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SUICIDIO ASISTIDO – CASO DE ANA ESTRADA

La muerte forma parte de la vida, morir constituye el acto final de la biografía

personal de cada ser humano. En la actualidad, la mayoría de las personas no

mueren de una manera brusca e inesperada, sino que lo hacen en las camas

de los hospitales, siendo tratadas. Las causas más frecuentes de muerte son

las enfermedades crónicas, degenerativas y tumorales –en este caso la

polimiositis o también conocida como miopatía cuya causa exacta se

desconoce afectando dos veces más a las mujeres que a los hombres siendo

este el caso de Ana . El pedido de Ana es el de tener una muerte digna con el

suicidio asistido o suicidio medicamente asistido (que no es más que la

actuación por parte de un profesional en la cual proporciona, a petición expresa

de su paciente, con una enfermedad irreversible que le produce sufrimiento que

experimenta como inaceptable y que no se ha conseguido mitigar por otros

medios) o como ella prefiere llamarlo muerte asistida. La exigencia ética

formal de la “muerte digna” también considerada como “muerte digna del

hombre”, “morir humanamente”, “derecho a la propia agonía”, “morir

serenamente”, “derecho a la propia muerte”, “muerte ideal”, muerte “a la

antigua”, etc. En este sentido etimológico, el término “suicidio asistido”

condensa magníficamente el ideal de la muerte digna. El principal problema

del suicidio asistido no es si es o no aceptable que una persona quiera morir y

solicite a otra que ponga fin a su vida desde el punto de vista de la bioética civil

es perfectamente legítimo, basándonos en el principio de autonomía. Dicha

petición, para poder aceptada sólo tiene que cumplir los requisitos que exigen
las acciones autónomas: ser libre y voluntaria, ser informada y ser realizada en

condiciones de capacidad, el problema es en determinar cuáles son las

obligaciones de los demás los profesionales en este caso doctores respecto a

esa petición. Es decir, la cuestión es si esta petición se configura como un

derecho que genera un deber tanto en los profesionales, como en las

instituciones y en la sociedad en general. Haciendo referencia al principio de

no maleficencia y el principio de beneficiencia. El principio de no –

maleficiencia nos dice de manera concreta es “ primero no dañar” esto quiere

decir, en cuanto a una intervención nosotros tenemos la responsabilidad de

controlar el daño, en la medicina este principio es muy claro , supongamos que

un doctor va a realizar una intervención quirúrgica , este se debe hacer de

manera responsable , minimizando los daños , controlando los efectos de la

cirugía causando el menor daño posible; el principio de beneficencia , este

busca hacer el bien mediante una actividad bien hecha , es decir que nosotros

le generemos un bien a la persona con la cual estamos tratando , no causar

ningún daño y maximizar todo el bien posible , en el caso de Ana que busca

el suicidio asistido vemos que este, es algo contrario al principio de no-

maleficencia (referente a la obligación de no infringir daño intencionadamente

es decir implica la ausencia de acción) y que, por tanto, los profesionales de

salud no pueden realizarlo. Este proceso exige aceptar que, si bien el fin de

estos profesionales es proteger la salud y la vida, a veces en determinadas

situaciones esto puede llevar a los profesionales, paradójicamente, a producir

la muerte del paciente principio de beneficencia( según los autores

Beauchamp y Childress al hablar del principio de beneficencia no se

refieren a todos los actos realizados para hacer el bien, sino sólo a aquellos
actos que son una exigencia ética en el ámbito de la medicina es decir si están

o no reguladas en una determinada ley).Reflexión que ya varios países han

acogido como Holanda, Suiza o Luxemburgo. Existen dos caminos uno abre la

puerta a procesos de legalización de esta práctica, tal y como ha sucedido en

estos países y otro es la de la excepción. Es decir, consiste en aceptar que,

como norma general, forma parte del principio de no-maleficencia la prohibición

de producir la muerte de los pacientes. Pero al mismo tiempo considerar que,

en determinadas situaciones extremas, lo menos malo es quebrantar dicho

principio y justificar una excepción lo cual exigiría definir con cuidado las

situaciones concretas en que puede realizarse tal acción, y ser rigurosos en su

aplicación para evitar abusos causando procesos de despenalización, en los

que la práctica del suicidio asistido sigue siendo considerada delito el

Gobierno Peruano no posee competencias. Por eso por el momento la

legislación peruana no puede contener una autorización del suicidio asistido.

Según los principios europeos son autonomía, dignidad humana, integridad

y vulnerabilidad, estos principios se basan el interés del hombre tiene

prioridad sobre intereses de la sociedad y de la ciencia ; Las intervenciones en

el ámbito de la medicina deben ser realizadas según las normas y los deberes

de la profesión ; No se puede realizar ninguna intervención sobre una persona

sin su consentimiento informado ; Toda persona tiene el derecho a ser

informada sobre su salud o a renunciar a esa información entre otros.

Según los principios bioéticos de Europa, el principio de autonomía debería

permitir al enfermo, dentro de lo posible y con las limitaciones legales vigentes,

elegir el momento, lugar y forma de su muerte. Es decir que Ana si podría

elegir donde, cuando y como morir, pero lamentablemente el suicidio asistido


en el país que vive no es aceptado por una norma legal. Por lo que esta

decisión traería consecuencias penales para los profesionales de la salud que

acepten aplicar el suicidio asistido con ella.

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