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CONSERVACIÓN

PREVENTIVA EN MUSEOS,
EXPOSICIONES Y
MONUMENTOS

LA CONSERVACIÓN PREVENTIVA: DE CONCEPTO A


DISCIPLINA

Unidad Didáctica 3:
Principios de Intervención en Bienes
Culturales Mueble.
CONSERVACIÓN PREVENTIVA EN MUSEOS, EXPOSICIONES Y MONUMENTOS
LA CONSERVACIÓN PREVENTIVA: DE CONCEPTO A DISCIPLINA.
3. Principios de intervención en bienes culturales mueble.

UNIDAD PRINCIPIOS DE
DIDÁCTICA
INTERVENCIÓN EN

3 BIENES CULTURALES
MUEBLE

SUMARIO

1. INTRODUCCIÓN ................................................................................................................ 3

2. DE LA RESTAURACIÓN A LA CONSERVACIÓN PREVENTIVA. EVOLUCION


DEL CONCEPTO DE CONSERVACIÓN Y PATRIMONIO CULTURAL: UNA
PERSPECTIVA INSTITUCIONAL .......................................................................................... 5

3. LA CONSERVACIÓN HOY: HACIA LA PREVENCIÓN. NUEVOS FACTORES A


TENER EN CUENTA ............................................................................................................. 19
3.1. CONCEPTO ACTUAL DE CONSERVACIÓN PREVENTIVA ................................... 25
3.2. LA VIA CIENTÍTICA ..................................................................................................... 26
3.3. LA VIA PROFESIONAL ................................................................................................ 27
3.4. LA VIA EDUCATIVA .................................................................................................... 27
3.5. LA VIA SOSTENIBLE ................................................................................................... 28

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LA CONSERVACIÓN PREVENTIVA: DE CONCEPTO A DISCIPLINA.
3. Principios de intervención en bienes culturales mueble.

 DESARROLLO DE LA UNIDAD

3. PRINCIPIOS DE INTERVENCIÓN EN
BIENES CULTURALES MUEBLE

1. INTRODUCCIÓN

Los principios teóricos que actualmente guían la mayor parte de las intervenciones de
conservación-restauración son deudores de la importante evolución que ha experimentado el concepto
de patrimonio cultural en el siglo XX. Una evolución que se refiere no sólo a la ampliación ilimitada y
cada vez más difusa de lo que se entiende por bien cultural, sino al cambio de actitud hacia lo que
significa su protección.

El carácter histórico o artístico que tradicionalmente identificaba a los bienes dignos de


protección perderá su primacía con la inclusión de nuevas categorías cuyo elemento común de
identificación será el valor cultural, es decir, todos aquellos que constituyen una manifestación o
testimonio significativos de la civilización humana. La introducción de corrientes antropológicas y
sociológicas en la historia del arte conduce a la afirmación de los valores sociales y documentales del
patrimonio en detrimento de los valores de belleza, singularidad y monumentalidad, hasta entonces los
únicos parámetros tenidos en cuenta. Se ha evolucionado hacia un concepto más horizontal de
patrimonio cultural al considerarse que lo que lo define no es su valor universal excepcional, sino su
vínculo con la sociedad, la consideración del patrimonio como cauce de desarrollo humano.

Los criterios de conservación y restauración de los bienes culturales muebles también se han
construido a partir del pensamiento crítico de algunos teóricos del siglo XX, entre los que sobresale
Cesare Brandi y su seguidor Paul Philippot, quienes desarrollaron un marco ideológico de gran calado
en la práctica de esta profesión hasta nuestros días. La teoría de la restauración de Brandi, basada
fundamentalmente en la renuncia a toda intervención creativa y en la discernibilidad de las
reintegraciones, ha sido durante largo tiempo un referente básico para definir criterios de intervención
en conservación y restauración.
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3. Principios de intervención en bienes culturales mueble.

Y por último, un tercer aspecto que ha contribuido de manera significativa a lo largo de la pasada
centuria al desarrollo de los criterios actuales de conservación y restauración ha sido la incorporación
de la ciencia al estudio de los bienes culturales. La investigación científica en el campo de la física, la
química y la biología ha facilitado un conocimiento más amplio y objetivo de las características
materiales de los objetos culturales y de sus procesos de deterioro. Ello aceleró la evolución de la
práctica profesional hacia una concepción más científica y técnica y hacia una mayor conciencia de la
necesidad de la prevención sobre la restauración.

Desde los años 30 se constata una voluntad internacional por actuar conjuntamente en la
protección y conservación del patrimonio y de los museos, y desde organismos o colectivos
profesionales internacionales se empiezan a promover instrumentos que regulen las acciones y
establezcan criterios comunes. Estos documentos, de carácter jurídico y político unos, o solamente
profesional otros, recogerán en sus postulados y directrices el desarrollo teórico del siglo XX sobre el
significado de restauración, conservación y patrimonio cultural, así como el positivismo generado por
los avances científicos en el campo del arte y el patrimonio en general.

Las Convenciones son los únicos instrumentos de carácter vinculante jurídicamente. Son textos
emanados de organismos internacionales, como UNESCO o el Consejo de Europa, que deben ser
aprobados por un comité de ministros y ratificados individualmente por cada Estado. Cada país
firmante debe adaptar su legislación al texto de la Convención. Las Declaraciones y las
Recomendaciones son documentos de carácter político proclamadas por los ministros o asambleas
parlamentarias, pero carecen de vinculación jurídica. Las Cartas sobre patrimonio cultural tratan en su
mayoría sobre aspectos más teóricos de la restauración. Suelen ser documentos elaborados por
colectivos profesionales internacionales que se comprometen con su firma a seguir unos códigos éticos
y deontológicos, pero no tienen carácter jurídico ni político.

Todos estos documentos sobre patrimonio cultural, emitidos desde grupos profesionales o
instancias políticas internacionales, han ido contribuyendo a desarrollar un concepto de prevención
cada vez más autónomo, con un mayor peso respecto a otras actividades de la conservación. Los
motivos pueden atribuirse a varios factores: por un lado el predominio de los valores documentales
sobre la dimensión estética, que afianza el sentido de la mínima intervención; por otro, el positivismo
generado por el peso de lo científico; y por último, la propia evolución de un sector importante de la
profesión hacia contextos museográficos, más orientados hacia la prevención.

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2. DE LA RESTAURACIÓN A LA CONSERVACIÓN PREVENTIVA.


EVOLUCIÓN DEL CONCEPTO DE CONSERVACIÓN Y
PATRIMONIO CULTURAL: UNA PERSPECTIVA INSTITUCIONAL

El primer organismo que va a iniciar y potenciar la elaboración de documentos de compromiso


internacional sobre criterios y códigos éticos en protección, conservación y restauración de patrimonio
cultural fue la OIM (Office International del Musées), antecedente del actual ICOM (Internacional
Council of Museums). Creado en 1926 en el seno de la Sociedad de Naciones, se trata del primer
organismo de cooperación internacional en materia de patrimonio cultural, cuyo fin era promover y
coordinar proyectos de investigación y documentación relacionados con los museos. Hasta el año 1945
en que fue clausurada para crearse el actual ICOM, la OIM centró su actividad en proyectos
museográficos de contenido práctico ya que la polarización ideológica del periodo prebélico impidió
desarrollar otras propuestas museológicas relacionadas con temas educativos y sociales de los museos.
Por ejemplo, promovió estudios y proyectos sobre organización y montaje de exposiciones,
almacenaje de museos, sistemas de exhibición, iluminación, seguridad, transporte y embalaje,
condiciones climáticas, conservación y restauración e investigación científica aplicada al estudio de
las obras de arte y arqueología. Se puede decir que con la creación de la Oficina Internacional de
Museos se inicia la museografía como actividad profesional y la conservación preventiva como
disciplina moderna.

Otra de las misiones de la OIM era organizar reuniones de expertos internacionales para tratar
conjuntamente temas relacionados con los museos y el cuidado de sus colecciones. La primera fue ′la
Conferencia Internacional para el estudio de los métodos científicos aplicados al examen y la
conservación de las obras de arte′ (Roma, 1930). En ella participaron físicos, químicos, historiadores
del arte, restauradores y arqueólogos de todo el mundo con el propósito de analizar los principales
problemas de conservación que amenazaban a las obras de arte y arqueología y las posibilidades de la
ciencia para su diagnóstico y búsqueda de soluciones. Se reconocía también la necesidad de actuar de
modo interdisciplinar y en estrecha colaboración internacional.

