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1.6.

LA ÉPOCA DE LA RESTAURACION Y EL CICLO REVOLUCIONARIO


EUROPEO DE 1820, 1830 Y 1848.

La restauración del absolutismo.


Luego de la derrota de Napoleón y la consecuente disolución del Imperio Francés, los reyes
europeos recuperaron su dominio y se abocaron a eliminar todos los cambios introducidos por los
movimientos revolucionarios.
En diciembre de 1814, se reunieron en Viena representantes de todos los países europeos con el
propósito de reconstruir el mapa de la región que las campañas de Napoleón habían alterado. El
protagonismo del Congreso de Viena correspondió a las grandes potencias, es especial, a la Rusia del zar
Alejandro I, al canciller austriaco Metternich y al Ministro francés de Asuntos Exteriores, Talleyrand.

Las acciones del Congreso se guiaron por dos principios: la legitimidad monárquica, que se
manifestó en la reposición de todos los reyes depuestos por la Revolución y por Napoleón y el principio de

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equilibrio, que se concretó en un reparto proporcional del territorio entre las potencias ganadoras. El
resultado fue el nuevo mapa de Europa con el cual se pretendía asegurar la paz y la estabilidad en el
continente. Francia se redujo al territorio que ocupaba en 1789 y en sus fronteras se crearon pequeños
estados para impedir una nueva expansión. Rusia y Austria incorporaron nuevos territorios a sus dominios e
Inglaterra consolidó su hegemonía marítima y comercial.
Los monarcas a los que el Congreso devolvió su trono, abolieron las constituciones que habían
promulgado los revolucionarios y volvieron a implantar el absolutismo político, dando inicio así a la etapa
conocida como la Restauración. Sin embargo, en la importancia de la ley como reguladora de las
relaciones sociales no se volvió atrás. La amplia arbitrariedad con la cual durante el Antiguo Régimen se
habían comportado no sólo los reyes, sino todos aquellos que disponían de algún poder no fue restaurada.
En su lugar, se mantuvo en dominio de la ley instaurada por los revolucionarios franceses.
Las alianzas internacionales.
El orden establecido en Viena requería de un organismo que le otorgará respaldo y seguridad para su
funcionamiento. De allí que los países que conformaban las grandes potencias de la época, Rusia, Austria y
Prusia, firmaran un pacto denominado La Santa Alianza. Originalmente, la alianza tenía un carácter
místico, ya que pretendía la creación de un nuevo orden político basado en la aplicación de los principios
cristianos, pero acabó convirtiéndose en el instrumento para la conservación de las monarquías absolutas.
La Santa Alianza proclamó el principio de intervención que autorizaba la represión de los
movimientos sociopolíticos de cualquier país cuando un gobierno no lo conseguís por sus propios medios.
El sistema de la alianza se consolidó con el ingreso de nuevos miembros como Inglaterra, Francia y
España.
Los errores de la política restauradora.
La acción restauradora solo se preocupó de la creación de equilibrio político ignorando y repudiando
totalmente el principio del liberalismo y el nacionalismo, fuertemente arraigados en los pueblos europeos a
partir de la Revolución Francesa.
El Congreso de Viena, al no considerar los ideales de los pueblos, mantuvo fragmentados algunos
estados como Italia y Alemania y unidos, contra su voluntad a otros como Bélgica y Finlandia. Esta
situación originó el desarrollo de una serie de movimientos de carácter nacionalista o patriótico en los
países divididos y anexados con el objetivo de conseguir su unidad e independencia, como, así también,
movimientos liberales para defender las conquistas revolucionarias.

El ciclo revolucionario europeo de 1820, 1830 y 1848.


La restauración del orden anterior a la Revolución Francesa era una tarea imposible. El
restablecimiento del absolutismo suponía una política opresiva para la mayoría de la población en un
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momento en el cual, los avances de la Revolución Industrial modificaban profundamente las condiciones de
vida de las clases populares y fortalecían a los grupos de burguesía y de la clase media, que luchaban por
participar con pleno derecho en la vida pública de las naciones. Además, el principio de legitimidad y el
reordenamiento territorial europeo, posterior a 1815, no había tomado en cuenta los problemas de las
nacionalidades generando movimientos revolucionarios que reivindicaban se derecho a hacer coincidir las
fronteras del Estado con la nacionalidad.
Las bases de las revoluciones.
Son tres las bases fundamentales del ciclo revolucionario europeo de la primera mitad del siglo
XIX. Por un lado, dos movimientos ideológicos, fruto de las nuevas realidades surgidas en la época y, por
otro lado, los problemas sociales típicos del momento y causa común de todas las revoluciones desde 1789.
Los movimientos liberales constituyeron la primera oleada de asaltos al Antiguo Régimen. El
liberalismo es una filosofía política orientada hacia la salvaguarda de la libertad del individuo, justificación
última de la sociedad política. Esta sociedad no puede depender de la decisión exclusiva del rey, que tendría
facultad de revocarla: el titular del poder es el pueblo. El poder popular y la soberanía nacional, implican la
limitación del poder del rey, mediante constituciones en las cuales se consignan las garantías de los
ciudadanos y la división de los poderes.
Con el mismo propósito de impedir concentraciones de poder, postula el liberalismo las autonomías
provinciales y municipales, en la merma de la jurisdicción de los poderes centrales. Finalmente, la libertad
del individuo está garantizada, frente a cualquier abuso, por una serie de derechos que regulan todos los
códigos: integridad individual y familiar, libertad religiosa y de industria, protección de la propiedad y la
libertad de prensa.
Otra manera de restringir el poder estriba en limitar el poder del rey a lo estrictamente político,
evitando todo intervencionismo en lo económico o social. Esto convierte al liberalismo en un movimiento
inoperante para enfrentar las contradicciones y problemas de la revolución industrial y, por otra parte, por la
negación de la soberanía real y su exigencia de consignar en textos escritos los derechos del ciudadano, es
considerada una ideología subversiva por los monarcas de la Restauración. Pero despreocupada de las
estructuras sociales se convierte en la ideología de una clase, la burguesía y, en este sentido, se considera
una ideología conservadora.

El temor de la revolución social inclina a los liberales a interpretar en sentido restrictivo la soberanía
nacional, con la negación del sufragio universal, solo poseen derecho de voto los grupos con el
determinado nivel de riqueza o de cultura.
Así se resumen los postulados del liberalismo de principios del siglo XIX:
- Constitución escrita
- Monarquía limitada
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- Elecciones y partidos políticos
- Sufragio censitario
- Descentralización
- Igualdad jurídica y desigualdad social.
Por otro lado, el movimiento de la Restauración había sofocado desde 1815 todas las ansias
nacionales de los pueblos; hacía 1830 los anhelos de independencia nacional rebrotan y constituyen otra
fase de los movimientos revolucionarios con tendencias del nacionalismo, en los que estallan la rebeldía de
los patriotas italianos contra la opresión austriaca, la de los polacos contra el despotismo ruso y la de los
belgas reclamando la separación de Holanda.
En todos los pueblos europeos y con mayor fuerza en los oprimidos, se suscita la conciencia de
pertenecer a una comunidad ligada por una herencia común de lenguaje y cultura, unida por vínculos de
sangre y en una especial relación con el suelo patrio.
En esta época se desarrolla la idea de Volkstum, nación – pueblo, grupo histórico, frente a la noción
de Estado que se consideraba una creación artificial.
El nacionalismo se robusteció a raíz de las revoluciones liberales burguesas. En lugar de los
vínculos personales en que sustentaba la lealtad al señor feudal o la sumisión al monarca absoluto, se
abrió camino un nuevo tipo de relación: la del ciudadano libre dentro del marco del Estado
nación, formado por una unidad compuesta de elementos comunes como la lengua, la cultura y la historia.
Los límites del territorio albergaban un Estado constituido por una colectividad claramente diferenciada de
otras. El nacionalismo no nació en siglo XIX, sino que hundía sus raíces en los siglos
bajomedievales como elemento de reacción al feudalismo. La Revolución Francesa intensificó el
movimiento como medio de exaltación de la nación frente a la monarquía absoluta.
Napoleón alentó los nacionalismos: en Italia criticó la presencia de los austríacos y ayudó a crear un
reino nacionalista en Nápoles dirigido por Murat, un general suyo. Pero al mismo tiempo, el
imperialismo agresivo que llevó a cabo estimuló los movimientos nacionalistas en su contra, como en el
caso ruso, español o alemán (éste último abanderado por Prusia).

Con la Restauración el nacionalismo constituyó una fuerza opuesta a los intentos de una ordenación
artificial de los estados; ocurrió con los belgas, incómodos en su integración con Holanda; también con los
polacos, que rechazaron la dependencia del Imperio Ruso; checos y húngaros, por su parte, intentaban
desligarse del Imperio Austríaco.
El paradigma del nacionalismo europeo lo constituyeron las unificaciones de Italia y Alemania,
ambas con un marcado carácter centrípeto frente a los movimientos independentistas que se desarrollaron
en los dominios austríacos y turcos.
Se distinguen dos tipos de nacionalismo en el siglo XIX:

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1. El nacionalismo liberal o "voluntarista": Su máximo defensor fue el filósofo y
revolucionario italiano Mazzini. Éste consideraba que una nación surge de
la voluntad de los individuos que la componen y el compromiso que estos adquieren
de convivir y ser regidos por unas instituciones comunes. Es pues, la persona quien de
forma subjetiva e individual decide formar parte de una determinada unidad política
a través de un compromiso o pacto.
Desde ese punto de vista cualquier colectividad era susceptible de convertirse en
nación por deseo propio, bien separándose de un estado ya existente, bien
constituyendo una nueva realidad mediante la libre elección. La nacionalidad de
un individuo estaría por lo tanto sujeta a su exclusivo deseo. Este tipo de
nacionalismo fue el que se desarrolló en Italia y Francia, muy influido por las ideas
de la Ilustración.
2. El nacionalismo conservador u "orgánico": Sus principales valedores fueron Herder
y Fichte ("Discursos a la nación alemana", 1808). Según ellos, la nación conforma
un órgano vivo que presenta unos rasgos externos hereditarios, expresados en
una lengua, una cultura, un territorio y unas tradiciones comunes, madurados a lo
largo de un largo proceso histórico. La nación posee una existencia objetiva que está
por encima del deseo particular de los individuos. El que pertenece a ella lo seguirá
haciendo de por vida, con independencia del lugar donde se encuentre. Sería -sirva el
ejemplo- como una especie de "carga genética" a la que no es posible sustraerse
mediante la voluntad. Este tipo de nacionalismo fue el esgrimido por la mayoría de
los protagonistas de la unificación alemana.

