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TEMA: VIVIENDO COMO HIJOS DE DIOS.

TEXTO: FILIPENSES 2:14-16 Haced todo sin murmuraciones y contiendas,


para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio
de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis
como luminares en el mundo; asidos de la palabra de vida, para que en el día
de Cristo yo pueda gloriarme de que no he corrido en vano, ni en vano he
trabajado.
INTRODUCCION
El apóstol pablo en esta epístola (filipenses) nos anima a vivir una vida
cristiana llena de gozo y alegría, a su vez el apóstol llama a los hermanos en
filipos a vivir a la altura de los valores del evangelio. Segundo, los llama a
mostrar amor mutuo y tener unidad de propósitos, con el fin de ser
totalmente identificados con Cristo tanto en su vida, muerte y resurrección,
como un sello indeleble de la obra realizada en nuestros corazones por
medio del Espíritu Santo. Demostrando al mundo que verdaderamente
somos discípulos de Cristo y por lo tanto hemos sido transformados con la
finalidad de impactar a todos los que a nuestro alrededor están.
DESARROLLO
1. Quienes son los hijos de Dios?: Son hijos de Dios los que han sido
engendrados por Dios a través de su palabra, son aquellos en quienes
ha ocurrido el gran milagro de la salvación, aquellos que han sido
regenerados, que han nacido de nuevo para vivir una nueva vida de,
por, y para Dios.

2. Características de los hijos de Dios:


a) Irreprensibles
b) Sencillos
c) Pureza
d) El mundo no nos conoce
e) Justos
f) Libres
g) No practican el pecado
h) Siervos de la justicia
i) Aman la verdad.
j) Hacen las obras que ven hacer de su padre.

3. Cristo nos compara con la sal de la tierra: Evangelio según San Mateo
5,13-16 «En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Ustedes son la
sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve insípida, ¿con qué la salarán? No
sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.
La sal es un elemento muy común y barato. Su uso, sin embargo, es
fundamental para nuestra vida. Nuestro organismo necesita sal en
proporciones adecuadas. En la cocina la sal es indispensable, y lo era
mucho más en la antigüedad cuando no existían los sistemas de
refrigeración con los que hoy contamos. La sal entonces era utilizada
como un eficaz medio de conservación de alimentos. Como en el caso
de cualquier otro elemento, los usos de la sal están íntimamente
vinculados a su composición, características y propiedades. Si por
medio de algún mecanismo lográsemos “quitarle” a la sal su capacidad
de salar la comida o de detener el proceso de corrupción de la carne,
ese elemento, en lo que a nosotros respecta y al uso que le damos,
dejaría de ser sal. Esto que es algo evidente en relación a un elemento
como la sal nos permite reflexionar en torno a las palabras que Jesús
nos dice en el Evangelio.

¿Qué significa que los discípulos (la iglesia) de Jesús seamos «sal de la
tierra»?
Al igual que la sal y que la luz con la que también nos compara el
Señor, los cristianos estamos llamados a tener un impacto en la
realidad en la que vivimos. Cuando uno echa sal en un guiso o sopa
espera que al probarlo el sabor haya cambiado. Cuando uno enciende
una luz espera que la oscuridad retroceda. Análogamente, los
discípulos de Jesús somos enviados al mundo para algo y nuestra
presencia en medio del mundo no puede pasar desapercibida pues
somos, por gracia de Dios, portadores de un don inmenso: la Buena
Nueva de Jesucristo, el evangelio de salvación. Para ser “saladores de
la eternidad” debemos, como cristianos, conservar nuestra virtud,
nuestras “propiedades” nuestra identidad, así como la sal para poder
salar y preservar los cuerpos a los que se agrega.

¿PERO QUÉ PASARÍA SI LA SAL SE VUELVE INSÍPIDA?


¿Quién la salará? Si la sal pierde su fuerza, sus propiedades ya no
sirven para nada y se le echa fuera. De igual manera si la lámpara se
oculta ya no ilumina y pierde su sentido. Nuestro Maestro nos está
diciendo que para poder ser sal de la tierra y para poder ser luz del
mundo, debemos ser fieles a lo que somos y vivir coherentemente con
ello.

4. Cristo nos compara con la luz del mundo: Así como la sal sala y la luz
ilumina, el cristiano está llamado a ser en medio del mundo testimonio
vivo del Evangelio de Cristo y a llevarlo hasta la raíz de la cultura y la
sociedad. la lámpara que se mete debajo de un cajón, ¿no nos está
mostrando el Señor el absurdo al que podemos llegar? Vivir un
cristianismo a medias, a la medida, que se adecua para no incomodar,
que rebaja la varilla en nombre de una falsa tolerancia y apertura al
mundo, ¿no es volvernos insípidos como cristianos? ¿No es meter bajo
el cajón la luz de Cristo que recibimos? Para ser lo tenemos que ser —
sal de la tierra y luz del mundo— debemos ser: genuinos, verdaderos,
transparentes, mostrar a Cristo en toda su extensión y vivir una vida
que muestre coherencia con lo que profesamos y como vivimos. Así
como la sal da sabor a la comida y la luz ilumina las tinieblas, así
también la santidad da pleno sentido a la vida, haciéndola un reflejo de
la gloria de
Dios»

CONCLUSIÓN
El llamado es claro: vivir nuestra fe con fortaleza y ser en nuestra vida
de cada día coherentes con nuestra identidad de cristianos de manera
que podamos ser lo que Jesús nos llama a ser: sal de la tierra y luz del
mundo. HIJOS DE DIOS sin mancha en medio de una generación
maligna y perversa.

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