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El verdadero precio de una casa

Se trata de una pareja de ancianos llegada a la edad de la jubilación. Ese hombre y esa mujer tuvieron su parte de suerte en una vida
mediocre. No estaban agriados ni eran rebeldes. Pero he que un sueño irrealizable los obsesionaba: Tener una casita en el campo
para terminar en ella sus días. No podían pensar en otra cosa. Estaban dominados por ese deseo. Su imaginación se hallaba dirigida
hacia esa única esperanza. ¿Pero qué hacer para la realizar? No esperaban herencia. Los premios gordos de la lotería son difíciles y
la compra, cada semana, de un décimo de la lotería nacional sería una carga demasiado pesada para su magro presupuesto. Su hija
única, que era su alegría y su orgullo, se ganaba cómodamente la vida. Los ayudaba, redondeaba el fin de mes, pero no era con sus
economías que compraría una casa para sus padres.
El deseo se convierte en obsesión. Envenena la vida de esos buenos ancianos. Pero nada ni nadie puede dar esperanza en esa
noche desolada donde se lamentaban rumiando el deseo irrealizable.
Como todos los débiles y desesperados, los señores B no tienen más que un recurso: El milagro. ¿Por qué no podrían encontrar
fortuitamente la suma que les falta bajo los cascos de un caballo o en la chimenea en una noche de Navidad. Habrá alguna receta
mágica, una piedra filosofal, capaz de realizar ese deseo? La fe es siempre la consecuencia del deseo. Se cree para tener el derecho
de esperar.
La vieja pareja no se entregará a los charlatanes de los avisos (¿por suerte o por desgracia. Quién lo decide?). Un camarada de
trabajo de su hija forma parte de una secta de inocentes que se dedican al estudio de la felicidad bajo la conducción de un viejo
profesor de hebreo. Ese sabio maestro, venerado, enseña a los discípulos cómo vivir feliz. Señor y señora B le fueron presentados y
confesaron, muy ingenuamente, que cuentan con él para realizar su sueño. Lo toman por un hechicero todopoderoso.
— No soy yo. Sois vosotros quienes son capaces de transformar la esperanza en realidad. Bastará querer muy fuertemente y muy
asiduamente.
— Pero justamente, con todas nuestras fuerzas, queremos esa casa. Y no dejamos de pensar en ella.
— Entonces la tendréis. Es necesario solamente aprender a orientar la voluntad y deseo en una buena canalización, la cual conduce a
las cataratas de las fatalidades irreversibles. Pero antes de revelar algunos truquillos muy simples, los medios sin magia y sin misterio
que facilitan la realización de la esperanza, debo os poner en guardia contra las consecuencias posibles de un golpe de fuerza tal de
la suerte.
Trató de hacerles comprender el mecanismo de la compensación:
— ¿Es prudente alimentar un deseo tan ardiente por una casa que quizás no traerá la felicidad ansiada? Si para la conseguir forzáis a
la suerte será necesario que paguéis el peaje de ese exceso. No corred un riesgo tan grave. Se haría mejor en se resignar, en
contentarse con la mediocre y maravillosa felicidad ganada en la lotería del nacimiento. La más elemental prudencia ordena no
contrariar la suerte que se tiene.
Los señores B no comprendieron la explicación. Querían su casa. Que les indicasen los medios para obtener su objetivo y lo
intentarían todo sin cuidarse de las inexplicables represalias de la desgracia con las cuales se los amenazaba.
Esa humilde pareja nada tiene en común con los héroes de las parejas griegas. La fatalidad debería olvidarse de las pobres gentes.
¿Un golpe de pulgar dado a un destino mediocre puede perturbar el plan de la creación? Sin duda, puesto que en el hervidero casi
anónimo de los proletarios de la suerte, la ley de compensación juega con el mismo rigor que en el campo de los héroes y de las
estrellas. Aun si no se trata más que de un miserable robo de felicidad cometido por exceso de deseo. En todos los casos, ¡ay!, hasta
los más insignificantes, desde el momento en que la frontera fue violada, el orden y el equilibrio del universo son puestos en cuestión.
Entonces no hay diferencia entre los grandes hombres y los otros, entre los destinos fuera de serie y los de las bestias de tropa. La
rebeldía de una hoja que quiso cambiar el dibujo de una de sus nervaduras sería tan grave como la de Lucifer. Sea Napoleón el que
fuerza su suerte para conquistar el mundo o un pobre jubilado que fuerza la suya para poseer una casa de campo, el escándalo es el
mismo, el peligro es igual de grave. En los dos casos el equilibrio será restablecido, la compensación jugará de forma ineluctable.
