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A 6º Han oído que se dijo, pero YO LES DIGO.

Mt 5,17

Así presenta Jesús la Ley de Moisés. Ningún maestro se permitía hablar así.
El pueblo nota espantado que se atreviera a hablar con la autoridad de Dios.
Yo digo lo que he oído a mi Padre. Enseña con autoridad propia.
Yo hago siempre lo que a él le agrada, la voluntad del Padre,
sin apega a la letra de la Ley.
No se basa en la autoridad de un maestro, como lo es Gamaliel.
Jesús nos enseña a cumplir de un modo humano la Ley, pues nos revela que
Dios es Padre, es amor. Escuchamos, dialogamos, buscamos acuerdos,
en aprendizaje, destrabando prejuicios, aunando voluntades, procurando
el bien personal y el bien común, no atropellando a los lentos.
¿Por qué tus discípulos hacen en sábado lo que no está permitido por la Ley?
La ley del descanso del sábado está hecha para el bien del hombre.
Somos legalistas, cuadriculados, excluyentes, condenadores, apegados a lo
escrito. Jesús quiere más humana, justa y fraterna la Ley de Dios.
La Ley de Moisés fue escrita en piedra inamovible con interpretaciones
rígidas, como es el fundamentalismo musulmán.
Jesús nos enseña a liberarnos de la idea de un Dios poderoso que exige
sumisión, que controla y castiga.
Dios nos comunica su voluntad, es decir, lo que espera de cada uno.
Nos quiere convencidos de que eso es lo mejor para nosotros.
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Muchos años después de la muerte de Jesús, se peleaban aun por circuncidar
o no, por comer ciertos alimentos o no, por cumplir o no el sábado.
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El texto no dice: si tú tienes queja contra tu hermano, sino “si tu hermano
tiene queja contra ti”. Las ofrendas, los sacrificios, las limosnas, las
oraciones no nos sirven, si el otro tiene una cuenta pendiente contigo.
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En esa Ley se encierra la voluntad de Dios. Es necesario abrirnos al Padre y
colaborar con él para hacer la vida más justa y fraterna. Para Jesús, no
basta con cumplir la Ley que ordena «no matarás». Es necesario, además,
arrancar de nuestra vida la agresividad, el desprecio al otro, los insultos
o las venganzas.
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Cuando hablamos de “Ley de Dios”, no queremos decir que Dios haya


comunicado a un ser humano su voluntad en forma de preceptos, ni por
medio de unas tablas de piedra, ni por medio de palabras.
Dios no se comunica a través de signos externos, sino a través del ser.
La voluntad de Dios está en la esencia de cada criatura.
La voluntad de Dios no es un añadido a mi ser, no me viene de fuera.
Lo que otros nos dicen, nos ayuda a descubrir en nosotros lo que se nos dice.
Moisés supo descubrir lo que era bueno para el pueblo que estaba tratando
de aglutinar y por tanto lo que era bueno para cada uno de sus miembros.
No es que Dios se le haya manifestado de una manera especial. Él supo
aprovechar las circunstancias especiales para profundizar en su propio ser.
La expresión de esta experiencia es voluntad de Dios, porque lo único que Él
quiere de cada uno de nosotros es que seamos nosotros mismos, es decir, que
lleguemos al máximo de nuestras posibilidades de ser humanos.
¿Qué significaría entonces cumplir la ley?
Algo muy distinto de lo que acostumbramos a pensar.
Una ley de tráfico se puede cumplir externamente, aunque estés convencido
de que el "stop" está mal colocado. Yo lo cumplo y consigo el objetivo de la
ley, que no choque con el que viene por otro lado y además, evitar una
multa. Cumplir la Ley solo evita el castigo.
En lo que llamamos Ley de Dios, las cosas no funcionan así.
Si no descubro que lo que la Ley me ordena es lo que exige mi verdadero ser;
si no interiorizo ese precepto hasta que deje de ser precepto y se convierta en
convencimiento total de que eso es lo mejor para mí… el cumplimiento de
la ley me deja como estaba, no me enriquece ni me hace mejor. Si no son
mejores que los letrados y fariseos, no entrarán en el reino de los cielos.
Cumplían la ley externamente, pero eso no les hacía mejores sino mezquinos.
Desde esta perspectiva, podemos entender lo que Jesús hizo en su tiempo con
la Ley de Moisés. Jesús no fue contra la Ley, sino más allá de la Ley.
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Quiso decirnos que toda ley se queda corta y que tenemos que ir más allá de
la letra hasta descubrir el espíritu.
La voluntad de Dios está más allá de cualquier formulación y por eso
tenemos que seguir perfeccionándolas.