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Tradición espiritual católica

A lo largo de la historia, hombres y mujeres han vivido experiencias de acercamiento a


Dios, estados de santidad que los han cambiado sus vidas. Muchas de estas experiencias
han encontrado seguidores que a través de la memoria y de escritos han dejan un tesoro
invaluable a la comunidad cristiana.

Ejercicio Espirituales de san Ignacio de Loyola

San Ignacio de Loyola (23 de octubre de 1491 - 31 de julio de 1556)

Ignacio, primero fue militar, luego durante la Contrarreforma, fue religioso. Su devoción a
la Iglesia católica se caracterizó por la obediencia absoluta al papa. Fundador de la
Compañía de Jesús, en 1548 publicó los Ejercicios Espirituales, estos ejercieron una gran
influencia en la espiritualidad como herramienta de discernimiento.

Un hecho determinante en su vida aconteció a los treinta años, siendo militar fue herido en
la Batalla de pamplona cuando defendía a la ciudad de las tropas navarras de Enrique II de
Navarra. Durante su convalecencia leyó varios libros religiosos que lo llevaron a
profundizar en la fe católica y la imitación de los santos. Propuso entonces peregrinar a
Jerusalén, en su viaje visito Montserrat y Manresa, donde comenzó a desarrollar sus
Ejercicios Espirituales.

Al regreso de Tierra Santo, continúo sus estudios y se dedica a la predicación. Sus


actividades le hicieron sospecho de heterodoxo e incluso llegó a ser procesado en distintas
ocasiones. Tras ver cerradas las puertas a la predicación, decidió continuar sus estudios en
París, donde cursó filosofía.

Posteriormente se dirige a Roma para ponerse a disposición del papal (el catolicismo
romano se encuentra en crisis). Ahí se dedicó a impartir sus ejercicios. Ante las críticas de
personalidades influyentes que difundieron rumores en su contra, Ignacio quiso que se
abriese un proceso formal para así ser declarado públicamente inocente.

Estuvo quince años al frente de la Compañía de Jesús como General, permaneciendo en


Roma. Murió el 31 de julio de 1556. El papa Gregorio XV lo canonizó el 12 de marzo de
1622.

Los Ejercicios Espirituales son meditaciones, oraciones y ejercicios mentales diseñados


para ser realizados por un periodo de 28 a 30 días (existen versiones más cortas de 3, 7 o 15
días). La intención es aumentar la experiencia personal de la fe católica. El mismo santo los
define: «Por este nombre se entiende todo modo de examinar la conciencia, de meditar, de
razonar, de contemplar; todo modo de preparar y disponer el alma, para quitar todas las
afecciones desordenadas (apegos, egoísmos, ...) con el fin de buscar y hallar la voluntad
divina.

Método y estructura
Los Ejercicios deben realizarse en un retiro apartado buscando evitar todo tipo de
distracciones. Bajo la dirección de un director espiritua,l las instrucciones diarias incluyen
pláticas varias acerca de la naturaleza del mundo, psicología y la relación del hombre con
Dios. Durante el día, el participante lee dos o tres páginas de estas instrucciones, y luego
medita sobre su significado y cómo podría aplicar a su vida personal. Luego comenta a su
director espiritual qué significado tuvieron para él estas instrucciones.

Durante los ejercicios es obligatorio guardar silencio a toda hora (incluso durante los
alimentos), la única excepción es el momento en que se discute la reflexión acerca de una
conferencia o algún texto bíblico, de manera colectiva entre todos los asistentes. Las
conversaciones privadas no son permitidas a menos que sean con el director espiritual. El
motivo de esta práctica de silencio es obligar a la persona a realizar una introspección de las
experiencias que está viviendo en el ejercicio, para que las medite a profundidad. A la
experiencia de vivir estos momentos de silencio en meditación continúa se les llama
desiertos.

Contexto y Enseñanzas teológicas

Las enseñanzas extraídas de los ejercicios reflejan las ideas católicas del siglo XVI,
incluyen apoyo a las Cruzadas, oraciones a María, absoluta obediencia a los superiores
(incialmente fueron escritos para novicios), una motivación misionera muy profunda, un
vehemente deseo de defender el cristianismo católico de las ideas de la Reforma Protestante
y de la expansión imperialista de los árabes.

También incluye consideraciones acerca de la humildad, altruismo por el bien de la vida


religiosa, reflexiones sobre la tendencia propia de caer en pecado, la visión de que el alma
humana está continuamente guiada en dos direcciones: hacia la santidad (falta la otra
dirección seguramente hacia el pecado). Los ejercicios hacen constantes referencias a que
el propósito más alto del hombre es glorificar a Dios y no a sí mismo. Para este fin proveen
de varias ilustraciones de cómo uno puede controlar el satisfacer los más 'bajos' deseos y a
su vez, cómo se puede encontrar un medio para re-direccionar las propias energías hacia la
realización del 'máximo' propósito de la vida.

Los Ejercicios Espirituales no son un libro de lectura, sino más bien, una guía que posibilita
el diálogo entre el que hace los ejercicios y el que los dirige.

Los pasos que se indican buscan ordenar la vida y orientarla según se experimenta el más
profundo sentido de la misma vida.

El primer énfasis subraya la necesidad de aprender a realizar el "discernimiento espiritual".


El discernimiento de espíritus es eje fundamental de la dinámica por la cual, los ejercicios
espirituales son una manera de buscar y hallar la voluntad de Dios tanto para la historia
personal, como para nuestra historia contemporánea. El discernimiento se encuentra
fundamentalmente en las "Reglas para en alguna manera sentir y conocer las varias
mociones que en el ánima se causa: las buenas para recibir y las malas para lanzar, y son
más propias en la primera y segunda semanas (EE 313 a 327; 328 a 336). Esta parte se
complementa con la entrevista con el director de los ejercicios (EE 1 a 20).
El segundo énfasis trata de tomar sólo y únicamente la Contemplación para alcanzar
amor. El propósito es ayudar a encontrarse, o reencontrarse, con la pasión de tú vida, a
partir de un encuentro o reencuentro con Dios.

En la base está el aprender a distinguir los movimientos interiores, calificados como


mociones o tretas. Al mismo tiempo y conforme vaya avanzando la experiencia, se dan
elementos para aprender a discernir la consolación y la desolación, el santo advierte el
enorme daño que suele causar no discernirla, ya que conduce a experiencias de enorme
frustración y, en ocasiones, a situaciones depresivas, sin acabar de comprender el origen y
qué hacer con ellas.

El sólo hecho de hacer los ejercicios remite necesariamente y por diversos caminos a la
historia de vida de cada persona y favorece aprender a leer en ella lo que ha dado sentido a
la vida y los grandes y pequeños regalos que Dios nos ha dado. Lo anterior saca mucho
provecho, tanto para aprender a hacerse cargo de sí mismos, como de sus principales
compromisos, tanto en la vida profesional y familiar, como en diversos servicios y
solidaridades con los más pobres y otras luchas sociales.

La peculiaridad de la espiritualidad ignaciana está en "encontrar a Dios en todas las cosas y


a todas las cosas en Él", para poder ser "contemplativos en la acción", desde una mística de
ojos abiertos, pues la experiencia te lleva a mirarte de otra manera, y mirar de otro modo a
Dios y su invitación a vivir en libertad el compromiso de construir nuevas comunidades.

Pasos metodológicos:
- examinar la conciencia
- contemplar los misterios de la vida de Jesús
- discernimiento espiritual

Esquema de las meditaciones

1. Oración preparatoria: pedir a Dios su gracia para que todo lo que haga sea ordenado
para servicio y alabanza de su divina majestad (EE 46)
2. Primer preámbulo- composición de lugar, es decir, utilizar la imaginación para
colocarnos en situación, según el tema que vaya a meditar. Este ejercicio consiste en aplicar
los sentidos para imaginar una situación particular (EE 47).
3. Segundo preámbulo - demandar lo que quiero y deseo: es la oración de petición, la
cual será según la materia que vaya a meditar. Se pide el fruto que se quiere conseguir con
el ejercicio: sea un sentimiento o una claridad en mi pensamiento (EE 48).
4. Los puntos concretos que voy a meditar: san Ignacio propone dos o tres puntos para
entrar en la materia del ejercicio. Son ideas concretas, preguntas o temas de reflexión o
contemplación, que desmenuzan el ejercicio a realizar y facilitan que el ejercicio lo pueda
hacer sin tantas distracciones (EE 50-52).
5. El coloquio: antes de terminar cada ejercicio, conviene establecer afectivamente un
diálogo, "así como un amigo habla a otro" (EE 53-54), en el que platico con Jesús, con
María o con Dios Padre - Madre, sobre lo que ocurrió en el ejercicio, sea para darle gracias
por los frutos obtenidos, o para pedirle perdón por no haberlo conseguido y suplicar ayuda
para obtener el fruto de cada ejercicio.

Una vez preparada la ruta a recorrer en la meditación, me cambio de lugar y me dirijo a


donde voy a realizar la meditación, en la que duraré una hora entera y cuidaré de que sea la
hora exacta, ni más ni menos. Al final del ejercicio, daré gracias o pediré perdón o ayuda y
me dirigiré a otro lugar para hacer el examen de la meditación.

