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Universidad Central de Venezuela

Escuela de Estudios Internacionales


Cátedra: Integración Económica
Ensayo
Carlos Carreño Zabala
C.I. 22.652.576

La luz de la integración en África

El continente africano es, según algunas teorías, el escenario donde


nació la humanidad. A lo largo de la historia, esta extensión territorial ha
atravesado por infinidad de problemas, desafíos y procesos en el ámbito
político, social, cultural, religioso y económico. Con respecto a este último
punto, los países pertenecientes a esta porción del mundo han tenido que
hacer frente a cuestiones como la pobreza extrema y el desarrollo económico.

Pese a ello, África ha abierto sus puertas a un fenómeno que parece ser
efectivo para superar muchos de los asuntos que, a los ojos del resto del
planeta, la sumergían –y la sumergen- en el atraso y en la invisibilidad. Este
paradigma no ha sido otro que el de la integración económica, de la cual África
ha realizado numerosas e importantes iniciativas.

Bartesaghi y Pereira (2015) en su artículo titulado “Los procesos de


integración en África: Desarrollo en contextos adversos” identifican los
principales esquemas de integración en el continente, así como los más
notables retos que presentan los países africanos en esta materia. Este
estudio, explican sus autores, responde al relevante abordaje que ha tenido
África en la agenda internacional, especialmente en organizaciones
internacionales y en el campo académico.

Para comenzar sus planteamientos, los autores realizan una


contextualización de África como continente. Afirman que esta región reúne a
una gran variedad de Estados que tienen realidades completamente distintas.
De hecho, existen disimilitudes de todo tipo y se trata de un continente de gran
heterogeneidad. Según los autores, las notorias tensiones existentes entre los
países africanos fue lo que originó la firma de acuerdos comerciales y la
creación de iniciativas de integración.

Ahora bien, la integración como fenómeno ha penetrado en el continente


africano tal y como ha hecho en muchos rincones de la tierra. Bartesaghi y
Pereira (2015) sostienen que “el continente africano no ha estado ajeno al
fenómeno del regionalismo que se ha visto reflejado a través de la firma de
acuerdos que dan origen a bloques de integración del tipo económico, los que
buscaron atender en conjunto las diferentes problemáticas que compartían los
países de la región” (p. 2).

Los autores dividen el continente africano en cinco grandes subregiones:


África del Oeste, África del Norte, África del Sur, África del Este y África
Central. Manifiestan que cada una de éstas posee potencialidades comerciales
pero también deficiencias estructurales. Por ejemplo, de África Central indican
que hasta 2013 era la región que poseía un PIB menor. En esta incluyen a
países como la República Democrática del Congo, Chad y Guinea Ecuatorial.

En África del Sur, Bartesaghi y Pereira (2015) destacan el gran


desempeño de Sudáfrica, país miembro de los BRICS (Brasil, Rusia, India,
China y Sudáfrica) y el líder continental en lo político y económico. De esta
subregión, los autores expresan que tiene un notorio papel dentro del
continente debido a la conformación de la Unión Aduanera del África del Sur,
que constituye uno de los procesos de integración de referencia en el
hemisferio.

De África del Oeste, los autores resaltan el rol de Nigeria, cuya


economía es una de las más sólidas del continente. En cuanto a África del
Este, argumentan que, hasta 2013, poseía el segundo peor desempeño
económico detrás de África Central. Finalmente, de África del Norte señalan
que es una de las subregiones más ricas y de gran contribución al PIB
continental porque agrupa a las naciones petroleras, pero que se encuentra
estancada con respecto al desarrollo económico por la inestabilidad política.

Más allá de las particularidades que tienen las distintas subregiones de


África y los países de dicho continente, la integración en estas tierras ha sido
recibida con las puertas abiertas. En palabras de Bartesaghi y Pereira (2015),
“la integración económica en África fue una parte fundamental de la estrategia
de los países tras su independencia de los regímenes coloniales, considerada
como un instrumento para alcanzar la estabilidad y el desarrollo” (p. 8).