Las aspiraciones liberales y nacionalistas prendieron solo en una minoría instruida de la sociedad.
Pero en las revoluciones de esta época se expanden en una atmosfera de descontento popular, alimentado
por los problemas sociales que suscita la revolución industrial.
En julio de 1830, cuando estalla la revolución en Paris, el precio del pan se había elevado, era
evidente la falta de trabajo y la miseria de las clases inferiores. Confluyen todos los elementos de una típica
crisis de subsistencia con el agravante de la primera crisis financiera del sistema industrial dado que en
1825 estalla en Londres la crisis con la falta de rentabilidad de las inversiones y la subsiguiente quiebra de
varias empresas, con la consecuencia del aumento del desempleo entre la clase obrera.
El ciclo revolucionario de 1820.
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En los primeros años de la década de 1820 se produjo una ola de revoluciones que afectó al sur de
Europa.
El primer movimiento revolucionario tuvo lugar en España con el levantamiento del coronel Riego,
quien restableció la Constitución de Cádiz de 1812 (La Pepa) derogada por Fernando VII, rey de España, en
su retorno al trono en 1815. La labor de Riego fue frenada por la oposición de la nobleza, la Iglesia y el
mismo rey. A esto se sumó la división de los propios liberales entre moderados y radicales. Finalmente, en
1823, Fernando VII tuvo que recurrir a la Santa Alianza para imponer el retorno del Absolutismo en
España.
Desde España, la revolución se extendió a Italia, Portugal y Grecia. Los dos primeros movimientos
fracasaron a causa de la intervención de los ejércitos de las potencias absolutistas; mientras que la
sublevación de los griegos contra el Imperio Turco triunfó porque se apoyó en un levantamiento popular y
porque contó con el apoyo de Rusia e Inglaterra, naciones interesadas en los dominios del Imperio Turco.
El ciclo revolucionario de 1830.
El ciclo revolucionario de 1830 tiene dos protagonistas principales: Francia, donde las ideas
liberales llevaron a la primera elección de un monarca por su pueblo en la Historia de la Humanidad y
Bélgica, donde las ansias nacionalistas de su población lograron la separación de Holanda y la
conformación de una nación independiente con la primera constitución de corte liberal del periodo.
En Francia, la monarquía de Carlos X había sido, con respecto a la Carta de 1814 otorgada por
Luis XVIII, una regresión de las libertades de los ciudadanos. Carlos X quería afirmar un gobierno
absolutista por lo que publicó en julio de 1830 unas Ordenanzas que suspendían la libertad de prensa. En
respuesta, el pueblo parisense inicia el 27 de julio las “tres jornadas gloriosas” en las que aparece, de
nuevo, la bandera republicana.

La acción de los revolucionarios supuso la abdicación de Carlos X y la entronización de Luis Felipe


de Orleans. Rey por voluntad de la nación.
Durante los dos siguientes años, Francia mantuvo una línea revolucionaria de apoyo a otros
procesos similares en otras naciones. Pero el nuevo gobierno fue incapaz de solucionar los problemas
económicos de la revolución. El hundimiento de la economía, el desorden de los campos y la epidemia de
cólera contribuyeron al gran pánico de 1832. Se produce por esta causa la aparición de un gabinete más
conservador que inicia la represión contra la prensa y declarando el estado de sitio y el distanciamiento con
los postulados de la revolución. Este viraje de la burguesía liberal y del monarca Luis Felipe explica el
movimiento revolucionario de 1848.

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Dos elementos fundamentales pueden distinguirse en la revolución francesa de 1830: el elemento
político ejemplificado en la confrontación entre un monarca absolutista y un pueblo movilizado por la
filosofía liberal de participación popular y no concentración del poder y el elemento social, con la
reivindicación de pleno empleo y salario justo por parte de la masa proletaria. A pesar de la conjunción de
las clases sociales, después del derrocamiento del monarca absoluto, representación del enemigo para
ambas clases pero por motivos diferentes, las discrepancias salieron a la luz y las perturbaciones de 1832,
obligaron a los liberales a volcarse hacia un absolutismo por el miedo extremo a una revolución obrera.
Mientras estos acontecimientos se desarrollaban en Francia, al norte, los ideales nacionalistas de los
belgas provocaron el movimiento revolucionario que llevó a su posterior independencia.
En 1830, Bélgica poseía un mayor desarrollo industrial que Holanda y tenía más población. Todo
los separaba: la economía, la religión, la lengua. Aunque en el Parlamento el número de diputados belgas
era igual al de los holandeses, solo uno de los ministros del gabinete era belga; los nacionalistas belgas
argumentaron que Bélgica, más que unida estaba sometida.
El 25 de agosto estalla la revolución en Bruselas y el rey Guillermo I envía a las tropas para reprimir
el levantamiento. Este hecho precipita las cosas y un gobierno provisional declaró la independencia el 4 de
octubre, con el apoyo de Francia.
El conflicto se internacionalizó: las dos Europas políticas tomas postura: Francia apoyando a los
belgas y Rusia, se convierte en la esperanza de los holandeses. Talleyrand, embajador francés consigue la
reunión de una conferencia internacional en la capital inglesa que reconoce la independencia de Bélgica con
una serie de condiciones: la neutralidad perpetua, la aceptación de la exclusión del territorio de
Luxemburgo y Limburgo y el compromiso de pagar los 16/31 de la deuda de los Países Bajos.

El Congreso de Bruselas, dotado de poderes constituyentes excepcionales, eligió a Leopoldo de


Sajonia como monarca y redactó la Constitución de 1831 que se considera la expresión más acabada de las
ideas liberales de la época.
Si bien el caso francés y, sobre todo, el belga fueron éxitos rotundos de las revoluciones de 1830, en
la mayoría de los países europeos se dio un fracaso de las revoluciones como en Polonia, donde la represión
rusa acabo con los ideales nacionalistas, al igual que en Alemania e Italia donde el Imperio austriaco
reafirmó su poderío en la zona.
El ciclo revolucionario de 1848.
Las revoluciones de 1848 tuvieron un carácter peculiar, si bien sus similitudes con 1830 son varias,
también las diferencias son importantes.
- Los ideales democráticos: A diferencia del liberalismo, la revolución de 1848 reivindica la
abolición del sufragio censitario y el establecimiento del derecho a voto para todos los
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ciudadanos. En el mismo sentido prefiere hablarse de soberanía popular en vez de soberanía
nacional y se considera la República la mejor forma de gobierno para el ejercicio del sufragio
universal, la soberanía popular y la garantía de las libertades.
En el ámbito social se da una lucha por la desaparición de las desigualdades sociales.
- La crisis económica: en la crisis que se da en 1847 se pueden constatar tres vertientes: la
agrícola, con la crisis de la papa de 185 y 1846 que ocasionó grandes hambrunas; la industrial,
dado que por la escasa demanda varias industrias quiebran aumentando el número de parados y
el consiguiente malestar de los obreros que culparon a las máquinas de su situación y produjeron
grandes destrozos (movimiento cartista) y, por último, la vertiente bursátil, dado que las
dificultades para vender la producción ocasionaron el desplome de las acciones de las empresas
en la bolsa de valores.
- Las convulsiones sociales: Los problemas de pauperismo y paro ocasionan que se dé la
organización de grupos obreros y pensadores socialistas que van a contribuir dando un aparato
intelectual a la revolución del cual careció en 1830 (1848: Manifiesto comunista de Karl Marx).

A pesar de que se considera a las Revoluciones de 1848 como “la primavera de los pueblos” y que
se extendió por la mayoría de las naciones europeas desde Francia hasta Hungría, todas las convulsiones de
esta época fracasaron rotundamente por diversos motivos:
- La situación económica mejoró y los campesinos temerosos de que una revolución de mayor
alcance pudiera quitarles los derechos adquiridos se retiraron.
- La burguesía temía al movimiento proletariado por lo que prefirió una alianza con la monarquía.
- Se dio una solidaridad incuestionable entre los diferentes monarcas absolutos para solucionar los
problemas internos de cada estado.
- La insolidaridad entre los revolucionarios de los diferentes países.
- Todos los ejércitos tenían generales aristocráticos que estaban unidos a las monarquías
absolutas.
Sin embargo, el balance no fue de fracaso total. En Francia, Luis Napoleón restableció el sufragio
universal; en Italia el Piamonte se configuró como un reino constitucional y liberal en torno al cual se
produciría 20 años después la unificación del país; en Alemania se comprende que es Prusia el único estado

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que puede liderar la unificación del país. Las lecciones son muchas y la repercusión del 48 se detecta en
movimientos y acontecimientos de la segunda mitad del siglo XIX.

