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ORACIÓN 13-3-10

Cuando Jesús salió de su casa de Nazaret, recorrió de arriba abajo toda la


tierra de Israel. Por donde pasaba iba cambiando la vida de la gente.
Encontrarse con Él es una suerte. Encontrarse con Él es un compromiso.
Encontrarse con Él es una alegría muy grande que nadie te puede quitar.

CANCIÓN

Hola, me llamo Zaqueo. Soy de Jericó. Un día Jesús llegó a nuestro


pueblo. Todos estábamos esperándolo como agua de mayo, yo incluso estaba
subido a un árbol para verle. De repente, cuando pasó por mi lado preguntó
mi nombre a uno de los que le acompañaban y me llamó. Me pidió que lo
invitase a cenar en m i casa y por su puesto que lo hice. Cuando estábamos
cenando me preguntó por mi vida; yo le conté que me dedicaba a recaudar
impuestos. Entonces me empezó a contar la historia de un montón de pobres
de mi pueblo, de enfermos, de viudas con necesidad que había estado
atendiendo aquel mismo día. Llegó a un punto en que no aguanté más. Tenía
las tripas revueltas y me sentí fatal. Yo les había exigido a muchos de ellos
más de lo que podían pagar, les había dejado en esa situación sin pensar en
las consecuencias. Entonces me armé de valor y le dije a Jesús, delante de
toda la gente de mi casa que devolvería 4 veces más al que le había quitado
algo y daría la mitad de todo lo mío a los pobres.

SILENCIO – ESTRIBILLO CANCIÓN

Conocí a Jesús un día en que iba a sacar agua al pozo. Él estaba allí
sentado, solo, descansando. Dudé si acercarme porque me di cuenta de que
era judío, pero necesitaba el agua y tenía que arriesgarme aun que él fuera a
despreciarme.
Mi sorpresa fue que Él comenzó a hablarme y no en un tono
despectivo sino con cariño. Me pidió agua y cuando yo me extrañé de su
actitud, Él me ofreció de su Agua. No era agua del pozo sino el Agua Viva.
Yo sabía que era un Maestro, un Profeta, me miró y me contó mi vida.
sabía que no estaba bien con Dios, que no estaba bien con mi marido, que no
estaba bien conmigo misma. Pero sentí que no me juzgaba, que no me
condenaba, sino que me perdonaba, y me invitaba a cambiar de vida, a ser
mejor, a abandonar el pecado que me hacía estar triste. Y me dio su fuerza
para volver a sentir la alegría de estar en paz con Dios, con los demás y
conmigo misma.
SILENCIO – CANCIÓN ESTRIBILLO

Me llamo Juan y soy el pequeño de mi familia. Tenía unos 13 años


cuando conocí a Jesús. Estaba con mi hermano Santiago y mi padre Zebedeo
en el lago, preparando las redes, a punto de ir a pescar.
Vimos andando por la playa a Jesús y nos llamó la atención porque no
lo habíamos visto nunca antes. Él se acercó y estuvo hablando con nosotros.
Nos felicitó por ser pescadores, pues era una tarea dura y a nuestra edad
bastante pesada. Nos habló de otro tipo de pesca. Una que tenía que ver con
Dios y los hombres. Algo sentí en el corazón que me decía que tenía que
seguirle. Así que, cuando al marchar nos miró y nos dijo que lo siguiéramos,
no lo pensamos, nos fuimos con Él. Y allí se quedó la barca, las redes, los
trabajadores y nuestro padre, que no se explicaba donde nos habíamos
metido.
Aquel día estuvimos hablando mucho con Él y se encendió en mí la
confianza plena en Jesús y en su Palabra. Yo no entendía nada pero sabía
que tenía que estar donde estaba, con Él.