EXAMEN DE MEDITACIÓN

1. Pedir luz y gracia para conocer las mociones y prevenir las tretas.
2. Rescatar lo que se nos ha dado "evidentemente". Eso que se nos dio, ¿era lo que
habíamos pedido? Nota: mirar que lo primero que examinamos es si conseguimos de la
meditación, lo que expresamos en la oración de petición.
3. Calificar el ejercicio: ¿Qué prevaleció: consolación, desolación o tiempo tranquilo?
4. Rescatar las mociones: qué experimenté y a dónde me lleva, ¿cómo reaccioné?
5. Rescatar las tretas y describirlas, si son de primera semana o de segunda época, es decir,
si corresponden a mi situación de estar apegado a cosas, personas y circunstancias o, por el
contrario, voy "de bien en mejor subiendo". Clarificar esta situación es fundamental en EE
y en el discernimiento espiritual de la vida ordinaria; confundirnos en eso es atribuir al
buen espíritu lo que es más bien del malo.
6. Expresar el fruto del ejercicio.
7. Discernimiento en caliente: en el momento mismo del examen, ¿qué siento, a qué me
lleva, cómo estoy reaccionando? Terminar con un coloquio de agradecimiento.

EJERCICIOS ESPIRITUALES
Primera aproximación a la Contemplación para Alcanzar Amor (EE 230)

Texto ingnaciano EE 230: Nota: Primero conviene advertir dos cosas. La primera es que el
amor se debe poner más en las obras que en las palabras.
Oración preparatoria: Que todo lo que haga se oriente a la mayor gloria de Dios.
[232] 1º Preámbulo. Primer preámbulo es composición, que es aquí ver cómo estoy
delante de Dios nuestro Señor, de los ángeles, de los santos interpelantes por mí.
[233] 2º Preámbulo. El segundo, pedir lo que quiero: será aquí pedir conocimiento
interno de tanto bien recibido, para que yo enteramente reconociendo, pueda EN TODO
AMAR Y SERVIR a su divina majestad.

La orientación es una de las claves fundamentales de los ejercicios de San Ignacio, del
evangelio mismo: la iniciativa es del Señor, es Él quien me amó primero, es Él quien nos
llama a la vida, es Él quien va delante de nosotros en el camino de la vida. En definitiva, no
somos nosotros quien buscamos a Dios, sino es Él que nos sale al encuentro. Nuestra vida
no es sino respuesta agradecida a tanto bien recibido.

¿Qué ha sido para mí, en los hechos, que el amor se deba poner más en las obras que en las
palabras?
- En la historia de mi vida, ¿han dominado más las obras que las palabras?
- En mi vida profesional, ¿qué ha predominado más?
- En mi vida familiar, matrimonial, como soltero o soltera ...

Coloquio final: "Proyectar en mí mismo" lo que yo debo de mi parte ofrecer y decir:


"Toma, Señor, y recibe toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad,
todo mi haber y poseer; Tú me lo diste; a Ti, Señor, lo torno; todo es tuyo, dispón a tu
voluntad, dándome tu amor y gracia, que esto me basta".

Santa Teresa de Jesús

Nace en Gotarrendura o Ávila, 28 de marzo de 1515, muere en Alba de Tormes, 4 de


octubre de 1582.

Algunas de sus obras tienen un carácter autobiográfico, entre las que figuran: La vida (entre
1562-1565), las Relaciones espirituales, el Libro de las fundaciones (iniciado en 1573 y
publicado en 1610) y sus cerca de quinientas Cartas. Las obras místicas de carácter
didáctico más importantes se titulan: Camino de perfección (1562-1564), Conceptos del
amor de Dios y El castillo interior (o Las moradas).

Santa Teresa de Jesús, junto a san Juan de la Cruz, es considerada la cumbre de la mística
experimental cristiana y una de las grandes maestras de la vida espiritual de la Iglesia
católica.

Teresa de Jesús es mística y escritora española, fundadora de la Orden de Carmelitas


Descalzos, fue canonizada en 1622, a pocos años de su muerte y proclamada doctora de la
Iglesia católica en 1970 por el papa Gregorio XV.

Vida
Teresa Sánchez de Cepeda Dávila y Ahumada mostró desde sus primeros años de vida una
imaginación vehemente y apasionada. Su padre, Alfonso Sánchez de Cepeda (hijo de un
bien establecido comerciante de origen judío converso), aficionado a la lectura le otorga
algunos romanceros, esta lectura y las prácticas piadosas comenzaron a despertar el corazón
y la inteligencia de la pequeña Teresa con seis o siete años de edad.

Aquellas primeras lecturas la llevaron a fantasear y emprender una escapada infantil a


"tierras de moros". En aquel tiempo pensó en sufrir el martirio, para lo cual ella y uno de
los diez de sus hermanos, Rodrigo (diez hermanos más otros dos del primer matrimonio de
su padre), trataron de huir a tierras ocupadas por los musulmanes, pidiendo limosna, para
que allí los descabezasen. Su tío los trajo de vuelta a casa. Convencidos de que su proyecto
era irrealizable, los dos hermanos acordaron ser ermitaños1.

En noviembre de 1528 o 1529 perdió a su madre, cuando tenía trece o catorce años. Luego
de este trauma familiar, sus hermanos emprendieron uno a uno el camino de las Indias
Occidentales, sin permanecer ninguno en el hogar familiar. A instancias de su padre, Teresa

1
Cf. Tomás Álvarez, "Teresa de Jesús en Leonardi, C. - Riccardi, A. - A. Zarri,
Diccionario de los Santos, Vol. II, San Pablo, Madrid 2000, pp. 2100-2108.
entró en 1531 en el colegio de santa María de Gracia dirigido por las monjas agustinas,
donde pasó un año de interna.

Afectada por una enfermedad, Teresa fue a casa de su tío Pedro Sánchez de Cepeda en la
pequeña aldea de Hortigosa, para luego ser llevada al lado de María de Cepeda, su otra tía,
en Castellanos de la Cañada, municipio de Zapardiel de la Cañada (Ávila). Fue a través de
estos parientes que experimento su primera llamada vocacional y su deseo de ingresar en el
convento de la Encarnación de las monjas carmelitas. De retorno a su hogar paterno, ofició
como ama de casa durante unos tres años.

Ante su deseo de ser monja, su padre contestó que no los consentiría mientras él viviera.
Sin embargo, Teresa dejó la casa paterna, y entró el 2 de noviembre de 1536 en el convento
de la Encarnación, donde profesó el día 3 de noviembre de 1537.

Tras entrar al convento su estado de salud empeoró. Padeció desmayos, una cardiopatía no
definida y otras molestias. Perdió su jovialidad, su alegría en la comunicación, y la tristeza
la invadió, en tanto las penitencias corporales no contentaban su búsqueda de amor y de
intimidad con Dios. Todo eso terminó por generar un desequilibrio de orden psíquico, que
tuvo su contraparte de orden físico2.

Con la intención de curarla, su padre la llevó en el otoño de 1538 a Castellanos de la


Cañada, con su hermana. De camino, se detuvo en Hortigosa, donde vivía su tío, que le
obsequió el Tercer Abecedario espiritual de Francisco de Osuna, que enseñaba la oración
de recogimiento y que fue de gran provecho para Teresa. Durante su estancia en este lugar,
Teresa alcanzó la oración de quietud, e incluso de unión, además de convencerse de que la
oración no podía programarse al margen de la persona y de sus necesidades.

De vuelta en Ávila, el 15 de agosto de 1539 sufrió un ataque repentino y violento -que ella
llamó «parajismo», es decir, paroxismo- de su enfermedad, una serie de convulsiones
seguida de pérdida de conocimiento, un coma profundo de nivel 3 que duró cuatro días.
Quedó paralítica (declaró que solo un dedo podía mover) durante más de dos años. Antes y
después del paroxismo, sus padecimientos físicos fueron horribles. Habla:

Quedé de estos cuatro días de paroxismo de manera que solo el Señor puede saber los
incomportables tormentos que sentía en mí: la lengua hecha pedazos de mordida; la
garganta de no haber pasado nada y de la gran flaqueza que me ahogaba, que aun el agua
no podía pasar; todo me parecía estaba descoyuntada; con grandísimo desatino en la
cabeza; toda encogida, hecho un ovillo, porque en esto paró el tormento de aquellos días,
sin poderme menear, ni brazo ni pie ni mano ni cabeza, más que si estuviera muerta, si no
me meneaban; sólo un dedo me parecía poder menear de la mano derecha. Pues llegar a mí
no había cómo, porque todo estaba tan lastimado que no lo podría sufrir. En una sábana,
una de un cabo y otra de otro, me meneaban3.

2
Cf. Ángel M. Briñas, Teresa de Jesús, vida y palabra, Centre de Pastoral Litúrgica,
Barcelona 2000, p. 36.
3
Teresa de Jesús, Vida, cap. VI,1.
Teresa recupera la salud, y con ella sus aficiones mundanas, fáciles de satisfacer. Vivió
nuevamente en el convento de la Encarnación, donde recibía frecuentes visitas. Poco
después, en 1541, abandonó la oración. Según su testimonio, en 1542 se le apareció
Jesucristo en el locutorio con semblante airado, reprendiéndole su trato familiar con
seglares. No obstante, la monja no cambió su estilo de vida en varios años, hasta su
conversión definitiva hacia 1554 o 1555, tras haber visto una talla policromada de un Ecce
homo.