DOCUMENTOS HISTORICOS:
DOCUMENTO 1:
"La historia de las ideas políticas en el siglo XIX está dominada por el progreso del liberalismo en el
conjunto del universo. El liberalismo triunfa en Europa occidental; se propaga en Alemania y en Italia,
donde el movimiento liberal está ligado estrechamente al movimiento nacional; gana la Europa oriental
(lucha de “eslavófilos” y “occidentales”); penetra, bajo su forma europea, en los países de Extremo Oriente,
que se abren al comercio occidental; las repúblicas latinoamericanas se otorgan Constituciones liberales,
inspiradas en la Constitución de Estados Unidos.
En cuanto a Estados Unidos, aparece como la tierra de elección del liberalismo y de la democracia,
eficazmente conciliados. De considerar solamente las doctrinas, cabría la tentación de dejar a un lado la
aportación de Estados Unidos; pero lo que importa es la imagen de Estados Unidos, no las obras doctrinales
—relativamente poco numerosas y poco originales— que allí salen a la luz. Sin duda, la imagen que los
liberales europeos adoptan, con frecuencia está muy lejos de corresponder a la realidad. El mismo
Tocqueville, más que describir la realidad americana, interpreta los Estados Unidos a la luz de sus propias
convicciones. La referencia a Estados Unidos adopta, pues, la forma de un mito o de una serie de mitos,
cuya historia desde comienzos del siglo XIX es muy instructivo seguir.
El siglo XIX es, ante todo, el siglo del liberalismo, Pero ¿de qué liberalismo? Son necesarias aquí algunas
distinciones.

1.º Liberalismo y progreso técnico.


El liberalismo es inicialmente una filosofía del progreso indivisible e irreversible; progreso técnico,
progreso del bienestar, progreso intelectual y progreso moral yendo a la par. Pero el tema del progreso se
vacía poco a poco de su substancia. Hacia finales del siglo XIX son numerosos los liberales -especialmente
en Francia- que sueñan con una era estacionaria, con un universo detenido; este estado de ánimo es
particularmente evidente entre los progresistas de los años 1890. De esta forma es necesario distinguir entre
un liberalismo dinámico, que acepta la máquina y que favorece la industria, y un liberalismo
económicamente conservador y proteccionista. Esa primera forma del liberalismo prevalece, en conjunto,
en Inglaterra; y la segunda domina en Francia, donde el liberalismo —generalmente más audaz que en
Inglaterra en materia política— se muestra, económicamente muy timorato, y donde el progreso de la
industria y de los transportes se debe a hombres, especialmente los saintsimonianos, cuyas concepciones
políticas son totalmente ajenas al liberalismo tradicional.
2.º Liberalismo y burguesía.
El liberalismo es uno de los elementos originarios de la filosofía de la burguesía. Pero, durante el siglo
XIX, las fronteras del liberalismo no coinciden ya en manera alguna -si es que alguna vez coincidieron
exactamente- con las fronteras de la burguesía. La situación, a este respecto, difiere según las épocas y

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según los países. En Francia el liberalismo permanece, en conjunto, estrechamente vinculado a la defensa
de los intereses (“Bajo la guardia de nuestras ideas, venid a colocar vuestros intereses”, dice irónicamente el
liberal Charles de Rémusat). Pero mientras que el liberalismo francés apenas evoluciona y lleva la impronta
de un orleanismo congénito, Inglaterra conoce varias tentativas para ensanchar y revisar el liberalismo,
especialmente en la época de Stuart Mill y, más tarde, en los últimos años del siglo XIX. El socialismo
francés del siglo XIX constituye una reacción contra el liberalismo burgués, en tanto que el socialismo
inglés está impregnado en gran medida de liberalismo: el hecho es particularmente claro entre los fabianos.
El liberalismo inglés es más inglés que burgués, siendo el imperialismo su término normal; el liberalismo
francés es más burgués que francés, y, dedicado a conservar, vacilará en conquistar, por lo que el Imperio
colonial francés será obra de algunos individuos.
3.º Liberalismo y libertad.
En el siglo XVIII se hablaba indistintamente de libertad y de libertades; y el liberalismo aparecía como la
garantía de las libertades, como la doctrina de la libertad. La confusión de los tres términos (liberalismo,
libertades y libertad) es manifiesta en la monarquía de julio. Pero en la misma medida en que el liberalismo
aparece como la filosofía de la clase burguesa, no asegura más que la libertad de la burguesía; y los no-
burgueses, por ejemplo, Proudhon, tratan de establecer la libertad frente al liberalismo.
Por consiguiente, existen, por lo menos, dos clases de liberales: los que piensan -como dirá más tarde Emile
Mireaux en su Philosophie du libéralisme (1950- que el “liberalismo es uno porque la libertad humana es
una”, y los que no creen en la unidad de la libertad humana y piensan que la libertad de unos puede alienar
la libertad de otros.

4.º Liberalismo y liberalismos.


Durante mucho tiempo el liberalismo aparece como un bloque: para Benjamin Constant, liberalismo
político, liberalismo económico, liberalismo intelectual y liberalismo religioso no constituyen más que los
aspectos de una sola e idéntica doctrina. “He defendido durante cuarenta años -escribe- el mismo principio:
libertad en todo, en religión, en literatura, en filosofía, en industria, en política; y por libertad entiendo el
triunfo de la individualidad, tanto sobre la autoridad que pretenda gobernar mediante el despotismo, como
sobre las masas que reclaman el derecho de sojuzgar a la minoría”.
Esta concepción es la del siglo XVIII, para el que la unidad del liberalismo era un dogma indiscutible. Pero
en el siglo XIX se produce un hecho capital: la fragmentación del liberalismo en varias ideologías distintas,
aunque no siempre distinguidas:
- El liberalismo económico descansa sobre dos principios: riqueza y propiedad; se opone al dirigismo, aun
aviniéndose con los favores del Estado; es el fundamento doctrinal del capitalismo;
- El liberalismo político se opone al despotismo; es el fundamento doctrinal del Gobierno representativo y
de la democracia parlamentaria;
- El liberalismo intelectual se caracteriza por el espíritu de tolerancia y de conciliación; este espíritu liberal
no es exclusivo de los liberales, algunos de los cuales se muestran incluso notablemente intolerantes.

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De esta forma, la unidad del liberalismo, al igual que la unidad del progreso, se nos presenta como un mito.
El liberalismo ofrece aspectos muy diversos, según las épocas, según los países y según las tendencias de
una misma época y de un mismo país."
Jean Touchard. Historia de las ideas políticas. 1961.

DOCUMENTO 2:
“Una nación es la asociación de todos los hombres que, agrupados por la lengua, por ciertas condiciones
geográficas o por el papel desempeñado en la historia, reconocen un mismo principio y marchan, bajo el
impulso de un derecho unificado, a la conquista de un mismo objetivo definido. (...) La patria es, ante todo,
la conciencia de la patria.”
Mazzini. ¿Qué es una nación?

DOCUMENTO 3:
Somos un pueblo de 21 a 22 millones de hombres, conocidos desde tiempo inmemorial con un mismo
nombre -el pueblo italiano-; vivimos entre los límites naturales más precisos que Dios haya trazado jamás
-el mar y las montañas más altas de Europa-; hablamos la misma lengua,(...) tenemos las mismas creencias,
las mismas costumbres y hábitos, (...) nos sentimos orgullosos del más glorioso pasado político, científico y
artístico que se ha conocido en la historia europea (...).

No tenemos ni bandera, ni nombre político, ni un puesto entre las naciones europeas (...) Estamos
desmembrados en ocho Estados (...) independientes unos de otros, sin alianza, sin unidad de destino, sin
relación organizada entre ellos (...). No existe libertad ni de prensa, ni de asociación, ni de palabra, (...);
nada. Uno de estos Estados que comprende la cuarta parte de la península, pertenece a Austria: los otros
padecen ciegamente su influencia.
Mazzini. “Italia, Austria y el Papa”.

DOCUMENTO 4:
“Todos los que hablan un mismo idioma (...) hállanse unidos entre sí desde el principio por un cúmulo de
lazos invisibles (...) de modo que los hombres no forman una nación porque viven en este o el otro lado de
una cordillera de montañas o un río, sino que viven juntos (...) porque primitivamente, y en virtud de leyes
naturales de orden superior, formaban ya un pueblo.
Así la nación alemana, gracias a poseer un idioma y una manera de pensar comunes, hallábase
suficientemente unida y se distinguía con claridad de los demás pueblos de la vieja Europa...”
Fichte. “Discursos a la nación alemana, 1807"

DOCUMENTO 5:
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"Quien habia nacido dentro del ámbito de la lengua alemana era considerado ciudadano por partida doble;
por una parte, era ciudadano del Estado en que había nacido, a cuya protección era encomendado; por otra,
era ciudadano de toda la patria común de la nación alemana. [. .. ] De la misma manera que, sin lugar a
duda, es cierto que, allí donde hay una lengua específica, debe existir también una nación especifica con
derecho a ocuparse de sus asuntos con autonomía y a gobernarse ella misma, puede a su vez decirse que un
pueblo que ha dejado de gobernarse a sí mismo tiene también que renunciar a su lengua y confundirse con
el vencedor a fin de que surjan la unidad y la paz interior (..)"
Johann Gottlieb Fichte. Discursos a la nación alemana. 1808.

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DOCUMENTO 6:
“En nombre de la muy Santa e indivisible Trinidad. SS.MM. El Emperador de Austria, el Rey de Prusia, y
el Emperador de Rusia, como consecuencia de los grandes acontecimientos que han señalado Europa en el
curso de los tres últimos años (...). En consecuencia, Sus Majestades han convenido los artículos siguientes:
Art. I. Conforme a las palabras de las Santas Escrituras, que ordenan a todos los hombres mirarse como
hermanos, los tres monarcas contratantes permanecerán unidos por los lazos de una verdadera e indisoluble
fraternidad y se considerarán como patriotas, se prestarán en toda ocasión y en todo lugar asistencia, ayuda
y socorro...
Art. II. En consecuencia, el único principio en vigor, ya sea entre dichos gobernantes, ya sea entre los
súbditos, será el de prestarse recíprocamente servicio.
Hecho, triplicado y firmado en París el año de gracia de 1815, el 26 de septiembre. Francisco, Federico-
Guillermo y Alejandro."

