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SI DIOS ES BUENO, ¿POR QUÉ EXISTE EL MAL?

DIOS NO HIZO AL DIABLO, DIOS CREÓ UN ÁNGEL DE LUZ QUE LIBREMENTE ESCOGIÓ EL MAL

Por Jesús Mondragón

Si Dios es bueno y existe ¿Por qué permite el mal? ¿Por qué hay tanto sufrimiento en el
mundo? Son las preguntas que muchas personas se hacen.

Comencemos diciendo que lo quieran o no, lo sepan o no, todo ser humano se encuentra
envuelto en un conflicto, una guerra entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas, entre la
salvación y la condenación. Tal conflicto nos envuelve a todos, como objeto y víctimas.

Ésta guerra tiene su origen antes del principio de los tiempos, antes de que el hombre y el
universo fueran creados, cuando Dios creó a incontables espíritus puros, seres de luz e infinita
belleza llamados Ángeles. Existe sin embargo un libro inspirado por Dios, un libro llamado
Biblia, que nos permite reunir los cabos sueltos y conocer lo que pasó.

Pero antes de realizar su obra, Dios creó las leyes que regirían su creación, las leyes de la física
que regirían el mundo material, gracias a las cuales, el universo es un cosmos y no un caos y las
leyes naturales o morales que regirían el cosmos y a sus criaturas.

A éstos ángeles de luz se les dotó desde el principio de su creación de una ciencia infusa, es
decir, los ángeles nacieron sabiendo todo lo que debían saber, todos los secretos del universo
y las leyes que lo rigen. Tenían también conocimiento de su creador, conocían a Dios, pero no
le podían ver, es decir, no gozaban de la visión beatífica de Dios. Antes, debían pasar una
prueba, la prueba de la SANTA OBEDIENCIA.

Todo rey en la tierra debe recibir el juramento de lealtad y obediencia de todos y cada uno sus
súbditos. Así también los ángeles debían manifestar a Dios, a su creador; lealtad, obediencia y
adoración. Pero entre todos ellos, entre todos los ángeles, había uno, que era el más hermoso,
el más poderoso, el más bello, el predilecto de Dios. Ese ángel era el depositario de todas las
gracias angélicas y a su vez, era él, el encargado de transmitirlas a todos los demás ángeles. Su
nombre era LUZBEL.

Sin embargo, ese ángel, al verse tan hermoso, tan poderoso, al ver su belleza, su potencia, se
enamoró de sí mismo. En lugar de mirar a su Dios, a su creador. Es que en su interior, había
surgido el germen de la maldad, de la envidia, del pecado. No era tan fuerte aún, no como
para rebelarse. Así que, al mirar a todos los incontables ángeles postrarse ante Dios y jurarle
lealtad, obediencia y adoración, él también se postró, pero no por amor, no por obediencia,
sino ¡PORQUE NO TENÍA OPCIÓN!

Luzbel mientras tanto, en su interior concebía planes secretos contra la soberanía y majestad
de Dios.

Isaías 29,15

Ay de los que se esconden de Yahveh para ocultar sus planes, y ejecutan sus obras en las
tienieblas, y dicen: «¿Quién nos ve, quién nos conoce?»

Pero no pienses querido lector, que todo esto tomó a Dios por sorpresa, Él que conoce los
pensamientos de todas sus criaturas, en un arranque de amor infinito advirtió al hermoso
ángel del peligro de sus pensamientos. Jesucristo diría posteriormente que Satanás es
homicida desde el principio. Así que la Biblia nos revela lo que Dios le dijo al primer homicida,
en la advertencia que le hizo a Caín, el primer homicida humano, antes de matar a su hermano
Abel.

«¿Por qué andas irritado, y por qué se ha abatido tu rostro? ¿No es cierto que si obras bien
podrás alzarlo? Mas, si no obras bien, a la puerta está el pecado acechando como fiera que te
codicia, y a quien tienes que dominar.» Génesis 4,6-7.

En un momento dado, Dios reveló a los ángeles la creación de nuevos seres, hombres, de
naturaleza inferior a los ángeles, a los que Dios les daría el honor de ser “hijos de Dios”, pues
los ángeles no tienen la gracia, el honor de ser hijos de Dios.

“En efecto, ¿a qué ángel dijo alguna vez: Hijo mío eres tú; yo te he engendrado hoy; y también:
Yo seré para él Padre, y él será para mi Hijo? Hebreos 1,5.

También les reveló, que el hijo de Dios, la segunda persona de la Santísima Trinidad, se haría
hombre, y aún como hombre los ángeles tendrían que adorarlo.