En 1555, los jesuitas Juan de Prádanos y Baltasar Álvares fundaron en Ávila un colegio de
la Compañía de Jesús. Al año siguiente, Teresa confeso a Prádanos que comenzó a sentir
grandes favores espirituales. Tuvo en 1558 su primer rapto y la visión del infierno. Tomó
por confesor, en 1559 a Baltasar Álvarez, quien dirigió su conciencia durante unos seis
años, y disfruto de grandes favores espirituales, entre los que se contó la visión de Jesús
resucitado. San Luis Beltrán la animó a llevar adelante su proyecto de reformar la Orden de
Nuestra Señora del Monte Carmelo.

Sus visiones espirituales se sucedieron sin interrupción durante dos años y medio, entre
1559 y 1561. Sea por desconfianza, sea para probarla, sus superiores le prohibieron que se
abandonase a estos fervores de devoción mística. Obedeció ella, más a pesar de sus
esfuerzos, su oración era tan continua que ni aun el sueño podía interrumpir su curso.

Vi un ángel cabe mí hacia el lado izquierdo en forma corporal [...] No era grande, sino
pequeño, hermoso mucho, el rostro tan encendido que parecía de los ángeles muy subidos,
que parece todos se abrasan [...] Veíale en las manos un dardo de oro largo, y a fin de hierro
me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces y
que me llegaba a las entrañas: al sacarle me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda
abrasada en amor grande de Dios. Era tan grande el dolor que me hacía dar aquellos
quejidos, y tan excesiva la suavidad que me pone este grandísimo dolor que no hay desear
que se quite, ni se contenta el alma con menos que Dios. No es dolor corporal, sino
espiritual, aunque no deja de participar el cuerpo algo, y aun harto. Es un requiebro tan
suave que pasa entre el alma y Dios, que suplico yo a su bondad lo dé a gustar a quien
pensare miento. Los días que duraba esto andaba como embobada. No quisiera ver ni
hablar, sino abrasarme con mi pena, que para mí era mayor gloria, que cuantas hayan
tomado lo criado4.

El 24 de agosto de 1562, el monasterio de San José abrió sus puertas a cuatro novicias en la
nueva Orden de las Carmelitas Descalzas de San José. La renovación carmelita es la
repuesta a la relajación de las normas que en 1432 habían sido mitigadas por el papa
Eugenio IV. Teresa decidió reformar la orden para volver a la austeridad, la pobreza y la
clausura que consideraba el auténtico espíritu carmelita.

Las religiosas seguidoras de la reforma, dormían sobre un jergón de paja; llevaban


sandalias de cuero o madera; consagraban ocho meses del año a los rigores del ayuno y se
abstenían por completo de comer carne.

4
Teresa de Jesús, cap. XXIX, 13.
En los años siguientes se fundaron más conventos de descalzos (hombres y mujeres); en
Andalucía los carmelitas abrazaron la reforma y comenzó la discordia entre calzados y
descalzos, todo ello en 1572, año en que Teresa recibió muchos favores espirituales en el
Convento dela Encarnación: tales fueron su desposorio místico con Jesucristo y un éxtasis
en el locutorio cuando conversaba con san Juan de la Cruz.

Teresa vivió en 1574 en Alba de Torres, donde estuvo enferma. En este año se denunció a
la Inquisición por primera vez su autobiografía, el 6 de octubre regresa a Ávila para
terminar su priorato en el Convento de la Encarnación, después volvió a su Convento de
San José.

La Inquisición vigiló muy de cerca sus escritos temiendo que sus textos incitaran a seguir la
Reforma iniciada por Lutero. Por lo que, muchos de sus textos están autocensurados, su
manuscrito Meditaciones sobre el Cantar de los Cantares fue quemado por ella misma por
orden de su confesor, en esta época estaba prohibida la difusión de las Sagradas Escrituras
en lengua romance.

La santa continúa haciendo fundaciones al mismo tiempo se extendían las calumnias contra
los descalzos, a los que con tal motivo persiguió el nuncio Filippo Sega, al punto de
pretender destruir la reforma, para lo cual desterró a los principales descalzos y confinó a
Teresa en Toledo, por él calificada de «fémina inquieta y andariega». Acudió Teresa al rey
Felipe II de España, quien tomó en sus manos el asunto. La santa escribe entonces el libro
Camino de Perfección (Las moradas, julio - noviembre de1577). El papa Gregorio XIII
expidió las bulas (22 de junio de 1580) en las que constituía
provincia aparte a los descalzos.

El estado de salud de Teresa empeoró a su llegada a Alba de Tormes, recibió el viático y


confesada, murió la noche del jueves 4 de octubre de 1582 (al día siguiente el calendario
juliano fue sustituido por el calendario gregoriano, por lo que el día de su fallecimiento
sucedió el viernes 15 de octubre según el calendario gregoriano).

Su cuerpo fue enterrado en el Convento de la Anunciación de esta localidad, con grandes


precauciones para evitar un robo. Se lo tapó con vasta cantidad de roca y tierra al punto que
éstas rompieron el ataúd.

Tres años después del fallecimiento la Orden de los Carmelitas Descalzos mandó llevar el
cuerpo a Ávila, así que fue exhumado el 25 de noviembre de 1585 y se trasladó el cuerpo
incorrupto, aunque sin un brazo que se quedó en Alba de Tormes para compensar la
pérdida.

La decisión provocó el rechazo de los Duques de Alba, que echaron mano de su poder para
recuperar el cuerpo y lo logaron. A través del nuncio en España, Cesar Speciano, el papa
Sixto V dio la orden, bajo pena de excomunión, de que el cuerpo fuera regresado a su
sepulcro primitivo de Alba de Tormes.

El cuerpo fue regresado, pero se sacaron varias reliquias:


- El pie derecho y parte de la mandíbula superar están en Roma.
- La mano izquierda, en Lisboa.
- El ojo izquierdo y la mano derecha, en Ronda (España). Esta es la famosa mano que
Francisco Franco conservó hasta su muerte, tras recuperarla las tropas franquistas de manos
republicanas durante la Guerra Civil Española.
- El brazo izquierdo y el corazón, en sendos relicarios en el museo de la Iglesia de la
Anunciación en Alba de Tormes. Y el cuerpo incorrupto de la santa en el altar mayor, en un
arca de mármol jaspeado custodiado por dos angelitos.
- Un dedo, en la Iglesia de Nuestra Señora de Loreto en París.
- Otro dedo en Sanlúcar de Barrameda, España.
- Dedos y otros restos santos, esparcidos por España y toda la cristiandad.

SEQUEDAD O ACEDÍA Y ÉXTASIS

Teresa experimentó 20 años de oración estéril (sequedad o acedía), combinadas con


enfermedades por las que padeció tremendos sufrimientos. A partir de los 41 años percibió
fuertes y vivas experiencias místicas, a las que sus confesores califican como imaginarias o
incluso como obra del demonio, aunque para la santa tenían origen divino por el efecto que
dejan de paz, refuerzo de las virtudes, especialmente de la humildad y anhelo de servir a
Dios y a los otros.

La oración como modelo por excelencia de relación y comunicación con Dios es la base y
el centro de todos sus escritos.

Grados de oración

El trato de oración clásico y único de Teresa se encuentra en los capítulos 11 al 23 del libro
La Vida, en ellos Teresa compara los niveles de oración con cuatro formas de regar un
huerto. Las flores que éste dará son las virtudes.

1. Riego acarreando el agua con cubos desde un pozo.

Corresponde con la oración mental, interior o meditativa, que es un discurso intelectual sin
repetición de oraciones aprendidas. Se trata de recoger el pensamiento en el silencio, y
evitar las continuas distracciones. En palabras de Teresa:

[...] que no es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad, estando
muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama (Vida 8,5)

Es la etapa que más esfuerzo personal requiere para tomar la decisión de iniciar este
camino.

2. Riego trasegándola con una noria.

Oración de quietud: también llamada contemplativa. La memoria, la imaginación y razón


experimentan un recogimiento grande, aunque persisten las distracciones ahonda la
concentración y la serenidad. El esfuerzo sigue siendo personal, se comienza a gustar de los
frutos de la oración, lo que nos anima a perseverar.

3. Riego con canales desde una acequia.

Oración de unión: el esfuerzo personal del orante es ya muy pequeño: memoria,


imaginación y razón son absorbidas por un intenso sentimiento de amor y sosiego: «el
gusto y suavidad y deleite es más sin comparación que lo pasado» (Vida, 16,1).

4. Riego con la lluvia que viene del cielo.

Éxtasis o arrobamiento: se pierde el contacto con el mundo por los sentimientos. «Acá no
hay sentir, sino gozar sin entender lo que se goza» (Vida 18,1), se pierde incluso la
sensación de estar en el cuerpo y cualquier posible control sobre lo que nos acontece.

Teresa empezó a escribir el libro de Las Moradas el 2 de junio de 1577, a los 62 años de
edad, completándola el 29 de noviembre del mismo año. En agosto de 1586, fue elegido
como editor de la obra el monje agustino Fray Luis de León, tras lo que, finalmente, en
1588 el libro fue publicado en Salamanca, España.