DOCUMENTO 7:
“En general, cada día me convenzo más de que el único remedio que se puede oponer a este mal (la
propagación de las ideas liberales) que amenaza la tranquilidad interior de todos los estados, no puede
encontrarse más que en un acuerdo perfecto entre todas las potencias, que deben reunir francamente todos
sus medios y esfuerzos para ahogar por todas partes ese espíritu revolucionario, que los tres últimos del
reinado de Napoleón en Francia han desarrollado con más fuerza y peligros que en los primeros años de la
Revolución Francesa.”
Metternich al general Vicent (junio de 1817). Extraído de Bertier de Sauvigny: La Sainte Alliance.

DOCUMENTO 8:
“Ningún gobierno puede atribuirse el derecho a intervenir en los asuntos de otro Estado independiente. El
derecho de intervención bien entendido se extiende únicamente a los casos extremos en los cuales, a causa
de revoluciones violentas, el orden público se halla tan quebrantado en un Estado que el gobierno pierde la
fuerza (...). En este estado de cosas, el derecho de intervención corresponde de forma tan clara indudable a
todo gobierno expuesto a los peligros de ser arrastrado por un torrente revolucionario, como a un particular
le corresponde el derecho de extinguir el fuego de una casa próxima para impedir el alcance a la suya”
Cortés Salinas: “Restauración y primeras oleadas revolucionarias 1815-1830".

DOCUMENTO 9:
“Españoles: Cuando vuestros heroicos esfuerzos lograron poner término al cautiverio en que me retuvo la
más inaudita perfidia, todo cuanto vi y escuché, apenas pisé el suelo patrio, se reunió para persuadirme que
la nación deseaba ver resucitada su anterior forma de gobierno (...) Me habéis hecho entender vuestro
anhelo de que restableciese aquella constitución que entre el estruendo de las armas hostiles fue
promulgada en Cádiz el año de 1812 (...) He jurado esa Constitución por la que suspirabais y seré siempre
su más firme apoyo (...) Marchemos francamente, y Yo el primero, por la senda constitucional (...)”
Manifiesto Fernandino, 10 de marzo de 1820.

DOCUMENTO 10:

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“Nosotros, descendientes de los sabios y nobles pueblos de la Hélade, nosotros que somos los
contemporáneos de las esclarecidas y civilizadas naciones de Europa (...) no encontramos ya posible sufrir
sin cobardía y autodesprecio el yugo cruel del poder otomano que nos ha sometido por más de cuatro siglos
(...). Después de esta prolongada esclavitud, hemos decidido recurrir a las armas para vengarnos y vengar
nuestra patria contra una terrible tiranía.
   La guerra contra los turcos (...) no está destinada a la obtención de ventajas para una parte aislada del
pueblo griego; es una guerra nacional, una guerra sagrada, una guerra cuyo objeto es reconquistar los
derechos de la libertad individual, de la propiedad y del honor, derechos que los pueblos civilizados de
Europa, nuestros vecinos, gozan hoy”. 
Asamblea Nacional Griega, 27 de enero de 1822. Proclamación de la independencia de Grecia.

DOCUMENTO 11:
“Las revoluciones de 1848, pues, requerirían un estudio detallado por estados, pueblos y regiones. No
obstante, cabe decir que tuvieron muchos aspectos en común, como que ocurrieron simultáneamente, que
sus destinos estaban unidos y que todas ellas tenían un carácter y estilo comunes, una curiosa atmósfera
romántica y utópica, y una retórica similar, para la que los franceses inventaron la palabra qurante-huitard
(*cuarenta y ochista). Cualquier historiador lo reconoce de inmediato: las barbas, los chales, los sombreros
de ala ancha de los militantes, las banderas tricolores, las barricadas, el sentido inicial de liberación, de
enorme esperanza y de confusión optimista. Era la primavera de los pueblos y, como ocurre con la estación,
no perduró (...). Todas ellas se desarrollaron y languidecieron rápidamente, y en la mayoría de los casos de
manera total.”
Eric J. Hobsbawn. La era del capitalismo.

DOCUMENTO 12:
“Las revoluciones del 48 cuentan con un componente social nuevo y de gran importancia para el desarrollo
de futuros acontecimientos en Europa: se trata del proletariado, que asciende con fuerza y con conciencia
de clase; y considera necesaria su intervención en el Estado para poder llevar a cabo reformas de tipo
social, como la limitación del horario de trabajo, el salario mínimo, etc.
Así pues, los conflictos sociales se presentan en 1848 como una lucha de clases triangular, con dos
burguesías (la grande y la pequeña) y la masa popular. Contra la gran burguesía se hará la revolución de
febrero, aunque después las dos burguesías volverán a soldarse ante el peligro social y aislarán a su vez al
proletariado.”
Droz: Restauración y revolución en Europa, Madrid, Siglo XXI, 1984.

Nombre del estudiante: ……………………………………………………………. Curso: 5º A B C D


TAREA DE REFORZAMIENTO DE BIMESTRE:

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Se imprime el cuestionario y se realiza en hojas aparte. Se entrega bien engrampado junto con las
hojas del cuestionario. FECHA: 8/06/2018. ANTES DE LAS 8:00 A.M.

1. ¿Qué llevó a las colonias británicas de Norteamérica a independizarse de la metrópoli?


2. ¿Qué características tuvo el nuevo orden político salido de la “Declaración de Virginia” y de la Constitución americana de
1787?
3. Explica las causas que motivaron la crisis en Francia con anterioridad a la revolución.
4. ¿Cómo quedaron organizados los poderes del Estado en la Constitución francesa de 1791?
5. Señala el papel que Luis XVI juega desde el inicio del proceso revolucionario hasta su ajusticiamiento.
6. Comenta el siguiente texto y compáralo con el régimen político e institucional absolutista del Antiguo Régimen. Sitúalo en su
contexto histórico.
"Los representantes del pueblo francés, constituidos en Asamblea Nacional, considerando que la ignorancia, el olvido o el
desprecio de los derechos del hombre son las únicas causas de las desgracias públicas y de la corrupción de los gobiernos, han
resuelto exponer, en una declaración solemne, los derechos naturales, inalienables y sagradas del hombre (...).
Artículo 1. Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos, las distinciones sociales no pueden fundarse más que
sobre la utilidad común.
Artículo 2. El objeto de toda asociación política es la conservación de los derechos naturales e imprescriptibles del hombre. Estos
derechos son la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión.
Artículo 3. El principio de toda soberanía reside esencialmente en la Nación. Ningún cuerpo ni individuo puede ejercer autoridad
que no emane expresamente de ella."
La Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano. Agosto de 1789.
7. Haz un resumen de los principales acontecimientos de las sucesivas fases de la Revolución Francesa.
8. Sintetiza la labor realizada por Napoleón en Europa.
9. Describe y comenta la ilustración.

.
10. Explica qué supuso la Restauración, desde el punto de vista político, territorial, ideológico y estratégico (congresos y
alianzas).
11. Analiza y comenta este texto, situándolo en su contexto histórico. ¿Fueron aplicadas en la realidad estas ideas?
“ Ningún gobierno puede atribuirse el derecho a intervenir en los asuntos de otro Estado independiente. El derecho de
intervención bien entendido se extiende únicamente a los casos extremos en los cuales, a causa de revoluciones violentas, el
orden público se halla tan quebrantado en un Estado que el gobierno pierde la fuerza (...). En este estado de cosas, el derecho de
intervención corresponde de forma tan clara indudable a todo gobierno expuesto a los peligros de ser arrastrado por un torrente
revolucionario, como a un particular le corresponde el derecho de extinguir el fuego de una casa próxima para impedir el alcance
a la suya”
Cortés Salinas: “Restauración y primeras oleadas revolucionarias 1815-1830".
12. Distingue entre las revoluciones de 1830 y la de 1848, desde el punto de vista del tipo de sufragio. Explica en qué consisten
dichos tipos.
13. ¿Cuál fue el balance de las revoluciones de 1848, desde el punto de vista social, territorial y político?

14. Analiza y comenta los siguientes textos, relacionándolos:


Texto a)
     “La burguesía domina. Ella es la nueva aristocracia, la nobleza del siglo XIX. (...) La burguesía domina porque maneja todas
las fuerzas sociales; porque posee las fuentes de riqueza, los instrumentos de trabajo, el crédito. El gobierno es tributario suyo,
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igual que la nación. Por ella el pueblo vive; por ella muere. Ella es, en fin, señora y reina del mundo social. Este dominio está
consagrado, proclamado por las instituciones políticas. Es la burguesía quien hace la ley y quien la aplica.”
Texto b)
     “Tenemos que ser gobernados por los mejores: los mejores son los más instruidos y los más interesados en mantener las leyes.
Ahora bien, con muy pocas excepciones, solo podemos encontrar hombres de estas características entre los propietarios, los
cuales están arraigados en el país donde tienen la propiedad, defienden las leyes que la protegen y la tranquilidad que la conserva,
y deben a esta propiedad la educación que les permite discutir con sabiduría y justicia.”
Discurso del diputado Boissy D’Anglas en la Convención. Febrero de 1795. 
Duclerc, E. Diccionario político y enciclopédico. París, 1842.
15. Compara los principios políticos del liberalismo y los que sustentaban el Antiguo Régimen.
16. Responde a estas preguntas referentes al Romanticismo:
a) ¿Qué fue?
b) ¿Qué características tuvo?
c) Nombra, al menos, un representante de la pintura, la música y la literatura románticas.
17. Observa la pintura de la ilustración y responde a las siguientes preguntas:
a) ¿Qué puede significar el hecho de que el artista haya representado tipos humanos tan diferentes en edad, clase social,
actitud, etc.?
b) ¿Cómo está simbolizada la reconquista de las libertades?
c) La escena, ¿es reflejo de un hecho real o se trata de una alegoría de la revolución? Argumenta la respuesta.
d) ¿A qué estilo artístico pertenece esta obra?

