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tales actuaciones o sus resultados se traducen en pericias documenta-


das con privilegio legal (art. 788.2 LECrim) o jurisprudencial (informes
cientíicos realizados en laboratorios oiciales).
Por ello, es necesario contar con las mayores garantías posibles en
la ejecución de estas medidas preprocesales llamadas a ser por los tri-
bunales «prueba preconstituida». Como mínimo, habría que garantizar
que el consentimiento del sujeto afectado por la medida, salvo verdade-
ras razones de urgencia o de seguridad para los agentes intervinientes,
se ha prestado con pleno conocimiento de la inalidad de la medida y de
sus consecuencias, esto es, que se trate de un consentimiento expreso y
debidamente informado. Cosa que no es fácil si tenemos en cuenta las
circunstancias en las que suelen desarrollarse tales medidas y la falta de
asesoramiento (objetivo) en cuanto a las consecuencias de las mismas.

3. en partiCular, el valor probatorio de los métodos


alCoHolométriCos

En principio, los métodos alcoholométricos, incardinados en el


atestado, tienen el valor procesal de una denuncia. Sin embargo, el Tri-
bunal Constitucional ha reivindicado al máximo el valor probatorio del
atestado policial cuando éste contiene el resultado de la denominada
prueba de alcoholemia846, hasta el punto de considerarla como prueba
pericial preconstituida.
Así, la STC 100/1985, de 3 de octubre, tras reiterar la doctrina, es-
tablecida a partir de la citada sentencia 31/1981, de 28 de julio, según la
cual el atestado policial tiene valor de denuncia y no de prueba, exigien-
do para que se convierta en auténtico elemento probatorio en el proceso
su reiteración y ratiicación ante el órgano judicial mediante la declara-

846 La expresión «prueba de alcoholemia» se utiliza en sentido vulgar, no jurí-


dico procesal, dado su uso común, puesto que, en puridad, se trata de un
acto de investigación cuyo valor probatorio dependerá de su utilización en
el proceso. Así, huertas Martín: El sujeto pasivo del proceso penal como ob-
jeto de la prueba, cit., pág. 424. En deinitiva, no son auténticas pruebas. En
este sentido, Concepción CarMona salGaDo y Jesús Martínez ruiz: «De
nuevo sobre la ‘inconstitucionalidad’ del artículo 380 del Código Penal, al
hilo de la sentencia del Tribunal Constitucional 161/1997 de 2 de octubre»,
La Ley, 1984-4, ref. D-215, pág. 1523.

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ción testiical de los agentes policiales irmantes del atestado, matiza tal
conclusión en aquellos casos en que en el atestado y en las diligencias
policiales no se producen simples declaraciones de los inculpados o de
los testigos, sino que se practica –preconstituyéndola– una prueba a la
que puede asignarse ‘lato sensu’ un carácter pericial, cuando concurre,
además, la circunstancia de la imposibilidad de su repetición posterior:

«En este caso, aun dejando en claro que el atestado debe ser en
el correspondiente juicio ratiicado por los agentes que lo hayan
levantado, hay que atribuir a su contenido no sólo el valor de la
denuncia para llevar a cabo nuevas actividades probatorias, sino
un alcance probatorio por sí mismo siempre que haya sido prac-
ticada la prueba pericial preconstituida con las necesarias garan-
tías» (f.j.1).

Conceptuación de la prueba de alcoholemia como prueba pre-


constituida que Díaz Cabiale no considera acertado por cuanto si se re-
quiere la presencia de los agentes para ratiicar el atestado, la verdadera
prueba consistirá en su deposición847.
Sobre la peculiaridad del atestado que incluye la denominada
prueba de impregnación alcohólica se pronuncia nuevamente la STC
145/1985, de 28 de octubre, en los siguientes términos:

«De un lado, contiene el resultado de un test practicado con ayu-


da de instrumental técnico especializado al que puede atribuirse

847 Díaz Cabiale: «Cacheos supericiales, intervenciones corporales y el cuerpo


humano como objeto de recogida de muestras para análisis periciales (ADN,
sangre, etc.)», cit., pág. 183. Tras destacar la falta de presencia judicial y au-
sencia de contradicción en la realización de estas «pruebas», señala que no
cabe su acceso al juicio oral mediante la lectura de dichas actuaciones por la
vía de los artículos 730 y 714 LECrim dado su tenor literal. Tampoco cabría
su examen de oicio por el Tribunal ex artículo 726 LECrim, ya que no es
prueba documental. En cambio, Pérez Marín: «Métodos alcoholométricos:
doctrina del Tribunal Constitucional», cit., págs. 837-840, sin desconocer
su valor legal como simple denuncia, considera el atestado policial un do-
cumento de gran importancia al relejar hechos que no persisten hasta la
celebración del plenario pudiendo ser examinado por el juez para ayudar
al esclarecimiento de los hechos, según lo dispuesto en el art. 726 LECrim.
Con todo, airma que no es una prueba preconstituida ni puede ser consi-
derada como prueba indiciaria.

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el carácter de prueba pericial ‘lato sensu’ y, aun cuando no cons-


tituya el único medio posible de investigación del supuesto delic-
tivo, su carácter objetivo le proporciona una especial relevancia.
De otro, resulta prácticamente imposible reproducir durante el
juicio oral la prueba realizada mediante los aparatos oicialmente
autorizados, por referirse a una situación que no persiste hasta la
celebración de la vista de la causa» (f.j.4)

Se contienen aquí los dos requisitos exigidos por la jurisprudencia


para otorgar valor probatorio a los datos contenidos en el atestado: ob-
jetividad e irrepetibilidad848.
La incorporación de dicho atestado al proceso debe respetar, en
la medida de lo posible, los principios de inmediación, contradicción y
oralidad, garantizando al acusado su derecho a la defensa y a un pro-
ceso público con todas las garantías849. Ello implica, en primer lugar,
en garantía del derecho de defensa850, que el interesado tenga conoci-
miento de cuanto pueda contribuir a que la prueba se veriique con las
máximas garantías debiendo ser informado de las posibilidades que la
reglamentación vigente le ofrece respecto a la repetición de la prueba y la
realización de un análisis clínico en un centro sanitario851 –inexcusable

848 Así, asenCio MellaDo: «Los métodos alcoholométricos en la jurispruden-


cia constitucional», cit., pág. 993.
849 Como airma asenCio MellaDo: «Los métodos alcoholométricos en la ju-
risprudencia constitucional», cit., pág. 994, «las tales garantías, que pueden
ser reconducidas a dos, pretenden, esencialmente, salvaguardar el derecho
de defensa facilitando, en primer lugar, que le sea suministrada al sujeto
toda la información posible acerca de sus posibilidades de actuación en el
acto mismo de la práctica de la ‘prueba’ y, en segundo lugar, permitiéndole
en el acto del juicio, la contrastación y veriicación del resultado del test».
850 Destaca GarCía arán: «Conducción de vehículos bajo la inluencia del
alcohol. Ejercicio del derecho constitucional a la defensa», cit., pág. 58,
como, de este modo, el derecho a la defensa se reconoce desde que se ini-
cian las diligencias policiales destinadas a comprobar si es o no posible la
imputación del delito, incluso antes de que ésta se produzca, aunque la
violación de tal derecho se concrete cuando el órgano jurisdiccional falla
basándose en las pruebas incorrectamente obtenidas.
851 Para asenCio MellaDo: «Los métodos alcoholométricos en la jurispruden-
cia constitucional», cit., pág. 994, la omisión de tal información conigurará