Los inocentes B no escaparon. Cediendo a su instancia, el profesor de felicidad y de hebreo enseñó los medios prácticos de dirigir la
suerte. ¿Si es fácil, por qué privarse?
Durante varios meses se concentraron metódicamente sobre la imagen de su esperanza. Su casa, la concretaron hasta en los
menores detalles. Dibujaron con cuidado en un papel no solamente la fachada exterior sino también el plano interior de cada
habitación. Fue un verdadero esfuerzo de creación, un parto de la imaginación. A cada noche, antes de acostarse, trabajaban durante
horas, tratando de proyectar las imágenes de su obsesión. Así la casa empezaba a existir verdaderamente un poco fuera de su
imaginación.
Un día la encontraron físicamente. Se levantaba ante ellos, exactamente igual a lo soñado, con fachada de piedra, marcos de ladrillos
rojos, techo de pizarra, balcón de madera, jardín con arriate. Ni escuchaban la explicación del notario que los guiaba en su visita.
Sabían mejor que él el número de habitaciones y las ventanas, la disposición de los lugares, la ubicación del gallinero y de la conejera.
La casa soñada se convirtió en una casa real. Pero para el milagro fuera completo, faltaba el señor B se convertir en su dueño. Es
decir, encontrar el dinero para la pagar. ¿Ese dinero caería del cielo?
No dudaron de su suerte. En la borrachera eufórica de esa felicidad conquistada a media, se comprometieron ante el notario a volver
con un cheque en la semana siguiente, para firmar el boleto de compra.
Tomaron conciencia de su poder. Iniciados en la técnica de aplicación del deseo, sabían ahora cómo se fuerza a la suerte a obedecer,
a dar un paso más, cómo se puede obligar a la esperanza a materializarse. Ya encontrarían el dinero.
Encontraron. Recibieron el cheque. Era exactamente por el monto del precio de la casa, comprendidos todos los impuestos.
Fue una compañía de seguro quien lo envió, luego de la muerte accidental de su hija única.
El señor y la señora B tuvieron la casa de su sueño. La pagaron con la pérdida del único ser que querían y en el cual pusieron toda su
complacencia. Terminaron sus días en la desesperación y remordimiento. Se necesita una desgracia tan grande para compensar el
suplemento de suerte que arrancaron a la fuerza a su destino.

OFRENDAS (extracto de platica con el Maestro Plata)


Los antiguos tuvieron la ventaja de ver a los inorgánicos. Se dieron cuenta de que la tierra ya estaba ocupada, de que nosotros somos
los advenedizos. No llegamos y ocupamos una casa, un departamento, un terreno así nomás, tenemos que pagar por ello, dar una
renta. Eso son las ofrendas.
A los dueños de los lugares se les llamó dueños, duende (dueño de), ñuhu en mixteco.
Hasta la fecha, la gente del campo sigue haciendo las ofrendas. Van a sembrar, bendicen las semillas y ponen ofrenda en el campo.
Los constructores, ponen ofrenda en los cimientos (a la tierra); hacen ofrenda al cielo (la fiesta del colado).
Cuando don Juan entraba al auto de Carlitos, se agachaba, como ofrenda al espíritu del coche.
Los mayas no se atreven a ocupar lugares de espíritus poderosos, dicen que tienen encanto. Conocí a una chica que su familia se
atrevió y todo terminó muy mal para toda la familia. Los terrenos abandonados siguen sin ocuparse, pues la gente sabe.
Las principales ofrendas son a la madre tierra, por eso se dejaba un poco de vino para la tierra. En un principio era sangre. Las que
siguen son al espíritu de vida, al señor de la vida, pues somos parte de él. Él nos protege y dirige, nos enseña. La principal ofrenda es
el agradecimiento en cada bocado que comemos. Un curandero le hace la ofrenda de curar a lo demás, personas, animales, plantas.
La última ofrenda que hacemos es devolver el cuerpo a la tierra.
*+*
La ofrenda se puede ver como un pago; quieres algo, tienes que pagar por ello. Carlitos le ofreció dinero a don Juan, don Juan le dijo
que le diera su tiempo.
Como escribí antes, las ofrendas más importantes son a la madre tierra y al señor de la vida, pues ellos nos sustenta, nos protegen,
nos guían.
A partir de ahí, existen numerosos tipos de seres (inorgánicos) a los cuales tenemos que hacer pago.
Cuando ocupamos un pedazo de tierra, para construir nuestro hogar, tenemos que hacer tres pagos: el de la tierra, el del cielo y el de
la humanidad, esto es, en los cimentos, en el techo y la inauguración. De esa manera garantizamos que después no nos cobren los
espíritus.
