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Análisis de la película Coco

Coco", la decimonovena película de Pixar está ambientada en México y está centrada en


una de las celebraciones más emblemáticas de ese país: el Día de Muertos. Y, aunque no
es fácil captar los rasgos esenciales de cualquier cultura, el prestigioso estudio de
animación se anota un acierto con respecto a la cultura mexicana.

Lee Unkrich y Adrian Molina son los directores de este filme de Disney-Pixar. La historia
va de un pequeño niño llamado Miguel que busca la forma de convertirse en músico,
como su vocación le dicta, a pesar de que en su casa está estrictamente prohibida la música
en sí.

Miguel aprovechará la oportunidad de demostrarle a su numerosa familia que tiene talento


y pasión por la música. Sin embargo, las cosas serán mucho más complicadas cuando es
enviado al mundo de los muertos y se encuentra que la prohibición de la música en su
familia se debe a una profunda herida que requiere mucho amor y entendimiento
para sanar.

Lo cierto es que aunque el retrato de la cultura mexicana es un acierto, sí cae en algunos


lugares comunes. Cabe la pregunta de si será posible no caer en clichés cuando se
quiere representar la cultura de cualquier país; a decir verdad parece una dificultad casi
inevitable. El equipo de Pixar encargado de este proyecto visitó México en varios años y
fue a diversos lugares para conocer como se vive y se festeja el Día de Muertos, una de las
tradiciones más conocidas de este país y considerado como Patrimonio Oral e Intangible de
la Humanidad por la Unesco desde 2003.
Además del cuidado en dar vida con la preciosa animación de Pixar el Día de Muertos, los
creadores logran demostrar mucha sensibilidad por esta celebración, así como por los
símbolos más preciados de esta tradición y de la cultura mexicana. Miguel vive en un
pueblo ficticio de México llamado Santa Cecilia (la santa patrona de los músicos) que bien
puede ser cualquier pueblo tradicional mexicano, por momentos recuerda a Oaxaca, en
otros a los preciosos pueblos de Michoacán, en donde la tradición del Día de Muertos es
muy arraigada y donde se acostumbra a velar las tumbas, llenarlas de cempasúchitl y
ofrendas.
El Mundo de los muertos es representado con gran colorido y está lleno de símbolos de la
cultura mexicana

También cae en algunos clichés sobre las familias mexicanas, aunque, como ya vimos, casi
es imposible no hacerlo. Sin embargo, toda la cinta está hecha con mucho respeto y gran
cuidado. Ahí aparece la familia numerosa que vive en una gran casa bajo el ala matriarcal;
la tradición familiar de heredarse los oficios; las características más curiosas de las mamás
mexicanas y muchos guiños al cine mexicano de la Época de Oro.

La trama nos instala de inmediato en la celebración del Día de Muertos y nos lleva a
enfrentar junto a Miguel, nuestro protagonista, su camino para defender su vocación: la
música. Con esta premisa nos encontramos con un ídolo que a todos los mexicanos les
resonará fuerte y claro. Un cantante y actor carismático que conquistó a México y al
mundo con su talento, el cual murió muy joven de forma trágica. Así es, Pedro Infante es
el gran ídolo mexicano que cumple estas características, aunque en la película se llama
Ernesto de la Cruz.

Cuando Miguel se encuentra del otro lado, es decir, en el mundo de los muertos, se da la
oportunidad para meter a la historia toda clase de elementos y figuras de la tradición
mexicana. Encontraremos a los oníricos y bonitos alebrijes, al luchador mexicano El
Santo, a la gran Frida Kahlo y las calaveras y catrinas inspiradas en el arte de José
Guadalupe Posada. Oh, sí y muchas, muchísimas flores de cempasúchitl.
Mariachis, bandas, trajes de charro, calaveras garbanceras, pueblos mágicos, fuegos
artificiales, toritos, castillos y un travieso xoloitzcuintle (una raza canina originaria de
México que tiene como característica no tener pelo) aparecen para continuar el desfile de
símbolos de la cultura mexicana, mientras acompañamos a Miguel a encontrar lugar para su
pasión y para lograr ser quien es.

"Coco" logra con creces, más allá de la puesta en escena, transmitir sentimientos que
todos compartiremos sin necesidad de ser o no mexicanos. Lo interesante en esta
película es que instalarla en México no es sólo un telón de fondo sino que es un escenario
del que se hace uso de todos sus elementos para enriquecer su bellísima historia.

Los personajes que conocemos en "Coco" están llenos de encanto y cada uno nos
proporcionará satisfacciones diferentes y algunos serán entrañables sin duda.
Encontraremos una historia ágil, divertida, memorable, con diversas escenas de acción y
mucha música. Lo más fuerte de "Coco" está instalado al principio y al final de ella,
aunque cabe decir que por muy poco se libra de ser predecible. Aún con sus
debilidades, la cinta es un título que disfrutará el público de cualquier edad.

Conclusión
9
10
Pixar ha logrado hacer una excelente película instalada en una de las tradiciones más
significativas de la cultura mexicana: el Día de Muertos. Su personaje principal logra
enganchar tanto al público infantil como a los adultos, así como con sus temas universales.
La música es un eje de esta historia, así como los lazos familiares y la importancia de
recordar a los que han partido. Sin duda se trata de una cinta de animación de primera
calidad, hecha con mucha sensibilidad hacia el tema y la cultura mexicana.