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deber de información852 que corresponde a los agentes encargados de la


vigilancia del tráico (ATC 682/1986, de 30 de julio, f.j.2)–. Y, en segun-
do lugar, que no basta la simple lectura o reproducción en el juicio oral

la ‘prueba’ obtenida en una ‘prueba prohibida’ por vulneración del derecho


fundamental de defensa. Igual conclusión sostiene huertas Martín: El
sujeto pasivo del proceso penal como objeto de la prueba, cit., pág. 434, exten-
diendo el deber de información a todos los derechos que asisten al afectado
durante y después de la práctica de la diligencia, así como a las consecuen-
cias de la negativa al sometimiento. Téngase en cuenta, sin embargo, que la
ausencia de la prueba de extracción de sangre no constituirá en todo caso
un supuesto de indefensión material con relevancia constitucional si existen
otras pruebas que acrediten los hechos. Así, el ATC 2/1999, de 13 de enero,
que reitera la doctrina constitucional sobre lo que constituye la esencia de la
indefensión «entendida como limitación de los medios de defensa producida
por una indebida actuación de los órganos judiciales, o, en otras palabras,
aquella situación en la que la actuación judicial impide a una parte, en el
curso del proceso, el ejercicio del derecho de defensa privándole de las fa-
cultades de alegar y, en su caso de justiicar sus derechos e intereses para que
le sean reconocidos, o para replicar dialécticamente las posiciones contrarias
en aplicación del indispensable principio de contradicción (SSTC 89/1986,
112/1987, 114/1988, 6/1990, 1/1995, 106/1993 y 366/1993, entre otras).
Ha señalado también que para que la indefensión tenga alcance constitu-
cional no basta que se haya cometido una irregularidad procesal, sino que
es necesario que ésta tenga una signiicación material, de manera tal que
produzca un efectivo y real menoscabo del derecho de defensa, toda vez que
el recurso de amparo no es una vía orientada a corregir cualquier infracción
procedimental sino exclusivamente aquellas que produzcan, efectivamen-
te, la lesión de un derecho fundamental: en este sentido, SSTC 98/1987,
102/1987, 147/1987, 155/1988, 101/1990, 145/1990 y 188/1993, entre
otras muchas. De esta jurisprudencia se desprende que es necesario que
las situaciones de indefensión se valoren en cada caso concreto» (f.j3). Así
también, la STC 111/1999, de 14 de junio, excluye toda idea de indefensión
material por la omisión de la diligencia escrita de ofrecimiento al recurrente
del análisis de sangre dado que, en el caso concreto, se realizó un tercer
test de alcoholemia ya en el local de atestados con resultado por debajo del
máximo permitido administrativamente (f.j.5).
852 lorente hurtaDo: «La prueba de alcoholemia en la jurisprudencia cons-
titucional», cit., pág. 68, pone de relieve cierta incongruencia entre el deber
de informar al sujeto pasivo de sus derechos con el rechazo de la asimilación
del sometido a estas pruebas a la situación de detenido a los efectos de las
garantías previstas en el art. 17.3 CE.

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sino que es preciso que test sea avalado o complementado en el curso


del proceso para convertirse en prueba de cargo853. Se trata de una labor
de veriicación o complementación del resultado del test que permite
la existencia de una mínima actividad probatoria de cargo idónea para
desvirtuar la presunción de inocencia del acusado854.
Doctrina constante y uniforme reiterada posteriormente en sen-
tencias 148/1985, de 30 de octubre, (f.j.2); 145/1987, de 23 de septiem-
bre, (f.j.2); 22/1988, de 18 de febrero, (f.j.2); 89/1988, de 9 de mayo,
(f.j.1); 5/1989, de 19 de enero, (f.j.2); 3/1990, de 15 de enero, (f.j.1);
222/1991, de 25 de noviembre, (f.j.2); 24/1992, de 14 de febrero, (f.j.2)
y 111/1999, de 14 de junio, (f.j.5)855.
Sintetizando la doctrina jurisprudencial sobre el valor probato-
rio de la prueba alcoholométrica, el auto del Tribunal Constitucional

