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Por una historia más realista

Columna de opinión por: Irandeni Arroyo Romero.


Tenemos un largo periodo de existir como nación. Oficialmente se llamó a la nación
México en el año de 1821. Pero, otras naciones, otros, sucesos de relevancia planetaria
sucedieron antes. Claro está, que una nación sin historia es como una persona sin
personalidad ni apellido; puntualiza quienes somos y cómo somos, es irrelevante sí es
buena, mala o de barbarie. Es lo que nos hace, un ejemplo son las tierras que se llamaron
potencias del eje durante la segunda guerra mundial, por qué, relativamente hace poco; la
sombras de los totalitarismos gobernaron a sus ciudadanos. Y Llevaron muchísimas
atrocidades a diferentes lugares. Japón a Corea, Alemania a casi toda Europa e Italia a
regiones aledañas a ellos. Año 2018, todos estos son países del primer mundo, potencias,
ejemplos de los estados y la economía. De reconstruirse de la nada a estar dentro de los
primeros diez países.
Hago uso de estos ejemplos, para observar como la historia debería de ser, como una caja
de herramientas: Tomar lo necesario en tal momento, como discurso o guía para los
puntos más burdos o los más relevantes. Historia enseño a los hombres y mujeres, que la
tiranía por más perfumada que se venda, sigue siendo tiranía. La historia ha mostrado que
al final las personas derriban a los tiranos. Al igual que llama a los pueblos a levantarse
como personas, a actuar.
Desde mí perspectiva, la historia es mal empleada cuando entra otro punto muy malo
para esta. La mala interpretación y su uso idílico, es decir, el uso que en alza ciertos
periodos de manera poco objetiva o justa y les da un lugar u relevancia que no les
corresponde. Omitiendo todo error, para llamarlos perfectos, sin importar, cuantas
atrocidades o tropelías pudieron haber existido. Sí la historia es una herramienta, la
interpretación pobre es querer clavar un clavo con un desarmador, o, en el peor de los
casos emplear un lanza llamas con la mínima protección.
Pongamos un ejemplo práctico, ficticio, pero no menos útil. Sí pensáramos en El Imperio
Romano, como perfecto, genial e inigualable a través del tiempo, podríamos justificar las
enormes y grotescas, por no decir bizzaras, conductas y órdenes políticos que sucedieron.
Dichas atrocidades incluyeron: Conquistar y destruir pueblo indiscriminada mente, matar
judíos por el simple hecho de serlo, glorificar el coliseo, en una masacre horrida por
diversión.
Creo que me he dado a entender. La historia es práctica, e interesante. Muchos grandes
intelectuales la emplearon para diferentes obras de conocimiento como Maquiavelo en
Discursos sobre la Primera Década de Tito Livio, Ortega Y Gasset para el ensayo La
deshumanización del arte o las magníficas biografías y análisis de los dos artistas
españoles más grandes de la historia en Goya y Velázquez.
E Incluso en la literatura como Don Quijote del inigualable Miguel de Cervantes y
Saavedra, La Divina comedia del inmortal Dante, el obscuro Fausto de Goethe, o el
Salambó de Flaubert.
Fuente de inspiración cultura y guías, todos los ejemplos dados vienes para construir mi
argumento. ¿Cómo tomamos la historia y en que la tomamos? Desde mi perspectiva
personal, la historia mexicana tiene ciertos mitos y problemas de mitificación, no
fácilmente solucionables, puesto que han permeado tanto en nosotros, que parecería
sacrilegio siquiera cuestionar las figuras nacionales bañadas de gloria. Los malos son los
malos y los buenos son los buenos, perfectos. Incuestionables. Hidalgo, Morelos, Juárez,
los propios revolucionarios son también sujetos a dudas razonables.
Por ejemplo, muchas fuentes citan a Miguel Hidalgo, como un personaje que posterior a la
ruptura independentista, se tornó en un personaje mesiánico llamándose padre de la
patria. Otro caso, Juárez, el gran reformista liberal, tomo una decisión que ahora
consideraríamos tiránica de ser católicos en el siglo XIX. Además de ser sujeto a
acusaciones (desde su tiempo) de velar por los intereses extranjeros en lugar de los
nacionales. Los amados Pancho Villa y Emiliano Zapata, están tan alejados del canon
literario heroico. En primera instancia, Pancho Villa, era un bandolero, es decir, saqueaba,
robaba y en caso de resistencia mataba. Hoy, en el siglo XXI vendría a ser algo similar a un
narcotraficante o un Huachicolero. Por otra, Emiliano Zapata, fue ejemplo para las
comunidades indígenas, pero la guerra es guerra; y en esta todo se vale. Las fuerzas
zapatistas arrasaban, mataban y violaban, más de una crónica envuelve al mismo zapata
en estos actos repudiables. Quizá indígena y pobre, pero lejos de ser inocente.
Igualmente nuestro entendimiento de la nación invadida golpeada y ultrajada nos lleva a
la extrañeza y segregación de otras culturas no latinoamericanas. En el arte es evidente y
en las academias, para desfallecer de la vergüenza cuando los críticos literarios, los
curadores y artistas en general, descalifican grandes trabajos debido a ser “Anglosajón”
“Eurocéntrico”” o no lo suficientemente mexicano. Algo ajeno a nosotros; esto es una de
las consecuencias de no entender la historia y emplearla en discursos que en lugar de
liberarnos nos encadenan aun mundo limitado.
Esto también se mira en la política. En lugar de entender a las votaciones como la lucha
electoral; lo vemos como la salvación y el derrumbe del sistema capitalista por tener
“candidatos de izquierda” Esto no es suficiente. No solo la historia ha sido secuestrada por
un partido político y su hegemonía con los aztecas y la revolución; ignorando al resto de
las grandes e importantes etnias que constituyen a México. También nos oculta de modo
bochornoso la colonia, aquel periodo en el que por trescientos años, verdaderamente
nació México y sus ciudadanos. Nos lleva a lugares perdidos, nos emplean como
herramientas en lugar de liberarnos.
Por eso la historia debe ser reconquistada y reinterpretada, pues, si la presencia del
pasado es lo que nos ha limitado, entonces, deberíamos romper con esta. No con héroes
perfectos sino con grandes personajes, no con buenos y malo. Sino con grupos y con todo,
tener afuera las rencillas pasadas para llamar a nuevas amistades. Esta es la conquista de
la historia. Cómo es, sin adjetivos.
Bibliografía:

Enrique Krauze. (2009). historia. México: Tus Qets.


Colegio de México. (2017). Historia general de México. México Colegio de
México.