Luego tenemos los del campo, hay que bendecir las semillas, poner las ofrendas en el campo, para que el cultivo se de
adecuadamente.
En la mayoría de los países hay tradiciones al respecto, algunas disfrazadas de cristianas, budistas, musulmanes, pero todas son de
origen pagano.
¿Quieres hacer rituales mágicos? tienes que hacer la ofrenda a los espíritus, según lo que quieres conseguir.
- Los elementales. Como su nombre lo indica, se relacionan con los elementos. Los de la tierra, gnomos, son muy interesados; hay
que ponerles una mesita con regalos. Los del fuego son directos y abiertos, exigen tu trabajo con el fuego, que sepas encender un
fuego y mantenerlo. Los del viento, silfos, son atraídos por la música, así los atraes y los haces tus amigos. Los del agua, son
seductores, te dejas seducir por ellos.
- Los aliados son atraídos y nutridos por las emociones. Pero esto es una simbiosis, pues te pasan su energía para poder cambiar y
crecer.
- Ángeles y demonios son muy veleidosos, exigen rituales muy complejos para terminar haciendo lo que se les pega la gana. No lo
recomiendo.
- Espíritus naturales, como de la montaña, del río, te tratan bien si eres bueno con la naturaleza, te piden humildad y apertura.
Cuando vas a lo salvaje, la montaña, el desierto, y te dan o pides algo, tienes que dar tu ofrenda. Lo más tradicional es dejar algo de
tu sangre.
Mucha gente en lo esotérico se acerca con la idea errónea de "qué me van a dar". Uno tiene que llegar dispuesto a dar para poder
recibir.
Hace muchos años, cuando conocí a Carlitos, fue en una serie de seis sesiones en casa de un amigo. En la segunda sesión, todos,
menos yo, llegaron con su libro para que se los firmara. Yo le compré un cuervo de peluche para regalárselo.
*+*
Esto de los gnomos es cierto, se llevan las cosas, especialmente chicas y brillantes. Hay que ponerlos en su lugar, para que no
molesten. Sin embargo, a los que se llevan bien con ellos los ayudan. Mi madre recibía regalos de ellos y mi hijo juega con ellos. A mí
ni se me acercan.
Lo de los demonios. Invocar ángeles o demonios requiere primero de abrir la puerta al otro mundo, que se abre con el ritual. Lo veas o
no, lo creas o no. Hace muchos años, cuando era chamaco, hice un ritual y aparentemente no sucedió nada. Entonces di por hecho
que no era nada y me fui. Unos 20 años más tarde, me llamaron a arreglar una casa que estaba infestada de demonios. Sorpresa me
lleve, pues era el lugar donde había hecho el ritual. Abrí la puerta y no la cerré, pues no me percaté de nada. Y todos esos años los
chamucos iban y venían. Los corrí, cerré la puerta y tantán.
Los demonios, no son malos per se (son creaturas de dios), el mal como lo describe la iglesia no existe. Son parásitos energéticos.
Así como hay amibas y áscaris, hay demonios. Entonces la posesión es un parasitismo, no tiene que ver con el bien y el mal, esos
son cuentos de la religión. Y hablando de cuentos de la religión, los chamanes y guerreros no creemos en la reencarnación.
¿Es necesario asociarse a alguna de estas fuerzas para liberarse?
Creo que sí, con el aliado.
Don Juan insistió mucho con Carlitos para que lo aceptara. Pero Carlitos nunca le perdió el miedo.
Don Juan le hacía que le leyera del diccionario el concepto de inercia (1a ley de Newton). No podemos cambiar, excepto si somos
afectados por una fuerza externa.
Los indios del Noroeste tienen la idea de que nosotros somos huevos que puso el creador (es decir, el huevo luminoso) y que
tenemos que eclosionar para ser como el creador, pero un huevo necesita el calor para eclosionar. Para eso sirve el aliado. Cuando
estamos en vínculo con el aliado, él toma parte de nuestra energía, pero a su vez nos da parte de la suya. El resultado es que poco a
poco vamos perdiendo la humanidad (forma humana) y vamos convirtiéndonos en inorgánico, que es el objetivo.
Cada vez que sales al campo, en una búsqueda de poder, de energía o de conocimiento, tienes que ofrendar algo.
Si vas de turista no tienes que hacer nada.
Cada vez que comes, de viva voz, en un ritual o internamente, agradeces a los seres que tuvieron que morir para que tú vivas.
Tratar de hacer las cosas abreviadas, simplificadas, es uno de los errores de nuestra civilización, nos ha alejado del cielo, de la tierra y
de los espíritus.
¿Quieren seguir el camino del espíritu? tienen que dejar de pensar "racionalmente". Tienen que usar el pensamiento mágico.