853 Los medios para complementar la mencionada prueba pueden ser diversos
según la jurisprudencia constitucional. Así, la STC 24/1992, de 14 de fe-
brero, dispone: «...este Tribunal ha admitido la posibilidad de que el resul-
tado del test sea ratiicado, no por los agentes que lo veriicaron, sino por
otros testigos (SSTC 100/1985, 145/1987 y AATC 797/1985, 1421/1987 y
191/1988), por el resultado obtenido con una prueba de extracción de san-
gre (ATC 304/1985), por la declaración del perjudicado (ATC 305/1985),
por las propias circunstancias que rodearon la conducción (ATC 649/1985)
y [...] por la propia declaración del acusado (SSTC 145/1987, 89/1988 y
AATC 62/1983 y 1079/1987)» (f.j.3). En idénticos términos, ATC 2/1999,
de 13 de enero, f.j.2.
854 asenCio MellaDo: «Los métodos alcoholométricos en la jurisprudencia
constitucional», cit., pág. 994-995. Así también, GóMez Pavón: «La juris-
prudencia constitucional sobre la prueba de alcoholemia», cit., pág. 1007;
Pérez Marín: «Métodos alcoholométricos: doctrina del Tribunal Constitu-
cional», cit., pág. 833.
855 La doctrina establecida en las citadas resoluciones lleva a lorente hurta-
Do: «La prueba de alcoholemia en la jurisprudencia constitucional», cit.,
pág. 67, a airmar, si bien se reiere concretamente a las sentencias 100, 145
y 148 de 1985, que «aunque no se lleve a cabo una catalogación doctrinal
rigurosa del tipo de prueba que incorpora, la prueba de alcoholemia practi-
cada por la Policía Judicial trasciende, según la doctrina constitucional, del
mero carácter de atestado, y cuando se incorpora formalmente al proceso
con todas las garantías, mediante su ratiicación en el juicio oral, puede
constituir un medio de prueba apto para desvirtuar la presunción de ino-
cencia».

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de fecha 13 de enero de 1999, núm. 2/1999, establece que su eicacia


está supeditada «por una parte a que se haya practicado con las nece-
sarias garantías formales al objeto de preservar el derecho de defensa
–lo que conlleva la posibilidad de un segundo examen alcoholométri-
co y, en su caso, la práctica médica de un análisis de sangre– y, de otro
lado, a su incorporación al proceso de manera que sea susceptible de
someterse a contradicción en el juicio oral o, por lo menos, que el test
haya sido ratiicado a presencia judicial durante el curso del procedi-
miento.» (f.j.2)
En deinitiva, para la doctrina constitucional, la denominada
prueba de alcoholemia constituye una prueba pericial preconstituida856
y cuando los test de alcoholemia no cumplan los requisitos exigidos
para convertirse en pruebas preconstituidas, podrán ser considerados,
cuando menos, «prueba indiciaria», según la STC 89/1988, de 9 de
mayo, (f.j.1)857.

856 Así, lorente hurtaDo: «La prueba de alcoholemia en la jurisprudencia


constitucional», cit., pág. 66; huertas Martín: El sujeto pasivo del proce-
so penal como objeto de la prueba, cit., pág. 474. Según GiMeno senDra:
Derecho Procesal Penal, cit., págs. 421, las denominadas «pruebas alcoho-
lométricas» participan de la naturaleza de prueba instructora preconsti-
tuida, pues si bien el Tribunal Constitucional en una primera jurispruden-
cia les negó cualquier valor probatorio al trasladarles mecánicamente la
doctrina del atestado policial y la presunción de inocencia (que conigura
el atestado como una simple denuncia), posteriormente evolucionó con-
iriéndoles la naturaleza jurídica de prueba pericial preconstituida. Para
serrano hoYo: «La nueva regulación de las pruebas de alcoholemia. Su
valor probatorio en la jurisprudencia constitucional», cit., pág. 866, su
naturaleza es híbrida y goza de los caracteres de prueba pericial lato sen-
su, preconstituida (no anticipada), documentada (no documental) e indi-
ciaria. En contra de la teoría de la «preconstitución de la prueba», Díaz
Cabiale: «La admisión y práctica de la prueba en el proceso penal», cit.,
pág. 227.
857 En contra, Pérez Marín: «Métodos alcoholométricos: doctrina del Tribu-
nal Constitucional», cit., págs. 839-840, no considera razonable aceptar la
naturaleza indiciaria estos métodos de investigación porque «tales controles
o análisis tampoco vienen siendo considerados pruebas en las que el juez
o tribunal pueda basar el razonamiento de su decisión», sin olvidar que la
constatación de un determinado nivel de alcohol en sangre no supone por
sí mismo más que una infracción de una norma reglamentaria.

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