Pros
 Miguel, el personaje principal
 La representación del Mundo de los muertos
 El tema principal sobre la vocación y el apego familiar
 El divertido cameo de El Santo como celebridad

Contras
 Inevitables clichés sobre la familia y la cultura mexicana
 La historia se vuelve predecible en su momento más importante

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análisis

Thor: Ragnarok
César Noragueda - Oct 30, 2017 - 22:10 (CET)

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 País: Estados Unidos
 Año: 2017
 Género: Fantasía, acción, aventuras
 Dirección: Taika Waititi
 Guion: Eric Pearson, Craig Kyle, Christopher Yost
 Reparto: Chris Hemsworth, Tom Hiddleston, Cate Blanchett, Anthony Hopkins,
Mark Ruffalo, Tessa Thompson, Benedict Cumberbatch, Idris Elba, Jeff Goldblum,
Jaimie Alexander, Ray Stevenson, Tadanobu Asano, Taika Waititi, Karl Urban,
Stan Lee, Rob Mayes
 Web oficial: Thor: Ragnarok

La tercera entrega cinematográfica sobre el Dios del Trueno de Marvel Studios ha llegado a
los cines con el cineasta Taika Waititi a la cabeza, que le ha proporcionado exactamente lo
que necesitaba.

Lo cierto es que Thor (2011) y Thor: El Mundo Oscuro (2013), cuarta y octava películas
del Universo Cinematográfico de Marvel, que fueron dirigidas por el británico Kenneth
Branagh (Mucho ruido y pocas nueces, Hamlet), también actor, y el yanqui Alan Taylor
(Juego de tronos, Terminator: Génesis) respectivamente, no resultaron todo lo
satisfactorias que deberían por su peripecia poco inspirada y un humor muy por debajo de
las mejores cotas de estas aventuras protagonizadas por tan conocidos superhéroes.
Así que la elección de este realizador neozelandés, por su idiosincrasia fílmica, ha sido
un gran acierto más allá de toda la lógica que podamos encontrarle a toro pasado. Según
cuenta el productor Kevin Feige, que Waititi utilizara la canción “Immigrant Song”, de Led
Zeppelin, para presentarles su primer tratamiento del filme —la misma que se pudo
escuchar en uno de los trailers difundidos— “fue sorprendente”, “definió lo que iba a
hacer” y sirvió para demostrarles que el cineasta estaba en su misma onda y que
comprende el espíritu juguetón de Marvel.

Más que nada porque el propio Waititi ya había lucido el mismo espíritu en sus
largometrajes anteriores, desde la inaugural Eagle vs. Shark (2007), atravesando la
particular comedia dramática Boy (2010), el falso documental Lo que hacemos en las
sombras (2014), que elaboró con Jemaine Clement, que constituye lo más logrado y
gracioso del neozelandés hasta la fecha y que seguro le valió para encargarse asimismo del
corto marvelita Bando Thor, y hasta A la caza de los ñumanos (2016), donde se encuentran
clarísimos ecos de la icónica obra del estadounidense Wes Anderson (Moonrise Kingdom,
El Gran Hotel Budapest).

Las críticas que ha recibido el cineasta de parte de un sector del público por el tono
abiertamente cómico de Thor: Ragnarok son de lo más absurdas, pues este recorre el
Universo Cinematográfico de Marvel, con hitos como los dos volúmenes de Guardianes de
la Galaxia, de James Gunn (2014, 2017). Y de hecho, su hilaridad jubilosa e incontestable
se alza como una de las razones por las que supera a sus dos predecesoras, en parte gracias
al vivo guion de Eric Pearson, Craig Kyle y Christopher Yost, quien ya se había
ocupado de coescribir el de El Mundo Oscuro con Chris Markus y Stephen McFeely, y
también, por las inclinaciones guasonas de Waititi, cuya filmografía precedente rezuma
un humor que se ceba en lo ridículo, la parodia y, a veces, la excentricidad.

Y eso es justo lo que requerían las andanzas de Thor para revitalizarse, como la agradecida
presencia de otros superhéroes de la saga, con los que el Dios del Trueno interactúa en
impagables secuencias cómicas; sin olvidar que algunos de los mejores golpes chistosos
de Ragnarok hacen referencia al que es, sin duda, el más descacharrante de Los
Vengadores, realizada por Joss Whedon en 2012.
Su hilaridad jubilosa e incontestable se alza como una de las razones por las que Thor:
Ragnarok supera a sus dos predecesoras

Sin embargo, la experiencia cinematográfica de Waititi no era ninguna garantía de que


fuese capaz de dirigir, no ya un filme de aventuras porque A la caza de los ñumanos lo es a
su manera, ni de fantasía porque Lo que hacemos en las sombras también se incluye en tal
género narrativo, sino uno de acción espectacular, con las diversas peleas entre
superhéroes, malos malosos, seres ambiguos y algo más que se suceden a lo largo del
metraje. Pero ha salido airoso de este desafío, con la ayuda del coordinador de lucha Jon
Valera, al igual que del de enfrentarse a los géneros que ya conocía en una superproducción
de este calibre, es decir, con su complejidad y sus elementos multiplicados.

Desde el mismo comienzo, se deja clarísimo que el neozelandés va a explotar su fortaleza


cómica, hasta el punto de que no es un estupendo ritmo lo que consigue que sus más de dos
horas se nos pasen volando, sino el interés agudo que despierta rápidamente en el
espectador por saber qué va a ocurrir una escena tras otra, llenas de maravillas planetarias,
de colorido y de la habilidad del veterano español Javier Aguirresarobe (El milagro de
P. Tinto, Los otros, Soldados de Salamina, Mar adento) en la dirección de fotografía, y
con qué chistes nos van a producir la siguiente carcajada, cameos incluidos. Mientras que el
punto dramático vuelve a girar en torno a la trama paterna; como en Boy y A la caza
de los ñumanos, todo sea dicho.
Ahora bien, pese a que la planificación del aparato visual que compone Waititi nos
brinda lo que se espera de un filme de Marvel Studios y a que el montaje popero a
distintas bandas de la trifulca definitiva, con algún superhéroe maravillosamente fuera
de lugar, es muy gratificante, tampoco deslumbra. Por otro lado, el argumento sobre la
agresión de Hela (Cate Blanchett) y el Ragnarok predicho queda un tanto insuficiente
a causa de su escaso desarrollo, pues toda la gozosa odisea en Sakaar lo ensombrece, de
modo que la villana se desdibuja y se normaliza y, así, no es memorable en absoluto,
con la camaleónica actriz haciendo lo que buenamente puede.

