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HAGAMOS BIEN A TODOS

Gálatas 6:6-10
6
El que es enseñado en la palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye.
7
No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también
segará.
8
Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el
Espíritu, del Espíritu segará vida eterna.
9
No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.
10
Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia
de la fe.

INTRODUCCIÓN:

Levante la mano todo aquel que alguna vez se ha cansado. ¿No es cierto que todos en algún
momento nos hemos sentido así, cansados? Es natural y válido sentirse así. Usted se va a la cama
porque está cansado, esto tiene que ver con el cansancio físico. Pero también nos cansamos
emocional y hasta espiritualmente. A veces nos cansamos de tolerar a una persona. ¿No es cierto
que el mal carácter de algunos nos cansa? ¿Se ha cansado estar dando siempre y no recibir?

Seguramente que sí. Sin embargo, la Biblia nos dice que hay algo de lo que no debemos cansarnos;
eso es, de hacer el bien. La Biblia nos exhorta a no abandonar esta tarea porque nos sentimos
cansados. Así que hacer el bien es un mandato de parte de Dios. Es una tarea para cada creyente.

Es cierto que la maldad de muchos pareciera cerrar nuestros deseos de obrar bien y de labrar la
dicha ajena, pero el mandato del presente texto es que no nos cansemos de hacer el bien. El
llamado es para que cuidemos nuestro corazón de modo que no se cierre o se enfríe por la maldad
de los otros.

La presente pandemia está poniendo a prueba el verdadero corazón del cristiano. Pudiera revelar
una actitud egoísta de “sálvense quien pueda” para proteger lo mío, o será esta la gran
oportunidad para sacar lo mejor de nosotros y pensar que otros estarán en peores condiciones
que la mía. Dios nos de las fuerzas para no cansarnos de hacer el bien. Ahora bien, cómo podemos
hacer realidad el mandamiento de hacer bien a todos. ¿Qué debemos hacer para no cansarnos de
hacer el bien?

I. AYUDÁNDONOS UNOS A OTROS A LLEVAR LAS CARGAS


a. El contexto de este imperativo bíblico (vers. 2)
2
Sobrellevad los unos las cargas de los otros,

No es extraño que Pablo ponga este versículo inmediatamente después de haber tratado el asunto
de la restauración de algún hermano que ha caído en una falta. La manera cómo él hace de
“terapeuta cristiano” en el asunto de tratar la culpa de quien ha cometido una falta, nos da una
visión no solo de compasión por quien esto padece, sino que nos lleva a considerarnos a nosotros
mismos por cuanto podemos pasar por la misma experiencia.

Así que es en ese contexto que Pablo nos habla de la importancia de llevar las cargas los unos a los
otros. El imperativo de hacer el bien nos pone en una posición de humildad, pero también nos
evalúa si somos los suficientemente espirituales para tratar una situación de este tipo.

La idea del texto es que nos demos apoyo mutuo. He aquí un verdadero desafío para considerar
cuánto nos necesitamos los unos a los otros. Por supuesto que no tenemos que esperar que
alguien caiga en algún pecado para ayudarlo. Cualquier hermano que ande apartado o
desanimado frente a lo que le está pasando, es una buena razón para que llevemos las cargas los
unos a los otros.

b. La razón de este imperativo bíblico (vers. 2b)

“…y cumplid así la ley de Cristo”.

La razón que Pablo nos da inmediatamente es que al hacer esto estamos cumpliendo “la ley de
Cristo”. Como Pablo es un abanderado en explicar lo que fue y lo que hizo la ley de Moisés, ahora
nos revela que hay una nueva ley que se suscribe especialmente cuando se trata de este asunto de
hacer bien a los demás.

En Romanos 10:4, el apóstol Pablo escribió: “porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo
aquel que cree”. ¿Cuál es la diferencia de la ley de Cristo con la de Moisés? Hay 2 formas en las
que podemos explicar esto. Lo primero es que Cristo dice:

Mateo 11:28

28 Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.

Y más adelante, en el versículo 30, dice:

30 porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.

El yugo de los fariseos quienes habían hecho una mala interpretación de la ley era pesado. Pero
además el yugo de la ley misma, porque ella demandaba que quien fallara en una tilde, ya era
condenado por ella misma. Así que la ley de Cristo es una bendición porque es escrita en el
corazón bajo el espíritu de la gracia. La ley de Cristo es la de la libertad. Ahora somos libres para
sobrellevar las cargas los unos de los otros.

