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Ecología y Evolución IB

lunes, 4 de marzo de 2013

Evolución cultural y genética


La evolución genética de los humanos es el resultado de un cambio,
durante millones de años, del genoma de las poblaciones. La evolución
genética ocurre como resultado de mutaciones que pueden ser
heredadas. Se incluye en la evolución genética el cambio al bidepismo,
el cambio en los dientes y el incremento del tamaño del cerebro. Todo
esto ha pasado de generación en generación. El homo sapiens es la
única especie en el planeta en la actualidad pero nuestra historia
evolutiva indica que ha habido muchas más especies que no han logrado
sobrevivir.

LA evolución cultural, en cambio, no tiene ninguna relación con el


cambio genético y puede tener lugar en periodos muy cortos de tiempo,
incluso en una única generación. Esta evolución cultural envuelve los
cambios en el comportamiento, en la organización social, las ideas, la
comunicación, la enseñanza y el aprendizaje. Todo esto son
características adquiridas que no tienen ninguna base genética aunque
la habilidad para adquirirlas si que esté determinada genéticamente. No
es el resultado de la especiación.
El incremento de la agricultura trajo consigo una enorme alteración en la
organización social para los humanos. En vez de vivir en pequeños
grupos nómadas los humanos empezaron a establecerse en grandes
comunidades y el incremento de diferentes creencias religiosas también
afectó a esta organización.
La invención de la imprenta también tuvo un enorme impacto en la
comunicación y, más reciente, otros ejemplos de tecnología como la
invención de la radio, la televisión, el teléfono y el internet también ha
causado impacto en el desarrollo cultural del ser humano.
Publicado por ADN POWER en 12:03 No hay comentarios: 
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Dieta y Tamaño del cerebro


Todos los fósiles de homínidos encontrados encajan en una secuencia
evolutiva mostrando un incremento en la adaptación al bipedismo y un
incremento en el tamaño del cerebro en relación al tamaño del cuerpo. 
Cuanto más grande es el cerebro más energía se necesita para que
pueda realizar su función (el cerebro del homo sapiens utiliza el 20% de
la energía consumida por el cuerpo) y hay evidencias que indican una
correlación entre el incremento del cerebro y los cambios en la dieta de
nuestros antecesores.

Nuestros ancestros vivieron en el noreste de África en el Valle del Rift.


Hasta hace 5 millones de años esto estaba cubierto por una densa selva,
los movimientos de las placas litosféricas creó un largo valle y la
actividad volcánica cubrió la llanura de ceniza lo que impidió el
crecimiento de los árboles. Los simios arborícolas que comían hojas y
frutas tuvieron que adaptarse o extinguirse. Los Austrolophitecus se
adaptaron desarrollando mandíbulas y dientes más fuertes para poder
masticar vegetación más dura tales como tallos, tubérculos y raíces.
Pero mientras la sabana se ampliaba, se producía una disminución de la
variedad de plantas y animales de pastoreo comenzó a jugar un papel
importante en la dieta.
Los primeros homínidos necesitaron nuevas estrategias para acceder a
esta rica fuente de carne, que proporcionaba una mayor fuente de
proteína, grasa y energía. La selección natural favoreció a los individuos
con cerebros grandes que podían desarrollar nuevas estrategias para la
caza y trabajar en grupos para matar grandes animales. La carne
proporcionaba los nutrientes suficientes para formar un cerebro más
grande a la vez que proporcionaba la energía suficiente para realizar sus
actividades.
El incremento de la carne en la dieta muestra una positiva correlación
entre el incremento del tamaño del cerebro y el desarrollo  de
instrumentos para cazar más sofisticados.

Los cerebros más grandes no fueron generalmente más listos,


Se encarga de recordarnos el neurobiólogo William H. Calvin, quien ha expuesto sus
ideas al respecto en una asamblea de la Asociación Americana para el Avance de la
Ciencia, celebrada recientemente en Washington, D.C.

Gracias a los arqueólogos, sabemos que nuestros antepasados experimentaron dos


períodos, cada uno de más de un millón de años, en los que las técnicas de fabricación
de herramientas no mejoraron gradualmente, a pesar de un considerable incremento
paulatino en el tamaño del cerebro.

La ventaja de un cerebro más grande sería un mayor espacio para elaborar palabras
en frases cortas, algo necesario para el trabajo en equipo a fin de determinar quién
hará qué.

Sin embargo, aún en estas circunstancias, no se produjo un incremento del ingenio en


general, demostrado en las técnicas de fabricación de herramientas. Peor aún para la
hipótesis de "más grande es más listo y mejor”, está el hecho de que los Homo sapiens
que andaban por África hace unos 200.000 años con un cerebro del tamaño del
nuestro, pasaron con unas pocas excepciones los siguientes 150.000 años haciendo las
mismas cosas que ya hacían antes, sin progresar.

Correlación entre el tamaño cerebral y la inteligencia. Afirmábamos que, al mencionarla, nos


parecía que se obviaba la importancia de la plasticidad cerebral en el proceso intelectual, que no
necesariamente va ligada a un incremento del volumen encefálico. Es precisamente esta
correlación la que más se atribuye al desarrollo de la inteligencia en los homínidos.

El problema comienza por definir lo qué es inteligencia, pero parece que aquí hay algo de acuerdo
en que, lo fundamental, es la capacidad de invención y el aprendizaje. Estas funciones permiten al
animal (el que sea) modificar conductas para resolver nuevos problemas, sobreponiéndose, en
definitiva, a los dictados de los supuestos rígidos circuitos neuronales que posee.