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El ser humano es el resultado de un proceso histórico y social, donde el lenguaje

representando la herramienta psicológica más importante y esencial. Inicialmente


usamos el lenguaje como medio de comunicación entre los individuos en las
interacciones sociales. Progresivamente, el lenguaje se convierte en una habilidad
intrapsicológica y por consiguiente, una herramienta con la que el ser humano
piensa y controla su comportamiento.

El lenguaje es el vehículo para  la adquisición de nuevos conocimientos, es sobre


todo, la  expresión en su máximo esplendor del pensamiento. Mediante el
lenguaje, las  personas tienen la posibilidad de reflejar las relaciones y conexiones
de la realidad que van más allá de la percepción, por esta razón,  el lenguaje es
una de las formas más complejas de los procesos verbales superiores.

3.1. Definición de lenguaje.

El lenguaje nos permite desarrollar habilidades personales e interpersonales que


favorecen un integral desarrollo del individuo, permitiendo así el acceso al
conocimiento.

En el entendimiento de dicho concepto, el lenguaje se define como “la herramienta


que posibilita el cobrar conciencia de uno mismo y ejercitar el control voluntario de
nuestras acciones, es decir, ya no se imita simplemente la conducta de los demás,
ya no se reacciona simplemente al ambiente, con el lenguaje se tiene la
posibilidad de afirmar o negar, lo cual indica que el individuo tiene conciencia de lo
que es, y que actúa con voluntad propia. En ese momento, las funciones mentales
inferiores seden a las funciones mentales intrapsicológicas. Por lo anterior, a
través del lenguaje el ser humano conoce, desarrolla y crea su realidad (Luria,
1992).”
Mientras que Pavio y Begg (1981), indican que el lenguaje es un sistema de
comunicación biológico especializado en la transmisión de información significativa
e intraindividualmente, a través de signos lingüísticos. La definición de estos
autores, entrelaza de forma soslayada diversas disciplinas de pensamiento para
describir los procesos de transmisión de información lo cual la hace
multidisciplinaria.

Según Sapir citado por Hernando (1995), alude que el lenguaje es un método
exclusivamente humano, y no instintivo, de comunicar ideas, emociones y deseos
por medio de un sistema de símbolos producidos de manera deliberada. De esta
definición, se desprende que el lenguaje, como medio de comunicación humana,
frente a los medios de comunicación animal (o de cualquier otro tipo), reúne estas
propiedades: a) ser un fenómeno exclusivamente humano, b) servirse de la voz
como vehículo de transmisión, c) no ser instintivo, d) utilizar un sistema de signos
y e) estar articulado a partir de determinadas unidades mínimas.

Como se puede observar existe una gran cantidad de definiciones otorgadas al


término lenguaje. Cada una de ellas con sus propias particularidades. No
obstante, pese a su disparidad, estas definiciones del lenguaje permiten entrever
ciertas regularidades: el lenguaje puede interpretarse como un sistema compuesto
por unidades (signos lingüísticos); la adquisición y uso de un lenguaje por parte de
los organismos posibilita en estos formas peculiares y específicas de relación y de
acción sobre el medio social; finalmente, el lenguaje da lugar a formas concretas
de conducta, lo que permite su interpretación o tipo de comportamiento.

3.2. Teorías sobre el desarrollo del lenguaje.

El lenguaje al ser algo íntimamente ligado al ser humano, ha sido estudiado desde
diferentes perspectivas teóricas para su entendimiento.
La primera de ellas, fue formulada por el psicolingüístico Chomsky a finales de los
años cincuenta. En ella se  postula que los principios del lenguaje son innatos y no
aprendidos. “El lenguaje se adquiere  porque los seres humanos están
biológicamente programados para ello. Todos los seres humanos van a desarrollar
una lengua porque están preparados para ello, sin importar el grado de
complejidad de la lengua (Chomsky, 1952)”.

Para explicar su teoría Chomsky (1952), propone el concepto de dispositivo para


la adquisición del lenguaje (DAL),  que sería algo así como  un procesador
lingüístico innato donde hay grabada una gramática universal o el conocimiento
de  reglas presentes en todas las lenguas.

Este dispositivo es capaz de recibir el input lingüístico y, a partir de él,  derivar las
reglas gramaticales universales. Este input es muy imperfecto, sin embargo 
permite a los niños analizar la lengua que escuchan  y extraer las reglas
gramaticales  para formar oraciones nuevas  y bien estructuradas. El dal programa
al cerebro para analizar el lenguaje escuchado  y extraer estas reglas.
     
Según esto,  los niños no necesitan ser sometidos a ningún aprendizaje para
aprender su lengua, sino que esta se adquiere y se desarrolla basándose en un
mecanismo de adquisición del lenguaje  universal y específico para la raza
humana.

En contraposición a lo anterior, Vigotsky (1992) alude que el lenguaje es la forma


primaria d interacción con los adultos, y por lo tanto, es la herramienta psicológica
con la que el individuo se apropia de la riqueza del conocimiento, desde esta
perspectiva, el aprendizaje es el proceso por el que las personas se apropian del
contenido, y al mismo tiempo del pensamiento.
El lenguaje es crucial para el desarrollo cognoscitivo, proporciona el medio para
expresar ideas y plantear preguntas, las categorías y los conceptos para el
pensamiento y los vínculos entre el pasado y el futuro.