Tanto como el limitado Chris Hemsworth con su divertido Thor, Tom Hiddleston con su
descafeinado Loki, Tessa Thompson con su guerrera valkiria, un desatado Mark Ruffalo
en la piel del siempre imperdible Hulk, Idris Elba como el aquí poco imponente
Heimdall, un festivo Jeff Goldblum encanando al Gran Maestro, Karl Urban como el
confuso Skurge, el distinguido Anthony Hopkins interpretando de nuevo a Odín y Benedict
Cumberbatch como el flemático Doctor Strange. Y cabe destacar a Rachel House, actriz
fetiche de Waititi, como Topaz, y que el propio cineasta, aficionado a aparecer en sus
películas, es el pedregoso Korg.

Conclusión
7.5
10

No hay vacilación posible en cuanto a que Thor: Ragnarok satisfará a todos aquellos
espectadores que se sientan a ver los filmes de Marvel Studios con el deseo, siempre
respetable, de pasar un rato entretenido e hilarante; ni respecto a que se trata de la mejor
película hasta ahora centrada en el Dios del Trueno.

Pros
 La adecuada elección del director Taika Waititi por su idiosincrasia fílmica.
 Su jubiloso tono abiertamente cómico.
 La agradecida presencia de otros superhéroes de la saga por sus impagables
secuencias cómicas.
 El gratificante montaje popero a distintas bandas de la lucha final.
 La habilidad de Javier Aguirresarobe como director de fotografía.

Contras
 Que la planificación visual cumple pero no deslumbra.
 Que el desarrollo del argumento sobre Hela y el Ragnarok queda un tanto
insuficiente.
 Que la villana de Cate Banchett se desdibuja y se normaliza y, así, no es memorable
en absoluto.
 El descafeinado Loki y el aquí poco imponente Heimdall.

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análisis

Blade Runner 2049


César Noragueda - Oct 7, 2017 - 19:06 (CET)

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 País: Estados Unidos
 Año: 2017
 Género: Ciencia ficción, acción
 Dirección: Denis Villeneuve
 Guion: Hampton Fancher, Michael Green (Personajes: Philip K. Dick)
 Reparto: Ryan Gosling, Harrison Ford, Ana de Armas, Jared Leto, Sylvia Hoeks,
Robin Wright, Mackenzie Davis, Carla Juri, Lennie James, Dave Bautista, Barkhad
Abdi, David Dastmalchian, Hiam Abbass
 Web oficial: Blade Runner 2049

Por fin llega a los cines una de las películas más esperadas de este 2017: la continuación de
la mítica Blade Runner (1982) que ha dirigido el canadiense Denis Villeneuve, cuyo
presumible éxito y buenas críticas abonan el camino para proseguir con su distopía en más
secuelas.

Podemos estar seguros de que el británico Ridley Scott, cineasta que ya había golpeado al
mundo con Alien (1979), que rodaría la oscarizada Gladiator (2000) y que nos
deslumbraría después a algunos con Hannibal (2001), no pudo ser consciente del alcance
de su adaptación de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, novela de Philip K.
Dick, ni siquiera en el año de su estreno, pues ni el público ni los analistas profesionales la
favorecieron demasiado. Solamente el tiempo, su influencia indiscutible en el séptimo arte
y en cierta estética urbanita, el mejor ojo de generaciones posteriores de críticos y cinéfilos
y la reconsideración de los veteranos hizo posible que se convirtiera en la película de culto
que es hoy; y que ya forme parte de los clásicos resucitados por la voracidad
hollywoodiense de este siglo.

El compromiso profesional de Scott con Alien: Covenant (2017) le impidió ocuparse de


Blade Runner 2049 pero, como el espectáculo debe continuar y la maquinaria
cinematográfica no puede detenerse, se le buscó un sustituto a la altura del reto de proseguir
con la reverenciada trama de los replicantes; y la elección de Villeneuve no podía resultar
más llena de lógica y de sensatez: venía de haber realizado La llegada (2016), otro
trasvase al cine de una obra de ciencia ficción, un relato de Ted Chiang con el título de “La
historia de tu vida”, que sirve como un buen ejemplo de sus maneras pulcras y
minuciosas, a veces austeras, y a su gusto por los detalles insólitos y que, por ello, le
venía de lujo a la continuación de Blade Runner porque cuadra con su estilo.

Además, el hecho de que haya aceptado dirigir esta película no ha de deberse sólo a que se
trate de un proyecto irresistible para cualquier cineasta por su envergadura y trascendencia,
sino también a que le ha proporcionado la ocasión de reincidir en su interés por los
entresijos de la violencia social —si bien en este caso es de gran magnitud en
comparación con la de las otras veces en que la había abordado en su filmografía, en
Polytechnique (2009), Incendies (2010), Prisioneros (2013) y Sicario (2015), pero con
ingredientes que invitan a interpretaciones sociales de nuestro presente convulso y nuestro
porvenir—, y de ofrecer a los espectadores otra aventura turbadora en la que la
vertiente emocional sobresale entre el misterio determinado de ciencia ficción, como
en La llegada.

Ello tras los tres cortometrajes de Shinichirô Watanabe y Luke Scott que se emplean de
puente entre el filme original y Blade Runner 2049 y que se han ambientado en 2022, 2036
y 2048 por los acontecimientos fundamentales de los dos primeros años y las veces de
prólogo que hace el último, añadiendo información y matices al puzle de las tres décadas
trascurridas desde lo sucedido en Blade Runner.
Denis Villeneuve ha logrado aunar en Blade Runner 2049 la esencia de los conceptos, la
narrativa y el estilo audiovisual de su predecesora y su propia idiosincrasia cinematográfica

No cabe discusión posible sobre que Villeneuve ha logrado aunar en el nueva película, de
forma cohesionada y coherente, las atenciones ineludibles a la esencia de los conceptos, la
narrativa y el estilo audiovisual de su predecesora y su propia idiosincrasia
cinematográfica, en parte debido a la inestimable ayuda del guionista Hampton Fancher,
que ya fue uno de los autores del libreto del primer filme y que en este colabora con
Michael Green (Logan, American Gods), al meritorio diseño de producción referencial
de Dennis Gassner, a la adecuada banda sonora de Benjamin Wallfisch y Hans
Zimmer, digna heredera de la de Vangelis, y en gran parte, como decíamos, a la
coincidencia de estilos entre la Blade Runner de Ridley Scott y las anteriores de
Villeneuve. Hay incluso momentos en que algún entorno desolado de la flamante película
nos trae a la memoria otro que vimos en el debut del director, Un 32 août sur terre (1998).

