
manera de terapia, fue obligado a escribir “algo” para readiestrar el uso de su mano derecha. Una
noche despertó sobresaltado por los ladridos de unos perros. Entonces se le vino la idea de
componer una novela basándose en relatos cortos que había escrito con anterioridad, sobre la vida
de unos perros en la serranía del norte peruano. La tarea de armar la novela le demandó un mes de
labor, titulándola Los perros hambrientos. Acto seguido la presentó al concurso de novela
convocado por la Editorial Zig-Zag y auspiciada por la Sociedad de Escritores de Chile. De las 62
obras presentadas, la suya obtuvo el segundo puesto. El primer premio lo obtuvo el escritor
chilenoRubén Azócar con su novela Gente en la isla. El fallo del jurado fue muy discutido. La obra
fue publicada en agosto de 1939; tuvo después múltiples ediciones en países de habla hispana y se
la tradujo a varios idiomas.

[editar]Escenarios

La historia está ambientada principalmente en la serranía del departamento de La Libertad, en la


región conocida como puna, en una comunidad de indígenas dedicada a las ancestrales labores del
cultivo de la tierra y pastoreo de ganado. Cerca de ellos se extienden las inmensas propiedades de
la hacienda de Páucar, donde los indios trabajan como peones o colonos. Se mencionan otras
comunidades de indígenas, como Huaira (comunidad desaparecida por obra de un despótico
terrateniente, que se apodera de las tierras de los indios), y los pueblos lejanos de Sarún y
Saucopampa (este último lugar de culto de una milagrosa Virgen del Carmen). Otro escenario
mencionado es Cañar, en la zona de la ceja de selva, cerca alrío Marañón, refugio de bandoleros
dedicados al abigeato o robo de ganado.

[editar]Época

La época de los sucesos relatados es entre los años 1910 y 1920, es decir durante la niñez del
narrador, precisamente la etapa en que éste estuvo en contacto con la gente recreada en la obra, es
decir los indios y cholos, peones y empleados de la hacienda de su padre. Eran los últimos años de
la llamada “República Aristocrática” (a la que mejor llamaríamos oligárquica) y el Oncenio del
presidente don Augusto B. Leguía, quien es mencionado en la obra aunque solo de manera
incidental.1 Es una época turbulenta, de protesta y conmoción social, particularmente en los Andes,
lo que se refleja claramente en el relato. Una de las más sonadas rebeliones de indígenas de esa
época fue la encabezada por Rumi Maqui, enPuno, en 1915. Solo como detalle significativo,
agregaremos que dicha época coincide con la ambientada en la otra gran novela indigenista
representativa de la literatura peruana, Los ríos profundos, de José María Arguedas, pero la trama
de esta se concentra en los andes del sur y en los años 1920.

[editar]Argumento

A través de la tercera persona del narrador omnisciente, Alegría desarrolla la historia paralela de
unos campesinos indígenas de la sierra norte del Perú y de sus perros pastores frente a la agresión
de la naturaleza manifestada en una prolongada sequía de dos años de duración. La falta de lluvias
priva de alimentos tanto a los hombres como a sus animales domésticos y entonces surge con toda
su magnitud y fuerza la necesidad básica de la subsistencia. Se representa la desesperada
solidaridad campesina pero también al desalmado hacendado blanco que dispara a los indios
indefensos que le vienen a suplicar comida. También los perros trastocan el orden establecido, pues
al verse privados de alimentos ven roto el vínculo ancestral que les une a sus dueños y empiezan a
devorar a las ovejas, por lo que son expulsados, formando jaurías que asolan los contornos de la
comunidad. Finalmente serán envenenados por el hacendado, cuyas propiedades habían empezado
a invadir. El paralelismo es notorio: a vista del desalmado patrón, los “perros hambrientos” son
indistintamente tanto los aldeanos como los animales. Cuando las lluvias anuncian el fin de la
sequía, finaliza un ciclo y empieza otro. .

[editar]Personajes

En la obra de Ciro Alegría encontramos una gran variedad de personajes, tanto seres humanos
como animales (perros). Cada uno tiene relevancia, pero solo mencionaremos los de mayor
importancia en el desarrollo de los hechos.

[editar]Los hombres

 La familia Robles, gente típica de la serranía del norte peruano. Lo


conforman los esposos Simón y Juana, y tres hijos todavía
menores que conviven con ellos y que les ayudan a en las tareas
del hogar, el cultivo y la cuida del ganado: Vicenta, Timoteo y
Antuca.

 Simón Robles, el viejo jefe de familia, hábil narrador de


cuentos e historias, también gusta tocar la flauta y la caja,
además de poner apelativos a las cosas. Entre sus más
curiosos apodos está el dado a un caballo muy flaco:
“Cortaviento”, y a una gallina estéril: “Poniaire”.

 Juana, la esposa de Simón, ya entrada en años y con la


experiencia y sabiduría natural de las mujeres de su edad.

 Vicenta, la hija mayor, aun soltera, ágil y espigada, quien se


dedica a tejer bayetas y frazadas. El relato menciona también
que en una ocasión, durante una fiesta celebrada en
Saucopampa, la sacó a bailar el cholo Julián Celedón (luego
célebre bandolero), pero su padre se opuso a que la cortejara
pues aquel ya tenía ya muy mala fama.

 Timoteo, joven, muy robusto y empeñoso. Se enamora de


Jacinta, hija de unos emigrados indios y la lleva a su casa,
luego que la muchacha queda huérfana de padre.