En el libro Camino de Perfección, Teresa considera «el alma como un castillo, todo de
diamante, o muy claro cristal, donde hay muchos aposentos, así como en el cielo hay
muchas moradas», estas siete etapas de la oración son como pasos que acercan a Dios. Las
Moradas son una alegoría de los grados de la vida espiritual, yendo desde la ascética hasta
la mística.

Las primeras tres mansiones se consideran accesibles por la oración activa. Las cuatro
últimas, propias de la oración contemplativa. Como ejemplo para distinguir ambos tipos de
oración, Teresa pone el ejemplo de dos fuentes:

Estos dos pilones se hinchen de agua de diferentes maneras:


el uno viene de más lejos por muchos arcaduces y artificio;
el otro está hecho en el mismo nacimiento del agua
y vase hinchendo sin ningún ruido,
y si es el manantial caudaloso,
como éste de que hablamos, después de henchido
este pilón procede un gran arroyo; ni es menester
artificio, ni se acaba el edificio de los arcaduces,
sino siempre está procediendo agua de allí.
Es la diferencia que la que viene por arcaduces es, a mi
parecer, los (contentos) que tengo dicho que se
sacan con la meditación; porque los traemos con
los pensamientos, ayudándonos de las criaturas
en la meditación y cansando el entendimiento; y
como viene en fin con nuestras diligencias, hace
ruido cuando ha de haber algún henchimiento de
provechos que hace en el alma, como queda dicho.
(cf. Moradas cuartas Cap. 2, 3).

Lo que la santa quiso decir fue: una fuente recibe el agua de muy lejos, traída
trabajosamente por diversos conductos; ésta sería la oración activa. La otra está sobre el
mismo nacimiento de un manantial, y recibe el agua de su mismo origen; sería la oración
contemplativa.

- Moradas primeras (Dos capítulos). Se accede a su puerta por medio de la oración. Sólo las
almas en estado de gracia pueden acceder a ella, por lo que primero deben liberarse de sus
pecados. El demonio acecha en el exterior del castillo, son sus instrumentos, los pecados,
representados por "fieras y bestias".

- Moradas segundas (Un capítulo). Teresa las considera de menos peligro que las
anteriores, pero de más trabajo, porque las almas, aunque puedan caer en pecado, están más
cerca del Señor, y pueden oír mejor su llamada.

- Moradas terceras (Dos capítulos). Las almas, van ganando confianza, y si no retroceden,
ven que van por el buen camino. Con toda humildad, confiadas en la misericordia divina,
apartadas del mundo.

- Moradas cuartas (Tres capítulos). Aquí se hace referencia a la oración de quietud, para la
que es necesario, más que pensar mucho, amar mucho. Dios aumenta su papel en el alma,
que nota una gran paz interior y felicidad.

- Moradas quintas (Cuatro capítulos). Describe la unión incipiente del alma con su Creador.
El alma, rendida de amor, no quiere tener voluntad propia, sino la voluntad de Dios.

- Moradas sextas (Once capítulos). La unión se profundiza, con mayores efectos que en la
morada anterior. El alma queda herida del amor del Esposo, y pasa mucho tiempo entre
trabajos interiores y exteriores muy duros antes de alcanzar la séptima morada, ante lo que
nada puede hacer, sino esperar la misericordia de Dios, al que siente próximo.

- Moradas séptimas (Cuatro capítulos). El alma recibe por fin la luz interior en su
matrimonio espiritual con Dios. Ahora, se olvida de sí, y Cristo vive en ella.

Teresa insiste en perseverar en la oración con humildad frente a Dios sin exigir o buscar
experiencias sobrenaturales: «importa mucho entender que no a todos lleva Dios por un
camino; y, por ventura, el que le pareciere va por muy más bajo está más alto» (Camino de
Perfección 27,2). Es decir, «el verdadero humilde ha de ir contento por el camino que le
llevare el Señor» (CP 15,2)

Poesía de Teresa

Nada te turbe, Dios no se muda,


nada te espante,
todo se pasa, La paciencia
todo lo alcanza; aunque todo lo pierda,
quien a Dios tiene sólo Dios basta.
nada le falta:
sólo Dios basta.

Eleva el pensamiento,
al cielo sube,
por nada te acongojes,
nada te turbe.

A Jesucristo sigue
con pecho grande,
y, vengo lo que venga,
nada te espante.

¿Ves la gloria del mundo?


Es gloria vana;
nada tiene de estable,
todo se pasa.

Aspira a lo celeste,
que siempre dura;
fiel y rico en promesas,
Dios no se muda.

Ámala cual merece


bondad inmensa;
pero no hay amor fino
sin la paciencia.

Confianza y fe viva
mantenga el alma,
que quien cree y espera
todo alcanza.

Del infierno acosado


aunque se viere,
burlará sus furores
quien a Dios tiene.

Véngale desamparos,
cruces, desgracias;
siendo Dios su tesoro,
nada le falta.

Id, pues, bienes del mundo;


id, dichas vanas,
LAS MORADAS en video

https://www.youtube.com/watch?v=z_qQcvWiSn8

https://www.youtube.com/watch?v=CGUo_5T511c

Y este cuerpo tiene una falta: que mientras más le regalan, más necesidades se descubren
(C. 16,2).
¡Saben sufrir un poquito por amor de Dios sin que lo sepan todos! (C. 16,3).

El camino de la perfección pasa por la cruz. No hay santidad sin renuncia y sin combate
espiritual. El progreso espiritual implica la ascesis y la mortificación que conducen
gradualmente a vivir en la paz y el gozo de las bienaventuranzas (Catecismo de la Iglesia
Católica 2015).

SAN JUAN DE LA CRUZ

Escritores de extracción tan diversa como Rubén Darío, Juan Ramón Jiménez, Paul Valéry
y T. S. Eliot, consideran los poemas de san Juan de la Cruz, no solo como la cumbre de la
mística española, sino de la poesía en esta lengua.

La obra poética de san Juan de la Cruz está compuesta por tres poemas considerados
mayores: Noche oscura, Cántico espiritual y Llama de amor viva; además, el conjunto de
poemas habitualmente calificados como menores: cinco glosas, diez romances (nueve de
ellos pueden contarse como una sola composición) y dos cantares.

En prosa escribió cuatro comentarios a sus poemas mayores: Subida al Monte Carmelo y
Noche oscura para el primero de estos poemas, y otros tratados homónimos sobre el
Cántico espiritual y Llama de amor viva.

Juan de Yepes Álvarez nace el 24 de junio de 1542 en Fontiveros, Ávila, en una familia de
judíos conversos al cristianismo. Y muere el Úbeda, Jaén, el 14 de diciembre de 1591.

El padre de Juan murió cuando tenía cuatro años lo que dejó a la familia en una difícil
situación. Su hermano Luis murió cuando él tenía seis años, quizá por mala alimentación.
La madre y los dos hijos restantes, Francisco y el propio Juan, sufren una acuciante pobreza
por los que se ven obligados a trasladarse primero a Arévalo, donde viven durante cuatro
años y en 1551 a Medina del Campo.

Juan asistió al Colegio de los Niños de la Doctrina, también conocido como Colegio de
Doctrinos, eran instituciones de asistencia y reeducación social, por lo que tenía que
realizar ciertas contraprestaciones, como asistir en el convento, la ayuda a Misa y a los
Oficios, el acompañamiento de entierros y la práctica de pedir limosna. En 1551, continúo
su formación en el recién creado Colegio de los jesuitas, que le dio una sólida base en
Humanidades. Compaginaba sus estudios con un trabajo de asistencia en el Hospital de
Nuestra Señora de la Concepción, especializado en la curación de enfermedades venéreas.

Aprende a escribir en latín, a construir versos en este idioma y a traducir a Cicerón, Julio
César, Virgilio, Ovidio, Marcial y Horacio. Simultáneamente, vive las nuevas corrientes del
humanismo cristiano, con estilo y comportamientos renovados en la pedagogía.

A los veintiún años, en 1563, ingresa en el Convento de los Padres Carmelitas de Medina
del Campo, y adopta el nombre de Fray Juan de san Matías. Tras realizar el noviciado entre
1563 y 1564 en el Convento de Santa Ana, se traslada a Salamanca donde estudiará en el
Colegio de San Andrés de los Cármenes entre 1564 y 1567 los tres cursos preceptivos para
bachillerarse en artes. Durante el tercer curso, fue nombrado, por sus destrezas dialécticas,
prefecto de estudiantes de dicho colegio.

RELACIÓN CON SANTA TERESA DE JESÚS

La experiencia contemplativa en el Carmelo dejó insatisfecho a Fray Juan de San Matías y


busca a la Cartuja, en 1576 regresa a Median del Campo para ser ordenado presbítero y
celebrar su primera misa, allí conoce a Teresa de Cepeda y Ahumada, que había llegado a
la ciudad para fundar una nueva casa de su Reforma carmelita. Teresa convence a Juan y lo
une a su causa de reforma.

Teresa tiene 50 años, y él 25; joven, recién ordenado sacerdote, estando por decir su
primera misa. Teresa le invita a participar en su proyecto, mientras él quería irise a la
Cartuja. El libro de las Fundaciones Teresa presenta la personalidad de este hombre,
brevemente Teresa descubre su valía humana, llegando a decir que "en toda Castilla no he
encontrado otro como él", y lo incorpora a su empresa de fundadora.

