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Módulo II Pág.

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Sumario
En este trabajo se analiza la problemática del aborto y los debates éticos
vinculados con la intervención estatal al regular su prohibición o restricciones a su
acceso. En el marco de las sociedades democráticas de América Latina, este trabajo no
se propone brindar respuestas dogmáticas sino presentar posiciones éticas y
justificaciones morales para los distintos aspectos vinculados con esta problemática. Las
alternativas para la regulación del aborto se analizan brevemente sobre la base de la
experiencia de países de la región.

Objetivos

 Presentar los debates éticos en torno a la problemática del aborto.


 Presentar las modalidades de regulación vigentes en distintos países de la región.
 Analizar el alcance de algunas regulaciones y las dificultades que éstas han
presentado en su aplicación ante casos concretos.
 Presentar y analizar alternativas de políticas públicas respecto de los problemas
planteados.
 Acercar herramientas para el análisis de las cuestiones planteadas.

Listado de contenidos

 Introducción: la salud sexual y reproductiva como marco del debate sobre el


aborto.
 Valores éticos y derechos involucrados.
 La función reguladora del estado. Fines y alternativas en la regulación legal de la
problemática del aborto.
 Situaciones de excepción reconocidas en la legislación sobre aborto.
 Reflexiones finales.

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1. Introducción: la salud sexual y reproductiva como marco del
debate sobre el aborto
Para entender el aborto en el contexto de la salud sexual y reproductiva es
necesario, por un lado, intentar un debate desapasionado alejado del plano de las
creencias personales o religiosas y, por otro lado, vincular la problemática del aborto
en el contexto de los derechos sexuales y reproductivos que han sido reconocidos a
mujeres y varones de los países de la región.

En el marco de una sociedad democrática y liberal que reconoce la autonomía


personal como valor supremo y como tal tiende a la protección de las acciones privadas
de las personas, es imprescindible encarar el tema sin aludir directa o indirectamente a
las distintas concepciones que pueden tenerse del “bien”, necesariamente definidas por
cada persona para sí misma, en el marco del plan de vida que desea proseguir ya sea
con o sin componentes religiosos.1

Es sabido que la relación del aborto con la salud reproductiva ha sido


tradicionalmente conflictiva. La propia Tercera Conferencia Internacional de Población
y Desarrollo de Naciones Unidas, celebrada en 1994 en El Cairo (la “Conferencia de El
Cairo”) trató la problemática del aborto en relación a la salud sexual y reproductiva de
un modo que puede considerarse ambivalente.

En esta conferencia y el Programa de Acción que se creó a partir de la misma, se


definió un nuevo paradigma de salud sexual y reproductiva al caracterizarla como “…
un estado general de bienestar físico, mental y social, y no de mera ausencia de
enfermedades o dolencias, en todos los aspectos relacionados con el sistema
reproductivo y sus funciones y procesos. En consecuencia, la salud reproductiva entraña
la capacidad de disfrutar de una vida sexual satisfactoria y sin riesgos y de procrear, y la
libertad para decidir hacerlo o no hacerlo, cuándo y con qué frecuencia. Esta última
condición lleva implícito el derecho del hombre y la mujer a obtener información y de
planificación de la familia de su elección, así como a otros métodos para la regulación
de la fecundidad que no estén legalmente prohibidos, y acceso a métodos seguros,
eficaces, asequibles y aceptables, el derecho a recibir servicios adecuados de atención de
la salud…”.2 Se dispuso que “los gobiernos deberían tomar medidas oportunas para
ayudar a las mujeres a evitar el aborto, que en ningún caso debería promoverse como
método de planificación de la familia” al mismo tiempo que se estableció que los
gobiernos deberían “proporcionar en todos los casos un trato humanitario y orientación
a las mujeres que han recurrido al aborto.” 3

En el mismo sentido, el Programa de Acción requiere a los países que reconozcan


los problemas de salud que enfrentan aquellas mujeres que se realizan un aborto en
condiciones inadecuadas “como un importante problema de salud pública” y que, en

1
Sobre la construcción de una práctica constitucional hacia un liberalismo social y democrático, véase en general
Nino, Carlos Santiago, Fundamentos de Derecho Constitucional, Editorial Astrea, Segunda Reimpresión, Buenos
Aires 2002, páginas 236-248.
2
Párrafo 7.2 del Programa de Acción aprobado por la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo.
3
Párrafo 7.24 del Programa de Acción.

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aquellos países que no lo prohíben en su ordenamiento jurídico, los abortos sean
accesibles y seguros: “…En los casos en que el aborto no es contrario a la ley, los abortos
deben realizarse en condiciones adecuadas.

En todos los casos, las mujeres deberían tener acceso a servicios de calidad para
tratar las complicaciones derivadas de abortos. Se deberían ofrecer con prontitud
servicios de planificación de la familia, educación y asesoramiento post-aborto que
ayuden también a evitar la repetición de los abortos.”4

Más allá de las ambigüedades que puedan atribuirse al Programa de Acción y a


esta relación conflictiva entre aborto y salud sexual y reproductiva, no puede ignorarse
que contextualizar el problema del aborto en el ámbito de la salud sexual y
reproductiva, permite visualizarlo como un problema de salud pública y al mismo
tiempo, permite comprender el vínculo entre estos derechos.

Esto es importante porque las cifras sobre las consecuencias de restringir o


penalizar el acceso a un aborto seguro en América Latina son alarmantes. La
Organización Mundial de la Salud estima que, del total de las muertes de mujeres que
se registran en la región relacionadas con embarazos, o sea las denominadas “muertes
maternas”, el 21% corresponde a muertes resultantes de abortos inseguros,
caracterizados por la falta de capacitación por parte del proveedor que utiliza técnicas
peligrosas y por llevarse a cabo en recintos carentes de medios higiénicos.5 Esto quiere
decir que cada año, aproximadamente 5.000 mujeres mueren en América Latina y el
Caribe por complicaciones relacionadas con abortos inseguros (más de un quinto del
total de muertes maternas), representando el más alto porcentaje entre las regiones a
nivel mundial.

En este análisis, la vinculación entre las consecuencias de los abortos para la salud
y la vida de las mujeres y el estado de la legislación es imposible de obviar y para ello
es importante destacar el impacto diferenciado que la prohibición legal del aborto tiene
particularmente sobre los grupos más vulnerables: adolescentes y mujeres de bajos
recursos económicos. Donde las leyes son restrictivas, la mayoría de los abortos son
inseguros. 6 Además, según evidencia reciente, los países donde el aborto está
totalmente penalizado o sólo permitido por riesgo para la vida, las tasas de abortos
inseguros o poco seguros son mayores a las de los países con leyes más permisivas.7

Los problemas centrales que surgen, entonces, generan las siguientes preguntas:
en el contexto de los derechos sexuales y reproductivos, ¿tienen las mujeres el derecho