Por todo ello, los amantes del filme original pueden sentir regocijo ante esta continuación,
ya que recupera todo lo que hacía falta para hacerla reconocible como tal, incluida la
fascinación y el asombro por las visiones de ambientes del futuro, evolucionadas a
partir del presente urbano, y el magnetismo de unos personajes con un carisma
indestructible, cuya gestualidad parece calculada al máximo para ello sin que resulte
ninguna impostura, desde Ryan Gosling (Drive, La La Land) como el agente K, perfecto
como lo que es y al que las críticas negativas por su interpretación debieran resbalarle
porque proceden de una ojeriza arraigada, una sugestiva Ana de Armas (El internado)
como Joi, Sylvia Hoeks (La mejor oferta) como la implacable Luv, Jared Leto (El Club
de la Lucha, Las vidas posibles de Mr. Nobody) como el amenazador y elocuente Niander
Wallace y, por supuesto, Harrison Ford (Star Wars, Indiana Jones) como el añorado Rick
Deckard.
La teniente Joshi de Robin Wright (Forrest Gump, House of Cards), el Coco de David
Dastmalchian (Prisioneros) y la Freysa de Hiam Abbass (Paradise Now) cumplen; la
Mariette de Mackenzie Davis (Halt and Catch Fire) está ahí para recordarnos por su
estética a la Pris de Daryl Hannah en Blade Runner, el Sapper Morton de Dave Bautista
(Guardianes de la Galaxia) supone para este actor un agradecido cambio de registro, a
Lennie James (The Walking Dead) siguen sentándole bien personajes algo idos como el
señor Cotton, y Carla Juri (Paula) está absolutamente encantadora como la doctora Ana
Stelline.

Todos ellos pasean sus inquietudes por un mundo convaleciente, caótico y hostil, y se
involucran de una u otra forma en una peripecia emocionante, tensa, estupefaciente,
expansiva y de lo más satisfactoria, tanto para los enamorados de Blade Runner como
para los espectadores ocasionales, con giros oportunos y sorprendentes y que
contemplamos a través de la fabulosa fotografía de Roger Deakins. Las secuencias de
acción resultan tan brutales como las que recordábamos en el primer filme, muy
especialmente las de lucha cuerpo a cuerpo; y casi todos los diálogos estimulan el interés en
la misma medida que las escenas de peligro.

No obstante, lo cierto es que la fascinación de Blade Runner 2049 no llega al punto de


conseguir la hipnosis profunda del espectador, pese a que contaba con todos los
elementos a su favor para poner esa pica y a que sobresale en emotividad; y ni una sola de
las persuasivas declaraciones de aquel llamado a igualar a la más recordada del Roy
Batty de Rutger Hauer en Blade Runner, la de las naves ardiendo más allá de Orión y las
lágrimas en la lluvia, durante alguno de sus monólogos se le aproxima ni se la recordará:
la labia y la inteligencia de Wallace no se puede poner en duda, pero las palabras
verdaderamente geniales y, puf, emotivas no han salido por su boca; al menos, aún no.

Conclusión
8.5
10

Dicho todo lo anterior, quede claro que Blade Runner 2049 se encuentra prácticamente a la
altura de la película original, que sus más de dos horas se disfrutan de veras y se pasan
volando, que incluso la rebasa en sus emociones y que, con una continuación así, algunos
proclamamos estar dispuestos a ver más secuelas sobre este sugerente drama futurista de
los replicantes.

Pros
 El trabajo respetuoso con el filme original y a la vez expansivo, satisfactorio, del
director Denis Villeneuve.
 El magnetismo de unos personajes con un carisma indestructible.
 La adecuada banda sonora de Benjamin Wallfisch y Hans Zimmer.
 La fabulosa fotografía de Roger Deakins.
 El meritorio diseño de producción referencial de Dennis Gassner.

Contras
 Que su fascinación no llega al punto de conseguir la hipnosis profunda de los
espectadores, pese a que contaba con todos los elementos a su favor.
 Que ni uno solo de sus diálogos o monólogos iguala al más recordado de Roy Batty
en Blade Runner, ni se le aproxima ni se lo recordará.

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análisis

It
César Noragueda - Sep 10, 2017 - 19:23 (CET)

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 País: Estados Unidos
 Año: 2017
 Género: Terror, fantasía
 Dirección: Andrés Muschietti
 Guion: Chase Palmer, Gary Dauberman, Cary Fukunaga (Novela: Stephen King)
 Reparto: Bill Skarsgård, Jaeden Lieberher, Sophia Lillis, Finn Wolfhard, Wyatt
Oleff, Jeremy Ray Taylor, Jack Dylan Grazer, Chosen Jacobs, Nicholas Hamilton,
Jake Sim, Logan Thompson, Owen Teague, Jackson Robert Scott, Stephen Bogaert,
Stuart Hughes, Geoffrey Pounsett, Megan Charpentier, Javier Botet
 Web oficial: It: Capítulo uno

Una de las novelas más icónicas y valoradas del escritor estadounidense Stephen King,
origen de las pesadillas de varias generaciones, vuelve al cine con la dirección del argentino
Andrés Muschietti.