Y para añadir a esto, debemos recordar que Cristo nos deja el más grande mandamiento:

Mateo 22:37-39 Reina-Valera 1960 (RVR1960)


37
Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu
mente.
38
Este es el primero y grande mandamiento.
39
Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

Entonces, es Cristo mismo quien nos da la razón por la que deberíamos ayudarnos a llevar
nuestras cargas mutuamente.
II. HAY QUE SEMBRAR EN BUENA TIERRA PARA RECOGER UN BUEN FRUTO
a. Dios no puede ser burlado (vers. 7)

7 No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso
también segará.

Pablo introduce un pensamiento que al momento pudiera ser visto como fuera del contexto del
tema que está tratando, pero no es así. “No os engañéis” es una advertencia para aquellos que
pretenden vivir un estilo de vida sin compromisos, sin entrega y sin preocupación por hacer el
bien.

El que no hace el bien terminará haciendo el mal. Así que el presente texto es una respuesta a
aquellos que, en lugar de hacer lo arriba mencionado, obran egoístamente y buscan solo sus
propios beneficios. ¿Quién es aquel que pretende burlarse de Dios? Por un lado, están aquellos
que piensan que tienen una vida piadosa pero su corazón dice otra cosa.

Es la persona que se vanagloria con su religión. Ningún hombre que se vanagloria logrará burlarse
de Dios. Es la persona que en vez de ser solución es parte del problema. Es aquel que vela por sus
propios intereses y no es de la iglesia del Señor. El creyente es alguien en quien mora el Espíritu
Santo. Nadie que viva el fruto del Espíritu se engañará así mismo y pretenderá burlarse de Dios en
este asunto de hacer el bien.

b. Lo que siembras eso recoges (verss. 7b-8)

“…pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.

8 Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para
el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna”.

Nadie puede sembrar mangos esperando cosechar manzanas. Somos el resultado de la siembra
que hacemos. El asunto de la siembra en la vida del creyente posee una de las lecciones más
grandes que determinan la vida que llevaremos.

Esto es así, primeramente, porque hay dos campos donde el creyente hace su siembra: el terreno
de la carne y el terreno del Espíritu. La siembra de la carne genera corrupción, mientras que la
siembra del Espíritu cosecha la vida eterna. Es algo así como la siembra en el camino y la siembra
en buena tierra. El miércoles de esta semana estuvimos hablando al respecto de los tipos de
terreno en los que se tira la semilla, y si bien el Señor busca un buen terreno, también hay otros 3
que representan la condición del hombre sin Cristo, así es que examinémonos para ver que tipo de
terreno somos.

Por otro lado, el principio de la siembra sigue su curso. Pablo habla a los Corintios de la
importancia de la siembra. Su resumen de este principio lo presenta así:

2 Corintios 9:6 Reina-Valera 1960 (RVR1960)

6 Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra
generosamente, generosamente también segará.
El sembrar para el Espíritu, y el sembrar generosamente, es la real siembra del bien. Esta siembra
nos libra del egoísmo y nos sumerge en el gozo del dar. Hay creyentes que siembran escasamente
y después se quejan de Dios. Que no nos cansemos de hacer el bien, esa es la mejor siembra que
hacemos. Anécdota: Trapos rojos

III. ARRIBA EL ESPÍRITU BONDADOSO.


a. Con todos los de afuera (vers. 10a)

10 Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos,

Esta expresión pareciera ser extraña cuando lo que vemos es una tendencia continua de hacer el
mal. Antes del diluvio, la frase que dominó aquel escenario, y por lo que vino después la
destrucción de la humanidad era esta:

Génesis 6:5 Reina-Valera 1960 (RVR1960)

5 Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los
pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal.

Pero hacer el bien es una orden bíblica. Esto no es una opción. La primera oración que elevamos al
Señor después de adorarlo y glorificarlo debiera ir en esta dirección. Mi oración no puede ser
siempre que Dios me haga bien, sino a quién puedo yo hacerle bien.

Cuando Jesús alimentó a los cinco mil, seguramente había buenos y malos, y no le negó el pan al
hambriento. El no hacer el bien pareciera lo más fácil, pero hacerlo es una de las características del
fruto del Espíritu.

b. Con todos los de adentro (vers. 10b)

“…y mayormente a los de la familia de la fe”.

Este texto nos habla de un orden de prioridad. La familia de Dios tiene que ver con la iglesia donde
me reúno. Son ellos los que deben ser objeto de mi consideración, misericordia y benevolencia.
Esto es el mismo principio que opera para la familia.