4
Párrafo 8.25 del Programa de Acción.
5
De acuerdo con estimaciones de la OMS, a nivel mundial el 13% de las muertes maternas vinculadas con el
embarazo son el resultado de abortos inseguros. Véase El Aborto como un Problema de Salud Pública, en
https://www.paho.org/nic/index.php?option=com_docman&view=download&category_slug=datos-y-
estadisticas&alias=710-boletin-informativo-el-aborto-un-problema-de-salud-publica&Itemid=235
6
Ver página 90 de Organización Mundial de la Salud (2012). Aborto sin riesgos: guía técnica y de políticas para
sistemas de salud - 2a ed. http://apps.who.int/iris/bitstream/10665/77079/1/9789243548432_spa.pdf?ua=1.
También véase Grimes D et al. (2006). Unsafe abortion: the preventable pandemic. Lancet, Volume 368, No.
9550, p1908–1919, 25 November
7
Bayesian hierarchical model. Lancet; 390: 2372–81 Published Online September 27, 2017
http://dx.doi.org/10.1016/S0140-6736(17)31794-4

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a interrumpir un embarazo? ¿Este derecho –o su ausencia- es absoluto? ¿Qué razones
justifican separar al feto de la mujer embarazada, que es el organismo que lo alberga?
¿Tiene el feto un status moral diferente al del niño ya nacido? ¿En todo momento o
sólo en su etapa de evolución más temprana? ¿Hay una diferencia moral en la
aceptación del aborto según el grado de voluntariedad del acto sexual que dio origen
al embarazo, es decir, si el embarazo es consecuencia de una violación, por ejemplo?
¿Hay un límite a las exigencias que moralmente se pueden imponer en una mujer
embarazada cuya salud o vida corre peligro como consecuencia del embarazo? ¿Cómo
se define la “salud” de la mujer? ¿Cuál es el rol que le corresponde al Estado frente a
todos estos interrogantes?

En las siguientes secciones, intentaremos explorar algunas de las preguntas que se


nos plantean.

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2. Valores éticos, posturas desde la moral y derecho involucrados
¿Cómo plantear la discusión en términos de ética, moral y de derechos en el
marco de un estado democrático y liberal? ¿Pueden analizarse los valores éticos
involucrados sin entrar en consideraciones religiosas o particulares concepciones del
bien, que forman parte del universo de la moral? ¿Corresponde que una concepción
moral determinada se coloque por encima del derecho en el marco de las sociedades
democráticas y liberales? ¿O debe el derecho, siguiendo estas concepciones, no regular
situaciones según una moral o una ética superior a sus principios inherentes?

¿Corresponde hacer el mismo planteo cuando se discute el aborto en el plano


individual –cuál es la calidad moral del acto de interrumpir un embarazo- que cuando
se discute en el plano social –qué tipo de política pública debe implementarse con
relación al aborto y que fundamentos morales tiene tal política?

Desde una posición liberal moderada, Carlos Santiago Nino8 sugiere partir de una
serie de convicciones intuitivas que parecen compartir un amplio número de integrantes
de la comunidad:

 El feto, aun en sus primeras etapas de desarrollo, es algo más que una simple
tumoración y por lo tanto debe haber razones para separarlo del cuerpo que lo
alberga y poner fin a su vida.
 El feto, tal vez con excepción de su etapa final de desarrollo, tiene un status moral
diferente al del niño ya nacido y por lo tanto, aun los partidarios de la penalización
del aborto, aceptan que tenga una pena menor a la del homicidio.
 Así como hay una diferencia moral entre el feto y el niño ya nacido, también hay
una diferencia moral entre el aborto y el uso de anticonceptivos, lo que parece
indicar que hay una diferencia entre el feto y los óvulos y espermatozoides que
eventualmente se unen para darle origen. Por lo tanto, aún los oponentes al uso de
métodos anticonceptivos, no proponen castigar su uso con la pena del aborto, ni
con la del homicidio.
 Hay una diferencia moral en la admisibilidad del aborto según sea el grado de
voluntariedad del acto sexual que condujo a la concepción. Muchos admiten el
aborto que pone fin a un embarazo resultante de una violación, aunque no el
aborto que pone fin a un embarazo consecuencia de una relación sexual
consensuada.
 Hay un límite a las cargas o perjuicios que es legítimo imponer a una mujer
embarazada para que no aborte: suele permitirse el aborto en caso de grave riesgo
para su vida, en ocasiones también en caso de riesgo para su salud. Bajo el mismo
argumento, es aceptado el aborto en etapa inicial de desarrollo cuando éste implica
una seria frustración de los proyectos vitales de la mujer embarazada.

8
En los siguientes párrafos y en toda la presentación de las discusiones morales sobre el aborto que se presentan
en este trabajo se sigue el trabajo de Carlos Santiago Nino, Fundamentos de Derecho Constitucional, pág. 236 a
248.

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Estas primeras intuiciones que plantea Nino y que probablemente podemos
compartir, ya generan varias preguntas sobre las cuales tal vez no nos hemos detenido
a reflexionar. ¿Por qué –si el feto es considerado persona- la terminación de su vida no
merece la pena del homicidio? Y, por el contrario, ¿qué motivos podemos esgrimir para
permitir el uso de métodos anticonceptivos si estos coartan la posibilidad de generación
de una nueva vida?

Desde hace décadas, pensadores de distintos orígenes han intentado dar respuesta
a estos interrogantes. En un excelente trabajo Arleen Salles agrupa las diferentes formas
que ha asumido la discusión moral sobre el aborto a lo largo de las últimas décadas y
plantea el siguiente interrogante: si las posiciones tradicionales que indagan acerca de la
moralidad del aborto y el status moral del feto no han podido brindar respuestas
definitivas sobre este tema, ¿será porque esa forma de abordaje tradicional a esta
problemática es inadecuada?9

En los párrafos que siguen, se esbozan a grandes rasgos los dos ejes de la disputa
en la forma que se ha planteado tradicionalmente: 1. cuál es el status moral del feto y
2. Cómo actuar ante un posible conflicto de derechos entre el feto y la mujer
embarazada.10

¿Cuál es el status moral del feto?


Para ciertas posturas, el problema del aborto depende de la determinación del
tipo de entidad que es el ser humano desde el momento de su concepción.

Se discute si el embrión es “persona‟ con todos los atributos y derechos que ello
implica desde el momento de su concepción o si es “persona” desde algún momento
posterior, durante el curso del embarazo.11

Este debate se ha centralizado en dos visiones polarizadas, caracterizadas


generalmente como posturas de la tradición conservadora o liberal. La difundida
identificación de las posturas conservadoras como las “pro-vida” y las liberales como
“pro-elección” no es correcta, ya que desde posturas liberales se defiende a menudo la
idea que la mujer debe tener el derecho a decidir libremente sobre el aborto, y sin
embargo se puede considerar que el aborto es moralmente cuestionable en algunas
circunstancias. Adicionalmente, no es correcto inferir que los liberales que consideran
que el aborto se encuentra moralmente justificado en algunas circunstancias no valoren
la vida. Podría decirse que para las posturas conservadoras existe una identificación

9
Véase Arleen L. F. Salles, El debate moral sobre el aborto, en Debate Feminista, año 17, Vol. 34, octubre 2006,
Págs. 69-95. En esta sección se sigue el trabajo de Salles citado.
10
Las líneas argumentales que se esbozan a continuación no intentan sintetizar la totalidad de los argumentos
presentados en torno del debate del aborto, que ha sido profuso y complejo. Por el contrario, el objetivo es
presentar brevemente algunos de los argumentos más significativos presentados en un debate que lleva varias
décadas.
11
En este trabajo no haremos las distinciones entre las denominaciones que recibe el embrión en sus distintas
etapas de evolución, a partir de su fertilización. Por razones de simplicidad, nos referiremos en todos los casos al
“feto”.