En este encuentro se dio por primera vez una mayor relevancia a la “conservación” frente a la
“restauración”. El interés de la Conferencia no se centró en fijar unos límites éticos sobre el
tratamiento de la imagen de los objetos, como podían ser, por ejemplo, las operaciones de limpieza o
reconstrucción, sino en conocer mejor los procesos de deterioro y encontrar soluciones adecuadas para
frenar o eliminar sus causas. Este cambio en las prioridades modificó sustancialmente la actitud de los

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profesionales, que reclamaban la necesidad de realizar exámenes científicos para intervenir en las
obras y de una mayor cualificación para los restauradores, basada en los conocimientos humanísticos y
científicos y no solamente en las habilidades artesanales y artísticas. La Conferencia de Roma impulsó
unas actitudes más conservacionistas al potenciar la incorporación de la ciencia al estudio de las obras
de arte y de los factores y procesos de degradación.
Durante sus sesiones se decidió estudiar por parte de un comité de expertos formado por
químicos, físicos, biólogos, historiadores del arte y restauradores, los problemas de conservación de
las obras de arte y arqueología (se empezaría por la pintura de caballete), cuyos resultados se volcarían
en un manual. En estos estudios se daría prioridad a los aspectos de higiene de los edificios, a la
conservación de los objetos y sistemas de prevención del deterioro. En esta línea el Comité de
expertos nombrado por la Conferencia publicó en 1933 unas recomendaciones técnicas dirigidas a
directores de museos y colecciones que serán el antecedente del futuro manual de 1939. En ellas se
resaltaba la necesidad del estudio científico y de la cualificación profesional de los restauradores, que
debían estar preparados para los nuevos objetivos de la profesión.

Paralelamente la OIM empezó a publicar en su revista Museion, editada entre 1927 y 1946,
numerosos artículos sobre estudios científicos relativos a los efectos de la humedad relativa y la
temperatura sobre la conservación de los materiales, sobre sistemas de acondicionamiento climático
para museos, de filtración de aire, de iluminación, de prevención de incendios, sobre sistemas y
materiales adecuados de almacenaje, embalaje y transporte de obras de arte, sobre métodos de examen
científico y, por supuesto, estudios sobre los procesos de deterioro de los materiales y métodos de
conservación.

Una buena parte de los artículos trataban sobre las condiciones técnicas en que se debían
desarrollar las exposiciones temporales. En la década de los 30 las exposiciones internacionales se
difundieron extraordinariamente, y ya en estos artículos se recogía la inquietud de muchos expertos, e
incluso algunas denuncias, sobre las consecuencias que podían tener los continuos movimientos para
la conservación de las piezas. Se ponían de relieve los riesgos a los que se expone la integridad de las
obras con los desplazamientos continuos, los cambios bruscos de humedad y temperatura y las
vibraciones e impactos, difíciles de evitar en los transportes. Se recordaba a los directores de museos
que los viajes frecuentes aceleran el deterioro de las obras, se hacía una llamada a la moderación y
solicitaba de la OIM que tratara esta cuestión. Se reclamaba también que se estableciera un reglamento
de exposiciones más severo en el que se tuviera en cuenta la fragilidad de algunas obras para la
política de préstamos así como de transporte de obras de arte, y se insta a espaciarlas lo más posible.

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El manual de conservación de pintura de caballete sobre el que se comenzó a trabajar en la


Conferencia de Roma salió a la luz en 1939 con el título de Manuel de la Conservation et
Restauration des Tableux (París, 1939). La primera parte se dedicó a la conservación de la pintura:
desde los exámenes previos rutinarios y el informe de estado de conservación, la realización de
inspecciones periódicas, los métodos de examen físicoquímicos aplicados al estudio de la pintura y a
su estado de conservación, la influencia de las condiciones ambientales (luz, humedad relativa,
temperatura), soluciones propuestas sobre ventilación, climatización, iluminación y purificación del
aire, sistemas de exposición (enmarcado, vidrios, fijación a los marcos, a la pared), mantenimiento,
medidas para el almacenaje, la protección contra el fuego, el transporte y el embalaje, hasta aspectos
menos prácticos como principios éticos para el retoque y la limpieza.
A pesar de la poca difusión que tuvo este manual –sale cuando comienza la segunda guerra
mundial y la OIM queda inactiva hasta su clausura definitiva en 1946- constituyó un hito por ser la
primera metodología de conservación preventiva publicada en forma de manual o guía que sistematiza
los conocimientos reunidos hasta el momento sobre conservación desde el punto de vista científico y
técnico, con una visión práctica de aplicación y con una completa bibliografía. Se puede decir, pues,
que tanto esta publicación como los artículos aparecidos en la revista Mouseion son los primeros
estudios publicados sobre conservación preventiva.

La OIM organizó un año después en Atenas otra reunión de expertos, la ′Conferencia


Internacional para la Conservación del Patrimonio Artístico y Arqueológico′ (Atenas, 1931),
dedicada a conservación y restauración de monumentos artísticos e históricos, donde se redactó la
famosa Carta de Atenas. En ella se recogió toda una serie de premisas teóricas que venían
formulándose desde finales del siglo XIX, las del llamado ′Restauro científico′, cuyos principales
representantes serán Camilo Boitio y Gustavo Giovannoni.

La Carta de Atenas es el primer documento en declarar que la protección y conservación del


patrimonio artístico y arqueológico de la humanidad incumbe a todos los Estados y los insta a
colaborar conjuntamente. Precursor de todas las normativas posteriores, en el documento se codifican
en 10 puntos los criterios de restauración, en los que se proponía el respeto a la obra histórica (vemos
el abandono gradual de las reconstrucciones integrales), se instituye el principio de las
reconstrucciones reconocibles y se declara la necesidad de no trasladar las obras fuera de su contexto y
de realizar estudios previos sobre las causas de alteración. La Carta de Atenas constituyó, pues, el
primer documento internacional sobre criterios de restauración y políticas de protección y será la base
de muchas legislaciones europeas sobre patrimonio cultural, entre ellas la Ley española de Patrimonio
Histórico de 1933.

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Tres años después la OIM celebró otra reunión profesional de gran significado para la
conservación preventiva: la Conferencia sobre Arquitectura y Acondicionamiento de los Museos
de Arte (Madrid, 1934). En ella se reunieron expertos mundiales para discutir aspectos relativos al
acondicionamiento de edificios para albergar colecciones museísticas, como temas de seguridad,
condiciones ambientales, iluminación, almacenaje, protección contra el fuego y la humedad, etc. La
actividad de la conservación preventiva se iba enriqueciendo con las investigaciones científicas y las
experiencias museísticas y se consolidaba como disciplina.

Otra cuestión a la que la OIM dedicó especial atención fue a la salvaguarda de los monumentos y
obras de arte en tiempo de guerra. Las consecuencias de la Primera Guerra Mundial habían sido
devastadoras para el patrimonio artístico europeo, por lo que uno de los primeros objetivos de la OIM
fue promover un tratado internacional que evitara su destrucción en casos de conflictos bélicos. Con
este fin se creó un comité de expertos formado por conservadores de museos, juristas y militares. Sin
embargo, las circunstancias políticas del periodo previo a la Segunda Guerra Mundial no facilitaron
los acuerdos y sólo se pudieron elaborar unas recomendaciones técnicas que se publicaron en 1939
con el nombre de La Protection des Monuments et oeuvres d’Art en Temps de Guerre (París, Institut
International de Coopération Intellectuelle, Office International des Musées). Los estudios y
recomendaciones volcados en este manual, muchos de ellos extraídos de las experiencias practicadas
en la Guerra Civil española, trataban sobre instalación de depósitos, condiciones ambientales,
transporte, manipulación, embalaje, etc., por lo que serán de gran interés para el desarrollo de la
conservación preventiva.

Al acabar la Segunda Guerra Mundial en 1945 se crea la ONU, e inmediatamente se decide


organizar una agencia especializada en el campo de la educación, la ciencia y la cultura, la UNESCO,
cuya función sería contribuir a la cooperación internacional en conservación, progreso y difusión de la
cultura “velando por la conservación y la protección del patrimonio universal de libros, obras de arte y
monumentos históricos y científicos y recomendando a los pueblos interesados las convenciones
internacionales que sean necesarias para tal fin”.
En la Primera Conferencia de la ONU, celebrada en 1946, un grupo de profesionales
internacionales acordaron establecer el Consejo Internacional de Museos (ICOM) que
inmediatamente será reconocido por la UNESCO. La limpieza de pinturas fue el tema que monopolizó
la Primera Conferencia General del ICOM (París, 1948), a raíz de una viva polémica suscitada por las
restauraciones realizadas en la Galería Nacional de Londres, cuyos criterios de limpieza fueron
discutidos por destacadas personalidades del mundo de la historia del arte, la crítica y la restauración,

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como Cesare Brandi, René Huygue, Keneth Clarck, Ruhemann, o, algo después, Ernst Gombrich y
Rees Jones. En este congreso se decidió crear la “Comisión Internacional para la Limpieza y
Restauración de Pinturas”, y en 1950 se crea otra comisión para los estudios científicos. Con la unión
de ambas comisiones en el año 1966 se constituirá el CC-ICOM (Committee for Conservation ICOM),
el gran promotor a partir de entonces de los principales congresos internacionales de conservación de
bienes culturales, en donde se darán a conocer los últimos avances en este área profesional. El grupo
de trabajo de Conservación Preventiva, hoy día uno de los más activos, se crea en el congreso de
Edimburgo de 1996. Hasta entonces los temas de conservación preventiva se trataban en grupos
diferentes, como por ejemplo en el congreso de Washington de 1993, en el que participaron los de
Conservación de obras de arte en tránsito, Iluminación y control de clima y Control del Biodeterioro
del congreso anterior.

