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Caso Ugarteche y el Derecho Internacional Privado

Alberto Meneses
Descargado de http://www.parthenon.pe/privado/
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privado/

La sentencia conocida como “Caso Ugarteche” ha sido objeto de varios comentarios tanto a
favor como en contra, todos los cuales o la gran mayoría se han sustentado en el aspecto
constitucional de la misma. Sin embargo, consideramos que antes de llegar a este á mbito,
hubiera sido recomendable verificar si nuestro ordenamiento civil acepta un matrimonio
celebrado en el extranjero (tanto entre personas de distinto sexo como del mismo) para que
como consecuencia de ello se pueda establecer la factibilidad de su inscripció n en RENIEC.
Para dicho fin, nuestro Có digo Civil ha regulado al Derecho Internacional Privado (DIP) en su
Libro X, disponiendo como marco general[1] que los jueces (debe entenderse también a los
ó rganos administrativos) aplicará n ú nicamente el derecho interno del Estado declarado
competente por la norma peruana de DIP. En el caso de matrimonios celebrados en el
extranjero, se dispone que la capacidad y requisitos de éste se rijan por las leyes de los
domicilios de los contrayentes[2], pudiendo reconocerse estos en nuestro país, siempre y
cuando, la ley extranjera no sea incompatible con el orden pú blico internacional o las buenas
costumbres[3].
Nó tese que nuestro DIP[4] determina que todo derecho regularmente adquirido al amparo de
un ordenamiento extranjero, competente segú n sus normas, tiene la misma eficacia en
nuestro territorio. Por tanto, la norma extranjera o el derecho adquirido se acepta y aplicará
siempre que: i) haya nacido al amparo de un ordenamiento competente, y ii) exista
compatibilidad con el orden pú blico internacional y las buenas costumbres.
En el caso concreto, el matrimonio entre los señ ores Aroche Reyes y Ugarteche Galarza fue
celebrado en México, país que permite el matrimonio entre personas del mismo sexo y en el
cual entendemos tienen o tuvieron su domicilio para contraer matrimonio; por tanto, el
mismo tiene su origen en un ordenamiento competente segú n nuestras normas de DIP,
cumpliéndose de esta forma el primer requisito. En cuanto al segundo, debemos empezar por
indicar que el orden pú blico es un término que no se encuentra plenamente definido a nivel
legislativo y en el que a nivel doctrinario no existe un criterio uniforme. No obstante ello, se
señ ala que: “Para un buen observador, un término como “orden público” se acerca bastante a
una calificación como “acto impuro”. Dependerá del carácter liberal o conservador, privatista o
publicista, nacionalista o internacionalista, del interpreté para arrojar resultados bastantes
distintos.”[5]

Debe considerarse que trasladar el orden pú blico al plano internacional genera la existencia
de un “orden pú blico interno” y el de un “orden pú blico internacional”. Por ello, se menciona
que,

“(…) el concepto de orden público interno no es el mismo que el de orden público internacional.
Lalive nos explica ello, señalando que una norma imperativa doméstica no necesariamente
prevalecerá en asuntos internacionales. Las normas imperativas de orden público pueden
importar poco en el ámbito internacional. Ello no es más que un reconocimiento de una máxima
del Derecho Internacional Privado, y que se materializa en la distinción fundamental entre las
situaciones domésticas y las internacionales. (…) Así, en la “nube” internacional que se eleva
sobre los Estados, y como ocurre cuando uno se va al cielo, las reglas son distintas. Son
usualmente más permisivas y flexibles, y las reglas de orden público pierden el tono marcial que
muchas tienen en sus países de origen. Los “actos impuros” terrenales no necesariamente tienen
el mismo carácter que los “actos impuros celestiales”.[6]

 Se puede advertir que el orden pú blico internacional resulta ser má s flexible en el sentido que
se sustenta no solo en lo que determina un sistema normativo respecto a sus principios y
esencia fundamental, sino en lo que a nivel internacional se entiende por ellos. En la misma
línea, se ha indicado que:

“Este orden público internacional es la expresión de principios fundamentales comunes a toda la


humanidad y, para evitar que bajo esa cobertura se erijan en principios universales las
concepciones particulares de un Estado o grupo de Estados, hay que buscar su certificación en
instrumentos que tengan efectivamente este carácter, como la Carta de las Naciones Unidas (…)
Las leyes estatales que violan uno de estos principios son contrarias al orden público
internacional y, por tanto, no pueden aplicarse en virtud de normas de conflicto de otro
Estado.”[7]
 En este sentido, el matrimonio entre personas del mismo sexo no trasgrede o vulnera los
principios fundamentales comunes a toda la humanidad, conforme se ha expuesto y
argumentado en la Sentencia. Cabe mencionar que en el mes de setiembre del añ o pasado, se
presentó un caso similar que fue resuelto por el Tribunal Registral al amparo de la normativa
del DIP (Resolució n No. 1868-2016-SUNARP-TR-L) disponiendo la inscripció n de la
transferencia de un predio a favor de personas del mismo sexo casadas en el extranjero. Por
ello, consideramos que la sentencia Ugarteche si bien se encuentra sustentada en aspectos
constitucionales y de derechos humanos, también lo es que en el ámbito civil encuentran
sustento en las normas de DIP.