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entre ser biológico y ser moral y que para el pensamiento liberal, tal identificación no
es, cuanto menos, total. Veamos ambos polos de pensamiento:

Para las posturas conservadoras, el momento de la concepción resulta


determinante no sólo para la existencia de un ser biológico sino también moral. Es a
partir del momento de la concepción que esa nueva entidad cuenta con todo el material
genético que permitirá su desarrollo como persona plena, y por lo tanto se afirma que
el feto es una persona actual, cualquiera sea su estado de desarrollo.

Algunos pensadores marcan la diferencia entre “ser persona” y “funcionar como


persona”. Alguien “funciona como persona” cuando puede imaginar, razonar, hablar,
tener sentimientos, objetivos e intenciones. “Ser persona”, por otra parte, implica
tener la capacidad básica intrínseca de poder llegar a funcionar como persona, aun
cuando esto no sea aún el caso.12 Por lo tanto, el feto es una persona aun cuando no
funcione como tal en su actual estado de desarrollo, pero como persona debe ser
respetado su derecho a la vida. En líneas generales, los planteos conservadores
comparten la creencia que la vida sólo puede ser quitada por Dios o por la naturaleza,
pero nunca por la acción humana.

En contraposición, las posturas conocidas como liberales rechazan la


equiparación del ser biológico con el ser moral. Para algunos pensadores, el feto carece
de entidad moral justamente porque no posee ninguno de los atributos que definen la
persona (como el razonamiento, la actividad automotivada y la autoconciencia) y, por
lo tanto, en tanto no son personas no integran la comunidad moral, aun cuando posean
vida humana. 13 Atribuirles derechos, argumentan, tiene tan poco sentido como
atribuirles obligaciones. La circunstancia de que los fetos tengan la potencialidad de
“convertirse en personas” tampoco genera un conflicto ya que la mujer es una persona
actual con derechos actuales a su integridad y autonomía corporal. Por lo tanto, para
estas posturas, no sólo el aborto no es intrínsecamente inmoral, sino que lo que es
inmoral es ponerle límites legales a su práctica.14

Entre estas posiciones antagónicas se encuentran una variedad de posiciones


moderadas, de acuerdo con las cuales el grado de desarrollo del feto es moralmente
relevante al momento de plantear y resolver la cuestión moral del aborto. Para estas
posturas, el feto comienza a tener status moral a partir de cierto grado de su desarrollo.

El análisis sobre el tema de Carlos Nino no solo se destaca en estas posturas sino
que recurre a un método de gran utilidad para entender cómo se entrecruzan los temas
morales y el derecho. Para su análisis, Nino requiere que se tengan en cuenta tres planos
diferentes: (a) determinar si el feto –en todas o algunas de las etapas de su evolución-
tiene el valor y la dignidad de las personas morales, análogos a los de los seres humanos
ya nacidos; si la respuesta es afirmativa, entonces (b) determinar si alguien (y en este

12
Stephen Schwarz, The moral question of abortion, 1990, citado por Arleen Salles, nota 6.
13
Véase Michael Tooley y Mary Anne Warren, citados por Arleen Salles, página 73 y siguientes.
14
Tal es la conclusión de Warren, citada por Salles.

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caso, quién sería ese alguien) tiene la obligación de proteger y preservar esa entidad
valiosa que sería el feto; si la repuesta anterior también es afirmativa, entonces (c) la
pregunta es ¿debe el estado utilizar su poder punitivo para castigar las acciones u
omisiones que acarrean responsabilidad moral por haber eliminado un feto? Cada
pregunta requiere la respuesta afirmativa de la pregunta anterior, pero una respuesta
afirmativa no implica que las preguntas siguientes vayan a merecer la misma respuesta.
Podríamos, por ejemplo, concluir que el feto tiene valor moral y que hay personas con
obligación moral de proteger esa vida, y sin embargo podemos creer que el Estado no
debe interferir con su capacidad punitiva en la violación de esa obligación moral de
protección.

En el argumento que los partidarios de la despenalización del aborto esgrimen se


encuentra como eje la autonomía personal. Un embarazo no deseado implica para la
mujer una importante limitación en su autonomía y en las posibilidades de
materialización de su plan de vida. Pero ¿qué derecho tiene el feto a su propia
autonomía personal? ¿Tiene el feto tal derecho moral a la autonomía? Aquí, sostiene
Nino, es donde entra en juego la cuestión del valor moral del feto, es decir la respuesta
afirmativa a la primera pregunta.

Para este análisis, Nino requiere que se den los siguientes pasos:

 En primer lugar debemos preguntarnos ¿qué es lo que hace valiosa la protección de


personas morales? ¿Poseen los fetos, en su diverso grado de desarrollo, las propiedades
que hacen valiosa la protección de las personas morales? Una repuesta a la primera
pregunta podría ser que lo que determina la protección de las personas morales es su
capacidad separada de adoptar y materializar planes de vida, y la de sentir placer y
dolor. El feto no tiene, en ningún momento de su desarrollo, la capacidad para adoptar
o materializar un plan de vida separado, pero tampoco tienen esa capacidad los niños
pequeños. Sin embargo, en su última etapa de desarrollo los fetos ya tienen capacidad
para sentir dolor y placer.

 Luego, debemos preguntarnos ¿hay alguna relación que permita extender la protección
que se da a un ente que tiene las características de la persona moral a quien no la tiene?
Por ejemplo, en el caso de los niños que no tienen aún su capacidad de autonomía que
les permita adoptar y perseguir un plan de vida, se les reconoce esa protección por su
identidad respecto de la persona mayor que habrá desarrollado esas capacidades. Esta
identidad requiere no sólo continuidad física sino también continuidad psíquica –de
recuerdos, deseos, creencias. El feto en sus grados de mayor maduración tiene procesos
psíquicos que podrían determinar esa identidad, pero sin embargo esto no es posible en
las etapas iniciales del desarrollo del feto cuando no existe vida psíquica que pudiera
brindar continuidad alguna en los procesos mentales.

 ¿Puede proyectarse el valor de personas autónomas no solo hacia quienes son idénticos
(como identidad física y psíquica) sino también hacia quienes tienen la capacidad de
convertirse en tales personas autónomas? Por un proceso de la naturaleza, el feto puede
convertirse en un ente con características de identidad respecto de una persona
autónoma y luego en una persona moral por sí mismo. Por lo tanto, la persona moral
se beneficiaría por el hecho de acordarle al feto aún en su etapa inicial de gestación, un

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grado de protección como si fuera una persona moral. En la concepción de Nino y en
la búsqueda de una ética liberal, así como su análisis se aleja de consideraciones sobre
las convenciones sociales, del mismo modo debe alejarse de la sacralización de la
naturaleza y los procesos naturales, como el que “convertirá” al feto en una persona
moral y autónoma por el sólo transcurso del tiempo y la omisión de interferencia
voluntaria por parte de seres humanos.