 Antuca, muchacha de 12 años, pequeña y lozana, que se


dedica a pastorear el ganado. Sale temprano de casa junto con
los perros conduciendo las ovejas al campo, para regresar al
atardecer. A veces se encuentra con otro pastorcillo,
el Pancho, de su misma edad, con quien se entretiene
contándose mutuamente historias y cuentos. Con las penurias
causadas por la sequía se vuelve muy delgada y pálida, y
lamenta que su desarrollo corporal se trunque de esa manera,
a pocos años de convertirse en una mujer casadera.

 Mateo Tampu, es un indio jóven y fornido, agricultor muy laborioso,


que tiene su propia choza y su chacra. Aparece en el relato
adoptando a un perrillo para que le ayudara en el pastoreo de
ovejas. Lleva la vida sencilla y laboriosa del campesino, junto con
una esposa amorosa, la Martina, que le da dos niños, pero todo se
malogra cuando es llevado por la fuerza a enrolarse al ejército. Su
ida trastoca el hogar al dejar a su esposa sola y con la inmensa
responsabilidad de cuidar a su familia y sus tierras.
 Martina Robles, hija de Simón Robles, esposa de Mateo Tampu,
madre de Damián y de otro niño de meses de nacido cuyo nombre
no se menciona en la obra. Cuando su marido es llevado por los
gendarmes entra en una gran desesperación pero no pierde la
esperanza de que retorne. Al final, da la impresión de ser una
madre irresponsable al dejar al pequeño Damián, de 7 años, solo
en la casa, mientras ella se lleva al hijo mas chico para ir a buscar
alimentos donde los padres de Mateo, que vivían en un pueblo
lejano llamado Sarún. La razón que da para abandonar a Damián,
es que alguien debía esperar en casa la vuelta de Mateo. No se
sabe más de ella luego de su partida.

 Damián, hijo de Mateo Tampu y de Martina Robles. Es un niño que


sufre al igual que todos la desgracia de la sequía. En su caso es
abandonado por una madre que decide partir en busca de
alimentos. Junto con el perro Mañu y una oveja queda solo en
casa. Al final muere de hambre y sus restos, que son defendidos de
los cóndores por el fiel Mañu, son recogidos por Rómulo Méndez,
quien lo lleva donde Simón Robles, el abuelo que le da cristiana
sepultura.

 Los hermanos Celedonios, Julián y Blas Celedón, bandoleros


serranos, dedicados al abigeato o robo de ganado. Julián es el que
más destaca y tiene dotes de líder. Debido a un conflicto que tuvo
con su patrón, quien lo acusó sin pruebas de ladrón, Julián tuvo
que matarlo y así empezaron sus días de criminalidad. Ambos
hermanos viven siempre al filo del peligro, evadiendo las
emboscadas que le tiende el Culebrón, el jefe de gendarmes, su
peor enemigo. Tienen su guarida o refugio en Cañar, cerca al río
Marañón. Al final sucumben tras ser acorralados por los
gendarmes.

 Venancio Campos, amigo de los Celedonios y bandolero como


ellos.

 Elisa, bella chinita (muchacha indígena) del pueblo de Sarún,


amante de Julián Celedón, de quien espera un hijo.

 El alférez de gendarmes Chumpi, apodado el Culebrón.


Representa a las fuerzas del orden. Es un cholo con bigotes,
trigueño, alto y fornido. Tenaz perseguidor de los Celedonios, solo
logrará su cometido utilizando un ardid infame: envenenando unas
papayas que los hambrientos bandoleros, acorralados en una
cueva, devoran con fruición.

 Don Fernán Frías y Cortés, subprefecto de la provincia, blanco y


costeño. Es uno de esos funcionarios que merced a sus influencias
son enviados desde Lima a las provincias y cuyo interés es solo
hacer dinero de manera venal, para retornar luego a la capital.
Ordena al alférez Chumpi a apresurar la captura de los Celedonios,
vivos o muertos, ya que necesitaba de un logro con que presumir
antes de volver a Lima.

 Don Cipriano Ramírez, es el patrón u hacendado, dueño de la


hacienda de Páucar. Tiene una esposa joven y un hijo, todavía
niño, llamado Obdulio. En sus tierras trabajan los indios o aldeanos
de los contornos, contratados como peones. Don Cipriano es un
hombre generoso cuando le conviene, pero a la vez un patrón
despiadado, que sabe aplicar el látigo. Durante el periodo de
sequía ayuda a sus peones dándoles alimentos, haciéndoles creer
a cada uno que solo con él se mostraba generoso. También recibe
a otros indios que vienen de lejos, dándoles parcelas de tierra y
alimentos, a fin de retenerlos para futuras siembras y cosechas.
Pero la sequía se prolonga demasiado y don Cipriano termina por
suspender la entrega de subsistencias. Los aldeanos se rebelan
(entre ellos Simón), y don Cipriano no duda en ordenar dispararles
para hacerlos retroceder. Como consecuencia de ello mueren tres
personas, hecho ante el cual el hacendado se muestra indiferente.

 Don Rómulo Méndez, empleado de la hacienda de Páucar y brazo


derecho de don Cipriano.

 El indio Mashe (contracción de Marcelo) y su familia: su


esposa Clotilde y dos hijas, de las que solo se menciona el nombre
de la mayor, Jacinta. Junto con otros comuneros indígenas había
sido expulsado de Huaira (comunidad lejana) por el terrateniente
don Juvencio Rosas. Mashe llega hasta la hacienda de Páucar,
propiedad de don Cipriano Ramírez, a quien ruega para que lo
reciba como peón o trabajador de la tierra, aunque tiene la mala
fortuna de llegar en plena sequía. El hacendado le da una parcela y
un poco de trigo para que subsista mientras dure la sequía, pero
esta se prolonga mucho y al suspenderse la ayuda alimenticia,
Mashe muere enfermo y agotado.