18. Analiza y comenta el texto.


“Nosotros, descendientes de los sabios y nobles pueblos de la Hélade, nosotros que somos los contemporáneos de las
esclarecidas y civilizadas naciones de Europa (...) no encontramos ya posible sufrir sin cobardía y autodesprecio el yugo cruel del
poder otomano que nos ha sometido por más de cuatro siglos (...). Después de esta prolongada esclavitud, hemos decidido
recurrir a las armas para vengarnos y vengar nuestra patria contra una terrible tiranía.
La guerra contra los turcos (...) no está destinada a la obtención de ventajas para una parte aislada del pueblo griego; es una
guerra nacional, una guerra sagrada, una guerra cuyo objeto es reconquistar los derechos de la libertad individual, de la propiedad
y del honor, derechos que tienen los pueblos civilizados de Europa”.
Asamblea Nacional Griega, 27 de enero de 1822. Proclamación de la independencia de Grecia.
19. Analiza y comenta el siguiente texto:
“Somos un pueblo de 21 a 22 millones de hombres, conocidos desde tiempo inmemorial con un mismo nombre -el pueblo
italiano-; vivimos entre los límites naturales más precisos que Dios haya trazado jamás -el mar y las montañas más altas de
Europa-; hablamos la misma lengua,(...) tenemos las mismas creencias, las mismas costumbres y hábitos, (...) nos sentimos
orgullosos del más glorioso pasado político, científico y artístico que se ha conocido en la historia europea (...).
No tenemos ni bandera, ni nombre político, ni un puesto entre las naciones europeas (...) Estamos desmembrados en ocho
Estados (...) independientes unos de otros, sin alianza, sin unidad de destino, sin relación organizada entre ellos (...). No existe
libertad ni de prensa, ni de asociación, ni de palabra, (...); nada. Uno de estos Estados que comprende la cuarta parte de la
península, pertenece a Austria: los otros padecen ciegamente su influencia. Mazzini. “Italia, Austria y el Papa”.

20. Distingue las diferencias que existen entre los procesos de unificación de Italia y Alemania, desde el punto de vista de su
cronología, ideólogos, protagonistas, estados en torno a los que se aglutina y tipo de regímenes políticos que surgen tras dichos
procesos.
21. Analiza y comenta el siguiente texto:
“Todos los que hablan un mismo idioma (...) hállanse unidos entre sí desde el principio por un cúmulo de lazos invisibles (...) de
modo que los hombres no forman una nación porque viven en este o el otro lado de una cordillera de montañas o un río, sino que
viven juntos (...)porque primitivamente, y en virtud de leyes naturales de orden superior, formaban ya un pueblo.
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Así la nación alemana, gracias a poseer un idioma y una manera de pensar comunes, hallábase suficientemente unida y se
distinguía con claridad de los demás pueblos de la vieja Europa...”
Fichte. “Discurso a la nación alemana, 1807".
22. Analiza y comenta el texto.
“Una nación es la asociación de todos los que, agrupados ya sea por la lengua, sea por ciertas condiciones geográficas, sea por el
rol que les ha sido asignado en la historia, reconocen un mismo principio y marchan, bajo el derecho de un imperio unificado, a
la conquista de una sola meta definida.”
Mazzini, 1834.

1.7. EL PENSAMIENTO REVOLUCIONARIO Y EL MOVIMIENTO


OBRERO EN EL SIGLO XIX.

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1.7.1. EL PENSAMIENTO OBRERO:
Las nuevas circunstancias económicas y sociales del capitalismo propiciaron el nacimiento
de ideologías y movimientos protagonizados por la clase obrera.
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A lo largo del siglo XIX se fueron gestando reflexiones intelectuales que ponían en evidencia y
criticaban las contradicciones del proceso de industrialización y las injusticias inherentes al capitalismo.
Surgieron iniciativas reivindicando el igualitarismo y la solidaridad, ideas que se englobaron bajo el
amplio epígrafe de "Socialismo", en cuyo seno pueden distinguirse tres amplias corrientes:

1. Socialismo utópico
El término socialismo utópico fue acuñado en 1839 por Louis Blanqui, aunque alcanzó notoriedad
tras el empleo que de él hicieron Marx y Engels en su "Manifiesto Comunista". Éstos consideraban que los
pensadores utópicos, aunque bienintencionados, pecaban de idealismo e ingenuidad. Para impedir ser
confundidos con ellos, etiquetaron su propia teoría con el calificativo de "científico". Propiciaron el
nacimiento de ideologías y movimientos protagonizados por la clase obrera.
La expresión "utopía" significa plan, proyecto, doctrina o sistema optimista que aparece como
irrealizable ya desde el mismo momento de su formulación. Proviene de "Utopía", obra escrita por Tomás
Moro, intelectual, político y humanista inglés (S. XV-XVI). En ella teorizaba acerca de una isla de ese
nombre que era ideal y perfecta. Cronológicamente las ideas del socialismo utópico alcanzaron su madurez
en el período comprendido entre 1815 y 1848 (fecha de publicación del Manifiesto Comunista).
Los socialistas utópicos formaron un grupo de pensadores heterogéneo. Sin embargo tuvieron en común
una serie rasgos, en gran medida influidos por las ideas de Rousseau.
 La importancia de la naturaleza estaba muy presente en sus ideales, aunque ello no fue obstáculo
para que fuesen favorables a la industrialización y el maquinismo.
 Dedicaron sus esfuerzos a la creación de una sociedad ideal y perfecta, en la que el ser humano se
relacionase en paz, armonía e igualdad.
 Sus metas habrían de alcanzarse mediante la simple voluntad de los hombres, es
decir, pacíficamente, de ahí que sus seguidores se opusieran a las revoluciones y a acciones como
la huelga.
 Pusieron al descubierto y denunciaron los perniciosos efectos del capitalismo, pero no investigaron
sobre sus causas profundas.
 Con el fin de paliar las injusticias y desigualdades emprendieron diversos planes, en los que
primaron la solidaridad, la filantropía y el amor fraternal.

Pensadores utópicos
Robert Owen: Fue un empresario, fabricante de hilaturas de algodón. En su fábrica escocesa
de New Lanark puso en práctica una serie de medidas que mejoraron significativamente las condiciones de
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vida de sus obreros, tales como la reducción de la jornada de trabajo, salarios más dignos, educación
infantil, etc. El éxito lo animó a crear en USA una comunidad ideal, New Harmony, que sin embargo
constituyó un fracaso. Su pensamiento y praxis influyeron de forma relevante en el cooperativismo.

“El cooperativismo tenía como objetivo cambiar el modo de producir y distribuir inherentes


al capitalismo, basándose en la colaboración de productores autónomos agrupados
en empresas de propiedad conjunta, regidas democráticamente. Las cooperativas se
organizaban normalmente bajo la fórmula de la factoría cooperativa de producción en un
intento de sustituir a la empresa individual. Robert Owen fue la figura esencial en la creación
del primer cooperativismo de producción, si bien fracasó en sus experiencias prácticas, como la
de la comunidad de New Harmony (Estados Unidos). Igualmente se malograron otros intentos,
como los falansterios de Fourier y los Talleres Nacionales creados en Francia tras
la Revolución de 1848. Sin embargo, las cooperativas de consumo tuvieron más éxito.
Su objetivo era la venta de productos a bajo precio, para lo cual prescindieron de
los intermediarios.
Ejemplo de este tipo de cooperativa fue el creado en la ciudad inglesa de Rochdale (Los
Equitativos Pioneros de Rochdale, 1844).

El conde de Saint-Simon: De origen aristocrático, pensaba que el progreso humano se obtiene


mediante el desarrollo económico. La industria habría de recibir un nuevo impulso para evitar
enfrentamientos entre los hombres. Según Saint-Simon la sociedad debería ser regida por una élite de
intelectuales, científicos y sabios, era partidario de una "tecnocracia" que garantizase el desarrollo de las
clases más humildes. Para ello sería necesaria una trasferencia de poder desde los sectores "ociosos" de la
sociedad (Ejército, Iglesia y Nobleza) a los "productores" (industriales y campesinos).
Charles Fourier: Le preocupaba la explotación, la miseria y la monotonía laboral que aquejaba a
la clase obrera. Trató de paliarlas a través de la creación de colectividades voluntarias denominadas
"falansterios". Estas comunidades se constituyeron en centro de actividades agrícolas, industriales y
contaron con administración, distribución y consumo propios. Sus discípulos fundaron falansterios en
México, Estados Unidos y otros países. Fue defensor de la igualdad entre hombres y mujeres.
Otras figuras destacadas del socialismo utópico fueron el ya mencionado Blanqui, que formuló
una teoría sobre la dictadura del proletarido, y Louis Blanc, partidario de la acción del Estado como forma
de mitigar las desigualdades sociales. Tras la Revolución de 1848 en Francia, siendo ministro de Trabajo de
la IIª República, auspició la creación de los Talleres Nacionales, con el objetivo de mitigar el desorbitado
paro obrero generado por la crisis económica.