“Y nuevamente al introducir a su Primogénito en el mundo dice: Y adórenle todos los ángeles


de Dios” Hebreos 1,6.
Adorar y postrarse ante una naturaleza inferior a la suya, era algo que Luzbel no pudo
soportar. ¿Yo, adorar a Dios hecho hombre? ¡Jamás! Y gritó con voz luciferiana una
exclamación que estremecería el cielo: ¡YO NO SERVIRÉ! Porque ¡¿QUIÉN ES COMO

YO?!

Al fin el pecado surgido en el interior de Luzbel había adquirido la fuerza para rebelarse,
porque Dios lo había hecho tan bello, tan excelso, que la Sagrada Escritura nos lo cuenta así:

“...Así dice el Señor Yahveh: Eras el sello de una obra maestra, lleno de sabiduría, acabado en
belleza. En Edén estabas, en el jardín de Dios. Toda suerte de piedras preciosas formaban tu
manto: rubí, topacio, diamante, crisólito, piedra de ónice, jaspe, zafiro, malaquita, esmeralda;
en oro estaban labrados los aretes y pinjantes que llevabas, aderezados desde el día de tu
creación. Querubín protector de alas desplegadas te había hecho yo, estabas en el monte
santo de Dios, caminabas entre piedras de fuego. Fuiste perfecto en tu conducta desde el día
de tu creación, hasta el día en que se halló iniquidad en ti. Por la amplitud de tu comercio se
ha llenado tu interior de violencia, y has pecado. Y yo te he degradado del monte de Dios, y te
he eliminado, querubín protector, de en medio de las piedras de fuego. Tu corazón se ha
pagado de tu belleza, has corrompido tu sabiduría por causa de tu esplendor. Yo te he
precipitado en tierra, te he expuesto como espectáculo a los reyes. Por la multitud de tus
culpas por la inmoralidad de tu comercio, has profanado tus santuarios. Y yo he sacado de ti
mismo el fuego que te ha devorado; te he reducido a ceniza sobre la tierra, a los ojos de todos
los que te miraban. Todos los pueblos que te conocían están pasmados por ti. Eres un objeto
de espanto, y has desaparecido para siempre” Ezequiel 28,12-19.

Inmediatamente, Luzbel comenzó a sembrar la discordia entre los demás ángeles, pintando a
Dios como un opresor. Recordemos cómo Satanás, sembró la discordia entre Dios y el hombre
al decir a la mujer: “Dios no quiere que coman porque el día que lo hagan, seréis como dioses”
¿Qué fue lo que Luzbel prometió a los ángeles si se rebelaban contra Dios y lo seguían a él?

“¡Cómo has caído de los cielos, Lucero, hijo de la Aurora! ¡Has sido abatido a tierra, dominador
de naciones! Tú que habías dicho en tu corazón: «Al cielo voy a subir, por encima de las
estrellas de Dios alzaré mi trono, y me sentaré en el Monte de la Reunión, en el extremo norte.
Subiré a las alturas del nublado, me asemejaré al Altísimo” Isaías 14,12-14.

Y una tercera parte de los ángeles de Dios lo escucharon y le creyeron. ¿Cómo fue posible, que
seres de luz perfectos y tan inteligentes creyeran que Luzbel podía poner su trono por encima
del trono de Dios y reinar sobre ellos (las estrellas de Dios)? ¿En qué momento se le ocurrió a
Luzbel, que podría derrocar a Dios?

Ante todo debemos tomar en cuenta que Luzbel era muy querido, respetado y admirado por
los demás ángeles, y que hasta ese momento los ángeles no tenían malicia y nunca habían
escuchado una mentira. Con cuánta razón diría Jesucristo que, ¡Satanás es el padre de la
mentira! Juan 8,44.

¿CÓMO REACCIONARÍA DIOS ANTE LA REBELIÓN DE SU ÁNGEL PREDILECTO?

Primero que nada, Dios experimentó un profundo dolor y decepción.

Él podía terminar la rebelión destruyendo a Lucifer, pero eso, lejos de solucionar las cosas, las
empeoraría, y ante los ojos de los demás ángeles rebeldes, significaría que Luzbel tenía razón.

Obedecerían a Dios, no por amor, ni por propia voluntad, sino por miedo a las represalias. Y el
amor, la lealtad, la obediencia, para que sean genuinos ¡tienen que ser libres! El libre albedrío
es algo tan sagrado para Dios, que Él mismo, jamás violaría nuestra voluntad.

Si Dios quisiera exterminar la maldad, tendría que destruir a todos los seres humanos, pues en
mayor o menor medida, tú querido lector, y yo, somos todos pecadores. La libertad es un don
precioso que Dios nos dio, de lo contrario, sólo seríamos robots, siguiendo instrucciones
programadas.