Otro organismo clave para la implantación y evolución de la Conservación Preventiva es el IIC


(Internacional Institute for Conservation of Historic and Artistic Works), creado en 1950 ante la
necesidad que se constataba al acabar la guerra de colaborar internacionalmente en el terreno
científico. Plederleith, Rawlins (conservador jefe de la Galería Nacional de Londres) y Coremans
gestaron su creación e hicieron un llamamiento a la colaboración de los demás países. Pronto se unirá
a la iniciativa George Stout y Rutherford J. Gettens, editores de la revista Technical Studies of the Fine
Arts, de la Universidad de Harvard (1932-1942), que servirá de inspiración a Studies in Conservation,
la publicación científica sobre conservación de mayor prestigio, editada hasta la fecha por el IIC.
Bajo el auspicio también de la UNESCO se crea en 1959 el ICCROM (International Centre for the
Study of the Preservation and Restauration of Cultural Property), un organismo cuyo fin sería
asesorar internacionalmente en problemas de conservación y formar a especialistas en este campo. Los
cursos de conservación preventiva organizados ininterrumpidamente durante muchos años a cargo de
Gaël de Guichen han sido un referente clave para la formación y especialización de profesionales de
todo el mundo.

El Consejo de Europa, creado en 1949, será otro organismo muy importante para la cooperación
cultural europea. Como la UNESCO, ha dedicado a lo largo de los últimos sesenta años numerosas
acciones para la protección y conservación de los bienes culturales a través de sus Convenios,
Recomendaciones y Resoluciones, como es el ′Convenio Cultural Europeo′ (París, 1954), por el que
los Estados europeos se obligaban a adoptar las medidas convenientes para salvaguardar su aportación
al patrimonio cultural común de Europa y fomentar su desarrollo, o el ′Convenio Europeo para la
protección del Patrimonio Arqueológico′ (Londres, 1969).

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La firma de un tratado internacional sobre protección de monumentos y obras de arte en época de


guerra no se conseguirá hasta nueve años después de la Segunda Guerra Mundial con la Convención
de la UNESCO sobre ′Protección de los Bienes Culturales en caso de Conflicto Armado′ (La Haya,
1954). Esta Convención introduce por primera vez internacionalmente la expresión ′bienes culturales′
reemplazando a las antiguas categorías, mucho más restrictivas, de ′objetos artísticos′, ′bellas artes′,
′monumentos′. De igual modo, el término ′patrimonio histórico′ será sustituido por el de ′patrimonio
cultural′, que no se define como aquel por parámetros cronológicos y se refiere, en un concepto más
amplio, a las manifestaciones y testimonios significativos de la civilización humana. Por ′bienes
culturales′ se entiende no sólo las obras de arte, sino también objetos e inmuebles de interés histórico,
arqueológico, o etnográfico, libros, archivos, colecciones científicas, historia natural, etc. Otro rasgo
destacado de la Convención de La Haya es su alusión a la importancia que tiene la conservación del
patrimonio cultural para todos los pueblos del mundo y la obligación de adoptar medidas de
protección de carácter internacional. Se reconoce la responsabilidad internacional en la protección de
los bienes culturales, un objetivo e interés común a todos los países, que deben unir sus esfuerzos para
lograrlo y cooperar conjuntamente.

A partir de la Convención de La Haya de 1954 la UNESCO promoverá muchos otros


instrumentos, desde tratados internacionales a una larga lista de recomendaciones sobre protección y
conservación de determinadas categorías de bienes o sobre ciertos aspectos de la protección.
Otro documento que contribuirá significativamente a afianzar una nueva visión en el concepto de
bien cultural y a asentar nuevos criterios de restauración fue la Carta de Venecia, redactada en el
Congreso de Arquitectos y Técnicos de los Monumentos Históricos de Venecia en 1964. Esta Carta,
que revisa y amplía la de Atenas, establece un concepto de bien cultural más amplio y dinámico al
comprender “no sólo las grandes creaciones sino también las obras modestas que, con el tiempo han
adquirido un significado cultural” (art. 1º). Define la conservación como una disciplina que reclama la
colaboración de todas las ciencias y las técnicas y cuyo fin es salvaguardar tanto la obra de arte como
el testimonio histórico.
A pesar de referirse sólo a bienes inmuebles, este documento tuvo una importante repercusión en
las obras de arte y objetos arqueológicos al incorporar la importancia del entorno y el equilibrio entre
el monumento y el medio, y al subrayar la necesidad de no separar los elementos decorativos del
inmueble. Introduce unos principios básicos como son el respeto a las aportaciones de las diferentes
épocas y la integración armónica pero diferenciada de la parte restaurada. La restauración debe ser una
operación de carácter excepcional, que se detiene dónde comienza la hipótesis.

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Por lo que respecta a los bienes muebles, el referente teórico más importante durante las cuatro
últimas décadas, a pesar de ser sólo de ámbito italiano, ha sido la Carta italiana del Restauro de
1972, ampliada y revisada en 1987 bajo el nombre de ′Carta de la Conservación y Restauración de
los objetos de arte y cultura′. La gran novedad de estas Cartas es que incluyen, por primera y única
vez, instrucciones de obligado cumplimiento para la intervención en pintura de caballete, mural,
escultura, objetos arqueológicos, libros y documentos de archivo, es decir, son los primeros
documentos que se ocupan de los criterios sobre bienes muebles. Otros instrumentos anteriores y
posteriores de carácter internacional se limitan al patrimonio arquitectónico, urbanístico, paisajístico,
arqueológico, o tratan otros aspectos de la protección de los bienes culturales.

A pesar de ser una normativa sólo para Italia, esta Carta tuvo una amplia repercusión fuera de sus
fronteras al no haberse dado en otros países un esfuerzo similar por marcar unas directrices comunes
en la conservación y restauración de bienes muebles. Se basaba en cuatro principios fundamentales:
renuncia a toda intervención creativa o modificación de la integridad de la obra; reconocimiento o
diferenciación de los añadidos o reintegraciones; reversibilidad y documentación. Con base en estos
principios se rechazaban las recomposiciones de estilo o analógicas, aunque estén documentadas; la
eliminación de los añadidos históricos, a menos que disturben o sean incongruentes con la integridad
de la obra; los traslados a emplazamientos distintos de los originales, siempre que no sean
determinantes para su conservación; las alteraciones de las condiciones ambientales en las que ha
llegado la obra hasta nuestro tiempo; y toda alteración o eliminación de pátinas. En pintura y escultura
policromada se debía respetar la pátina y los posibles barnices antiguos siempre que no sean causa de
degradación. Para todas las otras clases de obras las limpiezas no deberán llegar a la superficie
desnuda de la materia de la que constan las propias obras.

En cuanto a la reconstrucción, se permitía la de los elementos perdidos verificados


históricamente, la incorporación de elementos perdidos no identificados pero que son necesarios para
la comprensión y mantenimiento físico de la obra y la anastilosis documentada con seguridad y
recomposición de obras fragmentadas. Pero debía hacerse con técnicas y materiales que permitan la
diferenciación del original a simple vista. No reconocer el añadido o reintegración puede favorecer un
error de lectura o falsificación, es decir, un ′falso histórico′.

El principio de la reversibilidad se refería a operaciones de reconstrucción fundamentalmente. Las


intervenciones deben poder eliminarse sin daños para la obra ya que los materiales se alteran con el
tiempo y pueden llegar a ser perjudiciales, y porque en el futuro pueden aparecer materiales y técnicas
más adecuados.

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Los principios recogidos en estas normativas tienen su fundamento en la Carta de Venecia y en la


doctrina de la ′Restauración crítica′ surgida a mediados del siglo XX en Italia, uno de cuyos máximos
representantes, Cesare Brandi, y sus seguidores Paul Philippot, Umberto Baldini y otros, desarrollaron
un sólido marco teórico para la práctica de esta disciplina.

La teoría de la restauración de Cesare Brandi ha sido un referente básico para definir criterios y
justificar el alcance de muchas intervenciones, en especial aquellas más controvertidas como la
limpieza de superficies, la reconstrucción de pérdidas y el tratamiento de los añadidos históricos. Estas
operaciones, de restauración propiamente dichas, se realizan por lo general en virtud de unas
exigencias estéticas que no se discuten, tratándose de obras de arte, pero que entran en tensión con la
historicidad de la obra y sus intrínsecos valores documentales.

El teórico italiano mantenía que toda obra tiene una doble historicidad, la que corresponde al
momento de su creación, que hace referencia a un artista, un tiempo y un lugar determinados, y la del
momento actual en que se encuentra la obra. Habría que añadir un tercer momento intermedio: el
tiempo transcurrido desde su creación hasta el presente actual, que también imprime su huella en la
obra. Según Brandi, el momento en el que se debe insertar la intervención de restauración es el
presente actual: “La restauración debe tender al restablecimiento de la unidad potencial de la obra,
sin caer en un falso estético ni en un falso histórico, y sin borrar ninguna traza del paso del tiempo y
de la historia”. Pero reconoce también que hay que valorar caso por caso. Brandi, -que definió ambas
instancias, la estética, por la que se reconoce como obra de arte, y la histórica, como producto del
quehacer humano-, mantenía que en una obra de arte no se puede obviar la instancia estética porque su
singularidad respecto a los otros productos humanos “no depende de su consistencia material, ni
siquiera de su doble historicidad, sino de su condición artística” (Brandi 1988).