Al pensar un problema, por lo general se piensa en palabras y oraciones parciales.


Vygotsky (1997) destacó la función del lenguaje en el desarrollo cognitivo, ya que
consideraba que bajo la forma de habla privada (hablarse a uno mismo) el
lenguaje orienta el desarrollo cognoscitivo.

Destacando otra conceptualización del lenguaje, se hace alusión a la teoría de


Piaget (1983), quien señala que las condiciones para el surgimiento del lenguaje
han sido preparadas por los distintos estadios de la inteligencia sensorio motora.

El lenguaje aparece en un momento de transición entre esta inteligencia y la que


se irá desarrollando en el periodo pre-operatorio, gracias a los beneficios de la
lógica sensorio-motora y la función simbólica.

En ese sentido, el autor explica la adquisición del lenguaje a partir la


sincronización que muestran la inteligencia sensorio- motora y la función simbólica
la cual, desde su punto de vista, no es fortuita, sino que más bien indicaría que la
formación de la función simbólica es un derivado de la inteligencia del periodo
sensorio-motor y que sería lo que finalmente permite la adquisición del lenguaje.

Aunado a esto, Piaget (1992) alude que en el desarrollo del lenguaje se distinguen
dos grandes fases o etapas:
La primera etapa que es la Prelingüística, en  la cual  el niño se prepara
adquiriendo una serie de  conductas  y  habilidades a través del espacio de
relación. Es básicamente, la  interrelación entre el niño, el adulto, y  lo  que se
genera entre ellos, desde cómo se adapta e integra a los estímulos  dados por el
medio. Lo anterior, garantiza en el niño la reciprocidad fundamental en la génesis
de los precursores del lenguaje.
A nivel cognitivo y según Piaget, el recién nacido estaría en el período
sensoriomotor. Este primer período es un estadio preverbal donde el niño
comienza a formar sus propios esquemas sensoriomotores. Debe aprender
operaciones básicas, con las cuales relacionarse con el mundo exterior. La
primera tarea de los lactantes es comenzar a establecer sus propios límites del
ego (donde acaba él y empieza el mundo externo).

Por medio de la interacción con los objetos y personas y en relación a ellos


empiezan a organizar el tiempo y el espacio. A medida que progresan, empiezan a
demostrar signos de intencionalidad, este es el paso inicial de la aparición de la
inteligencia. Con este comienzo, los niños están en camino hacia el desarrollo
sensoriomotor, lo que van a conseguir mediante la elaboración de cuatro
entendimientos: constancia de objetos, espacio coordinado, causalidad y
temporalidad.

Durante los tres primeros meses de vida, las rutinas ligadas a las necesidades del
bebé y el adulto comparten unos significados que permiten regular conjuntamente
algunos de sus comportamientos. En esta relación específica que hay entre el
cuidador (madre u otro miembro) y el niño, la madre empieza a enseñar
inconscientemente el lenguaje.

Esto ocurre mediante el habla de estilo materno que parece seguir el desarrollo
básico, comenzando en el nivel más fundamental y haciéndose gradualmente más
complejo a medida que el niño crece.

El habla de estilo materno se caracteriza por ser simple estructuralmente (usa


frases cortas, no subordinadas, no modificadores), hay un alto grado de
redundancia, el tono es alto, la prosodia exagerada, el léxico (palabras utilizadas)
son aquellas que están presentes en el entorno del niño, hay preguntas y
explicaciones sobre lo que la madre va diciendo o lo que el niño hace.
Hacia los 6 meses el niño empieza a explorar los parámetros de su aparato vocal
para ver qué puede hacer. Aprenden a producir vocales abiertas y las primeras
consonantes. Con el balbuceo y el laleo, el niño va experimentando los sonidos.
También aparece una ecolalia, el niño parece un “loro” ante cualquier cosa que
diga la madre, repite como si estuviera jugando. Hacia el final de este primer
período el niño será capaz de decir las primeras palabras.

Mientras que en la segunda etapa de Lingüística, la cual aparece


aproximadamente cerca del año de edad, cuando el  niño integra el "contenido"
(idea) a la "forma" (palabra) para un objeto determinado o persona determinados. 
Este período se caracteriza por el acceso progresivo a la inteligencia
representativa; cada objeto se representará por una imagen mental que lo
substituirá en su ausencia.

Según Vila (1992), hacia los tres años han desaparecido las dificultades para
pronunciar diftongos y se produce un significativo progreso en las consonantes;
aunque se presentan errores con algunos grupos consonánticos, normalmente en
torno a los 4 años el repertorio fonético está casi completo. El léxico crece a un
ritmo notable, duplicándose el vocabulario cada año.

Empieza a usarse el pronombre de tercera persona, aunque su dominio y usos no


estarán completos del todo hasta los 7 años. Los posesivos son comprendidos.
Hacia los 2 años aparecen las primeras combinaciones de 3 o 4 elementos, no
siempre respetando el orden.

Hacia el final de este período, la lectoescritura introduce al niño en una nueva


dimensión de uso del lenguaje y de acceso a los conocimientos elaborados
culturalmente.
 