Cuando nos merendamos la penosa noticia de que Cary Fukunaga, realizador de la


temporada uno de la valorada serie televisiva True Detective (Nic Pizzolatto, desde 2014) o
del filme Beasts of No Nation (2015) para Netflix, abandonaba un proyecto tan jugoso por
la negativa de la productora New Line a concederle un presupuesto que no pusiera en
peligro “su visión artística”, los espectadores más ansiosos se quedaron con un palmo de
narices, y con el temor razonable de que la batuta recayese entonces en algún cineasta
de medio pelo que diera al traste con todo. Y, en verdad, no es que Muschietti haya
tenido muchas oportunidades hasta ahora para demostrarnos que no lo es, pero su único
antecedente en el largometraje, Mamá (2013), con el que rehacía sin demasiado acierto la
historia de su propio corto de 2008, no parecía transmitirnos muchas esperanzas de que
la nueva adaptación de It fuese a llegar a buen puerto.

Y es que los espectadores más atentos saben que la dolorosa aventura sobre el terrorífico
Pennywise, el payaso bailarín, y los chavales que se enfrentan a él en la localidad
siniestra de Derry no carece precisamente de importancia cultural: se trata de una de
las mejores obras del novelista de Maine, con algunos de los textos más hermosos y
conmovedores que haya escrito nunca y una decisiva lucidez para horrorizar a los lectores
en capítulos y escenas memorables, y su primera y fallida traslación a la gran pantalla, la de
Tommy Lee Wallace de 1990, fue suficiente para marcar a varias generaciones de los años
ochenta y noventa del siglo pasado hasta la coulrofobia, convirtiendo al alarmante
dispensador de globos en un auténtico icono terrorífico con el rostro maquillado del
reconocible Tim Curry. Tales son las razones de que se buscara otra adaptación, con un
éxito de taquilla asegurado, y de que la propuesta tuviese a medio mundo a la expectativa
para ver el resultado de sus anhelos.

Ahora, con el estreno internacional de la nueva película, ya se han respondido todas las
preguntas que habían brotado por los avances que compartieron; y correcta era la hipótesis
de que el guion de Fukunaga, modificado tras su renuncia por Chase Palmer y Gary
Dauberman, es más fiel a la novela de King —lo que tampoco supone una virtud— que el
de Wallace y Lawrence D. Cohen para el primer filme pero prescindiendo de la
gratificante estructura de esta, en la que se intercalan dos líneas temporales, una con Bill
Denbrough, el Tartaja, y sus amigos de adolescentes y otra en la que son adultos. Es decir,
se confirma que han desaprovechado la ocasión de ofrecernos un montaje de mayor
complejidad, y han dividido las dos líneas temporales en sendas películas, cosa que, de
todos modos, ya se había propuesto Fukunaga en un principio.
La nueva It cumple con las necesidades de su clásico relato lineal sin caer por el abismo de
los despropósitos grotescos como la primera adaptación

Alguien podría saltar en este punto y descerrajarnos que no se debe evaluar ninguna obra
por lo que esta no es, y que sólo hay que centrarse en lo que hemos visto en el cine por lo
que al capítulo uno de It respecta. Pero olvidaría de forma muy inconveniente que los
mimbres para ese montaje atractivo ya estaban ahí, en la novela, al alcance de
cualquier guionista suficientemente espabilado, que los autores cuyos libros se adaptan
tienen su correspondiente crédito en el guion —no por nada los originales se distinguen de
los otros en los premios cinematográficos— y que Wallace y Cohen sí supieron aprovechar
la estructura primigenia pese a los problemas insoslayables de su película para televisión.
Como también obvian el hecho de que una oportunidad perdida como esta resulta
irrelevante si la adaptación logra sobrepasar nuestras esperanzas regalándonos un
peliculón indiscutible, y no es lo que ha ocurrido con la de Muschietti.

Uno salivaba pensando en los brillantes montajes paralelos, quizá un poco como los de
Frequency (Gregory Hoblit, 2000) o los de Origen (Inception, Christopher Nolan, 2010), y
en las transiciones jugosas e imaginativas a que da pie trasladar esta novela al cine, y sin
embargo, no se puede decir que el director bonaerense no haya sabido exprimir bien
el libreto con el que contaba: la nueva It cumple con las necesidades de su clásico relato
lineal, sin caer por el abismo de las inverosimilitudes como en Mamá o de los despropósitos
grotescos como en el filme de Wallace, construye una peripecia digna y razonablemente
aterradora, con un ritmo que jamás decae y que casi no le da descansos al espectador,
lo cual ha de proteger a la película de que la lapiden los talibanes.

Si bien se echa en falta sin duda un ambiente enrarecido más generalizado para la
Derry acechada por tan risueño monstruo, lo cierto es que cada puesta en escena de
sus espeluznantes recreaciones se revela siempre eficaz, y unas cuantas producen
verdaderos escalofríos, sobre todo en el segundo tramo del filme, los cuales se apuntalan
gracias a la siniestra banda sonora que ha compuesto Benjamin Wallfisch, ambiental,
con oportunos sonidos degradados y heterogéneos y esos lúgubres coros infantiles que
inquietan lo suyo. Tampoco hay que pasar por alto que se le presta la atención debida a las
miserias de la señora Kaspbrack, del señor Marsh y, sutilmente, del señor Keene, ni la recia
tensión generada durante las secuencias de la segunda visita a la casa horrible de la calle
Neibolt y del enfrentamiento en las cloacas.
Al mover la narración unos treinta años hacia delante respecto de las dos épocas del libro,
se consigue, en primer lugar, beneficiarse de nuevo del gusto y la nostalgia de los
espectadores por historias ochenteras protagonizadas por muchachos —recordemos Super
8 (J. J. Abrams, 2011) o Stranger Things (Matt y Ross Duffer, 2016)— y en las que la
amistad es un motor preponderante, y en segundo lugar, que los acontecimientos de la
próxima secuela ocurran hoy en día. El reparto que encarna a los Perdedores es
adecuado y se desenvuelve con soltura, ya sea Jaeden Lieberher (Midnight Special) como
Bill Denbrough, Jeremy Ray Taylor (Ant-Man) como Ben Hanscom, Sophia Lillis (El
sueño de una noche de verano) como Beverly Marsh, Finn Wolfhard (Stranger Things,
vaya) como Richie Tozier, Jack Dylan Grazer (Me, Myself and I) como Eddie Kaspbrack,
Chosen Jacobs (Hawai 5.0) como Mike Hanlon y Wyatt Oleff (Guardianes de la Galaxia)
como Stanley Uris.

