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Los 10 meses que estremecieron a Barrancabermeja.

BARRICADA I: Cesar Martínez Blanco

Por: David Ravelo Crespo.


Desde el mes de abril de 1987, al mes de enero de 1988, sucedieron
hechos en la ciudad de Barrancabermeja que estremecieron todas sus
fibras, tanto sociales como humanas.

Cesar Martínez Blanco, en la foto de arriba con sus piernas en buen


estado, rodeado por la comunidad en una reunión política; en la foto de
abajo ya sin piernas, con sus prótesis, rodeado por la comunidad en otra
reunión política. Oriundo del municipio de Margarita (Bolívar), llegó a
Barrancabermeja a finales de la década los años 50 del siglo pasado.
Desde muy joven se convirtió en militante del partido comunista
colombiano, la peluquería fue el arte que practicó al lado de Álvaro
Pedroso, su centro de actividades lo tenía en el sector comercial, cerca
al teatro Libertadores, allí llegaban los pobladores de Barrancabermeja y
el campesinado del magdalena medio por un elegante corte de pelo. Ha
sido un activista político y social de tiempo completo. Todos los días
desde las seis de la mañana recorría a pie, los barrios de
Barrancabermeja, eso hizo que se ganara el cariño y afecto de la gente
de Barrancabermeja que lo eligieron en varios periodos como concejal,
también fue diputado de la Asamblea de Santander. Fue víctima de un
atentado criminal donde perdió sus piernas, a pesar de ello, nunca ha
perdido su espíritu jovial y alegre. Fue mí maestro en el arte de la
organización política.

El 22 de abril de 1987, siendo las 7 de la noche, en una tienda del barrio


la campana, cerca a la sede de la coordinadora campesina del
magdalena medio, allí se encontraban Cesar Martínez Blanco concejal
por la unión patriótica, Alirio Traslaviña presidente de la coordinadora
campesina y Miguel Castañeda activista del partido comunista
colombiano, quienes acababan de salir de una reunión en la sede
campesina y se congregaron en esa tienda, cuando de repente un sujeto
llegó al lugar y lanzó una granada, esta explotó dejando gravemente
heridos a los tres dirigentes y a otras personas que se encontraban en
ese sitio.
De inmediato los heridos fueron trasladados al hospital san Rafael de
Barrancabermeja. En las afueras del hospital, allí nos congregamos y
nos enteramos que a Cesar Martínez le habían amputado las piernas,
entre desconcertados y adoloridos; con Ismael Jaimes, concejal de
Barrancabermeja por la unión patriótica, Luis Eduardo Zuleta, presidente
de USITRAS Barrancabermeja, Modesto González, el suscrito y otros
activistas, decidimos tomarnos el sitio estratégico conocido como As de
Copas, la actividad sería alas 10 de la noche, para ello se acordó con
Diego Rodríguez quien manejaba una buseta de la Empresa San
Silvestre, para que trasladara de los barrios Nororientales a los militantes
de la unión patriótica al As de Copas.

Cuando fueron las diez de la noche el As de Copas estaba totalmente


abarrotado de gente, a las once de la noche ya habíamos más de
doscientas personas y la barricada estaba totalmente organizada, no
faltaron las llantas que con el crepitar por las llamas y el humo, daba la
sensación de un dolor que venía de las entrañas de la tierra para
repudiar el olor nauseabundo de la impunidad que campeaba por todas
partes con la complicidad de la institucionalidad.