En los primeros meses de gestación, los fetos no tienen las propiedades de las
personas morales (ya que no pueden elegir o perseguir un plan de vida, ni sentir dolor
o placer), tampoco tienen las propiedades que determinan una identidad de cualquier
grado con las personas morales (por su ausencia de actividad psíquica). En la conclusión
de Nino los fetos “son simplemente objetos que por un proceso natural se convertirán
primero en entes idénticos a personas morales y luego en personas morales. Merecen el
grado de protección menor que merecen entes que pueden ser objeto de acciones u
omisiones voluntarias, tendientes a convertirlos en entes valiosos; en este caso –como
los óvulos o los espermatozoides- son entes que tienen el valor de poder ser objeto de
las decisiones activas o pasivas de los padres dirigidas a convertirlos en personas
protegidas”.15

Entonces, en el primer plano de análisis, Nino muestra los argumentos para


pensar que “es razonable concluir que el valor de una persona moral desarrollada sólo
se proyecta parcialmente al feto” y “esa protección es decreciente en la medida que el
feto este en etapas más tempranas de su desarrollo”.16 Esta fue la posición que adoptó
la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CorteIDH) en el caso de “Artavia
Murillo” al interpretar que la protección de la vida que establece la Convención
Americana de Derechos Humanos no es absoluta sino que es gradual e instrumental.

La visión gradualista que se propuso en la consideración de la primer cuestión a


debatir permite ponderar aspectos tales como el sacrificio que particularmente la mujer
gestante debiera hacer para continuar con el embarazo, las cargas que implican la
gestación y crianza del niño, la mayor o menor voluntariedad de la concepción, con
relación con la segunda cuestión a determinar que se vincula con quien tiene la
obligación de proteger y preservar esa entidad valiosa que sería el feto. A todo evento,
en este plano de análisis se requieren razones para terminar con la vida del feto, ya sea
que se trate de razones vinculadas con el bienestar de la mujer – vinculado con la
materialización de su plan de vida -, razones de salud o peligro para la vida o razones
vinculadas con su consentimiento en la relación sexual que le dio origen y la inaceptable
tortura que sería para una mujer ser sometida a continuar un embarazo forzado en esas
circunstancias.

15
Nino, pág. 242.
16
Nino, pág. 242.

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Derechos involucrados
Una concepción gradualista del status moral del feto permite comenzar a indagar
acerca de los derechos en tensión. Si no resulta moralmente reprochable la terminación
de la vida del feto bajo ciertas circunstancias y/o en determinadas etapas de su
desarrollo, entonces es posible evaluar los conflictos derivados de derechos
contrapuestos: el derecho del feto a la vida y el derecho de la mujer al ejercicio de su
autonomía, disposición de su cuerpo y conservación de su salud (física, psíquica, social)
y aun de su vida.

En su clásico trabajo, Judith Jarvis Thomson argumenta que aun cuando alguien
sostenga que el feto es una persona y como tal tienen derecho a la vida, ello no implica
que la mujer tenga siempre la obligación de llevar el embarazo a término.17

Para la autora, la cuestión central gira en torno de la noción de consentimiento,


de los derechos a la integridad física y corporal y el derecho a la vida. Sin embargo,
respecto del pretendido derecho a la vida del feto, la autora argumenta que éste “no
garantiza que uno tenga derecho a usar el cuerpo de otra persona o a que se le permita
continuar usándolo, aunque uno lo necesite para la vida misma” tener derecho a la
vida, para el feto, “consiste, no en el derecho a que no nos maten, sino en el derecho a
que no nos maten injustamente”. Desde esta postura, puede haber abortos injustificados
en los cuales se termina la vida del feto injustamente y por lo tanto serán moralmente
incorrectos, pero en otros casos el aborto puede ser justificado ya que el derecho a la
vida del feto que necesita del cuerpo de la mujer para sobrevivir, no incluye el derecho
a usar el cuerpo de la mujer sin su consentimiento.

Posturas alternativas. Abordajes superadores de las formas de


planteo tradicional
Una manera diferente de plantear la cuestión del aborto radica en superar la
discusión acerca del status moral del feto, la ponderación de los derechos en conflicto y
abandonar todo intento por brindar respuestas absolutas. Las propuestas alternativas
buscan enriquecer la discusión al incorporar la consideración de otros elementos cuya
relevancia minimiza el enfoque tradicional. Al contextualizar la práctica del aborto en
la experiencia y situación concreta de las mujeres que lo enfrentan, estas posturas no se
proponen brindar respuestas absolutas sino que por el contrario intentan acercar
elementos para evaluar, en cada caso concreto, si el aborto es moralmente justificable.

Pensadoras feministas han buscado enriquecer el debate desde la perspectiva


concreta de las mujeres, con el propósito adicional de argumentar desde categorías de

17
Judith Jarvis Thomson, 2001, “Una defensa del aborto”, en Margarita Valdez (coord.), Controversias sobre el
aborto, Instituto de Investigaciones Filosóficas, UNAM / Fondo de Cultura Económica, México. Thomson recurre
a provocadoras analogías ya famosas en la discusión sobre el aborto: imagínese que una mujer es raptada y
drogada y al volver en sí descubre que sus riñones han sido artificialmente conectados con los de un famoso
artista que necesita por unos meses de esta operación para sobrevivir. ¿Deberá prevalecer, como sostienen los
antiabortistas, el derecho del otro a la vida sobre el derecho de la mujer a disponer de su cuerpo?

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análisis que superen las nociones de derecho y autonomía que en sí mismas pueden ser
cuestionadas como esencialmente masculinas. Se pueden identificar diferentes aspectos
en los cuales existe una notable diferencia entre una perspectiva feminista del aborto
respecto de otra que, aún desde una perspectiva liberal, no aborda la cuestión desde
una perspectiva feminista. Desde una perspectiva liberal no feminista se analiza el aborto
de un modo abstracto, desconectado de otras prácticas de la sociedad que implican la
subordinación de la mujer. Desde una perspectiva feminista, por el contrario, la práctica
del aborto debe ser despenalizada sobre la base del derecho a la igualdad, ya que es
moralmente incorrecto requerir que grupos oprimidos –en este caso las mujeres se
sacrifiquen cuando tales sacrificios tienen a agravar su situación de subordinación.
Asimismo, desde una perspectiva feminista no es el derecho a su autonomía, la libertad
o la privacidad el que justifica que la práctica del aborto sea despenalizada sino por la
posición subordinada de las mujeres en sociedades donde se les impone todas las cargas
de la sexualidad y sus consecuencias como la responsabilidad prioritaria en el cuidado y
atención de los hijos/as y otras personas de las familias.

Los análisis feministas contextualizan las situaciones concretas, sociales y


personales de las mujeres que enfrentan la problemática del aborto. Incorporan
referencias a otras personas involucradas, los sentimientos que las mujeres tienen en
casos concretos hacia el feto, sus propios planes de vida y cómo estos pueden verse
afectados por una maternidad forzada. Se toman en consideración muy especialmente
las preocupaciones y los intereses particulares de aquellas mujeres que deben tomar esa
decisión. La persona más competente para tomar la decisión sobre la práctica de un
aborto es la mujer: es ella quien gesta al feto y es la única situada de manera tal que
puede evaluar todos los factores que son moralmente relevantes en la decisión sobre su
propio aborto.

Desde el punto de vista de la ética del cuidado y las relaciones interpersonales,


tampoco pueden hacerse juicios generales sobre su corrección o incorrección moral.
Existen casos en los que la mujer está moralmente justificada a terminar un embarazo,
no porque el feto no sea una persona, sino porque la relación entre la mujer y el
producto del embarazo es incompleta. Existe potencial para esa relación y, a medida
que el embarazo avanza, la “obligación de responder a él se acrecienta, pero
ocasionalmente el embrión no es más que un producto, la relación actual inexistente, y
la futura muy incierta. En tales casos, la mujer puede abortar”.18

3. La función reguladora del Estado. Fines y alternativas en la


regulación legal de la problemática del aborto
La polarización de las opiniones vertidas en encuestas de opinión realizadas en
distintos países de América Latina sobre la aceptación de la práctica del aborto muestra
que efectivamente nos encontramos ante una cuestión que es objeto de juicios morales
divergentes.