Molly Atkinson (Camino a Avonlea) nos entrega a una convincente señora Kaspbrack,
como Stephen Bogaert (American Psycho, X-Men: Apocalipsis) a su señor Marsh, Stuart
Hughes a su oficial Bowers o Joe Bostick a su señor Keene. Triste es, no obstante, la poca
entidad del psicopático Henry Bowers, al que da vida Nicholas Hamilton (La Torre
Oscura), y no hablemos ya del Belch Huggins interpretado por Jake Sim, del Victor Criss
de Logan Thompson y del Patrick Hockstetter de Owen Teague (Bloodline). Que Steven
Williams (The X-Files) se ponga en la piel de un enérgico Leroy Hanlon es agradecido pero
anecdótico; y bueno, Jackson Robert Scott (Fear the Walking Dead) hace lo preciso como
el pequeño Georgie Denbrough.

Otros personajes, como el rabino Uris de Ari Cohen (Smallville), los Zach y Sharon
Denbrough de Geoffrey Pounsett y Pip Dwyer (22.11.63), la señora Starrett de Elizabeth
Saunders (The Strain) e incluso la Gretta de Megan Charpentier (sí, Mamá) no se quedan
apenas en la retina. Lo que no sucede, faltaría más, con el Pennywise de Bill Skarsgård
(Atómica), que nos brinda a un villano intachable, tan pesadillesco como se requiere,
estremecedor por su excéntrica y festiva malignidad, con más matices que el de Curry
y que no puede ponernos más nerviosos en su presencia.

Conclusión
7
10

En cualquier caso, a uno le resulta difícil no pensar que el estilo sucio e implacable de Cary
Fukunaga habría distinguido de veras a esta adaptación de It, pero el trabajo de Andrés
Muschietti no ha sido desdeñable en absoluto, y merece la pena sentarse a contemplar este
mal sueño de cine que comienza, hasta donde sé o puedo decirlo, con un barco hecho de
una hoja de diario que flota por una alcantarilla hinchada de lluvia.

Pros
 La peripecia digna y razonablemente aterradora que ha construido el director
Andrés Muschietti.
 El ritmo que jamás decae y que casi no le da descansos al espectador.
 Que cada puesta en escena de las espeluznantes recreaciones de Pennywise es
eficaz.
 La siniestra banda sonora de Benjamin Wallfisch.
 El intachable y pesadillesco villano de Bill Skarsgård.

Contras
 Que han desaprovechado la ocasión de ofrecernos un montaje de mayor
complejidad según la estructura de la novela, con todo lo que ello implica.
 Que se echa en falta un ambiente enrarecido más generalizado para la Derry
acechada por el monstruo.
 La poca entidad del psicopático Henry Bowers de Nicholas Hamilton.

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análisis

Valérian y la ciudad de los mil planetas


César Noragueda - Ago 25, 2017 - 0:41 (CET)

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 País: Francia
 Año: 2017
 Género: Ciencia ficción, space opera, acción
 Guion y Dirección: Luc Besson (Cómic: Pierre Christin y Jean-Claude Mézières)
 Reparto: Dane DeHaan, Cara Delevingne, Clive Owen, Ethan Hawke, Rihanna,
Herbie Hancock, Rutger Hauer, Kris Wu, Emilie Livingston, Aurelien Gaya
 Web oficial: Valérian y la ciudad de los mil planetas

El popular director francés Luc Besson regresa a los cines con una nueva película futurista
de ciencia ficción y space opera, que es la primera adaptación de una longeva serie de
comics franco-belga.

La historieta conocida hoy como Valérian y Laureline apareció por primera vez en la
revista Pilote durante el lejano mes de noviembre de 1967, así que se ha pretendido que el
estreno de su versión cinematográfica coincida con el cincuenta aniversario de su
lanzamiento original, tal vez el momento más oportuno para realizarla por los medios
tecnológicos ingentes con que cuenta el séptimo arte hoy en día. Es obra del guionista
Pierre Christin, el dibujante Jean-Claude Mézières y la colorista Évelyne Tranlé, y hasta
hace una década, la serie se llamaba Valérian: Agente espacio-temporal, nombre que no
resultaría comprensible a la vista de la historia de esta adaptación, cuyas más que
probables secuelas pueden hacer las delicias de los espectadores los que les apasionan
los relatos de viajes en el tiempo, y no son pocos, si Besson juega bien sus cartas.

En sus treinta y cuatro años como director de largometrajes, nos ha ofrecido varias
películas famosas y al menos un par consideradas de culto pero, en general, su filmografía
carece de demasiado interés; desde El gran azul o Azul profundo (Le grand bleu, 1988) y
Nikita, dura de matar o La cara del peligro (1990), su primer filme de culto, hasta la
sobrevaloradísima El profesional o El perfecto asesino (Léon, 1994) y El quinto elemento
(Le cinquième élément, 1997), también de culto y quizá su mejor y más entretenida obra.
Lo que sí nos ha dejado clarísimo y saben perfectamente los analistas y los seguidores
incondicionales del cineasta es su preferencia por tramas llenas de acción, aventuras y
ficción científica, que constituyen las de al menos doce de sus dieciocho filmes, y las de
cuatro con todos esos ingredientes, incluso Valérian y la ciudad de los mil planetas
(Valérian and the City of a Thousand Planets, 2017).