2. Socialismo científico o marxismo:


Partiendo del estudio histórico sobre la transición de unas sociedades a otras, Carlos Marx y su
colaborador y amigo Federico Engels realizaron un análisis de la sociedad capitalista, indagando en sus

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contradicciones y planteando los medios para su destrucción. El marxismo se alejaba de los postulados
teóricos, reformistas, idealistas y supuestamente irrealizables del socialismo utópico.
La Revolución de 1848 constituyó un momento clave en el desarrollo de esta nueva corriente
socialista pues, una vez frustrada, el marxismo reemplazó al socialismo utópico como corriente ideológica
obrerista dominante, erigiéndose en motor y referente de buena parte de los movimientos revolucionarios
de la segunda mitad del siglo XIX y XX. Fue precisamente en 1848 cuando se publicó el "Manifiesto
comunista”, la obra más conocida del marxismo.
Las ideas marxistas no conforman un bloque unitario, pues los escritos de Marx han
ido completándose con el tiempo y han sido objeto de notables revisiones.
El socialismo científico o marxismo presenta influencias de corrientes anteriores, destacando las
que proceden de la filosofía alemana hegeliana (materialismo dialéctico), la del ideario de revolucionarios
como Babeuf y la de activistas obreros como Blanqui.
En sus escritos "Tesis sobre Feuerbach" (1845), "Miseria de la Filosofía" (1847), el ya
aludido "Manifiesto Comunista" y sobre todo "El Capital", Marx y Engels desarrollaron una teoría en la
que destacan los siguientes aspectos:
a) El materialismo histórico
Para el marxismo, son las circunstancias materiales y no las ideas o la voluntad de los hombres las
que determinan los hechos históricos. En tal sentido, diferencia entre infraestructura (la
economía) y superestructura (la organización del Estado, los aspectos políticos, jurídicos, ideológicos, el
pensamiento filosófico, las creencias religiosas, la producción artística, las costumbres, etc).
Entre ambas instancias existe una estrecha relación dialéctica. La infraestructura económica constituye la
base de la historia y genera unas determinadas relaciones de producción. Las variaciones en la
infraestructura provocan a su vez cambios en la superestructura, pero no de forma mecánica automática,
sino que cada instancia ejerce una peculiar influencia sobre la otra. A largo plazo, sin embargo, el
papel determinante corresponderá a la infraestructura. 
Esta dinámica hay que situarla en el influjo que ejerce sobre el marxismo la teoría del
proceso dialéctico de Hegel. Según este filósofo cada hecho o circunstancia (tesis) lleva en su seno su
propia contradicción (antítesis). De la pugna entre ambas surge una nueva realidad (síntesis) que implica la
superación de las anteriores y que a su vez se transforma en una nueva tesis.
La humanidad ha pasado por varios estadios con diferentes estructuras y sus propias
contradicciones: sociedad comunitario-tribal, esclavista, feudal y capitalista. En ésta última la burguesía
ha creado unas condiciones (económicas, legales, unos modos de vida y hasta la religión) que le permiten
prosperar material y socialmente, pero a costa del proletariado. Del mayor o menor desarrollo del
movimiento obrero depende que la clase trabajadora reconozca cuáles son realmente sus intereses y luche
por ellos a través de la acción revolucionaria.

b) La acumulación del capital


La intensificación de la explotación de los obreros (aumento del ritmo de trabajo, empleo de mano
de obra infantil, jornada laboral abusiva, etc.), permiten al capitalista incrementar sus beneficios. Sin
embargo, las ganancias se concentran en cada vez menor número de empresarios debido a que una parte de
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éstos -los menos competitivos- van desapareciendo y engrosando las filas de los desposeídos, el
proletariado.
c) La plusvalía
Podría definirse como la diferencia entre la riqueza producida por el trabajo del obrero y el salario
que éste recibe del patrono. Esa remuneración sirve para hacer frente a los gastos de alimentación, vestido y
el alojamiento que necesita para subsistir y seguir trabajando pero no satisface el total del valor del
trabajo desarrollado. Este hecho conlleva el enriquecimiento del capitalista, producto de
la apropiación de parte la actividad realizada. La plusvalía sería por tanto, la parte del trabajo que el
empresario deja de satisfacer al trabajador.
d) La lucha de clases
Las clases sociales para el marxismo están definidas por las relaciones de producción, es decir, por
la forma en que los hombres producen mercancías. En el seno de las relaciones de producción, el papel que
ocupa cada individuo está determinado por la división del trabajo, es decir, aquellos que desarrollan una
misma actividad -y por tanto están sometidos a unas idénticas condiciones- conforman una clase social. Las
clases sociales vienen determinadas por el lugar que ocupan en el proceso de producción de la riqueza.
Unos la producen y otros se apropian de una porción de la misma. De esa relación no cabe esperar sino
el antagonismo y la hostilidad entre explotados y explotadores. 
A lo largo de la historia siempre ha habido clases enfrentadas. En las sociedades esclavistas (Grecia
y Roma en la Antigüedad) fueron antagónicos los propietarios libres y los esclavos; en el seno de
la sociedad feudal estamental el enfrentamiento se estableció entre nobles y eclesiásticos por un lado
y siervos por otro. 
En el seno de la sociedad capitalista ocurre igual: la lucha de clases es protagonizada por
la burguesía, propietaria de los medios de producción (capital, fábricas, máquinas, transportes, etc.) y por
el proletariado que, al disponer únicamente de su fuerza de trabajo, se ve obligado a venderla a cambio de
un salario que escasamente sirve para satisfacer la supervivencia.
Los intereses de ambas clases son antagónicos e incompatibles y conducirán indefectiblemente al
enfrentamiento. A medida que el capitalismo vaya desarrollándose el número de obreros se
incrementará, lo que unido al deterioro de sus condiciones de vida, conducirá a la revolución. 
La revolución tendrá como objetivo conseguir una sociedad perfecta donde no existan ni explotadores ni
explotados. Para ello será imprescindible la abolición de la propiedad privada, es decir,
la socialización los medios de producción, evitando la mera sustitución de los antiguos propietarios por
otros nuevos.

e) La dictadura del proletariado


Una vez que la clase obrera haya tomado conciencia de la explotación y opresión sufre,
se organizará en torno a partidos de carácter revolucionario, siendo dirigida por
una vanguardia especialmente capacitada y activa, empeñada en planificar la destrucción del sistema
capitalista.
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Esa acción no debe circunscribirse a un solo país ya que, siendo las condiciones y los intereses de la
clase trabajadora idénticos en todo el mundo capitalista, ha de tener un carácter internacional. A través de la
acción revolucionaria los obreros han de derribar el gobierno burgués y sustituirlo por uno de carácter
obrero. Ello puede requerir el uso de la violencia, pues los trabajadores se encontrarán con la
fuerte oposición de la clase dominante.
Una vez conseguido el control del Estado será necesario salvaguardar las conquistas realizadas
mediante el ejercicio de una dictadura de los trabajadores, constituyendo éste el primer paso hacia la
consecución de una sociedad comunista sin clases. 
El nuevo Estado que surge de la revolución habrá de suprimir la propiedad privada de los medios
de producción (elemento primordial en la explotación de la clase obrera) y sustituirla por la propiedad
colectiva de los mismos.
La tesis de la dictadura del proletariado ha sido una de las más controvertidas del marxismo, ya que
implica la conquista de una de las claves de la superestructura social: el Estado. El modo de conseguirlo ha
sido criticado por algunos autores posteriores a Marx, tildados por los marxistas clásicos de revisionistas.

f) La sociedad sin clases


Una vez consolidado el nuevo Estado, el peso de éste tenderá a disminuir hasta desaparecer, pues al
haber desaparecido las amenazas que pesaban sobre él, el aparato coercitivo dejará de tener sentido y cada
individuo trabajará voluntariamente en beneficio de la comunidad.
Las relaciones de producción se habrán transformado y los medios de producción no estarán
concentrados en manos de una minoría, sino que serán colectivos. Por lo tanto, ya no habrá ni opresores ni
oprimidos, tan sólo una clase social, la trabajadora. En su seno regirá la solidaridad y la armonía entre
hombre y trabajo, éste ya no será fuente de sufrimiento y alienación. Se disiparán asimismo las diferencias
entre agro y ciudad, entre trabajo manual e intelectual. En suma, se habrá alcanzado una suerte
de paraíso en la tierra, el de la sociedad comunista.
g) El revisionismo marxista
El revisionismo se puede definir como la acción de someter a revisión doctrinas, apreciaciones o
prácticas ya establecidas con el objetivo de actualizarlas o modernizarlas.
El marxismo ortodoxo advertía a los obreros sobre el riesgo que constituía el pacto con otras clases
sociales ajenas a sus intereses. Prevenía sobre el reformismo político en el seno del Estado capitalista. La
razón es que el Estado es el principal instrumento del que se sirve la burguesía para ejercer su dominio
social. El único objetivo que el proletariado debe perseguir es la toma del poder mediante la revolución.

Sin embargo, a fines del siglo XIX (a partir de la II Internacional), Eduard Bernstein, miembro
del SPD (Partido Socialdemócrata Alemán), desde una postura menos radical y más conciliadora, sostuvo
que los partidos revolucionarios podían y debían, según las circunstancias, intervenir en el sistema político
democrático y liberal, utilizando como principal arma para conseguir sus aspiraciones, el sufragio
universal. Afirmaba que las predicciones realizadas por el marxismo respecto a la progresiva pauperización
de los trabajadores eran erróneas y que los obreros habían mejorado objetivamente su situación respecto a

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tiempos pretéritos. Se habría de este modo una vía no revolucionaria que perseguía cambios no radicales,
sino graduales y pacíficos.
El revisionismo despertó airadas críticas en el seno de los sectores más izquierdistas del
marxismo (Rosa Luxemburgo, Lenin, etc.), Sin embargo, jugó un importante papel en la política del siglo
XX, muestra de ello es la labor ejercida por partidos hoy plenamente consolidados y activos en Europa,
tales como el Partido Laborista Británico, el mencionado Socialdemócrata Alemán (SPD) o el Partido
Socialista Obrero Español, entre otros.