Debo primero proveer para mi familia; ellos son mis amados y esperan de mi cuidado y protección.
De la iglesia primitiva se decía que no tenían ningún necesitado. El interés de todos era suplir las
necesidades de cada uno. El amor cristiano tiene esta característica. Feliz la iglesia que se
preocupa por su gente.

Nada hace a la iglesia más cerca del corazón de Dios que esto. Es significativo en el texto las
palabras “según tengamos la oportunidad”. Esto quiere decir que no siempre tendremos una
oportunidad de hacer el bien. Las oportunidades para hacer el mal son las que más abundan.

Pero el cristiano es alguien que busca o crea la oportunidad de hacer el bien. Un cristiano egoísta,
que solo vive para sus intereses, que no incluye a alguien para hacerle bien en especial a sus
hermanos, ha perdido el rumbo de su fe y es peor que un incrédulo. Aprendamos de Jesús que
vivió siempre para otros.
IV. SABIENDO QUE AL FINAL EL SEÑOR RECOMPENSA SU OBRA
a. La importancia de la espera (vers. 9b)

“…porque a su tiempo segaremos”.

La cosecha tiene su tiempo. Es cierto que hay cosechas que las “apuran”, pero nunca los
resultados son iguales. La auténtica cosecha requiere del tiempo exacto. Por supuesto que esto
demanda nuestra más absoluta paciencia.

El principio de la espera de este texto tiene que ver con las promesas divinas. El asunto más
grande de nuestro amado Dios es el cumplimiento de sus promesas. Este texto lo confirma. Mis
amados, el tiempo que gastemos trabajando en la iglesia y proclamando el reino Dios tiene su
recompensa.

El tiempo que invertimos en ayudar a otros, en esmerarnos por acercarnos y visitar al necesitado,
vale la pena; llegará el tiempo de la recompensa. Me gusta pensar que Dios nunca se adelanta o se
atrasa; siempre actúa justo a tiempo y cumple su palabra en lo que se refiere a nuestro bien.

Necesitamos desarrollar en el asunto de hacer el bien la paciencia de Dios. Necesitamos ser


enseñados que no es cuando yo quiero que pasen las cosas, sino cuando llegue el cumplimiento
del tiempo.

b. La importancia de no desmayar (vers. 9c)

“…si no desmayamos”.

El texto nos dice que los resultados finales del planteamiento de Pablo tienen una condición: si no
desmayamos. Una de las cosas que está muy latente en el asunto de hacer el bien es la presencia
del desánimo. La tendencia es a desmayar, sobre todo cuando no vemos los resultados que
esperamos en los demás.

¿No es cierto que nos cansamos de batallar y al final terminamos colgando la toalla y dejando todo
atrás? A veces llegamos a la conclusión y decimos: Estoy cansado de servir y no ver resultados.
Estoy cansado de tener que soportar a mi hermano que piensa que es el único que necesita de
ayuda.

Nos cansamos de batallar en un matrimonio que no funciona. Los padres se cansan de los hijos y
los hijos de los padres. Usted se cansa de tener un jefe que le trata mal y no valora su trabajo. En
fin, nos cansamos y a veces no seguimos.

Pero el texto lo que me dice es que no me canse de hacer el bien porque al final habrá una
recompensa. Juan Wesley dijo una vez: el cristiano está llamado a hacer todo el bien que pueda, a
todas las personas que pueda, de todas las maneras que pueda, todo el tiempo que pueda.

CONCLUSIÓN:
Uno de los textos que más impacta mi vida lo dijo Pablo a los Corintios en el capítulo donde
defiende su ministerio frente a los falsos apóstoles. Esto fue lo que dijo: «Y yo con el mayor placer
gastaré lo mío, y aun yo mismo me gastaré del todo por amor de vuestras almas, aunque
amándoos más, sea amado menos» (2 Corintios 12:15).
Hacer bien sin cansarse es sentir un gran placer, de igual manera lo será gastar nuestros propios
recursos, gastarnos a nosotros mismos y estar preparado para que al final de todo tenga que decir
como Pablo, aunque amándoos más, sea amado menos. Pero qué bueno es saber, como bien lo
sabía Pablo, que al hacer el bien es el mejor sacrificio que elevamos hacia el cielo.

El asunto es que, si aun haciendo el bien no veo, soy decepcionado, debo creer en la promesa y la
bendición de Hebreos 13:16. «Por lo tanto, no nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su
tiempo segaremos, si no desmayamos».

Las buenas semillas traen buenas cosechas y las malas semillas traen malas cosecha, es tu decisión
hoy. La cosecha que Dios entregara está garantizada.

Hacer el bien nos hace bien. Por favor no desmayemos, hagamos el bien hasta el final.