Tras el apático recibimiento que se le dio a la simplona y espectacular Lucy (2014), para la
que planea una continuación en cualquier caso, parece que Besson ha querido volver a la
buena época de El quinto elemento, su triunfo más sonado sin discusión posible hace justo
dos décadas. Y eso se nota en multitud de los componentes narrativos del guion y en el
colorido diseño, barroco y abigarrado, de la sociedad futurista, que resulta de lo más
atractivo para el público ávido de maravillas visuales y sobre el porvenir ultratecnológico,
cosmopolita y galáctico de la humanidad, cosa que debemos agradecerle a Christin,
Mézières y Tranlé como inspiradores, al propio Besson como guionista y, por supuesto, a
Hugues Tissandier precisamente por diseñar la producción de la película.
Tras varias secuencias bastante estimulantes, derriba todo cuando había construido en sus
primeros cuarenta y cinco minutos y se queda en algo convencional

Valérian y la ciudad de los mil planetas comienza con energía considerable, buen ritmo,
una perfecta elección musical e incluso cierta brillantez y propósito fascinador en una
secuencia rápida e interesantísima sobre el origen y el desarrollo de siglos de la ciudad
espacial Alpha, que volverá locos a los que adoran la propuesta de futuro organizado,
racionalista y halagüeño de Star Trek (VV. RR., desde 1966). Mantiene los buenos modales
y encandila la gran idea interdimensional del mercado y la descripción de la ciudad
cosmopolita y multiambientada. Pero, tras estas secuencias bastante estimulantes, el
guion del filme va decayendo hasta una dinámica mucho más convencional y, al
tiempo, la puesta en escena se vuelve anodina, derribando con ambas circunstancias todo
cuando había construido en sus primeros cuarenta y cinco minutos.

No obstante, el mayor error de Valérian y la ciudad de los mil planetas, insoslayable


incluso para el crítico más indulgente del panorama, no hay más remedio que señalarlo en
la ligeramente divertida secuencia de los Boulan Bathor, durante la que vemos a una
encantadora Rihanna como Bubble y a un Ethan Hawke algo desubicado como Jolly, el
Chulo. Sobra al completo, sus veinte minutos totales: no sirve para nada en absoluto,
más que para alargar la película sin necesidad alguna, porque no influye ni un tanto
así la evolución de la trama principal. Es como un interludio lúdico en el que conocemos
a la linda criatura que es Bubble y a otra desagradable raza extraterrestre de la diversa y
superpoblada Alpha, y luego regresamos a lo que importa.
Lo imperdonable de esta secuencia sin razón de ser se debe al compromiso adquirido por
todo buen guionista, si se precia de su labor concienzuda, que el de vaciar de paja sus
libretos, el de podarlos y no permitir que sobresalga nada inservible, con el objetivo de que
cada ingrediente, cada personaje, conversación y referencia sean útiles para la historia que
se propone narrarnos. Todo lo demás no viene a cuento ni para la verborrea de Quentin
Tarantino, y las menciones habituales a tal o cual guion acerado o muy pulido nos
indican que su resistencia se basa en su precisión y su entero aprovechamiento.

Por otra parte, no sabemos muy bien si Dane DeHaan y Cara Delevingne tampoco están
muy aprovechados como el mayor Valérian y la sargento Laureline o si, sencillamente, los
protagonistas de esta aventura espacial no son todo lo atractivos que pudieran; al mismo
nivel que Clive Owen como el comandante Arun Filitt. Pero, como el compositor
Alexandre Desplat a cargo de la banda sonora, cumplen sin deslumbrar a los
espectadores en ningún instante.

Conclusión
6.5
10
Hay que decir que Valérian y la ciudad de los mil planetas parecía de lo más prometedora
como ejercicio de ciencia ficción y aventuras y, aunque al final se ha quedado en nada del
otro jueves, es posible que sus naturales continuaciones suban el listón al adaptar la
fructuosa novela gráfica de Christin, Mézières y Tranlé.

Pros
 El propósito fascinador de la secuencia inicial.
 Los enérgicos primeros cuarenta y cinco minutos de metraje.
 La gran idea interdimensional del mercado y la descripción de la ciudad
cosmopolita y multiambientada.
 El atractivo diseño de producción de Hugues Tissandier.

Contras
 El decaimiento hasta un desarrollo convencional y una puesta en escena anodina.
 Los veinte minutos de la inútil secuencia de los Boulan Bathor.
 El escaso aprovechamiento de los actores principales.
 El desubicado Ethan Hawke como Jolly, el Chulo.

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análisis

La Torre Oscura
César Noragueda - Ago 23, 2017 - 21:42 (CET)

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 País: Estados Unidos
 Año: 2017
 Género: Fantasía, western, ciencia ficción
 Dirección: Nikolaj Arcel
 Guion: John Francis Daley, Jonathan Goldstein, Christopher Ford, Chris McKenna,
Jon Watts, Erik Sommers
 Reparto: Idris Elba, Matthew McConaughey, Tom Taylor, Katheryn Winnick,
Abbey Lee, Jackie Earle Haley, Fran Kranz, Claudia Kim, Michael Barbieri, José
Zúñiga, Alex McGregor, Dennis Haysbert, Nicholas Hamilton
 Web oficial: La Torre Oscura

Una de las sagas literarias más aplaudidas de las últimas décadas, obra del celebérrimo
narrador estadounidense Stephen King, ha llegado al cine con la batuta del danés Nikolaj
Arcel.

Si bien este cineasta tiene más experiencia como guionista que como director, habiendo
coescrito por ejemplo Los hombres que no amaban a las mujeres (Män som hatar kvinnor,
Niels Arden Oplev, 2009) con Rasmus Heisterberg, en verdad ha conseguido hacerse con
el puesto de mando de La Torre Oscura (The Dark Tower, 2017) tras llamar
claramente la atención de la Academia de Hollywood. Analizando su aún escasa
filmografía, podemos decir por lo pronto que le interesan los relatos de manejos
gubernamentales y las historias de fantasía. Se estrenó con el thriller de periodismo político
El juego del rey (Kongekabale, 2004), siguió con la magia oscura de La isla de las almas
perdidas (De Fortabte Sjæles Ø, 2007) y la comedia dramática The Truth about Men
(Sandheden om mænd, 2010).