SILENCIO – CANCIÓN ESTRIBILLO

Yo no os voy a contar lo que pasó cuando conocí a Jesús por primera


vez. Os voy a contar cómo fue cuando lo vi por primera vez resucitado.
Llevaba 3 días llorando sin parar por su muerte, tan dura, aquel
viernes en la Cruz. No me lo podía explicar. Él era tan bueno y yo lo quería
tanto… No podía entender cómo habían sucedido las cosas tan rápido, cómo
la gente que había sido curada por Él, bendecida por Él, días antes en
Jerusalén habían pedido que lo crucificaran.
Con este dolor fui antes de que amaneciese el domingo al sepulcro.
Casi no veía con las lágrimas pero me di cuenta de que la tumba estaba
abierta. Me asomé con mucho miedo y vi dos niños allí sentados, me
preguntaron y yo me eché a llorar más fuerte. Al volverme vi a un hombre
que me pareció el que cuidaba el huerto y le pregunté entre lágrimas donde
estaba el cuerpo de Jesús.
Entonces Él me miró y me dijo: María. Y me di cuenta de que su voz
era la voz de Jesús y que era el mismo tono en que siempre me hablaba.
Sentí una inmensa alegría, me abracé a Él, tenía ganas de gritar, de cantar,
de saltar…
Y Él me dijo: “Anda, corre y avisa a mis discípulos, a mis hermanos,
corre para darles la noticia, para que se alegren contigo. Así que corrí a
darles la noticia a Pedro y a los demás. ¡Qué sensación tan grande contar la
Buena Noticia de que Jesús había resucitado! Como Él me lo había pedido yo
seguí haciéndolo. Anunciando su Resurrección a todo el que veía triste.

JOVEN RICO

ORACIÓN

Hoy quiero descubrir algo nuevo en mí.


Quiero saber qué es lo que hay en el fondo de mí.
No quiero vivir la vida por vivir
Quiero vivirla sabiendo que puedo hacer mucho con ella.
Me han dicho que tú tienes un gran sueño para mí y es: “Ser feliz”
Pero ¿cómo?¿dónde?¿Cómo saberlo?¿qué hacer?
Yo quiero ser feliz pero no sé por donde empezar.

Señor Jesús, tú amaste a los jóvenes y a los niños,


los animaste, los levantaste, los miraste con amor y los llamaste.
Los amaste como amigos y juntos formaron una comunidad para servir al
mundo.
A veces yo quisiera hacer mucho por este mundo
pero no sé qué, cómo, hacia dónde orientar mis deseos.

Señor Jesús, busco tu rostro; busco tu amor; busco el sentido de mi vida


permíteme mirarte cara a cara.
Ayúdame a descubrir el sueño que tienes para mí.
Alegra mi vida y enraízala en tu amor. No me sueltes.
Ayúdame a descubrir cuánto me amas para no vivir desde la superficialidad.

Aquí estoy Señor Jesús. Aquí me tienes.


Quiero decirte que te necesito aunque no te busque,
aunque muchas veces esté demasiado ocupada en mis cosas.
Sé que aunque no te llame, no te busque,
tú me buscas, me amas como si fuera única para ti.

Sé que estas inquietudes no las tengo por casualidad.


Algo quieres tú de mí pero yo no lo sé.
Señor Jesús quiero descubrirte
y dar una respuesta a la Vida, al mundo que hoy está lleno de sufrimiento y
de pecado.
Quiero dar una respuesta como tú la diste.
Ayúdame Señor Jesús. Que cada día tenga sentido,
que cada día pueda ser consciente de la gran maravilla que soy,
del valor de la vida, de mi vida;
que sea consciente de que me amas y me llamas a ser feliz
dándome en el amor y en el servicio.
En ti mi vida encuentra sentido...

Ayúdame señor Jesús, amigo mío,


a descubrir para qué estoy en este mundo.
Tú, que eres el camino, la verdad y la vida guíame
y no dejes de llamarme,
llámame y no dejes que me vaya sin darte una respuesta.
Que mi respuesta sea la que tú quieres y
la que me va a hacer verdaderamente feliz.