El problema de la eliminación o conservación de las sucesivas intervenciones puede tener


diferentes soluciones según el valor conferido a una u otra instancia. Brandi y Philippot, a los que se
añadirá más tarde Umberto Baldini, sostenían que en el caso de las obras de arte hay que dar prioridad
a la instancia estética porque ésta es su razón de ser. Se debe partir, pues, de una hipótesis crítica:
decidir si ciertas intervenciones tienen o no el carácter de arte, y si no hacen otra cosa que enmascarar
u ofender el original. Defienden la conservación de los añadidos cuando constituyan una nueva unidad
artística sin pretensiones de asimilarse con el original, pero determinadas intervenciones es legítimo
abolir, hay que dar el justo valor a la historia.

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La teoría brandiana dejó su impronta en el tratamiento de una de las operaciones más complejas
de la restauración y que más polémicas ha generado, la limpieza de superficies, al contribuir con sus
argumentos al asentamiento de la tradición de la limpieza parcial, selectiva o diferenciada, que
respetaba la pátina como elemento propio de la historicidad de la obra. Lo mismo se puede decir de la
reintegración cromática, que a partir de su concepción de la laguna y el tratamiento diferenciado, se
desarrolló la técnica del rigatino o tratteggio como método discernible para conciliar el valor estético
de la obra con el histórico, sin borrar el paso del tiempo.

Así pues, tanto en la limpieza como en otras intervenciones de restauración en las que se produce
una confrontación entre los criterios históricos y estéticos, el restaurador debe adoptar una hipótesis
“crítica” para tomar las decisiones. Debe decidir si ciertas intervenciones tienen o no el carácter de
artísticas, y si no hacen otra cosa que enmascarar u ofender el original.

La Carta italiana del Restauro de 1972 se inspiró en las ideas de Brandi y del Restauro crítico
para los postulados relativos a la discernibilidad de las reintegraciones, el tratamiento de lagunas y de
añadidos históricos, la limpieza de superficies y tratamiento de las pátinas… es decir, las
intervenciones que interesan a la restauración propiamente dicha, en las que entran en juego
valoraciones más subjetivas. Pero este documento afianzó otros principios que tendrán un fuerte
implante: la necesidad del estudio y documentación, aplicada a las diferentes fases de la intervención y
a la recogida de datos sobre elementos añadidos, tecnología y materiales empleados en cada etapa
histórica de la obra y la prioridad de la conservación sobre la restauración, así como la intervención
mínima. Cada intervención aleja más al objeto de su estado y aspecto originales, lo expone a una
pérdida de información sobre su constitución e historia y puede implicar también unos cambios y
tensiones físicas importantes. Todo ello, unido al aprendizaje de que son pocos los materiales y
técnicas que ofrecen suficientes garantías de reversibilidad e inalterabilidad a lo largo del tiempo, ha
llevado a actitudes más conservacionistas.

El interés por la documentación de la obra como fase obligada en cualquier intervención entra en
relación con el concepto de bien cultural y su influencia en la forma de concebir su conservación. A
partir de las conclusiones de la Comisión Franceschini, creada por el gobierno italiano en 1964 para
la reforma legislativa sobre su patrimonio histórico, se desarrolla la llamada “doctrina de los bienes
culturales” cuyo propósito era determinar qué es lo que define el valor cultural de un objeto o
monumento para que sea merecedor de la protección jurídica. Esta doctrina ha sido una importante

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base de referencia hasta la actualidad para el derecho del patrimonio cultural de muchos países. Según
ella, el valor cultural es lo que caracteriza a todos aquellos bienes que incorporan “una referencia a la
historia de la civilización” y constituyen, por tanto, un “testimonio material dotado de valor de
civilización”. La cultura es “el conjunto de modos de vivir, pensar y sentir de los hombres en el
tiempo y en el espacio”. Este elemento identificador común que denominan ′valor cultural′ es lo que
permite un tratamiento común para su protección y, por tanto, la elaboración de una legislación basada
en ello.

El ′valor cultural′ es el elemento de identificación común de los bienes considerados culturales,


pero la dificultad está en cómo se reconoce, ya que no es un valor absoluto sino relativo. Viene
determinado por lo que cada grupo social considere relevante para sí mismo en un momento
determinado, depende de un juicio de valor, el que le atribuya la sociedad:

“El reconocimiento del valor cultural de un objeto depende de lo que la sociedad


considera como relevante en sí mismo en cada momento, le proporciona la estima que, como
elemento de identidad cultural, merece a la sensibilidad de los ciudadanos. Porque los bienes
que lo integran se han convertido en patrimoniales debido exclusivamente a la acción social
que cumplen, directamente derivada del aprecio con que los mismos ciudadanos los han ido
revalorizando”. (Preámbulo de la Ley de Patrimonio Histórico Español 1985).

La ampliación del concepto de patrimonio cultural tiene una nueva expresión en el segundo gran
tratado internacional promovido por la UNESCO, la Protección del Patrimonio Mundial, Cultural y
Natural (Conferencia General de la UNESCO, 1972), en la que se van a introducir aspectos muy
novedosos en la concepción de las prioridades estratégicas para su conservación:

a) En primer lugar la integralidad del patrimonio, la idea de que el patrimonio cultural y natural
es un todo armónico cuyos elementos son indisociables, en el que se incluyen “monumentos”
(obras de arquitectura, escultura y pintura o de carácter arqueológico), de “conjuntos” (grupos
de construcciones integradas en el paisaje) y de “lugares” (producciones humanas en relación
con la naturaleza en la que se insertan).

b) En este mismo sentido también es importante la noción de patrimonio ligado a un territorio. Se


irá reconociendo cada vez más la necesidad para el desarrollo humano de proteger un marco
de vida a la medida de las personas del que forma parte el patrimonio natural y cultural. El
patrimonio cultural y natural debe integrarse en la vida social y económica de los territorios y
tenerse en cuenta en las planificaciones.

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CONSERVACIÓN PREVENTIVA EN MUSEOS, EXPOSICIONES Y MONUMENTOS
LA CONSERVACIÓN PREVENTIVA: DE CONCEPTO A DISCIPLINA.
3. Principios de intervención en bienes culturales mueble.

c) De aquí deriva una idea que se irá desarrollando después, la de atribuir al patrimonio cultural
y natural una función activa en la vida colectiva por la importancia que tiene para el equilibrio
y desarrollo pleno de la humanidad.

d) Otra idea que introduce este texto es la importancia de la participación de la población en la


protección y conservación del patrimonio. Aparece el principio de responsabilidad colectiva.

e) Por último, mantiene el concepto tradicional de universalidad, ahora considerado anticuado.


En la definición de lo que es monumento, conjunto o lugar, dice que deben tener “un valor
universal excepcional desde el punto de vista de la historia, del arte o de la ciencia, estético,
etnológico o antropológico”.

Antes y después de esta Convención, la Conferencia General de la UNESCO aprobó otros


instrumentos internacionales para la protección del patrimonio cultural y natural relativos a categorías
determinadas de bienes, que obedecían a la necesidad de atajar situaciones de mayor peligro. Por
ejemplo, sobre excavaciones arqueológicas (1956) o sobre lugares y paisajes (1962).

En lo que se refiere a museos, interesan sobre todo las Recomendaciones sobre la Protección de
los bienes culturales muebles (1972), que tenía como principal objetivo la protección de riesgos
como el tráfico ilícito, los robos, las excavaciones clandestinas, el vandalismo y en general los
producidos por la falta de vigilancia y protección. Establece una clasificación de categorías en la que
la más tradicional, los bienes de interés artístico, es sólo una más entre once. El documento llama la
atención sobre la aparición o agravamiento de determinados riesgos, como los robos y actos de
vandalismo entre otros, derivados de la facilidad de acceso y de protección insuficiente y el deterioro
resultante de las malas condiciones de almacenamiento, exposición, transporte y medio ambiente. En
este aspecto recomienda que los Estados intensifiquen y generalicen las medidas de prevención y de
gestión de los riesgos con objeto de garantizar una protección eficaz de los bienes culturales muebles.
Entiende por “prevención de los riesgos” el conjunto de las medidas emprendidas para salvaguardar
los bienes de los riesgos a que puedan verse expuestos, incluidos los originados por conflictos armados
y desórdenes públicos en el marco de una protección global:

Como principios generales establece para los Estados miembros:

• La colaboración del público es indispensable para una protección verdaderamente eficaz. Los
organismos públicos y privados encargados de la información y de la educación deben
promover la toma de conciencia general sobre la importancia de los bienes culturales, los

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CONSERVACIÓN PREVENTIVA EN MUSEOS, EXPOSICIONES Y MONUMENTOS
LA CONSERVACIÓN PREVENTIVA: DE CONCEPTO A DISCIPLINA.
3. Principios de intervención en bienes culturales mueble.

peligros a que están expuestos y la necesidad de protegerlos. En consecuencia, deben procurar


unas condiciones ambientales (iluminación, temperatura, higrometría calidad del aire)
convenientes con objeto de garantizar la seguridad material de dichos bienes culturales. Los
inventarios deben incluir informaciones relativas al estado material de los objetos y
recomendaciones aconsejando las necesarias condiciones ambientales.