Más tarde, logró varios premios y una nominación a los Oscar por la histórica Un asunto
real o La reina infiel (En Kongelig Affære, 2012), un filme bastante interesante de intrigas
cortesanas que le abrió las puertas de las productoras para conseguir el encargo de esta
última adaptación, la que hace ya la número sesenta y uno de la obra de Stephen King
entre numerosos largometrajes, como El resplandor (The Shining, Stanley Kubrick, 1980),
Cuenta conmigo (Stand by Me, Rob Reiner, 1986), Misery (Reiner, 1990), Cadena
perpetua o Sueños de libertad (The Shawshank Redemption, Frank Darabont, 1994),
Eclipse total (Dolores Claiborne, Taylor Hackford, 1995) y La milla verde o Milagros
inesperados (The Green Mile, Darabont, 1999), y varias miniseries poco destacadas.

La saga de ocho libros de La Torre Oscura extendió sus publicaciones durante tres décadas,
y la película de Arcel ha arribado a los cines cinco después del último, y tras visionarla, uno
se pregunta si de veras hay intención de continuar su historia con una serie televisiva y las
secuelas o precuelas correspondientes, no sólo porque no da la impresión de que se trate
del primer paso de un desarrollo narrativo progresivo, sino que a esto hay que sumarle
la tibia acogida que ha cosechado entre la crítica internacional y a que no se ha rendido la
taquilla ante ella ni mucho menos. Lo cual resulta de lo más lógico si consideramos que
este filme es una especie de continuación de lo acontecido en las novelas, algo
incomprensible por completo para los que se esperaban una adaptación decente de las
mismas.

“Va a ser genial”, ha comentado Arcel. “Lo interesante es que con la película hemos tratado
de crear una especie de introducción pero que aguante por sí sola y hemos trabajado en la
serie al mismo tiempo”. Ningún espectador debe escandalizarse si decimos que la fidelidad
a la obra de partida en una adaptación al cine no es una virtud ni un requerimiento para que
esta salga bien, pero ponerse así de creativos sólo se respalda con razones narrativas, es
decir, justificando cada decisión por su conveniencia o su brillantez, que hayan sido
unas ideas provechosas más que nada, viendo los resultados. Y no parece que sea así
en La Torre Oscura.
Se la ha vaciado de la complejidad de la mitología ideada por Stephen King en sus novelas
de La Torre Oscura, y queda el entretenimiento

El trabajo de Arcel en la dirección es irreprochable; no esplendoroso ni lo más


mínimo, pues no destaca por ninguna de sus decisiones visuales ni supervisando el
montaje discreto de Alan Edward Bell y Dan Zimmerman, pero sí digno de aceptación; y el
tono que le ha impreso es diferente al de La isla de las almas perdidas a pesar de su
argumento mágico y el protagonismo de chavales: salvando las evidentes distancias, el uno
recuerda en cierto modo al de los compases columbusianos de la saga cinematográfica
sobre Harry Potter (Chris Columbus, 2001-2002), y el otro es más como el de los últimos
(David Yates, 2009-2011), de mayor oscuridad y madurez pero austero y sin surrealismo ni
tantas maravillas hechiceras.

El mayor problema de La Torre Oscura es la falta de entidad del Mundo Medio y, un


tanto, de fortaleza en el drama de Jake Chambers, al que interpreta muy convencido Tom
Taylor, y el enfrentamiento entre Roland de Gilead, encarnado por un eficiente Idris Elba,
y el Hombre de Negro, al que da vida un prototípico Matthew McConaughey. Es
indiscutible que esta adaptación se ha vaciado de la complejidad de la mitología ideada por
Stephen King en sus novelas, un temor que ya despertaban sus escasos noventa y cinco
minutos de metraje, y no sabemos muy bien por qué lo han preferido así. De tal forma que
este filme carece de la fascinación mítica que en su momento despertaron los inicios de
otras sagas, como la de Matrix (Lilly y Lana Wachowski, 1999-2003) o la de El Señor de
los Anillos (Peter Jackson, 2001-2003).
Lo mejor que le podría pasar a la película y a los espectadores que se dispongan a verla
sería que no hubiesen leído aún los libros de Stephen King pues, si ya los lectores acudimos
al cine con nuestra propia composición mental de la historia y sus personajes en las
adaptaciones —o sea, con prejuicios—, cuando carecen de la personalidad arrolladora de
los originales como en este caso, les va a saber a muy poco a los cinéfilos que siguen las
publicaciones del escritor de Maine.

Sin esos prejuicios, uno puede sentarse y pasar un buen rato con las sencillas peripecias de
Jake y Roland contra el implacable Walter Padick, con su buen ritmo, la adecuada banda
sonora de Tom Holkenborg y su carga emocional y las chulísimas habilidades del
Pistolero; y un tiempo después, olvidarlas por completo.

Conclusión
6.5
10

Con La Torre Oscura, Nikolaj Arcel nos ofrece una adaptación superficial del universo
creado por el novelista Stephen King en su única saga de novelas, que no resplandece pero
sirve como un grato entretenimiento pasajero.
Pros
 La labor irreprochable del director Nikolaj Arcel.
 Su buen ritmo y su carga emocional.
 La adecuada banda sonora de Tom Holkenborg.
 Las habilidades chulísimas del Pistolero encarnado por Idris Elba.

Contras
 Que se la ha vaciado de la complejidad de la mitología ideada por Stephen King en
sus novelas.
 La falta de entidad del Mundo Medio y, un tanto, de fortaleza en el drama y el
enfrentamiento.
 Que carece de la fascinación mítica que en su momento despertaron los inicios de
otras sagas.
 El villano prototípico de Matthew McConaughey.

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