 Jacinta, la hija de Mashe, es una muchacha en edad de tener


marido, pero por culpa de la sequía debe postergar su deseo.
Timoteo se fija en ella y tras la muerte de Mashe lo lleva a casa de
sus padres. Estos la aceptan y queda sobreentendido que
terminarán casándose y formando un nuevo hogar.

 El Narrador, es un ser omnisciente que no toma parte en la obra


misma y relata en tercera persona singular, pero a pesar de ello
conoce cada aspecto de los personajes incluyendo los
pensamientos y emociones, así como los lugares en donde se
realizan las acciones.
[editar]Los perros

 Wanka, la perra, madre de muchas camadas, animales que son


muy apreciados por la comunidad pues desde temprana edad son
acostumbrados a vivir en el redil junto con las ovejas y adiestrados
para ser hábiles cuidadores de rebaños. Otros son criados para ser
guardianes de casa. “....¿Raza? No hablemos de ella .Tan
mezclada como la del hombre peruano...”, nos aclara el narrador.
Entre los hijos de Wanka se cuentan Güeso, Pellejo, Mañu, Chutín,
etc. Wanka, como todo perro, es fiel al amo mientras éste le da
comida y abrigo pero cuando este vínculo se rompe a consecuencia
de la sequía, pesa más el instinto primario canino. Wanka mata a
una oveja del rebaño y se lo devora; los otros perros la imitan. Por
tal falta es exiliada del hogar de los Robles, junto con los demás
perros. Finalmente cuando las lluvias regresan y finaliza la sequía,
Wanka retorna y Simón lo perdona.

 Zambo, hermano y pareja de Wanka. Le pusieron ese nombre por


el color oscuro de su pelaje. No tiene un rol muy llamativo en el
relato. Sin embargo tiene un trágico final al igual que el resto de los
perros, pues muere envenenado y es devorado por el Pellejo (su
hijo), quien por ende comparte su triste final.
 Güeso, hijo de Wanka y Zambo, y hermano de Pellejo. En torno a
su figura están sin duda las páginas más emocionantes del relato.
Tras vivir como un simple perro ovejero, de pronto es apartado de
su mundo por obra de unos bandoleros, el Julián y el Blas Celedón,
quienes le quieren convertir en perro conductor de reses robadas.
Güeso se niega rotundamente al principio, incluso es azotado y
marcado con hierro como castigo. Tiene también un intento
frustrado de escape. Odia a aquellas personas que le arrebataron
su vida tranquila. Pero surge un cambio radical cuando ve que
aquel “humano”, el Julián, realmente se preocupa por él y lo atiende
como a un miembro de su familia, curándole sus heridas y dándole
comida. Termina encariñándose con su nuevo amo, quien feliz, le
desata y lo junta con otro perro, el Güenamigo. Ambos perros se
convierten en un gran auxilio para los Celedonios pues aparte de
ayudarles en el arreo de reses, sus ladridos advierten las
emboscadas de los gendarmes. Al final Güeso compartirá el triste
final de los bandoleros: morirá abaleado junto con el Julián y el
Blas.

 Pellejo, hijo de Wanka y Zambo, y hermano de Güeso. Durante la


sequía encabeza junto con Wanka y Zambo la bandada de perros
hambrientos que deambulan en busca desesperada de alimento.
Muere tras devorar el cuerpo del envenenado Zambo.

 Mañu, es hijo de Wanka y Zambo. Muy cachorro aún, es llevado


por Mateo, esposo de Martina y padre de Damián. Este último,
todavía infante, en su media lengua llama “mañu” al perrillo (en vez
de decirle “hermano”), y así se queda con ese nombre. Cuando
Mateo es enrolado en el ejército, Mañu asume un gran compromiso
que es el de cuidar a la familia. Demuestra su valor y fidelidad al
defender el cadáver de Damián de las aves de rapiña. Regresa al
hogar de los Robles, enrolándose en las tareas de pastoreo, pero al
ver que no hay comida disponible huye y se une a la manada de
perros hambrientos. Morirá víctima del hambre, en una escena muy
conmovedora, en donde la Antuca le acompaña en sus últimos
instantes.

 Shapra, el guardián del hogar de los Robles. Reemplaza en esa


función al perro Tinto, muerto de una dentellada por Raffles. Muere
abaleado durante una incursión que hace con otros perros en una
chacra de maíz.

 Raffles, perro de raza fina, de pelaje amarillento, enorme y feroz,


que junto con otros similares guarda la casa-hacienda de don
Cipriano. Durante la sequía, Raffles y su jauría se dedican a
despedazar a los perros chuscos y hambrientos que deambulan por
los contornos de la hacienda, pero ante el crecido número de estos,
el hacendado prefiere encerrar a sus canes en un cuarto, desde
donde ladran cada vez que sienten cerca la presencia de los perros
vagos.

 Chutín, hijo de Wanka y Zambo, fue un obsequio que el hacendado


don Cipriano le hizo a su menor hijo, Obdulio, ante la insistencia del
chicuelo de tener un perrillo a su lado, en vista de no poder
juguetear con el Raffles y los otros perros feroces de la hacienda.
Le pusieron ese nombre por ser chusco (chuto) pero se ganó la
simpatía de toda la familia y desplazó en las preferencias a Raffles.

 Güenamigo, perro de pelo lacio y amarillento, de propiedad de los


Celedonios, entrenado para la conducción del ganado mayor
(vacas y toros) robado. Se hace amigo de Güeso, de quien aprende
el arte de arrear las reses. Ambos compartirán el mismo destino al
morir abaleados al lado de sus amos.
[editar]Sinopsis o resumen por capítulos

La novela se divide en 19 capítulos de variable extensión, rotulados y numerados con dígitos


romanos. A continuación un breve resumen de la obra por capítulos.