Sobre esta línea, Luria (1992) menciona que en el desarrollo del lenguaje se
involucran cuatro aspectos importantes, que son:

1. El cognitivo, a nivel de la corteza cerebral donde se recibe, procesa y


elabora la información y  donde se ponen en marcha diversos procesos como
la atención y la memoria.
2. El social-afectivo, porque el lenguaje implica comunicarse con otras personas.
3. El auditivo para la percepción auditiva adecuada y la comprensión del
lenguaje.  
4. El motor (órganos fonoarticuladores) para la articulación de los sonidos y la
adecuada expresión verbal.
 
3.3. Áreas neurofisiológicas del lenguaje

El estudio de las bases neuroanatomías del lenguaje surge de la necesidad de


comprender el origen y naturaleza de la producción del habla; para comprender lo
anterior, es importante considerar sus bases principales que regulan el
funcionamiento del lenguaje.

De acuerdo con Benítez (2006), el lenguaje es una función superior del cerebro
que posee tres componentes: un mecanismo neuronal, que está formado por
circuitos de neuronas y ganglios basales permitiendo el procesamiento secuencial
de diversos elementos; una memoria de trabajo verbal que hace posible el
almacenamiento a corto plazo de la información lingüísticamente relevante y, por
último, el lexicón o diccionario mental que incluye el significado y los
requerimientos sintácticos de las palabras que formarán parte de una oración.

El lenguaje, a su vez es desarrollado por dos instancias: la estructura


anatomofuncional, determinada genéticamente, y el estímulo verbal,  proveniente
del entorno (Castaño, 2002).
A su vez la estructura anatomofuncional posee tres sistemas principales que
sustentan funcionalmente el lenguaje, estos son: el Sistema Operativo o
Instrumental, que incluye el Área de Broca  y el Área de Wernicke; el Sistema
Semántico, el cual abarca grandes extensiones corticales de ambos hemisferios
cerebrales y el Sistema Intermedio, que es el mediador entre los dos sistemas
anteriores y se ubica  alrededor del sistema operativo o instrumental (Luria, 2000).

Dentro del sistema operativo se pueden distinguir dos ámbitos: uno relacionado
con la producción del lenguaje y otro con el entendimiento del mismo. Por lo
anterior, la comprensión del lenguaje se lleva a cabo a partir de una secuencia de
eventos que comienza con la discriminación de sonidos percibidos, la cual se lleva
a cabo a través de la actividad de circuitos neuronales específicos, que diferirían
de los involucrados en la percepción de sonidos no lingüísticos. Posteriormente,
en un segundo nivel de procesamiento constituido por la extracción de los rasgos
fonéticos con valor fonológico, que son dependientes del componente léxico
(Benítez, 2006).

Consecutivamente, sigue la generación de la  palabra que conlleva una selección


del significante adecuado a lo que se desea comunicar, para ello es necesario
acceder al lexicón.  La información contenida en el lexicón mental (el conocimiento
que un hablante tiene interiorizado de su vocabulario) constituye además el punto
de inicio para la generación de la palabra en el discurso.

Para ello, se requiere una serie de tareas secuenciales, de manera que los rasgos
semánticos privativos del concepto que se desea transmitir se utilizarán para la
selección del significante adecuado, el cual será luego estructurado
fonológicamente y emitido gracias a los movimientos articulatorios generados por
el aparato fonador (Hillis et al, 1999).

Es importante señalar que, una vez decidida la estructura fonológica de la palabra,


dicha información es mantenida activa por parte de la memoria de trabajo verbal
hasta que se produce la activación de los centros neuronales que controlan los
movimientos articulatorios.

Dentro del ámbito de la producción del lenguaje, destacan  los órganos fonatorios
y otras estructuras cerebrales, tales como:

a) Área de Broca: se encuentra en la región postero-inferior del lobo frontal


izquierdo, donde se conecta con el córtex motor primario de los músculos
orolaringofaríngeos (encargados de la producción de la voz). La función
principal de esta área es la codificación de patrones de inervación
articulatorios del habla, para la expresión del lenguaje.
b) Tálamo: estructura encargada de coordinar la actividad motora/sensorial de
las zonas corticales del habla.
c) Ganglios basales: estructuras que regulan la fluidez del lenguaje oral y
coordinan las secuencias motoras del lenguaje oral y escrito.
d) Cerebelo: órgano que coordina la fluidez de los movimientos de articulación
del habla y de la escritura. Además, regula la ejecución de los movimientos
precisos que intervienen en la articulación de los sonidos del lenguaje
(Muñoz, 2009).

Una vez procesada la información a nivel cerebral, actúan los órganos fonatorios,
en la emisión del habla, de la siguiente manera: desde las cuerdas vocales el aire
pasa al tracto vocal constituido por los resonadores bucales, faríngeos y nasales.
Éstos permiten la producción de sonidos diferentes, dependiendo de la forma en
que el aire es obligado a circular a través del tracto vocal.