Al siguiente día siendo las 8 de la mañana, la barricada del As de Copas


era un hervidero humano, había llegado gente de todos los rincones de
la ciudad, en especial dirigentes sindicales, comunales y cívicos que se
vincularon a la justa protesta por el derecho a la vida. Recuerdo que
varias personas habitantes del barrio Tres Unidos, como Álvaro Busto
Castro, Julián Rodríguez, Fabio Lizarazo entre otros, organizaron el
sancocho para los manifestantes, en minutos aparecieron los
ingredientes, se armaron los fogones y se instalaron las ollas y este
comenzó a arder. Estando en esas, Ismael Jaimes y el suscrito fuimos
invitados para hablar con el Alcalde Juan de Dios Alfonso García, nos
dirigimos a la Alcaldía a reunirnos con el alcalde para exigirle garantías a
la protesta social.
En el despacho del alcalde le expresamos la gravedad de lo ocurrido, él
compartió también el hecho grave que había pasado, pero al igual que
nosotros se sentía en un estado de indefensión, que no podía hacer
mayor cosa; el poder judicial era ciego, sordo y mudo, había una
inoperancia total; la fuerza pública era señalada de ser la autora de los
hechos de sangre, llegó el momento en que nos preguntamos, en manos
de quien estamos. Nos quedaba una opción, utilizar la protesta social
como arma legal para poder visibilizar la grave crisis humanitaria por la
que estábamos pasando.

Cuando regresamos al As de Copas, nos encontramos que el ejército


había agredido a los manifestantes, destruido la barricada, decomisado
las ollas del sancocho con sus ingredientes, la carrera 28 se convirtió en
escenario de una batalla campal entre el ejército y los manifestantes, de
hecho una protesta que comenzó con una barricada terminó en un paro
cívico por el sagrado derecho a la vida, gracias a la intervención brutal
del ejército nacional.

Logramos reunirnos en la sede de la USO nacional, con los dirigentes de


la uso y la coordinadora popular, se acordó darle organización al paro
cívico y se montaron dos barricadas más que se convirtieron en punto de
encuentro, el puente elevado y el paso nivel, además se convocó a una
gran manifestación a las 4 pm desde la puerta de refinería hasta el As de
Copas.

La movilización estuvo muy concurrida, cuando íbamos por la sede del


antiguo Telecom, nos encontramos con Bernardo Jaramillo Osa, con
quien había tenido la oportunidad de realizar un curso político en Bogotá.
Bernardo en ese momento era representante a la cámara, la
manifestación llego a la carrera 28, siendo agredida por el ejército,
nuevamente se formó una batalla campal, Bernardo en la confusión se
perdió, apareciendo en horas de la noche en la casa del dirigente de la
USO nacional de la época, Jorge Eliecer Quijano. Un sector de los
manifestantes, ofendidos por la actitud agresiva de la fuerza publica y
por el deficiente servicio de agua que prestaba la empresa EMPOSAN,
cuando nos dimos cuenta las oficinas de esta empresa, que quedaba al
lado del colegio industrial, estaban ardiendo, las llamas resplandecían
con todo su fulgor, como mostrando la inconformidad de un pueblo por la
agresión del que era objeto.

El paro cívico por el derecho a la vida se alargo dos días más, en horas
de la noche tuvimos la oportunidad de reunirnos con Bernardo Jaramillo,
él había hecho contacto con el gobierno nacional para que escuchara el
clamor de la gente en Barrancabermeja.

El gobierno nacional se comprometió en tomar las medidas para acabar


con la impunidad galopante que vivía la ciudad, lo cierto es que los
integrantes de la fuerza pública que participaron en el acto criminal
contra Cesar Martínez y demás victimas, con el fin de borrar toda
evidencia y testigos, amenazaron a una mujer que vivía en el
corregimiento El Centro, se vio obligada a irse de la ciudad y lo más
grave, la niña Sandra Rondón Pinto, quien supuestamente había sido
testigo del atentado criminal, el 4 de mayo de 1987 fue asesinada cerca
a su casa en el barrio La Campana, después de haber asistido a misa en
horas de la mañana, esto trajo como consecuencia otra jornada cívica
por el derecho a la vida.

El 22 de abril de 1987, quedó registrado en la historia de Colombia,


como el primer paro cívico por el derecho a la vida realizado por los
pobladores de Barrancabermeja.

Cesar Martínez Blanco, vive con su esposa y compañera de toda la vida


Margot García en el municipio de Girón (Santander), y como siempre,
usted lo encontrara con una gran sonrisa.

En barricada II hablaremos todo lo relacionado con el asesinato de la


niña Sandra Rondón Pinto.
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