 No obstante lo antes dicho, debe tenerse en cuenta que las disposiciones del DIP no son una
puerta para que dos peruanos del mismo sexo viajen a un país en el que esté regulado el
matrimonio entre personas del mismo sexo, constituyen su domicilio de forma temporal,
contraigan matrimonio y regresan al Perú solicitando su reconocimiento en RENIEC u otra
entidad, puesto que ello podría considerarse por las autoridades nacionales como un fraude a
la ley.

 El fraude a la ley en el ámbito civil es considerado como fraudulento de todo acto jurídico que
aun cuando válido en sí mismo, se otorgue con la finalidad de evitar la aplicación de una
disposición legal. En el ámbito del DIP[8], “(…) se persigue sancionar los casos en los cuales las
partes han obtenido indebidamente click here un elemento de conexión con un ordenamiento
jurídico que no es el que normalmente les corresponde, con el fin de eludir el cumplimiento de
determinadas disposiciones de su propia legislación o de acogerse a disposiciones más
favorables de una legislación extranjera.”[9]

 Esta figura establece como presupuestos necesarios los siguientes:

“(…) la realización de actos tendientes a establecer la conexión con el ordenamiento jurídico


extranjero (elemento material), el propósito o la intención de burlar la ley a la cual se está o se
ha estado normalmente conectado (elemento sicológico), la diferencia de disposiciones
aplicables entre los dos ordenamientos jurídicos (elemento legal) y la obtención de un beneficio
como consecuencia de la evasión fraudulenta de un sistema de derecho para acogerse a otro
(elemento real).”[10]
 En este contexto, el hecho de que dos peruanos del mismo sexo contraigan matrimonio en el
extranjero y luego regresen al país, podría considerarse como un fraude a la ley, en la medida
que se estarían acogiendo a otro ordenamiento jurídico para contraer matrimonio y
posteriormente hacer que sus efectos se apliquen en nuestro país. Sin embargo, para que ello
ocurra tiene que existir un elemento intencional, una clara voluntad de eludir la ley peruana, lo
cual en muchos casos resultará muy subjetivo, debiendo cada instancia determinar la
existencia o no del fraude. Un ejemplo de ello podría ser el caso que el cambio de domicilio a
un país extranjero y luego al Perú se realice en un periodo de tiempo muy corto, lo cual podría
hacer presumir que se pretendió eludir la ley peruana. Sin embargo, tendrá que analizarse
caso por caso para determinar la existencia de esta figura jurídica.

[1] Artículo 2048° del Có digo Civil: Los jueces aplicará n ú nicamente el derecho interno del
Estado declarado competente por la norma peruana de Derecho Internacional Privado.
[2] Artículo 2075° del Có digo Civil: La capacidad para contraer matrimonio y los requisitos
esenciales del matrimonio se rigen, para cada uno de los contrayentes, por las leyes de sus
respectivos domicilios.
[3] Artículo 2049° del Có digo Civil: Las disposiciones de la ley extranjera pertinente segú n las
normas peruanas de Derecho Internacional Privado, será n excluidas só lo cuando su aplicació n
sea incompatible con el orden pú blico internacional o con las buenas costumbres.

Rigen, en este caso, las normas del derecho interno peruano.

[4] Artículo 2050° del Có digo Civil: Todo derecho regularmente adquirido al amparo de un
ordenamiento extranjero, competente segú n las normas peruanas de Derecho Internacional
Privado, tiene la misma eficacia en el Perú , en la medida en que sea compatible con el orden
pú blico internacional y con las buenas costumbres.
[5] BULLARD GONZALES, Alfredo. “No cometerá s actos impuros: El orden pú blico y el control
judicial del laudo arbitral”, en AA.VV., Themis No. 63, p. 186.
[6]Ibídem, pp. 196 – 197.
[7]RIGAUX, Fraois. Derecho Internacional Privado – Parte General. Civitas, Madrid, 1985, p.
385.
[8] Cabe anotar que el fraude a la ley, en un principio, estuvo regulado en el proyecto de Libro
X que recoge las normas del DIP, siendo luego dejada de lado, lo cual podría hacer considerar
su proscripció n. Sin embargo, el tema es complejo, discutible y debatible.
[9]GARCÍA CALDERÓ N, Manuel. Derecho internacional privado. Lima, 1969, p. 110.
[10]Ibídem, p. 113.