• La prevención de los riesgos entraña también el desarrollo de técnicas y talleres de


conservación y de restauración y la instalación de sistemas eficaces de protección en los
museos y colecciones.

• Debido al considerable aumento de los riesgos a que están expuestos los bienes culturales
muebles durante los transportes y las exposiciones itinerantes, producidos por cambios
ambientales, manipulación incorrecta, embalaje defectuoso, o por otras condiciones
desfavorables, sería indispensable una cobertura adecuada en caso de producirse un siniestro.

Entre las medidas recomendadas se proponen:

• Además de las acciones de catalogación e inventario, promover en museos e instituciones


similares el refuerzo de los sistemas de prevención de riesgos mediante medidas adecuadas de
seguridad, de almacenamiento, exposición y transporte que los protejan contra las vibraciones
y los golpes, los cambios climáticos. la contaminación y los agentes químicos y biológicos.

• Tomar las medidas necesarias para que todas las tareas relacionadas con la conservación de
los bienes culturales muebles se efectúen con arreglo a las técnicas tradicionales mejor
adaptadas a cada bien cultural y según los métodos y tecnología científicos más avanzados.

• Establecer un sistema apropiado de formación y control de las cualificaciones profesionales,


para cerciorarse de que todos los que participan poseen el nivel de competencia necesario,
tanto los especialistas como el personal auxiliar.

Entre las medidas de prevención de riesgos sostienen la de la educación e información para


conseguir que las poblaciones tomen conciencia del valor de los bienes culturales y de la necesidad de
protegerlos, e instan a los estados a que utilicen todos los recursos a su alcance para de dar a conocer y
hacer respetar los bienes culturales muebles a los niños, jóvenes y adultos.

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LA CONSERVACIÓN PREVENTIVA: DE CONCEPTO A DISCIPLINA.
3. Principios de intervención en bienes culturales mueble.

En cuanto a la cooperación internacional, instan a organizar cursos internacionales de formación


en materia de conservación y restauración y de gestión de los riesgos, y procurar que su personal
especializado participe regularmente en ellos; a establecer normas éticas y técnicas en colaboración
con las organizaciones internacionales especializadas respecto a los temas tratados en la presente
recomendación, y promover los intercambios de información científica y técnica, en especial sobre las
innovaciones en materia de protección y conservación de los bienes culturales muebles.

Como se puede ver en los ejemplos expuestos, los textos de cartas y convenciones marcan una
evolución no sólo en el concepto de patrimonio cultural sino también, al detectar nuevos riesgos, en el
modo de afrontar su conservación.

El concepto actual de bien cultural irá tomando nueva forma en otras recomendaciones
promovidas por la UNESCO, como la Recomendación sobre la salvaguarda y conservación de las
imágenes en movimiento (Belgrado, 1980), y la Recomendación para la salvaguardia de la Cultura
Tradicional y Popular (París, 1989), que se abren a las tecnologías del siglo XX y a los nuevos medios
de expresión artística y a los bienes inmateriales.

En 1987, promovido por Corrado Maltesse, se revisa y amplía la Carta Italiana del Restauro,
aunque esta vez no tuvo carácter de ley, con el nombre de Carta de la Conservación y Restauración
de los objetos de arte y cultura. Un paso significativo que se dio en esta carta respecto a la de 1974
es una mayor diversificación de conceptos relativos a las actuaciones sobre los bienes culturales.
Mientras que la de 1972 se refería sólo a ′Restauración′ y ′Salvaguardia′, la de 1987 distingue
′Conservación′, ′Prevención′, ′Salvaguardia′, ′Restauración′ y ′Mantenimiento′. Es importante
consignar aquí estas definiciones porque han constituido la base para situar y diferenciar las
actividades propias de la conservación-restauración y que quedan incluidas en estas cartas
internacionales:

Conservación: el conjunto de actuaciones de prevención y salvaguarda encaminadas a asegurar


una duración, que pretende ser ilimitada, para la configuración material del objeto considerado.

Prevención: el conjunto de actuaciones de conservación, al más largo plazo posible, motivadas


por conocimientos prospectivos, sobre el objeto considerado y sobre las condiciones de su
contexto ambiental.

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LA CONSERVACIÓN PREVENTIVA: DE CONCEPTO A DISCIPLINA.
3. Principios de intervención en bienes culturales mueble.

Salvaguardia: cualquier medida de conservación y prevención que no implique intervenciones


directas sobre el objeto considerado,

Restauración: cualquier intervención que, respetando los principios de la conservación y sobre


la base de todo tipo de indagaciones cognoscitivas previas, se dirija a restituir al objeto, en los
límites de lo posible, una relativa legibilidad y, donde sea necesario, el uso.

Mantenimiento: el conjunto de acciones recurrentes en los programas de intervención,


encaminadas a mantener los objetos de interés cultural en condiciones óptimas de integridad y
funcionalidad, especialmente después de que hayan sufrido intervenciones excepcionales de
conservación/restauración.

Uno de los aspectos a destacar en estas definiciones es el lugar destacado que van a desempeñar
en lo sucesivo la “Prevención” y el “Mantenimiento” como actividades inscritas en la más general de
“Conservación”, en la que también se incluye la “Salvaguardia”, y que se refieren a las condiciones
del contexto ambiental. Estas definiciones se revisarán y simplificarán posteriormente hasta la última
realizada en el Congreso del ICOM-CC de Nueva Delhi de 2008.

Pero la Carta de 1987 avanza respecto a la de 1972 sobre todo en el concepto de bien cultural.
Ya no se limita como aquella a arquitectura, antigüedades, pintura y escultura, sino, que, como su
propio título indica, se amplía a los objetos “de toda época y área geográfica que revistan de manera
significativa interés artístico, histórico y en general cultural”. Se incluyen, además de las obras de
arquitectura, los entornos urbanísticos, antropológicos y naturales y los objetos de interés científico,
antropológico, histórico y cultural en general. Esta ampliación del concepto de bien cultural favoreció
que cobrara mayor dimensión el criterio del valor documental del objeto a la hora de intervenir para su
conservación antes que el valor artístico y, por lo tanto, una tendencia hacia labores exclusivas de
conservación porque cualquier dato insignificante asociado al objeto podía ser de gran valor para las
investigaciones futuras. La necesidad de reducir al mínimo los tratamientos aplicados sobre los objetos
culturales se imponen con firmeza a partir de la Carta Italiana de 1987.

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LA CONSERVACIÓN PREVENTIVA: DE CONCEPTO A DISCIPLINA.
3. Principios de intervención en bienes culturales mueble.

3. LA CONSERVACIÓN HOY: HACIA LA PREVENCIÓN. NUEVOS


FACTORES A TENER EN CUENTA

Con la entrada en el nuevo siglo se hace patente el incremento del interés por la conservación
preventiva y la conciencia cada vez más afianzada de la prioridad de la prevención sobre la
intervención. Por un lado la investigación científica en este campo ha ido desarrollando
extraordinariamente los conocimientos sobre los procesos de deterioro, sus causas y los métodos de
control. Durante la segunda mitad del siglo XX se potenciaron de manera considerable los estudios
sobre climatología en los museos y cuidado y acondicionamiento de colecciones, algunos de ellos
verdaderos hitos para el desarrollo de esta disciplina. La bibliografía es extensa; por poner sólo
algunos ejemplos, estudios de referencia serán los trabajos publicados en los años 80 por Nathan
Stolow (1979, 1987), Garry Thompson (1978) o Gael de Guichen (1980). Por otro lado, se empieza a
poner de manifiesto la importancia del patrimonio cultural como factor de desarrollo humano, de
bienestar y de progreso y la necesidad de replantear estrategias para su conservación, basadas
tradicionalmente en la intervención directa de conservación-restauración, con lo que implica de costes
invertidos. La falta de aplicación de medidas preventivas y de mantenimiento ha llevado a constatar la
inutilidad de muchas costosas intervenciones de conservación-restauración que no han sido capaces de
frenar el deterioro, cuando no han sido directamente causantes de una mayor degradación.

En el convencimiento de que la prevención es la manera más eficaz de cuidar el patrimonio


cultural y el único método sostenible de conservarlo, en septiembre de 2000 representantes del
ICCROM, del Departamento de Conservación del Instituto de Arte y Diseño de Finlandia, del Instituto
Portugués de Conservación y Restauración, del Centro de Investigación y Restauración de los Museos
de Francia y del Ministerio de Patrimonio Cultural de Hungría, bajo el auspicio del Programa Raphael,
de la Comisión Europea, firmaron la llamada Resolución de Vantaa, “Hacia una Estrategia Europea
sobre Conservación Preventiva” (Vantaa, 2000).