[editar]I. PERROS TRAS EL GANADO


El relato empieza mencionando los ladridos de los perros pastores que conducían una manada de
ovejas. La pastora es Antuca, una chiquilla de doce años. Es una “chinita”, como les dicen a las
muchachas indígenas del norte del Perú. El rebaño lo conforman cien pares de ovejas sin contar los
corderos. Los perros que la ayudan en la labor responden a los nombres de Zambo, Wanka, Güeso
y Pellejo. Antuca se encuentra a veces con Pancho, otro pastorcito, que con su antara toca
un yaraví muy triste, denominado el manchaipuito. Este yaraví cuenta la desgracia de
un sacerdote que se enamora de una doncella del pueblo, la cual muere, por lo que el cura
enloquece junto al cadáver de su amada, mientras tocaba día y noche con una flauta, hecha de uno
de los huesos de aquella. La Antuca se siente feliz con la compañía del Pancho, mientras que él se
solaza contemplándola; así son los idilios en la sierra del Perú, nos dice le narrador. Ya de noche
Antuca regresa a su casa con el rebaño, donde le esperan don Simón Robles, el padre; doña Juana,
la madre; Timoteo y Vicenta, los hermanos, y Shapra, el perro guardián de la casa.

[editar]II. HISTORIAS DE PERROS


Wanka y Zambo provenían de Gansul, de la afamada cría de don Roberto Poma. Los perros son
criados, antes de que abran los ojos, en el rebaño, amamantados por las ovejas; de esa manera se
acostumbran tempranamente con el ganado. A Zambo le pusieron ese nombre por ser de color
prieto; en cambio, nadie pregunta al Simón Robles por qué puso el nombre de Wanka a la perra (lo
cual era una alusión a una tribu guerrera de la sierra central peruana). La perra se convirtió en
madre de muchas camadas, cuyos miembros fueron repartidos entre los habitantes del pueblo y de
otros lugares. Simón les ofrecía ya sea como perros ovejeros o como guardianes de casa. Muchos
de ellos ganaron fama. Güendiente, el perro del repuntero Manuel Ríos, manejaba
excepcionalmente a las vacas. Máuser, el perro de Gilberto Morán, muere en una explosión
de dinamita, durante una obra de construcción de carretera; Tinto, el perro guardián de la casa de
Simón Robles, es muerto por el feroz Raffles, enorme perro de don Cipriano Ramírez, el hacendado
de Páucar, siendo reemplazado por el ya mencionado Shapra como guardián del hogar. Quien de
alguna manera venga a Tinto es Chutín, otro hijo de Wanka y Zambo, el cual fue regalado al niño
Obdulio, hijo del hacendado Cipriano, quien se rindió ante la insistencia del niño de tener un perrito
de compañía. Chutín se ganó la preferencia de todos en la casa hacienda, en desmedro del feroz
Raffles. Cuando el rebaño de Simón Robles aumenta y se necesita más ayuda en el pastoreo, los
Robles deciden quedarse con dos perros de la siguiente parición de Wanka. A ellos les colocan los
nombres de Güeso y Pellejo debido a una historia que Simón narra sobre una viejita que para no ser
asaltada disimuladamente se quejaba: “estoy hecha puro Hueso y Pellejo”, llamando de este modo a
sus perros que tenían esos nombres. Los perros al oír el llamado de su ama ingresan al cuarto de la
vieja y se lanzan contra el ladrón, “haciéndole leña”. Cuando el Timoteo objeta la historia haciendo
notar que cómo podía ser que unos perros guardianes dejaran entrar a un ladrón en casa y encima
necesitaban que su ama los llamara, el Simón Robles se limita a sentenciar: “cuento es cuento”. Y el
narrador pone como ejemplo la historia de un curita de Pataz quien luego de narrar con mucha
emoción y patetismo la pasión y muerte de Nuestro Señor, vio atónito como todos los feligreses
lloraban a moco tendido. El cura tuvo que finalizar diciendo que como era una historia ocurrida hace
mucho tiempo, bien podía ser solo cuento.

[editar]III. PERIPECIA DE MAÑU


Mateo Tampu era un joven y robusto campesino, muy laborioso, casado con Martina Robles (hija de
don Simón Robles). Tenía su propia choza y su chacra, y como necesitaba un perro pastor para su
rebaño de ovejas que cada día crecía más, solicita a su suegro que le obsequiará un cachorrillo.
Simón le da permiso para que coja uno de los perritos de la última camada de Wanka. Mateo
escoge al azar uno y lo mete a su alforja, acomodándolo para que quedara con la cabeza afuera. Se
despide de su suegro y retorna a su casa. Damián, su pequeño hijo, en su media lengua llama Mañu
al perrito (en vez de decirle “hermano”), y con ese nombre se quedó. Todo prosperaba en la familia y
la Martina dio luz a otro niño. Pero un día, mientras Mateo trabajaba en su chacra, aparecen dos
gendarmes o policías, quienes le piden su libreta de conscripción militar. Como no la tenía se lo
llevan violentamente, a pesar de las súplicas de Martina, quien es abofeteada por uno de los
gendarmes. La pobre esposa queda sumida en la más profunda tristeza; sin embargo, guarda la
esperanza de que su esposo retornara, aunque sin tener una idea cabal de qué se trataba eso de
“servir en el ejército”. Ante la ausencia del esposo cobra importancia el Mañu, como guardián no
solo del rebaño sino del pequeño Damián, a quien sigue a todos lados.