18
Salles, paginas 81-82.

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En Argentina, una encuesta realizada entre 1600 mujeres de entre 18 y 69 años,
residentes en los tres principales aglomerados urbanos del país, muestra que ocho de
cada diez mujeres acuerdan con algún grado de despenalización del aborto.19

Además, la despenalización total del aborto es apoyada por tres de cada diez
mujeres, con mayor frecuencia entre las mujeres de mayor educación y menor
adscripción religiosa. Pero aún entre las mujeres que se consideran religiosas, en
particular católicas, una cuarta parte de las practicantes y casi la tercera parte de las
católicas menos activas están de acuerdo con la despenalización total del aborto.
Asimismo, la posición dominante de quienes abogan por la despenalización parcial
sostiene que las siguientes son causas legítimas para realizar un aborto: 1. que el
embarazo sea el resultado de una violación, 2. que se sepa que el feto tendrá una
enfermedad incurable y 3. Que la mujer sienta que no puede hacerse cargo por motivos
socioeconómicos. Una encuesta hecha por IPSOS entre 800 personas de todo el país a
pedido de Amnistía y el Centro de Estudios de Estado y Sociedad (CEDES) indagó sobre
las actitudes de los argentinos frente al aborto. Los resultados muestran que el 82% de
los encuestados considera relevante que el Congreso debata el tema.

La tasa de mortalidad materna por aborto disminuyó luego de reformas legales


más permisivas en Uruguay20, Rumania post dictadura de Ceausescu21 y Guyana22 por
ejemplo. Las tasas de aborto son más bajas en las subregiones con normas más
permisivas23. Además, ejemplos de los cambios normativos sobre la disminución de las
tasas de aborto pueden observarse en los países de Europa del Este a partir de las décadas
de 1980-1990 (Albania, Bulgaria, Estonia, Eslovenia, Latvia y Rumania)24.

En ese contexto, ¿tiene el estado derecho u obligación de imponer leyes y


sanciones que correspondan a una concepción determinada? De lo que se trata no es si
el aborto es moralmente bueno o malo, sino si debe ser castigado por el poder del
estado. En una sociedad liberal que valora especialmente la autonomía personal, debiera
existir una clara separación entre la moral privada y la regulación jurídica, cuya función
no es asegurar la observancia de una determinada moral personal, sino la protección de
los individuos frente a determinadas situaciones provocadas por otros.

Es útil en este punto retomar las tres cuestiones planteadas por Nino bajo la
forma de preguntas excluyentes pero no determinantes (¿tiene el feto el valor y la
dignidad de las personas morales? ¿Quién tiene la obligación de proteger y preservar

19
Como nos vemos las mujeres. Actitudes y percepciones de las mujeres sobre distintos aspectos de sus
condiciones de vida. Equipo Latinoamericano de Justicia y Genero, Asociación Civil - ELA, 2007. Disponible en
http://www.ela.org.ar
20
Briozzo L et al (2016). Overall and abortion-related maternal mortality rates in Uruguay over the past 25years
and their association with policies and actions aimed at protecting women’s rights. Int J Gynaecol Obstet. Aug;134
Suppl 1:S20-3. https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0020729216302454
21
Stephnson P et al. (1992). Commentary: The Public Health Consequences of Restricted Induced Abortion.
Lessons from Romania. Am J Public Health. October; 82(10): 1328-1331.
22
Arthur J. (2010). Yes, Legalizing Abortion Does Save Women’s Lives. Abortion Rights Coalition of Canada.
http://www.arcc-cdac.ca/action/legalizing-abortion-saves-lives.html
23
Sedgh G, Singh S, Shah I, Ahman E, Henshaw, S, Bankole A (2012). Induced abortion: incidence and trends
worldwide from 1995 to 2008. The Lancet, 19 de enero. London, New York, Beijing.
24
Levine PB, Staiger D. (2004). Abortion policy and fertility outcomes: the Eastern European experience. Journal
of Law and Economics, XLVII:223-243.

Módulo II Pág. 13
esa entidad valiosa que sería el feto? ¿Debe el estado utilizar su poder punitivo para
castigar las acciones u omisiones que acarrean responsabilidad moral por haber
eliminado un feto?). Una vez abordada la segunda cuestión, corresponde analizar en
última instancia si, aun en ausencia de razones para eliminar el feto, debe el Estado
utilizar su poder punitivo para castigar las acciones u omisiones que acarrean
responsabilidad moral por haber terminado con la vida de un feto.

Las normas penales de distintos países han dado diversas respuestas a este
interrogante. Las legislaciones vigentes en la mayoría de los países de América Latina
figuran entre las que más restricciones contienen para los casos de aborto no pasibles de
sanción penal, es decir los permitidos. En términos generales, los países de la región se
encuentran aliados con posturas conservadoras que prohíben la práctica del aborto
aunque, en ocasiones, lo habilitan en casos de excepción como el caso de peligro para
la salud y/o la vida de la mujer gestante o en caso de violación.25 26

Pueden presentarse distintos argumentos en contra de la prohibición legal del


aborto perseguida penalmente. En primer lugar, se hace referencia al carácter altamente
intrusivo que tiene la investigación sobre la realización de un aborto en la en la mujer,
dando lugar a posibles abusos. Adicionalmente, se señala el efecto altamente
discriminatorio que tienen la prohibición del aborto debido a que afecta a las mujeres
pobres y marginadas, que son las que tienen que hacerlo en condiciones peligrosas de
insalubridad y por lo tanto tienen mayores posibilidades de encontrarse en la obligación
de recurrir a un hospital para salvar su vida, donde los médicos podrían denunciar su
estado.27