Juan regresa a Salamanca e inicia sus estudios de teología, en agosto abandona los estudios
para acompañar a Teresa para ir a Valladolid a fundar un convento femenino. El 28 de
noviembre de 1568 funda en Duruelo (Ávila) el primer convento de la rama masculina del
Carmelo Descalzo siguiendo la Regla Primitiva de San Alberto. Durante la ceremonia
cambia su nombre por el de fray Juan de la Cruz. En 1571, después de una breve estancia
en Pastrana, donde puso en marcha el noviciado, se establece en Alcalá de Henares como
rector del recién fundado Colegio convento de Carmelitas Descalzos de San Cirilo.

Juan se convierte en uno de los principales formadores para los nuevos adeptos a esta
reforma carmelitana. En 1572 viaja, invitado por Teresa de Jesús, al Convento de la
Encarnación en Ávila, donde asumirá las tareas de vicario y confesor de las monjas, donde
permanecerá hasta finales de 1577, por lo que acompañará a la madre Teresa a la fundación
de diversos conventos de descalzas, como el de Segovia.

Los distintos enfoques espirituales de la reforma produjeron enfrentamientos entre los


carmelitas. En 1575, el Capítulo General de los Carmelitas decidió enviar un visitador de la
Orden para suprimir los conventos fundados sin licencia del General y recluir a la madre
Teresa en un convento. Juan es detenido y encarcelado en Medina del Campo durante unos
días. La noche del 3 de diciembre de 1577 Juan de la Cruz es nuevamente apresado y
trasladado al convento de Toledo, donde es obligado a comparecer ante un tribunal de
frailes calzados para retractarse de la Reforma teresiana. Ante su negativa, es recluido en
una prisión conventual durante ocho meses. Durante su reclusión escribe las treinta y una
primeras estrofas de Cántico espiritual, varios romances y el poema de la Fonte.

Con la ayuda de un carcelero, el 15 de agosto de 1578, Juan se fuga en medio de la noche y


se acoge en el convento de las madres Carmelitas Descalzas en Toledo. Por su seguridad,
las monjas lo envían al Hospital de Santa Cruz, en el que estuvo mes y medio.

Después de visitar algunas fundaciones, en junio de 1579 se establece en Baeza donde


permanece como Rector del Colegio Mayor hasta 1582, en que marcha a Granada tras ser
nombrado Tercer Definidor y Prior de los Mártires de esa ciudad. Realiza numerosos viajes
por Andalucía y Portugal, por razones del cargo. En 1588 es elegido Primer Definidor y
Tercer Consiliario de la Consulta, la cual le traslada a Segovia.

Tras un nuevo enfrentamiento doctrinal es destituido en 1591 de todos los cargos, y queda
como simple súbdito de la comunidad. Posteriormente cae enfermo en el convento de la
Peñuela de La Carolina y es trasladado a Úbeda, donde muere la noche del 13 de diciembre.
Después de su muerte inician los pleitos entre Úbea y Segovia por la posesión de sus restos.
En 1593, éstos, mutilados, se trasladan clandestinamente a Segovia, en cuyo Convento de
los Carmelitas Descalzos reposan actualmente. Fue beatificado en 1675 por Clemente X y
canonizado por Benedicto XIII en 1726. El 24 de agosto de 1926, Pío XI lo proclama
Doctor de la Iglesia Universal.

https://www.youtube.com/watch?v=EjTRtqstJVY
http://www.sanjuandelacruz.com/monte-carmelo/

ITINERARIO MÍSTICO

El misticismo es a un tiempo, meditación sobre el hombre, al que se le comunica vida


divina y, meditación sobre Dios, cuya vida y cuyo amor se han revelado en Jesucristo. La
vida y obra de san Juan de la Cruz relatan ese proceso por el que el hombre, movido por la
gracia (la acción de Dios para atraer al hombre hacia sí), recorre el camino hacia la
identificación con Cristo, hacia su unión con Él.

Cristo es fuente de toda luz, centro de toda sabiduría, esencia de vida, rostro de Dios y del
hombre. Son, todos estos aspectos o funciones diversas de la única persona del Hijo de
Dios, que se revelan al cristiano gradualmente, a medida que se hace capaz de asimilarlas,
pues el desarrollo de la vida cristiana es una historia de creciente intimidad, de relaciones
interpersonales con Cristo.

El proceso espiritual hacia la unión con Dios está centrado en el amor a Jesucristo; en su
búsqueda y seguimiento. El aspecto del misterio de Cristo que destaca san Juan es la Cruz,
el santo descubrió su trascendencia y su centralidad en la vida cristiana, la asumió
personalmente y la incorporó en toda su enseñanza oral y escrita5. Para él, cruz significa
«todo el misterio pascual y, a la vez, cualquier sufrimiento experimentado en unión con
Cristo».

La espiritualidad sanjuanista proporciona luz abundante sobre el sentido teológico de la


Cruz como misterio de anonadamiento —kenosis— de Dios en Jesús, y enseña a poner en
el centro de la vida cristiana la categoría del seguimiento de Jesús, no simplemente como
mandamiento o como invitación para los más selectos, sino como principio universal de
vida cristiana. Con la luz de la espiritualidad sanjuanista se entiende, en fin, que conocer a
Jesús es seguirle con una vida entregada hasta la muerte.

1. La cruz en la vida de san Juan de la Cruz

El misterio de la cruz en la espiritualidad sanjuanista comprende desde la salvación


realizada sobre la Cruz hasta el sobrellevar la cruz en unión con Jesucristo. Supone, por
tanto, la mirada al Crucificado y la invitación a seguirle, con el acento puesto en el misterio
pascual de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Al referirse al Hijo de Dios, «a este
gran Dios nuestro humillado y crucificado» (Ep 25), la invitación del Doctor Místico es:
«no busque a Cristo sin cruz» (Ep 24).

Propone a Jesucristo no sólo como revelación del Padre y Mediador, sino sobre todo como
camino de retorno mediante su imitación, seguimiento y unión de amor en la Cruz. En su
teología el Santo proclama a Cristo como principio de la comunión con Dios; en su
ascética, Cristo como camino; en su mística, Cristo como término. La espiritualidad de san
Juan de la Cruz está dirigida hacia una experiencia auténticamente cristiana, del estilo de
aquella que san Pablo expresaba al decir: «no soy yo quien vive: es Cristo quien vive en
mí» (Gal2, 20) 6.

En sus escritos, El Doctor Místico reconoce a la Cruz de Cristo un papel determinante en


los diferentes momentos de la vida espiritual, desde que el alma con ansias, en amores
inflamada se pone en camino en la noche oscura, ¡hasta que alcanza la perfecta comunión
con el Amado Esposo!

La cruz está siempre presente: en su experiencia personal, en su predicación, en sus


escritos. Su vida está marcada por una constante experiencia vital de participación en la
Cruz de Cristo; la unión de amor con el Crucificado es su fuerza interior. Su empeño
constante es asemejarse a Cristo, «pues que esta vida, si no es para imitarle, no es buena».

Por su parte, los escritos no son tratados especulativos fríos, sino descripción interpretativa
5
Cf. Omar Agusto Benítez Lozano, La cruz en la vida espiritual según san Juan de la Cruz,
Extracto de Tesis doctoral presentada en la Facultad de Teología de la Universidad de
Navarra, Pamplona 1998, Excerpta e Dissertationibus in Sacra Theologia Vol XXXV, p.
6
Cf. Omar Agusto Benítez Lozano, La cruz en la vida espiritual según san Juan de la Cruz,
Extracto de Tesis doctoral presentada en la Facultad de Teología de la Universidad de
Navarra, Pamplona 1998, Excerpta e Dissertationibus in Sacra Theologia Vol XXXV, p. 446.
de hechos vivenciales y testimonios que quieren servir de guía en la vida espiritual;
además, el santo supo con sus obras construir sobre Cristo, y especialmente sobre su Cruz,
un firme edificio doctrinal. El suyo es un programa de fe consistente en acoger a Dios, que
se revela y se da en Jesucristo, y seguirle hasta la unión de amor.

Los aspectos más destacados o dimensiones de la vida del hombre que san Juan de la Cruz
pone en relación a la cruz son: el amor, la expiación y la sabiduría, en ellos el papel del
Crucificado es ser modelo del cristiano.

La doctrina del santo se funda en el valor de los padecimientos de Cristo y el sentido


redentor de los sufrimientos del hombre. Todo en un contexto vivencial en que el santo ve
su vida como manifestación de la Cruz de Jesucristo: sufrimientos vividos como
participación en el misterio pascual, devoción al Crucificado y experiencias de carácter
sobrenatural —imágenes y visiones relacionadas con la Cruz.

1.1. Vida de mortificación y penitencia

Fray Juan lleva una vida recogida, austera, mortificada. Quiere poseer a Cristo y sabe que
para hacerlo jamás le debe buscar sin la cruz, la cruz resume toda la grandeza y humildad
del Hijo de Dios. Por ello, lleva una vida de penitencia y de negación, imitando de cerca la
vida de Cristo, porque está enamorado y por el compromiso que comporta su específica
vocación y su situación de primer Descalzo.