[editar]IV. EL PUMA DE SOMBRA


Los perros ladran de noche porque sienten la presencia de un enemigo (un puma o un zorro). Los
hombres se alertan, sueltan a los perros y salen a merodear. Luego esperan el retorno de los perros.
Simón aprovecha para contarles una historia: el puma de sombra. Les relata que estando solo en el
Paraíso, Adán le pide a Dios que no exista la noche y que fuera siempre de día. El Señor le
pregunta la razón de ese pedido y Adán le responde que por miedo a la oscuridad. Entonces Dios le
hace ver una visión: un puma enorme se acerca bramando y corriendo, ante el terror de Adán, pero
cuando ya lo tenía cerca, éste ve que se le pasa por encima: era solo una sombra. Dios le explica
entonces que así es la noche, pura sombra. Luego Adán le pide a Dios compañía, ya que todos los
animales la tenían menos él, y viendo que tenía razón, Dios se lo concede, creando así a la mujer. Y
termina Simón señalando que la mujer surgió por el miedo del hombre a la noche. Los perros
regresan fatigados y todo indica que solo se trata de un puma de sombra, como el de la historia de
Simón.(relatada antes)

[editar]V. GUESO CAMBIA DE DUEÑO


Un día Vicenta pide permiso para acompañar a su hermana Antuca en el pastoreo, pues quería ir al
campo a buscar ratanya (una planta que servía para dar tinte morado a los tejidos). Su padre
aprovecha para encargarle que trajera pacra (hierba que servía para engordar al ganado). Cumplido
su cometido, Vicenta se despide de su hermana. De pronto aparecen dos jinetes con aire
amenazante. Vicenta se esconde detrás de una roca y los reconoce: son los cholos Julián y Blas
Celedón, hermanos bandoleros, muy temidos en la región. Recuerda que años atrás ella había
bailado con el Julián en una fiesta pero su padre se había opuesto a que la cortejara pues el cholo
ya tenía muy mala fama. Julián atrapa a Güeso con un lazo, pues quería un perro de la muy
afamada cría de los Robles para entrenarlo como conductor de ganado robado. Wanka y los otros
perros se acercan ladrando a los intrusos y a su encuentro les sale Güenamigo, el perro de los
bandoleros, pero Julián lo contiene para evitar una pelea desigual. Wanka espera solo la orden de
su ama para lanzarse contra los forajidos, pero el Blas apunta su carabina amenazando con
disparar, por lo que Antuca se apresura a alejar a sus perros y calmarlos. Cuando se entera por
boca de ellos mismos de que se trataban de los famosos “Celedonios” queda helada de conmoción.
Suplica llorando por su perro, pero los bandoleros la amenazan y se llevan a Güeso arrastrándolo
por el camino. No bien se alejan, la Vicenta sale de su escondite y se va a consolar a su hermana,
quien no cesaba de llorar.

[editar]VI. PERRO DE BANDOLERO


Los bandoleros se llevan pues a Güeso, pero este, muy terco, no quiere avanzar. Lo flagelan;
finalmente, el Blas lo marca con hierro candente. Muy adolorido, no le queda al perro sino seguir a
los bandoleros para no recibir mayores maltratos. Luego de un largo recorrido llegan a una cabaña,
donde los reciben una pareja de esposos llamados Martín y Pascuala. Los bandoleros se alimentan
y se disponen a dormir, dejando a Güeso atado a una viga con una soga. El perro intenta escapar,
royendo la soga. Ya estaba a punto de romper la última hebra cuando es descubierto por Julián. Lo
ata entonces con una soga de cerda. Gueso se siente entonces perdido, sin esperanza ya de huir.
Muy de mañana parten los Celedonios y llegan a Cañar, un valle profundo lleno de monte tupido,
escondite ideal de ladrones, a cuyo lado corre el río Marañón. Después de cierto tiempo, Güeso se
acostumbra con sus nuevos dueños y termina por encariñarse con Julián, quien lo suelta y lo junta
con el Güenaamigo para que aprendiera a ser perro abigeo o conductor de reses robadas. Güeso
conoce entonces a los amigos de los Celedonios: el Santos Vaca, el Venancio Campos, bandoleros
todos. Un día Güeso ve de lejos a Antuca y a su rebaño; parece recordarlos pero luego de un rato
regresa corriendo donde Julián, decidiendo así su destino, el ser un “perro de bandolero”. El amor
de Julián es Elisa, bella chinita del pueblo de Sarún, a quien embaraza. Su peor enemigo es
Chumpi, apodado el Culebrón, un alférez de gendarmes, el cual le sigue tenazmente los pasos pero
siempre era burlado. El Güeso y el Güenamigo se convierten en aliados valiosísimos de los
Celedonios ya que con sus ladridos avisan cuando los gendarmes se hallan cerca.

[editar]VII. EL CONSEJO DEL REY SALOMÓN


En aquel año no hubo buenas cosechas. Las lluvias escasearon y las mieses de la mayoría de las
chacras no alcanzaron su plenitud. La comida empezó a escasear. Los Robles se enteran que las
chacras de la Martina se han perdido y que para colmo, recibe la visita de su cuñada, la cual tenía
problemas con su marido y no quería volver donde él. Aprovechando este percance, don Simón
cuenta la historia de un hombre que no era feliz debido a que su esposa siempre le causaba
problemas y lo comparaba con su anterior marido, el “difuntito”, diciendo que éste había sido más
bueno. El hombre, desesperado, visita al rey Salomón, el cual le aconseja sabiamente que vaya a
ver lo que hacía un arriero con su burro, en un cruce de caminos, y que haga lo mismo. El hombre
observa que el arriero, cada vez que su burro quería ir en la dirección contraria a la que él quería, le
sonaba las orejas con un palo; el animal le obedecía entonces. Entonces el hombre va a su casa, y
cuando su esposa le sale a su encuentro amenazando con irse, coge un palo y le da duro, tal como
vio hacer al arriero con su burro. La mujer le suplica entonces que no la pegue más, y desde ese día
no volvió a molestar al marido.