La comprensión del lenguaje permite definir qué ocurre cuando escuchamos una
expresión lingüística o leemos una frase y la comprendemos. A pesar de su
aparente facilidad, la comprensión del lenguaje entraña un proceso complejo.
Diversas investigaciones, han aportado el conocimiento de las estructuras
anatofuncionales del cerebro participes en el proceso de comprensión del
lenguaje, entre ellas, se menciona la aportación Muñoz (2009) las cuales son:

a) Área de Wernicke: se ubica en la región posterior del lobo temporal


izquierdo del cerebro. Esta área actúa como un procesador de sentidos del
habla y  su  función es la decodificación fonética.
b) Circunvolución supramarginal: área cerebral encargada de la integración de
la información sensorial, la cual permite la comprensión del lenguaje oral y
escrito.
c) Circunvolución angular: centro de la lectura. Produce modelos visuales de
letras y palabras a través de la coordinación de distintas informaciones
sensoriales. Convierte estímulos visuales en formas auditivas adecuadas.
d) Fascículo arqueado: conexión entre área de Broca y Wernicke.
Sincronización del lenguaje comprensivo y expresivo.
e) Núcleos geniculados: son responsables del procesamiento inicial de los
sonidos lingüísticos.

En el entendido de que ambos procesos en la comprensión y generación del


lenguaje, estos se llevarían a cabo, mediante el siguiente circuito: los estímulos
ambientales se captarían mediante los órganos de la audición luego estos se
procesarían en distintas áreas cerebrales para su comprensión. Posteriormente,
se seleccionarían las piezas léxicas para la generación de una oración que
responda adecuadamente a los requerimientos de los estímulos y finalmente la
oración se emitiría a través de los órganos fonatorios.

3.4. Importancia del lenguaje en el proceso de enseñanza aprendizaje.

Los seres humanos están en permanente comunicación, sin ella no sería


posible difundir sus conocimientos creados y acumulados a través del
correr de los años, y no podrían progresar social, cultural, política y
económicamente. La comunicación es un proceso de intercambio de
conocimientos, de información, de opiniones o puntos de vista entre los
individuos. La comunicación humana es esencial para el desarrollo de la
vida en sociedad de los individuos que se lleva a cabo a través de lenguajes.
Por lenguaje se entiende la capacidad que tienen los seres humanos para
crear diversos tipos de comunicación; existen varias formas de lenguajes
como la mímica, la pintura, la danza, la música

Para estudiar el lenguaje en el proceso de enseñanza aprendizaje es preciso tener en cuenta:

 Que el proceso enseñanza aprendizaje consiste esencialmente en acciones comunicativas,


específicamente verbales que tienen lugar al planificar y programar el trabajo, compartir
información, establecer discusiones, solucionar aspectos de orden psicológico y social y evaluar el
proceso de enseñanza aprendizaje.

 El lenguaje no solo es una relación de símbolos y signos que actúan para servir de instrumentos
de expresión del pensamiento, sino que es sobretodo un proceso de interacción y comunicación
del niño con el mundo, con otros niños, con los adultos y consigo mismo.

 El niño no se limita a recibir pasivamente los estímulos, sino que construye sus conocimientos y
habilidades de una manera activa. El lenguaje es ante todo comunicación. En este proceso el niño
capta las reacciones de las personas que le rodean, asimila los acontecimientos en el contexto en
referencia a lo que él dice y va modificando su conducta para buscar mejores niveles de
comunicación.

 La capacidad para comunicarse está relacionada con aspectos tales como: motivación o
necesidad de comunicarse; percepción de las palabras que influyen en la conducta de los demás;
habilidad para escuchar y para iniciar la conversación, y sentimiento de seguridad y confianza del
niño en sí mismo. Según Goodman (1989) el lenguaje está impulsado desde adentro por la
necesidad de comunicación y está moldeado desde afuera según las normas sociales que
interactúan en el proceso de comunicación.

 Resulta de interés considerar que el lenguaje se encuentra presente en toda la vida psíquica del
individuo, en estrecha relación con el pensamiento y la actividad cognoscitiva y como regulador de
la conducta y la actividad general del hombre.

 El lenguaje tiene un papel fundamental en la adquisición y desarrollo de los conocimientos, es un


vehículo de relación social del individuo y desempeña un rol principal en la formación de la
personalidad del mismo. Sin el lenguaje, la producción social y la sociedad misma serían
imposibles.

Estas consideraciones nos enfrentan al problema que debemos abordar en la enseñanza de la


lengua en los primeros grados: la dimensión pedagógica del lenguaje, que plantea los modos de
actuar sobre ella para facilitar su dominio y que cumplan ampliamente las funciones de expresar y
comunicar.
En la medida en que el niño comienza a participar del medio social que funciona fuera de su hogar
y su vida de relación trasciende lo familiar puede comprobar que son otras las exigencias; el
expresarse bien constituye una necesidad para comunicarse con sus pares e integrarse.

En este sentido hay que buscar la corrección del lenguaje en cuanto acomodación de los impulsos
excesivos del niño en la recreación de los signos y esquemas adquiridos por imitación de los que
oye en el seno de la vida familiar, a la norma culta que rige fuera de esos límites, haciéndolo capaz
de formular clara y correctamente su pensamiento hablado o escrito; y de comprender también el
pensamiento ajeno.

En la enseñanza de la lengua resulta fundamental no perder de vista que su objetivo no se limita a


dotar al alumno sólo de conocimientos lingüísticos y de carácter normativo, como tradicionalmente
se ha propuesto, sino que su alcance es mayor, pues debe estar orientada hacia el logro de la
competencia comunicativa, que implica poder comprender y construir significados, en diferentes
situaciones comunicativas, en dependencia de la intención comunicativa que se tenga.