En ella se establecieron cinco puntos estratégicos con sus respectivas líneas de acción:

• Liderazgo: Se señala la necesidad de liderazgo de los gobiernos en la preservación del


patrimonio cultural y en el desarrollo de estrategias y planes nacionales.
• Planificación institucional: la conservación preventiva debe entenderse como objeto de
planificación institucional a largo plazo y no como actuaciones aisladas, a través de grupos
interdisciplinares de especialistas y mediante distribución de responsabilidades.

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LA CONSERVACIÓN PREVENTIVA: DE CONCEPTO A DISCIPLINA.
3. Principios de intervención en bienes culturales mueble.

• Formación: necesidad de formación adecuada en conservación preventiva a distintos niveles,


cuyas líneas de acción se dirigen a la formación básica y a la formación especializada, a los
diseños curriculares académicos y de especialización, al fomento de la investigación, a la
formación de profesorado, a la elaboración de materiales didácticos, etc.
• Acceso a la información: necesidad de hacer llegar la información internacional a todas las
personas relacionadas con el cuidado de las colecciones. Entre las líneas de acción proponen
unificación de terminología, traducción de textos, promover el acceso a las tecnologías de la
información y promover el intercambio.
• El papel del público: Se propone desarrollar programas de sensibilización que fomenten la
participación del público con el fin de acrecentar el sentimiento de apropiación del patrimonio
y de responsabilidad compartida en su conservación.

El grupo de Vantaa recomendaba en el documento una serie de acciones de cooperación europea


en este campo de diferente alcance: por un lado, de tipo profesional (creación de redes, intercambio de
información, acceso igualitario a Internet …) y social (acciones de sensibilización), y por otro de tipo
político, con la realización de una Carta sobre Conservación Preventiva Sostenible que culminara en
una Convención Europea, y con el desarrollo de una estrategia de conservación preventiva que fuera
adoptada por el Consejo de Ministros de la Unión Europea y otros estados miembros del Consejo de
Europa.

Ni la Carta ni la Convención sobre Conservación Preventiva han llegado a hacerse realidad, pero
se ha seguido avanzando con nuevos instrumentos políticos y jurídicos internacionales que han
contribuido a afianzar nuevos conceptos. Con la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio
Cultural Inmaterial (UNESCO, 2003), se da un nuevo salto cualitativo en el concepto de patrimonio.
La Convención parte de un trabajo de investigación realizado por la UNESCO sobre las funciones y
los valores de las expresiones culturales, de los monumentos y de los sitios, que abrió una vía para
nuevos enfoques sobre la comprensión del patrimonio cultural y su protección. En esta Convención se
habla de una manera diferente de proteger o salvaguardar. Por salvaguardar entiende las medidas
encaminadas a garantizar la viabilidad del patrimonio cultural. Este es un concepto importante porque
traerá un cambio de actitudes hacia el patrimonio que también será tomado en cuenta en la
conservación del patrimonio material. Se trata de un concepto mucho más amplio de protección que
implica “la identificación, documentación, investigación, preservación, protección, promoción,
valorización, transmisión -básicamente a través de la enseñanza formal y no formal- y revitalización
de este patrimonio en sus distintos aspectos”. Introduce también, pues, la idea de integralidad al hablar
de la necesidad de proteger espacios naturales y lugares importantes para la memoria colectiva

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LA CONSERVACIÓN PREVENTIVA: DE CONCEPTO A DISCIPLINA.
3. Principios de intervención en bienes culturales mueble.

(paisajes culturales) “cuya existencia es indispensable para que el patrimonio inmaterial pueda
expresarse”. Una integralidad que se deriva también de su concepción de salvaguarda y que se hace
extensible a todos los ámbitos del patrimonio, no sólo al inmaterial.
En esta Convención se habla también de que el patrimonio inmaterial es el crisol de nuestra
diversidad cultural, a su vez algo muy ligado al sentido de identidad y pertenencia de los pueblos.
Empieza a abrirse camino un valor de cultura –y, por tanto, también del patrimonio- hasta entonces no
tenido muy en cuenta y que ahora es clave en la mayoría de las orientaciones y programas culturales:
la diversidad cultural.

El reconocimiento de la necesidad de proteger la diversidad cultural está relacionado con la


conciencia de los derechos culturales, una expresión que aparece por primera vez en el Pacto de 1966
sobre derechos económicos, sociales y culturales, surgido de la declaración Universal de Derechos
Humanos de 1948.

El nuevo enfoque del patrimonio cultural va a propiciar la identificación de nuevos o mayores


riesgos. Se reconoce la fragilidad del patrimonio, lo que lleva a definir nuevas líneas de acción y
políticas para su protección o salvaguarda. Por ejemplo, se realza la función del patrimonio cultural en
la sociedad, por lo que la Convención promueve políticas dirigidas a la educación y sensibilización
hacia el patrimonio, al fortalecimiento de capacidades en salvaguarda, en gestión, en investigación
científica… ante el convencimiento de la necesidad de una participación lo más amplia posible de la
sociedad, que es la que crea, mantiene y transmite ese patrimonio, y de asociarla activamente a su
gestión.

La Convención sobre la protección y la promoción de la diversidad de las expresiones


culturales (UNESCO, 2005) marca un cambio de dirección porque intenta hacer frente a un desafío
actual importante que es garantizar la diversidad de las expresiones culturales, como un derecho y
como un valor para el desarrollo de las sociedades. La Convención reconoce el carácter de los bienes y
servicios culturales como elementos transmisores de identidad, valores y sentido y la necesidad de
reforzar la cooperación internacional para garantizar esta diversidad. Según el documento, la
“diversidad cultural” se manifiesta en las diversas formas en que se expresa, enriquece y transmite el
patrimonio cultural de la humanidad mediante las variadas formas de expresión cultural, así como a
través de distintos modos de creación artística, producción, difusión, distribución y disfrute de
aquellas. Por “protección” entiende la adopción de medidas encaminadas a la preservación,
salvaguardia y enriquecimiento de la diversidad de las expresiones culturales.

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3. Principios de intervención en bienes culturales mueble.

Ante estas definiciones, el concepto de patrimonio empieza a ampliar sus fronteras tradicionales,
porque ya no se identifica sólo con objetos o manifestaciones creativas o históricas, sino con algo más
amplio que integra también los procesos culturales.
En este texto se empieza a reconocer la necesidad de integrar la cultura en las políticas de
desarrollo a fin de crear condiciones propicias para el desarrollo sostenible. Aquí entra en juego un
nuevo concepto que es el que ahora tiene más fuerza: el patrimonio cultural como factor de desarrollo
por su papel de refuerzo de las identidades y de sentimiento de pertenencia a la comunidad. La
tendencia actual prioritaria de los organismos como UNESCO y el Consejo de Europa es incorporar la
perspectiva cultural en las acciones de desarrollo, como un principio más del desarrollo sostenible,
junto con el crecimiento económico, la cohesión social y la protección del medio ambiente.

En el informe ′Nuestra Diversidad Creativa′, de la Comisión Mundial de Cultura y Desarrollo


(UNESCO, 1997), se afirma que la cultura no es un medio, es la base social de los mismos fines. El
desarrollo y la economía forman parte de la cultura de los pueblos. Se plantea la necesidad de
intervenir en el patrimonio en tanto que constituye la representación colectiva de la identidad y hace,
entre otras propuestas, la de reformular el concepto de patrimonio vigente por considerarlo demasiado
restringido y dominado por criterios estéticos e históricos; hacer de los museos un fiel reflejo del
patrimonio cultural del pueblo; o lograr un equilibrio entre el patrimonio cultural y el turismo.
En este sentido conceptual del patrimonio se orientan los instrumentos del Consejo de Europa,
que ya no tienen como prioridad la protección del patrimonio como tal, sino el patrimonio como un
cauce para el desarrollo, como un valor vivo de la sociedad. Lo que define al patrimonio ya no es el
valor universal excepcional, como se considera en los documentos de la UNESCO, sino el vínculo
entre patrimonio y sociedad. Es una definición horizontal del patrimonio.

Ya en el Convenio para la salvaguarda del patrimonio arquitectónico de Europa (Granada, 1985)


y en el de Convenio para la Protección del Patrimonio Arqueológico de Europa (La Valetta, 1992) se
contemplaba el principio de la conservación integrada, no sólo como concepto sino como forma de
intervenir. También incluían los principios de fomentar el desarrollo económico, social y cultural de
los estados y regiones mediante la mejora del medio ambiente urbano y rural, la participación de la
sociedad y la sensibilización del público hacia el patrimonio arquitectónico como elemento de
identidad cultural y fuente de creatividad, educación y formación. En el segundo convenio se hablaba
de la necesidad de conciliar los intereses de protección del patrimonio arqueológico con los planes de
desarrollo urbanístico, de una participación en las políticas urbanísticas.

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3. Principios de intervención en bienes culturales mueble.

