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SEMINARIO INTERMISIONAL SAN LUIS BELTRÁN

Pbro. Omar López, Cristología, J Jaider Bayona, II Configuradora


CAPÍTULO VIII
LAS GRANDES IMÁGENES DEL EVANGELIO DE JUAN
Jesús de Nazaret de Joseph Ratzinger.

En este octavo tema se da el momento de centrar nuestra atención en la imagen de Jesús que nos da el cuarto Evangelio
que resulta distinta a la de los sinópticos. En Juan la divinidad de Jesús aparece sin tapujos. Se puede observar con claridad
como sus disputas con las autoridades judías del templo constituyen ya en su conjunto, por así decirlo, el futuro proceso de
Jesús ante el Sanedrín, un episodio que Juan contrariamente a los sinópticos, ya no lo considera después como un juicio
propiamente dicho. En Juan, encontramos no parábolas, sino grandes sermones centrados en imagen y en los que el
escenario principal de la actuación de Jesús se ha trasladado de Galilea a Jerusalén. El evangelio afirma que se remonta a
un testigo ocular: aquel discípulo que estuvo junto a la cruz, el discípulo a quien tanto quería Jesús. Se basa en los
recuerdos del discípulo que, no obstante, consisten en un recordar juntos en el “Nosotros” de la Iglesia, que es guiado por
el Espíritu. Nos muestra verdaderamente a Jesús, tal como era y, de ese modo nos muestra a Aquel que no solo era, sino
que es; Aquel que puede decir sencillamente de sí mismo “Yo Soy”. Este Evangelio nos muestra el verdadero Jesús.
Resulta evidente que las predicaciones de Jesús nos remiten al culto y, con ello, al sacramento, abrazando simultáneamente
la pregunta y la búsqueda de todos los pueblos.
Las grandes imágenes que se encuentran en el cuarto Evangelio. La primera que vemos con irradiación es “el agua, un
elemento primordial de la vida y, por ello, también uno de los símbolos originarios de la humanidad”. Este símbolo recorre
el Evangelio de principio a fin. “El hombre la encuentra en distintas formas y, por tanto, con diversas interpretaciones”.
También este símbolo del agua se profundizo en el primer tema: “El Bautismo de Jesús”. De igual manera en el capítulo 4,
encontramos a Jesús junto al pozo de Jacob: promete a la Samaritana un agua, fuente de salvación para la vida eterna (Cf.
4,14). En el capítulo 5, aparece la historia del hombre enfermo y espera curarse al entrar a la piscina de Betesda. En el
capítulo 7 encontramos a Jesús en las fiestas de las tiendas. En el capítulo 9, cura a un ciego de nacimiento. En el capítulo
13, durante la última cena, aparece el agua con el lavatorio de los pies. Finalmente el agua aparece al final de la pasión,
agua que salió con sangre del costado de Cristo. La segunda imagen es la vid y el vino, el pan de trigo, el vino y el aceite
de oliva son dones típicos de la cultura mediterránea. Si el fruto que debemos producir es el amor, una condición previa es
precisamente este permanecer, que tiene que ver profundamente con esa fe que no se aparta del Señor. El vino representa la
fiesta, y se encuentra en el centro de las bodas de Caná (2,1-12), mientras que en sus sermones de despedida, Jesús se
presenta como la verdadera vid (15,1-10), Él mismo se ha convertido en la vid verdadera.
El Pan. Este signo lo hemos abordado detalladamente al tratar las tentaciones de Jesús; hemos visto que la tentación de
convertir las piedras del desierto en pan plantea toda la problemática de la misión del Mesías; en la deformación de esta
misión por el demonio, aparece ya de forma velada la respuesta positiva de Jesús, que luego se esclarece definitivamente
con la entrega de su cuerpo como pan para la vida del mundo en la noche anterior a la pasión.
Pastor es una de las imágenes más común, con la cual podemos diferenciar e identificar a la persona de Jesús. Para el
pastor al servicio de Jesús no debe sujetar a los hombres a él mismo, a su pequeño yo. Jesús es y sigue siendo, en sustancia,
el pastor: el rebaño le pertenece. El sermón sobre le pastor, aparece la afirmación “ Yo soy el buen pastor” (10,11), toda la
carga histórica de la imagen del pastor se recoge aquí, purificada y llevada a su pleno significado. El conocimiento
reciproco que le une a las ovejas que le han sido confiadas debe tender a introducirse juntos en dios y dirigirse hacia Él.
Jesús como palabra hecha carne, no es solo el pastor, sino también el alimento, el verdadero alimento “pasto”; nos da la
vida entregándose a sí mismo, a Él, que es la vida.
En conclusión, el texto resalta la parábola del pastor que sale en busca de la oveja perdida, la carga sobre sus hombros y la
trae de vuelta a casa; y el sermón sobre el pastor del Evangelio de Juan. Para los Padres estos dos elementos confluyen uno
en el otro. El pastor que sale a buscar a la oveja perdida es el mismo Verbo eterno, y la oveja que carga sobre sus hombros
y lleva de vuelta a casa con todo su amor es la humanidad, la naturaleza humana que Él ha asumido. En su encarnación y en
su cruz conduce a la oveja perdida la humanidad a casa, y me lleva también a mí. El logos que se ha hecho hombre es el
verdadero portador de la oveja, el Pastor que nos sigue por las zarzas y los desiertos de nuestra vida. llevados en sus
hombros llegamos a casa. Ha dado la vida por nosotros. Él mismo es la vida.
SEMINARIO INTERMISIONAL SAN LUIS BELTRÁN
Pbro. Omar López, Cristología, J Jaider Bayona, II Configuradora
CAPÍTULO VIII
LAS GRANDES IMÁGENES DEL EVANGELIO DE JUAN
Jesús de Nazaret de Joseph Ratzinger.