La escuela tradicional incurrió en errores de método, y creó en definitiva una didáctica de muy
pocos resultados. Basta reflexionar en cómo subvertía el orden natural de la adquisición y el
perfeccionamiento del idioma y en cómo se olvidaba lo esencial, desplazado por lo secundario y
artificioso. Se desnaturalizaba la esencia misma del lenguaje, por la imposición fría de conceptos
gramaticales y expresiones de estructura formal.

En la última década con el desarrollo de la psicolingüística y la sociolingüística el problema de la


comunicación y su importancia en todos los ámbitos de la vida del hombre ha requerido el retorno
hacia el estudio del papel social del lenguaje, con lo que se ha abierto el camino de las
investigaciones orientadas a su análisis en las condiciones concretas en que el hombre la produce.

De lo anterior se desprende que la enseñanza de la lengua, para que sea efectiva, debe propiciar
el análisis de tales hechos, su descripción en las situaciones en las que el hombre participa con
diferentes propósitos y descubrir el valor y funcionalidad de los recursos expresivos empleados.
Supone, además, colocar al alumno en situaciones comunicativas más complejas y enfrentarlo a
disímiles textos a fin de que se percate de la necesidad de elegir el código adecuado al estilo de la
comunicación y de construir de manera efectiva.

Como nueva forma de organizar la terapia del lenguaje, se le da prioridad al valor comunicativo de
los elementos del lenguaje y no al aspecto puramente lingüístico y formal. Es decir, que de una
didáctica de la lengua hemos transitado a una didáctica del habla, que se centra en el problema de
la comunicación, o sea, en lograr que nuestros alumnos se conviertan en comunicadores eficientes
capaces de comprender y construir textos de forma coherente, en dependencia de las necesidades
comunicativas que se les presentan en las diferentes situaciones comunicativas en las que habrán
de interactuar. A esa nueva concepción la denominamos enfoque comunicativo de la lengua.

El objetivo fundamental del enfoque comunicativo es contribuir al desarrollo de la competencia


comunicativa del alumno, entendida esta como el conjunto de habilidades comunicativas
requeridas para el ejercicio eficiente de las funciones de una profesión u ocupación dada.

No es ocioso insistir en que el lenguaje, se adquiere y se perfecciona de la misma manera en que


el niño se adiestra en ella y se hace con ella: oyendo, imitando, reproduciendo lo que la gente dice,
expresando lo que el siente, relatando hechos ocurridos, de ahí la importancia del buen ejemplo y
los buenos modales.

Las relaciones de comunicación no siempre favorecen el establecimiento de un estado futuro


superior del desarrollo psíquico. El sujeto debe tener éxito en sus contactos comunicativos y puede
no tenerlos. Si analizamos que, en virtud del logro de relaciones comunicativas desarrolladoras, el
niño debe aprender cómo hacerlas, entonces nos moveríamos en el plano de cómo propiciar que el
niño construya determinadas formas y maneras de establecer una comunicación y por qué
realizarlas para sentirse bien, para obtener lo que desea, para que los demás lo evalúen bien, para
que lo acepten.

El maestro debe propiciar en sus clases que el niño hable a los demás que le diga sus experiencias
de su vida: narraciones de hechos, de recuerdos, de reflexiones e inquietudes íntimas,
aspiraciones. En todas las ocasiones, el maestro, deberá estimular y no censurar, mostrar
complacencia ante las virtudes expresivas de la lengua hablada, exaltar el mérito de la claridad,
sencillez y naturalidad.

Si se crea en las actividades escolares y extraescolares, un clima favorable de sinceridad, de


esfuerzo o deseo de progreso, de respeto y afición por el idioma, no será difícil que los alumnos,
narren, describan y expongan libremente sus opiniones y juicios.

Teniendo en cuenta que la forma de expresarnos revela mucho de nuestra personalidad, debemos
propiciar en cada actividad que se realice con el niño, que se exprese espontáneamente, sin el
empleo de palabras ajenas, repitiendo expresiones aprendidas como clichés.

Las expresiones primeras del niño tan creativas y originales, van siendo muchas veces reprimidas
por excesivas correcciones, orientadas todas sólo a la perfección del códigos; por otro lado la
expresividad es frenada por inadecuados modelos estereotipados, vacíos, o en el mejor de los
casos no son estimuladas por un maestro que no exige, no busca, no se apoya en la imaginación y
fantasía infantil. Cada vez le hacemos más difícil al niño expresarse. Cada vez tiene menos cosas
que decirnos de su cosecha, pues los ejercicios que le proponemos no tienen nada que ver con su
mundo. Los estudiantes, en ocasiones, se sienten incompetentes, incapaces de producir, de hacer
un cuento, porque sienten que tienen que hablar con palabras ajenas.

Es obligada la referencia a los elementos motivacionales orientados al aprendizaje del lenguaje y la


comunicación. El niño debe sentir la necesidad de utilizar bien el lenguaje, de conocerlo, pero debe
enfrentarlo como un recurso útil para su comunicación con los demás y no sólo como una materia
escolar que se termina en un curso con la calificación de su maestro.

