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El Cuerpo de Cristo.

Celebramos… la presencia humanada del Jesús ya resucitado, inmaterial,


Celebramos… su “comunión” y no solo con el que comulga, sino con todos,
pues vivió en comunión con la multitud, incluyendo publicanos y pecadores.
Nos ama. Nos amamos. Valoramos su gesto en su Última Cena.
ESTARÉ con ustedes hasta el fin del tiempo… estaré encarnado en las
acciones y palabras de ustedes. Jesús quiere que seamos sus manos, sus pies,
sus palabras, de modo que quien nos ve, ve a Jesús.
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COMAN MI CUERPO. Asimilen mi ejemplo… y seremos asimilados por él
Nos va transformando en él. Y así nos comportamos como hijos muy
amados por Dios. Al comer el pan consagrado hago mía su vida y me
comprometo a identificarme con él. Es la comunión de Dios con nosotros.
HAGAN ESTO en memoria mía. Hagan ¡qué! ¿Un rito?   comunión de vida
con mi vida hasta entregarla, como yo he hecho.
Y lo expresamos en cada liturgia. Comulgamos con Cristo… al
comulgar con los que sufren, al alimentarlo, vestirlo y acompañarlo en cada
hermano. No estamos celebrando la eucaristía, si no nos comprometemos
con los demás. Solo así estamos compartiendo su vida de amor
DENLES DE COMER. COMPARTAN los panes y peces que tienen.
No permanezcan indiferentes ante las carencias de otros seres humanos.
Lo que se comparte, se multiplica y hay de sobra para todos.
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EL QUE ME COME vivirá por mí. Jn 6,57 La “Vida” que el Padre comparte
con su Hijo, nos la comparte el Hijo y la comunicamos a los demás.
Todo es COMUNIÓN de “Vida”, compartir, solidaridad, comunidad.
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El que convida dice: Te doy mi alimento, compartimos la vida. Comer juntos
sella la unión del grupo. Comer es convivir, compartir. Mi vida es tu vida. 
Se llamó “fracción del pan” al gesto de partir, partirse, comer y dejarse
comer. Dios es don, entrega a todos. Tenéis que partiros, repartiros, dejaros
comer, asimilar, desaparecer en beneficio de los demás.
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Los sacramentos son signos visibles de la acción santificadora de Dios.
Necesitamos representaciones, imágenes y ritos que expresen esta acción de Dios.
Las liturgias han ido variando y seguirán variando más.
Surge hoy una espiritualidad más universalizada, sin fanatismos de exclusión.
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“CUERPO”, “SANGRE”.
En la antropología judía, el hombre-cuerpo era el ser humano en cuanto sujeto de
relaciones. “Esto soy yo, esto es mi cuerpo, esto es mi persona”.
Para los judíos la SANGRE era la vida misma. “Se derrama” mi vida al servicio de todos
en entrega total.
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El término TRANSUBSTANCIACIÓN fue utilizado el año 1097 por primera vez.
En el siglo XIII se aborda el tema de la “presencia real” de Cristo en la Eucaristía.
La especulación teológica se sirve de términos aristotélicos racionalizando un misterio:
-- “Sustancia” es lo que está debajo de lo que se ve, lo que hace que sea lo que es.
-- “Accidente” es lo superficial, lo que se ve y se puede cambiar, lo no esencial y que es
perceptible por los sentidos. Otros términos son “naturaleza” y “persona”.
El pan y el vino, sin perder apariencia y consistencia, llevan en su entraña, en su
substancia, el cuerpo y la sangre de Cristo. Cristo se hace presente como “substancia”.
Se hace presente en el gesto, en el signo, y no en la “materia” del pan.
El resucitado se desprendió de la “materia” y surge en un nuevo modo de ser humano
corporal. No dice Jesús que perpetuemos un acto de culto.
Nos queda vivir lo significado una vez realizado el signo de la eucaristía, .
¿Alguien puede imaginarse a Pedro poniéndose de rodillas ante el trozo de pan que le
ofrecía Jesús o recogiendo las migas que habían caído?
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- El rito de la Exposición y Bendición tiene su origen en el siglo XIII en Bélgica.
La hostia o pan consagrado, que se ha guardado en el sagrario, se expone en la custodia
y se saca en procesión.
- Convertimos la eucaristía en un rito cultual, desorbitando aspectos secundarios.
- Es más cómodo convertir el Cuerpo de Jesús en objeto de adoración, que imitarle
en la disponibilidad para con todos los hombres.
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Jn 4,21: Créeme, mujer, que se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén
adorarán al Padre. Los verdaderos adoradores rendirán culto al Padre en espíritu y en
verdad.
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Los evangélicos ante el sacramento de la eucaristía. En nuestra iglesia lo
nombramos no como “sacramento de la eucaristía”, sino celebración de “la santa cena”.
Creemos recibir vida, fortaleza, sanación (interior y exterior) y plenitud al comer del pan.
Al beber damos las gracias por la sangre del Cordero de Dios en la que somos lavados,
justificados y santificados.
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Con “la santa cena” recordamos y nos hacemos conscientes de la más grande expresión del
amor de Dios. Al celebrarla proclamamos la victoria de Jesús en la cruz sobre las potestades
del enemigo desarmado. No es un ritual más, es una gran bendición, un regalo de Dios.