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Un derecho humano de élite

Samuel Bonilla.

Sin ninguna estrategia efectiva de socialización para que el grueso de la población


pueda aprovecharlo, el derecho de acceso a la información pública (DAIP) llegó
hace 17 años y se ha mantenido hasta ahora inadvertido, inexistente, para la
mayoría de la población. ¿Quién puede interesarse por un derecho que no
conoce?, ¿quién puede ejercer un derecho que no sabe cómo y para qué le puede
servir?, ¿quién puede aprovechar un derecho del que no sabe cuáles son los
procedimientos para que le produzca beneficios y no frustraciones o resultados
intrascendentes?

El DAIP es conocido por pocas personas, menos son quienes lo ejercen, y aún
menos quienes lo pueden aprovechar. Es un derecho humano que sólo lo
aprovecha una élite.

Si hubiese líderes sociales, políticos, sindicales, vecinales, conscientes de la utilidad


y valor que este derecho representa para su gremio y la sociedad, exigirían a los
organismos garantes del DAIP, como el INAI y los estatales, talleres para el
desarrollo de sus capacidades para aprovecharlo, y realizarían acciones para
compartir sus aprendizajes con sus grupos de base y con otros grupos sociales.

Pero ¿por qué eso no ha ocurrido? La respuesta tiene que ver precisamente con el
desconocimiento de este derecho y de sus alcances. Si se ignoran las múltiples
utilidades de este derecho, ¿para qué habría de solicitarse a los organismos
garantes esa capacitación? De hecho, debieran ser esos organismos garantes
quienes primero la oferten, que muestren y demuestren a los diferentes grupos
sociales las diversas utilidades que el DAIP puede tener en sus contextos
específicos, con ejemplos concretos de casos reales.

El derecho de acceso a la información pública está atrapado en la ausencia de una


estrategia efectiva de socialización para su aprovechamiento y el desinterés del
grueso de la población. Y esto da por resultado que, aunque México tenga una de
las mejores leyes de transparencia del mundo, sea un derecho sin provecho para
la enorme mayoría de la población.

¿Para qué sirve el DAIP?

Lo primero que debieran divulgar los organismos garantes del DAIP son las
utilidades prácticas de este derecho en diversos contextos sociales, para que las
personas puedan interesarse en aquéllas que puedan aplicarse para atender
necesidades o resolver problemas de su comunidad o personales. A partir de que
se despierte ese interés se podrá pasar a la etapa de ejercer este derecho bajo
motivaciones de aplicaciones en asuntos reales, específicos, no hipotéticos o
experimentales. Veamos, por ejemplo, de forma muy resumida, algunos ejemplos
de casos reales en los que el DAIP ha servido para solucionar problemas o
satisfacer necesidades:

Mujer obtiene asistencia médica especializada y gratuita para su hija. Vecinos


lograron que el Municipio modificara un proyecto vial que consideraban
inadecuado. Madre de familia consiguió renovación completa del mobiliario de la
escuela a la que asisten sus hijos. Madre de familia consigue reparación de
alumbrado público frente a su casa. Vecino consigue la reparación del alumbrado
público en cuatro cuadras de la calle de su casa. Alumna universitaria recupera la
aportación de su beca de aprovechamiento académico. Profesor logra que sean
reparadas las rejillas drenaje en su colonia.

Bibliotecaria consigue que sea reparada una calle con baches. Servidora pública
consigue la reparación de la banqueta de su casa luego que una empresa la
rompió para introducir cables. Señora logra que se elimine un basurero afuera de
un centro comercial. Profesionista logra destrabar en dos semanas revalidación de
estudios de posgrado que estuvo pendiente por más de dos años. Después de más
de dos años de espera para que le entregaran su título de maestría, estudiante
logró destrabar en tres semanas dicho trámite. Madre logra que sus hijos accedan
a becas deportivas. Alumno de sexto de primaria obtiene calificación de 10 en
tarea escolar.

Maestro faltista fuera obligado a asistir con regularidad a sus clases y a entregar
becas retenidas. Anciana recupera apoyo de despensas para ella y sus dos
pequeños nietos. Servidora pública recupera horario laboral original para todo su
departamento. Pasante de universidad pública se ahorra pago de un trámite para
su titulación. Grupo musical semiprofesional elabora videoclip a muy bajo costo.
Representante vecinal logra abastecimiento de agua en su colonia. Viuda con hijos
pequeños consigue apoyo gubernamental para construir su casa. Madre logra que
su hija sea admitida en primaria pública de élite de la que había sido excluida.
Mujeres discriminadas en un programa social reciben apoyos completos y de
manera regular, como el resto de las beneficiarias.

¿Cuál sería el peor escenario en el campo del derecho de acceso a la información


pública? Que por falta de un plan integral de socialización para su
aprovechamiento este formidable derecho humano siga siendo un derecho que
sólo es aprovechado por una élite, y que “normalicemos” esa situación hasta que
se establezca de manera definitiva.

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