Con el Convenio europeo del Paisaje (Florencia, 2000) el concepto de integralidad se afianza. Se
enuncia que el paisaje juega un papel importante en el campo cultural, social y medioambiental; que es
un componente fundamental del patrimonio natural y cultural europeo y contribuye a las culturas
locales, al bienestar, a la identidad y a la calidad de vida. Ante la necesidad de procurar un desarrollo
sostenible basado en una relación equilibrada entre las necesidades sociales, las económicas y el
medio ambiente, las partes se comprometen a integrar el paisaje en las políticas de ordenación
territorial y urbanística y en sus políticas en materia cultural, medioambiental, agrícola, social y
económica. Aunque estos últimos instrumentos no se refieren a museos, es necesario mencionarlos
como exponente de la forma global e integradora de concebir el patrimonio y sus valores culturales, lo
que sin duda va a influir en las estrategias de conservación y prevención.

Todas estas nuevas orientaciones se recogen en el Convenio marco sobre el valor del patrimonio
cultural para la sociedad (Faro, 2005). Este documento marca los nuevos rumbos del actual concepto
de patrimonio y tiene de particular respecto a otras convenciones que no trata sobre cómo proteger y
conservar determinado patrimonio, sino sobre por qué y para quién se transmite el patrimonio.
Define el patrimonio cultural como “un grupo de recursos heredados del pasado, con los que la
gente se identifica, independientemente de la propiedad, como reflejo y expresión de sus valores,
creencias, saberes y tradiciones en constante evolución. Incluye todos los aspectos del entorno
resultantes de la interacción entre personas y lugares a través del tiempo”. Se perfila un concepto
transversal y un enfoque democratizador de patrimonio cultural en el que el centro son las personas y
los valores humanos. El valor del patrimonio se lo conceden las propias comunidades, son ellas las que
definen qué es patrimonio.
Se destacan varios principios: el patrimonio como un aspecto de los derechos culturales; el valor
del patrimonio cultural como recurso para un desarrollo sostenible y de calidad de vida, para la
promoción de la diversidad cultural, para la construcción de valores de paz y democracia, del diálogo
intercultural; la responsabilidad colectiva hacia el patrimonio cultural; y la necesidad de involucrar a
toda la sociedad en el actual proceso de definición y gestión de patrimonio cultural.
Entre los compromisos que se plantean están la formulación de estrategias integradas, tomar en
consideración el valor que se asigna por cada comunidad al patrimonio cultural con el que se
identifica, fomentar la investigación interdisciplinar sobre el patrimonio cultural, las comunidades del
patrimonio, el medio ambiente y su interrelación, y fomentar la formación profesional continua y el
intercambio de conocimientos y habilidades, tanto dentro como fuera del sistema educativo.

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3. Principios de intervención en bienes culturales mueble.

La Carta Iberoamericana de la Cultura, aprobada por la Organización de Estados


Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI) en 2007, es un instrumento político,
sin carácter jurídico, pero de gran importancia por su novedoso planteamiento global de la cultura, no
sectorial o especializado como los anteriores instrumentos. En él se trata de no perder la perspectiva
integral de la cultura. Las acciones propuestas por la OEI aportan una visión teórica muy avanzada del
patrimonio cultural y definen un marco de prioridades, estrategias y actuaciones que constituyen una
referencia básica para situar el papel de los profesionales de la conservación-restauración y su
formación en ese contexto.
Uno de sus ámbitos de aplicación es el patrimonio cultural, que representa, según este documento,
“una referencia básica para la identidad de las comunidades iberoamericanas”. Con este
convencimiento, la Carta fomenta la protección y la difusión del patrimonio cultural y natural, material
e inmaterial iberoamericano a través de la cooperación entre los países siguiendo los principios de
reconocimiento y protección de los derechos culturales, de participación de la sociedad en su conjunto,
de solidaridad y de cooperación, de apertura y equidad, de transversalidad, de complementariedad
entre lo económico, lo social y lo cultural, de la especificidad de bienes y servicios culturales, de la
contribución al desarrollo sostenible, a la cohesión y a la inclusión social y de responsabilidad del
poder público en el diseño y aplicación de políticas culturales.

Una de sus líneas es organizar foros de expertos, y el primero que se realizó fue el Foro sobre
Patrimonio Cultural (Montevideo, 2007), en el que se defienden los siguientes principios:

• Una noción integral del patrimonio cultural que no desvincule conceptualmente el patrimonio
material e inmaterial.

• Una concepción de las acciones de conservación y promoción del patrimonio cultural positiva,
educadora y estimuladora del sentido de pertenencia y apreciativa de los bienes culturales.

• Una concepción amplia de los bienes culturales que incluya los patrimonios lingüístico,
sonoro, audiovisual, industrial, natural, etc.

• La coordinación de la protección del patrimonio cultural y del patrimonio ambiental y su uso y


disfrute por parte de los ciudadanos.

• Una gestión sostenible del patrimonio en relación con el turismo y la contribución, desde los
beneficios generados por éste, a la conservación del patrimonio.

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3.1. CONCEPTO ACTUAL DE CONSERVACIÓN PREVENTIVA

La terminología adoptada por el ICOM-CC en el Congreso Internacional de Nueva Delhi, (22-26


de septiembre de 2008) para definir la conservación del patrimonio cultural tangible es la siguiente:

Conservación: Todas aquellas medidas o acciones que tengan como objetivo la salvaguarda del
patrimonio cultural tangible, asegurando su accesibilidad a generaciones presentes y futuras. Tiene
como finalidad mantener las propiedades, tanto físicas como culturales, de los objetos para que
pervivan en el tiempo con todos sus valores.
La conservación comprende la conservación preventiva, la conservación curativa y la restauración.
Todas estas medidas y acciones deberán respetar el significado y las propiedades físicas del bien
cultural en cuestión.
Conservación preventiva: Todas aquellas medidas y acciones que tengan como objetivo evitar o
minimizar futuros deterioros o pérdidas. Se realizan sobre el contexto o el área circundante al bien, o
más frecuentemente un grupo de bienes, sin tener en cuenta su edad o condición. Estas medidas y
acciones son indirectas – no interfieren con los materiales y las estructuras de los bienes. No
modifican su apariencia.
Conjunto de acciones destinadas a retardar o prevenir el deterioro de un bien cultural, al más largo
plazo posible, mediante el control y/o la intervención en su entorno, para garantizar su correcta
conservación y mantenimiento.
Conservación curativa: Todas aquellas acciones aplicadas de manera directa sobre un bien o un
grupo de bienes culturales que tengan como objetivo detener los procesos dañinos presentes o reforzar
su estructura. Estas acciones sólo se realizan cuando los bienes se encuentran en un estado de
fragilidad notable o se están deteriorando a un ritmo elevado, por lo que podrían perderse en un tiempo
relativamente breve. Estas acciones a veces modifican el aspecto de los bienes. Hay que tener en
cuenta que su necesidad es consecuencia de la ineficacia o ausencia de medidas preventivas
Restauración: Todas aquellas acciones aplicadas de manera directa a un bien individual y estable,
que tengan como objetivo facilitar su apreciación, comprensión y uso. Estas acciones sólo se realizan
cuando el bien ha perdido una parte de su significado o función a través de una alteración o un
deterioro pasados. Se basan en el respeto del material original. En la mayoría de los casos, estas
acciones modifican el aspecto del bien. Las medidas y acciones de conservación a veces pueden tener
más de una finalidad. Por ejemplo, la limpieza de barniz puede ser tanto restauración como
conservación curativa. La aplicación de capas de protección puede ser tanto restauración como
conservación preventiva.

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La conservación es compleja y demanda la colaboración de profesionales expertos y cualificados.


Es el término genérico que engloba “conservación preventiva”, “conservación curativa” y
“restauración”, cuya distinción parte de los diferentes objetivos que presentan las medidas y acciones
que comprenden.

Si bien la conservación preventiva no ha conseguido por el momento materializar un instrumento


político propio, como se proponía en Vantaa, que defina las líneas políticas a seguir e involucre a las
legislaciones nacionales, su necesidad se hace obvia en todos los documentos emanados en los últimos
tiempos. Pero entendiendo la conservación preventiva en un sentido más amplio de estrategia que
implica vías científicas, profesionales, educativas, políticas y económicas, vías que no deben ir en
paralelo sino íntimamente conectadas.

3.2. LA VIA CIENTÍTICA

Un primer paso evidente es la investigación científica sobre las causas y procesos de deterioro y
sobre los tratamientos y sistemas de control. Se debe seguir avanzando en el campo de la física, la
química o la biología para dar respuesta al gran desconocimiento que todavía hoy tenemos sobre la
naturaleza de muchos fenómenos de alteración y sobre la mejor manera de combatirlos; pero también
se debe avanzar en la investigación de otras ramas, como la antropología, la sociología y la economía
para conocer la incidencia de los factores humanos en la conservación del patrimonio.

Desde la Carta de Atenas ya se recomendaba la investigación y la colaboración en cada país de


los conservadores y arquitectos con los científicos para encontrar soluciones ante la amenaza evidente
de los agentes externos para la conservación del patrimonio histórico.