3. Anarquismo:

El término anarquismo es de origen griego y significa “sin autoridad ni poder”. Esta ideología,


junto con el marxismo, constituye una de las corrientes del “socialismo”. Ambas, anarquismo y marxismo,
coinciden en la crítica al capitalismo y en la necesidad de su eliminación, pero difieren radicalmente en
cuanto a los métodos para conseguirlo. De hecho, a lo largo del siglo XIX ambos pensamientos se fueron
alejando progresivamente, hasta convertirse en irreconciliables antagonistas.
El anarquismo estuvo muy influido por la idea roussoniana de que el individuo es bueno por naturaleza y es
la sociedad (o el Estado y sus instituciones) quien destruye su felicidad.
Alcanzó su máxima influencia en el seno de sociedades escasamente industrializadas -
España, Italia y Rusia-, en tanto que en países más avanzados tuvo mayor peso el marxismo. En España
el anarcosindicalismo se materializó en la creación de organizaciones como la CNT (Confederación
Nacional del Trabajo) que jugaron un importante papel en el primer tercio del siglo XX.
Algunos sectores del anarquismo preconizaron la acción radical y violenta. Ello se concretó en atentados
terroristas que reputaron en su día esta corriente de agresiva y salvaje.

El pensamiento anarquista no es uniforme, sin embargo, sus defensores comparten


algunas ideas afines: 
I. El rechazo de cualquier tipo de autoridad -en especial la del Estado- y el repudio a cualquier forma
de organización, sea de carácter partidista, administrativa o religiosa. Junto al rechazo a la
autoridad preconiza la libertad individual. 
Para los anarquistas el Estado capitalista constituye una estructura que posibilita la explotación de
la clase obrera y por ello debe ser destruido. Rechaza tanto el juego político como la organización
de partidos. El medio fundamental para eliminar al Estado es la huelga general, que permite
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arruinar a la burguesía. La organización social ha de estructurarse de abajo arriba, partiendo de
pequeñas comunidades autosuficientes y por libre decisión de sus miembros, expresada a través
del sufragio universal, nunca por imposición.
II. La abolición de la propiedad, ya que ésta es considerada como un robo cuando se consigue sin
trabajo. El derecho a la herencia (origen del status social) ha de eliminarse y sustituirse por
la colectivización de los bienes.
III. La importancia de la educación. El hombre solo será libre cuando sea capaz de pensar por sí mismo
y el mejor medio para conseguirlo es una esmerada instrucción.

Tres figuras destacan en el pensamiento anarquista:


Pierre Joseph Proudhon (1809-1865): Su influencia se dejó sentir hasta la década de los años
60 del siglo XIX, a partir de la cual alcanzaron más relevancia las ideas de Bakunin y Kropotkin. Aunque
muy relacionado con el grupo de los socialistas utópicos, de quien fue contemporáneo, se le considera
el fundador del anarquismo; sus escritos son posteriores a 1848. Criticó el juego parlamentario,
sosteniendo que el sufragio universal es fácilmente manejable por la propaganda de los partidos burgueses.
Frente al Estado y la Ley preconizó la asociación de pequeños productores autónomos reunidos
políticamente en una federación de comunas socialmente articuladas en torno al mutualismo y el
cooperativismo. Confió en la vía pacífica y en la ayuda mutua como formas de conseguir la liberación del
hombre, siendo ajeno a los anarquistas que alentaron el uso de la violencia.
Bakunin (1814-1876) Fue el primer teórico anarquista en presentar su pensamiento de una
manera sistemática. Propuso la colectivización (“anarco-colectivismo”) de los medios de
producción (capital, tierra, industrias, etc), pero no así de los frutos que se obtienen de ellos. En esto difería
de la postura más radical de Kropotkin quien sostenía que dichos frutos también debían ser de propiedad
colectiva. Según Bakunin, el Estado y otras instituciones como la Iglesia y el Ejército han de ser
reemplazados por una federación de comunas creadas de forma espontánea. Minimizó el papel de
los partidos políticosrevolucionarios como instrumento de transformación social e igualmente rechazó
el juego político parlamentario.

Kropotkin (1842-1921) Aristócrata ruso antizarista, estuvo muy influido por las ideas de Bakunin a quien


apoyó en la Primera Internacional frente a Marx. Abogó por una sociedad sin Estado, donde el trabajo
intelectual y manual no estuviesen separados y los hombres practicaran el apoyo mutuo, la libertad,
la solidaridad y la justicia. Kropotkin alentó la acción de los obreros por la vía sindical, no política, siendo
representante del denominado “anarcosindicalismo”. Como instrumento indispensable para cambiar la
sociedad propuso la educación, aunque también ponderó la violencia para conseguirlo.
Además de estos conocidos pensadores se distinguió:
G. Sorel (1847-1922): Sindicalista francés. En su obra “Reflexiones sobre la violencia,
1908, defendió la huelga general y la acción violenta como medios para destruir el estado capitalista. Sus
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principios inspiraron en buena medida al movimiento fascista de Mussolini y tuvieron cierta influencia
sobre Lenin.

1.7.2. EL MOVIMIENTO OBRERO

La economía capitalista e industrializada del siglo XIX, organizada en torno a los principios del
liberalismo, consagraba la existencia de dos clases sociales: la trabajadora, desprovista de los medios de
producción y forzada a vender su fuerza de trabajo, y la burguesa, dueña de esos medios e inclinada a
incrementar sus beneficios a costa de las condiciones salariales y laborales de la primera. Cada vez más se
extendió la percepción de que el capitalismo consagraba unas injustas desigualdades que había que
eliminar.

El movimiento obrero surgió de esas condiciones, pero alcanzó mayor o menor fuerza en función
del grado de desarrollo industrial de los países. Los primeros movimientos de masas de carácter moderno
se originaron en Inglaterra. Cristalizaron en episodios como la destrucción de máquinas (Ludismo) y la
creación de las Trade Unions, primeras asociaciones de carácter sindical. El que el fenómeno se produjese
en Inglaterra y no en otro país se debió a su carácter de pionera de la industrialización. Más tarde,
estructurados en torno a la ideología marxista, surgieron partidos de extracción obrera que jugaron un
importante papel en la acción política y social.

 El ludismo fue un movimiento social que se caracterizó por la oposición a la introducción de


maquinaria moderna en el proceso productivo. Se desarrolló durante las primeras etapas del proceso
de industrialización y dió lugar a violentas acciones de destrucción de máquinas. Su origen se
remonta a la acción de "Ned Ludd", su mítico líder, un tejedor que en 1779 fue supuestamente
pionero en este tipo de prácticas tras destruir el telar mecánico que manipulaba. Se desarrolló
entre 1800 y 1830, fundamentalmente en Inglaterra y su intervención estuvo jalonada por una
oleada de amenazas, tumultos y desórdenes que amedrentó a los patronos y provocó la intervención
del gobierno. La causa principal que desencadenó los disturbios fue la precaria situación laboral y
social creada tras la introducción de moderna maquinaria en la producción de textiles, arrastrando a
la ruina a los telares tradicionales, impotentes a la hora de competir con las fábricas de reciente

creación. Los viejos artesanos perdieron sus negocios y cayeron en el desempleo. La agitación que
afectó inicialmente a la industria textil se extendió también al campo, donde el supuesto
cabecilla "Capitan Swing" y sus seguidores dirigieron su ira contra las trilladoras incorporadas a
las labores agrícolas. Las acciones contra las máquinas constituyeron el precedente de otras
venideras, esta vez mejor organizadas, dirigidas, no contra las máquinas, sino contra sus
propietarios. El ludismo reunía algunos rasgos característicos de los motines del Antiguo Régimen,
frecuentes en períodos de crisis de subsistencias. Coincidió con ellos en la espontaneidad y en la
ausencia de una ideología política definida que los vertebrase. Pero al tiempo, presentaba modernas
peculiaridades propias de los movimientos obreros de la segunda mitad del siglo XIX. El
movimiento alcanzó su cénit coincidiendo con los altercados que se desarrollaron
en Inglaterra durante los años 1811 y 1812, reprimidos con suma dureza por el gobierno, a raíz de
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los cuales fueron detenidos y juzgados numerosos revoltosos, de los que unos treinta fueron
condenados a la horca. Otros países padecieron similares desórdenes: fue el caso de Francia (entre
1817 y 1823), Bélgica, Alemania o España (Alcoy en 1821 y Barcelona en 1835).

 El cartismo fue un movimiento propio de la primera etapa del movimiento obrero. Pero, a


diferencia de aquel, tuvo una índole esencialmente política. El término procede de la “Carta del
Pueblo”, documento enviado al Parlamento Británico en 1838, en el que se reivindicaba el sufragio
universal masculino y la participación de los obreros en dicha institución. Los defensores del
cartismo pensaban que cuando los trabajadores alcanzasen el poder político, podrían adecuar las
leyes a sus intereses de clase. La duración de este movimiento abarcó una década, entre 1838 y
1848. El cartismo supuso la toma de contacto de las masas obreras con la acción política. Hasta
entonces habían concentrado su empeño en la conquista de mejoras de carácter laboral.
En la “Carta” demandaban el sufragio universal, la supresión del certificado de propiedad como
requisito para formar parte del Parlamento, inmunidad parlamentaria, un sueldo para los diputados,
etc; estas peticiones poseían un marcado carácter político y eran necesarias -según sus defensores-
para conseguir una profunda transformación social. El movimiento fracasó, entre otras causas, por
las disensiones internas entre sus diversas tendencias, la moderada y la radical. La
tendencia moderada la representaban Lovett y Owen, inclinados a demandas de tipo económico y
laboral; la más radical la lideraron el irlandés O’Connor y O’Brien, ambos partidarios de acciones
contundentes que incluían el empleo de la huelga general.
La represión del gobierno británico, que militarizó las zonas en donde la agitación se hizo más
activa, abortó el movimiento. Éste quedó escindido de forma irreversible hasta su desaparición. El
fracaso de la revolución de 1848 asestó el golpe definitivo a las aspiraciones cartistas. En adelante la
lucha de carácter político sería abandonada por los obreros ingleses quienes moderaron en gran
medida sus reivindicaciones para concentrarse en la lucha de carácter sindical. La acción política se
circunscribió al continente, de manera más significativa a Francia. Aunque el cartismo se malogró,
constituyó una importante experiencia para la clase obrera en su intento de mejora de las
condiciones de vida; su acción forzó al gobierno británico a articular una legislación que en
ocasiones contó con un elevado contenido social, siendo un ejemplo de ello la “Ley de las diez
horas”.