[editar]VIII. UNA CHACRA DE MAÍZ


La casa-hacienda de Páucar, propiedad de don Cipriano, contaba con una represa que almacenaba
el agua de una quebrada. De modo que en torno a ella verdecían los alfalfares y germinaban los
maizales, lo que contrastaba con la desolación del contorno. A una de esas chacras de maíz
ingresan los perros Manolia y Rayo, seguidos por Shapra y Wanka. Se alimentan de la pulpa jugosa
de los choclos aún tiernos. Guiados por su fino olfato, Zambo y Pellejo los imitan. Pero el hacendado
decide frenar los estragos. Una noche, don Rómulo Méndez, el empleado de la hacienda, coloca
una trampa, donde al día siguiente muere Rayo, aplastado por una piedra enorme. Los demás
perros huyen pero Shapra y Manolia sucumben bajo las balas de los guardianes. Los sobrevivientes
no volvieron más a la chacra de maíz.

[editar]IX. LAS PAPAYAS


Don Fernán Frías, el subprefecto de la provincia, encomienda una misión al alférez Chumpi,
conocido como el Culebrón: capturar a los Celedonios, vivos o muertos. Chumpi recibe la
colaboración de los hacendados y ordena arrear unas vacas a Cañar, refugio de los Celedonios,
como señuelo para atrapar a los bandidos. A Cañar llega el cholo Crisanto Julca, para avisar a los
Celedonios que había divisado una vacada de la que podían echar mano fácilmente. Sin sospechar
la trampa se duermen esa noche. De madrugada los despiertan los ladridos de los perros. Se dan
cuenta entonces que los gendarmes estaban muy cerca. Tratan de huir por una quebrada, pero
notan que han sido rodeados. En la balacera mueren el Crisanto y el Güenamigo. Los hermanos
Celedonios se ocultan en una cueva, junto con el fiel Güeso. Allí resisten varios días, sin comida ni
agua. Un gendarme, cansado de esperar, se acerca a la cueva dispuesto a acabar con los
Celedonios, pero estos lo matan a balazos. Una esperanza renace en los Celedonios cuando ven
asomar de lejos a su amigo, el Venancio Campos, junto con un segundo suyo. Pero el Venancio no
se atreve a enfrentar a los gendarmes, superiores en número. Pasan los días y a los mismos
gendarmes se les agotan las provisiones. Ya no hay ni frutas qué coger de los árboles a excepción
de unas cuantas papayas que recién pintaban de maduras. Simulan entonces retirarse, pero antes,
el Culebrón envenena las frutas que quedaban, utilizando una jeringuilla que para el efecto había
comprado en el pueblo. Los hermanos bajan entonces de su escondite confiados, y sacian la sed
con el agua de un arroyo. Pero no encuentran nada para comer, y solo divisan las papayas, las que
se apresuran a derribar y devorar ávidamente. Blas siente primero los estragos del veneno, luego
Julián. Caen ambos al suelo, retorciéndose de dolor, y entonces llega el Culebrón y los remata a
tiros. Güeso trata de defender a su amo, y es también baleado, cayendo muerto al lado de Julián.

[editar]X. LA NUEVA SIEMBRA


Luego de un año malo para las cosechas, las nuevas lluvias parecen anunciar una naciente época
de fecundidad del suelo. Don Cipriano Ramírez, junto con sus empleados y peones, ara y siembra
los campos, ayudado por las yuntas de bueyes. Los granos de trigo y cebada son depositados en
los surcos. Junto con su mayordomo don Rómulo Méndez, don Cipriano es el último en abandonar
las labores. Regresan ambos a la casa-hacienda donde les espera la comida lista. Esa noche llueve.
por lo que auguran que la siembra promete una buena cosecha.

[editar]XI. UN PEQUEÑO LUGAR EN EL MUNDO


Pero las lluvias solo duraron una semana. Luego la sequía continuó. El indio Mashe y cincuenta
indígenas, quienes habían sido expulsados de Huaira por el terrateniente don Juvencio Rosas,
llegan hasta la hacienda de Páucar y ruegan a don Cipriano Ramírez para que los reciba. El
hacendado los acoge porque iba a necesitar trabajadores para las futuras siembras. Les da permiso
para que se asienten en sus tierras, así como cebada y trigo para que coman, mientras durara la
sequía. Mashe, quien tiene una esposa y dos hijas solteras, es recibido temporalmente por la familia
Robles, mientras busca un pequeño lugar en el mundo donde vivir. El Timoteo observa
detenidamente a una de las hijas de Mashe, la Jacinta. Pero la época es tan mala, al punto que no
se puede estar pensando en buscar pareja.2

[editar]XII. “VIRGEN SANTÍSIMA, SOCÓRRENOS”


Gente muy devota de los santos, cada uno de estos tiene la virtud de conceder favores específicos,
que los creyentes invocan con rezos y demás ceremonias. La favorecedora de las lluvias es la
Virgen del Carmen del pueblo de Saucopampa. La gente decide sacarla en procesión. Los Robles
se unen al cortejo. Simón recordaba una anécdota del pueblo de Pallar, cuando la imagen de la
Virgen que cargaban los fieles cayó sobre las rocas destrozándose completamente; la gente,
mientras tanto, seguía cantando el tradicional himno: “Eso se merece nuestra Señora, eso y mucho
más, nuestra Señora”. Pero Simón, incansable narrador, esta vez ni siquiera intenta traer a colación
su historia pues el ánimo de la gente se hallaba por los suelos. Su mujer y sus hijos iban tras él, en
silencio. Timoteo deseaba más que nadie que se acabara la sequía para poder sembrar y a la vez
tomar como su mujer a la Jacinta.