La austeridad y vida penitente que lleva es de sorprender. Incluso, la madre Teresa intenta
mitigar el rigor, pero él hace poco caso y continúa entregándose a una intensa
mortificación.
Son continuos sus ejercicios de penitencia: frío, incomodidad, hambre...; lleva cilicio
durante los viajes, a pesar de encontrarse con quebrantos de salud. Es un ascetismo
destinado ante todo a hacer posible el abrazo de la vida mística. Es el amor llevado a cruz:
entrega total de la persona y de la vida sin reservas.

Sabe fray Juan que darse totalmente por Cristo y con Cristo en la Cruz no le está reservado
solo a él. Por eso, su dirección espiritual es exigente en este sentido: «¡Nada, nada! Hasta
dar un pellejo y otro por Cristo». El valor del padecer es uno de los temas predilectos de sus
pláticas y conversaciones, convencido de que la vida teologal se manifiesta sobre todo en el
seguimiento de Cristo crucificado.

1.2. Imágenes y visiones

Estando en el convento de la Encarnación, el santo tiene una visión del Crucificado de tal
claridad y viveza que impresionado toma una pluma para tratar de reflejarla en el papel,
hace un croquis de Cristo en la Cruz, dibuja el misterio del redentor. Esta visión tiene para
él un significado muy particular: como si en el rostro desfigurado de Jesús hubiera
contemplado su vocación, su destino, su misión; y, en efecto, crece en él el amor al
sufrimiento.

En otra ocasión, en Segovia, ve fray Juan un cuadro simbólico de la pasión del Señor, se
queda contemplándolo y compone una canción que expresa la impresión que le ha hecho el
cuadro. Después se abraza a una cruz que hay en el claustro, mientras pronuncia, ardiente y
emocionado, unas palabras en latín, que las monjas no entienden.

1.3. La deshonra: cárcel y difamación

Los puntos de vista de fray Juan en desacuerdo con los demás padres del Capítulo General,
le acarrearían serios problemas.
Los no reformados intentan convencerlo para que esté de su parte, pero él no quiere
apartarse de lo que prometió: la regla reformada. Deciden entonces usar la fuerza y le
llevan preso a Medina del Campo, públicamente, en medio de grandes insultos. El Nuncio
en España soluciona este primer impase. Pero más tarde el hecho se repite: le llevan preso
al convento de la Observancia. Fray Juan responde: «Enhorabuena; vamos» .

Le azotan y visten a la fuerza con los zapatos y el hábito de la regla mitigada, y le conducen
a Toledo. El preso es ultrajado, escupido y maltratado en el camino. Y ya en Toledo, vienen
las recriminaciones, mientras él calla, inmutable. Está convencido de las bondades de ese
silencio, por lo que supone de imitación de Cristo (cf. Ep 8).

El tribunal intenta hacerle cambiar de opinión mediante amenazas y ofrecimientos, pero el


preso no se rinde. El tribunal le declara rebelde y contumaz y se opta por la vía del rigor.
Fray Juan es llevado a un nicho oscuro, pequeñísimo y asfixiante. Aquí entra, sin capilla ni
escapulario, en señal de castigo, y no lleva consigo más que el breviario.

Pasan los meses en medio de un continuo suplicio: amenazas, comida miserable, suciedad,
humillaciones y la ardua disciplina. Y Juan no responde nada. Le da fortaleza acordarse de
Cristo crucificado. Además, considera todo aquello como su merecimiento.
No se le permite celebrar la santa Misa ni recibir los sacramentos. Y las muchas
recriminaciones le acarrean la tentación de la duda.

En agosto, fray Juan se siente desfallecer y experimenta el más grande abandono, la más
oscura noche, que le hace clamar en Cántico: «¿A dónde te escondiste, Amado, y me
dejaste con gemido?» (CB 1).
No queda otro remedio que la fuga; entiende fray Juan que es ésa la voluntad de la Virgen.
La huida constituye un atrevimiento, una verdadera aventura, pero todo va bien y logra
escapar.

Apenas se tiene en pie y, sin embargo, no le queda el menor resentimiento. Pasado el


tiempo, hablará de su cárcel gozosamente, diciendo que más que aquello desea padecer por
amor de Dios, porque muchos más trabajos merece por los pecados que ha cometido.

Después viene la difamación: un conjunto de calumnias de mucho peso que consiguen crear
a su alrededor desconfianza, frialdad y aislamiento. Pero él no protesta; considera ésta una
ocasión más de experimentar en carne propia la «cruz a secas, que es linda cosa». Toma la
cruz calladamente, sin lamentarse o justificarse. Únicamente pide que le encomienden a
Dios.
1.4. La cruz de la enfermedad

Aquejado de «unas calenturillas», parte fray Juan rumbo a Úbeda, un sitio totalmente
desconocido para él, donde, sabe bien, no será tratado con consideración. Y, en efecto, no
se le ahorran sufrimientos durante la enfermedad: incomodidad, cruentas y dolorosas curas,
animadversión del prior... Rápidamente la erisipela le postra en cama —una pobre tarima—
para no levantarse más. «La inflamación virulenta revienta en cinco llagas en forma de
cruz. Fray Juan las contempla no sólo resignado, sino hasta con cariño, porque le recuerda
las cinco llagas del Redentor».

Aparecen nuevos tumores y llagas. Ya no puede valerse. A veces manifiesta envidia por los
tormentos de los mártires . Rechaza, además, cualquier consuelo que mitigue sus dolores,
manifestando que quiere más merecer con ellos.

Muy cercano ya el momento de la muerte, toma en sus manos un crucifijo y le besa los pies
repetidas veces, diciendo jaculatorias o versículos de la Escritura. Y el 14 de diciembre de
1591, cuando tocan a maitines, fray Juan exclama gozoso: «¡Gloria a Dios, que al cielo los
iré a decir!». Pone sus labios en el crucifijo, dice: In manus tuas, Domine, commendo
spiritum meum, y expira.

Fray Juan había deseado, buscado y amado la cruz toda su vida. Y la encontró. Hasta el
último instante de su vida en la tierra se hizo patente en el santo la cruz por amor. H a
vivido y ha muerto clavado en la cruz con Cristo. Hizo del misterio de la cruz su camino de
vida.

Subida al monte de la Perfección

Para poder salir hacia el encuentro con Dios hay que buscar el tiempo y el espacio
convenientes para sosegar y acomodar el corazón. El profeta Elías, huyendo de Jezabel
caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el monte de Dios. En el Horeb busca a Dios,
siente el huracán, el terremoto, después, fuego, pero Dios elige el susurro de una suave
brisa para manifestarse (1Re 19,9.11-13b).

En la espiritualidad sanjuanista, el culmen de la Revelación es el evento del Calvario (cf.


2S 22, 7). En consecuencia, la comprensión verdadera de Jesús sólo tiene lugar en su
seguimiento; sin vivencia personal de la cruz no hay posibilidad de identificación real con
Jesucristo.

El camino que Jesucristo predica y recorre es el del Calvario, y San Juan de la Cruz llama
la atención sobre el modo imperativo con que Cristo anuncia su mensaje destacando los
rasgos más fuertes —para lo cual acude al texto de Mt 7, 14 —; quiere hacer entender que
«aunque angosta, la puerta es Cristo; aunque estrecho, el camino es Cristo; y aunque a
precio de muerte, ¡la vida es Cristo!» 7.
7
Cf. Omar Agusto Benítez Lozano, La cruz en la vida espiritual según san Juan de la Cruz,
Extracto de Tesis doctoral presentada en la Facultad de Teología de la Universidad de
En esta obra, San Juan de la Cruz va esculpiendo la imagen de Cristo vigorosamente y con
gran realismo, con el objetivo de dibujar al hombre espiritual el camino del seguimiento
radical de Cristo, en perfecta fidelidad al Evangelio. Cristo ocupa el lugar central, Él es la
vía obligada, el modelo, el maestro, la fuerza purificadora.

En el ejemplo del abandono de Cristo en la Cruz encuentra san Juan la eficacia operativa de
las noches. Cristo-camino, para San Juan de la Cruz, es morir a nuestra naturaleza en
sensitivo y espiritual, lo propone como modelo de las dos noches —del sentido y del
espíritu— (cf. 2S 7, 10.11).Lo que comporta la cruz: no es principalmente renuncia, sino
participación del anonadamiento del Señor.

El itinerario espiritual viene presentado por nuestro santo como un camino de Cruz. El
camino que el alma debe seguir para alcanzar la cima del Monte de Perfección, está
franqueado de negaciones, vaciamiento, purificación, noche, muerte, siempre a ejemplo y
en seguimiento de Cristo crucificado.

La negación está cimentada en el texto del evangelio de Marcos 8,34-35: «Si alguno quiere
venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame», alude a expresiones como
dejar, renunciar, olvidar, no querer. Es negar los apetitos, los gustos, el gozo de la voluntad,
las aprehensiones de Dios, por amor a Cristo, buscando unirse a Él en la Cruz.
Para el santo, la mortificación no es un simple ejercicio ascético (cfr. 2S 7,5), sino un
medio necesario para unirse por amor al Crucificado, para seguir en pos de Él (1N decla.
1).
Morir con o en el camino de Cristo, conforme a su muerte redentora es, siguiendo la
doctrina paulina, ganancia del cristiano (cfr. CB 29, 11). Es el paso, por medio de un
camino de cruz, a una vida gloriosa en unión con Dios en Cristo. El santo considera un
buen espiritual un hombre dispuesto a sufrir mil muertes por ver la hermosura de Dios (cfr.
CB 11,7-10).