Pero la libertad también tiene sus desventajas. Como que alguien decida rebelarse contra el
orden establecido por Dios. La libertad lleva implícito el riesgo de la rebeldía. ¿Qué decisión
tomaría Dios? Sin duda la más sabia…

“Los siervos del amo se acercaron a decirle: "Señor, ¿no sembraste semilla buena en tu
campo? ¿Cómo es que tiene cizaña?" El les contestó: "Algún enemigo ha hecho esto." Dícenle
los siervos: "¿Quieres, pues, que vayamos a recogerla?" Díceles: "No, no sea que, al recoger la
cizaña, arranquéis a la vez el trigo. Dejad que ambos crezcan juntos hasta la siega. Y al tiempo
de la siega, diré a los segadores: Recoged primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla,
y el trigo recogedlo en mi granero."» Mateo 13,27-30.

Lucifer y sus ángeles no podían permanecer en el


cielo para seguir sembrando la discordia y atentando
contra el gobierno de Dios. Pero una cosa era clara,
ellos no se irían voluntariamente. No quedaba sino
un sólo camino… ¡LA GUERRA!

Cuando estuvo en la tierra, Jesucristo declaró ante


Pilatos: «Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino
fuese de este mundo, mi gente habría combatido
para que no fuese entregado a los judíos: pero mi
Reino no es de aquí.» Juan 18,36 Y EN EL CIELO,
EN SU MUNDO, EN SU REINO, SUS SERVIDORES
FUERON A LA GUERRA POR SU SEÑOR, POR SU
REY, POR SU DIOS...

¿Cómo se peleó, qué armas se utilizaron y cuánto


duró? Son cosas que la mente humana no puede
comprender, sólo sabemos que a diferencia de
Lucifer, que se miró a sí mismo y se enamoró de su
belleza. Otro ángel se despreció a sí mismo, miró a
su Dios, a su creador y se enamoró de Él. Y exclamó
con un fuerte grito, el que vendría a ser su nombre:
MIGUEL, ¡¿QUIÉN COMO DIOS?! Y éste ángel
ocupó el lugar que perdió Lucifer. San Miguel
Arcángel, Príncipe de los ejércitos celestiales,
comandaría a los ejércitos de Dios ¡en la Madre de
todas las batallas!

“Entonces se entabló una batalla en el cielo: Miguel


y sus Ángeles combatieron con el Dragón. También
el Dragón y sus Ángeles combatieron, pero no
prevalecieron y no hubo ya en el cielo lugar para
ellos. Y fue arrojado el gran Dragón, la Serpiente
antigua, el llamado Diablo y Satanás, el seductor del
mundo entero; fue arrojado a la tierra y sus Ángeles
fueron arrojados con él. Oí entonces una fuerte voz
que decía en el cielo: «Ahora ya ha llegado la
salvación, el poder y el reinado de nuestro Dios y la
potestad de su Cristo, porque ha sido arrojado el
acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba
día y noche delante de nuestro Dios. Ellos lo
vencieron gracias a la sangre del Cordero y a la
palabra de testimonio que dieron, porque
despreciaron su vida ante la muerte. Por eso,
regocijaos, cielos y los que en ellos habitáis. ¡Ay de
la tierra y del mar! porque el Diablo ha bajado donde
vosotros con gran furor, sabiendo que le queda poco
tiempo»” Apocalipsis 12,7-12.
Satanás fue expulsado para siempre, y ese hermoso
ángel de luz, privado de la gloria del resplandor de
Dios, fue perdiendo su brillo, su esplendor, su
belleza, y se convirtió en un ser que hoy en día sólo
causa espanto y horror.

Dios dejó crecer el mal junto con el bien. Los


ángeles ya tomaron su decisión. La decisión de un
ángel es irrevocable, un ángel no se arrepiente, no
cambia de opinión, por eso Dios no podría
perdonarlos, porque DIOS NO PUEDE PERDONAR
A QUIEN NO QUIERE SER PERDONADO.
Ahora corresponde al hombre elegir el bando en el
que quiera servir. En adelante, los hombres serán, o
los hijos de la luz, o los hijos de las tinieblas. Al final
del mundo serán separados los malos de los buenos
y cada quien recibirá lo que merece. No olvides que
Lucifer ignoró a Dios y se miró a sí mismo, y Miguel
se despreció a sí mismo y levantó los ojos hacia
Dios.
Siempre que te olvidas de Dios y te miras a ti mismo,
tus logros, tu autosuficiencia, debes tener mucho
cuidado ¡porque estás pisando terrenos luciferianos!

¡GLORIA A DIOS EN EL CIELO Y EN LA TIERRA


PAZ A LOS HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD,
¡¿QUIÉN ES COMO DIOS?!

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