También la reunión de Roma de 1931 y después la Carta de Venecia pusieron de relieve la


necesidad de los estudios sobre las obras de arte y objetos culturales. La investigación científica ha
proporcionado una mejor comprensión de los mecanismos de deterioro y, como consecuencia, una
valoración objetiva de la necesidad de la prevención sobre la restauración. El estudio de las
condiciones ambientales en las que se encuentra la obra para conocer su grado de incidencia en la
conservación y proporcionar unas pautas para su mejor acondicionamiento y mantenimientos futuros
se ha convertido en uno de aspectos ineludibles en todo proyecto de conservación.

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LA CONSERVACIÓN PREVENTIVA: DE CONCEPTO A DISCIPLINA.
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3.3. LA VIA PROFESIONAL

Todos los documentos resaltan la necesidad de crear sistemas apropiados de formación y control
de cualificaciones profesionales, tanto de especialistas como de personal auxiliar. Todos ellos instan a
cooperar internacionalmente en la organización de cursos internacionales de formación y
especialización en materia de conservación, prevención y de gestión de riesgos; también a establecer
normas éticas y técnicas en colaboración con las organizaciones internacionales especializadas sobre
temas de protección y conservación de los bienes culturales muebles, y promover los intercambios de
información científica y técnica, en especial sobre las innovaciones en esta materia.

La colaboración estrecha entre restauradores, historiadores, arqueólogos, antropólogos y


científicos de la conservación en los proyectos de conservación desde su inicio a su fin es muy
importante para la calidad de los trabajos, ya que las propuestas realizadas aisladamente, sin tomar en
cuenta otras consideraciones de tipo histórico, estético, funcional y técnico, podrían resultar
insuficientes, perjudiciales o inviables desde otras perspectivas de conservación de los bienes. Este es
un principio basado en la multidisciplinariedad. La confluencia en el mundo de la conservación de
especialistas de diferentes áreas para estudiar y actuar sobre los bienes culturales desde diferentes
ángulos es un logro alcanzado a mediados del pasado siglo. La colaboración entre ellos se constata
como algo imprescindible, en especial desde el momento en que las ciencias experimentales se
pusieron al servicio del arte para su estudio y conservación.

3.4. LA VÍA EDUCATIVA

Desde la Carta de Atenas, redactada en 1931, se viene señalando la importancia de la educación


para la prevención y conservación del patrimonio cultural. El texto que hace referencia a la educación
de la infancia y juventud (Artículo X) es antológico:

“La Conferencia, profundamente convencida de que la mejor garantía de


conservación de los monumentos y de las obras de arte viene del afecto y respeto del
pueblo, y considerando que estos sentimientos pueden ser favorecidos mediante una
actuación apropiada por los poderes públicos, consideran que los educadores deben
poner empeño en habituar a la infancia y a la juventud para que se abstengan de toda
acción que pueda degradar los monumentos y los eduque para entender su significado e
interesarse en la protección de los testimonios de toda civilización”.

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CONSERVACIÓN PREVENTIVA EN MUSEOS, EXPOSICIONES Y MONUMENTOS
LA CONSERVACIÓN PREVENTIVA: DE CONCEPTO A DISCIPLINA.
3. Principios de intervención en bienes culturales mueble.

Se consideraba que la educación en el respeto y amor de la población por su patrimonio era la


única medida eficaz y posible para asegurar su conservación. Aunque estas declaraciones se hicieron
con la mirada puesta en los peligros de la guerra, el principio de la importancia de la educación para la
conservación preventiva se ha venido repitiendo incesantemente en todos los documentos, cartas e
instrumentos políticos internacionales.

Sin embargo, no se han hecho grandes avances en este sentido. La educación en patrimonio
cultural sigue sin tener la presencia necesaria en los programas educativos escolares, desde luego en
mucha menor medida de lo que lo ha tenido la educación en el patrimonio natural. Y ello se refleja en
el desapego de buena parte de la sociedad hacia el cuidado de sus manifestaciones culturales
materiales e inmateriales, es decir, hay conciencia de su existencia para su uso y disfrute, pero no la
hay en cuanto a la responsabilidad que se debe compartir para su cuidado.

En gran parte esta carencia deriva de las propias políticas institucionales, que han hecho creer que
la conservación del patrimonio es misión exclusiva del estado y las instituciones. Hasta hoy día las
intervenciones de restauración de casi todos los países tienen un carácter marcadamente institucional y
se actúa bajo una visión sobre todo asistencial, con aplicación de fuertes inversiones presupuestarias.
Los criterios –qué se interviene y cómo se interviene- se deciden verticalmente desde una perspectiva
única, la institucional, y basada normalmente en los conocimientos que nos proporcionan las
disciplinas tradicionales, como son la arqueología, la historia del arte, la arquitectura, la museología,
etc., muchas veces con tratamientos estéticos restrictivos. Por otro lado, las intervenciones se suelen
enmarcar en una noción de patrimonio material y se le suele prestar poca atención al inmaterial,
cuando en realidad aquel no siempre va acompañado del significado que le otorga la colectividad, es
decir, el patrimonio material posee también un valor intangible, expresión de su memoria e identidad.
Esto trae como consecuencia el abismo que hay entre la sociedad y su patrimonio del que se habla más
arriba.

3.5. LA VIA SOSTENIBLE


Por otro lado, las intervenciones de restauración se suelen caracterizar por su insostenibilidad.
Son por lo general intervenciones muy caras y rara vez van ligadas a un plan de mantenimiento y
conservación preventiva, por lo que al poco tiempo hay que volver a restaurar, con la consiguiente
inversión. Y la mejor medida de prevención en la conservación del patrimonio cultural son los
cuidados que puede ejercer la propia comunidad propietaria o usuaria de los bienes. Pero para ello es

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CONSERVACIÓN PREVENTIVA EN MUSEOS, EXPOSICIONES Y MONUMENTOS
LA CONSERVACIÓN PREVENTIVA: DE CONCEPTO A DISCIPLINA.
3. Principios de intervención en bienes culturales mueble.

necesario desarrollar un sentido de apropiación del patrimonio y de participación de la sociedad;


vincular a la sociedad en la conservación promoviendo en ella la reflexión y valoración de su
patrimonio y la aplicación de medidas preventivas para su mejor conservación. Ello ayuda a formar un
sentido de pertenencia y promueve el interés de la población por el desarrollo y conservación de su
patrimonio; y, por otro lado, garantiza la sostenibilidad de las intervenciones haciéndose la propia
comunidad responsable de su mantenimiento y conservación.

Según François Tondré, responsable de los Itinerarios culturales del Consejo de Europa
(Dirección de Cultura, Patrimonio Cultural y Natural), hoy día son tres factores los que permiten
comprender el patrimonio: la interactividad o participación activa, una definición democrática del
patrimonio y un patrimonio que refleje la auténtica composición cultural de la sociedad. Hay un
abismo entre sociedad y patrimonio que se debe al tradicional tratamiento vertical de las políticas
culturales institucionales, en las que se entiende el patrimonio sobre la base de criterios estéticos e
ideológicos restrictivos o como una fuente de conocimiento reservada a unos pocos, abismo que
también puede acentuarse por la educación virtual. Las instituciones culturales y patrimoniales
tradicionales deben asumir el desafío de permitir a los ciudadanos vincularse activamente a su
patrimonio cultural pues ello refuerza sus sentimientos de identidad y pertenencia a la comunidad y,
por tanto, constituye un factor primordial de desarrollo humano (Tondré, 2007).

Los profesionales de la conservación debemos desarrollar estrategias, metodologías y directrices


que contribuyan a afianzar en la sociedad la “cultura de la prevención” para conservar de manera
eficaz y sostenible su patrimonio cultural.

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LA CONSERVACIÓN PREVENTIVA: DE CONCEPTO A DISCIPLINA.
3. Principios de intervención en bienes culturales mueble.

1.

 REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Básica

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historia”, en Exposiciones temporales y conservación del patrimonio, GEIIC, Madrid.

En la red

Existe una amplia variedad de fuentes en Internet en torno a esta cuestión, aunque la mayor parte de ellos
corresponden a fuentes en inglés. Afortunadamente, la web del Grupo Español del IIC contiene una buena
recopilación de enlaces a las versiones españolas de los documentos más importantes, que debería ser más que
suficiente para satisfacer la curiosidad inicial del lector interesado –y para acceder a muchas de las fuentes
citadas en este texto:

http://ge-iic.com/index.php?option=com _content&task=blogsection&id=7&Itemid=49

Complementaria

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P.H. Boletín del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, n. 33, diciembre, pp. 87-91.

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trascendental?”. Museum, nº 201, 1999-1, pp. 4-6.

GUICHEN, G. de (2009). “Medio siglo de conservación preventiva. Entrevista a Gaël de Guichen”,


por Marisa Gómez y Benoit de Tapol, Ge-Conservación [ge-iic.com/revista] nº 0, pp. 35-44.

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http://www.redjuderias.org/red/upload/boletin/pdf/BO-08-281.pdf [consulta: 15/06/10].

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