En ese sentido, las naciones del continente rápidamente entendieron


que el desarrollo económico era un objetivo que podía alcanzarse de forma
mancomunada ante el fracaso de las medidas tomadas desde cada país. Por
esa razón, los Estados africanos promovieron la constitución de escenarios de
integración y las economías de escala.

Históricamente, África ha realizado muchas iniciativas de integración.


Por ejemplo, en 1958, se instaura la Unión de Estados Africanos y cinco años
más tarde, en 1963, emerge la Organización para la Unidad Africana (OUA).
Pese a ello, ambos entes fueron disueltos.

En el año 1975, aparece la Comunidad Económica de los Estados de


África Occidental (CEDEAO). Esta es quizás una de las iniciativas de mayor
relevancia dentro del continente por sus esfuerzos realizados en favor de la
integración. La CEDEAO cuenta con un Parlamento, un Tribunal y está
integrada por Benín, Burkina Faso, Cabo Verde, Costa de Marfil, Gambia,
Ghana, Guinea, Guinea Bissau, Liberia, Malí, Níger, Nigeria, Senegal, Sierra
Leona y Togo.

La CEDEAO es reconocida por la Unión Africana por ser un bastión


importante en la consolidación de los vínculos de la africanidad. De hecho, es
uno de los entes más grandes (en números de miembros) del hemisferio.

La Comunidad Económica de los Estados de África Central (ECCAS –


CEAAC) se funda en el año 1983. Este ente está integrado por Angola,
Burundi, Camerún, República Centro Africana, Congo, Gabón, Guinea
Ecuatorial, República Democrática del Congo, Santo Tomé y Príncipe y Chad.

En 1989, se crea la Unión del Magreb Árabe (UMA), integrado por


Argelia, Libia, Mauritania, Marruecos y Túnez. En 1991, a través de la firma del
Tratado de Abuya, hace su aparición la Comunidad Económica Africana como
parte de la aún existente OUA. Esta organización promueve el desarrollo
económico, social y cultural conjunto en África, así como la creación de
políticas de cooperación entre las naciones del continente.

La Comunidad de Desarrollo de África Austral (SADC por sus siglas en


inglés) nace en 1992. Esta institución se erigió con los objetivos de defender la
paz y la seguridad, mejorar la calidad, combatir la pobreza, entre otros. La
SADC está conformada por Angola, Botsuana, la República Democrática del
Congo, Lesoto, Madagascar, Malaui, Mauricio, Mozambique, Namibia,
Seychelles, Sudáfrica, Suazilandia, Tanzania, Zambia y Zimbabue.

El año 1994 fue clave en el desarrollo de la integración africana. El


Mercado Común para el Este y el Sur de África (COMESA) surgió en ese año,
en reemplazo de la zona de comercio preferencial, y está conformado por
Burundi, Comoras, República Democrática del Congo, Yibutí, Egipto, Eritrea,
Etiopia, Kenia, Libia, Madagascar, Malawi, Mauricio, Ruanda, Seychelles,
Sudán, Suazilandia, Uganda, Zambia y Zimbabue.

En el propio año 1994, se creó la Unión Económica y Monetaria de


África Occidental (UEMOA). Esta empresa va a reemplazar a la Unión
Monetaria de África Occidental (UMOA), creada en 1963, y destaca porque
cuenta con un Banco Central y una moneda común denominada Franco CFA.
Los Estados integrantes de este organismo son Benín, Burkina Faso, Costa de
Marfil, Malí, Níger, Senegal, Togo y Guinea Bissau.