[editar]XIII. VOCES Y GESTOS DE SEQUÍA


Pasaron varios días desde la procesión y seguía sin llover. Las sementeras ya habían muerto pero
los campesinos seguían anhelando la lluvia. Esta llega al fin pero solo dura algunos días. La sequía
continúa. Un cielo azul alumbrado por un sol ardiente cubre el horizonte. Wanka pare pero sus
cachorros son arrojados a una poza. Era la única manera de librarles de una muerte más penosa
por el hambre. Simón guarda las semillas de trigo, arveja y maíz para el año entrante. Hombres y
animales en medio de la tristeza gris de los campos, vagan languidecientes y descarnados.

[editar]XIV. “VELAY EL HAMBRE, ANIMALITOS”


El ganado no tenía qué comer y es dejado suelto en los campos. Pero apenas encuentran alimento
con qué calmar el hambre: solo paja seca, chamiza e ichu reseco. Uno tras otro los animales son
sacrificados y comidos por los campesinos. Los perros llevan la peor parte. Muy flacos, deambulan
por el pueblo en busca de sustento que casi nunca encuentran. Una vez la Juana regresa indignada
a su bohío luego de visitar la capilla de San Lorenzo, en Páucar: habían robado el manojo de
espigas que cada año se ofrendaba al santo. Para ella era un sacrilegio nefando. La Antuca seguía
saliendo a pastear a las ovejas junto con sus perros, pero ya no era como antes. Ella misma había
enflaquecido y para colmo, ya no se encontraba con el Pancho. Viendo el paisaje tan desolador y
sus animales raquíticos, les dice tristemente: “Velay (he aquí) el hambre, animalitos”.

[editar]XV. UNA EXPULSIÓN Y OTRAS PENALIDADES


En una ocasión la Antuca se percata que sus tres perros (Wanka, Zambo y Pellejo) están devorando
a una oveja. Grita a los perros tratando de alejarlos, pero estos le ladran agresivamente. Antuca,
llorando, regresa a su casa contando lo sucedido. Los perros vuelven al hogar de los Robles pero
son expulsados a garrotazos y hondazos. Por su parte el indio Mashe levanta su choza cerca a
un alisar, en la parcela que le había sido otorgado por don Cipriano. Pero no tenía cómo dar el
sustento a su familia. Su hija, la Jacinta, sale entonces a buscar algo. Regresa con los restos de la
oveja que los perros habían devorado. Mashe y toda la familia se alegran y preparan la comida con
las piltrafas, que para ellos es un festín.

[editar]XVI. ESPERANDO, SIEMPRE ESPERANDO


Martina decide ir a Sarún, donde vivían sus suegros, pues su cuñada le había contado que allí si
abundaba comida. Lleva a su menor hijo, todavía bebé, pero deja en la casa a su hijo mayor,
Damián, niño de 9 años, acompañado sólo por el perro Mañu, y con una modesta ración de trigo. Le
encarga que en caso de que ella demorara y se acabara la comida, llamara a la vecina, doña
Candelaria, para que le ayudara a matar la única oveja que quedaba. Y si tardaba más, que fuera
donde su abuelo, el Simón Robles, que vivía en un trecho no tan lejano. Damián y el Mañu pasan
los días cuidando a la oveja y comiendo trigo tostado. Cuando se les acaba la comida, Damián llama
a gritos a doña Candelaria, la cual no responde. Una noche se roban a la oveja. Damián se
encamina entonces a la casa de don Simón. Pero desfalleciente, cae en el camino. Un cóndor
planea encima, tratando de acercarse al cuerpo. Mañu, su fiel compañero, lo defiende heroicamente,
pero Damián muere de hambre y sed. Don Rómulo, quien pasa por allí, recoge el cadáver del niño y
lo lleva a la casa de don Simón Robles, quien de inmediato lo entierra en el cementerio. Al día
siguiente Simón va a la casa de la Martina y la encuentra vacía y desolada. Se da cuenta entonces
que su hija se había ido definitivamente.