25
Una forma muy gráfica de visualizar el estado de las leyes sobre aborto en el mundo es a través del planisferio
preparado por la organización no gubernamental Center for Reproductive Rights. Alli se ve claramente la
correspondencia entre los países en desarrollo y la legislación restrictiva de aborto. Véase
http://bookstore.reproductiverights.org/worablaw20.html
26
Si bien existen en la actualidad debates en varios países de la región sobre el estado de las normas y las
practicas sobre el aborto, vale la pena comentar al menos algunos casos en particular. En Colombia, la legislación
nacional contenía una prohibición absoluta para todo caso de aborto. Sin embargo, como consecuencia de la
acción promovida por una abogada, la Corte Constitucional de Colombia acaba de despenalizar la practica en tres
casos excepcionales: riesgo de la vida o salud de la mujer, malformación grave del feto y embarazo producto de
una violación o fecundación sin el consentimiento de la mujer (Sentencia C-355/06 del 10 de mayo de 2006,
disponible en http://www.constitucional.gov.co/corte/). Por el contrario, en Nicaragua se ha registrado el
movimiento inverso: en octubre de 2006 el Congreso nicaragüense aprobó la prohibición total del aborto, sin
excepciones por causas vinculadas a la salud o la vida de la mujer o a víctimas de violación o incesto. Con la
aprobación de esta prohibición, Nicaragua ha engrosado las filas de Chile y El Salvador, países que han impuesto
una prohibición total al aborto.
Sin embargo, en forma reciente y de acuerdo con el compromiso asumido en la campaña presidencial, el Congreso
de Chile está debatiendo la despenalización parcial del aborto, volviendo a incorporar al marco normativo un
sistema de despenalización por causales (que fuera derogado por el régimen de Pinochet antes de entregar el
gobierno). En Argentina, como en Colombia, la Corte Suprema de Justicia de la Nación asumió un papel central
al dictar una sentencia que aclaró el alcance y la interpretación correcta del artículo 86 del Código Penal, que
autoriza la interrupción voluntaria del embarazo en distintas circunstancias: cuando se encuentra en peligro la
vida de la mujer, cuando se encuentra en peligro su salud, y en todos los casos de violación (Caso FAL s/Medida
Autosatisfactiva, del 13 de marzo de 2012 disponible en http://www.csjn.gov.ar)
27
Una línea jurisprudencial considera que los médicos no pueden, en esa situación, denunciar el hipotético delito
de aborto ya que el cuerpo de la mujer es semejante a la confesión de culpabilidad, y por lo tanto estaría en
violación de la garantía generalmente reconocida que protege a las personas de la obligación de declarar contra
sí mismas (garantía reconocida por los tratados internacionales de derechos humanos, además de la legislación
interna de los gobiernos democráticos). En Argentina, en ese sentido, ver el Plenario Natividad Frías de la Cámara
Nacional reapelaciones en lo Criminal y Correccional de la Capital Federal, 21 de agosto de 1966, aunque esta
doctrina ha sido también dejada de lado por otros tribunales locales (ver causa N° 30.739. “Gallo, N.”
Sobreseimiento. Aborto. Instr. 33/170. Sala VII, 17 de abril de 2007).

Módulo II Pág. 14
Los argumentos de tipo consecuencialistas se concentran en señalar la ineficacia
de la prohibición –ya que está probado que el número de abortos no disminuye por la
prohibición de su práctica-28 y en las consecuencias disvaliosas que la prohibición genera
muy particularmente para un grupo de mujeres cuya situación social, económica, de
salud y política presumiblemente mejoraría con la despenalización. En particular, en los
países en desarrollo se presenta el aborto como un problema de salud pública ya que
como consecuencia de los abortos sépticos o incompletos un gran número de mujeres
muere, quedan con secuelas importantes en su salud y deben ser tratados en los
hospitales públicos donde su atención se encuentra marcada por la ilegalidad de la
práctica que la llevo allí.

Los argumentos no consecuencialistas para la despenalización del aborto se


concentran no ya en el valor instrumental que tendría dejar de lado la prohibición legal,
sino en los beneficios que traería aparejada en términos del reconocimiento de los
derechos de las mujeres como agentes autónomos en pie de igualdad con los varones.
La criminalización del aborto por parte de un estado implica, para esta postura, una
falta de reconocimiento de las mujeres como agentes autónomos, con plena capacidad
de discernimiento y autodeterminación.

La legalización del aborto, por el contrario, implica reconocer plenamente las


consecuencias de un embarazo no deseado y transferir hacia las mujeres la consideración
de los elementos necesarios para tomar una decisión acerca de su continuidad o su
terminación. Asimismo, si se concibe la problemática del aborto en términos de los
derechos involucrados, junto con el derecho a la vida del feto deberá considerarse el
derecho de la mujer a la libertad e integridad corporal y personal, sin considerar la
preeminencia inicial de uno sobre otro, sino situándose en las particulares características
de cada caso concreto.

Por último, también se argumenta que la prohibición del aborto atenta contra el
derecho a la igualdad entre varones y mujeres ya que la Convención para la Eliminación
de Todas Formas de Discriminación contra la Mujer requiere, en su artículo 12.1 que los
estados deberán eliminar toda forma de discriminación en el acceso de varones y
mujeres a la atención de su salud, incluyendo los servicios de planificación familiar. Si la
prohibición del aborto afecta en forma distinta a varones y mujeres, esto implica
imponer a las mujeres consecuencias desiguales respecto del ejercicio de su sexualidad,
afectando en consecuencia su derecho a la igualdad.

28
Véase, por ejemplo, Ramos Silvina y Mónica Gogna, Los médicos frente a la anticoncepción y el aborto: una
transición ideológica, CEDES, Buenos Aires, 2001. También Mortalidad materna. Un problema de salud pública y
derechos humanos, UNICEF, Ministerio de Salud, Buenos Aires, 2003.

Módulo II Pág. 15
4. Situaciones de excepción reconocidas en la regulación del
aborto
Cualquiera sea la posición que uno adopte acerca de las cuestiones morales
involucradas en la problemática del aborto, vale la pena preguntarse ¿qué hace que
ciertas situaciones sean especiales o merezcan una regulación de excepción? En el
contexto de los valores éticos en juego, ¿de qué manera ciertas circunstancias
particulares de hecho pueden cambiar la situación? ¿En qué medida los valores éticos
sobre los cuales sustentamos nuestras posiciones brindan también justificación suficiente
para lo que consideramos situaciones de excepción?

En la generalidad de las legislaciones vigentes, la prohibición del aborto, lejos de


ser absoluta, permite la interrupción del embarazo en ciertas circunstancias previstas por
la ley. Entre las causales generalmente contempladas podemos mencionar el caso de
fetos con enfermedades incompatibles con la vida, los casos de embarazos que son el
producto de una violación o incesto y los embarazos que implican un riesgo para la
salud o la vida de la mujer gestante. En esa línea, los marcos regulatorios pueden
establecer “causales”, es decir, circunstancias en las cuales el aborto está permitido, y tal
regulación puede estar incluida en normas de carácter penal (como en Argentina o
México) o en normas de otra naturaleza (normas administrativas o protocolos de
atención de la salud).

En estos casos las mujeres tienen un derecho a la interrupción legal del embarazo,
si se dan las circunstancias previstas en las normas. Así lo resolvió la Corte Suprema de
Justicia de la Nación Argentina en el caso FAL citado.

Embarazos con riesgo para la salud y/o la vida de la madre / mujer


gestante
Una de las justificaciones más habituales en las normas penales se refiere al caso
de abortos realizados en defensa del derecho a la salud o la vida de la mujer. Con pocas
excepciones,29 las normas penales vigentes en la región no requieren que la mujer ponga
en riesgo su vida para salvaguardar la vida del feto. Una exigencia semejante sería
supererogatoria, incompatible con la valoración de la mujer como ser libre y autónomo.

Surgen algunas preguntas vinculadas con este contexto: en primer lugar, el caso
de riesgo para la vida de la mujer podría merecer pocas dudas, en aquellos casos en que
el diagnóstico médico sea tan claro como lo permita la ciencia. Ciertas dificultades se
plantean, sin embargo, al considerar las formalidades requeridas para el procedimiento.
¿Es necesario contar con la opinión de más de un médico o una junta? ¿Es necesaria la
intervención de un comité de bioética? ¿Es exigible una autorización judicial para realizar
el aborto cuando médicamente se ha comprobado el peligro para la vida de la mujer?

29
En América Latina y Nicaragua es un ejemplo de estado que no permite el aborto ni aún en caso de riego para
la vida de la mujer.