En 1994 también se consolida la Comunidad de Estados de África


Central (CEMAC), aunque este organismo se remonta a 1959 con el
surgimiento de la Unión Aduanera Ecuatorial (UDE), que en el 1964 da un paso
hacia adelante con la firma del acuerdo que establece la Unión Aduanera y
Económica de África Central (UDEAC). La CEMAC incluye dos iniciativas de
integración adicionales. Por un lado, la Unión Monetaria de África Central
(UMAC) y, por el otro lado, la Unión Económica de África Central (UEAC).

En 1999 irrumpe la Comunidad de África Oriental (EAC), un organismo


cuyos antecedentes hay que ubicarlos en el año 1967 cuando Kenia y Uganda
crean un bloque del mismo nombre –y que desapareció en 1977- para formar
una unión aduanera. La Comunidad de África Oriental (EAC) volvió a aparecer
en el último año del siglo XX con Burundi, Kenia, Ruanda, Tanzania y Uganda,
como miembros. Esta organización incluye al Banco de Desarrollo de África del
Este.

En mayo del año 2001 en Adís Abeba, la capital de Etiopía, nace


formalmente la Unión Africana en sustitución de la OUA, pero que conserva
como organismo a la Comunidad Económica Africana.

La Unión Africana constituye una iniciativa creada para integrar a los


países del continente africano, al estilo de la Unión Europea. Esta institución
comenzó a funcionar en julio del año 2002 en Sudáfrica y es el proyecto que
tiene vigencia y del que han irrumpido las más significativas políticas de
integración en África en lo que va del siglo XXI. Está integrada por 55 países,
todos los Estados africanos.

Como puede apreciarse, son cuantiosos los proyectos de integración


que han existido en África. Bartesaghi y Pereira (2015) sostienen que algo que
llama la atención de estas iniciativas es el nivel de integración asumida.
“Mientras las zonas de libre comercio o los tratados de libre comercio son los
instrumentos mayormente utilizados a nivel internacional, África desplegó la
conformación de uniones aduaneras, instrumento poco flexible para enfrentar la
velocidad de los cambios a nivel internacional, lo que genera afectos adversos
en el éxito de los procesos de integración. Actualmente en la OMC hay
notificadas siete uniones aduaneras en el continente africano” (p. 9, 10).

Las iniciativas de integración de África definitivamente han dado


importantes pasos. Sin embargo, los autores consideran que tiene importantes
obstáculos por delante y se basan en los cuatro puntos citados por el Banco de
Desarrollo Africano: a) Membrecías múltiples de los Estados en varios
procesos de integración; b) Falta de credibilidad en las instituciones; c) Mayor
compromiso de los miembros y d) Armonización de políticas regionales y
nacionales.

A estos elementos habría que añadir, el tema de la inestabilidad política


existente en muchas naciones africanas y la incapacidad de los gobiernos
regionales para prevenir y actuar en conflictos. Otro punto importante es que
muchas de las naciones africanas participan en varios procesos de integración,
lo que a larga trae dificultades. Bartesaghi y Pereira (2015) afirman que esto
“genera que las economías deban aportar financieramente a varios procesos,
lo que en economías con problemas económicos como las africanas es un
problema adicional, sino que también fomenta que coexistan diferentes normas
técnicas (no armonizadas entre sí) que no aporten a un desarrollo integral de la
zona” (p. 25).

Los autores acotan que muchos de estos elementos afectan el comercio


intrarregional y generan dependencia de las importaciones y de las
exportaciones solo de recursos naturales. Pese a ello, Bartesaghi y Pereira
(2015) creen que algunos de los procesos de integración en el continente
deben contemplar la resolución de los problemas estructurales de los países y
opinan que hace falta apoyo de la comunidad internacional.

Lamentablemente, el artículo de Bartesaghi y Pereira fue realizado en un


año en el que África no había avanzado ampliamente en su proyecto de
integración más ambicioso hasta el momento: La creación de una Zona de
Libre Comercio Continental para África. La historia de esta iniciativa comenzó
precisamente a finales del año 2015, cuando se dieron las primeras
conversaciones en el seno de la Unión Africana para el establecimiento del
tratado que crearía la Zona de Libre Comercio africana, uno de los objetivos
fundamentales de la agenda 2063 que fue adoptada en 2013 y que plantea la
transformación del continente en cincuenta años.