El análisis realizado de las interacciones verbales maestro – alumno durante las clases indican que
los maestros llevan “la voz cantante" y son los que hacen uso de la palabra durante casi todo el
tiempo. El porciento de la clase en que los alumnos hablan es mínimo y casi siempre dedicado a
responder preguntas que hace el maestro; existen pocas posibilidades para que ellos expresen
ideas y sus puntos de vista; la mayor parte de las preguntas que se realizan en las clases son de
respuestas limitadas, no de elaboración personal, que le sirva al maestro para saber, por ejemplo,
si memoriza algo que funciona como conocimiento propedéutico para un nuevo aprendizaje, o un
cálculo para realizar bien una operación o preguntas cortas para ver si siguen el curso de su
explicación.

Pocas veces se pide al alumno que haga valoraciones personales, que diga su juicio acerca de un
suceso, que se refiera a cómo lo ha impresionado un hecho, que describa sus vivencias frente a
determinada situación. Muchas veces planteamos que nuestros alumnos se expresan mal, que no
saben comunicarse, pero no le damos las posibilidades para que se expresen libremente, para que
aprendan a hacerlo. No siempre organizamos la clase contando con su participación en un sentido
más de intercambio, de aporte, de escuchar lo que tienen que decirnos, pensando que sólo somos
nosotros, los maestros, los que tenemos cosas que decir y que ellos solo pueden participar en la
medida que sean capaces de responder a nuestras preguntas.
Colectivo de Autores. Orientaciones Metodológicas Lengua Española 2do grado. La Habana:
Editorial Pueblo y Educación, 2006.

2. Colectivo de Autores. La comunicación educativa en la atención a niños con necesidades


educativas especiales. La Habana: Editorial Pueblo y Educación,2003

3. Fernández González, Ana María. Comunicación educativa. La Habana: Editorial Pueblo y


Educación, 2002.

4. García Alzola Ernesto. Metodología de la enseñanza de la lengua. La Habana: Editorial Pueblo y


Educación, 1988.

5. La enseñanza de la lengua materna en la escuela primaria. I y II parte. La Habana: Editorial


Pueblo y Educación, 1995.

6. Martínez Mendoza, Franklin. Lenguaje oral. La Habana: Editorial Pueblo y Educación, 2004.

7. Sales Garrido, Ligia. La comunicación y los niveles de la lengua. La Habana: Editorial Pueblo y
Educación, 2005.

8. Selección de temas psicopedagógicos. La Habana: Editorial Pueblo y Educación, 2008.

En los primeros años escolares, el niño recurre a su lenguaje expresivo y, con sus
significaciones, puede analizar, sintetizar, agregar, quitar, ensayar, acertar y equivocarse, y
así en relación con sus pares y con la orientación del adulto en la figura del maestro, irá
armando los aprendizajes para acceder al conocimiento científico, especialmente
sistematizado que la escuela ya tiene programados.

En estos primeros años la función socializadora del lenguaje, es la que adquiere


mayor relevancia: el niño participa cotidianamente en situaciones, en las cuales, la
interacción comunicativa con sus pares, y con el adulto constituye el eje central de la
actividad escolar.

A partir de los grados medios, aproximadamente a partir del cuarto grado, los
contenidos escolares comienzan a ser abstractos, al niño se le aleja la posibilidad de
manipular el objeto que debe aprehender. Entonces en lenguaje, constituyéndose en
estrategia fundamental del aprendizaje pedagógico, se coloca como mediador entre el niño
que construye y el conocimiento que debe ser construido.
Vigotsky se refiere al papel mediatizador del lenguaje cuando dice: “…el principal
papel de la palabra es su papel designativo, como función de representación, de sustitución
del objeto y está siempre dirigido hacia fuera, hacia un objeto, una relación o una cualidad.
Gracias al papel designativo de la palabra, el mundo se duplica y el hombre tiene la
posibilidad de operar mentalmente con las cosas, aún en su ausencia…”. Así mismo, Luria
expresa que la principal conquista que el hombre obtiene gracias al lenguaje es la
posibilidad de relacionarse con los objetos en ausencia de sus percepciones inmediatas.

El lenguaje se constituye en uno de los pilares fundamentales de la alfabetización.


Luego este proceso de instrucción, producto de la construcción social, permite una
interminable cadena de aprendizajes ulteriores, en los cuales entre el lenguaje y el
conocimiento se establece un canal de ida y vuelta, de intercambio sostenido, constante e
intransferible, a veces ayudado por la imagen.

Si por un lado consideramos al lenguaje como materia prima de la lectura y la


escritura, interactuando de manera permanente con el conocimiento, y por otro lado
consideramos que la escuela tiene como objetivo principal partir de la alfabetización para
sistematizar el conocimiento, se podrá claramente ver que es el Lenguaje el que ofrece la
base fundacional de la Escuela como institución social.

La enseñanza formal es uno de los ámbitos de la vida social, donde la expresión


verbal, no verbal y paraverbal, tienen una presencia importante. Tal y como afirma
Villasmil (2004), los docentes han de tener claro que enseñar es comunicar y,
aunque el viejo esquema de comunicación centrado en la existencia de un emisor,
receptor y un mensaje ha sido enriquecido con nuevos aspectos que rodean el
acto de la comunicación, en la educación se han adjudicado claramente los
papeles, a partir de esta vieja forma de entender el acto comunicativo. Se entiende
por tanto que el docente es el emisor, el alumno el receptor y lo que el docente
dice es el mensaje. Esta forma de entender la comunicación ha primado durante
años en el ámbito escolar y ha definido el desempeño de profesores y alumnos y
la función propia del conocimiento que se comunica dentro del mensaje. Pero hay
que tener en cuenta que hablar del discurso del profesor en el aula no implica
únicamente hablar del estilo utilizado por el profesor, implica hablar del lenguaje
en general y de su intencionalidad.