Módulo II Pág. 16
Otras preguntas surgen de la consideración de la salud de la mujer que podría
verse comprometida por el caso en cuestión. ¿A qué definición de salud se refiere la
norma? ¿Se trata exclusivamente de la salud física o incluye también la salud psíquica de
la persona involucrada? No podemos dejar de mencionar que la definición de salud
adoptada por la Organización Mundial de la Salud incluye consideraciones sobre el
bienestar físico, psíquico y social.

El caso de fetos con enfermedades incompatibles con la vida


En su primera decisión sobre un tema vinculado al aborto, en noviembre de 2005
el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas resolvió que no garantizar el
acceso a un aborto legal y seguro cuando existen graves malformaciones fetales es una
violación al derecho a estar libre de tortura y tratos crueles, inhumanos y degradantes30.
Los avances tecnológicos en la obstetricia permiten en ciertas ocasiones diagnosticar en
forma precoz la presencia de malformaciones o anomalías en el desarrollo del feto que
son incompatibles con la vida extrauterina31.

En esos casos, obligar a la mujer gestante a llevar un embarazo a término impone


una carga extremadamente onerosa en la mujer embarazada. En este caso, no parece
haber proporcionalidad alguna entre los derechos sacrificados (el derecho de la mujer a
su salud) y el bien protegido (el desarrollo de la vida humana en formación).

También en este caso se presenta la pregunta: ¿tiene relevancia el momento en


que se hubiera obtenido el diagnóstico? ¿Qué vinculación puede establecerse entre este
supuesto y el de cuidado de la salud psíquica de la mujer, protegida tal vez por la
hipótesis de despenalización del aborto en caso de peligro para la salud (¿también
psíquica?) de la mujer embarazada?

Embarazos que son el resultado de una violación


Por último, en el caso de los embarazos que son el resultado de una relación
sexual no consentida los argumentos que se utilizan para la despenalización del aborto
se concentran en la necesidad de respetar la dignidad de la mujer y su derecho a la
autonomía reproductiva. En ese contexto, la afirmación de que la mujer debería ser
obligada contra su voluntad a llevar a término el embarazo producto de una violación
es una negación instrumental de su dignidad humana y un abuso de sus capacidades
reproductivas.

30
Comité de Derechos Humanos, Karen Llontoy vs Perú, Comunicación No. 1153/2003, CPR/C/85/D/1153/2003,
del 17 de noviembre de 2005.
31
En casos como la anencefalia, el feto no desarrolla calota craneana y por lo tanto no tiene posibilidad alguna
de sobrevivir fuera del útero materno, más allá de unas pocas horas luego del parto. Véase Gherardi C. y Kurlat
I Anencefalia e Interrupción del Embarazo. Análisis médico y bioético de los fallos judiciales a propósito de un
caso reciente‟ Nueva Doctrina Penal 2000/B, pág.637-648.

Módulo II Pág. 17
Es interesante revisar el caso de Argentina, donde el Código Penal parecía limitar
(en opinión de algunos autores) la no punibilidad del aborto por violación a los casos
en que esto ocurre a mujeres que tienen disminuidas sus facultades mentales32.

Recordemos el texto de la ley: el artículo 86 inciso 2 del Código Penal vigente


establece que “El aborto practicado por un médico diplomado con el consentimiento
de la mujer encinta, no es punible: … 2º Si el embarazo proviene de una violación o de
un atentado al pudor cometido sobre una mujer idiota o demente.” ¿Cuál sería la
justificación moral de la distinción legal, en este caso?

En opinión de la Procuradora General ante la Suprema Corte de la Provincia de


Buenos Aires, “tampoco podría admitirse una interpretación de la disposición penal que
frente a una violación permitiera dar muerte al fruto de la concepción, ante la
presunción del nacimiento de una persona insana, y, a su vez, sancionar ese mismo
resultado cuando se produce sobre un feto concebido por una mujer sana” (Edgardo
Donna, op. Cit., p. 196) [ya que] … implicaría violentar tanto el derecho de igualdad
ante la ley … Por otra parte, si se entendiera que el artículo 86, inciso 2 del CP solamente
prevé el aborto eugenésico, se debería aceptar, el fin histórico de dicha norma, esto es,
la protección de la pureza de la raza humana”. Sin embargo, esta inteligencia no puede
sino ser rechazada in limine. Es decir, la sociedad de hoy, no es la misma que al
momento de sancionarse la norma, y en consecuencia lo mismo sucede con sus valores.
Por ello, y a la luz de los nuevos valores receptados tanto por nuestra constitución como
por los tratados internacionales, entiendo necesario reinterpretar el artículo. Por ello,
me veo inclinada a sostener que el artículo 86, inciso 2, exime de pena a cualquier mujer
que desea no continuar con un embarazo producto de un ataque a su integridad
sexual.”33

Esta fue la interpretación que dio a la norma la Corte Suprema de Justicia de la


Nación en el caso FAL ya citado, cuando en marzo de 2013 zanjó esa divergencia
interpretativa respecto del derecho de todas la mujeres, cualquiera fuera su condición,
a interrumpir legalmente un embarazo producto de la violencia sexual. La sentencia
marcó un punto de inflexión en relación a las que se limitaban los tribunales respecto
del aborto y fue muy clara en la necesidad de que no existan barreras para el acceso a
las prácticas de abortos no punibles. Dictaminó que las mujeres tienen un derecho al
aborto en los casos previstos por el artículo 86 del Código Penal, es decir, en caso de
peligro para la salud o en caso de violación e interpretó que no hay obstáculos
constitucionales ni convencionales (en las Convenciones y tratados de Derechos
Humanos) para la despenalización del aborto. Además indicó que la realización de esta
práctica no requiere autorización judicial ni denuncia policial, en los casos de violación,
bastando la declaración jurada de la mujer frente al médico. Finalmente la Corte
estableció las condiciones mínimas (estándares) en que debe efectuarse este

32
El artículo 86 inciso 2 del Código Penal establece que “El aborto practicado por un médico diplomado con el
consentimiento de la mujer encinta, no es punible: …2º Si el embarazo proviene de una violación o de un atentado
al pudor cometido sobre una mujer idiota o demente.”
33
Del dictamen de la Procuradora General ante la Suprema Corte de Justicia de la Provincia de Buenos Aires, en
la causa Ac. 98.830, "R., L.M., „NN Persona por nacer. Protección. Denuncia‟", 31 de julio de 2006. Disponible
en http://www.scba.gov.ar/

Módulo II Pág. 18
procedimiento, incluyendo garantizar a las mujeres el acceso a la información y la
confidencialidad y la eliminación de dilaciones innecesarias exhortando a las autoridades
a implementar protocolos hospitalarios para la atención de los abortos legales y para la
asistencia integral de las personas que sufrieron violencia sexual. Finalmente, estableció
que se debe permitir al personal sanitario ejercer la objeción de conciencia siempre que
ésta se manifestada al momento de fijar protocolos o al inicio de la actividad del
establecimiento y que no sea un obstáculo para el ejercicio de los derechos de las
mujeres.

5. Reflexiones finales
Los problemas morales no necesariamente encuentran su respuesta en la
regulación legal y esto debe ser así particularmente en aquellas sociedades que buscan
consolidar una posición plural, liberal y democrática, tolerante con las disidencias y
variedad de posturas morales frente a diversos temas, sin perder de vista que el objetivo
de la ley es la protección de los individuos para que puedan gozar y ejercer plenamente
sus derechos. Sin embargo, en muchos países que han aprobado regulaciones más
permisivas que las que encontramos en América Latina en temas vinculados con el
aborto y la salud sexual y reproductiva, las discusiones sobre hasta dónde deben
imponerse posturas morales menos flexibles sobre otras continúan hasta el presente.

