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Amigo Enrique:

Esto es una carta al más viejo estilo de siglos anteriores, sólo me falta el riguroso
encabezamiento: "esperando que te encuentres bien al recibo de la presente...". Es la primera
vez que escribo una carta desde la época que navegaba (década de los 70 del siglo pasado).

Ante todo te agradezco la dedicatoria que me haces, pues transmite un sincero afecto y
mencionas los inolvidables momentos que vivimos juntos en esa complicada pero intensa época
que es la adolescencia, donde surgen los amigos para siempre como es este el caso.

El libro consta de dos partes claramente diferenciadas; la primera que es una especie de
bibliografía con vivencias comunes, por tanto muy cercana en lo afectivo. Y la segunda, en la que
entras en el tema político, donde seguro que entenderás que podamos diferir en varias cosas,
pero que no me interesa profundizar mucho en esta carta (tal vez si podríamos debatir
presencialmente cuando tengamos ocasión), porque nuestra amistad tiene una entidad de
mucho más envergadura.

Combinando la parte personal y política, me llama la atención tu equilibrio emocional, cosa


difícil para todo el mundo de nuestra generación y anteriores, dadas las consecuencias de la
Guerra Civil, que en mi opinión, aún perduran. Quiero decir con esto que en tu libro planteas
unas soluciones políticas extremadamente radicales sin entrar en el típico nihilismo que suele
acompañar un cambio social como el que planteas. No caes en esa actitud revanchista y
estúpidamente grosera de los giliprogres actuales que van de "luchadores" contra un fascismo
que hace mucho que murió de inanición pero lo necesitan para dar consistencia a un populismo
carente de ideología alguna.

Pienso que este equilibrio que menciono, algo tendrá que ver con la manera de resolver tu
relación con tu Padre, pues siendo como fue un hombre de ideología totalmente opuesta a la
tuya, lo reconoces como otro tipo de revolucionario y mencionas con respeto sus creencias
religiosas. Recuerdo lo que hablabas de Él cuando tenías catorce o quince años: lo admirabas.

Yo también tuve una relación parecida con mi Padre en el sentido que también siempre lo
admiré. Como sabes, fue del bando opuesto a tu Padre. La gran tragedia de una guerra civil. Pero
tú, hermanos tuyos y yo somos grandes amigos. Eso se llama reconciliación nacional, cosa que
"oficialmente" se rubricó con la constitución del 78 (nosotros la hicimos mucho antes) y los
giliprogres de ahora andan resucitando viejos odios e intentando ganar la Guerra Civil paseando
el cadáver de Franco. Patético y cobarde.

En cuanto al tema político, pienso que es algo difícil de debatir, pues nuestras "verdades"
cuando se tienen ideologías diferentes, cabe la discusión de las ideas, pero no de las creencias.
Ideas, creencias y verdad son conceptos que define muy bien Ortega y Gasset (para mi, un gran
referente intelectual), quien hace la siguiente aseveración: -Hay dos formas de verdad; una, en
la que "se está" o creencia y a la que "se llega" o verdad conocida. La razón es un instrumento
de la segunda. La verdad conocida o descubierta, a la que se llega, es a la que se accede mediante
la razón. Por el contrario, en el estado de creencia se está ya en una virtual posesión de la
realidad sin ejercitar ninguna función activa para estar en la verdad-
Llevado estos conceptos filosóficos al político, creo que las ideologías están preñadas de
creencias, algunas comunes e indiscutibles, tal como "bien común". ¿Quién va a decir lo
contrario? y otras, tales como "empresarios explotadores y trabajadores explotados" o "pueblos
oprimidos" son creencias que prácticamente tiene todo el mundo, los izquierdistas lo tienen
clarísimo pues lo sustentan las ideologías dominantes y los de derechas (acomplejados por serlo
y precisamente por no estar en la vigencia políticamente correcta), inconscientemente creen
que de alguna manera todos los trabajadores están explotados o que a lo mejor, los catalanes
están oprimidos.

En resumen que hoy día políticamente yo no me sitúo en ninguna ideología ni movimiento


que acabe en "ista", pues como bien dice Julián Marías (Discípulo de Ortega, claro), dicho
sufismo (ista), siempre comporta una inflamación de algo. Si que he de situarme en este campo,
estaría entre el liberalismo y la social democracia, o sea "de derechas", según las creencias
vigentes y de rabiosa actualidad.

En otro orden de cosas (como se dice en informes y cosas así), espero darme un salto por ahí
si esta pandemia remite alguna vez. Me molaría mucho reunirnos de nuevo la "vieja guardia",
tal como hicimos el verano pasado. Por cierto, que no me entere yo que vienes por la capital del
Reino de España sin decirme nada. Las críticas a tu libro serían aún más duras.

Un Gran abrazo de tu amigo Juan.

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