El vacío tiene sentido positivo, equivale, en la ascesis sanjuanista, a renuncia - negación


evangélicas. Guarda, por tanto, relación con conceptos tales como desnudez, pobreza,
pureza, libertad de espíritu (cfr. LB 3, 46.47): de nada sirve el vacío por el vacío o la
desnudez por la desnudez, lo que se ha de buscar como meta y criterio es la perfección
evangélica, la vida eterna. Entonces, no es un vació en sentido estricto, sino un lleno, una
plenitud8.

Muy radical y envolvente es el término nada en toda la doctrina sanjuanista. De nadas está
tapizado el camino - todo el sendero y la cima- del Monte de Perfección. La nada es para
san Juan de la Cruz fundamento del camino, pero también, del mismo encuentro con Dios.
Es camino de negación y anonadamiento que supone para el cristiano asociarse a la Cruz de
Cristo, el reducido a nada en el misterio de su Encarnación y, sobre todo, con su muerte en

Navarra, Pamplona 1998, Excerpta e Dissertationibus in Sacra Theologia Vol XXXV, p. 454.
8
Cf. Omar Agusto Benítez Lozano, La cruz en la vida espiritual según san Juan de la Cruz,
Extracto de Tesis doctoral presentada en la Facultad de Teología de la Universidad de
Navarra, Pamplona 1998, Excerpta e Dissertationibus in Sacra Theologia Vol XXXV, p. 453.
cruz. Ser resuelto en nada es, para San Juan de la Cruz, el culmen del camino de Jesucristo
y, por tanto, del camino del cristiano.

Descripción del camino para subir al Monte Carmelo

La montaña es el lugar de revelación divina en la Sagrada Escritura, manifestación de la


teofanía, de auto-revelación de Dios y descubrimiento de toda nuestra identidad.

El objetivo de la subida es llegar al encuentro, la unión plena con Dios; es un camino de


perfección, de santidad. Principio: Dios lo es todo, la creatura sin él es nada9.

En el segundo libro Subida al Monte de perfección, el acceso aparece flanqueado por dos
caminos laterales sin salida. El de la derecha, el camino mundano, señala sus peligros:
poseer, gozo, saber, consuelo, descanso. Asimismo, el de la izquierda marca también los
peligros de un camino espiritual: gloria, gozo, saber, consuelo, descanso. Sorprende de
manera especial la leyenda de los escalones del camino central, el correcto, en los cuales se
lee: Nada, nada, nada, nada, nada. Como nota de este gráfico el autor escribe:

El camino de la derecha, corresponde a los bienes de la tierra: gusto, libertad, honra,


ciencia, descanso, estos bienes propician una falsa tranquilidad. Es menester
desembarazarse de los bienes de la tierra. Este camino es errado: "cuanto más los
procuraba, con tanto menos me halle".

El camino de la izquierda, de los bienes del cielo: gloria, seguridad, gozos, consuelos,
saber, este camino no debe ser deseado, debemos romper con estos afectos. No hay que
embarazarse en este camino. Este camino del espíritu es imperfecto: "Tarde más y subí
menos".

La senda estrecha de la perfección (Mt 7,14) Todo está en la disposición. Después de


purificar los sentidos y el alma, hay que seguir el camino que consiste en: nada, nada, nada,
nada. Y en el monte nada. Desprendimiento total: "el que quiera venir en pos de mí que se
niegue a sí mismo"

Para ascender hay que vivir la noche de la fe - darse cuenta de que todo lo que sé sobre
Dios es nada-. "Cuando con propio amor no lo quise dióseme todo sin irme tras ello".
"Después que me he puesto en nada hallo que nada me falta".

Acá ya no hay camino (no hay ley), el que llega hasta acá vive las virtudes cardinales:
justicia, fortaleza, prudencia, templanza. Los dones del Espíritu Santo empiezan a actuar:
sabiduría, inteligencia, fortaleza, ciencia, consejo, piedad y temor de Dios. Al mismo
tiempo se dan los frutos del espíritu: amor, alegría, paz, generosidad, benignidad, bondad,
fidelidad, mansedumbre y el dominio de sí mismo (Gál 5,22.23).

El alma vive para un eterno convite. Solo mora en este monte la gloria y honra de Dios.

9
Subida al Monte Carmelo video https://www.youtube.com/watch?v=XXrqBuyRE74
En la parte baja del boceto, el santo incluye cuatro columnas (secciones) con
recomendaciones (de izquierda a derecha):

Da avisos y doctrina, así a los principiantes como a los aprovechados, muy provechosa para
que sepan desembarazarse de todo lo temporal y embarazarse con lo espiritual, y queden en
la suma desnudez y libertad de espíritu, la cual se requiere para la divina unión.

Para venir al todo

Para venir a lo que no gustas haz de ir por donde no gustas.


Para venir a lo que no sabes haz de ir por donde no sabes.
Para venir a lo que no posees haz de ir por donde no posees.
Para venir a lo que no eres haz de ir por donde no eres.

Modo de tener al todo


Para venir a gustarlo todo no quieras gustar algo en nada.
Para venir a saberlo todo no quieras saber algo en nada.
Para venir a poseerlo todo no quieras poseer algo en nada.
Para venir a hacerlo todo no quieras ser algo en nada.

Modo para impedir al todo


Cuando reparas en algo dejas de arrojarte al todo.
Para venir de todo al todo haz de dejarte del todo en todo
Y cuando lo vengas del todo a tener haz de tenerlo sin nada querer
porque si quieres tener algo en todo no tienes puro en Dios tu tesoro

Indicio de que se tiene todo


En esta desnudez haya el espíritu quietud y descanso
porque como nada codicia nada le impere hacia arriba
y nada le oprime hacia abajo porque está en el centro de su humildad
que cuando algo codicia en eso mismo se fatiga
La noche oscura

1. En una noche oscura


con ansias, en amores inflamada,
¡oh dichosa ventura!
salí sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada.
2. A oscuras, y segura,
por la secreta escala disfrazada,
¡Oh dichosa ventura!
a oscuras, y en celada,
estando ya mi casa sosegada.
3. En la noche dichosa
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía,
sino la que en el corazón ardía.
4. Aquesta me guiaba
más cierto que la luz del mediodía,
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.
5. ¡Oh noche que guiaste!
¡Oh noche amable más que la alborada:
oh noche que juntaste
Amado con Amada.
Amada en el Amado transformada!
6. En mi pecho florido,
que entero para él solo se guardaba,
allí quedó dormido,
y yo le regalaba,
y el ventalle de cedros aire daba.
7. El aire de la almena,
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serena
en mi cuello hería,
y todos mis sentidos suspendía.
8. Quédeme, y olvídeme,
el rostro recliné sobre el Amado,
cesó todo, y déjeme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.

La mística es la actividad espiritual que aspira a conseguir la unión o el contacto del alma
con la divinidad por diversos medios (ascetismo, devoción, amor, contemplación, entre
otros).
La mística implica la unión del alma con Dios, para ello el místico debe pasar por tres
estados:

1) Vía Purgativa: El cuerpo es sometido a disciplina (ascetismo) con el fin de dominarlo, de


esta manera se consigue elidir las necesidades básicas humanas (hambre, sueño, debilidad,
entre otras), al igual que el deseo por lo material. También la oración y la meditación
juegan un papel importante para alcanzar este objetivo.

2) Vía iluminativa: En esta fase se busca dominar la mente y al mismo tiempo controlas
emociones, sentimientos y pasiones.

3) Vía unitiva: En este punto, se ha alcanzado un dominio total del cuerpo y la conciencia
que permite al individuo desprenderse de ambos para unirse con lo divino y formar uno
solo.

Históricamente, la idea de noche oscura se remonta a la vida eremítica; en San Juan de la


cruz significa la renuncia a los bienes y placeres mundanos sometiéndose a ayunos y otras
asperezas, con el objeto de vaciar sus deseos del mundo y llenarlo de bienes más elevados.
San Juan de la Cruz aclara que esta es solamente la primera etapa, ya que tras ella viene la
citada noche espiritual, en que el buscador, ya desapegado de los consuelos y placeres
mundanos, perderá también el apoyo de su paz, de sus suavidades interiores, entrando en la
más "espantable" noche a la que sí sigue la perfecta contemplación.

La idea principal del poema es describir la experiencia dolorosa que el discípulo soporta
cuando procura crecer en madurez espiritual y unión con Dios. El comentario a dicho
poema se divide en dos libros que reflejan las dos fases de la noche oscura. La primera es la
purificación de los sentidos. La segunda y más intensa de las etapas es la de la purificación
del espíritu, que es la menos común de las dos. Noche oscura del alma además describe los
diez pasos en la escala del amor místico. El segundo libro es Subida al Monte de
perfección.