A través del lenguaje es como se establecen las relaciones humanas y se


difunden las normas de comportamiento, por lo que hay que tener muy en cuenta
los aspectos lingüísticos de la comunicación y la aptitud en el lenguaje verbal, ya
que su carencia implica la casi total imposibilidad de acceder a las informaciones y
de organizar los conocimientos eventualmente adquiridos.

El lenguaje del profesor es importante no ya sólo para la comunicación, sino para


la formación misma de los estudiantes. Pero en la práctica escolar con frecuencia
el profesorado no se plantea el problema de las palabras que utiliza, ni la manera
de comunicarse con los alumnos. Y más aún los docentes de ciencias, ya que el
lenguaje siempre ha sido considerado como perteneciente a las materias
humanísticas. Se limitan a menudo al desarrollo de los contenidos de los
programas escolares, anulando el aspecto formativo de la enseñanza científica y
aceptando de hecho no ser competentes en un papel de formación cultural global.

La escuela no sólo proporcionaría a los estudiantes los instrumentos necesarios


para desarrollar sus capacidades lógico-lingüísticas, sino que asimismo les
debería hacer comprender las reglas que gobiernan el lenguaje y sus maneras de
adaptarse a las exigencias comunicativas de los diversos sectores y contextos.
Comprenderían así la génesis del lenguaje, su evolución histórica, sus reglas, su
capacidad de modificarse según las necesidades. El papel cultural de los maestros
de ciencias podría ser, pues, fundamental si adquiriesen la conciencia de que
pueden realizar esta fascinante tarea: no sólo hacer comprender el léxico
específico de la ciencia, sino también, y sobre todo, cómo se articulan y cómo se
construyen los discursos y cuáles son sus objetivos, sus interconexiones con el
quehacer de la ciencia y los problemas de la comunicación en la sociedad
contemporánea. Y con esto, asimismo, mostrar cómo se van construyendo los
conocimientos científicos en lugar de enseñarlos como patrimonio de
conocimientos dados.
Las palabras son importantes sólo si, como dice Lavoisier, evocan en la mente “la
vista de los hechos y de las ideas que derivan de ellos”.

Bibliografía:

 Muñoz E, Blázquez J, Galpasaro N, González B, Lubrini G, Periáñez J, Ríos


M, Sánchez I, Tirapu J, Zulaica A. Estimulación cognitiva y rehabilitación
neuropsicológica. Barcelona; 2009
 Castaño J, bases neurobiológicas del lenguaje y sus alteraciones. Revista
de Neurología. Argentina [Revista en internet], marzo 2002 [Citado el 28 de
diciembre del 2002]; 36(8). Disponible en :
http://www.neurocatedra.net/LinkClick.aspx?fileticket=hCVbbJiBAFk
%3D&tabid=129&mid=590
 Benítez, A. Caracterización neuroanatómica y neurofisiológica del lenguaje
humano. [monografía en internet] España: MNHN; 2006 [citado 2006]
Disponible en: http://www.uned.es/sel/pdf/jul-dic-05/RSEL-Benitez.pdf 
  Castañeda P. Explorando la producción sonora del habla. En: El lenguaje
verbal del niño: ¿cómo estimular, corregir y ayudar para que aprenda a
hablar bien? Lima, Perú: UNMSM; 1999, pp. 124-140. Disponible en
http://sisbib.unmsm.edu.pe/bibvirtualdata/libros/linguistica/leng_nino/pdf/exp
lor_producc.pdf

Integrantes:

 Marcela Castro
 Elisabeth Inostroza
 Ingrid Lizama
 Karol Molina
 Marcela Morales
 Pablo Muñoz

Grupo: Bases neuroanatómicas del lenguaje

1 Comentario
|

Comentarios

El tema tratado nos parece de gran relevancia, ya que las investigaciones que se
han realizado en el ámbito han permitido alcanzar grandes avances tanto en
estudios de pautas conductuales como a nivel de procesos necesarios para la
comprensión y producción del lenguaje. Considerando lo anterior, quisiéramos
complementar su texto con una idea que no fue mencionada, referente al
hemisferio derecho del cerebro y su relación con el lenguaje.

El hemisferio derecho suele asociarse a la afectividad, emotividad y percepciones


sensoriales, por lo que parece no tener mucha relación con el lenguaje, sin
embargo, para establecer una rica interacción comunicativa, la activación de
zonas de este hemisferio es fundamental. A modo de ejemplo podemos mencionar
que durante los últimos años se han realizado diversos estudios en personas
diestras que han sufrido lesiones cerebrales en dicho hemisferio, observándose
dificultades en la prosodia emocional y la interpretación del lenguaje no literal, ya
que las personas afectadas no son capaces de comprender intenciones al
enfrentarse a actos de habla indirectos, metáforas, chistes o ironías (Fajardo,
2005).