A lo largo de este trabajo, hemos intentado mostrar argumentos que separen la


discusión moral de la legal, apelando a la búsqueda personal de los principios morales
que defendemos y su contraste con situaciones generalmente consideradas de excepción.

En particular, en este trabajo hemos intentado mostrar que la despenalización de


la práctica del aborto no significa aceptar que éste sea moralmente correcto en todos
los casos, y que aun cuando en opinión de algunas personas pudiera considerase
moralmente injustificado, ello no significa que el castigo penal deba ser la única
respuesta posible por parte del Estado. Reflexionar acerca de cuál es el rol del Estado en
el marco de esta problemática es particularmente necesario en la región de América
Latina, donde las consecuencias de los abortos clandestinos practicados en condiciones
inseguras son sufridas en forma desproporcionadamente alta por las mujeres de bajos
recursos.

Módulo II Pág. 19
Lecturas adicionales sugeridas
Sobre la objeción de conciencia de los profesionales de la salud:

 Airza Navarrette, Sonia y Agustina Ramón Michel. Una vuelta de tuerca a la objeción
de conciencia. Una propuesta regulatoria a partir de las prácticas del aborto legal en
Argentina. 2019. http://www.redaas.org.ar/archivos-recursos/463-
VFF.%20Una%20vuelta%20de%20tuerca%20a%20la%20objecion%20de%20c
onciencia.pdf

 Lidia Casas, “La objeción de conciencia en salud sexual y reproductiva. Una ilustración
a partir del caso chileno” en Mas Allá del Derecho. Justicia y género en América
Latina, Luisa Cabal y Cristina Motta (compiladoras), Bogota, Siglo del Hombre
Editores, Center for Reproductive Rights, Universidad de los Andes, 2006.

 Marcelo Alegre "Objeción de conciencia y salud sexual y reproductiva". Hoja


Informativa. Despenalización.org. 2009. http://www.redaas.org.ar/recursos-
item.php?r=153

 Objeción de conciencia y aborto una perspectiva global sobre la experiencia


colombiana. ONeil Institute de la Georgetown University&Women's Link
Worldwide. 2014. http://www.redaas.org.ar/recursos-item.php?r=163

 Legislación vigente en Argentina sobre salud sexual y reproductiva. Disponible en


http://www.redaas.org.ar

 Legislación sobre aborto en el mundo. Centro de Derechos Reproductivos (2014)


http://www.reproductiverights.org/es/document/leyes-sobre-aborto-en-el- mundo-
de-2014

Sobre las acciones legales para la despenalización del aborto y el cuestionamiento de


las restricciones existentes en diversas jurisdicciones:

 En Colombia, sentencia de la Corte Constitucional: Sentencia C-355/06 del 10 de


mayo de 2006, disponible en
http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/2006/C-355-06.htm

 En otros países, ver http://www.reproductiverights.org/courts.html

El aborto en el modelo de indicaciones: causal salud y causal violación

 Ramón Michel, Agustina y Sonia Ariza. La Legalidad del aborto en Argentina.


http://www.redaas.org.ar/nuestro-trabajo-documento.php?a=129

Módulo II Pág. 20
 Gonzáles Vélez, Ana Cristina (comp.) Causal salud: interrupción legal del embarazo,
ética y derechos humanos. Bogotá. La mesa por la Vida. 2008.
http://www.redaas.org.ar/recursos-item.php?r=170

 Bergallo Paola, Gonzáles Vélez, Ana Cristina. Interrupción Legal del embarazo por la
causal violación, enfoque salud y jurídico. Bogotá. La Mesa por la Vida y la Salud de
las Mujeres (Colombia), la Alianza Nacional por el Derecho a Decidir/ANDAR
(México), el Consorcio Latinoamericano Contra el Aborto Inseguro/CLACAI y la
Federación Latinoamericana de Sociedades de Ginecología y Obstetricia/FLASOG.
2012. http://www.redaas.org.ar/recursos- item.php?r=169

 Violencia sexual en las relaciones de pareja: el derecho al aborto y la aplicación de


estándares internacionales de derechos humanos / Natalia Gherardi; Camila Hoyos;
Cecilia Gebruers. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires: CEDES; Buenos Aires:
ELA, 2015. http://www.redaas.org.ar/recursos-item.php?r=206

El tratamiento de la problemática del aborto en conferencias e instrumentos


internacionales:

 Informe del Relator Especial sobre la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos
o degradantes. A/HRC/31/57. 5 de enero de 2016. Disponible en
http://www.redaas.org.ar/recursos-item.php?r=324

Herramientas de políticas públicas vigentes en Argentina y América Latina, protocolos


de atención y programas vigentes:

 En Argentina - http://www.redaas.org.ar

 En México - http://www.gire.org.mx/

 En la región – Observatorio de igualdad de Género de la CEPAL –


http://www.cepal.org/oig

Organizaciones no gubernamentales internacionales vinculadas con el trabajo en salud


sexual y reproductiva:

 Consorcio Latinoamericano Contra el Aborto Inseguro (CLACAI).


http://www.clacai.org/

 Center for Reproductive Rights – Nueva York. http://www.reproductiverights.org

 Grupo de Información sobre Reproducción Elegida (GIRE) www.gire.org.mx

 International Planned Parenthood Federation (IPPF) – Londres. www.ippf.org

Módulo II Pág. 21
Cuestionario
1. Identifique los argumentos morales y jurídicos que considera más relevantes para
la defensa de la punibilidad del aborto, en términos generales. Identifique los
argumentos morales y jurídicos para sustentar la posición contraria. ¿En qué
medida cree que estos argumentos se verían modificados en un contexto diferente,
de una sociedad desarrollada en términos económico-sociales?

2. Reflexione acerca del rol de los comités de bioética presentes en las instituciones
de salud. ¿Qué función podrían o deberían cumplir en la problemática del
aborto?¿Cuál es la potencialidad para su intervención y cuáles deberían ser sus
límites? Evalúe sus respuestas a la luz de las situaciones de excepción esbozadas en
este trabajo. Revise las normas vinculadas a las problemáticas presentes en el inicio
de la vida para determinar si la intervención de los comités de bioética se encuentra
prevista. En su caso, ¿en qué situaciones y con que alcance?

3. Investigue las causales de no punibilidad del aborto en algunos países de América


Latina y determine la razonabilidad y uniformidad de tales excepciones.

4. ¿Qué implicaría respetar la objeción de conciencia de un profesional de la salud


en el marco de la interrupción voluntaria de un embarazo? ¿Cuál sería la función
de un hospital público en ese contexto? ¿Se encuentra prevista la posibilidad de
objeción de conciencia en las legislaciones nacionales de los países de la región?
¿Sería necesario hacerlo?

5. ¿Qué justificación moral puede plantearse para la posibilidad de interrumpir el


embarazo producto de una violación sobre una menor de edad? ¿Qué diferencia
tendría con la violación de una mujer mayor de edad? ¿Cómo debería establecerse
la existencia de la violación alegada? ¿Es suficiente con la declaración de la mujer
en tal sentido? ¿Debiera ser necesaria la denuncia policial? ¿O la iniciación de un
proceso penal? ¿O la condenan penal?

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