«Estando ya la casa sosegada»: para salir al encuentro de Dios, el hombre primero debe
dejar la casa en orden, esto supone encontrarnos en la primera noche de los sentidos con los
apetitos desordenados, con nuestras tendencias descontroladas, con la potencia interior de
todas las capacidades que tenemos y de todos los sentidos. Y todo esto, dice Juan, necesita
ser puesto en su lugar. Hay que ponerlos en su lugar porque atormentan, cansan, ciegan
ensucian y enflaquecen.

Atormentan, dice el santo, porque, así como una persona sufre si se acuesta sobre espinas,
así también sufre cuando se regodea sobre sus apetitos que pulsan y atosigan.

Los desórdenes interiores causan ceguera y debilidad. El cansancio aparece cuando nuestro
interior está afectado por las emociones. Por lo que, es importante sosegar el alma de lo que
le atormenta.

Con frecuencia alude san Juan de la Cruz a la noche como medio de purificación, como
sinónimo de purgación. Son múltiples los pasajes en los cuales el Doctor Místico usa este
concepto como noche del seguimiento evangélico, del camino estrecho (Cfr. Mt 7, 14).

El santo sostiene que jamás probó tanta luz y consuelo sobrenaturales como en su
cautiverio toledano, donde experimentó la dura noche de cruz y sufrimiento. También las
poesías Noche Oscura y Cántico Espiritual, que nacieron en la prisión, dan testimonio de
ello. De donde se sigue que «Cruz y noche son caminos para llegar a la luz celestial: este es
el mensaje gozoso de la Cruz»10.

Algunos estudios han puesto en duda la presencia de Cristo en la noche, pero no es que
Cristo no aparezca, sino que está escondido en la tiniebla. El santo carmelita manifiesta que
las purgaciones descritas en Noche oscura están orientadas a disponer al alma para el
desposorio con Cristo (cf. 2N 24,3). No parece haber fundamento para negar aquí la
presencia de Cristo. Antes bien, todo el dinamismo se desarrolla bajo el ansía de unión con
Él.

El símbolo de la noche es muy rico en virtud de los campos semánticos con lo que aparece
relacionado (Éxodo-Pascua, las visiones, "el Señor llamó a Samuel" 1Sam 3,4; Jesús en el
lago Mc 6,48; "si el dueño de casa supiera a que hora de la noche va a venir el ladrón Mt
24,42-44; "pasó la noche entera en oración Lc 6,12; Resurrección). En Juan, significa
camino de purificación, de seguimiento de Cristo hasta alcanzar la plena identificación con
Él: el camino de la cruz. «Es noche de pasión [...]: pasión de Cristo, pasión de amor»

Cristo es, en la noche oscura, el Camino abierto y trazado por sus propias palabras y
ejemplos. El alma no lo posee ni le conoce plenamente, pero le necesita y, entonces, le
busca con ansiedad.

En Noche oscura el autor ve claro que la purificación se identifica con la paradoja


evangélica de la muerte como camino hacia la vida (cf. Mt 7,14), entendidas, una y otras,
en sentido existencial y espiritual (cf. 1N 1,1). La solución de toda sensación de vacío,
sufrimiento, muerte, está en el Amado Cristo.

La marcha del alma en la noche es un camino hacia el revestimiento de Cristo. Cuando el


alma logre adornarse con la fe, la esperanza y la caridad (virtudes teologales), concluye el
camino, porque ha enamorado al Amado Cristo con ese vestido nupcial (cf. 2N 21,12).

Cántico espiritual

En Cántico espiritual ofrece san Juan de la Cruz una síntesis de todo su sistema: desde la
conversión al amor de Dios, un amor que pregusta la gloria. La unión con el Esposo forma
el núcleo sustancial de esta obra. Encontramos aquí amplísimos contenidos cristológicos.
Podemos sintetizar su contenido en una expresión: que el hombre encuentre a Jesucristo y
le ame. Es un camino cuyas etapas están señaladas por el desarrollo del amor a Cristo hasta
10
Cf. Omar Agusto Benítez Lozano, La cruz en la vida espiritual según san Juan de la Cruz,
Extracto de Tesis doctoral presentada en la Facultad de Teología de la Universidad de
Navarra, Pamplona 1998, Excerpta e Dissertationibus in Sacra Theologia Vol XXXV, p. 453.
llegar al encuentro y asimilación con Él.

En las primeras canciones se refleja el enamoramiento y búsqueda del Amado: Cristo. El


Esposo es el Gran Ausente ansiado. El alma es la protagonista: corre, pregunta, habla
consigo misma...

El alma empieza acudiendo a la oración, pero pronto comprende que no es suficiente. La


búsqueda tiene un sentido exigente de compromiso. Se precisa un corazón desnudo, libre de
todo aquello que no sea Dios (Cfr. CB 3, 5), y armarse contra el enemigo (Cfr. CB 3, 9).

La amada decide interpelar a las criaturas «plantadas por la mano del amado» (CB 4), pero
el corazón no se asienta en nada fuera del objeto amado y, entonces, se acrecienta en el
alma la sed de Él y aumenta el dolor por la ausencia (Cfr. CB 6, 2)

En las creaturas racionales, en cambio, Cristo parece más cercano (Cfr. CB 7), y «(el alma)
da a entender estar llagada de amor» (CB 7, 1), pero sigue sin hallar alivio ni remedio,
«mas antes todo cuanto piensa, dice y hace le aprovecha para más dolor» (CB 9, 1).

Intensificando la búsqueda, dirige una invocación a la fe —cristalina fuente—, pues sólo la


fe puede proporcionar la imagen, personal y viviente, de Cristo (Cfr. CB 12, 5).

«La trama de las 12 primeras estrofas de Cántico está tejida sobre la dialéctica presencia-
ausencia. Es, la de Dios, una presencia encubierta, experimentada por el hombre y sufrida
como ausencia». Pero mientras el hombre gime por Cristo, también Cristo gime por el
hombre y le sale al encuentro (Cfr. C B 13, 9).

Ya no reclama más el alma al Esposo; le ha encontrado, cesan sus ansias vehementes y


«explota en una experiencia de totalidad en la que se percibe la creación» (Cfr. C B 14 y
15). Para la esposa «todas estas cosas es su Amado en sí» (CB 14, 5).

Con todo, «también el encuentro —si bien gozoso en sí— es vivido bajo el signo de la
cruz». Aún no se ha consumado plenamente la donación interpersonal. El matrimonio
espiritual, en cambio, es el grado más elevado de amor en la tierra (Cfr. CB 22): es vida en
Cristo. A partir de ahora el alma se siente anonadada por las riquezas escondidas en su
Amado. Ese matrimonio tiene lugar en la cruz, en reparación de la ruina universal
ocasionada por el fruto del árbol vedado en el Paraíso; lo lleva a cabo Cristo, llevando al
alma hasta las profundidades del misterio de su cruz (Cfr. CB 23).

En el capítulo 26, sin apartarse de su planteamiento sobre la necesidad de una profunda


purificación como preparación para la unión con Dios, trata san Juan de la Cruz del paso
del hombre viejo al hombre nuevo (Cfr. CB 26, 17).

En los capítulos 30 a 33, nos hace ver San Juan de la Cruz que la salvación de las almas es
obra de Cristo y el hombre espiritual juntos (Cfr. CB 30, 6).

Las canciones 36 a 39 son el punto más alto de la espiritualidad cristológica sanjuanista.


Aquí Hermosura equivale al ser mismo de Dios, más aún, a la totalidad de su revelación en
Cristo (Cfr. CB 11, 2).

El hombre nuevo, ya transformado en la hermosura de Cristo, entra a participar plenamente


de la misma relación filial que une al Hijo con el Padre (Cfr. CB 36, 5). Aquí vuelve a
insistir san Juan de la Cruz en que la única vía para entrar más adentro en la espesura, —
para un mayor conocimiento de Cristo—, está en mantenerse unido a la cruz (Cfr. CB 36,
12).

Es necesario recorrer un camino largo y difícil, que supone mucho sufrimiento, un


prolongado ejercicio espiritual y «haber recibido muchas mercedes intelectuales y
sensitivas de Dios» (Cfr. CB 37, 4). El Esposo mismo, por amor, ayuda al alma a recorrer
ese camino estrecho de su Cruz hasta conducirla al banquete de amor (Cfr. CB 37, 6).
Predomina pues, en Cántico espiritual, la enseñanza de que la vida espiritual ha de girar en
torno al amor: «La pretensión del alma es la igualdad de amor con Dios» (CB 38, 3). Pero
esa pretensión tiene su precio: la cruz11.

Llama de amor viva

La perspectiva de Llama de amor viva es la participación del alma en el misterio de la


Santísima Trinidad, pero quemando: «es la tensión dinámica hacia la plena comunión con
la Trinidad, por la participación en el misterio de Cristo»

Algunas de sus frases breves resumen bien su doctrina, como:

«Niega tus deseos, y hallarás lo que desea tu corazón" y «El amor no consiste en sentir
grandes cosas, sino en tener grande desnudez, y padecer por el Amado».

11
Cf. Omar Agusto Benítez Lozano, La cruz en la vida espiritual según san Juan de la Cruz,
Extracto de Tesis doctoral presentada en la Facultad de Teología de la Universidad de
Navarra, Pamplona 1998, Excerpta e Dissertationibus in Sacra Theologia Vol XXXV, p. 457.