Si nos detenemos en las características del lenguaje afásico, por citar un ejemplo,
podemos observar que

 “El afásico habla mejor cuando se encuentra en un ambiente familiar y lo que dice
nace de sus deseos o necesidades, cuando traduce sus emociones. En cambio si
se encuentra en situaciones más artificiales, si se le exige recurrir al metalenguaje,
el defecto es mucho más evidente. Esto significa que en el lenguaje más
emocional o automático es importante la contribución del hemisferio derecho.”
(Donoso, 2006, p. 60)

Para concluir, consideramos de suma importancia recalcar que para lograr un


adecuado desarrollo del lenguaje, ambos hemisferios deben trabajar de forma
coordinada y armónica. En este sentido es fundamental considerar las áreas
específicas del lenguaje, pero también lo es incluir aquellas regiones que
participan de forma activa en la comprensión de las intenciones implicadas en la
comunicación.

Referencias

Donoso, A. (2006). Hemisferio derecho y lenguaje. En Cerebro y lenguaje.


Santiago de Chile: Editorial Universitaria.

Fajardo, L. Aproximación a los fundamentos neurológicos de la metáfora. Forma y


Función no.18, dic. 2005. Recuperado de http://www.scielo.org.co/scielo.php?
pid=S0120-338X2005000100004&script=sci_arttext
Integrantes

Francisca Martínez Beas

Esteban Rocha Ramírez

Melanie Ruz Vergara

Paula Toro Parra

Grupo de teoría de la mente e intersubjetividad.

→ Responder

   Compañeros, nos resulto bastante interesante la manera en la que plantearon


este tema, el cual, puede presentar ciertas complejidades en su comprensión
debido al vocabulario mas técnico que utiliza, propio de un tema que se centra en
la descripción de procesos fisiológicos y anatómicos. Creemos que lograron el
objetivo de desarrollar cada idea de manera didáctica, de modo que el texto pueda
ser entendido por una gama más amplia de lectores.
Sin embargo, este mismo hecho nos permitió identificar de manera más precisa,
dos puntos en los que sentimos faltó consistencia o mayor profundización. El
primero se centra en el siguiente fragmento “los estudiosos teorizan sobre que
existen dos posibles circuitos distintos para la entrada y la salida al lexicón, que
serían los encargados de la representación fonológica de la palabra durante la
recepción y producción respectivamente”. En esta cita nos pareció que la idea no
estaba expuesta de manera clara, por lo que tratando de complementar su trabajo
encontramos un paper donde la idea es expuesta de una forma mucho más
directa y sencilla. Este modelo considera que para los procesos de entrada y
salida de acciones hay dos lexicones diferentes, en el primero se almacenan las
imágenes de gestos conocidos (visto previamente) por el sujeto y en el de salida
los patrones de ejecución de los gestos o acciones” (Gonzales Rathi et al 1991-
1997). Si bien el fragmento anterior está planteado en base a la comunicación no
verbal, podría perfectamente reflejar lo que ocurre con la emisión del lenguaje oral.
El segundo punto en el que queríamos detenernos, es en el hecho de destacar
que por más sofisticado que sea nuestra estructura anatomofuncional a nivel del
lenguaje, no es el único protagonista relevante a la hora de establecer las bases
sobre las cuales desarrollaremos nuestro lenguaje tanto oral como no verbal. Esto
se debe, principalmente, a que gran parte de nuestro desarrollo comunicativo
ocurre gracias a la estimulación que ejerce el medio socio-ambiental en el que nos
desenvolvemos. De esta manera lo explica Otálora, cuando señala que

los primeros años de vida del pequeño son fundamentales para el desarrollo de
sus habilidades y destrezas. Las circunstancias y experiencias a las que es
sometido desde su nacimiento se convierten en momentos oportunos para
impulsar y estimular las cualidades que le permitirán tener mayor o menor éxito, al
ingresar a la escolaridad formal. Así, los padres y madres se constituyen en los
primeros educadores de los hijos e hijas. Los retos y logros más trascendentes
para el desarrollo de aptitudes y capacidades, se le plantean al infante antes de
ingresar a la educación formal. Cuando el niño o niña llega a la edad escolar, la
mayoría de sus conexiones cerebrales, habilidades lingüísticas y cognitivas, y
capacidades físicas se encuentran asentadas (Otálora, 2006, p. 3).

Con la información anterior podemos deducir que el lenguaje no es un proceso


que se desarrolla únicamente por medio de nuestra constitución anatómica, sino
que se complementa en gran medida, con otro factor tan importante como es la
estimulación que ejerce el medio sobre el individuo.

Bibliografía

De Tejada, M., Otálora, C. (2006). Estimulación cognitiva de madres del sector


popular. Revista Investigación y Postgrado. XXI (21), 43-67.

Politis, D., Tamaroff, L. (2007). Evaluación de las apraxias en base a un modelo


cognitivo. Revista Neurológica Argentina. XXXII (32), 47-55.

→ Responder
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Referencias
Baquero, Ricardo. "Vygotsky y el aprendizaje escolar". Buenos Aires Editorial Aique S.A.
1997.
Desarrollo del lenguaje y evolución - Monografias.com; consulta 28-05-07.
Publicado

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