[editar]XVII. EL MASHE, LA JACINTA, MAÑU


El indio Mashe lleva una gruesa culebra a su casa, le corta la cabeza y la cola, lo asa y se lo come
compartiéndolo con su familia. Pero rara vez tenía la suerte de encontrar algo qué comer. Hasta que
un día cayó enfermo y ya no se pudo levantar. El perro Mañu se suma a la labor de pastoreo del
rebaño de ovejas cuidado por la Antuca y el Timoteo. Pero no recibe ninguna ración de comida, por
lo que abandona la casa de los Robles y se reúne con los perros expulsados. Mashe agoniza en su
lecho, y antes de morir, le confiesa a Clotilde, su mujer, que él fue quien robó el manojo de espigas
de la capilla de San Lorenzo de Páucar. Jacinta es llevada por Timoteo a su casa, donde Simón la
recibe. Esto era señal que el viejo aceptaba a la chica como pareja de su hijo.
[editar]XVIII. LOS PERROS HAMBRIENTOS
Las jaurías de perros hambrientos deambulan por todo lado. Un día Antuca va a recoger agua y
encuentra al perro Mañu tirado sobre las piedras, con la lengua afuera y agonizante. Siente mucha
pena por el animal y se queda acariciándole durante un largo rato, hasta que la voz de su madre lo
vuelve a las tareas cotidianas. Los perros llegan a invadir la casa hacienda de don Cipriano. Raffles
y los demás perros enormes de la hacienda son encerrados para evitar que se pelearan con los
callejeros, muy numerosos. Zambo husmea en busca de comida pero las personas ya no botan ni
las cáscaras de los alimentos. Pellejo recuerda que tiempo atrás una vez una señora muy buena,
doña Chabela, le había dado una semita, y confiadamente se le acerca, pero esta vez aquella la
expulsa cruelmente, hiriéndole con un tizón ardiente. Los perros hambrientos invaden el comedor de
don Cipriano, asustando a su familia. Son expulsados a patadas y garrotazos. Pero esta vez don
Cipriano decide terminar con el problema. Ordena colocar pedazos de carne envenenada alrededor
de la casa. Muchos perros comen el fatal bocado, entre ellos Zambo, cuyo cuerpo es devorado por
Pellejo, el cual muere igualmente víctima del tósigo. Con la extinción de los perros,
los zorros ypumas aprovechan para atacar al ganado, por lo que los campesinos hacen guardia de
noche. Algunos incluso imitan el ladrido de los perros. Rendidos por tantas penurias, indios y cholos
se reúnen frente a la casa hacienda de don Cipriano, rogándole que les diera comida, mientras
esperaban la lluvia para iniciar las labores. Pero don Cipriano se niega, aduciendo que ya no tenía
más grano para repartir. El Simón Robles le replica entonces, diciéndole que ellos sabían que
alimentaba a su ganado con cebada, como si un animal valiera más que un cristiano. Don Cipriano y
su mayordomo se retiran amenazantes y la masa de hombres intenta forzar la puerta de la casa. Se
escuchan disparos. Tres indios caen muertos. Los demás huyen. Los tiradores son los empleados
del hacendado; incluso al pequeño Obdulio, el hijo de don Cipriano, porta un arma que su padre le
ha enseñado a usar. La sequía se prolonga por algunos meses más.

[editar]XIX. LA LLUVIA GÜENA


Llega Noviembre. El cielo se cubre de nubes densas. Y las primeras gotas de lluvia levantan polvo.
Es, indudablemente, el fin de la sequía. El júbilo estalla entre los hombres y animales. Una tarde
Simón Robles miraba desde el corredor y una sombra le hizo volver hacia otro lado. Era la perra
Wanka, escuálida, quien retornaba para ocupar su puesto de guarda de ovejas, de las que solo
quedaban dos pares. Simón la llama y la perra se acerca a restregarse cariñosamente a su amo.
Conmovido, Simón la acaricia y le habla con ternura, llorando de emoción. “Y para Wanka las
lágrimas y la voz y las palmadas del Simón eran también buenas como la lluvia”.

[editar]Análisis

La novela relata los trágicos efectos de una sequía en la sierra peruana y subraya el
desquiciamiento del mundo andino al detenerse el ritmo de la producción agrícola. Aunque el
proceso narrado deja ver la radical inhumanidad del sistema social serrano y pone de relieve el
sufrimiento al que están sometidos los indios, lo cierto es que la novela diluye la energía de su
denuncia y oscurece la casualidad real de los sucesos al remitirlos excluyentemente a una razón
sólo natural (la sequía) y al ordenar su secuencia argumental mediante la formulación de una suerte
de círculo que afirma la permanente reiteración de la historia, su carácter inevitablemente cíclico, su
dependencia del ritmo de la naturaleza. Queda en pie, sin embargo, una imagen globalmente
positiva del hombre, la sociedad y la cultura indígenas. Al contrario de lo que sucede en otras
novelas indigenistas, aquí la miseria no conduce al aniquilamiento de la condición humana del indio,
sino, al contrario, pone de manifiesto su honda e imperturbable dignidad (Antonio Cornejo Polar).

[editar]Características

Alegría despliega una admirable capacidad descriptiva, de tonalidad fuertemente lírica, y prefiere
organizar el suceso mediante la adición de relatos breves, en cierto sentido independientes, que
hacen pensar en el origen cuentístico del texto, al igual que su otra novela, La serpiente de oro. El
tono lírico y la estructura fragmentada parecen remitir a las formas con que el mundo referido
plasma sus expresiones literarias.

[editar]Versión cinematográfica

Una adaptación cinematográfica de la novela fue realizada bajo la dirección del maestro Luis
Figueroa y estrenada en 1977, en Lima.

[editar]Nota

1. ↑ En el capítulo IX, titulado “Las papayas”, donde se alude a la


popularidad de dicho gobernante.

2. ↑ El título de este capítulo era originalmente “El mundo es ancho y


ajeno”, pero luego el autor lo cambió y lo reservó para la gran

novela que escribió pocos años después.

[editar]Bibliografía

 Alegría, Ciro: Los perros hambrientos. Literatura contemporánea


Seix Barral. Edición Perú: Ediciones Andina, 1985.

 Cornejo Polar, Antonio: Historia de la literatura del Perú


republicano. Incluida en “Historia del Perú, Tomo VIII. Perú
Republicano”. Lima, Editorial Mejía Baca, 1980.

 Samaniego, Antenor: Literatura Peruana. Texto y Antología. Tomo


5. Lima, Librería Arica, sétima edición, 1964.

 Sánchez, Luis Alberto: La literatura peruana. Derrotero para una


historia cultural del Perú, tomo V. Cuarta edición y definitiva. Lima,
P. L. Villanueva Editor, 1974

.
[editar]Enlace externo

 Los perros hambrientos en Libros Google

Categorías: Obras de Ciro Alegría | Novelas del Perú | Libros de 1939

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