El tratado de creación de la Zona de Libre Comercio Continental en


África se firmó exactamente el 21 de marzo del año 2018 tras una cumbre del
organismo en la ciudad de Kigali, la capital de Ruanda. Este acuerdo
representa el establecimiento del área de libre comercio más grande desde que
fue fundada la Organización Mundial del Comercio (OMC) en el año 1995. El
convenio fue ratificado en ese momento por 44, de los 55 miembros que
integran la Unión Africana, y entrará en vigor en 120 días, tras ser ratificado por
los países firmantes. Se espera que el acuerdo entre en vigencia para finales
del año 2018.
Según la Unión Africana, la eliminación progresiva de los derechos de
aduana entre los miembros de la zona permitirá aumentar en un 60% el nivel
de comercio inter-africano hasta 2022, frente al 16% actual. Por otra parte, las
proyecciones de la Comisión Económica de las Naciones Unidas para África
(UNECA) estipulan que la aplicación del tratado podría incrementar el comercio
entre países africano un 52 por ciento antes de 2022.

El Área de Libre Comercio que se pretende crear en África busca


fortalecer los fragmentados mercados del continente y competir en el mundo
con otros grandes bloques. El convenio compromete a los gobernantes de los
países firmantes a eliminar los aranceles sobre el 90% de los bienes y eliminar
progresivamente el resto a largo plazo. Este convenio tendrá impacto sobre
1.200 millones de personas que viven en economías que tienen un Producto
Interno Bruto (PIB) combinado de más de 2 billones de dólares.

La no ratificación de algunos países miembros del Tratado de Creación


de Libre Comercio en África en marzo de 2018 puso en tensión la estabilidad
del acuerdo, principalmente por los casos de Sudáfrica y Nigeria, las dos
potencias del continente y las economías más sólidas. Sin embargo, en julio de
2018 las negociaciones siguieron en Nuakchot, la capital de Mauritania, y
Sudáfrica firmó el tratado y a ella se sumaron Namibia, Burundi, Lesoto y
Sierra Leona para un total de 49 países miembros.

Con respecto a Nigeria, esta señaló en la reunión de julio de 2018 que


debe finalizar el proceso de consulta interno para decidir si sumarse o no al
tratado. La postura de Nigeria se debe probablemente a que su economía ha
resentido los embates de la caída de los precios del crudo en los últimos años.
Para muchos, esta nación está adoptando más bien medidas económicas
proteccionistas. Al final del día, cada país africano –tanto los firmantes del
acuerdo como los que no- le dan un sentido diferente al tema de la integración,
movidos por supuesto por sus propios propósitos económicos y comerciales.

Si bien es un poco apresurado hablar sobre los efectos o las ventajas


que tendrá la iniciativa de creación de la Zona de Libre Comercio Continental
en África, lo más trascendental es que este proyecto reafirma que la
integración económica en el continente tiene una gran acogida. De hecho,
sigue planteándose como un mecanismo para alcanzar el desarrollo económico
en la región. El continente africano continúa dando señales que trabajar juntos
por objetivos comunes facilita los procesos. África demuestra que, pese a ser
una región que históricamente estuvo en la oscuridad, la integración trae una
esperanzadora luz.

Referencias

Bartesaghi, I. y Pereira, M. (2015). Los procesos de integración en África:


Desarrollo en contextos adversos. [En Línea]. Revista PUCE 101 de la
Pontificia Universidad Católica del Ecuador (ISSN 1390 – 7719).
Consultado el 12 de junio de 2018. Disponible en
https://ucu.edu.uy/sites/default/files/facultad/fce/dnii/Los_procesos_de_int
egracion_en_Africa.pdf