 Sufragismo y feminismo: La sociedad industrial y el liberalismo no aportaron cambios


significativos a la situación política, legal y económica de las mujeres. Éstas siguieron estando
discriminadas respecto a los varones. Tan solo abrió el camino hacia el trabajo femenino en las
fábricas y las minas, pero en condiciones de una extrema explotación y discriminadas salarialmente
frente a sus compañeros de trabajo. Por otro lado, la mujer tuvo vetadas las áreas profesionales de
más responsabilidad así como la educación superior, siendo relegada en el caso de la burguesía al
ámbito doméstico. El liberalismo afectó en mayor medida al status de los hombres, que logaron
primero el sufragio censitario y más tarde el universal. Las mujeres quedaron excluidas de ambos
sistemas durante largo tiempo. Fueron estas circunstancias las que propiciaron a partir de la segunda
mitad del siglo XIX el nacimiento del movimiento sufragista, que reivindicaba el derecho al voto
de las mujeres como paso previo al feminismo, es decir, a conseguir la plena igualdad de derechos
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respecto a los hombres. El movimiento sufragista no se constituyó en grandes masas y arraigó con
más fuerza en las mujeres urbanas de clase media que poseían un cierto grado de educación.
Las obreras antepusieron sus reivindicaciones de clase a sus propios intereses como mujeres.
Las campesinas por su baja formación, su dedicación íntegra al trabajo, la carencia de tiempo libre
y su aislamiento, fueron las últimas y más reacias a incorporarse a los movimientos emancipadores.
Por lo demás, las principales abanderadas del sufragismo y posteriormente del feminismo
fueron británicas y estadounidenses, seguidas de escandinavas y holandesas. Conocidas
figura del movimiento por la emancipación femenina fue la británica Emmeline Pankhurst (1858-
1928), fundadora de la Unión Social y Política de Mujeres(WSPU) e inspiradora de diversos tipos
de protesta (manifestaciones, huelgas de hambre, etc). Otra conocida activista fue Emily Davison,
que murió en 1913 en una de sus acciones de protesta al arrojarse a los pies de un caballo de la
cuadra real en el transcurso de una carrera celebrada en Derby. En España destacó Concepción
Arenal (1829-1893), que asistió a la Universidad Complutense disfrazada de hombre para salvar la
prohibición que impedía la enseñanza universitaria a la mujer. En Alemania sobresalió Rosa
Luxemburgo (1870-1919) brillante intelectual y militante del comunismo alemán, muerta durante la
sublevación espartaquista de 1918. El punto de inflexión decisivo en la concienciación social de la
mujer se alcanzó en la Primera Gran Guerra. Durante este conflicto la mujer suplió al hombre en sus
habituales tareas mientras éste luchaba en el frente, poniendo de relieve que si era competente para
realizar trabajos propios del varón también lo era para gozar de sus derechos. En 1920 fue
autorizado el voto a todas las mujeres británicas que habían cumplido 20 años, en tanto que
en España tal permiso se retrasó hasta el año 1931 a raíz de la proclamación de la Segunda
República.

1.7.3. EL INTERNACIONALISMO OBRERO.

Uno de los rasgos distintivos del socialismo de todo signo fue su carácter internacionalista. Carlos
Marx y otros pensadores sostenían que, al margen de la nacionalidad a la que perteneciesen, los
trabajadores de todo el mundo sufrían los mismos problemas.

Era por tanto necesario, aunar esfuerzos, intereses y


objetivos para derrotar a la burguesía. El "Manifiesto
comunista" lanzaba, al respecto, una consigna
clara: “Proletarios de todos los países, uníos”.
Celebración del 1 de Mayo. México

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Fruto de esa idea, surgieron organizaciones que intentaron servir de enlace entre grupos de
trabajadores de diferentes países en pos de la consecución de la revolución universal. De entre estas
iniciativas destacaron dos:
- La Primera Internacional Obrera (1864-1876) La Asociación Internacional de Trabajadores
(AIT) o I Internacional Obrera, adoptó como sede la ciudad de Londres y estuvo integrada por partidos,
sindicalistas, socialistas, anarquistas y asociaciones obreras de variado signo. El encargado de redactar sus
estatutos fue Carlos Marx.
Las diversas tendencias y sensibilidades que recogió, obstaculizaron en gran medida su
funcionamiento. En 1868, a raíz de la incorporación de Bakunin, la AIT sufrió una polarización que
condujo a enfrentamientos entre dos tendencias irreconciliables: por un lado, la anarquista (con Bakunin a
la cabeza), por otro, la marxista, cuyo liderazgo intelectual ostentó Marx.
Episodio decisivo en la división del movimiento internacionalista lo constituyó el fracaso de
la Comuna de París (1871), experiencia de carácter revolucionario que surgió tras la derrota
de Sedán (1870) sufrida por las tropas francesas de Napoleón III frente a Prusia. Como consecuencia, el
Segundo Imperio Francés dejó de existir (el emperador abdicó), abriéndose paso la III República. Durante
los primeros meses de ésta, la agitación política y social hizo estallar en París una revolución que condujo a
la instauración de una Comuna obrera. Tras poco más de dos meses de autogestión, las autoridades
republicanas, encabezadas por Thiers, reprimieron sangrientamente la primera tentativa de poner en
práctica por vez primera una sociedad liderada por la clase trabajadora.
El fiasco de la Comuna de París agravó los enfrentamientos en el seno de la Internacional. En el
Congreso de La Haya (1872), los anarquistas fueron expulsados de la organización, que pasó a ser
controlada por los marxistas hasta su disolución en 1876. Las razones que llevaron a ese enfrentamiento
pueden resumirse en las siguientes:

 Marx deseaba una organización estructurada en torno a una autoridad como forma de reforzar la


eficacia de las decisiones adoptadas. Bakunin se oponía a cualquier control o jerarquía. Los
anarquistas se definían a sí mismos como "socialistas antiautoritarios".
 Marx depositaba las esperanzas de revolución en una acción organizada y preparada de la clase
trabajadora, especialmente de los obreros industriales. Bakunin apelaba al individualismo y
la espontaneidad, al tiempo que otorgaba al campesinado un importante protagonismo
revolucionario. De hecho, el anarquismo fue más fuerte en países de economía agraria, como Rusia
o España, que en los industrializados.
 La dictadura del proletariado como vía transitoria a la sociedad comunista, una de las piezas
fundamentales de la teoría marxista, era rechazada por Bakunin, al considerar que todo tipo
de Estado, inclusive uno de trabajadores, constituía un peligro para las libertades individuales.  
 La intervención de la clase trabajadora en el juego político por medio de la creación
de partidos obreros, e incluso su colaboración con partidos de carácter burgués si éstos apoyasen
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los intereses del proletariado, fue rebatida por Bakunin, quien sostenía que los obreros sólo debían
organizarse en torno a sindicatos y no intervenir jamás en política (parlamento, elecciones, etc), ya
que ello acabaría por desvirtuar su fuerza revolucionaria.
- La Segunda Internacional Obrera (1889-1916) Fue fundada en 1889. Su sede se estableció en
Bruselas. Si la Primera Internacional había albergado en su seno -al menos en sus comienzos- una amplia
gama de tendencias, la Segunda, una vez expulsados los anarquistas en 1893, adoptó una clara
orientación socialista marxista. La integraron una serie de partidos socialistas de distintas nacionalidades
organizados en una federación.
Entre los objetivos fundamentales de la asociación destacó la búsqueda de una legislación que
mejorara las condiciones de vida de los trabajadores (subsidios de desempleo, protección social, etc) y, de
forma especial, el empeño en la instauración de la jornada de ocho horas. Signos distintivos de la II
Internacional fueron la institución de la jornada del Primero de Mayo como fiesta reivindicativa (Día
Internacional del Trabajo), la del 8 de marzo (Día Internacional de la Mujer Trabajadora) y el
famoso himno conocido como de la Internacional.
Entre los principales problemas a los que hubo de enfrentarse, destacó el de la controversia
ideológica de dos grupos: El radical, compuesto por los marxistas ortodoxos, partidarios de
una revolución como fórmula para destruir el capitalismo y cambiar la sociedad. Una de sus principales
figuras fue Rosa Luxemburgo. El más moderado, de carácter reformista, denominado “revisionista”, pues
discutía algunos puntos de la teoría marxista, como el de la lucha de clases o el materialismo histórico.
Entre sus representantes destacó Eduard Bernstein, que preconizaba llegar al socialismo mediante una vía
pacífica con la participación de los trabajadores en el juego parlamentario.

La Segunda Internacional recibió el golpe de gracia tras el estallido de la Primera Guerra


Mundial, conflicto que fue incapaz de evitar. La clase trabajadora, dividida entre los
sentimientos patrióticos y el ideal de solidaridad internacional, optó por los primeros, se enroló en
los ejércitos contendientes y abandonó la causa que inspiraba la organización. No pudiendo resolver esa
contradicción, en 1916 se disolvía la Internacional.
En 1917, a raíz del triunfo de la Revolución Rusa, se impusieron las tesis de aquellos que,
como Lenin, el líder de los bolcheviques, abogaban por las tesis marxistas más radicales. En 1919 se fundó,
una Tercera Internacional, la llamada “Komintern”, de carácter comunista, alejada por tanto de las tesis
reformistas revisionistas y muy condicionada por los intereses de la URSS.

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